Page 1LIETUVIŲ KALBOTYROS KLAUSIMAI XXXIX (1998)
Juozas KARACIEJUS
Instituto de la Lengua Lituana, Vilna
SOBRE LA LENGUA DE LOS ESCRITOS DEL SIGLO XVIII
El siglo XVIII es el período más complejo y contradictorio de la historia de Lituania, pues durante casi todo ese siglo agonizó el Estado unido de Lituania y Polonia, en medio de guerras constantes y disputas entre facciones rivales. Es evidente que, en semejante situación, la vida cultural también sufrió un considerable declive. Sin embargo, por ahora no es fácil hablar de ello, porque este período es el menos estudiado tanto por los filólogos como por los historiadores y los historiadores de la cultura.1 Es cierto que, últimamente, los historiadores y los investigadores de la literatura lituana antigua prestan más atención a este período, mientras que los lingüistas siguen aferrándose a la opinión surgida, probablemente ya en las primeras décadas del siglo XX, en nuestra bibliografía filológica: que la lengua de los escritos lituanos del siglo XVIII se había degradado, que por entonces estos se redactaban en cierta jerga lituano-polaca (cf. Zinkevičius 1990: 15) y que la mayoría de «los sacerdotes católicos, autores de escritos lituanos, alejados del pueblo y sometidos a la cultura “señorial” de la nobleza polaca, abandonaron las hermosas tradiciones de Daukša y Sirvydas y no se preocuparon por seguir desarrollando la lengua escrita lituana» (Palionis 1995: 112).
En realidad, la lengua de los escritos lituanos aparecidos en el territorio de Lituania durante el siglo XVIII (en concreto, su léxico) difería considerablemente de la lengua de los escritos de los siglos XVI–XVII, pues en los del siglo XVIII se empleaban muchos más préstamos (sobre todo polonismos) que en los textos anteriores. Precisamente por esta razón, los escritos católicos del siglo XVIII siguen cargando con una especie de «maldición», especialmente extendida durante los años soviéticos, cuando se pretendía subrayar el papel negativo de la Iglesia católica en la cultura lituana.
Además, en la bibliografía filológica actual se utilizan dos términos para designar la lengua de los escritos católicos del siglo XVIII: lengua escrita tradicional (Z. Zinkevičius) y koiné eclesiástica (J. Palionis). Esto no es bueno. La falta de uniformidad terminológica genera bastante confusión. A nuestro juicio, el primero es mejor y más práctico, pues el segundo, además de otros inconvenientes, parece tener una connotación negativa. Es cierto que J. Palionis, al defender el segundo término, justifica su uso en «Historia de la lengua escrita lituana» de la siguiente manera: «En muchos otros escritos religiosos del siglo XVIII también se traducía-
1 Esto lo muestran con toda claridad los «Rasgos de la historia cultural de Lituania», de J. Jurginis e I. Lukšaitė, cuyo subtítulo es «La época del feudalismo. Hasta el siglo XVIII», aunque I. Lukšaitė señala aquí, al tratar el arte de la época barroca, que esta se prolongó hasta la tercera década del siglo XVIII (véase Jurginis, Lukšaitė 1981: 330-331).
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Page 2ba en cierta mezcla de registros, una especie de koiné cuyo fundamento lo constituían las formas fonológicas y morfológicas de las hablas aukštaitianas centrales, más o menos mezcladas con rasgos samogitianos u orientales» (Palionis 1995: 120). Sin embargo, J. Palionis ha aportado muchos más argumentos a favor de la idoneidad de este término en su reseña del cuarto tomo de «Historia de la lengua lituana», de Z. Zinkevičius, «La lengua lituana en los siglos XVIII–XIX». Allí señala que el término lengua escrita tradicional propuesto por Z. Zinkevičius «es demasiado general para cumplir las funciones de un término especializado (terminus specificus)», pues «tradicional puede llamarse cualquier lengua escrita anterior…» y, por tanto, «el término lengua escrita tradicional […] no es ni “más preciso” ni, en general, mejor que el término koiné eclesiástica» (Palionis 1994: 97). Por cierto, en el mismo lugar J. Palionis dice que quizá «mejor que estos dos sería la koiné escrita aukštaitiana central, pues desde el punto de vista semántico pondría de relieve el fundamento dialectal de esa lengua escrita surgida en el siglo XVIII y más generalizada en los niveles de la fonología y la morfología, pero es más largo que el término koiné eclesiástica y, por ello, menos práctico». En consecuencia, esta última observación permitiría pensar que J. Palionis se inclina por precisar el término koiné eclesiástica. Y la precisión que aquí se propone es aceptable, pues el término koiné escrita aukštaitiana central, aunque más largo, a nuestro juicio también destacaría la continuidad de la tradición2.
Pero, al concluir su «debate terminológico» con Z. Zinkevičius, J. Palionis añade: «También cabría discutir si esa koiné escrita aukštaitiana central era una continuación de la llamada “variante central de la lengua escrita” de Zinkevičius o una creación nueva. Pero este es ya otro problema, más importante, relacionado tanto con la transformación lingüística del texto de los Evangelios de 1705 como, en general, con la posterior orientación dialectal de los escritos religiosos y no religiosos, y que requiere estudios históricos y lingüísticos específicos» (Palionis 1994: 97). Esta última afirmación no solo explica por qué Palionis se resiste a aceptar el término lengua escrita tradicional, sino que, al mismo tiempo, suscita las mayores dudas, pues, a mi parecer, no hay fundamento alguno para considerar la lengua de los escritos católicos del siglo XVIII un fenómeno nuevo sin vincularla con la lengua escrita tradicional, por dos razones.
En primer lugar, tras desaparecer la variante oriental de la lengua escrita, todos los autores de la primera mitad del siglo XVIII comienzan a orientarse hacia la variante central de la lengua escrita, que, como sabemos, se utilizaba en la diócesis de Samogitia desde finales del siglo XVI. Por ello, los Evangelios de J. Jaknavičius de 1705, escritos en la variante oriental, se adaptan a la variante central. La segunda razón por la que no puede considerarse que la lengua de los escritos del siglo XVIII sea una creación nueva es que, en cierto sentido, las formas de la variante central de la lengua escrita quedaron codificadas en una gramática anónima de 1737, titulada «Compendio de las lenguas de Lituania, descrito y preparado según las principales normas de los dialectos de este ducado para los celosos neopalemones» (traducción de K. Eigminas). Esta obra
2J. Lebedys también subrayó que esa tradición no se había interrumpido en los fragmentos de la monografía que proyectaba sobre el uso de la lengua lituana en la vida pública de los siglos XVII–XVIII (Lebedys 1976: 20).
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Page 3un autor desconocido comienza así: «El título de esta modesta obra muestra que esta variedad (hasta donde se sabe) es aceptada por todos en toda Lituania. Aunque, debido a la diversidad de lugares, la lengua varía en algunos sitios, lo hace tan poco que en todas partes se comprenderá y escuchará con agrado a quien hable así (tal como está escrito aquí) de las grandes obras de Dios. Por eso no habría motivo para tratar aquí otras variedades» (Universitas 1981: 61). Aunque el autor de la gramática mencionada no indica cuál es esa variedad, su investigador K. Eigminas determinó que «la base de la variedad de Universitas la constituye la zona de Lituania en la que empiezan a mezclarse las características de las hablas šiauliškiai de los aukštaitianos occidentales y de las hablas panevėžiškiai meridionales de los aukštaitianos orientales» (Eigminas 1981: 38), y que en ella no hay formas samogitias (véase Jonikas 1952: 111). Por consiguiente, las formas presentadas en esta gramática corresponden a la variante media de la lengua escrita; según P. Jonikas, «eran tan solo ciertas pautas que señalaban una orientación dialectal general, ante todo para la lengua de los escritos religiosos de aquella época» (Jonikas 1987: 128). Pero otra cuestión es cómo lograron los hablantes de otros dialectos atenerse a las formas aquí presentadas, sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría de los autores de escritos religiosos del siglo XVIII procedían de Samogitia. Es comprensible que les resultara difícil evitar las características de su dialecto materno, aunque en la primera mitad del siglo XVIII también intentaron orientarse hacia la variante media de la lengua escrita, que ya contaba con una tradición centenaria. Precisamente por eso, me parece que la lengua de los escritos del siglo XVIII puede llamarse lengua escrita tradicional.
Se mencionó al principio que el rasgo más llamativo de la lengua de los escritos del siglo XVIII es el aumento de los eslavismos (en particular, de los polonismos), que suele explicarse por la polonización de la nobleza y del clero católico. También se afirma que «a la lengua polaca le faltaban entonces escritores más capaces y con buen dominio del lituano, que hubieran podido contribuir asimismo a elevar la cultura de la lengua lituana y a su progreso» (Jonikas 1987: 126). Parece que solo cabe estar parcialmente de acuerdo con afirmaciones de este tipo. Sin duda, si se evalúa la lengua de los escritos del siglo XVIII únicamente según criterios de corrección y pureza, realmente parecerá deficiente. Pero la abundancia de préstamos léxicos no demuestra que los autores del siglo XVIII hubieran olvidado en gran medida el lituano. Si hubieran olvidado o dominado mal su lengua materna, lo habríamos advertido inmediatamente en la morfología. Por desgracia, en este nivel no hay indicios evidentes de olvido ni de un dominio deficiente de la lengua. Además, mientras no contemos con estudios minuciosos sobre la sintaxis de los escritos antiguos, no se puede afirmar (y menos aún creer) que en los escritos del siglo XVII aparecieran también numerosas construcciones sintácticas innovadoras ajenas al lituano (cf. Palionis 1995: 164), pues solo tras estudiar las construcciones no lituanas empleadas en los escritos de los siglos XVI–XVII y compararlas con las construcciones no lituanas de los escritos del siglo XVIII quedaría claro si aumentaron y en qué medida. Quizá, por echar en falta estudios de este tipo y evitar afirmaciones apriorísticas, P. Jonikas sea más cauteloso. Al tratar el aumento de los polonismos en los escritos del siglo XVIII, escribe: «La mayoría de los polonismos son léxicos, tanto en los libros religiosos como, más aún, en los escritos publicísticos y políticos mencionados, donde, como la lengua lituana aún no estaba adaptada a conceptos abstractos de los diversos ámbitos especializados de la vida cultural y política tanto como ya lo estaba entonces la lengua polaca, entraron numerosos vocablos polacos para expresar esos conceptos. Pues el estrato léxico de una lengua es mucho más susceptible a la influencia de lenguas extranjeras que su estructura gramatical». (Jonikas 1987: 127).
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Así pues, sin descartar la influencia de la lengua polaca, me parece que cabe plantear si este aluvión de polonismos no pudo deberse también a otras causas. Los investigadores de la literatura lituana antigua han señalado que en Polonia, durante el siglo XVII y a comienzos del XVIII, se popularizó mucho la creación macarrónica, que «pervivió todavía en el periodo de la Ilustración temprana» (Patiejūnienė 1992: 217), y que los primeros intentos de este tipo de creación ya se habían dado en el siglo XVI. Por consiguiente, la popularización de la creación macarrónica en Polonia coincide cronológicamente con la «degradación» de la lengua de los escritos lituanos, tanto más cuanto que la penetración intensiva de polonismos en el lituano probablemente comenzó ya en la segunda mitad del siglo XVII. No pudieron aparecer tantos en apenas dos o tres décadas del siglo XVIII. Por eso, parece que la creación macarrónica popularizada en ese periodo podría considerarse una de las causas que impulsaron el aluvión de polonismos en los escritos lituanos de la época. Por supuesto, la literatura religiosa del siglo XVIII difería considerablemente de la creación macarrónica de la época, pero, como muestran los estudios más recientes sobre la literatura lituana antigua, los escritos religiosos lituanos del siglo XVIII se vieron influidos, en mayor o menor medida, por las «modas literarias» de aquel tiempo (cf. Radzevičius 1997: 319–327; Tereškinas 1992: 104-163). Además, quizá haya otro hecho que permita pensarlo. En las colecciones manuscritas más extensas que se conservan de sermones lituanos del siglo XVIII, «Contiones litvanicae» (hacia 1720) y «Pamoksle isz Prisakimu Diewa» de K. Lukauskas (1797), destinadas al creyente común, al campesino, encontramos citas latinas de la Biblia, de la patrística y de las obras de teólogos eminentes. Naturalmente, el oyente común no podía entenderlas. Por eso, el predicador tenía que traducirlas o exponer brevemente su sentido. Así se hace en las colecciones mencionadas. Pero entre estas dos fuentes hay una diferencia muy marcada al respecto. El autor desconocido de «Contiones litvanicae» utiliza muchas más citas latinas que K. Lukauskas. En los sermones de este último, escritos a finales del siglo XVIII, hay relativamente pocas. Por ello, cabe sospechar que, al perder el latín las posiciones que antes había ocupado, la lengua polaca, por entonces más popular y cercana, ocupó en cierta medida su lugar en los escritos lituanos —sobre todo en el plano léxico— debido a la influencia de la creación macarrónica. En parte, lo indicaría también «Broma atverta ing viečnastį» de M. Alšauskas (Olševskis), en la que encontramos no solo citas latinas, sino también, ocasionalmente, junto a un préstamo, su equivalente lituano. Pero solo investigaciones más exhaustivas de filología e historia cultural permitirán saber si esta conjetura tiene fundamento.
Volviendo una vez más a la influencia de la lengua polaca —o, para ser más precisos, de la variante que se hablaba en Lituania, «polszczyzna litewska» (sobre ella, véase más ampliamente Zinkevičius 1988: 115–127)— en los escritos lituanos del siglo XVIII, hay que señalar que entonces se había convertido en una lengua prestigiosa: todos procuraban aprenderla. Por ello, los requisitos de los estilos «alto» y «bajo» pueden estar relacionados con el estatus del polaco como lengua prestigiosa. Es muy posible que a los autores de los escritos lituanos del siglo XVIII les pareciera que escribir sobre asuntos espirituales del mismo modo en que hablaba la gente común
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Page 5Los campesinos no eran adecuados, porque hablaban la despreciada «lengua de los chłopi», que pertenecía al estilo «bajo». Para crear una variante de estilo «elevado» en los escritos lituanos, los autores del siglo XVIII podían insertar deliberadamente palabras de la prestigiosa lengua polaca. Pero esto también es algo que debe investigarse.
En resumen, cabe decir que estas observaciones perseguían un único objetivo: llamar la atención de los investigadores sobre los escritos católicos del siglo XVIII e intentar suavizar la opinión negativa sobre ellos que se ha arraigado en nuestra literatura. Al fin y al cabo, los escritos del siglo XVIII también forman parte de nuestra cultura y no pueden excluirse de la evolución de la escritura lituana. Los escritos católicos del siglo XVIII no deben evaluarse desde las perspectivas actuales de la cultura lingüística, sino desde el punto de vista de la historia de la lengua; además, no basta con constatar la abundancia de préstamos que contienen, sino que, ante todo, hay que intentar esclarecer todas las causas que determinaron su aparición.
Recibido el 17 de marzo de 1998
LITERATŪRA
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ÜBER DIE SCHRIFTSPRACHE DES 18. JAHRHUNDERTS
Zusammenfassung
Im vorliegenden Beitrag werden zwei Probleme erörtert. Zuerst wird darauf hingewiesen, daß für die Bezeichnung der Schriftsprache des 18. Jahrhunderts gegenwärtig zwei Termini verwendet werden: die „Kirchenkoine“/ „bažnytinė koinė“ (J. Palionis) und „die traditionelle Schriftsprache“/ „tradicinė raštų kalba“ (Z. Zinkevičius). Dabei vertreten wir den Standpunkt,
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Page 6daß der Terminus „traditionelle Schriftsprache“ vorzuziehen sei, da er dem Wesen dieser Sprache eher entspreche. Weiterhin versuchen wir zu begründen, daß das Vorliegen der vielen Polonismen in der litauischen Schriftsprache des 18. Jahrhunderts nicht durch die ungenügenden litauischen Sprachkenntnisse der Autoren zu erklären sei sondern durch das Prestige des Polnischen als Modesprache der Literatur.
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