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JONAS PALIONIS

Ámbitos de investigación científica: historia de la lengua escrita lituana, onomástica.

Leszek Bednarczuk

LA IMAGEN LINGÜÍSTICA DEL GRAN DUCADO DE LITUANIA. MILLENIUM LITHUANIAE MIX–MMIX

Kraków: Lexis, 2010, 311 p.

ISBN 978-83-89425-69-0

El milenio de Lituania, o más precisamente, el milenio transcurrido desde la primera mención conocida del nombre Lietuvos en fuentes escritas, tuvo amplia repercusión no solo en el mundo académico de nuestro país, sino también en el de otros pueblos, especialmente los vecinos. Se publicaron numerosos artículos relacionados con la mención del nombre Lietuvos (Lituae) en los anales de Quedlinburg, así como estudios de mayor envergadura, inspirados por este aniversario milenario, que examinan desde diversas perspectivas los problemas de la vida económica, política, social y cultural del Gran Ducado de Lituania (LDK). Algunos de estos estudios también abordan, con mayor o menor amplitud, la diversidad de lenguas y las relaciones lingüísticas en el LDK. En este sentido destaca especialmente el considerable libro publicado en Cracovia en 2010 por el baltista, eslavista e indoeuropeísta polaco Leszek Bednarczuk (Leszek Bednarczuk)1, titulado Językowy obraz Wielkiego Księstwa Litewskiego. Millenium Lithuaniae MIX–MMIX. Se trata probablemente del primer estudio de este tipo, en el que se examina un amplio conjunto de problemas complejos, no solo lingüísticos, sino también históricos, investigados por el autor desde 1974 (en la «Bibliografía» del libro se enumeran nada menos que 32 artículos suyos de esta índole)2.

1 Para más información sobre él, véase Lietuvių kalbos enciklopedija. Vilnius: Mokslo ir enciklopedijų leidybos institutas, 2008, 74.

2 Entre las obras de otros autores directamente relacionadas con el aniversario del nombre de Lituania cabe mencionar: Białuński G. Misja prusko-litewska biskupa Brunona z Kwerfurtu, Olsztyn: Towarzystwo Naukowe i Ośrodek Badań Naukowych im. Wojciecha Kętrzyńskiego, 2010; Meysztowicz W. Św. Brun na Litwie w 1009 roku. – Lituano-Slavica Posnaniensia. Studia historica 13; Millenium of Lithuania = Millennium Lithuaniae, ed. and text author Mindaugas Šapoka. Vilnius: Lithuanian Art Museum, 2009; Lietuva 1009–2009, sud. Adomas Butrimas, Rūta Janonienė, Tojana Račiūnaitė. Vilnius: Vilniaus dailės akademijos leidykla, 2009; Pietkiewicz K. Początki państwowości litewskiej. – Studia historyków w roku tysiąclecia Państwa Litewskiego. Poznań: Wydawnictwo Poznańskie, 2010; Zinkevičius Z. Netimeras, Zebedenas ir kt. – Baltistika 44(1); Lietuvos vardas. Kilmė ir formų daryba. Vilnius: Mokslo ir enciklopedijų leidybos centras, 2010.

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Del prólogo del libro («Słowo wstępne») se desprende que al autor le interesaban no solo las relaciones lingüísticas en el LDK desde los tiempos más remotos, sino también su evolución hasta nuestros días («do dzisiejszej sytuacji językowej»); además, señala que la obra se basa en artículos suyos publicados anteriormente, revisados y corregidos. Por tanto, el libro aquí reseñado puede considerarse una síntesis revisada de sus investigaciones anteriores.

El libro consta de 15 capítulos, de extensión diversa, y al final incluye una amplia bibliografía (586 entradas), una lista de abreviaturas, resúmenes en cuatro idiomas (lituano, bielorruso, inglés y polaco), dos mapas (uno etnolingüístico del LDK y otro de topónimos de la región de Vilnius con el formante -enientą) y una tabla de los nombres de las calles de la ciudad de Vilnius entre los siglos XVI y XX, elaborada por Jonas Jurkšas en 1985.

En el prólogo, el autor ha dividido, «w pewnym uproszczeniu», la temática lingüística en tres grupos: 1) contactos entre las lenguas del LDK (capítulos I–IV); 2) onomástica étnica del LDK (capítulos V–IX), y 3) regionalismos lingüísticos surgidos en los territorios del LDK. En opinión del autor, el método más adecuado para estudiar esta temática sería el comparativo areal («arealo-porównawcza»), pues permite interpretar los fenómenos lingüísticos con independencia de su distribución territorial («niezależnie od granic językowych»). Desde este punto de vista, la etnodialectologíaetnodialektologija sería la más cercana a tal interpretación, y las supuestas lenguas y hablas podrían denominarse etnolectosetnolektais (términos del autor).

En el primer capítulo, «Stosunki etnolingwistyczne na ziemiach Wielkiego Księstwa Litewskiego» (pp. 13–26), se consideran etnolectos los siguientes: 1) la lengua lituana, 2) la lengua bielorrusa, 3) la lengua polaca, 4) la lengua de los tártaros de Lituania, 5) la lengua caraíta de Trakai, 6) el yidis nororiental, 7) los dialectos paganos de Narevo («pogańskie gwary z Narewu») y 8) el habla de los viejos creyentes rusos. Aunque puede ponerse en duda la existencia de algunos de los etnolectos aquí distinguidos, así como la de algunos otros que no se mencionan, su identificación y la introducción de nuevos términos están justificadas (sin embargo, a mi parecer, no siempre resulta apropiado separar la interpretación de los fenómenos lingüísticos de su distribución territorial).

Para hacerse una idea más clara de la temática del libro y comprender el sentido de la expresión del autor «w pewnym uproszczeniu» al caracterizar esa clasificación, conviene presentar la lista completa de los quince capítulos. Además del primer capítulo ya mencionado, los siguientes son: II. Drogi christianizacji Litwy (con el apéndice «Pogoń i wici») (pp. 27–40); III. Pochodzenie etnosu i języka Białoruskiego (pp. 41–60); IV. Język polski na ziemiach WKL (pp. 61–99); V. Rzeczpospolita obojga narodów (pp. 100–108); VI. Nazwy Wilna i jego mieszkańców w dokumentach WKL (pp. 109–122); VII. Nazwiska (od)etniczne mieszkańców WKL (pp. 123–158); VIII. Innowacje toponimiczne na ziemiach WKL (pp. 159–165); IX. Areały hidronimiczne na ziemiach WKL (pp. 166–180); X. Dlaczego za Niemen? (pp. 181–185); XI. Słownictwo flisackie na Wilii (pp. 186–193); XII. Sytuacja językowa nad Bereziną (pp. 194–200); XIII. O języku kronik miejskich Mohylewa i Witebska (pp. 201–212); XIV. Polonizmy w zabytkach i gwarach Smoleńskich (con el apéndice «List do

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Filipa Obuchowicza...», y con una copia vilniana del texto de una carta bielorrusa conservada en Cracovia, así como el análisis de su lengua) (p. 213–254), y XV. Językowe dziedzictwo WKL w twórczości Adama Mickiewicza (p. 255–280).

Ya por los títulos de los capítulos y sus anexos se advierte que el libro contiene asuntos que no están directamente relacionados con su título ni con la problemática que aborda; además, dedica la mayor parte de su espacio a la polonística y vincula estrechamente el análisis lingüístico con la historia de los pueblos que existieron en el WKL. Esta última característica, común a todos los capítulos, hace que el trabajo de Bednarczuk resulte interesante y valioso no solo para los investigadores de etnolingüística báltica y eslava, sino también para quienes estudian la historia de esos pueblos.

En general, el libro de Bednarczuk menciona y examina de manera experta tantos problemas relacionados con el mosaico lingüístico y la historia del WKL que resulta imposible abarcarlos todos o comentarlos más extensamente en una reseña breve. Por ello, me limitaré a algunas observaciones generales y a ciertos aspectos del «etnos» lituano, en particular aquellos que reflejan el enfoque original del autor.

Una de esas observaciones se refiere a la dimensión temporal ya mencionada. Aunque el libro adopta el punto de vista tradicional según el cual el WKL abarca el período comprendido entre Mindaugas y la tercera partición del Estado lituano-polaco («República de las Dos Naciones») en 1795 (p. 13), en numerosas ocasiones se rebasa el límite temporal de este fenómeno histórico y se llega incluso hasta la actualidad. Esto es especialmente evidente en los capítulos que describen el etnolecto polaco y las características de la lengua polaca en las tierras étnicas del WKL (capítulos IV y VI). Rebasar el límite temporal puede justificarse en los capítulos que explican el origen de los etnónimos, pero las digresiones más amplias hacia los siglos XIX–XX al explicar la situación lingüística y las relaciones entre las lenguas en el WKL no guardan relación ni con el título del libro ni con la problemática que estudia. Habría sido conveniente incluir al comienzo del libro un mapa del WKL que señalara claramente sus fronteras y su evolución histórica (el mapita que aparece al final del libro muestra solo una parte de los territorios septentrionales y orientales del WKL).

Otra observación general se refiere a la clasificación de los etnolectos del WKL que figura en el primer capítulo. La lista de los ocho etnolectos mencionados incluye, por una parte, el etnolecto de nombre peculiar «hablas paganas de Narevo» («pogańskie gwary z Narewu»), mientras que, por otra, no incluye la lengua (o, más exactamente, el dialecto) samogitio.

En cuanto al supuesto «etnolecto de Narevo», cuya existencia se basa en un glosario descubierto en 1978 por Viacheslav Zinov en un asentamiento situado en la parte oriental del bosque de Białowieża, que explica unas 200 palabras polacas que, según Zigmas Zinkevičius, habrían sido traducidas al jotvingio en la segunda mitad del siglo XVI o a comienzos del XVII, como es sabido, existen opiniones diversas3. Si considerásemos un etnolecto aparte la mezcla lingüística de la parte explicativa de ese glosario, en la que se perciben elementos letones, ugrofineses y germánicos, el concepto designado por este término quedaría excesivamente restringido a un solo (en este

3 Compárese Schmid Wolfgang P. Die „Germanismen“ in sog. Polnisch-Jatwingischen Glossar. – Indogermanische Forschungen 91, 273–286.

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casos, de origen incierto) monumento escrito, y podrían encontrarse muchos etnolectos de esa índole. También es injustificado incluir las palabras «pogańskie gwary» en el nombre de ese supuesto etnolecto, pues no se dispone de argumentos sólidos para ello (no basta con que el autor remita a los datos presentados en el libro de Konstantinas Jablonskis Lietuviški žodžiai senosios Lietuvos raštinių kalboje).

La exclusión del dialecto samogitio de la lista de etnolectos constituye una omisión bastante importante, que el autor debería haber explicado al menos. Cabe suponer que no se incluyó porque, hasta la victoria en la batalla de Žalgiris, los samogitios, a menudo atacados tanto por los caballeros teutónicos como por los livonios, en ocasiones parecían estar separados del WKL. Sin embargo, de hecho siempre formaron parte integrante del WKL, aunque a menudo sirvieran a los propósitos de sus gobernantes. La diferenciación de los samogitios, al igual que la de otros etnolectos de origen báltico (aukštaitios, dzūkios), y sus relaciones con los etnolectos eslavos (bielorrusos, polacos, rusos) y no eslavos (tártaros, karaim, yidis, húngaros) no parecen haber recibido hasta ahora mucha atención de los lingüistas ni haber sido objeto de estudios más amplios y de carácter sintético, aunque en las últimas décadas han comenzado a aparecer cada vez más trabajos relacionados con esta problemática4.

Ya se ha señalado que el libro de Bednarczuk dedica la mayor parte de su espacio a la polonística, más exactamente, al uso de la lengua polaca en el WKL durante distintas etapas de su desarrollo y en diversos territorios. La lengua bielorrusa y la llamada lengua eslava oriental cancilleresca se describen en menor medida desde el punto de vista etnolectal, y la lengua lituana es la menos tratada, aunque algunos de sus problemas, sobre todo los de onomástica, también se examinan con mayor o menor detalle. Esto es perfectamente comprensible, especialmente si se tiene en cuenta que el libro se elaboró a partir de artículos publicados por el autor en diversas publicaciones, lo que limitó la selección y la índole de los temas tratados.

En cuanto a los aspectos del etnolecto lituano, cabe decir que, para mostrar sus características, el autor del libro ha utilizado numerosas fuentes históricas de diversa índole, publicadas e inéditas, citadas en los trabajos de otros investigadores (entre ellos, lituanos); además, ha ofrecido interpretaciones originales de numerosos hechos históricos y lingüísticos. Aquí destacaré solo algunos hechos controvertidos relativos a la lengua lituana y/o a la historia de Lituania que reciben un tratamiento original en el libro reseñado. Empezaré por la explicación del origen del nombre del escudo de Lituania, vytis.

Los lingüistas e historiadores lituanos han explicado este nombre de distintas maneras. Pranas Skardžius pensaba que era un neologismo creado por Simonas Daukantas, un calco del polaco pogoń ar pogonia5. Sin embargo, la historiadora Inge Lukšaitė no compartía esta opinión, pues discernía-

4 En este sentido, resulta especialmente interesante y sustancioso el estudio del historiador alemán Motiejus Nyndorfas (Mathias Niendorf) Das Großfürstentum Litauen. Studien zur Nationalbildung in der Frühen Neuzeit (1569–1795). Wiesbaden: Harrassowitz Verlag, 2006, 329 p., cuyo capítulo «Žemaiten ein Fall verhinderter Nationsbildung» describe precisamente las relaciones de carácter etnolectal en Samogitia, pero que Leszek Bednarczuk no utilizó en su libro.

5 Esta opinión fue expresada en 1937 en Gimtosios kalbos núm. 11, p. 152, en su respuesta a la pregunta de un lector anónimo: «¿No tiene la palabra Vytis (símbolo nacional) el mismo origen que el ruso vitiaz?»

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[…] encontró una huella «indudable» de la palabra estandarte en el topónimo Vutec Kalns (= monte del estandarte)6, en un documento de 1629 de Kęstučiai, distrito de Karšuva, transcrito por Konstantinas Jablonskis, y lo relacionó con los nombres personales Vygailas, Vytenis, Vytautas (?)7. Aunque tal relación está plenamente justificada, no revela ni el origen del uso de la palabra estandarte con el significado de «blasón», ni su relación con vi̇t, vi̇c de la lengua de cancillería del Gran Ducado de Lituania, ni con el polaco wici. El artículo de Bednarczuk «Pogon i wici», publicado en la revista polaca Język polski (66, 1986, pp. 165–170), y posteriormente incluido, muy revisado y abreviado, como apéndice en el segundo capítulo mencionado (pp. 38–40), está dedicado precisamente a estos problemas.

En su artículo, el autor del libro aporta más fuentes en las que se documentan los equivalentes polacos de vytis, pogoń, pogonia, y su relación con wici, que tenía el significado de «carta o edicto enviado por el rey o la Dieta». Sin embargo, el libro dedica poco espacio a esta relación, probablemente porque la existencia de tal vínculo no está respaldada por la semántica tan diferente de estas palabras. Mucho más fiable es la indicación de Lukšaitė de que en el antiguo ejército lituano existían «[…] Vyčiai [tachado por el autor del artículo]: jinetes especiales cuya misión era perseguir al enemigo en retirada»8. En polaco podrían haberse llamado wici, aunque ni en el artículo ni en el libro de Bednarczuk se ofrecen ejemplos de este uso semántico. La observación de Lukšaitė respalda la conclusión del autor de esta reseña de que «la forma del emblema-escudo nacional de Lituania fue creada por los propios lituanos, probablemente en el siglo XIV (¿quizá incluso antes?)»9. El libro de Bednarczuk aporta un dato importante que precisa esta conclusión: la imagen del escudo apareció en el sello de Algirdas, estampado en el tratado de 1366 con Casimiro el Grande. El único ejemplar de la copia de dicho tratado se conserva, según se dice, en la Biblioteca Czartoryski de Cracovia (p. 40).

Entre las ideas originales relacionadas con el etnolecto lituano cabe destacar la postura del autor sobre el problema de la etnogénesis bielorrusa, tratado en el capítulo III. Basándose en datos arqueológicos, etnográficos, antropológicos y lingüísticos, Bednarczuk plantea una hipótesis ya expuesta en 198410: el etnos y la lengua bielorrusos se habrían formado como consecuencia de la pertenencia al Gran Ducado de Lituania, cuyas fronteras políticas definirían casi exactamente el espacio etnográfico de Bielorrusia11. Esta hipótesis, basada en el sustrato de la hidronimia báltica, parece bastante fiable.

6 Jablonskis Konstantinas. Lietuviški žodžiai senosios Lietuvos raštinių kalboje. Kaunas: Lietuvos istorijos draugija, 1941, 332.

7 Lukšaitė Inge. Dėl žodžio „vytis“. – Mūsų praeitis 1. Vilnius: Lietuvos istorijos institutas, 1990, 122.

8 Ídem, p. 121.

9 Palionis Jonas. Kieno sukurtas Lietuvos herbas (vytis)? – Literatūra ir menas. 2002-11-22.

10 Bednarczuk Leszek. Sprawozdania z posiedzeń Komisji naukowych, 1987, 28 (1984), 117.

11 «Parece que el etnos y la lengua bielorrusos se formaron gracias a la pertenencia al Gran Ducado de Lituania, cuyas fronteras políticas delimitan casi con exactitud el territorio etnográfico de Bielorrusia» (pp. 47–48).

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También se examinan numerosos aspectos relacionados con el etnolecto de la lengua lituana en los capítulos dedicados al uso del polaco en las distintas etapas de existencia del LDK. Por ejemplo, en el capítulo VII se describen, quizá por primera vez en la historia de los estudios bálticos, etnónimos bálticos eslavizados como Litwan, Litwasz, Litwosz, Litwach, Litwiniec, Litwinek, Litwinik, Litwak, Litewiak, Litwiniuk, Litewiak, Litwic, Żemojtel, Żmu(j)dzin, Łotysz, Łotwin, Łotyszonok, Łatyszonek, Jatwieżan, Jatwieżin, Jadzwiź(ie). Esta descripción es, sin duda, interesante para los estudiosos de las lenguas bálticas (refleja los estrechos vínculos históricos entre los pueblos bálticos y eslavos), pero presenta un rasgo negativo ya mencionado: no se limita exclusivamente al LDK; incluye abundantes datos de textos y del habla de épocas posteriores al principado, y se recurre a menudo al diccionario de Kazimierz Rymut Słownik nazwisk współcześnie w Polsce używanych, oprac. K. Rymut na podstawie materiałów Rządowego Centrum Informacji PESEL, I–X. Kraków, 1992–1994, cuyo alcance ya queda claro por el propio título.

La explicación del etnónimo gūdas que se ofrece en ese capítulo es original y, a mi parecer, bastante convincente. A diferencia de Kazimieras Būga, el autor del libro reseñado relaciona este etnónimo con el adjetivo lituano gudas, que, entre otros significados, tiene el de ‘simple’ (LKŽ III 692), y que pudo haberse aplicado «a personas que hablaban una lengua vulgar (distinta, peor), como se consideraba que hablaban los bielorrusos» (p. 133). A mi parecer, también respalda esta explicación el hecho de que los samogitios empleen el sustantivo gūdas en sentido peyorativo para referirse a los hablantes de otros dialectos (los aukštaitios orientales) (LKŽ, ibid.).

Los capítulos sobre el uso del polaco en las tierras no étnicas del LDK, donde se sintetizan con la perspicacia característica del autor las investigaciones realizadas hasta ahora sobre este problema, contienen también observaciones interesantes para los estudios lituanos y, en general, para los estudios bálticos, así como interpretaciones originales de hechos basadas en fuentes históricas. Por ejemplo, el capítulo VIII presenta 53 topónimos de Mazovia (Mazowsza), Podlaquia (Podlasie) y la región de Vilna (Wileńszczyzna) con los formantes -ęta / -enięta, considerados innovaciones de las antiguas tierras del LDK. Una parte de ellos se relaciona, con bastante fundamento, con una base lituana: Balenįeta (: bala), Dusinęta (: dusinti), Girbinęta (: gerbti), Gudzieniętz (: gudas), Klidzinįeta (: kliedas), Miedzienięta (: medis), Mieszkienięta (: miškas), Rumienęta (: rumus), Rymszenięta (: Rimša), Urlenięta (: Urликiai, Urlikis), Wojnidzinįeta (: vainoti, *Vainvidas). Sin embargo, el autor del libro solo ha encontrado 12 topónimos que existieran durante el periodo del LDK (de la segunda mitad del siglo XVII), por lo que la mayoría son resultado de la polonización posterior de los nombres de lugar. Además, los topónimos encontrados no suelen estar directamente relacionados con los apelativos lituanos indicados, sino que son, al menos en su mayoría, de origen antroponímico.

En general, en lo que respecta a la presentación de los topónimos lituanos en el libro de Bednarczuk, volens nolens hay que señalar una deficiencia metodológica muy evidente. En muchos casos, los topónimos lituanos aparecen únicamente en su forma polonizada. Nadie negará (y el autor del libro tampoco lo niega) que, hasta comienzos del siglo XVI, la influencia del polaco en el LDK todavía era bastante débil; que en las tierras étnicas lituanas no solo hablaban lituano los campesinos y siervos, sino también la mayoría de los nobles, príncipes y dirigentes del Estado,

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es decir, la élite del Estado. También eran lituanos los nombres de aldeas, ciudades y poblaciones de esas tierras, y la mayoría perduró en los siglos posteriores (XVII–XVIII), muchos de ellos hasta nuestros días. Por ello, desde el punto de vista científico, no es correcto estudiar la toponimia (ni la antroponimia) de origen lituano basándose únicamente en formas polonizadas de topónimos o antropónimos. Esto es incorrecto, entre otras razones, porque un investigador no lituano podría reconstruir erróneamente los nombres propios auténticos a partir de sus formas polonizadas, sobre todo cuando estas se alejan mucho de las lituanas (por ejemplo, Soleczniki / Šalčininkai, Wierzbłow / Virbalis).

La tendencia a no indicar las formas lituanas es especialmente característica del capítulo VI del libro, que, basándose en las cartas de Gediminas y otros documentos históricos, así como en el estudio de Aleksandras Vanagas de 2004 Lietuvos miestų vardai, trata de la ciudad de Vilna y sus alrededores. Tras la reseña histórica del nombre de la ciudad de Vilna, presentada en el primer subapartado del capítulo, en los siguientes apenas aparecen formas lituanas auténticas. Los demás subapartados tratan casi exclusivamente de las formas polonizadas de los nombres de las masas de agua, colinas, suburbios, puertas de la antigua muralla, calles y callejuelas, castillos y torres, algunos elementos urbanos (puentes, molinos, mercados) y, en menor medida, de los nombres de los habitantes de la ciudad y la región.

Esta presentación unilateral de la toponimia urbana, basada únicamente en determinadas fuentes escritas y en la tabla comparativa de nombres de calles del casco antiguo de Vilna añadida al final del libro, compilada en época soviética (1985) por Jonas Jurkštas, poco lograda y ligeramente modificada por el autor del libro (pp. 308–311)12, puede crear en el lector una impresión errónea sobre el origen no lituano del nombre de la capital del LDK. Es difícil que alguien dude de que, durante el antiguo periodo del LDK (siglos XIII–XVI), muchas calles de Vilna tenían nombres lituanos, aunque en los planos, mapas y otros documentos oficiales de la ciudad se escribieran en alemán, polaco o eslavo de cancillería. Por ejemplo, los nombres de calles que aparecen en el mapa de Braun mencionado anteriormente, die Deutsche gasse, S. Johangasse, die Schloßgasse, no son sino calcos de los nombres lituanos Vokiečių, Šv. Jono, Pilies. Como muestra la lista del libro, ya en los textos polacos del siglo XVI abundaban los nombres de calles traducidos o adaptados de algún otro modo al sistema lingüístico polaco; por ejemplo: Antokolska (/ Antakalnio), Koniska (/ Arklių), Rudnicka (/ Rūdninkų), Tatarska (/ Totorių), Trocka (/ Trakų), Vilenska (/ Vilniaus), Zarzeczna (/ Užupio), entre otros. Pero esto no significa que los habitantes lituanos de la ciudad,

12 Se califica de poco lograda esta tabla porque en su primera columna no figuran los nombres más antiguos de las calles de Vilna (los registrados hacia 1550 en el atlas de Braun), sino los que se usaban en época soviética, entre los cuales hay muchos que fueron sustituidos (por ejemplo, en lugar de Domininkonų – Garnelio, v. Pilies – Gorkio, v. Vokiečių – Muziejaus, etc.); además, en las columnas siguientes no se indican las fuentes de los nombres. En la tabla adjunta al librito de Jonas Jurkštas Vilniaus vietovardžiai (publicado en la obra Kalba ir žmonės), Bednarczuk modificó los títulos de algunas columnas: compárese el título de la primera columna de Jurkštas, «Nombre actual de la calle», con el de Bednarczuk, «do 11 III 1990». Se cambiaron los títulos de las columnas 3, 12, 13 y 14 y, además, se omitió la columna 6 (1837).

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quienes entonces aún constituían una parte considerable pronunciaban ya en polaco los títulos de los escasos escritos polacos.

Por supuesto, hoy es imposible reconstruir todos los nombres de las calles de Vilnius que existieron durante la existencia del LDK, así como los de otros elementos urbanos, debido a la escasez de fuentes escritas. Sin embargo, mediante una reconstrucción retrospectiva basada en documentos de la época y posteriores redactados en otras lenguas (principalmente en eslavo cancilleresco y en polaco), es posible recuperar bastantes nombres urbanos auténticos de Vilnius. El historiador Jurkštas lo hizo de manera bastante fiable en el trabajo mencionado, en el que, a mi parecer, el autor del libro reseñado se apoyó demasiado poco (aunque su librito figura en la bibliografía y, como ya se ha señalado, se utilizó la tabla de nombres de calles de Vilnius que él elaboró).

También abundan las ideas interesantes en el capítulo IX, dedicado a las áreas de distribución de los hidrónimos bálticos en el LDK. Aquí, basándose principalmente en las investigaciones de Vanagas, se describe, desde los puntos de vista de la formación y el origen, la distribución geográfica de los hidrónimos con los formantes -nt-, -k-, -ykšč- (-ykšt-), -(n)yčia, -ing-, -us, -da, su relación con los equivalentes eslavos y se ofrecen caracterizaciones etimológicas de algunos de ellos. Entre otras cosas, se sostiene justificadamente que los topónimos e hidrónimos con -eika en el territorio de Bielorrusia pueden indicar una presencia todavía relativamente reciente de la etnia báltica (p. 170). Sin embargo, la hipótesis, basada en la opinión de Tadeusz Lehr-Splawiński, de que el nombre del mayor río del LDK, Nemunas, podría ser de origen ugrofinés y estar relacionado con la palabra finesa niemi ‘promontorio, cabo’, no está justificada ni desde el punto de vista de la formación ni desde el semántico (p. 176). Asimismo, cuesta creer que el nombre del lago y de la localidad situados entre Vilnius y Naručio, Svyriãi (bltr. Svir, le. Świr), pudiera ser de origen ugrofinés (ibíd.) y no estuviera relacionado con el verbo lituano svirti.

Un lituanista perspicaz podría encontrar aún más dudas de este tipo y cuestiones discutibles en el nuevo libro de Bednarczuk. Pero eso es precisamente lo que hace interesante y atractivo el trabajo de este lingüista polaco y pone de manifiesto la originalidad y la madurez lingüística del autor.

Puesto que esta reseña se limita principalmente a observaciones relacionadas con los estudios lituanos y no aborda ni comenta los numerosos problemas de los estudios eslavos, en particular de la polonística, mencionados en el libro, su autor no pretende ofrecer una valoración exhaustiva de esta obra tan rica en contenido. Sin embargo, por lo expuesto puede afirmarse que se trata de un trabajo de síntesis significativo, que aporta muchos datos nuevos e interpretaciones novedosas para futuras investigaciones de esta índole sobre el mosaico lingüístico del LDK. No cabe duda de que suscitará gran interés no solo entre los lituanistas y los baltistas, sino también entre los eslavistas, especialmente los polonistas.

Recibido el 15 de febrero de 2012.

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Juozo Tumo-Vaižganto g. 9–27, Vilnius, Lietuva

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