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ACTA LINGUISTICA LITHUANICA
XLVI (2002), 145–172
Estrategia, roles sociales y tipos de los participantes en el acto de habla en la lengua lituana
EGIDIJUS ZAIKAUSKAS
Vilniaus universitetas
El artículo aborda la teoría de los participantes en los actos de habla. Se basa principalmente en la teoría de los performativos de Austin y en las máximas de comunicación de Grice. Las afirmaciones teóricas se ilustran principalmente con ejemplos lituanos de tipos de actos de habla performativos. Se distinguen tres aspectos del estudio de los participantes en los actos de habla: (a) las estrategias comunicativas, (b) los roles sociales y (c) los tipos de roles del hablante y del oyente, definidos con respecto a los actos ilocutivos. Ambos participantes pueden elegir una estrategia comunicativa constructiva o destructiva. Los performativos reducen al mínimo la posibilidad de elegir una estrategia destructiva, pero no la eliminan por completo. La evaluación correcta de los roles sociales del hablante y del oyente determina la manera en que el hablante explicita su intención ilocutiva y la manera en que el oyente la interpreta. Los tipos de hablantes y oyentes (destinatarios) se definen no solo con respecto a la fuerza ilocutiva, sino también con respecto a las circunstancias del acto de habla y a la manera en que se realiza (en un marco institucional o en la vida cotidiana, oralmente o por escrito, etc.).
La teoría de los actos de habla (y, junto con ella, la teoría de los performativos) es una de las partes más importantes de la pragmática lingüística. Como señala el propio creador del término pragmática, Ch. Morris, quien dividió la semiótica en tres partes —sintáctica, semántica y pragmática—, «la pragmática es la ciencia de la relación entre los signos y QUIENES LOS INTERPRETAN (énfasis mío — E. Z.)» (Morris 1938: 30). En una situación concreta, los intérpretes de cualquier signo o conjunto de signos (en nuestro caso, un acto de habla) son dos: el emisor del acto de habla, el hablante, denominado en adelante emisor, y el receptor del acto de habla, el oyente, denominado en adelante destinatario1.
El emisor y el destinatario son algunos de los factores más importantes del acto de habla. El emisor es el iniciador y creador del acto de habla. Mediante el acto de habla realiza sus intenciones comunicativas. Sin embargo, para alcanzar el objetivo deseado, el emisor también debe tener en cuenta al destinatario: su rol social, la presuposición pragmática —lo que el destinatario sabe acerca de la situación en que se realiza el acto de habla— y, finalmente, la capacidad del destinatario para comprender adecuadamente ese acto de habla, es decir, su ilocución y su proposición.
En este artículo se examinan los siguientes aspectos de los participantes en los actos de habla:
– la estrategia lingüística de los interlocutores,
– los roles sociales del emisor y del destinatario,
1 Distintos autores también denominan al emisor locutor, expedidor, sujeto o autor, y al destinatario, percipiente, receptor, descodificador, etc. (véase Vilkienė 1998: 154).
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– la relación de las ilocuciones de los actos de habla con diversos tipos de emisores y destinatarios.
1. ESTRATEGIA LINGÜÍSTICA DE LOS INTERLOCUTORES
Tanto el emisor como el destinatario de un acto de habla tienen sus propios objetivos comunicativos. De estos objetivos dependen no solo los medios de expresión léxicos y gramaticales que el emisor elige para el acto de habla, el estilo y la manera de realizarlo, sino también la interpretación de la ilocución y de la proposición del acto concreto. J. Hintikka sostiene que los participantes en una conversación eligen una determinada estrategia para realizar el acto de habla (el emisor) y para recibirlo (el destinatario), que puede determinar su interpretación, incluida la comprensión de la fuerza ilocutiva (Hintikka 1979: 36).
1.1. Estrategia lingüística del emisor
La estrategia del emisor puede ser de dos tipos:
– constructiva: comunicar con precisión sus intenciones;
– destructiva: enmascarar con el enunciado sus verdaderas intenciones o, más exactamente, dejar en él lagunas interpretativas para que más adelante, si es necesario, pueda ofrecer una interpretación distinta, más favorable para él en esa situación.
La fuerza ilocutiva se transmite en el acto de habla por diversos medios y, si el objetivo del destinatario es interpretar el acto de habla realizado por el emisor tal como este pretende que se interprete (estrategia constructiva), por lo general se percibe adecuadamente. No obstante, para evitar que la ilocución del acto de habla se interprete erróneamente —de manera deliberada o debido a circunstancias adversas—, el emisor puede optar por medios explícitos para indicar la fuerza ilocutiva: los performativos. Indicar con precisión la fuerza ilocutiva es especialmente importante para el emisor en los actos de habla institucionales (jurídicos y administrativos); por ello, los performativos se usan sobre todo en el lenguaje oficial. Según Ch. Peirce (1976: 249–250), «al afirmar una proposición, el hablante asume la responsabilidad de su verdad y es punible de algún modo si resulta ser falsa». Por eso al hablante le interesa que la proposición que ha enunciado se interprete de manera que no resulte falsa. Al oyente, en cambio, le interesa averiguar si el hablante ha enunciado una proposición falsa, y busca una interpretación que lo ponga de manifiesto (Hilpinen 1986: 304).
Otra cosa ocurre cuando el propio emisor pretende que el destinatario no comprenda su verdadero objetivo. En ese caso, elige una estrategia destructiva. Mediante esta estrategia, el emisor busca, de una manera u otra, engañar al destinatario. Esto no significa en absoluto que el acto de habla del emisor tenga que ser falso (no se infringe la máxima de calidad de Grice: no digas algo que crees falso (Grice 1975: 46)); sin embargo, el acto de habla siempre es insincero: infringe una de las seis condiciones de éxito de los actos de habla indicadas por J. L. Austin, la de sinceridad (Austin 1962: 39–40). Al emisor que ha elegido la estrategia destructiva le resultan más adecuados los actos de habla indirectos, que dejan margen para la interpretación, por ejemplo:
Un erizo se acerca a unos pescadores y pregunta:
– Chicos, ¿vais a comer caviar negro?
– ¡Sí, comeremos! –respondieron los pescadores, relamiéndose de alegría.
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– Está bien. Cuando se sienten a comer, invítenme también. (LLA 34)
El emisor formula una pregunta que el destinatario interpreta como una oferta indirecta. Los recursos expresivos elegidos no explicitan la fuerza ilocutiva, pero la situación, como confirma también el acto de habla de respuesta del destinatario, implica la fuerza ilocutiva de una oferta. Sin embargo, tal implicatura no vincula al emisor con los compromisos de la oferta. Por ello, en su siguiente acto de habla, al interpretar su primer acto de habla como una pregunta especial (cf. Labutis 1998: 113), simplemente se burla del destinatario. Así pues, el emisor elige una estrategia comunicativa destructiva, crea las condiciones para una doble interpretación del acto de habla y elige una opción que le resulta beneficiosa (la burla exitosa —una victoria moral) y perjudicial para el destinatario.
Aunque parecería que los performativos dejan menos margen para la interpretación, hay algunos cuyo uso brinda al emisor la posibilidad de cambiar posteriormente la interpretación del acto de habla realizado. Esto es especialmente cierto en el caso de los asertivos2, con los que se puede neutralizar la falsedad del contenido proposicional, y esto incluso puede convertirse en un caso jurídico. La literatura jurídica describe un caso de un proceso contra un senador estadounidense, en el que el senador mintió descaradamente ante el tribunal al decir Niego haber cometido este delito, aunque más tarde se demostró que sí lo había cometido. Aquí la negación crea un hecho, y solo ese hecho es evaluable jurídicamente como verdadero o falso (aunque, desde un punto de vista pragmático —desde la perspectiva de la gente común—, el senador mintió claramente).
Sin embargo, también los performativos de otros tipos dejan «lagunas» interpretativas. Es cierto que, a diferencia de los asertivos, en estos casos la estrategia destructiva se basa más en la proposición que en la ilocución. Por ejemplo, en el cuento sobre el marinero Simbad, el protagonista, ante el gobernante de una isla a la que había llegado su barco arrastrado por una tormenta, promete evasivamente casarse con la hija del gobernante, que está enamorada de él:
– Prometo que haré todo lo que pueda para casarme con su hija.
Acorralado por el gobernante, Simbad afirma haber hecho todo lo que pudo, pero que, aun así, no puede casarse con la hija del gobernante. ¡Al fin y al cabo, no había prometido CASARSE CON SU HIJA! Al realizar el acto de habla, el emisor se reservó una alternativa y más tarde se valió de ella. En efecto, desde un punto de vista formal, el acto de habla no fue una promesa de matrimonio. Sin embargo, en el habla cotidiana, estos actos de habla se evalúan según la situación pragmática, sin posibilidad de cambiar la interpretación.
Hay performativos inadecuados para la estrategia destructiva del emisor. Se trata de la mayoría de los directivos3, ante todo los mitigados, dirigidos a un destinatario con un papel social superior, como los verbos performativos suplico, imploro, ruego. El objetivo de la mayoría de los directivos es conseguir que el destinatario haga algo beneficioso para el emisor. Por tanto, con una estrategia destructiva, el emisor perjudicaría ante todo sus propios intereses.
2 Los asertivos (afirmaciones de las actitudes del emisor) expresan la actitud del hablante respecto al contenido proposicional del acto de habla que realiza, p. ej.: afirmar, dudar, negar, informar, etc.
3 Un directivo es un acto de habla cuyo objetivo ilocutivo es dar instrucciones. Mediante un directivo, el emisor pretende influir en el oyente para que haga algo. Los directivos pueden ser mitigados, p. ej.: suplicar, rogar, neutros, p. ej.: aconsejar, proponer, y agresivos, p. ej.: ordenar, exigir.
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Los expresivos4 tampoco encajan demasiado bien con esta estrategia: son actos de etiqueta, pues el mero hecho de realizarlos ya satisface la expectativa comunicativa del destinatario (expectativa: qué puede esperar el destinatario de quien desempeña un determinado papel social; cf. Karaliūnas 1997: 87). Es cierto que la ironía del emisor constituye un medio adecuado para convertir los expresivos en manifestaciones de una estrategia destructiva. Por ejemplo, el entrenador «felicita» al mejor jugador del equipo, que se ha peleado con un rival y ha sido expulsado durante el partido decisivo de la temporada:
Te felicito. Acabas de arruinar toda nuestra temporada. (RESP. SP.)
La ironía transforma el acto de felicitación en un reproche. Por cierto, al describir por escrito un acto de este tipo, la fuerza ilocutiva se indica entre comillas, por ejemplo, «felicita». El uso de comillas señala que la estrategia del emisor fue destructiva o que el acto fracasó.
1.2. La estrategia lingüística del destinatario
La estrategia del destinatario también puede ser doble: – constructiva: el destinatario intenta determinar con precisión la intención del emisor, es decir, busca el significado del hablante; – destructiva: el destinatario intenta descubrir una «laguna» semántica en lo dicho para poder interpretarlo a su manera (en tal caso, también debe captar el significado del hablante). La estrategia constructiva se ajusta a los requisitos generales de la comunicación, por ejemplo, al principal postulado conversacional de cooperación señalado por Grice: la colaboración entre emisor y destinatario (Grice 1975: 45). Si el destinatario sigue el principio de cooperación, el acto de habla puede fracasar debido a la estrategia del emisor (el intento de ocultar la fuerza ilocutiva), a circunstancias inadecuadas, al uso de códigos lingüísticos diferentes (interpretar un enunciado de una lengua según las reglas de otra), a interferencias externas, como ruidos ajenos, a una audición deficiente del destinatario, etc.; por ejemplo:
Debido a la sordera: – ¿Adónde vas, a pescar? – No, a pescar. – Ah, yo pensaba que ibas a pescar. (chiste popular)
Debido a un código diferente: Un samogitio se encontró con dos amigos rusos. El samogitio no sabía ruso y los rusos apenas entendían el samogitio. Era viernes por la noche. Juntaron unos cuantos rublos cada uno. Consiguieron vodka y algo para picar. Al principio, todos bebieron cien gramos. El samogitio empezó a quejarse: – ¡Tanto! ¡Qué fuerte es este vodka! ¡Puedo hasta estirar la pata! – Da možno i po dviesti, – asentían los amigos. Sirvieron doscientos gramos para cada uno. Todos volvieron a apurarlo hasta el fondo. – ¡Ay, ay!, – gimoteaba el samogitio. – Ahora hasta puedo cagarme. – Možno i po trista, – se reían los amigos. (LLA 253)
4 Un expresivo es un acto de habla de etiqueta que busca mantener, por ejemplo: despedirse, felicitar, desear, o restablecer, por ejemplo, disculparse, una «atmósfera de cortesía»: buenas relaciones sociales con el destinatario.
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En el ejemplo anterior, el destinatario, basándose en una palabra padvesti = tras veinte y pratrysti = tras trescientos, interpreta erróneamente, según la situación pragmática (bebieron cien cada uno y luego doscientos cada uno), la fuerza ilocutiva de los actos de habla del hablante: entiende una queja como una propuesta.
Cuando la estrategia del destinatario es destructiva, este, sin duda, comprende el significado del hablante, pero no le resulta útil interpretar el acto de habla conforme a él. Si el hablante deja al destinatario siquiera la más mínima posibilidad de interpretar erróneamente el acto de habla que ha realizado, este puede hacerlo. «La cuestión no es que el oyente no comprenda la verdadera fuerza ilocutiva del enunciado, sino que no está obligado a comprenderla» (Austin 1962: 33–34). El destinatario elige la estrategia destructiva para defender sus propios intereses y situarlos por encima de los intereses del hablante.
Es posible interpretar a su manera la fuerza ilocutiva del enunciado o su contenido proposicional cuando el acto de habla es indirecto o ambiguo, por ejemplo:
Una vez, Pedro, al encontrarse con Casimiro, le pregunta: —¿No podrías prestarme al menos diez litas? Casimiro responde: —Lo siento mucho, no llevo dinero conmigo. —¿Y en casa? —Gracias a Dios, todos están bien. Adiós. (LLA 188)
El destinatario finge entender la pregunta ¿Y en casa?, que está relacionada semánticamente con el discurso anterior y significa ¿No tienes dinero en casa para prestar?, como una pregunta cortés por sus familiares, eludiendo así el préstamo.
Por lo general, el destinatario adopta la estrategia destructiva al interpretar los actos directivos, especialmente los modestos (a diferencia del hablante), y los declarativos5. Al destinatario le resulta útil interpretar los actos directivos a su manera cuando no quiere o no puede hacer lo que pretende el hablante mediante el acto directivo. Al interpretar los actos directivos agresivos —una orden, una instrucción o una exigencia—, el destinatario normalmente no tiene la posibilidad de elegir la estrategia destructiva, debido a la estricta regulación del uso de estos actos directivos. El destinatario interpreta los declarativos a su manera cuando estos establecen una situación que le resulta desfavorable. Cuando el hablante realiza un asertivo, un expresivo o un comisivo6, el destinatario tiene pocas posibilidades de elegir la estrategia destructiva. Y si se realiza un acto de habla performativo, la interpretación particular del destinatario es prácticamente imposible.
Sin embargo, la mayoría de las veces ni el hablante ni el destinatario necesitan buscar una alternativa, pues se sigue el principio general de cooperación. El acto de habla suele estar integrado en una secuencia de otras acciones lingüísticas y no lingüísticas, y forma parte de cierto juego de lenguaje. Las reglas del juego de lenguaje establecen que los participantes conocen las reglas del juego y las respetan.
La relación entre las estrategias lingüísticas del hablante y del destinatario y el éxito comunicativo se muestra en la tabla:
5 Los declarativos (decretos) son un medio para crear una determinada situación, es decir, mediante ellos se crean hechos nuevos (por lo general, jurídicos), por ejemplo: nombrar (para el cargo de suplente), destituir (de un cargo), declarar la guerra, etc.
6 Mediante los comisivos (compromisos del hablante), el hablante se compromete a realizar en el futuro aquello que expresa el contenido proposicional del acto de habla, por ejemplo: prometer, comprometerse, jurar, etc.
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TABLA 1. ESTRATEGIAS LINGÜÍSTICAS DEL EMISOR Y DEL DESTINATARIO
Emisor | Estrategia lingüística del emisor | constructiva | destructiva; Destinatario | constructiva | cooperación: el acto de habla tiene éxito | cooperación: el acto de habla tiene éxito, pero es inaceptable para el destinatario y, por tanto, ineficaz; Estrategia lingüística del destinatario | constructiva | destructiva | falta de cooperación: el acto de habla tiene éxito, pero no es eficaz | falta de cooperación: el acto de habla no tiene éxito; destructiva
Así pues, la estrategia lingüística elegida por el emisor determina la locución del acto de habla, es decir, su expresión concreta, y su ilocución, mientras que la estrategia lingüística del destinatario determina el efecto perlocutivo del acto de habla. Sin embargo, un acto de habla aislado a menudo no revela las estrategias de los interlocutores; para ello se necesita un discurso más amplio. Los principios generales de la comunicación, en primer lugar el de cooperación, obligan a los interlocutores a elegir una estrategia constructiva. El emisor suele elegir una estrategia destructiva para eludir la responsabilidad por su acto de habla insincero o para burlarse del destinatario o incluso humillarlo. La estrategia lingüística del destinatario es destructiva cuando este interpreta deliberadamente de manera incorrecta el acto de habla, ante todo su ilocución. De este modo, el destinatario suele intentar evitar acciones que le resultan desfavorables. La posibilidad del destinatario de elegir una estrategia destructiva está muy limitada por los actos de habla performativos, mientras que la posibilidad del emisor de elegirla suele estar limitada por el papel social posicional que desempeña, especialmente cuando el emisor es una institución.
2. SITUACIÓN SOCIAL Y PAPELES SOCIALES
Al elegir estrategias comunicativas, el emisor y el destinatario no pueden limitarse a sus propios objetivos comunicativos. Para alcanzar el objetivo, es necesario tener en cuenta la acción del interlocutor: el emisor, la del destinatario; el destinatario, la del emisor.
Grice, al subrayar la relación especial entre el contenido de la expresión lingüística y el hablante, señala que existe no solo el significado del enunciado, sino también el significado del hablante (Grice 1969: 147). También coincide con ello J. Searle, uno de los creadores de la teoría de los actos de habla: «No siempre es posible deducir del significado de una oración lo que el hablante quiere decir al pronunciarla» (Searle 1975: 68). El oyente puede captar el significado del hablante interpretando el significado del enunciado en el contexto de la situación comunicativa. Dicho de otro modo, el verdadero significado del acto de habla (el significado del hablante) se entiende como una jugada en un juego de lenguaje (término de L. Wittgenstein) (Vitgenšteinas 1995: 22 §). Si no se sabe qué juego de lenguaje se está jugando, es imposible interpretar correctamente el acto de habla. Por tanto, es necesario conocer el contexto, la situación. El acto de habla es una acción intencional e interpersonal; el espacio en el que se manifiesta es
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la sociedad. Así pues, uno de los factores más importantes para reconocer el significado del hablante es precisamente la situación social.
La situación social es el conjunto de circunstancias externas que configuran el comportamiento del individuo en la sociedad. Las situaciones entendidas en sentido amplio corresponden al concepto de formas de vida de Wittgenstein, por ejemplo: negociaciones, bodas, guerra, etc. Las formas de vida se componen de juegos de lenguaje, es decir, situaciones más específicas: una propuesta, los votos matrimoniales, una declaración de guerra, etc. Tales juegos de lenguaje se realizan mediante actos de habla concretos. Quien realiza el acto de habla, el emisor (y, a su vez, el destinatario), se considera no como una persona concreta con un conjunto de rasgos individuales (aspecto que interesa a la psicología), sino como quien desempeña un determinado papel social, representado por el acto de habla que realiza (Arutiunova 1981: 357). En la comunidad lingüística existen pautas de comportamiento (también lingüístico) para quienes desempeñan cada papel social: «son maneras establecidas de comportarse y actuar en una situación determinada» (Karaliūnas 1997: 87). Estas pautas pueden ser muy flexibles en un entorno informal, en la comunicación cotidiana, y muy estrictas en un entorno formal —jurídico, administrativo, religioso, etc.—. La comunicación cotidiana se basa en reglas de etiqueta no escritas, mientras que en un entorno formal las acciones de quien desempeña un papel social determinado están reguladas por leyes y reglamentos. «Cuanto más concretas y estrictas sean las exigencias que la sociedad plantea para un papel determinado —compárense los papeles de juez, presidente de una asamblea o comentarista de competiciones deportivas—, más estrictos serán los requisitos estilísticos del habla» (Krysin 1976: 52). Incluso se crean modelos de actos de habla destinados a desempeñar determinados papeles sociales. Por ejemplo, el texto del juramento del presidente de la República de Lituania que se presenta a continuación sirve de modelo para los actos de habla realizados efectivamente por dos presidentes de la República de Lituania: el Sr. A. Brazauskas y el Sr. V. Adamkus.
Yo, (nombre y apellido), juro ser fiel a la Nación, a la República de Lituania y a la Constitución, respetar y cumplir las leyes y proteger la integridad territorial de Lituania; juro desempeñar mis funciones con honradez y ser igualmente justo con todos; juro, con todas mis fuerzas, fortalecer la independencia de Lituania, servir a la Patria y actuar democráticamente en beneficio del pueblo lituano. ¡Que Dios me ayude! (dok: http://www.lrp.lt/institutiontoday.phtml#HD_NM_20.)
Al destinatario, el emisor de este acto de juramento le importa no como persona concreta, sino como institución social: el presidente de la República de Lituania. Al interpretar este acto de habla, las características individuales del emisor como persona carecen por completo de importancia, al igual que los demás papeles comunicativos que esa misma persona física desempeña en otros actos de habla.
La interpretación del acto de habla depende de cuán claramente comprenda el destinatario los papeles sociales del emisor y el suyo propio como destinatario, así como la relación entre ellos. Las relaciones sociales entre los participantes en la comunicación pueden ser:
– simétricas: de papeles sociales equivalentes;
– asimétricas: de papeles sociales no equivalentes, que a su vez pueden estar determinadas por:
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– diferencias antropológicas,
– diferencias socioculturales,
– diferente grado de participación en la conversación (Henne, Rehbock 1995).
Las relaciones sociales no son, en realidad, sino la comparación de los roles sociales de dos participantes en la comunicación: el emisor y el destinatario. Los roles sociales que desempeñan los participantes en un acto de habla, independientemente de que reflejen relaciones simétricas o asimétricas, siempre se conciben como una pareja, por ejemplo: jefe–subordinado, padre–hijo, comprador–vendedor, colega–colega. Por tanto, al determinar su propio rol social, el emisor de un acto de habla determina también el rol social del destinatario. Y viceversa: una vez identificado su propio rol social, el destinatario puede determinar fácilmente el rol social del emisor, lo que también ayuda a identificar la fuerza ilocutiva del acto de habla realizado por este. Si el emisor percibe incorrectamente su propio rol social o el del destinatario, es probable que haya elegido un acto de habla con una fuerza ilocutiva inadecuada, por ejemplo:
—¡No te vayas, te lo ordeno! —alzando la voz, dijo Julius.
—¡Dale órdenes a tu abuela! —[Rima] dio un portazo y se marchó. (PB 464)
En esta situación se ignora el rol social del destinatario y, al mismo tiempo, el emisor se atribuye injustificadamente un rol social superior al del destinatario. En realidad, los roles sociales del emisor y del destinatario son equivalentes: Julius y Rima son amigos. El directivo agresivo elegido por el emisor es apropiado para un emisor que ocupa una posición superior, y esto suele ser adecuado solo cuando el acto de habla se dirige a un subordinado directo. Debido a la elección inadecuada del performativo —ordeno en lugar del neutral pido o del deferente suplico—, el acto de habla fracasa: Rima dio un portazo y se marchó. Así pues, la elección inadecuada del rol social por parte del emisor provoca un fracaso comunicativo.
A veces, el hablante indica explícitamente su rol social en el acto de habla, por ejemplo:
ŠIMKŪNAS. […] a mi entender, el tratamiento del señor Kliemas debería continuar en régimen de hospitalización.
DAKTARAS. Como médico, estoy de acuerdo en que su salud no mejora. (NDB 2, 74)
En este ejemplo, el segundo interlocutor enfatiza su rol social posicional (como médico) al reaccionar ante un acto de habla —el estímulo: la invitación a expresar su opinión profesional.
También es habitual indicar el propio rol social al «pasar» de un rol social superior a uno equivalente, por ejemplo:
ANDREAS. No como vuestro maestro, sino como caballero a caballeros, os pregunto: ¿de verdad no sabíais que Mindaugas […] sirve a Cristo, el Señor? (KR 2, 597)
El emisor enfatiza su rol social equivalente con la esperanza de que la estrategia de comportamiento lingüístico del destinatario sea constructiva: que los caballeros digan la verdad sin evasivas.
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En los actos de habla performativos de algunas fuerzas ilocutivas es habitual indicar explícitamente el propio papel social. Por ejemplo, recordemos:
R. OZOLAS en una rueda de prensa tras perder las elecciones: – Asumo toda la responsabilidad de que el partido no haya obtenido el número de votos necesario en las elecciones, yo, en calidad de presidente del partido. (TV žinios). J. KAZLAUSKAS tras el fracaso de «Eurobasket 2001»: – Yo, como entrenador del equipo, por supuesto, asumo toda la responsabilidad por el fracaso y confirmo: sí, dimito de mi cargo de entrenador. (TV žinios)
Sin embargo, mucho más a menudo en el acto de habla se indica no el papel social del emisor, sino su identificador único, generalmente el nombre y el apellido (también se suele indicar el cargo y, a veces, el grado académico, el lugar de residencia, el parentesco, etc.). Esta es una característica de la mayoría de los actos de habla jurídicos. La mayor parte de ellos se realiza mediante enunciados performativos. Por ejemplo, los poderes:
Yo, Jonas Petraitis, <...> autorizo a Antanas Petraitis <...> a gestionar y conducir el automóvil de turismo de mi propiedad, <...> a ocuparse del estado técnico del automóvil, representarme ante la policía de tráfico, las entidades aseguradoras y las aduanas, viajar al extranjero, delegar el poder en otra persona, redactar declaraciones en mi nombre, firmar en mi lugar y realizar todos los demás actos relacionados con este mandato. (DOK.)
Al realizar algunos actos de habla institucionales, es habitual y, a veces, obligatorio indicar tanto el propio papel social como el identificador único, por ejemplo:
Disposición <...> En virtud del artículo 32 de la Ley del Tribunal Constitucional, autorizo a Audronė Ožiūvienė, asesora del Departamento Jurídico de la Cancillería del Seimas, a representar al Seimas en el examen, ante el Tribunal Constitucional, de la solicitud de un grupo de diputados del Seimas para determinar [si las leyes se contradicen entre sí]. <...> Presidente del Seimas de la República de Lituania, Vytautas Landsbergis (DOK.)
En general, todos los actos de habla jurídicos se caracterizan por explicitar al emisor y al destinatario del acto de habla como miembros de una comunidad determinada, así como la fuerza ilocutiva. En el habla cotidiana, por lo común no es tan importante que el emisor se identifique, debido a la relación relativamente débil e indeterminada entre el acto de habla y las consecuencias que produce. Puede ser mucho más importante explicitar el propio papel social. Por cierto, como señala Arutiunova, el emisor suele explicitar su papel cuando en realidad asume uno que no le corresponde (Arutiunova 1981: 357). También se tiende a explicitar el papel social cuando, al comunicarse con el mismo destinatario, se cambia el registro del papel social —de igual a superior—, es decir, se hace hincapié en la autoridad, generalmente con el propósito de imponerse en la conversación, o a la inversa, por ejemplo:
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¿Quién dice que es una injusticia? —gritó el alguacil. Y el alcalde añadió: —Yo, el alcalde, afirmo que es justo. ¡Por resistirse, cincuenta latigazos! (PS 84–85)
Hasta entonces, el alguacil y el alcalde habían hablado con los campesinos como iguales; sin embargo, para imponerse, el alcalde hizo hincapié en su posición social superior.
2.1. Tipos de roles sociales
Los roles sociales se dividen en:
– roles de estatus,
– roles posicionales,
– roles situacionales (Karaliūnas 1997: 88).
2.1.1. ROLES DE ESTATUS. Algunos roles situacionales se heredan: el sexo, la raza y la nacionalidad. Por lo general, no cambian a lo largo de la vida de una persona. Los roles de estatus heredados, en el mundo actual de igualdad racial, nacional y sexual, determinan relativamente poco la expresión del acto de habla.
Otros roles de estatus se adquieren con el paso del tiempo; por ejemplo, los relacionados con la edad (mayores, jóvenes e iguales en edad), con los miembros de la familia (padre, hijo, hermanos), con la clase social (que en nuestra sociedad suele determinarse de manera aproximada según la situación económica), etc. Los roles sociales, al igual que toda la estructura social, conforman cierta jerarquía que señala la distribución desigual de la riqueza, el poder o el prestigio en la sociedad (Dumbliauskas 1999: 26). Pueden ser muy importantes tanto para la ilocución del acto de habla como para su expresión concreta. No obstante, los roles de estatus determinan más el propio modo de hablar, el estilo, que la expresión de ilocuciones específicas. Por tanto, no puede afirmarse que a algún rol social de estatus le sean característicos determinados performativos.
2.1.2. ROLES POSICIONALES. Los roles posicionales están determinados por la posición que ocupa el individuo en la sociedad. Por lo general, un rol posicional está relacionado con una profesión, por ejemplo, maestro, juez, oficial, etc., o con una actividad de larga duración o un modo de vida, por ejemplo, estudiante, soldado, preso. Los roles posicionales se adquieren con el paso del tiempo y son duraderos. No solo determinan la ilocución y la expresión concreta del acto de habla, sino que algunos incluso disponen de un «arsenal» de actos de habla con una fuerza ilocutiva específica y un modelo de expresión concreta, regulados por leyes y normas, como los veredictos de los jueces, las órdenes de los oficiales y las frases rituales de los sacerdotes. El uso de performativos es más característico precisamente de quienes desempeñan roles sociales posicionales.
2.1.3. ROLES SITUACIONALES. Se trata de modelos de conducta y actividad más o menos fijos. Se subdividen en roles situacionales en sentido estricto y personales. Los primeros están relacionados con determinados estereotipos de conducta y suelen estar condicionados por circunstancias externas. El individuo se ve, por así decirlo, inmerso en una situación de este tipo y se le asigna el rol situacional correspondiente. Quienes desempeñan estos roles son el comprador, el pasajero, el invitado, el espectador, etc. Los roles personales dependen de la orientación valorativa del individuo; es su interlocutor quien le asigna ese rol —amigo, enemigo, amado, etc.—, identificándose al mismo tiempo. La ilocución y la expresión de los actos de habla correspondientes a la mayoría de los roles situacionales no están reglamentadas, salvo en los actos de habla relacionados con la etiqueta, como dar las gracias, disculparse, expresar condolencias, etc., que a menudo se expresan mediante performativos.
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Cada individuo se caracteriza por un determinado conjunto, un complejo, de roles sociales concretos (Smelser 1984: 36). Es cierto que este complejo abarca únicamente los roles de estatus y de posición. Los roles situacionales son como posibilidades que pueden realizarse, pero también pueden no hacerlo. Por ejemplo, cualquier pasajero de trolebús que no tenga billete puede acabar siendo un «polizón», pero para ello deben darse las circunstancias adecuadas. Los roles posicionales son los más importantes para la comunicación, pues determinan no solo la estrategia lingüística que construye el emisor, sino que a menudo también definen la ilocución y la locución de los actos de habla concretos que realiza. Los actos de habla de quienes desempeñan roles posicionales concebidos como emisores institucionales están sujetos a una regulación especialmente estricta.
3. EMISOR
El emisor es una persona, un grupo de personas o una institución que crea y realiza un acto de habla7. La categoría del emisor del acto de habla se considera central en la pragmática contemporánea (cf. Stepanov 1981: 326). También ocupa un lugar muy importante en la teoría de los performativos. La función principal del performativo es transmitir con precisión la relación del emisor con la acción realizada mediante el enunciado, es decir, la ilocución: qué hace el emisor con ese enunciado, y no cuál es (era, será, sería) la realidad (transmitir hechos de la realidad es la función principal de los constativos). Al mismo tiempo, mediante el performativo, el emisor no solo informa de qué acción realiza con ese enunciado, sino que, sobre todo, la lleva a cabo. Así, con respecto al emisor, la función del performativo es creadora.
El creador de un acto de habla concreto es siempre una o varias personas. Sin embargo, en el proceso de comunicación, esa persona a menudo carece de relevancia, y lo que se actualiza es la institución como persona jurídica, o bien el emisor del acto de habla carece por completo de relevancia. La ilocución del propio acto de habla depende a menudo de esa actualización.
3.1. Tipos de emisores
El emisor de un acto de habla performativo puede ser:
1) una persona individual:
– realiza el acto por iniciativa propia,
– realiza el acto autorizado por otro emisor (emisor autorizado);
2) un grupo de personas:
– el grupo realiza el acto (habla al unísono),
– una persona realiza el acto en nombre del grupo (una persona habla por todos);
3) una institución;
7En la teoría de la comunicación, se distingue al emisor como creador del emisor como ejecutor (remitente), y al destinatario como experimentante del destinatario como receptor (destino final). Por lo general, el emisor es tanto el creador como el ejecutor (remitente) del acto de habla, y el destinatario es tanto el experimentante como el receptor (Cook 1997: 25). Puede haber casos en que el creador no coincida con el ejecutor, por ejemplo, cuando un portavoz lee un discurso escrito por el presidente (creador), así como casos en que el destinatario no coincida con el receptor, por ejemplo, cuando se leen cartas ajenas. En la teoría de los actos de habla, especialmente al determinar los rasgos de los performativos y definir las ilocuciones, no son pertinentes los casos en que el creador del acto de habla no coincide con el ejecutor: solo importan el emisor y el destinatario como elementos de la situación comunicativa (véase Kobezova 1986: 13). Un acto de habla que no llega al destinatario —por ejemplo, si lo recibe otra persona a quien no estaba dirigido— se considera fallido; mediante él, el emisor no realiza su intención comunicativa.
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4) el emisor no está definido (no es pertinente).
3.1.1. PERSONA INDIVIDUAL Y GRUPO DE PERSONAS.
Una persona individual y un grupo de personas son emisores de tipos afines. Los actos de habla que realizan están determinados principalmente por la voluntad personal y la situación. La diferencia fundamental entre una persona individual y un grupo de personas es el número de creadores del acto de habla, que normalmente se expresa en el nivel lingüístico mediante la categoría gramatical de número: singular para las personas individuales y plural para los grupos de personas. Sin embargo, hay ámbitos en los que es característico que un emisor individual use el plural exclusivo8.
En primer lugar, se trata del nos de «majestad» (lat. pluralis majestaticus), es decir, la expresión de la voluntad del soberano, por ejemplo:
Por amor de Dios, nosotros, Alejandro II, emperador y soberano de toda Rusia, rey de Polonia, gran duque de Finlandia, etc., etc., anunciamos a todos nuestros fieles siervos. (PS 17)
También se emplea el plural del autor de una obra científica, por ejemplo:
Observaremos que la segunda frase melódica de estas canciones no es sino una mera repetición de la primera. (autora del artículo Austė Nakienė – TD5 90)
Este uso de la forma de plural exclusivo de los performativos está estrechamente relacionado también con la designación del emisor mediante el pronombre nosotros. Como afirma A. Rosinas, el «nosotros» de majestad en la lengua lituana actual <…> solo se emplea en obras de ficción de temática histórica y en documentos históricos, <…> mientras que el «nosotros autorial» es un fenómeno nuevo en lituano: lo usan los intelectuales. <…> Es un calco sintáctico evidente» (Rosinas 1988: 33–34). Así pues, el plural exclusivo de los performativos es solo una excepción a la regla general.
Un emisor individual puede realizar el acto de habla que ha concebido y, por tanto, ser tanto su creador como su ejecutor, pero también puede realizar, por encargo, el acto de habla concebido por otra persona. En este último caso puede elegir los medios concretos de expresión del acto de habla, pero no puede elegir la fuerza ilocutiva ni el contenido proposicional. Por ello, debe analizarse no como emisor, sino como destinatario intermediario (véase más ampliamente el cap. 4.1.4, «Destinatario intermediario»).
Si un emisor realiza un acto de habla en nombre de otra persona sin estar autorizado por ella, posteriormente pueden surgir dificultades comunicativas. Por ejemplo:
Una vez, se celebraba una reunión en clase. La tutora reprendió a un buen alumno por haber empezado a sacar malas notas. El padre del alumno se levantó ante la reunión y dijo: —El próximo trimestre estudiará bien. Después del segundo trimestre, la tutora vuelve a reprender al alumno: —Pero si prometiste esforzarte. El alumno respondió con calma: —No fui yo quien lo prometió, sino mi padre. Que estudie bien él mismo. (LLA 67–68)
8 Por lo general, el término plural exclusivo describe la propiedad del pronombre personal plural (lit. nosotros) de referirse únicamente al emisor, sin incluir a otras personas.
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El padre hace una promesa en nombre de su hijo y, más tarde, el hijo se retracta, alegando que no había prometido nada. El acto de habla de prometer fracasa porque la promesa no es válida: el emisor promete en nombre de otra persona sin estar autorizado para ello. Sin embargo, una situación así es, en realidad, más bien anecdótica. En la práctica, esa promesa sería válida porque el padre, que ocupa un papel social superior con respecto a su hijo, tiene autoridad para asumir compromisos en nombre de este. En tal caso, el deber del emisor consiste en utilizar su autoridad para obligar a la otra persona a actuar de acuerdo con la promesa hecha.
Un acto de habla realizado en coro por un grupo de personas es relativamente infrecuente. Por lo general, se trata de una reacción ante un acto de habla —un estímulo—, por ejemplo:
SIERAKAUSKAS. A quien pueda jurar, lo tendré por soldado del Ejército Popular de Lituania.
HOMBRES. ¡Juramos! ¡Juramos, jefe! (GR1, 153)
Más a menudo, una persona habla en nombre del grupo; por ejemplo, el padre en nombre de la familia, un estudiante en nombre de todo el curso, o el comandante en nombre de un pelotón de soldados. No están autorizados directamente por el grupo, sino que toman la iniciativa por cuenta propia y representan la opinión colectiva, por ejemplo:
SIERAKAUSKAS. No pretendo ser el anfitrión. Y yo les doy las gracias en nombre de todos los alborotadores.
(GR1, 145)
J. Thomas denomina grupales estos performativos (en inglés, group performatives) (Thomas 1995: 41–42).
Los papeles sociales de los emisores de ambos grupos suelen ser de estatus y situacionales: en ese caso, la intención del acto de habla depende del propio emisor, y el éxito no está relacionado con el procedimiento completo de realización del acto.
Por su fuerza ilocutiva, los tipos de actos más característicos de los emisores de estas dos clases son los expresivos y los asertivos, mientras que los menos característicos son los declarativos. Entre los directivos, estos emisores suelen poder elegir únicamente los corteses o los neutros, y pueden realizar cualquier tipo de comisivo, excepto juramentos de iniciación.
3.1.2. INSTITUCIÓN. En realidad, cualquier acto de habla performativo es realizado por una persona o varias concretas. Sin embargo, a veces, al realizar un acto de habla, una persona expresa no su propia voluntad, sino la de una institución determinada a la que representa. Puede afirmarse que la persona concreta (o las personas) solo verbaliza el acto institucional, por lo que debe considerarse que la institución es el emisor. El emisor institucional suele desempeñar un papel social posicional.
Algunos actos de habla no los realiza una persona en calidad de representante de una institución, sino que es como si los realizara la propia institución. Sin duda, su creador real es una persona concreta; sin embargo, a menudo es imposible identificar al creador real de un acto de habla escrito, a diferencia de uno oral, y como emisor se indica explícitamente a la propia institución, por ejemplo:
La fábrica de caramelos «Rūta» ofrece empleo en la región de Vilna. (RESP. SP.)
Los performativos institucionales más característicos son los declarativos y los directivos agresivos. Entre los comisivos, la institución es el emisor de los juramentos solemnes. El emisor de este tipo rara vez realiza actos de habla con fuerzas ilocutivas expresivas. Y esto es comprensible: el ámbito principal de manifestación de los expresivos son las relaciones interpersonales. Incluso los expresivos públicos
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se formulan como performativos de una persona individual o, más a menudo, de un grupo o colectivo (se emplea el plural), por ejemplo:
El colectivo del Tribunal Regional de Vilna expresa sinceramente sus condolencias al juez A. K. por el fallecimiento de su padre, en esta hora de dolorosa pérdida y tristeza. (RESP. SP.)
o bien
Expresamos sinceramente nuestras condolencias al miembro del Seimas A. P. y a sus seres queridos por el fallecimiento de su querida madre. – Fracción de la coalición socialdemócrata del LRS. (RESP. SP.)
La institución suele ser el emisor de los performativos jurídicos. En los performativos jurídicos (como, en general, en la mayoría de los actos de habla institucionales), y especialmente en los realizados por escrito, es habitual indicar también al emisor, en particular su papel social posicional superior (su cargo), por ejemplo (el papel social del emisor aparece señalado en versalitas; las demás referencias al emisor, en negrita):
Orden del DECANO DE LA FACULTAD DE FILOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE VILNA
Sobre la autorización para defender los trabajos de grado
Autorizo a los antiguos estudiantes de cuarto curso de la especialidad de filología lituana a defender sus trabajos de grado
DECANO DE LA FACULTAD DE FILOLOGÍA firma Nombre Apellido (DOK.)
Dado que el emisor con un papel social superior suele vincular al destinatario, mediante sus actos de habla, a determinadas obligaciones, establece un modelo de conducta futura e incluso todo un modo de vida, el emisor debe justificar por qué «ejerce autoridad», es decir, indicar su papel social.
3.1.3. EMISOR INDETERMINADO. Dado que el performativo es un acto creador, no informativo, quien lo realiza (el emisor) es percibido directamente por el destinatario. Sin embargo, si el acto se realiza no oralmente, sino por escrito, el destinatario puede desconocer quién es el emisor del performativo. Hay performativos escritos cuyo emisor resulta irrelevante para el destinatario. Por ello, se elige una forma no subjetiva del performativo. En la mayoría de los casos se trata de declarativos, cuya publicación por escrito constituye la formalización jurídica del acto. La expresión habitual de estos performativos es una oración impersonal con infinitivo o participio pasivo, por ejemplo:
Se declara inválido el sello redondo perdido que pertenece a la empresa individual S. S. (RESP. SP.)
Se declara inválido el diploma de enseñanza secundaria especializada n.º 999999 de I. V., perdido, expedido por la Escuela de Artes Aplicadas de Kaunas. (RESP. SP.)
En estos ejemplos, el emisor no solo no está expresado, sino que además carece de relevancia. Puesto que el acto entra en vigor únicamente después de su publicación en el periódico, puede afirmarse que el emisor que el destinatario percibe objetivamente podría ser el propio periódico. Los performativos de este tipo se asemejan a los actos realizados por instituciones, con la diferencia de que la institución no se menciona formalmente en el enunciado.
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A menudo, el emisor es indeterminado en las directivas escritas, especialmente en las prohibiciones, por ejemplo:
Prohibido arrojar basura. Multa: 200 Lt. (inscripción junto a un barranco en Viršuliškės)
El emisor de esta prohibición se infiere de la proposición del acto de habla (quién se ocupa de la limpieza) y de las circunstancias, concretamente del lugar (Viršuliškės). Cabe suponer que el emisor es, por ejemplo, la administración del distrito de Viršuliškės. Así pues, aunque en este acto el emisor no se explicita, puede inferirse a partir de las circunstancias del acto de habla.
A veces, también en los expresivos escritos, sobre todo en los saludos, el emisor es indeterminado, por ejemplo:
Recibimos a los participantes y visitantes de la fiesta que aman y protegen la naturaleza única de Neringa. (cartel sobre la carretera hacia Nida)
Es cierto que este saludo implica una exhortación a amar y proteger la naturaleza única de Neringa. Probablemente por eso también se eligió una forma con emisor indeterminado.
Los performativos de otros tipos ilocutivos —los asertivos y los comisivos— no tienen un emisor indeterminado.
Así pues, el vínculo más estrecho del acto de habla se establece con el emisor institucional: por lo general, los actos de habla que las instituciones pueden o deben realizar en determinadas situaciones sociales se definen en reglas escritas; en ellas se especifica no solo una ilocución determinada, sino a menudo también una locución concreta, y se prevén ciertas fórmulas lingüísticas estereotipadas. La mayoría de los actos de habla institucionales son declarativos y directivos agresivos. La distinción entre el emisor como institución y el emisor individual o el grupo de emisores divide a su vez los actos de habla en dos tipos: institucionales, cuyo uso está regulado por reglas escritas, y cotidianos, cuyo uso depende de la intención del emisor, los principios generales de la comunicación y la etiqueta lingüística.
4. EL DESTINATARIO
El destinatario es una persona, un grupo de personas o una institución a quien va dirigido el acto de habla. Puesto que el acto de habla está orientado a un destinatario concreto, por lo general también se adapta a él. Además del principio fundamental de cooperación, que se aplica a ambos interlocutores, Grice indica con la mayor claridad posible que el emisor debe atender a los intereses del destinatario: 1) la máxima de cantidad exige que el emisor diga lo suficiente para que el nivel de conocimientos proposicionales del destinatario le permita comprender adecuadamente el acto de habla; 2) la máxima de calidad exige no mentir al destinatario ni inducirlo a error; 3) la máxima de relación con el objeto del que se habla exige no desviarse del tema y, por tanto, no confundir al destinatario; 4) la máxima de modo exige elegir una expresión que sea lo más comprensible y aceptable posible para el destinatario, por ejemplo, por razones éticas (Grice 1975: 47).
Casi todos estos requisitos se cumplen mejor mediante los performativos. En primer lugar, el performativo es probablemente la expresión más breve para transmitir muchas fuerzas ilocutivas. En segundo lugar, uno
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de los rasgos del performativo es su veracidad intrínseca: no puede ser falso, sino únicamente resultar fallido. En tercer lugar, la expresión de muchos performativos es sumamente sencilla y clara, por lo que el destinatario los comprende fácilmente. Por último, muchos performativos son necesarios en determinadas situaciones jurídicas, rituales y sociales; no emplearlos puede provocar un conflicto social o incluso jurídico. Esto se aplica especialmente a los performativos de etiqueta, es decir, los expresivos.
Por otro lado, normalmente al propio emisor le interesa que el destinatario interprete correctamente su enunciado. Para ello, el emisor debe elegir una expresión adecuada para el destinatario y apropiada para la situación concreta. El performativo es el medio que transmite con mayor precisión y, por lo general, de manera unívoca la fuerza ilocutiva del enunciado.
Con respecto al destinatario, los performativos, al igual que los demás actos de habla, pueden cumplir dos funciones:
– la acción realizada por el emisor involucra al destinatario (modifica su posición social, lo obliga a realizar algo, etc.); estos actos de habla tienen una función performativa más marcada (declarativos, directivos);
– la acción realizada por el emisor no involucra al destinatario; para este, el performativo es pertinente únicamente como información: cumple una función informativa (todos).
En función de estas funciones y de otros factores, es posible distinguir varios tipos de destinatarios en relación con el acto de habla.
4.1. Tipos de destinatarios
El destinatario de un acto de habla performativo puede ser:
1) el destinatario real (destinatario directo);
2) el cuasidestinatario (destinatario indirecto);
3) el destinatario testigo;
4) el destinatario intermediario;
5) el destinatario ejecutor.
También puede haber actos de habla performativos que no están dirigidos a ningún destinatario, sino que son más bien manifestaciones del lenguaje interior. Son performativos sin destinatario. Además, hay performativos de una sola fuerza ilocutiva cuya condición es la participación conjunta de ambos interlocutores en la realización de ese acto de habla. Son performativos bidireccionales.
4.1.1. DESTINATARIO REAL (DESTINATARIO DIRECTO). El destinatario real es una persona (una o varias personas, o una institución) que, a juicio del hablante, puede comprender ese acto de habla tal como desea el emisor. En raras ocasiones, más a menudo en el ámbito espiritual y en la creación artística, el destinatario real también puede ser un objeto inanimado, por ejemplo:
CANTO. Por el poder de los dioses de Lituania, ordeno al agua que se divida y revele los infiernos marinos.
(FG 611)
El destinatario real suele estar relacionado de algún modo con el hecho de la realidad que expresa el contenido proposicional del acto de habla: el emisor pretende que el destinatario haga algo (directivos); el emisor se compromete a hacer algo que pretende el destinatario (comisivos); el emisor realiza un acto de etiqueta relacionado con la situación del destinatario (expresivos), etc.
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Para que el acto de habla llegue al destinatario adecuado y sea interpretado por él, se lo puede —y a veces incluso es necesario— señalar en el propio acto de habla. En el lenguaje cotidiano, el destinatario se indica explícitamente con bastante poca frecuencia en los actos de habla performativos, porque estos suelen realizarse en situaciones de comunicación directa y el destinatario queda claro por la situación. A menudo se trata del segundo participante del diálogo, autor de la réplica-estímulo a la que se responde mediante un acto de habla performativo. Si se conversa simultáneamente con más de un interlocutor, el destinatario efectivo puede señalarse por medios lingüísticos, generalmente mediante un vocativo, o por medios extralingüísticos: por ejemplo, volviéndose hacia él, tocándole la mano, etc.9 En un enunciado performativo, el destinatario suele expresarse mediante un vocativo, pero también puede expresarse con un complemento, por ejemplo:
CAMARERO. Les ruego que me disculpen, señores... Ya saben: la guerra... (NDB₂ 74)
El vocativo o el complemento del destinatario puede explicitar el identificador del destinatario, su rol social y la distancia social.
El identificador se usa con más frecuencia cuando se conversa con varios interlocutores y es necesario distinguir a uno de ellos.
MAESTRA EN EL AULA. Jonaiti, te invito a pasar a la pizarra. (GYV.)
Es cierto que también se puede usar el nombre como vocativo sin que sea necesario identificar al destinatario efectivo, por ejemplo:
VYTURYS. Te prohíbo, Aušra, hablar de Birutė Vidugirytė. (RV 538) Te deseo felicidad, Mirta. (Sk 221)
El rol social del destinatario suele indicarse en relaciones asimétricas, cuando la comunicación es formal, por ejemplo:
¡Soldado Jonaitis! Está de guardia y observa que un hombre se arrastra hacia usted. ¿Qué hará? (TEKST.: SPEC. PERIODIKA) Petras pide humildemente: — Señor director, dejaré de beber. No volverá a ocurrir. Perdóneme... (TEKST.: VIET. LAIKR.)
En el lenguaje verbal formal, los performativos se usan muy raramente en los casos en que se señala el rol social del destinatario. En el corpus de la lengua lituana no se encontró ni
9 La prueba del vocativo permite determinar el destinatario del acto de habla: a quién se puede dirigir uno efectivamente al realizar dicho acto. Por ejemplo: Compárese / Señores testigos y todos los presentes,] declaro a Antanas y Oná marido y mujer. Antanai y Ona, los declaro marido y mujer. [Señor jefe de personal y señor director del departamento,] Jonas Petraitis es contratado. Jonai Petraitį, usted es contratado. Estimados invitados, bautizo este barco «Vincas Kudirka». (No es posible dirigirse al barco.)
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de un performativo en el que se interpelara conjuntamente a destinatarios tan claramente institucionales como: soldado, cabo, sargento, teniente, capitán, jefe, subjefe, secretario. Esto se debe a que en el entorno oficial se regulan las relaciones entre personas que desempeñan distintos roles sociales, incluido el comportamiento lingüístico. Por ejemplo, un oficial puede dirigirse a un soldado raso mediante una orden, pero no mediante una petición, una promesa, una recomendación o algo parecido. De lo contrario, no se cumplirían las expectativas comunicativas del destinatario. El siguiente ejemplo muestra precisamente las expectativas comunicativas propias de un rol social inferior:
Dado que el acto de habla habitual del capitán dirigido a un soldado tiene la ilocución de una orden, el soldado espera precisamente ese tipo de acto. Aunque la fuerza ilocutiva de la orden no se explicite mediante recursos lingüísticos, el soldado interpretará como órdenes todas las directivas que el capitán le dirija, basándose en sus propios roles sociales y en los del hablante.
Adresatas yra būtinas bet kokio dokumento dėmuo (žr. Laurinavičienė ir Rancova 2002: 4, 6). Rašytinėje oficialiojoje kalboje performatyvais reiškiami ir tokie aktai, kuriuose nurodomas adresato socialinis vaidmuo, tiesa, ne kreipiniu, pavyzdžiui:
Al rector de la Universidad de VILNASOLICITUD
Lector del Departamento de Lengua LituanaVilna
A. S.2001 05 15
Le ruego que me permita participar en el concurso para cubrir la plaza de lector de lengua lituana.
Firma de A. S. (DOK.)
Los vocativos revelan una distancia social más próxima o más distante respecto del destinatario. Para ello se emplean recursos léxicos y derivativos:
– derivativos: la forma diminutiva del vocativo suele indicar una mayor cercanía. Por ejemplo:
Anydai, te lo ruego encarecidamente, sé bueno, querido, sálvala. (TEKST.: GROŽ. LITER.)
PETKEVIČIUS. ¡Señores! Propongo brindar por la feliz culminación de tantos años de trabajo de todos nosotros. (KS1 640)
SKURVYDAS (a Eugenija). Le ruego que no me ustedinsulte. (KS1 542)
KĘSTUTIS. ¡Mamita! Te lo ruego encarecidamente: no pongas mala cara. (KS1 568)
La distancia social entre los interlocutores también se establece mediante recursos gramaticales: al destinatario que desempeña un rol social más cercano se le trata de tú (singular), mientras que al destinatario que desempeña un rol social más distante se le trata de ustedes (plural). El uso del infinitivo «de cortesía» en lugar del imperativo en algunos dialectos también indica una posición social superior del destinatario, especialmente cuando se habla con personas mayores; por ejemplo:
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Abuela, ven a comer. (GYV.)
Las expresiones de este tipo suelen corresponder a directivos neutros, como por favor, propongo, invito.
4.1.2. CUASIDESTINATARIO (DESTINATARIO INDIRECTO). A veces el emisor intenta transmitir sus intenciones al destinatario real de una forma más suave, por lo que no solo se elige un acto de habla implícito, sino que también se dirige a un cuasidestinatario en lugar de al destinatario real, de tal manera que este último también perciba el acto de habla y lo interprete correctamente. Por ejemplo, una mujer mayor de pie en un autobús se dirige a otra mujer mayor que está de pie a su lado:
— ¡Vaya con los jóvenes de hoy, nunca ceden el sitio a los mayores! (GYV.)
La ilocución y la situación del acto de habla indican quién es su destinatario real: la indignación (asertivo) ante la juventud maleducada de hoy, expresada al cuasidestinatario, implica una petición o exigencia (directivo) dirigida al destinatario real —el joven sentado allí mismo— para que ceda su sitio. G. G. Clark y T. B. Carlson sostienen que los actos de habla de este tipo son dobles: tienen dos destinatarios y una fuerza ilocutiva correspondiente para cada uno; así, mediante un único acto de habla se realizan dos actos ilocutivos (Clark, Carlson 1986: 274). Al cuasidestinatario se dirige un acto de información (por ejemplo, sobre el propio descontento) (asertivo), mientras que al destinatario real se dirige un directivo.
El cuasidestinatario puede ser también un animal, incapaz de comprender el verdadero sentido del acto de habla, o incluso un objeto inanimado; por ejemplo, una madre regaña a la puerta porque deja entrar el frío, mientras que el destinatario real es la nuera, que no ha cerrado la puerta; los padres regañan al niño por el objeto que ha «estropeado», aunque en realidad lo consuelan indirectamente. G. G. Poče pavos denomina este tipo de apelación a un objeto inanimado un caso extremo de dirigirse a un cuasidestinatario y considera que es casi equivalente a dirigirse al destinatario directo, pues la situación pragmática señala inequívocamente quién es el destinatario real (Počepcov 1985: 12).
Hay cuasidestinatarios cuya presencia constituye una condición esencial para la realización del acto de habla, por ejemplo: una lamentación dirigida al difunto, un juramento de venganza junto a la tumba de un amigo asesinado, etc. También pueden considerarse cuasidestinatarios los seres espirituales mencionados como destinatarios en los juramentos, por ejemplo:
Ante todos los Budas, Bodhisattvas y Maestros juro trabajar en aras de la Iluminación.
(TEXTO: LITERATURA DE FICCIÓN)
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En realidad, tales juramentos o bien se dirigen a otras personas —los testigos del acto—, o bien constituyen compromisos morales consigo mismo.
4.1.3. EL DESTINATARIO TESTIGO. La mayoría de los actos de habla tienen un destinatario concreto, señalado mediante recursos lingüísticos o extralingüísticos, o bien evidente por las circunstancias del acto de habla. No obstante, el destinatario concreto no suele ser el único que percibe el acto y, por ello, puede interpretarlo. Cabe destacar, en primer lugar, al oyente ajeno, a quien el emisor no dirige el acto de habla, pero a quien a veces tiene en cuenta al elegir una expresión concreta para dicho acto; por ejemplo, evita vulgarismos y palabrotas. El oyente ajeno puede ser muy importante incluso al elegir un acto de habla directo o indirecto, sobre todo cuando el emisor pretende enmascarar el contenido proposicional del acto de habla y, a menudo, su fuerza ilocutiva, de modo que solo el destinatario concreto pueda comprenderlos.
Algunos actos de habla performativos jurídicos se considerarían inválidos si se realizaran sin testigos; por ejemplo, los de contraer matrimonio, otorgar testamento o conceder un poder (principalmente declarativos y algunos directivos). Para el destinatario testigo, la función de estos actos de habla es informativa. A este destinatario se le denomina testigo institucional (Clark, Carlson 1986: 280). Es necesario para que el acto de habla se considere exitoso. El testigo institucional es una especie de garante de que el acto de habla (y, con él, todo el acto jurídico) se realice correctamente y sea legal. Este garante es especialmente importante si más adelante surgieran dudas sobre la legalidad del acto.
Con mayor frecuencia, el testigo institucional es necesario para los actos de habla realizados oralmente. En los actos jurídicos realizados por escrito, el documento en el que queda registrado el acto de habla sirve de garantía de su legalidad. Por eso debe validarse de alguna forma, con sellos, firmas o medios similares. Por otra parte, de hecho, todos los actos de habla jurídicos se registran también por escrito, y el testigo debe certificar su participación con su firma. Este tipo de testigo está previsto en las normas que regulan la realización de determinados actos de habla. Existe incluso una institución jurídica de testigos: el notario, que tiene el derecho y la obligación de certificar que la acción (el acto de habla) se ha realizado legalmente.
También hay actos de habla que más bien carecen de un destinatario propiamente dicho y se realizan ante testigos; por ejemplo, los juramentos solemnes (del presidente, del soldado, el juramento hipocrático), la imposición de un nombre a un barco y la declaración de guerra (estos últimos, es decir, los declarativos, tienen también un destinatario ejecutor). Por ejemplo, el juramento de los agentes de policía de la República de Lituania:
Yo,..., ante ustedes como testigos: juro defender, sin escatimar fuerzas ni vida, al Estado de Lituania y su independencia; juro cumplir honestamente las leyes de la República de Lituania y las órdenes de mis superiores; juro desempeñar fielmente mis funciones y servir al pueblo lituano y al Estado; juro abstenerme de actos que pudieran perjudicar el buen nombre de la policía. Que Dios me ayude. (P 19)
El emisor de este acto de habla no nombra a un destinatario directo (por ejemplo, «les juro a ustedes, compañeros de servicio»), sino que dirige el juramento a los testigos. Todos los que escuchan este juramento son una especie de garantía de que el agente lo cumplirá. Sin embargo, si no lo cumple, el testigo no tiene derecho a imponer sanciones de ningún tipo al infractor. Este hecho pone de manifiesto el carácter más ritual que jurídico del destinatario testigo-
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go. Quizá por eso P. Čiočys, que estudió los juramentos lituanos y distinguió ocho rasgos del juramento promisorio, no incluyó entre ellos el factor del testigo (Čiočys 1996: 35).
En algunos actos de habla performativos, el testigo es también el destinatario propiamente dicho: debe estar relacionado con el acto de habla que se realiza e implicarse en él; por ejemplo:
Distinguidas señoras, distinguidos señores: declaro abierta la reunión. (GYV.)
Este acto de habla se dirige a todos los que lo oyen. Por una parte, todos los oyentes son testigos del acto de apertura de la reunión realizado mediante el performativo. Por otra, mediante ese mismo acto se informa a los oyentes de que la reunión comienza, por lo que deben comportarse de acuerdo con las normas establecidas; por ejemplo, dejar de hablar, aplaudir y ponerse a escuchar a los ponentes. Así pues, se hace patente la función informativa de este tipo de acto.
4.1.4. EL DESTINATARIO INTERMEDIARIO. El destinatario intermediario (retransmisor) es la persona a través de la cual se transmite información a otra persona, el destinatario propiamente dicho. Por ejemplo, cuando se transmite un mensaje por teléfono a través de otra persona. A menudo, el enunciado consta de dos partes: una dirigida al destinatario y otra al destinatario intermediario, con una instrucción sobre qué hacer (y cómo), por ejemplo:
Una madre le dice a su hijo por teléfono:
—Dile a papá que lo estoy esperando. Adviértele que no se retrase. Y recuérdale que se lleve las herramientas. (GYV.)
En este acto de habla, cuya fuerza ilocutiva es la de una instrucción, se distinguen estructuralmente las partes dirigidas al destinatario propiamente dicho —el padre— y al destinatario intermediario —el niño—:
Las partes dirigidas al destinatario intermediario se presentan como una instrucción sobre la fuerza ilocutiva con la que debe transmitirse el mensaje al destinatario propiamente dicho, mientras que la información dirigida a este último se presenta como la proposición de cada enunciado.
Por lo general, los actos de habla transmitidos por medio de un intermediario no son performativos o, más exactamente, no se realizan como performativos clásicos. Sin embargo, no es raro que en un acto de habla de este tipo haya una referencia performativa al acto de habla destinado al destinatario real. Si el emisor considera que la fuerza ilocutiva del acto de habla que realiza debe transmitirse explícitamente al destinatario real, indica el marcador de fuerza ilocutiva en el contenido proposicional de dicho acto de habla, expresado normalmente mediante una oración subordinada¹⁰. Ejem-
10 El propio performativo no puede aparecer en una oración subordinada.
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plo (la parte del enunciado resaltada en negrita sirve de indicación al intermediario sobre qué debe hacer con la segunda parte del enunciado; la información destinada al destinatario real aparece en versalitas):
a) sin indicación ilocutiva:
Dile a Antanas, que DEVOLVERÉ EL DINERO DENTRO DE UNA SEMANA.
b) con indicación ilocutiva:
Dile a Antanas, que PROMETO DEVOLVER EL DINERO DENTRO DE UNA SEMANA.
La parte del mensaje destinada al destinatario real se formula como una promesa performativa. Al transmitir al destinatario real el contenido del acto de habla que se le ha confiado, el intermediario a menudo informa, además de la propia proposición (aquí: devolver el dinero dentro de una semana), sobre la ilocución de ese acto de habla, por ejemplo (la referencia a la ilocución del primer emisor aparece resaltada en negrita):
Antanas, Jonas prometió devolverte el dinero dentro de una semana.
o
Antanas, Jonas dijo: «Prometo devolver el dinero dentro de una semana».
o
Antanas, Jonas me pidió que te dijera que promete devolverte el dinero dentro de una semana.
Aunque el emisor no indique en su acto de habla la ilocución del mensaje que debe transmitirse, a veces el intermediario la explicita por iniciativa propia.
También puede considerarse al intermediario emisor con respecto al destinatario real, sobre todo cuando formula su propia parte del acto de habla como un performativo, por ejemplo (el performativo del intermediario en calidad de emisor aparece resaltado en negrita):
Yo, el bailío de la finca de Bagynai, proclamo la orden del señor: mañana, al salir el sol, quien tenga una valaka o media valaka deberá presentarse en la finca <...>. Asimismo, proclamo la orden del señor: el lunes, al salir el sol, esos mismos hombres deberán presentarse en los campos comunales de Užbaliai. (PS 84)
En la práctica, podrían considerarse destinatarios intermediarios todos los representantes de los medios de comunicación que transmiten al público en general los actos de habla realizados por políticos y personajes destacados. Los representantes de los medios desempeñan el papel social posicional de intermediarios del destinatario.
El destinatario intermediario también puede estar previsto institucionalmente, por ejemplo, un portavoz, un presentador de noticias (locutor) o el secretario de un superior. Asimismo, no tiene por qué ser una persona concreta: puede ser incluso una organización, como ELTA en Lituania.
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También hay actos de habla cotidianos en los que es necesaria la participación de un destinatario intermediario. Por ejemplo, para transmitir buenos deseos se necesita un intermediario. Con expresiones como Perduok linkėjimų Linai o Linkėjimai Linai (esta última también puede considerarse un performativo), en realidad se realiza el acto ilocutivo de ENVIAR BUENOS DESEOS, que está precisamente destinado a transmitirse a través de un intermediario. Dado que, como en el caso de cualquier otro acto de habla de etiqueta, al emisor no le importa el contenido concreto de ese acto de habla, sino el hecho mismo de realizarlo, normalmente se confía a ese destinatario intermediario obligatorio de los buenos deseos tanto la creación de una expresión lingüística concreta —la proposición del acto de habla de desear— como la forma del acto de habla completo. Las instrucciones relativas a la proposición suelen limitarse a la intensidad de los buenos deseos enviados: perduok nuoširdžius / nuoširdžiausius / karščiausius linkėjimus. Las instrucciones sobre la expresión lingüística concreta pueden añadirse como otro acto de habla cuya transmisión se solicita; normalmente, la petición de transmitir buenos deseos se complementa con la frase «y di que [p]». Las instrucciones sobre la expresión concreta de los buenos deseos transmitidos también pueden indicar una ilocución especial de estos. Por ejemplo:
Y tú transmíteles [a tus amigos] de mi parte unos buenos deseos de este tipo, ya sabes, de esos con palabrotas y todo. (Un DJ de la emisora de radio M1, hablando por teléfono con su interlocutora en antena)
En este acto de habla, las instrucciones adicionales sobre la expresión concreta de los buenos deseos enviados muestran que se trata de un acto de habla con ilocución de maldecir, no de desear. El destinatario intermediario es característico únicamente de los actos de habla con fuerzas ilocutivas directivas.
4.1.5. DESTINATARIO EJECUTOR. En los actos de habla jurídicos se pueden distinguir dos tipos de destinatario:
1) el destinatario como afectado por la acción; 2) el destinatario como ejecutor de la acción.
El destinatario como afectado por la acción es la persona en cuyo interés (aunque no necesariamente para quien) se realiza ese acto de habla o cuya situación jurídica modifica dicho acto de habla. Por ejemplo:
Declaro a Antanas Petraitis y a Ona Kazlauskaitė marido y mujer.
Este acto de habla del funcionario del registro civil se realiza en interés de Antanas Petraitis y Ona Kazlauskaitė. También modifica la situación jurídica de ambos: de solteros pasan a formar una familia. El afectado por la acción se indica en la proposición de ese acto de habla.
Sin embargo, para que el acto de declarar un matrimonio entre en vigor, deben realizarse otras acciones: redactar el certificado de matrimonio, efectuar las anotaciones pertinentes en el libro de registro de matrimonios, etc. Estas tareas suelen correr a cargo de una persona (o varias) o de una institución (o varias) que GARANTIZAN el FUNCIONAMIENTO y la entrada en vigor de ese acto de habla y, por tanto, su éxito (en el nivel perlocutivo). A esas personas o instituciones se las puede denominar destinatarios ejecutores. No se explicitan en el acto de habla, porque están reguladas por otros actos de habla (leyes, reglamentos).
Los declarativos y los directivos son de este tipo dual con respecto al destinatario. La relación con los distintos destinatarios permite incluso distinguir dos funciones del declarativo.
1. Para el afectado por la acción es pertinente la función declarativa —la realización de la propia acción, la creación de un hecho jurídico—. Aunque el afectado por el acto sea un objeto inanimado, por ejemplo,
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En el acto de habla, Bautizo este barco con el nombre de Vincas Kudirka, el destinatario que experimenta la acción es un barco, o bien un ser vivo incapaz de comprender el acto, por ejemplo, en el acto de habla Bautizo a este bebé con el nombre de Petras, el destinatario que experimenta la acción es un bebé aún inconsciente; sin embargo, es aquel en cuyo favor se realiza el acto de habla y, por tanto, puede equipararse al destinatario propiamente dicho.
2. Para quienes ejecutan la acción, el declarativo tiene en realidad una función directiva: es una INSTRUCCIÓN de que deben llevarse a cabo las acciones previstas en el reglamento para que el declarativo entre en vigor. Por ejemplo:
ORDEN
A. S. es contratado como asistente del Departamento de Lengua Lituana desde el 2000 09 01 hasta el 2001 08 31.
(DOK.)
Este declarativo del rector de la universidad es también una instrucción a la dirección de personal para que tramite los documentos necesarios y asigne una remuneración determinada, así como al jefe del departamento o al administrador, quienes deben encargarse de asignar a A. S. la carga de trabajo necesaria y, quizá, un puesto de trabajo y un despacho. Esta función queda evidenciada también por el nombre del declarativo como documento: ORDEN, marcador formal de la fuerza ilocutiva directiva.
4.2. Performativos sin destinatario
Aunque una de las funciones más importantes del lenguaje es la comunicativa, ni mucho menos todos los enunciados se dirigen a un destinatario concreto. Una de las formas de hablar es el monólogo: un discurso no orientado a un destinatario, por ejemplo, el de un diario. A menudo también los actos de habla monológicos se dirigen a un destinatario imaginario o realmente existente, pero incapaz de experimentar ese acto de habla: un objeto, un difunto o una persona que no participa en la situación comunicativa. En realidad, tales actos de habla no se dirigen al destinatario mencionado en el enunciado. A veces el propio emisor se convierte en destinatario: cuando dialoga consigo mismo. Arutiunova incluye entre las formas de habla sin destinatario los actos de habla dirigidos a las fuerzas superiores, a Dios (Arutiunova 1981: 363). Todos los casos de habla monológica pueden considerarse manifestaciones del lenguaje interior (término de Wittgenstein). De los performativos, en el lenguaje interior solo se usan los actos de compromiso moral, por ejemplo, el juramento ante el féretro de un amigo de vengarse del asesino, las frecuentes promesas que los fumadores se hacen a sí mismos de dejar de fumar, etc.
El lenguaje interior no es objeto de la teoría de los actos de habla, principalmente porque no se dirige a un destinatario; por eso no se examina con mayor detalle en este trabajo.
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4.3. Performativos bidireccionales
La comunicación suele ser bidireccional11: los interlocutores intercambian actos de habla. Esto es un diálogo. Con cada acto de habla, el emisor y el destinatario intercambian sus papeles —el emisor pasa a ser destinatario— al reaccionar al acto de habla del interlocutor como estímulo:
—¿Adónde vas, Jonas?
(1)
—Al mercado, señores.
(2)
—¿Qué comprarás, Jonas?
(3)
—Una flautita, señores.
(4)
—Toca la flautita, Jonas.
(5)
—No sé tocar, señores.
(6)
En la teoría de los actos de habla, la unidad analizada es un acto de habla individual en circunstancias concretas. Así, el emisor de los actos de habla 1, 3 y 5 es el señor, y el destinatario, Jonas; el emisor de los actos de habla 2, 4 y 6 es Jonas, y el destinatario, el señor.
Por tanto, el modelo habitual del acto de habla es:
emisor ⟶ destinatario
Este modelo también es característico de muchos actos de habla performativos. Sin embargo, hay performativos cuyo modelo es diferente. Son los performativos bidireccionales. Su modelo es:
emi(sor) ⟷ emi(sor)
Se trata de actos de acuerdo mutuo, por ejemplo:
Yo, Jonas Petraitis, y yo, Antanas Kazlauskas, acordamos:...
Los participantes en un acto de este tipo son ambos emisores y destinatarios al mismo tiempo. Su propósito real es dar fe (servir de prueba) de que se ha celebrado un acuerdo. Así pues, estos actos suelen realizarse ante testigos institucionales o por escrito, y constituyen documentos jurídicos.
11 Con mayor frecuencia, aunque no siempre: puede ser tanto unidireccional, por ejemplo, una transmisión de radio y televisión, como multidireccional, por ejemplo, una discusión de un grupo de personas.
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4.4. Relación entre los tipos de destinatarios y las fuerzas ilocutivas
El destinatario es uno de los factores más importantes del acto de habla. La mayoría de los actos de habla no podrían realizarse sin destinatario. Los más dependientes del destinatario son los directivos, pues el efecto perlocutivo que el emisor espera del directivo debería ser una acción realizada por el destinatario y señalada en la proposición del directivo. Según Arutiunova, las expresiones de forma directiva que han perdido un destinatario concreto también cambian de estatus comunicativo: la pregunta especial se convierte en una pregunta retórica, una exclamación, y el imperativo, en un precepto, una recomendación ética o una sentencia de significado indeterminado (Arutiunova 1981: 360–361). Así pues, los directivos performativos que han perdido su destinatario se convierten en constatativos. Por lo general, el destinatario del directivo es directo. También puede elegirse un destinatario intermediario para transmitir instrucciones, y un cuasidestinatario para ejercer una influencia indirecta.
Asimismo, todos los expresivos están estrictamente orientados al destinatario. Puesto que los expresivos son actos de etiqueta, es decir, actos de comunicación entre personas, el emisor los dirige a otras personas. Para el destinatario, lo importante no es tanto su contenido como la realización misma del acto. En determinadas circunstancias, no realizar un expresivo provocaría un conflicto entre los interlocutores.
El comisivo (con excepción de los compromisos morales del discurso interior) suele ser una reacción a un acto de habla previo del destinatario y es importante para este, por lo que también está estrictamente relacionado con el destinatario. Por lo general, el destinatario del comisivo es directo. El destinatario de los comisivos institucionales suele concebirse como testigo.
Los declarativos pueden relacionarse con el destinatario de maneras muy diversas: el destinatario puede ser quien experimenta directamente el declarativo, su testigo institucional o su ejecutor; asimismo, los declarativos pueden ser recíprocos.
Los asertivos son los menos dependientes del factor del destinatario. Puesto que mediante un asertivo el emisor expresa su postura respecto del hecho presentado en la proposición, el emisor es más importante que el destinatario. Por eso, en los performativos asertivos, salvo aquellos con fuerza ilocutiva de informar (informo, afirmo, anuncio), normalmente no hay una referencia directa al destinatario.
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