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p. 32, 2 abajo. En la parte lituana hay más errores, no solo de corrección, por ejemplo: Aurelia (= Aurelija) p. 16, 10 arriba, nota 6; busimasis (= būsimasis) p. 25, 8 arriba; lekti (= lėkti) p. 31, 8 arriba; pusti, putė (= pūsti, pūtė), žadžia (= žaidžia) p. 31, 13 arriba; baigiai (= baigei) p. 34, 6 abajo; en la p. 34, nota 27, se mencionan trabajos de acentólogos lituanos que no figuran en la bibliografía; mokė-tė-ės ir mokė-me-ės (p. 35, 2, 3 abajo) deberían intercambiarse; tečiu (= tečiu) p. 58, 12 abajo; biški (= biški «un poco») p. 92, 3 abajo; no es cierto que la forma šokinti no exista en lituano (p. 103, nota 64); krenta (= krinta) p. 115, 15 abajo (krenta pertenece al habla materna krenta, no a la lengua estándar); MFTYTI (= MĖTYTI) p. 117, 1 arriba; {tevelis} (= tėvelis) p. 133, 13 abajo; tetis (= tetis {tėtis}) p. 134, 10, 13 arriba. Los errores enumerados aquí «se diluyen» entre la multitud de ejemplos impecablemente presentados y no llaman la atención. Peor es el resumen en lituano: su lengua, estilo y puntuación necesitan una revisión considerable. Es lamentable que muchos errores del texto lituano se hayan trasladado de la tesis. Esto indicaría que la preparación de la monografía se hizo con prisas. Probablemente la precipitación explique también que en el texto del libro se haya deslizado la palabra «tesis» en lugar de «monografía», por ejemplo: «In this dissertation, I shall refer to problems of accentuation» (p. 34, nota 27).

Al concluir esta reseña, quisiera decir que, pese a las deficiencias y errores señalados, la monografía de P. Wójcik es un trabajo serio que ha ampliado los horizontes de los estudios lituanos mediante la investigación del habla infantil. El libro reseñado y los artículos no habrían visto la luz sin el esfuerzo de muchas personas: las grabaciones de audio fueron realizadas y transcritas por Aurelija Kaškelevičienė, madre de Rūta y especialista en estudios lituanos (este trabajo recibió en parte el apoyo de la Academia Austríaca de Ciencias —la subvención fue gestionada por el profesor W. U. Dressler—; también contó con el apoyo de la Fundación Lituania Abierta, que compró un ordenador, una grabadora y casetes); los datos fueron codificados y analizados, como es natural, por P. Wójcik, asesorado y apoyado de todas las maneras por la conocida psicolingüista profesora M. Smoczyńska, por iniciativa de quien comenzaron las investigaciones sobre el habla de los niños lituanos; la tesis fue dirigida durante su redacción y defensa por el baltista profesor Axelis Holvoetas. El propio autor pone de relieve en el libro la ayuda de estas y otras personas (p. 7), pero el principal protagonista de esta nueva rama de la lingüística lituana es él mismo: un psicolingüista y especialista en estudios lituanos con una sólida formación que, no me cabe duda, continuará con éxito sus investigaciones en este campo.

Bonifacas Stundžia Baltistikos ir bendrosios kalbotyros katedra Vilniaus universitetas Universiteto g. 5, 2734 Vilnius, Lietuva [email protected]

Recibido el 17 de agosto de 2001

PIETRO U. DINI, Las lenguas bálticas. Historia comparada.

Vilnius: Mokslo ir enciklopedijų leidybos institutas, 2000, 540 p.

La introducción de Pietro U. Dini a la filología báltica, Le lingue baltiche, ya ha recibido numerosas reseñas positivas en la prensa lingüística. Las traducciones al lituano y al letón atestiguan no solo que llena un vacío en la bibliografía de estudios bálticos, sino también las cualidades de la propia obra. Para que la edición lituana conservara todas estas cualidades del original, el editor especializado del libro, Bonifacas Stundžia, dedicó un esfuerzo considerable. Su cuidadoso trabajo permitió evitar muchos-

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errores terminológicos y fácticos que fácilmente podrían haberse introducido durante la traducción. No parece necesario reseñar por separado la edición lituana, puesto que Giedrius Subačius ya reseñó el original italiano en esta revista (vol. 39, 1998, 253–257). Sin embargo, la aparición de la traducción en Lituania es un acontecimiento importante y feliz, y hay otras razones para mencionarlo: es probable que el original siga siendo una rareza bibliográfica en Lituania, mientras que la edición lituana ocupará sin duda un lugar destacado junto a la italiana, tanto más cuanto que (según se indica en el prólogo de la edición lituana) ha sido corregida y considerablemente ampliada.

Entre los factores que determinan el valor del libro reseñado, cabe destacar especialmente que el autor es, a partes iguales, lingüista y filólogo, y que se mueve con la misma soltura al abordar la esencia del debate sobre la ley de de Saussure que al describir las reflexiones de los autores del Renacimiento acerca de los pueblos y las lenguas bálticos y sus orígenes (el «paleocomparatismo» en el área báltica es uno de los campos de investigación predilectos del autor). El equilibrio entre los aspectos lingüísticos y filológicos, especialmente digno de destacar en una época de especialización creciente, hace del libro de Dini una introducción verdaderamente ejemplar a los estudios bálticos.

El libro aborda la prehistoria de los pueblos bálticos, los principales rasgos de la lingüística comparada báltica, los contactos entre lenguas y los aspectos areales, la evolución de las lenguas lituana y letona y su contexto histórico y cultural; describe también los escasos datos que han llegado hasta nuestros días sobre el prusiano y otras lenguas y dialectos bálticos extintos. Al final encontramos ejemplos de textos en lenguas bálticas de distintos períodos, con comentarios, y una bibliografía extraordinariamente exhaustiva. La exposición del material es algo desigual y asimétrica, pero esto se debe a la naturaleza del tema: la evolución de las lenguas lituana y letona se examina desde la prehistoria hasta la época más reciente, por lo que los datos sobre estas lenguas aparecen dispersos en varios capítulos; el autor va desvelando sucesivamente distintos estratos históricos de la estructura lingüística. Como el prusiano está atestiguado únicamente en unos pocos textos breves, era imposible describirlo del mismo modo; por ello, todos los datos sobre esta lengua se reúnen en un solo capítulo, que, por cierto, ofrece un excelente panorama de los problemas filológicos relacionados con su reconstrucción. En esta reseña se da cuenta del contenido del libro de manera muy incompleta; sin exagerar, puede afirmarse que no hay campo de los estudios bálticos que el autor no haya presentado al lector, al menos en líneas generales. La meticulosidad del autor y la amplitud de sus conocimientos científicos se aprecian tanto en la extensa bibliografía como en el contenido del libro.

El libro de Dini está bien escrito y cuidadosamente editado; ni siquiera un reseñista muy quisquilloso encontraría material para una larga lista de errores observados. Las formas de distintas lenguas suelen citarse de manera impecable. Que los ejemplos letones estén presentados algo peor que los de otras lenguas se ajusta a la norma habitual de las publicaciones de lingüística báltica. Teniendo en cuenta la gran cantidad de signos diacríticos que se emplean al escribir palabras letonas, la probabilidad estadística de que en una publicación lingüística impresa fuera de Letonia todas, o al menos la mayoría, de las formas letonas estén correctamente reproducidas puede considerarse igual a cero. Por ello, no sorprenden inexactitudes como varš en lugar de varš/varš (p. 119), pērkuns en lugar de pērkūns (p. 119), māsīnam en lugar de māsīnam saucamies (p. 137), ķiselis en lugar de ķiselis (p. 181), nākt priekš en lugar de nākt priekšā (p. 338). Conviene subrayar que estos casos son muy pocos.

Resulta algo más sorprendente la transcripción [z’in’a] (en lugar de [ziņa]) que aparece junto a la palabra letona ziņa (p. 92). No habría que ocultar al lector que los sistemas fonológicos del lituano y del letón son diferentes; que en letón no hay palatalización asimilatoria ante vocales anteriores, y que la consonante señalada con la letra <ņ> no es una consonante dental-alveolar palatalizada, sino una consonante palatal (es decir, la articulación palatal es primaria y no secundaria). Dado que no hay consonantes duras y blandas

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La transcripción [ʃ’uːt] (p. 83) de la palabra šūt, que elimina la oposición entre consonantes alveolares, carece de motivación y probablemente solo refleja la transcripción de su equivalente lituano siūti: en las lenguas que no tienen correlación de palatalidad, las consonantes sibilantes suelen ser alveolopalatales por naturaleza. La palabra letona blāurs también se transcribe de acuerdo con las reglas de pronunciación del lituano [bl’eurs] (p. 80). Parece discutible el criterio del autor de presentar las formas lituanas con acentos tonales y las letonas sin ellos: la forma būt, junto a la lituana būti, da la impresión de que solo el lituano distingue acentos tonales. Por otra parte, hay que reconocer que las formas letonas con marcas de acento tonal se alejan mucho de la apariencia habitual de la palabra impresa, lo que puede desconcertar a los lectores no familiarizados con la ortografía científica.

El autor presenta de forma concisa los problemas controvertidos de la lingüística comparada báltica, pero con suficiente detalle (teniendo en cuenta las limitaciones de espacio); aborda hábilmente el núcleo de cada cuestión y expone con igual objetividad las distintas posturas de los investigadores. Se tiene en cuenta la bibliografía más reciente, por lo que el lector obtiene, sin duda, una panorámica actualizada de los estudios bálticos. Siempre cabe lamentar que no se haya expuesto otra teoría o tenido en cuenta la opinión de otro investigador, pero buscar deliberadamente tales lagunas o deficiencias sería un trabajo vano. Mencionaremos solo uno o dos pasajes en los que, a nuestro juicio, las posturas expuestas por el autor podrían inducir un poco a error al lector.

Los fenómenos de palatalización se tratan en el libro de manera no del todo convincente (pp. 83–84). Por cierto, echamos en falta en la bibliografía el artículo de Čekmonas «O jotacii v praslavjanskom i baltijskix jazykax», Baltistica 11(1), 1975, 63–76, donde se precisan los conceptos de correlación de palatalidad y de correlación de consonantes blandas. Al citar a Kurylowicz, el autor escribe que «primero se formaron fonemas distintos de consonantes blandas, y más tarde se neutralizaron ante vocales anteriores; esta neutralización condujo a la desaparición de *į». Al enumerar las manifestaciones de la palatalización, se presentan en paralelo, por ejemplo, los casos del lituano sj > s’ (siūti) y del letón sj > š (šūt). En efecto, Kurylowicz postuló para el protobáltico una correlación de consonantes blandas ante vocales posteriores; esta se habría neutralizado ante vocales anteriores, donde se habrían generalizado las consonantes duras no marcadas. Así lo atestigua la desaparición de j entre una consonante y una vocal anterior en protobáltico (cf. kėdė: kedžių, verti: verčiu), fenómeno que muestra la confluencia funcional de C’V y CjV y constituye el argumento principal a favor de la existencia de una correlación de consonantes blandas en protobáltico. Desde el punto de vista fonológico, el sistema consonántico lituano aún es próximo al del protobáltico, aunque las consonantes duras en posición de neutralización (ante vocales anteriores) fueron sustituidas en gran medida por consonantes blandas, probablemente debido a la influencia de las lenguas eslavas. La abundancia de cambios consonánticos condicionados por la jotación (sj, zj > š, ž, pj bj > p’, b’) en letón refleja la desaparición de la correlación de consonantes blandas: diversos desplazamientos del punto de articulación sustituyeron la articulación palatal secundaria que sustentaba la correlación de palatalización (por ejemplo, la articulación dental-alveolar pasó a ser palatal, y esta, a su vez, pudo seguir cambiando; cf. el proceso k’, g’ > c, dz, probablemente mediado por ciertas consonantes palatales). A más de un investigador le ha confundido la doble acepción del término «palatalización».

Es cierto que «el instrumental que no coincide con el dativo (más exactamente: con el dativo o el acusativo —A. H.—) está atestiguado solo esporádicamente en letón» (p. 319), pero en el ejemplo de la lengua antigua que cita el autor Dewe beernes tapt ‘convertirse en hijos de Dios’, sin duda no se emplea el instrumental (con la terminación -is < *-ais), sino el acusativo; así lo muestra el pasaje correspondiente en las traducciones de Glück y Elger (teem dewe wiṇtch Waļļas Deewa Behrnus tapt Glück, Jn 1,12; Bet cek to vȥieme, dewwe tems walliu Dewa bērnus tapt Elger, Evangelijos ir Epistolos 6r25): toda la construcción es incorrecta, ajena al letón y surgió por imitación del accusativus cum infinitivo latino (dedit eis

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potestatem filios Dei fieri). A los autores alemanes les resultaba difícil construir la frase correctamente en letón, por lo que se eligió el caso siguiendo la construcción alemana Gottes Kinder zu werden. Como en tal sintagma era difícil determinar el caso debido a la homonimia de las formas casuales, el latín impuso su interpretación gramatical. La falsa suposición de que en esta construcción debería emplearse el instrumental procede de aplicar mecánicamente al letón las reglas de la gramática lituana. En realidad, el instrumental lituano constituye aquí una innovación (en general, parece que en lituano el ámbito de uso del instrumental predicativo se ha ampliado considerablemente con respecto al protobáltico), mientras que el letón conserva el dativo, característico de las lenguas bálticas y eslavas, para marcar el sujeto —expreso o tácito— de una oración de infinitivo y el predicado nominal (cf. el eslavo eclesiástico antiguo Dastb imъ oblastь čedotь božijemь [¡dat. pl.!] ser). En la construcción del letón actual Dieva bērniem tapti, la forma bērniem es un verdadero dativo, no un instrumental coincidente con el dativo, porque en la posición de predicado nominal de una oración de infinitivo puede aparecer no solo el dativo plural, sino también el singular (tapt Dieva bērnam), mientras que el instrumental singular no coincide con el dativo.

Probablemente por un descuido, se presenta como ejemplo de ilativo del letón antiguo la construcción exan hellēs ‘en el infierno’, y como ejemplos de locativo, tan tresschan Deenan ‘el tercer día’ y cenan turret ‘mantener en la gloria’ (p. 320).

Los ejemplos que ilustran la influencia de las lenguas extranjeras y del contexto social y cultural en el léxico de las lenguas bálticas están muy bien seleccionados; solo cabría reprochar al autor alguna que otra imprecisión. Por ejemplo, no se entiende la formación de la palabra letona plātēzeris ‘fanfarrón’ (p. 360) si no se menciona la fuente concreta, la palabra pletēzeris (plettiser, Plätteisen) ‘plancha’, junto a la cual se creó, por asociación de sonidos (plātities ‘jactarse’), la forma burlesca plātēzeris; difícilmente se puede hablar aquí del elemento derivativo -izeris, procedente del bajo alemán medio iser ‘hierro’. La aparición de adjetivos letones como sniegbalts ‘blanco como la nieve’ (p. 370) fue promovida, por supuesto, no por el ruso (donde este tipo no existe en absoluto), sino por el alemán (schneeweiß y otros), y no durante la época soviética, sino mucho antes, en las obras de autores del siglo XIX (Endzelīns ya intentaba combatir este fenómeno antes de la guerra). El letón tomó prestada dos veces, en épocas distintas, la palabra rusa pud: las palabras lituana pūdas y estonia puud corresponderían cronológicamente, como «préstamo paralelo», a la forma letona más antigua puōds, y no a la más reciente puds (p. 394).

El traductor realizó, sin duda, muy bien su difícil tarea, y solo cabría formular observaciones críticas sobre unos pocos pasajes. Resulta desacertado, por ejemplo, el uso del término «modalidad» en frases como «esta modalidad [en referencia a la modalidad indirecta —A. H.—] se manifiesta mediante el uso de formas de participio activo...» y «tradicionalmente, el debitivo se considera una modalidad» (pp. 331–332). Se puede hablar de modos o de formas con función modal, pero el término «modalidad» (modality, Modalität, модальность, etc.) abarca toda la esfera de los significados modales; por eso, empleado para designar formas concretas, suena inusual. El término inglés evidential se usa para describir formas mediante las cuales el hablante puede o debe indicar en qué datos o pruebas (ingl. evidence) se basa al decir algo (por ejemplo, si lo ha visto u oído, etc.); la traducción «modo evidente» (p. 330) no parece del todo adecuada, pues tal modo probablemente solo podría denotar aquello que es evidente (evident). La expresión francesa tout court no significa ‘bastante rápido’ (p. 250), sino ‘simplemente, en una palabra, sin reservas’.

Siempre hay que alegrarse cuando un científico, en vez de limitarse a investigaciones originales —de las que puede esperar, si no mayor fama, al menos una satisfacción intelectual más grande—, dedica tiempo y esfuerzo a escribir una síntesis de su campo científico: pues esta siempre puede convertirse en objeto de críticas fáciles. Pietro

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U. Dini ha puesto, sin duda, mucho corazón en sus Lenguas bálticas, ofreciendo así al lector no un mero inventario árido de hechos, sino un libro vivo y atractivo. Demos las gracias a Pietro U. Dini por su excelente trabajo y al editor Bonifaciu Stundžia por sus esfuerzos para hacerlo accesible a los lectores de Lituania.

Axel Holvoet

Recibido el 24/08/2001

Instituto de la Lengua Lituana, Antakalnio g. 6, 2055 Vilnius, Lituania [email protected]

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