Page 1ACTA LINGUISTICA LITHUANICA
XLIV (2001), 167–187
Sobre la evaluación de los apellidos lituanos desde el punto de vista de la formación de palabras
VITALIJA MACIEJAUSKIENĖ
Lietuvių kalbos institutas, Vilnius
El artículo trata de los apellidos lituanos considerados desde el punto de vista de la formación de palabras. En antroponimia y toponimia se observan los mecanismos habituales de derivación (composición, afijación, etc.), pero también existe un mecanismo específico que consiste en crear antropónimos y topónimos sin marcas formales de derivación, lo que da lugar a nombres personales y nombres de lugar primarios (no derivados), por ejemplo: sustantivo común → nombre de lugar, nombre personal, apodo; nombre propio → nombre de lugar, nombre personal, apodo. Los apellidos lituanos constituyen una categoría específica, pues no adquieren marcas derivativas en el proceso de derivación. Un apellido es un patronímico, apodo, etc., original, empleado como apellido. Por tanto, es imposible analizar derivativamente los apellidos como tales, ya que todos son unidades primarias (no derivadas). Por supuesto, es posible segmentar morfológicamente los apellidos.
1. NOTAS INTRODUCTORIAS
Los apellidos forman parte de las palabras propias, u onimos, de la lengua lituana y constituyen una subclase de la clase de los antropónimos. Además de esta última, en el contexto de los estudios de onomástica lituana cabe mencionar también las subclases de los nombres de pila y los apodos, así como la extensa clase de los topónimos. Esta comprende subclases de topónimos que designan distintos objetos (por ejemplo, nombres de masas de agua, o hidrónimos; nombres de lugares habitados, u oicónimos; nombres de lugares pantanosos, o helónimos; nombres de montañas, u orónimos; etc.).
La especificidad de la evaluación de los onimos desde el punto de vista de la formación de palabras se ha tratado ampliamente en los trabajos teóricos de onomástica. En ellos se destacan las diferencias entre las concepciones de la formación de palabras comunes y propias, y se describen las particularidades del estudio de las palabras propias que conforman una u otra clase (subclase) de onimos (cf. Nepokupnyj, ed. 1986: 162–173, 207–208). Sin extendernos ni comentar aquí con más detalle las afirmaciones relacionadas con estos problemas (algo que no exige el objetivo de este artículo), es importante señalar las propuestas de distinguir, al estudiar los onimos, la llamada formación viva, cuando se han conservado o existen relaciones de motivación derivativa entre la palabra base y el derivado, y la formación histórica, vinculada a la segmentación morfémica de los onimos1 (también se menciona el concepto de análisis de la estructura morfológica) (Nepokupnyj, ed. 1986: 162–163). Como se ve, se habla del análisis derivativo y estructural de las palabras propias, distinguiendo claramente ambos conceptos.
Cuál de los modelos mencionados —el análisis derivativo o el estructural— debe aplicarse al estudiar los onimos tendría que determinar, entre otras cosas, la clase (subclase) a la que pertenecen estos últimos.
1 Dėl morfeminio skaidymo plačiau žr. Urbutis (1978: 137–142).
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Es muy importante conocer lo mejor posible las particularidades de una u otra clase (subclase) de nombres propios: cómo surgió y se formó el sistema de nombres propios, si todavía se sigue completando con nuevas unidades o si es cerrado e inmutable, qué circunstancias lingüísticas y extralingüísticas determinaron su carácter, etc. Las respuestas a estas preguntas permitirían dividir los nombres propios, al menos de manera condicional, en dos grupos. Uno estaría formado por clases (subclases) de nombres propios cuyos elementos pueden y deben estudiarse desde el punto de vista de la formación de palabras, distinguiendo tipos (procedimientos) de formación, determinando las palabras de base y los formantes derivativos, identificando las formaciones, etc. En el otro grupo estarían los nombres propios cuyo estudio debería abordarse únicamente mediante el análisis morfémico (análisis de la estructura morfológica).
El objetivo de este artículo es examinar cómo se estudian, o podrían estudiarse, los nombres propios lituanos desde esta perspectiva y, en ese contexto, tratar de encontrar un lugar para los apellidos lituanos. De lo expuesto debería quedar claro que el artículo se basará en la experiencia de la investigación de la onomástica lituana y no pretende ofrecer generalizaciones teóricas exhaustivas. Por ello, las ideas y afirmaciones aquí expuestas deben considerarse como una de varias opiniones posibles sobre el estudio de los apellidos lituanos desde el punto de vista de la formación de palabras.
2. REVISIÓN DE LOS ESTUDIOS SOBRE LA FORMACIÓN DE LOS TOPÓNIMOS
2.1. En la actualidad, el aspecto más exhaustivamente estudiado es la formación de los nombres lituanos de masas de agua. A este tema se dedica una monografía exhaustiva (Vanagas 1970). En la introducción de la obra (Vanagas 1970: 6–27) se examinan y evalúan todos los estudios realizados hasta entonces sobre la formación de los nombres lituanos de masas de agua, señalando que en algunos trabajos «se analiza no la formación de los hidrónimos, sino su estructura morfológica». Es decir, no se seguía el «principio derivativo»: se unificaban los varios tipos derivativos (estructurales-gramaticales) de hidrónimos que debían distinguirse y se mezclaban en un mismo grupo nombres de masas de agua de distinta formación. Antes de describir las particularidades de la formación de los hidrónimos, se ofrece una revisión de las opiniones sobre las similitudes y diferencias entre las palabras comunes y los nombres propios, y se concluye que «la tarea de analizar la formación de los hidrónimos es algo distinta de la de las palabras comunes». Al estudiar la formación de estas últimas, se procura determinar «de qué manera la lengua crea palabras nuevas y cómo amplía su vocabulario». En cambio, el sistema de hidrónimos ya se ha formado y permanece inmutable; es decir, no está sujeto a las leyes internas de la lengua. Por tanto, al estudiar la formación de los nombres de masas de agua, «la mirada del investigador se dirige siempre más hacia el pasado, hacia aquellos tiempos en que el sistema, ahora estático, apenas comenzaba a formarse». A continuación, en la introducción se aborda el muy importante problema de la clasificación de los hidrónimos para analizar su formación y se revisan y evalúan los intentos ya realizados de dividir los topónimos en clases. Tras ello, se elige un modelo de clasificación estructural-gramatical de los hidrónimos lituanos, partiendo de la idea de que podría aplicarse también a otros estratos del repertorio de nombres lituano.
Según la clasificación elegida, desde el punto de vista de su formación, todos los nombres lituanos de masas de agua se dividen en primarios y secundarios. Los primeros se subdividen en sustantivales (procedentes de palabras comunes y nombres propios) y adjetivales. Los segundos, en derivados, compuestos y sintagmáticos. Cabe añadir que, al estudiar los derivados, se buscan vínculos entre los principios de derivación de las palabras comunes y los nombres de masas de agua, y se reconoce que el término derivado se usa con máxima precisión para designar aquellos hidrónimos cuyo «vínculo derivativo con las palabras comunes o nombres propios correspondientes sigue siendo completamente claro». La formación de otros hidrónimos no está clara, pero es posible segmentarlos en morfemas, es decir, considerarlos provistos de un afijo; además, existen hidrónimos de formación incierta,
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cuyas segmentaciones en morfemas también solo pueden conjeturarse. En estos últimos casos, el término mencionado se emplea de manera condicional (Vanagas 1970: 54–57).
Como puede verse, en comparación con la formación de las palabras comunes, la especificidad de los nombres propios ha llevado a distinguir un nuevo procedimiento de formación, cuyo resultado son los nombres primarios de masas de agua. Se trata de hidrónimos procedentes de palabras comunes y nombres propios que, durante la toponimización2, es decir, al convertirse en nombres de masas de agua, no adquirieron ningún rasgo formal de formación de palabras (cf. Vanagas 1970: 28), por ejemplo: Adomaitis ež. < Adomaitis avd., Akivaras ež. < akivaras, Balandis ež. < balandis, Baltà up. < baltà, Globys up. < Globys avd., Gulbis ež. < gulbis, Janãvas ež. < Janãvas k., Kriaušiùs up. < kriaušiùs, Kūndrotas up. < Kūndrotas avd., Leĩmantas up. < Leĩmantas avd., Néndrė up. < néndrė, Piliakalnis ež. < piliakalnis, Sirvydis ež. < Sirvydis avd., Skersūtinìs up. < skersūtinis, Smailiùtis up. < smailiùtis «smailas», Šermukšnýnas ež. < šermukšnynas, Šiupiẽniai ež. < Šiupiẽniai k., Tėkančioji up. < tėkančioji, Trilýpis ež. < trilýpis, Vendrýkštis up. < vendrýkštis «vingiarykštė», Žalióji up. < žalióji. Aquí los nombres primarios de masas de agua se presentan en orden alfabético, pues, desde el punto de vista de su formación, todos son equivalentes, ya que proceden de palabras comunes o nombres propios, sustantivos o adjetivos, antropónimos u otros topónimos (cf. también Vanagas 1970: 29).
2.2. La misma clasificación estructural-gramatical elaborada para el análisis de la formación de los hidrónimos se ha aplicado también al estudio de la formación de algunos nombres lituanos de montes —unos 4,6 mil—, o orónimos (Vanagas 1973). Primero se dividen en primarios y secundarios y, después, al igual que en el estudio de la formación de los hidrónimos, los grupos se subdividen con mayor detalle. Los nombres primarios de montes se describen del mismo modo que los hidrónimos primarios: proceden de apelativos, otros topónimos o antropónimos y no presentan rasgos formales de formación de palabras (Vanagas 1973: 209), por ejemplo: Apušotas < apušotas, Aujėda < Aujėda up., Aukštas < aukštas, Degimas < degimas, Didžiulis < didžiulis, Gūbrýs < gūbrýs, Kapėliai < kapėliai, Krìštapas < Krìštapas avd., Lydekà < lydekà, Obelėlė < obelėlė, Pašlaitė < pašlaitė. Prancūzai < prancūzai, Smailusis < smailusis, Šaltupýs < Šaltupýs up., Visginas < Visginas avd.
2.3. La formación de otras clases (subclases) de topónimos lituanos no se ha estudiado exhaustivamente. Dada la abundancia de nombres de lugares pantanosos, o helónimos, hasta ahora solo ha recibido atención uno de sus tipos de formación: los nombres de lugares pantanosos con sufijo (Bilkis 1998). En el contexto de la clasificación de hidrónimos mencionada, estos topónimos se clasifican primero como secundarios y, luego, como derivados; más concretamente, como derivados sufijales. El estudio de los helónimos formados mediante sufijación se basa en los principios de análisis de la formación de hidrónimos de A. Vanagas, prestando atención a la ya fundamentada teóricamente desde hace tiempo falta de identidad entre los conceptos análisis derivativo y análisis morfémico (segmentación morfémica). Por ello, se consideran derivados sufijales los nombres de lugares pantanosos cuyo «sufijo no es un elemento de la segmentación morfémica o de la formación de formas, sino un afijo derivativo, es decir, un medio para formar palabras nuevas» (Bilkis 1998: 32).
Las premisas mencionadas también se siguen al estudiar los nombres de lugares habitados formados mediante sufijación, o oicónimos (Razmukaitė 1998). Por ahora no existe un análisis exhaustivo de su formación (véase una revisión de los estudios en Razmukaitė 1998: 1–4).
2Quizá aquí sería más apropiado el concepto de hidrónimización, puesto que también hay hidrónimos formados a partir de otros topónimos; es decir, casos en que un topónimo se convierte en otro topónimo (topónimo → topónimo).
3Aquí y en otros lugares, las abreviaturas son las mismas que se emplean en este estudio y en otros trabajos de onomástica lituana. Dado que son de uso habitual, no se incluye una lista aparte de abreviaturas.
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Los intentos de describir posibles grupos clasificatorios en lo que respecta a la formación de los nombres de lugares habitados se observan en el artículo de P. Jonikas «Nombres de persona y topónimos» (Jonikas 1968). Aquí se mencionan nombres de lugares habitados sufijados, prefijados, compuestos y formados por composición (cf. la clasificación de hidrónimos de A. Vanagas). En cambio, los topónimos que, según afirma el autor, «coinciden con la forma singular de un nombre de persona y de un apellido (cf. Biršto-nas, Kaunas, Skuodas, Sudárgas)» (Jonikas 1968: 564), sin duda pueden clasificarse como primarios, ya tratados anteriormente.
Tras repasar brevemente los estudios sobre la formación de los nombres de masas de agua, de montañas, de terrenos pantanosos y de lugares habitados en lituano, es importante señalar además que estos y otros topónimos podrían estudiarse sin duda de otra manera, es decir, aplicando el modelo de análisis morfémico (segmentación morfémica). Los objetivos, la forma y el contenido de tales estudios diferirían de los del análisis derivativo de los topónimos aquí examinado.
3. RESEÑA DE LAS VALORACIONES DE LA FORMACIÓN (ESTRUCTURA) DE LOS NOMBRES DE PERSONA
Hasta el momento no existen estudios específicos dedicados al análisis de la formación de otra clase de nombres propios del lituano: los nombres de persona. Sin embargo, en algunos trabajos de antroponimia pueden encontrarse elementos de una perspectiva sobre la formación o la estructura de los nombres de persona.
3.1. En el «Diccionario etimológico de los nombres lituanos» (Kuzavinis, Savukynas 1987), probablemente la recopilación más exhaustiva de estos nombres propios, se presentan nombres de diversa formación y origen, así como de distinta antigüedad. Según el período en que funcionaron en el repertorio de nombres lituano, estos nombres de persona pueden dividirse en tres grupos: nombres antiguos, cristianos y modernos. El análisis de la formación de los nombres de cada uno de estos estratos probablemente tendría rasgos específicos, relacionados, entre otras cosas, con sus fuentes, las circunstancias de su incorporación al repertorio actual de nombres, etc.
Los nombres antiguos son una parte de los nombres de persona lituanos que estuvieron en uso durante el período pagano, cuando aún no se había formado el sistema binario lituano de denominación mediante nombre y apellido. Así pues, eran los únicos nombres de persona que tenían entonces los lituanos, pero no nombres en el sentido actual del término vardas4. Entonces, ¿cómo puede caracterizarse la relación entre los nombres históricos de persona y los nombres actuales? Puede haber diversas opiniones.
Al parecer, es posible identificar sin más los nombres actuales con los nombres históricos de persona, reconociendo que estos últimos han llegado hasta nuestros días sin cambios y que ahora funcionan como nombres. Tal identificación —evidentemente formal y convencional— estaría justificada en parte por el hecho de que la función más importante de los nombres históricos de persona, esto es, designar a una persona distinguiéndola de las demás, presupone en cierto sentido las funciones tanto de los nombres como de los apellidos actuales (en este caso, lo más importante es que presupone también la función de los nombres)5. Esta concepción de la relación entre los nombres históricos de persona y los nombres actuales denominados antiguos permite fundamentar lo que se dice sobre la formación de estos nombres (al explicar su origen) en el diccionario citado. Allí se distinguen cuatro tipos de formación de nombres antiguos: 1) compuestos de dos temas, 2) formas abreviadas derivadas de ellos, 3) derivados abreviados con sufijo, 4) apelativos, es decir, nombres comunes-
4 Sobre el uso de este término en el estudio de la antroponimia histórica, véase también Maciejauskienė (1991: 14).
5 Dėl vardų ir pavardžių funkcijų dar žr. Maciejauskienė (1991: 14, 19, 50–51).
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niai žodžiai, virtę vardais (Kuzavinis, Savukynas 1987: 25). Lyginant su anksčiau aptarta hidronimų klasifikacija pirmasis senųjų vardų darybos tipas tapatintinas su antriniais sudurtiniais vietovardžiais, trečiasis su antriniais – priesagų vediniais, o ketvirtasis – su pirminiais vietovardžiais (detalesnio bendrumų ir skirtumų aptarimo atsisakyta, nes to nereikalauja straipsnio tikslas). Trečiojo tipo vardai – dvikamienių trumpiniai (jie dar vadinami ir senaisiais vienkamieniais vardais) vertintini kaip tam tikro vardu susidarymo būdo, o ne onimų darybos tipo (iprasta lingvistine šios sąvokos reikšme) rezultatas6.
Los más frecuentes son los nombres antiguos de dos temas (los llamados compuestos de dos temas), por ejemplo: Alg-minas, Al-mintas, Ei-bartas, Gėd-rimas, Gós-tautas, Kant-minas, Min-gaudas, Taūt-gailas, Tól-mantas, Tvir-gedas, Vai-noras, Vaiš-mantas, Vil-mantas. Otro grupo de nombres actuales denominados antiguos y caracterizables desde el punto de vista de la formación lo constituyen los derivados con sufijo, por ejemplo: Algėnis, Bartėnis, Birėnis, Dargėnis, Daugėnis, Eidėnis, Eigėnis, Gaudėnis, Gedėnis, Gintėnis, Girdėnis, Girstėnis, Gytėnis, Kantėnis, Klausėnis, Tautėnis, Vaidėnis, etc. (derivados con el sufijo -enis); Bylotas, Darotas, Daugotas, Eidotas, Milotas, Minotas, Vaidotas, Valiotas, Viltotas (derivados con el sufijo -otas); Barūtis, Birūtis, Darūtis, Eigūtis, Eimūtis, Gailūtis, Gedūtis, Geistūtis, Girdūtis, Kęstūtis, Klausūtis, Ramūtis (derivados con el sufijo -utis); Klausilas, Marūtilas, Váidilas (derivados con el sufijo -ilas). En opinión de los autores del diccionario etimológico de nombres, las bases de estos derivados son formas abreviadas de nombres de dos temas. Solo en contadas ocasiones se señalan como bases otros antropónimos lituanos antiguos (cf. Augėnis, Baltėnis, Drąsūtis, Jaunūtis, Laimūtis, etc.).7
Entre los nombres actuales denominados antiguos parece que no había ninguno que, desde el punto de vista de la formación, pudiera considerarse primario (los autores del diccionario los llaman «apelativos: palabras comunes convertidas en nombres»; véase Kuzavinis, Savukynas 1987: 25). Sin embargo, llaman la atención los escasos derivados por terminación (por ejemplo: Budrys, Būdrius del lituano budrūs, Drąsius del lituano drąsūs, Jaunys, Jaunius del lituano jaūnas), aunque no se menciona este tipo de formación de los nombres antiguos.
Tras resumir lo que se dice en el «Diccionario etimológico de nombres lituanos» sobre la formación de los nombres actuales denominados antiguos, convendría volver a la postura formulada anteriormente: una valoración de la formación de estos nombres, o de nombres similares, debería basarse en la identificación de los nombres actuales con antropónimos históricos análogos (como ya se señaló, de manera muy formal y convencional). Otro modo de valorar la relación entre los antropónimos históricos y los nombres actuales denominados antiguos podría ser el siguiente: los nombres actuales surgieron de antropónimos históricos sin conservar ningún rasgo formal de formación. Por consiguiente, desde el punto de vista de la formación, todos estos nombres se clasificarían como primarios. Así, los nombres actuales mencionados Algminas, Alminas, Eibartas, Gėdrimas, etc., surgieron (se formaron) a partir de antropónimos históricos análogos, que, en el contexto de la valoración de su formación, deberían clasificarse como compuestos secundarios. Y los nombres Algėnis, Bartėnis, Dargėnis,... Bylotas, Darotas, Daugotas,... Barūtis, Birūtis, Darūtis,... Klausilas, Mańti-
6 Plačiau apie juos žr. Maciejauskienė (1997: 113–124).
7 Cabe señalar que, al indicar los cuatro tipos de formación de los nombres antiguos, solo se mencionan «derivados sufijales de formas abreviadas» —Kuzavinis, Savukynas (1987: 25). Además, cabría plantearse si las bases de todos estos nombres —los derivados con sufijo— son realmente antropónimos, pero esta cuestión no guarda relación con los objetivos del presente artículo.
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las y otros, antes considerados derivados con sufijo, también habrían surgido simplemente de antropónimos históricos, formados, desde el punto de vista de la formación, mediante sufijación. Asimismo, habría que valorar la formación de los demás nombres actuales denominados antiguos. Este enfoque sería aceptable, entre otras razones, tanto por la gran dificultad de definir las funciones de los antropónimos históricos al compararlas con la finalidad de los nombres actuales como por las conexiones con las particularidades de la valoración de la formación de los apellidos lituanos actuales, de las que se hablará más adelante. Si se considera que todos los nombres actuales denominados antiguos son primarios desde el punto de vista de la formación, sería prometedor e interesante estudiarlos aplicando el modelo de análisis morfémico (segmentación morfémica).
El análisis de la formación de otra capa del repertorio onomástico actual —los nombres cristianos— no es objeto de estudio de la formación de palabras en lituano. Todos estos nombres llegaron de otras lenguas (griego, hebreo, latín, germánico, eslavo, etc.) y trajeron consigo rasgos de formación (estructura) propios de ellas. Por tanto, solo cabe hablar de cuestiones relacionadas con la adaptación de los nombres cristianos en lituano. Una de ellas sería la relación y el uso de las formas largas (canónicas) de los nombres cristianos y sus formas abreviadas; otra, los derivados con sufijos diminutivos de estos nombres, extendidos en las fuentes históricas de los siglos XVI–XVII y que dejaron de usarse en las fuentes de los siglos XVIII–XIX, etc. (véase Maciejauskienė 1979; 1991: 34, 38, 41; 1993: 102). Es cierto que varios derivados con sufijos diminutivos de nombres cristianos siguen estando extendidos en el habla viva, pero no son formas oficiales de nombres consignadas en los documentos de identidad. Por ello, parece posible prescindir aquí de examinarlos más detalladamente.
Los nombres nuevos, que constituyen la tercera capa del repertorio onomástico actual, suelen dividirse, por su origen, en nombres de origen lituano y no lituano (Kuzavinis, Savukynas 1987: 41–46). Los segundos, es decir, los nombres de origen no lituano, llegaron al repertorio onomástico lituano desde otras lenguas. Por tanto, al igual que los nombres cristianos, el análisis de su formación no es objeto del análisis de la formación de palabras en lituano.
La situación es distinta con los nombres nuevos de origen lituano. Al valorarlos desde el punto de vista de la formación, es fácil distinguir varios grupos clasificatorios, también identificados en la clasificación gramatical-estructural de topónimos examinada anteriormente. Se trata de nombres primarios que, sin adquirir ningún rasgo formal de formación, surgieron de palabras comunes o propias, por ejemplo: Aušra: lituano aušra, Bangà: lituano bangà, Dainà: lituano dainà, Dóbìlas: lituano dóbìlas, Gìntaras: lituano gìntaras, Jūra: lituano jūra, Liépa: lituano liépa, Svajà: lituano svajà, Svajonė: lituano svajonė, Žarà: lituano žarà (de palabras comunes), o bien Agluona: Agluona río, Airė: Airė río, Alantà: Alantà río, Álantas: Álantas río, Gáilìntas: Gáilìntas lago, Mìlda: Mìlda (nombre de una diosa mitológica), Nėmunas: Nėmunas río, Nidà: Nidà localidad, Skìnija: Skìnija río, Svalìa: Svalìa río, Ūla: Ūla río, Upýna: Upýna río, Vilnius: Vilnius ciudad, Žeimenà: Žeimenà río, Žemýna: Žemýna (nombre de un ser mitológico), etc. (de nombres propios: topónimos, mitónimos o nombres de seres mitológicos, entre otros). Entre los nombres secundarios cabe mencionar claros derivados por terminación, por ejemplo: Aidė: lituano áidas, Aūdrė: lituano áudra, Aūšrė: lituano aušrà, Ąžuolė, Ąžuolis: lituano ąžuolas, Dãlius: lituano dalìà, Gáiva: lituano gaivì, Jáutra, Jáutrė: lituano jáutrus, -i, Jūris, Jūrius: lituano jūra, Miglė: lituano mìglà, Rytė, Rytis: lituano rýtas, Skaidrė, Skáidrė: lituano skaidrì, skáidrì «agradable, alegre», Skaistýs, Skaistis: lituano skaistùs, skaistùs «luminoso; honrado», Taurýs, Tãurius: lituano taurùs «honrado; noble», Ūgnė: lituano ugnìs. Otro grupo de nombres nuevos secundarios desde el punto de vista de la formación lo constituyen los derivados con sufijo, por ejemplo: Audronė, Audrõnis, Audrõnius: lituano áudra (derivados con los sufijos -onė, -onis, -onius), Audrūnas, Audrūnė: lituano áudra (derivados con los sufijos -ūnas, -ūnė), Ban-
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guõlis: lit. ola (derivado con el sufijo -uolis), Laimintà, Laimìntas: lit. felicidad (derivados con los sufijos -inta, -intas), Laisvūnas: lit. libertad (derivado con el sufijo -ūnas), Teisūtis: lit. justo (derivado con el sufijo -utis), Žydrūnas: lit. «azul (del cielo)» (derivado con el sufijo -ūnas).
Entre los nombres nuevos también hay algunos formados (en su mayoría por lingüistas) según los modelos formales y semánticos de los nombres antiguos, alternando o combinando raíces conocidas de antropónimos de dos temas, por ejemplo: Al-ginas, Al-kantas, Aug-mantas, Bar-mantas, Būt-mintas, Eig-mantas, Eit-viltas, Gil-mintas, Graž-valdas, Jau-vaidas, Kęs-bartas, Liaud-gintas, Min-vaidas, Rād-vydas, Skir-tautas. Estos nombres son artificiales; su uso no está atestiguado en la antroponimia histórica. Por ello, a diferencia de los antiguos nombres de dos temas, para los que al evaluarlos desde el punto de vista de la formación se mencionaron dos posibilidades —que sean compuestos (compuestos de dos temas) o primarios—, los nombres nuevos de este tipo, al parecer, solo podrían denominarse compuestos.
Como puede observarse, al estudiar la formación de los nuevos nombres de origen lituano, es posible determinar de qué maneras se forman nombres nuevos y se enriquece el repertorio onomástico actual (cf. el análisis de la formación de palabras comunes, cuyo propósito es determinar cómo crea la lengua palabras nuevas y así amplía su caudal). Por consiguiente, el sistema de nombres lituanos, como una de las subclases de los onimos, aún no se ha formado por completo; es cambiante y abierto. Esto determina las particularidades del estudio de la formación de estos nombres propios.
3.2. Abierto y cambiante es el sistema de otra subclase de antropónimos lituanos: los apodos. ¿Cómo se evalúan estos antropónimos desde el punto de vista de la formación de palabras?
El artículo de Ž. Urbanavičiūtė y V. Žickutė «Los apodos lituanos» no responde a esta pregunta. Aquí estos antropónimos se clasifican «según su estructura y formación» en cinco grupos: 1) palabras no derivadas (Tetà, Slyvà, Žinai), 2) derivados, que a su vez se dividen en sufijados (Rāčius, Juodis, Plikis, Žiūra), con sufijo (Rūgštelė, Vištukė, Skiltuvas), prefijados (Berānikė, Pakluōnis) y prefijados-sufijados (Pakapinis, Panaktinūkas), 3) compuestos, que nuevamente se dividen en compuestos por composición (Penkplaukis, Puragalvis) y compuestos sintagmáticos (Guminis Jonas, Sitklo bobutė), 4) derivados-compuestos (Sugrūbnagis, Nulepāusis, Skersgalvinis) y 5) frases (Tavè perkūnėlis, Gerai šako) (Urbanavičiūtė, Žickutė 1975: 60–61). Los ejemplos presentados muestran claramente que esta clasificación no tiene que ver con la identificación de los posibles tipos (procedimientos) de formación de apodos, sino que solo describe la estructura de estos antropónimos.
En la monografía «Los apodos lituanos», estos onimos se definen como nombres personales no oficiales motivados desde el punto de vista onomástico, y se considera que se caracterizan por tener el significado de una palabra común y la función de un nombre propio (Butkus 1995: 21, 26). El estudio se centra principalmente en investigar los motivos de los apodos, con la idea de que el análisis de la formación de estos nombres personales debería ser objeto de otro trabajo científico. Sin embargo, también se examina la formación de algunos apodos (familiares, de muletilla y los que indican el lugar de residencia). Esto permite describir algunas posturas relacionadas con el estudio de los apodos desde este punto de vista.
Se admite la posibilidad de clasificar los apodos, desde el punto de vista de la formación de palabras, en primarios y derivados (Butkus 1995: 31, 33). Los primeros, según se afirma, «no se diferencian en nada de la palabra motivadora» (en el contexto más amplio ya abordado de la evaluación de la formación de los nombres propios, esta última palabra no sería otra cosa que la palabra base). Esta postura permitiría pensar que apodos como Adatėlė, Dramblys, Duonėlė, Dviratis, Kāvis, Sūmai-
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este, Šlubis, Válkata, etc. cuyos vocablos motivadores son aguja pequeña, elefante, panecillo, bicicleta, herrero, šurmaisis, cojo, vagabundo, se consideran primarios.
Antes de empezar a hablar del segundo grupo de apodos —los derivados—, primero convendría señalar que en este caso sería más apropiado emplear el concepto de apodos secundarios. Pues los derivados, o formaciones derivadas, son palabras que «se basan en una palabra raíz y tienen un formante derivativo» (Gaivenis, Keinys 1990: 225). Así pues, quedan fuera del concepto preciso de este término las palabras compuestas y complejas que el autor menciona a continuación y atribuye a los derivados8. Al afirmar que para evaluar la formación de los apodos se aplican criterios algo distintos de los que se emplean al hablar de la formación de otros onímicos, por ejemplo, de los hidrónimos, el autor sostiene que se puede hablar de «derivación cuando la relación se da entre miembros del mismo nivel, es decir, del nivel onomástico; dicho de otro modo, cuando el apodo se forma a partir de una palabra propia y difiere de ella estructuralmente, por ejemplo: Agočiūkas (: Agota), Didžiakazis (: didis, Kazys)» (Butkus 1995: 33).
De acuerdo con este enfoque, solo pueden ser apodos secundarios aquellos cuya palabra base sea un onímico (otro nombre personal); en los apodos compuestos, uno de sus componentes (o, más a menudo, ambos), y en los apodos complejos, por lo general, ambos elementos también son nombres propios (normalmente nombres personales), por ejemplo: Agnieškinis: Agnieška v., Aleksandriokas: Aleksandras v., Baltramaitėlis: Baltramaitis pvd., Bambyziokas: Bambyzas pvd., Gabriokas: Gabrys avd., Kaziškis: Kazys v., Kočelįanka: Kočelas pvd., Lesvinčiokas: Lesvinčius pvd., Martyniukas: Martynas v., pvd., Matakūtas: Matakas pvd., Niemčiukas: Niemčius pvd., Tamošynas, Tamošiokas, Tamošiukas: Tamošius v., etc. (derivados con distintos sufijos de otros nombres personales); o bien: Baltrajurgis: Baltrus, Jurgis v., Bružentis: Bružas pvd., liet. žentas, Kaziopetris: Kazys, Petras v., Lapėnžentis: Lapėnas pvd., liet. žentas, Stasiakazis: Stasys, Kazys v., Šimkažentis: Šimkus pvd., liet. žentas (apodos compuestos) y Jonų Antanas: Jonas, Antanas v., Kažio Vitas: Kazys, Vitas v., Šimas Jonas: Šimas, Jonas v., Šimo Motiejus: Šimas, Motiejus v., Staskaus Arūnas: Staskus pvd., Arūnas v., Staskyno Stasys: Staskynas pvd., Stasys v., Vinčiuvienės Jasionis: Vinčiuvienė pvd., Jasionis pvd. (apodos complejos). En apodos complejos como Akmenis Andrijaitis: liet. akmuo, pvd. Andrijaitis, Alksninis Beiga: liet. alksninis, plg. alksnis, pvd. Beiga, Dūburo Bumblauskis: liet. duburas, Bumblauskis pvd. y similares, los primeros elementos no son onímicos, sino palabras comunes.
Como puede observarse, al evaluar la formación de los apodos, se ha restringido considerablemente la concepción de los apodos secundarios (especialmente de los derivados). Esta perspectiva es discutible. Sin embargo, no guarda relación con los objetivos de este artículo. Además, en el trabajo examinado, la evaluación de la formación de los apodos solo era uno de los objetivos periféricos de la investigación.
Pravardžių struktūros analizei skirtas kitas to paties autoriaus darbas (Butkus 1999). Čia vėl patvirtinama nuomonė, kad „apie pravardžių derivaciją galima šnekėti tik tada, kai ji įvyksta onomastiniame, ne apeliatyviniame lygmenyje, t. y. kai pravardė padaroma iš tikrinio žodžio, pvz., Didžiapranis, Adomietis“ (Butkus 1999: 91).
Precisamente por el enfoque mencionado, en el artículo se evita el término formación de apodos, pues, en opinión del autor, «el análisis derivativo de los apodos reduciría considerablemente el objeto de investigación…»
Para más información sobre las imprecisiones en el uso de los términos y conceptos mencionados en este trabajo relacionados con la evaluación de la formación de apodos, véase Maciejauskienė (1999: 239–240).8
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yecto: no incluiría apodos de origen apelativo. En cambio, el análisis estructural de los apodos permite observar qué estructuras de apelativos se eligen para crear apodos» (Butkus 1999: 91–92). De lo citado se desprende que, en este caso, se intenta aplicar al estudio de los apodos el modelo de segmentación morfémica (análisis de la estructura morfológica). También cabe debatir muchos aspectos de lo expuesto en el estudio en cuestión: si es aceptable una concepción de los apodos —especialmente los derivados— secundaria desde el punto de vista de la formación de palabras (pues los numerosos ejemplos presentados incluso en el artículo muestran que los apodos, aun teniendo en cuenta los matices más sutiles de su especificidad, pueden formarse y se forman a partir de palabras comunes); si, al prescindir del término formación de apodos, deben emplearse precisamente los conceptos relacionados con el análisis derivativo derivados por terminación y derivados por sufijación (véase Butkus 1999: 93, 97), que indican el resultado de un tipo de formación y no de la segmentación en morfemas (o de la identificación de formantes); si solo deben segmentarse estructuralmente los apodos que proceden de apelativos derivados, etc. Estas y otras cuestiones semejantes surgen, entre otras razones, porque, al estudiar la estructura de los apodos con temas en (i)u- y u-, no se ha establecido una distinción clara y precisa respecto de su formación de palabras en el sentido lingüístico habitual. Cf., por ejemplo, la afirmación de la primera conclusión de que «predominan los derivados en la terminación -(i)us» (Butkus 1999: 99), que debería indicar que todos los apodos así clasificados son resultado de una derivación y que el formante derivativo es la mencionada terminación -(i)us, aunque entre los apodos así denominados hay tanto derivados con la terminación indicada como nombres propios primarios desde el punto de vista de la formación de palabras. Así pues, ¿no convendría abandonar el concepto que induce a error al lector, derivados por terminación (-ės), y valorar de otro modo los apodos al estudiar su estructura: tienen tal o cual terminación, presentan una terminación, etc.? Lo mismo cabe decir del uso del concepto derivados por sufijación, pues los apodos así denominados no tienen realmente nada que ver con los derivados, sino que simplemente presentan uno u otro formante identificado por el autor.
Dejando para más adelante un análisis más detallado de estos y otros aspectos problemáticos relacionados con la valoración de los apodos desde el punto de vista de la formación de palabras, puede afirmarse que el contenido y las principales tesis de los trabajos de A. Butkus, comentados aquí muy brevemente, muestran que el estudio de la formación y la estructura (composición morfémica) de los apodos no solo es posible, sino que ya se ha iniciado con éxito. Lo realizado hasta ahora permite ver que la especificidad de los apodos determina también algunos rasgos de formación y estructura propios exclusivamente de esta clase de onimias.
3.3. Los apellidos lituanos no se han estudiado desde el punto de vista de la formación de palabras. Sin embargo, en los trabajos dedicados a estos onimios también se analiza, entre otros aspectos, su formación. Al elegir una forma de abordar los apellidos que corresponda a los objetivos de su investigación, los autores a veces incluso intentan clasificarlos en grupos designados con términos habituales de la formación de palabras. Pero esto no permite hablar de una clasificación general, siquiera algo más exhaustiva, de estos nombres personales. Por ahora no existe tal clasificación, y el enfoque que podría adoptar, al parecer, dependería de la concepción de la formación de estos onimios, muy específica en este caso. P. Jonikas divide los apellidos lituanos en tres grupos desde el punto de vista de la formación de palabras (Jonikas 1968: 557). El primero está compuesto por «nombres de un solo tema, hoy sin sufijo ni prefijo, como Žūkas, Baitis, Kedys, Rugà, Pėmpė, Nòrkus, Šėrnius». Según el autor, el otro grupo lo forman los apellidos sufijados y prefijados. Se ofrecen muchos ejemplos de los primeros (Grūmadas, Dalinda, Tilindis, Aukštiejus, Toleikis, Bražiškis, Beržinis, Jurkynas, Keliuotis, Dárgūzas, entre otros) y se afirma que los sufijos más frecuentes son -ikas, -ukas, -iškis, -ėlis, -ėlis, -ėnas, -ynas, -onis, -ūnas, -aitis, etc. En cuanto a los segundos, se dice que no son numerosos (Bepirstis, Nelāimiškis, Nuopėnas, Pakalniškis, Užupis). El tercer grupo está formado por apellidos compuestos, que el autor parece dividir en dos subgrupos: a. Aukštikalnis,
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Didžbalis, Drūtjonas, Ketūrakis, Puškenalaitis, Šešnaukis, Vienažindys, Žiemitys; b. Būt-rimas, Min-daugas, San-gaila, Vis-girdas. A continuación se dice que los apellidos del segundo subgrupo (b) son los más antiguos.
De lo presentado no queda claro cuál es la postura del autor respecto de la formación de los apellidos, es decir, cuál de los modelos distinguidos en el artículo —el análisis derivativo o la segmentación morfémica— considera aceptable para estudiar los apellidos. En el primer caso, los nombres personales «de un solo tema, hoy sin sufijo ni prefijo» supondrían apellidos primarios desde el punto de vista de la formación de palabras y posibles apellidos secundarios, derivados por terminación. Los apellidos del segundo grupo, denominados sufijados y prefijados, serían secundarios: derivados por sufijación y prefijación; y los del tercer grupo serían, como se los llama, apellidos compuestos. Así podrían clasificarse los grupos de apellidos distinguidos por P. Jonikas aplicando la clasificación elaborada para el estudio de la formación de topónimos. Sin embargo, parece más convincente no relacionar la clasificación del autor con el análisis de la formación de apellidos y suponer que su propósito era mencionar los rasgos estructurales más importantes de los apellidos lituanos. No se emplea el término derivado, sino que los ejemplos simplemente muestran que un nombre personal tiene tal o cual sufijo, lleva prefijo, es compuesto, etc. Además, el autor no afirma que los apellidos de los grupos mencionados estén formados de una manera u otra, lo que podría interpretarse como uno de los indicios de que se reconoce el análisis derivativo de estos nombres personales.
Lo expuesto en la obra «La formación de palabras en lituano» (Skardžius 1996) también parece difícil de vincular con un análisis propiamente dicho de la formación de los apellidos lituanos. Al analizar derivados con uno u otro sufijo, se mencionan aquí, junto a palabras comunes, nombres propios: topónimos, apellidos y otros nombres personales. De este modo, estos últimos se incorporan al contexto general del estudio histórico de la formación de palabras en lituano, y se constata que, por ejemplo, los apellidos también tienen un formante identificado y analizado, es decir, un sufijo. Esto se relaciona con el modelo de segmentación morfémica (al menos parcial), aunque la formulación de las afirmaciones puede inducir a error a los lectores menos familiarizados con la materia. Así, al hablar de los sufijos -ila-, -ila, -ilja-, -yla-, -yla, se afirma que «con este sufijo a veces también se forman nombres propios, por ejemplo, los apellidos Dovilas, Gintilas, Jōkilas, Jundilas, <...> Vaidilas...» (Skardžius 1996: 181). O bien, al escribir que «tanto con el sufijo -yla-, como con -yla tenemos nombres propios formados», se enumeran a continuación los apellidos Aurylà, Braukylà, Kausylà, Kirkylà y otros, llamados derivados (Skardžius 1996: 183); al hablar de los sufijos -ušà, -ušà y -ušja-, se constata que «estos sufijos se emplean con mayor frecuencia para formar apellidos» y se enumeran los apellidos Bartūšas, Grābušas, Kibūšas, Bābuša, Baltrūšis, Baltūšis, Gailūšis, Gudūšis, Toliūšis, Tipušys (Skardžius 1996: 318). Podrían citarse muchos enunciados de este tipo o similares, en los que se emplea el término derivado y se dice que los apellidos se forman (o se han formado) con uno u otro sufijo. Como contrapunto, cabrían formulaciones distintas: se afirma que «con -ota tenemos, al parecer, solo nombres propios», y se mencionan los apellidos Aūšrota, Baniotà, Būlota, Kilotà (Skardžius 1996: 345); al hablar del sufijo -enja, se dice que «también hay nombres propios con este sufijo» y se presentan los apellidos Audēnis, Augēnis, Barzdēnis (ir Barzdenys), Girdēnis, Kalvēnis, Skurdēnis, Šakēnis, Tylēnis (Skardžius 1996: 235); o bien: «Encontramos el sufijo -ega en palabras...», tras lo cual se enumeran palabras comunes y los apellidos Apšėga, Ašmegà, Dabregà (Skardžius 1996: 103); «Con el sufijo -eika-, en cambio, solo se conocen algunos nombres propios, por ejemplo, Elseikas, Gedeikas, Kebeikas, Noreikas, Rupeikas (apellidos)» (Skardžius 1996: 159); «El sufijo derivativo -eikja- tiene...», y a continuación se presentan palabras comunes…
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...y apellidos Bareikis, Drąseikis, Drūteikis, Gudeikis, Jauneikis, Juodeikis, Kurpeikis, etc. (Skardžius 1996: 161). Se podrían enumerar de nuevo muchos enunciados formulados de este modo o de manera similar, en los que no aparece el término derivado ni se afirma que los apellidos se hayan formado con uno u otro sufijo (en lugar de ello se dice: hay nombres propios con el sufijo, encontramos sufijos, lleva el sufijo, y expresiones semejantes).
En el contexto de los problemas que se examinan en este artículo, las distintas formulaciones de los enunciados aquí señaladas podrían parecer dos maneras diferentes de evaluar la formación de apellidos. Sin embargo, no es así. Como ya se ha mencionado, al no distinguir en muchos casos los niveles de formación de palabras comunes y propias, parece que simplemente se indica que los apellidos también llevan uno u otro de los sufijos tratados. Lo mismo cabe decir de una parte considerable de los topónimos mencionados (cf. el caso en que, al hablar del sufijo -ūna-, se señalan apellidos con este sufijo – Augūnas, Baldūnas, Baltrūnas, Braždžiūnas, Girdžiūnas, Gailiūnas, etc.– y topónimos que lo contienen y que en su mayoría proceden de apellidos: Baltrūnai, Berniūnai, Ilčiūnai (Skardžius 1996: 280); estos últimos, surgidos de nombres personales que contienen el sufijo -ūnas, de ningún modo podrían considerarse derivados cuyo afijo derivativo fuera el sufijo en cuestión). Por supuesto, solo deben considerarse derivados los nombres personales no oficiales, derivados sufijales, que se usan en la lengua viva. Al hablar del sufijo -aitija, por ejemplo, se afirma, entre otras cosas, que se usa ampliamente en los dialectos aukštaitianos orientales para designar los apellidos de las muchachas solteras, y se ofrecen nombres personales como Jonuškaitė, Karaliūnaitė, Paiuodaitė, Puodžiūnaitė, Viksvaitė; con el sufijo -oka- pueden formarse nombres personales no oficiales de jóvenes que ya han crecido, pero aún no se han casado, por ejemplo: Breivōkas, Karaliūniōkas, Raišeliōkas, Viksviókas, Žiauniōkas; los nombres personales de mujeres Jonienė, Petrienė, Vaičiūnienė, Viksvienė, Šalčiuvienė, etc., deben considerarse derivados de los sufijos -ienė y -uvienė (Skardžius 1996: 360, 133, 290). Más adelante se volverá a hablar de nombres personales de este tipo: formas no oficiales y apellidos de mujeres.
También se ofrecen datos sobre la evaluación de la formación de apellidos lituanos en el «Diccionario de apellidos lituanos». Al explicar el origen de estos nombres personales, a veces se describe también su formación. Ya en la introducción del primer tomo se mencionan apellidos formados a partir de nombres cristianos con diversos sufijos; se afirma que su carácter lituano queda demostrado por el hecho de que llevan sufijos patronímicos lituanos -aitis, -ėnas, -onis, -ūnas, y se denomina a los apellidos derivados sufijales (LPŽ I 14, 28). El término derivado sufijal es probablemente el más utilizado en el diccionario: Abazōnius – derivado con el sufijo -orius de abāzas; Albaitis – derivado con el sufijo -aitis de Albas; Aleksaitis – derivado con el sufijo -aitis de Aleksà; Aliūlis – derivado con el sufijo -ulis de Ālis; Ameliūnas – derivado con el sufijo -ūnas de un nombre personal relacionado con el polaco Amelius; Mikūlis – derivado con el sufijo -ulis de Mikas; Mōrkvenas – derivado con el sufijo -ēnas de un apellido de tema en u, Mōrkus; Ruginis – derivado con el sufijo -inis del lituano rugys, rugiai; Rūtelionis – derivado con el sufijo -onis de *Rūtelis o similar; Seliūkas – derivado con el sufijo -iukas (sobre sel-, véase Seleckas). Como puede verse, las bases de los derivados sufijales aquí presentados son tanto sustantivos comunes como propios. El término mencionado se utiliza de manera inconsecuente en el diccionario, por lo que no se describe la formación de numerosos apellidos de estructura análoga. Simplemente se remite a otro nombre personal del mismo origen que carece de sufijo patronímico o de otro tipo (cf. la presentación de los apellidos Aleksiūnas, Alijošaitis, Alitōnis, Andreikōnis, Popieraitis, Rūželė, Sirūnas, Sirūnaitis, etc.). Esto basta plenamente para explicar el origen de los apellidos.
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Labai retai vartojamas terminas galūnės vedinys: Diržys, Diržius – galbūt galūnių -ys, -ius vediniai iš liet. diržas; Duonis – galūnės vedinys iš liet. duona; Gaižys, Gaižius – galūnių -ys, -ius vediniai iš liet. gaižus ir pan. Dažniausiai tokiais atvejais etimologizuojamo asmenvardžio ir etimono ryšys nurodomas be pirmojo darybos vertinimo, pvz.: Balčius – iš liet. báltas; Nógnius – galbūt sietina su liet. nogniùs, nôgnas; Saldà, Saldỹs – sietina su liet. saldùs; Skruzdỹs – sietina su liet. skruzdė; Skubrys – iš liet. skubriùs; Vilnius – galbūt kildintina iš liet. vilna ir pan. Visiškai nevartojama sąvoka pirminės pavardės. Taip darybos požiūriu apibūdintos pavardės tiesiog siejamos su jų etimonu, kuris dažniausiai yra bendrinis žodis, pvz.: Abišala – iš liet. abišala; Abuója – iš liet. abuója; Béržas – iš liet. beržas; Dagilis – iš liet. dagilis; Geibà – iš liet. geibà; Kamštis – sietina su liet. kamštis; Kirmėlė – iš liet. kirmėlė; Paukštis – iš liet. paukštis; Tilvikas – iš liet. tilvikas ir pan. Tikriniai žodžiai kaip etimonai nurodomi labai retai, pvz.: Stasỹs, Stãsius – iš krikščioniško vardo Stanislovas trumpinių Stasỹs, Stãsius; Stanỹs – iš krikščioniško vardo Stanislovas trumpinio Stanỹs; Pranỹs – iš krikščioniško vardo Pranciškus trumpinio Pranỹs. Pastaraisiais atvejais būtų galima kalbėti apie pirminiais vadintinų asmenvardžių (pavardžių) atsiradimo iš kitų asmenvardžių (krikščioniškų vardų trumpinių) galimybę.
Los apellidos derivados de antiguos nombres personales bisilábicos suelen denominarse compuestos (cf. Arminas, Būtrimas, Būtvydas, Būtvilà, Daugirdas, Gediminas, Gedrimas, Gintautas, Kantminas, Mažvilà, Nórmantas, Vilbutas), y con menor frecuencia, bisilábicos (cf. Gėdbutas, Saūdravas, Skirgila, Skirvainis, Taūtvaišas). Al explicar su origen, se identifican ambos componentes (temas) y se presentan sus etimologías. También se llaman compuestos algunos apellidos como Baltkójis – de báltas, -à y kója; Namgalys – cf. lituano nãmas y gãlas; Šešplaukis – del lituano šeši y pláukas. A veces se omite la caracterización apellido compuesto y se explican directamente los componentes de ese nombre personal: Juodjurgis – de júodas, -à y el nombre personal Jùrgis; Júodkazis – de júodas, -à y el nombre personal Kazỹs; Juodpūsis – quizá de júodas, -à y pùsė. En ninguna parte se denominan compuestos los apellidos relacionados con un étimo compuesto (cf. Júodgalvis – del lituano júodgalvis; Juodsnùkis – del lituano juodsnùkis, etc.). En el diccionario también se usa el término apellido compuesto. Con él se designan los apellidos Talàt-Kelpšà, Talat-Kelpšas.
De lo que se ha resumido brevemente se desprende que en el «Diccionario de apellidos lituanos» la formación de estos nombres personales no se trata de forma sistemática ni coherente. Las descripciones fragmentarias de la formación de apellidos muestran que no se distinguen los niveles de análisis de la formación de palabras comunes y propias, ni se profundiza en las particularidades del análisis derivativo de los onímicos y de la evaluación de la formación de los apellidos, como nombres personales muy específicos. Los autores de ese diccionario sencillamente no lo necesitaban (o quizá aún no había llegado el momento de adoptar un enfoque más exhaustivo).
Otra publicación que intenta abordar la formación de los apellidos actuales es el artículo de J. Šukys «Los apellidos de Miežiškėnai». El autor distingue los siguientes grupos: 1) no derivados, 2) derivados flexivos, 3) derivados sufijales, 4) derivados prefijales, 5) compuestos (Šukys 1986: 86–89). Se considera que los apellidos del primer grupo, que en el contexto de la clasificación expuesta también podrían denominarse primarios, pueden ser de dos tipos: a) procedentes de apodos cuya «base es una palabra común» (por ejemplo: Kiaùšas, Vìlkas, Vã nagas, Švìlpa, Barzdà, Gaidỹs, Vėžỹs, Kapšỹs); b) apellidos en los que se han convertido nombres cristianos o sus variantes (por ejemplo: Imbrãsas, Ūrbonas, Bagdónas, Ramónas, Grigãlius, Gabrỹs, Daškỹs, Ulỹs, Juškà,
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Jėčius). Entre los apellidos denominados derivados por desinencia se mencionan tres subgrupos: a) de adjetivos (p. ej.: Rudys, Žilys, Kairys, Šiaurys); b) de sustantivos (p. ej.: Kluonis, Pinigis, Smetonis); c) de verbos (p. ej.: Skrebė, Pliuškis, Tvaskà). Los apellidos del tercer grupo —los sufijados— se describen señalando que, al formar apellidos, «el sufijo suele añadirse a un nombre cristiano y, con menor frecuencia, a un antropónimo derivado de una palabra común, cuya raíz puede incluso ser no lituana». He aquí un conjunto de apellidos llamados sufijados: Tamošiūnas, Morkūnas, Šaučiūnas, Povilūnas, Karaliūnas, Sitkūnas (sufijo -ūnas); Grigonis, Čėponis, Švilponis, Kupronis (sufijo -onis); Jizikėnas, Gudėnas (sufijo -ėnas); Čičėlis, Maselis (sufijo -elis); Meilūtis, Tarutis (sufijo -utis); Vareikà, Deveikis (sufijos -eika, -eikis); Lukoševičius, Balsevičius, Daraškevičius (sufijo -evičius); Urbonavičius, Karpavičius, Sipavičius (sufijo -avičius); Drebickas, Lipnickas (sufijo -ickas), etc. Los apellidos prefijados y compuestos no se describen de manera específica; solo se señala que son raros y se ofrecen ejemplos: Užusienis (prefijado), Vienażindis, Vidugiris (compuestos).
El autor también analiza por separado los apellidos de las mujeres casadas, los niños y los menores, así como los de las niñas y las jóvenes, centrándose sobre todo en su formación (Šukys 1986: 94–98). Todo lo que se dice al respecto se refiere tanto a la formación de género de los apellidos oficiales, regida por las reglas asentadas en la lengua lituana estándar (los apellidos de las mujeres casadas y parte de los apellidos de niñas y jóvenes), como a las formas no oficiales de apellidos extendidas en la lengua viva y a su formación (los apellidos de niños y menores y parte de los apellidos de niñas y jóvenes).
En el contexto de los problemas examinados, lo más importante es la perspectiva del autor sobre la formación de los apellidos oficiales masculinos. Dejando de lado las dudas sobre la interpretación de la formación de algunos apellidos y su adscripción a uno de los cinco grupos, cabe señalar que, al valorarlos en el contexto de la clasificación de topónimos ya mencionada varias veces, los apellidos se dividen en primarios (no derivados) y secundarios (derivados por desinencia, sufijados, prefijados y compuestos). Es cierto que, al hacerlo, no se emplean los conceptos apellidos primarios y apellidos secundarios. Tampoco se menciona el término palabra base. Aunque de la descripción de los grupos de apellidos puede deducirse cuáles son, en opinión del autor, las palabras base de los antropónimos analizados: para los apellidos no derivados (o primarios), apodos o nombres cristianos; para los derivados por desinencia, adjetivos, sustantivos (los ejemplos y el contexto general muestran que se refiere únicamente a sustantivos comunes) y verbos; para los apellidos sufijados, nombres cristianos y antropónimos derivados de palabras comunes. Los apellidos prefijados y compuestos no se analizan exhaustivamente desde este punto de vista. Así pues, los tipos (procedimientos) de formación de apellidos que distingue J. Šukys y su breve caracterización indican que el autor sostiene que los apellidos lituanos actuales pueden formarse a partir de palabras comunes y propias (más a menudo, de estas últimas).
Hasta ahora se ha hablado de los intentos de valorar desde el punto de vista de la formación los apellidos actuales. Al parecer, los mismos criterios son aplicables también a los apellidos históricos. Pues no importa cuándo funcionan o funcionaron los apellidos, en la actualidad o en los siglos XVIII–XIX. Lo más importante es que estos antropónimos pertenecen a la subclase de los apellidos, es decir, poseen todas las propiedades características de estos nombres propios.
La formación de los apellidos de finales del siglo XVIII se analiza en el artículo de M. Ramonienė (Ramonienė 1987). Se selecciona un tipo de estos antropónimos históricos: los apellidos de origen apodístico-
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apellidos de origen. No queda del todo claro qué apellidos considera la autora de origen apodístico. Al afirmar que gran parte de los apellidos masculinos «se formaron a partir de apelativos (nombres de animales, fieras, plantas, objetos diversos y fenómenos, palabras de significado abstracto), con diversos formantes derivativos o sin ellos, o mediante la composición de dos palabras», la autora denomina a esos apellidos apellidos de origen apodístico, «que suelen surgir no directamente de palabras comunes, sino de apodos» (Ramonienė 1987: 135). Entonces, ¿a partir de qué se formaron los apellidos de este tipo: de apelativos o de palabras propias, es decir, de apodos? Al valorar desde el punto de vista de la formación los apellidos de origen apodístico, debería encontrarse una respuesta u otra a esta pregunta. Por lo que se expone a continuación en el artículo, puede entenderse que se adopta la postura de que los apellidos analizados se formaron a partir de apelativos. Se dividen en dos grupos —primarios y secundarios—, y los apellidos del primer grupo se describen como «apelativos convertidos en apellidos que durante el proceso de antroponimización no han adquirido ningún rasgo formal de formación» (Ramonienė 1987: 136). Además, se señala que, cuando la presunta palabra base de los apellidos es un derivado, es decir, contiene formantes derivativos, resulta difícil determinar si los apellidos son primarios o «formados según el modelo de derivación de los apelativos». A continuación, los apellidos primarios se dividen en sustantivales y adjetivales, y se constata que los primeros son los más numerosos (los ejemplos, como en el artículo, conservan la grafía original, es decir, la de la fuente histórica): Asytas, Balandis, Gaygatas, Szapalas, Wabatas, Wilkas, Zwirblis (de nombres de animales); Alksnis, Apinis, Dagis, Kalendra, Szaławija, Zyłwitis (de nombres de plantas); Dragūnas, Girininkas, Melnikas, Seniūnas (de palabras que designan un oficio, una actividad económica o una posición social); Gudas, Korain, Latwis, Lenkas (de etnónimos); y otros grupos semánticos de apellidos apodísticos primarios desde el punto de vista de la formación, distinguidos según el significado de las palabras base —los apelativos—. Se ofrecen apenas unos pocos apellidos adjetivales: Girtas, Kitras, Piktasis.
Los apellidos secundarios se describen como diversos derivados (derivados y compuestos). Sin embargo, lo que se presenta a continuación parece contradecir esta postura. Por ejemplo, se afirma que los apellidos procedentes de patronímicos tienen los sufijos -aitis, -onis, -ūnas (cf. Bitinaytis, Kreywaytis, Kaukonis, Žydonis, Kaylunas, Tyłunas). De ser así, esos apellidos no son derivados, pues las palabras base —los patronímicos— se formaron con los sufijos indicados y son, a su vez, derivados de dichos sufijos. En cambio, los apellidos solo llevan los sufijos patronímicos lituanos -aitis, -onis, -ūnas. A continuación se mencionan los apellidos con los sufijos -ovič y -evič, por ejemplo: Auksutowicz, Barzdowicz, Baublewicz, Szerkszniewicz. Aunque se adscriben al grupo de apellidos secundarios desde el punto de vista de la formación, al describirlos tampoco se emplean los términos derivado o derivado sufijado, sino que solo se constata que los apellidos llevan los sufijos mencionados. En realidad, también son apellidos procedentes de patronímicos10; la diferencia es que esos antropónimos no se formaron con sufijos patronímicos lituanos, sino eslavos, -ovič, -evič.
Tampoco se denominan derivados los apellidos con sufijos del tipo -sk-, por ejemplo: Bumbłowski, Burnecki, Gabalewski, Szerniewski, Wilkowski. Al analizar los apellidos con el sufijo -elis,
9 Después de la palabra reiškinių, al parecer, debería aparecer también la palabra pavadinimų, que probablemente se omitió por accidente al escribir, editar o corregir las pruebas.
10 Dėl šių terminų sampratos žr. Maciejauskienė 1991: 16–17.
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-ėlis, por ejemplo: Auxelis, Dwarelis, Medelis, Pukelis, Szawksztelis, Wanagelis, entre otras cosas, se afirma que «es casi imposible determinar cuáles de los apellidos con estos sufijos son no derivados, surgidos de apelativos diminutivos, y cuáles se formaron con estos sufijos a partir de nombres propios no derivados» (Ramonienė 1987: 137). Así pues, se reconoce que al menos una parte de estos apellidos son derivados de nombres propios mediante los sufijos -elis, -ėlis. Se consideran derivados de sustantivos los apellidos que llevan el sufijo -inis, por ejemplo: Galinis, Grikinis, Meszkinis, Pilwinis, Ruginis; -iškis, por ejemplo: Dwaryszkis, Pakalniszkis, y otros; son derivados de adjetivos los apellidos con los sufijos -eika, -eikis, por ejemplo: Jodeykis, Mazeyko, y el sufijo -enis, por ejemplo: Szaltenis, Szymenis, etc.
En cuanto a los derivados mediante terminaciones, se afirma que así se denominan los apellidos «cuya marca derivativa está en la terminación del derivado», y se añade que a menudo es difícil determinar cuáles son derivados mediante terminación y cuáles son primarios, surgidos de apelativos derivados (Ramonienė 1987: 138). Se consideran derivados de sustantivos con las terminaciones -is o -ys los apellidos Dob ilis, Gabalis, Morkis, Rutys, Szalnis, entre otros; con la terminación -ius: Barzdzius, Bruknius, Szernius, Warnius; derivados de adjetivos mediante las terminaciones -is o -ys: Baykszetis, Ploksz tis, Raudonis; con la terminación -ius: Baykszcius, Balczius, Budrius; derivados de verbos con la terminación -as: Augas, Skubas; con la terminación -ius: Bildzius, Ciauszkus, Skirius, Linkius, etc.
«La formación con prefijos no es un procedimiento característico de formación de los apellidos lituanos», se afirma más adelante en el artículo, donde se presentan los siguientes derivados prefijados: Pabarzdis, Papievis, Padaubis (prefijo pa-), Uzba lis, Uzpurvis, Uz wilkis (prefijo už-). A continuación se examinan apellidos compuestos de origen apodístico, por ejemplo: Gudlenkis, Lauzkemys, Wayciurgis, Auksz takalnis, Battaragis, Kiaturakis, Žemgulis, etc.
En el artículo pueden encontrarse casos discutibles de interpretación de la formación de apellidos, debidos, entre otras cosas, a la ya mencionada falta de precisión en la noción de apellidos de origen apodístico. Dejando esto de lado, en síntesis es importante señalar que, al evaluar desde el punto de vista de la formación los apellidos históricos del tipo elegido, se distinguen apellidos no derivados o primarios y apellidos secundarios. Estos últimos son derivados prefijales, sufijales y de terminación, así como compuestos, es decir, apellidos formados por composición. Se considera que las bases léxicas de los apellidos primarios son únicamente apelativos, mientras que las de los secundarios —derivados— pueden ser tanto apelativos como nombres propios.
La formación de apellidos históricos se aborda también en otra publicación, el artículo «La formación de los apellidos masculinos del distrito de Ragnit de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX» (Žemienė 1999). En él se intenta examinar algunos aspectos de la evaluación de la formación de apellidos. La autora sostiene que la formación de los apellidos «difiere esencialmente, por su naturaleza y carácter, de la formación del léxico común»; considera que los apellidos no deben denominarse derivados, pues todos surgieron de nombres propios; distingue los afijos propiamente dichos de los apellidos (sufijos patronímicos, diminutivos, etc., lituanos y eslavos), entre otros aspectos (Žemienė 1999: 225–226). No se presenta una clasificación más clara, pero todos los apellidos se dividen en dos grandes grupos según tengan o no los mencionados afijos propiamente dichos. En el primer grupo se mencionan como los más frecuentes los apellidos formados con el sufijo patronímico lituano -aitis y sus variantes -ait, -ats, -at, por ejemplo: Balcjunatis, Plau[j]zinatis, Jokubat, Weleikat, Rumelait, Uzkurr ait, Milkeraitis, Sudergaitis. Además, aquí se incluyen apellidos con los sufijos -utis (-ut), -ik(a)s, -ulis, -elis, -uk(as), sufijos del tipo -sk- y sufijos patronímicos -on(i)s, -ūn(a)s, -ovič. Según la autora, estos apellidos son pocos. Los apellidos del segundo grupo no tienen los llamados afijos propiamente dichos de los apellidos
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afijos, por lo que se propone denominarlos, de manera convencional, «primarios», por ejemplo: Auksle, Baržtys, Didkrižtys, Ludkus, Negrajus, Rimkus, Smilgius, Užbalis, Walantejus, etc.
Como puede verse, en este caso, al examinar la formación de los apellidos históricos, se limita el análisis a distinguir los apellidos que llevan determinados sufijos. No se los denomina derivados. Todos los demás apellidos, los llamados «primarios», simplemente se presentan por orden alfabético, sin que se examine en detalle su estructura. Esto podría considerarse un análisis morfémico parcial (o una aplicación parcial del modelo de segmentación morfémica), pues solo se distinguen algunos morfemas que, a juicio de la autora, son importantes y deben examinarse, es decir, los sufijos de apellidos mencionados.
4. POSIBILIDADES DE ANÁLISIS DERIVATIVO Y ESTRUCTURAL DE LOS APELLIDOS
4.1. A partir de lo expuesto sobre la formación de apellidos en los trabajos de antroponimia examinados, puede afirmarse que hasta ahora no existe una perspectiva exhaustiva, coherente y sustentada en argumentos sólidos para evaluar la formación de estos nombres propios. Según los objetivos de los autores, a veces se destacan únicamente los rasgos más importantes de la estructura de los apellidos lituanos (Jonikas 1968), o se buscan en los apellidos determinados sufijos, incorporando así estos nombres propios al contexto general de la formación de palabras en la lengua lituana histórica (Skardžius 1996). Al explicar el origen de los apellidos lituanos, también se alude a su formación. Sin embargo, esto se hace sin distinguir los niveles de formación de palabras comunes y propias, y sin profundizar en las particularidades de la evaluación de la formación de los apellidos como nombres propios específicos (LPŽ).
En dos publicaciones se intenta estudiar la formación de los apellidos (Šukys 1986; Ramonienė 1987). En ellas, los apellidos se clasifican en grupos. Estos se designan con términos que suelen emplearse al estudiar la formación de palabras comunes o de onímicos (cf. apellidos no derivados o primarios, apellidos secundarios, derivados mediante terminación, apellidos sufijados, prefijados y compuestos, o derivados por sufijación y prefijación y compuestos, etc.). En ambos artículos se sostiene que las bases léxicas de los apellidos reconocidos como formaciones pueden ser tanto apelativos como palabras comunes.
En el último de los trabajos mencionados, al examinar la formación de los apellidos, se aplica un modelo de segmentación morfémica parcial. Es muy importante que allí se intente analizar algunos aspectos de la formación de los apellidos (Žemienė 1999).
4.2. Entonces, ¿cómo podrían ser los apellidos lituanos evaluados desde el punto de vista de su formación?
Habría que volver brevemente a lo dicho al principio del artículo. Como se mencionó, al estudiar la formación de los onímicos es muy importante tener en cuenta las particularidades de una u otra clase (subclase) de onímicos, es decir, determinar cómo surgió y se formó el sistema de onímicos, si sigue incorporando unidades nuevas o si es cerrado, etc. Esto determina las posibilidades de investigar la formación de los nombres propios. Probablemente no es menos importante saber de qué se formaron o surgieron los onímicos de una u otra clase (subclase). Añadiendo a todo ello datos de la experiencia actual en la investigación de la formación de los onímicos lituanos, se puede intentar describir también las particularidades de la evaluación de la formación de los apellidos.
Los resultados de la investigación sobre la formación de los hidrónimos muestran que su origen puede ilustrarse así: palabra común → hidrónimo o nombre propio → hidrónimo. Tal
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Los esquemas son válidos para casi todos los tipos (procedimientos) de formación, y lo más importante, tanto para los hidrónimos primarios como para los secundarios. Lo mismo puede decirse de los nombres de montañas, u orónimos. De los nombres de lugares habitados y pantanosos (oicónimos y helónimos), hasta ahora solo se ha estudiado exhaustivamente un tipo de formación: los topónimos secundarios con prefijo. Los resultados de la investigación confirman los mismos modelos de formación de los nombres propios: palabra común → nombre de lugar habitado o pantanoso o nombre propio → nombre de lugar habitado o pantanoso. Es fácil advertir que, también desde el punto de vista de la formación, los nombres de lugares habitados considerados primarios pueden formarse según los modelos mencionados. Compárese, por ejemplo, los nombres de aldeas Būda, Giria, Kalnas, Piliakalnis, Sodyba, Trakas, cuyas bases son los apelativos būda, giria, kalnas, piliakalnis, sodyba, trakas. O bien: Kaunas ciudad < Kaunas hidrónimo, Kavárskas ciudad < Kavárskas hidrónimo (Vanagas 1996: 90–94), Alvitas aldea < Alvitas lago, Šventėžeris pueblo < Šventėžeris lago, Vištytis pueblo < Vištytis lago (Balčikonis 1978: 339–340). En estos últimos casos, las bases de los nombres de lugares habitados son otros nombres propios (antropónimos y topónimos).
Los nuevos nombres lituanos, fáciles de evaluar desde el punto de vista de la formación, vuelven a atestiguar los mismos modelos de creación del sistema y de incorporación de nuevas unidades: palabra común → nombre o nombre propio → nombre. Lo mismo puede decirse de los apodos. Aunque el autor de los trabajos analizados reconoce una sola forma secundaria de formación de apodos, nombre propio → apodo, los antropónimos primarios desde el punto de vista de la formación atestiguan también una segunda: palabra común → apodo.
Entre todos los nombres propios aquí mencionados —topónimos y antropónimos— destacan los apellidos. Como muestran los estudios exhaustivos sobre la formación del sistema de estos antropónimos (Maciejauskienė 1991: 50–116, 215–248), todos los apellidos surgieron de antropónimos y, por tanto, siguen el modelo nombre propio → apellido. Al afirmar que los apellidos se formaron a partir de antropónimos históricos, es necesario añadir que en este caso no puede hablarse de varios tipos (procedimientos) de formación (compárese con los topónimos o nombres primarios y secundarios; estos últimos pueden ser derivados por prefijación, sufijación o flexión, compuestos, etc.). En efecto, los antropónimos históricos, que se escribían después del nombre de pila y suplían la ausencia de apellidos, fueron adquiriendo poco a poco rasgos propios de estos últimos (se volvieron hereditarios, comunes a todos los miembros de una familia, etc.), es decir, se convirtieron en apellidos. Tal como eran, tal como se usaban en aquel momento. Debido a esta particularidad de la formación de los apellidos, todos ellos pueden clasificarse, desde el punto de vista de la formación, únicamente como primarios: surgieron de diversos antropónimos históricos y, al convertirse estos en apellidos, no adquirieron ningún rasgo derivativo formal. Desde esta perspectiva, no cabe aceptar lo afirmado sobre la formación de los apellidos en los artículos mencionados anteriormente, porque estos antropónimos no pueden haberse formado a partir de palabras comunes; desde el punto de vista de la formación, no pueden dividirse en primarios y secundarios y, entre estos últimos, en derivados por sufijación, flexión, etc., compuestos, etc. Solo los antropónimos históricos de los que surgieron los apellidos pueden clasificarse y estudiarse de esta manera o de otra semejante (compárese, por ejemplo, Zinkevičius 1977: 227–242).
Por consiguiente, a diferencia de todos los demás nombres propios analizados —topónimos y algunos antropónimos—, al estudiar los apellidos solo es posible aplicar el modelo de segmentación morfémica (análisis de la estructura morfológica). Este método de análisis se ha aplicado con éxito a los apellidos letones (Staltmane 1981). Si se tienen en cuenta las particularidades de la formación del sistema de estos antropónimos y se reconoce que, debido a la especificidad de los apellidos, su formación no puede estudiarse de otra manera
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—, en el trabajo se presenta una caracterización de la estructura morfémica de los apellidos. Como afirma la autora, al estudiar la estructura de los apellidos es importante determinar qué recursos de formación de palabras comunes aparecen en ellos y con qué frecuencia, si los apellidos presentan también formantes antroponímicos característicos, etc. (Staltmane 1981: 31–32, 39).
4.3. Los objetivos de la segmentación morfémica de los apellidos, es decir, del análisis de su estructura, pueden ser diversos. Además de los ya mencionados, que la autora del estudio sobre los apellidos letones considera importantes, podría haber otros. Al parecer, serían precisamente estos los que determinarían qué morfemas buscaría uno u otro autor en los apellidos. Sin duda, uno de los objetos más importantes de tal investigación serían los sufijos presentes en los apellidos lituanos; al evaluarlos, habría que tener en cuenta no solo las circunstancias lingüísticas, sino también las extralingüísticas, en que surgieron los apellidos y llegaron a establecerse definitivamente. Así, por ejemplo, el hecho de que los apellidos lleven los sufijos patronímicos lituanos -aitis, -onis, -ūnas, etc., indica que surgieron de patronímicos cuyos formantes derivativos son precisamente dichos sufijos. Los sufijos de apellidos -avičius, -evičius pueden indicar que estos surgieron de patronímicos formados con los mencionados sufijos eslavos, fueron eslavizados o se tomaron de la antroponimia de otros pueblos¹¹. Los llamados sufijos de apellidos del tipo -sk- (-auskas, -skas, -skis, -eckas, -inskas, etc.) son indicio de que tales apellidos fueron eslavizados o son préstamos.
Los diversos sufijos lituanos de apellidos mencionados aquí también «conducen» al investigador al nivel de formación de los antropónimos históricos, donde será fácil distinguir los antropónimos primarios de los secundarios y, entre estos últimos, identificar los derivados con los sufijos que presentan los apellidos actuales. Los apellidos formados, por ejemplo, a partir de antropónimos históricos primarios desde el punto de vista de la formación, cuyas bases son apelativos (los llamados antropónimos de origen apodístico, o apodos), llevan sufijos que coinciden con formantes de formación de palabras comunes. Lo dicho aquí de pasada acerca de los sufijos de los apellidos se aplica, al menos en parte, también a otros morfemas suyos: prefijos, terminaciones, etc.
Para concluir, conviene añadir que, cualesquiera que sean los objetivos del autor que estudia la estructura de los apellidos y cualesquiera que sean los morfemas que distinga, todos ellos podrán identificarse con los verdaderos formantes derivativos de los antropónimos históricos o de los apelativos. Sin embargo, estos últimos no serán formantes derivativos de los apellidos. Por eso, al hablar de la segmentación morfémica de los apellidos lituanos, al buscar los morfemas y darles nombre, probablemente no deberían emplearse los términos y conceptos habituales de la formación de palabras (compárese bases, formaciones derivadas, derivados por prefijación, sufijación y flexión, apellidos primarios y secundarios, etc.), ni afirmarse que los apellidos se forman con un prefijo, un sufijo o una terminación, o algo parecido. Por razones de precisión científica, serían más adecuadas formulaciones como el apellido tiene un sufijo, un prefijo o una terminación; el apellido lleva un sufijo, un prefijo o una terminación; se puede identificar el sufijo, el prefijo o la terminación del apellido, o expresiones semejantes. A veces, precisamente el uso no del todo preciso de los términos y conceptos crea la impresión de que existen puntos de vista distintos.
4.4. En el artículo ya se había aludido (compárese el análisis de los trabajos de P. Skardžius y J. Šukys) a los apellidos lituanos que, al evaluarlos desde el punto de vista de la formación, pueden denominarse derivados sufijales. Se trata de los apellidos oficiales de las mujeres lituanas (casadas y solteras) y de las niñas, que se forman con determinados sufijos a partir del apellido del marido o del padre. A diferencia de los apellidos oficiales masculinos, que solo pueden considerarse primarios, estos apellidos de mujeres y niñas se clasifican, evidentemente, como secundarios desde el punto de vista de la formación.
11 Plačiau žr. Maciejauskienė (1996: 60).
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Lo mismo cabe decir de las formas no oficiales de los apellidos de niños y jóvenes (de sexo masculino y femenino), extendidas en el habla viva. Para formarlas se emplean diversos sufijos. Sin embargo, se trata de nombres personales no oficiales, por lo que aquí no es necesario examinar con más detalle su formación.
5. OBSERVACIONES FINALES
5.1. En los estudios de onomástica se presta atención a las particularidades de la evaluación de la formación de los nombres propios. Se considera que algunos nombres propios pueden analizarse desde esta perspectiva, mientras que para otros debe aplicarse el modelo de segmentación morfémica (análisis de la estructura morfológica). Esto depende de las particularidades de unos u otros onimos y de toda su clase (subclase). Es muy importante cómo se formó el sistema de onimos, si es cerrado, ya constituido definitivamente e inmutable, o si continúa ampliándose con nuevas unidades; qué factores lingüísticos y extralingüísticos determinaron su aparición y naturaleza, etc. Siguiendo estos principios, en el artículo se examinó cómo se estudian (o pueden estudiarse) desde el punto de vista de la formación los nombres propios del lituano: los topónimos y los antropónimos. Al hacerlo, se procuró formular y presentar una opinión sobre las particularidades y posibilidades de estudiar los apellidos lituanos desde la perspectiva de su formación.
5.2. El análisis derivativo más exhaustivo se ha realizado para los hidrónimos lituanos. Según la clasificación estructural-gramatical, estos topónimos se dividen en primarios y secundarios; estos últimos, a su vez, en derivados, compuestos y complejos. Los derivados se clasifican en derivados de terminación, de sufijo y de prefijo. En comparación con la formación de palabras comunes, debido a las particularidades de los hidrónimos como nombres propios, se distingue un nuevo procedimiento de formación cuyo resultado son los topónimos primarios. Estos proceden de palabras comunes y nombres propios que, al convertirse en hidrónimos, no han adquirido ningún rasgo formal derivativo. Aplicando el mismo modelo de clasificación, también se ha estudiado la formación de algunos nombres de montañas, o orónimos. Se siguieron los mismos principios al estudiar topónimos de un solo tipo de formación: los nombres de lugares habitados y pantanosos formados con sufijos (oicónimos y helónimos). Los resultados de los estudios sobre la formación de topónimos dan fe de los siguientes modelos de formación: palabra común → topónimo y nombre propio → topónimo. Topónimo es válido tanto para los topónimos primarios como para los secundarios desde el punto de vista de la formación.
Todos los topónimos cuyo análisis derivativo se ha tratado podrían estudiarse también de otro modo, es decir, aplicando el modelo de segmentación morfémica (análisis de la estructura morfológica).
5.3. Hasta ahora no hay estudios especializados dedicados al análisis de la formación de otra clase de onimos del lituano: los antropónimos. Sin embargo, algunos trabajos de antroponimia incluyen elementos de evaluación de la formación de estos onimos. No es difícil advertir que no se distingue entre el posible análisis derivativo de antropónimos pertenecientes a diferentes subclases (nombres, apodos, apellidos). Todos se clasifican en primarios y secundarios, y estos últimos se subdividen luego con más detalle, etc.
Al estudiar los nombres desde el punto de vista de la formación, ciertamente es posible distinguir entre primarios y secundarios; entre estos últimos habría nombres derivados con sufijos y terminaciones, nombres compuestos, etc. (compárese con los nombres lituanos modernos). Los tipos (procedimientos) de formación de los apodos podrían ser similares. No obstante, dadas las particularidades de estos onimos, probablemente no todos podrían «encajarse», por ejemplo, en la clasificación estructural-gramatical elaborada para estudiar los hidrónimos y adaptada posteriormente a otros topónimos.
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Los modelos de formación de los sistemas de nombres y apodos, así como de su ampliación con nuevas unidades, son los mismos que los de los topónimos: palabra común → nombre, apodo y nombre propio → nombre, apodo.
Tanto a los nombres como a los apodos, además del análisis derivativo, puede aplicárseles otro método de investigación: la segmentación morfémica (análisis de la estructura morfológica). Por cierto, ya se ha comenzado a estudiar la estructura de los apodos.
5.4. Los apellidos se diferencian de los demás antropónimos porque todos proceden de antropónimos históricos (patronímicos, de origen apodístico o apodos, nombres antiguos de dos y de un tema, y nombres cristianos). Por lo tanto, la formación de estos sistemas de onimos puede ilustrarse con un solo modelo: nombre propio → apellido. Además, en este caso no es posible distinguir varios tipos (procedimientos) de formación. Esto se debe a que los apellidos procedentes de antropónimos históricos no adquirieron ningún rasgo derivativo al convertirse estos últimos en apellidos. Simplemente cambió el estatus del antropónimo: antes era un patronímico, un antropónimo de origen apodístico o algo similar, y ahora es un apellido. Por tanto, desde el punto de vista de la formación, todos los apellidos solo pueden calificarse de primarios, y su análisis derivativo ulterior carece sencillamente de fundamento. Así pues, a diferencia de otros onimos —topónimos y algunos antropónimos—, para estudiar los apellidos solo debe aplicarse el método de segmentación morfémica (análisis de la estructura morfológica).
Al hacerlo, probablemente convendría evitar los términos y conceptos habituales de la formación de palabras. En lugar de llamar a los apellidos derivados con prefijo, con sufijo o con terminación, etc., por razones de precisión científica sería preferible emplear formulaciones como el apellido tiene un prefijo, un sufijo o una terminación; el apellido lleva prefijo, sufijo o terminación; es posible identificar el prefijo, el sufijo o la terminación del apellido, etc.
Desde el punto de vista de la formación, son secundarios —derivados con sufijo— los apellidos oficiales lituanos de las mujeres (casadas y solteras) y de las niñas, que se forman a partir de los apellidos oficiales del marido o del padre.
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Vitalija Maciejauskienė
Lietuvių kalbos institutas
Antakalnio g. 6, 2055 Vilnius, Lietuva
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