Page 1ACTA LINGUISTICA LITHUANICA
XLVIII (2003), 177–184
OBSERVACIONES
Observaciones
MENUDENCIAS
Los adjetivos del dialecto žemaitiano žiaudrus, žiudrus llamaron la atención de Steven Young, especialista en baltística de la Universidad de Baltimore, en un artículo muy interesante, «Lithuanian žiaurūs: žiudrus» (Acta Linguistica Lithuanica 47, 109–115). Las frases tomadas de DŪŽ, pp. 453 y 458, parecen requerir algunas observaciones: pākaulinės labai žõdrõs ā.uodeklas; vi.kšrės žõdrõs / pjā.usta liežuvė gi'vuol'ùn. El žõdrõs de la segunda frase debe transcribirse no como žudrus, sino como žiudrus: vikšris žiudrus pjāusto liežuvį gyvōliūon (dat. sing.; nom. gi'vuol'is | g'īvuolis; aquí, en la antigua variedad tradicional varniškiai del žemaitiano meridional, a la terminación -u > -uo del dat. sing. se le ha añadido una n no etimológica). No es žudrus; probablemente mi clara errata confundió al autor, aunque el lema es žiudrus; es decir, todas las frases están definidas con la palabra žiudrus (la recopilación de textos, que duró seis años (1969–1975), se prolongó mucho debido a prohibiciones, quejas, etc.).
En la lengua viva, este adjetivo está hoy cayendo en el olvido y lo usan sobre todo las personas mayores del campo; sus raíces son žiaud-, žiud-, por lo que solo existe žiudrus, y los estudiosos de tierras lejanas que desconocen ese vocabulario dialectal pueden a veces vacilar y empezar a citar una palabra inexistente, *žudrus.
Vytautas Vitkauskas Lietuvių kalbos institutas P. Vileišio g. 5, 2055 Vilnius, Lietuva
Recibido el 05 05 2003
SOBRE LA SUPUESTA CÓPULA CERO
Este texto está dedicado, ante todo, a tratar oraciones como: Mi hermano es discapacitado; La tos persistente es síntoma de una enfermedad grave, etc. En la Gramática de la lengua lituana contemporánea (Vilnius: Mokslas, 1994), se consideran oraciones nominales que corresponden a un modelo ternario, porque El tiempo es bueno se considera una oración con cópula cero (p. 612).
Antes de entrar en polémica sobre esta cuestión limitada, mencionaré desde el principio dos afirmaciones sin las cuales la polémica carece de sentido y que procuraré respetar estrictamente.
Primera afirmación: Nada tiene atributos. En broma también lo digo de otra manera: A nadie le crece el pelo. Parece que la formulación de la afirmación se debe a Immanuel Kant, pero no lo recuerdo bien y, dado que no fundamento la verdad de las afirmaciones en la autoridad, me basta con considerarla verdadera. La lógica no opera directamente con la palabra nada, pero en su teoría de clases se acepta una clase cero, o vacía (señalo que se la llama cero por el signo que se usa para representarla, y vacía por aquello...
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la extensión del significado de los signos, que los lógicos llaman significado del nombre). Una clase vacía no tiene ningún elemento, y solo los elementos pueden tener propiedades. Para ilustrarlo intuitivamente, presento un ejemplo: cuando demolimos la mitad de una casa, no tiene sentido preguntar cuántas ventanas tiene la mitad de la casa que ya no existe. Si alguien pensara que tener también puede usarse con el significado de «tuvo», aun así tendría que reconocer que, en ese caso, usa tener indirectamente y que, en una conversación significativa, debe sustituirlo por la forma directa. De las palabras usadas indirecta o imprecisamente solo pueden formularse afirmaciones imprecisas o manifiestamente falsas, y toda ciencia debe evitarlas. Por ejemplo, de la afirmación de que el pensamiento se transmite mediante el lenguaje se desprende que los pensamientos entran en el aire junto con las palabras y vuelan con él. Además, si transmitimos un pensamiento, este ya no permanece en la mente de quien lo expresó (en sentido literal) y, por tanto, ya no se le puede preguntar qué dijo. Ya esto muestra que no tiene sentido ponerse a crear una teoría digna de tal nombre tomando como fundamento palabras no depuradas lógicamente y usadas de manera no normalizada. Lo que ocurre cuando no se sigue la afirmación que acabo de mencionar lo ilustraré intuitivamente con la siguiente oración: Aunque no existen sirenas (nada), pero tienen hermosos pechos (propiedad). Desde el punto de vista de la lógica, esta oración es un absurdo, una afirmación lógicamente contradictoria, y sostener afirmaciones de este tipo es inútil. Considero que la explicación del término cópula cero, actualmente tan apreciada por los lingüistas, es una afirmación del mismo tipo, pues Aunque no existe cópula (nada), pero tiene el significado de presente de indicativo (propiedad).
No es posible liberarse del absurdo lógico ni con palabras contundentes, ni con una retórica altisonante, ni recurriendo a autoridades, porque el absurdo resiste todas esas acciones. Se puede intentar escapar del absurdo de dos maneras. La primera consiste en demostrar que la afirmación nada tiene propiedades no es categórica y, por tanto, puede ignorarse. Considero que esta vía carece por completo de perspectivas, pues se trata de una afirmación lógica y, para deshacernos de ella, habría que crear una nueva lógica de nada. Solo considero prometedora la segunda vía: analizar minuciosamente dónde se equivoca nuestro pensamiento y da lugar a oraciones absurdas. Para este análisis necesito una segunda afirmación. Es la siguiente: El psicologismo es un conglomerado de opiniones erróneas que entorpecen el pensamiento. No la llamo teoría, porque las afirmaciones de una teoría están depuradas y sistematizadas desde el punto de vista lógico. La variante más moderada del psicologismo es el psicologismo metodológico. Sus adeptos reconocen que los significados de las palabras y las oraciones existen objetivamente, pero aun así sostienen que deben describirse en relación con hechos psíquicos (pensamientos). Por supuesto, en tal caso no puede servir cualquier psique. Por ejemplo, no sirve cuando las personas no entienden bien lo que dicen. ¿Qué criterios debemos seguir para encontrar una psique adecuada? De antemano descarto la psique de los lingüistas, pues con este artículo mostraré que también los pensamientos de los lingüistas difieren entre sí. Por supuesto, descarto también recurrir a autoridades, asunto que reservo únicamente para la teología. Observaré que no solo nuestro lenguaje, sino también la experiencia no lingüística tiene correlatos regulares en la psique: incluso al cortar leña tenemos que pensar en lo que hacemos. ¿Acaso también hay que describir toda nuestra actividad en términos psíquicos? ¿Por qué otras ciencias, por ejemplo la zoología, no describen sus objetos empíricos como correlatos de la psique? Podrían, por ejemplo, incluir en la clasificación de los animales, junto a lobos, alces y elefantes, unicornios cero, pegasos cero, etc. Por eso se me podría objetar señalando que el lenguaje es un sistema de signos y que, por tanto, no se puede comparar con los animales, que no son signos. No hay acuerdo sobre la concepción del signo, pero existen dos opiniones diferentes: la empírica y la subjetiva. Yo, como empirista, elijo la primera opinión y la expondré aquí con las palabras de los lógicos, que no contradicen la comprensión habitual del signo (y concuerdan bien con el sentido común). Para ellos, un signo (usan el término símbolo) es «un objeto empírico usado para señalar otros objetos empíricos o abstractos»1 (de-
1Логический словарь: ДЕФОРТ, Москва: Мысль, 1994, 208 (sutrumpinimas ДЕФОРТ reiškia: Дедук-тивная формализация теорий. – V.Ž.).
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observaré que en la definición se sigue intuitivamente el postulado del empirismo). Por ejemplo, el signo abedul, como objeto empírico, es decir, pronunciado, señala otro objeto empírico: un árbol caducifolio de corteza blanca, mientras que el signo pronunciado número señala el objeto abstracto «número», uno de los conceptos fundamentales de las matemáticas. Por eso considero subjetiva y confusa para el pensamiento la afirmación de la Gramática de la lengua lituana actual (p. 5) de que «las unidades de la estructura lingüística —los signos— son bilaterales», pues surgió de un modo de hablar impreciso e indirecto. Hablando con precisión y en términos humanos, no tiene ningún sentido llamar bilateral a un signo. El objeto empírico, es decir, el signo, y su significado (o, dicho de otro modo, su propiedad o función) tampoco constituyen a su vez un signo aún más genuinamente bilateral. Si aceptamos este modo de hablar, contrario al sentido común, tendremos que decir que al borde de la carretera vemos no señales de tráfico, sino mitades de señales de tráfico. Dado que el uso mismo del lenguaje va de la mano con el sentido común, ¿acaso se puede separar de él la teoría del lenguaje y ponerse a hablar de manera extraña? Ferdinand de Saussure fue el primero en llamar bilateral al signo lingüístico, y muchos adoptaron esta palabra sin reflexionar (¿quizá por su autoridad?). Saussure tenía motivos para caracterizar así el signo: le parecía que la expresión y el significado eran inseparables como las dos caras de una hoja de papel, pues era un psicologista temprano y hablaba de los signos como hechos psíquicos (también sostenía el carácter social del lenguaje, pero no lo conciliaba en absoluto con la psique individual). Cuando se reconoce que «los planos de la expresión y del contenido del lenguaje están relacionados entre sí, pero ninguno determina directamente al otro» (p. 5), no queda el menor fundamento para usar tampoco la noción de signo bilateral en sentido literal: no es más que retórica vacía, un lastre heredado del pasado. Es cierto que la noción de signo bilateral puede salvarse en un caso: hay que trasladar el signo de la realidad objetiva al ámbito psíquico y considerar el signo trasladado más importante y más real; entonces se podrá decir que en la psique el concepto de expresión corresponde al concepto de significado. Quizá los autores de la gramática ni siquiera se opondrían a ello, pues para ellos la estructura lingüística es «un sistema que existe en la conciencia de las personas» (p. 5). Esto ya no es psicologismo metodológico, sino el psicologismo sustancial más auténtico; solo que no está claro si es perceptual (si vincula el lenguaje con las imágenes) o conceptual (si lo vincula con los conceptos). Si se acepta esta perspectiva, los escritos antiguos son, en principio, indescifrables. No veo la menor necesidad de discutir esta perspectiva, a mi juicio, irremediablemente anticuada e imposible de salvar mediante argumento alguno, después de que Leonas Zawadowskis² la criticara severamente (yo resumí sus ideas en lituano, de modo que se pueden conocer más ampliamente sin dificultad³).
Hablando estrictamente, en nuestras cabezas no está la estructura lingüística con sus signos, sino la capacidad de operar con ella. Pero, en la medida en que somos individuos, solo podemos operar con una parte de esa estructura. La estructura lingüística completa solo podría estar en la cabeza en un caso: tendría que existir un usuario ideal del lenguaje, pero en la realidad precisamente no existe tal usuario. Así pues, además de la competencia subjetiva, la estructura lingüística debe existir objetivamente. Cabe preguntarse cómo entender esa objetividad, y la pregunta está justificada. Como el lenguaje es muy complejo y por ello pueden surgir muchas cuestiones accesorias, ilustraré la situación con un ejemplo más sencillo: la tabla de multiplicar. La pregunta es esta: ¿dónde existen los productos, sobre todo cuando nadie multiplica (y, sin embargo, los productos son significados de signos matemáticos)? Hace mucho que los matemáticos condenaron la explicación psicológica, y esto no sorprende en absoluto, pues están acostumbrados a pensar con mucha más precisión y rigor que los lingüistas, cuyos pensamientos, no pocas veces, pertenecen, por desgracia, a otras cabezas. Los matemáticos no están de acuerdo sobre la naturaleza de la existencia de los números, porque estos, como todos los objetos abstractos, son universales, y la discusión sobre ellos aún no ha terminado (esa es la opinión de Bertrando Russell). Quien se interese por la ontología del lenguaje debe conocer los núme-
2 ZAWADOWSKI, L. Lingwistyczna teoria języka, Warszawa: Państwowe Wydawnictwo Naukowe, 1966.
3 ŽULYS, V. L. Zavadovskio pažiūros į kalbą. Kalbotyra 24 (1), 1972, 111–119.
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… filosofar. Pero el lenguaje también puede estudiarse sin resolver la cuestión ontológica. De hecho, los físicos tampoco saben qué es la gravedad, pero la estudian con éxito.
A modo de inciso, diré que, si se acepta la definición del signo mencionada, no queda lugar para los signos nulos (tampoco pueden existir según la descripción kantiana de nieko). Quien empezó a usar el concepto de signo nulo probablemente lo ideó así: si un objeto empírico tiene significado, también lo tiene su ausencia y, por tanto, es un signo. Es posible que la idea se derive mediante una implicación, pero, según el postulado del signo empírico, sigue siendo solo una idea, no un signo: este requiere un objeto empírico. Algunas personas se confunden con el cero y dicen que el cero es un signo: o bien un óvalo vertical, o bien un círculo tachado en diagonal. Pero eso es una notación escrita, no una expresión del lenguaje natural. En cualquier caso, está claro que tenemos signos para la nada y conceptos afines; compárense las palabras niekas, tuštuma, skylė. Por desgracia, no tenemos el caso contrario. Considero que el uso del concepto de signo nulo es una variante (quizá inconsciente) del idealismo, más bien subjetivo, mientras que las ciencias empíricas, entre las que incluyo la lingüística, adoptan una posición realista.
Descartada la existencia del sistema lingüístico en la mente de los sujetos, hay que aceptar el postulado de que el lenguaje no solo puede estudiarse, sino que debe estudiarse como fenómeno objetivo, al igual que otros objetos empíricos. Tales entidades objetivas son los enunciados, es decir, los comunicados. Los comunicados tienen significado incluso sin comunicación, porque la función comunicativa del lenguaje es secundaria: se basa en la función representativa, esto es, en la representación convencional de algún fragmento de la realidad (si no existiera esta función, el lenguaje sería un puro juego). El comunicado comunica únicamente aquello que representa. No comunica el pensamiento subjetivo de quien habla (todos los pensamientos en la mente de los sujetos son subjetivos por el hecho mismo de existir), sino cierto fragmento de la realidad. Solo sobre la base de este hecho es posible mentir, engañar, confundir (en tal caso, los pensamientos evidentemente no coinciden con lo que se dice). La oración Juodos gulbės yra no demuestra la existencia de tal pensamiento en la mente de quien habla (nos da igual que sea así o de otro modo; además, ¿cómo se podría comprobar, y acaso es posible fundamentar cosas evidentes en algo que no puede verificarse?). Esta oración es una afirmación sobre la realidad, y su veracidad puede comprobarse viajando a Australia y constatándolo directamente, aunque también se puede confiar en material visual o apoyarse, por ejemplo, en descripciones de biólogos.
Basándome en lo dicho, distingo claramente dos conceptos: el significado del comunicado, que se da objetivamente, y la interpretación de ese significado: la manipulación de los propios pensamientos (observaré que aquí se entiende la interpretación en un sentido más restringido, suponiendo que el significado del comunicado se comprende sin interpretación, según las relaciones que existen objetivamente en el sistema lingüístico). Sostengo que el significado del comunicado es el único que constituye el significado lingüístico. Todas las interpretaciones pertenecen no al lenguaje, sino a los pensamientos «en torno al lenguaje y su significado». Lo ilustraré con un ejemplo: de la oración Kepleris mirė skurde podemos inferir por implicación la idea verdadera de que Kepleris gyveno (la llamada presuposición existencial). Si alguien dijera que ya está implícita en el significado de la oración Kepleris mirė skurde, según mi explicación estaría diciendo algo falso, pues está implícita no en el significado, sino en el sentido. La búsqueda de sentidos, la interpretación siempre cambiante, quizá sea un proceso interminable, mientras que el significado de la oración es «cerrado» con respecto al sentido. Por ejemplo, para un lingüista, uno de los significados de la palabra akis es el órgano de la visión, aunque se puede pensar y decir (con otras palabras) muchísimo sobre el ojo. Me parece que más de un lingüista estadounidense, por desgracia, no distingue el significado del comunicado de los pensamientos acerca de ese significado.
Ahora que he expuesto claramente mi postura sobre el significado lingüístico, pasaré a un análisis concreto tomando la oración Mano brolis neįgalus. Para evitar cualquier malentendido, señalaré de inmediato que esta oración no pertenece al «habla» si a esta se le han de atribuir enunciados individuales, cada uno vinculado a un acto de habla concreto (es fácil entender que esta oración puede repetirse, en cuyo caso tendríamos dos enunciados de «habla»). Pero esta oración tampoco pertenece a
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la lengua, pues a esta solo puede pertenecer un esquema abstracto de oración. Queda «suspendida» entre el enunciado concreto y el sistema lingüístico abstracto. Por tanto, no basta con las nociones de lengua y «habla». Leonas Zawadowskis afirmó, con bastante fundamento, que tales oraciones pertenecen a una tercera entidad: el sistema lingüístico potencial, y acepto su explicación. Las gramáticas ofrecen como ejemplos no enunciados concretos inseparables del acto de habla, sino hechos del sistema lingüístico potencial (aunque indiquen a sus autores). Entendida de este modo, la oración que analizo está abstraída del acto de habla de dos maneras. En primer lugar, ya no incluimos en la oración a los hablantes, el lugar concreto en que se produce el acto ni otros parámetros. En segundo lugar, la propia oración tampoco señala mediante sus palabras quién habla (no se dice, por ejemplo: Aš, Vladas Žulys, sakau, kad...). A menudo los lingüistas sostienen que toda oración tiene modalidad (y que quizá por ello se relaciona con el hablante). Desde el punto de vista de la lógica, la oración que analizamos es un enunciado asertórico (clasificación de Kant), y los enunciados asertóricos no tienen modalidad alguna (posibilidad, necesidad)4. Por tanto, también en este aspecto está abstraída del hablante (los lingüistas que no estén de acuerdo tienen dos opciones: demostrar que los lógicos se equivocan o reformular de otro modo el concepto de modalidad y mostrar que su uso, así reformulado, está justificado).
La oración Mano brolis neįgalus está completamente abstraída del espacio (aquí señalo que hago un uso consecuente del método de abstracción). Y dado que el espacio suele mencionarse junto con el tiempo (Kant incluso consideraba apriorísticas ambas nociones con respecto al pensamiento, pero ahora sabemos que se equivocaba), paso a lo esencial para mí: esta oración, como enunciado, también está abstraída del tiempo. Dicho de otro modo, es una oración atemporal, y es perfectamente comprensible por qué: no contiene ningún elemento que indique el tiempo. Su significado existe allí donde existen todas las demás abstracciones (en la clase de los conceptos atemporales). No hay nada de extraordinario en ello: somos humanos y nuestra capacidad de abstracción es tan grande que formulamos con suma facilidad enunciados desligados tanto del lugar como del tiempo. Por supuesto, si se quiere, el tiempo puede indicarse con otras palabras que amplíen la oración, por ejemplo, diciendo Mano brolis neįgalus nuo mažumės, pero, hablando con precisión, esto no es una ampliación de la misma oración, sino ya otra oración. Basándome en el método de abstracción, aquí también he caracterizado el significado del comunicado (por supuesto, no he explicado las palabras mano, brolis, neįgalus, pues esto me parece trivial). Este significado es también el significado lingüístico, y considero muy importante en él el hecho de que se haya abstraído del tiempo. Así pues, no justifico el intento de inscribir, mediante una referencia temporal infundada, las oraciones sin proceso y atemporales en el paradigma del verbo būti como oraciones en presente (p. 291). En el paradigma deberían figurar aparte, como atemporales.
Pero la gramática tradicional, incluida la Dabartinės lietuvių kalbos gramatika, que no se ha librado del psicologismo, explica de otro modo la oración que analizo. Por lo general, se dice que la cópula se ha omitido, no se ha expresado o se sobreentiende. Ya he expuesto el absurdo que se deriva de entender la cópula nula como ausencia de cópula, así que no volveré sobre ello. En el lenguaje científico considero imprecisas y poco claras las palabras praleista, nepasakyta, numanoma. Para que puedan usarse con mayor rigor, las complementaré con las palabras atsitiktinai ir būtinai.
Si la cópula se «omite» accidentalmente, esto puede entenderse como el hecho de que aparece en unas oraciones y no en otras. Por tanto, nos encontramos ante una propiedad estocástica del sistema, y tales propiedades no se explican de manera unívoca, sino mediante las leyes de distribución de sus probabilidades5. Así pues, solo se puede describir la frecuencia de uso de la cópula, y ahí termina todo.
4 Véase la explicación de R. Plečkaitis (Visuotinė lietuvių enciklopedija 2, 2002, 69).
5 Véase Lietuvių tarybinė enciklopedija 10, 1983 (entrada «Stochastinė sistema»), 422.
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Pero si la cópula se omite necesariamente, la omisión debe explicarse de manera unívoca. En ese caso, la omisión es un no decir. Por tanto, en el pensamiento se tenía una oración con cópula, pero se realizó sin ella. Pero eso no basta: además hay que partir del supuesto de que la oración del pensamiento es la verdadera, la «mejor», la primaria, y que la realizada presenta un defecto, es secundaria. Aquí es donde hemos llegado al meollo del psicologismo: la verdadera y más perfecta estructura de la lengua está en nuestras cabezas (ya he mencionado que es una variante del idealismo subjetivo, del que rehúyen las ciencias empíricas). En realidad, al pensar y actuar así, no se determina objetivamente el significado comunicado de la oración, sino que, consciente o inconscientemente, se pasa del significado comunicado a reinterpretarlo (ya he dicho que las reinterpretaciones, por pequeñas que sean, no forman parte del significado lingüístico). Se procede así: Mano brolis neįgalus, al considerarse desvinculada del tiempo, se reinterpreta como Mano brolis yra neįgalus, que, debido a «yra», queda vinculada al tiempo. Al mismo tiempo, una afirmación abstracta se convierte en otra menos abstracta. Está claro que «yra» se incorpora a partir de un pensamiento ajeno. Así se confunde el significado objetivo de la oración con el pensamiento subjetivo (precisamente por eso aparecen afirmaciones absurdas, pero dejo su análisis a los lectores empeñados en las «cópulas cero» y cosas por el estilo). La lingüística funcional (no sé si en todos sus enfoques consecuentemente), al rechazar por completo el psicologismo, considera que tal confusión es un error. Para ella, las oraciones Mano brolis neįgalus y Mano brolis yra neįgalus son dos oraciones distintas tanto formalmente como en cuanto al significado, y ambas son objetivas, aunque tengan muchas semejanzas. Coincido con la idea de la Gramática del lituano contemporáneo (p. 5) de que hay que guiarse por el «principio de sincronía dinámica»; considero que tales oraciones compiten entre sí: las oraciones atemporales, muy propias del tipo indoeuropeo, empiezan a ceder terreno a las oraciones con tiempo. La situación actual y el tipo que predomina solo pueden determinarse mediante una investigación concreta.
Desde el punto de vista de la lógica, las oraciones examinadas también se diferencian en que en la segunda se expresa el predicado lógico propiamente dicho6 y el operador de predicación (yra), que señala una relación lógica binaria especial, imposible de explicar mediante otras relaciones. Formalmente, esto se representa como (x ⇐ X), donde x es el sujeto, ⇐ el operador lógico y X una propiedad (hoy se considera esta explicación más aceptable que la representación de la predicación mediante una función proposicional, pues en ella se omite el operador de predicación7). En la oración Mano brolis neįgalus no hay operador de predicación como signo lineal. No está nada claro si habría que buscarlo en otra parte, en el orden de las palabras o en la entonación. Pero incluso en una oración como Dirbu, la predicación está claramente expresada sin Aš, que los sintactistas fuerzan a interpretar como sujeto; también está claro que el sujeto lo indica la desinencia -u, pero el predicado mismo no resulta muy claro (solo puede decirse que sujeto y predicado están expresados sincréticamente). La interpretación de Dirbu como Aš dirbu solo es posible desde el terreno del psicologismo. En la inmensa mayoría de los casos, Aš se usa pleonásticamente, como segundo marcador del sujeto. Los textos muestran que su uso no es obligatorio, sino fortuito, por lo que también se relaciona con el verbo de manera fortuita (esto debe cambiar la comprensión actual de la coordinación, pero no me corresponde a mí corregirla).
Los lógicos señalan acertadamente que «en la lógica tradicional la relación de predicación se formaliza solo de manera muy aproximada mediante la palabra yra en afirmaciones como (S yra P), donde S es el sujeto de la afirmación y P es la propiedad que posee el sujeto S»8. Cuando los lógicos, al formular afirmaciones como (S yra P), abstraen de todo lo que no es forma del pensamiento, yra, hablando con precisión, lo tratan (al menos intuitiva y prácticamente) no como una cópula en toda la extensión del concepto, sino solo como una cópula, dejando de lado aquello que
6 Dėl termino žr. Логический словарь: ДЕФОРТ, Москва: Мысль, 1994, 191–192.
7 Véase ibíd., 171–173.
8 Ibíd., 171.
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no pertenece a la cópula. Creo que la lingüística tradicional no tomó conciencia de este proceso de abstracción y que, al describir la lengua, también trató «yra» únicamente como cópula lógica; de ello se extrajeron dos conclusiones ulteriores: 1) que būti, como cópula sintáctica, carece de significado léxico independiente y, por tanto, 2) en la oración «se usa únicamente como cierto marcador de tiempo y modalidad, es decir, atribuye valores de tiempo y modo a la característica expresada por una palabra nominal» (p. 479). No hay razón para creer estas afirmaciones mientras no se aclare de qué han abstraído los lógicos. Razonemos así:
(1) Buvo (didelis) karštis.
La afirmación es existencial. Desde el punto de vista de la lógica, tales afirmaciones no tienen predicado (ya Kant decía que būti no es un predicado, porque no es una propiedad). Hoy se formalizan con el cuantificador existencial ∃: (∃ x), pero este cuantificador, en realidad, no denota existencia, sino cantidad (hay al menos uno, es decir, el conjunto no está vacío). En la oración examinada, buvo tiene el significado de existencia, de estar presente, y ese es el significado léxico de la palabra (llamemos a ese būti existencial, o existenciador). Desde el punto de vista del pensamiento, la existencia es más importante que los objetos y sus propiedades: es el fundamento de los objetos en el sentido de que, sin existencia, ningún objeto empírico es posible, y solo tales objetos pueden tener propiedades (ahora debe quedar claro en qué puede basarse la afirmación Niekas neturi požymių). «Karštis» es una palabra plenamente sustantivada: un sustantivo.
(2) Buvo karšta.
Esta oración también tiene un existenciador, y karšta se diferencia de karštis como palabra de sustantivación incompleta.
(3) – karšta
es una propiedad incompleta tanto semántica como sintácticamente (esto se indica con un guion). Semánticamente es incompleta porque no es independiente (como karštis), sino propiedad de algo o alguien. Sintácticamente es incompleta porque carece de portador de la propiedad.
(4) – buvo karšta
tiene el mismo existenciador que indica existencia, fundamento lógico de la propiedad karšta. La construcción buvo karšta aún no indica en modo alguno que buvo tenga alguna característica de cópula. Solo adquiere la función de cópula en una oración como, por ejemplo:
(5) Diena buvo karšta.
Por tanto, al significado léxico de existencia se añadió el significado sintáctico de cópula, pero el significado léxico no se atenuó por ello. Este es, por sí mismo, secundario (aquí cabe señalar de pasada que la cópula no une el sujeto con el predicado, sino que adjunta el predicado al sujeto; así lo muestra la discusión ya mencionada del operador de predicación). Que buvo indica existencia por su propio signo, y no mediante algún marcador de propiedad, se ve al compararlo:
(6) La olla parecía caliente.
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(7) La olla estaba caliente.
Hay que comparar parecía de la primera oración no con las propiedades «atribuidas» por el sustantivo, sino directamente con estaba. El primero (parecía) indica apariencia (por eso quizá también pueda considerarse una palabra modal), pero el segundo (estaba) indica existencia verdadera y genuina (ya se ha dicho que las afirmaciones asertóricas no tienen modalidad alguna). Este análisis mostró lo que quedó en el lenguaje natural fuera de las abstracciones de la lógica, y eso basta.
20/04/2003, en Pascua
Vladas Žulys
calle Tako 1–7
LT-4324 Akademija, distrito de Kaunas, Lituania
Recibido el 09/05/2003