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PIETRO U. DINI
Universidad de Pisa
Líneas de investigación: historia de las lenguas, historia de las lenguas bálticas, historiografía de la lingüística y estudios prusianos.
DOI: https://doi.org/10.35321/al182-09
LA LENGUA CATALANA «DE TAMAÑO MEDIO» (POSIBLES PARALELISMOS CON LA LENGUA LITUANA)1
0. INTRODUCCIÓN
En este panorama, me propongo un objetivo limitado y concreto. Primero presentaré, a grandes rasgos, el área geográfica y la diversidad terminológica de las lenguas catalanas; después ilustraré sintéticamente la historia de esta lengua y me detendré en algunos momentos polémicos, en particular en la polémica lingüística entre los representantes de las lenguas castellana y catalana sobre el uso de la lengua en la vida pública. Esta polémica se prolongó durante todo el siglo XX y ha llegado hasta nuestros días2.
Por último, examinaré el presente y el futuro de la lengua catalana a través del concepto indicado en el título, es decir, como una lengua «de tamaño medio», y revelaré qué subyace a esta perspectiva.
Para señalar el contexto general de este panorama, conviene examinar la situación lingüística del Reino de España, es decir, la España multilingüe, que cuenta con cuatro lenguas, de las cuales solo una —el castellano— se considera oficial en todo el Estado; las otras son cooficiales, pero únicamente en determinados territorios: el gallego, el vasco y, precisamente, el catalán. Cabe recordar que en el Principado de Andorra el catalán es la lengua oficial del Estado.
¹ *Ponencia leída en Vilna, en el Instituto de la Lengua Lituana, con motivo de la 26.ª Conferencia Jablonskis, el 3 de octubre de 2019. El autor agradece a J. Sabaševičiūtė la traducción y a la académica, profesora G. Blažienė, la ayuda editorial. En el artículo se conservan deliberadamente los rasgos propios del estilo de una ponencia oral.
² Esta cuestión la estudian, por ejemplo: Barbour, Carmichael 2002; Jörg 2013; Kraus 2015.
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FIG. 1. Área de la lengua catalana
1. DESCRIPCIONES BREVES
El área de la lengua catalana abarca toda la zona mediterránea: Cataluña (Catalunya), Valencia (València), França de Ponent (la frontera con Aragón), Andorra (Andorra), las Islas Baleares (Illes Balears), la Cataluña Norte en Francia (Catalunya Nord) y Alguer en Cerdeña (Alguer).
La comunidad lingüística catalana está formada por personas que viven en varias regiones y comparten una lengua, aunque la expresión lingüística y el discurso social que la acompaña difieren en cada región. El catalán cuenta con unos 9 millones de hablantes en Europa y otros 350 000 en América del Sur.
La clasificación interna tradicional de la lengua catalana se basa en un criterio geográfico que distingue entre dialectos y subdialectos orientales y occidentales, fundamentado a su vez en diferencias fonéticas. Se considera especialmente importante la neutralización del sonido a en posición átona. Esta clasificación es aceptada tanto por la dialectología tradicional, por ejemplo, la de Manuel Milà i Fontanals (siglo XIX), como por la más moderna, por ejemplo, la de Joan Veny (siglo XX). Además, se conocen algunos dialectos de transición en las zonas limítrofes con Aragón, con el occitano, etc. También se conocen otros dialectos, hoy desaparecidos, como los de Argelia, Sicilia, Nápoles y Cerdeña (excepto Alguer).
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FIG. 2. Dialectos de la lengua catalana
2. APUNTES HISTÓRICOS
De forma muy sintética, conviene recordar que la variedad lingüística surgida del latín vulgar adquirió los rasgos propios de la lengua catalana hacia el siglo XI, y que su extensión apenas cambió durante varios siglos3.
2.1. En el siglo XIV, la lengua catalana alcanzó su apogeo. En aquella época se hablaba en un vasto territorio que se extendía desde el propio principado de Cataluña hasta el actual sur de Francia, Aragón y Valencia, las Islas Baleares, así como el sur de Italia, el norte de África y Grecia.
Hasta el siglo XV, esta lengua floreció en la literatura (al principio, junto con el provenzal) y en la filosofía (baste recordar a Ramon Llull (1232–1316)). En el siglo XVI comenzó el declive político de Cataluña. Se perdieron territorios como el Rosellón y otros. Al mismo tiempo, aumentó el poder político de Castilla. Una fecha decisiva es 1714, cuando terminó la «Guerra de Sucesión», y la ciudad de Barcelona
3 Sobre la cuestión tratada en esta sección, véanse, por ejemplo, las síntesis de Tavani 1994; Nadal, Prats 2001; la obra de referencia es Nadal, Prats 1982; 1996; Francés, Amorós 2011.
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es derrotada por los ejércitos aliados de Castilla y Francia. Comienza la dinastía borbónica y el período de sometimiento de Cataluña.
El proceso de castellanización continúa durante los siglos siguientes; la lengua catalana pierde prestigio y sus variaciones terminológicas se hacen cada vez más profundas. El declive de la lengua y la cultura catalanas continuará hasta la llamada Renaixenços. El movimiento Renaixenços nace como movimiento poético en la época del Romanticismo. Como acto condicional y simbólico de fundación del movimiento Renaixenços se considera la poesía de inspiración romántica tardía Oda a la patria, es decir, «Oda a la patria» (1832), escrita en 1833 por el poeta Bonaventura Carles Aribau i Farriols (1798–1862).
2.2.Renaixença significa en lituano «renacimiento», tanto literalmente como en sentido histórico. Si intentamos proseguir la comparación, encontraremos numerosas e interesantes correspondencias entre las situaciones de Lituania y de los catalanes. Ambas comunidades lingüísticas —la lituana y la catalana— sintieron aproximadamente en el mismo período el abandono de su lengua por parte de las clases sociales altas; ambas estuvieron expuestas a repetidos intentos de sustituir su lengua; ambas desarrollaron una atención cuidadosa y una sensibilidad hacia las ideas ecológicas. Si se observa bien, no es difícil encontrar figuras de intelectuales y literatos semejantes por su estilo, sus temas y las formas que emplean; me refiero a poetas como Jonas Mačiulis (1862–1932), sacerdote más conocido como Maironis, y también el sacerdote mossèn Jacint Verdaguer (1845–1902), o Simonas Daukantas (1793–1864), Motiejus Valančius (1801–1875) y, por ejemplo, Josep Yxart (1852–1895), Joaquim Casas-Carbó (1858–1943) y Carles Riba (1893–1959); también quiero destacar las similitudes entre la obra de Jonas Jablonskis (1860–1930), creador de la lengua estándar, y la de Pompeu Fabra (1868–1948), su equivalente.
Podría haber más comparaciones... Sin embargo, también hay que decir claramente que, junto a las comparaciones fundamentadas entre Lituania y Cataluña, existen profundas diferencias: a lo largo de su historia, Lituania nunca conoció una importante clase de gran burguesía como la de Cataluña (en parte, como Livonia, aunque también estuvo en manos de la composición demográfica alemana) y, por ello, siempre permaneció vinculada a sus orígenes agrarios, tanto desde el punto de vista social como cultural.
2.3. Un momento importante para que los catalanes recuperaran su lengua fue el de los Jocs Florals (en lituano, Žiedų žaidimai, «Juegos Florales»), es decir, concursos de poesía oral que eran muy extendidos y populares. Por cierto, es fácil advertir numerosos paralelismos y semejanzas con lo que ocurrió en la propia Lituania aproximadamente en la misma época (cf. los festivales de la canción).
En la segunda mitad del siglo XIX y, sobre todo, en el cambio de siglo, cuando se formó en Cataluña una sociedad industrial moderna, el propio movimiento Renaixenços adquirió rasgos identitarios y políticos más claros y marcados, naturalmente intolerables para el Reino de España. El primer signo de identidad fue la lengua, y fue precisamente contra ella
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contra la que se dirigió la censura del Estado. A partir de este período y de estas experiencias puede fecharse el surgimiento del movimiento patriótico del pueblo catalán. Estas ideas se desarrollaron y presentaron en dos libros que siguen siendo textos fundamentales del movimiento catalanista: Lo catalanisme (1866), de Valentí Almirall i Llozer (1841–1904), y el libro La Nacionalitat Catalana (1892), publicado por Enric Prat de la Riba (1870–1927). En ellos se expone claramente la idea de que la lengua es el principal signo de identidad a la hora de definir la nacionalidad catalana.
FIG. 3. Valentí Almirall i Llozer y la portada de su libro. Los lingüistas Pompeu Fabra y Antoni Alcover
Desde 1914, las principales provincias administrativas de Cataluña (diputacions), llamadas Barcelona, Gerona, Tarragona y Lérida, se agrupan bajo el nombre de Mancomunitat de Catalunya. La Mancomunitat tuvo un valor político considerable, pues, por primera vez desde los acontecimientos de 1714, el Reino de España reconoció la unidad territorial de Cataluña.
La Mancomunitat tuvo todavía mayor importancia para el renacimiento de la cultura catalana. Cabe recordar especialmente que en esa época se fundó el Institut d’Estudis Catalans, es decir,
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El Instituto de Estudios Catalanes, una de cuyas principales tareas era normalizar la lengua. La codificación del catalán avanzó rápidamente gracias a Pompeu Fabra (1868–1948), quien inició una reforma ortográfica basada en el principio etimológico. El papel de Pompeu Fabra puede compararse con el de Jonas Jablonskis (1860–1930). Por cierto, los dos lingüistas normalizadores vivieron aproximadamente en la misma época.
Dar minėtina, kad tais metais Antoni Alcover (1862–1932) parašė fundamentinį leksikografinį veikalą Dictionari català–valencià–balear, t. y. Katalonų–valensiečių–baleary žodyną. Kad iškart visiems būtų aišku, reikia pabrėžti, kad savo svarba šis veikalas prilygsta Kazimiero Būgos (1879–1924) pradėtam didžiajam Lietuvių kalbos žodynui.
2.4. Las reivindicaciones políticas y nacionales catalanas siempre han estado estrechamente vinculadas a la lengua y a la conciencia lingüística. Puede decirse que la lengua y la tradición literaria fueron los datos macroscópicos de esta dimensión política. La propia noción de historia de la literatura catalana se fue gestando a partir de las ideas románticas de la segunda mitad del siglo XIX. El discurso político sobre el papel de la lengua y la literatura en la creación de la identidad catalana comenzó con Renaixença y, en cierto sentido, continúa hasta nuestros días.
Durante siglos se prolongó la polémica lingüística acerca de si era sensato que los catalanes usaran el catalán, de si los escritores catalanes debían escribir sus obras en catalán o de si no sería más sensato que renunciaran al catalán y utilizaran únicamente el castellano... Las contradicciones se conocen desde hace mucho. En numerosas ocasiones a lo largo de la historia, las culturas minoritarias, según las circunstancias, fueron «animadas» a utilizar los códigos de expresión lingüística de distintas grandes culturas: una consecuencia de la hegemonía cultural. Por cierto, la propia historia de la lengua lituana no carece de casos similares.
La experiencia de muchas «pequeñas patrias» enseña una cosa que conviene reiterar y valorar: la importancia del factor lingüístico, es decir, el fuerte vínculo entre la conciencia nacional y la conciencia lingüística. En sus comienzos, cada literatura creó un vínculo mítico con la lengua de la nación; la propia nación es un elemento fundamental y cambiante, es decir, una promesa dinámica de identidad en proceso.
3. POLÉMICAS LINGÜÍSTICAS
A continuación, conviene presentar algunos episodios de esta polémica lingüística a lo largo de los últimos siglos, pues revelarán las relaciones de poder reales entre dos
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lenguas mencionadas en la sociedad española, y también nos conducirán directamente al presente y a sus contradicciones⁴
⁴ FIG. Leopoldo Alas Clarín, Enric Prat de la Riba, Miguel de Unamuno, Eugeni d’Ors
3.1. El primer episodio digno de atención es la polémica entre el escritor castellano Leopoldo Alas Clarín (1852–1901) y el intelectual catalán Enric Prat de la Riba (1870–1917). Según Clarín, el catalán era solo un dialecto, incomparable en modo alguno con lenguas mucho más poderosas, como el castellano, el francés o el italiano. A juicio de Clarín, el catalán se encontraba, desde una perspectiva darwinista, entre aquellos dialectos que no habían prevalecido («entre los dialectos que no han prevalecido») y, por tanto, los escritores catalanes deberían escribir únicamente en castellano, sobre todo las obras en prosa.
Desde el punto de vista lingüístico, la postura de Clarín, por supuesto, no resulta convincente, pero para él esta oposición tenía sobre todo un valor político. Aquí no se trata tanto de la relación entre lengua y dialecto como de la relación entre lengua y poder. Así se afirmaba en cierta ocasión el supuesto derecho «glotofágico» natural del castellano a «comerse», es decir, desplazar e incorporar, otras lenguas, conforme a la conocida visión de Antonio de Nebrija (1441–1522), según la cual «la lengua
⁴ Este capítulo se basa especialmente en Rigobon 2018.
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es compañera del imperio» (la lengua es compañera del imperio), si es necesario, recurriendo también a las armas. La réplica del ya mencionado Prat de la Riba quizá solo podía ser irónica. Su punto de vista era, como es natural, completamente distinto. No dudaba en absoluto de la importancia de la lengua en la construcción de la identidad nacional catalana. Pero decirlo demasiado alto era, por supuesto, peligroso.
3.2. Otro interesante episodio polémico tuvo lugar entre el célebre escritor castellano Miguel de Unamuno (1864–1936) y su amigo, el escritor catalán Joan Maragall (1860–1911). También en esta ocasión la postura es claramente hegemónica y se insta paternalistamente a los catalanes a abandonar su lengua y utilizar el castellano, mucho más extendido.
Recordemos la anécdota de Miguel de Unamuno, que pregunta a su amigo Joan Maragall, a la vez en serio y en broma, por qué, en lugar de usar el mosquete castellano, prefiere el espingardón catalán (un arma del siglo XIV). Con perspicacia anticipatoria le respondió entonces un joven escritor catalán poco conocido, Eugeni d’Ors (1881–1954): «Unamuno tiene razón: como arma de su propio imperialismo, el castellano elige el mosquete. Sin embargo, para otras guerras mundiales hacen falta otros mosquetes, más “mosquetescos” que el castellano, n’est ce pas, my dear?» (por cierto, sin saberlo en absoluto, Eugeni d’Ors ya utilizaba el europanto (es decir, la lengua mixta artificial utilizada por la administración de la Unión Europea).
5 PAV. Julián Marías
FIG. 6. Maurici Serrahima
3.3. En la España franquista del siglo pasado volvió a plantearse la pregunta de por qué los obstinados escritores catalanes utilizaban el catalán... Ahora no se insta explícitamente a los catalanes a abandonar su lengua, pero se dice que el catalán debería seguir estando limitado. El representante del centro del Estado es actualmente Julián Marías (1914–2005), el discípulo más célebre del filósofo José Ortega y Gasset. Afirmó de manera categórica e insistente que «Cataluña nunca ha sido una nación» (Cataluña no ha sido nunca una nación) y propuso el llamado «argumento de la casa lingüística», es decir, que la casa catalana tiene dos plantas: en la planta baja vive el catalán para todas las necesidades familiares y cotidianas, mientras que en la planta superior
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vive el castellano para todas las demás funciones. El uso amplio del catalán podría convertirse en un factor de «tibetanización de Cataluña», por lo que Julián Marías proponía la solución del «bilingüismo asimétrico», similar a la diglosia, y al mismo tiempo instaba a los catalanes a limitarse a sí mismos, es decir, a no utilizar conscientemente su lengua en muchas funciones sociales, aunque reconocía la prioridad del catalán en la vida familiar y la poesía...
También en esta ocasión, la réplica catalana quizá solo podía ser cautelosa y cortés. Maurici Serrahima (1902–1979), representante del catalanismo católico y, por ello, más aceptable para la ideología nacionalcatólica promovida por Franco, intentó formularla. El punto de vista de Maurici Serrahima era diametralmente opuesto al de Julián Marías. Los catalanes son una nación, son monolingües por naturaleza, el castellano es una lengua aprendida (entiéndase: impuesta) para ellos y, por último, un escritor catalán quiere escribir en su propia lengua, es decir, en catalán.
3.4. Como puede verse, en la España de Franco (y, en parte, también después de Franco) predominaba el monoteísmo lingüístico. En todos los casos analizados, no faltaron quienes instaran a los escritores catalanes a abandonar su llamada lengua local y pasarse a la llamada lengua más universal, es decir, el castellano. Se les exigía insistentemente que explicaran o justificaran por qué seguían utilizando su lengua materna...
También es interesante y, al mismo tiempo, sorprendente que todavía en 2007, cuando Cataluña fue la invitada de honor en la Feria del Libro de Fráncfort, se planteara la pregunta de si era posible crear literatura catalana en castellano... Probablemente no hacen falta comentarios.
4. LA LENGUA CATALANA DE «TAMAÑO MEDIO» Y LA UNIÓN EUROPEA
Ahora convendría examinar la situación en la actual Unión Europea⁵. En ella, las lenguas se dividen en dos grupos principales: por un lado, las lenguas oficialmente reconocidas (por así decirlo, lenguas de primera categoría) y, por otro, las lenguas regionales y minoritarias (por así decirlo, lenguas de segunda categoría), que teóricamente están protegidas por el documento de 1992 sobre las lenguas regionales o minoritarias de Europa (cf. Carta 1992). El catalán pertenece al segundo grupo. Por otra parte, la situación de las lenguas en el Reino de España (unos 47 millones de habitantes) difiere considerablemente de la situación lingüística en otros lugares de Europa, por ejemplo, en la Confederación Suiza (8,5 millones), o en otros lugares, como Canadá (unos 38 millones).
⁵ En este capítulo se recurre especialmente a Vila, Bretxa 2013; Bastardas i Boada, Boix-Fuster, Torrens Guerrini 2018.
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Por último, explicaré el concepto que dio título a esta ponencia. Para describir de manera adecuada y precisa las nuevas y complejas situaciones lingüísticas del mundo, se está desarrollando una nueva clasificación de las lenguas. Es el resultado de un proyecto del Centro de Sociolingüística y Comunicación de la Universidad de Barcelona. El objeto de estudio fueron precisamente las comunidades lingüísticas «de tamaño medio» y las lenguas «de tamaño medio». Pero ¿qué es una comunidad de tamaño medio y qué es una lengua de tamaño medio? ¿Y cuáles son sus características? Se trata de una clasificación no convencional; por tanto, no es ni genealógica ni tipológica, sino que se basa únicamente en un criterio cuantitativo. El indicador de esta clasificación es la llamada comunidad lingüística «de tamaño medio». En las lenguas del mundo se reconoce un grupo de lenguas «de tamaño medio»6.
Se considera comunidad lingüística «de tamaño medio» aquella cuya dimensión demográfica es de al menos un millón de personas (algunos dicen que medio millón) y hasta 25 millones de hablantes. Por tanto, son comunidades lo bastante grandes como para disponer de medios administrativos, académicos, comunicativos y políticos (aunque quizá no del todo autónomos). Según esta categorización, es fácil ver que el catalán no es en absoluto una lengua pequeña.
5. ¿LENGUA MINORITARIA?
Para explicar bien la cuestión del catalán como lengua minoritaria en el contexto del Reino de España y de Europa, conviene reflexionar sobre la oposición entre la autopercepción en el Reino de España versus la realidad territorial y demolingüística en el contexto europeo.
Veamos el área del catalán (32 108 km²). Es mayor que la de algunos Estados europeos, por ejemplo, Bélgica (unos 30 500 km²), Albania (unos 28 750 km²), Macedonia (unos 25 700 km²), Kosovo (unos 10 890 km²), los Países Bajos (unos 7 510 km²), Luxemburgo (unos 2 586 km²), etc.
Lo mismo puede decirse del número de hablantes. En realidad, unos 9 millones de personas hablan catalán; por tanto, no son muchos menos que los hablantes de griego (10,7 millones) y son más que los de neerlandés (7,0 millones), búlgaro (6,9 millones), danés (5,8 millones), finés (5,5 millones), noruego (4,7 millones), albanés (2,9 millones), lituano (2,8 millones), macedonio (1,7 millones), letón (1,7 millones), irlandés (1,7 millones), estonio (1,3 millones), luxemburgués (0,6 millones) e islandés (0,3 millones).
Así se ha dado la situación de que es habitual contemplarla desde la perspectiva del Reino de España, lo que ensombrece la realidad estadística; sin embargo, en el contexto europeo, la realidad territorial y demolingüística del catalán se aprecia claramente: entonces resulta más difícil (o
6 En inglés se emplea el término medium-sized language communities.
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simplemente es difícil) hablar de una lengua minoritaria o de una lengua pequeña. Será más fácil comprender la situación y la realidad del catalán si lo incluimos en una clasificación de lenguas y Estados.
Es evidente que, en este contexto, la política lingüística es una herramienta especialmente importante para mantener el uso de la lengua minoritaria (en este caso, el catalán). Por ejemplo, el uso del catalán en las escuelas ha sido hasta ahora un instrumento de integración y cohesión, pero recientemente se ha convertido en una de las principales causas de fricción política. Según los datos de InformeCat (2016; 2018: 23–30), las familias castellanohablantes que viven en Cataluña se quejan de que el castellano es objeto de discriminación en las escuelas catalanas.
Además, en las últimas décadas también se han observado importantes procesos migratorios en Cataluña, especialmente procedentes de África (el Magreb), así como de países de América del Sur. La situación se vuelve particularmente aguda en el contexto actual de la llamada globalización, que pretende eliminar las naciones históricas y la propia idea de nacionalidad. Al mismo tiempo, se intenta por todos los medios convertir las sociedades en cosmopolitas, por ejemplo, fomentando artificialmente los procesos migratorios multiculturales y sentando así las bases de futuras «guerras entre desposeídos». Todo ello ocurre únicamente en beneficio de una élite financiera apátrida...
Tales aspiraciones, por supuesto, son contrarias a los ecosistemas tradicionales, ante todo a los ecosistemas nacionales, con o sin Estado, porque en ellos aún perviven formas de vida tradicionales y una diversidad lingüística viva.
Otro dato importante que merece atención es el llamado vigor etnolingüístico subjetivo, es decir, la percepción que tienen los propios hablantes de una lengua acerca de la importancia de su idioma.
En Cataluña, los catalanohablantes reconocen un vigor etnolingüístico subjetivo bastante alto. La mayoría sigue usando el catalán como primera lengua al criar a sus hijos (a veces también se habla catalán en familias castellanohablantes). Sin embargo, su percepción de la importancia y utilidad de su lengua es distinta cuando se la compara con las lenguas vecinas, es decir, el castellano, el francés y quizá también el italiano. Y, por supuesto, cuando se la compara con el inglés.
Además, en algunas zonas del territorio de habla catalana, como Valencia y las islas Baleares, se ha afianzado un fuerte particularismo: se habla más en valenciano y en mallorquín que en catalán. Esto produjo un efecto de fragmentación y desintegración territorial, y provocó no solo una reducción efectiva del territorio catalanófono unificado, sino también un debilitamiento simbólico del espacio de la lengua catalana.
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6. A MODO DE CONCLUSIÓN
De lo expuesto se desprende que el catalán pertenece con pleno derecho al grupo de las lenguas «de tamaño medio»; sin embargo, no es lengua oficial de un Estado, salvo en el caso de Andorra, y por ello carece de una administración estatal. Todo esto lo compensa, en la medida de sus posibilidades, la Generalitat de Catalunya, que en realidad no es más que un Estado subestatal.
En esta situación, la autonomía de la comunidad lingüística catalana se ve drásticamente reducida en muchos aspectos importantes para preservar la vitalidad de cualquier lengua.
Por último, cabe plantear cuál podría ser el desafío futuro para la lengua de una comunidad «de tamaño medio». Estas comunidades presentan un alto grado de complejidad institucional en todos los ámbitos de la sociedad: en las familias, las universidades, el entorno empresarial e internet; cabe señalar que los trabajos científicos corren un gran peligro. Por otro lado, esto no afecta únicamente a las lenguas «de tamaño medio». El efecto morbus anglicus es conocido en todo el mundo.
En resumen, pueden señalarse los principales factores de riesgo para la lengua de una comunidad «de tamaño medio»: 1. Subordinación política; 2. Inmigración masiva; 3. Globalización.
Al acercarnos al final, cabe decir que la globalización, aunque ha intentado borrarlas por todos los medios, todavía no ha borrado las fronteras de los Estados ni los sentimientos nacionales asociados a ellas. Las fronteras formales permanecen. Sin embargo, si antes era habitual aprender o al menos adquirir nociones de las lenguas de los países vecinos, ahora ya no es así. Las fronteras permanecen formalmente, pero la comunicación se desarrolla en lingua franca, que suele ser el inglés. Esto significa que las fronteras se vuelven cada vez más formales, pierden su contenido cultural y se quedan sin sustancia (por cierto, también se vacía desde dentro, se menoscaba y se «evapora» el contenido de las constituciones nacionales).
Y, por último, quisiera recordar las palabras del célebre novelista de comienzos de los años setenta, el recientemente fallecido profesor de la Universidad de Basilea Germà Colon (1928–2020), quien dijo (Colon 1971: 10) que el futuro de la lengua catalana era bastante sombrío; aun así, afirmaba que esta lengua había resistido ya cuatro siglos sin convertirse en un patois de pobres ni en una mera curiosidad folclórica (como ocurrió, por ejemplo, con el occitano). Es un pueblo, subrayó Germà Colon, que, pese a haber sufrido innumerables dificultades, no acepta renunciar a la parte más noble de su identidad.
Creo que estas palabras siguen siendo válidas hoy, aunque, la verdad, no estoy seguro de si indican que las cosas van a mejor o a peor…
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LITERATŪRA
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