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T E R M I N O L O G I J A I R D A B A R T I S

Rūta MARCINKEVIČIENĖ

Vytauto Didžiojo universitetas

PROBLEMAS DE LOS TÉRMINOS QUE DESIGNAN LAS VARIEDADES DE LA LENGUA Y DEL TEXTO

1. Įvadas

La aparición reciente de nuevos términos y los cambios en el contenido de algunos términos utilizados anteriormente hacen necesario revisar aquellos términos lingüísticos que están directamente relacionados con diversos tipos, unidades y variedades de la lengua. La mejor manera de hacerlo es sistemáticamente, examinándolos no de forma aislada, sino en grupos y pares, para que se pongan de relieve las semejanzas y diferencias entre sus significados terminológicos. También se oponen las principales categorías de los términos lingüísticos que aquí se examinan. Una abarca la lengua como sistema, aunque también puede orientarse al uso de la lengua; la otra se vincula con la principal unidad comunicativa de la lengua: el texto. El objetivo de este artículo es examinar ambas categorías de términos que designan variedades de la lengua, señalando los problemas de su definición y caracterizando con mayor detalle los términos menos estudiados. Para ello se recurrirá a tres fuentes: los materiales de referencia disponibles —diccionarios y obras de consulta—, los trabajos de lingüística y el uso de ciertos términos en el corpus del lituano contemporáneo de la Universidad Vytautas Magnus, que comprende la prensa de 1994 a 2004.

2. Nombres de las variedades del sistema lingüístico

La primera categoría incluiría tipos de lengua reconocidos y descritos desde hace tiempo, y cuyo uso no plantea problemas (porque el uso lingüístico coincide con las definiciones): lengua estándar, o literaria, y dialecto, o variedad dialectal. A su vez, los dialectos se dividen en dos grupos: territoriales, o geográficos, y sociales y profesionales. Entre estos últimos se encuentran las jergas profesionales o sociales, el argot y la jerga (Palionis 1985: 16–

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20). De los dos tipos de lengua mencionados, la lengua literaria se emplea en el corpus casi cuatro veces más que la lengua estándar (2615 y 736 veces). Por cierto, KTŽ 1990 define el tipo de lengua tipológicamente: «conjunto de características lingüísticas generalizadas que sirve de base para clasificar las lenguas en una clasificación tipológica». Así pues, la concepción del tipo de lengua en el manual de Jonas Palionis y en KTŽ 1990 difiere.

Otra distinción no del todo problemática se expresa mediante los términos lengua oral y lengua escrita (literaria), entendidos como comunicación oral y escrita. A veces se confunden con los términos escrita y coloquial (KTŽ 1990) lengua. También se emplean los términos lengua viva y lengua escrita; y, en relación con la dicotomía saussureana, es decir, sistema y uso, lengua y habla o lengua y hablar.

¿Cómo denominar en conjunto este grupo de términos? DLKŽ 2000 define lengua – 3. «una variedad determinada de un sistema de expresión del pensamiento: Lengua estándar (literaria). Lengua escrita, coloquial. Lengua periodística. Lengua poética. Lengua versificada. La lengua de Maironis, de Žemaitė. Lengua viva, natural, clara, elaborada.» (énfasis mío – R. M.). Así pues, los lexicógrafos proponen el término «variedad», que, por cierto, también aplican a la lengua estándar (literaria), a la que J. Palionis llamaba tipo. De las combinaciones de palabras citadas se desprende que DLKŽ entiende «variedad» en un sentido muy amplio. Los terminólogos de la lingüística deberían definir con mayor precisión «tipo de lengua», «variedad», «clase» y algunos otros términos generales. Aunque la propia palabra «lengua» tiene necesariamente varios significados terminológicos: sistema de expresión verbal del pensamiento (lengua materna), la variedad de ese sistema ya mencionada (lengua poética), sinónimo de conversación, es decir, de cierto género de lengua oral (entablar conversación), y denominación de una intervención pública (pronunció un discurso).

Según los ámbitos (esferas) de uso, se distingue entre lengua artística y lengua no artística. Esta última, según el mismo criterio, puede subdividirse en lengua cotidiana y lengua especializada; esta, a su vez, en lengua científica y administrativa. Las variedades de lengua denominadas según sus ámbitos de uso, más la lengua del ámbito periodístico, se llaman estilos funcionales (Župerka 1997: 78).

Conviene analizar por separado la oposición entre lengua cotidiana y lengua especializada. Abarca variedades de lengua diferenciadas según dos grupos de criterios: privacidad y carácter público, es decir, comunicación personal y oficial; además, los rasgos de generalidad y especialización. La lengua cotidiana, también llamada coloquial, se opone a la lengua pública. La lengua pública y la cotidiana o coloquial, tomadas en conjunto, constituyen la lengua oral mencionada anteriormente (Ko-

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ženiauskienė 1999: 42). Taigi terminas sakytinė kalba gali būti suprantamas ir kaip šnekamosios kalbos sinonimas, ir kaip platesnės reikšmės žodis, apibrėpiantis tiek viešą, tiek privačią sakytinę komunikaciją. Skirtumas tik tas, kad šnekamoji kalba gali būti ir užrašyta, o sakytinė tik pasakyta, ištarta. Net ir užrašyta šnekamoji kalba netampa rašytine, nes išlaiko savitą struktūrą ir leksiką (apie loginius ir lingvistinius sakytinės ir rašytinės raiškos skirtumus žr. Nauckūnaitė 2003).

El otro miembro de la oposición entre lengua cotidiana y lengua especializada es la lengua especializada. Este término se necesita cada vez más. Abarca la lengua de ámbitos concretos de la ciencia y la vida social —el jurídico, el administrativo y otros—. Además, resulta muy adecuado para traducir al lituano el término inglés muy extendido, ahora representado únicamente por el acrónimo LSP – Language for Specific Purpose (traducido literalmente sería lengua destinada a un propósito específico). En inglés existe también el término opuesto, igualmente indicado mediante un acrónimo: LGP – Language for General Purpose (lengua destinada a un propósito general o común). En lingüística computacional y otros ámbitos se ha arraigado y extendido el sinónimo de LSP sublanguage (traducido morfema por morfema sería subhabla). Se denomina así cualquier lengua de tema limitado, por ejemplo, la de los pronósticos meteorológicos, los navegadores o los telegramas, que convendría distinguir de la lengua especializada de alcance más amplio y quizá llamar especial, sin confundirla con la lengua de especialidad, entendida como el lituano que se enseña a los estudiantes en relación con su especialidad concreta.

Recientemente también se ha empezado a emplear en la lingüística lituana el término dominio para designar un ámbito de uso de la lengua. Este término es habitual en los estudios sobre préstamos de diversas lenguas, especialmente cuando se habla de la pérdida de dominios, es decir, del retroceso de los ámbitos de uso de la lengua (véase Vaicekauskienė 2004: 10 para más información). Así pues, hay varios términos para denominar una lengua especial o específica en algún sentido. Lamentablemente, en lituano no existe un término que defina toda la lengua no especializada o no técnica. Aquí no sirven ni el término cotidiana ni, mucho menos, el de lengua estándar; haría falta uno nuevo, como lengua de carácter general, lengua general o lengua común. El equivalente de Language for General Purpose que aparece en los documentos de la Comisión de la Lengua Lituana, lengua del entorno general, no encaja muy bien con lengua de especialidad. Sea cual sea el nombre que se le dé, sería mejor dividir en dos la oposición entre lengua cotidiana y lengua especializada, establecida a partir de dos rasgos distintos-

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—, atendiendo al rasgo de carácter público, en lengua cotidiana o privada y pública, y, atendiendo al rasgo de especificidad, en lengua de carácter general, general, común y especializada o de especialidad. La pareja de términos lengua común y lengua especializada encajaría particularmente bien.

Podría parecer que, si se utilizan las denominaciones de estilos funcionales arraigadas desde hace tiempo (científico, administrativo, periodístico, cotidiano, artístico), ya no harían falta términos similares como lengua administrativa o cotidiana. Sin embargo, lengua no equivale a estilo, como lo demuestra también una expresión como estilo lingüístico de la clase (Župerka 1997: 83). Aquí, lengua se entiende como una variedad lingüística determinada y estilo, como el carácter propio de esa lengua, sus rasgos particulares. Por cierto, en filología el término estilo designa dos cosas distintas: el individual, o autoral, y el estilo funcional, entendido como «una costumbre colectiva de uso de la lengua en diversos ámbitos de comunicación» (Župerka 1983: 11), es decir, una variedad lingüística determinada que no debe confundirse con el estilo de un texto concreto. En inglés se emplean en este caso dos términos: style y functional style (estilo y estilo funcional), o, con mayor frecuencia, style y register (estilo y registro). El registro, al igual que el estilo funcional, designa variedades de uso lingüístico según el contenido, el carácter o las funciones de la lengua, factores que, de una u otra manera, determinan también su forma (Halliday et al. 1964: 77; Leckie-Tarry 1993: 28). En inglés, el término registro puede referirse a cosas distintas: ámbitos amplios de actividad, como el derecho, la ciencia o la religión. En este caso, el término registro es sinónimo de discurso. En otros casos, se llama registros a las variedades oral y escrita de la lengua; sin embargo, lo más habitual es que registro designe la escala de carácter público y privado y las variedades lingüísticas que se distribuyen a lo largo de ella. Compárense los registros ampliamente conocidos que identificó M. Joos: frozen, formal, informal, colloquial, intimate (Joos 1961), es decir, ritual, formal, informal, coloquial. El término registro ya ha aparecido también en obras de teoría literaria traducidas al lituano, naturalmente con el sentido del término empleado en inglés (Hawthorn 1998; PMLS 2000). También lo examinan lingüistas en comparación con el estilo funcional (Vladarskienė 2000). Por ello, convendría considerar si debería definirse el registro e incorporarse al sistema propio de términos lingüísticos para designar los niveles de la escala de lengua cotidiana o privada y pública. En otras palabras, registro podría reconocerse oficialmente como término para las variedades lingüísticas en su dimensión de privacidad–carácter público o de formalidad–intimidad.

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3. Denominaciones de las unidades comunicativas del lenguaje

El término estilo se emplea en ambas categorías de términos que designan la diversidad de tipos, clases y variedades de lenguaje. Puede entenderse tanto como lenguaje en general como como estilo de un texto concreto. Esta última categoría, es decir, los términos relativos a las unidades comunicativas del lenguaje, está vinculada al texto. La componen el término fundamental texto, que se define mejor oponiéndolo al discurso y al lenguaje, entendido como lenguaje oral público o como alocución (Koženiauskienė 1999: 42). Otro par de términos es tipo de texto y género. Los pares de términos texto y discurso, tipo de texto y género requieren una descripción más detallada, pues estos términos de uso extendido no han sido tratados por los lingüistas, aunque se emplean en trabajos de lingüística del texto y de corpus, análisis lingüístico del texto y del género, retórica, estilística y otras áreas de la lingüística. Los discursos públicos se analizan en los libros de retórica (Koženiauskienė 1999; Nauckūnaitė 2000), por lo que aquí no se tratará este término.

Hay varios métodos complementarios para definir los términos. Uno consiste en basarse en las concepciones de los distintos autores que los han empleado; otro, complementario, consiste además en atender a su uso real en el lenguaje, especialmente en el especializado. Los dos métodos se aplicarán a los pares de términos mencionados, después de comprobar cómo se definen en diccionarios y enciclopedias, ya que estas palabras no son solo términos lingüísticos, sino también palabras de uso léxico cotidiano.

3.1. Reseña de obras de consulta

En los diccionarios generales explicativos solo aparecen algunas de las palabras de interés. En DLKŽ 2000, texto se define con los sentidos 1. «conjunto lingüístico coherente», 2. «parte verbal, en contraste con dibujos, planos, etc.», 3. «palabras de una obra musical»; género, como «unidad de clasificación de las obras artísticas según las características de su estructura». Dos diccionarios de palabras internacionales describen texto de forma similar, añadiendo varios sentidos específicos adicionales [los sentidos tipográfico e informático de texto que también se ofrecen en ellos (TŽŽ 2001a; TŽŽ 2001b) no son pertinentes aquí]. Esos diccionarios definen género igual que DLKŽ 2000, mientras que discurso se describe de manera muy abstracta y solo como un término de dos disciplinas científicas

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– [fr. discours – habla, tipo de lenguaje, texto] 1. lingüíst. «expresión de un pensamiento sobre algún asunto, elaborada conforme a un sistema determinado y, por lo general, desarrollada», 2. «en semiótica, proceso lingüístico o no lingüístico dotado de algún tipo de significado». Como cabe esperar, los diccionarios generales presentan no los sentidos terminológicos, sino solo los generales y algunos de los sentidos de los términos texto, género, discurso, que no reflejan el cambio considerable de perspectiva respecto de las cosas designadas por estas palabras.

De las publicaciones filológicas especializadas cabría esperar más, pero hay que decepcionarse, pues también aquí se ofrece información incompleta. En KTŽ 1990 solo se define uno de los cuatro términos: texto. Se trata de «una obra o fragmento del habla que constituye una secuencia de sonidos del lenguaje o de caracteres escritos y transmite un contenido determinado. En cuanto a su extensión, el texto no tiene límites». En LKE 1999 no hay artículos sobre género, discurso, tipo de texto, y texto se describe solo desde dos aspectos: su forma escrita y su coherencia, es decir, como a) «un fragmento del lenguaje escrito» y b) «un conjunto de oraciones relacionadas por su significado». Allí mismo se señalan tres tipos de texto: narración, descripción y argumentación. En LLE 2001 y en los diccionarios de teoría literaria traducidos, por el contrario, se definen el género y el discurso, pero no el texto ni el tipo de texto. Quizá esto se deba a que tradicionalmente estos últimos términos se asocian más con la teoría literaria que con la lingüística. Aquí el género se define de manera tradicional y muy restringida, únicamente como «una subdivisión de las principales clases de literatura (cursiva mía – R.M.) —la lírica, la épica y el drama— que agrupa conjuntos de obras estructuralmente afines». En el Diccionario de teoría literaria moderna de Jeremy Hawthorn (Hawthorn 1998), el género, aunque también se limita al sentido tradicional de género como tipo o subdivisión literaria, amplía los límites de su concepción: «el género es una categoría tanto social como literaria o lingüística». Se presenta aquí la postura que la autora considera aceptable, la de la investigadora de los géneros feministas Anne Cranny-Francis: «aunque la definición de género que propone se basa en aspectos textuales (convenciones, fórmulas, extensión), sus investigaciones también plantean cuestiones sociales, históricas e ideológicas» (ibíd.). Esta concepción del género, como se explicará más adelante, se aproxima a su definición interdisciplinaria.

Discurso, a diferencia del género, se describe de manera mucho más variada en las enciclopedias de literatura. LLE 2001 presenta incluso tres significados de discurso

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més: 1. «conversación o debate sobre un tema filosófico, político, religioso, literario o similar; obra científica, tratado», 2. «En lingüística, discurso significa cualquier segmento de lengua mayor que una oración. En este sentido, los conceptos de discurso y texto se usan a menudo como sinónimos. Se considera discurso cualquier actividad lingüística: un poema, un comentario bíblico, un editorial de periódico o un brindis», 3. «En las teorías culturales modernas, también se denominan discurso otras formas de expresión no verbales (una película, un anuncio, una obra musical, un ritual). En un sentido aún más amplio, se denomina discurso al conjunto de enunciados y afirmaciones propios de cualquier actividad social (expresados verbalmente o por otros medios, por ejemplo, visualmente o mediante gestos) (discurso médico, jurídico, político, etc.)».

Jau minėtame J. Hawthorne Moderniosios literatūros teorijos žinyne (Hawthorn 1998) diskursas pristatomas per atskirų autorių deklaruojamus požiūrius ir iš jų darbų išryškėjusią termino diskursas vartoseną, kuri, beje, ne visada sutampa su tų pačių autorių pateikiamomis apibrėžtimis, kitaip sakant, autoriai ne visada nuosekliai vartoja savaip apibrėžtus terminus. Pastarasis terminų reikšmės suvokimo būdas, kai žiūrima ne tiek apibrėžčių, kiek realios vartosenos, yra artimas žemiau taikomam tekstynų lingvistikos metodui. J. Hawthorno žinyne pabrėžiama paini ir dviprasmiška diskurso vartosena. Lingvistikoje, ypač pragmatikoje, diskursu vadinama vartojama kalba, o ne kalba kaip abstrakti sistema. Anot Michaelo Stubbso, palyginti su tekstu, diskursas implikuoja platesnę sąvokos apimtį, be to, gali implikuoti sąveiką, nors nebūtinai. Cituojama Michaelo Foucault samprata, pagal kurią diskursai – „didelės pranešimų grupės“, taisyklių valdomos kalbos sritys, kurioms būdingos tam tikros „strateginės galimybės“. Tos taisyklės, konvencijos ir sistemos kontroliuoja, kaip, kada, kur ir kas kalbama viename ar kitame diskurse, pavyzdžiui, medicinos. Anot M. Foucault, kiekviena visuomenė tam tikru būdu kontroliuoja, atrenka, organizuoja ir paskirsto diskursų produkciją, o šių diskursus kontroliuojančių procesų tikslas yra saugoti nuo „jėgų ir pavojų“. Šiame leidinyje dar pristatoma E. Benveniste’o, R. Fowlerio ir M. Bachtino diskursui teikiamos prasmės. Dviejų pastarųjų autorių pozicijoms, šalia kitų aspektų, yra būdingas diskurso kaip ideologijos supratimas, pagal kurį diskursas įtvirtina įsitikinimus, vertybes ir kategorijas (Stubbs 2001: 165).

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En resumen, a partir de las publicaciones citadas puede decirse que texto se caracteriza en ellas únicamente por tres rasgos: cohesión, extensión ilimitada y carácter verbal. DLKŽ 2000 y KTŽ 1990 definen el carácter verbal de manera más amplia —como palabra hablada y escrita—, mientras que LKE 1999 lo define de manera más restringida, solo como palabra escrita. Género se describe de forma bastante sucinta, solo como una división de las obras artísticas o exclusivamente de una rama del arte —la literatura—, añadiéndose un aspecto algo más amplio, es decir, social, y no únicamente lingüístico o literario, de su análisis. Discurso se define de la manera más amplia, por cierto, de forma muy similar en LLE 2001 y en obras de consulta traducidas. Al subrayar los diversos usos de discurso, se señalan los siguientes referentes designados por este término: a) debate, obra que implica interacción o dialogismo; b) cualquier texto verbal, es decir, lengua utilizada en un contexto concreto, o también obras no verbales; c) conjunto de enunciados propios de la actividad social, determinados ámbitos lingüísticos con compromiso ideológico.

3.2. Revisión de los trabajos lingüísticos

Otra manera de definir los términos que designan las variedades del uso de la lengua sería revisar los trabajos de los teóricos más destacados, en los que dichos términos y los conceptos que nombran se describen detalladamente. Conviene señalar desde el principio que las perspectivas de las obras de consulta y de los distintos autores no tienen por qué coincidir. Además, la extensión de las definiciones varía mucho: desde las definiciones lexicográficas de las obras de consulta hasta las monográficas, que intentan describir los conceptos de manera exhaustiva e integral.

3.2.1. Concepción teórica del texto

El texto se entiende y define de diversas maneras, señalando distintos rasgos suyos o condiciones para que surja. M. Halliday ofrece quizá la definición más amplia del texto: cualquier uso funcional de la lengua, cualquier ejemplo de lengua real que desempeña un papel en el contexto de una situación no lingüística. El texto no se compone tanto de las palabras y oraciones visibles en la superficie como de los significados codificados mediante palabras y luego descodificados; por ello, el texto es una unidad semántica. Lo que distingue esencialmente al texto de otras unidades semánticas de la lengua (morfema, palabra, sintagma u oración) no es tanto su extensión como su estructura diferente,

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su interacción con el contexto y las particularidades de su producción y comprensión. En este sentido, el texto es una formación lingüística única y singular (Halliday, Hasan 1991: 10).

La pregunta de qué hace que un texto sea texto admite diversas respuestas. En primer lugar, debe constar de oraciones gramaticales, aunque estas por sí solas no bastan. Debe haber una relación entre las oraciones. El lector tiene que percibirla y ser capaz de interpretarla. Los mecanismos de cohesión textual (text-forming devices), es decir, las palabras y frases que encontramos en las oraciones, ayudan a crear y establecer la relación entre ellas. Pero eso no es todo: además de estos elementos lingüísticos, la cohesión del texto depende también de factores no lingüísticos, es decir, de la competencia extralingüística relacionada con el tema y el contenido del texto. Así pues, según esta concepción, el texto puede describirse como una formación discursiva unitaria compuesta por varias oraciones (Nunan 1993: 4–5). Teun van Dijk (1998: 39) sostiene que solo pueden considerarse textos las secuencias de oraciones que poseen cierta macroestructura. Aquí, la macroestructura se entiende como un armazón temático y proposicional que abarca el texto y vincula los elementos lingüísticos en una totalidad textual.

M. Halliday señala la indeterminación fundamental del concepto de texto. Para él, un texto es cualquier cosa que tenga sentido en una situación determinada; considera el texto como una selección semántica continua (1978: 136–137). Así pues, el contexto y la situación son factores que garantizan la producción y la comprensión del texto. Desde una perspectiva social, el texto es inseparable del contexto, entendido etimológicamente como textos que concurren, aunque en realidad no solo estos son importantes, sino todo el contexto de la situación lingüística y no lingüística. Precisamente el contexto obliga a considerar el texto de dos maneras: como producto y como proceso, es decir, como una formación cerrada y autónoma, o como una formación condicionada por el contexto. El texto entendido como proceso, en virtud de su interactividad y de la posibilidad que ofrece de determinar significados, se manifiesta con mayor claridad en el diálogo. El texto puede entenderse tanto como un objeto determinado como un proceso condicionado por una situación y un entorno concretos.

Tanto el texto como el contexto son fenómenos semióticos, ciertas formas de transmitir significados; por ello, el texto puede definirse según la relación que guarda con el contexto situacional y según cómo las personas determinan sus significados a partir de dicho contexto. Se considera que las funciones y los propósitos dan forma al texto y a la lengua en general (Halliday, Hasan 1991: 11–12). De manera similar, Tony Bex aborda el texto únicamente a través del contexto. Según él, los textos no pueden ser autónomos ni independientes de los contextos; siempre son

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parte de la interacción lingüística. Ni siquiera el texto escrito es únicamente un producto, sino también parte de un proceso. Los creadores de textos eligen medios especiales de expresión lingüística influidos por las situaciones en las que se encuentran sus textos, y los destinatarios de esos textos reconocen e interpretan dichos medios lingüísticos (Bex 1996: 51).

M. Stubbs subraya la realidad, naturalidad y autenticidad del texto. Llama texto al lenguaje surgido de manera natural, coherente, oral o escrito, empleado en contextos reales. Por lo general, los textos son más largos que una sola oración y tienen cierta estructura. Pero también existen textos de una sola oración (Įšėjimas, Dažyta, Uždar yta pietums), que adquieren carácter textual gracias a sus contextos. Esto significa que el lenguaje utilizado realmente forma parte de la acción social, por lo que es necesario estudiar la interacción entre lengua y cultura (Stubbs 2001: 5–6).

De manera similar, aunque con algo más de detalle, definen el texto los pioneros de la lingüística textual (Beaugrande 1981: 1). Describen el texto como un acontecimiento comunicativo que cumple varias condiciones: siete criterios de textualidad. Según su definición, una señal de tráfico, un artículo periodístico, una discusión o una novela son textos que se ajustan a las reglas de determinados géneros o tipos de texto. Todos los géneros enumerados presentan rasgos lingüísticos específicos, cumplen determinadas funciones y están relacionados con una situación específica de producción y recepción. Estos autores sostienen que existen condiciones internas y externas para la creación y la recepción del significado textual. Algunos poemas no pueden percibirse como textos (y no como ejercicios de ortografía) sin ciertas circunstancias, presuposiciones, expectativas o conocimientos del género. Así pues, planteamos exigencias distintas a los textos de géneros diferentes y, basándonos en ellas, los percibimos como textos de esos géneros. Estas condiciones o criterios de identificación textual comprenden una doble coherencia textual: en el nivel superficial, sintáctico (cohesion, microstructure), o en un nivel más profundo, semántico (coherence, macrostructure). La coherencia se relaciona con la intertextualidad, es decir, con los vínculos de un texto con otros que pueden explicarlo y facilitar su comprensión e interpretación. Otra condición textual es la intencionalidad, que abarca las actitudes y los objetivos de los creadores del texto. Conforme a este criterio, hablar dormido no es un texto, mientras que una guía telefónica sí lo es. El reflejo especular de la intencionalidad es la aceptabilidad del texto, que permite percibir determinada construcción lingüística como texto en ciertas condiciones. La aceptabilidad se relaciona con la convencionalidad textual, pues los textos inusuales pueden resultar inaceptables y no reconocerse como textos

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porque resultan incomprensibles, incoherentes o insuficientes de otro modo para el lector. La informatividad textual indica la cantidad de información nueva y los modos de transmitirla, así como las relaciones entre la información nueva y la conocida en el texto; su situacionalidad, es decir, su interacción con la situación de producción y recepción, determina que el texto se convierta en discurso, esto es, en texto en contexto. El primer criterio, el de coherencia, es interno; los demás son externos.

En síntesis, estas concepciones del texto permiten afirmar que el término teksto designa una unidad lingüística semántica, coherente y dotada de cierta estructura, estrechamente vinculada al contexto de la comunicación verbal o no verbal, natural, con una finalidad determinada y de cualquier extensión, ya sea oral, escrita o incluso no verbal.

3.2.2. Concepción teórica del discurso

Cuando el texto se entiende en sentido amplio, en su contexto, puede designarse con otro término: discurso. Etimológicamente, el término discurso deriva del verbo latino discurrere (1. «correr de un lado a otro, dispersarse») o del sustantivo formado a partir de él, discursus (3. «exposición, razonamiento»). Se afirma que Tomás de Aquino fue el primero en emplear este término en filosofía: para él significaba intelecto o pensamiento, en oposición a la intuición simple. Discursivo significaba que piensa mediante conceptos. La misma oposición se encuentra en las obras de T. Hobbes, G. W. Leibniz e I. Kant. Con el tiempo, discurso pasó a designar una discusión intelectual y, posteriormente, también un diálogo (Titscher ir kt. 2000: 20).

Hoy, el término discurso puede usarse como sinónimo de texto, pero más a menudo se entiende de manera algo distinta y más amplia: como lenguaje socialmente orientado, como texto en contexto. Tradicionalmente, el texto se entiende más a menudo como una unidad escrita del uso lingüístico (aunque no necesariamente), mientras que el discurso abarca tanto la variedad oral como la escrita de la lengua. En ambos casos se destaca la coherencia y el carácter semántico del texto o del discurso. David Nunan define el texto como un acontecimiento comunicativo escrito —tanto oral como escrito—, y el discurso como la interpretación de ese acontecimiento comunicativo en su contexto (Nunan 1993: 6). M. Foucault describe la relación entre discurso y texto, respectivamente, como la relación entre un sistema y su manifestación concreta o ejemplo, entre lo social y lo individual, y entre macroestructuras y microestructuras (véase Stubbs 2001: 230).

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T. Bex entiende el discurso de manera algo más abstracta: como un significado que va más allá de los textos individuales o de los grupos de esos textos e incluye el comportamiento social, pues el significado del discurso reside fuera del lenguaje, en la sociedad que lo utiliza. Por tanto, el significado es cuestión de acuerdo: no está codificado únicamente en el lenguaje, sino que lo crean y lo verifican las personas que se comunican en cualquier momento (Bex 1996: 51). De manera similar, T. van Dijk define el discurso no solo como texto en contexto, sino también como acción social (2001: 17–21).

Norman Fairclough señala varias concepciones del discurso: puede ser diálogo hablado, en oposición a los textos escritos; lenguaje pronunciado o escrito; contexto situacional del uso del lenguaje; interacción entre el lector o el escritor y el texto; e incluso estilo o género, por ejemplo, discurso de los medios de comunicación (gracias a este autor, el término media discourse se consolidó y difundió en inglés). Él mismo sostiene que el discurso, entendido como el lenguaje utilizado por escrito y oralmente en cuanto forma de práctica social, pone de relieve la relación dialéctica entre un acontecimiento comunicativo particular y la situación, la institución y la estructura social que lo enmarcan. Así pues, el discurso es un fenómeno socialmente determinado que implica situaciones, individuos con identidad social y las relaciones entre ellos o entre sus grupos. El discurso no solo puede reflejar la realidad, sino también crearla, ejercer un efecto ideológico y legitimar posiciones de poder y la desigualdad social (Fairclough 1992: 3).

Es evidente que el discurso se entiende como acción, como parte integrante de la vida social. El término discurso suele emplearse para referirse a la actividad social mediante la cual creamos significados a partir de recursos lingüísticos y otros recursos semióticos (movimientos no verbales, modulaciones de la voz, etc.). Este término, vinculado a su significado anterior de «enunciado», pone de relieve la interacción y la interpretación. El discurso abarca a los participantes, los tipos de situaciones en que se utilizan los textos y los sistemas y estructuras sociales que sirven de base para crear y comprender el texto. Designa las formas características de hablar y escribir, del lenguaje y del texto, relacionadas con la actividad social (Titscher y otros 2000: 20).

3.2.3. Texto y discurso

Surgido más tarde que el texto y sometido a una gran evolución, el término discurso se define mejor solo en comparación con el texto. El discurso nu-

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se define de manera mucho más abstracta y amplia, haciendo hincapié en su carácter dialógico e interactivo y en sus vínculos con la sociedad. Ambos términos, texto y discurso, que antes designaban fenómenos diferentes —la comunicación escrita y la oral—, hoy se usan a veces como sinónimos. En inglés, este desplazamiento en el uso de los términos se vio favorecido por la opinión, ya consolidada, de que el texto no se convierte en texto cuando lo escribe el autor, sino cuando lo comprende el lector. Esta concepción interactiva del significado textual, creado conjuntamente por escritor y lector, acercó mucho el texto al discurso, entendido como una especie de diálogo. Algunos analistas del discurso sostienen que las diferencias de significado entre estos términos casi han desaparecido (Widdowson 1995: 161). Otros perciben nuevas diferencias de significado (Garret, Bell 1998: 3).

El término texto empezó a utilizarse principalmente para denominar los registros de los procesos discursivos, que abarcan los acontecimientos comunicativos, pero no se limitan a ellos. El texto incorpora todos los niveles inferiores del lenguaje y otros recursos de significado, como las convenciones y expectativas genéricas, así como otras expectativas de la comunidad discursiva relativas a las formas y funciones de determinados tipos de discurso. El texto tiene una estructura determinada que permite percibirlo como un todo. Comprender quién dice qué a quién y en qué circunstancias permite relacionar el texto con su contexto social y percibirlo como un todo. Discurso también se utiliza para designar el uso habitual del lenguaje propio de un tipo o ámbito determinado; compárese: discurso académico, político. En esta acepción, los textos individuales no son más que manifestaciones concretas de modelos discursivos extendidos, por lo que interactúan como lo general y lo particular (Stillar 1998: 147).

No obstante, los términos texto y discurso se entienden de manera diferente. Esta diferencia también se manifiesta en las divergencias entre las disciplinas relacionadas con ellos, es decir, la lingüística del texto y el análisis del discurso. La lingüística tradicional del texto se basa en rasgos internos —lingüísticos—, mientras que el análisis del discurso se centra en rasgos externos —sociales y culturales— de los textos. El análisis lingüístico del texto abarca los niveles sintáctico, semántico y pragmático, mientras que muchos métodos sociológicos se limitan a uno solo de estos niveles. Los trabajos más recientes de diversas disciplinas científicas ponen el mayor énfasis en los aspectos funcionales del texto y del discurso; todos ellos comparten la búsqueda de regularidades, recurrencias sistemáticas y modelos (para más información sobre las funciones y los géneros textuales, véase Marcinkevičienė 2004).

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Los dos términos discutidos, allí donde pueden usarse como sinónimos, compiten entre sí y uno desplaza al otro. Los lingüistas suelen preferir texto, mientras que los filósofos, sociólogos y estudiosos de la literatura prefieren discurso. Así, Glenn Stillar prefiere el término texto para subrayar su concreción y materialidad, así como su importancia en cuanto manifestación concreta del discurso. Sin embargo, en general, las nociones de texto y discurso se complementan, pues concebimos el discurso como un todo a través de su expresión textual concreta. Y el objeto del análisis del discurso es el texto, que refleja la actividad y las relaciones sociales, es decir, ciertas manifestaciones del discurso.

En síntesis, a partir de los diversos enfoques sobre el discurso, puede decirse que este se relaciona con el contexto, la conducta social, una situación concreta de uso de la lengua y las características del uso lingüístico que dicha situación determina. Así pues, el discurso se entiende de manera similar al texto en su contexto de uso, solo que, en el caso del discurso, el contexto abarca mucho más y comprende fenómenos sociales; por ello, el discurso es un fenómeno social, determinado por la sociedad.

3.2.4. Descripciones del género

El sistema de significados del término género y las particularidades de su uso se han tratado con más detalle en otro lugar (véase Marcinkevičienė 2004), por lo que aquí solo se resumirán brevemente los aspectos esenciales. En primer lugar, cabe señalar que el uso actual del término género tiene un alcance mucho más amplio, pues se habla no solo de géneros de obras artísticas, sino también de los géneros de cualquier texto —por ejemplo, una queja— o de cualquier medio de comunicación. En un sentido aún más amplio, cualquier acción social puede clasificarse en géneros; compárese: género de una clase, de un evento. Este uso más abstracto también se corresponde con las tendencias de la investigación sobre los géneros. La teoría de los géneros, surgida en los estudios literarios, se está extendiendo ahora a otros campos. En las últimas décadas se han empezado a analizar más ampliamente los géneros de la literatura no ficcional, en especial los de la prensa; se ha escrito mucho sobre el cine y los nuevos géneros de Internet: el hipertexto, los mensajes de correo electrónico y los debates.

Otro rasgo distintivo de la noción de género es el intento de vincular las regularidades lingüísticas con las regularidades de la actividad humana. Dicho de otro modo, la nueva noción de género abarca tipos de discurso analizados desde una perspectiva social-

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nėje ir kultūrinėje kalbos vartojimo plotmėje (Freedman 1994a: 3). Štai Guntheris Kressas teigia, kad įprastinės bendravimo formos lemia konvencines tekstų formas, t. y. tam tikrus specifinius žanrus. Žanrai turi savo formą ir reikšmę, atsiradusią dėl tuo žanru koduojamų socialinių bendravimo formų tikslų, funkcijų ir reikšmių. Todėl žanrai atspindi būdingiausias bet kurios bendruomenės socialines progas ir bendravimo formas (Kress 1989: 19). Žanro analizė turi būti siejama su konvencijų tyrimais.

La interacción entre la sociedad y los géneros populares en ella se aprecia en que los cambios en la vida social dan lugar a nuevos géneros y, a la inversa, los nuevos géneros aceleran la evolución de la sociedad. Por eso, los estudios actuales sobre los géneros se basan en la nueva retórica: investigaciones sobre cómo se alcanzan los objetivos retóricos de la comunicación mediante diversos géneros. El significado de un género no es únicamente el contenido de los textos de ese género; también es su función. Un género suele formar parte de una ceremonia o acción social; esa ceremonia impone ciertas restricciones que constituyen la base de la especificidad del género (Freedman 1994b: 59–60).

El género se relaciona más con la comunicación que el texto o el discurso; incluso se define como una acción social. Aunque los géneros se reconocen y definen según la forma del discurso y otras semejanzas (de público, de modo de pensar y de situaciones), el género no viene determinado por la forma o el contenido del discurso, sino por la acción retórica para cuya realización está destinado. Así pues, el género representa una acción retórica típica (Miller 1994a: 23–24). Al reflejar ciertas regularidades y modelos del uso lingüístico, el género es una sustancia esencial de nuestra vida cultural. Por ello, una cultura puede describirse según el conjunto de géneros que en ella predominan, y el género mismo puede considerarse una parte específica y muy importante de la vida social, un aspecto de su estructura comunicativa y una determinada estructura de poder institucional (Miller 1994b: 68–71). Cuanto más compleja y diversa es una sociedad, más géneros tiene y más variado es su repertorio genérico (Miller 1994a: 36). Lo mismo puede decirse de los individuos. La concepción del género como acción social determina su relación con el texto, el contexto y el discurso. El significado del texto y su comprensión están determinados no solo por el discurso al que pertenece, sino también por el género concreto. Ambos están determinados socialmente: el discurso depende de las instituciones que lo producen —por ejemplo, los textos periodísticos dependen de los medios de comunicación—, mientras que el género depende de las situaciones comunicativas habituales-

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en las que aparece. Tanto el género como el discurso tienen un significado específico, determinado socialmente; por eso, los textos están doblemente condicionados: por el tipo de discurso y por las restricciones del género concreto. Tanto los discursos como los géneros surgen de la estructura de una sociedad determinada y de los diversos procesos que tienen lugar en ella; los géneros son acompañantes convencionales de las ocasiones sociales, a través de las cuales transcurre la vida social. El discurso determina qué se dice; el género, cómo se lleva a cabo, de acuerdo con las formas determinadas por el contexto. Aunque tanto el discurso como el género condicionan la expresión lingüística del texto, son cosas distintas. Por ejemplo, el discurso religioso puede adoptar diversos géneros, según la situación y el público; compárense el sermón de un sacerdote y un libro de texto de religión para alumnos de quinto curso. Estas dos fuentes de significado y forma textual tienen mucho en común. En primer lugar, ambas son de naturaleza social y cultural; en segundo lugar, las distintas instituciones sociales que generan un discurso determinado cuentan con repertorios de géneros más o menos estables. Algunos discursos son incompatibles con ciertos géneros (véase Kress 1989: 20–29). En todo caso, género es un término de alcance semántico más restringido que texto o discurso, pues estos se caracterizan por sus géneros, y no a la inversa.

Así pues, la noción de género, al igual que las de texto y discurso, se ha ampliado y ahora abarca más fenómenos del contexto social que antes. La comprensión del género ha cambiado más profundamente en este sentido, pues el género ha pasado a designar no solo las convenciones de las distintas clases de obras artísticas, sino todos los tipos de comunicación, determinados por los objetivos comunicativos propios de cada tipo. Entendido en sentido amplio, el género designa acciones sociales típicas y fenómenos culturales e ideológicos.

3.2.5. Género y tipo de texto

Muchos investigadores describen de manera muy similar la relación entre el tipo de texto y el género. Sostienen que las diferencias entre los textos se perciben como rasgos de distintos tipos de texto o discursos. Las diferencias internas de los propios textos (según su estructura y contenido) se denominan tipos de texto o de discurso, mientras que los géneros o registros se conciben como clases de textos definidas externamente (Östman, Virtanen 1995: 246–247). Así pues, la distinción entre tipos de texto y géneros coincide con la que existe entre los rasgos internos y externos de los textos. Los rasgos internos son lingüísticos (formales o semánticos), mientras que los externos son el propósito comunicativo y el tema.

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Sin embargo, es difícil mantener una distinción tan sistemática entre tipos de rasgos, y a menudo los rasgos internos y externos aparecen juntos (Pilergaard, Frandsen 1996: 2–3).

Tradicionalmente, según los objetivos de la escritura o las funciones de los textos, se distinguen tipos retóricos de texto. Su número y variedad dependen del grado de generalidad de los objetivos. Por lo general, se distinguen entre 3 y 5 tipos retóricos puros de texto: descripción (description), narración (narration), exposición (exposition) y argumentación (argument). Otros autores añaden a estos la exhortación (hortatory type) y la instrucción (instruction). En los trabajos de autores lituanos se ha consolidado una clasificación tripartita de los tipos de texto: descripción, narración, razonamiento o argumentación (Koženiauskienė 1999: 155–178; Sirtautas, Grenda 1988: 185).

Los tipos de texto se diferencian además de los géneros en que todavía no existe una clasificación de los tipos de texto reconocida universalmente; por ello, los diversos tipos de texto propuestos por distintos autores deben considerarse provisionales, no definitivos. Los géneros, en cambio, son clasificaciones de textos reconocidas en una determinada comunidad lingüística. Otra diferencia entre el tipo de texto y el género es que, para identificar los tipos de texto, a menudo bastan partes concretas del texto o fragmentos, mientras que el género es una característica del texto en su conjunto (Pilergaard, Frandsen 1996: 3). Los géneros y los tipos de texto interactúan de diversas maneras; es decir, los géneros no se corresponden con los tipos de texto: los textos de un mismo género pueden estar compuestos por diversos tipos, y un tipo de texto puede emplearse en distintos géneros; por ejemplo, la narración aparece en cuentos, noticias, diarios y descripciones de experimentos científicos. Y, a la inversa, un diario comprende no solo narración, sino también otros tipos de texto (Östman, Virtanen 1995: 246–247; Lee 2001: 41; Vestergaard 2000: 151–175).

3.3. Uso de texto, género y discurso en el corpus

Tras repasar las definiciones de texto y discurso propuestas por diversos autores, podemos observar cómo se emplean estas palabras en la lengua y comprobar cómo y hasta qué punto los postulados teóricos se reflejan en el uso real. En otras palabras, es necesario comprobar si los términos se definen de una manera, pero en realidad se utilizan de otra. La mejor manera de verificar cómo se emplean estas palabras es mediante un corpus. Sin embargo, en este caso nos encontramos con ciertos problemas metodológicos. Uno de ellos se debe a las diferencias entre las lenguas.

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Aunque texto y discurso son palabras internacionales, sus pautas de uso pueden diferir de una lengua a otra; compárese el análisis del uso de la palabra internacional apatía en inglés y en lituano (Marcinkevičienė 2002: 81–93). Las definiciones de estos términos se han tratado en los trabajos de autores anglófonos, mientras que para analizar su uso se emplea un corpus de la lengua lituana.

Otro problema es que, para estudiar el uso de los términos, se necesitaría un corpus especializado de obras de lingüística textual y análisis del discurso, en el que las palabras investigadas se utilizaran como términos. El corpus de la lengua lituana es de carácter general, por lo que el uso terminológico aceptado y característico de determinados autores, así como su concepción de los conceptos designados por esos términos, pueden no coincidir siempre con el uso extendido. Sin embargo, no es posible crear un corpus especializado de lingüística en lituano, ya que las ramas de la lingüística mencionadas son completamente nuevas en Lituania. Aun afrontando estos problemas, vale la pena examinar el uso de las palabras en cuestión, con la esperanza de que a) las diferencias de uso debidas a la lengua no sean muy marcadas y b) incluso un corpus de carácter general pueda revelar ciertos rasgos del uso terminológico.

Al examinar el corpus, lo primero que llama la atención es la frecuencia desigual con que se usan. Texto se usa con mucha mayor frecuencia y en contextos más variados: 14 412 veces en singular y 10 902 en plural; discurso, 1 467 y 238 veces, respectivamente. Además, el uso de discurso se limita a textos especializados de filosofía, estudios literarios y estudios culturales, de los que se desprende la concepción lituana de discurso. En sentido amplio, discurso se entiende como lengua o habla con ciertas características, o como modo de hablar (por ejemplo: discurso que articula las instituciones de la sociedad, los discursos de hoy están cargados de argumentos, instituciones y discursos, manifestarse en diversos discursos, en el marco del discurso filosófico marxista impuesto), que abarca textos de autores individuales o el conjunto de su obra (por ejemplo: los discursos de Hegel sobre la religión, determina la retórica del discurso de Nyka, el autor entrelazó un discurso retórico persuasivo, podemos discernir dos fuentes del discurso de Beauvoir).

En sentido estricto, discurso designa ámbitos de actividad social o disciplinas científicas específicas (discurso social, científico, político, filosófico, social contemporáneo; discurso de los especialistas en arte; lenguaje de los discursos administrativos; evolución de la crítica del discurso neorromántico) o una comunicación verbal con determinadas características (deconstructivo, inte

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lectual, crítico, moral, erótico, oficial, totalitario, interdisciplinario, ideológico, científico actual, entre el discurso especulativo y el poético, las reglas del discurso posmoderno no lo permiten).

En algunos contextos se pone de relieve el carácter público y discursivo de discurso (cf.: durante ocho años no ha habido un debate serio sobre la nueva música, un ejemplo destacado de este discurso es el debate, resultó incapaz de controlar todos los acontecimientos del discurso, el «discurso público de los intelectuales» lituano, en el discurso público encontramos únicamente una expresión cínica (y a veces ingenua) de la arrogancia masculina), así como la posibilidad de usar discurso y texto como sinónimos, es decir, contextos en los que discurso puede sustituirse por texto sin grandes cambios de significado (este discurso habla de la realidad, de la frase al discurso: al poema, al ensayo filosófico, así que intentaré disciplinar mi discurso, la metaforización impregna cada discurso: el cotidiano, el científico, el poético, el filosófico y otros).

Dicho de otro modo, el uso de discurso en un corpus de textos generales confirma los significados indicados: a) la lengua en uso, cualquier texto verbal; b) un ámbito lingüístico determinado; c) la comunicación interactiva y discursiva.

La situación es algo distinta en el caso de texto. Su uso, a juzgar por las combinaciones léxicas fijas más frecuentes, es más uniforme. Los adjetivos más frecuentes denotan la forma verbal, sobre todo escrita, del texto (texto verbal, escrito, legible), la lengua en que está escrito (texto lituano, original, texto en inglés, en ruso), así como el género, el carácter o una obra concreta (texto de una canción, un libro, una resolución, una declaración, un juramento, un anuncio, un discurso propio; textos litúrgicos, antiguos, especializados, religiosos, literarios, artísticos, bíblicos). Otras frases frecuentes: análisis e interpretación del texto, estructura del texto, se indica en el texto y, a continuación, como en el texto, en el texto en lugar de las palabras.

Así pues, el uso no terminológico de texto no atestigua algunos elementos de la concepción del texto que los teóricos le atribuyen; por ejemplo, que el texto pueda ser oral o incluso no verbal. En el uso real del lituano predomina la concepción tradicional del texto escrito.

De manera similar, aunque género se define de forma bastante amplia, en el corpus se usa sobre todo con su sentido habitual, es decir, para designar determinadas clases de obras artísticas. Las combinaciones léxicas fijas más frecuentes son: género de la literatura, la opereta, la novela, la poesía, la prosa; género y estilo, texto y género, obra de género, tipo o género, tema y género, diversos

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géneros y contenido, diversos, distintos géneros. Otros ejemplos de uso muestran que género se usa para designar a) obras artísticas, sobre todo textos, y b) géneros periodísticos o eventos en general:

a) se proponen coeficientes según los géneros de los libros: libros para niños y jóvenes; utilizar ejemplos de textos de diversos estilos, tipos y géneros; este es el primer libro calvinista en lengua lituana del género de los sermones; será un género completamente nuevo en Lituania: la ópera del absurdo; de género ligero, sin inclinación al pop; discursos festivos conmemorativos de un género determinado; se adentra en el género del realismo mágico;

b) el propio género del programa lo exige; el género menos popular es el periodismo y el ensayo; esto lo determina el género y el carácter de estos eventos; no desdeña el género periodístico, escribe ensayos; probar también nuevos géneros televisivos.

Como muestran los ejemplos, género se usa a menudo de manera imprecisa y como sinónimo de estilo (género periodístico), corriente literaria (género realista), y también para designar obras de la lengua hablada. El uso frecuente de género junto con otros sustantivos que designan tipos (tipos, clases, estilos), sin especificar subdivisiones más precisas de cada tipo, también indica un significado más amplio que el de género de una obra artística exclusivamente. Así pues, de los cuatro términos analizados, el uso real de este sustantivo es el que más se aleja del significado tradicional recogido en diccionarios y obras de referencia, y se aproxima a la amplia definición teórica de género. Por cierto, género aparece en el corpus con mucha menos frecuencia que texto, pero más que discurso: en singular se usó 2041 veces y en plural, la mitad, 1027 veces. El término «tipo de texto» no se encontró en el corpus.

4. Conclusiones

1. En este trabajo se examinan algunos pares de términos que denominan el sistema lingüístico y los términos que los engloban:

a) t i p o s d e l e n g u a: lengua estándar, o literaria, y dialectos, o variedades dialectales (geográficas y sociales o profesionales);

b) v a r i e d a d e s d e l e n g u a: lengua y habla, o acto de hablar; lengua oral y escrita, o literaria; lengua hablada y escrita; lengua viva y lengua escrita;

c) t i p o s d e l e n g u a según sus ámbitos de uso: lengua artística y no artística

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, que comprende la lengua familiar y la especializada, y esta última, la lengua científica y la administrativa;

lengua especializada (lengua profesional, especializada, dominio o ámbito lingüístico) y lengua general, de carácter general; lengua pública y privada;

d) estilos funcionales: científico, administrativo, periodístico, familiar, artístico.

2. La comparación de las definiciones de estos términos lingüísticos en diversas fuentes reveló algunos problemas. No está claro qué palabra de alcance general —variedad, tipo o clase— debería usarse para designar el conjunto de términos que denotan la diversidad funcional y estructural de la lengua. Además, habría que definir con mayor precisión, a partir de las tendencias en el uso del término, tipo de lengua, y determinar cómo denominar la lengua especializada, profesional o de ámbito específico, o el dominio o ámbito lingüístico, en oposición a la lengua de carácter general, general o común; quizá convendría admitir el préstamo registro para designar los distintos niveles de la lengua pública y privada.

3. Se examinan con mayor detalle los pares de términos relacionados con la unidad comunicativa más importante de la lengua: el texto:

e) texto y discurso;

f) tipo textual y género.

Se analizaron a partir de tres fuentes: las definiciones de estos términos en obras de consulta filológicas generales y especializadas —diccionarios, manuales y enciclopedias—; las descripciones de los conceptos que designan estos términos en estudios de lingüística textual, análisis del discurso y teoría de la comunicación; y el uso de estas palabras en un corpus general.

4. Se puso de manifiesto que el texto y el género deben definirse de manera más amplia, para que las definiciones de estos términos reflejen no solo la concepción teórica de los fenómenos que designan, sino también los cambios producidos en su uso real. El discurso y el tipo textual deberían definirse sobre la base de los estudios más recientes de lingüística textual y análisis del discurso e incorporarse a la terminología lingüística.

5. Este artículo se propuso examinar sistemáticamente los problemas relacionados con algunos términos lingüísticos, con la esperanza de suscitar un debate y recibir propuestas sobre las cuestiones planteadas.

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SOME PROBLEMS OF language AND text RELATED TERMS

Summary

The paper deals with two groups of Lithuanian linguistic terms. One group consists of the terms referring to different types and sorts of language as a system, e.g.

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literary, standard language, language and speech, written and spoken, public and private language, functional styles, etc. Another group comprises the names of the communicative units of language, i.e. text, discourse, text type, and genre. The first group is merely overviewed pointing out the need to have more consistent generic names, and some equivalents for widely spread linguistic terms in English, such as language for general purpose vs language for specific purpose, and register. The second group of terms is analysed using three different sources: dictionaries and encyclopedias, theoretical papers, and the Corpus of Contemporary Lithuanian Language. Analysis of different sources revealed the discrepancy between the theoretical approaches to the notions mentioned above, definitions of the terms in general and specific dictionaries, and their usage in the general corpus. It was suggested to widen the definition of the terms text and genre in order to make them compatible with the most recent theoretical approaches as well as everyday usage. The other two terms discourse and text type were suggested to be included in the list of linguistic terms and defined.

Rūta MARCINKEVIČIENĖ

Vytauto Didžiojo universitetas

Donelaičio g. 58, LT-44248 Kaunas

E. paštas [email protected]

Gauta 2004-09-09

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