Page 1Seminario científico dedicado al centenario de la restauración del Estado de Lituania
RAMUNĖ VASKELAITĖ
Instituto de la Lengua Lituana
En este año excepcional, en que Lituania conmemora el centenario de la restauración del Estado y especialistas y teóricos de numerosos ámbitos, volviendo la mirada al pasado, intentan reflexionar sobre los trabajos más importantes realizados durante esos años en diversos ámbitos de la vida estatal, los terminólogos del Instituto de la Lengua Lituana decidieron contemplar este período de cien años desde la perspectiva de la terminología: el 12 de octubre de 2018 organizaron en el Instituto el seminario científico «La experiencia de la terminología lituana: el centenario de la restauración del Estado de Lituania». Es comprensible que no se pretendiera evaluar exhaustivamente todos los trabajos del siglo, pues enumerarlos, aunque solo fueran los más importantes, probablemente llevaría más tiempo que un seminario, incluso si se limitara la atención a un solo ámbito: la creación de terminología, su normalización o su investigación. Así pues, la mirada se dirigió principalmente a los comienzos del siglo, a aquellas circunstancias difíciles en las que los términos no se atendían todavía por la necesidad de que los representantes de un campo pudieran comunicarse entre sí, sino, ante todo, por la necesidad de reconstruir, restaurar, curar... Y, como se desprendió de las ponencias, esta labor aún no estaba a cargo de grupos organizados que aprovecharan las posibilidades de la informática, sino, en su mayor parte, de personalidades excepcionales que trabajaban individualmente.
En la ponencia «Los compuestos de la terminología de la construcción de 1918–1940», Lina Rutkienė (Universidad Técnica Gediminas de Vilna), basándose en una fuente de 1929, presentó cifras concretas que mostraban la necesidad prioritaria de reconstruir: la Primera Guerra Mundial había destruido 13 250 edificios residenciales y 24 680 edificios no residenciales. Al aumentar la necesidad de levantar el país de entre las ruinas, surgió también la necesidad de una base teórica para la actividad —la literatura científica—, y, como es sabido, esta clase de literatura no puede prescindir de los términos. Es cierto que la ponente vinculó la aparición de los términos de construcción de aquel período no solo con la necesidad de reconstruir, sino también con una clara ambición de crear: aplicar nuevos principios de composición e introducir nuevos materiales y tecnologías. De 28 fuentes de terminología de la ciencia de la construcción (artículos científicos, manuales y otras publicaciones redactadas en estilo científico), re-
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Page 2copiló un grupo especialmente extendido en aquella época de neologismos —los compuestos— y la ponente relacionó la abundancia de este grupo con la lengua extranjera de mayor relevancia entonces: a diferencia de lo que sucede en la actualidad, al preparar manuales o artículos se traducía principalmente del alemán, y en esa lengua la composición es el procedimiento de formación de palabras más productivo. Tras encontrar en las fuentes de 1918–1940 un total de 262 términos compuestos de construcción con el segundo componente nominal, se determinó que en nada menos que el 85% de ellos el segundo componente es un sustantivo, y que el tipo de formación más productivo es sust. + sust. (akmengruntis, akmenkaltis, ąžuolmedis, basliašulis, drenažgriovis, durpiagruntis). Entre los neologismos de la construcción de uso más extendido, que pasaron a la literatura posterior y al Diccionario de términos de construcción publicado en 2002, la ponente mencionó dūmtakis, dūmtraukis, gelžbetonis, pusiausvyra, šaligatvis, skerspiūvis, statramstis, vandentiekis, mientras que muchos otros quedaron como los llamados términos textuales, empleados únicamente por un autor en una sola publicación.
L. Rutkienė relacionó las particularidades de la terminología de la construcción de aquella época no solo con la lengua extranjera, sino también con la autoridad y las convicciones de los autores de artículos científicos y libros. Entre los autores mencionó a personalidades excepcionales: los ingenieros de construcción Jonas Šimoliūnas, Pranas Morkūnas, Anatolijus Rozenbliumas, Pranas Jodelė, Jonas Kiškinas y Juozas Gabrys, que habían estudiado en universidades extranjeras y conocían varias lenguas extranjeras. Sin embargo, la terminología de la construcción también se abordó en otra ponencia del seminario, que llamó la atención sobre sus creadores anónimos y sin nombre. R o b e r t a s S t u n ž i n a s (Instituto de la Lengua Lituana) recordó primero que, al menos en las publicaciones periódicas de mediados y finales del siglo XIX, la principal fuente de la terminología de la ciencia de la construcción que empezaba a surgir era la terminología popular. Tras elegir estudiar un grupo de palabras que, desde el punto de vista de la terminología científica, quedaría fuera de la terminología —los verbos— y seleccionar de la edición electrónica del Diccionario de la lengua lituana 370 verbos de construcción que designan acciones, así como sus derivados, la ponencia «La denominación de acciones en la terminología popular de la construcción» sostuvo que tales nombres de acciones conforman más de 30 grupos semánticos destacados. Se ilustraron profusamente con ejemplos tanto los términos generales de los grupos (statyti, dirbinti, rengti, taisyti, budavoti, dengti, stoguoti) como las palabras relacionadas con ellos que designan conceptos específicos (straiguoti, žardyti, skiedruoti, išskiedruoti, užskiedruoti, pribudavoti, užbudavoti). También se respaldaron ampliamente con ejemplos las conclusiones de que la especificidad está determinada por los medios de formación de palabras y los significados léxicos, y de que los conceptos especializados se clasifican según diversos rasgos. En cuanto al origen, se señaló que solo algo más de la mitad (el 63%) de los nombres de acciones de construcción registrados en el Diccionario de la lengua lituana son de origen lituano, mientras que el 47% son palabras de origen mixto con raíz eslava. Sin embargo, si este estudio se desarrollara más, probablemente sería pertinente examinar la relación de sinonimia entre las denominaciones prestadas y las lituanas, sobre todo porque en la ponencia ya se había tratado la cuestión de la polisemia y la homonimia.
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Page 3Los nombres de acciones constituyen palabras de origen lituano, mientras que el 47% son palabras de origen mixto con raíz eslava. No obstante, si se siguiera desarrollando este estudio, probablemente sería pertinente examinar la relación de sinonimia entre las denominaciones prestadas y las lituanas, sobre todo porque en la ponencia ya se había planteado la cuestión de la polisemia y la homonimia.
Palmira Zemlevičiūtė (Instituto de la Lengua Lituana), que eligió estudiar los términos médicos, también llamó la atención sobre las circunstancias bastante difíciles de comienzos del siglo XX: recordó que la Primera Guerra Mundial y la ocupación alemana habían dispersado al ya escaso grupo de médicos, y que se había interrumpido la publicación de los periódicos y revistas médicas especializadas que hasta entonces se editaban. Aun así, se difundían conocimientos médicos y, como puede deducirse de los títulos de algunos artículos («Sobre las enfermedades de la guerra»; «Sobre la tuberculosis pulmonar»; «El tifus»; «La sarna»), las peligrosas enfermedades extendidas en la posguerra impulsaron su difusión y, a la vez, el desarrollo de la terminología médica. Sin embargo, también de esta ponencia se desprendió que la expansión de la terminología, impulsada por un factor objetivo, no habría sido posible sin el factor subjetivo: las personalidades. Tras interrumpirse la publicación de las revistas especializadas, Antanas Vileišis, Eliziejus Draugelis, Danielius Alseika y Petras Avižonis comenzaron a difundir conocimientos médicos en publicaciones no especializadas de la época, como Moterų balsas, Dabartis, Lietuvos aidas, Tėvynės sargas, entre otras. En la ponencia «Presentación y reconocimiento de términos médicos sinónimos en 1918», la autora decidió estudiar no una actividad, sino otra cuestión constantemente pertinente para los terminólogos: la sinonimia terminológica. Sostuvo que en los textos médicos de 1918 esta era un tipo frecuente de relación semántica entre términos. Esta vez, sin embargo, se examinó más la cuestión metodológica —cómo reconocer los sinónimos— que su frecuencia. Los que se usan en un mismo texto son fáciles de reconocer, pues a menudo aparecen entre paréntesis o unidos por la conjunción o; en cambio, no es sencillo determinar la relación de sinonimia entre términos empleados en textos distintos (kruvinoji, kruvinoji liga, krauligė, dizenterija; bado, beriamosi, dėmėta, dėmėtoji šiltinė). Aun así, se encontraron formas de reconocerlos, y la ponente enumeró, entre otras, la temática de los textos, el contexto de uso de los términos, los sinónimos presentes en un mismo texto, los rasgos del concepto y las fuentes complementarias.
La frecuencia de la sinonimia en la terminología médica actual no se examinó por separado en el seminario, pero una ponencia relacionada con la situación actual permitió suponer que es abundante. Rūta Dubakienė (Academia de Ciencias de Lituania, Universidad de Vilna), tras definir la alergología como la rama de la inmunología más estrechamente relacionada con las ramas de las ciencias biológicas, en su ponencia
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Page 4«Términos alérgicos lituanos, trabajos y planes» mencionó muchas cuestiones que siguen planteándose los alergólogos, como determinante antigénico o epítopo, ácaros o ácaros del polvo doméstico, síndrome de DiGeorge o síndrome de Di George, y, como muestran también algunos ejemplos, estas están relacionadas precisamente con la sinonimia o la variación de los términos. Sin embargo, de la misma ponencia se desprendía que ya se ha avanzado considerablemente en la unificación de la terminología de la alergología: en 2002 se publicó el primer manual lituano de alergología, Alergologija, de R. Dubakienė; en 2012 apareció el Diccionario explicativo de términos de inmunología y alergología, evaluado por la Comisión Estatal de la Lengua Lituana, cuya elaboración contó también con la participación de la autora de la ponencia, la prof. R. Dubakienė, activa creadora de terminología alergológica y autora de manuales, monografías y artículos. La terminología se desarrolla en la publicación Alergija, astma, imunologija y en el sitio web «Alergijos ekspertas». Al hablar de los trabajos futuros, la ponente mencionó «muchos terrenos baldíos que aún hay que arar», pero la mayor esperanza de que se trabajará en ellos y de que la terminología de este ámbito seguirá el rumbo adecuado la daba la postura, expresada reiteradamente en la ponencia, de que la alergología lituana, con identidad propia en Europa, no necesita copiar: debe crear su propia terminología.
La sinonimia de los términos, al igual que los tipos de formación terminológica, es quizá el problema que se debate con mayor frecuencia entre quienes investigan los términos; y, al hablar de la terminología como ordenación de términos, probablemente no es menos frecuente que surja la cuestión de la relación entre el trabajo individual y el colectivo. Hay diversas opiniones al respecto, pero muy a menudo se tiende a considerar la creación de terminología, y más aún su ordenación, una actividad colectiva, y se piensa que los diccionarios terminológicos elaborados y examinados por equipos resultan mejores. No obstante, tanto la historia de la terminología como la actualidad muestran cuántos neologismos acertados no se habrían creado de no ser por los diccionarios preparados por personas creativas y entusiastas; además, la literatura científica, incluidas las obras docentes de educación superior, considerada una de las principales fuentes de terminología, es en realidad más el resultado del trabajo de individuos que de colectivos. Las ponencias sobre la terminología de principios de siglo también mencionaron a muchas figuras destacadas, y Asta Mitkevičienė (Instituto de la Lengua Lituana) recordó a algunas especialmente ilustres: Jonas Basanavičius, Mykolas Biržiška, Antanas Smetona, Pranas Dovydaitis, Jurgis Šaulys, Jonas Vileišis y Saliamonas Banaitis, firmantes del Acta de Restablecimiento del Estado que conmemora su centenario. En la ponencia «Las huellas de los signatarios del Acta del 16 de febrero en la terminología de los estudios de literatura lituana», tras enumerar a los signatarios que contribuyeron de una u otra manera a crear la terminología literaria, dedicó la mayor atención al escritor, traductor, diplomático y jurista Kazys
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Page 5Bizauskas y a los términos del primer manual de teoría literaria que preparó. Sin embargo, de la ponencia se desprendía que solo los términos incluidos en las primeras ediciones de este manual eran obra del autor, mientras que los de la tercera edición (1922) se incorporaron tras ser examinados por la Comisión de Terminología, que había comenzado a funcionar en 1921 y que, por cierto, también estaba integrada por figuras excepcionales: Kazimieras Būga, Jonas Jablonskis, Juozas Tumas-Vaižgantas, entre otros. Aun así, el trabajo de la Comisión no siempre transcurrió sin tropiezos: no todos sus miembros asistían a las sesiones y los términos de drama y teatro quedaron sin examinar... La ponencia no abordó qué influye más en la creación y ordenación de la terminología —la excepcionalidad, el esfuerzo y la creatividad de una persona, o la capacidad y competencia de un colectivo— ni si existe realmente algún conflicto entre ambas; sin embargo, concluyó con una afirmación bastante elocuente: «La fijación de los términos no es asunto de una sola persona interesada o de un autor, sino una cuestión común a todos nosotros». Elocuente porque fue formulada... por una figura excepcional: K. Bizauskas.
También se habló de una personalidad extraordinaria en la ponencia de Rita Katelytė (Instituto de la Lengua Lituana), «La formación de sustantivos en los términos psicológicos de Mečislovas Reinys». El arzobispo, diplomático, político y profesor de teología y filosofía Mečislovas Reinys tradujo del ruso el Manual de psicología de Georgijus Čelpanovas (traducción libre, publicado en 1921 en Vilna). Tras analizar, desde la perspectiva de la formación, un grupo de términos del manual —sustantivos lituanos y de formación híbrida, de una sola palabra—, la ponente determinó que la mayor parte de esos términos son derivados sufijales (atgaminimas, mąstymas, svarstymas, atitrauktis, dėmesys, gailesys, uoslė, kerštas, vaizduotė). Representan nada menos que el 77%, mientras que en el manual de psicología solo se encontraron alrededor de un 4% de compuestos (junto con derivados prefijales), pese a que estos se difundían ampliamente por la misma época en manuales de construcción. En el seminario no se planteó la cuestión de qué explica las notables diferencias entre terminologías creadas en una época similar —el ámbito, las actitudes de quienes acuñaron los términos u otros factores—, pero cabe suponer que uno de los estímulos pudo ser la lengua extranjera, pues el autor de este manual tradujo del ruso, no del alemán.
La ponencia leída por Regina Kvašytė también comenzó con una personalidad excepcional y la conmemoración del centenario, pero ella mencionó a un lingüista nacido en Letonia, más conocido en Lituania como creador de la lengua esperanto e interlingüista. En 1992, en una conferencia internacional celebrada en Letonia, se conmemoró solemnemente el centenario del nacimiento de Ernests Drežens (Ernests Drēziņš). Al iniciar su ponencia con un dato y un nombre que, a primera vista, no tenían relación con el centenario de Lituania, la autora de «Sobre la cooperación entre terminólogos lituanos y letones» puso de relieve un aspecto de suma importancia del restablecimiento del Estado, que hoy,
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Page 6cuando los científicos pueden participar sin obstáculos en conferencias europeas y mundiales, a menudo se considera algo natural. En la conferencia celebrada en Letonia en 1992 participaron científicos de 13 países del mundo, lo que mostraba cómo empezaban a ampliarse sus posibilidades de colaboración. Centrándose en la cooperación entre lituanos y letones, la autora de la ponencia mencionó no solo la continuación de la conferencia de 1992 (en 2002 y 2012) y la participación de terminólogos lituanos en esas conferencias, sino también la difusión recíproca de información: artículos sobre terminología letona publicados en Lituania y viceversa, participación en consejos editoriales y materiales bibliográficos. Como principales difusores de información se nombró a Rūdolfs Grabis (Rūdolfs Grabis), Valentīna Skujiņa (Valentīna Skujiņa), Juris Baldunčikas (Juris Balduņčiks), Māris Baltinis (Māris Baltiņš), entre otros; entre los científicos lituanos, Stasys Keinys, Solvita Labanauskienė, Albina Auksoriūtė y Kazimieras Župerka; y quizá la difusora más activa de información sobre la terminología letona, sus terminólogos y su terminología sea la propia autora de la ponencia.
La ponencia siguiente del seminario habría podido añadir que, a lo largo de un siglo, se han ampliado enormemente no solo las posibilidades de cooperación, sino también las de gestión e investigación de la terminología tecnológica. Así, Gintautas Grigas (Universidad de Vilna) presentó el portal de terminología de la empresa «Microsoft» (https://www.microsoft.com/en-us/language), que permite comparar términos informáticos de más de 100 idiomas. Aunque de la ponencia «Panorama de la sección lituana del diccionario de la empresa «Microsoft»» se desprendía que esta recopilación informática tampoco está exenta de deficiencias (la traducción al lituano de algunos términos es dudosa y hay términos que ni siquiera se han traducido), en septiembre de 2018 contenía un total de 115 diccionarios bilingües —inglés y otra lengua—, por lo que las posibilidades de comparar de una sola vez términos informáticos son impresionantes. Al prever las posibilidades de uso del portal, el ponente mencionó en primer lugar su utilización para elaborar diccionarios de informática y memorias de traducción.
Al hablar de la relación entre la informática y la lengua, se suele mencionar no tanto las posibilidades de investigación lingüística que abre la informática como el otro aspecto: el peligro para el funcionamiento de la lengua lituana. Se señala como causa de ese peligro a muchas cosas: la informática en general, internet, el entorno electrónico y también la terminología informática. En la sociedad está muy arraigada la opinión de que no vale la pena traducir los términos informáticos al lituano, sino que es mejor utilizar los ingleses; por eso resultó bastante inesperado uno de los ejemplos presentados en la ponencia de Alvydas Umbrasas (Instituto de la Lengua Lituana), «Términos informáticos que designan a personas»
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Page 7conclusiones. Tras examinar el grupo de términos informáticos presentados en 7 diccionarios de informática, el ponente observó que, al menos, los neologismos prestados que designan personas (internautas, cibernautas, infonautas; hackers, crackers, lamers, losers) no igualan en abundancia ni diversidad a los términos de origen propio, y que la mayoría de los demás préstamos (abonado, administrador, destinatario, analista, experto), al igual que las formaciones híbridas, no se crean, sino que se toman ya hechas de la lengua general. No obstante, esta conclusión se formuló basándose únicamente en el material de los diccionarios, que, como es sabido, suelen evaluarse desde el punto de vista de las normas lingüísticas o, al menos, ser editados por un corrector lingüístico. Si se estudiara el uso real, especialmente el de Internet, probablemente se constatarían tendencias distintas en el empleo de neologismos. Por otra parte, la tendencia a no traducir directamente del inglés, sino a tomar palabras ya usadas en lituano, puede ser una característica de los diccionarios de informática propia únicamente del grupo de denominaciones de personas. De los numerosos términos ingleses presentados que designan personas (employee, reviewer, owner, liveware, media librarian, software designer, network surfer, first-time user) se desprende que, si solo se adaptaran fonéticamente, resultaría bastante incómodo pronunciarlos, lo cual también puede ser un factor importante en la tendencia a evitar los llamados extranjerismos. Así pues, la conclusión mencionada por sí sola no bastaría, ni mucho menos, para refutar el mito sobre el peligro que la informática supone para la lengua lituana. Sin embargo, el ponente ni siquiera se propuso ese objetivo. Su propósito era examinar los términos que designan personas en los diccionarios de informática y, tras analizarlos, señaló como conclusión principal la tendencia de los diccionarios a tomar de otros ámbitos las denominaciones de personas (lituanas y no lituanas), en vez de crear otras específicas destinadas exclusivamente a las necesidades de la informática.
El conjunto de las ponencias reseñadas muestra que, en el seminario dedicado al centenario de la restauración del Estado de Lituania, se examinaron solo algunos ámbitos del uso de la terminología. Sin embargo, al abordar problemas, cuestiones de actualidad y condiciones tanto de comienzos como de finales del siglo, se creó todo un campo de significados que permite valorar qué aspectos de la terminología no han cambiado a lo largo del siglo y probablemente deban considerarse inmutables, y cuáles ya pertenecen al pasado o constituyen tareas del presente; y, teniendo esto en cuenta, prever directrices y orientaciones para la actividad al comenzar un nuevo siglo.
Recibido el 2018-10-20
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