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La lengua lituana y la sociedad: aspectos generales y terminológicos

JONAS KLIMAVIČIUS

Lietuvių kalbos institutas

Straipsnio tema skaičiusiam Simo Karaliūno monografiją Kalba ir visuomenė (1997) gal pasirodytų reikalaujanti tik paprastos dedukcijos. Tačiau literatūros šia tema nepaprastai gausu, daug naujos (apie globalizaciją iki 1997 m. Lietuvoje dar mažai rašyta). Straipsnio autorius taip pat nestokoja minčių, ką ir kaip l i e t u v i š k o j e šios temos problematikoje reikėtų aktualizuoti ir kokius konkrečios situacijos akcentus dėlioti. Vis dėlto beveik viskas straipsnyje, nors siekiama aktualumo, dėstoma daugiausia konceptualumo lygmeniu, be jokios gausios empir ikos ir konkretikos – tai irgi svarbu, reikšminga, tvarkytina, bet tai jau kito lygmens dalykas. Šiuo atžvilgiu straipsnis labai skiriasi ir nuo Ritos Miliūnaitės knygos Apie kalbą ir mus (2006), nors jos tema ir panaši: „Visuomenės gyvenimo pokyčiai, pirmiausia – išorinis ir vidinis laisvėjimas, atsivėrimas pasauliui, nepalieka nuošaly ir kalbos. Kad geriau suvoktume, kas darosi kalboje, kaip mes ją veikiame ir kaip ji veikia mus, atrodo pravartu žvilgterti, kaip sugyvenome su savo kalba pastaruosius penkiolika metų“ (Miliūnaitė 2006: 6).

I

1. La globalización Sus ecos de peligro y la llamada a la movilización resuenan desde hace unos 20 años también en Lituania. Diversas cuestiones relacionadas con el uso, la evolución, el futuro e incluso el destino de las lenguas se vinculan de manera muy directa con la globalización, mientras se lanzan cada vez más a menudo exclamaciones con otra palabra (de Arnold Toynbee). Desde luego, se puede y se debe hacer algo, y algo se logra, aunque las respuestas no sean tan resonantes, y mucho menos concretas. La relación es tan directa que a menudo ni siquiera se procura entender qué es esa globalización.

Los ecos de la globalización llegan tardíamente a la lingüística lituana, en observaciones fragmentarias. Aldonas Pupkis habla de ella con algo más de amplitud, aunque con bastante concisión, pero con gran precisión y claridad, en el apartado 6.1. Internacional del subapartado de su libro Estudios de cultura lingüística 6, titulado La lengua lituana en la sociedad contemporánea.

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el contexto del funcionamiento de la lengua lituana, sección 6.1.1. Globalización (Pupkis 2005: 206–209). En primer lugar, se señala que se trata de un «fenómeno de la economía mundial», pero que «cambia esencialmente las relaciones sociales entre las personas» (Pupkis 2005: 206, 207); después, se aborda la lengua: «En la sociedad de consumo, la lengua adquiere una nueva función: la de consumo. Esta función orienta claramente el acto lingüístico hacia el comprador: <...>. En ciertos casos, la lengua se vuelve semejante a un envase: <...>. La función de consumo destaca en la publicidad» (Pupkis 2005: 207). «En la sociedad de consumo, la lengua misma se convierte en mercancía, <...> (Pupkis 2005: 208). La idea de que «la globalización provoca una reacción local y refuerza la identidad local» (Pupkis 2005: 208) no es más que una posibilidad difícil de alcanzar y, en esencia, no es sino un movimiento antiglobalización. Tras valorar la globalización como uno de los aspectos del contexto internacional del funcionamiento de la lengua lituana (es decir, no como un factor directo), a continuación, en la sección 6.1.2. La lengua lituana en la Unión Europea, Pupkis afirma: «Así pues, todas las causas de los peligros que amenazan la lengua lituana son internas; residen en nuestras propias condiciones de vida y actitudes. <...>. <...>. Toda la política de las instituciones de la Unión Europea favorece a la lengua lituana. No hay ningún acto jurídico de la Unión Europea que restrinja en lo más mínimo el uso de la lengua lituana en Lituania. <....>. <...> las lenguas (oficiales) de todos los países han sido declaradas lenguas oficiales de la Unión Europea. En los actos oficiales de la Unión Europea se utiliza la lengua lituana, y a ella se traducen los actos jurídicos y otros documentos. Con ello se eleva desde el exterior el prestigio de nuestra lengua y se acelera su desarrollo» (Pupkis 2005: 210). Sin embargo, en esas instituciones «la comunicación informal se realiza principalmente en inglés» y «en muchos campos científicos se utiliza no solo en privado, sino también oficialmente» (Pupkis 2005: 211). En la propia Lituania, «la producción científica en inglés recibía apoyo financiero, mientras que los textos científicos en lituano no» (Pupkis 2005: 211). Por ello, «es necesario contribuir activamente a las iniciativas internacionales destinadas a establecer la igualdad entre las lenguas» (Pupkis 2005: 211).

Los ecos de la globalización llegaron a la terminología lituana a través de las ponencias de terminólogos extranjeros en las conferencias que organizamos y de sus artículos publicados en la revista Terminologijos žurnale. Se afirma que, además de las perspectivas globalista y antiglobalista, está surgiendo una tercera: «el desarrollo natural de la globalización y una cultura material y espiritual internacional común pueden alcanzarse cultivando la cultura a nivel nacional o, al menos, regional: <...>» (Leitchik 2006: 34), aunque tampoco se olvidan las dimensiones globales: «la creación de una lengua mundial común» y «la terminología científica, técnica y económica internacional» (Leitchik 2006: 34, 34–35). Son valoraciones muy abstractas. Las afirmaciones sobre política lingüística son mucho más concretas: «la creación de una lengua internacional artificial óptima»

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«la traducción automática y la elección de una de las lenguas más utilizadas a escala internacional», así como «las posibilidades de una política de coordinación del desarrollo convergente de la terminología de las lenguas emparentadas» (Griniewicz 2006: 16). No se sabe por qué se propone la problemática traducción automática y se olvida la traducción sencilla, conocida por la cultura europea desde hace ya más de 2000 años. Hablar del efecto directo de la globalización socioeconómica sobre la terminología (Fóris 2006: 21) es bastante simplista, y que las lenguas de los pueblos pequeños solo puedan utilizar una parte de la terminología mundial» (Fóris 2007: 53) difícilmente depende de manera directa de la globalización. Son acertadas las ideas «Solo las lenguas que tienen estatus oficial pueden utilizarse en todos los ámbitos» y «La terminología es la garantía de la supervivencia de una lengua», pero los peligros —«el fortalecimiento de la globalización» y «el desplazamiento práctico de las lenguas nacionales» (Пустай 2006: 41)— siguen siendo amenazadores y constantes.

Así pues, al hablar de los efectos de un fenómeno planetario tan amenazador sobre la lengua (y la cultura en general), ya no es posible atenerse únicamente a generalidades: hay que conocerlo más a fondo, así como su génesis, su historia y sus perspectivas.

Veamos primero la explicación enciclopédica:

Globalización: «intensificación del movimiento de bienes, capital, personas, información y tecnologías entre los Estados del mundo, que influye en diversos ámbitos de la vida. – – – <...> debido a la desigualdad de los efectos de Δ, han aumentado las diferencias en el desarrollo económico en el mundo. – – – – Según los críticos de Δ, el fortalecimiento de los vínculos entre los países del mundo repercute negativamente en la cultura de cada país, fomenta la desaparición de las diferencias tradicionales, la homogeneización y la estandarización, o el predominio en otros países de la cultura popular del Estado dominante del mundo: Estados Unidos. A diferencia de lo que sostienen los antiglobalistas, la UE —<...>— es un ejemplo que muestra que la eliminación de las barreras a la circulación de bienes, servicios, personas y capital no solo no redujo las diferencias culturales entre los Estados miembros, sino que también puso de manifiesto tendencias de desarrollo satisfactorio de las culturas nacionales (a principios del siglo XXI se hizo patente la popularidad de la lengua irlandesa y el papel de Escocia en la política de la UE) (VLE VI 2004, Ramūnas Vilpišauskas). Es una definición muy benevolente y bastante optimista, pero también insuficiente. En primer lugar, el contenido del concepto se expone de manera algo esquemática, y la valoración de las causas y consecuencias del fenómeno se ve parcialmente mejorada por esperanzas deseables y objetivos que se aspira a alcanzar; la crítica se atribuye únicamente a los antiglobalistas. En segundo lugar, la génesis y la historia del fenómeno no están exentas de lagunas, y prácticamente no hay pronóstico.

Otra definición enciclopédica pone el acento en aspectos muy distintos: Globalización: «intensificación y expansión de las relaciones entre las personas y las sociedades, ante todo de las económicas, que hacen crecer rápidamente la interdependencia, reducen la importancia de los Estados y sus fronteras y vuelven el mundo más integrado» (PolEncŽ 2007).

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La globalización es impulsada y desarrollada por corporaciones internacionales, internet, fuerzas militares capaces de «detectar y destruir enemigos situados a miles de kilómetros» y un impreciso «etc.» (PolEncŽ 2007). Se señala como aspecto positivo de la globalización que «la “reducción” del mundo aumenta la interdependencia entre los Estados y configura una nueva comunidad mundial con muchos intereses comunes», pero como aspecto negativo que «la homogeneización del mundo provoca la pérdida de diversidad y vitalidad» (PolEncŽ 2007). Con razón se distingue el globalismo, «una teoría de la política internacional que sostiene que esta es un proceso unitario que tiene lugar a escala planetaria, en el que desempeña un papel principal y decisivo el sistema económico mundial dominante —el capitalismo—», en el cual algunos Estados predominan y otros dependen de ellos (PolEncŽ 2007). En parte, también está ya en funcionamiento la gobernanza global: «un sistema de toma y aplicación de decisiones universales y un proceso continuo» para resolver, a escala de la humanidad, problemas como la guerra y la paz, la protección del medio ambiente, el transporte y otros semejantes (PolEncŽ 2007).

La globalización me lleva inevitablemente a recordar la metáfora aldea global (global village), acuñada ya en 1964 por el sociólogo, crítico literario y filósofo canadiense Herbert Marshall McLuhan (1911–1980): «Nuestra civilización especializada y fragmentaria, con su estructura de centro y periferia, experimenta de pronto la unión instantánea de todas sus partes mecanizadas en un todo orgánico. Este es el nuevo mundo de la aldea global» (McLuhan 2003: 103). «La radio <...> sigue conduciéndonos en dirección inversa, hacia la implosión o reintegración <...>. La forma extrema de esta implosión o contracción es la imagen del astronauta encerrado en un espacio diminuto que lo rodea por todos lados. Lejos de expandir nuestro mundo, anuncia que se ha contraído hasta el tamaño de una aldea» (McLuhan 2003: 284). M. McLuhan desarrolló esta imagen en 1968 en su libro War and Peace in the Global Village (Guerra y paz en la aldea global): «El autor comprendió, en una época en que aún no existían ni la informatización masiva ni internet, que los medios de comunicación más recientes estaban cambiando la concepción anterior del tiempo y el espacio» (Kopaliński 2001). En el discurso lituano, la aldea global es bastante rara y resulta algo inusual: es lo que se denomina, algo mítico, por ejemplo: Merece mencionarse otro modelo, <...>: Europa no es un Estado, pues las instituciones estatales se van desvaneciendo poco a poco, el orden del sistema funciona por sí solo y las personas resuelven las tareas más importantes de la vida cotidiana en sus pequeñas comunidades locales. Tal Europa puede surgir si el mundo avanza realmente hacia lo que se denomina la aldea global, algo bastante probable NŽA 2008 6 286 (traducido por E. Vareikis, el mismo traductor del libro de M. B. Steger Globalización). <...> el mundo, en efecto, se parecerá cada vez más a la mítica aldea global

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la aldea con sus propias comunidades locales NŽA 2008 3 139 (E. Varei-kis). El contenido primigenio de la globalización distaba mucho de ser de color de rosa: «Esa globalización está cambiando el mundo: la mafia adquiere más poder; se extiende el contrabando de drogas; la modernización de la producción reduce los puestos de trabajo; la revolución técnica perjudica a la democracia, porque aparecen muchos millones de personas asociales; la gente pasa del sector productivo al sector de servicios; los sindicatos se disuelven; la economía se privatiza cada vez más; aumentan los gastos en investigación y desarrollo, así como en tecnología de la información; las políticas presupuestaria, monetaria y fiscal se vuelven cada vez más internacionales y globales» (Kopaliński 2001).

En aquel entonces destacó especialmente un ámbito, designado con un término parecido, pero distinto: globalismo, «la fase de la Guerra Fría que abarca el período de 1958–1990, cuando ambas superpotencias, Estados Unidos y la URSS, competían por convertirse en líderes de la política mundial <...>» (Kopaliński 2001). En general, globalismo tiene ahora el significado de «ideología y propaganda de la globalización».

También cabe recordar uno de los primeros conceptos de este ámbito: la bomba global de N. Jrushchov.

Cuando en 1971 Kurt Waldheim, futuro secretario general de la ONU (1972–1981), escribía su libro Der Österreichische Weg, todavía no mencionaba el concepto de globalización; hablaba únicamente del ritmo fenomenal del progreso científico y técnico y de la expansión mundial de la revolución industrial (Вальдхайм 1976: 216), así como de la superación del aislamiento: «Сегодня мир пронизывают потоки информации в виде образов, звуков, широких миграций товаров, людей, стилей, идей, изобретений и – в последнее время – общественного мнения» (Вальдхайм 1976: 217). En honor a Kurt Waldheim, hay que decir que también percibió bien la otra cara del fenómeno: «тенденция к большему единству на нашей планете сопровождается глубокой заинтересованностью в сохранении самобытности народов, культур и наций. <...>, другой чертой является стремление групп, культур, наций и языков противостоять нивелирующей тенденции, <...>. Таким образом, возникают очертания мира, в котором будет и больше единства, и больше разнообразия, больше внимания к будущему и к прошлому, больше богатства и больше забот о сохранении природы, культуры и искусств» (Вальдхайм 1976: 220). «Мир, справедливость и прогресс на нашей планете не требуют единообразия и сокрушения ценностей, унаследованных от прошлого» (Вальдхайм 1976: 221).

La bibliografía sobre la globalización es inmensa. Hay que empezar por el libro que Manfred B. Steger, profesor de la Universidad de Illinois en Estados Unidos, escribió en 2003-

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Globalization: A Very Short Introduction, Oxford University Press (Globalización. Una introducción muy breve, 2008, 208 p.). Una introducción muy concisa difícilmente puede condensarse aún más, pero no queda más remedio que intentarlo.

El primer paso es el aparato conceptual fundamental de este tema: aparato conceptual:

g l o b a l

mercado global 61, 75, 84, 103 (y integrar el mercado 89), mercados globales 102 (y mercados internacionales 102), mercados financieros globales 9, mercados de divisas globales 80, mercados globales de capital 102;

intercambios globales 144, intercambios financieros globales 80; inversores globales 172;

economía global 89, 102, orden económico global 69, desarrollo económico global 102, orden global 149;

flujos globales de mercancías 66, flujos globales de mercancías e ideas 12;

empresas gigantescas y sus estrategias globales 86;

vínculos globales 43, interdependencia global 24, 67;

dependencia entre lo global y lo local 27;

redes globales 40, 101, red global de interdependencia política 99; infraestructura global 63, internet global 164;

participante global de los medios de comunicación [Al Jazeera] 23;

capitalismo global 85, 101, capitalismo global de consumo 120;

expansión global de productos comerciales 58;

estructuras sociales globales 101, interacciones sociales globales 42, cooperación global 195, fuerzas globales 173, problemas globales 113, tesis globales 148, fenómenos globales 21;

procesos globales 25, proceso económico global 184, acciones globales 36, entorno global 12, 142, nivel global 85, escala global 134, ámbito global 118;

un mundo que se globaliza rápidamente 19, mundo globalizado 105;

mundo global 36, todo nuestro mundo global 36, el Sur global 27, el Norte global 40;

gobernanza global 106, unidades de gobernanza global 105, estructuras de autoridad global 177 [A comienzos del siglo XXI, el mundo se encontraba en una situación de transición entre el sistema de Estados nacionales modernos y las formas posmodernas de gobernanza global 106];

la naturaleza de las estructuras de autoridad global también está determinada por la «sociedad civil global» 109;

ciudades globales 103 [«Ciudades globales» como Tokio, Londres, Nue-

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Nueva York y Singapur aspiran a estar más conectados entre sí que con la mayoría de las ciudades de sus propios países 107];

en perspectiva –

parlamento global 111;

un sistema jurídico global integrado, capaz de operar desde el nivel global 111;

la posibilidad cultural de realizar una democracia global 111

y abundantes términos peyorativos:

depresión económica global 66, inestabilidad económica global 72, recesión económica global 83;

especuladores globales 80, disminución global de la protección laboral 76, conflicto de alcance global 195;

impacto global del ser humano en el medio ambiente 136, degradación ambiental global 135 / degradación global del medio ambiente 136 // degradación global del entorno natural 175, degradación del medio ambiente 136;

calentamiento global 137, calentamiento global del clima 142, aumento global de la temperatura 138;

red terrorista global 104–105 [el Kaláshnikov es el arma de elección global de estos 26];

globalización, por ejemplo: globalización mundial de las relaciones sociales 34–35,... y globalización de la delincuencia organizada 26,...

El autor del libro explica así la distinción entre globalización y globalidad: «<...>, la unión torpe del proceso mismo y de las condiciones para que tenga lugar conduce a una definición ilógica que no explica gran cosa. Supongamos que la opinión ampliamente extendida de que la g l o b a l i z a c i ó n (p r o c e s o) crea las condiciones para una mayor g l o b a l i d a d (c o n d i c i o n e s) no permite distinguir la causa del efecto (=resultado). Por tanto, propongo utilizar el término g l o b a l i d a d para definir una situación social caracterizada por las interacciones y tendencias de la economía, la política, la cultura y el medio ambiente naturales g l o b a l e s, <...>. Así pues, no deberíamos afirmar que la g l o b a l i d a d significa un estado —un punto final que impide el desarrollo ulterior» (Steger 2008: 28–29). Globalización —como otros sustantivos deverbales con el sufijo «-ización» (Steger 2008: 30)— es una acción procesual.

Globalizacijos terminas pradėtas vartoti XX a. septintajame dešimtmetyje (Steger 2008: 28), nors globalizacijos istorija sparti globalių mainų plėtra šuoliu pradėjusi aštuntajame dešimtmetyje (Steger 2008: 44).

Aunque el término globalización se atribuye únicamente a la actualidad, desde hace mucho tiempo «aumentan en el mundo las interconexiones que permiten reconocer y confirmar lo común

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visiems žmogiškąją prigimtį“ (Steger 2008: 12), todėl „globalizacija yra tokia pat sena, kaip ir pati žmonijos istorija“ (Steger 2008: 45). Globalizacijos chronologija (Steger 2008: 46) pradedama, kai žmonės pasiekė kiekvieno žemyno įvairias vietas. Skiriami jos 4 periodai: priešistorinis (10 000 m. pr. Kr.–3500 m. pr. Kr.), priešmodernėjimo (3500 m. pr. Kr.–1500 m.), ankstyvasis modernėjimo (1500 m.–1750 m.), modernėjimo (1750–1970) ir dabartinis (nuo 1970); laikotarpį nuo 1960 m. kai kas apibūdina kaip „radikalios politikos taisyklių ir valdymo „deteritorializacijos“ (Steger 2008: 95) laiką.

Saltando al futuro, cabe recordar: «la globalización es irreversible» (Billas Clintonas) (Steger 2008: 152). Y decir: ¡pero!..

Para empezar, se pueden señalar 4 (3+1) características de la globalización:

1) es una «formación de diversos procesos sociales» (Steger 2008: 10),

2) «no es simplemente un fenómeno objetivo, sino una multitud de opiniones» (Steger 2008: 10), y «la conceptualización de la globalización es en sí misma un proceso continuo, no algo estático» (Steger 2008: 30),

3) es un «proceso geográficamente limitado y desigual» (Steger 2008: 40),

4) también se distingue una «ideología que dota al concepto de globalización de valores y significados neoliberales» (Steger 2008: 145): globalismo.

Manfred B. Steger, tras señalar primero la «fundamental indeterminación de lo global» (Steger 2008: 29), propone la siguiente definición: «La globalización es un conjunto multidimensional de procesos sociales que crea, multiplica, diferencia e intensifica la interdependencia social y los intercambios sociales, y al mismo tiempo permite comprender más profundamente los vínculos cada vez más fuertes entre lo local y lo distante» (Steger 2008: 36). Roland Robertson, profesor de sociología de la Universidad de Pittsburgh, la describe de forma muy concisa: «La globalización como concepto surge de la compresión del mundo y del creciente conocimiento del mundo como unidad» (Steger 2008: 33). Se expresa aún más concisamente con el conocido dicho: «La globalización comprime el espacio y el tiempo» (Steger 2008: 35).

Ahora ya podemos abordar la estructura más detallada (aunque sumamente sucinta) de la globalización, en la que encontraremos también la globalización cultural y lingüística que más nos interesa:

E c o n ó m i c a (69) o de la e c o n o m í a (74), la globalización suele describirse, sobre todo por sus críticos, como «globalización de las corporaciones» o «globalización desde arriba» (84).

Si llamáramos motor a la globalización económica y combustible a las tecnologías,

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las finanzas — el oxígeno, los mercados mundiales — las carreteras, entonces la política globalización (94) sería el motor: las ruedas o las orugas. No hay más que añadir; solo vale la pena prestar atención a una idea destacada: «<...>, Wilson legitimó a regañadientes las fuerzas nacionalistas radicales que empujaron a las grandes potencias hacia otra guerra de alcance mundial» (Steger 2008: 99). Se proclama que la globalización es irreversible, ¿pero no sin guerras (aunque ahora ya locales)?..

La globalización cultural (112), según algunos comentaristas, «constituye la esencia de la globalización contemporánea» (Steger 2008: 113); según otros —los hiperglobalistas pesimistas—, «no nos acercamos a un arcoíris cultural que refleje las diferencias entre las culturas del mundo. Observamos (=Vemos) más bien la expansión de una cultura popular cada vez más homogeneizada, <...>» (Steger 2008: 114). Goethe ya acuñó el concepto de literatura universal (Fridental is 1977: 651); se difundió y arraigó, pero su esencia —la originalidad y la singularidad, el carácter nacional y, en particular, la universalidad— también es el sentido en que V. Bielinskis empleó ya poeta universal (Bielinskis 1948: 288–289), por lo que el concepto de cultura global (113) parece una terrible contradictio in adjecto. Aunque, para el autor del libro, «la expansión de la cultura popular estadounidense parece imparable» (Steger 2008: 115), y el nuevo estadounidense «Francis Fukuyama acoge abiertamente la difusión de los valores y el modo de vida angloamericanos, comparando la americanización del mundo con la expansión de la democracia y el libre mercado» (Steger 2008: 118), los esfuerzos por resistir «el imperialismo cultural» (Steger 2008: 11) —la oleada de cultura popular estadounidense— no cesan y son en parte fructíferos; por su parte, el viejo estadounidense Roland Robertson afirma que «la globalización cultural siempre se manifiesta en un contexto local», «no se habla de “globalización”, sino de “interacción entre elementos globales y locales”» y «se rechaza la tesis de la homogeneización cultural» (Steger 2008: 120). Otra cuestión es la «hibridación cultural, más evidente en la moda, la música, la danza, el cine, la cultura alimentaria y el lenguaje» (Steger 2008: 120) [por cierto, la cultura alimentaria de los nuevos lituanos es servil, simiesca y terriblemente ecléctica...]. Los flujos culturales globales (120, 122) son indudables; un espacio cultural global (122) es difícilmente posible, y la cultura global sería pobreza cultural (en el mejor de los casos malos).

Los medios de comunicación, como fenómeno cultural, si son meramente comerciales, es decir, no culturales, solo entonces constituyen medios de comunicación globales (122): «la aparición de un mercado global de medios de comunicación comerciales fomenta un oligopolio global» (Steger 2008: 123); entonces los programas de televisión se convierten en un “mercado global de cháchara” (Steger 2008: 123), y sus «valores difundidos no solo garantizan la hegemonía indiscutible de la cultura popular, sino que también fomentan la despolitización de la vida social, debilitan

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bendruomenės vidinius ryšius“ (Steger 2008: 129). Žurnalistikos doktrina – žinių ir verslo interesų atskyrimas – paminama ir pakasama.

La globalización de las lenguas (129) consiste esencialmente en las tendencias globales de uso de las lenguas (129):

la disminución del número de lenguas en distintas partes del mundo,

la migración de las lenguas (junto con los migrantes),

el papel del turismo y, en particular, de internet en la difusión y el predominio de algunas lenguas,

las publicaciones científicas internacionales en «las lenguas del discurso intelectual global» (Steger 2008: 130).

Aumenta la importancia del inglés, el chino, el español y el francés, y el inglés se considera la lingua franca del siglo XXI (132).

La dimensión ideológica de la globalización (143) es el globalismo ya mencionado (145). La promoción de la globalización (145) se basa en 5 eslóganes:

1) la globalización es la liberalización del mercado y la integración global (Steger 2008: 148),

2) la globalización es inevitable e irreversible (Steger 2008: 152) [«parece que las fuerzas globalistas están reviviendo el paradigma del siglo XIX sobre el papel de vanguardia angloamericano» (Steger 2008: 155)],

3) nadie es responsable de la globalización: la determina «la mano invisible del mercado» (Steger 2008: 155),

4) la globalización beneficia a todos (Steger 2008: 158), pero: «Incluso los datos del Banco Mundial muestran que las diferencias de ingresos entre las distintas naciones aumentan más rápido que nunca» (Steger 2008: 159),

5) la globalización contribuye a la expansión de la democracia en todo el mundo (Steger 2008: 166), pero: «Cuantos más países se vuelven democráticos, más optan las empresas estadounidenses por países dictatoriales» (Steger 2008: 169).

Así pues, la conclusión es más o menos contraria a los eslóganes: «La globalización consta de numerosos cuentos persuasivos que promueven opiniones neoliberales y moldean la conciencia colectiva y la identidad tal como se percibe popularmente» (Steger 2008: 170).

En el capítulo Desafíos al globalismo (171–195) se afirma: «El globalismo —la ideología dominante de nuestro tiempo— ha implantado en la mente de muchas personas de todo el mundo una concepción neoliberal de la globalización, que a su vez ha sido reforzada y validada por poderosas instituciones políticas y corporaciones económicas» (Steger 2008: 171). Aunque este fenómeno se entiende como «globalización estadounidense» (173) o como americanización del mundo (173), también se percibe un peligro para el propio orden tradicional de Estados Unidos: «En los últimos años, ha aumentado mucho en Estados Unidos el número de organizaciones nacionalistas, <...>. <...>. Al considerar el globalismo una ideología extranjera y atea, que poco a poco engulle su país, temen que las fuerzas transnacionales estén destruyendo sin piedad el «modo de vida tradicional estadounidense» (Steger 2008: 176).

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Y con bastante fundamento se llega a una conclusión crítica: «Las diferencias entre los lemas ideológicos y la experiencia humana real pueden provocar una crisis del paradigma dominante» (Steger 2008: 171). Aquí, el aparato conceptual de la globalización se amplía sustancialmente:

globalistas 151–153, 155, 166, 174;

antiglobalistas 173, 175, 207, alianza antiglobalista 185, movimientos antiglobalistas 198, protestas antiglobalistas 170, actitudes antiglobalistas 176, organizaciones no gubernamentales antiglobalistas 175;

hiperglobalistas 101–103, 205, hiperglobalistas optimistas 118, campo hiperglobalista 95, pronóstico hiperglobalista de un mundo sin fronteras 104, hiperglobalización 205, 206 (2x);

diferencias globales en la riqueza y el bienestar 171, desigualdad global 174, 200, «víctimas de la globalización» 179, globalización corporativa 180, solidaridad global 173, «globalización desde abajo» 174.

La cuestión es también que «incluso quienes se oponen a la modernización no pueden escapar del proceso de globalización que condenan públicamente. Para difundir sus ideas y atraer nuevos adeptos, los antimodernistas tienen que utilizar los instrumentos (es decir, los medios) de la globalización» (Steger 2008: 25).

El capítulo 8 Pronósticos sobre el futuro de la globalización (196–201) comienza aleccionadoramente por el pasado: «la “edad de oro” de la globalización fue el período comprendido entre 1860 y 1914, <...>. <...>. <...>. Gran Bretaña —la mayor superpotencia del mundo— difundió por todo el planeta su sistema político y sus valores culturales. Sin embargo, todos los esfuerzos concentrados en crear un mercado controlado por el Imperio británico acabaron convirtiéndose en un violento contragolpe contra la globalización y desembocaron en la Primera Guerra Mundial» (Steger 2008: 197). En su estudio The Great Transformation (1944), Karl Polanyi plantea que el «proteccionismo particularista» antiglobalista se manifestó de pronto en sus formas más extremas: el fascismo italiano y el nacionalsocialismo alemán» (Steger 2008: 198)1. Al hablar de las posibilidades de que la globalización llegue a ser un orden mundial verdaderamente democrático e igualitario, entre otras medidas se menciona un plan de desarrollo global (201).

El libro del destacado politólogo estadounidense Zbigniew Brzezinski, Un mundo fuera de control, lleva un subtítulo de orientación claramente crítica: El caos global en vísperas del siglo XXI (Vilnius, 1998, XVI+240 p.). Sobre la propia globalización, en él

1 Este terrible pasado obliga a valorar con cautela esa expectativa de un futuro mejor: «Después de una ola de globalización siempre suele venir una ola de nacionalismo, como demuestra la historia de Europa» (Vaišnienė 2004: 7 48).

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no se escribe (solo se menciona la globalización de la moral política 91), pero hay muchísimos fenómenos globales y muy diversos:

política global XIV, 99, 221, despertar político global XI, 53, 54, 75, 95, 154, despertar global de la humanidad XIII, comunidad política global 51, perspectiva política global 55, consenso político global 84, fuerza política global 87, consenso global 226, proceso político global 91(2x), 92, 94, 99, 130, 147, 152, 153(2x), 223, 227, proceso global 100, proceso global de interdependencia política 97, miniatura de la política global 97, peso político global 134, problemas políticos globales 220, dinámica geopolítica global 200;

poder global XIV, 48, 85 (Tercera parte. Poder global incomparable 85–148), 87, 90, 97, 105, 117, 152, 164, 197, 207, 225, poder global de Estados Unidos 100(2x), estructura del poder global 3, cambios en el poder global 154, impotencia global 97;

gobierno global (: el poder global de Estados Unidos todavía no significa que Estados Unidos ejerza un gobierno global) 100;

influencia económica global 87, prosperidad económica global 211, ventaja económica y financiera global 121, liderazgo económico global 124, fragmentación económica global 210;

capacidad militar global 87, atractivo cultural e ideológico global 87, atractivo global 115, primacía global 103, autoridad global 102, 116, 127;

superpotencia global 97, 124, 125, Estado con una misión global de salvación 83–84, confederación global 152, jerarquía global 37, 97, anarquía global 197, desorden global (Cuarta parte. Problemas del desorden global 149–200), catástrofe global 185;

sistema global 198, realidad global 153, status quo global 199, 206;

estabilidad global 133, inestabilidad global XIV, 167, papel global 129(2x), atención global 193, impacto global 100, influencia global 206, cooperación global 100, 200, consenso global 48, asuntos globales 206, conversaciones globales 94, 132;

pensamiento global 94, percepción global XV, opiniones globales 226;

pobreza global XVI, injusticia global 77, desigualdad global 115, 154, 182, 183, diferencias globales 84, revuelta global de las masas 198, cohesión global 77, cohesión social global 77, división global 211, 226;

transformaciones globales X, 89, 111, 151, 231, desafío ideológico global 155, problemas sociales globales 81, intercambios educativos globales 94;

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televisión global 49, protección ambiental global 221; liderazgo estadounidense global 101, ventaja estadounidense global 111, ventajas estadounidenses globales 115, primacía japonesa global 125, estatus japonés global 129; sistema de valores de relevancia global XIV, globalmente destructivo 151, más responsable a escala global 224.

Como vemos, la perspectiva de Brzezinski, crítica de manera deliberada y fundamentada, se manifiesta en conceptos negativos: incapacidad global, inestabilidad global, injusticia global, desigualdad global, pobreza global, fragmentación económica global, confusión global, revuelta global de las masas. Esta crítica culmina en crisis global del espíritu 230 (y crisis universal del espíritu 54). La orientación hacia la esperanza la indica un imperativo moral: «<...> la humanidad, si quiere gobernar su destino, necesita una brújula moral y un sentido de la moderación o del equilibrio» (Brzezinski 1998: 228).

Al concluir esta revisión teórica y crítica de la globalización, cabe decir que las aspiraciones globales existían ya antes de que surgieran y se consolidaran los fenómenos en cuestión. Por ejemplo: <...> para los inspiradores de las revoluciones, el caos de cambios y transformaciones es el único elemento que les gusta; pueden prescindir del pan, con tal de que les des alguna idea global de alcance mundial (Pasternakas 1991: 315).

Por otra parte, la globalización puede ser neutralizada o incluso frenada por la «concepción» formulada en el libro de 1996 de Samuel P. Huntington (1927–2009), Civilización de choque y reconfiguración del orden mundial (The Clash of Civilizations and The Remaking of World Order), que sostiene que, tras el final de la Guerra Fría y de la oposición ideológica entre liberalismo y comunismo que había prevalecido durante esta, los conflictos internacionales estarán determinados principalmente por las diferencias culturales y civilizatorias entre el cristianismo occidental y oriental, el confucianismo, el islam, el hinduismo y otras tradiciones, y que «los Estados pertenecientes a una misma civilización se agruparán en bloques regionales» (PolEncŽ 2007).

El libro Globalización: consecuencias humanas (2002; 2.ª ed. 2007, Vilna, 208 p.), escrito en 1998 por Zygmunt Bauman (nacido en 1925 en Polonia), profesor de la Universidad de Leeds, en Gran Bretaña, entre 1971 y 1990 y posteriormente profesor honorario, añade relativamente pocos conceptos; en general, estos no abundan:

«personas globales» 9, élites globales 11, élite global 84, élite global 152, élite global 189, élite «globalizada» 154, «globalidad» de la élite 189, intelectuales globalizados 9, empresarios globales, gestores culturales globales y científicos globales 136, cúspide globalizada 10, supremacía de las fuerzas globales 187, mundo en proceso de globalización 118, mundo «globalizado» 153, mundo «globalizador» 153;

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economía globalizada 11, «globalización» de todos los aspectos de la economía, empresas globales 106, finanzas globales 106, 181, mercados financieros globales 103, capital global 106; globalización de los mercados y de la información 109, red global de información 32;

leyes globales 198, «política global» 97, «orden global» 91, 98, asuntos globales 92, 93, fenómenos globales 156, libertades globales 192, libertad global de movimiento 107, 183, horizontes globales 98, tendencias globalizadoras 105, «globalizadores» procesos 109, símbolos globales 154, «escena global» 97, 99;

iniciativas y proyectos globales 94, consecuencias globales 94.

Nuevas son las oposiciones:

globalidad y localidad 183, polos global y local de la jerarquía 183;

mundo «local» globalizado 9;

mercado interno y global 102;

causas globales de la pobreza local 115:

G l o b a l i z a c i ó n divide tanto como une; divide al unir <...>. <...>, comienza el proceso de «l o c a l i z a c i ó n», que define el espacio 8. <...> la comunicación entre unas élites cada vez más g l o b a l e s y extraterritoriales y otras personas cada vez más l o c a l i z a d a s se desmorona con creciente rapidez 10. <...> la imagen del «orden g l o b a l» se evaporó y se convirtió en la suma total del número de órdenes l o c a l e s, <...> 98. La riqueza es g l o b a l y la pobreza, l o c a l, <...> 115. Los desplazamientos g l o b a l e s de recursos financieros 116 y las huellas l o c a l e s que dejan esos desplazamientos <...>: la destrucción de las economías locales 116. Ley g l o b a l, órdenes l o c a l e s (título del capítulo) 156. La dimensión g l o b a l de las opciones de los inversores, en comparación con las estrictas restricciones l o c a l e s a las opciones de los proveedores de «mano de obra», crea esa asimetría que, a su vez, fundamenta el dominio de los primeros 159.

Por cierto, esta oposición es al mismo tiempo unidad: glocalización: «Lo que para unos es libre elección, recae sobre otros como un destino cruel. Y puesto que esos “otros” no dejan de aumentar y se hunden en la desesperación de una existencia cada vez más sombría y sin perspectivas, cabe hablar de “glocalización” (término acertado de Roland Robertson, que expresa la unidad indisoluble de la decisión “globalizadora” y “localizadora”; <...>» (Bauman 2007: 109).

Esta dolorosa e injusta oposición suele expresarse también de otra manera: «<...> la anulación tecnológica de las distancias de tiempo y espacio no homogeneiza la condición humana, sino que más bien la polariza. – – – Para unos, esto anuncia la libertad de crear s i g n i f i c a d o s; a otros los condena a la i n s i g n i f i c a n c i a. En estos momentos, unos pueden, si así lo desean,

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marcharse, sin importar de qué lugar, mientras otros contemplan impotentes cómo ese único lugar que habitan se desliza bajo sus pies» (Bauman 2007: 33). «<...> la globalización es una paradoja: al proporcionar muchísimo a un grupo reducido, excluye y margina a dos tercios de la población mundial» (Bauman 2007: 111). «La polarización del mundo y sus habitantes, ampliamente conocida y cada vez más preocupante, <...> es consecuencia de esa misma globalización» (Bauman 2007: 143). «Cuando se priva de sus recursos a pueblos enteros, se lo llama “fomento del libre comercio”; cuando se priva a familias y comunidades de sus medios de subsistencia, se lo llama “reducción de plantillas” o simplemente “racionalización”» (Bauman 2007: 186). <...> La fragmentación y el distanciamiento «abajo» y la globalización «arriba» son gemelos (Bauman 2007: 193).

Así pues, Bauman presenta una plataforma bastante convincente de antiglobalismo. Al igual que Brzezinski, habla de la confusión global: «La imagen de la confusión global refleja, probablemente, una nueva comprensión (facilitada, aunque no necesariamente causada, por el súbito fin de la política de bloques): que las cosas que antes parecían firmemente controladas <...> son, en esencia, caóticas y fortuitas» (Bauman 2007: 91). «Globalización es otro nombre para la “nueva confusión mundial” de [Kenneth] Jowitt [título del libro de este autor]» (Bauman 2007: 93). Bauman no ve la globalización como el fracaso o la distorsión de la realización de una buena idea, sino como algo esencialmente equivocado: «los asuntos del mundo son inciertos, incontrolables y se dejan a su propio curso» (Bauman 2007: 92). Entiende la globalización como una desviación de la idea original de universalización, que «expresaba la esperanza, la intención y la determinación de instaurar el orden», «proclamaba la intención de cambiar el mundo y hacerlo mejor de lo que era, y de difundir los cambios y las mejoras a escala global, para toda la humanidad» (Bauman 2007: 93). Bauman explica cómo ocurrió que las cosas tomaran un rumbo tan equivocado; aquí nos interesa únicamente el resultado fallido: «“Globalización” no es lo que todos nosotros, o al menos los más emprendedores e ingeniosos, queremos y esperamos hacer. La globalización es lo que nos sucede a todos» (Bauman 2007: 94). El autor habla con amarga ironía también de la impotencia del Estado frente a la omnipotencia de la globalización: «En el cabaré de la globalización, el Estado hace un striptease y al final del espectáculo se queda únicamente con lo más esencial: sus poderes represivos <...>; así, el Estado nacional se convierte en un simple servicio de seguridad de las megacompañías...» (Bauman 2007: 103). «Es fácil obligar a los cuasi Estados débiles a desempeñar el (útil) papel de comisarías locales; <...>» (Bauman 2007: 106). «La pobreza se criminaliza» (Bauman 2007: 190), y «el encarcelamiento es más bien una alternativa al empleo: una manera de deshacerse de una gran parte de la población

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dalies (ar ją neutralizuoti), <...>“ (Bauman 2007: 169). Tai globalizacijos atstumtieji bei globalizacijos atliekos (171).

Ahora que incluso en Lituania se escriben libros sobre cómo la política sin valores es inmoral (Jokubaitis 2008), el regente de la Penitenciaría Apostólica del Vaticano, monseñor Gianfranco Girotti, habla de los pecados sociales relacionados con la globalización: «Manipulaciones genéticas, contaminación ambiental, desigualdad social, injusticia social insoportable: estas son las nuevas formas de pecado que han aparecido en el horizonte de la humanidad, como si coronaran el imparable proceso de globalización. — — — En suma, hoy la penitencia se entiende más en el plano social, sobre todo después de que las relaciones sociales se debilitaran y complicaran. Y esta es una de las consecuencias de la globalización» (Nuodėmė 2008: 12 6).

La conclusión sucinta de esta revisión y estas valoraciones sería la siguiente: la globalización es un fenómeno históricamente закономерный, pero también lo son su inevitabilidad y sus grandes aspectos negativos, entre ellos la rápida y drástica reducción del número de lenguas del mundo, así como su clasificación en lenguas globales, regionales, oficiales/estatales y domésticas de funciones restringidas (procesos todos ellos permanentes); aunque el vocabulario y la gramática de las lenguas que sobreviven no se ven afectados directamente, sí lo están por un contexto determinante o un trasfondo desfavorable.

En el discurso lituano, las valoraciones de la globalización y el globalismo solo se actualizan racionalmente en ocasiones: «La cultura nacional no se salvará con el aislamiento, sino con la expansión, con la integración en el entorno de las naciones modernas y con una apertura inteligente hacia él. Al hablar hoy del patrimonio de la nación, y aún más mañana, es necesario dar prioridad a la afirmación, no a la negación» (Treinys 2000: 18). Pero esto no se puede lograr en solitario, sin «socios de intercambio bienintencionados, aliados culturales»; estos serían «personas y naciones que no quieren perder su identidad ni convertirse simplemente en consumidores de la cultura de McDonald’s y Teletubbies» (Treinys 2000: 18). Los antiglobalistas terroristas, que «pretenden convertir la identidad nacional en un instrumento de venganza, terror u otra forma de agresión, por ello <...> actúan como un argumento conveniente para los apologistas de la globalización total, que les permite negar cualquier manifestación de la ideología nacional» (Treinys 2000: 20), no pueden ser aliados.

En el discurso público apenas aparecen conceptos de globalización y globalismo, por ejemplo: mundo en proceso de globalización MokslL 2008 6 2, economía globalizada NŽA 2008 11–12 480, globalización del sistema financiero mundial Vd 2008 45 13, globalización masiva Vd 2008 24 53, tsunami de la globalización Vd 2008 15 38, el lado oscuro de la globalización NŽA 2008 11–12 501, «gobierno global» Vd 2008 31 41, orden global NŽA 2008 11–12 501, comercio global L ir M 2008 44 3,

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cultura global GŽ 2008 1 1 25, modas globales L ir M 2008 44 3, seguridad global NŽA 2008 11–12 501, paz pragmática global NŽA 2008 6 286. Hoy son muy actuales los aspectos negativos: calentamiento global Sav su TV 2008 33 15, amenazas de alcance global MokslL 2008 16 7, crisis global Sav su TV 2008 11 6, crisis del capitalismo global NŽA 2008 11–12 501, crisis financiera global Sav su TV 2008 46 16, encarecimiento global Sav su TV 2008 11 6, demanda mundial de productos alimentarios Sav su TV 2008 11 7. La escasez de estos conceptos es señal de una comprensión deficiente de la importancia de la globalización. Lo que más se escribe y muestra son los disturbios y los desmanes de los antiglobalistas. Solo Donatas Katkus se atreve a decir: Soy un antiglobalista cultural L ir M 2008 44 3.

Para terminar, dos observaciones puramente lingüísticas. El concepto principal, globalización, requiere sistemáticamente también el adjetivo global (pero no globalístico), y no universal; por ejemplo: pandemia de corrupción, soborno global Vd 2008 51 45, junto al término soborno universal, empleado al lado, como si no fuera lo mismo. Es muy dudoso que convenga sustituir por globalización el término informático internacionalización, que significa «diseñar el software y sus estructuras de datos de modo que todo ello pueda adaptarse fácilmente a diversas lenguas y culturas» EncKompŽ 2005; por ejemplo: «Ofrecen muchas esperanzas las posibilidades de aplicar las tecnologías de la información a la gestión del conocimiento, donde el concepto de localización adquiere cada vez más importancia <…>. <…> La localización significa adaptar un producto a una lengua y una cultura. La localización no es lo mismo que la globalización (adaptación de las estrategias de mercado a las necesidades de todas las regiones) o la internacionalización (producción de un producto, por ejemplo, software, que pueda adaptarse a las necesidades de diversos lugares)» (Crystal 2005: 148). Nombre global, variable global no plantearían problemas.

2. Centrar toda la atención exclusivamente en los efectos (desafíos) de la globalización es muy erróneo, no solo por su unilateralidad, sino también por silenciar otros factores importantes.

Hubo muchos, y de diversa índole.

Tras el telón de acero prosperaron vigorosamente fenómenos perniciosos del siglo XX que, al menos en parte, podrían incluirse entre los factores irracionales desfavorables para el funcionamiento del lenguaje en general y de las lenguas concretas, especialmente las minoritarias: el culto al consumo y la concentración del capital: «esta es la tiranía aterciopelada de la democracia del siglo XX. – – – Hoy el ser humano expresa el sentido de su existencia comprando. Los hipermercados son los santuarios de nuestro culto a las compras. – – – El capitalismo de finales del siglo XX crea necesidades, <…>»; sociedad de consumo: «En la sociedad de consumo necesariamente debe existir una socie-

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esclavos de sus diversas clases: esclavos de la costumbre y esclavos de la envidia». Así escribió Ivan Illich (Illich; n. 1926) en el libro «Tools of Conviviality» (1973)»; sociedad de masas – «sociedad moderna, evaluada críticamente: sin columna vertebral, conformista, sin ideales ni valores tradicionales, preocupada únicamente por el beneficio material, pasiva, alienada, burocratizada, sometida a la propaganda y la publicidad. <...>»; civilización de usar y tirar – «civilización antieconómica, derrochadora, extravagante e insensata del siglo XX, que adquiere cada vez más cosas, incluso aquellas que apenas necesita, y que hay que tirar después de usarlas una sola vez, <...>. – – –»; marketing (ingl. marketing) – «<...>. Exige <...> analizar la psicología del consumidor y saber cómo influir en ella, estimular las necesidades de la sociedad <...>»; publicidad – «— — — La publicidad del siglo XX ya no se basa en argumentos racionales. Rara vez habla de las características del producto y, con más frecuencia, apela al carácter del consumidor y se dirige a sus debilidades, sueños, deseos y temores». «<...> En la década de 1970 floreció el arte de la publicidad televisiva, que recurrió a una retórica más ingeniosa y a un estilo más refinado. La propaganda política también adoptó los métodos de la publicidad televisiva: pasó a ser más importante la imagen televisiva del político (image) que lo que tuviera que decir. En la década de 1980, los métodos de la publicidad televisiva ya influían también en muchas películas narrativas – <...>»; agitador – «El arte del agitador consiste en fingir ser tan tonto como sus oyentes, para que estos crean ser tan inteligentes como él» (Karl Kraus (1874–1936), dramaturgo, poeta y publicista austríaco), <...>»; medios de comunicación (ingl. mass media) – «medios de información pública, <...>. La teoría sostiene que los medios de comunicación solo son eficaces cuando cuentan con muchos oyentes (lectores, espectadores), suficientemente instruidos para comprender la información que reciben y estar interesados en ella. Sin embargo, <...> la mayoría de los receptores de información no buscan en ellos tanto conocimientos como entretenimiento barato. Por eso, los responsables de los medios de comunicación, que viven principalmente de la publicidad, se ven obligados a ofrecer información de peor calidad y nivel inferior, <...>. Todo esto, cabe suponer, empobrece el intelecto de los consumidores de información menos resistentes, sobre todo de los niños y los jóvenes, y deteriora su gusto»; cultura de masas (ingl. mass culture) – «término que apareció en Estados Unidos a comienzos de la década de 1950: designa el conjunto de publicaciones intelectuales, artísticas y recreativas característico de la sociedad urbanizada moderna, que los medios de comunicación ofrecen a las masas. Se reprocha a esas publicaciones su bajo nivel intelectual, estético y moral, así como la vulgarización y simplificación de las obras <...>»;

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cultura de los tres minutos – «una avalancha de mensajes breves y superficiales que satura al receptor medio de información procedente de la radio, la televisión e internet y lo desorienta; el ciudadano común ya no es capaz de seguir atentamente un tema durante más de 3 minutos. Sabiéndolo, los presentadores de programas de televisión (...) interrumpen al cabo de tres minutos incluso el comentario más interesante y sustancioso de un especialista, sin dejar que llegue al fondo del asunto <...>»;

fabricación de estrellas – «<...>. La cualidad más valiosa de una estrella de cine pasó a ser no tanto su capacidad interpretativa y el talento actoral, sino su aura, la atmósfera que la rodea, su capacidad para seducir al público con su encanto personal, atractivo físico y sensualidad. En Hollywood <...> había especialistas capaces de modelar a una estrella como un objeto inalcanzable de ensueño, con el que el espectador quisiera identificarse, como uno de los arquetipos de la mitología moderna, que cambia al compás de la moda y las costumbres. – – –» (Kopalįnski 2001).

El denominador común de todos estos fenómenos es la simplificación del ser humano y de su vida. Las citas del siglo complementan y destacan bien distorsiones semejantes: «A las celebridades actuales no se las puede avergonzar ni humillar. Lo que antes se llamaba vergüenza y humillación ahora se llama publicidad» (del libro «Gine War a Chanse» («Démosle una oportunidad a la guerra»; 1992), de P. J. O’Rourke (P. J. Rourke; n. 1947)) (Kopalįnski 2001: 79). «(Lo que es) interesante importa hoy más que la verdad; lo extraño y emocionante vence a lo real. <...>. En realidad, en nuestro siglo no hay nada más barato que la verdad. Y la verdad, sin duda, obliga». Así lo afirmó el escritor francés René Daumal (René Daumal; 1908–1944) <...>» (Kopalįnski 2001: 173).

Filosofas Karlas Raimundas Popperis (1902–1994) paskutiniame savo darbe – esė Nepiktnaudžiauti televizija (paskelbtame 1995 m.) nustatė televizijos maro diagnozę: „<...> televizija yra blogio jėga, ji galėtų tapti gėrio jėga. Deja, tai beveik neįtikimas dalykas. Priežastis paprasta: apskritai bet kokią kultūrinę jėgą yra be galo sunku priversti tarnauti gėriui“ (Popper 1995: 14). Kol televizijų konkurencija buvo nedidelė, tol ir paklausa buvo maža, tad „pirmaisiais savo gyvavimo metais laidų kokybei televizija buvo kur kas reiklesnė“ (Popper 1995: 15). Dabar gausybė k o m e r c i n i ų televizijų varžosi, kad „prisiviliotų kuo daugiau publikos, o šis siekimas, savaime suprantama, jokių auklėjamųjų tikslų neturi“ (Popper 1995: 14). Žiūrovų masėms jų nė nereikia – tik circenses. Kultūros paklausa nedidelė... Transliuotojams rūpi pelnas, o jį užtikrina reklama, duodama į tas laidas, kurių žiūrimumo rodikliai aukšti. Popperis greičiausiai klysta, kad transliuotojai n u o š i r d ž i a u s i a i įsitikinę, jog rodyti reikia tai, ko žmonės nori. Žiūro-

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La dependencia televisiva de las personas, en especial de niños y adolescentes, pero también de los jubilados, es realmente poco saludable. La paradoja: la competencia en la producción garantiza la calidad de los productos; la competencia entre las cadenas de televisión rebaja la calidad de los programas.

No mucho mejor es la americanización de la cultura – «Uno de los acontecimientos culturales más importantes del siglo XX es el cambio de dirección de la influencia transatlántica. La cultura estadounidense, nutrida por Europa hasta principios de siglo, inundó después Europa y el mundo entero, junto con la influencia económica y política que propiciaron las dos guerras mundiales y el declive europeo que estas provocaron, sobre todo porque Estados Unidos contribuyó mucho tanto a ganar esas guerras como a reconstruir lo que destruyeron». Entre los fenómenos de esta cultura figuran el jazz, el rock, la música pop, las películas de Hollywood, los westerns, las series, los thrillers, el cine negro, los automóviles, la publicidad descarada, las telenovelas, la comida rápida y los vaqueros. «Por influencia anglosajona, la lengua cambia hasta volverse irreconocible» (Kopaliński 2001).

Francia intenta resistirse, pero el resultado es franglais – «una lengua francesa llena de palabras y expresiones inglesas. El nombre, formado por la combinación de las palabras francesas français (francés) y anglais (inglés), se popularizó hacia 1965 gracias a René Etiemble (René Etiemble), profesor de lingüística comparada en la Universidad de la Sorbona, <…>. El profesor instaba a sustituir las palabras inglesas por palabras francesas, <…>. <…>. En la Polonia actual, el periódico «Gazeta Wyborcza» emprendió en noviembre de 1996 una iniciativa para polonizar los términos ingleses; los lectores también colaboraron, pero los resultados no fueron muy alentadores: <…>» (Kopaliński 2001).

Otro resultado es la lengua de madera – «aquella repleta de banalidades y frases manidas. <…>» (Kopaliński 2001).

Tras la caída del telón de acero, estos fenómenos también irrumpieron en Lituania, cuyo espíritu empobrecido veía, por desgracia, como bueno todo lo que venía de Occidente. Es cierto que no todo era desconocido. Algunas cosas eran atacadas de manera simplista por la propaganda soviética antiestadounidense; otras se conocían un poco gracias al discurso filosófico lituano más serio, y algunas, por nuestra emigración. Pero a menudo la crítica seria llegaba tarde. Ya en 1969, en Estados Unidos, el poeta Jonas Aistis, uno de los pioneros del ensayo lituano y un perspicaz publicista, escribía: «La publicidad es un gran poder de nuestros días; ante ella deben inclinarse todas las confesiones, todos los tronos y todos los Estados» (Aistis 1991: 418). También cabe añadir los esfuerzos de espíritu crítico demostrados en los últimos años por el Instituto de la Lengua Lituana y la Asociación de la Lengua Lituana (RekK 2004). Aunque en este ámbito de opio tampoco faltan valoraciones apologéticas del lenguaje publicitario.

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Reklamos sesuo mada į XX a. mitų (Kopaliński 2001) tarpą nepateko, nes smarkiai reiškiasi nuo daug anksčiau. Jau rusų rašytojas N. Gogolis, Romoje lygindamas senojo meno grožį su savo laiku, rašė: „Ir kokia netauri, žema prieš šitą didingą, gražią prabangą pasirodė jam dabar XIX šimtmečio prabanga, smulki, niekinga prabanga, tinkanti tik krautuvės puošti – <...>. – – Kokie menki atrodė jam prieš šitą pastovią palaimingą prabangą, supančią žmogų daiktais, kurie kilmina ir auklėja jo sielą, nūdieniai smulkmeniški papuošalai, kuriuos laužo ir išmeta lauk nenuorama mada, tasai keistas, nesuprantamas XIX amžiaus padarinys [t. y. reiškinys], prieš kurį tyliai nusilenkę išminčiai, šitas žudyt ojas ir griovėjas visko, kas kolosalu, didinga, šventa“ (Gogolis 19541: 236). Savo kūrybos ataskaitoje Šešiasdešimt mano literatūrinio gyvenimo metų prancūzų akademikas A. Maurois teigia, kad dėl mados išpuolių pasidarė nuoseklus moralistas: „Tokiu metu, kai mada reikalavo nepaisyti doros normų ir dėsnių, be kurių negali egzistuoti jokia visuomenė, aš tiesiog savaime pasijutau priverstas, profesijos įpareigotas jas ginti. Todėl tapau moralistu. Vėliau rašiau romanus, biografijas, tačiau manyje romanisto ir biografo nugarkaulį sudaro moralistas“ (Morua 1991: 18). Kitam prancūzui – mokslinių esė knygos Viduramžių vaizduotė autoriui Jacques’ui Le Goffui mados gynimas ir gyrimas (gal pergy­rimas) irgi neišeina be naikinamos kritikos: „Po Roland’o Barthes’o esu pasiryžęs ginti madą. Ji dėmesinga naujovei, modernumo variklis, gali būti atsinaujinimo priemonė. Tai istorijos varomoji jėga. Kaip kiekvienas reiškinys, ji gali išsigimti ir nugrimzti į snobizmą – tiesą sakant, jaudinantį iškrypimą vyrų ir moterų, kurie stengiasi sustabdyti bėgantį laiką ir atitolinti mirties grėsmę apgailėtinu ir beviltišku noru visada būti mados viršūnėje ir užmiršti laiko jausmą, diena iš dienos keisdami išvaizdą“ (Le Goff 2003: 26). Šitai yra nuolat. O išlyga – daugiau teorinė: „Tačiau mada – tai pirmiausia Zeitgeist, laiko dvasios, apraiška, susiejanti išvaizdą su giluminiais istoriniais poslinkiais“ (Le Goff 2003: 26). Mados uniformizmas ir meninė, štampinė kalba – kalbos uniformizmas yra susiję paliegusios mūsų laiko dvasios ženklai. Vėl galima prisiminti mūsų guvųjį J. Aistį: „Kultūra turi kruvinu prakaitu išeiti iš tautos iščių. Kita vertus, mada visada išeina iš mados. – – – Labai madingi dalykai, išėję iš mados, yra juokingi ir kvaili“ (Aistis 1991: 476).

Solo tras la caída del Telón de Acero nos llegaron desde Occidente verdades de casi medio siglo de antigüedad sobre nuestra propia vida en el imperio del mal: neolengua (ingl. newspeak) – «una lengua nueva, creada por el poder monopolista

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cuyo significado de las palabras cambia según las opiniones políticas oficiales del Estado. En la neolengua es imposible no solo expresar, sino también formular opiniones desleales, porque no existen las palabras necesarias para ello. El término procede de la novela «1984» de George Orwell (1903–1950);

policía del pensamiento – «En la novela “1984” de George Orwell se representa una institución del Partido que vigila los pensamientos de los miembros del Partido Exterior. Al advertir (=se. – J. K.) cualquier desviación de la “línea” trazada, esta (=ella. – J. K.) se encarga de que el culpable sea arrestado, torturado (en el Ministerio del Amor) y destruido»;

doblepensar (ingl. doublethink) – «percibir simultáneamente dos pensamientos u opiniones opuestos y creer conscientemente en ambos. Término de la novela “1984” (1949) del escritor inglés George Orwell (1903–1950); describe la influencia de la neolengua en la “mente esclavizada”;»

«La mente cautiva» – «libro de Czesław Miłosz (1953) en el que el autor analiza los mecanismos de defensa psíquicos de los escritores de la República Popular de Polonia, que los llevan a proclamar consignas acordes con la propaganda oficial y a ocultar cuidadosamente sus verdaderos pensamientos y sentimientos, <...>» (Kopaliński 2001).

La esclavización de la mente comienza con el vacío (un entorno sin religión) y el absurdo de una vida sin propósito, pasa por la necesidad de una nueva vida y alcanza el éxito obligatorio (Miłosz 1995: 20, 22, 24, 30). Sin embargo, el éxito no está exento de tristes consecuencias: «en lo más hondo persisten las viejas exigencias morales y estéticas, por lo que el hombre se desdobla» (Miłosz 1995: 36): «todos fingen ante todos y todos saben que los demás fingen» (Miłosz 1995: 76); «No sería cierto afirmar que los valores ya no se desdoblan, pero la resistencia es emocional y rara vez puede soportar la competencia de los reflejos racionalizados» (Miłosz 1995: 244).

La época anterior, desastrosa, podría describirse brevemente con dos expresiones terroríficas de aquella época, símbolos de valores: desde Oriente: хлам (baratijas) – abreviatura de las palabras художники, литераторы, артисты, музыканты; desde Occidente: Wenn ich Kultur höre… entsichere ich meinen Browning (autor: Hans Johst; quien la popularizó: Hermann Göring). Solo el 26–27 de noviembre de 1988 David Glencross expresó la idea justa para la época: «Es increíble que algún gobierno, al oír la palabra “cultura”, eche mano de una pistola. Creo que debería echar mano de un diccionario» (Kopaliński 2001: 197–198).

El mundo, polarizado en dos campos antagonistas, con un carácter fluctuante y

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la transformación de un tercer mundo vegetativo2, la desintegración del imperio estalinista, en el que ya en tiempos de Brézhnev se proyectaba y anunciaba abiertamente la aproximación y fusión de las lenguas, la restauración de la independencia de Lituania y la oficialización del lituano (su declaración como lengua estatal y la concesión de protección estatal, así como los programas y proyectos para su uso y desarrollo), el renacimiento nacional, la democratización de la sociedad y la formación de una sociedad civil, la integración europea y transatlántica de Lituania y la anglización acelerada, además de la informatización e internetización: muchos factores más concretos; su importancia para la identidad y la conciencia de sí de la nación, la cultura y la lengua, la ciencia y la lingüística, la cultura de la lengua y la terminología ha sido decisiva durante 20 años y seguirá siéndolo durante mucho tiempo, con un alcance epocal.

II

3. El mundo material es uno. Aunque hay numerosas y grandes diferencias en el paisaje, la flora y la fauna, el clima y los modos de vida relacionados con ellos, por un lado, las personas las reducen (también esto es cierta globalización) y, por otro, la realidad material humana ya es muy extensa y no tan diversa. La lógica es una en todo el mundo racional, aunque en unos lugares haya más y en otros menos. El tercer modo de existencia del mundo —la lengua (Лукшите 1981: 166)— es una pluralidad enorme, imposible de contar con exactitud (¿3000 o 7000?). Toda lengua viva es étnica o nacional: materna. El carácter, el espíritu, las costumbres y el modo de vida de una nación también son propios de ella. Solo hay que saber percibirlo y comprender las causas. He aquí una observación muy acertada: «Las diferencias entre las costumbres asomaban en cada gesto y en cada paso. Los ademanes de la gente reflejaban zonas geográficas, paralelos y meridianos; en ellos se expresaban la vida cotidiana de pastores, agricultores, comerciantes y marineros; el asador giraba en manos del espartano como la lanza en el combate; el argivo se sentaba en el banco como a caballo; al habitante de los bosques se le reconocía por su paso silencioso» (Parandovskis 1984: 118).

2 El término «tercer mundo» (fr. Tiers monde) fue empleado hacia 1950 por el sociólogo y demógrafo francés Alfred Sauvy: así denominó a más de 130 Estados poscoloniales de África, América Latina, Asia y Oceanía, distinguiéndolos de los Estados desarrollados con economía de mercado y de los países del bloque comunista de entonces (hasta 1990)» (Kopalįnski 2001). Por cierto, más tarde surgió un tercer mundo completamente distinto: «Según K. Popper [Popper K. Objective Knowledge: An Evolutionary Approach, Oxford, 1972], el “tercer mundo” es el mundo de las ideas en general, vinculadas por las reglas de la lógica. Abarca todas las teorías y concepciones creadas a lo largo de la historia de la humanidad y las que aún se crearán, así como todas las hipótesis, todos los problemas y ecuaciones —resueltos, en curso de resolución y por resolver» (Joninas 1987: 69). Existe también un tercer modo de existencia: «А. Ф. Лосев говорит, что „языковое и словесное бытие есть третий вид бытия, наряду с чисто логическим и чисто вещественным, или материальным“ [Лосев 1976, с. 399] (Лукшите 1981: 166). En 1959, Charles P. Snow formuló el conflicto entre las dos culturas —la de las humanidades y la de las ciencias—, y en 1995 John Brockman escribió en su libro La tercera cultura sobre quienes asumían «la misión de la élite intelectual de buscar respuestas a preguntas que desde antiguo inquietan a la humanidad: qué es la vida, quiénes somos, adónde vamos (...) <...>» (Kopalįnski 2001).

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La lengua materna y otros elementos propios protegen la identidad. Sin embargo, no pueden garantizar una pureza absoluta, pues alrededor hay lenguas extranjeras y todo tipo de elementos ajenos: «Y, sin embargo, pese a toda esta diversidad, la madre Grecia parecía casi homogénea entre los elementos fantásticos de las colonias: África, Iberia, Galia, Iliria, Escitia, Sarmacia, Siria y Egipto exhalaban su aroma desde las misteriosas profundidades de la historia y la civilización hacia cientos de ciudades griegas, <...>. En el trato cotidiano con los bárbaros, en los viajes de las caravanas y en el bullicio de los puertos, se pegaban a las personas pensamientos, supersticiones y vicios ajenos, como el polvo de la calle que se mete en los poros de la piel» (Parandovskis 1984: 118–119). «La lengua, dividida en innumerables dialectos y hablas, cubierta de malas hierbas extranjeras en las colonias, provocaba terribles malentendidos» (Parandovskis 1984: 119).

Nuestra lengua materna, el lituano, en condiciones de bilingüismo subordinado continuo, tuvo muchísimos contactos con el polaco; de hecho, quedó tan inundada por él que solo permanecieron menos afectadas algunas pequeñas islas remotas, no eclipsadas por la Iglesia ni por la hacienda señorial. Por ello recibió numerosos extranjerismos y perdió extensos territorios de la lengua materna y una gran parte de sus hablantes: no solo magnates y nobles, sino también gente del pueblo. Solo se han eliminado algunas consecuencias; la mayoría son pérdidas irreversibles.

Tras la partición de la Mancomunidad de las Dos Naciones, comenzó lo mismo con la lengua rusa (ya se habían acumulado antes numerosos préstamos de ella), y continuó durante dos siglos, con solo breves períodos de deshielo (aunque sin interrupciones completas) en tiempos de la Primera y la Segunda República. Ahora, recuperada la independencia, ha comenzado la época de los contactos con la lengua inglesa. Por eso conviene conocer, al menos un poco, estas lenguas desde dentro: cómo las entienden y valoran los propios rusos e ingleses. Lo que más interesa es el aspecto (auto)crítico.

Es bien conocido el bilingüismo ruso-francés, o, más precisamente, el uso del francés entre las clases altas rusas. Está estrechamente relacionado con la delimitación del ruso estándar frente al fenómeno denominado просторечие —«palabras, expresiones, giros y formas de flexión que no forman parte de la norma de la lengua literaria; a menudo se admiten en obras literarias y en el habla coloquial para crear un determinado colorido»—; en inglés, popular language; en alemán, Volkssprache (Ахманова 1966); en letón, vienkāršruna (ValTV 1963); aunque разговорная речь, обиходно-разговорная речь – sarunvaloda (ValTV 1963), pero vienkāršruna – šenkamoji kalba (LaLieŽ 1977). También es dudosa la equivalencia con el alemán Volkssprache. Bastante imprecisa —por demasiado amplia— es la equivalencia lituana neliteratūrinė šneka para el ruso просторечие: «habla característica de los habitantes de las grandes ciudades, con diferencias mayores o menores respecto de las normas de la lengua literaria. Las características léxicas, gramaticales y fonéticas de esta habla surgen debido a las variedades dialectales

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y de la mezcla de elementos de la lengua literaria, así como a menudo debido a una influencia notablemente mayor de otras lenguas». Compárese lengua jergal – ingl. non-standard speech, popular language (Gaivenis, Keinys 1990). Es inexacto traducir просторечие como lengua coloquial Gudavičius 2000: 40, lengua popular, coloquial RLKŽ II 1967. El rus. просторечие es inseparable de простонародье sust. – gente sencilla, clases populares RLKŽ II 1967, clases populares RLKŽ III 1984, простолюдин sust. – persona sencilla, plebeyo, persona de un estamento no privilegiado RLKŽ III 1984, простонародный adj. – propio de la gente sencilla, plebeyo, popular, de las clases populares: простонародная речь – habla propia de la gente sencilla [de las clases populares] RLKŽ III 1984; por tanto, también просторечие – habla popular, habla vulgar [de la gente sencilla] (no libresca ni literaria) RLKŽ III 1984 (abreviatura de vulgar: palabra o expresión de habla vulgar – просторечное RLKŽ I 1982: 15), habla vulgar – просторечие LRKŽ 1988. No debe olvidarse que habla vulgar es un término ruso aplicable únicamente a la lengua rusa.

Puesto que en ruso просторечие se admite en las obras literarias, los escritores rusos lucharon con gran empeño por el carácter popular —la rusidad— de la lengua. V. Bielinskis comprendió muy bien también la causa en Sueños literarios (1834): «Así pues, el p u e b l o o, mejor dicho, la g e n t e, y la s o c i e d a d se han separado entre nosotros y cada cual ha seguido su camino. El primero ha permanecido viviendo su vida primitiva, áspera y medio salvaje, y cantando sus canciones lastimeras, en las que su alma se desbordaba en la desgracia y la alegría; la segunda, según parece, ha cambiado, si es que no ha mejorado, lo ha olvidado todo cuanto es ruso, ha olvidado i n c l u s o h a b l a r e n r u s o; <...>» (Bielinskis 1948: 71). «<...> la clase alta tenía motivos para despreciar la lengua materna, pues la lengua escrita chocaba con la lengua hablada» (Bielinskis 1948: 95). Bielinskis percibía la diversidad del purismo ruso y la valoraba de manera diferenciada, mientras que, en general, juzgaba el purismo mismo con moderación: «Era natural que la palabra “progreso” suscitara una reacción especialmente desfavorable entre los puristas de la lengua rusa, predispuestos contra ella, que se indignaban ante cualquier palabra extranjera, considerándola una herejía o un cisma dentro de la ortodoxia de la lengua materna. Este purismo tiene una base legítima y seria; y, sin embargo, es unilateralidad llevada al extremo» (Bielinskis 1948: 530). «No cabe duda de que el deseo de adornar la lengua rusa con palabras extranjeras sin necesidad ni fundamento suficiente es contrario al sentido común y al buen gusto; <...>. Pero el extremo opuesto, es decir, el purismo ilimitado, produce las mismas consecuencias, porque los extremos coinciden» (Bielinskis 1948: 532).

N. Gogolis también evaluó críticamente la francofonía señorial de la alta sociedad rusa: «Las damas de la ciudad de N se distinguían por <...>, una extraordinaria cautela y decoro en sus palabras y expresiones. <...>. De ningún modo se podía de-

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cir: «Este vaso o este plato apesta», <...>. Para hacer aún más noble la lengua rusa, se eliminaron por completo de ella casi la mitad de las palabras, y por eso a menudo había que recurrir al francés; en cambio, en francés era otra cosa: allí se permitían palabras mucho más groseras que las mencionadas» (Gogolis 19542: 183). Al decir una verdad dolorosa, no evita siquiera la ironía mordaz: «Pero, aunque el autor se inclina con temeroso respeto ante el beneficio salvador que aporta a Rusia la lengua francesa, y aunque se inclina con igual respeto ante la loable costumbre de nuestras clases altas, cuyos representantes expresan sus pensamientos en esa lengua a cualquier hora del día, sin duda por su gran amor a la patria, aun así no se atreve a insertar ninguna expresión de una lengua extranjera en este poema suyo en ruso» (Gogolis 19542: 211). Los rusos de las clases altas, de quienes «nunca oirás ni una sola palabra rusa decente, pero con palabras francesas, alemanas e inglesas te colmarán, qué duda cabe, con tal abundancia <...>, conservando además todas las posibles maneras de pronunciar: en francés, por la nariz y farfullando; en inglés, pronunciarán como lo hace un pájaro, e incluso adoptarán un aspecto de pájaro», tienen una visión muy peculiar del cultivo de la lengua materna: «Quieren a toda costa que todo esté escrito en la lengua más estricta, pura y noble; en una palabra, quieren que la lengua rusa descienda de pronto de las nubes, ya debidamente elaborada, y se pose directamente en la lengua, sin que ellos tengan que hacer otra cosa que abrir la boca y sacar la lengua» (Gogolis 19542: 190).

Cuando se avecinaba la tormenta de la revolución rusa, el habla popular ya (en 1914) se entendía como una terrible amenaza de incultura y barbarie: «В тягостные дни <...> варвар и дикарь с гаканием устремились на все, что нам дорого, и едва ли не первейшей задачей стремительного своего набега поставили уничтожение русской речи, оплевание и заушение нашего изумительного, чарующего, свободного языка, <...>» (Соболев 2001: 330). La lengua de la época revolucionaria era una mezcla de cambios de todo tipo y de rasgos de lo más inesperados: «В качестве характерных признаков языка революционного времени разными исследователями отмечались обилие заимствованных слов и выражений, большое количество разного рода сокращений, использование, с одной стороны, грубой, бранной и нецензурной, а с другой – высокой и архаичной лексики, повышенная экспрессивность и эмоциональность речи, достигаемая разными средствами (перифразы, метафоры и др.), интонационная близость к ораторской речи, влияние канцелярского стиля, штампованность; многие современники жаловались и на самую обыкновенную безграмотность (это касается

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в первую очередь языка газеты)“ [*См., напр.: Винокур Г. О. Культура языка. Очерки лингвистической технологии. М., 1925; Горнфельд А. Т. Новые словечки и старые слова. <...>. Петербург, 1922; Гус М., Загорянский Ю., Каганович Н. Язык газеты. М., 1926; Селищев А. М. Язык революционной эпохи. <...>. М., 1928; Mazon A. Lexique de la guerre et de la révolution en Russie (1914–1918). Paris, 1920; Mendras Ed. Remarques sur la vocabulaire de la révolution russe [<...>. Paris, 1925. P. 257–269] (Риникер 2001: 638–639). Este declive decisivo de la lengua, aunque más tarde se frenó en cierta medida, resultó irreversible. En 1962, durante la solemne conmemoración del 125.º aniversario de la muerte de A. Pushkin, A. Tvardovski se atrevió a hablar incluso de la falta de lengua – безъязыклость de los escritores, así como de la «скудость, сглаженность и обезличение языка» (Твардовский 1979: 14, 15). Su preocupación de que «вопрос об охране языка должен встать в государственном масштабе» (Твардовский 1979: 14) quedó, por supuesto, sin el menor eco, pues las autoridades de todos los niveles estaban precisamente a la vanguardia de la deformación de la lengua. Durante los años del estancamiento y del colapso soviéticos, el declive lingüístico reapareció como una recaída cada vez más arraigada: «В последние десятилетия наблюдается активное вхождение жаргонной лексики во все сферы речевого общения – литературу (художественную и публицистическую), тексты СМИ, парламентскую речь и др. В связи с этим многие говорят о жаргонизации русского языка» (КРусР 2003: 1862).

El inglés, antigua lengua imperial y colonial, hoy principal lengua internacional y mundial, constituye un objeto importante al plantearse qué rasgos la convierten en tal, la impulsan y la sostienen. El inglés Thomas Stearns Eliot, estadounidense de nacimiento, afirma sin rodeos: «Cada lengua tiene sus propios recursos y los límites de sus posibilidades», aunque procura «desarrollar sus posibilidades tanto como sea posible» (Eliot 1990: 4 222). Al afirmar que «la madurez de la lengua coincidirá con la madurez del pensamiento y las costumbres» (Eliot 1990: 4 222), considera que la madurez de la lengua inglesa es muy peculiar y atípica: «En Inglaterra no tenemos ni una edad clásica ni un poeta clásico; si comprendemos por qué es así, enseguida dejaremos de lamentarlo; <...>. El genio de la lengua inglesa no ha encarnado tal ideal: siempre ha tenido otros objetivos» (Eliot 1990: 4 222). Y esto se considera un éxito alentador: «<...>, ¿no hemos tenido la suerte de contar con una lengua que, en vez de engendrar una edad clásica, puede enorgullecerse de una gran diversidad en el pasado y de las innovaciones futuras que cabe prever?» (Eliot 1990: 4 224). Eliot revela bien la singularidad de la lengua materna mediante la comparación: «<...>, las lenguas romances pueden acercarse más a lo clásico, no porque sean de origen latino, sino porque son más homogéneas que el inglés y ya

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por naturaleza inclinadas al estilo general; el inglés es, por sus componentes, la más variada de las grandes lenguas, más propensa a la diversidad que a la perfección; necesita más tiempo para desplegar sus posibilidades y quizá aún tenga más capacidades sin aprovechar. Se distingue por, probablemente, la mayor capacidad de cambiar sin dejar de ser ella misma» (Eliot 1990: 4 224). En lugar de orientarse hacia lo clásico, hacia la norma (el estándar), «ofrece mucha libertad para las variaciones estilísticas: parece que en esta lengua ninguna época y, desde luego, ningún escritor podrá imponer normas. El francés parece mucho más constreñido por el estilo normativo y definitivamente asentado en el siglo XVIII, pero también en él anida esprit gaulois* [*espíritu poderoso], esa abundancia de recursos que caracterizó a Rabelais y Villon» (Eliot 1990: 4 225).

La alabanza de Eliot a su lengua materna, el inglés, puede considerarse no como algo racionalmente fundamentado, sino como una «fidelidad primordial» (Chesterton 1998: 76): «La gente no amaba a Roma porque fuera grande. Se hizo grande porque la gente la amaba» (Chesterton 1998: 77). Sin embargo, Eliot tenía otro amor que lo llevó de vuelta a Inglaterra: las lenguas clásicas y la cultura antigua: «Es necesario volver la mirada hacia las dos lenguas muertas: precisamente importa que estén muertas, pues solo después de su muerte pudimos recibir la herencia; el hecho mismo de su muerte no les conferiría ningún valor si todos los pueblos de Europa no fueran sus herederos» (Eliot 1990: 4 225). Y justamente allí donde Eliot encuentra al primer (y quizá único verdadero) clásico —Virgilio, creador también del criterio de lo clásico— se encuentra el verdadero ideal de la lengua: la norma (el estándar), y no la diversidad ilimitada ni las posibilidades infinitas de cambio. Eliot solo lamenta que, en los tiempos modernos, esa herencia se vuelva bastante problemática, incluso dudosa y distorsionada: «En nuestro siglo, cuando la gente parece más inclinada que nunca a confundir la sabiduría con el conocimiento y el conocimiento con la información <...>, va surgiendo un nuevo tipo de provincianismo, <...>. No es un provincianismo espacial, sino temporal: para él, la historia no es más que un registro de los inventos humanos, ya obsoletos y arrojados al montón de chatarra; el mundo es propiedad exclusiva de los vivos, y los muertos no tienen derecho alguno a participar en ella. <...> todos nosotros juntos, todos los habitantes del globo terráqueo, podemos resultar provincianos, y quienes no quieran serlo no tienen más remedio que convertirse en ermitaños. <...> él [ese provincianismo] fomenta nuestra indiferencia cuando deberíamos conservar un dogma o estándar claro e intacto, <...>» (Eliot 1990: 4 226).

Así pues, existen la lengua materna y las lenguas extranjeras.

Saber muchas lenguas equivale a tener muchas llaves para una sola cerradura (Voltaire). Una persona que sabe dos lenguas vale por dos personas, dice la sabiduría francesa (Crystal 2005: 50). Sin embargo, el poliglotismo no es algo frecuente. Las lenguas extranjeras

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El dominio de las lenguas presenta muchos grados: saber traducir, escribir, hablar, comprender bien o un poco. «Al aprender otro idioma adquirimos una nueva perspectiva del mundo, <...>» (Gudavičius 2000: 19). Iván Bunin, que sabía varias lenguas y traducía obras literarias del inglés, francés, polaco y ucraniano, era categórico: «Пишите на том языке, с которым родились и выросли. Двух языков человек знать не может» (Бунин 2001: 224).

La traducción es la forma más culta y más igualitaria de comunicación interlingüística. La historia de las traducciones de las Sagradas Escrituras y de la literatura artística y científica es larga y extensa. En primer lugar, las traducciones aportan contenidos nuevos: conceptos, palabras y significados (Genzelis 1980: 90). También estimulan las posibilidades de la lengua materna: el contenido extranjero revestido en la lengua materna garantiza «la posibilidad de una comprensión más profunda» (Laumenskaitė 2007: 11–12 551).

El bilingüismo es de dos tipos: coordinado y subordinado. El bilingüismo de la lengua materna y una lengua regional o internacional se aproxima más al tipo coordinado, mientras que el de la lengua materna y una lengua imperial corresponde al tipo subordinado.

Tras la caída del Imperio romano y la desaparición del latín clásico, así como el declive del latín vulgar, surgieron en Europa dos oleadas de bilingüismo.

Tras la caída del Imperio romano y la desaparición del latín clásico, así como el declive del latín vulgar, surgieron en Europa dos oleadas de bilingüismo.

Una de ellas fue la distribución de funciones y el uso paralelo del latín clásico y la lengua materna. Existieron también otros tipos de bilingüismo: «Así, en la Edad Media existían lenguas regionales: el latín, el árabe y el eslavo antiguo. Las utilizaban las instituciones oficiales de la época: la Iglesia, los centros de enseñanza y las cancillerías estatales. <...>. La elección de las lenguas estaba determinada por las confesiones: el catolicismo, por el latín; el islam, por el árabe; la Iglesia ortodoxa de los pueblos del norte, por el eslavo antiguo. <...>. <...>, y el latín era, en general, solo una lengua escrita; ningún pueblo lo hablaba. Todos los escritores, poetas y filósofos medievales de Europa occidental y central escribían en latín. <...>. En filosofía, el latín solo se abandonó en la época moderna. Este período de transición dio lugar a numerosos intelectuales bilingües. Dante escribió la «Divina comedia» en italiano y el tratado filosófico «Sobre la monarquía» en latín. F. Bacon y R. Descartes escribieron tratados filosóficos en dos lenguas: en latín, para la comunidad científica, y en su lengua materna, para los lectores de su país» (Genzelis 1980: 92).

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Una nueva ola la creó lingua franca «(it. lingua franca: lengua de los francos, tribus germánicas occidentales que más tarde constituyeron la base de la población de Alemania Occidental y Francia Oriental; en sentido general, lengua de los cristianos europeos)»; concretamente, 1. «Lengua mixta, pidgin. Su base es la lengua italiana, mezclada con provenzal, español, portugués, y también francés, griego y árabe. Se utilizó entre los siglos XI y XIX en la región de la cuenca mediterránea, sobre todo en el norte de África (los actuales Marruecos, Argelia, Túnez y Libia, es decir, los países del Magreb), como lengua internacional de comercio por judíos y comerciantes que hablaban distintas lenguas; también la usaban piratas, prisioneros, esclavos en galeras, presos e inmigrantes procedentes de Europa. Se conoce asimismo el nombre sinónimo sabiras (‘sé’; en francés, savoir; en español, saber); <…>», más tarde, en sentido general, 2. «Cualquier lengua de comunicación entre personas que hablan distintas lenguas maternas, siempre que cumpla una única función lingüística: la de medio de comunicación. Es la lengua de la nación (grupo étnico o comunidad) más prestigiosa, influyente o económicamente poderosa de un país o región determinados. Se utiliza habitualmente en el comercio, pero también puede ser lengua de la cultura (por ejemplo, el latín) o de la diplomacia (por ejemplo, el francés). En el siglo XX empezó a llamarse también lengua internacional o global (por ejemplo, International English, Global English, Globish) [incluso 4. «lenguas artificiales creadas especialmente para la comunicación internacional» (volapuk, esperanto, latino sine flexione, ido (esperanto reformado), occidental, novial, interlingua 2, etc.)] (VLE XIII 2008, Laima Kalėdienė).

Aquí se señala muy acertadamente que la esencia de lingua franca consiste únicamente en desempeñar una función comunicativa. Por cierto, para bien y para mal, esto —la función comunicativa y nada más— se generaliza a la lengua en general: «la interpretación del medio de comunicación como un medio al servicio de la sociedad es demasiado limitada», pues «la formación de la sociedad presupone este medio como producto social, como creación colectiva, que se produce inseparablemente de la actividad verbal de cada individuo» (Лукшите 1981: 164). A veces, incluso en las definiciones de lengua, aparece erróneamente solo esta única función. O bien se empieza por ella con cierta imprudencia: lengua: 1. «Sistema de signos (o símbolos) empleado para la comunicación entre las personas, capacidad de utilizarlo como medio de información» y solo después: «La lengua es un fenómeno individual y social: medio de comunicación entre las personas y, al mismo tiempo, medio del pensamiento, la expresión y la creación del individuo; es decir, cumple funciones tanto sociales como cognitivas. <…> – por su naturaleza social, ∆ es también un fenómeno de índole cognitiva y gnoseológica. – – –» (VLE IX 2006, Axel Holvoet). Más audazmente se expresa la etnolingüística, lingüística antropológica, lingüística cultural, todavía bastante tímida en Lituania (como también lo es la psicolingüística, que tampoco aparece en LKENc 1999 ni en 2008, mientras que la sociolingüística sí figura): «la lingüísti-

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…ros que estudia las relaciones de la lengua con la cultura de la comunidad que la emplea, especialmente con la mentalidad grupal y la conducta tradicional. <...>. <...>. Afianza el conocimiento de la realidad reconocido por la sociedad y una visión del mundo particular. Al mismo tiempo, la lengua ayuda a analizar, clasificar e interpretar la cultura, a conservar la memoria del pasado de la comunidad, <...>. – – –» (VLE V 2004, Vincas Urbutis). La etnolingüística se fundamenta en la hipótesis de E. Sapir y B. L. Whorf, «formada por dos principios: determinismo lingüístico (nuestra lengua determina nuestro pensamiento) y relatividad lingüística (ciertas características de una lengua no se encuentran en otras)» (Crystal 2005: 60). Desde una perspectiva más amplia, la lengua se concibe como fundamento de la cultura y condición de su desarrollo, como fijadora del contenido cultural; se observa cómo se manifiesta un pueblo en su lengua y cuán singular y relativo es el universo que representa su lengua nacional: no un reflejo de la realidad, sino su interpretación (Gudavičius 2000: 7, 8, 10, 11), aunque esto no fuera más que «relativismo dentro de los límites definidos por el universalismo» (Gudavičius 2000: 43). Así pues, «el objeto de la etnolingüística es el pueblo en la lengua, el reflejo en ella de la vida mental y espiritual del pueblo, pues la lengua es uno de los rasgos esenciales de una nación» (Gudavičius 2000: 10). Se revela incluso el «isomorfismo de las estructuras y regularidades funcionales» de la lengua y la cultura (Gudavičius 2000: 40).

La lengua materna es nacional por su propia naturaleza, y el despertar de las literaturas nacionales consolidó las lenguas nacionales. «<...>, bajo la influencia de las ideas de la filosofía de la Ilustración, las lenguas estatales pasaron a ocupar el primer lugar» (Genzelis 1980: 93). «El origen de los pueblos se encuentra en las lenguas» (Crystal 2005: 48), y el Estado es la lengua: «Parafraseando a Luis XIV, Pluche [en 1751] afirma que l’etat c’est la langue» (Eco 2001: 310).

Aunque quizá haya algo más de lenguas estatales u oficiales que de Estados, su número es varias decenas de veces menor que el total de lenguas. Las lenguas no estatales no están protegidas, pero no por ello carecen de valor. En la recopilación de artículos de Einar Haugen de 1971, The ecology of language, el pensamiento ecológico se aplica también a la lengua: así como «la finalidad de la ecología humana es tratar de relacionar la estructura de la comunidad humana con su entorno» (Crystal 2005: 13), la ecología lingüística se define como las relaciones entre la lengua y su entorno, como el vínculo entre la conciencia colectiva de los usuarios de la lengua y el entorno social y natural (Crystal 2005: 104). La ecolingüística (Crystal 2005: 9), o «lingüística verde» (Crystal 2005: 39), se orienta inevitablemente hacia la lingüística preventiva, o perilingüística (Crystal 2005: 93), e incluso hacia la lingüística clínica (Crystal 2005: 150). Se conocen lenguas vivas y muertas (extinguidas). La conservación o pérdida de la lengua materna, su recuperación —menos frecuente—, la muerte de una lengua y su revitalización —también poco frecuente— exceden los límites de la lingüística. La lengua lituana

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tiene una hermana muerta: la lengua prusiana. El territorio de la propia lengua lituana se ha reducido tanto por el oeste como, sobre todo, por el sudeste; las islas que han quedado fuera de sus límites siguen siendo una Troya viva para los lingüistas, pero su vitalidad es débil. Tras muchos siglos en los que un número desconocido de lenguas se extinguió o fue aniquilado, a finales del siglo XX, antes incluso de haber contado con precisión todas las lenguas vivas del mundo (3000, 6000 o 6900–7000), se anunció la amenaza de una catástrofe ecológica de las lenguas (solo sobreviviría una de cada diez); en 1996 se proclamó la Declaración Universal de Derechos Lingüísticos de Barcelona (Crystal 2005: 97).

Las lenguas no mueren porque enfermen o envejezcan; rara vez mueren porque todos o la mayoría de sus hablantes desaparezcan o perezcan, sino a causa de la asimilación cultural. El mecanismo es sencillo y, a veces, actúa con bastante rapidez: «Hay tres grandes etapas. La primera se caracteriza por una enorme presión sobre las personas para que hablen la lengua dominante. <…>. Puede ejercerse “desde arriba hacia abajo”, <…>; o “desde abajo”, – – – (Crystal 2005: 84). Por cierto, la presión desde arriba puede fomentar la resistencia, mientras que la presión desde abajo —la prosperidad material o la superioridad cultural— puede asimilar con mayor facilidad. La segunda etapa es el bilingüismo, que finalmente desemboca en lo siguiente: «En una generación, y a veces en apenas una década, un bilingüismo floreciente se transforma imperceptiblemente en semilingüismo consciente (self-conscious semilingualism) y, después, en monolingüismo» (Crystal 2005: 85). Naturalmente, en este mecanismo solo los hablantes de las lenguas que sufren la asimilación son bilingües: «A lo largo de los siglos de dominio de su cultura, en la mentalidad de [los monolingües] se ha formado la idea de que los demás deben aprender su lengua y que ellos no necesitan aprender otras. Se ha observado que las naciones monolingües, aferradas a la idea del monolingüismo, son aquellas que en otro tiempo tuvieron numerosas colonias y llevaron a cabo una expansión religiosa» (Crystal 2005: 51). «El monolingüismo, sencillamente, se convirtió en un modo de vida habitual por formar parte de una larga tradición de los colonizadores» (Crystal 2005: 85). Por eso D. Crystal afirma: «<…> debe desaparecer el concepto de dominación» (Crystal 2005: 86).

El mundo es multilingüe por naturaleza, y en ello reside su garantía de éxito: «habitamos el planeta precisamente gracias a nuestra capacidad de crear diversas culturas que se adaptan a distintos entornos» (Crystal 2005: 40). «La pérdida de diversidad en el mundo lingüístico probablemente sea una pérdida mayor que la pérdida de diversidad en el mundo biológico, porque la estructura de las lenguas da testimonio de las capacidades intelectuales humanas (Comité para las Lenguas en Peligro y su Conservación 1984: 5)» (Crystal 2005: 41). Lo más importante es que se pierde una parte del patrimonio lingüístico de la humanidad: «La sabiduría de toda la humanidad no reside en ninguna lengua, y ninguna lengua puede aportar todo el conocimiento de la humanidad» (Crystal 2005: 58). Una lengua moribunda se borra del pasado; las personas pierden su historia personal y un pueblo pierde su corazón (Crystal 2005: 48, 41, 43).

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D. Crystal sostiene que existen dos concepciones de la lengua como parte de la cultura: «la lengua es un rasgo obligatorio de la identidad nacional» y «un rasgo opcional de la identidad nacional» (Crystal 2005: 125, 126). También discrepan quienes la consideran opcional: «<...>, en Gales se debate acaloradamente si se puede ser galés sin saber galés» (Crystal 2005: 46). Es más que evidente que la segunda concepción se basa en ejemplos muy escasos, si no en excepciones, lamentables y solo a veces tolerables. Es trágicamente evidente que, al desaparecer la lengua prusiana, también desapareció el pueblo prusiano; y que, cuando los nobles y la aristocracia lituanos adoptaron masivamente el polaco, en el pueblo lituano ya no quedó ese estamento, salvo unos pocos individuos aislados; por eso, en el siglo XX, Lituania fue restablecida y los emigrantes del pueblo crearon la nación lituana moderna. Dudo que corresponda a los lingüistas decidir qué lenguas deberían morir. En primer lugar, nadie lo sabe con certeza (quizá desaparezcan las grandes y sobrevivan las pequeñas en alguna selva remota); en segundo lugar, ¿no sería mejor hablar de cómo pueden sobrevivir las lenguas? La Sociedad Literaria Lituana (Litauische literarische Gesellschaft), fundada en Tilsit en 1879, se propuso reunir el legado lingüístico y cultural de un pueblo en vías de extinción, pero empezó a ser apodada la sociedad de los enterradores (Zemlickas, Kaunas 2008: 3 9).

A los lingüistas quizá les bastaría con decir una cosa: las lenguas que tienen estatus de lengua estatal u oficial desarrollan todas las funciones y estilos posibles; las que cuentan con escritura, literatura y escuela tienen futuro, aunque funcionan de manera más débil y limitada; y las que carecen de escritura, literatura o escuela se mantienen en el nivel de lenguas habladas, aunque también pueden tener un futuro largo.

Sin embargo, existe un mundo sin el dominio de las lenguas nacionales, aunque es distinto y también bilingüe: «Un mundo en el que las personas hablan al menos dos lenguas —la de su pueblo y una lengua internacional lingua franca— es perfectamente posible y (...) deseable. Dos lenguas, dos objetivos diferentes. Una, para mantener la identidad; la otra, para que uno pueda hacerse entender. Estos objetivos no son incompatibles» (Crystal 2005: 37). Pero la realidad está muy lejos de las posibilidades y las necesidades. El bilingüismo subordinado sigue existiendo. Aunque «la mitad de la población mundial habla al menos dos lenguas» (Crystal 2005: 51), «en toda la UE el 47,3% de las personas no sabe ninguna lengua extranjera» y «dos tercios de los británicos no saben ninguna lengua extranjera», mientras que «en Luxemburgo esa proporción es solo del 2,2%, y en Dinamarca, del 12,3%» (TautGyvY 2008: 49 29). El ideal de la Unión Europea —saber dos lenguas extranjeras— permanece envuelto en la niebla de las declaraciones, si es que no es simplemente un espejismo. La valoración de la comunicación interlingüística del redactor jefe de El Correo de la UNESCO, Eduardo Glissano, dice: «То, что человек говорит на своем языке, не исключает его способности понимать других людей и ценить их культуры...» y propone la fórmula «Я говорю с тобой на твоем языке,»,

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но понимаю тебя на своем“ (Глиссан 1983: 8 9) tam tikrais atvejais galėtų būti dar pagerinta – kalbu su tavimi savo kalba, tave klausau tavo kalba: „Daugiakalbė Europa – <...> tai žemynas, kuriame žmonės galėtų susitikti ir kalbėtis kiekvienas savo kalba ir suprasti kito kalbą“ (Eco 2001: 320). Tai būtų visiška bendravimo lygybė.

4. Sobre los cambios en el uso, las funciones y el propio sistema de la lengua lituana se habla mucho y en muchos ámbitos (no solo en lingüística).

En la teoría de la lingüística lituana se afirma claramente que «la lengua es un fenómeno polifuncional» (Karaliūnas 1997: 119) y «una tradición, un fenómeno cultural» (Karaliūnas 1997: 48). También se explica una desviación surgida hace mucho y ya arraigada: «La concepción de que la lengua es el principal medio de comunicación se afianzó en la tradición lingüística europea <...> hacia 1930. <...>. <...>. El estudio de las funciones de la lengua pasó entonces de la psicología al ámbito de la lingüística. Tras reconocer que la lengua es un medio de comunicación, se cayó en el extremo opuesto: se exagera y absolutiza el papel comunicativo de la lengua y se considera que la función comunicativa es su única función» (Karaliūnas 1997: 109). Algunos incluso creen que «la lengua es un fenómeno monofuncional y que todos los demás propósitos del uso de la lengua son manifestaciones de la función comunicativa» (Karaliūnas 1997: 109). Sin embargo, «la propia función comunicativa de la lengua, al parecer, depende de otras funciones que esta desempeña, por ejemplo, la designativa y la representativa. Para poder decirle o comunicarle algo a alguien, primero hay que designarlo, nombrarlo» (Karaliūnas 1997: 110). Estas dos funciones están relacionadas: «<...> Darstellungsfunktion debe entenderse tanto como función comunicativa como representativa (la función referencial de R. Jakobson). <...>. En la bibliografía científica sobre el tema, las funciones comunicativa y representativa de la lengua a menudo no se distinguen estrictamente y se denominan en conjunto función simbólica de la lengua» (Karaliūnas 1997: 134). Que «la propiedad esencial del lenguaje humano es la representación» también lo demuestra el hecho de que «en la comunicación animal hay expresión y apelación, pero no representación» (Karaliūnas 1997: 190).

S. Karaliūno dar skiriama etninė kalbos funkcija (Karaliūnas 1997: 159) – tapatinamoji-vienijamoji, tautinio atribojimo, tautinės individualybės, kalbos tautinio priklausymo funkcija (Karaliūnas 1997: 163, 164). Nors „bendroji tautos kalba ir kalba, kaip etninio priklausymo reiškėja, yra skirtingi dalykai“, bet tik gana retais atvejais „vartojamoji kalba ir kalba – etnoso reiškėja – nesutampa“ (Karaliūnas 1997: 164) ir pastarosios „netekimas laikomas pirmąja tautybės praradimo pakopa“ (Karaliūnas 1997: 168).

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La dualidad de las relaciones entre la lengua y la sociedad es evidente: «No son los planificadores lingüísticos, sino la sociedad, quienes determinan el éxito de la implantación de la planificación lingüística, aunque sin los primeros no habría planificación deliberada, sino solo evolución natural de la lengua» (Grumadienė 1996: 13). Pero aquí la comprensión de la sociedad misma no es dual, sino sencillamente ambigua: «En la actualidad, muchos planificadores lingüísticos siguen orientándose tradicionalmente hacia un usuario abstracto de la lengua estándar, aunque la sociedad no es homogénea» (Grumadienė 1996: 13). Sin embargo, no toda esa sociedad heterogénea utiliza la lengua estándar, sino solo una parte —la población culta—, que tampoco es homogénea; además, la gran mayoría de la sociedad que no usa la lengua estándar suele ser un factor desfavorable para ella, y a veces incluso se opone a ella. No en vano se señala que «la actitud general de la sociedad y la falta de conocimientos lingüísticos» son «un factor que plantea el objetivo de fomentar la conciencia lingüística de la sociedad» (Miliūnaitė 2006: 63).

Ya en 1994, Pranas Kniūkšta constató el deterioro de la situación lingüística de la sociedad: «Los cimientos socavados por el bilingüismo, la disciplina quebrantada y la contaminación de la lengua por conveniencias coyunturales han desordenado y degradado el uso actual» (Kniūkšta 2001²: 199). «Hasta ahora, la cultura lingüística de la sociedad apenas ha mejorado» (Mikulėnienė 1998: 8). Al desmitificar la idea de la evolución natural de la lengua, que algunos periodistas y especialistas en cultura inculcan a la sociedad e incluso a ciertos lingüistas, Rita Miliūnaitė afirma: «Si tenemos en cuenta la lengua estándar de la última década, no podríamos decir que haya cambiado de forma natural: la influencia de otras lenguas es muy fuerte» (Miliūnaitė 2006: 166). Hablando con mayor precisión, puede decirse que la influencia del ruso ha cambiado: ya no es externa, sino interna y de carácter inercial; la influencia del inglés proviene más bien de nosotros mismos, de la anglización de los lituanos, y tampoco viene de arriba, sino de abajo: de las variedades deficientes del inglés, a menudo no nativas.

Alberto Rosinas no se dirige a un usuario abstracto de la lengua estándar, sino a quienes concretamente no la usan o la deterioran, y pregunta ¿Defenderá el Estado la lengua estatal?: «Quienes promueven el semianalfabetismo y el conocimiento imperfecto de la lengua son no solo funcionarios de todos los niveles, numerosos periodistas, científicos y docentes, sino también algunos directores de las nuevas editoriales, que publican irresponsablemente libros antiguos mal escritos y otros nuevos sin editar, <…>» (Rosinas 1992: 2 28). Aquí cabe recordar una vez más que el Estado es lengua: «Si el Estado no protege su lengua estatal de la arbitrariedad de los semianalfabetos y de quienes apenas la dominan, no será digno de llamarse Estado» (Rosinas 1992: 2 8).

Tras restablecerse la independencia, se recordó La protección jurídica de la lengua estatal entre 1918 y 1940: «El Estado, mediante la Ley de Prensa (1935), exigió a

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instar a los trabajadores de la prensa a proteger la singularidad de la lengua lituana y a velar por su vitalidad y corrección» (Rosinas 1998: 10).

Se procura consolidar y ampliar la base teórica de la planificación lingüística, ante todo «desarrollar constructivamente una teoría general de la educación lingüística teniendo en cuenta las condiciones de uso de la lengua lituana estándar y las necesidades de la sociedad, y abandonando las tácticas de carácter defensivo (...)» (Rosinas 1996: 6). Por supuesto, no se renuncia por completo a la defensa de la lengua: la Comisión Estatal de la Lengua Lituana (VLKK) responde administrativamente a las violaciones de los derechos de la lengua lituana, y la función principal de la Inspección Lingüística es precisamente defensiva y protectora. La crítica lingüística, que se popularizó en Europa occidental en la posguerra, podría ampliar la base teórica: es doble —filosófica y de estilo o texto— y se ocupa tanto de las normas como de los usos que conviene evitar (Rosinas 1996: 4–5); sin embargo, en Lituania no existe, al menos con ese nombre, y ni siquiera la menciona el teórico A. Pupkis (2005); en general, el nivel de la crítica constructiva en Lituania es bajo.

Aunque a la VLKK se le han encomendado «ámbitos de planificación lingüística estatal: científico (normativo), administrativo y jurídico», y aunque «la administración lingüística abarca tanto el uso de la lengua como el uso de la lengua (de las lenguas)» (Mikulėnienė 1996: 18), «...no se ha hecho todo lo necesario para hacer efectivo el estatus de la lengua de facto»; por ello se pidió al Gobierno que creara las condiciones para aplicar la disposición de la Ley de Ciencia y Estudios: «El Estado reconoce siempre la prioridad de la investigación fundamental sobre la lengua lituana» (Resolución 1996: 242 3). A la propia Comisión parece preocuparle más la planificación lingüística (en el término de Bronys Savukynas, kalbotvarka), sus objetivos, estrategia y fundamentos teóricos (Kniūkšta 1995: 3–5), aunque no son del todo nuevos: «La sistematicidad permite evaluar los fenómenos lingüísticos desde dentro, desde el punto de vista puro de la lengua; la finalidad, desde fuera, desde el punto de vista social» (Kniūkšta 1996: 15). Lo más novedoso es la planificación lingüística institucionalizada —administrativa—, pero también tiene un reverso: «La actividad de la Comisión no es lo contrario de la planificación ordinaria, <...>. Sin embargo, por otra parte, la planificación lingüística queda encorsetada y burocratizada, y se aleja de ella no solo a la sociedad, sino también a una parte considerable de los lingüistas» (Kniūkšta 2001: 7).

Se ha institucionalizado un buen elemento fundamental: «Desde 1996 se ha introducido en todos los centros de enseñanza superior, secundaria superior y formación profesional un curso obligatorio de cultura lingüística y lengua de especialidad (...)» (Mikulėnienė 1998: 8). Ahora ya se quiere revisar y consolidar la materia, y también ir más allá: «En los estudios de máster sería apropiado impartir, con arreglo a un programa específico, un curso de fundamentos de terminología, <...>» (Akelaitis 2008: 12 5).

A la enseñanza secundaria se le asignan buenos objetivos: «1) inculcar la concepción de la lengua como valor nacional; 2) explicar a los alumnos el propósito y las funciones de la lengua estándar,

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3) fomentar la motivación para aprender la lengua estándar; 4) reforzar la confianza de los alumnos en su lengua materna y en su capacidad creadora» (Miliūnaitė 2006: 63). Pero ¿cómo hacerlo si «en el curso de lengua lituana de las escuelas de enseñanza general ya no se imparte sistemáticamente la cultura lingüística» (Akelaitis 2008: 12 4)?

El panorama general de los nuevos fenómenos lingüísticos, así como de las nuevas interpretaciones de cuestiones antiguas, sigue siendo bastante superficial, disperso y lleno de lagunas. Sin embargo, las conclusiones generales formuladas en distintos momentos por tres lingüistas eminentes son muy claras, muy parecidas y muy tristes: «el tronco de nuestra lengua materna cruje dolorosa y amenazadoramente» (Ambrazas 1990: 2 6). «La lengua estatal apenas respira» (Vitkauskas 2008: 17 7). Para el tercero, la «predicación directa» y la «apelación al sentimiento de vergüenza del hablante o escritor» resultan totalmente ineficaces; no queda más que la ironía (Rosinas 2005: 3).

Al faltar vínculos más claros entre los cambios lingüísticos y factores y causas concretos, difícilmente pueden surgir recomendaciones más precisas sobre cómo regular adecuadamente los cambios, sobre todo aquellos que no son deseables (porque quebrantan el sistema, etc.). Predomina el imperativo —hay que hacerlo—, no las orientaciones para actuar: cómo. Se distinguen mejor (y es más fácil mostrar) los proyectos generales de uso y formación lingüística, aunque a menudo son completamente ordinarios.

Puede afirmarse que la lengua lituana se está polarizando: persiste —aunque difícilmente se fortalece— una capa todavía amplia, pero cada vez más delgada, de lengua estándar depurada, mientras se expanden una capa bastante agresiva de jergas y la jerga de la propia lengua estándar. La crítica emocionada de un mal glosario de jerga (Zaikauskas 2007) no encontró suficientes recursos en la lengua estándar, así que la reseñista recurrió audazmente a un vulgarismo masculino (Mataitytė 2007: 28), inaceptable en compañía mixta. No es de extrañar: la afición a la jerga viene de lejos: «Marija Mašiotaitė-Urbšienė relata vívidamente en sus memorias que, en el Kaunas de entreguerras, estaba de moda hablar en una jerga híbrida ruso-lituana, y no entre las clases bajas, sino en el entorno de las más altas esferas del poder» (Sakalavičiūtė 2007: 8–9 398). Es cierto que la lengua lituana se deteriora y se vulgariza: «los fenómenos lingüísticos más vulnerables son los complejos, sutiles y expresivos. Son los primeros que, <...>, no resisten la competencia de construcciones más primitivas y fenómenos más toscos» (Piročkinas 2004¹: 8 4).

El principio de protección estatal de la lengua lituana se aplica, pero no del todo consecuentemente. También intenta surgir una «teoría» alternativa de la lengua, sustentada en el pseudoprincipio se puede corregir mucho, pero... Es decir, corrijamos tanto como se permita, tanto como no provoque resistencia. A la normalización le falta mucha sistematicidad; bastantes decisiones se toman ad hoc. Uno se sorprende —con agrado, pero también con desconfianza— ante la postura del nuevo ministro de Cultura, Remigijus Vilkaitis: «El lituano correcto debe

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dominar en el espacio público, en las instituciones del Estado y en las escuelas» (Vd 2008 48 20). ¿Se cumplirá lo prometido?

Las relaciones de la sociedad con la lengua son un tema muy amplio. Podríamos empezar con una generalización: «Así se forman unas tijeras peculiares: los lingüistas escriben cada vez más sobre la cultura de la lengua y ofrecen cada vez más consejos, mientras que la sociedad los utiliza cada vez menos» (Piročkinas 20042: 9 7). Esta generalización requiere bastantes precisiones: el asunto está estratificado, y no de la manera que debería. Algunos lingüistas escriben solo teorías (bastante compilatorias), sin dar consejo alguno; trabajan con guantes blancos y no se ensucian los dedos con correcciones concretas. La sociedad en general recibe los consejos más bien indirectamente, no a través de los artículos y articulitos de los lingüistas Kalbos kultūroje, Terminologijoje, Gimtojoje kalboje, Gimtajame žodyje, sino por medio de intermediarios: diccionarios, obras de consulta y libros y folletos de consejos lingüísticos. También serían muy importantes aquí las personas que median: los responsables del cuidado de la lengua en los municipios y los editores de libros, medios de comunicación, ministerios, etc. Sin embargo, hay que constatar con horror tanto su insuficiencia como su incapacidad lingüística e incluso su descalificación, negligencia y falta de derechos. Y sin este importante eslabón intermedio, movilizar a la «mayoría indiferente» de la sociedad (Piročkinas 20042: 9 7) no es más que un sueño a ojos abiertos...

Los trabajadores de la lengua lituana en Bruselas también son ciertos intermediarios. La Cancillería del Seimas organizó la conferencia Lietuvių kalba Europos Sąjungos erdvėje (Urnėžiūtė 2008: 12 20–24). Sin embargo, las voces que llegan de ese ámbito y afirman que así la lengua lituana «adquiere oportunidades y se abre al cambio» (Morkus 2008: 7–8 347), puesto que ellos f o r m a n la lengua y el sistema terminológico (Morkus 2008: 7–8 348, 349), también suscitan cierta inquietud.

La conciencia lingüística de la sociedad —más exactamente, de los usuarios de la lengua estándar, o de quienes deberían serlo— y la actividad que se fundamenta en ella son insuficientes. En cambio, abundan la actividad negativa e incluso la agresividad. Pero, ante todo, convendría recordar las inolvidables palabras de Jonas Basanavičius en el Aušra de 1883, en su Priekalba: «<...>: Lituania va desapareciendo poco a poco, porque su lengua desaparece» (Basanavičius 1970: 695). Y no podríamos decir que ahora ya no desaparezca en absoluto. Tampoco habría que olvidar a Jonas Aistis. Defendió ingeniosamente su seudónimo Kossu, pero atacó y ofendió con crudeza a todos los lingüistas; en su madurez reconoció: «no domino bien mi propia lengua» (Aistis 1991: 310), y finalmente expresó una verdad grande, pero terrible: «El lituano no le da importancia a dos cosas: la lengua materna y la historia de su pueblo» (Aistis 1991: 457). Y apenas empieza a ocuparse de ellas, más de uno escribe disparates espantosos.

Esto se hace con la mayor ligereza cuando detrás están quienes, por su estatus, tienen

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que ser los inteligentes occidentales; entonces no hace falta pensar en nada, por ejemplo: «El tok pisin es la lengua oficial de Papúa Nueva Guinea, más conocida como Pidgin English (inglés simplificado, jerga). En ella se mezclan elementos del inglés, el alemán y el portugués con los de 720 lenguas completamente distintas habladas por los habitantes originarios de la isla. Basándose en la evolución libre de esta lengua, no regulada por las reglas gramaticales académicas, <...>» (Tok pisin 2003: 37 52). El elogio del pidgin libre parece un reproche a la lengua lituana, constreñida por los lingüistas: una ignorancia bienintencionada, según V. Bielinskis. ¿Y qué importa que quienes se esfuerzan por aprender miren más a fondo?: «<...> los libros vuelven a retroceder, la lengua se empobrece. Incluso los británicos, con su enorme tradición, se quejan de que el lenguaje de su prensa es cada vez más pobre. Y el diario sensacionalista de mayor tirada, The Sun, ha implantado incluso un programa informático especial que vigila que el texto no contenga demasiadas palabras largas, de ocho letras. Si hay demasiadas y muy pocas palabritas de cuatro letras, el ordenador devuelve automáticamente el texto al autor» (Gadeikis 2005: 6 4). A veces, una amarga experiencia permite recobrar el juicio por cuenta propia: «Con los españoles hablamos de trabajo —explican los hombres—, nos entendemos perfectamente. La jerga cinematográfica es internacional, una palabra aquí, otra en otro idioma... Pero cuando <...> intentamos <...> hablar de la vida, se acabó: ya no hay manera. <...>» (Vd 2005 3 57).

Hace tiempo describí a los más jóvenes, que consideran provincianos a los nuevos lituanos, mediante palabras que no pronunciaron, pero que parecían flotar en toda su arrogancia: antes que nosotros hubo el diluvio; bueno, quizá algún Greimas, pero nunca Jablonskis. En el concurso de ensayos para futuros periodistas —aunque ya están empezando— organizado por la Oficina de Información del Parlamento Europeo, el tema que más interés suscitó fue Multilingüismo en la UE: ¿oportunidad o ruptura? (Vd 2008 48 46). Sea, aunque la formulación alternativa parece no dejar lugar a una tercera posibilidad. Pero ¿por qué una publicación que se presenta como revista de calidad, aunque ya va en declive, necesita publicar muestras infantiles de ignorancia bienintencionada, como esta?: «<...> convendría entender que para nuestro pueblo es útil asimilar palabras tomadas de otras lenguas y adaptadas a la nuestra. Es inútil intentar sustituirlas por neologismos lituanos, que a menudo suenan sencillamente absurdos» (Vd 2008 48 47). Sin embargo, esa misma revista señala acertadamente que incluso para los más dotados, y hasta para los políglotas, «la lengua lituana plantea dificultades» y, en concreto, el uso inadecuado de palabras internacionales (Laurinėnaitė 2008: 15 49, 50). ¿No será porque el prestigio de la lengua lituana es bajo y, además, se la denigra junto con la nacionalidad y el patriotismo? Y a los lingüistas a veces los vapulean sin piedad. Así, la periodista Renata Baltrušaitytė se burla con fruición de cómo Vytautas Petkevičius «explicó al enemigo a los especialistas» en su kodėlčiukas y de cómo «los oráculos de la morfología lituana» no resistieron (Vd 2008 51 52). D. Crystal

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La traducción del libro Kalbos mirtis no le sugiere a Dalia Zabielaitė ninguna relación con la desaparición o el deterioro de la lengua lituana, sino únicamente una oposición hostil: «verá un campo más amplio de problemas lingüísticos que aquel al que confina el purismo doctrinario y estrecho de los lingüistas» (NŽA 2005 10 502).

La crítica aporreadora de los lingüistas en Naujojo židinio–Aidų se teoriza de manera extraordinariamente extraña en los tediosos artículos de Tomas Daugirdas. Empieza con aparente sensatez: «¿Qué es hoy para nosotros la lengua lituana: un componente de la identidad lituana, uno de los instrumentos que ayudan a intercambiar ideas e información[,] o un medio de controlar el pensamiento y la expresión?» (Daugirdas 2004: 11 535). Después no dice ni una palabra más sobre el componente de la identidad, y habla bastante de «un medio de la relación del ser humano con el mundo y con los demás» y de «un instrumento para proporcionar y recibir información» (Daugirdas 2004: 11 535, 536). Todo el patetismo del artículo se dirige contra un ídolo de la lengua lituana que, sin que se sepa quién ni cómo, supuestamente se intenta crear; contra el hecho de que los lingüistas supuestamente construyen una lengua «como morada de la verdad y expresión de la esencia del mundo», pese a que «el mundo es diverso, tiene diversos sentidos o carece de sentido»; contra la pureza y autenticidad de la lengua lituana que solo existe «en la cabeza» de los lingüistas; contra «normas inventadas de toda índole»; contra los lingüistas que «aspiran a convertirse en guardianes de la prisión de la lengua, donde quedará encarcelada la sociedad lituana contemporánea», porque tras la época soviética «desaparecieron todas las amenazas externas» contra la lengua, y ahora... los lingüistas amenazan a la lengua lituana con «una degeneración aún mayor» y a los lituanos con el destino de quedarse «sin voz» (Daugirdas 2004: 11 535–536). Uno diría que está leyendo una perorata quisquillosa e irresponsable, no «una revista mensual de religión, cultura y vida social»: no hay ni cultura elemental ni amor cristiano al prójimo... Lo peor es que a los lingüistas lituanos se les atribuyen maliciosamente hechos concretos que nunca ocurrieron, por ejemplo: «intentaron prohibir las marcas comerciales de empresas extranjeras» (Daugirdas 2004: 11 536). El autor critica los supuestos equivalentes y calcos creados por los lingüistas (?!), pero el ejemplo resulta grotescamente ofensivo: «Por alguna razón, todavía hoy no llamamos al pedagogo con el equivalente lituano “vaikžiedys”, tan exacto y hermoso [?! – J. K.], propuesto por alguien, aunque recuerda un poco a “vaikžudys”» (Daugirdas 2004: 11 535). ¿Quién lo propuso? ¿Y acaso todo el que propone algo es ya lingüista?»

Jonas Varnauskas paklausė tiesiai – Ima šokas nuo gimtosios kalbos? (NŽA 2005: 3–4 140–141) ir ar čia taisomas išmaltas „bromininkų kelias“ (Varnauskas 2005: 3–4 140) – be „kontrolės“, be „kalėjimo“, tik vedantis į ištautėjimą.

Pero Tomas Daugirdas no ceja: vuelve a escribir sobre qué hay que hacer para que «la lengua sea un instrumento adecuado y práctico» (Daugirdas 2008: 1–2 8). El autor reflexiona tediosamente sobre el «ratón» de ordenador, que no roe cables y cuyo aspecto recuerda

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lo verdadero, en vez de recordar lo ágil y vivaz que es (el ratoncito, ¡zas!, bajo la escoba). Aquí recuerda también los sustitutos de ratón propuestos por quién sabe quién: rodmuo y sprukelys, así como skreitininkas, propuesto por quién sabe qué lingüistas en lugar de ordenador portátil, y que «el “vielbraukys” propuesto por los lingüistas [¡¿por cuáles?! – J. K.] diría mucho más <...> que “troleibusas” (Daugirdas 2008: 1–2 8). Escribió y se desdijo; ahora escribe de oídas... Y siempre se le aparecen ídolos: ya sea de la lengua, ya del patriotismo (Daugirdas 2005: 3–4 121–122).

Escribe y escribe, y acaba convirtiendo al lingüista en un coco. Entonces la periodista R. Baltrušaitytė media: enumera estereotipos: 1) la amenaza para el lituano es ahora mayor que en la época soviética; 2) quienes más estropean la lengua son los jóvenes y la jerga; 3) el lingüista es un coco (Baltrušaitytė 2004: 7 46). Sienta al culturólogo (y periodista), al escritor (y jurista), y frente a ellos a dos lingüistas, para que se refuten esos estereotipos; para que los primeros acusen a todos los lingüistas y las segundas no los defiendan, sino que se justifiquen: no, nosotras dos no; quizá hace mucho una de nosotras fue una «pupkininkė» negra, pero ambas «destruyeron el m i t o de los normativizadores de la lengua, que i m p i d e n una elección e s t r i c t a» (Baltrušaitytė 2004: 7 46). Un cuadro triste el de todos: para uno, lo incorrecto no importa; solo hace falta expresividad —de los pueblos pequeños y de la jerga—; para él, marketingas, y no rinkodara; en cuanto a esta última, él mismo usaría... errores gramaticales (Savukynas 2004: 7 46, 47, 48). Otro, que lee la prensa rusa, como si fuera un gran especialista, sigue creyendo que «ellos temen mucho menos toda clase de extranjerismos»; de ahí que «no se arme una tragedia, muchas cosas se legalicen sin más» y que «allí se entiende que la lengua es, ante todo, un medio de comunicación» y que «en la jerga nacen expresiones lituanas bonitas» (Puklevičius 2004: 7 46). Para una lingüista, los culpables son los lingüistas de la época soviética, que «a un par de generaciones les quitaron las ganas de hablar lituano» [¡¡?? – J. K.]; y «la jerga no está mal, solo hay que dejar que se cree»: išdūrė es «una palabra totalmente admisible en ese contexto [¡para el primer ministro!]» [Savukynas elogia: «las altas esferas de los lingüistas [es decir, los funcionarios lingüísticos] ya son tolerantes» 47]; bambalis, «oído hace t r e s años en Ž e m a i t i j a», ya es «una unidad de la lengua e s t á n d a r» (Smetonienė 2004: 7 47, 48); solo que Savukynas no lo encuentra «al abrir los diccionarios», aunque ninguno se acerca al LKŽ, donde desde h a c e m u c h o existe el bambalis de los žemaičiai del norte: 1. «recipiente para leche, <...>, bidón»; 2. «recipiente para queroseno». Y solo una lingüista interviene: «A la sociedad ya no le interesa el proceso de creación de la lengua»; «la lengua es pobre en palabras también porque los jóvenes no leen»; «siempre contradiré a quienes dicen que el lituano no está adaptado al mundo moderno y que ya no permite comunicarse»; «solo nosotros mismos podemos matar nuestra lengua, nadie más» (Vaišnienė 2004: 7 46, 48). ¿Será ella ya una especie de coco?..

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Ir mokinys, pasak Smetonienės, ne prieš šimtą metų sukurtas (Okmanas 2004: 8 40), o vartotas jau ir K. Sirvydo, Krauzės žodyne, ir A. Juškos dainose (Drotvinas 2001: 113, 114, 115).

Desde hace mucho, a los lingüistas y, en general, a la comunidad académica los corroe un cáncer extralingüístico. Ellos callan y habla un colega polaco: «Sentados en una cafetería, los lingüistas lituanos son capaces de señalar muchos de los males de esta ciencia en el país, pero nada de ello se convierte en un debate de importancia pública en la prensa. Así pues, vivimos como en dos sistemas: uno privado y otro oficial. Esto no es bueno para la ciencia. <...>. <...>. Solo se puede llegar a esta conclusión: al expresar abiertamente su opinión, una persona siente que arriesga su carrera científica. – – – Esto es una especie de corrupción y hay que decir la verdad al respecto» (Smoczyński 2008: 13 5). No hacen falta comentarios; hacen falta acciones.

También hay cierto optimismo, incluso logros. Los lingüistas lituanos y, en general, quienes trabajan en humanidades y ciencias sociales se atreven a desafiar la globalización anticultural y vencen. Mencionaré dos logros. Gracias a grandes esfuerzos y tras largas batallas, se impone una verdad evidente: la lengua principal internacional (y la única interna) de los estudios lituanos es el lituano. Por eso ya no es necesario publicar obligatoriamente en inglés los trabajos de investigación sobre estudios lituanos destinados ante todo a la sociedad de Lituania. La base de datos internacional de estos estudios, Lituanistika, se prepara en lituano y, para los resúmenes, en inglés (el proyecto lo llevan a cabo dos mujeres, Ingė Lukšaitė y Danguolė Mikulėnienė; me complace que mis anticipos morales a favor del sexo cada vez más fuerte hayan dado, al menos en este caso, excelentes frutos). Este es también el lugar para recordar: «La nación está en manos de las madres» (Aistis 1991: 160).

A veces hay que alegrarse de que se pueda aprender qué es una norma de alguien que no es lingüista: «<...>, sin darse cuenta podemos correr el peligro de tomar un hecho estadístico como punto de partida para definir la norma: <...>», aunque «la norma humana se basa en lo que es bueno para el ser humano, en lo que procede de su naturaleza, de la que dan cuenta mucho más fiable no los datos estadísticos, sino la antropología» (Laumenskaitė 2007: 11–12 550).

El número de lingüistas terminólogos es desproporcionadamente reducido. Es inevitable abarcar todas las áreas. En la lingüística contemporánea, los terminólogos deberían constituir una décima parte. Pero se publica la revista científica Terminologija (han aparecido 14 números); desde el número XIII, es internacional (trilingüe). Se organizan conferencias internacionales. No obstante, se aprecia un avance cuantitativo. Se ha acumulado cierto bagaje de experiencia. Crece una nueva generación.

Se lleva a cabo una gran labor terminológica, con el apoyo de la Comisión Estatal de la Lengua Lituana y del Centro de Terminología.

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La lengua lituana y la sociedad letrada, la lingüística y la terminología, en una nueva expedición, al detenerse en las encrucijadas, quizá se acercan a una media ceguera que pueda satisfacer a lingüistas y sociedad. Solo hay que vencer la naturaleza que «dotó a los mortales, sobre todo a los más inteligentes, de la inclinación a desdeñar lo propio y apreciar lo ajeno» (Erazmas 1963: 45).

CONCLUSIONES

1. Las cuestiones relativas al uso, el cambio, el futuro e incluso el destino de las lenguas suelen vincularse con la globalización de manera muy directa, recurriendo una y otra vez a otra palabra cada vez más frecuente (de Arnold Toynbee): desafíos. Las respuestas no son tan sonoras y, a menudo, ni siquiera se procura comprender qué es esa globalización. Su génesis y su aparato conceptual permiten distinguir también la globalización cultural y, dentro de ella, la globalización de las lenguas, es decir, las tendencias globales en el uso de las lenguas. Se distingue asimismo el globalismo —la ideología de la globalización o una teoría de la política internacional planetaria— y el antiglobalismo, al que por ahora le falta una base teórica más clara y positiva, mientras abundan demasiado las acciones de protesta agresivas e incluso terroristas. Así pues, la globalización constituye un factor amenazante bastante directo solo para el uso de las lenguas; para el funcionamiento y el empleo de la lengua, es un contexto desfavorable.

2. Concentrar toda la atención únicamente en el efecto de una globalización indefinida es muy erróneo, no solo por su carácter unilateral, sino también porque se olvidan o se silencian otros factores más importantes y concretos. Ha habido y sigue habiendo muchos. Tras el telón de acero prosperaron con ímpetu fenómenos nocivos del siglo XX, que también deben distinguirse tanto como contexto irracional desfavorable para la lengua en general y para el funcionamiento de lenguas concretas, sobre todo las minoritarias, como entre los factores directos: la sociedad de consumo y de masas, la civilización de usar y tirar, el marketing, la publicidad, la propaganda, los medios de comunicación y, en particular, la comercialización de la televisión, la cultura de masas, la cultura de los tres minutos, la moda, la fabricación de estrellas y también la americanización de la cultura (música pop, películas de Hollywood, westerns, series, thrillers, telenovelas,...). El denominador común de estos fenómenos es la simplificación del ser humano y de la vida; concretamente, también, el lenguaje de madera. Tras haber sido duramente atacados por la propaganda soviética antiestadounidense y evaluados de manera algo más científica en el discurso filosófico lituano, una vez caído el telón de acero estos fenómenos irrumpieron en Lituania con gran ímpetu; para una sociedad espiritualmente empobrecida, todo lo que venía de Occidente, lamentablemente, parecía bueno. De Occidente nos llegaron también verdades, casi medio siglo antiguas, sobre nuestra propia vida en el imperio del mal: la neolengua, la policía del pensamiento, el doblepensar, el sometimiento de la mente. Llegaron, pero no surtieron el efecto debido. La desintegración del imperio del mal, la recuperación de la independencia de Lituania-

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La creación y la conversión del lituano en lengua oficial, el renacimiento nacional, la democratización de la sociedad y la formación de una sociedad civil, la integración europea y transatlántica de Lituania, así como una anglicización excesiva, aunque no oficial, y también la informatización e internetización, son ahora factores muy concretos cuya importancia para la identidad y la autoconciencia de la nación, su cultura y su lengua lleva ya 20 años siendo notable y seguirá siendo decisiva y de alcance epocal durante mucho tiempo.

3. Cada lengua es étnica o nacional: materna. Nuestra lengua materna, el lituano, en las condiciones de varios siglos de bilingüismo subordinado ininterrumpido, mantuvo muchísimos contactos con el polaco: este había inundado literalmente todo el territorio de la lengua lituana. Solo se han eliminado algunos de sus efectos; la gran mayoría (y parte del territorio) constituyen pérdidas irreversibles, aunque esos contactos hace tiempo que casi han cesado. Durante dos siglos, el ruso realizó una labor destructiva semejante en el territorio de la lengua lituana. Ahora ha comenzado la época de los contactos con el inglés: no se pierde el territorio lingüístico, pero sí parte de los hablantes del lituano. Por ello conviene conocer estas lenguas imperiales y coloniales, así como internacionales (y como linguae francae), desde dentro: cómo las entienden y valoran los propios rusos e ingleses. Es importante no olvidar que la esencia de linguae francae consiste únicamente en cumplir la función comunicativa. Eso no basta para que una lengua nacional viva y perdure; precisamente, puede hacer que muera. El lituano tiene una hermana muerta: el prusiano; el territorio de la propia lengua lituana se ha erosionado tanto por el oeste como por el sudeste y ni siquiera es continuo dentro de las fronteras estatales. Los hablantes de lenguas mayoritarias pueden debatir teóricamente si la lengua es o no un rasgo obligatorio de la identidad nacional y de la condición de Estado. El lituano solo puede hablar aquí de excepciones afortunadas o desafortunadas (¡para sí mismo!). Solo está garantizado el antiguo orden casi universal: únicamente la lengua nacional oficial está segura; o bien: un Estado es su propia lengua. Aunque el mundo sea bilingüe (también, en su mayor parte, solo por la función comunicativa), el bilingüismo es propio no de las lenguas grandes, sino de las pequeñas, y es subordinado; por tanto, no está exento de peligros.

4. En la teoría de la lingüística lituana, la función de medio de comunicación ya no se considera ni la única ni siquiera la principal, y S. Karaliūnas distingue también la función étnica de la lengua. Sin embargo, toda clase de periodistas, especialistas en cultura y gente provinciana de mentalidad anacrónica (antes de nosotros, el diluvio) hablan sin fundamento de la lengua solo como medio de comunicación, exigen una evolución lingüística sin restricciones, defienden posturas anticodificadoras, los derechos y las virtudes de la jerga y otras formas semejantes de ignorancia bienintencionada, arremeten contra los lingüistas y los convierten en un ogro. También influyen en algunos lingüistas, pues faltan la solidaridad y la cultura más elementales. Aun así, los lingüistas lituanos se atreven a desafiar la globalización anticultural y a veces vencen. El número de lingüistas terminólogos es desproporcionadamente reducido. Pero se publica

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revista científica Terminologija (internacional a partir del n.º XIII). El principio de tutela estatal de la lengua lituana se aplica, aunque no de manera totalmente coherente.

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THE LITHUANIAN LANGUAGE AND SOCIETY: GENERAL AND TERMINOLOGICAL ASPECTS

Questions of the usage of languages, their changes, their future and even their fate are often very directly linked with globalization. Another word frequently used is challenges (by Arnold Toynbee). Answers are not so loud and often there are no attempts made to understand what globalization is. Its genesis and concepts allows us to separate cultural globalization and within it – globalization of languages, i.e. global tendencies of the usage of languages. Also globalism – an ideology of globalization or a theory of global international politics – stands out together with anti-globalism, which at least for now has a confused and negative theoretical background and is associated with too many aggressive actions of protest and even terror. Thus globalization is a rather direct threatening factor for the usage of languages and an unfavourable background for the functioning and usage of the language.

Concentration of everybody’s full attention only on the impact of undefined glo-

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balization is wrong not only because of its one-sidedness, but also because other more important and specific factors are forgotten or hushed up and they are and were abundant. On the other side of the iron curtain the ugly phenomena of the 20th century were flourishing, directly impacting upon as well as causing a negative background for the functioning of language in general and small languages in particular. Such phenomena include consumer and mass society, disposable civilization, marketing, advertising, agitation, mass media and especially commercialisation of television, mass culture, three minute culture, fashion, creation of stars, Americanization of culture (pop music, Hollywood films, westerns, TV serials, soap operas,...). In general terms a common denominator of these phenomena is their tendency to make a man and a life primitive, specifically the creation of a wooden language. These phenomena, strongly attacked by soviet anti-American propaganda and to some extent evaluated in Lithuanian philosophical discourse after the fall of the iron curtain swept into Lithuania, to the weary spirit of which everything coming from the West seemed to be good. At the same time fifty year old truths about our own life in the evil empire – new language, thought police, double think, enslavement of the mind – reached us from the West as well. These truths reached us, but did not have the right impact on us. Together with such things as the disintegration of the evil empire, restoration of the independence of Lithuania, status of the Lithuanian language as a state language, national rebirth, democratisation of the society and the creation of a civil society, European and transatlantic integration of Lithuania, came unofficial Anglization, computerization and internetization which are now very specific factors, the importance of which to national identity and self-awareness, culture and language has been considerable for twenty years and will remain crucial and epochal for a long time.

Every language is ethnic or national – native. Our native language – Lithuanian – for a few centuries under the conditions of continuous subordinate bilingualism had very many contacts with the Polish language – the whole area of the Lithuanian language was flooded with it. Only a few consequences have been eliminated, and although contacts with Polish have for some time been almost broken, the majority of losses are, like loss of national territory, irreversible. For two centuries a similar destructive work in the Lithuanian language area was done by the Russian language. Now a new era of contacts with the English language has arrived – territory is not being lost, but a part of the Lithuanian language speakers are. Therefore it is useful to get acquainted with these imperial, colonial as well as international languages (and linguae francae) from inside – how they are perceived and judged by Russians and English themselves. It is important to remember that the essence of linguae francae is only the performance of the communicative function. This is not enough for the national language to live and survive – it could cause death. The Lithuanian language has a dead sister – the Prussian language. The area of the Lithuanian language has crumbled away in the west and in the south-east and it is not even continuous within the state borders. Speakers of a big language can have a theoretical discussion if the language is or is not an obligatory element of nationality and statehood. A Lithuanian can speak here only about lucky or unlucky (for himself!) exceptions. Only the old nearly universal order provides guarantees: only a national state language is safe or: a state is its own language. Although the world is

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bilingual (mostly in that communicative function), bilingualism is a characteristic not of big, but of small languages and it implies subordination, thus some dangers. In the theory of Lithuanian linguistics, the communicative function is considered to be neither the only, nor the main one. Simas Karaliūnas separates the ethnic function as well. Various journalists, specialists of culture and other provincials of the time (avant nous, le Déluge) are talking only about the means of communication, demanding unrestricted development of the language, declaring anticodification attitudes, rights and validity of jargon and similar good willed ignorance and demonising linguists. They defeat some linguists because of the lack of solidarity and culture of the latter. Lithuanian linguists dare to challenge anti-cultural globalization and sometimes win. The force of terminologists is small, but they publish the scientific (international from the 13th issue) magazine Terminologija (Terminology). The principle of state protection of the Lithuanian language is being implemented although not consistently.

Gauta 2008-12-15

Jonas Klimavičius Lietuvių kalbos institutas P. Vileišio g. 5, LT-10308 Vilnius E. paštas: [email protected]

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