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(‘moverse’) y eiti II (‘desempeñar un cargo’); iššukti I (‘quitar girando’, etc.) e iššukti II (‘desviarse’); iššaukti I (‘revocar’) e iššaukti II (‘poder expresar’).

Las incoherencias mencionadas en la presentación de la semántica de las palabras, así como otras imprecisiones, no restan valor al diccionario. El hecho de que sus compiladores ya hayan precisado la estructura semántica de un número considerable de palabras demuestra su determinación de probar que elaborar diccionarios lituanos basándose en la lexicografía contemporánea no es un trabajo de Sísifo: contando con una concepción de la semántica léxica y de la lexicografía, así como con un corpus inmenso, solo hacen falta tiempo y esmero.

Las novedades comentadas de Lietuvių–norvegų kalbų žodyno muestran que ya no se conforman con repetir la experiencia lexicográfica de otras lenguas: con este diccionario se sientan las bases de una concepción de la lexicografía moderna en la lexicografía lituana. A primera vista modesto, este diccionario bilingüe se sitúa, por la calidad de la información gramatical y semántica que ofrece sobre las palabras de ambas lenguas, entre las mejores obras de la lexicografía lituana. También los compiladores de Dabartinės lietuvių kalbos žodyno podrían inspirarse en sus ideas teóricas de lexicografía al preparar una nueva edición del diccionario, al igual que quienes elaboran diccionarios de lituano y de otras lenguas extranjeras.

Dalia Barauskaitė Mikkelsen Dommervænget 26 C, 1.tv. 4000 Roskilde, Danija [email protected]

Recibido el 3 de julio de 2002

ONDŘEJ ŠEVČÍK, BOHUMIL VYKYPĚL, EDS., GRAMMATICUS. STUDIA LINGUISTICA ADOLFO ERHARTO QUINQUE ET SEPTUAGENARIO OBLATA.

Brno: Masarykova universita, 2001, 234 p.

El título ya ofrece información suficiente sobre el motivo de la publicación del volumen homenaje que se reseña aquí. Hay razones de sobra para reseñarlo en esta revista: no solo el hecho de que el venerado homenajeado, el profesor Adolf Erhart, antiguo titular de la cátedra de lingüística comparada de la Universidad de Brno, haya prestado siempre especial atención a la baltística (lo atestiguan sus introducciones al lituano y a la lingüística comparada báltica; véase Erhart 1956, 1984), sino también la presencia extraordinariamente destacada de temas bálticos en este volumen colectivo.

Para empezar, ofreceremos un breve panorama del contenido del libro. La problemática etimológica ocupa un lugar destacado. Han contribuido con estudios específicos en este campo Eva Havlová («I.e. kořen *al- a germánské názvy pro ‘věk’», pp. 56–63), Helena Karlíková («K staroslověnskému substantivu spodъ», pp. 99–104), Boris Skalka («St[aro]sl[ov ěnské] setъ/seti semper provocans», pp. 144–148) y Pavla Valčáková («Regarding P[roto-]S[lavic] *ědъ», pp. 201–205). Algunos artículos prestan especial atención a un ámbito del léxico indoeuropeo o al léxico de una de las ramas lingüísticas indoeuropeas. Se trata de los estudios de Václav Blažek («Indo-European kinship terms in *-ə₂ter», pp. 24–33) e Ilona Janyšková («Etymologie názvů tisu ve slovanských jazycích», pp. 91–98). Además de la etimología indoeuropea, también están representadas la dravídica y la altaica (Jaroslav Vacek,

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«Dravidian and Altaic ‘hot – fire – heat’», pp. 175–200). Karl Horst Schmidt aborda cuestiones más generales del método etimológico y muestra, a partir del ejemplo de las correspondencias kartvelio-indoeuropeas, cuán importante es tener en cuenta, al hacer etimología, los tipos recurrentes y universales de motivación semántica («Etymologie und semantische Parallele», pp. 135–143). Al ámbito limítrofe entre la gramática comparada y la historia comparada de las religiones pertenece la contribución de Vladimir N. Toporov, «Dr.-ind. prathamá- k rekonstrukcii odnogo iz variantov indoevropejskoj koncepcii «pervogo»», pp. 165–174.

Del ámbito de los estudios indoiranios cabe señalar los trabajos de Vít Bubenik («On the Remaking of the Middle Voice in Indo-Iranian», pp. 34–44) y Ondřej Šefčík («Word Borders in Old Indo-Aryan», pp. 156–164). La sintaxis eslava está representada por Radoslav Večerka («Poznámky k disjunktivnímu/alternativnímu li v staroslověnštině», pp. 206–210) y William R. Schmalstieg («A Common Mistranslation of a Few Lines in the Igor Tale», pp. 131–134). Este último expone, mediante numerosos paralelismos, que los sintagmas preposicionales otъ nego, traducidos en la mayoría de las versiones con valor ablativo, en un verso del Cantar de las huestes de Ígor (vidě těmoju vъše svojě voě prikryty ‘vio a todo su ejército cubierto por ella de oscuridad’) deberían interpretarse, en realidad, más bien con valor agentivo. La preposición otъ serviría aquí para reforzar el genitivo agentivo, fenómeno que Schmalstieg ya ha tratado ampliamente también en relación con los datos bálticos (en particular, los del lituano). Del ámbito de la sintaxis sincrónica cabe mencionar el estudio de Stanislav Žaža sobre el uso de los verbos de ‘dar’ en las construcciones con verbos funcionales en checo y ruso («K funkci slovesa dát – дамъ v češtině a ruštině», pp. 226–232).

Las contribuciones de Ludmila Buzássyová y Eva Pallasová no se adscriben a ningún grupo temático amplio. La primera trata cuestiones de la paradigmatología latina («Parisylabá v latinčine», pp. 45–55), y la segunda, la historia temprana de la lingüística eslava, concretamente el tratamiento de la formación de palabras en Miklosich (Jskoni bě slovo – Počátky slovanské slovotvorby», pp. 120–135).

Helena Kurzová examina cuestiones interesantes de la sintaxis de los casos indoeuropeos en su contribución «Zur Syntax und Semantik der indogermanischen Kasus» (pp. 106–119). El artículo comienza con una consideración de los «casos básicos», es decir, el nominativo y el acusativo. En cuanto al sistema de la lengua protoindoeuropea, la autora destaca en la semántica de estos casos, sobre todo, los aspectos categoriales, es decir, los vinculados a los rasgos categoriales de los sintagmas nominales. Cada sustantivo habría estado marcado, ante todo, como animado o inanimado, y solo a partir de esta marcación categorial habrían surgido las funciones configuracionales: «... los casos [se emplearon] también semánticamente para expresar la posición de los participantes nominales en el estado de cosas descrito por la oración. Mediante la marcación como s-nominativo y m/n-acusativo, los animados quedaban marcados para su posición opuesta en el estado de cosas expresado por la predicación de la oración» (p. 107). De ello habría resultado una «identificación funcional posterior del caso indiferenciado de los neutros (“absolutivo”, sin ergativo opuesto) con el nominativo, por un lado, y con el acusativo, por otro» (p. 106). Probablemente nadie negará la relevancia de los rasgos categoriales, pero un absolutivo sin ergativo opuesto es un concepto bastante descabellado desde el punto de vista funcional y tipológico. El absolutivo es, en sí mismo, un concepto configuracional de caso, pues representa el miembro no marcado en toda configuración (transitiva o intransitiva). El único actante de las estructuras intransitivas carece, naturalmente, de marca, pero también en las estructuras transitivas normalmente uno de los dos elementos, el

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agente o el objeto, carece formalmente de marca, en el sentido de que el caso no marcado coincide con el del sujeto intransitivo. Puesto que tanto los animados como los inanimados debieron de poder aparecer en estructuras transitivas e intransitivas, cabe proponer el nominativo como caso del sujeto intransitivo animado y el absolutivo como caso del objeto inanimado en las estructuras transitivas. Así obtenemos, en esencia, un sistema con marcación nominativa para los animados y marcación ergativa para los inanimados. La autora pasa quizá demasiado por alto la cuestión de la plausibilidad tipológica de un sistema semejante. Además, en su contribución se encuentran reflexiones sobre las construcciones con intercambio de participantes (circumdare urbem muro: circumdare murum urbi), sobre el tratamiento sintáctico distinto de los neutros (se alude a la falta de diferenciación casual en los neutros, que se manifiesta, por ejemplo, frente a id gaudeo vs. gaudeo de aliqua re), sobre la relación entre el sociativo y el dual, sobre el doble acusativo, etc. La autora sostiene la opinión, probablemente remontable a Meillet, de que la lengua protoindoeuropea no tenía flexión verbal en sentido estricto, sino que los casos eran «... formas marcadas de manera autónoma para la estructura referencial del estado de cosas» (p. 117). La autora distingue también, entre las lenguas indoeuropeas históricamente documentadas, aquellas con una «formalización oracional» más o menos «avanzada». Pero ¿están las «lenguas protoindoeuropeas» sujetas a leyes distintas de las de las lenguas documentadas históricamente? Desde luego, es posible distinguir entre casos marcados semánticamente y casos puramente configuracionales: así, por ejemplo, el acusativo como caso puramente configuracional puede oponerse al genitivo partitivo (marcado en cuanto a la cuantificación, cf. por ejemplo lituano gerti vandenį: atsigeri vandens) o al dativo (marcado en cuanto al bajo grado o a la limitación temporal de la afectación, cf. letón sist suni ‘golpear a un perro’: iesist sunim ‘darle un golpe a un perro’). Sin embargo, en muchos casos las lenguas hijas han introducido nuevas distinciones de este tipo. Esto se aplica en particular a las lenguas arcaicas con sistemas de casos muy desarrollados, como las bálticas y las eslavas. Si se reduce el sistema de casos, también hay menos posibilidades de diferenciación semántica dentro de una categoría sintáctica (sujeto, objeto, etc.), lo que precisamente da la impresión de una «formalización oracional avanzada». No parece muy plausible que las funciones de los casos gramaticales (nominativo, acusativo, genitivo, dativo) puedan definirse de manera totalmente asintáctica en lengua alguna, y la suposición de que la lengua protoindoeuropea se diferenciaba en este aspecto de las lenguas históricamente documentadas contradice el principio de uniformidad de las leyes del desarrollo lingüístico, reconocido implícitamente desde los neogramáticos («uniformitarian principle»).

En su artículo «Přemýšlení (nejen) o litevském kondicionálu» (pp. 64–90), Tomáš Hoskovec critica la teoría tradicional sobre el origen del condicional lituano-letón, aunque, por otra parte, no propone una explicación propia. La conclusión del autor es la siguiente (por comodidad, cito la síntesis francesa): «Dans le système panchronique du verbe lituanien, il n’y a rien sur quoi puisse s’appuyer la théorie, qui fait pourtant grande tradition en linguistique comparée, selon laquelle le conditionnel lituanien serait issu d’une soudure du supin (présumé lituanien) avec une forme ancienne (présumée indo-européenne) du verbe être» (p. 89). Ahora bien, la existencia de semejante «système panchronique» es sumamente dudosa. El cambio sintáctico se basa en el mecanismo de la reinterpretación estructural (reanálisis): una determinada construcción A recibe una nueva interpretación estructural, sin que cambie nada en su sustancia

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cambia. Esta reinterpretación conduce a la formulación de una nueva regla gramatical que, al igual que la original, es capaz de generar la estructura de partida A, pero que además puede generar una estructura B para la que la regla estructural original ya no basta. La regla estructural original en la que se apoyaba A ya no es reconocible para los hablantes. Así, la gramática de cada generación difiere al menos en ciertos ámbitos parciales de la gramática de las generaciones anteriores, y el sistema original solo puede ser aprehendido, a lo sumo, por el lingüista. La noción de un sistema lingüístico pancrónico parece contradecir la del cambio lingüístico. El autor formula su enfoque metodológico de la siguiente manera: «sledujeme, podle jakých principů se jednotlivé indoevropské jazyky coby systémy aktualizovaly z jisté společné potence výrazových prostředků, ptáme se, jak uvnitř jednoho jazyka charakterizovat individuální nakládání s morfologickým materiálem, který má obdobu i v jiných jazycích» (p. 72). En muchos sentidos, este enfoque puede ser acertado, pero nadie es capaz de determinar dónde termina el sistema de la lengua proto y dónde comienzan los sistemas de cada lengua. Al fin y al cabo, el comienzo de la documentación escrita de las lenguas individuales es, desde la perspectiva de la evolución del sistema lingüístico, una línea divisoria puramente arbitraria. Además, parece que aquí no queda lugar para los mecanismos de reanálisis y resegmentación, tan importantes en la morfología y la sintaxis históricas.

Por cierto, Hockovec tiene razón al subrayar que aún quedan diversas cuestiones sin resolver en la reconstrucción del origen del condicional lituano-letón. Sin embargo, Stang ha propuesto una explicación sumamente valiosa de los elementos más importantes de esta reconstrucción, y resulta algo sorprendente que el autor actúe como si nadie se hubiera esforzado todavía por hacer semántica y sintácticamente plausible la formación de un condicional sobre la base del supino («O co by se vůbec opřela sémantika supínového syntagmatu?», p. 86). No obstante, algunas de las cuestiones planteadas en el artículo merecen un examen serio. Así, el autor pregunta (p. 86) cómo puede explicarse que el supino original se haya conservado en vez de desaparecer por completo dentro del nuevo condicional. Probablemente, la mejor respuesta a esta pregunta sea la siguiente. De acuerdo con la brillante hipótesis de Stang, el supino ocupó el lugar de un participio original en las construcciones oracionales con sujetos correferentes, tal como ocurrió con el infinitivo en eslavo, mientras que la forma correspondiente del verbo auxiliar būti se había añadido a la conjunción: compárense el lituano *jei-b(i) valgytų en lugar de *jei-b(i) valgęs y el ruso antiguo čto-by ěstъ en lugar de čto-by elъ (Stang 1966: 429–431). Esta construcción debió de ser infinitiva en su origen, pues el único propósito posible de esta sustitución era dotar a las oraciones subordinadas finales de una contraparte infinitiva. Ahora bien, llama la atención que las formas del condicional báltico ya no puedan usarse de manera infinitiva (una construcción como *Reikia dirbti, kad valgytų ‘hay que trabajar para comer’ no es posible en lituano moderno), mientras que las oraciones eslavas correspondientes (rusas y polacas) con infinitivo siguen siendo infinitivas (ruso Nado rabotat’, čtoby est’). Por tanto, lo más probable es que el supino en esta construcción se reinterpretara como la forma finita de tercera persona, tras lo cual esta forma pasó a ser la base de un nuevo paradigma. Una vez ocurrido este proceso, la relación original con el supino, que seguía siendo infinitivo (a pesar de la supuesta pancronía del sistema lingüístico), se volvió irreconocible, y ahora solo tenemos un caso de homonimia nada perturbadora. Si no hubiera tenido lugar esta finitización, la aparición del nuevo condicional habría tenido que conducir, naturalmente, a la desaparición del antiguo supino. Otra objeción del autor, a saber, que es imposible…

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…considerar las secuencias monosilábicas en bim(e), bit(e) como formas del verbo būti, no debe tomarse demasiado en serio, pues la reducción en posición enclítica es evidente. Por tanto, nada impide la comparación con el letón biju (véase también Smoczyński 1999). Nadie niega que la forma de primera persona singular en -čia, -čiau requiere una explicación particular, tampoco Stang. No queda claro si el autor atribuye alguna importancia a los testimonios del lituano antiguo, pues las peculiaridades de la escritura del lituano antiguo, como -i- en (giwen)tumbim frente al lituano moderno (gyven)tumėme, se consideran irrelevantes cuando, de todos modos, un análisis estructural satisfactorio desde el punto de vista del autor parece derivarse de una consideración «pancrónica» del sistema lingüístico.

Zigmas Zinkevičius también se ocupa del subjuntivo lituano, concretamente de la cuestión ya mencionada del origen de la enigmática forma de primera persona singular («Pastabos lietuvių kalbos 1. sing. cond. formų istorijai», pp. 224–225). Aporta nuevos datos de los dialectos lituanos que indican que -čia, como forma más antigua, se opone a las innovaciones analógicas -čiau y, más raramente, -čiu. Esto contradice la opinión sostenida por varios investigadores de que -čiau surgió por una reducción irregular (motivada por la frecuencia) de -tumbiau.

En su artículo «Argument laryngalistyczny w etymologii bałto-słowiańskiej» (pp. 149–155), Wojciech Smoczyński estudia algunas raíces terminadas en laringal que, en báltico-eslavo, incorporaron un formante original mediante el desplazamiento del límite morfémico, y ello en una época tan remota que a primera vista uno se inclinaría a pensar que se trata de relaciones de apofonía heredadas. Así, por ejemplo, el lituano sietas ‘tamiz’ (letón siēts) presupone una raíz ampliada secundariamente *seh₂i-, separada mediante el desplazamiento del límite morfémico del presente original en -ie- *sē-jo- (raíz *seh₁-, cf. sē-ti). De manera semejante, el eslavo zbjati (junto al más reciente zijati) solo puede conciliarse con el presente žęjo si se supone que *gʰeh₁- se amplió, en un presente original en -ie-, a *gʰeh₁i-, con un grado cero renovado *gʰih₁- (en lugar de *gʰh₁i-); esta hipótesis lleva además a concluir que el lituano žiōti es una formación reciente surgida por síncopa de *žiōjoti (cf. niók-oti < *nijok-oti, de nijóks ‘ni uno’). La reconstrucción laringalista sugiere también una nueva interpretación del lituano siuvu (junto al eslavo eclesiástico antiguo šijǫ): *si̯u- no se explica (como suponía Trautmann) por segmentación de la forma prevocálica *sīu-, sino que surgió regularmente de *siuH-é-, al insertarse u como elemento de resolución del hiato tras la desaparición del laringal. Por consiguiente, solo el eslavo eclesiástico antiguo šijǫ se explica por generalización de la forma prevocálica; compárese el conservado *šъv- en el participio pasado pasivo šъv-enъ. Así pues, las alternancias báltico-eslavas ūC: uuV, iC: iiV deben considerarse consecuencia directa de la desaparición de los laringales intervocálicos. Para concluir sus observaciones laringalistas, Smoczyński propone descartar definitivamente la propuesta báltico-eslava de Trautmann *sātu- como base tanto del lituano sótus como del eslavo syťъ. Para este último, el autor compara ahora el hitita sunnai ‘llena’ < *sunh₃-, relacionado con el indoeuropeo *seuh₃- ‘estar lleno’, cuyo grado cero probablemente aparece en el adjetivo verbal *suh₃-tó- ‘lleno, saciado’.

En la primera parte de su artículo «Zwei lettonistische Bemerkungen» (pp. 211–223), Bohumil Vykypěl intenta precisar las bases semánticas de la gramaticalización, ocurrida en letón, de las formaciones adjetivales del tipo del lituano ilgōkas ‘bastante largo’ como comparativos. En la segunda parte analiza la construcción posesiva letona man ir ‘mihi est’ y su relación cronológica con el lituano y el prusiano antiguo tureti, respectivamente…

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turīt(wei) ‘tener’. Según la opinión del autor, la construcción letona es la más antigua, y el lituano y el prusiano antiguo han experimentado la transición, observable con frecuencia, de la construcción posesiva del tipo mihi est al tipo habeo. Lo indican la construcción lituana man yra, conservada como reliquia en los dialectos del norte de Lituania limítrofes con Letonia, y las numerosas huellas del uso del lit. turēti con el significado original de ‘sostener’. Las observaciones del autor son sumamente convincentes, y cada vez resulta más claro que hay que rechazar la opinión, expresada por diversos investigadores (Veenker, Rūķe-Draviņa), de que el letón man ir es una innovación surgida bajo la influencia del finés báltico. Esta opinión refleja la tendencia, muy extendida en la baltística, a interpretar cualquier diferencia entre el lituano y el letón como una innovación del lado letón, sin una investigación más profunda. La sustitución de man ir por un turēt original ‘tener’ resulta inverosímil por tres motivos: (1) tipológicamente, solo está bien documentada la transición de ‘mihi est’ a ‘habeo’; (2) dado que el proceso de gramaticalización es fundamentalmente irreversible, la eliminación de una construcción posesiva original con turēt ‘tener’ difícilmente habría conducido a su reintroducción con el significado original de ‘sostener’; y (3) el letón antiguo turēt ‘tener’, documentado aquí y allá, probablemente sea un ejemplo de lo que Harris y Campbell (1995: 55) denominan “expresiones exploratorias”. Una construcción determinada puede usarse primero de forma tentativa para expresar algún significado gramatical y luego gramaticalizarse o permanecer como una formación ocasional. El letón antiguo turēt ‘tener’ probablemente sea un intento de gramaticalización que no llegó a imponerse. Naturalmente, también hay que considerar la posibilidad de que turēt ‘tener’ se creara en los textos letones antiguos como equivalente de traducción de la construcción posesiva alemana: como señala el autor (p. 220), una reproducción exacta de la construcción alemana en Teuw neues wairak Dewes turret requería el uso de un verbo personal, puesto que būt + dativo ya aparecía en la oración como verbo modal.

Como se desprende claramente del resumen anterior, este rico y valioso volumen colectivo, por el que podemos felicitar tanto al homenajeado como a los editores, ofrece muchas novedades y lecturas valiosas en el campo de la baltística.

BIBLIOGRAFÍA

ERHART, A. 1956: Litevština. Praha: Státní Pedagogické Nakladatelství.

ERHART, A. 1984. Balt­ské jazyky. Praha: Státní Pedagogické Nakladatelství.

HARRIS, A. C., CAMPBELL, L. 1995: Historical syntax in cross-linguistic perspective. Cambridge: University Press. (Cambridge Studies in Linguistics, 74.)

SMOCZYŃSKI, W. 1999: Geneza starolitewskiego conditionalis na -biau, -bei, -bi-, Acta Baltico-Slavica 24, 13–18.

STANG, Chr. S. 1966. Vergleichende Grammatik der baltischen Sprachen. Oslo–Bergen–Tromsö: Universitetsforlaget.

Axel Holvoet Lietuvių kalbos institutas Vileišio g. 6, 2055 Vilnius, Lietuva [email protected]

Gauta 2002 04 26

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