Page 1Quizá a los baltistas les dé un poco de pena que M. Rudzytė escribiera no un estudio de dialectología letona, sino un manual de dialectología para estudiantes. Los objetivos didácticos la obligaron a exponer algunas cuestiones elementales de la ciencia dialectológica; además, el perfil del manual parecía encorsetar las ideas de la autora y limitar su autonomía. Al parecer, evitó deliberadamente las cuestiones más complejas de la historia de la dialectología y, en la mayoría de los casos, se conformó con remitir a los trabajos de su gran maestro, el académico J. Endzelynas. De este modo, sin querer perjudicar a sus estudiantes, la autora a veces «perjudicó» un poco a los investigadores de las lenguas bálticas. Sin embargo, seguramente todos comprenderán que es sumamente difícil satisfacer a unos y a otros en un mismo libro. En cualquier caso, por la abundancia de su material, expuesto de manera muy sistemática —en este aspecto, supera con creces los límites de un manual—, el trabajo de M. Rudzytė constituye un importante paso adelante para la dialectología letona, y su autora merece el sincero agradecimiento de todos los baltistas.
Quisiera también llamar la atención sobre un par de detalles que me llamaron la atención al hojear las páginas de este trabajo. La autora presenta una bibliografía bastante detallada sobre cada cuestión examinada; sin embargo, al tratar el problema de los curonios (cf. pp. 32, 64), por alguna razón no menciona el trabajo más importante dedicado a este problema: «Kurenfrage», de V. Kiparskio (Helsinki, 1939). También quizá sitúe sin necesidad a los curonios junto a los prusianos (cf. p. 20), como si los separara de tribus bálticas como los selonios o los zemgalianos. El término krustoties, en el sentido en que lo emplea M. Rudzytė (cf. p. 34), no es del todo adecuado, pues últimamente se utiliza en lingüística con un sentido algo distinto.4.
A. Sabaliauskas
NUEVO DICCIONARIO DE TOPÓNIMOS
В. А. Никонов, Краткий топонимический словарь, Москва, 1966, 510 р.
En nuestro país se han publicado numerosos diccionarios de topónimos. También han aparecido algunos que, por su perfil, pueden considerarse precursores de la obra reseñada1. Sin embargo, la mayoría ya no respondían claramente a las exigencias de la toponomástica nacional y mundial, aunque algunos se publicaron hace relativamente poco. Por ello, era muy urgente preparar un nuevo diccionario basado en los principios de la ciencia toponímica actual.
El «Breve diccionario de topónimos», de V. Nikonov, aparecido recientemente, abarca unos cuatro mil nombres de lugares habitados, ríos, lagos, mares y océanos, regiones, pueblos y otros nombres de todo el planeta. No es difícil imaginar la enorme labor realizada por el autor al seleccionar y, en ocasiones, explicar topónimos de decenas de lenguas del mundo. La bibliografía sobre toponimia es muy abundante, pero su calidad es desigual. Además, el nivel de la toponomástica varía mucho de un país a otro. Por ello, las dificultades prácticas de «cribar» y evaluar la bibliografía son considerables. Sin duda, las razones mencionadas explican que tampoco todo sea perfecto en el diccionario de V. Nikonov, ni to-
4 Plg. O. C. Ахманова, Словарь лингвистических терминов, Москва, 1966, p. 417.
1 M. N. Melchejevas, Nombres geográficos. Diccionario toponímico, Moscú, 1961; M. S. Bodnarskis, Diccionario de nombres geográficos, 2.ª ed., Moscú, 1958; A. A. Ivanovskis, Nombres geográficos, Moscú, 1914, etc.
Compárese también J. Haliczer, Słownik geograficzny. Pochodzenie i znaczenie nazw geograficznych, Tarnopol, 1935.
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Page 2se han utilizado los trabajos de esta área, y las explicaciones del origen de algunos topónimos son dudosas o carecen por completo de fundamento. Pero la extensión y la naturaleza del diccionario, así como la circunstancia de que en nuestro país apenas contaba con precedentes de nivel científico adecuado, permiten juzgar con mayor indulgencia las imprecisiones y deficiencias que contiene.
Sin pretender valorar el diccionario en su conjunto, quisiéramos decir unas palabras sobre las explicaciones de los topónimos bálticos. Ante todo, llama la atención el hecho de que en el diccionario los topónimos bálticos se expliquen mucho mejor que en trabajos anteriores de este tipo. Esto se aprecia en los siguientes ejemplos:
Lituano Kaunas. A juicio de M. Bodnarskis2 (que más tarde M. Melchejevas3 repitió literalmente), el nombre de esta ciudad procedería del nombre del hijo de Milda, diosa mitológica lituana del amor. J. Haličeris4 derivó el topónimo Kaunas del lituano kaunas (debería ser kaūnis arba kaūnė, kaunią, «lucha»). Sin embargo, mucho antes de la publicación de su diccionario ya se habían propuesto dos hipótesis bastante más fiables sobre el origen de Kauno5, que, por desgracia, ni J. Haličeris ni posteriormente M. Bodnarskis y M. Melchejevas tuvieron en cuenta. V. Nikonovas recoge la mayoría de las explicaciones del origen del topónimo Kaunas y la bibliografía más importante sobre el tema, incluida la más reciente. Es cierto que se le puede reprochar a V. Nikonovas que presente sin selección las opiniones anteriores, a veces sin siquiera indicar cuál de ellas es la más fiable. Se comprende que no siempre sea fácil determinarlo, pero en el caso mencionado se podría haber añadido que relacionar Kauno con el ruso ковать (supuestamente, «lugar donde se ejerce el oficio de herrero») carece de fundamento científico. Y, en general, lo mejor habría sido no mencionar en absoluto, en un trabajo de este tipo, las explicaciones manifiestamente acientíficas.
Lituano Nėmunas. M. Bodnarskis7 y M. Melchejevas8 (este último se basa en A. Ivanovskis9) repiten la ingenua derivación de Nėmunas del lituano nãmas, publicada por A. Kočiubinskis a finales del siglo pasado: sería «nuestro río, un río lituano»10. Aún más desacertada, podría decirse que rocambolesca, es la explicación del origen de Nemuno propuesta por V. Žučkevičius en su obra de 1961 «Origen de los topónimos (toponimia de Bielorrusia)». Según esta, «Nėmunas en su curso bajo quizá proceda de una raíz lituana, y en su curso alto también de la raíz eslava nem, que dio origen a muchas palabras (“немой”, “немец”) con el significado léxico común de “silencio, sonido incomprensible, lengua incomprensible”11. Un ejemplo análogo sería afirmar que el nombre del río Maskvà tiene origen finés en su curso alto y eslavo en el bajo. V. Nikonovas logró resistirse a la rutina de estas explicaciones acientíficas y presentó casi todas
2 М. С. Боднарский, ор. cit., р. 153.
3 М. Н. Мельхеев, ор. cit., р. 44.
4 J. Haličzer, op. cit., p. 142.
5 Žr. Lietuvių kalbos žodynas, V, Vilnius, 1959, p. 436.
6 Žr. A. Senn, „Tauta ir žodis“, III, 1925, p. 510; D. Studerus, Zum Stadtnamen Kaunas, „Indogermanische Forschungen“, XLVII, 1929, p. 350–356.
7 М. С. Боднарский, ор. cit., р. 224.
8 М. Н. Мельхеев, ор. cit., р. 62.
9 А. А. Ивановский, ор. cit., р. 75.
10 А. А. Кочубинский, Территория доисторической Литвы, ЖМНП, 1897, январь, р. 81.
11 В. А. Жучкевич, Происхождение географических названий (топонимика Белоруссии), Минск, 1961, р. 13.
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Page 3hipótesis más fiables sobre el origen de Nėmuno (exceptuando, eso sí, quizá la más importante: la hipótesis posterior de K. Būga¹²).
También debe considerarse un rasgo positivo del diccionario que adopte de manera bastante consecuente un enfoque toponímico de los nombres de lugar. V. Nikonovas, a diferencia de los autores de diccionarios toponímicos anteriores, por ejemplo, deriva correctamente el nombre de la ciudad Vilnius no directamente del apelativo vilnis, sino del nombre del río (véase más abajo), Pum (Roma) del nombre del río Ruma, y no de un apelativo que significara ‘corriente’¹³, etc. El diccionario incluye todos los anexos más necesarios: una introducción y listas de bibliografía, términos y abreviaturas. Además, se ofrecen no solo las etimologías de los nombres de los objetos geográficos más importantes, sino también algunos datos históricos, geográficos o de otro tipo sobre los propios objetos.
Aunque V. Nikonovas, al explicar el origen de los topónimos bálticos, ha avanzado más que los autores anteriores de trabajos similares (A. Ivanovskiu, M. Bodnarski, M. Melchejev y otros), su «Breve diccionario de topónimos» también presenta aún deficiencias desde este punto de vista. En primer lugar, hay imprecisiones en la etimologización de los topónimos bálticos, debidas sobre todo a que V. Nikonovas no siempre tuvo en cuenta trabajos de toponimia báltica publicados mucho antes. Otro factor que reduce el valor del diccionario son las paráfrasis a veces poco precisas de las opiniones de otros investigadores o, en general, una presentación de los materiales insuficientemente precisa. Por ejemplo, al explicar el origen de Kauno, el autor escribe: «Otras etimologías: de las lenguas bálticas, “tal espada (палаш)”, en sentido figurado, “segador, cortador (con un arma), machacador”, incluso “vergüenza”; del gótico hauns, “bajo” o “humillado”». Esta explicación puede entenderse así: el lituano Kaūnas se derivaba no solo de una palabra lituana que significaba «tal espada; segador, cortador», incluso «vergüenza», sino también del gótico hauns. En realidad, Kaūnas solo se relaciona con el letón kauns, «vergüenza», y para explicar el significado de esta última palabra se indica el gótico hauns, «bajo, humilde»¹⁴. En otras palabras, aquí Kaūnas no se deriva de una palabra báltica que significara «vergüenza», etc., ni del gótico hauns; más bien, basándose en estas palabras, solo se intentó reconstruir el significado pretoponímico del apelativo del que pudo derivarse el topónimo mencionado. O bien, al explicar el origen de Klaipėdos, V. Nikonovas menciona únicamente, entre las muchas opiniones, la de G. Gerulis. Además, esta última tampoco se transmite con total precisión: según G. Gerulis, el nombre Klaipėda deriva de alguna palabra propia o común klaipėda¹⁵; por tanto, no es correcto afirmar que el segundo componente del topónimo Klaipėda procede de pėda, «territorio».
Entre las observaciones de carácter más general, cabe añadir que el origen de algunos topónimos se explica de manera demasiado imparcial. El «Breve diccionario de topónimos» está destinado, sin duda, no tanto a especialistas como al público lector en general, por lo que debería ser no solo una fuente objetiva de información, sino también una guía. Es positivo que el lector conozca tanto la opinión del autor como la situación real del asunto. Sin embargo, hay casos en que no se aprecia la opinión del autor del diccionario, y se deja al lector elegir por sí mismo cuál
¹² Sobre el origen de Nėmuno, K. Būga publicó dos hipótesis; para la primera, véase K. Būga, Rinktiniai raštai, I, Vilnius, 1958, p. 466; para la segunda, ibíd., II, Vilnius, 1959, p. 214, 280–284; III, Vilnius, 1961, p. 534, 875. En su diccionario, V. Nikonovas indica únicamente la primera hipótesis de K. Būga.
¹³ М. Н. Мельхеев, op. cit., p. 71.
¹⁴ G. Studerus, op. cit., p. 350–356.
¹⁵ Žr. „Archivum Philologicum“, I, p. 208; E. Fraenkel, Litauisches etymologisches Wörterbuch, I, p. 263.
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Page 4cuál de las opiniones o hipótesis mencionadas es más acertada. Pero ¿cuántos lectores habrá capaces de hacerlo sin equivocarse? Por ejemplo, al explicar el origen del nombre Lietuvos, V. Nikonovas expone una tras otra las opiniones de J. Otrembskis y K. Kuzavinio16, pero no dice cuál de ellas es más aceptable, aunque en este caso debería estar claro para un especialista en toponimia que la «última palabra» es la explicación de K. Kuzavinio. Además, en algunos casos en los que es difícil decidir a cuál de las muchas explicaciones dar prioridad, el autor emplea la palabra «mayoría» («большинство»). A veces esa palabra («mayoría») sirve de argumento por sí sola, aunque el gran número de partidarios de una opinión no significa que, por ello, la opinión misma sea la más fiable. Por ejemplo, al hablar del origen del nombre del río europeo Dunojaus, se dice que «la mayoría de los científicos se inclina por un origen celta» de Dunojaus. Sin embargo, a pesar de esta «mayoría», la hipótesis más aceptable en la actualidad es la de V. Georgijevas, según la cual Dunojus (el curso bajo y parte del curso medio) es un nombre dacio-misio, pues explica satisfactoriamente tanto el origen del propio nombre como la relación entre *Dānavi(s) y el rumano Dunăre, así como entre los eslavos Dunaj y Dunav17.
A continuación, quisiéramos llamar la atención sobre inexactitudes concretas que aparecen en las explicaciones de topónimos bálticos (en total, el diccionario incluye unos 45 procedentes de Lituania, Letonia y antiguos territorios bálticos).
Cna (Цна). Marcada con el número ocho, Cna se localiza así: afluente de la margen derecha del Uša en Lituania. Sin embargo, ni el Uša ni el Cna atraviesan Lituania. Se trata de un claro error de localización.
Laguna de Curlandia. En el diccionario, este topónimo aparece escrito Курский залив, junto con la variante Куршский залив. El topónimo se deriva del etnónimo кур. La forma Курский залив, que aparece con bastante frecuencia en los escritos rusos recientes, es incorrecta. El propio nombre de la laguna es de origen etnonímico: procede del nombre de la tribu báltica kuršiai (letón kursi18). Por tanto, el nombre ruso de la laguna de Curlandia solo puede ser Куршский залив. También es incorrecto llamar кур a los curonios en ruso. Esta forma, al parecer, se tomó de antiguos documentos alemanes o latinos, en los que los curonios aparecen denominados Cori, Curones, Kuren, Curi, etc. Sin embargo, las grafías documentales sin la consonante š (o s) después de r son de origen secundario, tomadas del nombre livonio de los curonios *kora(s) arba *kura(s)19. El nombre livonio, a su vez, deriva de una forma más antigua, *kurha < *kurša(s)20. Además, no es correcto afirmar que hasta 1946 la laguna de Curlandia se llamaba únicamente «Куршш-гаф (нем.)», pues incluso antes de 1946 se usaba ampliamente el nombre lituano Kuršių marios.
Curlandia. La deriva del etnónimo купел. Como ya se ha dicho, el etnónimo no es курпы, sino курши (lituano kuršiai, letón kursi).
Letonia. Solo se dice que el origen del etnónimo no está claro. Sin embargo, el diccionario incluye numerosos topónimos cuyo origen es aún menos claro que el de Letonia, y presenta hipótesis sobre su origen (por ejemplo, Moscú, Nemunas, Volga, entre otros). Por lo tanto, en este caso era imprescindible mencionar la opinión bastante fiable de K. Būga sobre el origen hidronímico del etnónimo Letonia21.
16 El apellido de K. Kuzavinio aparece gravemente deformado: K. Kuravinij.
17 Вл. Георгиев, Дунай, Дунав, Dunăre, „Studia linguistica in honorem Thaddaei Lehr-Splawiński“, Warszawa, 1963, p. 87 tt.
18 K. Būga, op. cit., III, p. 246.
19 K. Būga, op. cit., III, p. 249.
20 K. Būga explica con más detalle estas formas; op. cit., III, p. 249 tt.
21 K. Būga, op. cit., III, p. 530, 629.
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Page 5Lydà. Se considera que el nombre de la ciudad deriva de una palabra común que significaba «desmonte, tala»²². En realidad, el nombre de esta ciudad deriva del nombre del río Lydà23.
Nėmunas. Ya se ha señalado que, al explicar el origen de este nombre, se menciona solo una de las dos etimologías de K. Būga, concretamente la primera, de la que el propio K. Būga se retractó²⁴. Esto merece especial énfasis, pues algunos otros investigadores también olvidan la segunda opinión de K. Būga²⁵, según la cual Nėmunas debe analizarse como compuesto de la raíz nem- (cf. nėm-uogė, nem-ūnė, lat. nemus «bosque sagrado, alameda, bosquecillo», gr. νέμος «pastizal, bosquecillo», etc.²⁶) y el sufijo -unas (cf. Nėmanas, forma usada por algunos habitantes de Žemaitija).
Ryga. El nombre de la ciudad no debe derivarse directamente de un apelativo (lit. ringė), sino del nombre del río *Riga (< *Ringā); cf. los documentos de 1297 y 1304, donde aparece escrito: Riga flumen27.
Šiauliai. V. Nikonovas repite la hipótesis, carente de fundamento, de R. Šmitleinas sobre el origen del nombre de la ciudad Šiauliai a partir del antropónimo germánico Saul o Savilis. La opinión errónea de R. Šmitleinas ya había sido señalada en la prensa²⁸. Šiauliai es un topónimo de origen relativamente claro: se formó a partir del plural del antropónimo Šiaulys (o del apelativo šiaulys). K. Būga explicó ampliamente en varias ocasiones el origen báltico de este topónimo²⁹, pero ni R. Šmitleinas ni V. Nikonovas se basan en esas explicaciones.
Ventà. El autor ofrece varias explicaciones del origen de este nombre, pero omite quizá la más importante: la propuesta posterior de K. Būga. Al principio, K. Būga relacionó este nombre de río con el eslavo vęto- «grande»³⁰; más tarde abandonó esa opinión y derivó Ventà de la raíz báltica vent- «doblar: inclinarse», cf. vénteris31.
Vilnius. Correctamente se considera un topónimo de origen hidronímico, pero probablemente no deriva del nombre del río Vilija (Neris), como afirma el diccionario, sino de Vilnia (afluente por la margen izquierda del Neris). Al parecer, la forma más antigua (o paralela) del nombre de la ciudad, Vilnius, era femenina: Vilnia. Así llaman todavía a Vilnius algunos habitantes de las zonas de Panevėžys, Šeduva, Ukmergė, Gervėčiai³² y Zietela³³.
22Quizá se tenga en mente el lituano lydimas «lugar talado en el bosque, desmonte, tala; campo cultivado en un terreno despejado de bosque».
23 K. Būga, op. cit., III, p. 492, 787.
24 K. Būga, op. cit., III, p. 875.
25 Pavyzdžiui, M. Vasmer, Russisches etymologisches Wörterbuch, II, Heidelberg, 1955, p. 211.
26 K. Būga, op. cit., II, p. 280–284; III, p. 534, 875.
27 Véase A. Bielenstein, Die Grenzen des lettischen Volksstammes und der lettischen Sprache in der Gegenwart und im 13. Jahrhundert. St. Petersburg, 1892, p. 37, 38. Además de A. Bylenšteins, K. Būga también consideraba que el nombre de la ciudad Ryga derivaba del nombre del río (véase K. Būga, op. cit., III, p. 515).
28 Véase A. Vanagas. Dėl kai kurių Lietuvos miestų vardų etimologijų, «Lietuvių kalbotyros klausimai», VI, Vilnius, 1963, p. 333.
29 K. Būga, op. cit., II, p. 98, 349, 588.
30 K. Būga, op. cit., I, p. 490, 519 y ss.; III, p. 546.
31 K. Būga, op. cit., III, p. 243, 244.
32 Véase И. Бальчиконис, Названия литовских населённых пунктов, образованные от названий рек и озер, «Lingua Posnaniensis», VII, p. 241.
33 A. Vidugiris, El dialecto lituano de Zietela (tesis doctoral en filología, mecanografiada), Vilnius, 1961, p. 469, 471.
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Page 6Entre otros detalles, también se puede señalar la forma inexacta bangus (p. 67), dada en lugar del lituano baugùs.
El autor del «Breve diccionario de topónimos» podría haber evitado fácilmente casi todas las deficiencias e imprecisiones aquí mencionadas, especialmente las relacionadas con las explicaciones de los topónimos bálticos, si, como hemos visto, hubiera aprovechado más los trabajos de K. Būga.
A. Vanagas