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GRAMATINĖS KATEGORIJOS IR JŲ RAIDA

LIETUVIŲ KALBOTYROS KLAUSIMAI XVIII (1978)

N. SLIŽIENĖ

SOBRE LA VALENCIA DE LOS VERBOS

Entre todas las partes de la oración, el verbo destaca especialmente por sus propiedades combinatorias. Por ello, en los últimos tiempos muchos lingüistas lo consideran el centro de la oración, que organiza las demás palabras de esta. B. Abramov, tras dividir todas las potencialidades de combinación de palabras en centrípetas, que indican la dependencia de una palabra respecto de otra, y centrífugas, que indican el predominio de una palabra sobre otra, señaló que el verbo es el único que posee en la oración solo potencialidades centrífugas (Абрамов 1966). Esta capacidad del verbo de atraer otras palabras se denomina cada vez más a menudo valencia verbal, aunque los lingüistas todavía no han llegado a un acuerdo sobre la esencia y el alcance de este fenómeno. En este artículo intentaremos describir a grandes rasgos las principales concepciones de quienes investigan la valencia y exponer nuestro punto de vista al respecto. Se prestará especial atención a los estudios sobre la valencia de los verbos.

1. HISTORIA DE LOS ESTUDIOS SOBRE LA VALENCIA

El término valencia procede de la química y se aplicó para denominar ciertas potencialidades combinatorias de las palabras. En lingüística, el primero en emplearlo fue L. Tesnière, uno de los creadores más destacados de la teoría de la valencia (1934; 1953; 1959). L. Tesnière habló únicamente de la valencia del verbo como centro de la oración. Comparó el grupo verbal con una pequeña obra dramática en la que se pueden distinguir un proceso, actores y ciertas circunstancias. En el plano de la sintaxis estructural, estos son el verbo, los participantes en la acción (actants) y las circunstancias (circonstants) (Tesnière 1959: 102—29). Los actantes participan en la acción con independencia de su grado de actividad; por ejemplo, en la oración Alfredas duoda knygą Šarliui, además de Alfredas, también son participantes en la acción Šarlis y el libro. El número de actantes es limitado. L. Tesnière comparó la capacidad del verbo de admitir cierto número de actantes con la valencia del átomo y también la llamó valencia. Según el número de actantes, dividió todos los verbos en avalentes (sin actantes), monovalentes (con un actante), bivalentes (con dos actantes) y trivalentes (con tres actantes) (Tesnière 1959: 238—82). L. Tesnière consideraba actantes únicamente los sustantivos o sus equivalentes y, además, solo tres de sus casos: el nominativo del sujeto y los acusativo y dativo del objeto. Todo lo demás eran para él circunstancias (circonstants), cuyo número supuestamente era ilimitado y que se expresaban mediante adverbios o sus equivalentes. L. Tesnière no tuvo en cuenta que aquellas llamadas circunstancias también son a veces necesarias para el verbo, y no las consideró al clasificar los verbos.

Hoy la valencia se entiende en un sentido mucho más amplio. Se habla no solo de la valencia del verbo, sino también de la del sustantivo, el adjetivo y el adverbio (Sommerfeldt 1971; Sommerfeldt — Schreiber 1974; 1975; Bondzio 1971: 90—1). En la lingüística soviética se distingue entre valencia externa e interna; esta última se establece en el nivel de las partes de la palabra (Степанова 1973: 31—61). Sin embargo, tanto los soviéticos,

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como los lingüistas extranjeros dedican la mayor atención a la valencia del verbo, pues esta tiene una importancia decisiva para la estructura de la oración. Los lingüistas alemanes han realizado una labor especialmente importante en este campo1. En los últimos tiempos también ha comenzado a estudiarse la valencia de los verbos lituanos (Енюшене 1970; Geniušienė 1971).

Aunque se ha escrito mucho sobre la valencia de los verbos, hasta ahora no existe un consenso sobre qué debe entenderse por ella, cuáles son sus límites ni a qué nivel pertenece; en tales circunstancias, tampoco cabe hablar de una definición única aceptada por todos.

1.1. Sobre la comprensión del alcance de la valencia

1.1.1. Algunos lingüistas tienden a considerar valencia las relaciones gramaticales del verbo con todas las palabras que dependen de él, es decir, lo que también se denomina capacidad combinatoria del verbo («сочетательная способность», «Fügungspotenz»). Por ejemplo, S. Kacnelson, el primero que empleó el término valencia en la lingüística soviética, definió este fenómeno en general como «la propiedad de las palabras de realizarse de cierta manera en la oración y de entrar en determinadas combinaciones con otras palabras» (Кацнельсон 1948: 132)2. Entendida así, la valencia abarca no solo las relaciones con el sujeto y el objeto, sino también todas las relaciones adverbiales del verbo con otras palabras. Tal cantidad de conexiones no puede ser pertinente para la clasificación sintáctica de los verbos. Por ejemplo, muchos complementos circunstanciales pueden acompañar a casi cualquier verbo (ayer caminó, comió, pensó, llovió, plantó, trabajó, etc.)3.

Al entender la valencia en este sentido amplio, los verbos suelen clasificarse únicamente según la denominada valencia necesaria u obligatoria. Se consideran valencia necesaria solo aquellas relaciones del verbo con otras palabras cuya realización basta para que la oración sea gramatical. Todas las demás relaciones potenciales del verbo se consideran valencia facultativa.

Sin embargo, los límites entre la valencia necesaria y la facultativa suelen ser poco claros, porque al distinguirlas se identifican dos criterios que no coinciden del todo. Se dice que el propio verbo determina su entorno necesario, que este viene exigido por la semántica verbal, mientras que el entorno facultativo es solo potencial (Почепцов 1969: 66–9; Pocheptsov 1970: 867; Geniušienė 1971: 8). Por otra parte, se afirma que la valencia necesaria siempre se realiza en la oración, que el entorno necesario del verbo constituye el mínimo obligatorio de la oración verbal y que, si se omite alguna forma requerida, toda la construcción sintáctica queda incompleta; en cambio, los elementos facultativos son irregulares, pueden aparecer con casi cualquier verbo y, sin ellos, la construcción sintáctica no pierde ni su plenitud semántica ni la estructural (Адмони 1958: 113; Почепцов 1969: 69; Geniušienė 1971: 9; Лейкина 1961: 11; Болдырева 1970: 20; Иванчикова 1965: 85–6). En realidad, el entorno sintáctico determinado por el significado del verbo no siempre se realiza por completo; algunos de sus elementos pueden quedar sin realizarse, sin que ello perjudique el sentido ni la estructura de la construcción. Por ejemplo, muy a menudo la construcción sintáctica carece de un instrumental con significado instrumental, por lo que incluso se lo considera facultativo (Geniušienė 1971: 12). Pero este es determinado por el significado de ciertos

1 Los lingüistas de la RDA fueron los primeros en preparar y publicar un diccionario de valencia de los verbos alemanes (Helbig–Schenkel 1969). En 1973 apareció la segunda edición de este diccionario, ampliada y mejorada, que se reeditó en 1975 (Helbig–Schenkel 1973; 1975). Además, prepararon una publicación dedicada específicamente a las cuestiones de la valencia; véase: Beiträge zur Valenztheorie. Halle (Saale), 1971.

2 E. Geniušienė definió la valencia de manera similar: «La valencia del verbo es su capacidad para combinarse con sustantivos, adjetivos y otras partes de la oración» (Geniušienė 1971: 8).

3 «La fuerza diagnóstica de las posiciones circunstanciales es escasa y, en muchos casos, prácticamente nula. Estas posiciones pueden formar parte de la fórmula distribucional de verbos de las clases más diversas», escribe J. Fomenka (Фоменко 1975: 6). Por otra parte: «De todo el entorno del verbo, solo son pertinentes los miembros que constituyen la distribución necesaria del verbo, especialmente aquellos cuya presencia en la oración viene exigida por la semántica verbal» (Pocheptsov 1970: 867).

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el significado de ciertos verbos (araba con el tractor, trabajó con un cuchillo, golpeó con un palo, etc.). Además, en estos casos el instrumental tiene a veces importancia para la clasificación sintáctica de los verbos. Por ejemplo, en la oración (1), aunque puede omitirse, indica un significado y un uso sintáctico distintos del verbo blaškyti que en la oración (2), donde no es necesario.

(1) La cola del zorro espanta a las moscas. (2) La chica sacude (limpia de polvo) los sacos enharinados.

También las construcciones preposicionales de las oraciones (3) y (4) podrían omitirse, y las oraciones seguirían siendo gramaticales; sin embargo, las determina el significado del verbo, y hasta señalan distintos significados del verbo džiauti:

(3) La madre tendía la ropa en la cuerda. (4) Ella les sacaba a la gente dinero, ropa y otros objetos.

Veiksmažodžio susiginčyti būtinaisiais determinantais E. Geniušenė (1971: 13) laiko tik vardininką ir konstrukciją dėl + kilmininkas, bet juk šio veiksmažodžio reikšmė suponuoja ir kontrაგენტo reikšmės realizaciją, pavyzdžiui, su + įnagininkas (susiginčijo — kas? su kuo? dėl ko?). Taip pat ir veiksmažodis pasakoti determinuoja ne tik agento vardininką ir turinio reikšmės prielinksninę konstrukciją (apie + galininkas), bet ir adresato naudininką (pasakoja — kas? kam? apie ką?).

Así pues, vemos que el entorno necesario del verbo, establecido teniendo en cuenta su capacidad determinante, y el entorno necesario delimitado sobre la base de su realización sintáctica obligatoria no coinciden. ¿Cómo pueden entonces existir límites claros entre la valencia necesaria y la facultativa?

1.1.2.

Otros lingüistas consideran que la valencia del verbo comprende únicamente aquellas potencialidades de combinación que presupone el significado del verbo y que son pertinentes para la clasificación sintáctica de los verbos. Por ejemplo, G. Helbig, quien probablemente ha escrito más que nadie sobre la valencia verbal, describió este fenómeno como la capacidad (Fähigkeit) del verbo para abrir a su alrededor ciertos «lugares vacíos», que deben ser ocupados por participantes obligatorios o facultativos (Mitspieler) (Helbig – Schenkel 1975: 49). G. Helbig llama indicaciones libres (freie Angaben) a aquellos constituyentes de la oración que se combinan con el verbo, pero no ocupan los «lugares vacíos» que este abre. Por ejemplo, el verbo wohnen «vivir» requiere una indicación de lugar, mientras que sterben «morir» no la requiere; compárese: Er wohnte in Dresden; Er starb in Dresden (Helbig—Schenkel 1975: 38).

G. Helbig determina los participantes valenciales del verbo basándose en la estructura profunda de la oración: en ella hay participantes obligatorios y facultativos, pero no indicaciones libres. Al analizar una oración, distingue los constituyentes que corresponden a los argumentos del predicado lógico: estos son los participantes del verbo. Considera indicaciones libres aquellos constituyentes que pueden tratarse como predicados potenciales independientes. Por ejemplo, G. Helbig descompone la oración Die Kinder badeten an der Spree en Die Kinder badeten y Das Baden war (geschah) an der Spree; por tanto, la indicación de lugar no forma parte de la estructura predicativa del verbo baden como argumento. En cambio, la oración Berlin liegt an der Spree no puede descomponerse de este modo, pues corresponde a un único predicado diádico R (a, b) (Helbig 1971 b: 274).

Para distinguir los participantes obligatorios de los facultativos, G. Helbig recurre a la transformación de eliminación de los componentes (constituyentes) de la estructura superficial de la oración: los participantes facultativos pueden omitirse sin que la oración deje por ello de ser gramatical, mientras que los participantes obligatorios no pueden omitirse.

Los criterios propuestos por G. Helbig son interesantes y dignos de atención; sin embargo, el problema es que resulta difícil aplicar el primero, que requiere una comprensión clara de la estructura profunda. En la lingüística, el concepto de estructura profunda no está todavía, en general, muy claro, y G. Helbig además lo entiende a su manera, como una especie de «nivel sintáctico auxiliar» próximo a la estructura lógica (1971b: 274), que se diferencia de la estructura profunda de la gramática generativa por ser aún más abstracto y universal (1969: 162).

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1.2. Tres niveles de valencia y tres concepciones de los investigadores de la valencia

En la actualidad, es una cuestión pertinente y muy debatida a qué nivel pertenecen las relaciones de valencia. La confusión se debe al fundador de la teoría de la valencia, L. Tesnière, quien dejó este asunto sin aclarar y, además, como señaló W. Bandžio (1971: 88), confundió niveles distintos al identificar los actantes, pertenecientes al nivel semántico-lógico, con los casos-constituyentes, que pertenecen al nivel gramatical.

Hoy esta cuestión suele plantearse así: ¿es la valencia una categoría formal o abstracta, pertenece al nivel de la expresión o al del contenido? (Helbig 1971b: 279; Helbig – Schenkel 1975: 63). Si se trata de una categoría formal, puede estudiarse en cada lengua por separado como un fenómeno específico; si es abstracta, entonces es universal y puede describirse mediante los recursos de la lógica de relaciones.

1.2.1. G. Helbig habla por separado de la valencia lógica, semántica y sintáctica, que se determinan en los niveles correspondientes y reflejan la relación entre la realidad, la conciencia y el lenguaje (Helbig 1971b: 280; Helbig – Schenkel 1975: 65–6). La valencia lógica consiste en circunstancias de la realidad formuladas como estructuras proposicionales, es decir, como predicados con varios lugares vacíos; los verbos suelen considerarse operadores de la proposición y los nombres, argumentos del predicado lógico, pero lo más importante no es esta realización lingüística, sino que se trata de un predicado lógico con cierto número de argumentos. La valencia lógica es extralingüística y, por tanto, universal.

La valencia semántica consiste en que los verbos requieren determinados participantes contextuales con ciertos rasgos distintivos de significado y no pueden tener participantes con otros rasgos de significado. Así pues, G. Helbig considera que la valencia semántica son las restricciones selectivas que regulan la compatibilidad semántica mutua entre el verbo y sus participantes.

G. Helbig entiende la valencia semántica en un sentido más amplio que la lógica y, como veremos más adelante, que la sintáctica. La valencia lógica y la sintáctica abarcan únicamente las relaciones del verbo con sus participantes, mientras que la semántica también incluye las relaciones del verbo con las indicaciones libres; estas, según afirma G. Helbig, «pueden añadirse y suprimirse libremente desde el punto de vista sintáctico, y solo están restringidas por la valencia semántica» (Helbig 1971b: 280).

Otros autores definen la valencia semántica de forma más restringida. Por ejemplo, W. Flämig (1971: 109) la describe así: «La valencia semántica del verbo regula el llenado de los lugares vacíos por clases de participantes semánticamente motivadas; es decir, los verbos requieren participantes —palabras con determinados rasgos distintivos de significado— en función del papel correspondiente en las circunstancias de la realidad: agente, paciente, producto, punto de partida o punto de llegada, lugar... El participante adecuado —la palabra— se selecciona sobre la base de la compatibilidad semántica mutua entre el verbo y sus complementos, que a su vez está motivada por la estructura de las circunstancias de la realidad». Entendida de este modo, la valencia semántica no difiere en extensión de la valencia lógica y sintáctica.

G. Helbig describe la valencia sintáctica como el llenado de lugares vacíos obligatorios o facultativos; el número y la naturaleza de esos lugares son los que exige el verbo en cada lengua en particular.

G. Helbig subraya que esos niveles, aunque están estrechamente relacionados entre sí, no son idénticos ni pueden representarse de forma isomórfica como una sucesión, ya que no todas las relaciones abstractas se realizan de la misma manera en la lengua, por no hablar de su realización en lenguas distintas. Por ejemplo, los verbos helfen «ayudar» y unterstützen «íd.» presuponen la misma relación lógica abstracta, que puede escribirse R (a, b); sin embargo, el argumento b se realiza sintácticamente de manera distinta (helfen requiere dativo, mientras que unterstützen requiere acusativo). Se necesitan reglas especiales de transferencia de un nivel a otro, pero tendrían que ser muy complejas y, por ello, hasta ahora nadie las ha elaborado (Helbig 1969: 167; 1971a: 43; Helbig – Schenkel 1975: 68–9). Por consiguiente, G. Helbig estudia la valencia como un fenómeno formal del nivel de la expresión, propio de cada lengua por separado. Su punto de partida son las relaciones del verbo con

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con otras palabras en la estructura superficial de la oración; sin embargo, sigue buscando el criterio para determinar la valencia en la estructura profunda (Helbig 1971b: 273—4).

1.2.2. W. Bondzio y W. Flämig abordan esta cuestión desde una perspectiva completamente distinta. Consideran que el punto de partida es el significado actual de la palabra y sitúan el fundamento de la valencia en el nivel lógico (Bondzio 1969; 1971: 88—95; Flämig 1971: 107—11). El papel constructivo del verbo en la oración corresponde al papel del predicado lógico en la función proposicional, que consta de un predicado lógico y sus espacios libres; por ejemplo: x duerme, x vence a y. Las funciones proposicionales fijan circunstancias de la realidad reflejadas en la conciencia como estructuras del pensamiento. Desde el punto de vista lógico, las circunstancias de la realidad son individuos y sus características (propiedades o relaciones). De la función proposicional se desprende si se refleja una propiedad de un individuo, por ejemplo, P(x), es decir, x posee la propiedad P (El oro brilla), o una relación entre individuos, por ejemplo, R (x, y), es decir, x mantiene la relación R con y (Pedro busca a Pablo). En el primer caso, el predicado es monádico; en el segundo, diádico. La relación lógica en la estructura de la proposición corresponde a la relación semántica en la estructura de la oración. Por tanto, las estructuras proposicionales son construcciones auxiliares intermedias que ayudan a vincular la oración con las circunstancias de la realidad reflejadas en la conciencia, aunque ambos sistemas no se corresponden de manera unívoca ni pueden derivarse el uno del otro.

W. Flämigas (1971: 110) savo valentingumo koncepciją atvaizdavo trijų lygmenų schema. Sąmonėje atsispindėjusių tikrovės aplinkybių pagrindu susidaro loginės (minties) struktūros, kurias reprezentuoja predikatas ir jo argumentai. Toliau eina semantinės struktūros. Jas reprezentuoja žodžių žymima tarpusavio derinimo santykiai, atsižvelgiant į tam tikrus vaidmenis tikrovės aplinkybėse. Trečiasis lygmuo — sintaksinės struktūros, kurias reprezentuoja hierarchiniai santykiai tarp sakinio konstituentų. Loginės struktūros priklauso abstrakčiam nekalbiniam lygmeniui, o semantinės ir sintaksinės struktūros — konkretiems kalbos lygmenims.

Las estructuras abstractas de relaciones en el nivel lógico constituyen el fundamento de la valencia de las palabras. El número de espacios libres depende del contenido abstracto del predicado; cuando se habla de la valencia verbal, depende del contenido del verbo. En palabras de W. Bondzio, «tener valencia» significa, ante todo, que una expresión lingüística, por su contenido abstracto, tiene espacios libres en el sentido de la lógica de las relaciones (1969: 234—5). Por tanto, el punto de partida debe ser el significado actual de la palabra; la valencia es una propiedad del significado y, como tal, es característica no solo de los verbos, sino también de otras clases de palabras (cf. asimismo Bondzio 1971: 89). De forma similar, K. E. Sommerfeldt y H. Schreiber (1974: 15) definen la valencia como la capacidad de una palabra, derivada de su significado, para combinarse con otras palabras.

Si se consideran las estructuras lógicas como fundamento de la valencia, surge naturalmente la cuestión de cómo pasar del nivel lógico abstracto al nivel lingüístico concreto. El propio W. Flämig (1971: 111) señaló que los modelos hipotéticos de valencia no siempre coinciden con las estructuras concretas de las oraciones. Al parecer, algunos modelos pueden reducirse. W. Flämig explica este fenómeno, basándose en Ch. F. Hockett, de la siguiente manera. La valencia de un morfema puede quedar insatisfecha y, en ese caso, se extiende también al contexto situacional («… daß dann das Morphem seine Valenz in den Situationskontext erstrecke»). En las oraciones concretas, los espacios libres no ocupados se entienden como economía contextual: se considera que los constituyentes son conocidos y que están presupuestos en todo el contexto. El número de espacios libres, como fenómeno del nivel lógico, no depende de que en el nivel superficial se llenen o no con palabras concretas, pues en cada caso las estructuras completas representan los modelos abstractos de valencia. Cuando estos no se corresponden con la realización lingüística, según Flämig cabe hablar de su reducción facultativa, pero no de llenadores facultativos de los espacios libres ni de valencia facultativa. Esta concepción se deriva de una comprensión puramente lógica de la valencia.

Kalbėdamas apie abstrakčių valentingumo modelių realizavimą, W. Bondzio (1969: 236—9; 1971: 95—100) siūlo lyg ir tam tikras perėjimo iš vieno lygmens į kitą taisykles, tačiau reikia sutikti su G. Helbigu, kad jos šiam reikalui toli gražu nėra pakankamos. Užpildant laisvas vietas, neužtenka žinoti žodžio — valentingumo

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del portador y su forma gramatical. W. Bondzio también subraya la necesidad de tener en cuenta la posibilidad de variantes de realización cuando una misma estructura abstracta de relaciones corresponde no a una, sino, digamos, a dos realizaciones lingüísticas; sin embargo, no está claro cómo preverlo basándose en el nivel lógico. Es cierto que en un pasaje W. Bondzio señaló que los resultados del análisis del significado pueden compararse con el uso lingüístico, o que el análisis de los espacios libres puede partir del uso lingüístico para determinar qué constituyentes ocupan esos espacios (Bondzio 1969: 238); no obstante, no desarrolló ni concretó ulteriormente estas ideas.

1.2.3. La concepción de la valencia de J. Apresian también es cercana a las ideas de W. Bondzio y W. Flämig, aunque su enfoque es más semántico4. Su atención se centra en el significado de la palabra y en las valencias semánticas que de él se derivan, gracias a las cuales puede incorporar palabras sintácticamente dependientes (Апресян 1974: 119 ss.). El número de valencias semánticas de una palabra coincide con el número de participantes en la situación que esta designa. Al analizar la situación, J. Apresian emplea recursos de la lógica y la representa como un predicado complejo. Descompone los predicados complejos en otros más simples y determina entonces el número total de valencias de esos predicados. Por ejemplo, el autor describe así la situación designada por el verbo сообщать: una persona A causa que una persona B conozca un hecho C. El predicado сообщать se descompone en dos predicados diádicos más simples, causar y conocer, que comparten la valencia B. Por tanto, hay tres valencias y сообщать es un verbo triádico (1974: 122)5. Esta determinación del número de valencias está bien fundamentada semánticamente, pero hay que señalar que resulta sumamente difícil describir semánticamente la situación designada por cada palabra (por ejemplo, cada verbo) y descomponer el predicado complejo que le corresponde. Quizá esto llegue a ser posible cuando la investigación semántica alcance el nivel adecuado.

Al analizar la situación designada por una palabra, J. Apresian determina no solo el número de sus valencias semánticas, sino también su naturaleza (significados de sujeto, objeto, destinatario, contrapaciente, instrumento, etc.). Con estos datos, elabora un modelo de régimen que refleja las posibilidades de realización morfológica de las valencias. En el modelo de régimen deben registrarse todas las formas posibles de expresión morfológica de cada valencia semántica; por ejemplo, la valencia del significado de contenido (es decir, explicativo) del verbo надеяться puede realizarse mediante una oración subordinada (надеюсь, что успешно окончу университет) o mediante una construcción preposicional (надеюсь на успешное окончание университета) (1974: 143). Las mismas valencias semánticas se realizan de formas aún más variadas en distintas palabras; compárense las realizaciones del instrumento: резать ножом, прыгать с парашютом, стрелять из ружья, курить трубку, проехать через марлю, тереть на терке (1974: 146). Por último, en algunas palabras no se realiza en absoluto alguna de sus valencias semánticas; por ejemplo, el verbo разбинтовать tiene el mismo número de valencias que забинтовать, pero una de ellas queda sin realizar; compárese забинтовать руку марлей, pero разбинтовать руку (1974: 147). Difícilmente se puede prever toda esta variedad de realizaciones morfológicas en un modelo de régimen si se toma como punto de partida el significado de las palabras y las valencias semánticas que de él se derivan, basándose únicamente en el conocimiento de la lengua.

De forma similar a como G. Helbig habla de valencia sintáctica obligatoria y facultativa, J. Apresian (1974: 149 ss.) habla del carácter obligatorio y facultativo de las valencias sintácticas, determinado mediante la eliminación en la oración. Relaciona estos valores de significado con el contenido de las valencias y su expresión morfológica, e indica, por ejemplo, que el sujeto-

4 J. Apresian estudia la valencia solo en la medida en que lo requieren sus estudios semánticos. La valencia le interesa como un medio auxiliar que ayuda a describir semánticamente los significados de las palabras.

5 Panašiai skaidyti žodžių reikšmes siūlo ir W. Bondzio (1971: 92–4). Pavyzdžiui, veiksmažodžio duoti reikšmę jis suskaido šitaip: A daro, kad B turėtų C. Šią išraišką jis užrašo kaip funkcinės struktūrą A daro: B turi C. Tais atvejais, kai objektas atsiranda kaip veiksmo rezultatas funkcinė struktūra yra A daro: B yra (egzistuoja), kai objektas dėl veiksmo poveikio kinta —, A daro: B turi ypatybę e arba A daro: B yra e.

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Las valencias de dirección y de objeto son sintácticamente obligatorias con mayor frecuencia que las de instrumento y lugar, y estas dos, a su vez, con mayor frecuencia que las de causa y tiempo; además, los casos simples aparecen como obligatorios más a menudo que las construcciones preposicionales. Sin embargo, lo más importante es que cualquier valencia puede ser sintácticamente obligatoria para unas palabras y facultativa para otras.

A diferencia de otros investigadores, J. Apresianas habla también de la obligatoriedad y la facultatividad semánticas de las valencias (1974: 124–5). Algunas valencias parecen muy probables, aunque no todas sean semánticamente necesarias; por ejemplo, la valencia de finalidad con verbos de movimiento orientado (eiti valgyti, bėgti pirkinį). Al determinar la estructura valencial de una palabra, se propone tener en cuenta estas valencias y, al mismo tiempo, abordar específicamente su carácter semánticamente facultativo.

1.2.4. De las concepciones examinadas se desprenden tres enfoques de la valencia verbal: sintáctico, lógico y semántico. Para G. Helbig, lo más importante son las relaciones del verbo con otras palabras en el nivel sintáctico, externo. Considera la valencia desde una perspectiva práctica, orientada a definir el entorno de uso de cada verbo; es decir, a indicar con qué clases de palabras y con qué formas se emplea ese verbo en la oración, así como cuáles de sus complementos son obligatorios y cuáles facultativos. Todas estas indicaciones resultan muy útiles para construir modelos de oraciones correctas y, en particular, son de gran ayuda al aprender lenguas extranjeras. G. Helbig no intenta responder a la pregunta de por qué el verbo exige unas formas de palabra y no otras, ni qué determina el número de posiciones libres que tiene; en otras palabras, qué constituye la base de la valencia. Deja esta cuestión de lado, aunque reconoce que en muchos casos existe, no obstante, una relación directa entre la valencia y el significado, y que las relaciones valenciales y distribucionales son, en general, un reflejo de fenómenos semánticos. Por eso no es casual, por ejemplo, que la mayoría de los verbos que expresan dar y comunicar en las lenguas indoeuropeas sean trivalentes, pues su contenido presupone un donante (comunicador), algo que se da (comunica) y un destinatario, y exige semánticamente un agente, un objeto y una finalidad. Por último, las relaciones semánticas pueden hacerse estructuralmente perceptibles y describirse formalmente precisamente a través de las relaciones valenciales y distribucionales (Helbig – Schenkel 1975: 60).

Por otra parte, la estructura profunda de G. Helbig parece, con todo, muy próxima al nivel lógico (si es que no coincide plenamente con él). Así pues, con ciertas reservas se puede afirmar que también él sitúa la base de la valencia en un nivel lógico abstracto y vincula su realización con niveles concretos de la lengua.

J. Apresianas concibe la valencia también desde una perspectiva práctica, pero con otro objetivo: la semántica, no la sintaxis. Puesto que las propiedades valenciales de una palabra se derivan de su significado léxico, conocer el modelo de valencia de una palabra permite describir semánticamente su significado.

A W. Bondzio y W. Flämig les interesa más aquello que constituye la base de la valencia: intentan responder a la pregunta de por qué el verbo (o cualquier otra palabra, pues la valencia no es una característica exclusiva del verbo) tiene cierto número de posiciones libres que deben llenarse con las formas de palabra correspondientes. Sin embargo, al centrarse principalmente en la elaboración de modelos hipotéticos de valencia sobre la base del significado de la palabra, las cuestiones de realización sintáctica quedan, por así decirlo, relegadas a un segundo plano para W. Bondzio y W. Flämig.

Así pues, según las tres concepciones mencionadas (lógica, semántica y sintáctica), la valencia se entiende de manera más o menos similar: tiene el mismo alcance y las mismas condiciones de existencia, pero difieren los enfoques y, por supuesto, también las definiciones.

2. QUÉ ES LA VALENCIA VERBAL Y CUÁLES SON SUS RASGOS CARACTERÍSTICOS

2.1. Al estudiar la valencia verbal, surge ante todo la pregunta de cuál debería ser su alcance: si abarca todas las relaciones posibles del verbo con otras palabras o solo aquellas que presupone el significado del verbo. Ya se había

8. Gramatinės kategorijos ir jų raida

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Se ha señalado que una concepción amplia de la valencia ofrece escasa utilidad práctica (véase 1.1.1.) y, además, carece de una base teórica común. Se mezclan en una sola categoría tanto las potencialidades combinatorias condicionadas por el significado del verbo, que tienen valor subclasificatorio, como la capacidad puramente gramatical del verbo para combinarse con otras palabras y sus formas, característica de los verbos en general (cf. Apresian 1974: 120). La realización de todas las potencialidades del verbo crea el entorno de su uso sintáctico, o distribución, que suele definirse como el conjunto de entornos (contextos) en los que puede aparecer un elemento lingüístico u otro, en contraposición a aquellos entornos en los que no puede aparecer (Axmanova 1966: 137)6.

Por tanto, parece más conveniente, al hablar de la valencia verbal, limitarse únicamente a las potencialidades combinatorias que se derivan del significado del verbo.

2.2. Cada una de las tres concepciones de la valencia mencionadas pone el énfasis en uno de sus aspectos: el lógico, el semántico o el sintáctico. Sin embargo, al absolutizar cualquiera de ellos, se presta una atención insuficiente a los demás. De ahí surge espontáneamente la idea de que la valencia debería estudiarse como un fenómeno pluriestratificado, cuya base se encuentra en un nivel abstracto y cuya realización se produce en niveles lingüísticos concretos7. No se puede hablar aisladamente de la valencia lógica, semántica y sintáctica, pues son distintos aspectos de un mismo fenómeno que forman una unidad dialéctica. Si estudiamos la valencia únicamente como fenómeno sintáctico, no podremos determinar las posiciones libres del verbo ni, por tanto, el número de sus compañeros; si la estudiamos únicamente como fenómeno lógico o semántico, no tendremos una imagen clara de su realización lingüística. Por consiguiente, la valencia debe estudiarse en los tres niveles8.

Puesto que para la valencia son pertinentes no solo el número de argumentos del predicado, sino también sus significados semánticos (agente, paciente, destinatario, instrumento, etc.), parece conveniente hablar de un nivel lógico-semántico abstracto, en el que se establecen el número de posiciones libres del verbo como predicado y su contenido semántico. En el nivel lingüístico semántico concreto se determinan las clases de palabras semánticamente motivadas, o incluso las palabras individuales, que pueden ocupar las posiciones libres del verbo como compañeros. En el nivel lingüístico sintáctico se establece la forma morfológica de los compañeros del verbo; además, solo en este nivel se distinguen los compañeros obligatorios y los facultativos.

3. DETERMINACIÓN DE LA VALENCIA VERBAL

3.1. Dado que la valencia de los verbos comprende únicamente las potencialidades combinatorias derivadas del significado, el punto de partida del investigador debe ser el significado de los verbos. Cada verbo designa una situación en la que participa cierto número de entidades con significados determinados —participantes de la situación o actantes—. Por ejemplo, el verbo cortar, «separar una parte cortando con un objeto afilado», designa una situación en la que necesariamente deben participar tres actantes: quien corta (agente), aquello que se corta (paciente) y aquello con lo que se corta (instrumento). Por consiguiente, esta situación puede representarse como un predicado con tres posiciones libres: R (x, y, z). Esas posiciones deben ser ocupadas por argumentos, uno de los cuales tiene el significado de agente, otro el de paciente y el tercero el de instrumento.

6 G. Helbigas ir W. Schenkels (1975: 50) distribuciją laiko tik veiksmažodžio partnerių morfologine ir semantine charakteristika, t. y. kokybine valentingumo puse, nors čia pat, remdamiesi Z. S. Harrisu, kalbinio elemento distribuciją jie apibūdina kaip sumą visų apsupčių, kuriose jis pasitaiko. Šį prieštaravimą jau yra pastebėjusi M. Stepanova (1973: 19).

7 Plg. Sommerfeldt—Schreiber 1971: 227, kur teigiama, kad loginiu valentingumu grindžiamas sintaksinis ir semantinis valentingumas. Vėliau (1974: 21) autoriai šią mintį kiek modifikavo, sakydami, kad sintaksinis valentingumas yra sukurtas loginio-semantinio valentingumo pagrindu.

8 Panašiai valentingumą interpretuoja W. A. Buchbinderis (1971: 284), kuris sako, kad valentingumas savo esme apima tiek loginį, tiek ir visus tris kalbinius lygmenis. Trys jo skiriami kalbiniai lygmenys – tai gramatinis, leksinis-semantinis ir uzualinis, kuriuo autorius laiko žodžių specifines jungimo taisykles, naudojamas „kalbos jausmo“ pagrindu.

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En el nivel lingüístico concreto, el predicado es un verbo, y los argumentos son palabras o construcciones de determinadas formas cuyo significado corresponde a los significados de agente, paciente e instrumento mencionados y concuerda semánticamente con el significado del verbo. Puesto que en la situación participa un instrumento, el papel de agente lo desempeña una persona; el paciente son los objetos que se pueden cortar, y el papel de instrumento lo desempeñan normalmente un cuchillo, una sierra, una guadaña, ciertas máquinas, etc. Por consiguiente, el verbo cortar tiene tres compañeros —sustantivos (o sus equivalentes) que, usados en las formas correspondientes, uno designa a la persona que realiza la acción y tiene el significado de agente, otro designa el objeto afectado y tiene el significado de paciente, y el tercero designa el objeto con el que se realiza la acción y tiene el significado de instrumento. Basándonos en nuestro conocimiento de la lengua, podemos crear las realizaciones sintácticas correspondientes:

(5) El padre corta el heno (con) una guadaña. (6) Los koljosianos cosechan el grano (con) cosechadoras.

Comprobamos si todos los compañeros del verbo son obligatorios: (5a) El padre corta el heno. (5b) *El padre corta (con) una guadaña. (5c) *El padre corta. (5d) *Corta el heno (con) una guadaña. (6a) Los koljosianos cosechan el grano. (6b) *Los koljosianos cosechan (con) cosechadoras. (6c) *Los koljosianos cosechan. (6d) *Cosecha el grano (con) cosechadoras.

Vemos que el instrumental del sustantivo que designa el instrumento, solo o con la preposición con, puede omitirse sin que las oraciones dejen de ser gramaticales; por consiguiente, este compañero del verbo cortar es facultativo. Si se omite el nominativo del agente o el acusativo del objeto afectado, las oraciones quedan incompletas (solo son posibles en un contexto más amplio, cuando lo omitido ya se ha mencionado o es bien conocido por los interlocutores). En ciertos casos, cuando la oración no contiene el nominativo del agente, las terminaciones verbales indican quién realiza la acción (cf. K. Kolпачский 1965: 173 y ss.), por ejemplo: ¿Cuándo cosecharán el centeno?; Ponte a cosechar, ¿qué haces ahí parado?; Ayer cosechamos el heno hasta el anochecer; Antiguamente cosechaban el centeno con hoces (el agente es genérico).

Por tanto, el modelo sintáctico de valencia del verbo cortar puede representarse en este caso mediante la fórmula SₙVSₐ (Sᵢ / conSᵢ)⁹, donde el compañero facultativo aparece entre paréntesis. El miembro facultativo puede ser el instrumental del sustantivo, o bien el instrumental con la preposición con. El signo / indica la alternancia entre estas formas.

Sin embargo, también son posibles otras realizaciones del verbo cortar, por ejemplo: (7) La cosechadora no solo cosecha el grano, sino que también lo trilla.

Aquí, el nominativo del sustantivo tiene el significado de instrumento, no de agente (es decir, de quien realiza la acción por iniciativa propia); en ese caso, el agente ya no puede realizarse en la oración (cf. Fillmore 1969a), y la valencia del verbo cortar se realiza sintácticamente según el modelo SₙVSₐ. Aquí se manifiestan con especial claridad la interrelación y la dependencia mutua entre la valencia semántica y la sintáctica. La realización sintáctica del verbo depende del significado semántico que tenga el nominativo exigido por este.

Cuando el verbo cortar significa que un objeto puede cortar, es decir, que tiene filo, suele usarse con un solo compañero: el nominativo; sin embargo, el acusativo también es plenamente posible, pues no se puede concebir una situación de corte sin un objeto que se corte (cf. Апресян 1974: 149).

(8) ¿Todavía corta tu guadaña? (9) Esta sierra también corta el roble.

9 En las fórmulas se usan los siguientes símbolos: S — sustantivo (o su equivalente), n — nominativo, g — genitivo, d — dativo, a — acusativo, i — instrumental, loc — locativo, il — ilativo, pSᵣₑc — construcción preposicional con significado de dirección, pSₗₒc — construcción preposicional con significado de lugar, etc.

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El acusativo es aquí un participante facultativo del verbo; por tanto, el modelo sintáctico de valencia del verbo pjauti es en este caso SₙV (Sₐ).

De manera similar, la valencia del verbo papjauti «poder, ser capaz de cortar» se realiza sintácticamente según el modelo SₙV (Sₐ) (Sᵢ / con Sᵢ), en el que son facultativos no solo el acusativo, sino también el instrumental o la construcción preposicional alternante.

(10) Nuestros hijos ya pueden cortar heno.

(11) El abuelo ya no puede cortar con la guadaña.

Al hablar de la realización de la valencia de los verbos, no basta con determinar únicamente su modelo sintáctico. Un mismo modelo puede corresponder, por ejemplo, a dos significados de un verbo. Compárense (5) y (6) con (12) y (13), donde el verbo pjauti significa «matar con un instrumento afilado»:

(12) Mañana la madre sacrificará una oca.

(13) Raugys mata cerdos solo con su propio cuchillo.

Tanto en un caso como en el otro, la valencia del verbo pjauti se realiza según el modelo SₙVSₐ (Sᵢ / con Sᵢ), pero difiere el llenado léxico de la posición Sₐ: en (5) y (6), esta posición está ocupada por palabras que designan objetos inanimados, mientras que en (12) y (13), por palabras que designan seres vivos. El ejemplo (14) difiere de (12) y (13) no solo en que la posición Sₙ contiene una palabra que designa un ser vivo, pero no una persona, sino también en la ausencia consiguiente del participante de significado instrumental: SₙVSₐ.

(14) Los lobos matan ovejas.

Algunos verbos designan una misma situación, pero difieren en sus significados significativos. También difiere su uso sintáctico. Estos verbos forman ciertos pares, pues las acciones que designan se condicionan mutuamente, por ejemplo: dar – tomar, dar – recibir, vender – comprar, asustar – asustarse, enfadar – enfadarse, etc.

(15) El padre le da una manzana al hijo.

(16) El hijo toma una manzana del padre.

(17) El conejito asustó a las ovejas.

(18) Las ovejas se asustaron del conejito.

Tanto en la oración (15) como en la (16) se denota la misma situación, en la que participan el padre, el hijo y la manzana, y en ambos casos el padre da la manzana y el hijo la toma. Sin embargo, expresada mediante los verbos dar y tomar, la situación se interpreta de manera diferente desde el punto de vista significativo (cf. Аппресян 1967: 5 – 6, donde se comparan oraciones como Petras — Ivano tėvas y Ivanas — Petro sūnus). Al usar el verbo dar, se pone en nominativo al actante que da, mientras que con tomar, al actante que toma. Esto constituye precisamente la diferencia significativa entre ambos, que determina los distintos modelos sintácticos de valencia de estos verbos: SₙVSₐSᵢ y SₙVSₐ (de Sₙ)¹⁰. La opcionalidad de la tercera posición en el segundo modelo se observa, por ejemplo, en oraciones como:

(16a) El hijo toma una manzana que es más grande.

(16b) Toma, hijo, coge una manzana.

Entre los verbos de las oraciones (17) y (18) también hay solo una diferencia significacional, que determina distintos modelos sintácticos de valencia para estos verbos: SₙVSₐ y SₙV(Sg). En la oración (17), el papel de la liebre se expresa mediante el nominativo, mientras que en (18) se expresa el estado de las ovejas. La realización de la posición Sg en el modelo del verbo asustarse es facultativa, porque la oración (18a) también es gramatical:

(18a) Las ovejas se asustaron mucho.

10 El verbo tomar se emplea también según otro modelo sintáctico, concretamente SₙVSₐ (pSₗₒₒ), por ejemplo: El hijo toma una manzana de la cesta / del estante / de debajo de la mesa / de detrás de la pizarra. En este caso, el tercer actante de la situación que denota desempeña el papel de punto de partida; empleado de este modo, el verbo tomar no forma pareja con el verbo dar. Además, cabe señalar que, por comodidad, aquí se presentan modelos de valencia incompletos. Tanto el verbo dar como tomar requieren un acusativo con significado de paciente o un genitivo, por lo que ambos casos pueden alternar; compárense las oraciones (32), (33), (34) y (35) con el verbo poner y su modelo sintáctico de valencia presentado más adelante.

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A veces, uno y el mismo verbo puede desempeñar distintas funciones significacionales.

(19) La madre cubrió la mesa (con) un mantel.

(20) La madre cubrió el mantel sobre la mesa.

En ambas oraciones se denota la misma situación, en la que participan la madre, la mesa y el mantel, y en ambos casos la madre coloca el mantel sobre la mesa. Sin embargo, esta situación se interpreta significacionalmente de una manera en un caso y de otra manera en el otro, y de ello depende el distinto uso sintáctico del verbo cubrir. En un caso, se destaca la mesa mediante el acusativo, indicando qué se hace con ella; en el otro, el mantel, indicando qué se hace con él. A las distintas funciones significacionales corresponden distintos modelos sintácticos de valencia de este verbo: SₙVSₐ (Sᵢ / con Sᵢ) y SₙVSₐ sobre Sg. En la oración (19), el instrumental, solo o con la preposición con, puede omitirse sin que la oración deje de ser gramatical, por lo que esta posición se considera facultativa.

3.2. Este modo de determinar la valencia, que va desde el nivel lógico-semántico abstracto hacia los niveles lingüísticos concretos —el semántico y el sintáctico—, como ha señalado en repetidas ocasiones G. Helbig (véase 1.2.1.), no resulta práctico y difícilmente puede ofrecer una visión completa de la realización semántica y, sobre todo, sintáctica. Puede recurrirse a él cuando se dispone de un verbo de significado conocido y se quiere construir con él alguna oración correcta.

Al echar un vistazo a uno u otro ejemplo relativamente sencillo, ya hemos visto que entre los argumentos del predicado en el nivel abstracto y los complementos del verbo en el nivel concreto de la lengua puede no haber una correspondencia completa (1:1), y que los argumentos del predicado pueden ser más numerosos que los complementos del verbo (véase, por ejemplo, 7). Además, incluso con un dominio excelente de la lengua, sería difícil prever de antemano todas las formas posibles de realización sintáctica.

(21) El padre golpeó al caballo con un látigo.

(22) Ona golpeó la alfombrilla contra la pared.

(23) Los alumnos golpeaban el suelo con los pies.

Al comparar estas oraciones, vemos que en los tres casos participan tres actantes en la situación designada por el verbo mušti: agente, paciente e instrumento; sin embargo, algunos de ellos se realizan gramaticalmente de manera distinta. En las tres oraciones, el agente se expresa mediante un sustantivo en nominativo, pero el paciente se realiza mediante un sustantivo en acusativo en (21) y (22), y mediante una construcción preposicional en (23); el instrumento se realiza mediante un sustantivo en instrumental en (21) y (23), y mediante una construcción preposicional en (22). Es cierto que las formas diferentes designan instrumentos algo distintos: en (21) y (23), el instrumento es inestable y móvil, mientras que en (22) es estable. Compárense también (24), (25), (26) y (27), donde varios participantes en la situación designada por el verbo draugauti se realizan gramaticalmente de distintas maneras, y (28), (29), (30) y (31), con distintas realizaciones del contenido:

(24) Sauliukas es amigo de los niños del patio.

(25) Los niños del patio son amigos de Sauliukas.

(26) Sauliukas y los niños del patio son amigos.

(27) Los niños son amigos.

(28) La madre se enteró de una buena noticia.

(29) La madre se enteró de la llegada de su hijo.

(30) La madre se enteró de que su hijo llegaba.

(31) La madre se enteró de que su hijo llegaba.

Es mucho más fiable determinar la valencia de los verbos basándose en un corpus suficiente de datos que ilustre el uso sintáctico de cada verbo. Siguiendo este método, se puede elaborar un diccionario de valencias verbales que registre todos los modelos de valencia posibles de cada verbo y refleje, a la vez, sus distintos significados.

El verbo se examina en distintos entornos sintácticos. Ya a primera vista se observa que, en muchos casos, en entornos diferentes se realizan distintos

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los matices de significado del verbo. Compárese el significado del verbo dėti en las siguientes oraciones:

(32) Pongo los cepillos en el estante. (33) Se pone llantén junto a la herida. (34) ¿Añadiste sal al borsch? (35) La madre puso huevos en la olla. (36) Las arañas ponen huevos redondos, de color blanquecino o amarillento. (37) Petras pone dientes a los rastrillos.

Observamos tres significados claramente diferenciados y, en consecuencia, diferentes valencias del verbo. En las cuatro primeras oraciones, el verbo dėti denota una situación en la que, gracias al esfuerzo de un agente, los objetos se desplazan a un lugar determinado. A esta situación le corresponde una estructura lógico-semántica compuesta por un predicado y tres argumentos, uno de los cuales tiene el significado de agente, otro el de paciente y el tercero el de punto final. Al comparar la estructura lógico-semántica con la sintáctica, vemos qué constituyentes de la oración corresponden a los argumentos de los significados mencionados¹¹. En (32), (33) y (34), el agente se expresa mediante la terminación del verbo dėti, mientras que en (35) se expresa mediante el nominativo del sustantivo. En (32) y (33), el acusativo del sustantivo expresa el significado de paciente; en (34) y (35), lo expresa el genitivo. El significado del genitivo está algo modificado: designa un objeto o una cantidad de objetos indeterminados y se diferencia así del acusativo. Sin embargo, la relación sintáctica del verbo tanto con el acusativo como con el genitivo es la misma, y el significado del verbo también es idéntico en ambos casos; por ello, desde el punto de vista sintáctico, el acusativo y el genitivo son formas alternantes. Esto significa que el verbo requiere una u otra forma, y que su elección depende ya de los objetivos comunicativos (por ejemplo, de si se habla de una cantidad determinada o indeterminada de objetos, de un objeto entero o de una parte indeterminada de este). No es en absoluto necesario que en todos los casos el genitivo pueda sustituir al acusativo y viceversa. Hay sustantivos cuyo genitivo ni siquiera es posible en la posición de paciente; por ejemplo, en la oración Vaikas deda galvą ant pagalvės solo es posible el acusativo.

De manera similar, en (35) el significado de punto final se expresa mediante el ilativo, mientras que en las otras tres oraciones lo expresan construcciones preposicionales con preposiciones de dirección diversas. Estas también son formas alternantes.

Así pues, usado con el significado mencionado anteriormente, el verbo dėti requiere tres participantes: 1) el nominativo del sustantivo, 2) el acusativo o el genitivo y 3) el ilativo o una construcción preposicional con significado de dirección. Todos los participantes son obligatorios. Por tanto, el modelo sintáctico de valencia del verbo es SₙVSₐ / SₙSₐSᵢ / SₙSᵣₑc. Todos los demás constituyentes de la oración dependientes del verbo solo pueden ser modificadores libres, puesto que no corresponden a ningún argumento de la estructura predicativa del verbo. Compárese:

(32a) Siempre pongo ordenadamente los cepillos en el estante. (33a) Enseguida ponen llantén junto a la herida para que absorba el calor.

En la oración (36), dėti significa «expulsar de sí», y en la situación que denota participan un agente y un resultado. En la oración, estos se realizan mediante el nominativo y el acusativo del sustantivo. Por tanto, en este caso el verbo dėti requiere dos participantes: el nominativo y el acusativo del sustantivo, y ambos son obligatorios. Su modelo sintáctico de valencia es SₙVSₐ. Dado que la realización semántica de la posición Sₐ está muy restringida (solo es posible un lexema), cuando se habla de aves de corral, para las cuales poner huevos es una característica casi constante, a menudo ni siquiera se menciona el acusativo, porque el resultado de la acción es muy claro y se sobreentiende, por ejemplo:

(36a) Esta gallina pone huevos todos los días. (36b) La gallina está poniendo huevos; no la molestes.

11 Los significados de agente, paciente, destinatario, etc., se consideran significados semánticos de los casos (y de los casos con preposición), pertenecientes a la estructura profunda; en cambio, las formas de los casos pertenecen a la estructura superficial (cf. Fillmore 1968; 1969a). Precisamente sobre esta base es posible comparar la estructura lógico-semántica con la sintáctica.

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El sentido de estas oraciones es claro sin el apoyo del contexto o de la situación, porque, al decir el verbo deda, se tiene en mente una única realización posible de la posición Sₐ. Puesto que las oraciones son completas en cuanto al significado, tampoco se percibe que su estructura sea incompleta. Sin embargo, no podemos considerar facultativa la posición Sₐ, pues, cuando se habla de otros animales que ponen, no se puede omitir el acusativo sin un contexto más amplio; por ejemplo, sería imposible decir: En otoño, las arañas ponen; Los gorriones ponen; Las moscas ponen.

En la oración (37), el verbo dėti significa «colocar en un objeto la pieza que le falta», y en la situación que designa participan un agente, un resultado y un destinatario. En la estructura sintáctica, estos se realizan, respectivamente, mediante el nominativo, el acusativo y el dativo del sustantivo, que son los actantes necesarios del verbo dėti usado con este significado. El modelo sintáctico de valencia es SₙVₛAₛ. A veces, el dativo puede omitirse incluso sin un contexto más amplio, pero solo cuando el destinatario es un objeto bien conocido y evidente por sí mismo, por ejemplo:

(37a) Él pone buenas medias suelas.

(37b) Esta dentista pone bien los dientes.

En muchos otros casos no se puede omitir el dativo; por ejemplo, si lo omitiésemos en (37), la oración se entendería de una manera completamente distinta, y una oración como Petras deda naują koją sería del todo incomprensible sin saber a quién se le pone esa pierna. Por lo tanto, en este modelo de valencia el dativo no puede considerarse facultativo.

Si un actante del verbo está presente en unas oraciones, pero no en otras, quiere decir que puede ser facultativo. Sin embargo, en (36a), (36b) y (37a), (37b) vimos que, en ciertos casos, también puede omitirse un actante necesario del verbo. Además, en las oraciones de diálogos espontáneos, cuando los interlocutores hablan de cosas conocidas, puede omitirse casi cualquier actante necesario, incluso el propio verbo. Los actantes necesarios pueden faltar en una oración tomada de un contexto más amplio si los elementos correspondientes se mencionaron antes y ya son conocidos (cf. Адмони 1966: 167). Estas oraciones resultarían incomprensibles sin contexto. Por ejemplo, la oración Ya termina se entiende perfectamente si antes se hablaba del trabajo que alguien está realizando, mientras que, tomada de forma aislada, presenta claramente una estructura incompleta y no es completa en cuanto al significado. Por eso, para estudiar la valencia se consideran oraciones simples y completas, pronunciadas con voz tranquila, sin emociones especiales, como dice V. Admonis, cuando no hay una influencia adicional de la situación y del contexto (Адмони 1966: 167).

La ausencia de actantes facultativos no hace que la oración sea incompleta ni desde el punto de vista de la estructura ni desde el del significado (véanse, por ejemplo, 5a, 6a, 8, 10, 11, 12, 16a, 16b, 18a). Además, los actantes facultativos expresados pueden omitirse no solo en alguna otra oración, sino en todas las oraciones en las que el verbo se usa con el mismo significado, salvo cuando son necesarios desde el punto de vista comunicativo, pues la necesidad y la opcionalidad estructurales no siempre coinciden ni mucho menos con la necesidad y la opcionalidad comunicativas (para más detalles, véase Учехонова 1973). Por ejemplo, en la oración (38), el instrumental que expresa el instrumento es estructuralmente facultativo y podría omitirse (cf. el ejemplo 39), si la parte siguiente de la oración no indicara que es necesario desde el punto de vista comunicativo (al omitirlo, la oración pierde el sentido).

(38) Limpia esa mancha con un cepillo húmedo; de lo contrario, no la quitarás.

(39) Limpia esa mancha.

A veces, un argumento del predicado no se realiza en el nivel lingüístico externo y no puede realizarse porque forma parte del significado del predicado. Por ejemplo, en la situación designada por los verbos uogauti, grybauti, riešutauti, obuoliauti, vartliauti, kidusiniaduti, pietauti, pusryčiauti, vakarieniauti participan un agente y un paciente, pero, en el nivel externo, estos verbos requieren un solo actante: el nominativo que expresa el agente, pues su significado ya indica al paciente (cf. Fillmore 1969b: 118–20). El modelo sintáctico de valencia de estos verbos es SₙV.

3.3. Es importante determinar no solo la realización sintáctica, sino también la realización semántica de la valencia en el nivel lingüístico externo, algo que también resulta más fácil cuando se tiene delante material concreto. La realización semántica de la valencia está condicionada, ante todo, por los argumentos

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significados semánticos (de agente, paciente, etc.). Por ejemplo, solo los seres vivos pueden desempeñar el papel de agente, pues solo ellos actúan por iniciativa propia, mientras que el contenido solo puede corresponder a cosas abstractas (lo que se piensa, se dice, se llega a saber, etc.). Además, la valencia se realiza sobre la base de la compatibilidad semántica mutua entre el verbo y sus compañeros. Por ejemplo, para algunos verbos, cualquier nombre de ser vivo puede ser compañero con significado de agente (p. ej., se alimentan las personas, los animales domésticos y salvajes, las aves, los peces, los parásitos, etc.); para otros, solo nombres de animales, y a menudo no de cualquiera, sino únicamente de ciertos animales (p. ej.: relincha el caballo; aúlla el lobo; rumian las vacas, las cabras y las ovejas; zumban las abejas, las avispas y los mosquitos; picotean las aves); para otros, solo nombres de personas (p. ej., solo las personas lloran, comen, sueñan y hablan). Desde luego, también se puede decir metafóricamente el muchacho relincha, las vacas zumban, los pinos ríen, los búhos lloran; sin embargo, al determinar la valencia de los verbos, su uso metafórico debería dejarse de lado, pues ofrece una imagen falsa del entorno semántico del verbo.

Asimismo, la realización del paciente depende del significado del verbo; por ejemplo, golpear, tocar se puede hacer con todos los objetos concretos, comer, devorar, beber, solo con algunos, mientras que pelar solo puede aplicarse a la corteza o a la piel. Una realización diferente del paciente puede indicar significados distintos de un mismo verbo; compárese (5) y (12).

Las restricciones de compatibilidad semántica mutua son especialmente pertinentes cuando verbos de significados muy parecidos difieren únicamente en la realización semántica de alguno de sus compañeros. Por ejemplo, lavar puede aplicarse a las manos, los platos, la ropa, los suelos y muchas otras cosas; lavar, a la cara y las manos; frotar para lavar el cabello, solo a la cabeza; lavar la ropa, solo a la ropa (cf. Lyberis 1975: 156).

Al describir la realización semántica de la valencia verbal, normalmente se indica a qué clases semánticas pertenecen las palabras que pueden ocupar las posiciones de los compañeros del verbo. Por ejemplo, la realización semántica del modelo de valencia sintáctica SₙVSₐ (S₁ / con S₁) del verbo cortar (véanse las figs. 5 y 6) puede describirse así: Sₙ — Hum, Sₐ — Anim, Sᵢ — Anim¹². Sin embargo, en ciertos casos —por ejemplo, cuando la realización de algún compañero está muy restringida (puede corresponder a uno o a unos pocos lexemas) o cuando los verbos sinónimos difieren únicamente en la realización semántica de alguno de sus compañeros— podrían indicarse significados de palabras más específicos.

4. OBSERVACIONES FINALES

Aquí se han abordado algunas de las cuestiones más generales relacionadas con el problema de la valencia de los verbos. Se ha querido mostrar, con unos pocos rasgos, qué fenómeno tan complejo es y cuán diversas son sus interpretaciones en la ciencia del lenguaje. Sin pretender examinar todos los aspectos problemáticos, nos hemos centrado únicamente en algunas cuestiones fundamentales: qué se entiende por valencia verbal, en qué consiste, cuáles son sus presupuestos de existencia y sus condiciones de realización, y qué métodos pueden emplearse para determinarla. La realización de la valencia verbal en los niveles lingüísticos concretos, especialmente en el sintáctico, es muy compleja; por ello, aquí apenas se ha rozado el tema. Tras examinar las distintas perspectivas de los investigadores sobre los asuntos mencionados, la autora del artículo ha querido destacar aquellos aspectos que parecen más importantes para estudiar la valencia de los verbos de la lengua lituana. La propuesta sobre la valencia verbal puede resumirse brevemente en las siguientes afirmaciones:

1. Se entiende por valencia de un verbo la propiedad, determinada por su significado, de abrir cierto número de posiciones vacías, que en un nivel lingüístico concreto son ocupadas por compañeros obligatorios o facultativos. Las posiciones vacías son las posibilidades de combinación del verbo que se desprenden de su significado, mientras que los compañeros del verbo son—

12 Para este fin se utilizan símbolos que son abreviaturas de los términos latinos correspondientes: Hum — ser humano, Anim — ser vivo, Abstr — cosa abstracta, etc. Muchos investigadores emplean estos símbolos; cf. Helbig—Schenkel 1975, donde, en el tercer nivel del modelo de valencia, los autores los usan para describir el aspecto semántico de la valencia.

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es decir, ciertas formas de palabras de semántica definida o construcciones con significados correspondientes.

2. La base de la valencia de los verbos se encuentra en un nivel lógico-semántico abstracto, mientras que su realización tiene lugar en niveles concretos de la lengua: el semántico y el sintáctico. En el nivel abstracto se determina el número de posiciones libres del verbo y los significados semánticos potenciales de sus elementos de relleno, que corresponden a ciertos papeles en la situación designada por el verbo (agente, paciente, etc.). En los niveles concretos de la lengua se seleccionan los elementos de relleno correspondientes —los compañeros— para las posiciones libres del verbo. En el nivel sintáctico se determina la forma gramatical de los compañeros y si son obligatorios o facultativos; en el semántico, su semántica. De este modo, la valencia se estudia en los tres niveles, en cada uno de los cuales se pone de relieve uno de sus aspectos.

3. Para determinar en la práctica la valencia de los verbos, el punto de partida es el significado del verbo. Este refleja una situación de acción determinada, con un número definido de participantes que desempeñan ciertos papeles. Al analizar la situación designada por el verbo, se establece su estructura lógico-semántica de valencia, que se compara con construcciones sintácticas concretas; así se averigua cuántos compañeros y de qué tipo necesita el verbo. Aplicando la transformación de eliminación a las realizaciones sintácticas de la valencia, se determina qué compañeros del verbo son obligatorios y cuáles facultativos; a continuación, se construye el modelo sintáctico de valencia del verbo. Este indica el número de compañeros del verbo, su forma gramatical y si son obligatorios o facultativos. Por último, se presenta la caracterización semántica de la valencia, es decir, qué tipo de palabras pueden ocupar las posiciones indicadas en el modelo de valencia.

4. La valencia de los verbos es muy relevante para la lingüística, ya que de ella depende la estructura de las oraciones verbales. A partir de los modelos de valencia de los verbos se construyen oraciones gramaticalmente correctas.

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Н. СЛИЖЕНЕ

К ВОПРОСУ О ГЛАГОЛЬНОЙ ВАЛЕНТНОСТИ

Резюме

На основе анализа трех существующих концепций валентности, а именно: логической, семантической и синтаксической, представителями которых являются соответственно В. Бонди, С. В. Фэлмэн, Ю. Д. Апресян и Г. Хельбиг, в статье делается вывод, что различия между ними состоят только в интерпретации валентности, а сущность этого явления ими понимается одинаково. Каждая концепция выдвигает вперед одну сторону валентности — логическую, семантическую или синтаксическую — и недооценивает другие. Поэтому автору показалось возможным и целесообразным эти концепции объединить, и глагольную валентность рассматривать на всех трех уровнях — абстрактном логико-семантическом и конкретных языковых семантическом и синтаксическом, так как все эти стороны валентности образуют диалектическое единство. Основа глагольной валентности находится на абстрактном, а ее реализация — на конкретных уровнях. На абстрактном логико-семантическом уровне с помощью предикатных структур устанавливается число свободных мест при глаголе и определяются семантические значения их потенциальных заполнителей соответственно определенным ролям (агента, пациента и т.д.) участников обозначаемой глаголом ситуации. На конкретном синтаксическом уровне определяется грамматическая

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форма заполнителей свободных мест – партнеров глагола и устанавливается их обязательность или факультативность, а на семантическом – дается их семантическая характеристика.

Таким образом, под валентностью глагола автором понимается его способность на основании своего значения открыть определенное число свободных мест, которые на конкретном языковом уровне заполняются облигаторными или факультативными партнерами. Свободные места – это сочетательные потенции глагола, обусловленные его семантикой, а партнеры – словоформы или конструкции с определенным семантическим значением.

При практическом определении валентности глагола исходной точкой является глагольное значение. Глаголом обозначается ситуация действия, в которой участвует определенное число актантов, выполняющих определенные роли. Анализом ситуации устанавливается логико-семантическая структура валентности глагола, которая показывает число свободных мест при глаголе и их семантическое содержание. На основании того, что у грамматических падежей и предложных конструкций тоже имеется определенное семантическое содержание (см. Fillmore 1968), абстрактная логико-семантическая структура сравнивается с конкретными синтаксическими конструкциями, и таким образом определяется число и грамматическая форма требуемых глаголом партнеров. Применением к синтаксической конструкции трансформации элиминирования устанавливается их обязательность или факультативность. Тогда записывается синтаксическая модель валентности глагола. Так как у большинства глаголов имеется несколько значений, притом некоторые глаголы способны выполнять различные синдикационные функции, а синдикативные различия связаны с различиями синтаксического употребления, у глаголов бывает по нескольку моделей валентности. Выявить все модели валентности глагола возможно только при наличии достаточного материала, иллюстрирующего синтаксическое употребление этого глагола. Наконец, дается семантическая характеристика валентности, т.е. определяется, какие семантические классы слов (или отдельные слова) могут заполнить позиции в синтаксической модели.

N. SLIŽIENĖ

ZUR FRAGE DER VALENZ DES VERBS

Zusammenfassung

Auf Grund der Analyse der drei bestehenden Auffassungen der Valenz, nämlich der logischen, der semantischen und der syntaktischen, ist die Schlußfolgerung gezogen, daß sie sich nur in der Interpretierung der Valenz unterscheiden, während sie in ihrem Wesen gleich sind. Jede Auffassung hebt nur eine Seite der Valenz hervor, während die anderen nicht vollständig berücksichtigt werden. Die Autorin erachtet es für möglich und zweckmäßig alle drei Auffassungen zu vereinigen und die verbale Valenz auf drei Ebenen zu betrachten, nämlich auf der abstrakten logisch-semantischen Ebene und auf den konkreten sprachlichen Ebenen, der semantischen und der syntaktischen, weil alle erwähnten Aspekte der Valenz eine dialektische Einheit bilden. Die Grundlage der verbalen Valenz besteht auf abstrakten, ihre Realisation aber auf den konkreten Ebenen. Auf der abstrakten logisch-semantischen Ebene wird mit Hilfe der prädikativen Strukturen die Zahl der Leerstellen beim Verb festgestellt und die semantische Bedeutung der potentiellen Ergänzungen bestimmt in Abhängigkeit von der Rolle der Komponenten der verbalen Situation. Auf der konkreten syntaktischen Ebene wird die grammatische Form der Mitspieler des Verbs und ihr obligatorischer bzw. fakultativer Charakter bestimmt, auf der semantischen Ebene wird ihre Bedeutung charakterisiert.

Auf diese Weise versteht man unter der Valenz des Verbs seine Fähigkeit auf Grund seiner Bedeutung eine bestimmte Zahl von Leerstellen um sich herum zu eröffnen, die auf einer konkreten Sprachebene durch obligatorische oder fakultative Mitspieler zu besetzen sind.

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