La fase media del Paleolítico su perior
en el Levante español
Josep Mª Fullola i Pericot
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•
•
"LA
FASE
MEDIA
DEL
PALEOLITICO
SUPERIOR
EN
EL
LEVANTE
ESPAÑOL"
Tesis
Doctoral
presentada
por
Josep
Mª
Fullola
Pericot
Dirigida
por
el
Dr.D.Joan
Haluquer
de
Motes
,1M
K,1-D<¿.Or�
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BARCELONA
1978
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Vi
2
Per
Merche
3
!NDICE
Indice
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_
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e
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•
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3-
S
Introducción
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"
•••
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•••••••••••••••••••••
'
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6-15
Estado
general
de
la
cuestitSn
•••••••••••••••••••••••••••••
16-48
Metodología
•••••••••••••••••••••
"
••....................
'I!'
•••
49-17
YacLmientos
••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••
7B-84
Zona
catal.ana
'..
••
•
•
••
85-163
Problem't,ica
eeneral
"
•••••••••••
"
••••••
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8S-88
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Rae.latl
Vivet1."
89-135
E�
Cau
de
les
Go�e�
••••••••••••••••••••••••
'
•••••
e.
136-155
Otros
hallazgos
en
la
zona
catalan
•••••••••••••••
156-159
COl'cluoioroes
sobre
la
zona
catalanll
•••••••••••••••
160-163
Zona
valenciana
.,
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164-987
Probleml.tica
general
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164-170
El
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171-782
Ini:;roducciCSrt"
.,
••••••••••••••••••••••••••
171-172
DescripcitSn
de
la
cueva
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'
........................
172-176
nesC::I'ipci6n
de
los
ni.veles
.....
'
.......................
176-191
An�lisis
de
los
niveles
...........................
,
•.....
192-754
a)
8'50-7'25
mta
...............•
'
............
.,
..........
193-208
b)
1'25-6125
mts
.....
.,
..............................
'"
208-228
,
e)
6'25-5'25
ruts
•
•••••••••••••••••••••••••••
plig.
228-291
d)
5'
25-4'
50,
mts
•
•••••••••••••••••••••••••••
291-408
e)
4'50-4
mts.
.
.
.
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.
.
.
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.
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.
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.
.
.
.
.
.
.
.
.
..
.
.
. .
408-534
f)
4-3'50
mts.
•
•••
• • • •
• •
•
•
• ••• •
•
•
•
•
•
• • •
•
• • • •
534-630
g)
3'50-2'50
mts
••••••••••••••••••••••••••••
630-755
Articulaci6n
de
los
niveles
••••••••••••••••••••
755-763
Observaciones
particulares
•••••••••••••••••••••
764-770
Resumen
y
conclusiones
•••••••••••••••••••••••••
770-783
F;).
Barrane
Bla�.c
•••••••••••••••••••••••••••
'.'
••••••
784-968
Introducción
•••••••••••••••••••••••••••••••••••
,84-786
Descripciéil
de
la
clAeva
••••••••••••••••••••••••
786-790
Descri.pci61'l
de
los
niveleli>
•••••••••••••••••••••
790-806
�n�lisis
de
los
iveles
••••••••••••••••••••••••
806-949
Articulaci6n
de
lo�
niveles
••••••••••••••••••••
949-956
Obeervacioneo
particulLu'es
•••
�
•••••
*�
••
"'
.
956-958
ResUIl7.en
y
conclusiones
•••••••••••••••••••••••••
958-968
Otros
hallazgos
en
la
regi8n
valenciana
•••••••••••
969-983
Conclusiones
genel'ales
d.e
la
zona
valenciana
••••••
983-989
Zona
�ntro-Sut'
•••••••
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990-1021
ProblemAtice.
general
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990-993
Yacimien�o8
••••••••••••••••••••••••••••
,
••••••••••
993-1012
Otros
hallazgos
en
la
zona
Cehi;.ro-SUr
••••••••.•••••
1012-1023
5
pAgo
Conclusiones
socre
la
zona
Centro-&tr
•••••••••
�024-1027
Conclusiones
••••
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1028-1035
Bibliogt'tafta
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,t
11
e
lit
1036-1069
,
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.
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I
"La
Prehistoria
cOIRparte
con
la
(\s
tronom1a
el
privilegio
po�tico
y
me
tafísico
de
dar
al
hombre
una
idea
de
su
pequeñez�
la
primera
en
el
tiempo,
la
segunda
en
el
espacio"
(Ll.P.G.)
INTROllUCCION
Diversas
son
las
circunstancias
que
decantan
a
un
investigador
hist&rico
hacia
el
campo
de
la
Prehistoria,
y
m�s
en
concreto
del
Paleolítico. El
sentido
de
nimiedad
cro-
nol&gica
se
acentúa
y
hay
que
rastrear
los
caminos
del
hom
bre
valiendose
de
medios
complementarios.
Quizás
sean
estas
dificultades
mismas,
y
otras
muchas,
las
que
estimules
al
pa
leolitiata,
al
prehistoriador
en
general.
En
nuestro
caso
la
formaci&n
prehist6rica
b5sica
se
complement&
con
los
trabajos
de
campo
y
excavaciones
reali
zados
en
Francia
y
que
tuvieron
una
repercusi6n
decisiva
en
el
camino
investigador
que
hemos
adoptado
y
desarrollado a
lo
largo
de
este
trabajo.
Nuestra
aplicaci6n
a
las
fases
intermedias del
Pa
leolítico
SUperior
ibérico,
usando
tal
expresi6n
en
el
senti
do de
peninsular
con
la
excepci6n
de
la
franja
cant�brica,
claramente
unida
a
n�cleos
franceses,
nos
vino
dada
en
un
prin-
7
cipio
por
las
conexiones
tradicionales
con
la
zona
valencia
na,
sin
duda
la
base
de
nuestra
labor.
Sobresalía
en
ella
el
Solutrense,
con
su
exponente
de
mayor
importancia,
el
Parpa-
116;
a
su
alrededor
yacimientos
semejantes,
el
Barranc
al.nc,
Les
Mallaetes,
etc.
conformaban
una
riqueza
arqueol�gica
que
no
podÍamos
dejar
caer
en
un
olvido
que
duraba
ya
demasiados
años.
Fue
para
subsanar,
en
la
medida
de
nuestras
fuerzas,
ese
hiatus
de
conocimentos
profundos
que
había
respecto
a
esa
fase
paleolítica
que
decidimos
lleva�a
cabo
Wla
revisi6n
to
tal
de
los
materiales
líticos,
ya
no
s6lo
de
esa
zona
sino
de
todas
las
que
pudiesen
aportar
datos
relacionables
con
la
mis
ma.
La
excesiva
repetici6n
de
las
aseveraciones
formuladas
varias
décadas
atr�s
nos
impulsaba
a
ampliarlas,
a
reafirmar
las
con
una
base
s6lida
o
a
rebatirlas,
apoyandonos
en
datos
de
claboraci6n
propia
de
la
misma
solidez.
Los
limites
espaciales
de
nuestro
trabajo
vienen
marcados
por
los
hallazgos
paleolíticos
realiz
dos
en
nuestra
geografía.
Por
el
Sur
y
Centro
de
la
península
enlazaban
con
el
bloque
clásico,
valenciano,
una
serie
de
yacimientos
de
la
zona
��rcia-AlBOría.
a
ellos
podÍa
unirse
la
ramificaci�n
so
lutrcnsc
de
Portugal, mucho
m!s
relacionada
con
este
bloque
levantino
que
con
el
franco-cant&brico
en
la
mayoría
de
sus
casos)
y
por
fin
quedaban
los
restos
del
¡,lanzanares
de
dudo
sa
atribuci6n
solutrense
en
muchas
ocasiones.
con
una
raíz
en
parte
levantina.
Con
estos
datos.
sumados
a
los
de
la
zona
valencia
na,
se
cubria
la
mitad
SUr
de
la
península.
Sin
embargo
otro
bloque
de
industrias
de
la
fase
medis
del
Paleolítico
SUpe
rior
se
encontraba
m4s
al
Norte,
en
una
posiá6n
intermedia
res
pecto
a
distintas
influencias
y
por
lo
tanto
con
un
gran
inte
r�s
para
su
estudio;
nos
estamos
refiriendo
a
los
yacimientos
de
la zona
catalana,
a
los
cuales
el
aire
mediterráneo
del
Solutrense
renovador
babia
llegado
de
forma
perceptible,
pero
mediatizado
por
otros
influjos
septentrionales
y
orientales
que
daban
como
resultado
la
facies
especial
que
este
momento
presenta
en
las
comarnes
gerundenses.
Otro
aspecto
a
delimitar
previamente
es
el
cronoló
gico.
Ha
sido
nuestra
intenci6n
centrar
este
estudio
en
la
fa
se
solutrense
y
en
sus
industrias
inmediatamente
posteriores,
la
m4s
destacada
de
las
cuales
es
el
So14treo-gravetiense.
Este
proceso
ha
sido
realizable
en
los
yacimientos
cuya
estra
tigrafía.
aceptable
científicamente
hablando,
llegaba
hasta
este
momento,
como
son
el
Parpal161
el
Barranc
Blanc
o
Les
Mallaetos.
En
otros
casos
la
sucesi6n
cultural
se
detenta
9
tras
el
solutrense,
el el
Reclau
Viver
de
Serinyl
o en
el
Cau
de
les
Goges
...
de
Sant
Julil
de
Ramis.
En
algunos
m�s
la
dis
tinci6n
era
imposible
ya
por
falta
de
estratigrafía,
ya
por
parquedad
en
los
hallazgos,
principalmente
en
los
yacimientos
de
la
zona
SUr
y
Este.
Pese
a
todas
esas
dificultades
creemos
que
con es
te
trabajo
llegaremos
a
establecer
una
secuencia
volutiva
re
gular
para
el
Paleolítico
Superior
medio
ib�ricoJ
la
base
es
tarA
en
el
yacimiento
de
mayor
potencia
y
con
una
estratigr
-
fta
más
completa
y
abundante.
el
Parpal16.
Será
respecto
a
él
que iremos perfilando
las
dem4s
secuencias
ib�ricas
para
lle
gar
a
una
coherencia
final.
Pero
en
el
caBO
concreto
del
Parpal16
nuestro
estu
dio
no
ha
queridO
centrarse
en
exclusiva
en
esas
fases
que
nos
interesan
para
el
conjunto
de
esta
obra,
sino
que
hemos
pro
fundizado
en
los
moemntoB
inmediatamente
anterior
y
posterior.
Unos
pre-supuestos
Auriftacienee
y
Magdalonienscs
I
y
II
han
eiod
examinados
y
sus
rectificaciones
ser&n
fundamentadas
a
través
de
las
pAginas
que
siguen.
Muchos
serM
los
yacimientos
que·
apareceran
en
el
transcurso
de
este
trabajo.
cuatro
de
ellos
han
sido
analiza
dos,en
la
profundidad
requerida.
por
la
metodología
nal!tica
10
que
expondremos
a
continuaci6n:
son
el
Parpa116,
el
Barrane
Blane,
el
Ree1au
Viver
y
el
Cau
de
les
Goges.
El
único
de
ellos
que
presentaba
posibilidades
para
realizar
nuevos
trabajos
Din
situ"
era
el
segundo;
la
campafta
de
excavaci6n
di�
unos
re
sultados
que
confirmaban
a
grandes
rasgos
10
intuido
por
su
primitivo
excavador
y
10
realmente
comprobado
por
nosotros
mismos
en
las
series
que
pudimos
analizar
y
que
provenían
de
quel10s
primeros
trabajos
en
la
cueva.
Se
levantaros
además
planos
de
la
cueva
y
dibujos
del
corte
estratigr4fico
realiz�
do,todo
10
cual
acompaña
el
presente
texto.
Los
dem�s
yacimientos
que
hemos
sometido
a
an41isie
han
tenido
su
base
en
las
publicaciones
que
de
sus
materiales
se
han
llevado
a
cabo.
En
algunos
casos
la
informaci6n
ha
po
dido
ser
completa;
en
otoos
las
dificultades
se
han
acrecen
tado
hasta
l!mites
de
hacernos
prescindir
prácticamente
del
yacimiento
por
falta
de
datos.
La
metodología
de
estudio
de
los
materiales
es
siem
pre
un
dato
decisivo
en
cualquier
trabajo
de
tem4tica paleo
litica.
Hay
que
decir
que
en
pro
de
una
mejor
comprensi6n
por
parte
de
los
estudiosos
que
utilizan
los
dos
métodos
m's
ex
tendidos,
el
ideado
por
G.Lap1aco
y
el
ideado
por
el
matrimo
nio
Dardes,
hemos
raiizado
los
an4�is
de
la
casi
totalidad
1
1
de
los
útiles
revisados
mediante
ambos
sistemas.
Estamos
en
favor
de
la
comunicaciSn
abierta
entre
todos
los
m�todos
de
estudio
y
por
ello
nos
hemos
decantado
por
esa
opciSn.
No
por
todo
ello
renunciamos
a
decidirnos por
uno
de
ellos,
el
que
razonadamente
nos
parece
que
reune
una
mayor
posibilidad
de
informarnos
acerca
de
aquellos hombres
que
fue
ron
los
ejecutoros
de
las
industrias
que
estudiamos;
nuestra
opci6n
se
decanta
por
el
sistema
tipolSgico
analítico
de
G.
Laplace;
su
uplicaci6n
en
el
campo
de
la
descripci6n
de
los
útiles
es
decisiva,
superando
antiguas
ambigaedades
de
otros
m�todos;
al
mismo
tiempo
desarrolla
HKX
unas
líneas
investi
gadoras
propias
en
el
aspecto
de
la
interpretaci6n de
los
da
tos
obtenidos
de
los
análisis
basadas
en
criterios
estadÍsti
co-matemáticos
muy
rigurosos
y
que
quedan
muy
por
encima
del
nivel
de
exigencia
que
sc
ten�!a
anteriormente.
�n
conjunto
la
m
yor
objetividad
y
reflexi6n
ante
las
industrias
son
los
pilares
básicos
de
esta
tipología
que
es,
en
nuestra
opini6n,
la
de
mayor
porvenir
en
la
evolución
de
los
estudios
paleol!
cos;
el
hecho
de
ser
abierta
ya
en
su
lista
tipo,
y
cambiante,
en
movimiento
de
avance
cultural,
por
contradicci6n
respecto
a
10
establecido,
le
hacen
tener
esta
6ptima
perspectiva.
tu
voldmen
único
y
aparte
de
los
que
componen
pre
piamente
este
trabajo
se
ofrece
una
muy
interesante
colecci6n
12
de
l�inas;
basamos
su
importancia
en
que
muchos
de
los
útiles
allí
representados
son
totalmente
in&ditos;
concretamente
todos
los
pertenecientes
al
Barranc
Blanc
no
han
visto
nunca
la
luz.
Refiriendonos
a
este
yacimiento
cabe
sefialar
que
no
son
s8lo
los
dibujos
sino
todo
el
texto,
los
análisis,
la
estratigrafía
detellada.
etc.,
que
son
in6ditos,
lo
cual
confiere
un
mayor
matiz
de
originalidad
a
esto
trabajo.
Los
despazamientos
que
hemos
efectuado
por
la
penín
sula
se
han
visto
siempre
acompafiados
de
la
amabilidad
de
Lae
personas
rectoras
de
los
organismos
a
los
que
nos
hemos
diri
gido.
Hay
que
mencionar
en
primer
lugar,
preeminente,
al
Ser
vicio
de Investigaci6n
Prehist6rica
de
la
Diputaci6n
Provin
cial
de
Valencia.
sin
cuya
generosidad
no
hubiese
sido
posi
ble
ni
tan
s6lo
plantear
esta
teDIo�tieaj
en
las
peDsonas
de
su
director,
D.Domingo
Fletcher
Valls.
y
de
su
subdirector,
D.
En
rique
Pla
Ballester,
concretamos
nuestro
agradeeim&ento,
exten
sivo
por
damAs
al
resto
del
personal.
investigador
y
subalter
no,
de
dicha
instituci6n.
Metidos
en
la
zona
valenciana
hay
que
recordar
aquí
la
amable
acogida
de
los
amigos
de
GandIa,
tanto
durante
nuestras
visitas
de
estudio
como
con
ocasi611
de
la
excavaci6n
del
Barranc
Blanc;
nos
referimos
a
D.Vicente
Gu
rre8
Craspo
y
a
D.José
Camarena,
que
sostienen
en
su
ciudad
un
peque50
Museo
de
Prehistoria
que
contiene
riquezas
de
las
cuevas
de
la
comarca
de
gran
valor.
Nuestra
labor
en
tierras
catalanas
se
ha
visto
fa
cilitada
para
el
estudio
de
los
materiales
líticos
de
nues
tras
cuevas
por
la
colaboraci6n
del
Dr.
Eduardo
Ripol16
direc
tor
del
Museo
Arqueo16gico
de
Barcclona6
que
nos
facilit6
el
acceso
a
las
colecciones
del
Cau
do
les
Gages
de
SW1t
JuliA
de
Ramis
que
se
guerdan
en
las
vitrinas
de
dicho
��Beo;
en
Gerona
ea
Servei
dlInvostigacions
Arqueo16giqucs,
y
m�s
con
cretamente
BU
iIlJ.embro
D.
Narcís
501er6
nos
ofreciÓ
materiales
pur-a
su
estudio;
en
Banyoles
agradecemos
las
facilidades
da
das
para
analizar
los
materiales
del
Reclau
Viver
al
Centre
dI
Estudis
Comarcals
y
al
conservador
del
Museq6.e
Prehistoria
D.Josep
Tarros.
A
nivel
de
consultas
y
orientaciones
deben
figurar
a
la
cabeza
las
del
director
de
este
trabajo,
el
»r.Joan
Ma
luqucr
de �wtes.
Tambi�n
agradecemos
las
del
joven
prehisto
riador
Javier
Fortea,
que
nos
ha
acogido
siempre
con
gran
ama
bilidad
en
coloquios,
congresos
y
excavaciones,
donde
han
sur
gido
temas
de
gr&l
interés
en
horas
de
comnn
conversaci6n,
que
nos
han
enriquecido
mucho
en
nuestro
bagaje
de
conocimientos.
1�
Tras
ellos
diversos
profesores
y
compañeros
debe
rian
desfilar
poe
estas
líneas
en
sincero
agradecimiento.
Ha
blar!amos
del
maestro
G.Laplace,
cuyas
esperanzas
en
la
ju
ventud
nos
han
animado
siempre
a todos
los
que
hemos
asisti
do
a
sus
scminarios
anuales
de
Arudy,
impregnandonos
de
su
alegría
y
de
su
lucha
por
la
vida
y
la
libertad;
de
Ignacio
Barandiarán
y
de
su
"grupo
de
Zaragoza"
forjado
en
los
año
s
de
docencia
en
aquella
ciudad,
con
el
cual
mantuvimos
estrechos
contactos;
de
Pilar
Utrilla,
la
representante
de
ese
grupo
que
ru6s
afines
materias
trata
respecto
a
las
nuestras,
y
por
ello
con
la
que
una
relaci6n
m4s
estrecha
hemos
tenido.
de
Jordi
Est6vcz
y
Assunci6
Vila,
compañeros
do
Burso
y
do
orien
taci6n
profesional,
con
los
cuales
hemos
departido
horas
de
clase
y
de
conferencias,
as!
como
del
ya
aludido
Narc!s
Soler;
de
los
profesores
de
esta
casa,
presentes
y
ausentes
hoy.
ba
jo
cuya
tutel
nos
hemos
fO!'lllado,
intentando
aprovechar
al
m4ximo
sus
ense1anzas
y
experiencias
en
pro
de
una
formaci6n
integral
de
historiador;
de
los
profesores
Jordti
y
Almagro,
padre
e
hijo,
cuyas
conversaciones
y
contactos
nos
han
abier
to
nuevos
campos.
y
de
los
j6venes
compañeros
prehistoriado
res
de
las
Univeesidades
de
Barcelona,
Zaragoza,
Madrid
y
Sa-
1
amanea
#
y
de
cuantos,
en
general,
han
colaborado
en
la
tarea
-de
llevar
a
feliz
t�rmino
este
trabajo.
15
y
por
fin
un
obligado
recuerdo
se
sentido
agrade
cimiento
a
mi
abuelo,
y
en
él
a
toda
la
familia,
pues
gracias
a
�1,
a
la
diaria
convivencia
y
a
sus
orientaciones
hemos
po
dido
llegar
a
adquirir
la
madurez
suficiente
como
para
atre
vernos
a
plantear
una
tcm4tica
como
l�
que
sigue.
10
ESTADO
GENERAL
DE
LA
CUEST:r�N
Nos
parece
obligado
antes
de
adentrarnos
en
el
te
ma
que
nos
hemos
propuesto
desarrollar
intentar
establecer
un
estado
actual
de
la
investigaci�n
en
el
campo
del
Paleolítico
Superior
hispano,
por
lo
que
se
refiere
a
zonas
no
cant!bri-
caso
Dado
que
ya
han
sido
definidos
en
el
capitulo
ini
cial
de
la
introducci&n
los
l!mites
espaciales
y
cronol&gico.
de
este
trabajo,
seguiremos
ahora
un
orden
de
sucesieSn
en
el
tiempo
al
tratar
de
las
culturas
que
hemos
hallado
de
forma
mAs
o
menos
numerosa
a
lo
largo
de
este estudio.
La
problem4tica
del
Auriñaciense,
en
el
sentido
u
sado
por
Pericot
en
la
monograf!a
del
ParpallcS
(Pericot
1942),
es
muy
compleja
desde
el
momento
en
que
recientes
trabajos
han
afinado
hasta
extremos
ulveros!miles
las
distinciones
den
tro
del
amplio
campo
.ue
se
incluía
dentro
de
esa
denominaci�n.
La
primera
gran
escisicSn
dentro
del
gran
conjunto
auriñaciense
se
produjo
en
los
años
treinta,
cuando
el
prehis
toriador
franc�s
D.Peyrony
definicS
el
conjunto
perigordiense
(Peyrony
1933)
y
poco
m�s
adelante
lo
subdividicS
en
cinco
fa
ses
(Peyrony
1936),
esbozadas
ya
en
la
primera
publicaci�n.
AfineS m4s
en
la
l1J.tima
de
ellas
para
diferenciar
un
Perigor-
diense
Va
o
VI
con
puntas
de
La
Font-Robert,
un
Perigordien
se
Vb
o
V2
con
elementos
truncados,
y
un
Perigordiense
Vc
o
V3
con
buriles
de
Hoailles
(Peyrony
1934).
Con
posterioridad
se
ha
añadido
un
Perigordiense
VI,
que
no
es
mAs
que
el
Peri
gordiense
III
definido
en
Laugerie
Haute
por
Peyrony,
pero
que
en
excavaciones
mAs
modernas
como
las
del
Abri
Pataud
se
ha
visto
que
ocupaba
una
plaza
final
en
este
período
(Sonneville
Bordes
1960).
Incluso
una
fase
de
Protomagdaleniense
ha
sido
adscrita
al
complejo
perigordiense
(Perigordiense
VII)
en
ba
se
a
los
hallazgos
en
la
estaci�n
al
aire
libre
de
Corbiac
(Bordes
y
Sonneville
Bordes
1966)
o
en
las
excavaciones
de
Laugerie
Haute
Este,
niveles
38-36
(Bordes
1968,
Bordes
y
Son
neville
Bordes
1966).
M4s
recientes
tendencias
se
inclinan
por
desgajar
del
tronco
perigordiense
algunas
de
sus
fases:
así tenemos
que
el
Perigordiense
I
tiende
a
individualizarse
como
fase
chatelperroniense
(Garrod
1938),
con
elementos
tan
claros
en
su
identificaci�n
como
las
puntas
de
ChAtelperron¡
hoy
en
dÍa
puede
identificarse
con
el
Perigordiense
Inferior.
El
Perigordiense
II
ha
sido
borrado
del
mapa
dada
su
clara
atribuci8n
a
la
fase
auriñaciense
que
discurre pa
ralela
en
algunos
casos
a
la
perigordiense
(Sonneville
Bor
des
1955).
1R
El
Perigordiense
III
ya
hemos
visto
que
se
convertía
en
Perigordiense
VI
en
virtud
de
nuevas
investigaciones
(5on
neville
Bordes
1960).
El
Perigordiense
SUperior,
que
comprende
las
fases
IV.
V Y
VI,
contiene
en
su
interior
al
Grave�nse.
Si
bien
en
la
regi�n
donde
se
ha
definido
el
conjunto,
el
P�rigord,
no
se
ha
identificado
de
forma
separada
esta
dltima
cultura,
en
muchas
otras
sí
que
puede
definirse
una
fase
de
Perigordien
se
Superior
o
Gravetiense
(por
ejemplo
en
los
Pirineos,
Clot
tes
1976,
p.1218).
Para
el
Perigordiense
Superior
bsensu
stricto"
nos
remitimos
a
los
mAs
recientes
datos
poporcionados
por
los
in
vestigadores
que
trabajan
en
concreto
en
la
regi�n
(Rigaud
1976a
y
1976b).
Un
estudio
de
síntesis
b!sico
había
sido
has
ta
el
momento
el
artículo
de
F.Bordes sobre
la
cuesti�n
peri
gordiense,
ahora
ya
ligeramente
superado
a
la
luz
de
las
nue
vas
excavaciones
(Bordes
1968).
Volviendo
a
las
teorías
de
Rigaud,
no
rompe
con
lo
establecido
para
las
cuatro
fases
de
los
Perigordienses
IV
y
V,
con
Gravettes
la
IV,
con
puntas
de
La
Font-Robert
la
Va,
con
elementos
truncados
la
Vb
y
con
buriles
de
Noailles
la
Vc.
Eso
sí,
no
propugna
una
divisi�n
tajante
en
esas
fases,
pues
nuevas
investigaciones
han
reve-
19
lado
que
todos
los
elementos
se
encuentran
en
todas
las
fa
ses,
dominando
ocasionalmante
alguno
de
ellos,
pero
sin
apa
riencia
definitiva.
Posiblemente
aquí
la
estadÍstica
aplica
da
podría
sacar
a
la
luz
la
homogeneidad
o
no
de
las
series
de
los
yacimientos
claves
para
estos
momentos
(Roe
de
Combe,
Flageolet,
Abri
Pataud,
La
Ferrassie,
Les
Jambes,
Les
Battuts).
El
Perigordiensc
VI
sucede
estratigr!ficamente
a
las
fases
anteriores
y
es
una
industria
polimorfa
como
lo
han
sido
esos
momentos
precedentes
de
los
que
deriva.
El
paso
hacia
estructuras
magdalenienses
se
detec
ta
ya
en
el
nivel
final
del
Perigordiense
Superior,
el
Peri
gordiense
VII
o
Protomagdaleniense.
Pocos
hallazgos
se
han
realizado
últimamente
en
esta
fase
desde
su
identificaci6n
por
H.L.�lovius
y
R.B.Clay
en
Laugerie
Haute
(Clay
1968).
Tras
exponer
hasta
aquí
la
l'ínea
pcrigordiense
den
tro
del
Paleolítico
Superior
inicial,
no
olvidemOS
el
tronco
originario
de
tal
cultura,
el
Auriñaciense.
La
coexistencia
de
ambas
culturas
es
un
hec»o
dada
su
interestratificaci6n
en
numerosos
yacementos.
Pero
algunas
importantes
divergencias
surgen
al
tratar
de
su
origen;
un
"phylum"
común
les
supone
Laplace
en
su
acertada
hip6tesis
del
sintetotipo
indiferencia
do
que
presentarta
características
tanto
auriñacienses
como
20
perigordienses
en
el
inicio
(Laplace 1958);
por
otra
parte
la
tesis
contraria
es
sostenida
por
F.Bordes,
que
postula
ya
un
origen
distinto
del
Castelperroniense
(fase
inicial
del
Peri
gordiense)
y del
Auriftaciense
antiguo
en
base
a
su
hallazgo,
interestratificados
y por
tanto
bien
diferenciados,
en
los
ni
veles
correspondientes
de
Roe
de
Combe
y
de
Piage
(Bordes
y
Labrot
1967).
Quiz4s
puedan
aportan
nueva
informaci6n
sobre
esta
problemática
las
met6dicas
excavaciones
que
est�
realizan
do
en
niveles
castelperronienses
el
prehistoriador
franc�s
Fr.
Lev&que.
El
Aurifiaciense,
que
algunos
definen
como
típico
(Sonneville
Bordes
1966,
P.S)
y
que
nosotros
preferimos
dejar
lo
sin
calificativos,
Auriftaciense
y
basta,
debe
situarse
en
tre
el
Castelperroniense
y
el
complejo
final
del
Perigordien
se-Gravetiense.
No
hay
que
concebirlo,
sin
embargo,como
una
unidad
cerrada
respecto
a
las
fases
que
lo
limitan,
ya
que
se
interestratifica
con
todas
ellas.
En
rigor
se
le
han
distin
guido
al
Aul'iñaciense
cuatro
fases,
pero
un
Aurifiaciense
V
se
identific6
en
el
limite
edreixtfmiX.
el
Perigordiense
VII
o
Protomagdaleniense
y
el
inicio
del
momento
solutrense
(Bor
des
y
Sonneville
Bordes
1958).
La
problemática
de
esta
última
fase
es
compleja,
pues
el
alejamiento
crono16gico
de
los
me-
21
mentos
fuertes
del
Auriñaciense
parece
separarle
de
los
mis
mos.
la
semejanza
se
ha
establecido
en
el
orden
tipo16gico,
pero
notables
diferencias
se
han
establecido
incluso
en
este
periodo
en
este
sentido,
por
ejemplo
en
La
Ferrassie
(Sackett
1966).
Es
por
todo
ello
que
se
ha
llegado
a
postular
este
mo
mento
como
fase
precursora
del
Solutrense
y
sin
ligaz6n
algu
na
con
el
Auriñaciense
(SOnneville
Bordes
1966,
p.14).
Para
hacerse
una
idea
cabal
de
las
complicadas
in
terestratificaciones
que
se
producen
entre
el
Auriñaciense
y
el
Perigordiense
en
todos
sus
estadios
nos
remitimos
a
las
pu
blicaciones
de
Laville
(Lavillo
1973
y
1975)
en
las
cuales
las
precisines
crono16gicas,
geol6gicas,
sedimentol6gicas,
clim4ticas
y
culturales
llegan
a
extremos
muy
afinados.
Dicho
autor
ha
dividido
la
secuencia
perigordiense
dubante
el
\'iíirm
III
en
14
estadios,
cada
uno
de
los
cuales
tiene
su
atribu
ci6n
clim4tica,
sus
niveles
ya
auriñacienses,
ya
perigordien
ses
en
diversos
yacimientos
y
su
cronolog!a,
buscada
esta
úl
tima
en
un
articulo
firmado
por
14
autores
acerca
de
la
meto
dología
y
cronolog!a
del
Cuaternario
reciente
(Bintz
y
otros
1974).
AdamAs
de
la
ya
comentada
y
demostrada
contemporanei
dad
de
los
inicios
por
separado
del
Castelperroniense
y
del
Auriñaciense,
Laville
ha
establecido
también
la
misma
unidad
crono16gica
entre
el
Perigordiense
IV
(Gravetiense)
de
Combe
22
Capelle
y
los
Auriñacienses
III
y
IV
de
La
Ferrassie.
Esa
i
dentidad
la
alarga
F.Bordes
hasta
las
fases
finales
basandose
en
el
Perigordiense
VII
o
Protomagdaleniense
y
en
el
Aurifia
ciense
V,
que
sin
embargo
ya
hemos
visto
que
pOdría
tener.
mAs
lazos
con
el
Solutrense
posterior
que
con
el
Auriñaciense
(Bordes
y
Sonneville
Bordes
1966).
Le
extensi6n
europea del
Auriñaciense
o
sus
indus
trias
afines
no
es
excesiva
pero
si
cabe
remarcarla,
centran
dola
en
unos
pocos
yacimientos
con
restos
atribuibles
a
esta
fase.
En
Europa
Central
podemos
citar
las
estaciones
de
Volgherd
en
Alemania
y
de
Willendorf
II,
niveles
2-4,
en
Aus
tria;
mAs
hacia
el
Este
destacaremos
los
de
Istal16sko
en
Hun
gria,
Potoka
Zijalka
en
Yugoslavia
y
Bacho
Kiro
en
Bulgaria
(Coles
y
Higgs
1969).
Para
el
primero
de
estos
Úktimos
yaci.
mientas
tenemos
abundancia
de
datos
de
su
regi6n,
la
de
las
montañas
de
BU�J
a
la
ya
citada
cueva
cabe
afiadir
otra
serie
con
restos
auriñaciensesl
son
las
de
Peso�
Szeleta ;
para
una
fase
inicial
,
similar
al
Castelperroniense,
se
cita
la
cueva
de
otto
Herman
(Vertes
19568).
Pamuna
moderna
revi
si6n
de
la
problem4tica
auriñaciense
europea
sugerimos
la
con
sulta
del
XVI
coloquio
del
Congreso
Internacional
de
Ciencias
Prehist6ricas
y
Protohist6ricas
de
Niza,
con
artículos
de
per-
23
sonalidades
tan
reconocidas
como
Hahn.
Kozlowski,KLima.
Otte.
Banesz
o
Valoch
(Kozlowski
1916a).
Para
fina14zar
esta
visi&n
a
la
fase
inicial
del
Paleolítico
&\perior
debemos
tratar
el
estado
de
la
cuesti&n
gravetiense.
Ya
hemos
señalado
que
no
es
en
el
Périgord
donde
mejor
puede
definiese
esa
cultura.
que
queda
oculta
entre
los
Perigordienses
IV.
V
y
VI.
Sin
embargo
el
fundamento
reside
precisamente
en
el
Perigordiense
IV
con
puntas
de
La
Gravette,
fase
que
en
muchos
lugares
revestir�
una
importancia
capital
hasta
el
punto
de
ser
el
hilo
conductor
de
la
evoluci&n
pale
olítica.
El
Gravetiense,
cultura
a
la
que
puede
ir
enlazada
la
idea
del
dorso
rebajado
profundo
y
alto,
es
bAsica
en
el
de
sarrollo
paleolítico
de
diversas
zonas.
En
España
debemos
re
mitirnos
a
las
publicaciones
de
Jord4
y
ver
en
ellas
la
impor
tancia
que
tiene
no
5&10
el
momento
gravetlense
sino
su
resur
gimiento
posterior,
el
Epigravetiense
(Jord4
1953),
si
bien
la
exte-nsidn
cultural
no
es
gTande,
su
tradici6n
tendr!
gran
des
repercusiones
en
momentos
futuros.
En
Francia
el
Gravetiense
se
reconoce
sobre
todo
en
las
regiones
meridionales
del
Centro
y
Este
de
los
Pirineos;
allí
ha
sido
claramente
individualizado
en
contraposici&n
al
Perigordiense
c14sico
en
La
Crouzade.
departamento
del
Aude
2�
(Sacchi
1976,
p.1178),
en
La
Carane
3,
cerca
de
Foix,
en
Le
Portel
y
en
T�oulé
(Clottes
1976,
p.1218),
en
la
Grotte
du Pa
pe
de
Brassempouy
(Delporte
1967)
y
en
Gargas,
nivel
mezclado
con
el
�msteriense
(Breuil
y
Cheynier
1958).
Hacia
el
Norte,
en
la
regi�n
parisiens..
la
zona
de
Arcy-sur-Cure
ha dado
tam
bi�n
restos
calificados
de
gravetienses
(Leroi-Gourhan,
Br�
zillon
y
Schmider.
1976,
p.1236).
nos
referimos
a
la
Grotte
du
Renne
(Leroi-Gourhan,
A.
y
Arl.
1964),
al
yacimiento
de
Tri
lobite
y
des
F�es
y
al
conjunto
de
abrigos
del
macizo
de
Fon
tainebleau
(Sbhmider
1971).
La
problemAtica
gravetiense
adquiere
l!mites
exten
sos
cuando
pasamos
a
tratar
la
península
italiana.
Pueden
se
guirse
en
ella
todas
las
fases
evolutivas
del
Gravetienses
desde
el
momento
con
buriles
de
Noailles,
que
se
corresponde
con
el
Perigordiense
Vc
franc�s,
hasta estadios
evolucionados
y
finales.
La
extensi&n
italiana
del
Gravetiense
tiene
una
f�
cil
explicaci6n:
por
su
altísimo
índice
de
dorso
rebajado,
se
conocen
bajo
este
nombre
todas
las
industrias
peninsulares
hasta
�poca
epipaleol!tica,
es
decir,
las
equivalentes
cro
nol6gicamente
al
Solutrense,
Magdaleniense
y
Aziliense
de
la
Europa
continental.
El
Gravetiense evolucionado
con
buriles
de
Noailles
se
identific&
por
vez
primera
en
Italia
en
el
Abrigo
Mochi
2�
(alanc
1938,
1953).
Otros
yacimientos
con
tal
industria
pue
den
ser
el
de
superficie
de
Latcrina
(Cocchi
1952),
Palidoro
y
Grotte
de
la
Cala
y
de
la
Calanca,
ambas
cerca
de
Salerno
(Palma
di
Cesnola
1971,
Vigliardi
y
Bardazzi
1976).
La
fase
gravetiense
evolucionada
con
puntas
de
La
Font-Robert
viene
representada
en
Italia
por
las industrias
del
nivel
21
de
la
Grotta
Paglicci
(Palma
di
Cesnola
1975).
Para
completar
el
paralelismo
con
el
Perigordiense
V
franc�s,
tenemos
ahora
un
Gravetiense
evolucionado
con
ele
mentos
truncados.
El
nivel
que
mejor
representa
esta
fase
es
el
20
de
la
misma
Grotta
Paglicci,
en
el
Gargano
(Palma
di
Cesnola
1975).
En
ese
mismo
yacimiento
se
ha
descubierto
una
fase
posterior
bautizada
con
el
nombre
de
Gravetiense
bevoluciona
do
final",
cuyo
elemento
m4s
característico
son
las
puntas
de
dorso
angulares,
verdaderas
microgravettes.
Se
ha recogi
do
en
los
niveles
19a
y
1ab.
Por
fin
un
Gravetiense
final,
empobrecido,
se
extien
de
por toda
la
península,
Abrigo
Machi,
Paglicci
18a,
Monte
Langa,
etc
••
Es
en
superposici�n
a
esta
fase
en
que
puede
de
tectarse
un
paso
del
Solutresse
por
Italia,
circunstancia
que
a
lo
largo
de
nuestro
trabajo
revestir!
especial
importancia
2[,
a
la
hora
de
definir
culturas
en
la
cuenca
mediterrAnea.
Hay
que
remarcar
que
para
una
recopilaci�n
a
fondo
de
datos
hay
que
referirse
a
los
trabajos
de
Laplace
(Laplace
1964
y
1966)
y
a
una
recopilaci&n
reciente,
escueta
pero
completa,
de
las
fases
iniciales
del Paleolítico
Superior
en
Italia
(Palma
di
Cesnola
1976).
En
el
campo de
Europa
Central
no
son
ta.
excesivos
los
lugares
que
puedan
atribuirse
al
Gravetiense
(Hahn
1976).
Destacan
la
estaci�n
de
��uern,
en
Alemania,
y
sobre
todo
el
conjunto
situado
en
Eslovaquia
y
Moravia
definido
como
Pavlo
viense¡
dent�o
del
mismo
se
tiende
ya
a
la
microlitizaci�n
y
al
geometrismo,
es
decir,
hay
un
alejamiento
de
lo
concebido
como
Gravetiense
"t!pico
";
otros
importantes
yacimientos
de
tra
dici&n
gravetiense
en
la
misma
zona
son
Do1ni
Vestonice,
Pred
most
y
Brno
(K1ima
1976)¡
en
Yugoslavia,
y
concretamente
en
la
regi�n
de
Bosnia,
tenemos
una
industria
gravetiense
en
el
yacimiento
de
Kadar
(Montet-White
y
Bas1er
1977).
Ya
dentro
del
llamado
Gravetiense
oriental
puden
in
tegrarse
los
conjuntos
con
puntas
de
escotadura del
Wi11endor
fiense
(Felgenhauer
1959),
del
Moldoviense
y del
Kostienkiense
(Kozlowslci
1976b),
as!
como
un
conjunto
h.tngaro
de
Gravetiense
m4s
puro,
con
yacimientos
como
Sagvar
y
Pilesmarot
(De1porte
27
1957).
El
conjunto
de
Willendorf
II�
niveles
5-9
representa
u
na
sácesi6n
a
una
fase
auriftacoide
y
consta
ahora
de
hojas
y
puntas
de
dorso
rebajado
que
le
hacen
f�ci1mente
adscribible
a
la
raíz
gravetiense.
En
ese
mismo
camino
de
industrias
de
dosso
rebajado de
tradici6n
gravetiense
y
fechadas
en
�pocas
realmente
paralelas
a
las
fases
correspondientes de
la
Europa
occidental
tonemos
los
yacimientos
ep&nimos
de
las
dos
cultu
ras
quc
acabamos
de
citar,
ambos
en
la
Unión
Sovi�tica:
nos
refcrimos
a
Kostienki
I
y
a
Moldova
V.
Algunos
restos
atribu
ibles
a
esta
fase
se
han
detectado
tambi�n
en
lugares
tan
dis
persos
como
la
cueva
de
Seidi,
en
Gracia,
o
la
de
Shanidar,
situada
al
Norte
del
Irak,
cerca
de
la
frontera
con
Turquía
y
en
las
estribaciones
de
los
Zagros
(Coles
y
Higgs
1969).
Tras
este
apartado
inicial
del
capitulo
dedicado
al
estado
general
de
la
cuestión
inicial
del
Paleolítico
SUperior,
vamos
a
esbozar
ligeramente
el
panorama
de
la
zona
peninsular
que
tratamos
en
este
trabajo.
En
Catalunya
la
sucesión
casi
completa
a
partir
del
Castelperroniense
la
detectó,
al
parecer,
Corominas
en
sus
excavaciones
del
Reclau
Viver
de
Serinyl
(Co
rominas
1946)J
sin
embargo
nuevas
investigaciones
mucho
más
pro
fundas
parecen
tildar
de
infundada.
esta
teoría,
atribuyendo
la
fase
inicial
de
la
cueva
a
un
momento
auriñacoide
(Est�vez
1975
y
1976b).
Por
una
atribución
al
Aurifiaciense
típico
pa-
2H
recen
inclinarse
otros
autores
(Sonneville
Bordes
1973,
Ber
naldo
de
Quir6s
1976).
En
la
misma
zona
de
Serinyh
quedamos
a
la
espera
de
los
nuevos
descubrimientos
que
pueda
proporcio
narno�'Arbreda.
cuya
estratigrafía
l�ega
al
Musteriense.
Dentro
de
ese
mismo
Aurifiaciense
hay
que
pasar
a
la
zona
levantina
para
hallar
restos
atribuibles
a
ese
período.
Los
mAs
seguros,
puesto
que
prováenen
de
una
excavaci6n
recien
te,
son
las
pertenecientes
a
la
cueva
de
Les
Mallaetes
(Barx,
Valencia).
en
sus
estratos
XIV
al
XI,
sector
Oeste;
a
ello
hay
que
unir
la
dataci6n
radiocarb6nica
KN-l/926
con
un
resul
tado
de
2969o±S60Bf27740
Be).
Todo
esto
constituye
una
parte
del
estudio
monogr&fico
del
yacimiento,
adn
en
elaboraci6n,
y
que ha
sido
publicada
recientemente
en
forma
de
avance
(For-
yea
y
JordA
1976).
En
la
misma
zona
levantina
se
sospecharon
algunos
materiales
aurifiacienses
entre
los
restos
musterienses
de
la
Cova
Negra
de
Bellús,
cerca
de
XAtiva
(Jord&
1946),
que
se
a
tribuyeron
en
un
principio
a
un
Auriñaciinse
inicial.
Sobre
el
papel
tambi�n
fue
auriñaciense
el
nivel
inferior
del
Pa�
pal16
(Pericot
1942),
pero
su
clara
facies
gravetiense
ha
sidd
detectada
f&cilmente;
en
este
tRbajo
y
en
su
lugar
correspon
diente
pueden
comprobarse
los
an4lisis,
recuentos
y
observa
ciones
de
este
nivel.
29
Siguiendo
hacia
el
Sur
rastreamos
unos
niveles
au
rifíacienses
entre
los
restos
de
la
co1ecci6n
Siret
estudiados
por
J.Fortea
para
la
cueva
de Las
Perneras
en
Y�rcia
(Fortea
1973,
Pp.
257-278).
Para
la
Cueva
de
Ambrosio
(V�lez
Blanco,
Almer!a)
hay
recientes
estudios
que
nos
hablan
de
un
nivel
au
riftaciense
por
debajo
del
típico
solutrense
del
yacimiento
(Botella
1975).
Sin
embargo
no
creemos
que
haya
posibilidades
de
sacar
un
gran
provecho
del
mismo
debido
a
la
voladura
del
yacimiento
recientemente
ocurrida.
Hubo
otros
niveles
que
fueron
atribuidos
cl�sicamen
te
al
Auriñaciense
sin
m�s
preocupaciones,
pero
qpe
ahora
pa
recen
rectificarse
en
favor
de
un
Perigordiense
Superior
(Ber
naldo
de
Quir6s
1976):
nos
referimos
a
los
de
Gorham'
s
Cave
de
Gibraltar
(Waechter
1951,1913
y
1964)
y
a
los
de
Hoyo
de
la
Mina
en
Málaga
y
Carigaela
de.
Pifiar
en
Granada.
Sin
embargo
otras
opiniones
nos
inclinarían
m�s
bien
a
un
Gravetiense
pa
ra
estos
yacimientos
(Pericot
1963,
p.90).
El
gran
sistematizador
del
Gravetiense
en
1
penín
sula
ib�rica
es
el
profesor
F.JordA
(JordA
1953).
Su
siste-
ma
en
tres
fases
para
este
período
y
al
mismo
tiempo
una
visi6n
muy
completa
del
momento
posterior,
Epigravetiense,
han
servi
do
hasta
hoy
para
trazar
los
esquemas
bAsicos
del
país.
En
el
Sur
se
señalan
los
yacimientos
de
ZAjara
II
(Vera,
Almería),
30
del
Cejo
del
Pantano
(Totana.
MUrcia)
y
de
AmbrosiQ
(V�é1ez-
Blanco.
Almería),
del
Paloma
rico
(Maze.rr&n,
lIh1rcia)
y
del
Los
�wrci�lagos
(Lubr!n,
Almoría)
como
Gravetiense,
con
difícil
distinci&n
de
su
momento
epigravetiense,
en
este
trabajo
in-
tentaremos
este.blecer
la
verdadera
identidad
de
esos
yaci-
mientos
en
base
a
los
estudios
publicados
hasta
el
momento.
Yacimientos
gravetienses,
pero
que
hoy
en
dIa
pare-
cen
considerarse
m4s
bien
posteriores,
epigravetienscs,
son
los
hallados
por
S.Vi1aseca
en
la
provincia
de
Tarragona:
la
Bauma
de
Sant
Gregori,
cerca
de
Falset,
es
el
mAs
ricoJ
las
dudas
surgen
al
tratar
de
otros
lugares
como
el
Pinell,
la
cueva
de
La
Mallada
o
la
del
Filador,
dercs
de
Milrgalef.
Queda
hasta
aquí
esbozada
la
cuest'i&n
del
inicio
del
Paleolítico
Superior
y
su
primer
desarrollo.
Vamos
ahora
a
exponer
el
estado
actual
de
los
estudios
sobre
la
cultura
b4sica
en
la
que
hemos
asentado
nuestro
trabajo,
el
Solutren-
se.
Seguiremos,
ante
todo,
la
historia
de
la
primera
sistematizaci&n
solutrense.
Tras
ella
esbozaremos
las
teorías
acerca
del
origen
del
Solutrense, quizás
el
punto
mAs
contro-
vertido,
para
terminar
este
estado
de
la
cuesti6n
con
una
re-
consideraci6n
de
la
problem4tica
actual
de
este
período
que
DOS
ocupa.
31
La
dillfana
claridad
que
les
aportaban
sus
fllsiles
directores
hizo
pronto
individualizar
los
niveles
que
se
cono
cerIan
como
solutrenses
a
los
primeros
investigadores.
La
fi
jacieSn
de
la
sucesieSn
de
industrias
en
el
Paleolítico
Superior
llevada
a
cabo
por
Breuil
(Breuil
1912)
constituy6
el
bauti-
zo
tambi�n
para
el
Solutrense.
El
llamado
upadre
de
la
Prehis
toria"
esbozeS
all!
una
sucesicSn
de
niveles
en
el
interior
del
Solutrense,
concretamente
tres.
que
luego
han
sido
seguidos
com
muy
pocas
.ariantes
hasta
nuestros
dÍas,
10
cual
demuestra
el
gran
acierto
de
Breuil.
su
gran
visieSn,
no
superada
por
aho
ra
por
casi
ninguno
de
los
investigadores
del
Solutrense.
en
la
linea
tradicional.
En
10
que
llameS
Protosolutrense
o
Solutrense
Inferior,
destacaba
como
feSsi.l
director
las
puntas de
cara
plana,
con
retoques
planos
s6lo
en
la
cara
superior,
dejando
la
inferior,
como
su
nombre
indica,
lisa,
sin
retocar,
o,
en
algÚn
caso,
con
algdn
retoque
en
la
parte
proximal,
atacando
el
bulbo
pa
lograr
su
desaparicicS�.
Ya
en
Solutrense
Medio
di6
como
clave
las
namadas
hojas
de
laurel,
que
presentan
un
retoque
plano
totalmente
bifacial,
posible
evolucieSn
del
tipo
anterior,
del
de
cara
pla
na.
Tambi�
halleS
como
típicos
los
tipos
as��tricosl
mAs
o
menos
con
una
escotadul'a,
incipiente
alÚl.
32
y
por
fin
encontr&
Breuil
como
elemento
definito-
rio
del
Solutrense
Superior
las
puntas
de
escotadura
atípicas,
es
decir,
las
consegáidas
por
retoques
planos.
El
autor
cen
tra
su
origen
en
la
regi6n
francesa
de
la
Dordeña,
concretamen
te
en
las
puntas
de
escotadura
atípicas,
es
decir,
consegui
das
por
retoque
abrupto,
del
período
perigordiense.
No
las
ha
ce
derivar
de
la
hoja
de
laurel
sino
de
raíces
aurifiacienses
rastreadas
en
Willendorf,
Grimaldi
y
la
Dordoña.
Por
su
parte
Pericot
(Pericot
1962)
no
se
atreve
a
aceptar
totalmente esta
hip6tesis
y
hace
oscilar
el
origen
do
la
punta
de
escotadura
entre
10
ya
mencionado
y
las
culturas
gravetienses
levantinas
de
aire
africano.
Breuil
adapt6,
en
la
reedici6n
hecha
en
1937
de
la
obra
que
comentamos
(Breuil
1912)
las
puntas
de
base
c6ncava
y
las
puntas
de
aletas
y
peddnculo
también
como
f6siles
directores
de
este
momento
del
Solutren
se
Superior.
Cabe
señalar
aquí
que
en
el
Parpal16
tenemos
ya
los
"dimonis",
puntas
de
aletas
y
pedúnculo,
en
el
Solutrense
Medio,
concretamente
en
número
de
cinco,
una
unifacial
y
cua
tro
bifaciales,
como
veremos
m4s
adelante.
En
cuanto
a
su
origen,
que
es
el
punto
más
controver
tido
de
la
cuesti6n
solutrense,
Breuil
lo
citaba
ya
como
mis
terioso,
si
bien
añadía
textualmente
que
"quizás
nos
lleg6
del
Este",
(Breuil
1912,
p.34).
Desechaba
la
hip6tesis
del
ol'igen
33
mediterráneo
occidental
por
no
conocerse.
hasta
el
moemto
en
estas
regmones
yacimientos
con
Protosolutrense
o
Solutrense
Inferior.
Hablaba
también
Breuil
de
evoluci6n
a
partir
de
un
Achelensel
cita
clásica
hecha
ya
por
predecesores
supps,
y
que
derivaría
en
un
�1usteriense
Superior
con
pequeños
bifllCec,
pe
qom1as
hachas
de
mano
quc
darIan lugar,
por
aplanamiento
con
tInuo,
a
las
hojas
solutrenses
bifaciales.
Esta
evoluci6n
pu
do
haberse
dado
en
diversos
puntos
por
separado,
en
HungrIa
y
en
España,
donde
tenemos
los
yacimientos
del
�lanzanares
ex
cavados
por
P�rez
de
Barradas
que
han
proporcionado
todos
los
elementos
de
la
serie
evolutiva
requerida
por
Breuil,
hachas
de
mano
achelenses,
industria
musteriense
y
algunas
piezas
ple
namonto
solutrenses,
como
veremos
en
su
momento
oportuno.
En
apoyo
de
la
tesis
húngara
estaba
el
yacimiento
de
Predmost
(Moravia),
en
el
que
veia
una
Üllpregnaci6n
de
Solutrense
so
bre
un
medio
aurifiaciensc
evolucionado.
Dejamos
ya
las
teorías
de
Breuil,
pero
pronto
vere
mos
que
todo
el
movimiento
investigador
hasta
hoy
se
ha
cen
trado
en
corroborar
o
rebatir
con
elementos
vAlidos
de
juicio
las
afirmaciones
hechas
por
el
sabio
francés.
Defensor
de
la
tesis
hlÍogara
fue
Hillebrand
(Hillebrand
1919),
pero
fue
re
batido
por
Von
Mottl
(Von
Mottl
1938)
en
su
profundo
estudio
sobre
tofio
el
paleoambiente
y
cultura
de
la
�poca
solutrense
3�
en
Hungría.
Siguiendo
con
las
tesis
centroeuropeas
debemos
citar
ineludiblemente
el
trabajo
llevado
a
cabo
por
G.Freund,
que
profundiz&
en
la
tem�tica
de
las
industrias
con
hojas
en
Euro
pa
(Freund
1952).
Se
diferencia
ya
un
momento
presolutrense,
que
se
relaciona dificultosamente
con
el
Solutrense
occidental
c15sico.
La
talla
bifacial
presolutrense de
la
Europa
Central,
que
se
encuentra
en
el
centro
y
sur
en
Aemania,
Moravia,
Hun
gría,
Crimea
y
C4ucaso,
se
identifica
a&n
en
este
primer
esta
dio
con
los
complejos
culturales
del
Paleolítico
Inferior,
que
emplean
folHiceos
toscos.
Estos
complejos
evolucionan
a
partir
de
un
Achelense
final.
al
que�
suman
elementos
musterienses.
El
resultado
es
una
mezcla
de
foli&ceos
con
puntas
y
raedera
s
mu�terieBses
y
algdnahacha
de
mano.
La
talla.
sin
embargo,
es
a&n
por
percusi8n,
no
por�esi6n.
De
hecho
se
estS
describien
do
la
industria
szeletiense
de
la
que
ya
hablaron
Breuil,
y
Hillebrand,
o
el
Altmuhliense
citado
por
Bohmers,
y
las
indus
trias
de
foli&ceos
de
Crimea,
Polonia
y
Moravia.
Freund
distingui6
tres
estadio
evolutivos
presolutren
ses
que
identific8
con
tres
yacimientos
centroeuropeos:
I,
fa
se
de
Kosten¡
II.
fase
de
Ranis;
III,
fase
de
Mauern.
La
re
laci6n
de
este
Presolutrense
con
el
posterior,
al
parecer.,
3fJ
Solutrense
occidental
no
es
muy
clara.
Los
impulsos
aurifla
cienses
y
gravetienses
entierran
el
Presolutrensc,
que
sin
em
bargo
seguir'
latente
hasta
su
eclosi6n
que
dar!
lugar
al
Pro
tosolutrense,
inicio
del
Solutrense
c14sico.
Este
resurgimiento
di6
lugar
a
industrias
locales,
como
en
Moravia
y
Polonia,
con
un
UI
rcado
carActer
auriflacie.nsc,
como
acabamos
de
ver.
Sin
embargo
la
autora
no
acepta
la
relaci6n
directa
entre
Solu
trense
oriental
y
occidental.
Rehusa
totalmente,
por
otra
par
te,
la
hip6tesis
africana
que
luego
apuntaremos.
Philip
9nith
no
acepta
este
término
de
Prcsolutren
se,
que
encuentra
desacertado
ya
que
designa
una
indu
tria
que
es
"algo
diferente
a
una
industria
de
piezaBllfolil1ceas"
(Smitb
1966,
p.346).
Para
Verte
s
(Vertes
1956b)
las
montañas
de Bükk
re
presentan
la
forma
m4s
pura
del
Szeletiense,
derivado
de
un
Musteriense
de
"B1attspitzenn•
El
mismo
autor
niega
totalmen
te
toda relaci6n
entre
la
industria
szeletiense
y
el
Protosolu
trense
occidental
como
posible
derivaci6n
de
aquélla.
Esta
misma
opini6n
18
RUscriben
m!ssadelante
inves
tigadores
del
problema
Szeletiense
-
Solutrense
occidental
como
Smith,
Valoch
y
Delporte.
Viene
a
sumarse
a
ello
la
data
ci6n
radiocarb6nica
obtenida
de
una
muesUa
de
carbón
para
el
Szeletiense
de
Certova
Pec,
Radosina.
en
Checoslovaquia.
3f.
El
an'lisis
GrN-2438
daba
3645o±2100
años
antes
de
nuestra
era,
pero
la
muestra
era
escasa
y
lamcha
es,
al
parecer,
al
go
reciente
(Radiocarbon,
vol.6,
1965,
p.352).
Entre
los
autores
españoles
partidarios
de
las
teo
rías
del
Presolutrense
de
Freund
destaca
por
encima
de
todos
Jord4,
cuyos
estudios
dedicados
al
mundo
solutrense
se
han
visto
impregnados
por
las
teorías
de
la
autora
anteriormente
mencionada.
En
BU
Tesis
Dootoral
(JordA
1955)
hace
una
detalla
da
exposici6n
de
los
yacimientos
españoles
y
los
analiza
a
la
luz
de
las
teorías
m's
en
boga
en
aquellos
momontos.
Acepta
el
aludido
Presolutrense
de
Freund
y
se
lanza
a
buscar
preceden
tes
solutrenses,
o
mejor, foli4ceos,
en
yacimientos
franceses.
Así
se
citan
las
puntas
dobles
hemisolutrenses
de
La
Quina
(�lartin
1907-1909)
y
otras
piezas
que
pre-anuncian
el
Solutren
se
en
niveles
de
Musteriense
»típico
de
La Ferrassie,
Le
Mous
tier,
etc
••
Por
otra
parte
cita
también
los
yacimientos
en
los
que
hay
paso
directo,
es
decir,
superposici6n
del
Solutrense
al
Musteriense:
Abri
Abilly
(Indre-et-Loire),
Abri
Moru
(Point
Saint-Maxence,
Oise),
Le
Figuier
(Ard!che),
Roquecourbiére
(Ari�ge),
y
Le
Placard
(Charente).
Otra
de
la
teorías
que
mAs
fortuna
hizo
fue
la
del
origen
africano
del
Solutrense,
que
ya
hemos
visto
apuntado
en
el
esquema
de
Breuil.
En
realidad
la
hip6tesis
qued6
la-
37
tento
ha�a
que
precisamente
el
hallazgo
por
Pericot
4e
es-
ta
industria
objeto,
entre
otras,
de
nuestro
estudio,
sobre
todo
de
las
famosas
puntas de
aletas
y
pedúnculo,
hizo
saltar
de
nuevo
a
la
palestra
la
teoría
de
un
origen
africano
del
Solutrense.
La
publicaci6n
del
volumen
dedicado
a
la
cueva
del
Parpal16
(Pericot
1942)
difundi6
la
nueva
idea
que,
b�si
comente,
hacía
derivar
el
Solutrense
español
de
la industria
conocido
como
Ateriense,
que
centra
su
esplendor
en
el
4rea
norteafricana,
en
una
edad
que
se
concebía
entonces
como
pró
xima
al
Solutrense.
La
hip6tesis
fue
admitida
por
los
investi
gadores
anglosajones,
entre
los
que
citaremos
a
Burkitt,
Gor
don
Childe
y
�aBS
Catan
Thompson,
mientras
que
la
ciencia
fran
cesa
so
opuso
en cierta
manera
a
admitir
la
teoría
africanis-
tao
En
estos
últimos
años
la
cabeza
visible
de
la
inves
tigaci6n
601utrense
en
cl
país
vecino
ha
sido
el
canadiense
Philip
Smith,
que
ha
rebatido
totalmente
la
tesis
africanis
ta
(Smith
1966)
para
el
Solutrense
español
y
portugu�s,
y
por
ende
para
el
europeo,
Este
autor
hace
m&s
viejo
al
Solutrense
francés
que
al
peninsular,
qme
en
su
opini6n
no
presenta
nin
gdn
caso
claro
de
Protosolutrense
o
Solutrense
Inferior
con
las
típicas
puntas
de
cara
plana.
A
la
luz
de
este
trabajo
creemos
que
hay
algo
de
ello,
no
en
gran
cantidad,
pero
sí
3R
en
la
suficiente
como
para
no
rebatirlo
totalmente.
La
tercera
hip6tesis
acerca
del
origen
del
Solutren
se
es
la
de
su
nacimiento
en tierras
feaneesas,
de
manera
in
dependiente
de
influencias
presolutrenses
orientales
o
de
i
deas
norteafricanas
o
hispano-lusas
occidentales.
Los
autores
franceses
han
sido,
naturalmente,
los
más
firmes
defensores
de
esta
teoría.
Breuil,
pese
a
su
prime
ra
idea
de
un
origen
oriental
(Breuil
1912)
vi6
con
simpatía
la
idea
aut6ctona
y
consider6
tambiAn
a
Francia
como
une
de
los
n�cleos
de
desarrollo
del
Solutrense
europeo.
G.Freund�
si
bien
sigue
siendo
p
rtidaria
del
Presolutrense,
indic6
ya
que
la
evoluci6n
hacia
el
Solutrense
c.'sico
a
partir
de
aqu�l
se
hi
zo
al
Oeste
del
macizo
Central
(Freund
1952).
Peyrony
(Peyrony
1948)
y
Laplace
(Laplace
1959)
son
partidarios
de
una
evolu
ci6n
a
partir
del
Perigordiense
Superior
francés,
que
en
al
gunos
mo�os
presenta
un
retoque
plano
por
presi6n
muy
solu-
treanizante
••
Smith
hace
un
exhaustivo
balance
de
toda
esta
pro
blemática
(Smith
1966,
pp.351-357),
pero
al
final
se
inclina
m5s
por
un
origen
derivado
de
niveles
auriñacienses,
del
que
ya
hablaba
Jord!
(Jordá
1955)
al
referirse
al
retoque
proto
solutrense
como
derivado
del
típico
del
AuriñacienseJ
incluso
39
lleg&
a
proponer
una
relativa
igualdad
Protosolutrense
-
Bost
aurifiacienae.
Smith
concreta
su
teoría
en
un
Auriñaciense
lo
cal
del
valle
bajo
del
R6dano
influenciado
por
una
industria
musteroide
tardÍa
tipo
Abri
Maraa
(Ard�che),
publicado
por
Combier
(Combier
1967,
p.147-162).
Este
investigador
aboga
a
su
vez
por
un
origen
en
los
cañones
y
valles
rodanienses
del
SolutreBse,
sin
una
de
pendencia
perigordiense,
como
remarca
Snith
(Snith
1966,
p.
365).
Sin
embargo
no
centra
el
foco
originario
en
el
valle
bajo
del
R6dano,
con
yacimientos
tan
conocidos
como
Chabot.
Le
Figuior
o
Oullins,
sino
en
la
parte media de
ese
valle
del
R6dano,
donde
nuevas
investigaciones
en
la
zona
entre
Saint
PtSray
y
Viviere,
en
los
cañones
del
Ardl!che,
parecen
haber
revelado
una
industria
de
claro
matiz
protosolutrnse
(en
el
sen
tido
perigordiense
de
la
palabra),
y
por
lo
tanto
una
J1Í.z
nue
va
para
01
origen
del
Solutrense
(Combier
1967.
p.316
y
S5.)
Una
nueva
precisi6n
acerca
del
origen
del
Solutrense
viene
dada
por
las
teorías
de
F.Bordes
acerca
del
desarrollo
de
ciertas
formas
evolucionadas
durante
el
Urm
III,
lo
cual
da
ría
como
resultado
el
Solutrense
(Bordes
1972).
Una
última
y
reciente
nota,
que
no
aporta
sin
em
bargo
datos
de
primera
mano
pero
que
consideramos
altamente
40
interesante,
es
la
afirmaci�n
de
Rigaud
en
el
sentido
de
que
en
el
P�rigord
las industrias
solutrenscs
aparecen
de
manera
brutal
sin
que
puedan
percibirse
sus
posibles
origenes
en
las
culturas
existentes
entes
de
BU
llegada;
deja
bien
sentado
que
nos
hallamos
ante
una
verdadera
intrusi�n
en
el
desarro
llo
local
del
Auriñaciensc-Perigordionse
(Rigaud
1976b,
p.
1265)
•
Desde
el
punto
de
vista
espaflol
Jord�
rectific6
al-
go
sus
teorías
y
unos
años
mds
tarde
lanz6
un
esquema
para
la
zona
cantibrica
(Jordá
1959)
en
el
que
se
eliminaba
de
la
península
el
Protosolutrense
o
Solutrense
Inforiors
hacía
arran
car
el
Solutrense
cantábrico
de
una
fase
que
discurre
cultural
mente
panalela
al
Solutrense
Hedio
francés,
del
cual
depend!a
hasta
momentos
más
avanzados
en
los
que
se
desarrolla
indo
pendientelllente
cuendo
en
Francia
tenemos
ya
la
secuencia
mag
daleniense
en
pleno
auge
inicial,
�poca
que,
como
sabemos,
falta
en
la
costa
cantábrica.
Estas
teorías
de
Jord�
fueron
seguidas
tambi&n
por
M�.S.Corch6n
en
un
magnifico
volumen
de
dicado
al
Solutrense
en
Santandee
(Corch6n
1971).
La
autora
diferencia
claramente
las
secuencias
cantábrica
y
levantina,
y
alude
a
la
"completa
ascisieSn
cultural
que
en
el
Paleolíti-
co
divide
el
mundo
cantábrico
y
el
mediterráneo,
sin
que
sea
posible
hasta
el
momento,
documentalmente.
establecer
contac-
,
4
1
tos
culturales
entee
uno
y
otro
en
la
�poca
que
ha
centrado
nuestro
estudio
11
•
Tal
es
el
estado
actual
de
la
cuesti6n
solutrense.
La
teoría
francesa
parece
haber
ganado
esta
pugna
por
la
prima
cía
en
el
Solutrensc,
pero
debemos
admitir
que
nada
puede
afir
marse
con
seguridad,
y
menos
en
estos
periodos
de
tanta
antift
gfiedad,
en
los
que
la
fantasía
vuela
a
veces
demasiado
alto.
Nuestra
posici6n,
ya
lo
hemos
dicho
anterior'll1ente,
es
la
de
exponer
los
hechos
y
hacer
de
ellos
una
critica
de
la
que
re
sulte
una
ideología
acorde
en
lo
posible
a
la
realidad
que
los
datos
nos
ofrecen.
Le
existencia
de
un
SOlutrense
Inferior
o
Protosolutrense
en
el
Parpalló
no
osbá
totalmode
probada,
pe
ro
la
fase
solutreanizante
que
identificaremos
más
adelante
ofrece
grandes
paralelos;
la
mayor
similitud
tipológica
pode
mos
encontrarla,
como
veremos
en
su
capitulo
correspondiente,
en
el
yacimiento
franc6s
de
Laugerie
Haute,
sector
Oeste,
mien
tras
que
la
cronológica
estaría
mAs
bion
en
el
sector
Este
del
mismo
yncimiento.
Las
aletas
y
el
pedÚnculo
tienen
una
extensión
gran
de,
nada
desdeñable,
pues
las
hallamos
en
el
Parpall6,
en
la
Cueva
de
Ambrosio
(Ripoll
1961),
en
Salemas,
Portugal
(Roche
y otros
1962),
en
Casa
da
f.oura,
Portugal
(Camarate
y
otros
1961),
en
el
arenero
de
Martínez
a
orillas
del
Manzanares,
42
en
Les
Mal.laetes,
en
el
Barranc
Blanc
y
también
extendidas
por
Francia
(Kelley
1955).
¿Cuál
es
el
motivo
de
este
desusado
perfeccionamiento
téooico?
¿puede
deberse
a
un
cambio
eco16-
gico
suscitado
por
la
oscilaci6n
templada
y
húmeda
del
momen
to
del
Solutronse
Superior,
durante
el
interestadio
warm
IIt
IV?;
¿pudo
deberse
al
uso
del
arco
y la
flecha?;
¿o
quiz&s
a
ritual.es
en
los
que
se
ClIlplear!an
esas
verdaderas obras
de
ar
te
que
son
las
puntas
de
aletas
y
peddDculo?
En
realidad
la
vadad
absoluta
se
nos
escapa
una
vez
más
y
cualquier
aproxi
maci6n
puede
ser
tachada
de
fantasiosa.
otro
importante
tema
son
las
puntas
y
ij.oj
as
de
esco
tadura
conseguidas
por
retoque
abrupto,
no
las
que
cl�sicamen
te
se
dan
como"t!picas"del
momento
solutrense�
las
de
retoque
p1lt.no.
Las
que
nos
ocupan,
las
primeras�
sufren
un
gran
aumen
to
en
la
fase
final
del
Solutrense
Superior
y
continúan
en
10
que
Pericot
llam6
Solútreo-gravetiense
o
Solútreo-aurifiacien
se
final..
de
4
a
4150
mts.,
en
el
ParpaU6.
Su
progresiva
dis
minuci6n
de
tamaño
parece
exigir
una
explicaci6n
que
puede
ser
la
sucesiva
degeneraci6n
de
la
industria
o
bien
su
especiali
zaci6n
en
el
uso.
Su
asociaci6n
con
las
puntas
de
aletas
y
pedúnculo
es
constante
en
muchos
yacimientos,
como
veremos
en
su
momento
oportuno.
Es
nuestra
opini6n
que habría
que
insistir
en
el
43
estudio
de
esos
yacimientos
para
determinar
el
grado de
apari
ci6n
del
Solutrense
y
de
su
cultura
sucesora
marcada,
al
pa
recer,
por
esas
numerosas
puntas
y
hojas
de
escotadura.
A
lo
largo
de
este
trabajo
intentaremos
el
estudio
de
esos
�aci
mientos,
en
muchos
casoa
calificados
de
epigravetienses
y
que
ya
hemos
apuntado
con
anterioridad
al
hablar
del
Gravetiense.
Esta
fase
de
crisis
del
final
del
Solutrense
desem
boca
en
la
secuencia
cl�sica
francesa
en
un
l>lagdaleniense
:1.
nicial,
normalmente
con
"raclettes".
Pero
volvemos
a
encontrar
nos
con
el
problema
de
siempre,
la
validez
relativa
de
esas
secuencias
en
tanto
en
cuanto
son
meramente
regionales.
En
la
España
mediterránea
ninguna
fase
solutrense
le
sigue
una
mag-
daleniense;
en
el
Reclau
Viver
la
secuencia
se
interrumpe;
en
Les
��laetcs
hay
un
hiatus
que
desemboca
en
un
tpigravetiense.
Hacia
esa
industria
se
orientan
los
niveles
del
Barranc
Blanc,
.que
habrá
que
ver
lo
mucho
o
lo
poco
que
de
selutrenses
tie
nen.
En
el
Cau
de
les
Gages
de
Sant
Julia
de
Ramis
la
ocupa
ción
solutrenso
es
exclusiva,
sin
antecedente
ni
consecuente.
Por
fin
en
el
Parpa!ló
so
detecta
un
clarísimo
momento
sol�treo
graveteinsc
en
el
cual
profundizaremos
en
BU
apartado
corres
pondiente.
Actualmente
el
estudio
de
esta
fase
es
realmente
pre-
cario.
Una
reciente
publicacidn
del
autor
(Fullola
1977)
inven
ta
arrojar
una
cierta
luz
a
la
cuesti�n,
10
cual
se
reflejarA
tambi�n
en
BU
apartado
de
este
trabajo.
Junto
a
los
paralelos
que
estableceremos
en
Francia
y
en
Italia
podemos
reunis
asi
mismo
datos
procedentes
de
distintas
partes
de
Europa.
En
Gracia
las
escotaduras
se
encuentran
claramente
representadas
en
Asprochaliko.
abrieo
del
valle
del
Louros;
en
mayor
cantidad
las
hallaremos
G�
la
cueva
griega
de
Kastrit
sa
(Coles
y
lüggs
1969).
Otleas
induBtri<scon
escotadurss)
las
de
la
Europa
central
y
orientall
no
pueden
a¡uipararse
a
este
momento
por
ser
de
una
fase
anterior�
puramente
gravetiense
(Kozlowski
1976b).
Sin
embargo,
volviendo
a
las
industrias
griegas,
de
cronología
relativamente
semejante
a
las
nuestras,
podría
extenderse
RXkER�BE
01
manto
soldtreo-gravetiense
a
las
tres
pen!nsulas
y
al
Sur
de
Francia
en
una
oleada
cultural
del
final
del
Soluteense
y
sobre
todo
contemporánea
de
los
i
nicios
del
Magdaleniense.
Queda
todo
ello
como
problema
cultu
ral
actual
que
intentaremos
solucionar
en
el
transcurso
de
es
te
trabajo,
pero
con
la
dificultad
insalvable
del
estudio
de
las
industrias
he1ooicas.
Pese
a
que
hemos
centrado
la
temática de
este
eB"tu
dio
en
las
fases
medias
del
Paleolítico
Superior
ib6rico,
hemos
realizado
una
incursicSn
en
el
campo
del
Magdaleniense
en
el
Par�al16
siguiendo
una
linea
de
evoluci&n
del
yacimiento.
Va
mos
por
ello
a
esbozar
el
estado
de
la
cuesti6n
del
inicio
del
Magdaleniense.
La divisi&n
de
esta
cultura,
realizada
en
base
a
yacimientos
franceses,
consta
de
hasta
siete
fases, de
la
O
a
la
VI.
La
primera
sistcmatizaci6n
fue
la
de
Brcuil.
pero
suscit6
y
suscita
controversias
por
estar
basada
simplemente
en
los
res��s
de
una
antagua
excavaci6n
del
yacimirulto de
Le
Placard
(Charente)¡
las
fases
las
identific6
adem�s
Breuil
fijandose
casi
exclusivamete
en
la
industria
6sea,
lo
cual
produjo
una
gran
desoricntadi6n
al
aplicar
su
sistema
a
indus
trias
líticas
(Breuil
1912).
Con
esta
problemStica
se
enfrent6
D.Peyrony
por
BUB
excavaciones
en
la
Dordoña¡
se
imponía
una
revisi6n,
que
ambos
autores
efectuaron
juntos
sobre
las
industrias
de
La
Madeleine.
Sin
embargo
la
cuesti&n
inicial
y
de
las
primeras
fases
magdalenienses
subsistía�
Cheynier
era
el
que
mayor
em
peño
ponía
en
descifrar
este
momento
y
elabar
su
teoría
del
f6si1
director
del
mismo,
la
Praclette"
(Cheynier 1930,
1939.
1951).
El
problema
se
centr&
luego
en
la
fase
anterior
al
50-
1utrense
que
se
bautiz6
con
el
nombre
de
Protomagdaleniense.
que
ya
vimos
que
muchos
autores
definían
como
Perigordiense
VII.
-,
Un
avance
sistemAtico
en
las
definiciones
10
di&
F.Bordes
al
publicar
los
primeros
resultados
de
sus
excava
ciones
en
el
yacimiento
de
Laugerie
Haute
Este
(Bordes
1958).
Los
Magdalenienses
1
y
11
quedaban
bien
estructurados
pero
regionalmente,
puesto
que
en
gran
parte
de
Europa
esos
esque
mas
no
entraban
en
la
realidad
que
se
nos
orfecía;
se
exten
dÍan
desde
el
Loira
y
el
Garona
(Sonneville
Bordes
1966,
p.
18),
pero
hoy
se
han
ampliado
sus
horizon:bes
a
lugares
como
Lassac,
en
el
Aude
(Sacchi
1976,
_p.118o).
Se
ha
climimado
el
concep:bo
de
B
degouliense
y
se
habla
normalmente
de
unos
Mag.
dalenienses
O.
1
y
11
en
Francia.
Queda
por
demostrar
la
aplicaci6n
de
estos
esquemas
al
yacimiento
espafiol
en
el
que
hemos
investigado
este
perío
do.
Pericot
defini&
en
el
Parpal16
un
Magdaleniense
1
y
un
Magdaleniense
II
que
nos
proponemos
revisar
para
saber
si
pue
de
sostenerse
a�dn
esta
calificaci6n.
Un
sistema
distinto
de
entender
la
cvoluci6n
paleo
lítica
nos
viene
dado
por
las
teorías
del
sintetotipo
de
G.
Laplace
(Laplace
1958).
En
el
sintetotipo
se
encuentran
en
po
tencia
toda
una
serie
de
posibilidades
que
por
mutaci6n
van
apareciende.
dando
lugar
a
manifestaciones
culturales
que
tie
nen
entre
sí
claras
similitudes
sin
carecer.
no
obstante,
de
evidente
personalidad
y
características
propias.
En
el
art!cu-
47
lo
ya
reseñado
Laplace
postula
que
al
alcanzar
la
evoluci6n
el
estado
epigravetiense
(entendiendo
comQtal
un
momento
sim
plemente
posterior
al
Gravetiense)
se
producen
sucesivamente
tres
fases
de
complejos,
antigua,
evolucionada
y
final.
La
fase
antigua
reune
el
complejo
protosolut.rensc,
los
solutrenses,
los
protomagdalenienscs
de retoque
abrupto,
los
de
protogeomé
tricos
y
los
de
hojas
de
dorso.
El
tipigravctiensc
evoluciona
do
comprend.e
el
14.agdaleniense
con
puntas
cilitlUroc6nicas
de
bisel
sencillo
y
el
Magdalenions
con
arpones.
Por
fin
el
Lpi
gravetiense
final
incluyo
los
complejos
azilienses,
sauvete
rrienses
y
tardenoisienses,
e
incluso
loa
regresivos
de
denti
culados.
La
viai6n
de
la
evoluci6n
que
nos
ofrece
eate
teo
ría
es
realmente
nueva:
el
Magdaleniense
sería
simplemente
una
mutaci6n
manifestada
pre6is�uente
en
las
tierras
occiden
tales
de
Europa,
como
podría
haberlo
sido
el
5olutrense;
se
encierra
en
un
mismo
nivel
evolutivo al
Protomagdaleniense,
al
Solutrense
y
a
los
Magdalenienses
1
y
11,
dejando
para
la
fase
evolucionada
al
Magdalcniense
del
II1
al
VI,
que
en
re
alidad
es
el
que
mayor
extonsi
n
tiene
en
toda
turopa.
LS
en
base
a
est.as
nuevas
teorías
que
se
avanza
en
el
mundo
de
la
ciencia;
aunque
su
aplicaci6n
no
haya
sido
lo
extensa
que
su
autor
debía
esperar.
ha
movilizado
a
gran
can-
tidad
de
investigadores
para
pr-obar-La
o
rebatirla.
Lo
lasti
moso
del
caso
es
que
siempre
haya
que
moverse
en
unas
coordena
das
limitadas
por
los
materiales
de
viejas
excavaciones,
en
los
cuales
se
han
basado
los
trabajos
de
la
�rehistoria
durante
muchos
años.
Bs
por
ello
que
este
estado
de
la
cuesti6n
en
ge
neral
de
10
que
ho�
sabemos,
a
grandisimos
rasgos,
del
Paleo
lítico
Superior,
con
base
en
Francia
y
con
especial
aplica
ci6n
a
los
yacimientos
peninsulares
que
nos
ocupar�n,
quedar�
superado
cuando
muchos
nuevos
yacimientos
vayan
saliendo
a
la
luz;
cuando
sepamos
m
s
de
la
zona
levantina,
de
los
yacimen
tos
tarraconenses,
de
los
murcianos
y
almerienses,
de
los
por
tugueses
y
de
los
que
hoy
no
sabemos
nada,
ni
tan
siquiera
que
existen,
ser! entonces
euendo
en
España
habremos
superado
el
presente
estado
de
la
cuesti6n,
como
es
nuestro
deseo.
49
METODOLOGíA
lo.
cuale.
h_
ol'ient.cIo
ou.atl'.
lb.
d.e
inv.atJ.aaci�n.
Mu7
l'aJIOoaclo.
han
ele
.el'
lo.
cl'itel'io.
_
10.
que
1UUI
autol'
debe
baaal'
8U
Ol'ientaci�D
inYeatieaclol'a
en
el
campo
del
Paleolttic.
&pel'iol',
que
e.
en
conc_to
el
qqe
hoy
poI'
hoy
DO.
ocupa.
El
pel'feoto
conociaiento
cW
10.
Ú'toclo.
de
._
tudio
actuale.
debe
basaI'_
tambi&n
en
el
de
la hiatoria
de
lo.
IIÚ_.,
en
_ber
cuA
ha
aido
la
ft'oluci&D
del
pen
•
..t_
co.,
.,
10.
cl'itel'io.
aeeu!do.
pal'a
ol'denel'lo..
Cl'eaao.
poI'
tan-
to
iaprellCindible
dar
abol'e
UD
l!eeN
rep.80
hi�l'ic
••
le
_todologla
pera
de_bocer
en
l.
actualidacl
.,
"e.
en
con-
creto
el
eritel'io
que
heeo.
aplicacto
en
eat.
trabajo.
Lo.
psoimeN
intento.
ele
aietematizaci&a
ele
10.
4ti-
le.
paleo1!tico.
per.
8U eatudio
racional
..
hic1eroa
en
Frao-
ei.
hace
poco
aú
cW
ua
aig10
(Boucher
de
P.rth
••
1860.
Lal'
tet
1864.
Mortillet,
g.,
1883'
Mortillet,
1..,
1910,
eapitan
1912,
Breiil
1905, 1912,
Commout
1908).
Botonc
.....
igui&
UD
criterio"
f1Ulcionaliclacl
que ha
queclaclo
totalmente
enra1.-
_do
ea
1.
tipo18gl.
hasta
oue8tl"O.
ella.,
e.a
funcionaliclecl
e.
una
particulariclacl
que
..
D08
.acapa
caai
por
eOlllpleto
en
50
todos
los
�tiles
paleolíticos
incluso
hoy
en
dla,
y
por
lo
tanto
aquellos
�rimeros
estudiosos
se
basaron
en
criterios
infundados
para
bautizar
los
�ti1es
que
fueron
encontrando.
Se
hablaba
de
"racloirsn
o
raederas,
�tiles
para
raer)
de
ngrattoirsn
o
raspadores,
áti1es
para
raspar)
de
"pel'9oirsll
o
perforadores,
dtiles para
perforar,
:y
as!
suce
sivamente.
No
tenemos
certeza
alguna
de
que
la
funcieSn
de
aque-.
llas
piezas
trabajadas
fuera
para
raer,
para
raspar
o
para
perforar.
otro
caso
semajante
es
el
de
los
dorsos
rebajados;
su
funcieSn
la
desconocemos
�,
y
se
ha
postulado
la
teor!a
de
que
precisamente
la
parte
retocada
era
la
in4til
en
la
pie
za,
que
se
destru!a
un
filo
para
apliear
con
mayor
fuerza
el
opuesto
en
el
corte
o
en
la
puncieSn.
En
la
misma
l:!nea
funcionalista
francesa
se
movie
ron
los
primeros
intentos
espafioles
por
adaptar aquella
ter
minologÍa
al
castellano
y
al
alemAn,
aetitud
de
notable
vi
sieSn
futurista,
puesto
que
este
problema
de
las
equivalen-
cias
idiom.L&tieas
persiste
en
muchos
casos
(ComisicSn
de
Inves
tigaciones
PaleontoleSgicas
y
PrehistcSricas
1916).
El
estudio.
lo
llevaron
a
cabo,
bajo
la
direccieSn
de
E.HernAndez
Pacheco,
los
prestigiosos
investigadores
U.Obermaier,
P.Wernert
Conde
de
la
Vega
del
Sella.
51
En
la
actualidad
el
funcionalismo
es
una
rama
mAs
de
la
investigaci&n
prehist6rica,
pero
ya
no
la
base
de
las
clasificaciones
paleolíticas.
Con
los
grandes
adelantos
t�c-
nicos
puede
llegarse
a
anAlisis
microsc6picos
de
los
trazos
de
uso
dejados
en
los
litiles,
y
deducir
de
ellos
el
empleo
que
tenían
en
su
origen,
si
cortaron
piel,
madera,
hueso,
etc
••
Uans
experiencias
francesas,
ya
sean
antiguas
(Vayson
1922),
como
modernas
(Bordes
1973)
vienen
a
unirse
a
las
que
han
tra-
zado
el
camino
definitivo
en
este
campo,
las
del
ruso
Semenov,
que
introdujo
la
observaci6n
de
los
dtiles
por
medio
del
mi-
croscopio
binocular,
trabaj6
en
las
industrias
del
Paleolíti-
co
Medio
y
SUperior
de
la
Uni6n
Sovi�tica,
y
su
aproximaci6n
a
la
verdadera
funci6n
de
los
dtiles
es,
por
el
moemnto,
la
mAs
vAlida
(Semenov
1964).
En
nuestro
pats
hay
que
mencio-
nar
la
Tesis
de
Licenciatura
in�dita
y
de
un
gran
inter�s
de
nuestra
compaaera
de
curso
A.Vila,
que
ha
trabajado
aplican-
do
el
m�todo
Semenov
a
litiles
tanto
paleolíticos
como
eneo-
líticos,
llegando
a
muy
interesantes
conclusiones
(Vila
1977).
otro
aspecto
del
estudio
de
los
dtiles
en
los
ini-
cios
de
la
moderna
Prehistoria
fue
la
comparaci6n
etnogrifica.
Esta
derivaci6n,
al
contrario
de
lo
ocurrido
con
la
anterior,
no
ha
llegado
a
nuestros
dlas,
pues
se
extingui6
por
si
sola
tras
el
auge
de
noticias
que
produjeron
los
desubrimientos
y
52
descripciones
de pueblos
ignotos
durante
el
siglo
XIX.
Quiz!s
en
algdn
caso
la
aplicaci6n
de
paralelos
etnogr!ficos
para
in
tuir
la
funcicSn
de
un
litil
paleoUtico
no
sea
descabellada�
pero
la
verdad
es
que
hoy
en
d!a
este
m&todo
ha
ca1do
en
un
total
desuso.
El
siguiente
paso
hist6rico
hacia
una
tipolog!a
sis
temAtica
fue
propiciado
por
las
excavaciones
de
los
yacimien
tos
franceses,
con
la
consiguiente
identificaci6n
de
nuevas
y diversas
fases del
Paleolítico
Superior,
que
a
su
vez
con
ten!an
unos
litiles
caracter!sticos
de
cada
una
de
ellas.
Con
la
aparici6n
del
f6sil
director,
idea
que
se
to
mó
prestada
de
las
Ciencias
Naturales,
empieza
un
fen6meno
que
complicarA
hasta
limites
incre!bles
la
tipología
paleolítica:
me
estoy
refiriendo
a
la
tendencia
a
bautizar
con
el
nombre
del
yacimento
donde
se
haya
encontrado
por
primera
vez,
un
ti
po
de
litil
que
parece
caracter!stico
del
mismo.
El
resultado
final
de
esta
afici6n
ha
sido
la
desmesurada
proliferaci6n
de
tipos
de
puntas,
de
buriles,
etc.
J
de
todos
ellos
sólo
u
nos
pocos
son
realmente
tipos
bAsicos,
y
lo
demAs
son
varian
tes
locales,
regionales
o
a
veces
incluso
de
un
solo
yacimiento.
Sin
temor
a
equivocarnos
pOdr!amos
aqu!
citar
mAs
de
cien
nom
bres
de
tipos
de
puntas,
cada
uno
con
su
lugar
de
origen,
de
53
ellas
unas
pocas
aparecen
insisten�emen�e
(pun�a
de
ChA�el
perron,
pun�a
de
La
Grave��e)
y
el
resto,
m4s
del
90%,
es
de
10calizaci6n
regional,
cerrada
y
prlc�icamen�e
desconocida
para
el
resto
de
au�ores
que
no
�rabajan
en
aquella
zona.
Por
ellos
ha
habido
ya
que
recurrir
a
verdaderos
dicciona
rios
�ipol�gicos,
donde
se
resuman
cri�erios,
ideas
y
�ipos
de
�odo
el
mundo.
El
de
mayor
ampli�ud
es
el
comPlado
por
M.
Br6illon,
au�or
franc's
que
recoge
la
mayor!a
de
��rminos
publicados
para
4�iles
líticos
a
lo
largo
de
10s
alias
(Br�
zillon
1968).
El
siguiente
estadio
de
la
evoluci6n
de
la
tipologí
a
paleolítica
es
ya
el
de
las
listas
tipo.
Los
intentos
por
definir
el
tpio
han
sido
varios
a
lo
largo
de
la
historia
y
han
ido
insistiendo
en
la
idea
fundaiaental
para
nosotros
de
"conjunto
de
variantes
agrupadas
en
una
misma
pieza
de
un
mo
do
continuado
y
perceptible
al
observador
dentro
de
una
in
dustria".
Es
la
subjetividad
individual
del
investigador
la
que
debe
percibir
el
�ipo
a
trav's
del
estudio
de
conjunto
de
una
serie
de
industrias
líticas
de
distintos
yacimientos
de
una
misma
cultura)
s610
con
esa
visi6n
global
le
serA.
dado
aprehender
la
idea
primera
que
guiaba
a
los
autores
de
las
piezas,
que
se
sintetizaba
en
el
agrupamiento
da
un
tipo
con
creto
de
una
serie
de
características
que
le
definían.
Una
vez
identificados
los
tipos
es
cuando
empieza
la
divisi�n
ideo16gica
en
lo
que
á
listas
tipo
se
refiere.
Tras
su
individualizaci6n
no
debemos
caer
en
el
subjetivismo
de
ordenarlos
segdn
una
artificial
adscripci6n
a
criterios
geogr�ficos
o
funcionales.
Lo
primero
cae
ya
por
si
propio
peso
y
ha
sido
razonado
mAs
arribaJ
lo
segundo
ha
sido
la
ten
taci�n
hist�rica
mis
extendida
y
ya
hemos
visto
que
por
el
mo
mento�
pese
a
los
intentos,
muy
vUidos,
de
Semenov,
el
fun
cionalismo
de
base
cienttfica
est4
adn
muy
verde.
Nos
encontramos
ya
en
el
punto
en
que
se
produce
el
divorcio
entee
las
dos
escuias
tipo16gicas
actuales�
la
que
emplea
el
m6todo
morfol�gico-descriptivo�
creada
por
el
matrimonio
Bordes�
y
la
que
emplea
el
m6todo
morfot�cnico
y
analttico�
creada
por
G.Laplace.
La
primera de
ellas
tiene
su
base
en
la
intuici�n
y
el
subjetivismo
a
la
hora
de
fabricar
su
lista
tipo.
tsta
a
barca
todo
el
Paleolttico
Inferior
y
Mddio
en
un
estudio
de
F.Bordes
(Bordes
1960)
y
el
Paleolítico
SUperior,
de
la
mano
de
D.de
50nneville
Bordes
y
de
su
colaborador
J.Perrot
(5on
neville
Bordes
y
Perrot
1954-55-56).
tsta
d1tima,
que
es
la
Que
para
nuestro
estudio
nos
interesa,
fue
concebida
en
base
a
los
trabajos
de
los
autores
sobre
una
zona
concreta
de
Fran-
55
cia,
la
regi�n
del
P�rigordJ
su
generalizaci6n
a
todas
las
comarcas,
a
todos
los
paises,
e
incluso
a
�pocas
muy
diversas
(epipaleolítico,
etc.)
la
ha
llevado
a
ser
inservible
en
mu
chos
de
esos
casos
al
querer
aplicarla
fuera
de
su
normal
Area
de
influencia.
Pero
aparte
de
esos
fallos,
no
imputables
a
sus
autores,
s!
hay
que
insistir
en
lea
criterios
seguidos
para
identificar
cada
uno
de
los
91
tipos
que figuran
en
la
lista
(en
realidad
son
92,
pues
el
4ltimo
recibe
la
denom!naci6n
de
"DiveBsos",
por
lo
que
allí
pueden
meterse
los
litUes
que
no
fueron
recogidos
en
los
91
tipos
precedentes).
Estos
crit7erios
fueron
muy
subjetivos
e
intuitivos.;
se
ciñeron
en
demasía
a
la
perniciosa
costumbre
de
los
litUes
con
adjetivaci�n
geogr4-
fica,
por
lo
que
normalmente
no
pod!a
discernirse
entre
un
buril
de
Lacan
y
un
buril
de
Bassaler
at!pico,
entre
una
pun
ta
de
Vachons
y
una
punta
de
Cott's,
y
as!
sucesivamente.
A
esta
dificultad,
subsanable
para
un
superespecia
lista,
se
afiade
la
que
introduce
la
denominaci6n
de
"atípico"
tras
los
nombres
de
algunos
dtiles�Ah!
ya
no
puede
solucionar
se
la
papeleta
con
un
estudio
a
fondo
de
definiciones
y
con
ceptos,
sino
que
lo
atípico
puede
imaginarse
a
voluntad,
ya
con
un
espesor
menor
del
normal,
con
una
mayor
curvatura
del
filo,
con
un
retoque
mAs
o
menos
abrupto
de
la
pieza
en
cues
ti6n,
etc
••
Como
ilustraci6n
de
esta
idea
de
vaguedad
que
acom
pafia
a
las
definiciones
de
los
tipos
de
la
lista
tipo
Sonne
ville
Bordes
-
ferrot,
ofrecemos
la
que
individualiza
su
n4-
mero
91,
la
punta
aziliensecftPunta
de
pequeñas
dimensiones
sobre
lAmina,
ya
sea
corta
y
rechoncha,
ya
sea
alargada
y
es
belta,
de
dorso
gederalmente
curvo,
o
incluso
arqueado,
m4s
raramente
rectilíneo,
abatido
pormtoques
abruptos
que
parten
de
una
cara
o
de
las
dos,
con
una
base
algunas
veces
truncada,
llegando
a
ser
algunas
veces
un
segmento
de
circulo·
(Sonne
ville
Bordes
y
Perrot
1954-55-56).
No
creemos
necesario
nin
g4n
comentario
en
lo
que
se
refiere
a
la
necesaria
precia5n
que
requiere
toda
definici6n
de
un
tipo.
La
problem4tica
de
la
nomenclatura
se
nos
hace
aquí
presente
con
gran
fuerza.
Es
indudable
que
lo
ideal
seria
un
lenguaje
lo
mAs
s�le
posible,
10sm4s
escueto
posible,
lo
mAs
inteligible
posible.
Tras
leer
esta
definici6n
de
la
pun
ta
aziliense,
a
la
que
podríamos
añadir
muchas
otras,
hemos
de
llegar
a
la
conclusi6n
de
que
no
es
precisamente
la
lista
tipo
de
Sonneville
Bordes
y
Perrot
la
que
mayor
objetividad
ni
mayor
precisi6n
re4ne
para
un
estudio
paleolitico.
Hechas
estas
consideraciones,
pasemos
a
ver
la
op
ci6n
alternativa
que
tiene
todo
prehistoriador
en
sus
trabajos
acerca
del
Paleol!tice
Superior.
Una
vez
desechada
en
conjunto
57
la
metodología
Bordes,y
teniendo
en
cuenta
sus
detalles
apro
vechables,
hay
que
enfrentarse
con
el
m�todo
analítico
de
G.
Laplace.
El
hecho
de
someter
al
dtil
a
un
anAlisis
objetivo
en
toda
la
medida
de
lo
posible
es
el
principio que
gui6
a
Laplace
en
el
camino
que
le
llev6
a
alejarse
de
la
tipología
convencional,
c14sica.
La
ideología
racionalista,
cartesiana, estA
en
la
base
de
las
teorías
de
Laplace.
Se
percibe
un
enfrentamien-
to
entre
lo
espontáneo
y
lo
racional,
entre
lo
empírico
y
lo
analítico.
Esta
dualidad
mueva
a
la
decisi6n
por
una u
otra
alternativa,
lo
cual
nos
parece
claro
en
el
caso
que
nos
ocupa;
el
racionalismo
derivado
de
un
conocimiento
empírico
de
las
industrias
paleolíticas,
es
decir,
de
la
realidad
que
estudia
mos,
es
el
mejor
camino
hacia
unas
conclusiones
vAlidas
por
ser
objetivas
y
derivadas
de
una
reflexi6n.
Esta
elaboraci6n
del
conocimiento
empírico
nos
lleva
a
integrarlo
en
lo
que
Kahane
describi6
como
Ciencia,
Dun
sistema
l6gico,
inteligi
ble
y
coordenado.
(Kahane
1964,
p.40¡).
El
sistema
de
avance
de
la
tipología
empírica
es
el
de
la
contradicci6n.
A
partir
de
ella
elaboraremos
nuevos
pre
supuestos
que
superaran
los
establecidos
y
a
su
vez
serAo
so
brepasados
en
el
futuro
por
nuevas
ideas.
Al
enfrentarnos
con
5H
la
tesis,
lo
establecido,
y
la
ant!tesis,
BU
negaci6n
obser
vada
y
comprobada,
formulamos
una
hip6tesis
que
nos
llevarA
a
la
s!ntesis final,
a
las
nuevas
ideas
que
se
superpondr4n
al
con�unto
de
las
vigentes
hasta
el
momento.
Este
m�todo
dia
l�ctico
nos
parece
totalmente
válido
en
cuanto
a
la
ciencia
respecta;
buscamos
mediante
un
m�todo,
un
camino
anal!tico,
el
identifiear
y
definir
racionalmente
las
partes
de
un
todo
�
para,
a
su
vez,
poder
conocer
esa
reiidad
de
manera
absoluta.
Un
primer
paso
de
aplicaci6n
de
estas
teor!as
al
campo
de
nuestro
inter�s
es
la
consecuci6n
de
una
lista
tipo.
Para
ello
deberemos
tamizar
a
fondo
los
conceptos,agentes
has
ta
la
fecha
y
despreciar
todo
lo
que
de
espontAneo
o
confuso
ten
gan.
Como
producto
de
esto
tendremos
una
cantidad
de
informa
ci6n
racionalizada
que
deber4
articularse
en
un
sistema
16gi-
co,
inteligible
y
coordenado,
es
decir,
científico.
La
elaboraci6n
de
este
sistema
no
es
mAs
que
un
pro
blema
de
nomenclatura.
La
tipolog!a
anal!tica
busca
un
lengua
je
vAlido
para
una
descripci6n
general
de
toda
clase
de
indus
trias,
basandose
en
el
criterio
da
retoque,
lo
que
realmente
da
forma
al
dtil
y
nos
lo
hace
percibir
como
producto
de
la
mano
humana.
A
partir
de
la
distinci6n
de
los
seis
modos
de
rsto-
59
que
(simple,
abrupto,
palno,
50breelevado,
de
buril
y
necail
l�e")
van
definiendo
se
los
distintos
tipos
de I1tiles,
dividi
dos
en
�rdenes,
grupos,
clases
y
tipos
primarios.
A
la
l6gi-
ca
y
coherencia
de
los
tipos
se
suma
la
deBCripci�
de
los
mismos,
que
es,
en
nuestra
opini�n,
lo
mejor
que
ha
hallado
Laplace.
El
problema
del
lenguaje
ha
quedado prActicamente
solucionado
con
la
codificaci�n
que
ha
llevado
a
cabo
el
autor
franc�s;
un
esalonamiento
por
importancia
de
los
rasgos
a
des
cribir,
un
criterio
racional
de
situaci�n
de
los
retoques
den
tro
de
la
pieza,
una
ordenaci&n
l6*ica
de
la
-+km-.tl-
sucesi&n
en
que
deben
ser
descritos,
etc
••
Pero
no
debemos
quedarnos
tan
s6lo
en
la
mera
descript
ci&n
del
dtil;
a
ella
pueden
adjuntarse
gran
cantidad
de
otros
datos.
Tal
proceso
�s
el
que
hemos
seguido
en
los
an�iside
los
dtiles
que
hemos
revisado
para
esta
obra,
como
se
verA
más
adelante.
Se
dan
las
tres
medidas
de
la
pieza,
longitud,
an
chura
y
espesor;
esto
reviste
su
importancia
a
la
hora
de
re
ferirnos a
los
4tiles
carenados,
ya
que
�stos
se
identifican
cuando
la
menor
de
las
dos
dimensiones
mayores,
dividida por
el
espesor,
arroja
una
cifra
inferior
a
2'2,
o,
para
ser
mAs
exactos,
a
la
ratz
cuadrada
de
5
(21236:
••
).
Con
el
paso
de
4til
plano
a
carenado
varta
el
tipo
primario,
no�almente
en
fo�a
de
adici6n
de
un
3
delante
de
las
cifras
del
mismo
ti-
60
po
plano.
Un
buen
estudio
de
Laplace
sobre
tipometría,
senci
llo
y
claro,
ha
sido
publicado
recientemente
(Laplace
1974a).
A
los
datos
aludidos
se
suman
otros
complementarios
y
no
de
menor
importancia.
El
tipo
de
tal6n
se
especifica
con
las
iniciales
%1
te
(ta16n
ftecaill&eft),
tf
(tal6n
facetado),
tl
(ta16n
liso),
td
(talón
diedro),
y
tp
(tal6n
puntiforme),
segÚn
su
morfología.
Un
anAlisis
profundo
de
los
tipos
de
ta
lones
mis
abundantes
en
esas
industrias
que
hemos
analizado
queda
a
la
espera
de
posteriores
trabajos,
pero
ya
podemos
+
ofrecer
una
faente
de
datos
muy
abundante
para
el
futuro.
La
fragmentaci6n
de
la
pieza
se
indica
tambi�n
en
108
anAlisis.
las
siglas
al'
indiacn
el
'pice
o
parte
distal
rota)
br,
base
o
parte
proximal
rotaJ
fd,
presencia
8&10
del
fragmanto
distalJ
fm,
presencia
del
fragmento
medialJ
fp,
presencia
del
fragmento
proximal,
y
a-br,
!pice
y
base
rotos.
Por
su
parte
la
medida
o
medidas
que
quedan
afectadas
por
la
fragmentación
figuran
entre
par�ntesis.
otro
dato
que
aportamos
puede
ser
fuente
de
futuros
estudios
a
causa
de
su
importancia
en
el
4til
m4s
abundante
del
Paleolítico
Superior,
el
raspador,
nos
estamos
refiriendo
a
la
altura
del
frente
de
los
raspadores,
a
la
longitud
que
alcanzan
los
retoques
que
configuran
la
parte
frontal,
acti-
6
1
va,
medida
perpendiculal'lllente
respecto
al
plano
horizontal
de
apoyo
de
la
pieza.
La
dltima
anotacicSn
que
efectuamos
en
los
anUisis
no
est4
presente
en
todos
ellos.
Bajo
una
columna
encabezada
por
las
letras
NB
y
que
precede
a
las
seis
descritas
hasta
a
hora,
figura
el
ndmero
que
correspondería
al
4til
en
la
lis
ta
tipo
Sonneville
Bordes
-
Perrot.
Llegamos
a
la
conclusi�n
de
incluir
este
dato
de
tan
gran
importancia
a
la
vista
de
las
dificultades
que
tentamos
para
comparar
nuestras
industrias
a
las
analiazadas
con
la
lista
tipo
de
lobe.
Bordes,
esta
problelluttica
de
comparacicSn
en
tre
ambos
sistemas
tipolcSgicos
ha
sido
tema
de
preocupacicSn
pa
ra
los
investigadores"
ya
que
se
hacta
muy
dificil
la
cOlllpren
sicSn
de
los
rutiles
de
un
yacimiento
publicados
por
un
siste-
8a
a
los
que
practicaban
el
otro
y
viceversa.
La
tipología
de
SOnneville
Bordes
y
Perrot
habia
conseguido
una
gran
aceptacicSn,
y
sigue
teniendola.
Sin
embar
go
la
falta
evidente
de
una
serie
de
4tiles
lleveS
a
l>line.Bordes
a
proponer
una
nueva
lista
rectificada
y
ampliada.
de
92
a
105
tipos.
Con
este
hecho
destruía
..
a
nue.stro
entender,
el
lazo
con
todo
lo
publicado
con
la
lista
de
92
tipos,
puesto
que
las
cOlllp.araciones
de
los
grAficos
acumulativos
ya
no
era
62
superponibles.
Para
no
ampliar
innecesariamente
los
comenta
rios
a
este
respecto
nos
remitimos
a
un
articulo
publicado
por
el
autor
donde
se
dan
a
conocer
las
equivalencias de
los
dos
sistemas;
adem4s
alli
se
ofrece
también
una
visi6n
critica
de
la
nueva
lista
de
los
165tipos,
segdn
nuestras
noticias
adn
no
publicada
y
que
lleg6
a
nuestras
manos
gracias
a4gunos
com
paí'ieros)
es,
por
lo
tanto,
el
primer
lugar
en
que
se
podr4
leer
p4blicamente
este
documento
y
juzgarlo
(Fullola
1976c).
Es
evidente
que
los
elementos
de
comparaci6n
que
ob
tendremos
al
convertir
los
recuentos
de
un
yacimiento
estudia
do
con
la
tipologla
Bordes
no
podr4n
ir
ds
al14
del
nivel
de
los
6rdenes
o
modos
de
retoque
de
Laplace.
No
puede
pretender
se
bajar
al
nivel
de
los
tipos
primarios
cuando
en
la
lista
de
conversi6n
vemos
que
no
hay
posibilidad
de
distinguir,
por
ejemplo,
en
el
n4mero
77,
la
simple
raedera,
si
'sta
es
la
teral,
transversal
o
latero-tl'ansversal.
Sin
embargo
consi
deramos
suficiente
el
hecho
de
poder
deducir
una
serie
modal
pal'a
poder
as!
compal'arla
con
la
de
los
yacimientos
por
noso
tl'OS
estudiados.
El
estudio
paralelo,
siguiendO
ambos
sistemas,
no
ha
sido
total.
Lo
hemos
aplicado
en
los
niveles
superiores
del
Parpall&
(desde
4'50
mts.
hacia
arriba),
en
todo
el
Bal'l'anc
alanc
y
en
las
doo
estaciones
gerundenses
del
Reclau
Viver
de
63
Serinyll
y
el
Cau
de
les
Gotes
de
Sant
Julih
de
Ramis.
Como
re
sultado
visible
de
estos
an!lisis
figura
al
final
de
cada
es
trato
o
al
final
del
yacimiento
recuentos
parciales
y
totales
de
la
frecuencia
de
aparici,sn
de
:.lIcadll1til,
as!
como
su
por
centaje
acumulado
sobre
100,
lo
cual
es
la
clave
para
constru
ir
los
gr&ficoSBacumulativos.
Quedan
por
aclarar
las
listas
que
ofrecemos
también
al
final
de
cada
nivel
o
de
cada
yacimiento
por
clases
y
gru
pos
segdn
la
tipologla
de
Laplace.
Creemos
que
la
mejor
mane
ra
de
explicarlo
es
ir
contruyendo
el
cuadro
de
la
misma
ma
nera
que
podremos
verlo
en
la
práctica,
pero
con
los
nombres
que
representan
las
letras
escritos
totalmente
a
su
lado.
As!
tenemos,
S
(simples)
fR.-
fragm.raedera
B
sr.-
buril
sobre
retoque
R.-
raedera
sp.-
buril
sobre
plano
P.-
pWlta
P
unif.-
�o
Wlifacial
D.-
denticulado
P
bif.-
plano
bifacial
G.-
raspador
SE
(sobreelevado)
fR.-
fragm.raedera
R..-
raedera
P.-
pw¡ta
D.-
denticulado
G.-
raspador
A.-
Abruptos
indiferenciados
(incluye
tambi�n
Bc[perforadores]
y
T[troncaduras])
LBm.-
14minas
de
dorso
marginal
p.-
14minas
de
doBso
profundo
c.-
l&minas
de
dorso
con
escotadura
PDm.-
punta
de
dorso
marginal
p.-
punta
de
dorso
profundo
c.-
punta
de
dorso
con
escotadura
LDT.-
lAmina
de
dorso
truncada
PDT.
-
punta
de
dorso
truncada
BPD.- bipunta
de
dorso
Pic.tr
••
-
Apico
tri�drico
o
microburil
Normalmente
despu�s
de
estos
recuentos
so
ofrece
un
resumen
de
los
tipos
primarios
hallados
y
su
reparto
sobre.
las
piezas.
Nos
referimos
a
los
monotipos.
es
decir,
él
las
pie-
zas
que
contienen
tan
s�lo
un
tipo
primario;
los
dobles
pre
sentan
una
asociaci8n
de
dos
tipos
primario.
sobre
una
miama
pieza;
los
triples
10
hacen
con
tres
y
los
cuadruples
con
cua-
tro,
si
bien
estos
dos
últimos
casos
no
son
muy
frecuentes.
De
todo
ello
deducimos
que,
excepto
en
01
caso
de
que
todos
los
4tiles
fueran
monotipos,
no
coincidir4n
nunca
la
cifra
de
�tiles
con
la
de
tipos
primarios.
Como ejemplo
diríamos
que
si
en
una
serie
de
50
piezas
o
�tiles
hay
seis
dobles,
tres
triples
y
un
cuadruple,
los
tipos
primarios
serAn
65
(cuatro
del
cuadruple,
nueve
de
los
tres
triples,
doce
de
los
seis
dobles
y
cuarenta
de
los
restantes cuarenta
d.tiles,
los
mono
tipos).
Vamos
a
continuaci6n
a
establecer
un
nexo
entre
los
dos
aspectos
que
hemos
estado tocando
repetidamente
en
este
capitulo,
el
cualitativo
y
el
cuantitativo.
Para
un
estudio
actual
en
Prehistoria
no
debe
dejarse
de
lado
ninguna
de
estas
dos
vertientes
de
la
realidad,
pues
ambas
se
complementan.
Lo
cualitativo
está
representado
en
este
estudio
por
los
análisis
tipolcSgicos
y
por
los
nd.meros
de
la
lista
tipo
de
Sonneville
Bordes
y
Perrot;
a
partir
de
estos
datos
podemos
deducir
el
aspecto,
la
calidad,
el
tipo
de
retoque
e
incluso
el
tipo
de
d.tiles
que
han
pasado
por
nuestras
manos.
La
cua
lidad
de
estos
dtiles
podr�
prefilarnos
en
ocasiones
la
ads
cripci6n
cultural
de
un
nivel
o
de
un
estrato
a
una
cultura
de
terminada,
sobre
todo
cuando
la
serie
sea
poco
numerosa
y
po
sea
en
ella
algunm
piezas
de
las
consideradas
cOMO,lIf6siles
directoresll
de
momentos
concretos.
Bs
por
ello
que
no
debemos
dejarnos
absorber
por
una
estad!stica
apastantc,
puesto
que
a
veces,
si
perdieramos
esa
visicSn
cuUitativa
de
la
indus-
6(;
tria,
pasaríamos
por
alto
circunstancias
o
influencias
inne
gables,
pero
detectables
solamente
a
nivel
cualitativo
y
no
estad!stico.
La
cuantificaci6n
de
las
industrias
es,
a
pesar
de
todo,
una
necesidad
para
un
estudio
medianamente
serio
en
la
Prehistoria
actual.
La
estad!stica
se
ha
convertido
en
la
cien
cia
auxiliar
de
la
Prehistoria
que
tiene
una
aplicaci6n
mAs
continuada
en
estas
4J.timas
d�cadas.
El
paso
de
lo
cualitati
vo
a
10
cuantitativo
no
debe
quedar,
sin
embargo,
en
una
lis
ta
acumulativa,
sino
que
deben
encauzarse
sus
resultados
por
caminos
matem�tico-estadÍsticos,
en
b�squeda
de
asociaciones
de
�tiles,
de
rupturas
entre
sus
modos
de
retoque,
de
dominan
cias
de
uno
de
ellos
sobre
los
demAs,
etc.,
que
no
hayan
po
dido
percibirse
a
simple
vista
o
intuitivamente,
o
que,
si
as!
se
ha
hecho,
no
puedan
sustentarse
en
una
base
seguraJ
la
com
probaci6n
estadÍsticas
de
esas
hip6tesis
intuitivas
es,
de
nuevo,
el
triunfo
del
racionalismo,
del
empirismo,
sobre
la
improvisaci6n
y
la
intuici6n¡
s610
actuando
16gica,
inteligi
ble
y
coordenadamente
estaremos
obrando
de
manera
científica.
Una
vez
cuantificada
la
industria
en
cuesti6n,
es
decir,
recontadas
las
cantidades
que
de
cada
modo,
de
cada
grupo,
clase
o
tipo
primario
haya
en
ella,
segdn
el
nivel
de
anAlisis
al
que
queramos
descender,
debemos
emprender
un
ca-
67
mino
de
elaboraci�n
de
estos
datos.
En
este
camino
estadísti
co
seguiremos
hasta
unos
ciertos
limites
las
indicaciones
de
Laplace
y
de
su
escuela;
las
precisiones
y
b4squedas
han
llega
do
4ltimamente
a
unos
extremos
tan
difíciles
de
aplicar,
tan
espesos
y
tan
largos
que
hemos
decidido
no
llegar
hasta
esos
limites,
entre
otras
cosas
porque
los
cAlculos
necesarios
pa
ra
hallar
los
resultados
apetecidos
no
caben
en
las
pantallas
de
las
computadores
de
bolsillo,
y
habría
que
recurrir
a
al
gunas
de
ellas
programables.
Pero
no
es
solamente
este
detalle
t�cnico
el
que
nos
frena
a
la
hora
de
profundizar
en
los
últimos
estudios
de
Laplace
y
de
su
escuela
(LapIace
1975.
Laplace
y
Livache
1975).
Sinceramente
creemos
que
en
BU
fin
la
aplicaci�n
es
vAlida,
pero
quedan
en
nosotros
dudas
acerca
de
si
lo
buscado
o
repre
sentado
no
es
mis
que
un
rizar
el
rizo
sin
una
trascendencia
final
que
justifique
el
esfuerzo
a
realizar.
El
desarrollo
de
las
técnicas
estadísticas
es,
en
realidad,
el
estadio
siguiente
a
la
utilizaci�n
de
diagramas
de
frecuencias
acumulativos
en
arqueología.
Una
nueva
genera
ci�n
de
m�todos
vendrA
de
la
mano
de
ese
desarrollo
y
de
la
utilizaci6n
de
las
grandes
calculadoras,
cada
vez
de
tamaño
más
reducido
y
de
m4s
cantidad
de
operaciones
en
sus
tecla
dos. La
nueva
etapa
dejarA
atrás
los
errores
de
cAlculo
que
6S
acarrea
la
t�cnica
de
los
porcentajes
acumulativos,
segdn
pa
labras
de
J.E.Kerrich
y
D.L.Clarke,
profesores
de
la
Univer
sidad
de
�itwatersrand
y
C
..
bridge
respectivamente
(Kerrich
y
Clarke
1967).
Una
salvedad
debe
hacerse
frente
a
los
nuevos
m�todos:
los
prehistoriadores
deben
saber
que
aunque
algunas
t�cni�aB
estadÍsticas
les
proporcionan
un
medio
para
ayudar
les
a
pensar
con
claridad
y
a
juzgar
acertadamente,
esas
t�c
nicas
no
van
a
pensar
por
ellos;
la
responsabilidad
final
de
la
validez
de
su
investigaci6n
queda
en
los
propios
prehisto
riadores.
Volviendo
a
los
limites
hasta
los
que
aplicamos
las
t�cnicas
estadÍsticas
sigeridas
por
G.Laplace,
debemos
decir
que
encontramos
como
mAs
gr4fico
y
descriptivo,
mAs
claro
y
de mejor
aplicaciSn
el
llamado
criterio
ordinal.
Hasta
llegar
a
�ste
Laplace
fue
evolucionando:
par
tiS,
como
base
primordial, de
los
an�isis
realizados
con
su
tipología
analitica.
Con
el
recuento
de
los
dtiles
analiza
dos
se
sabia
cu4ntos
de
ellos
habLían
sido
conseguidos
con
cada
uno
de
los
seis
tipos
de
retoque
distinguidos
(simple,
abrupto,plano,
sobreelevado,
de
buril
y
"ecailléeft).
A
par
tir
de
estas
cifras
se
obtiene
la
serie
nominal,
que
es
la
disposiciSn
de
éstas
en
un
orden
previo
y
siempre
el
mismo,
por
convenci6D,
y
que
es
el
mismo
en
el
que
las
acabamos
de
exponer.
G
9
La
cuestitSn
primordial
del
estudio
es
ver
dentuo
de
esa
serie
sus
movimientos,
articulaciones
y
rupturas,
es
decir,
la
evolucitSn
de
esa
serie.
La
variaci6n
mayor ha
consistido
en
e�riterio
aplicado
al
buscar
las
rupturas
y
en
la
valora
citSn
de
los
mismos
en
importancia.
El
primer
paso
consistía
en
pasar
de
la
serie
nomi
nal
a
la
serie
ordinal.
Tal
conversi6n
se
efectda
ordenando
los efectivos
observados
de
cada
modo
de
mayor
a
menor,
lo
cual
nos
permite
ya
una
visualizacidn
general
de
la
industria
que
nos
ocupa.
No
vamos
a
extendernos
en
demasía
en
la
evolucitSn
de
la
bdsqueda
de
criterios
vAlidos
para
localizar
las
ruptu
ras
dentro
de
una
serie,
datos que
por
otra
parte
pueden
en
contrarse
bien
desarrollados
en
una
de
sus
publicaciones
(La
place
1974b).
Insistiremos,
sin
embargo,
en
las
lineas
di
rectrices
de
esa
evoluci6n
que
desembocaran
en
el
m�todo
que
aplicamos.
Aclaremos,
al
empezar,
algunos
conceptos
bAsicos:
por
ejemplo,
intervalo
(i)
es
la
disÜDcia
entre
dos
categorías;
amplitud
(A)
es
la
distancia entre
las
categorías
extremas
de
la
serie;
la
amplitud
se
identifica
con
la
categor!a
mAxima
o
dominante
(n)
cuando
la
categoría
minima
es
de
valor
O.
Un
primer
acercamiento
para
diferenciar
categor�!as
puede
ser
70
la
media
(1)1)
J
se
halla
dividiendo
el
efectivo
total
(N)
por
el
número
de categorías,
que
normalmente
serA
de
seis.
Serln
ca
tegorías
mayores
las
que
tengan
un
efectivo
superior
a
la
me
dia,
y
menores
las
que
lo
tengan
menor.
Pero
hasta
aquí
no
había
método
para
hallar
las
rup
turas
de
la
serie.
El
driterio
mIs
simple
que
surgi6
para
in
tentar
averiguarlas
fue
el
del
doble
(Laplace
y
Broglio
1966).
Se
basa
en
considerar
como
ruptura
entre
dos
categor"s
el
hecho
de
que,
cuando
son
adyacentes,
una
sea
el
doble
o
mIs
de
la
otra.
Para
signifioar
las
rupturas
se
marca
un
trazo
o
blicuo
entre
las
que
cumplen
lo
enunciado,
hecho
este
que
se
repetir!
en
todos
los
casos,
pero
con
mayor
precisi6n.
Precisamente
en
busca
de
ello
entr6
en
juego
un
nue
vo
criterio,
el
de
la
amplitud.
Tenia
en
cuenta
el
ndmero
de
categorías,
pero
no
el
efecti.o
total.
Consideraba
ruptura
o
discontinuidad
cRando
el
intervalo
entre
categorías
era
supe
rior
a
la
amplitud
media
(Am).
que
se
obtiene
dividiendo
la
amplitud
(A)
por
el
ndmero
de
categorías
menos una
(k-l).
El
siguiente
criterio
al
que
Lap1
ce
evolucion6
fue
el
de
la
dominante.
Tiene
tambign
en
cuenta
el
número
k
de
categorías
pero
no
el
efectivo
total
N.
La
ruptura
o
discon
tinuidad
se
producía
cuando
el
intervalo
entre
2categorías
71
adyacentes
era
superi.or
a
la
media
de
la
dominante
(Dm),
que
se
obten!a
dividiendo
la
dominante
(D)
o
efectivo
mbimo
por
el
ndmero
k
de
categorías.
Un
estadio
m's
avanzado
de
estudio
viene
representado
por
el
criterio
de
la
raz�n.
En
�l
se
considera
tanto
el
efec-
tivo
total
N
como
el
ndmero
k
de
categorías.
Se
ha
construi-
do
sobre
el
modelo te�rico
de
una
serie
aritm�tica
de
raz6n
r,de
k
t�rminos,
siendo
el
primero,
a,
de
valor
nulo.
Hpy
rup-
tura
cuando
el
intervalo
entre
series
adyacentes
es
superior
a
la
raz6n
r
de
las
series
te6ricas
de
suma
N
y
de
k
términos.
La
fracci!n
final
de
las
series,
cuyo
desarrollo
omitimos
2�1
(ver
Laplace
1974b,
pp.13-14)
resulta
k-'1"
'
siendo
M
la
me-
día
que
ya
hemos
calculado
anteriormente.
Para
calcular
ademAs
la
importancia
relativa
de
las
rupturas
podemos
incluir
en
el
cAlculo
el
llamado
coeficien-
te
de
inestabilidad
(1)
que
es
la
relaci�n
entre
la
amplitud
A
y
el
"ecart
type
11
E,
cuyo
cAlculo
también
omitimos
(ver
La-
place
1974a,
p.139).
Señalaremos
tan
s�lo
el
resultado
final,
que
es
2M,
siendo
M
la
media
ya
calculada
m�
arriba.
Tras
el
cálculo
de
r
y
de
1,
los
aplicamos
a
la
serie.
Cada
efectivo
se
divide
por
r
y
as!
obtenemos
una
cifra.
La
diferencia
entre
esas
cifras
adyacentes,
en
los
casos
en
que
72
hay
ruptura,
ya
seftaladoB
con
anterioridad,
nos
dara
la
impor-
tancia
relativa
de
esas
rupturas
o
discontinuidades.
Pero
la
b4squeda
continu6
al
encuentro
de
un
cri-
terio
que
nos
condujese
a
ver
las
articulaciones
internas
de
las
categorías
.0
grupos
de
categorías
aislados
por
las
discon-
tinuidades.
Habíl
que
llegar
a
un
criterio
que
ordenase
las
rupturas,
un
criterio
ordinal
y
que
diese
lugar
a
una
estauc-
tura
de
orden
para
las
discontinuidades.
No
seguiremos
aquí
paso
a
paso
el
proceso
matemát:i.-
co
que
ha
llevado
a
Laplace
a
la
definici6n
del
criterio
or-
dinal
(Laplace
1974b,
p.15).
Nos
limitaremos
a
dar
la
defini-
ción
y
a
aplicarla
en
su
momento
oportuno,
como
podrá
compro-
barse:
nEn
una
secuencia
ordenada
de
efectivo
N
y
k
catego-
rías
todo
intervalo
entre
el
efectivo
máximo
(e
)
y
el efec
max
tivo
de
rango
inmediatamente
inferior
(e
1)'
como
entre
el
max-
efectivo
mínimo
(e
.
)
y
el
efectivo
de
rango
inmediatamente
tn:Ln
superior
(emin+1),
toma
significaci6n
de
ruptura
o
disconti-
nuidad
cuando,
respectivamente,
las
relaciones
de
e
max
-
e
min
y
e
-
e
max
min
son
superiores
a
2.
e
max-l
e
max
-
e
min+l
no
pudiendose
efectuar
el
proceso
con
menos
de
tres
t�rminoS:I.
El
desarrollo
posterior
de
la
problemAtica
que
nos
presenta
el
criterio
ordinal
en
su
ap1icaci6n
lo
mostraremos
73
ampliado
en
el
primer
estudio
correspondiente
a
la
cueva
del
Parpall&,
concretamente
su
nivel
inferior,
de
8'50
a
7125
mts.,
por
lo
que
remiúimos
al
lector
a
su
apartado
correspondiente,
donde
se
hallar�
el
albol
ordinal,
los
cAlculos
sobre
las
se
cuencias
parciales
y
la
matriz
de
distancias.
Mediante
la
aplicaci&n
de
este
sistema
se
consigue
el
matizar
la
importancia
relativa
de
las
rupturas
que
se
ha
llan,
en
calibrar
su
amplitud,
con
lo
que
se
consigue
una
r�
pida
visi6n
a
fondo
de
la
problem4tica
interna
de
la
serie.
Con
posterioridad
este
criterio
se
ha
visto
ya
des
bordado
por
otro
propuesto
por
la
escuela
laplaciana
(Laplace
y
Livache
1975);
se
trata
del
criterio
de
la
contingencia,
que
viene
complementado
por
nuevas
observaciones
posteriores
tales
como
la
estimacitSn
de
las
frecuencias
te6ricas
a
partir
de
las
frecuencias
observadas
en
la
secuencia
estructural;
hemos
preferido,
pese
a
todo,
atener.os
al
criterio
ordinal
por
su
empleo
m4s
difundido
y
una
mapor
facilidad
de
aplica.
ci6n,
ya
que
para
el
de
la
contingencia
los
cAlculas
eran
muy
prolijos.
Pero
no
se
detiene
la
tipología
anal1tica
en
averi
guar
datos
y
estructuras
de
una
sola
serie;
es
su
prop&sito
tambi�n
averiguar
las
relaciones
entre
dos
a
amAs
series,
ya
sean
de
un
mismo
yacimiento,
ya
sean
de
procedencias
dispa-
2
res.
Se
utilizan
para
ello
los
tests
de
homogeneidad
de
X'
cuyos
resultados
se
buscan
en
las
tablas
de
Pearson
y
nos
hablan
de
las
posibilidades
de
que
las
fluctuaciones
detec-
tadas
entre
las
dos
o
m�s
series
consideradas
sean
producto
del
azar
(en
cuyo
caso
las
seiies
son
homog�neas
en
su
dis-
tribuci&n,
y
por
lo
tanto
semejantes)
o
no
lo
sean
(y
enton-
ces
las
series
son
inhomog�neas
y
distintas).
Pese
a
que
veremos
aplicada
esta
metodología
en
los
estudios
de
la
zona
catalana,los
primeros
que
por
orden
corres-
ponden,
concretamente
en
el
Rec1au
Viver
y
en
el
Cau
de
les
Goges,
la
explicaci&n
a
fondo
de
esta
metodología
la
hallare-
mos
al
tratar
del
SOlutrense
Medio
del
Parpall&,
ya
en
la
zona
valenciana.
Allí
se
exponen
ampliamente
los
criterios
que
han
llevado
a
esta
línea
investigadora
a
convertirse
en
vital
a
la
hora
de
comparar
series
distintas,
y
están aplicados
a
las
dos
subfases
que
hemos
distinguido
dentro
de
aquel
Solutren-
se
!-fedio.
Remitimos
p_
tanto
al
lector
a
ese
apartado
para
mejor
informaci&n,
o
al
artículo
básico
de Laplace
donde
ex-
pone
este
camino
de
investigaci,sn
y
nos
da
un
dato
muy
impor-
tante,
como
son
las
comentadas
tablas
de
Pearson
(Laplace
1974b).
-;
Pero
el
propio
Laplace est&
trabajando
ya
con
nuevos
métodos
en
el
apartado
de
comparaciones
de
series.
Nos
referi
mos
a
BUB
estudios
acerca
de
la
distancia
del
Khi
2
Y
sobre
todo
acerca
de
los
algoritmos
qmétodos
de
cAlculo
para
una
clasificaci6n
jer&rquica¡
entre
estos
dltimos
potencia
dos
camninoB,
el
de
utilizaci6n
de
de
una
distancia
ultramétri
ca,
ya
sea
una
superior
mínima,
ya
sea
una
inferior
máxima,
o
_el
que
procede
por
reducci6n
de
la
matriz
de
distancias
inicial
(Laplace
1975).
Pero
si
ha
sido
la
tipología
analítica
la
base
de
todo
nuestro
trabajo,
no
hemos
dejado
aparte
totalmente
la
tipología
intuitiva
emanada
sobre
todo
de
la
escuela
de
Bur
deos
y
de
sus
cabezas
visibles,
el
matrimonio
Bordes.
Nos
ha
peacido
capital
la
inclusi6n
de
los
an41isis
tipo16gicos
segdn
la
lista
tipo
de
Sonneville
Bordes
y
Perrot
para
no
constre
ñir
en
exceso
nuestro
estudio,
que
tiene
miras
de
extensi6n
lo
más
amplias
posible.
Eramos
conscientes
que
con
una
apli-
c
ci6n
exclusiva
de
la
tipología
analítica
nuestro
campo
de
receptividad
exterior
quedaba
muy
mermado
y
debía
cefiirse
so
lamente
a
los
pocos
investigadores
que
aplicamos
el
sistema
en
cuesti6n
en
Espafta,
Francia
e
Italia.
No
era
nuestra
inten
ci6n
autoexcluirnos
de
las
corrientes
tipo16gicas
dominantes
hasta
la
fecha,
que
hay
que
reconocer
que
eran
las
emanadas
7fi
de
la
doctrina
Bordes,
y
con
ello
queremos
abarcar
todo
el
4m
bito
cronol�gico
e
ideol�gico
que
tal
calificativo
implica.
Pero
toda
esa
evoluci6n
en
nuestro
modo
de
pensar
fue
algo
mAs
tardIa
que
el
inicio
de
los
an�isiB
de
los
ú
tiles
usados
para
eaat Tesis
Doctoral.
Por
10
tanto
qued6
u
na
parte
de
los
IjI.ismos
ani.izada
exclusivamente
con
el
siste
ma
tipo16gico
analítico,
y
fue
la
de
los niveles
inferiores
y
medios
del
Parpal16;
a
partir
de
4'50
mts.
ya
se
incluye
bajo
una
primera
columna
encabezada
por
las
siglas
NB
(Núme
ro
Bordes)
la
cifra
correspondiente
al
tipo
de
la
lista
de
Sonneville
Bordes
y
Ferrot.
Así
hemos
seguido
operando
con
los
útiles
procedentes
del
Barranc
Blanc,
del
Rec1au
Viver
y
del
Cau
de
les
Goges,
todo
10
cual
puede
proporcionar
a
108+
estudiosos
del
Paleol!tico
Superior
que
operan
con
el
siste
ma
Bordes
una
fuente
de
datos
muy
considerable.
Para
mayor
faciliddd
se
a�tan
al
final
de
cada
tramo,
nivel o
zona
los
recuentos
y
porcentajes
acumulativos
de
los
tipos,
es
decir,
la
base
de
los
controvertidos
gr4ficos
acumulativos1
como
ha
sido
sei'ialado
ya
en
este
mismo capítulo
y
podrá
comprobarse
mAs
adelante.
ijperamos
que
esta
maniobra
integradora
y
no
disgre
gadora
sea
valorada
en
la
justa
medida
universalista
que
pre
tende.
Que
no
se
interprete
como
una
renuncia
por
parte
de
77
este
investigador
del
m&todo
que
creemos
el
m&s
adecuado
pa
ra
los
trabajos
de
paleolítico
Superior
sino
como
un
deseo
de
llegar
al
mayor
ndmero
de
estudiosos
de
la
materia
sin
lí
mites.
Estamos,
pese
a
ello,
en
favor
de
un
mayor
indice
de
publicaci6n
de
yacimientos
siguiendo
el
sistema
de
Laplace
para
as!
llegar
a
una
red
de
comparaciones
similar
a
la
que
ho�
puede
obtonerse
de
los
yacimientos
publicados
siguiendo
el
sistema
Bordes. Instamos
para
ello
a
la
utilizaci6n del
m�todo
laplaciano
a
cuantos
investigadores
posean
un
espíri
tu
cr!�ico
mínimo
hacia
errores
claros
o
velados
pero
que
con
una
visi6n
objetiva
y
racional
de
la
problem4tica
tipo16gica
paleolítica
intenten
hacer
avanzar
el
saber
hacia
objetivos
m4s
científicos.
7H
YACD1IENTOS
Tras
haber
entrado
en
detalles
hasta
aquí
acerca
de
los
elementos
previos
para
el
estudio
detallado
de
las
in
dustrias
líticas,
pasaremos
al
mismo
centrandolo
en
los
ya
cimientos
analizados
para
este
trabajo.
Dato
previo
tiene
que
ser
por
fuerza
la
estructura
oi6n
territorial
que
hemos
seguido
a
lo
largo
de
los
capítu
los
que
siguen.
Tres
son
los
n4cleos
principales
en
que
agru
pamos
los
yacimientos.
El
primero
que
veremos
sera
la
zona
ca
ta1ana,
dondo
destacan
el
Reclau
Viver
de
Seriny�
y
el
Cau
de
les
Goges
de
Sant
JuliA
de
Ramis
por
encima
de
otras
Olle-
vas.y
abrigos
de
menor
importancia;
la
concentraci6n
de
estacio
nes
se
cebtra
casi
exclusivamente
en
las
comarcas
gerundenses
y
hey
que mencionar
la
zona
de
Serinyh
como
la
mAs
prolífica
dentro
del
Paleolítico
SUperior
peninsular.
El
segundo
n�cleo
de
yacimientos
lo
tenemos
en
los
territorios
agruPados
bajo
la
denominavi6n de
zona
valencia
na.
Indudablemente
es
�sta
la
clave del
presente
trabajo
por
su
vital
importancia
dentro
del
desarrollo
de
la
Prehistoria.
Es
por
ello
que
en
el
estuAio
detallado
de
dos
de
sus
yaci
mientos
fundamentales
hayamos
consumido
muchas
horas
y
mu
chas
pAginas;
110S
referimos
al
Parpal16
y
al
Barranc
Blanc.
En
el
estudio
del
primero
hemos
basado
una
remodelaci6n
de
la
secuencia
estratigráfica
levantina
que
veremos
en
su
mo
mento
oportuno;
para
el
segundo,
aparte
de
la
originalidad
intrínseca
de
sus
indusbrias
líticas,
pensrunos
que
el
mejor
dato
es
la
aportaci8n
que representa
su
estudio
detallado
y
su
salida
a
la
luz
despu�s
de
un
cuarto
de
siglo
de
su
ex
cavaci6n;
hemos
llevado
a
cabo
además
en
el
mismo
una
cam
paña
para
realizar
comprobaciones
estratigráficas,
una
cata
y
el
dibujo
de
cortes
y
plano
de
la
cueva.
El
tercer
yacimiento
clave
de
la
zona,
Les
Mallae
tes,
está
en
estudio
bajo
la
direcci6n
de
los
profesores
F.
JordA
y
J.
Fortea
de
la
Universidad
de
Salamanca.
Circunstane
cias
particulares
nos
han
impedido
una
visión
directa
de
los
materiales
que
con
tan
gran
generosidad
nos
ofrecieron
para
su
estudio
somero
los
citados
investigadores,
en
especial
el
segundo
de
ellos.
No
obstante
un
avance
a
su
publicaci6n
de
finitiva
nos
da
los
datos
suficientes
para
encüadrar
este
im
portante
centro
dentro
del
cuadro
comarcal.
Dos
yacimientos
más
completan
la
zona
valenciana,
Les
l>laravelles
y
Les
Rates
Penaes;
circunstancia
a
resei'iar
es
que
la
concentraci6n
de
cuevas
se
produce
alrededor
de
un
punto
concreto
de
la
sierra
costera
levantina,
que
hoy
se
ha
lla
cerca
de
la
ciudad
de
GandÍa. El.
Parpal16
y
Les
l>lallaetes
80
distan
entre
sí
poco
m&s
de
tres
Kms.;
entre
10
y
1S
'Kms.
dis
tan
de
estas
dos
primeras
del
n&cleo
ue
&6tova,
donde
se
cen
tran
las
tres
restantes.
Por
fin
la
tercera
zona
es
la
qu�lamamos
Centro
SUr.
Ln
ella
hemos
podido
realizar
un
estudio
analítico
de
cuatro
yacimientos:
el
SerrÓn
(Antas,
Almería),
la
Cueva
de
Ambrosio
(Vélez
Blanco,
Almería),
el
Tajo
del
Jorox
(Alozai
na,
Hálaga)
y
Salemas
(Ponte
de
Lousa,
Portugal).
Tres
agrupaciones
de
yacimentos
pueden
distinguir
se
en
esta
zona;
QIlO
situado
en
la
regi6n
de
�furcia-Almer:(a.
de
viejas
excavaciones
y
datos
en
general
pobres
y
confusos,
como
sus
estratigraf!as;
otro
que
comprende
los
hallazgos
por
tugueses,
de
resultados
en
ocasiones
espectaculares,
peDO
de
publicaci6n
no
excesivamente
pprovechable;
y
un
tercero,
el
m�s
dudoso,
que
abarca
los
hallazgos de
foliáceos
realizados
en
las graveras
del
Manzanares
a
su
paso
por
Madrid.
Las
con
troversiss
sobre
esta
4ltima
agrupaci6n
de
hallazgos
las
cre
emos
fundadas
ya
que
se
efectuaban
en
superficie
y
mezcla-
das
con
elementos
típicos
del
Paleolítico
Inferior.
Un
dato
previo,
en
el
aspecto
práctico,
que
conven
dría
dejar
bien
claro
antes
de
pasar
a
las
zonas
y
a
los
ya
cimientos
propiamente
dichos
sería
la
explicaci6n
de
la
sis-
81
tematizaci6n
de
las
industrias
se�
sus
niveles,
zonas,
ctc
••
Ya
en
el
capítulo
de
metOdología
se
explicaba
con
detalle
la
que
hemos
seguido
a
la
hora
de
sus
an41.isis
y
de
sus
datos
PObte
riores,
medidas,
tipos
de
tal6n,
fragmentaci6n
alturas
del
re
toque
en
los
raspadores
y
número
correspondiente
de
la
lista
tipo
de
Sonneville
Bordes
y
Perrot.
Ahora
nos
proponemos
a
clarar
la
numeraci6n
de
los
dtiles
analizados.
Siguiendo
el
orden
en
que
vamos
a
encontrarlos
en
estas
páginas,
tenemos
en
primer
lugar
el
Reclau
Vivero
Dos
series
han
sido
analizadas,
la
primera de
ellas,
procedente
de
las
vitrinas
del
Huaco
de
Banyoles,
tenía
ya
una
numera
ción
propia,
que
hemos
respetado,
y
que
corresponde
a
la
cifra
del
inventario
que
llevaba
el
Dr.Corominas
en
sus
trabajos
en
la
zona
de
SerinyA¡
la
segunda
serie
proviene
de
la
exhaus
tiva
revisión
que
llevamos
a
cabo
en
los
fondso
del
menciona
do
Museo
entre
los
materiales
provinentes
del
Reclau
Viver,
en
los
cuales
pudimos
distinguir
m4s
de
cien
útiles,
que
fue
ron
numerados
del
2001
al
2108.
El.
segundo
yacimlliento
catalM
al
que
hemos
anali
zado
detenidamente
es
el
Cau
de
les
Gages
de
Sant
JuliA
de
Remis.
Su
problem4tica
fue
mucho
m's
1:4cil
ya
que
en
todas
las
piezas
analizadas
figuraba
el
número
de
inventario
del
Huaeo
82
Arqueol&gico
de
Barcelona.
Las
pocas
que
no
lo
ostentaban
e
ran
las
que
vimos
en
Gerona,
fruto
de
las
visitas
realizadas
a
la
cueva
en
años
recientes.
su
escasez
hacia
que
pudiera
mos
prescindir
de
catalogarlas
con
una
cifra
y
sacar
de
allí
una
serie.
El
problema
mayor
lo
tuvimos
al
enfrentarnos
con
el
Parpall&_
un
verdadero
monstruo que
tenia,
en
los
niveles
que
ibamos
amalizar,
un
total
que
se
aproximaba
a
las
10.000
piezas
l1tiles
dentro
de
un
conjunto
de
casi
100.000
piezas.
De
estas
tUtimas
tuvimos que
separar
los
4t.iles
en
muchos
ca
sos,
dado
que
nuestra
revisi6n
se
bas&
en
gran
medida
en
los
paquetes
guardados
en
los
fondos
del
l>:luseo
de
Prehistoria
de
la
Diputacioo
de
Valencia
donde
reposaban
desde
hace
casi
me
dio
siglo.
Nuestra
paciente
labor
did
sus
frutos,
ya
que
gran
cantidad
de
titiles
fueron
recuperados
para
su
estudio
en
es
te
trabajo.
La
suma
total
de
108
analizados
alcanza,
como
ya
hemos
indicado,
una
cifra
superior
a
los
10.0CO
instrumen't;os.
La
numeraci6n
se
inici6
con
el
nivel
7'25-6'25
mts.,
Solutrense
Inferi.ort
con
el
ntimero
1.
Pero
al
decidirnos
a
tocar
el
nivel
inferi.or,
el
Auru1aciense
o
Gravetiense,
tuvi
mos
que
proceder
a
una
numeraci6n
distinta,
ya
qáe
el
1
esta
ba
adjudicado
al
nivel
superior
J
la
aoluci6n
fue
que
precedie
ra
a
la
cifra
correspondiente
un
O,
y
as! tenemos
el
dtil
01,
83
02,
etc
••
Para
el
Solutrense
Medio
el
primer
11til
fue
marca
do
con
el
1001.
En
el
Solutrense
SUperior
la
primera
cifra
era
el
3001,
ya
que
el
nivel
anterior
habla
superado
el
ndmero
X
2000
y
dejabamos
de
margen
hasta
la
mencillada
cifra.
Parecido
fencSmeno
se
producía
con
le
Soll1treo-aurifiaciense
final,
que
encabezamos
con
el
6001.
y
por
fin
los
dos
Magdalenienses
se
guían
una
numeracidn
correlativa
a
partir
del
8001.
En
el
Barranc
Blanc
el
problema
era
semejante.
Casi
ningdn
11til
estaba
marcado
y
efectuamos
esta
labor
despu6s
de
la
de
clasificaci6n
de
materiales,
no
tan
numerosos
como
en
el
Parpal16
poro
tambi6n
guardados
en
los
fondos
del
Museo
de
Prehistoria
de
Valencia.
Dado
que
aquí
la
distinci6n
se
hizo
en
nueve
niveles,
en
cada
uno
de
ellos
encabezamos
la
numora
ci6n
con
las siblas
B81,
8B2,
etc.,
y
a
continuaci6n
la
cifra
correspondiente
partiendo
del
1
en
cada
capa.
La
cifra total
de
útiles
era
de
unos
2.500,
algo
superior
a
ella.
llasta
aqtÚ
los
problemas
concretos
de
nwneraci6n
que
podr
comprobarse
en
las
pAginas
que
siguen.
ScSlo
en
un
caso
m.1s,
en
el
Tajo
del
Jorox,
hemos
realizado
an.tLisis,
que
siguen
las
cifras
del.
cat
go
ofrecido
eI)1.a
publicaci6n.
Demos
paso
ya
a
los
estudios
concretos
de
las
tres
grandes
zonas.
La
gran
cantidad
de
análisis
�ipo16gicos
ha
r�
quizAs
dificil
el
manejo
de
esta
obra
pero
es
nuestro
de-
seo
que
no
enmascaren
el
contenido
de
la
misma
con
su
volu
men.
Nuestra
decisi6n
de
incluirlos
ha
sado
meditada
y
vree
mos
que
con
ellos
aportamos
tantos
datos
o
m4s
que
con
el
tex
to
propiamente
dicho.
Un
�timo
punto
a
señalar
es
la
estructuraci6n
de
estos
estudios
por
zonas;
se
plantea
siempre
en
primer
lu
gar
una
problem4tica
general
de
la
misma,
para
seguir
con
el
estudio
de
los
yacimientos
m6s
importantes,
que
a
su
vez
se
subdividen
en
diversos
apartados
particulares;
a
continuaci6n
se
efectda
el
estudio
de
yacimientos
menores
para
finalizar
con unas
conclusiones
generales
sobre
1
zona
que
correspon
de.
Dicho
esquema
nos
ha
parecido
el
m1s
adecuado
para
lo
grar
la
mejor
exposici6n
de
los
hechos
que
se
detallan
a
con
tinuaci6n.
ZONA
CATALANA
ProblemAtica
general
El
estudio
de
los
hallazgos
solutrenees
en
Catalu
nya
no
puede
ser
necesariamente
muy
extenso
debido
a
la
parque
dad
de
106
mismos.
Si
bien
la
cantidad
de
&tiles
que
poseemos
no
es
elevada,
cualitativamente
cabe
considerarlos
a
la
misma
altura
que
los
de
la
zona
valenciana,
clave
en
el
proceso
de
desarrollo
de
la
fase
media
del
Paleolítico
Superior
mediterr'
neo
peninsular.
De
inmediato
hay
que
privilegiar
una
parte
de
Cata
lunya
donde
se
encuentran
pr�cticamente
todos
los
hailazgos
conocidos
hasta
el
momento:
se
trata
de
las
comarcas
gerunden
ses,
donde
destacan
con
luz
propia
dos
yacimientos
de
antigua
excavaci�n
con
una
estratigrafía
solutrense.
aludida
de
con
tinuo
en
diversos
artículos
y
necesitada,
desde
nuestro
punto
de
vista.
de
una
precisa
descripei6n
de
esos
dtiles
y
de
un
enfoque
renovado
de
sus
series
industriales.
Nos
estamos
refi
riendo
al
Cau de
les
Goges
de
Sant
Juli�
de
Ramis
y
al
Reclau
Viver
en
la
prolífica
zona
de
Seriny�.
Ambos
han
sido
analiza
dso
en
su
industria
lítica
hasta
donde
nos
lo
han
permitido
las
reconstrucciones
estratigr4fieas
deducidas
de
los
artícu
los
que
sobre
tales
yacimientos
publicaron
sus
excavadores.
8(;
él
problema
mayor
se
nos
ha
presentado
en
el
segundo
de
ellos
por
la
confusi4Sn
de
taludes
y
profundidades
que
se
desprende
del
diario
de
excavaciones
o
incluso
de
sus
intentos
posterio
res
de
aclarar
tales
circunstancias;
pero
estos
hechos
Ser&l
tratados
con
detenimiento
en
su
apartado
concreto
de
este
ca
pitulo.
Hoy
conocemos
una
nueva
serie
de
yacimientos,
en
la
misaa
zona
de
Serinyh,
que
han
dado
restos
de
inequívoca
ads
cripci6n
solutrense¡
los
mAs
destacados
son
L'Arbreda
y
Davant
Pau
,
Sus
materiales
estSo
en
estudio
por
parte
del
Servici.o
de
Investigaciones
Arqueo16gicas
de
la
Diputaci6n
de
Gerona,
que
colabora estrechamente
en
su
cECavaci6n
con
un
equipo
de
la
Universidad
de
Provenza
bajo
la
direcci6n
del
profesor
fran
c�s
H.
de
Lum1ey.
Debido
a
esa
emrcunstancia,
lSgicamente
no
hemos
llevado
a
cabo
su
an!1isis,
y
su
cita
se
hace
a
partir
de
la
publicaciSn
de
notas
referentes
a
los
mismos
en
la
obra
clave,y
de
reciente
publicaci6n,para
la
provincia
de
Gerona
"El
Paleolític
a
les
comarques
gironines",
recopilaci6n
lleva
da
a
cabo
con
motivo
de
la
visita
qáe
a
la
zona
efectuaron
los
miembros
del
noveno
Congreso
Internacional
de
Ciencias
Prehist6ricas
y
Protohist6ricas
celebrado
en
Niza
en
Setiem
bre
de
1976
(Canal
y
Soler
1976).
M4s
adelante
insistiremos
en
el
tema.
87
Quedan,
POI'
.tltimo,
las
citas
de
los
hallazgos
suel
tos
en
yacimiento,
o
aislados,
que
se
centran
también
casi
con
exclusividad
en
la
zona
de Serinyl.
Tan
solo
se
seftala
un
&til
posiblemente
solutrense
en
la
provincia
de
TBI'ragona,
en
el
yacimiento
de
Les
Planes,
cerca
de
El
MolarJ
es
el
doi
co
vestigio
de
esta
cultura
del
que
hasta
hoy
tenemos
noti
cia
fuera
de
la
provincia
de
Gerona.
Difícil
es
buscar
causas
a
esta
carencia
casi
abso
luta
de
utillaje
paleolítico
solutrense
eh
el resto
de
Cata
lubya;
y
lo
es
porque
hay
que
dilucidar
la
cuesti6n
de
si
no
han
aparecido
porque
no
existen
o
porque
no
se
han
buscado
con
suficiente
método
y
afAno
Un
dato
nos
inclina
hacia
la
pri
mera
aseveraci6n¡
si
hay
dos
zonas
bien
exploradas
en
lo
que
a
yacimientos paleolíticos
y
epipaleol.!ticoB
se
refiere,
.sstas
son
la
de
Gerona
y
la
de
Tareagona.
En
la
primera
de
ellas
la
abundancia
del
Solutrense
y
de
otras
culturas
paleolíticas
es
clara
y conocida
desde
hace
muchos
años.
En
la
segunda
la
exploraci6n
de
yacimientos
ha
sido,
en
algunas
aonas,
abundan
te
de
la
mano
de
S.
Vilaseca,
que
saceS
a
la
luz
abundantísimo
material
postpaleolítico
pero
que
nunca
hal16
rastros
paleo
líticos,
excepci6n
hecha,
para
el
SOlutrense,
de
la
punta
de
Les
Planes
ya
aludida.
La
conclusi6n
que
podemos
sacar
de
es
ta
exposici6n
es
que
realmente
en
Gerona
hay
Solutrense
y
no
8H
lo
hay
en
Tarr88ona,
puesto
que
ambas
zonas
han
sido
trabaja
das
de
forma
semejante
con
bien
distintos
resultados.
Sin
cm
bargo
creemos
que
una
prospeccidn
a
fondo
de
esta
d1timaa
pro
vincia,
en
zonas
no
tocadas
por
el
Dr.Vilaseca,
que
son
tambi�
numerosas,
pOdrta
dar
sorppesas
en
forma
de
materiales
paleo
líticos;
en
ese
camino
hacia
el
Sur
han
sido
señalado
algu-
nos
hallazgos,
supuestamente
magdalenienses,
en
el
karst
de
la
costa
de
Garraf
(Barcelona).
No
obstante
la
tentaci6n
de
encontrar
un
camino
se
guro
que
uniese
el
bloque gerundense
con
el
valenciano
ha
lle
vado
a
m's
de
una
teoría
aventurada,
a
más
de
un
equilibrio
en
las
distancias
para
encontrar
esa
relaci6n.
Personalmente
creemos
en
la
relaci6n
abstracta,
a
nivel
de ideas,
pero
no
necesariamente
a
nivel
de
utillaje,
de
restos
palpables
de
esa
conexi6n.
y
otro
punto
importante
por
el
que
abogamos
es
en
la
indistinta
direcci6n
de
esas
relaciones;
tanto
pudo
in
fluir
el
Parpal16
en
8eriny�
como
Serinyl
en
el
Parpal16,
to
mando
los
dos
lugares
más
representativos
de
ambos
grupos
y
teniendo
en
cuenta
el
paralelismo
cultural
f&cilmetne
dedu
cible a
partir
de
unos
estímulos
similares
o
de
unas
tradi
ciones
anteriores
convergentes.
89
EL
RECLAU
VIVER
El
Reclau
Viver
se
encuentra
en
la
zona
de
Serinyl.
pueblo
situado
a
unos
6
Kms.
de
Banyoles
y
casi
a
25
de
Gero
na.
EstA comprenalido
en
el
complejo
de
yacimientas
que
se
abren
en
el
travertino,
producto
del
sistema
de
lagos
que
en
la
co
marca
marcaron
la
pauta
en
�pocas
pasadas,
el
de
EspolIa,
el
mismo
de
Banyoles,
etc.
(Sanz
1972,
Julil
1977).
Dicho
tra
vertino
di6
lugar
a
numenosos
abrigos
que
fueron
rellenandose
de
sedimentos,
en
muchas
ocasiones
producto
de
la
presencia
del
ho�bre
del
paleolítico
en
la
regi6n.
Al
pie
del
sistema
de
cuevas
y
abrigos
corre
un
pcqqBño
riachuelo,
el
Serinyadell.
Para
una
situaci6n
exacta
de
la
zona
debemos
remitirnos
de
nuevo
al
libro
citado
en
el
apartado
anterior
en
el
que
pue-
de
contp�plarse
un
preciso
plano,
obra
de
E.Sanz,
en
el
que
se
observa
la
disposidi6n
de
los
yacimientos
y las
curvas
de
ni
vel
que
marcan
de
manera
decisiva
la
topograf!a
del
lugar
(Ca
nal
y
Soler
1976,
p.131).
Antes
de
adentrarnos
en
el
estudio
preciso
del
Re
clau
Vivar,
vamos
a
citar
los
dem.4s
abrigos
de
la
zona
en
los
que
se
han
realizado
hallazgos
arqueológicos.
Históricamente
la
primacía
corresponde
a
la
Dora
Gran
d'En
Carreres,
cuyas
primeras
excavaciones
tuvieron
lugar hace
mAs
de
cien
afios
(Alsius
1871)
por
parte
del
farmac�utico
baflolense
Pere
Al-
90
sius
i
Torrent1
en
el
yacimiento
que
nos
ocupa
los
trabajos
se
realizaron
durante
los
años
40
por
parte
de
J.M.Corominas,
ka
bajo
la
inspecci�n
de
L.Pericot¡
el
primero
de
ellos
realiz6
asi
mismo
labores
de
prospecci6n
en
Mollet
I
y
en
la
Cova
d'En
Pau,
todo
ello
durante
la
referida
�cada.
Las
coleccio
nes
particulares
guerdaron
gran
cantidad
de
materiales
provi
nentes
de
la
zona,
por
lo
que
en
ocasiones
fue
s6lo
el
estu
dio
tipo16gico
de
esos
hallazgos
lo
que
pudieron
hacer
los
prehistoriadores,
sin
poder
profundizar
cn
el
del
yacimiento
en
sI,
en
su
entorno,
en
su
tipo
de
tierras,
estratigrafía,
etc.
(Pericot
y
Maluquer
1951).
A
principios
de
los
años
70
se
prosiguieron
de
ma
nera
regUtar
las
excavaciones,
ya
que
los
sondeos
no
fueron
nunca
abandonados
sobre
todo
por
parte
del
Dr.Corominas.
Fue
ron
reconocidos
hasta
cinco
puntos
en
la
zona
de
la
cueva
de
Mollet
(I.
II,
etc.).
se
trabaj6
en
la
Cava
dtEn
Pau
y
en
sus
cercanías
(Pau
II.
Davant
Pau)
y,
sobre
todo,
se
excava
L'Ar
breda,
yacimiento
clave
de
la
zona
en
el
que
un
sondeo
reali
zado
por
Corominas
lleg6
hasta
los
9
mts.
y
donde
hoy
traba
jan
el
S.I.A.
de
Gerona
y
un
equipo
del
proesor
Lumley
de
la
Universidad
de
Provenza¡
como
ya
hemos
señalado
con
anterio
ridad.
otros
agujeros
detectados
en
el
travertino
han
ido
91
dando
sedimentos,
en
ocasiones
f�rtiles,
y
se
conocen,
por
ejemplo,
la
Cova
Costa,
el
Cau
del
Codony,
el
Cau
del
Roure,
IIAbiic
dlEn
Genover,
etc.
(Estévez
1976a,
en
Canal
y
Soler
1976,
p.130).
Volviendo
de
nuevo
al
Reclau
Viver,
señalaremos
que
su
g�nesis
fue
una
diaclasa
en
el
corte
del
ya
mentado
tra-
vc�tino
de
EspolIa
producido
por
erosi6n
fluvial
del
Serinya-
dell,;
la
forma
definitiva
fue
modificada
con
seguridad
poI'
la
acci6n
del
agua
al
filtrarse
por
el
porOBO
material
que
for-
ma
la
cueva
(Crusafont
y
Thomas
1950).
El
yacimiento
tiene
en
su
entrada
un
vestíbulo,
pe-
2
queíia
sala
de
poco
mits
de
20
mts
.,
donde
la
estratigrafía
apareci6
revuelta.
Una
prolongaci6n
o
galería
did
la
estrati-
grafía
deseada
en
los
taludes
que
en
ella
fueron
distinguien-
dose.
Ciñendonos
en
primel'
lugar
al
vestíbulo,
ya
su
ex-
cavador
señala
la
mezcla
de
materiales
que
van
desde
los
ro-
manos
al
Paleolítico
(Col'ominas
1949,
p.44)¡
se
han
identifi-
cado
cer!micas
sigillata,
ib�rica,
campaniforme,
cardial,
mez-
cladas
con
4tiles
en
sllex,
cual'zo
o
cristal
de
roca
como
dor-
sos
rebajados,
raspadol'es,
puntas
de
aletas
y
pedúnculo
fo-
liAceas,
buriles,
etc
••
Es
de
destacar
un
recientísimo
estu-
92
dio,
adn
inedito,
del
conservador
del
Museo
de
Banyoles
J.
Tarros
acerca
de
los
niveles
cer4micos
de
esta
cueva
(Ta
rros
1978).
La
profundidad
de
la
excavaci6n
en
esta
parte
de
la
cueva
lleg6
casi
a
los
dos
metros,
en
capas
de
20
cms.,
numeradas
del
1
al
9
y
por
sectores,
de
complicada
recons
trucci6n.
La
parte
que
ofrece
un
mayor
1nter�s
es
la
gale
ría,
en
la
cual
los
seis
taludes
en
que
se
dividi6
la
exca
vaci6n
llegaron
en
algunos
casos
hasta
los
5'40
mts.
de
po
tencia.
Los
niveles
cstaban
intactos
gracias
al
desplome
de
la
b6veda
que
proserv6,
desde
el
final
del
Solutrense,
la
estratigrafía
depositada
hasta
aquel
mo eneo
,
El
pi:imer
talud
es
casi
inaprovechable
ya
que
se
extrajo
para
penetrar
en
la
galería
desde
el
vestíbulo,
pa
ra
abrir
un
hueco
que
comunicase
la
cavidad
con
la
meseta
del
Reclau.
Desde
lo alto
de
la
misma
prosigui6
la
excava
c16n
de
b
-*'1m-
los
taludes,
hasta
seis.
Desde
la
superficie
hasta
1'50
mts.,
aproximadamen
te,
abunda
la
cer4mica
lisa,
o
con
sencillos
cordones
y
asas,
de
tipo
neolítico.
Entre
1
y
1'20
mts.
se
hallaron
restos
de
un
enterramiento
meol!tico,
e
incluso
se
cita
un
fondo
de
ca-
bafia
neolítico
(Corominas,
M.,
1960,
p.13).
La
tierra
es
ar
cillosa
y
rojiza.
93
Hasta
los
dos
metros
hay
una
potente
capa
de
blo
ques
de
travertino,
en
realidad
la
b6veda
de
la
cueva
calda
a
finales
del
Solutrense,
cultura
subyacente
de
forma
inmedia
ta,
sobre
la
cual
el
derrumbe
actucS
como
aisl.ante
de
poste-
riores
mezclas.
Entre
los
2
y
los
3'20
mts.
tenemos
los
inequívo
cos
restos
del
Solutrense,
que
han
sido
los
estudiados
a
fon
do
y
analizados
para
el
presente
trabajo.
Si
bien
los
prime
ros
20
cms.
eran
casi
estérLles,
entre
2'20
y
3'20
mts.
la
abundancia
de
�tiles
era
clara
y
síntoma
de
una
'epoca
flore
ciente
para
los
habitantes
de
la
zona.
Son
los
niveles
deno
minados
por
su
excavador
E
y
F
y
que
fueron
estudiados
por
J.l.Corominas
(Corominas,
:!-1.,
1960).
Nos
indicn
que
el
nivel
2'80-3
mts.
es
el
mAs
fértil,
circunstancia
que
disminuye
cuanto
m4s
superficial
es
la
capa;
del
32%
en
el
primer
caso
pasamos
a
un
escaso
6%
del
total
de
los
dtiles
en
la
capa
2-2'20
mts
••
La
tierra
solutrense
es
negra
en
gaan
parte
de
la
potencia
que
abarca,
con
un
pequefio
nivel
amarillento
en
la
base.
Los
siguientes
niveles,
hasta
los
4140
mts.
apro
ximadamente,
fueron
los
considerados
como
perigordienses
por
Corominas,
F
tal
como
han
ido
quedando
fijados
los
tipos
en
en
la
bibliografía
hasta
la
revisicSn
que
sobl!'e
ellos
llevoS
a
cabo
nuestro
compafiero
Jordi
Est&vez
en
su
Tesis
de
Licen
ciatura
(r:st�vez
1975).
En
ella
tiende
a
considerar
mAs
bien
dos
conjuntos,
inferior
uno,
aurifiacoide,
y
otro
que
denomina
de
industrias
gravetoides.
Un
buen
resumen
de
sus
teorías
figura
en
el
aludido
libro
sobre
el
Palolttico
gerundense
(Estévez
1976b.
en
Canal
y
Soler
1976).
De
ah!
entresacamos
los
datos
para
los
niveles
C
y
D,
los
aludidos
gravetoides,
en
los
que
dominan
los
abuptos,
con
mayor
variedad
de
tipos
en
Di
los
simples
les
siguen.
con
buen
indice
de
raspador
y
de
raedera)
los
demás
grupos
quedan
algo
relegados,
adn
con
ligero
domi-
nio
de
los
sobreelevados
como
residuo del
momento
aurifiacien-
se
anterior.
En
e
predomina
el
color
negro
de
la
tierra,
mien
tra4
qde
en
D
lo
hace
el
rojo.
Bl
metro
de
potencia
que
queda
hasta
el
fondo
de
la
cueva
estA
ocupado
por
las
capas
A
y
B.
�sta
de
unos
30
cms.
de
potencia
(4'4<>-4'70
mts.)
y
la
primera
hasta
el
fi
nal,
desde
4'70
a
5140
mts.
Con
el
descenso
de
los
estratos
su
color
va
oscureciendo
se.
pasando
de
claro
a
totalmente
ne
gro.
Dominan
los
dtil.es
sobre
retoque
simple,
con
abruptos
y
sobreelevados
en
cantidades
semejantes
y
cercanas
a
aqucUlos,;
es
la
fase
de
industrias
auriñaeoides
que
inicia
el
ciclo
de
habitacicSn
del
yacimiento,
pero
no
de
la
zona
de
Serinyll
..
don-
de
han
sido
detectados
ricos
y
muy
abundantes
restos
del
Pa-
9S
leol{tico
)!edio
en
el
fondo
de
la
cata
de
9
mts.
llevada
a
cabo
por
Corominas
en
L'Arbrede
(Soler
1975)
y
en
la
cueva
del
Mollet
J:.
Las
dataciones
radiocarb6nicas
realizadas
dan
unas
cifras
contradictorias,
por
lo
que
hay
que
sospechar
que
di
chos
anAlisis,
realizados
en
los
laboratorias
de
la
Univer
sidad
americana
de
Michigan,
sufrieron
alguna
elteraci6n
en
su
recogida
o
en
su
proceso
de
antHsis.
Las fechas
que
se
nos
ofrecen
para
la
fase
auriña
coid.e
son:
(�1w10z
1967)
lo!
1020
(41
20-4'
40
mts.)
-
14250±500
Be
1461o:!:600
BC
H
1015
(4'60-4'80
mts.)
M
1016
(4'80-5
mts.)
1675o:!:800
BC
La
evidencia
de
una
contaminaci6n
es
clara,
ya
que
las
fechas
para
el
Auriñaciense
Bon
superiores
al
30000
Be,
llegabdosc
en
ocasiones
hasta
los
40000
afios
Be.
Para
el
periodo
Perigordiense, hoy
conDunto
grave
toide,
se
obtuvieron
las
siguientes
fechas:
M
1017
(3'20-3'40
mts.)
lo!
1018
(3'40-3'6
mts.)
=
1280o±600
Be
1285o±600
Be
..
Siguen
siendo
las
dataciones
muy
recientes,
con
di
ferencias
grandes
sobre
los
conjuntos
gravctienses
c14sicoB,
9f1
que
se
sitdan,
grosso
modo,
entee
el
25000
y
el
23000
Be.
Por
fin,
para
el
Solutrense,
el
anAlisis
M
1019
+
dicS
una
fecha
de
11250.:.600
Be
que
se
ajusta
ligeramente
me-
jor
a
la'realidad,
pero
sin
embargo
a4n
son
varios
los
miles
de
fiaos
que
nos
separan
del
Solutrense
Superior
en
sus
data-
ciones
cl&sicas.
Cabe
concluir,
por
tanto,
lo
dicho
<erior-
menDo,
que
una
contaminacicSn
afecto
las
muestras,
ya
que.
apar-
te
de
la
gran
diferencia
que
separa
las
fechas
del
Reclau
Vi-
ver
de
las
de
las
secuencias
clásicas,
tampoco
es
lcSgico
que
una
potencia
sedimeotolcSgica
de
casi
3150
mts.
se
haya
depo-
sitado
en
13610
5500
años,
los
que
abarcon
las
fechas.
Es
de
des-
tacar
que
un
fen6meno
semejante
en
cuanto
a
fechas
err6neas
lo
tenemos
en
las
de
la
Cueva
de
Ambrosio,
sog&n
veremos en
su
momento
oportuno
(Ripoll
1961).
El
trabajo
en
hueso
es
m6s
abundante
en
los
nive-
les
inferiores
que
en
los
superiores.
Abundan
los
punzones
de
secci6n
lenticular
y
base
partida
o
a
bisel.
Ya
con
el
50-
lutrense
aparecen
las
varillas
semicLl!ndricas
y
las
finas
esp'tul.as¡
abundan
los
huesos
con
muescas.
En
el
Solutrense
se
identificaron
193
4tiles
en
hueso
(Corominas.
�¡.,
1960.
p.20)
La
fauna
ha
sido
clasificada
de
forma
bien
distin-
97
tao
Para
los
niveles
solutrenses
Villalta
realiz6
una
labor
a
fondo
y
hal16
"Erinaceus
europaeus",
"Ursus
spelaeus",
OVul
pas
vulpes".
"liyaena
spelaea".
1Felix
linx
pardina
spelaea".
"Or�ctolagus
cuniculusn,
"Lepus
timidus"
y
"variabilisn,
"Sus
scrofa",
"Bison
priscusu,
"Bos
sp.",·
"Bos
taurus",
"Cervus
capreo�us",
"Equus
caballus",
"Asinus
hydruntinus".
"Rupica
pra
rupicapra",
"Cppra
ibex",
"Corvus
corax",nCaccabis
petro
sall,
"Lutra
lutrall,
"GypS",
"Lacerta
ocellata",
un
pequeño
fragmento
de
"Rangifer
tarandus",
"Capra
sp.",
"Phyrrocorax
phyrrocorax",
murcicUago
y
algunas
vértebras de
peces
(I>sté
vez
1976b,
p.134).
A
destacar
el
controvertido
fragmento
de
reno.
un
trozo
de
cuerno
de
muda
que
viene
a
unirse
a
los
que
han
si
do
durante
mucho
tiempo
�nicos
en
la
zona
pirenaica
catala
na,
los
hallados
por
Pere
Alsius
(Alsius
1871)
en
la
Bora
Gran
d'En
Carreres
y
clasificados
por
Harl�
(liarlé
1882)
co
mo
de
cuerno
de
reno
y
los
que
estudi6
el
mismo
paleont6lo-
go
francés
de
la
colecci6n
Bosoms,
dos
fragmentos
mAs
de
cuer
no
de
reno
(Harlé
1911).
Los
restantes
hallazgos
de
reno
de
la
península
se
encuentran
todos
en
la
franja
cant4brica,
des
de
Asturias
(Tito
BustUlo)
a
Guip4zcoa
(Altxerri,
Ermittia,
Torre,
Astigarraga,
Lezetxiki,
Urtiaga,
Aitzbitarte
IV),
pa
sando
por
Santander
(Covalanas,
Las
f.lonedas,
Mor:Ca)
y
Vizca-
ya
(Armotxe,
Axlor).
L�gicamente
estos
restos
se
concentran
en
la
zona
m4s
fria
de
la
pcnfosula
y
en
la
que
por
10
tanto
mejor
adaptaci6n
encontrarían
los
renos
provinentes
del
Norte
para
una
estancia
al
parecer
estable.
Tal
conclusi6n
en
fa
vor
de
la
no
espontaneidad
de
las
incursiones
del
reno
en
e-s
sa
zona
peninsular
la
formula
J.A1tuna,
que
tras
un
deteni
do
estudio
de
todos
los
fragmentos
de
tal
animal
en
el
Pais
Vasco
y
resto
de
costa
cantábrica,
concluye
diciendo
que
fue
ron
muchos
de
ellos
cazados
en
la
estaci6n
cálida
y
no
en
la
fría,
como
seria
l�gico
si
fuesen
incursiones
espor4dicas
hu
yendo
del
riguroso
clima
quc
el
t"{írm
imponía
en
el
continen
te
(Altuna
1971).
Pero
voiviendo
a
los
restos
de
SerinyA,
el
hecho
de
que
los
de
la
Dora
Gran
fueran
fragmentos
de
cuerno
de
mu
da
llev6
a
pensar
incluso
en
el
comeucio
que
de
ellos
se
hi
ciera
en
la
Prehistoria.
Hay
que
reafirmarse
hoy
en
esa
cues
ti6n,
pues
esos
renos
detectados
en
Serinyh
tienen
otra
co
incidencia,
ademAs
de
la
de
ser
de
muda:
poseen
todos
un
mis
mo
tipo
de
fractura,
10
cual
nos
lleva
a
pensar
en
esa
impor
taci6n
para
obtener
de
ellos
el
material
necesario
para
con
seguir
los
mejores
4tiles
sobre
asta.
Los
niveles
m4s
profundos
del
Reclau
Viver
no
fueron
trabajados
con
tanta
intensidad¡
destaca
el
hallazgo
del
pri-
99
mer
leSn
de
las
cavernas
de
Catalunya
y
poco
mAs
(Crusafont
y
Thomas
1950).
Pasemos
ahora
a
la
industria
lítica
de
los
niveles
solutrensesJ
estudiada
y
analizada
en
el
transcurso
de
nues
tras
visitas
al
Museo
de
Banyoles,
a
cuyo
conservador
J.Ta
rrds
agradecemos
desde
aquí
su
amabilidad
al
facilitarnos
el
acceso
a
las
vitrinas
y
a
los
ppopios
fondos
del
Museo
para
rescatar
de
allí
un
buen
ndmero
de
útiles
y
hacer
al
mismo
tiempo
un
recuento
de
todos
los
sílex
que
proporcionaron
estos
niveles.
Los
an41isis
que
hemos
realizado
pie
den
dividirse
en
dos
apartados:
en
primer
lugar
los
de
los
&tiles
que
se
hallan
bajo
la
etiqueta
de
"Solutrense"
en
las
vitrinas
del
Museo,
aparecen
numerados
de
forma
salteada
e
imeonexa,
sien
do
asi
mismo
prácticamente
imposible
hallar
en
los
cuadernos
de
excavaciones
BU
exacta
atribuci6n
a
alguna
de
las
capas
de
20
cms.
en
las
que
se
cxcav6
el
yacimiento.
Esto
imposibi
lita
por
tanto
descomponer
esta
industria
en
agrupaciones
me
nores
que
pOdrían
arrojar
luz
sobre
la
evoluci�n
de
ese
Solu
trense
en
la
zona
de
Serinyl;
para
ello
deberemos
remontarnos
a
los
datos
que
nos
ofrade
M.Corominas
que
sit4aJ
grosso
medo,
los
4tiles
solutrenses
en
una
estratigrafía
ideal
con
tres
100
momentos
caracterizados
por
las
p�tas
romboidales
y
los
fo-
li4ceoa
de
base
convexa,
por
las
hojas
de
sauce
y
de
peddncu-
lo
desviado
y
por
una
decadencia
final
respectivamente
(Coro-
minas,
M.,
1960).
To&ello,
sin
embargo,
no
nos
ha
sido
dado
comprobarlo
por
las
circunstancias
m�
arriba
indicadas
y
da-
remos
los
anUsia
y
sus
recuentos
de
fal'llla
unitaria.
El
segundo
apartado
del
que
hablamos
es
el
de
las
piezas
que
se
hallan
en
los
fondos
del
�mseo,
cuidadosamen-
te
guardados
en
cajas
etiquetadas,
por
lo
que
con
ellos
si
que
hemos
podido
hacer
una
subdivisi6n
en
dos
fases,
una
in-
ferior,
de
2160
a
3120
mts.,
y
una
superior,
de
2
a
2160
mts.J
sin
embargo
eses
series
que
luego
veremos
carecen
totalmente
de
valor
ya
que
habría
que
incluir
en
ellas
los
dtiles
de
las
vitrinas,
lo
que
ya
hemos
visto
que
era
imposible.
La
numera-
ci&n
aqui
ha
sido
correlativa,
ya
que
la
hemos
realizado
per-
sonalmente,
iniciandola
en
el
2001
y
hasta
el
2108.
La
serie
final,
suma
de
los
dos
apartados,
"Vitri-
nas"
y
uFondos
�1useo",
habrá
que
considerarla
como
represen-
tativa
del
SOlutrense
del
Reclau
Viver,
sin
mAs
precisiones
que
las
derivadas
de
la
tipologta.
que
nos
orientarSn
l6gica-
mente
hacia
la
fase
superior
de
tal
periodo.
La
cifra
total
de
piezas
estudiadas
ha
sido
de
las
cuales
442
estaban
trabajadas,
un
6123%.
En
la
.
,&:ltri-
,
101
nas
habla
499
piezas,
de
las
cuales
un
66193%
eran
dtiles,
334
concretamente.
Por
el
contrario
en
los
Sondos
del
Museo
se
guardaban
6578
piezas,
con
s�lo
,
108
dtiles,
un
1'63%.
El
contraste
con
el
total
de piezas
que
oireciS
H.
Corominas
en
su
estudio
no
es
grande
pero
sI
significativo:
ella
estlldiS
5097
piezas
líticas,
de
las
cuales
s�lo
361
eran
dtiles,
un
7108%,
algo
superior
a
nuestro
porcentaje.
Pero
es
importante desde
nuestro
punto
de
vista
que
en
este
estu-
dio
consideremos
casi
un
40%
mgs
de
piezas
que
las
que
ella
vi&,
y
casi
un
25%
m!s
de
útiles.
A
esa
aprtaci&n
cabe
aña-
dir
su
descripci6n
concreta,
uno
por
uno,
con
BUS
tres
medidas,
Dordes
-
Perrot.
su
fragmentaci6n,
tipo
de
ta16n,
altura
del
retoque
en
los
raspadores
y
el
número
correspondiente
en
la
lista
Sonneville
A
continuaci6n
exponemos
los
an!lsis,
en
primer
lu
gar
los
de
los
4tiles
de
las
vitrinas,
marcados
con
la
cifra
correspondiente
al
diario
de
excavaciones,
y
por
lo
tanto
sal
teados,
y
luego
los
de
los
fondos
del
Museo,
ya
numerados
co
rrelativamente
a
partir
del
2001.
Vitrina
VI
NB
hr
i
L
1
e
t.
5
4
34
17
6
tl
644.-
G312[Epi
sen.Spd+Smi
dist
med
dex
Spd
prox
dex]
560.�
G12[Spd+Spd
dex]
11
10
40
21
11
274
••
G12[Spd
5en+Spd+Smd
dex]
733.-
G12(sm4
�+Spd+Sm(p)d
dex]
85.-
G12[Spd+Apd
dex]/.PPi
prox
a
--.-
G13(SpdJ
113.-
G12[Smd
88D+Spd)
102
5 5
br(33)18
6
5
6
5
4
9 5
37
1
6
U
4
15
S
'til
25
19
6
S
5
br(31)ZO
943.-
G12[Spd+
d
dex]
5 6
1606.-
Dllnorm
po1ia
dist
n/.Spd
med
prox
30
dex
cvx
563.-
G12[
p(.)d
sen
cvx+Spd+S(P)pd
dex
cvx)
1407.-
G12[
pd+Ppd
diet
dex]
430.-
G12[�
sen+Spd]
1581.-
G12[Spd+
dex].T22prox[Apd)
656.-
G12[S(P)pd
6cn+Spd+S(P)
d
dex
cono]
613.-
G12[Spd
sen+Spd]
956.-
Rl1
ed
diat s
n
cvx[S(p)md]
1184.-
Rl1bilat(SDd
prox
mod
8
n.9ftd
Pfig�]
878,-
G12(Spd+Snd
dex]
492.-
Rlldex[S(A)md)
603.-
G12[Spd
sen+Spd+Spd
dex]
473.-
R21baat[S(E)pd
sen+Spd
dex]
1536.-
G1I[
J
273.-
Fll[�.
sen
eonv.P(S)pd
dex]
50
26
10
tl
33
19
14
510
br(35)40
10
5 6
47 35
11
5
4 46
20
6
18
7
22
16
7
5
3
br(24)15
4
5
6 63
29
12
tf
65
f(38)22
4
66 41
20
6
S
4
€(29
10
5)
65
SO
16
4
t.e
S
6
br(29)27
8
66
37
2
9
te
2
f
29(23}
8
69
41
35
6
11�
1588.-
LD21(APd
sen]
1493.-
LD21(Apd
sen]
85
ar(21)12
2
tp
85
a-br(27)
7
:3
490
....
D22p1.an
rete
dist
sen+LDTll(Apd
trav
36
..
86
br(32)lO
6
dist
conc+Apd
dex]
608.-
LD21dex(Apd]
1528.-
A2seu(Apd]
999.-
LJl21.sen(Apd]
1473.-
LD21dex(Apd]
1514.- Aldea
cvx[Amd]
14341.-
R114$x(S(A)m(p)d]
1436.-
LD21sen(Apd]
1492
....
P.D23(Apd
aon]
1557.-
fA(Ap4]
1417.-
LD21a_.[Apd]
1584.-
LD21dex(�]
749
...
PD12prox(Aiad
een+AIIul
dex]
1564�-
LDI2(_4
.een+Aol(p)d
med
des]
1381
....
I.D21een[Ap(Ja)d]
1355.-
LD21sen[Apcl)
1426.-
LD11dex[l4d]
1379,.-
LDl1dex[AIa(p)d]
1478.-
LDl1sen[AodJ
1587.-
LD21d.ex[ApdJ
85
ar(ZS)14
4
ti
78
31
15
3
t1
85
br(a7)ll
5+
8S
a1'(28)13
3U
78
4522
"
101
65
_br(Sl)24
4
85
31
1
3
49
br(30)
1 3
85
f(15
8
3)
58
ar(18)
1
4t1
58
81'(18)
1
3
52
&r(20)
5
2
85
ar(18)
8
3
tl
85
a-br(16)
S
2
58
_(16)
8
2
t1
58
fp(13
8)
1
t.e
58
aar(20)
8
2
tp
85
al'(18)
5
2
t1
58
16
9
2tJ.
557.-
R21dex[5P(m)d]
1430.-
G12[Ppd
scn+Spd]
476.-
Gll[Sp4]
614.-
R11dex(dont)[5m(p)d]
276.-
Bl1plan
rect
prox
SGn.G12[Spd+Spd
dcx]
493.-
F1S[Pcvtd]
475.-
G12[Amd
sCO+Spd+Ama
dex]
119.H
G12dist(Spd+Spd
dcx]-G12prox[Spd
d§�J
561.-
G12[Spd
scn+$pd+Spd
dex)
1322.-
G12dist[Spd+Spd
41st
med
dexJ.Gll
prox[Spd]
1325.-
G321[Spctl-Spd
d�
dcnt]
207.-
G311[SpdJ
1323.-
G312[SEpd+Spd
dex]
996.-
R21bilat[Spd
sen
div.Spd
dex]
1005.-
G11[
pd]
446.-
Gll[Spd]
103
65
4S
21
9
S
5
br(26)21
9
1
6
28
23
7
65
f
27(20)
7
17
6
28
17
7
t1
69
fe2S
16)
6
B
3
br(21)18
3
3
5-6
28
14
6
5
5
br(28)18
S
;;
7-5
37
16
7
5
4
39
15
S
"
5
20
14
S
11
9
21
17
11
11
15 27
23
16
66
a1'(50)26
7
tl
1
S
bl'(19)22
6
1
4
br(30)1
6
1339.-
Rl1dex(aad]
.nl(�pi
t.rav
dil!l't.Epi
���
77
38
24
10
te
1408.-
Gll[Spd]
2
6
br(2S)26
10
617.-
G12[Bpctl-Sp(IIl)d
dex]
1590.-
LDl1dex[A(S)md]
270.-
G12[Spd
sen
div+Spd+Sp(lIl)d
dex
atvJ
8
9
40
39
16
t1
85
ar(2t)lS
S
'}
3
27
26
5
td
1538.-
El[Ecvti)
601.-
G311[Spd]
1575.-
R12dist[Smi]
1409
...
Gll[Spd]
10�
76
23
28
8
te
11
7
30
16
9
tl
27
29
9
tl
65
2
4
32 23
7
36
40
19
551
....
p321(SEpd
sen
conv+s(SU}pd.
dist
medde�66
.
conv
1554
••
G312(S(E)pd+Spd
dex]
1499.�
D32S[Spd)
537.-
G31�[Spd
$en+Spd]
1555.-
G312(Smi
&on+Spd+SGld
dex
sin]
210.-
B11plan
polig
nuc�eif
1458.-
R311dex
div[SpiJ
1560.
-
Bl1plan
poli!!
nuele!f
610.-
G311(Spd]
1565.-
Gl1(SpdJ
1501.-
G13[Spd]
1566.-
G312[S(P�
sen
cvX+Spd]
1561.-
G312(s.pd+Spd
dex
cvx=Spi
prox
dex]
942.-
Gl1[Spd]
1$89.-
T21dist[A(S)pd]
1003.-
Z3[Spd.
sen+S(l')p(m)d
t.rw
dist]
1613.-
Gll[Spd/=Ep1
trav
dist]
1317.-
G311[Sp4J
1427
,,-
Gll[Spd]
11
8
38
25
20
11
20
41
24
28
11
8
f
26(13)13
11
10
br(32)30
14
43
12
14
16
77
32
28
13
tl
43
28 28
16
1110
32
29
17
2
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12
9
13
34
33
14
11
10
26
21
13
11
12
29
28
15
1
10br(36)29
11
60
br(lS)16
4
77 26 28
BU
2
6
br(28)23
9
11
5
19 13
6
2
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fd(lS
22)
5
187.-
G12(fevbd
sen+Spd+Smd
dist
med
�
PPb
pro"
dex]
1519.-
K321bilat[Spl
6cn.Spi
dex)
66
38
13
S
945.-
Gl1[Spd.]
86.-
Gl1[Spd]
958.-
PI2[Sm!
&en
cvX+S(P)md
deX)
494
..
-
ff'[Pcvtd]
1268.-
P14[PIlld.
sen
cvx
conv+a
Pmd
dex]
746.-
Fl1bilat[Ppd
sen.ppd
dex]
459.-
P14[P(S)pd
sen
conv+P(S)p(m)d
dex]
533.-
F14[Ppd
scn+Ppd
dexJ
1460.-
rR[Pmd]
465.-
B32plan
sigm
dist
do"
2-_._
Fl1[Ppd
x]
10::í
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S
69 52
11
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29
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13
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2
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38
22
(1
t.i
12-.-
F11{Pevhb
sen]
69
fm(28
2
)
5
831.-
P313(Pevhb
sen
cOllv).811nonn
polig
70-3
br(29)22.
9
prox
do"
959,.,
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Plt[Stud
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conv+and
dist
dex
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prox
sen
1622.-
F14[P(S)pd
dist
dcx
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conv-Plnd
cd
prox
dox]
660.-
F14[Pc:vt;d.]
66
S8
18
.2
69
&1'(37)19
4
69
122
36
9
264.-
F22[PPd
sen+Pevbd
dist
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prox
dex
ese
J
10fl
27
10
3
458.-
F322(PcYtd�
dist
sen+Pmi
dist
!�¡J
72
br(37)13
4
1371.-
L.D31[A(S)pd
prox
dex
e.e]/.Sad
_
51
266.-
F322(fevtd-PPi
prax
scn.PPi
prax
g�J
7.2
460.-
F22[Pmd
en+and
dist
med
�Apd.
prox
72
dex
ese]
267.-
F22[AllId
prax
sen-Pmd
ned
dist
sen+
Pm(p)d
dist
med.
de:lt-Apd
prox
dex
ese]
72
535.-
F314[Pevh(cvt)d
bL1.�ppi
prox
sen.
70
¡>Pi
prax
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651.-
F314[1>cvtb]
70
662.-
F314(PPb
son.ppb
dcx]/. pd
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PrQX
70
CYX
1002.-
14[PP(m)d
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en
CVJC
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Pm(p)d
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F14[Pcvtd]
757.-
F14[Ppd
seU+P(S)pd
dex]
�
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3
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3
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11
3
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16
4
66
29
9
69
br(31)30
7
71
br(19)11
6
69
br(31)19
7
722
...
f'Z2[Pmd
scn+Pm,d
dist
med
dex-Spi
prQX
72
br(40)15
3
dex
ese]
948.-
FI3(PcvJ
d
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600.-
Fl1bUat[Pevhd
scn.Pevhd
x]
745.-
Pl1[Smd
dist
scn+Smd
dex]
---.-
F314[Pevtb)
553.-
Fl1(ppi
dex)
69
bl"(24)15
7.
69
ar(29)26
4
t1
66
55
17
6
70
74
29
13
92
fm(S6)44
7.
107
1580.-
Rlldex[Spd]
65
33
26
5
1502
...
11.cn[SIItd]
65
ar(3S)82 11
654.-
R21dex
sin[s(P)pd] 65
f
43(23)12
te
1611.-
T22diat(Apd) 61
31
12
4
tl
1610.-
Rl1dex[Sm(p)d)
65
br(36)22
8
1372.-
D21med
dex[Spd]/.Srnd
dist
seD
74
30
16
6
1619.-
Tl1dist[Ami]
6
2S
1
.4
1188.-
21dex
evx[&'pi]
65
25
17
4·
1470.-
118en[Sni)
65
53 27
6
tl
1488.-
fF[ppi]
92
f(19
18)
6
1371.�
Rllaod
dist
sen
oon.[s(P)md]
65
37
18
3
241.-
Fl1[Pevhd
dcx
div]
92
fp(30
26)
1
U
1549.-
fA[
(p)d]
78
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29
3)
748.-
Gl1[Spd]
5
3
23
16
s
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2010.-
R21sen
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2011.-
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Tal.II.
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2013.-
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Tal.II.
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mts.
2014.-
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2017.-
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2041.-
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2042.-
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R21med
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2062.-
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6
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2066.-
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2075.-
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65
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1 3
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2086
•.
-
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2087.-
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16
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24
13
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2089.-
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2090.-
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2092
..
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2093.-
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2094.-
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69
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16)
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65
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21)
3
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22)
3
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10
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3
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2095.-
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2096.-
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2097.-
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2098.-
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2099.-
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2100
..
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2101.-
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2102.-
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sen
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1.2)
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58
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2
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26
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14
10
te
21
16
6
te
Entre
las
piez�
de
las
vitrinas
habfa
12
dtUes
con
dos
tipos
primario.
7
el
resto,
322
monotipos,
10
cuIA
arroja
una
�
ele
346
tipos
p.vimal'io..
En
10B
foruto.
del
MIlseo
los
108
t1tlles
an411.a40$
diel>en
un
total
de
110
tipos
pl'ima
..
iQs�
lOó
1I1OnotlpQs
y
dos
dobles.
La
lSU!Ila
total
da
una
cifra
de
442
12�
dtiles
con
456
tipos
primarios,
14
dobles
y
428
monotipos.
En
los
recuentos
de
piezas
hechos
por
la
lista
Sonneville
Bordes
-
Perrot
hay
que
destacar
que
alcanzan
los
444
tipos,
ya
que
dos
piezas
contienen
dos
tipos,
concretamente
el
831,
F313.Bl1,
analizado
como
70-30,
y
el
490,
B22+LDT11,
como
36-86.
Estos
recuentos
nos
dan
.amo
resultado
el
siguiente
cuadro,
con
las
cantidades
acumulativas
y
los
Indices
perti-
nentes&
NB
Canto
!
aac:
NB
Cant:
s
!ac·s
Na
Cant:
!
!acl
1
6
1'35 1'35
31
4
0'90
23'87
65
68
15'31
51'12
2
7
l'
57
2'92
35
4
0'90
24'77
66 33
7'43
58'55
3
2
0'45
3'37
36
1
0'22
24'99
69
24
5'40
63'96
4
2
0'45
3'82 41
1
0'20
25'22
70
52
11'71
75'67
5
19
4'27
8'10
43
1
1'12
26'35
71
3
0'67 76'35
7
1
0'22
8'33
44
3
0'67
27'02
72
6
1'35
77'70
8
3
0'67
9
48
4
0'90
27'92
74
8
1'80
79'50
9
3
0'67
9'68
49
6
l'
35
29'27
75
2
0'45
79'95
11
12
2'70
12'38
52
2
0'45
29'72
76
14
3'15
83'10
17
1
0'22
12'61
57
I
0'45
30'
18
77
8
1'80
84'90
18
1
0'22
12'83
58
16
3'60
33'78
78
10
2'25
87'16
27
7
l'
57
14'41
59
3
0'67
34'45
85
38
8'55
95'72
28
9
2'02
16'44
60
3
0'67
35'13
86
2
0'45
96'17
29
7
1'57
18'01
61
3
0'67
35'81
92
17
3'82
100
30
22
4'95
22'97
IC"'12'38
1B-14'18
11'=0
IBd-l1
'03
IBt"I'12
IGA=2'70
Estos
Indices
de
aparici�n
de
dtiles
nos
sugiel'en
la
adscripci6n
cultural
de
esta
industria
al
Soluteense.
!>be.
Sonneville
Bordes
coloca
el
Indice
de
los
I'aspadores
cntl'e
un
15
y
un
30%,
por
lo
que
nuestro
12'38%
entra
pr4ctiacmente
en
125
ese
margen
16gico
de
variaciones;
como
ejemplo
paralelo
pode
mos
citar
el
12'4%
que
se
da
para
el
Solutrense
Superior
de
Oullins,
nivel
9
(Cambiar
1967,
p.231).
Para
los buriles
nuestro
14'18%
casa
muy
bien
con
las
industrias
paralelas
de
Badegoule
(13'91%),
de
Pech
de
la
Boissi�re
(15'93%),
de
Les
Jeans
Blancs,
series
Oeste(12'52%)
y
de
Fourneau
du
Diable,
terraza
inferior(14'90)
(Smith 1966).
Ademlis
se
sefiala
la
superioridad
del
índice
de
burils
diedro
por
encima
del
logrado
sobre
troncadura.
lo
cual
se
cumple
en
el
Reclau
Viver
con
una
cifra
de
9'
84.
resultado
de
11'
03
(IBd)
dividido
por
1'12
(IBt).
El
muy
bajo
índice
de
perforador
es
en
nuestro
caso
totalmente
nulo.
El
tmdice solutrense,
sobre
las
piezas
comprendidas
del
69
al
72,
arroja
una
cifra
de
22197%,
con
la
inc.usi&n
de
loa
17
tipos
analizados
con
el
n4mero
92
como
diversos,pero
que
en
realidad
eran
piezas
solutrenses
pedunculadasJ
todo
ello
se
inscribe
en
los
mArgenes
normales.
que
en
el
P�rigord
se
situan
entre
el
14
y
el
44%.
Pero
pasemos
ya
a
108
recuentos
logrados
por
IlIedio
de
los
análisis
tipol6gicos
de
los
dtiles.En
primer
lugar
la
distribuci&n
por
grupos
y
clases
de
la
serie
de
las vitrinas:
12f.
S
fR
-
S
B
sr
-
5
SE
R
-
5
LDm-12
R-
56
sp
-
41
P
-
2
p-l1
D
-
7
38
G-
1
c-20
P
unif
-
P
-
5
bif
-
S2
A
-
12
PDp-18
G
-
S3
LDT-
2
E
-
11
Para
la
serie
de
los
fondos
del
Museo
hallamos
la
siguiente
distribuci6n:
S
fR
-
4
B
sr
-
1
SE
G
-
1
PDp
-
2
R-
29
sp
-
22
A
9
E
S
- -
D
-
4
P
unif
-
7
LDm-
10
P
-
4
bif
-
4
5
Tot.�110
t.P.
p-
G
-
3
Las
series
nominales
que
se
desprenden de
estos
cAlcu-
los
son
las
siguientes'
Vitre
s
126
A
6S
P
90
SE
8
B
46
E
11
Fond.
44
26
11
1
23
5
La
suma
de
ellas
BOS
dar!
la
total
del
yacimiento
en
sus
nive-
les
solutrenses
que
hemos
estudi4do.
sobre
la
que
operaremos
a
partir
de
ahora.
S
R.V.
170
frec"
.372
A
91
.199
P
101
.221
SE
9
.019
B
69
.151
E
16
.035
-
456
t.P.
La
serie
ordinal
nos
permitir!
el
hallazgo de
la
se-
cuencia
estructural
buscada.
R.V.
s
/3
P
A
¡4
B
/3
E
SE
127
En
esta
serie
podemos
dedacar
como
elemento
m4s
sig
nificativo
el
ascenso
de
los
planos
a
un
segundo
lugar.
Ordi
nalmente
la
semejanza
es
total
con
la
seEie
que
deducimos
de
la
publicaci6n
de
Laugerie
Haute
Este
(Sonneville
Bordes
1960),
pero
las
rupturas
est4n
dispuestas
de
otro
modo.
LHE
S
/1
P
¡4
A
B
/3
E
SE
En
efecto.
los
simples
se
destacan
de
forma
clar!
sima,
fen6meno
que
veremos
repetida
mAs
adelante
en
el
Parpa-
116
y
en
el
Barrane
Blanc,
y
los
planos
guardan
una
distancia
mayor
respecto
a
los
abruptos
que
en
el
caso
que
consideramos.
El
caso
del
Parpal16,
que
veremos
en
BU
capítulo
co
rrespondiente,
es
algo
difícil
y
habA
que
rectificar
las
se
ries
publicadas
(Fullola
1976c)
para
elimenar
del
Solutrense
SUperior
la
capa
soldtreo-gra'Vetienr¡;e
que
lo
contamina
y
así
poder
observarlo
con
una
mayor
pureza.
En
tal
caso
las
ruptu
ras
estar4n dispuestas
de
igual
forma
CUte
en
el
Reclau
Viver,
pero
con
valores
distintos,
de
primer
grado
entre
S
y
A,
de
tercero
entre
A
y
B
Y
de
cuarto
entre
B
y
E.
Todo
ello
nos
conforma
una
industria
solutrense
que
hay
que
deducir
como
perteneciente
a
un
momento
avanzado,
si
bien
echamos
de
menos
siempre
la
posibilidad
de
desglosar
es
tratigr&ficamente
los
4tiles
de
las
vitrinas,
los
mAs
numero-
12H
sos,
para
poder
hallar
en
la
serie
total
una
evolucieSn.
La
dis-
tribucieSn
que
hallamos
comparando
las
dos
seties
(Vitrinas
y
Fondos
�tuseo),
es
totalmente
inhomogbea,
segdn
se
desprende
2
del
resulta40
del
test
de
homogeneidad
X
realizado,
con
una
ci-
fra
de
1St
363
localizada
en
la
tabla
de
Pearson
entre
O'
01
Y
01001.
Esto
estA
causado
por
el
subjetivismo
que
domineS
al
es-
coger
las
piezas
destinadas
a
las
vitrinas,
dejando
olvidados
en
mucha
menor
proporci6n
los
planos,
que
son
los
de
distri-
buci6n
mAs
inhomogbea,
y
los
buriles,
por
encima
del
resto,
que
realmente
est&n
en
proporci6n
semejante
en
ambas
series.
La
serie
de
las
vitrinas
tiene,
por
el
contrario,
una
distribuci6n
totalmente
homog&nea
respecto
a
la
total$¡
el
test
de
homogeneidad
di6
una
cifra
de
2'041,
comprendida
entre
0'90
y
0180,
es
decir,
que
no
ha
sido
el
azar
sino
la
realidad
del
hecho
el
que
ha
llevado
a
la
serie
de
la
*itrina
a
ser
homogénea
en
su
reparto
respecto
a
la
total.
Vamos
a
adentrarnos
ahora
en
las
consideraciones
que
se
desprenden
de
una
revisi3n
a
fondo
de
los
datos
que
M.Corominss
nos
ofrede
en
BU
obra
in�dita
sobre
el
Reclau
Vi-
ver
(Corominss,
M.,
1960).
En
ella
pudo
reconstruir
la
auto-
ra
aÚl
la
estratigrafía
del
talud
y
del
yacimiento
a
partir
de
la
situaci6n
de
los
dtiles,
y
nos
ofrece
unos
someros
recuen-
tos
por
capas
de 20
eme.,
los
cuales
vamos
a
exponer
a
conti-
129
nuaci6n
convertidos
en
series
noDlinales
por
modos
de
retoque.
S
2-2'2
mts.
�
212-214
mts.
10
2'4-216
mts.
21
216-218
mts.
30
218-3
mts.
31
3-312
mts.
36
Sin
niv.defin.19
[gr.]
4
3
18
9
8
5
9
4
6
2
11
12
10
A
p
3
3
29
12
16
8
5
SE
1
12
4
4
4
2
1
B
1
3
3
9
16
16
4
157
S2
361
t.P.
56
3
76 28
La
serie
total
que
se
desprende
es
la
siguiente:+
S
157
.434
p
76
.210
B
S2
.144
A
48
.133
SE
28
.077
Con
las
rupturas
obtenemos
la
secuencia
estructural:
S
/1
P
/3
B
A
/3
SE
El
primer
comentario
que
podemos
hacer,
en
compara-
ci6n
con
la
serie
hallada
en
nuestro
recuento,
mucho
m4s
com-
pleta
y
extensa,
es
la
de
que
los
buriles
tienen
aquí
una
po-
sici6n
que
sobrepasa
a
la
de
los
abruptos"
lo
cual
nos
mueve
a
pensar
en
un
error
en
la
identi6.icaci6n
de
tales
litUes
se-
guramente
debido
a
la
mala
fractura
que
ofrecían
algunas
de
las
piezas
del
yacimiento.
Los
simples
tambi�n
se
ven
benefi-
ciados
en
los
recuentos
de
M.Corominas"
con
un
notable
aumento
130
del
6'2%)
su
posici6n
privilegiada
aumenta
al
ser
la
ruptu
ra
de
primer
orden
en
vez
de
tercero
como
en
la
nuesta.
L6gica
la
plaza
de
los
planos,
con
una
oscilaci6n
paccntual
m!nima
respecto
a
nuestra
serie
debida
sin
duda
a
que
son
los
foliAceos
los
4tiles
mejor
reconocibles
en
cual
quier
conjunto
y
fueron
fácilmente
identificados
en
la clasi
ficaci6n
original.
El
test
de
hOlilogeneidad
entre
las
dos
series,
la
de
M.Corominas
y
la
nuestra,
da
un
resultado
de
35'136,
totalmen
te
inbomog�neo.
Sin
embargo
hemos
de
hacer
hincapi�
en
la
cir
cunstancia
de
que
sus
4tiles
sobreelevados
son
de
difícil
i
dentificacicSn,
as!
como
es
imposible
saber
los
"ecaill�esll
de
su
serie.
Por
lo
tanto
e-t..
este
test
puede
quedar
en
una
16-
gica
reserva.
Si
repetimos
el
test
eliminando
esos
dos
grupos
me
nores,
SE
y
E,
tenemos
una
cifra
de
7'309
que
significa
homo
geneidad
en
el
reparto,
pero
con
reservas.
Estqae
ajusta
ya
más
a
la
realidad,
puesto
que
al
fin
y
al
cabo
los
4tiles
cla
sificados
han
sido
los
mismos,
pero
con
una
ampliaci6n
por
nuestra
parte.
Un
4ltimo
paso
con
las series
de
M.Corominas
va
a
ser
intentar
encontrar
en
las
secuencias
por
niveles
los
momentos
131
que
ella
distingui6,
que
eran
tres,
como
ya
hemos
sefialado
an
teriormente.
Para
ello
haremos
tests
dos
a
dos
con
las
series
adyacentes,
eliminando
los
sobreelevados,
jugando
�lo
con
los
cuatro
grupos
mayores.
Sus
resultados
son:
2-2'2
-
212-2'4
mts.
212-2'4
-
2'4-2'6
mts.
2'4-2'6
-
216-2'8
mts.
2'6-2'8
-
218-3
Mts.
2'8-3
-
3-3'2
Mts.
e
0'626
(0'9_0'8)
-
15'704
(°'°1-01001)
Homogeneidad
Inhomogeneidad
..
17'374
(mds
alld
de
0'001)
11
=
1'537 (0'7-0'5)
=
3'046
(0'5-0'3)
fiomogeneidad
11
As!
pues
observamos
dos
discontinuidades
que
nos
separan
tres
grupos:
por
un
lado
los
niveles
de
2
a
2140
mts.;
por
otro
la
capa
de
2'40
a
2'60
mts.J
y
por
4ltimo
los
60
cme.
de
potencia
de
2'60
a
3'
20
mts
••
La
homogeneidad
interna
de
estas
tres
agrupaciones
es
evidente,
comprobada
en
las
dos
+
primeras;
en
la
tercera
el
test
de
homogeneidad
dicS
una
cifra
de
4'811,
lo
que
representa
una
diferencia
no
significativa,
una
coherencia
interna,
como
en
los
d;ros
dos
grupos.
Estas
tres
asociaciones
pueden
ser
las
halladas
in
tuitivamente
por
M.Corominas
en
su
estudio,
el
nivel
de
fol.i
dceoa
de
base
convexa y
puntas
romboidales
(2'60-3'20
mts.),
el
de
escotaduras,
pedúncul.os
desviados
y
hojas
de
sauce
132
(2140-2'60
mts.),
yel
final,
ya
poco
f'rtil
(2-2140
mts).
En
favor
de
ello
tenemos
que
precisamente
en
este
nivel.
medio
de
2'40
a
2p60
mts.
es
en
el
que
dominan
los
foli4ceos
incluso
a
los
simples,
y
con
diferencia.
Sin
embargo
hemos
de
repetir
el
hecho
de
no
haber
podido
realizar
personalmente
las
iden
tificaciones
de
los
dtiles
en
la
estratigrafía,
y
por
lo
tan
to
estos
datos
son
meramente
orientativos,
adn
cuando
casan
aparentemente,
y
quizás
realmente,
con
la
realidad del
yaci
miento.
Cualitativamente
el
4til
de
mayor
personalidad
de
la
cueva
en
este
momento
solutrense
es
la
punta
de
pech1nculo
desviado
o
asim�trico.
Esi10s
d.tiles
son
de
cas.i
exclusivo
ha
llazgo
en
Seriny�
y
su
zona,
pese
a
algunos.
lejanos
y
dudo
sos
paralelos
(Conde
de
la
Vega
del
Sella
1916,
l&n.XX:rn).
En
realidad
no
han
sido
mAs
de
15
las
piezas
de
estas
carac
terísticas
encolltradas
en
el
Reclau
Viver,
cifra
sin
embargo
relativamente
importante
si
tenemos
en
cuenta
el
total
de
la
industria.
En
la
zona
de
aerlinyll
sei'lalaremos
otro
llallazgo
de
este
tipo
pero
no
tan
diáfano
en
L
I
ArbredD.,
donde
la
gran
ho
ja
solutrense
encontrada
en
las
excavaciones
de
1975
apunta
una
ligera
pedunculaci�n
desviada
leve
pero
perceptiblemente
(Soler
1975,
p.36).
Fenmmeno
semejante
está
en
Sant
JuliA
de
Ramis,
alÚl
cuando
las
puntas
romboidales
no
desvton
su
inci-
133
piente
pec'b1ncul.o
tan
claramente
como
en
el
Rec1au
Vivero
Las
causas.
de
esta
circunstancia
no
han
sido
acla
radas
hasta
hoy,
si
bien
las
teorías
son
variadas:
se
aboga
por
un
origen
espont4neo,
al
ver
una
lasca
que
había
salido
con
esa
forma
natural
(Conde
de
la
Vega
del
Sella
1916),
por
una
imitacicSn
a
partir
de
la
punta
de
escotadura
solutrense
franco-cant4brica
(Pericot
1957)
o
por
una
evo1uci6n
10va1
(Corominas
1949).
Nuestra
opini6n
quiz4s
fuera
una
mezcla
de
estas
dos
lUtimas,
pero
hemos
de
tener
en
cuenta
que
en
el
Rec1au
Viver
no
hay
ninguna
punta
de
escotadura
solutrense
en
el
sentido
c14sico,
y
8610
dos
lAminas
de
escotadura
y
dor
so
rebajado,
pero
ya
del
tipo
levantino.
Nos
decantamos
más
bien
por
una
difusicSn
de
ideas,
pero
que
por
si
solas
no
fruc
tificarían
de
no
ser
que
recayesen
en
una
zona
abonada
y
con
una
caracter!asticas
que
permitiesen
su
desarrollo
como
la
que
nos
ocupa.
No
nos
inclinamos
por
tanto
decididamente
por
el
difusionisao,
pero
el
paralelismo
cultural
es
en
este
ca
so
de
dificil
concepeicSn,
ya
que
no
se
conoce
ningdD
otro
centro
productor
de
piezas
de
prddnculo
asim�tricoJ
en
con
secuencia
parece
también
muy
16gico
decidirse
POI'
una
varian
te
local,
fruto
de
la
variedad
tipolcSgica
solutrense
que
he
mos
visto
y
veremos,
que
se
ve
interl'Ulllpida
por
el.
cambio
de
oJ'ientaci6n
en
los
tipos.
En
efecto,
M.Corominas
centra
este
1')1
",.
momento
en
el
nivel
medio
del
Solutrense
(2'40-2'60
mts.)�
precisamente.
en
la
profundidad
misma
que
habíamos
intuido
a
par-
tir
de
nuestros
c4lculos
sobre
las
series
ordinales
sacadas
de
los
recuentos
(Corominas,
M.,
1960,
p.63a.
indica
tambi�n
que
se
encontraron
no
excesivamente
separadas,
excepto
dos
que
no
est4n
en
el
nivel
indicado.
Todo
ello
nos
induce
a
pen-
sar
en
un
momento
muy
presiso
y
determinado
para
estos
�tiles,
f6siles
directores
aquí
de
un
momento
medio
dentro
del
Solu-
tren
se
Superior
del
Reclau
Vivero
En
resumen
diremos
que
hemos
tratado
un
yacimiento
de
complicada
estratigrafía
y
que
sería
quiz4s
más
comprellsi-
ble
si una
nueva
visi6n
general
pudiera
establecerse
en
base
a
una
revisi6n
a
fondo
de
los
diarios
de
excavaciones
de
la
zona.
Adn
as!
nuestros
niveles
han
quedado
bien
delimitados
en
la
bibliografía
y
a
causa
de
ellos
hemos
centrado
nuestro
estudio
en
ellos.
Quiz4s
el
resultado
que
aportemos
a
la
Prehistoria
gerundense
sean
los
an�iB
y
sus
datos,
no
explotados
hasta
sus
últimos
limites,
que
ofrecemos
en
este
capítulo.
Las
series
no
han
podido
tener
una
sucesi6n
estratigráfica
por
los
hechos
ya
indicados
y
la
secuencia
estructural
final
nos
habla
de
un
Solutrense
en
su
fase
media
-
final,
con
elementos
variados,
135
como
acabamos
de
ver,
pero
dentro
de
una
l!nea
ortodoxa.
El
!ndice
solutrense,
del
U
22'15%,
es
una
buena
prueba
de
es-
ta
afirmaci6n,
ya
que
mAs
al
Sur
observaremos
una
patente
dis-+
minuci6n
del
mismo
hasta
valores
m!nimos;
la
influencia
pirenai
ca
es
aM
fuerte
en
esta
zona
y
las
corrientes
continentales
mediatizan
las
innovaciones
locales
a
las
que
sus
habitantes
pudieron
llegar.
130
EL
CAU
DE
LES
GOGES
(Sant
.Jul.i'
de
Ramis)
Este
yacimiento
del
Cau
de
les
Goges
constituyell
jun
to
con
el
que
acabamos
de
estudiar,
el
ndcleo
principal
del
SOlutrense
gerundense,
por
el
momento.
Est4
situado
a
unos
10
Kms.
al
NE
de
la
capital
y
en
las
gat7gantas
que
ha
forma-
do
el
río
Ter
en
aquella
zoan,
conocida
por
el
Congosto
Las
ptimeras
��ploraciones
que
conocemos
fueron
he
chas
a
finales
del
pasado
siglo
por
los
Sres.
Vinyes
y
Palol,
que
hallaron
algunos
snex;
con
posterioridad,
y
antes
de
la
excavaci6n
propiamente
dicha,
M.
Pallar�s
realiro
alguna
ca
ta
en
los
niveles
superficiales,
encontrando
tambi�n
algunos
I1tiles,
conjunto
que
atribuyeS
de
forma provisional
al
Magda
leniense
atípico
(Pallarés
y
Wernert
1920,
p.42S).
La
excavacioSn
la
realiz6
el
mismo
M.
Pallar�s
en
com
p&i!a
del
prehistoriador
alsaciano
P.Wernert
y
fue
publicada
de
forma
ejemplar
en el
fumari
de
l'Instlitut
d'Estudis
Cata
lans.
De
ella
entresacaremos
unos
datos
generales
de
estrati
graff.a
y
del
lnaterial
arqueo16gico,
sobre
el
cual
vdveremos
mAs
adelante.
Un
buen
resumen
de
esta
publicai6n
figura
tambi�n
en
la
ya
mencionada
obra sobre
el
Paleol!tico
gerunciense(Ca
nal
y
Soler
1976,
articulo
Soler
1976a,
pp.61-61).
Por
rtlti-
137
1110
cabe
consignar
unos
recuentos
publicados
por
E.Ripoll
sobre+
las
series
del
��seo
Arqueol�gico
de
Barcelona,
en
colaboraci6n
con
�fme.Sonneville
Bordes
(Ripoll
1961,
p.4S).
La
cavidéld que forma
la
cueva
es
en
realidad
una
gran
grieta
que
ha
ido
rellenando
se
en
el
transcurso
de
los
mile
nios
sin
una
aportaci6n
visible
del
elemento
fluvial,
tan
cer
cano
sin
embargo,
ya
que
el
Ter
discurre
hoy
en
día
unos
30
mts.
por
debajo
del
yacimiento
y
a
unos
50
mts.
de
distancia.
La
disposici6n
de
los
bloques
inetraores
de
la
grie
ta
era
insegura,
se
apreciaban
algunos
de
reciente
caída,
o
tros
fueron
hallados
enterrados
y
los
había
aM
en
su
posici6n
orginal,
pero
dispuestos
de
forma
tan
insegura
que
al.
poco
tiempo
de
la
excavaci6n
se
hundi6
toda
la
parte
derecha
del
yacimiento.
Al
iniciarse
los
trabajos
la
grieta
central
tenia
9'75
mts.
de
.....
largo
y
entre
1
y
1'85
IIItS.
de
ancho.
Al
final
de
la
misma
la
Mveda bajaba
hasta
permitir
el
paso
a
gatas
solamente.
Un
poco
ms's
abajo,
al.
profundizar
los
trabajos,
fueron
descubiertas
galerías,
a
derecha
e
i�uierda
respecti
v8lllente
de
la
principal,
rellenas
igualmente
de
sedimentos.
Al
principio
la
esterilidad
fue
casi
total
hasta
llegar
a
1'5
-
3
mts.,
según
zonas,
donde
se
detect6
un
ni
vel
de
tierra
negra,
fino,
de
20
cms.,
donde
aparecit5
toda
13R
la
industria
del
yacimiento.
Esta
capa
se
ramificaba
por
las
galer:las
laterales
antes
aludidas.
En
el
nivel
f�rtil
se
distinguieron
deo
capas,
su
perior
e
inferior,
y
como
tal
recoge
la
publicaci6n
los
úti
les.
Por
nuestra
parte
hemos
llevado
a
cabo
una
completa
re
visi�n
de
esas
piezas,
pero
por
desgracia
no
se
ha
conserva
do
hasta
hou
esa
subdivisi6n,
por
lo
que
podemos
sol�nente
ofrecer
una
serie
total.
Partiendo
de
la
publica�ión
de
Pallar�B
y
liernert
hemos
reconstruido
un
poco
las
series
de
�as
capas
y
la
se
rie
total,
con
lo
cual
intentaresos
acracrnos
algo
mAs
a
la
realidad
que
la
excavaci6n
nos
mostro.
Pero
antes
de
adentrarnos
en
el
estudio
de
la
in
dustria
litica
pasaremos
a
exponer
los
datos
faunisticos
que
nos
ofrece
la
publicaci6n.
Aparece
el
mamut
o
"Elephas
primi
genius"
por
primera
vez
en
Catalunya
asociado
él
restos
hwna
nos;
A.Cabrera,
que
clasificó
esta
fauna,
individualizó
una
nueva
y
supuesta
especie
de
caballo,
el
"Equus
cazurroill,
as!
nombrado
en
homenaje
al
historiador
M.Cazurro;
lince,
ciervo,
conejo
y
otros
cierran
esta
relaci6n
de
mamíferos.
Entre
los
IIIOluscos
hay
.hTurritellafl,
�litra",
UPectenll."Cardiwn",
IICy_
praea",
qyenus
y
"Purpura".
13::1
A
prop�sito
de�
uBquus
cazurroi"
se
hizo
con
poste
rioridad
una
rectificaci6nJ
P.Wernert
afirma
haber
h�lado
para�elos
totales
de
dicho
tipo,
y
de
otro
hal�ado
en
el
Cue
to
de
la
Mina
(Asturias),
con
la
especie
"Equus (Asinus)
hy
druntinus"
(l'Iernert
1956).
La
industria
lftica
hallada
en
el
nivel
f�rti�
del
Cau de
les
Gages
se
guarda
en
el
!fuseo
Arqueo16gico
de
Barce
lona,
lugar
en
donde
pudimos
estudiarla.
Otra
parte
de
esa
in
dustria,
producto
de
las
prospecciones
realizadas
en
el
lugar,
sobre
todo
por
el
malogrado
Dr.M.O�iva,
estA
en
los
fondos
del
S.r.A.
de
Gerona,
lugar
que
tambi�n
nos
acogiÓ
en
nuestra
la
bor.
Este
dltimo
lote
consta
de
S2
piezas,
de
las
que
21
son
dtiles,
un
40'3%.
L&gicamente
su
niv!e�
es
indefini
do
y
lo
sumar�os
posteriormente
a
los
an4lisis
de
los
dtiles
provinentes
de
la
excavaci6n,
puesto
que
en
ella
tampoco
se
ha
conservado
hasta
hoy
ninguna
indicaci6n
de
nivel
superior
o inferior.
Los
afios
en
que
fueron
recogidos
estos
dtiles
del
S.r.A.
de Gerona
son
1952,
unos
tres
días
de
breve
campafia
a
principios
de
octubre
de
1959,
Y
1962.
Los
anAlisis
son
los
siguientes:
t1tiles
afio
1952
F314[Pevh(cvt)b
bilat
conv]
NO
hr
f
L
1
e
t
70
28
14
4
Aldex[AIIld]
140
78
br(29)16
4
Rl1bilpt[Smi
dist
sen.S(P)mi
dist
dex--�d
66
a-br(47)lS
6
med
de:x:(conc)-Smd
prox
dex]
f'314dej
dole(
Pcvtb
dist-PPd
dex
div]
tltiles
afto
1962
G12[S(E)p(m)d
aen+Spd+Smi
dex)
LDlldex[.t\m(p)d]
t}t:f.les
campaSe.
1959
KIt
dele[
Sln4]
70
f
37(27)
6
s
S
30
1
'1
tf
85
fm(14)
8
2
65
26
12
4
tI
LDT13[Amd
41st
scn+Ap(m)d
trav
41st+�
dist]86
br(2S)
9 3
Clex
Bt1no",
rcct
prox
i/.::mi
dist
dex
B32plan
rcct
dist
son
R2241st
cvx[Sp(m)d]
R21bilat[S(P)p(m)d sen.S(P)p(m.)d
dex
sin]
Tl1dist[Amd]
f'11[PPd
dex]
Ct2[ani
med
41st
sen+Spd]
F14[Pcvt:f.
dilS't]
fR[Snd]
Rlldex[Sad]
F14[P(se)cvtd.PPd
ced
pros
dex)
LDlldex(.Amd]
B22plan
rect
diat
dex/+&ud
trav
41st
oblie.
Spd.
sen.
Spd
dex
44
24
12
6
to
29
32
13 6
65
27
33
6
td
66
a-br(28)25
3
60
32
lB
3
tp
69
fm(29
34)
'1
2
4
23
12
S
tI
69
25
7
4
65
fm(31
35)13
65
81'(24)14
Ste
69
S2
20
8
td
85
ar(17)
6 2
tp
35
S3
15
8
141
A
eontinuaei6n
pasaremos
a
exponer
los
datos
que
se
desprenden
de
la
revisión
de
materiales
del
Cau
de
les
Goges
guardados
en
las
vitrinas
del
�ru8eo
Arqueo16gico
de
Barcelo-
na.
Nos
queda
la
duda
de
si
en
los
fondos
de
dicha
instituci6n
quedan
algunas
piezas de
desecho
o
incluso
dtiles;
sin
embar-
go
la
coincidencia
de
lo
que
hemos
analizado
con
lo
publicado
en
1920
es
considerable,
por
lo
que
cabe
suponer
de
poca
impar-
tancia
10
que
pudiera
haber
quedado
sin
estudiar.
La
numeraei8n
que
figu.a
en
las
piezas
corresponde
al
inventario
del
Museo
y
en
algunas
ocasiones
falta,
circuns-
taneia
que
el
los
análisis
sustituiremos
por
trazos;
en
al�n
otro
easo
la
visi6n
de
alguna
cifra
se
hacIa
imposible,
por
lo
que
la
sustituiremos
por
el
milBlllo
signo.
Ln
total
analizamos
lf5
�tiles,
un
63'11.
de
las
182
piezas
revisadas.
Los
análisis
quedan
como
sigue;
NB
hr
f
L
1
e
t
nm
-----.-
FI4[PPd
sen+ppd
dex]
12664.-
R11dex[S(P)md]
69
29
8 4
65
42
22
3
12667.-
E1[Eevhi
trav
dist.Epi
trav
prox].Jl
76
Fl1dex
cvx[ppd]
12627._
1'314[Pcvtd
med
dist"Pcvti
dist]
70
12666._
Pl1[S(P)m(p)d
med
dist
sen
conv+Snb
66
dex
conv]
43
24
7
45
22
7
40
22
9
12658.-
P21(S(P)pd
BCD
COUV+S(SF.)pd
41st
med
(!eX
eonv]
12704.-
R21dex(S(P)pd]
1262-.-
F314(PCYtb]
(en
cuarzo
blanco)
66
142
36
19
S
6S
fm(44)18
S
70
bl'(24)12
4
12703.-
F14[Ppd
Illcd
dist
sen
CVll.
co.trV+P(S)mó
69
dex
cone
COtIV]
127G7a.-
Fll[PPd
dex]
69
12721.-
Bc2[Apd
sen
eonv+A(S)pd
41st
IllOd
de�
23
cone'
12623.-
F22(Pevhd
prox
scn--Pcvtd
dist-
Apd
prox
dex
ese)
72
40
25
8
t1
30
22
5
te
28
21
3
38
10
4,
12720.-
LD11prox
dex[Amd]
85
36
7
4
tp
12640.-
F315[Pevhd
sen
div=Pmi
bilat]
70
ar(26
16)
<1
tI
12705.-
PD25(Ap(Ill)d
41st
sen
conV+Apd
dex]
49
38
8 4
12691.-
PD23(Apd
sen]
58
br(36)
9
3
12649.-
fF[Pevhd] 92
f(2S
23
6)
12645.-
PD23(Apd
sen]
48
-----.-
PI4(P21)[P(S)pd
s
n
conv+P(S)p(lll)d
69
c1ist
lIIed
dex
conv]
12694.-
P.D23(Apd
$eft]
126
9.-
F314(PP
)d
bilat�cvti
prox-ppi
dist
lIled
dex]
12643.-
PD25(Apd
41st
sen
conV+Apd
dex]
12625.-
PD2S[/'
sen+Apd
dex]
-----.-
D23.en[Sp(N}bJ+T2241et(Apd]
49
70
43
1
4
28
15
8
tI
39
8
5
tl
53
11
5
t
49
br(48)
9
3
58
25
6
2
92
br(22)16
4
143
12632.-
P314[Pcvtb]
'JO
fm(25
12)
4
70
ar(37)17
5
tI
70
ar(24
20)
6
70
a-br(37)17
6
69
br(25)12
3
70
a-br(25
le)
n
65
al'(32)15
6
tp
12624.-
F314[Pcvtb]
12746.-
F314(F323)[Pcvtb]
12608.-
F315[pcvtb]
12739.-
F14[Pcvtd)
12626.-
F314[Pcvtb]
12740.- &21dex
cvx[S(P)pd]
12742.-
F22[Pcvtd-Apd
prox
dex
ese]
72
a-br(25)11
:2
12639.-
FI4(P(S)pd
bilat]
69
40
12
4
12637.-
812plan
rect
dist
sen.F311(Ppd
dex-
92
Pevh{cvt)i
lIled
prox
<!ex]
35
18
,1
-----.-
F323[P(A)pi
prox
sen
6sc-PPd
med
sen
92
2S
10
4
-Pcvtd
dist-Ppd
med
dex-Ppb
prox
dex
ese]
----.-
F323[Pevtd-Pcvti
prox]
92
81'(27)13
3
----
....
23[Sp(m)b
sen+S(A)pd
trav
c1ist+�g�
66
22
16
6
tf
12699.-
Rl1med
dist
sen
conv[S(P)md]
6S
32
20
4
12734.-
Rl1sen[Smd]
65
81'(32)12
4
tI
12657.-
Rl1dist
med
dcx[sm{p)d]
65
1
15
5
t1
12618
••
P321[S(SE)pd
dex
conv]
6S
34
15
9
12718.-
Alsen[AlndJ
78
36
14
3
td
12723.-
F15[Pcvtd]
69
fp(17)16
4
tp
12713.-
LD22[Ap(�)d
Ecn.Apd
dex]
8S
ar(22)
8 3
12726.-
LD21[Apd
.en]
85
25
7
2
14�
12732.-
D22med
sen(Spd)/.S(A)pd
prox
dex
75 35
11
3
te!
12696
••
Pl1[Smd
41st
sen
conv+Smd
diatQ�g:]
66
39
9
3
tl
12697.-
PD23(Ápd
dexJ/.S(P)md
sen
cvx
49
33
7
3
te
12708.-
P21(Sp(m)d
sen
conv]
6S
28 17
6
12725.-
:r.1I11med
di"*'
sen[llm(p)d.)
8S
22
7
3
tp
12692.-
LD21dex[Apd]
8S
ar(l9}
8
3
12716.-
LD31[Apd
prox
dex
esc]/��
dist
sen
57
br(26)
7
3
.,Sm(p)d
dist
®x
12690.-
G12[Spa+�
dex]
S
3
bl'(24)12
4
12641.-
R21dex(Fl1}[S(P)pd]-F,l[Eevbi
trav
92
29
20
6te
dist.
Epi
tr8v
prox]
12652.-
832plan
rect
dist
dex
29
2.8
17
4
t1
12646.-
R21dist
meel
dex[Spd]
65
33
20
5
te
12722
...
Fl1dex(Pevhd]
69
0.,(24)12
12678.-
R21bilat[Spd
sen.Spd
dex
sin]
66
ar(37)22
e
12677.-
F311[Ppd
de�Pmi
sen]
70
44
16
5
tI
12'07b.-
tl[Bpi
scn.Epi
dex]
76
41
27
lO
12667.-
F14(Pmd
sen
cvx
cOUV+Popd
dex
couv]
69
43
25
8
12680.-
R21dex
div[SPd]
65
fp(23
40
6)
12631.-
F314[Fcvtb]
70
4
13
6
12110.-
A2[A(S)pd
sen
cvX+A(S)pd
dex
cvx]
78
26
22
S
t1
12683.-
G12dist[P(S)pd
dist
sen+spd+P(S)pd
92
4
40
18
6
diat
dox]-P14pr(JxP(5E)pd
mod
prox
deX+P(SE)pd
prox
I1!ed
sen]
c:liv+Sp(lII)i
t.rav
c:list]
77
27
35
t1
14;:;
12730.-
11dex[SIIId]
65
52
20
8
te
12675.-
Rl1dist
med
dex[S(A)md]
65
46
29
5
12693.-
A2dist.
sen[Apd]
85
SO
9 3
tl.
12651.-
Gl1[Spd]
1
5
24
27
6
t1
12686.-
F314(PPd
prox
ed
bil
t-PevC:;d
c:list""
70
37
31
5
PPi
dilit
sen+l'pi
doxJ
1102
.�
F314(Pcvtb)
12629.�
Pl1(PPd
sen]
70
54
23
7
69
f(42
22)12
12634.-
R21bi1at(
p(m)d
ed
diat
aen.s(P�
66
ar(46)29
5
12665.-
F14prox[Ppd.
dex
c:liv+Pmd
prox
lIled
�
69
45
27
4
12630.-
R21bilat[S(P)pd
sen.S(A)pd
med
P§O�
66
42
25
5
tp
12663.-
PD25[A(S)pd
dist
dox
conv+Apcl
dist
85
br(52)19
S
mcd
dex
couv]
12612.-
G312dis1;[Ppd.
c:list
scn+Spd+Ppd
di
t
92
6
dcx]-FI4prox[Pevhd
III
d
bil
t.Pcvtb
prox]
58
16
8
12679.-
G21[Spd]
12636.-
G12[Spd
sen+$pd+
el
dex]
4
6
br(47}18
8
S
8
fd(26
22
9)
12738.-
F314(F323)[�b)
70
47
25
12660.-
F13[Pm(P)d
sen
C�
conv)
69
59
20
10
12676.-
G311[SEpd]
12605.-
U3[S(P)pd
15
20
30
42
31
12655.-
LD12[
se
•
Alnd
d
prox
dex)
85
ar(Sl)30
1.
tf
12601.-
P14(Pcvtd
prox-Ppd
IIlcd
bU
Pcvtd
69
dist]/...s(P)mi
pro:IC
sen..-S(p)mi
dist
69
19
6
sen
conv
12642.-
F13[P.P(evb)d
$en
conv]
12669.-
LDl1s.cn(.Amd]
69
85
12674.-
Dllplan
polig
41st
d
x.B32pl
n
Bi�
31
prox
d.ex
14r.
43
9
6
40
18
8
tI
37
23
8
12100.-
14(Ppd
prox
bilat-Povtcl
_el
dist]
69
br(44)22
9
12614.-
F13prox[Ppd
prox
med
sen
div]
69
68 24
8
tp
12707.-
�1(
vhi
trav
dist.Epi
trav
pro
x]
76
32
21
10
12671.-
B12plan
polig
dist
30
36
23
15
12708.-
21clex[Spd]
(ón
cuarzo)
77
al'(36)31
12
12611.-
A2(Gl1)[A(S)p(m)d
trnv
dist
cvx]
18
42
37
5
td
12628.-
P14[Ppd
prox
bi.lat-l'cvtd
med
diBt]+
92
T22prox[
Apd]
12636.-
El[Epi
son.
Epi
d�]
12684.-
F13[Ppd
sen
couv]
12650.-
Glldej
sen(Spd]/.Smd
roed
prox
dex
12729.-
G312[smd
med
41st
son+Spd]
12659.-
F15(�hd
dist
sen+Pevhd
dox]
12672.-
Cl1d:lat[Spd)
"Gllprox(Spd]
12661.-
F15(PP(evh)d
billlt]
12735.-
Almed
dex
div[Aaí]
12613.-
F11bialt(Ppd]
12662.�ttKk
Pllbilat(p(s)pd]
12673.-
F13doj
dex[pp(evh)d
sen
cvx]
126S6.-·Gl1[Spd]
50
18
7
76
28
33
11
tI
69
68
19
9
56
44348
5
6
82
23
11
td
69
br(52)32
12
3
1-4
45
22
10
69
85
69
42
38
12
tI
48
30
6
tI
45
3
7
69
a-bl'(37)29
5
69
1
4
47
44
9
ti
64
.2
tI
147
12606.-
Fl1sen[PPd]
69
55 29
5
tf
12602.-
R21dist
med
dex[Sp(m)d]
65
ar(71)49
11
tl
12604.-
R11bilat[Smd]
66 66
16
6
12616.-
Rlldex
div[Smd]
65
ar(3S)30
8
td
12603.-
D23med dex[
Spd]
75
91 18
8
12609.-
F14[PPd
sen+Ppd
dex
cvx
conv]
69
48
20
5
12610.-
F314
[Pcvtb]
70
84
33
11
12701.-
F314[Pcvtd-Pevti
med
dist]
70
48
17
8
Recuentos
piezas
M.Arq.Barcelona
S
R-20
B
sp-
5
A
_
8
PDp-
8
P-
5
P
unif-31
LDm-
4
SE
G-
1
Total
=
124
t.P.
D-
3
bif-19
p-
3
E
-
5
G-l1
e-
l
115
Ut.
-
124
t.P.
106
mpnot.
S
A
P
SE
B
E
9
doblo
39
24
50
1
5
5
Una
visi6n
global
de
esta
revisi6n
la
adquiriremos
con
la
suma
de
todos
los
útiles
vistos
hasta
el
momento
y
que
da
las
siguientes
cifras:
de
un
total
de
234
piezas,
136
son
dti1es,
un
5811%.
Se
han
distinguido
145
tipos
primarios,
con
9
piezas
dobles
y
127
monotipos.
La
serie
nominal
es
la
siguiente:
S
47
A
29
p
55
SE
1
B
8
E
5
14H
Por
su
parte
la
distribueiSn
por
tipos
y
c�a&es
y
los
recuentos
segdn
la
lista
Sonnoville
Bordes
-
Perrot
que-
dan
as!:
S
fR-
1
Bsr-
1
A
-
10
PDp-
8
R-
25
sp-
7
LOm-
6
LDT-
1
Total
""
145
t.
p.
p-
5
P
unif-
34
p-
3
SE
G-
1
D-
3
bif-
21
e-
l
E
-
5
G-13
NB
Canto
%
r-ac•
NB
Canto
%
iéac.
NB
Canto
%
Saco
1
2
1'47
1'47
35
1
0'73
12'49
70
18
13'23
73'52
2
1
0'73
2'20
44
1
0'73
13'23
72
2
1'47
74'99
3
1
0'73
2'94
48
1
0'73
13'97
75
2
1'47
76'47
4
1
0'73
3'67
49
4
2'94
16'91
76
4
2'94
79'41
5
5
3'67
7'35
57
1
0'73
17'64
77
2
1'47
80'88
15
1
0173
8'08
58
2 1147
19'11
78
4
2'94
83'82
23
1
0'73
8182
60
1
0'73
19'85
85
12
182
92'64
29
2
1'47
10129
65
14
11)129
30'14
86
1
0'73
93'38
30
1
0'73
11'02
66
14
10'29
40'44
92
9
6'61
100
31
1
0'73
11'76
69
27
19185
60'29
La
serie
ordinal
nos
dará
la
secuencia
estructural
mediante
el
cAlculo
de
sus
rupturas.
P
S
/4
A
/3
B
E
/4
SE
Cuantitativamente
hay
que
colegir
de
inmediato
que
nos
hallamos
ante
un
Solutrense,
lo
culü
ya
era
sabido
de
an-
temano.
lo
que
nos
llama
la
atenci6n
m&s
es
la
posici6n
des-
tacada
de
los
fo1iAceos,
superando
a
los
simples
y
ucho
m�s
a
los
abuptos. Todo
ello
puede
indicarnos,
junto
a
las
obser-
vaciones
cualitativas,
que
nos
hallamos
ante
un
Solutrense
Me-
149
dio
_
SUperior,
pero
que
no
ha
llegado
en
modo
alguno
al
esta
dio
final
de
su
evoluci6n.
SOlo
dos
verdaderas
puntas
de
ale
tas
y
peddnculo
han
sido
analizadas,
F323,
desgraciadamente
sin
cifra
de
referencia,
como
hemos
visto
en
los
an'lisis.
Es
curioso
que
en
la
revisi6n
de
la
publicaci6n
que
veremos
enseguida
a6lo
hayamos
distinguido
tambi�n
dos
claros
F323.
Otro
dato
en
favor
de
una
fase
no
final
de
este
per!ddo
es
la
ausencia
de
piezas
de
escotadura
levantinas,
tan
5610
una
lá
mina
de
tales
caractertsticas
se
ha
analizado
j
en
la
publica
cicSn
veremos
que
se
sefialan
dos
ejemplares;
uno
do
ellos
ca
si
un
foli4ceo.
Por
el
contrario las
piezas
de
escotadura
so
luteenses
si
que
las
encontramos,
detectandose
por
ello
la
presencia
del
Solutrense
Superior.
Nuestro
siguiente
paso,
ya
apuntado,
es
una
revisicSn
a
fondo
de
la
publieaci6n
del
yacimiento
(Pallar's
y
Wermert
1920).
De
ella
extraeremos
unas
series
de
ambos
niveles
y
del
llamado
"indefinido",
que
intentaremos
contrastar
con
las
que
hemos
estudiado
personatn�e.
En
el
nivel
B
o
inferior
se
encontraron
43
útiles,
sobre
los
cuales
reconocimos
44
tipos
primarios.
Los
recuen
tos
quedan
como
sigue:
s
R-13
p-
1
G-4
B
ar--
1
P
f-
7
unif-
5
P
bif-
5
A
LDp-
S
PDp-
2
c-
1
s
18
A
8
150
p
17
B
1
=
44
t.P.
En
el
nivel
A�
superior,
fueron
40
los
dtiles
iden-
tificados,
rcconociendose
tambi�n
44
tipos
primarios
(36
mo-
notipos
y
4
dobles).
S
R-
6
p-
6
0..5
B
sr-
1
sp-
1
s
17
A
5
P
unif-
7
bif-13
A
LDp-
3
PDp-
3
c-
1
P
20
B
2
=
44
t.p.
Si
a
estos
dos
recuentos
añadimos
el
de
las
piezas
del
nivel
indefinido
tendremos
como
resultado
la
visi6n
total
de
la
excavaci6n,
que
será
de
110,
con
116
tipos
primarios
(104
monotipos
y
6
dobles).
S
R-
28
p-
7
o..
16
B
er--
2
sp-
4
S
51
A
17
p
f-
7
A
LDp-
12
PDp-
3
unif-
17
bif-
18
c-
2
P
42
B
6
Vamos
ahora
al
capitulo
de
comparaciones
entre
las
series
de
la
publicaci6n
y
a
su
vez
de
'stas
con
las
que
he-
moa
hallado
en
los
6tiles
del
Museo
Arq.
de
Barcelona.
Bu
caremos
en
primer
lugar
la
posible
homo
eneidad
de
las
series
de
los
niveles
A
y
B.
El
test
da
como
resulta-
do
11296,
que
en
el
grado
de
libretad
3
ost'
entre
0180
y
Olfn
151
es
decir,
que
tomemolll
casi
con
total
seguridad
como
homogé
neas
las
dos
series,
sus
diferencias
se
deben
al
azar.
La
di
visi6n
que
establecieron
los
autores
de
la
publicai6n
se
baseS
en
criterios
cuantitativos;
en
el
nivel
superior
observaron
una
industria
solutrense,
pero
también
detectaron
la
presencia
de
&tiles
propios
del
Paleolítico
SUperior
en
general,
gran-
des
y
de
técnica
poco
uniforme,;
en
cambio
en
el
inferior
los
oh
jei)os
eran
de
menor
tama.l0,
mejor
técnica
de
talla
y
con
un
rl
re
yo totaJ.mente
solutrense.
Hoy
podemos
establecer
que
ambas
series
son
fases
contínuas
de
un
mismo
periodo,
muy
posiblemen
te
de
gran
precisi6n
crono16gic8,
puelS
el
estrato
es
de
elSCa-
so.
potencia
y
por
tanto
la
ocupaci6n
debicS
ser
relativamente
corta.
Pasemos
ahora
a
la
comparaci6n
con
las
series
ana
lizadas.
La
cifra
total
de
útiles
en
ambos
conjuntos
no
difie
re
grandemente;
cabe
sel'ialar
que
obviamente
omitimos
en
los
recuentos
las
piezas
del
S.
I.
A.
gerundense
por
no
pertenecer
a
la
vieja
excevacddn;
PalIares
y
\'lermert
hallaron
110
titiles,
como
acabamos
de
ver,
y
por
nuestra
parte
hemos
identificado
115;
Iln
cuanto
a
los
tipos
primarios
la
diferencia
es
algo
mayorJ
116
por
124.
En
las
series
a
comparar
juntaremos
el
raspador
sobreelevado
con
los
simples,
ya
que
en
la
publica
ci6n
nos
ha
sido
imposible
identificar
este
tipo
de
4t�s
por
152
desconocer
sus
dimensiones.
Prescindiremos
tambi�n
de
los
I'ecailléesu�
que
en
buena
lcSgica
no
figuran
en
la
pub1icacicSn.
Previos
estos
datos,
el
test
de
homogeneidad
arroja
WHI.
cifra
de
31276,
que
se
halla
entre
0'50
y
0'30,
dentro
de
los
limi-
tes
admisibles
de
homogeneidad
en
la
l!nea
del
grado
de
1i-
bertad
3.
Ello
nos
demuestra
que
las
series
confrontadas
evi-
dentemente
no
son
las
mismas,
como
en
teoría
debería
haber
o-
currido,
pero
los
límites
de
variaci6n
son
aceptables
estadÍs-
tic
amente
hablando.
Por
t1J.tiDlo
extendef'CJnos
nuestro
estudio
a
la
serie
que
se
deduce
de
los
renuentos
llevados
a
cabo
por
D.de
Son-
nevmlle
Bof'des
sobre
la
serie
conservada
en
el
Museo
Arq.
dc
Barcelona;
eetlin
publicados
en un
a�ndice
al
articulo
de
•
Ripoll
sobre
la
Cueva
de
Ambrosio
(Ripoll
1961,
p.45).
Se
analizaros
92
I1tiles,
de
los
cuales
6
son
iniden-
.
s
tificables
para
nosotros,
pues
se
trata
de
nQ
92,
divef'sosl
quedan
por
tanto
86
4tiles,
que
han
dado
al
convertirlos
a
la
tipología
analítica
87
tipos
primarios.
La
raz6n
estli
en
que
el
xmmero
31,
buril
nuU.tiple
diedro,
lo
consideramos
no
como
un
s6lo
dtil
sino
como
dos.
El
reparto
por
modos
y
grupos
es
el
siguiente;
S
R-20
B
sp-
5
p
unif-
14
A
-
2
G-17
bif-
17
LD-
9
Total
""
87
t.
p.
LDt:-
3
153
La
serie
nominal
que
se
deduce
queda
as!:
s
37
A
14
P
31
B
5
F4cilmente
nos
damos
cuenta
de
que
la
serie
tiene
concomitancias
muy
directas
con
las
que
hemos
hallado
mAs
ardo-
ba
para
la
publicaci�n
de
Palla�s
y
Wernert.
Un
test
de
home-
geneidad
entre
ambas
nos
da
el
resultado
de
01106,
que
represen-
ta
una
coherencia
pr4cticamente
total,
pues
se
hal1a
incluso
por
encima
de
la
probabilidad
0199.
Si
queremos
extender
la
comparaci�n
a
las
tres
se-
ries
que
hemos
estudiado,
la
nuestra,
la
de
Sonneville
Bordes
y
Ripoll
y
la
de
Pallar�s
y
Wernert,
veremos
que
un
test
de
homogeneidad
nos
propoBCiona
una
cifra
de
2'949,
comprendida
entre
0'90
y
O'SO,
lo
cual
significa
l6gicamente
que
la
simi-
litud
que
existe
entre
los
tres
conjuntos
es
grande
y
signi-
ficativa
de
que
les
variaciones
halladas
por
los
tres
inves-+
tigadores
son
debidas
puramente
al
azar.
En
el
aspecto
cualitativo
de
la
cuesti6n,
es
induda-
ble
que
en
el
total
de
la
industria se
detectan
mAs
elementos
arcaicos
que
evolucionados,
que
tienden
mAs
hacia
raíces
mus-
terienses
y
solutrenses
iniciales(puntas de
cara
plana)
que
no
a
futuras
fases
magdalenienses.
Por
ello
hablabamos
antes
de
un
momento
de
Solutrense
SUperior
inicial
para
esta
fase
15�
que
estudiamos
en
el
Cau
de
les
Goges.;
el
ped11nculo
incipien
te,
desarrollo
de
las
piezas
romboidales,
dar!
en
el
futuro
productos
como
las
piezas
asWtricas
del
Rec1au
Viver
y
el
destacado
ped11nculo
con
aletas
laterales
del
Parpal16
algo
mAs
adelante.
Este
Iltil
tiene
sus
claros
paralelos
franceses
(Ke
lley
1955)
y
en
realidad
no
es
mAs
que
otra
muestra
de
la
varie
dad
tipol�gica
que
el
Solutrense
produjo
con
su
presencia
en
estas
zonas.
Las
posibles
relaciones
de
los
dos
n�cleos
solutren
ses
hasta
ahora
estudiados
es
una
interesante
cuesti6n
plan
teada
ya
en
diversos
estudios.
La
escasa
treintena
de
Ki16me
tros
que
separan
ambos
yacimientos
son
un
dato
en
favor
de
e
llasJ
tipol�gicamente
el
paralelo
es
claro,
pero
no
puede
pun
tualizarse
en
un
momento
concreto
de
la
larga
evolucicSn
del
Reclau
Viver
la
fase
estudiada
en
el
Cau
de
les
Goges¡
ésta
es
mucho
m4s
corta,
como
10
demuestra
la
eSCaJISa
potencia
del
escaso
grosor
del
estrato
f.srtil
de
este
yacimiento.
Ticando
�tiles
concretos,
diremos
que
alguna
punta
de
escotadura
solutrense
y
alguna
hoja
de
laurel
son
de
una
fac
tura
tan
igual
que
podr!a
aventurarse
la
teor!a
de
que
fueran
hechos
por
una
misma
mano,
alun
cuando
sabemos
lo
muy
arries
gado
de
tal
afirmaci�n.
155
En
general
podemos
admitir
un
contacto
entre
ambos
yacimientos,
o
al
menos
una
idea
inicial
COIllM,
con
un
desa
rrollo
posterior
variado
debido
a
las
particularidades
pro
pias
de
cada
gruPO.
Otros
hallazgos
en
la
zona
catalana
Vna
vez
conluido
el
estudio
de
los
dos
yacimientos
clAsicos
del
Solutrense
en
Catalunya
había
que
citar
con
al
gdn
detalle
los
puntos
donde
so
han
encontrado
4tiles
atribui
bIes
a
este
período
en
nuestro
país;
de
hecho
ya
hemos
aludi
do
a
ellos
en
la
introducci�n
de
este
cap!tulo�
pero
ahora
nos
detendremos
algo
m4s
en
ellos.
En
la
industria
que
ha
aparecido
en
el
lugar
cono
cido
como
nDavant
Paun
por
hallarse
delante
del
abrigo
del
mismo
nombre,
fue
detectado
un
ni�.
decididamente
solutrense
en
los
�ateriales
excavados
por
Corominas
en
1947.
Se
trata
de
la
capa
de
20
ems.
que
se halla
a
3'40-3'60
mts.
de
profun
didad
y
ea
la
que
destacan
dos
puntas
peddnctiadas
asim�tricas
como
las
reseftadas
en
el
Reclau
Viver
y
una
punta
de
escotadu
ra
solutrense
(Soler
197�b).
En
la
actualidad
se
est4
proce
diendo
a
una
clasificaci�n
del
material
para
BU
posterior
es
tudio
a
fondO.
El
yacimiento
de
L'Arbreda
es,
en
apariencia,
la
clave
que
puede
desentrafiar
la
sucesi6n
de
culturas
que
pasa
ron
por
la
zona
de
Seriny'
en
la
Prehistoria.
En
el
sector
Alfa,
cata
de
casi
9
mts.
de
profundidad
llevada
a
cabo
por
los
Sres.
Coromi.as
y
Canal,
se
ha
detectado
desde
una
Edad
157
de
los
Metales
en
superficie
hasta
un
Musteriense
muy
rico
y
con
unos
tres
metro:¡;s
de
potencia.
Hoy
la
zona
ha
adquirido
una
importancia
capital
dañe
su
compra
por
parte
de
la
Diputa
ci6n
de
Gerona;
en
ella
efect�an
trabajos
los
servicios
per
tinentes
de
dicho
organismo,
el
S.I.A.,
en
colaboraci6n
con
el
profesor
franc�s
H.de
Lumloyy
BU
equipo.
En
concreto
LtAr_
breda
lleva
ya
tres
eampafias
estivales
con
resultados
l�gica
mente
adn
no
publicados
y
de
difícil
elaboraci�n
en
el
momen
to
actual,
ya
que
deberAn
estar
en
íntima
conexi6n
con
los
que
vayan
desprendiendose
de
los
niveles
inferiores,
adn
por
ex-
cavar.
En
la
cata
aludida,
el
nivel
te6ricamente
solutren
se
era
de
gran
variedad
y
riqueza,
por
los
materiales
que
he
mos
visto.
Había
puntas
solutrenses,
hojas
de
laurel,
puntas
pedunculadas
asim�tricas,
junto
a
objetos
ya
no
tan
típicos
como
microlitos,
raspadores,
etc.(Soler
1976c).
El
dtil
m&s
destacado
eala
hoja
de
incipiente
peddnculo
hallada
en
la
cam
paña
1975
y
que
ha
pasado
a
ser
casi
el
s!dolo
del
yacimien
to
(Soler
1975
y
1976c,
p.152).
Los
siguientes
materiales
que
vamos
a
comentar
son
los
pertenecientes
a
la
cplecci�n
Bos6ms,
para
cuyo
estudio
nos
basamos
sobre
todo
en
los
datos
de
una
publicaci�n
de
los
afios
50
(Pericot
y
Maluquer
1951).
Se
refieren
en
primer
lu-
gar
a
unas
piezas
que
proceden
del
yacimiento
de
la
Bora
Gran
d'En
15H
Carreres
y
que
los
autores
dan
como
Protosolutrenses.
Por
su
parte
Jord.4
se
inclina
mAs
bien
por
un
momento
ya
plenamente
solutrense
debido
a
la
gran
proximidad
del
Reclau
Viver
y
por
que
estos
d.tiles
no
llevan
indicaci6n
estratigr4fica
alguna
(JordA
1955).
Las
piezas
en
cuesti6n
son
una
punta
de
cara
pla
na
(seguramente
F14)
y
una
reedera
foli!cea(Fl1).
De
la
misma
colecci6n
8osoms
proceden
dos
d.tiles
pre
suntamente
solutrenses
hallados
en
Els
Encantats,
yacimiento
asimismo
enclavado
en
el
ndcleo
de Seriny
••
Se
trata
de
una
pun
ta
folí4cea
biapuntada
y
de
retoque
invasor
bifacial
(F314)
y
de
un
elipsoide
foli4ceo,
quizAs
un
raspador,
tambi�n
con
retoque bifacial(F31S).
El
hecho
de
que
no
haya tampoco
nin
guna
indicaci6n
estratigr!fica
y
de
que
el
yacimiento
sea
de
tendencia
mAs
bien
neol!tica
puede
cuestionarla
adscripci6n
solutrense
de
estos
materiales.
Hay
que
hacer
por
dltimo
hincapi�
en
la
punta de
retoque
solutrense
bifacíla
señalada
en
la
provincia
de
Ta
rragona,
concretamente
en
Les
Planes,
cerca
de
El
Molar
(Vi
laseea
1936).
Pese
a
su
afirmaci6n
inicial,
el
autor
parece
rectificar en
una
carta
dirigida
a
F.JordA
en
1952,
donde
le
confiesa
sus
dudas
y
se
inclina
por
un
origen
neolítico
del
4til.
Por
su
parte
el
mismo
JordA
insiste
en
su
idea
de
una
frontera
�avetiense
en
Tarragona
que
bloquear!a
el
paso
159
del
Solutrense
catal&n
hacia
el
SUr
y
viceversa
(Jord!
1955).
Ya
hemos
expuesto
en
la
introducci6n
nuestra
idea
de
un
muy
posible
tr&nsito
de
ideas
o
de
elementos
de
Norte
a
sur
o
de
SUr
a
Norte,
sin
que
sea
obstAculo
insalvable
el
reducto
gravetiense
de
Tarragona.
Hay
muchas
zonas
no
tocadas
por
el
infatigable
Dr.
Vilaseca
y
no
nos
eatrañar!a
que
en
e
llas
surgiera
el
eslab&n
paleolítico
necesario
para
disipar
las
dudas
que
hayal
respecto
del
paso
del
Paleolítico
por
la
zona.
160
Conclusiones
sobre
la
zona
catalana
El.
Solutrense
en
Catalunya
es
una
cultura
que
lle
ga
ya
for.mada
y
que
se
establece
aquí
durante
lo
que
podrí
amos
llamar
SOlutrense
Medio
franc�s.
Los
datos
crono16gicos,
escasos
y
contradictorios,
que
poseemos
no
ayudan
en
absolu
to
a
centrar
en
concreto
el
momento
solutrense
en
nuestro
pa
ts.
Nos
parece
no
errar
si
hacemos
venir
en
influjo
so-
1utrense
de
Francia)
pero
hay
que
matizar:
no
de
la
Francia
c&ntaUro-aquitana,
que
extieade
si
influencia
sobre
una
gran
Area
del
pats
vecino
y
de
la
pen!nsulo,
sino
m$.s
bien
de
los
centros difusores
dd1
mundo
mediterrAneo
o
meridionales,
en
el
bajo
R6dano.
En
otro
lugar
de
esta
obra
se
tratar4
el
tema
del
origen
del
Solutrense,
pero
es
indudable
que
un
foco
ori
ginario
est4
en
esa
zona
JI:
muy
posiblemente
el
S61utrense
ca
talAn
sea
el
desarrollo
local
de
una
rama
de
ese
n4cleo.
Una
vez
captada
la
idea
solutrense
en
esta
zona
pi
renaica
catalana,
se
adapta
a
las
directrices
propias
de
10S+
habitantes,
a
sus
necesidades
JI:
a
sus
ideas.
Como
producto
de
ello,
con
el
paso
del
período
medio
al
superior,
los
tipos
de
átiles
se
diversifican,
dando
lugar
a
variantes
locales,
como
la
ya
aludida
punta
de
pedúnculo
asim.&.&trico,
desconocida
en
cualquier
otroB
lugar
del
mundo,
al
menos
con
la
persistencia,
161
regularidad
y
claridad
que
en
Serinyl
se
observan.
otro
ele
mento
caracter!astico
y
cuya
influencia
habr4
que,cuidadosa
mente,
buscar
en
las
zonas
m4s
meridionales,
es
el
pech1nculo,
o
su
atisbo,
notorio
en
muchos
útiles;
en
concreto
tenemos
las
piezas
de
Sant
Julil
de
Ramis
que
constituyen
un
buen
indica
dor
del
paso
de
la
hoja
de
laurel
a
la
punta
romboidal,
y
de
�sta
a
la
pedunculada;
ya
en
Valencia
veremos
como
se
le
de
sarrolla
a
esta
última
fase
unas
aletas
laterales
muy
bien
re
marcadas
y
que
constituirAn
el
f6sil
direc�r
del
Solutrense
SUperior
en
el
resto
de
la
pen!nsula,
si
exceptuamos
la
fran
ja
cant4brica,
englobada
en
la
zona
de
influencia
francesa.
El.
clima
fue
frio,
si
nos
atenemos
a
la
fauna
y
a
la
espera
de
los
resultados
palino16gicos
de
los
antlisis
de
LIAr
breda.
En
ihvor
de
ello
est4
sobre
todo
el
resto
de
mamut
del
Cau
de
les
Goges,
as!
como
los
restos
de
reno
de
Serinyh¡
es
tos
dltimos
son,
sin
embargo,
producto
de
la
muda
peri6dica
de
la
cornamenta
de
ese
animal
y
por
lo
tanto
hay
que
conce
bir
su
presencia
como
producto
de
intercambios
o
migraciones
que
lo
trajeron
de
regiones
da
septentrionales.
Eran
adem4s
el
elemento
m4s
preciado
para
obtener
de
ellos
la
materia
pri
ma
de
azagayas
y
punzones
por
su
espesor
de
material
aprove
chable
que
recubría
la
parte
interior
y
esponjosa
del
cuerno.
Esto
podría
explicar
de
alglin
modo
su
traslado
hasta
Serinyh,
162
lugar
a
donde
muy
posiblemente
no
llegeS
nunca
el
reno
vivo.
Por
otra
parte
el
animal
que
mAs
abundantemente
en
contramos
en
todos
los
yacimientos
solutrenses
es
el
cabal10#
as!
como
el
conejo
entre
los
pequeiios
mam!feros.
A
destacar
la
posible
nueva
especie
que
A.Cabrera
pens6
hallar
en
el
Cau
de
les
Coges
de
Sant
Julih
de
Ramis,
el
"Equus
cazurroi",
que
posteriormente
fue
identificado
pro
P.Wernert
como
una
ya
co
nocido
UEquus
(Asinus)
hydruntinus".
Los
restos
solutrenses
se
nos
han conservado
"in
situn
sobre
todo
debido
a
que
en
la
zona
gerundense,
casi
ex
clusiva
en
los
hallazgos
de
este
perlodo,
se
registreS
algdn
cam
bio
espectacular
clim4tico
o
eco16gico,
o
quiz!s
de
movimien
tos
tel\1ric08,
no
il.5gicos
por
1.&
cercanía
de
la
región
vol
cMica
de
Olot,
lo
que
provoccS
el
hundimiento
de
b6vedas
en
Serinyh
y
su
abandono
J
este
fen6meno
de
abandono
se
detecta
tambibl
en
el
Cau
de
les
Goges,
si
bien
allA
fue
quiz!s
el
pe
ríodo
de
habitaci6n
mucho
mAs
corto
que
en
la
zona
del Reclau
Viver,
donde
los
restos
se
remontan
hasta
el
Musteriense.
En
L'
Arbreda
y
en
la
provincia de
Tarragona
estAn,
en
nuestra
opini6n,
las
claves
del
Solutrense
catalAn¡
en
la
primera
para
su
estudio
y
en
la
segunda
para
rastrear
el
ca
mino
de
las
influencias
entre
Norte
y
Sur.
Se
LIArbreda
lo
es
peramos
todo
por
los
excelentes
medios
empleados
en
su
exca-
163
vaci�n,
que
ofrecer&n
una
serie
de
datos
de
inestimable
va
lor
para
la
seucencia
del
Paleolítico
��dio
y
Superior
de
la
zona.
En
lo
que
concierne
a
Tarragona,
no
diremos
otra
cosa
que
hay
que
trabajar
mucho
mAs
las
zonas
no
tocadas
por
el
Dr.
Vilaseca
para
intentar
destruir
el
mito
de
la
frontera
gra
vetiense
que
propugna
Jord4,
al
que
sin
embargo
hemos
de
ate
nernos
por
fal.ta
de
pruebas
contrarias.
Cstal.unya
representa,
en
fin,
un
lugar
de
mezcla
de
influencias,
unas
provinentes
de
la
costa
mediterr4nea
fran
cesa,
otl'as
del
bloque'
c&ntabro-aquitano
por
el
camino
pire
naico
y
otras
del
SUr
de
la
pentnsula,
pero
que
no
se
har!n
patentes
en
sran
medida.
Sobre
el
sustrato
indÍgena
la
cultura
solutrense
ejel'ci6
una
misma
influencia
con
distintos
resul
tados,
que
tentan
sin
embargo
puntos
de contacto)
la
ya
clara
tendencia
"valenciana"
de
las
escotaduras
abruptas
y
las
al.e
tas
y
el
pe�culo
se
refleja
en
Catalunya
con
atisbos
de
e
llo,
mediatizado
por
los
influjos
septentrionales)
todo
esto
ofrece
un
panol'aDIa
resultante
que
es
el
Solutrense
cataldo
que
acabamos
de
estudiar,
y
eh
el
cual
podr4
profundizarse
mAs
con
los
resultados
que
se
deduzcan
delos
nuevos
aatos
que
en
un
futuro
inmedito
nos
proporcionar4n
los
trabajos
en
curso
en
el
pats.
lG�
x
ZONA
VALENCIANA
Problem4tica
general
La
zona
valenciana
nos
ofrece
a
priori
el
campo
de
in-
veatigaci�n
m4s
apasionante
si
nos
ba
samos
en
loa
hallazgos
en
ella
realizados
hasta
el
momento
presente.
Ha
sido
en
las
comarcas
orientales
de
la
península
donde
la
fase
media
del
Paleolítico.Superior
ha
dado
a
los
io-
vestigadores
una
fertilidad
mayor
en
cuanto
a
materiales
l!ti-
cos,
�seos
y
artísticos,
en
el
concepto
de
'rea
ib'rica
que
admitimos
en
este
trabajo,
excluyendo
la
franja
cant4brica¡
ello
ha
convertido
esta
zona
en
la
clave
de
ese
Paleolítico
Superior
ib'rico.
La
situaci�n
geogr4fica
ha
influido
no
poco
en
el
desarrollo
de
las
culturas
paleolíticas
en
la
zona.
No
nos
mo-
vemos
ya
en
la
encrucijada
de
caminos
e
influencias
que
es
la
provincia
de
Gerona,
que
sintetiza
en
BUS
industrias
la
facies
c&ntabro-aquitana
llegada
por
vía
pirenaica,
la
facies
del
Me-
diod!a
franc's,
con
sus
focos
creadores
del
valle
del
R6dano,
y
la
facies
meridional,
asimismo
original
y
con
fuerza
para
dejarse
notar
en
otras
latitudes.
Estamos
ahora
en
una
zona
no
de
paso
sino
de
asenta
�
miento
y
ndcleo
expansor
de
colturas;
lo
favorable
del clima
165
debi6
ser
un
factor
importante;
pese
a
la
glaciaci6n
del
warm,
en
sus
períodos
fríes
III
y
IV
con
su
fase
algo
mAs
templada,
el
inter¡ll�,ar
III-IV,
la
proximidad
del
MediterrAneo,
y
la
la
titud,
mAs
baja
que
en
la
Europa
continental,
debieron
ser
fac
tores
capitales
a
la
hora
de
favorecer
un
florecimiento
cultu
ral
de
la
zona.
La
comarca
que
va
a
centrar
nuestras
investigacio
nes
serA
la
de
los
alrededores
de
Gandta,
pues
en
ella
se
ha
llan
los
yacimientos
cuyo
estudio
pormenorizado
seguir
A
a
es
tas
líneas.
La
documentaci&n
que
para
su
estudio
tenemos
es
va
riada
en
cuanto
a
publicaciones;
en
el
Parpall&,
estaci6n
cla
ve,
una
monografía
de
su
excavaci6n
en
1929,
1930
y
1931
vi6
la
luz
en
1942,
obra
del
profesor
L.Pericot.
Para
Les
Mallae
tes
hay
en
la
bibliografía
muy
apreciables
datos,
de
los
cua
les
el
mejor
es
un
avance
al
estudio
de-finitivo
de
los
niveles
del
tacimiento
por
parte
del
profesor
Fortea;
en
�l
se
resu
men
su
campafta
y
las
primeras
que
allí
se
realizaron,
a
fina
les
de
los
aftos
cuarenta.
Menos
informaci�n
adn
puede
extraer
se
del
Barranc
Blanc,
donde
unos
trabajos
de
Laplace
y
del
mismo
Fortea
no
arrojan
una
luz
definitiva
sobre
dicha
cueva;
no
existe
publicaci&n
de
los
resultados
que
pudieran
haberse
lGf.
desprendido
de
la
excavaci8n
original,
a
principios
de
los
aftos
cincuenta.
y
por
casi
inexistentes
son
las
noticias
de
las
dltimas
dos
cuevas
de
la
zona,
Les
Rates
Penaes
y
Les
Ma
ravelles.
Ha
sido
nuestra
intenci6n
manejar
el
mAximo
posible
de
material,
y
para
ello
hemos
recurrido,
como
ha
quedado
pa
tente
en
los
inicios
de
este
trabajo,
a
los
fondos
del
Museo
de
Prehistoria
de
la
Diputaci6n
Provincial
de
Valencia,
cen
tro
desde
donde
hace
mAs
de
medio
siglo
el
S.I.P.
de
dicho
or
ganismo
viene
desentrañando
con
acierto las
fases
de
la
Pre
historia
y
de
la
Historia
del
País
Valencil.
En
dichos
fondos,
gracias
a
la
gentileza
del
director
y
colaboradores
del
men
cionado
Servicio,
hemos
logrado
identificar
la
prActica
tota
lidad
del
material
que
se
extrajo
de dos
de
los
m&s
importan
tes
yacimientos,
el
Parpal16
y
el
Barranc
Blanc.
En
el
primer
caso
hemos
basado
en
ese
amplísimo
conjun
to
el
estudio
que
sigue
inmediatamente
a
estas
lineas.
De
aquí
saldrA
el
nuevo
esquema
�ue
proponemos
para
algunas
fases
pa
leolíticas
en
la
zona
levantina.
Para
el
Barranc Blanc
fuimos
mAs
lejos.
AdemAs
de
recopilar
gran
cantidad
de
material
de
la
primitiva
excavaci8n,
mucho
mAs
del
que
vieron para
sus
estudios
estadísticos
La�ce
1
()
7
Un
tema
importante
que
cabe
poner
en
cuesti6n
es
el
de
la
secuencia
--*eultural
que
hasta
ahora
se
ha
venido
dando
como
v41ida
para
esta
zona.
Muy
posiblemEd;e
lleguemos
a
unas
contradicciones,
o
al
menos a
unas
divergencias,
que
nos
lle-
y
Fortea,
llevamos
a
cabo
una
cata
de
comprobaci6n
estratigr!
fica
en
el
propio
yacimiento
y
levantamos
una
serie
completa
de
planos,
secciones,
cortes
y
dibujos
de
los
niveles
que
pu
dimos
identificar.
Diversas
circunstancias
nos
impidieron
ver
los
mate
riales
de
Les
Mallaetes,
que
se
pusieron
tambi�n
a
nuestra
dis
posici6n
por
parte
del
profesor
Fortea,
que
los
tiene
en
pro
ceso
de
estudio
para
la
redacci6n
de
la
monografla
del
yacimien
to.
Nos
basamos
en
este
trabajo
en
los
muy
abundantes
datos
publicados
hasta
la
fecha,
pero
quedan
por
hacer
los
estudios
estadísticos
de
las
series
industriales
de
la
cueva,
campo
a
bierto
a
futuras
investigaciones.
Para
los
dos
4ltimos
yacimientos
hemos
debido
recu
rrir
a
las
escuetas
notas
publicadas
a
raíz
de
las
excavacio
nes.
Les
Rates
Penaes
y
Les
!ofaravelles
debieron
ser
tan
impor
tantes
como
las
otras
tres
cuevas,
pero
lo
revuelto
de
sus
niveles
a
causa
de
la
exPbtaci�n
como
tierra
de
abono
impide
conclusiones
v4lidas.
ven
a
introducir
alg4n
cambio
en
la
sucesi�n
hoy
por
ho.
se
acepta.
Esas
variaciones
ser!n
quiz4s
s6lo
de
nomenclatura,
pero
con
ellas
intentaremos
aclarar
un
poco
m!s
el
panorama
de
la
fase
media
del
Paleol!tioo
Superior
levantino.
Por
G1timo
la
paleoecología,
favorecida
por
el
be
nigno
clima
que
yahemos
visto
debía
reinar
en
la
regi6n,
no
debi6
hacel'
sino
facilitar
el
desarrollo
econ6mico
y
cultural
de
la
zona.
Una
vegetaci6n
mediterrAnea,
con
pino
predominan
te,
roble,
etc.,
debi6
ser
la
t6nica
general;
La
proximidad
del
mar
como
elemento
suavizador
del
clima
tendría
BU
influ
jo
en
flora
y
fauna.
Csta
no
difería
en
gran
manera
de
la
nor
mal
en
el
Paleolítico
Superior
peninsular:
mucha
cabra
y
co
nejo,
acompaaados
de
ciervo
y
caballo
como
animales
m&s
desta
cados
en
cuanto
a
cantidad
de
restos
hallados
en
el
Parpal16
y
en
Les
Mallaetes.
Hay
que
colegir
que
estas
especies,
jun
to
a
otros
c4pridos,
s�idos
y
felinos
y otros
de
menor
impor
tancia,
fueron
las
predominantes
en
el
pa1eoambiente
levanti
no
del
Paleol1tico
Superior.
Para
el
macizo
del
Montddbe8,
donde
se
encuentran
el
Parpal16
y
Les
Mallaetes,
tenemos
un
avance
al
estudio
fau
n1stico
final
hecho
por
Ian
Davidson
en
el
que
se
nos
propor
cionan
muy
interesantes
datos
(Davidson
1976a).
Para
Les
Ma
llaetes,
yacimiento
en
el
que
hemos
basado
estos
datos
reco-
1
r,
(l
gidos
en
su
estudio,
se
da
como
animal
dominante
el
conejo,
se
guido
de
la
cabra,
ambas
especies
con
gran
diferencia
respec
to
a
ciervos,
caballos
y
jabalíes,
entre
otros.
No
postula
u
na
economía
basada
en
el
conejo
debido
a
que
el
4rea
de
domi
nio del
Parapll�
y
de
Les
Hallaetes
no
podÍa
proporcionar
la
..
cantidad
saficientes
de
alimento
a
aquella
supuesta
poblaci�n
como
para
basarse
en
aquel
animal
j
ademAs
el
tiempo
dnimo
es
timado
para
la caza
del
conejo
(cinco
horas
diarias
por
per
sona
para
un
grupo
de
20,
incluyendo
niños)
se
considera
ex
cesivo,
no
dejaría
lugar
a
otras
actividades.
Hay
que
estimar,
por
tanto,
al
conejo
(nOryctolagus
cuniculus")
como
un
comple
mento
en
la
alimentaci�n
del
grupo,
pero
no en
una
base.
Respaldandose
en
los
restos
faun!sticos
de
conjunto
de
los
dos
yacimeatos
claves
a
los
que
nos
referimos,
Davideon
lanz6
una
teoría
que
expondremos
aquí,
pero
que
no
podemos
rec
tificar,ni
ampliar
por
falta
de
.datos
directos
referidos
a
los
animales
representados.
Se
postula
una
habitaci�n
de
Les
Malla
etes
durante
el
verano,
aprovechando,
por
su
mayor
altitud,
la
subida
de
las
cabras
a
la
parte
alta
de
las
montaftas
y
con
servar
así
la
econoda
de
caza
de
tales
animales
que
mantenían
todo
el
resto
del
afto
en
el
valle
o
llanura
elevada
que
domi
na
el
Parpa1l6.
La
ocupaci�n
de
Les
Hallaetes
ser!a,
por
lo
tanto,
estacional,
estival,
y
con
una
caza
especializada
de
171\
cabra,
fen8meno
que
no
se
da
abajo
en
el
Parpal18,
donde
tal
animal
tambi'n
domina
pero
sin
la
especializaci6n
de
Les
Malla
etes.
otro
dato
en
favor
de
la
no
ocupaci6n
invernal
de
este
yacimiento
es
lo
frio
y
poco
resguardado
que
es
en
épocas
no
calurosas;
en
efecto,
el
sol
en
verano
no
penetra
hasta
bien
entrado
el
mediodia,
por
lo
que
en
invierno
la
iosolaci8n
es
menor
y
m4s
débil;
ademAs
los
vientos
barren
el
yacimiento
de
feente
y
lateralmente,
por
aberturas
naturales.
Todo
ello
in
clina
a
Davidson
a
pensar
en un
campamento
de
verano
arriba
en
las
montañas,
especializado
en
la
caza
de
la
cabra
(Les
"la-
11aetes)
y
de
un
campamento
base
en
la
llanura,
de
ocupaci6n
continua
y
caza
con
base
tambi�n
en
la
cabra,
pero
ya
mAs
in
diferenciada
(el
Parpal16).
La
problemAtica
tipol6gica
ha
sido
abordada
ya
en
o
tro
capItulo
del
presente
trabajo.
Quede
sin
embargo
constan
cia
de
que
es
la
zona
valenciana
la
precursora
en
algunos
ti
pos,
como
la
punta
de
aletas
y
pedt1nculo
solutrense.
A
partir
de
ellos
puede
deducirse
una
primacía
u
originalidad
de
la
fa
cies
de
este
periodo
en
la
regidn
valenciana.
Pero
todo
ello
hbrA
que
combinarlo
con
las
deducciones
que
puedan
extrapolar
se
de
las
demAs
zonas
que
estudiamos
en
esta
Tesis
para
inten
tar
llegar
a
una
stntesis
final
desde
el
mayor
ndmero
de
pun
tos
posible.
171
PARPALLO
:rntroducei&n.-
Como
ya
ha
sido
apuntado
en
capitulos
anteriores,
uno
do
los
yaeilllientos
claves
en
la
Prehistoria
española,
y
nos
atrever1amos
a
decir
que
eurOpea
y
IllUndial,
es
la
cueva
del
Parpall&.
Teniendo
en
cuenta
eeta
primera
considerac1&n
bA
sica,
e.
evidente
que
uno
de
los
pUares
de
este
trabajo
debla
ser
una
minuciosa
reviai6n
de
los
materiales
11ticos
que
fueron
encontrados
en
los
potentes
estratos
del
yacimien
to.
En efecto,
los
nuevos
m4todos
para
el
estudio
de
las
in
dUstrias
11tieas
paleo1!ticas
que
se
han
venido
desarrollan
do
desde
la
publicaci&n
de
la
monograf!a
(Pericot
1942)
y
que
han
qu.edado
ampliamente
detallados
en
el
cap1tulo
corres
pondiente,
nos
an:Lmaroa
á
emprender
una
labor
que
$ab!amos
ardUa
y
de
larga
duraci6n,
en
verdad
as!
fue,
muchas
horas
consagramos
al
estudio,
en
primer
lugar, de
los
niveles
a
tribuidos
al
Solu'trenBe
(7'25-4'
S
qt;s.
de
profundidad)
y
mediante
cuyo
detallado
anUiai.
conseguimos
obtener
la
ea
lificaci&n
máxima
en
nuestra
Te
.•
i.
de
Licenciatura.
Pero
por
supuesto
una
Teai.s
Doctoral
a.pira
a
mA.
altas
matas
y
por
ello
la
teml.tica
es
mucho
mAs
ampli.
en
el
tieJllpO
y
en
el
espacio.
Al.
tener
en
cuenta
la
primer.
de
172
Descripeidn
de
11.1
ctleYa.-
estas
coo�denadas,
nos
hemos
visto
obligados
a
engrandeoer
nuestro
primer
estudio
del
Solu�nse.
tocando
la
delicada
temAtioa
de
las
oapas
inmediatamente
superiores,
el
llamado
por
Pericot
So14treo-aurifiaeiense
final,
y
las
del
Magdale
niense
inicial
tan
discutido
y
oontrovertido,
entre
4'5
y
4
mtlS.
y
4
y
2'
SO
BIts.
respeetivamente.
El
estudio
conjunto
deb!a
completarse
44n
con
los
restos
hallados
en
la
profundidad
del
yaoimiento,
entre
7'25
mts.,
inicio
del
Solutrense,
y
9'50
BIts.
t
4ltima
medici&n
efectuada
ya
tocando
la
roca
virgen
del
fondo.
En
la
publi
caci.5n
se
hallaba
de
restos
del
AuJ'ifiaciense
Superior,
con
abund.antes,
en
l'elaci&n
al
n4mero
total
del
material,
pun
tas
de
la
Gravette,
pOI'
lo
que
hoy
eatas
capas
pueden,
en
nuellltra
opiai6n.
ser
denomi.nadas
sintemor
alguno
001lI0
gl'a
vetiensea.
segdn
veremoa
mAs
adelante.
Si
bien este
pertodo
no
se
centra
pl'opiam.ente
en
los
llmitea
de
nuel!tro
trabajo,
cl'efaaos
imprescindible
IlO
de;l_10
olvidado
en
el
fondo
del
yacimiento
y
con.ePir
aa!
una
vi.lIJn
total
del
adamo.
Pasaremos
ahora
a
exponer,
ante
todo,
una
.ol!lera
"01'11.1
y
descripci6n
de
la
cueva.
Se
Ialla
enclavada
en
la
falda
del
macizo
del
Montd4bel',
dominando
108
valles
altos
173
en
los
que
se
encuentra
como
ndcl.eo
mas
ÚlPOnante
el
pu_
blo
de
Barx.
El
aludido
macizo
se
eleva
hasta
108
836
_8.
sobre
el
nivel
del
mar
(Vl1anova
y
Pie
..
a
1893,
p4g.18S)
y
elJt4
coJlSi¡ituido
por
calJ.zas_
en
ocasiones
muy
plegadas
y
rota.,
que
afloran
POI'
tal
lIlotiv:o
en
fol'lllas
verticales,
es
precis8lllente
en
uno
de
estos
salientes
de
caliza
lIletam&rfi
ca
plegada
que
8e
ab_,
eR
dinccidn
HEooSO,
veJ'tica1mente,
la
boca
de
la
cueva
del
'Parpllll.cS.
Las primeras
noticias
Clue
tene!llos
no.
vienen
dadas
por
Vi1anova
y
Pie!'a,
que
en
la
obre
ante.
ei'tada
nos
il8:J"ra
su
paso
por
la
cueva
en
1872,
cuando
11ev'
a
cabo
una
peque
Bs
cata
en
la
que
hall�
huesos
y
.llex
en
abundaacia.
Lo.
vecinos
de
BaI'X
y
del
pequello
ndc1eo,
1il4.
ce1'Oano..
de La
Droba
conoe!an,
POI'
supuesto,
el.
lugar,
donde
eNtan
ent_
rl'ados
te801'0s.
De
la
cercana
Canda
subían
a
veces
per.flO
.nas
en
busca
de
mste1"ialelil,
entre
las
que
cabe
destacar
el
jesuIta
Leandro
Calvo.
Pere
la
verdadera
..
gnitud
del
P
.....
pall&
RO
se
intuye
mb
que
a
tl''''�s
de
uno
de
loa
"1IIOI'lstl'\108
aapMo.s"
de
la
Prehistoria
un1verai.,
el
abate
ft.Breuil.
Si
Wúend.o
lu
notas
publicada.
por
Vilanova
y
Pier.
el
sabio
frane&.
v1811.'.&
el
Parpall&
ea
1913
y
tuvo
la
iol'tuna
de
ha
llar,
ade...
de
huesos
y
sfl.ex,
un
1.'."0%0
de
plaqueta
(Waba'"
da
Con
la
que
11
interPNt'
<:01lI0
la
fipl"a
de
una
cabeza
de
l:lnce
(81'01111
1914,
p�.251).
Al
00
poder
e�aval'
el
ya-
17�
ciaientcl
en
persona,
pese
a
que
le
fue
concedido
permiso,
B.l'euil
no
cej&
en
su
_peflo
de
que
,alguien,
en
Valencia,
procediese
8
la
labor
de
é.ahr
lit
18
lu'z
eaos
materiales
qu.e
n
ya
atu.fa
seasacionlilles
••
Tal
terea
í"eeay4,
como
es
sa
bido,
en
Luis
Perlcot,
a
la
saz8n
.1
__
ea'tedrftico
de
Va
lencia,
11.egado
en
1921
de
Barcelona,
tras
un
cortGl
afio
de
docénCia
en
Santiago
de
Compostela.
Al
afio
siguiente
vis!tó
por
primera
vez
el
Parpall&
POI'
mediaci4n
de
D.
Isidro
Ba
llestel'
Tormo,
fundador
y
Primer
director
del
re<:ién
creado
Servicio
de
Iavestigaci&n
Prehist4rlca
d�
la
D!putaci&n
de
Valencia,
y
fue
inmediata
la
decisi4n
de'
e�avarlo.
iaiclan
ése
lu
tareas
el
6
de
Junio
de
1929. Ho
pl'Ofundizal'emos
aqu.(
en
la
hiato!'!a
propi8lllfmte
dicha
de
la
excaváCi&.
pues
eUo
queda
bien
explicado
en
la
_nograffa
(Pericot
.942)"
A
titulo
de an«dota
ln4dita
di:remos
que
el
coste
total
de
las
tres
campailas
(1929,
1:930
y
193t),
con
de.plazamieato.,
cOlIIid.a,alojamientos,lIIaterial,
ObrerOlllt
dibujante.
etc.,
fue
ele
10.000
pt
••
Ji
dato
recogido
direetamentéll
del
propio
e.ll;-
cavador.,
En
cuanto
a
la
diapo8ici6n
inteS'lla
dé
la
cueva¡
pl'Onto
aparec.i4
una
galerta
en
la
pat."te
izquierda,
situan
..
dono.
de
espaldas
a
la
boca,
separada
de
lalPlerta
princi
pal
POI'
un
pequefto
lI1UrO
Ilatur-al..
Se.tll!'
ICOIlIll.
se
distingui_
�n
en
dicha
galer!a"
d.e
entrad
..
a
fondo·'
EE,
entrada
E.llte¡
17;)
entl'ada
OeRe,
BO,
CB,
centro
·B:st;ej
CO,
c¡fntPO
eede,
l.,
1_
vante
y
P,
poniente,
se
excaval"On
du:rante
las
campafta.
de
1929
.,
1930
_di
ante
el
silíteJIIA
de
il!'
baj.ando
por
.capaa
de
25
cm
••
,
cODsel"VNldoI!le
..
parados
101lli
mater:lal
••
bal1adoa
en
(l·ada
una
de
las
lIlOIU\l.
ante1"iol'llHmte
lI1ellCionada.�
En
1.
pllJ'te
8148.
iD:te,.ior
..
ceoserv&
un
talud
test.:i.momo
p.ra
fu
..
t�a.
ee::avaeionea.
pel'O
deBgJ:'ac:iadllllleote
aobl'e"a1,fan
de
&1
p1aquetas,
hueso.
y
dlex,
lo
que
psooploiaba
la
r.pifia
de
tan
valiosos
objetoe
por
parte
de
DO
profesionale.,
y
tal
hecho
l!lGVi6
a
10$
excavadores
á
t.el'lllinaJ'
su
trabajo
al
....
rano
siguiente,
en
1931.
Si
hubiese
sido
f.¡;$ible
la
colo
c;aei&n
de
una
reja
elIiter1oJ",
cosa
iniGHIginable
por
aqu�
entonce8.
IIU'
enol'lll8
cantidad
de
datos
eronolé$gico.,errt
.....
tigr4tieo
.•
,
polinicos
y
de
t.oda
elase
hábrian
l1eglldo
haílt.
noaotl'o.sl.
Eate
lll!llento,
do
ctwt.a
cOUIpartido
PO"
toods
los
PPOf.'e.ionalea.
no
éS
I'eproche
pua lo.
que
10
exc""'8J'(¡)01'
$i
DQ
d
.•
bien
8grárlec;:illliento
POI'
114_
al.vadO
aquell
..
p1.é-
z
••
que
aio
du4a
bah
..
!.
'VOlado
..
eoleeci.ones
p��eu1al'el5
en
el
mejor de
108
casos,
o
.liIe
tu.b!..
percUdo
par.
demp".
en
.8\1
-yor!..
Sin
ellibargo
no.
Cltled&
a
todo.,
ináiatl!lllllOi8.
l,Ul
folldo
de
'tl'il!1te"
por
h.aber
.-i'ditlo
taa
ineñilUble
te'"
tiaoni-Q
poI'
culpa
d.el
colecci_l!1ta.
del
afie.ionado,
deseo
oQCedo·p
de
lo
q.e
deatímYe,
del
eilCOUí'sion1ata
incapu
de
diseernir
ent"
1aa
piedra.
del
campó
y
108
4t.iles
paleE>l.l-
17f¡
ticos,
del
curioso,
en
fin,
que
coje
lo
primero
que
ve
sin
pararse
a
pensar
en
nada
mú
que
en
lo
bonito
o
ex�tico
que
resulta
t;l
objeto
de
su
rapiiia.
Pe!'o
volvamos
a
la
e:xcavaeioSn
pl'OpiMlente
dicha:
la
primera
campafta
alcanzcS
los
3'
SO
JUta.,
en
Jli.veles
a4n
magdaleniensesJ
la
segt.lmia,
en
el
verano
de
19.30.
profundi
...
z&
hasta
1..
roea
IIlf1d1'e.
s_ando
a
la
luz
el
SoI4:tl'eo-.auri
flaciense
final,
el
Solutrenae
y
el
Au:rUiaciensEI
&&perlo!'
o
final,
si1Jllll)l"e
segdn
la
tel'iIa0logta eIlIplead
por
Perieot.
Como
ya
hemos
indicado,
el
vCI'ano
de
1931
fue
excavado
el
talud,
que
se
dividid
en
29
capas,
cada
Wl4
de
elIJas
ap%>O
x1.Judament.e
'tambi�
de
25
cma
••
DescripeicSn
de
108
n.!lvelea.-
En
est.
exposici&n SODIe
••
de
los
datos
publicados
acerca
de
la
excavaéi&n
ru:tl
I'arp.t.l&,
pall&S'emo.
ahora
a
las
c.ulturaa
que
1.uIs
Pel'icot
fue
identificando
y
á
las
profun
didades
en
que
ae
encontraron_
Loa
primerolll
80
cma.de
tie,
...
dieron
un
matCl'ial
de
eUex
y
hue_
qQe
Pericot
atribuy&
al
Magdalenienee
IV,
.i
bien
la
parte
superioS'
apAS'ecfa
removida.
1.08
distinto.
parec�n'ea
de
los
demAa
autO"
.•
Il\le
I!e
han
idO
publle.ando
acerca
de
este
pertodQ
bajan
la
c�nologla
ligoramente.
PoI'
177
j(IU
po.ioUn
final
y
lo.
elelllentos
.,.-olucionados,
media.
1u-
na,
t.l'ienguloa,.
etc.,
Jord'
sei'l.al&
IIIU
poaioi�n
de
nexo
en-
t.re
el
Magdaleniense
y
el
inicio
del
Meael!tico (Jora
1953),
cO.llllideJ"andolo
un
Ep!gravei;ienllle
evolucionado.
Algo
mAs
ter-
de
Almagro,
que
ya
habLa
teorizado
anteriol'lllente
aceroa
de
los
materiales
en
cueati&n,
aborda
de
nuevo
el
problema
(Al-
magJ"O
1960.
p4gs.281-3Gl)
y
10
considera
desde
el
punto
de
perititordiense
vista
del
EpiB
.....
*....
que
estaba
en
aquel
entonces
en
boga,
fase
paralela
al
Magdaleniense
V
y
VI.
Portea,
por
fin,
DOS
seftala
tambi&n
en
lo.
materiales
un
••
bor
tenden-
te
al
Neoll'tko
qu.e
explica,
lltUy
verollimiimente,
por
lo
re-
vuelto
de
la.
capas
mfs
Aperficiales,
que
pudieron
ser
aeoltticas
en
st,
hecho
poco
sorprendente
en
l.a
r-eei&n,
.,
que
se
mezela_n
con
estas
magdalenlensea,
todo
lo
cual
di'
un
I'esultade
que.
como
vemos,
ha
ido
haciendo
dudar
a
todos
108
autores
que
lo
han
tocado
(Portea
1973.
pAgs.392_393).
Portea
atribuye
eatas
primeras
capa
••
gros&O
IlKIdo,
._¡
C
__
plejo
geom.c!:.ico,
dentro
de
SU
profunda
obra
de
&istemati-
aacidn
del
tema
epipaleolttico.
Volvienllo
a
loa
materiales
en
.t,
DO
han
sido
trabajados
personalmente,
pero
en
la
me-
nogf'afta
se
ap.unta,
para
estas
capas
superficiale.
del
Mag-
daleniense
IV,
una
cifra
de
4,0.000
sílex,
lascas,
ll.minaa.
dtilea,
ete.;
los
huesos,
menos
nWD.eroso8,
son
588 'Y
oire-
een
piezas
t.tpic
••
como
aguja.
azagay.s
de
bisel
simple
17R
y
dohle,
varillas
semiciltndricas
e
incl�so
algdn
arp&n.
En
lo
tocante
al
arte,
que
aq�:t:
citaa-elIIOs
COIIIO
dato
Clolllple
!lleDtario,
aparece
la
t&cniea
del
,",abado
en
plaquetas
que
se
desal"l'ollar!
postel'iel'lllente,
eolllO
veremos.
El
sieuiente
nivel
identificado
por
Pericot
fue
el
Magdsleaiense
III,
que
abarcaha
una
potencia
reallllente
grande,
de
1
t70
_s.,
es
decir,
desde
108
80
CIlI$.
hasta
los
2150
_s
..
Este
MagdaleDiense
Medio
l_antino,
tUtimo
Di
vel
no
eBt;ucliado
pel'sonallllente
de
fOl"lll8
detenida,
presenta
un
acentuado
lndiee
ele
micl'olitizaci&n
en sus
capas
supe
riores,
hecho
t.otallllente
normal.
Abundan
10B
dorsos
_baja
Iloa
y
los
pequdios
respadores
de
a8pecto
nucleifol"llle.
se
fiala
Perieot
la
apar1ci�R
tálllbi&n
de
alg¡1n
hendido!'
de
cuar
cita
que
calificaba
de
&aturienee
y
que
ahora
deberl8lllos
rectificar,
puesto
que
habr!a
que
considerulo
00Il10
una
pe
....
vivencia
nOl'lllal
ele
'tiles
eonflidel'ados
COIIIO
tOse.SI
ya
que
de
hecho
no
dejan
nunca
de
aparecer
en
alg1Ín
momento
en
cual
q'iel'
nivel.
pa1eol!tlco.
El.lo
no
puede
interpretarae
mA.
que
001lI0
la
réspuesta
a
una
necesi4ad
plantead.a
por'
el
medio
ambient.e
en
un
m_ento
l1li11'
0000_1;0
Y
que
no
poda
80lucio
narse
con
la
ayuda
de
loa
precilSOliI
inetrUl1lentoa
que
los
mag
dalenien_a
sab{an
hacer
sino
con
W\
fuerte
hendido
..
,
W\
chopper
o un
hacha
de
manoJ'
pouta
rccurri
..
_
a una
fabr:!.-
178
caci&n
€le
tal
Ift!l
o
tambi4n
podl'La
da!'1IO
el caso
nacla
di
ficil
de
!'eaprovechamiento
de
alguno
de
aquellos
dtile$
re
..
cogidos
en
auperfieie
COlll&
herencia
de
los
antepuados
de
nuestro
a
hoIabl'eS
del
Paleol:ttico
&lpel"iol'o
La
_nopafla
resda
una
cifra
de
sllex
que
rebasa
108
40.000
utensilio
...
En
hueso
los
Iftiles
son
QlUy
abundantes,
destacando
lae
a
zagaya.
bi.e1adasJ
hallamos
tambi6n
punzo_s.
v.rill
••
se
miciltndricu
y
agujas.
En
el
arte,
sipe
el
crabado,
sin
que
haga
aparici4n
a4n
la
pintura.
y
entramos
a
contillu.aci6:n
el.
la
deecl'ipci8n,
que
en
este
esaezo
general
ser4
84n.
somel'a�
de.
los
niveles
es
tudiados
a
fGndo
por
el
autor.
que
se
estender4n
desde
e
sos
2.50
as.
apl'o:dm.adamem.e
hacta
el
fondo
d.
la
cueva
..
mAs
de
loa
9
metros
de
profundidad.
El
pl'�el'
nivel
defini
do
POI'
Pel'icot
que
encontramoe
es
l&gic8mente
el
Magd$le
aiease
n,
que
se
aitda
entre
2'
50-2'60
mts.
y
3'
50
IIltso,
ea
deeil',
casi
un
metro
de
pote.ncia
en
1",
ocl1paci&n
del.
yacimient!).. En
sflex
la
ntOnograf;(a
da
una
cifra
de
ma..
de
25.QOO
piezas,
pel"O
est;amos
eD
condiciones
de
afirmar-
que
ese
n4sero
puede
casi
doblarse
..
pues
SOD
45.585
108
.fiex
identificados
'Y
claeificados,. de
108
eudes
2.219
een
_!
lea.
Lo
qUe
81.
podelllO¡¡:
reafil"lllU'
es
la
to&ql1ed:ad
del
mat_
rial,
tanto del
trabajadc>
como
de
1
..
laseas
y
desbeehos.
180
Dominn
en
gran
manera
lo.
raspadores,
muchos,
casi
l.
mi
'tIId
de
ellos.
carenadefl,
por
lo
que
1-oa
IIIObreelevad.ett
o'bt;1e
nen
un
alto
porcentaje.
Loa
burile.
IlIOn
casi
en
su
tot&1:1.
...
dad
diedros ,.
los
dorsos·
rebajados,
muy
escalIOs,
lo
son
ca
ai
aiempre
por
li"etollue
marginal. En
hueso
hallamo.
un
tra
bajo
lllUy
abundante,
con
1
••
clAsicas
aao;agaylils,
agU,jas
de
coser
y
punzones.
En
arte
sigue
el
grabado,
aln
pint;UI'a.
Siguiendo
el
aentido
descendente
llevado
a
cabo
en
la
excavacLSn,
nos
adentt'BIIlos
ahora
en
el
medio
metro
que
se
atribuye
al
Magdaleniense
t,
de
3'
SO
a
4
lita
•.•
Bsta
problemAtica
del
Magdaletdense
inicial,
muy
eonta'Ovel'tida
y
que
tocaremos
mAa
adelante...
8e
presenta
particularmente
ck\ftcil
en
el
Parpall&,
puesto
que
desPll's
del
SOlutrense
encontraremos
a
un
medio
metro
de
Soliltt'eo-suriBaciense
fi
nal,
seg4n
Perieot;,
y
yaa
entoné
es
e8'te
Magdalenién8e
1&u
....
cial
que
podrlamos
calificar
de
t8Pdto.
Si
a
elJO
aftadilll08
el
cl&eico
b.1atu8
que
eatCl
fase
P"ellientaba
en
la
Pen!n.sula,
qlvo
alguaa.
bien
estudiadas
excepciones
(l1t
..
Ul
a.
1976);
convendremos
en
que
la
..
evied.4n
detenida
de
esta
f
••
e
en
este
yacd.Jniento
era
harto
interesute.
De
lIIOIIlénto
apuntarelll()·iiII
que
el
••
cuenta
con
mÁs
de
20.000
ejeuaplares¡
como
Sé
cit.a
en
la
obra,
exact8lllente
con
24.356
pieza
••
de
las
cualel!l
1.636
son
4tile&J
�dominio
e4n
de
los
.I'upadores,
PI'(!
los
care
nado.
eRan
en
wua
pripo.-ci4n
IIIU)'
ideriQr
a
la
del
estfl'ato
antel'ior.
Aumento
ligero
de
loa
bu"Ues
.obr.e
retoque,
que
-----
181
son 8in
embargo
minoritarios
I'eep_to
a
loa
dJ.edr
••
y
au
lIteoto
gradual
de
los
abruptos,.
ya,
con
una
ineieleneia
notable
dentro
de
ellos
de
las
elllCO'tadul'a8.
Esto
elebe
seJ'
posible
mente
por
que
l.a
ve
..
d.adera
d.ivi¡si&n.
que
poI'
supuesto
.sa
beD10S
iIaposible
de
eletenniD&l"
con
exaetit.ud,
debi&
hallil_
ae
pal'.
el
paso
del
S014tl'oO-aJU'iñ·lUUenae
final
.al
Magdle...
niens.
X,
de Peric_t,
no
a
los
4
mts.
sino
algo
.Aa
arri-
ba
entre
3'
80
'7
3.90
.t
••
t
por
ejeaplo#
y
de
ah!
la
int:ro
lllisidn
ele
lo
escotaduras
tlp!cas
de
la
fase
eatl'atigr4fi
...
cam.ente
infle,.
..
,
si
bien
8U
pel'dul'aci4n,
no
muy
eneo",
taDlPOCo
ser!a
un
fen6meno
extrafto.
Lo.$
sobreelev.doa
van
l'edueiendo
su
albaero
al
tiempo
que
el
pol'Centaje
�ativo
entre
buriles
y
raapadore.
08
auy
eleva.do
PlU'a
los
prilDe
ro.
(S/a-O'747).
Pal'a
la
inclustl"ia
"_a
la
cit!?a
no
es
t.an
elevada
CQIllO
en
el
estrato
superior. ya
que
paa_os
de
las
864
piezas de
aqu4Sl.
a
lalil
251
aho
...
a, punzoneít
Y
az.aga,iYas
son
lo
mAs
aburulante.
Detft.acar.élnos
1
..
punta.
de
«lata
de
bisel
aplanado
"/f
en
l0ng6eta
que
erirvleron
en
(W8n
manera
pira
colocar
eS'(¡¡a
fase
en
el
Magd.alenh
..
�
1
poI'
...
pal'ale
li.SIIIO
casi
total
eOD
las
miSlllaS
puntas
halladas
en
dieba
fase
en
el
:yacillli.ento
f
..
ane�.
de
Le
Placal"d.
(Cha
..
ente).
H.a
habido
dililenaione.
I'eapecto
a
este
particuUr
t
que
vi_
nen
motivadas
por
el
hallugo
en
la
faae
que
se!IUirA
de
al-
182
gunas
u,¡¡gayaa
del
!d.SlIIo
tipo
,.
que
Pericot
interpretaba
c_
una
.mezela
de
capas,
el
pl'Oblema
que
hemos
expuesto
mAs
arriba.
Pero
.10l'd4
di&
a
au
fase
rv
del
Solut",enso
ib�rico,
ya
evolucionado
(Jo
..
'"
1955),
1.&
carac:ter!atica
de
esa.
mis
mas
azagaya.
pequeftaa
y
de
bisel
sencillo,
por
lo
que
su
hai.lugo
en
el
Parpal16
en
el
8016tl'e_aurifiacien8e·
final
no
es
nada
extl'e.lio.
B�
dáto
nos
viene
re.fi.rmado
en
Les
Hallaetea
(Fortea
1973#
pAg.494),
donde
l
.•
intí'U(Iid&ñ
I!I&gda
leniense
es
inexistente
y
eaaa
IÜsmas
azagayas
estan
en,
el
So14tI'EIO-gt"avetin.se,
es
decir,
en el
So1.4tl'eo
...
aul'iftacien8e
final
de
�icot.
El
hecho
de
que
ese
Magdalenienae
inicial
de
Le
Placa.-d
presente
esas
azagayas
pareee
indiC�8
que
en
la
cFonologta
el
Soldtt'eo-&\Q!'Ulacienl!le
final,
donde
ya
las
t.enemos�
!!Iel'fa
contempór4neo
de
aq®l,
y
algo
da
avan.
zado,
Magdalen.ieJ1se
1:1
o
Z:[1:,
8t;ll'ta
ese
M.agda1enienae
1
de
Pel'ieot.
Para
ter.:tdnar
#
en
ariJe
ílJIaHlée
1.
phtura;
casi
siempre,
oOllio
es
tlOl'lIIal,
én
t'ojo
.,.
,al
.
.,
menos
en
negro.
El
grabado
e.
i!I\l
cOIIIplemento
mi.
Ui!l\lal,
auperpoaieildoae
en
1Im
ehas
ocaaiones.
hosiguiendo
nuestra
deaoripe:16nl
b.a11amoa
ahora
la
cultul"a
que
Pericot
beutiz6
con
el
nombre
de
SQl.tltt'eo-eu
t'iftacienae
final,
si
bien
Breutl
preferfa
4enominarla
8011.\-
183
t
..
enae
levantino
fhal,
10
cual
daba
una
bUena
i�a
t_bi-Sn
de
la
fÓS'Ill8Ci&n
y
a_endeQeia
de
la
indust
..
ia.
B1
tt!naino
que
mejo.
encuadra
las
tendeQeias
que
en
cata
fase
coaeu
....
en
es
.,J.
aI;luilado
po
..
.lo
..
dA
de
SQllftreo-pavctiense.
que
ahora
ha
p.ralelizado
con
$U
nuevo
Solut"cnse
evoluoionado
(Fo
....
tea
y
JordA
1976).
M.«.
adelante
veremos
con
mAs
detenimien
to
e4lta
p1i'Oblem4tica
de
nomenclatura,
a
la
que
atladirem08
el
i<4!l'lIlino
parpallentse,
ya
apu.ntado
po
..
Pericot
.,
recogickl
en
algunas
publicaciones
de
la
fpoca
(Jim'nez
N.va,,1i'O
1935)
y
que
ahora
proponen
de
nuevo
Fortea
y
.lord4
en
su
artlculo
m" arriba
I'eseiiado.
La
profundidad
que
aba"a
cate
estrato
es
de
<4
a
4'
50
mts.,
seg4n
la
monografía.
Un
l'ep1anteamiento
estra
'tip4fico,
y.
intuido
por
su
e:lCcavador
(Pel'icot
1942,
p.65),
nos
aparece
como
una
medida
convenieatle,
vistas
las
secu,en
cia.
estructurale.
que
arro.;tan
los
mate
..
iales
de
estos
ni
veles.
Si
bien
tal
beeho
ha
quedado
esbozado
en
divel'sos
articulos
y
publicaI;liQn_
del.
autoS'
(Pullo1a
1975
y
1976c:).
ser'
eXpuesto
aqul
el
r�namiento
con
exten8i�n
al
ppesen
tu
lalll
secuencia.
y
108 an41isl&
c01"l'espondientés
•.
AváB
.al'_08,
sin
embargo
j
que
la
rectificactcSn
con.tete
en
con"
lI!Iiderar
como
So14tl'eo-pavet_se
no
8810
4-4'
50
mts.
sino
18�
25
CIIlS.
m4a
al
fondo.
es
decir,
el
tU:tuo
ni'Vel
que
Pericot
atr1buy6
al
Solutrense
Superior,
ampliandose
por
tanto
el
estrato
cultural
de
4
a
4
t
7';
Jats
••
Conael"Va1ldo
,poI'
el
lIlOlIlento
la
diatribuci&n
ori
ginal
(4-4
t
50).
i:eoEilllOa
que
para
el
s!le:x
se
sefialan
unas
20.000
piezas}
nollO'bos
hemo.
h¡allado
sola.mente
14.812,
de
las
cuales
1.814
e.ran
4t11...
Como
I1tU
definidor
ele
esta
industria
hay
que
sdlalaJ'
forzosGente
a
los
elementos
de
es"
catadura,
hojas
y
puntas
de
dorso,
hay
predominio
dn
de
los
utensilios
conseguidos
.ediante
el
retoque
simple,
pe-
1'0
108 abruptos
caei
les
igualan,
detalle
.uy
iaportant.e
que
no
hemos
'Visto
"epetir8e
en
las
capas
del
Magclalenien-
se
inicial,
que
debel'Lan
ser
ds
p1'Opensas
quizás
a
ello
••
Loa
buriles
sobre
l"áque
ele'Van
alf;O
$U
PQl'ceotaj.e
respec-
to
a
108
diedros
y
loa
carenados
lo
menguan.
A
BClfialal'
la
int.ruai4n
ada
de
algunos
4tile8
8Olutl'flnses
tlpic.os.
co_
una
punta
de
aletas
y
p.edl1nculo
hallada
en.
"EO
4
t
25-4
t
50",
otra
ea
IIpa
..
ed
O
4'
25-4
J 50ft
y
tres
mAs
en
el
t.alud
testigo
capas
17
y
18.
a
unos
4'50
IIIts"
pe1'O
sin
emba:l'go
el
poJ'Cen
taje
ee
mfnimo,
inferior
al
1%
(.959),
por
10
que
la
Qont._
minaci&n
es
la
hip!St.eeis
10.'8
vAlida
para
explicar
el
fen&
mono.
Para
termin
...
con
el
811ex,
afiadirelllOs
que
el
mt.el'O
18�
de
adcl"ObUl"lles
y
&plcell
trioldri"os
hallado.
swaa
una
oi
frIA
t'elativ8IIIente
importante,
:3'
091%
••
En
"uanto
al
huoso"
lile
da
el
ndmero
de
142
para
sus
4tiles,
en
franco
descenso
q6e
ir4
acentuando8e
con
la
profundizaci8n
en
el
yacimiento.
V8I!IOS
notando
una
euS't;i
tuci.8n
del
hueso
y
el
aata,
tan
lLaportantes
en
la.
primera.
capaa,
por
el
sílex.
Tenemos
punzones,
azagayaa
con
bi�es
rayados
.,
huelJOs
aguzado
••
En
el
arle,
el
dibujo
que
apuntablil
anterior'BIente
ae
desarl'Olla
con
un
estilo
movido,
en
pequeftas
plaéas
de
ueniaca,
como es
típico
de
esté
yacimiento.
y
a
continuaci�n
nos
adentraremos
en
el
SolutlNm
Be,
la
fase
que
mayor
veriedad
ofl'eCe,
que
deearr011a
una
mayor
imaginac16n
y
pulcritud
en
la
conseeuei&n
de
los
l1ti
le
.•
,
algunos
de
108
cuales
son
verdade
..
a.
obras
de
arle.
La
capa
4'
50-5'
25
mts.
la
atribuy6
Pel'ieot
al
ilutrense
Su
..
perio!',
si
bien
ya
hemos
apuntado
m4s
arriba
que
el
nivel.
4
í
50..4
t
7
5
m.ts.
vela
ya
una
e
••
i
total
delUlpa"lci�n
de
les
dtile$
solutl'ensea
y
una
pr()�lfepaci6n
grande
de
las
ese
...
taduraa.
por
lo
que
ser'
atribuIda
al
final
del
Soll1treo
graYetiense.
Si
bien
en
la
aonograff.a
se
habla
de
25.000
.uex,
hemos
hallado
17.959,.
de
1GB
cuales
2
•.
178
erM
d.tiles.
18r.
Abundancia
de
I'espadores,
casi
ninguno
de
ello
carenado
'7
por
I!IQpuesto.
presencia
importlUlte
dé
todd
tipo
de
4tiles
solutrenses,
algunos
mAs
con
retoque
bifacial
que
unifacial
(10'497%).
Destacan
las
puntas
de
aletas
'7
p�ulo,
va
riedad.
que
podeawe
d.eéil'
que
se
pule
aqut,
ya
que
su
crea
ci�n
ao
en
d.
que
el
l'esultado
de
una
serie
de
influencias
anteriores,
de
ensayos
fallidos.
Es
en
el
ParpalliS
dond.e
a
parece
por
vez
primera
y
en.
BU
capftulo
correspondiente
ana
...
lizaremos
la
histoJ'ia
.,
problemAtica
de
esos
euriasos
I1ti
les,
Loa
otros
instl'W'llento.
t!pic08
de
esta
fase,
hojas
de
laul'el
y
de
sauce.
est4n
tambi&n
bien
representadQ,
espe
cialmente
el
primero
de
ello
••
1.08
hueso.
..on
abundante.,
pero
no
en
fOJl'lll8
de
dt:lle.
trabajados,
Bino
COlllO
..
eeos
de
comida;
hallamos
re_
tos
de
animales
apilado.
en
llAga
..
es.
conc
..
eto.
de
1,.
�ueva
11
algunos
de
e1108
quezqdos
en
los
miSIl!).
itJg.lI·elil.
b,alri;an"
tee
de
esto8
últimos
fqeÍ'QQ
loc4iz."'"
en
estas
·capa.,
lo
que
que
en
a1gun1l111
zona.
daba
un.
c<ill.ol'aei(5n
.negruzca
.a
la
tlie
....
a,dato
I'eseilado
en
el
diario
de
exoavaeionlils.
La
II\�
¡YOl"
.aglomeraci6n
eSaea
estA
en
el
aeetot'
CO.
A
80 asc::iende
el
ndmero
de
dtilél!l
en
hueso}
la
,mit.ad
son
punzones
y
el
l'eeto
casi
todo
hueso.
aguJ;flclOs.
con
dguna
�a
'Y
algu
na
e8pltul
...
187
En
arte,
desal'_Uo
gradual
de
la
pintura
en
pla
cas
algo
maY01:'esJ
el
grabado
no
desapueoe
.!no
que
sigue
complementlande
al
dibujo
y
en
muchos
ca_s
se
presenta
8ft
plaquetas
en
soI1i:01'10.
»estaca
fÜ
realiSlll()
de
este
arte,
que
nos
PtII'éCe
de
raíz
france-cantAbl'iea
mi.
que
levanti
...
na,
puesto
que
el
e.$quematiSlllllil
no
ea
ni
mucho
menos
su
no
ta
principal.
El
So1utr.<ense
Medio
(o
n0l:'lll81,
BegWt
8purlta
Peri
coi:
en
su
JIIOnografí,a)
se
entenele
entre
S12$
y
6125
mts
••
Vna
capa
de
piedras
lo
separa
del
Solutrense
Superior que
acabamos
de
ver,
por-
lo
que
el
l!rUte
es
claro.
En
sílex
se
da
una
cifra
de
10.000
piezas,
mien
tras
que
hemos
hallado
.&10
5.583,
de
ellas
••
073
útiles�
Entl'e
�si;os
destacan
1a8
hojas
de
laurel
y
d.e
sauce,
uni
..
faciales
y
bif,aciales,
algunos
ra,spadores
solutren$es
y
pie
zas
peduneul.adas
que
van
desembocando
en
lo
pu.nt�U¡
de
ale
taas
y
pedl1nculo
que
ya
encontraremos
en
el
tramo
superior
de
estos
niveles
(5'25-5'75
IIlts,,).
Los
abruptos
desci.erulen
en
favor'
de
10$
planos,
que
les
IImpél'an
am,pl.iamente,
10
mi.-
1110
q.e
los
bUl'i1es.
El
retoque
plano.
a
lIleilida
que
prot'un
..
diaamos
en
el
yacimiento,
S6
aprecia
en
muchos
casos
eo.1IIO
ds
tosc.,
lo
que
11eY6
a
Perieot
a
1;eorizlU'
AQ·erca
de
un
18R
"etaque
"e:sbaild.enBelf•
aludiendo
con
ello
a
la
indw¡st·ri·a
que
qu.lso
!individualizar
Reygasse
l'ofil'iendlill!Je
a uaa
oultu
ra
del
Mllgbreb
con
hojas
de
laure.l
que
derivab8f.l
directamen
te
de
los
t'ooupe
de
poisnglf
achelenses
(Reygasse
1922);
el
paso
del
Achelense
al
Solutrenso
por
medio
del
Esbaikiense
fu.e
t_o16n
motivo
de
estudio
en
Italia
(Meeh!
1930);
lo
meneloniS
L
Siret
al
hltb!ar
dil
Sur
de
Espafia
(Slret
1930,
p.
293).
todo
lo
cu.a!
lo
capt6
con
seguridad
Perieot
y
10
ident.ifio&
con
el
elemental
retoque
solu.tl'enso
inicial.
Mn
se
lnsisti&
en
esta
denominaei6n
hacia
loa
aaa.
cuarenta
(Flatcher
1939),
pero
es
por
fin
Balout
el
que
del!ihaee
esta
induetria
con
afil'llUlCiQues
contundentes
de
inexistencia,
4iciendo
que
tal
cultura
no
€lB
ds
que
un
agrupllllliento
ar
tificial
de
una
s.erie
de
datos
alrededor
de
una
hi�teBi."
la
de
la
evoluelWn
pañicular del
oifaz
aehelense
(balout
1955.
p.454).
AIs:!.
po.,
lo
tanto,
hay
que
en'telld�1'
esas
alu
..
•
iones
al
retoque
esbalkiense.
pelleando
en
un
ele!llf.!Dtal
!re
toque
plano
por
percusi&ó
ds
bien
que
"1'
pr,ea1.&n
en
I1ti16s
(ll'andel!l.
A
medida
que
V8IllOS
descendiendo
en
ene
Solut:rel'l,
(18
Medio,
se
ap¡o.eeia
también
una
tendencia
a
la
no
invasi6n
total
del
dtil
POI'
el
l'etOqUé
plano,
'Y
en
balll3Jltellt
o.cas4.o
nea
el
retoque
es
unifacial,
10
que
confol'lt1a
1$.19
conocidas
18�
puntas
de
e_a
plM1a
que
seran
el
4tu
lilAs
definitorio
clel
lautl'e'Use
Infel'ior.
segán
la
eeeué!teLa
e16sica
francesa
de
Lauger:l.e
Haate
(Pel'I'OD)'
1938);
las
dete.ct8lllO$
8Gb
...
todl)
_
el
t1"8IIIO
infe
..
ior
(5'75
...
6'25
IIItS
•.
).
En
hueso
fueron
hallados
79
\Stiles,
da
de
la
lIIi
tad
de
los
cuales
eran
pwlltones;
abundan
tSlllbi�n
los
hue$$s
aguzados.
En
el
arte
alcanzatllOs
Mora
un
nivel
lIIU)'
a1toJ
hay
una
grBn
produccidn
en
este
momento
tanto
en
ptntura
eeeo
en
dibujoJ
las
plaquetas
_n
de
tillllllÍlo
grande.,
en
....
llas
vemos
$tluetas
de
cierva,
de
cabra,
de
b6vido,
etc.¡
al
tiellípo
que
alpnos
rayados
y
ramifieaeiones.
La
cueva,
a.
medida
que
delS<leBdelllOs
en
l.a
eiltCsva-
01&,
va
el!l'tt'eebandose
ligel'aIIlente.
Llegamos
abo.-.
a
10
que'
Perice'"
eementd
como
Solu'trense
Inferior
o
lTotosolutt'enae,
que
abarca
un
metro
de
poteno.ia,
de
6'
2S
a
7'
25
II1t...
COlllO
elato
IIIÁs
resefiabl.e
lllencionar'QmOIil
las
dos
(Wandes
ptedraa
que
Y·A
ItUl'gie1"On
en
el
est..l'ato
SUpel'1Qr
'T
que
Morá
agren
dan
au
tam.aílQ,
rocas
K
y
L
en
las
:zonas
ca
:y
P.
En
.!lex
se
habla
en
la
JIIOnol1'af:ta
de
868
piezas)
hemos
hallado
917,
de
las
cuales
1114
ISDn
áttle.J
gran
pré
JlQnde
..
anc!a
de
los
simples,
Z'aspadores
y
14m1n
••
con
reto-
190
que,
muy
pocos
abruptos.
Hay
punta.
de
cara
plana
y
reto
que
no
cubl'i�te,
que
Pericot
ll.am&
protoeolutil"ense
y
que
marcan
en
gran
manera
el
estrato.
Cada
vez
mODOS
h.o$O
trabaj.do�
.610
28
piezas,
con
p®aIOnes
y
hueso. �zados.
En'tre
los
p:r�ro.
hay
al
gunos
llIUy
finos.
casi
agujas;
W'JO
tiene
la
base
,!!planada
en
ambas
cares.
y
puede
ap®'tar
ya
la
azagaya
de
bisel
do
...
bIe
que
no
ap¡noecerl.
lasta
varios
miles
de
.aG.
despu&
••
EJl·
esto.
estratos
se
halleS
el
crMao
hUlllano
que
se
eonserva
en
las
vitl'ina.
del
Museo
de
Prehi&t;orl.a
de
la
Diputac;ic$n
de
Valoncia�
as!
como
un
gran
!J..ario
de
anilllales.
B1
arte
produce
en
plaquetas
de
buen
taaali.o
las
obras
maestras
m4s
conocidas,
1G8
cabal.los
en
rojo
de
esti
lo
franco-cant&brico,
la
cierva
negra
contorneada
por
un
grabado.
etc
••
es
el. momento .úPdo
de
est.a
PJ'oducciCSn
dni
...
ea
por
su
cantidad
y
su
ealided.
1'.J.
1Se01"eto
art!!lI'tico
que
el
PU'pal.l6
encieJ'J'1i
es.
por
ahora,
indeseifrilble
de forma
ah
..
$oluta,
el
por
qu�
all!
hay
esas
pl.quetas
tan
flin_e1'1t;·e
pintadas
y
grabedas,
que
se
asocian
con
las
también
excep.
cional.ea
iBdu.strias
solut1'enses
que
el
yacimiento
ofrece.
todo
eso,
una
explicaci�n
coherente
y
demostrable,
no
estA
adn
a
punto.
r
llegemos
por
fin
al
fondo
de
la
cuesti6n,
al
191
final
del
yacimiento,
que
lleg6
hasta
los
9'50
mts.,
si
bien
el
sílex
va
8610
hasta
los
8'50
mts
••
Hemos
encontra
do
en
nuestra
revisi6n
324
sílex,
de
los
cuales.75
útiles.
Pericot
atribuy6
estos
niveles
finales
al
Auriñaciense
Su
perior,
pero
ya
al
inicio
de
este
capítulo
hemos
mencionado
su
posible
re-atribuci6n
al
Gravetiense,
problema
que
to
caremos
de
inmediato,
como
asimismo
de
las
grandes
piedras
que
condicionaros
con
su
caída
el
habitat
de
aquellos
hom
bres
en
el
momento
que
nos
ocupa.
Entre
los
útiles
destacan
de
forma
total
los
raspadores
cuantitativamente,
pero
por
su
valor
definidor
cabe
mencionar
los
abruptos,
con
algunas
Gravettes
de
muy
buena
factura.
El
hueso
es
pobre,
cada
vez
m4s.
5610
15
dtiles
han
sido
identificados,
casi
todos
huesos
aguzados.
El
arte
se
revela
como
comienzo
de
toda
la
secuen
cia
que
hemos
ido
viendo
en
este
primer
esbozo
del
yacimien
to.
Hay
ya
grabado
y
pintura,
si
bien
la
t�cnica
no
es
lo
primitiva
que
cabría
sospechar
al
encontrarnos
en
la
fase
inicial
de
la
kkk
habitaci6n
de
la
cueva.
Esto
puede
darnos
el
dato
revelador
de
que
al
menos
los
iniciadores
de
la
tra
dici6n de
plaquetas
grabadas
y
pintadas
en
el
Parpal16
ve
nían
ya
con
unos
c�nones
artísticos
establecidos,
adquiri
dos
lejos
o
traidos
por
otros
medios
hasta
la
zona
gandi-
ense.
192
AnUlaia
de
10$
nivele.e.-
Nuestro
siguiente
paso
va
a
ser
la
descripci6n,
uno
por
uno;
de 108
nivel-elll
que
acabólDlo.s
de
esbozar
mAs
arriba.
ColtS.1deraremos
en
primer
11.U,\'ar
las
cat'aetertsticas
del
estrato,
su
colol',
la
ap81"iei6n
de
losas,
de
hogares,
de
pied.l'_
caldas,
etc.
J
despu&
expondl"elitos
los
an4l.1$1a
tipol&gJ.cos.
llevadas
a
cabo
con
cada
uno
de
lQ.s
"ti1e$
i
dentificados,
expon.i.endo
él
continl.l8ci.5n
1410
rec:u.entos
y
se
ries
estructu
..
al.es
que
de
el�os
se
derivM,
,.alol'andolQS
en
conjunto
al
final
de
cac1a
nivel
cull.u'al
(SOlutt'enae. Sol'l1-
treo-gravetiense,
etc.).
En
principio
conse�aremso
la
..
di
visiones
I!'ealizadas
por
Pericot.
y
las
p08ibles
indicacio
nes
de
rectificación il'an
llevandose
a
cabo
sobre
la
lIIa�
cha,
para
concluir
con
el
l"e.planteeud.ento
general
del
ya
Qimiento.
El.
prim&r
nivel
que
anal.iz·aremos
sera
el
mAs
pro
fundo.
S1
en
la
deJiJcripci�n
de
los
dveles
nos
hemos
iIlCWido
de
arriba
abaj()�
reconstruyendo
un
poco
el
sentido
de
la
ex
cavaei4n
y
la
&pt1ea
del
excavado%'
al
rcalizarla,
en
el
a-o
n4l.ie.is
de
los
mism.os
iremos
de
abajo
arriba,
intentaudo
en�
(lI;mtral'
loa
htl.os
Clac
nos
peJ'lld:tu
entJ'e\l'e
f"
una
coherente
evolu.éitSn
eul.tul'iIl.
193
a).-
Estas
capas
finales
del
�aeimiento
juga
ron
un
papel
muy
iIIIpol'tante
en
el
mo.en'to
de
la
excavaci6n.
y
cabe
flUponer
que
tambi�n
en
el
de
la
h1Ibitaci6n,
los
eno,,
.ea
peñascos
que
se
conocieron
con
las
siglas
le
y
L.
El
pri
mero
se
hall.aba
en
la
zOna
ce
y
media
l'
80
.t1B.
de
al
turn,
con
base
m'.
o
menos
a
"SO
.ta
••
estaba
pegada
a
la
pared
Oeste
y
Con
su
levantamiento
se
pudo
acabar
de
hurgar
en
los
resquicios
para
hallar
dos
bellos
dorsos
rebajados
que
muy
bien
pudieran
ser
Gravettes,
a
juzgar
por
el
dibujo
he
cho
en
el
diario
de
excavaci6n.
El
segundo
pefiasco,
L,
se
encontraba
en
la
zona
P
y
subía
hasta
2'10
mta.
de
altura.
bmbos
fueron
ensanchandose
a
medida
que
se
descendía,
&gran
undose
el
problema
de
la
excavaci6n.
En
la
zona
L
la
roca
natural
fue
invadiendo
el
cuadro
y
hacia
los
"SO mta.
abar
caba
e
••
i
BU
mitad.
Dado
que
las
dos
zona.s
de
entrada
hab:[aa
quedado
est�riles
con
anteriovidad.
vemos
que
solamente
en
CE
puede
prosegui.rse
el
descense;
los
4tiles,
muy
escasos,
van
aparee-tendo
junto
con
hogares
hasta
los
81
SO
IIIt;s..
Ba
jo
las
dos
rocas
K
y
L
aparecieron
cenizas
de hogares,
1.0
que
puede
hacernos
sospechar
un
brusCO
corte en
la
vi.da
de
1.a
cueva,
heclw
corl'Oborable
por
1011
abundantes
e8ppeios
eet'ri1es
a
su
alrededor.
Esta
esterilidad
de
sílex
y
de
19�
hueso
tl'abajado
se
hace
total
a
partir
de
8'
50
1Il't.
basta
el
l!mite
de
fondo
alcanzado
en
CE,
1011
9'
50
mta.
La
tierra
es
fina,
amarillenta
y
arenosa,
lo
que
acaso
nos
harta
sospechar
una
depoeici6n
e&11ca,
eoo
la
po-
sibilidad
de
haber
distinguido
en
ella
subdivisiones
olimA-
ticas
en
el
caso
de
haberse
estudiado
hoy.
Respecto
ya
al
material
de
stlex
analizado,
y
en
oomp!II'aciiSn
con
lo
publicado
en
la
monograf:[.a,
hay
que
decir
que
s610
hemos
considerado
16
4tiles
de
retoque
abruptoJ
en
aquéUa
se
dibujan
(Perieot
1942,
p.44.
fig.7,
n28-9-10)
Uhcias
dos de
ellos
se
dan
como
.�
con
mueseau,
10
cual
no
es-
tres
4tiles
que
no
estan
conseguidos
por
retoque
abrupto.
tA
muy
claro.
La
tercera
"hoja
con
maeseau
estA 4ibujada
al
rev�s.
con
el
bulbo
en
posici&;¡
8upe1'10r(id.
fig.7,nI111),.
por
10
que
en
el
anUiai.
no
es
mAs
que
una
•
l&dna
de
dol'-
Pasemos
ya
a
los
anUiais
propiamente
dichos,
pa
..
-
60
profundo.
con
la
parte
distal
rota
(ver
an4lisia.
n9075
en
CE
7'25-7'50,
y
en
las
1&ln819,
la
corre$pondiente
al
Gl"avetiense).
te
Aroida
del
trabajo,
pero
al
miSll10
tiempo
caud.al
de
infol'-
maei&B,
puesto
que
las
tres
medidas
de
cada
�til,
su
frag-
mentaei&n
o
no
y
su
tipo
de
ta16n
paeden
se"
fuente
de
datos
para
futuros
estudios.
Ya
ha
quedado
expuesto
el
sisteHIa
de
19S
poliiei6n
de
un
o
a
la
cifra
correspondiente,
puesto
que
el
ndmero
1
lo
tiene
la
primera
pie�a
analizada
del
Solu*ren-
se
Inferior,
labor
iniciada
el
año
1974.
euando
cWn
no
pen-
sabamos
en
analizar
estos
ltltimos
estl"atos
del
;yacimiento.
CO
'111.capa.8'25-8
llÍ's
.hl'
f
L
1
e
t
01.-
al1
bilat
[&Id
sen.
Srnd
dex)
39
12
4
tl
02.-
G12
[Spd+5pd
dex
sin)
6
27
21
9
ti
03.-
Gt2
[Slad
sen+Spd.+_d
de,,]
4
28
21 4
tp
04.-
GIl
(Spd]
5
bl'
(33)
25
6
05.-
G312
[Spd+Spd
lIled
dist
delt-Smi
6
45
16
8
"tp
pl'QX
dex]
06.-
Gil
[SpdJ
8
46
24
8
ti
07.-
Gll
[Spd]
S
45
23
S
tI
08.-
Gil
[Spd] 4
47
14
6
09.-
G12
[SIld
aen+Spd+Smd
dex)
3
45
17
4
td
010.-
G12[Spd+Srnd
41st
dex
cono)/.
S
72
3°
10
tf
SII1(p)i
pl'OX
med
éeII.
Smd
pr.ox
dex
011._
G12[Spd
dist
sen+Spd+Srnd
�]
S
73
36
13
012.-
G12(G21)[Am(p)d
sen+Spd+�x1
3
24
11
3
tI
013.-
iiil[Spd]/.S(A)Pd
prox
sen
8
br
(50)
19
9
014.-
G21[�
prox
med
aen-Smd
disé
3
br
(43)
15
6
i>en+Spd]
015.-
Bl1
pl�
polig
nucleif
016.-
811
plan
polig
nucleif
017.-
821
no:rm
polig
dist/+A(E)p.:l
d.1st
dex
conv-LD21
rned
pro:.:
dex[ApclJ
19f1
34 26
21
46
33
26
39
14
7
os8.-
P021
41st
med
dex[Jpd)/--A(S)md
proxdex
47
12
3
019.-
Fl1[Ppd
aen).R21
dex[S(E)pd]
-
(35)
15
4
tp
CE
8
..
8'25
IIIts.
020.-
LD22[Apd
sen.Ap(m)i
med
prol:
dex]
a-bl'(18)
5
2
L
'?lS-8
mta.
021.-
Gil
[SpdJ
4
bl'
(31)
20
5
p
7'5-7'75
IIIts.
022.-
G3U.(Spd]
S
br
(28)
16
8
L
7'
5-7'75
mte.
023.-
P11[Smd
dex
conv]
br
(21
)
10
3
024.-
PllSmd
dist
seo
conv+S(A)md
dist
46
13
4
ti
dex
conv]
025.-
G311[Spd)
11
35
22
13
026.-
G12[Sp(tl-Smd
dist
dex)
4
39
20
6
te
027.-
G12[smd
sen+$pd+Smd
dex)
4
40
15
6
tl
028.-
Gll[Spd)
3
53
24
6
te
029.-
G12[Spd+Sm(p)a
dex
dent]
S
50
z:a
6
t;d
030
....
Gll[Spd]
13
48
42
18
197
031.�
Gil
dist(Spd].Gll
prox(Spd+Smd
6-3
38
19
8
pro
x
sen]
032.-
Gil
41s�[Spd
sen+Spd+Spd
dist
8-5
42
2.2
8
dex].G12
p�ox[Spd
p�ox
doX+Spd+
Spd
son]
033.-
L1>21
sen
sin[ApdJ
l.Il"(27}
15
7
034.-
LD21
dex[Apd]
ar(23)
8 3
tp
035.-
LD21
sen
[Apd]
22
6
3
tp
036.-
L021
sen[Apd]/+S(A)md
trav
dist
24
7
3
tp
L(y
CE)ult.capn
negra.
7'50-7'75
mts.
037.-
G12[Spd+Spd
dex]
6
49
26
10
td
038.-
G12(G22)[Spd+
Spd
41st
med
dex]
6
49
28
13
td
L
7
f
25-7
f
SO
mti9.
039.-
R11
scu[Srnd]
51
12
4
te
040.-
Rlt sen
coQV[�]
57
21
6
ti
041.-
G12[Smd
sen+Spd]/.Smd
prox
dex
6
58
26
1
<tp
042.-
Gl1[Spd]
S
54
14
6
ti
043.-
Gl1(Spd]
3
br(2S)
17
S
044.-
Gil
doj
dex[Spd]
7
32
40
14
U
045.-
G311[Spd]
7
32 24
12
046
...
811
plan
polig
nucleif
34
18
14
CE
7'
25-1'
50
mts.
047.-
Rll
sen[Smdj
al"
(35)
15
4
te
048._
Rlt
dex
div[SMd]
I.n.'
(35)
21
8
19R
049.-
&11
des
sio[S(A)ad)
38
30
S
t1
050.-
lUl
bilat[Sp(m)d
sen.Spd
dex(d.ellt)]
52
21
9
t1
0$1.-
P22
t�av
dist['pdJ
br(34)
21
9
052
...
021
dist
dex(Spd]/-A(S)ad
lUed.
br(31)
14
"
prox
dex
053.-
Gll[SpdJ
5
br(2S)
20
5
054.-
(U2(S(A)md
sen+Spd+Smd
dist
dex]
S
38
20
']
te
055.-
G12(S(A)pd
dist
s.en+SpdJ/--Am(p)
4
br(41
)
21
']
i
p�ox
sen
056.-
CU2[Spd+and
dexJ/.Smd
pros
med
S
60
16
S
tp
sen
057.-
G12[Spd+SIlld
dist
mrad
dex]
6 53
25
10
td
058.-
Gll[SpdJ
1)
44
29
1)
td
069.-
Gl1[Spd]
7
47
17
']
tl
060.-
G12[Spd+SIll(p)d(dent)]
10
39
22
10
te
061.-
G311[SpdJ
10
34
27
13
tI
062.-
Gl1[Spd]
5
41
23
9
063.-
G12[Spd+S(A)md
41st
dex]
6
41
21
6
te
064.-
Gll(Spd]/.Smi
med
dex(eonc)
3
41 19
4
te
065
....
G11[Spd]
']
48
23
10
066.-
G12[Spd
prox
med
sen-SIlld
dist
sonl0
38
24
10
+Spd+Spd
dex]=El[Epi
trav
disto
Epi
trav
prox)
067.-
Gl1[Spd]
3
br(29)
23
4
199
068.-
G312[Spd+SEpd
dex]
10
39
32
17
ti
069
..
-
G311Iiltt(Spd].G311
Pl'O)t(Spd]
4-10
53
21
10
070.-
021
[Spél+SIIIi
dist
dexJ
8
id
(20
25)
9
071.-
Bl1
plan
polig
�ucleif
33
22
39
072
...
·
821
norm
rec1:
distli'Apd
sen
Un
43
21
6
eonv
073."
LI>21
de�[Apb]I.Smb
dex
al'
(36)
6
4
tp
074.-
LD21
de�[Apd]/.Sm(p)d
di&t
sea
30
7
4
pt;p
075.-
LD21
clist
mecl
dex
eenc
c:anv[ApdJ
al'
(30)
14
3
t·l,
/.S(A)md
clist
dex
Una
vez
expuestos
ésto
anUists,
pasaremos
al
...
e�
cueneo,
que
haremos
primeJ>o
cie_cnuanclQlo
en
gru.pos
y
en
al-
.suno.s
casos.
los
abruptos,
bajando
al
n!vel
de
laé
clases·,
para
dar
el
resultado
final
&610
Qon
los
seis
modos
(ver
capitulo
de
metodologia).
s
R.-8
B
1Sir.-
2
PDp
.•
-
1
P.-2
sp.-
4
SE
G.-
1
69
..
onot
75
úttles-81
t.p.
D
•.
-2
P
uniE.-l
E
E.-
¡
6
doblo
G·
...
50
A
LDp.-9
Los
iI!Ieis
I1tUesíld.oblesf
es
decir,
que
conti.enen
dos
tipos
primarios.
son
en
su
mayorla
raspadores
dobles�
pel'O
hay
que
hacer
_neiSn
especial
de
uno
que
estA
COlDptlea-
to
por
una
raedera
fol:t4eea
(Fl1)
y
por
una
raede:va
simple
(tUl
h
el
4t.11
(nI! 019,
vel'
lWo.
correspoodient,e)
podr!a
200
IOi
pero
el
borde
derecho
pl'eseut�
un
J'etoque
s:b1ple,;
inel.u
so
con
algwia
1;endeueia
til
la
eSé_oaidad,
por
lo
que
'hay'
que
coo$idll't'arlO'
(lla.r�te
é,oxao
w:aa
raedera.
El
'ti],
ae
....
cienta
II\:I.
cabe
su
inter.!s
po
..
,ser
ae
la
capa
ú.
pro
tunda
de
las
que
dieron
dtilel!Jj
�p
2s.8
IIlts,
pues
la
siguiente,
casi
est.!ril
ya.
,,610
dió
�gu.na
esquirla
el&
idlex",
A
10'.
75
,t$tUos
que
hemQli
vi$b,o
8$
_adeu
249
pi
...
l!:ali
610
I'eto,que_
laseas.
esquiC'1a$,
etc",
lO'S
cuales
$wnan
un
total
ya
apunt.ado
anteriot'!lll!)Ute
de
324
Glflex.
ya
que
&¡¡
te
os
el.
material
empleado
casi
exclu.sJ.vament'G
en
e5t,EI$
ni
..
veles.
siguiente;
CE
8'5-8125
.te.
CO
u1t.
capa.
8125,..8
:tItts.
CE
8'
2S�8
_s.
L
S-7i75
Gs.
p
,8"'7'75
ílIts.
p 7'75-7'5
JIlts.
L
l'
75-7
t
5
!lite.
1
50
9
3
2
61
57
L
(CE)
ult.
capa
negva
7'7S"1'5I1ltIJ
19
L
7'5-7'25
mts.
7
ca
7J
5-7
j
25
M.o
40
201
El
rasgo
definidor
de
esta
industria
es
eualitati
..
vllll1ente
1<1
presencia
de
esas
magn:tfieas
Gl'avettes,
que
del!-
1954.55-56),
ai
bien
su
conocimiento
ea
lIlU)'
ant:i.guo.
El
GI'�
vetiense,
cultura
definida
por
este
fcSsil
directol',
$e
es-
truetul'aba
dentro
del
esquema
d.él
Perigortiense final..
IV y
n,
fratlat!&
(PeyronYI
1933.
Peyrony,
1948;
Sonnevllle-80rdes
1966),
el.
eu.al
iba
afinando
la
estl"at.igraf:ta
ceda
vee
da
pa-
ra
llegal'
a
mtnimaa
eubdivi.t!IiGnes
como
1.88
del
Per:i.gordiense
V
(SonnevUle-80l"des,
1960J
Bordes.
1958)
MoviuB,
1966).
Pero
pronto
encontr_s
otJi'O&
atltore15
que
hablan
del
GravetieniSe
como
cultura
independiente,.
como
por
ejemplo
Miss
Garrod
(Garrod,
1938)
y
.JordA
<.JoretA,
1963),
siendo
&!fte
\Utimo
�
lttico
Suf>el'ior
peninsular
.•
La
flla;e
Gravetienso
del
Parpal16,
situaba
JordA
en
$U
fas.
Zl'b,
es
decir
cm
un
período
de
ex"
pansi&n
gradual
hacia
el
Sur,
criterio
que
compartimos
en
10
que
a
po!!lici6n
estratigrUicu
se
refiere
(Jord'
1955).
Pero
si
la
definioi6n
de
esta
indl.lstria,
.que
parece
habel'
quedado
ya bien
dibujada;
se
ha
hecho
deli4e
el
purreo
d&
-vtsta
cualitativo,
eree!l1Os
t:nle
una
vi�i6n
total
4é
la
m.iaua
scSlo
puede
conseguirBe
vdol'8Q.do
t_bi'n
cuantitativ�te
10
•.
U,tel'iales
que
le
pel'tenecen.
Bita
cuantificd..$n
de
la
��a1td_
�
202
no.
ayudar4
a
percibir
las
particularidades
internas
de
ca-
da
industria
y
con
este
propdaito
seguiremos
la8
teorfae
ya
expuestas
en
otros
cap!tulos.
que
sintetizamos
en
la
que
uo
na
mayor
idea
nos
puede
dar
de
la
eeeuencia
estructural
que
se
desprende
de
108
an41isis
tipol&gico8,
la
hallada
por
Laplace;
ya
ha
quedado
explicado
en
otro
capttulo
el
limite
que
nos
ponemos
en.
la
aplicaci¿n
de
tal
m4todo,
por
b
que
ahora
DOS
adentraremos
en
�l
ain
mA.
dilacidn.
En
primer lugar
hallamos
la
serie
en
el
orden
11a-
mado
nominal
de
exposici6n:
S
62
A
10
P
1
SE
1
B
6
E
1
...
81
siguiente
paso
ea
obtener
de
la
escala
nomi-
mal
la
ordinal
mediante
la
disposici6n
de
108
modos
de
fo!'-
ma
descendente.
Es
un
primer
paso
h
eia
La
secuencia
estruc-
tural,
y
obtenemos:
S
A
B
p
SE
E
62 10
6
1
1
1
f".765
.123
.014
.012
.012
.012
Aplicamos
ahora
ya
concretam
nte
el
criterio
01'-
dioal,
ouya
definicicSn
hemos
dado
ya
anteriol'alente
(Laplace
1974b,
p.15).
La
serie
dispuesta
en
la
escala
ordinal
la
des-
CO�nemo.
en
el
llamado
Arbol
ordinal,
cuyas
asrupaciones
nos
proporcionan
la.
pequl'lA8
seri88
de
tre$
t�I'alinO$
sobre
la.
cuales
ireqos
operando
hasta
llegar
a
la
total.
203
62
62
10
6
10
6
1
1
111
10
6
1 1
1
62
10
6
1
10
6
1
1
6
1
1
1
61
10
6
10
6
1
6
1
1
1 1
1
Apli.amos
el
criterio
ordinal
a
cada
una
de
las
series
partieul.aree.
Para
62,
lO,
6
62-6
.!!
62-6
1'115
10-.6
62-10
ro,
6,
1
10-1
1'8
10-1
�
g:l
19¡6
6,
1,
1
¡:¡=
O
6-1
1
1,
1.
1
1-1
O
1.1
-
1-1
O
1-1
62,
10,
6,
1
62-1
6tZZZ
62-1 1'109
lB:l
Yo:y
10,
6,
1.
1
1'8
1
6-1
10-.1
6,
1, 1,
1
6-1
6-1
1
"1-'1
O
--
6-1
62,
lO,
Ó,
1,
1
62-1 6'777 62-1
1
10-.1
62-1
10,
6,
1, 1,
1
10-1 1'8
10-1
1
6-1
10-1
62,
ro,
6,
1,
1,
1
62-1
6'ZZZ
62-1
1
10-.1
62-1
Representamos
tales
I'Upturas
en
el
4
..
bol
ordinal.
62
/
10
6
1
1 1
62
/
10
6
1 1
10
6
1 1 1
111
111
62
I
lQ
6
62
I
10
6
1
10
6
10
6
I
1
1
6
1
1
6
1
Con
ello
obteneQl.oa
los
&rd.enes
de
ruptura}
la
que
existe
entre
62
y
lOes
de
primer
orden
porque
se
refl.
en
los
cuatro
niv'eles
de
an41i.sis
de
las
secuencias
parciales,
20�
lllientl'sfl
que
conaider81'em:o.
de
cuarto
orden
la
qllle
existe
entre
6
y
1.,
8610
aparece
en
un
nivel
de
an41is1a.
B
¡4
P
==
SE
lOO
E
Una
mejor
visicSn
puede
obtenerse
mediante
una
ma-
trie
de
distaaeias,
separando
con
un
trazo
la.
categol':taa
adyacentes
cuya
re1aci6n
sea
superior
a
2.
El
orden
de
las
.rupturas
se
observa
directamente.
S A
B
P SB
n
62
10
6
1 1
1
S
62
O
52
58
61
61
61
- -
- -
A
10
52
O
4
9 9 9
B
6
58
4
O
5
5
5
-
P
1
61
9
S
O
O
o
SE
1
61
9
S
O O
O
E
1
61
9
S
O
()
O
el'
4
rupt
....
l
01'4
otros
datos
que
podrtan
d,adi.,se
8
los
que
h,emos
expuesto
son
los
índic_
de
los
tipos
de
l1t11es
1114,s
c
ar-ac«
tel'isticos,
que
calcularemos
en
funci6n
del
sisteo.ta
c14a1-
ce
(Sonneville-Bordes
1960.
tOlllO
l.
pp.28-29)
pua
poder
as!
proporcionsr
un
el�ento
de
comparaci&n
v41ido
para
o.
tl'OS
yacimientos
estudiados
por
métodos
difeJ'ente8
al
que
nosotros
ap1tcamos.
El
indice
de
raspador
(IG)
es
realmente
muy
el_
--
205
vado;
de
los
51
que
se
reflejan
en
los
c4lculos
previos
hay
que
descontar
3.
que
son
doble's
y
cuentan
1J�10
como
un
4i;U
en
el
recuento
hecho
por
este
sistema.
El
resultado
es
que
ro
es
igual
a
64,
cifra
realmente
alta.
Para
el
índice
de
buril
(IB)
el
é41culo
es
mucho
mAs
fácil,
y
arroja
una
cifra
de
8.
Dado
que
el
nivel
"gravetiensell
al
que
meDor
es
recurrir
es
el
e¡>tSnimo,
vemos
que
en
los
niveles
c14sicos
de
La
Gravette
hay
una
gran
abund.ancia
de
raspadores,
lo
que,
a
falta
de
porcentajes
relativos,
concuerda
de
alguna
manera
con
lo
que
estudiamos.
En
los buriles
se
apunta
una
presencia
o&bi1,
lo
que
tambi�n
estA
de
acuerdo
con
nuestra
serie,
sefialandose
incluso
la
coincidencia
de
ser
volumino
sos, hecho
que
v_os,
por
ejemplo,
en
nuestroa
nuc1eiformes
n2
015.
016,
046
y
071.
En
cuanto
a
los
abruptos
los
cali
fic-a
de
numero.os,
pero
apunta
la
posibilidad
de
que
tal
hecho
sea
debido
a
una
e1eccicSn
preferencial
del
e.xeavsdor
que
trabaj6
en
el
yacimiento
a
finales
de
siglo
y
en
la
pri
mera
d�sda
de
�ste.
y
deposit6
los
materiales
en
el
�bseo
de
PC;rigueux
(Feaux 1905).
La
abundancia
en
nuestro
yaci
miento
de
abruptos
es
relativa,
pet'o
importante
respecto
a
buriles
y
otros
grupos
menOt'es.
por
10
que
la
semejanza
no
nos
parece
realmeSnte
disparatada.
En
conjunto
podemos
in-
-
20r.
tuil'
un
paralelismo
entre
este
Perigordiense
IV
de La
Gra
vette
con
el
instJ'Ulllental
típico
de
hojas
y
puntas
del
IIds-
1110
nombre,
hilo
conductor
de
todo
el
Pel'igordiense
&lperior,
con
nuestro
nivel
del
ParpallcS
de
7'25
a
8125
m:te.
de
pl'€l
fundidad.
considerado
en
la
monografta
COIllO
Aurifiacienae
Superiol';
esta
denOJllinaéi&n
no
era
en
l'ealiclad
un
81'1'€11"..
!!li
no
que
ha
aido
mS.
recientemente
que
se
ha
acuñado
el
nue
vo
t�rmdno
de
Gravetienae.
sobre
todo
para
las
industrias
que
inician
sel
proceso
del
dOI'80
rebajado,
que
se
ver!
in
terrumpido
por
el
Solutrense
en
JIlUchas
regiones,
pero
que
tillllbi6n
se
iapondrA
a
aql1t�l
en
muchas
otras
COJllO
en
la
pe
nínsula
italiana
y
en
escasos
yachd._tos
peninsulares..
Pre
cis8Jllente
la
d1tima
publicaci8n
que
sobre
Gravetiense
se
ha
hecho
en
Italia
(Palma
di
Cesnola
1975)
da
unas
cifras
altas
para
el
conjunto
de
diles
de
retoque
simple,
sobre
un
40%
o
mAs,
lo
que
no
alcanza
nuestra
alta
cota
pero
se
apro
xima.
En
cuanto
a
los
abruptos,
hay
un
.•
mayor
pl'OpoJi'ci6n
en
el
yacimiento
italiano,
que
est!
sobre
el
20%.
lIIientl'8S
que
nosotros
nos
acerciIIllos
al
t
s%.
Tras
todos
estos
datos
creeJllO.s
haber
llegado
a
la
conclusi6n
verdadera
de
que
nos
encontraJllOS
ante
un
Gra
vetiense
pobre
por
ser
el
inicio
de
la
vid4
en
la
cueva,
seguramente
en
fase
de
expansi6n
como
apuntaba
Jord'
(Jor-
dA 1955);
..
ay
qUe
tener
tambi'n
en
cuenta
el
hecho
ya
expues
to
del
desploll1e
de
las
dos
rocas
K
y
L
que
debiel'OD
cortar
207
la
vida
all:!
existente
en
un
JIIOlllClnto
dado
y
dificultar
la
nuewa
habi'taei&n
de
la
cuewa.
Incfudablemente
la
sel'ie
_
75
4tiles,
o
81
tipos
primarios,
ets
corta
para
lanzarnoa
a
hacer
exceaivoilll
extudio$
porcentuales.
pero
Ml
fiabilJ.d.ad
esa
cierta.
El
paralelismo
apuntado
en
el
iIli�aael
aflex
lo
vemoe
tambi&
en
el
de
Iuleeo,
con
punzonea,
hueso.
ap-
lI'ados
y
alsdn
ali.adol'.
Un
dltimo
problema
nos
viene
planteado
por
la
ero-
nolog{a
de
este
estrato.
El
dato
que
m4s
luz
arroja
sobre
la
euesti6n
es
la
dataci6n radiocarb6nica
que
efectu�
l.
Davidson
sobre
unas
v�rtebraB
de
ucapra
ibex.
y
de
ucervus
elaphus"
cuando
realizaba
el
estuAio
de
la
fauna
del
yaci-
!Iliento.
La
poaici6n
estratigr4fica
no
quedAS,
sin
embargo.
muy
clara,
puesto
que
la
indicaci6n
en
la
capa
que
conten!a
los
Bestos
llevaba
sólo
el
rlStulo
de
liante
e
del
Sólutrenselt,
por
lo
tant.o
hay
que
interpretarlo
C:OJllO
perteneciente
a
es-
te
Gravetiense
que
estudiamos.
La
muestra
era
la
BM-858
y
di¿
la
cifra
de
m48
de
40.000&06
BP,
es
clacir,
mAs
de
38.050
ai'ios
Be,
en
ver-
dad
algo
anterior
a
lo
esperado
(Davidson
1974).
otra
fecha,
pero
que
por
su
mezcla
es
inaprovechable,
es
la
recientemen-
te
publicada
(Shotton.
Williams
y
John.on
1975),
8i�520
+ +
que
di6
20.170-380
DP
(18.220-380
Be),
pt'oviene
de
unas
mues-
tras
de
7'
75-7
t
25
alta.
mezcladas
con
6
t
2$-6150
alte.,
por
10
que
su
valor
es
nulo"
En
general
las
fechas
para
el
GráVetiense
osci
lan
entre
108
259000
y
108
23.000
aftos;
bay
que
colegir
qUe
la
discontinuidad
cronol&giea
de
BM-858
se
debe
a una
con
taminaeitSn
de
loa
restos
y
que
poI'
lo
tanto
cael.
bordea
mAs
la
realidad
Birm-5%O
que,
pese
a
estar
mezclada.
no
ofrece
un
panorama
tan
disparatado.
b).-
El
siguiente
estrato
individualizado
por
Pel'icot
fue
el
Solutrense
l:nferior
o
Pl'otosolutrense..
Se
extend!a
desde
los
7'
2S
mts.
hasta
los
6125
mts.
de
profun
didad
y
quedaba
mediatizado,
como
la
capa
anterior,
por
la
presencia
de
las
dos
rocas,
K
y
L,
que
a
estos
niveles
no
debían
ser
ya
un
estorbo
para
los
habitantes
de
la
cueva
sino
m4s
bien
una
ayuda
y
protecci&n;
buena
prueba
de
ello
son
los
numerosos
hogares
que
se
eneontral'on
junto
a
dichos
peaascos.
En
uno
de
ellos,
en
CE
7-7'25
mts.,
junto
al
cono
cido
con
la
sigla
L,
fue
hallado
el
4til
que
se
asemeja
a
una
hoja
de
puftal
de
s!1ex
(Pericot
1942
..
p.46.
fig.10)
y
que
tisuC'a
en
el.
inventario
con
el
n_ero
108;
est4
expues
to
en
las
vitl'inas
del
Mualilo
de
Prehistol'ia
de
la
Diputaci&n
de
Valencia.
En
este
primer
subtramo
cabe
seña1ar
la
gran
pl'O
fusi4n
de
piedras
y
de
pequeños
bloques
que
iban
dificultan
do
la
excavaci6n
y
hacIan
cada
vez
mas
estéril
el
yacimien-
20H
20�
too
Lo mismo
sucede
con
el
SUbtl'8DlO
6'75-7
mts.,
don.de
..s
lo
hay
que
reseñar
una
l!nea
de
ceni�as�
capa
negra,
loca
lizada
entre
6'85
y
6b90
mts.
y
de
extensi6n
ba�te
grande.
Siguen
los
pedruscos
en
6'
50-6'75
mts,
pero
ya
hall_o.
un
osario
animal
y
�na8
de
tierra
gris
clara-oere
qUe
pueden
empezar
a
presagiar
el
est'ril
posterior
que
hemos
visto
al
fondo;
entre
las
rocas
hay
t.ierra
negra
de
cenizas.
En
e
..
te
punto, 6'50
nrts
••
se
inicia
el
talud
testimonio
que
fue+
dividido
en
29
capas;
la
dltima,
precislIIllWlte
la
29�
corres
ponde
a
108
6'
50
mts..
y la
28
al
lSubtramo
superior,
6'
25-
6150
mts
••
En
61
la
tierra
se
vuelve
c�ara.
poco
pedregosa,
con
hogares
muy
localizados,
por
ejemplo
en
P
y
en
CE.
El
elemento
m4s
destacable
en
este
¡Utimo
subtS"a
mo,
6'25-6'5
mts.,
es
el
cráneo
humano
que
se
encontr6
en
la
zona
C�
el
9-VI-30.
Se
hallaba
en
posici6n
horizontal
y
miraba
hacia
el
SE,
es
decil',
hacia
la
entrada.
Junto
a
�l
se
hal16
un
ff'agmeoto
de
hWero.
en
teoJ'!a
del
mismo
in
dividuo.
La
descl'ipei.8n
por
Pericot
�
la
monografía
$e
ve
completada
por
el
estudio
de
A1eob�
unos
aflos
m4s
tarde
(Al
cobé
1947);
se
pronunciaba
por
un
cr&neo
perteneciente
a
un
individuo
enfermizo
por
la
elevada
fr'ente
que
contrast.aba
con
su.
apal':Lencia
infantil.
En
cuanto
a
Beu,
Alcobé
se
in
olinaba,
con
..
esel"Vae
.•
po
r'
el
femenino,
siendo
su.
edad
ele
16
a
18
aflos.
Una
1'evisicSn
m4s
reciente
(Bubner
1975)
efec-
210
tua
una
medici6n
de
capacidad
craneana,
1.390-1.410
cms3,
una
tfcniea
descripción
del
cr4neo
con
todas
sus
medidas
antropomftricas
y
una
concluai&n
final
en
la
que
prefiere
no
hablar
de"razallCro-Magnon
sino
de
IIWuchsstil"
o
estilo
de
creciaiento
de
la
�poca.
Por
su
aislamiento
cronol6gi
ce
en
el
Paleolítico
SUperior
y
sus
rasgos
bastante
evolu
cionados,
llega
incluso
a
apuntar
la
posibilidad
de
que
el
cráneo
fuera
neolítico.
otros
restos
antropológicos
recientemente
estudia
dos
(Garralda
1975)
pertenecen
a
la
colección
V�ova
y
Pie
ra
y
provienen
de
BUB
pr�eros
rastreos
por
el
yacimiento
ya
re.sei\ados.
Son
un
fragmento
de
mandÍbula
y
cuatro
dien
tes,
que
no
pueden
situarse
cronológicamente,
si
bien
van
acompai1ados
de
una
industria
presuntamente
magdaleniense;
hemos
creido
conveniente
citaelo
aquí
por
agruparlo
con
el
resto
lIlás
importante,
el
cr4neo,
pese
a
ser
de
un
estrato
con
seguridad
superior
y
más
lIIoderno.
Estos
restos
se
con
servan
en
los
fondos
del
Museo
Arqueo18gico
NaciQnal
de
Ma
drid.
Nos
ocuparemos
ahora
del
detallado
estudio
del
instrumental
de
s!lex.
Su
cifra
exacta
no
figura
en
la
mo
nograG!a.
pero
en
nuestra
revisicSn
hemos
ballado
917
pie
zas
de
sílex.
Los
�tiles
eran
&810
184,
cs
decir,
un
18'8%.
La
tabla
de
la
di8tl'ibuci&n
de
las
pieza.
no
reto-
eadas
por
zonas
y
St.lbtramos
era
la
siguientec
7'25-7
6'75-2
61S-617S
6'25-6'5
otros
L
37
L
110
L
238
P
21
Tal.6'
25-IAIO
co
30
co
5
ca
6
L
27
ParlKi
O.
8
CE
S
CE
24
Tot.244
CO
7
Tot.
172
Tot..75
Tot.139
el::
48
Tot.l03
Algunas
de
las
piezas
ofrecen
rasgos
característi
cos
del
período
cultural
del
Solutrense
inidal
que
nos
o
cupa.
Un
buen
ejemplo
serian
las
puntas de
cara
plana,
que
en
nrunero
de
10
estan
presentes;
como
muestra
la
analiza-
da
con
el
n4mero
118,
que
corresponde
al
n23
de
la
figura
9,
página
46
de
la
monografía.
Entre
las
ya
algo
mAs
evolu
cionadas
est4
la
hoja
bifacial
apuntada.
109
del
inventario,
en
el
libro
n25.
figura
11.
p4g.48.
En
espectaculariddd
des
taca
el
tan
mencionado
puftal
de
sílex,
n2108
del
inventario,
figura
lO,
pAg.46
de
la
onografía,
que
es
el
�til
de
mayor
lungitud
de
todo
el
yacimiento
con
SUB
15
t
1
eme..
su
anchu
ra
es
de
4'6
CIIlS.
y
su
espesor,
calculando
la
torsicSn
de
la
larga
hoja
de
s.{lex,
de
l'
2
cms,
con
un
taldn
bien
vi
..
sible
liso.
211
212
Talud
6'25-7'30
ata.
brf
L
1
e
t
1.-
G12[S(P)III(p)d
sen+Spd:f-Smai
sen
pro
x]
6
47
23
12tf
2.-
G12[SlBd
sen
prox=Smi
sen-tSpd+Smmd
dex
me41
3
43
20
6111
3.-
G21[Smi
sen
prox.SPd]
4
f
(30)18
5
4.-
Rll[Slllnd
sen-=Snmi
sen]
ar
(44)14
4'
5.-
G12[Spd
sen+S(B)pd]
5
2S
18
8
6.-
G12[SpdjSmd
dex
prox]
3
37
19
7
7.-
Gll[Spd]
4
37
18
5
8.-
Gll[Spd]
6
29
17
8
9.-
Rll
dist
dex[Smd]
20
13
5il
10.-
R21[Smd
sen.S(P)pd]
fp
(21)17
61f
11.-
R21[S(A)pd.Ppd]
f
fm
(10)14
5
CO
7-7'25
••
12.-
GI2
dej
sen[Smd
sen
dist+Spd]
3
25
25
61f
13.-
Rl1
dex
[Smd
med]
34
21
9te
L
7-7'25
mt:s.
14.-
R21
dex
[Spd]
48
42
27
15.-
D25[SpdJ!Spd
dex
8
e
(47)39
18
16.-
Al
aen[Amd]
fp
(28)22
7
17.-
A2
bilat[Apd--Spi.�d]
fp
(25)25
12111
18._
Rl1
bilat[smi
dist
een.Sm(p)d
med
de�
34
31
10
'te
19.-
R21
prox
dex[S(A)pd]
62
31
141f
L
6175-7
mta.
213
20.-
Rl1
sen
div[Smmd]
31
41
7
tE
21.-
Rl1[Smmd
sen.Smmd
dist
de�-Smmd
Pfi:�]
br(S3)13
5
22.-
D21
prole
dex[Spd]
33
40
15
tp
23.-
G312[S(E)pd
dist
aen+S(P)pd]
13
fd(24)26
13,
24.-
G22[Smel]/Snmd
prox
dex
25.-
812
polig
plan
dej
ang
prox
dex
26.-
Gll[Spd]+D21[S(A)pd]+Rl1
dex[Smd]
27.-
D21
sen
prox[Spd]
.R21
dist
dex[Spd)+D22
prox
dex[S(A)pd)
28.-
Rll
dist
aen[Smmd)
29.-
Rl1
sen[SmiJ
L
6
t
75-7
mt.
••
30.-
R22
diat
dex
[S(A)pd]!
31.-
R321
med
sen(S(E)pd]
32.-
G11(Spd]/Spi
med
dex
dist
sen
33.-
812
reet
plan
ang
iist
dex
L
615-6'
75
nits.
34.-
Rl1
dex[Smd]
35.�
P21[SPd
dist
sen
eonv+Spd
dist
dexconv]
36.-
D21
mad
sen[Spcl].D23
dex[SpdJ
CE
6
t
25-6
t
5
IlIts.
37.-
Gl1(SpdJ
38.-
CU1[�
2
39
22
5
ti
..
51
21
7
tI
6
27 23
8
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f(29)26
10
.
'.
44
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13
tp
31
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61
43
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tf
31
22
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5
45
17
9
tE
21
29
15
36
19
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tE
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18)
5
br(32)19
11
3
8
40
20
8
td
33
26
11
�l
43.-
G12[Smd
med
sen-Amd
dist
sen+Apd]
44.-
G12[Amd
sen*Spd+Smmd
dex]
45.-
G12[Smd
sen+Spd+Spd
dexJ
46.-
G12(Smd
sen
diV+Spd+S(P)pd
dist
4ex]
47.-
G12(S(A)pd
8en+Spd+�)md
dex]-D21
ang
prox
dex[S(A)pd]
48.-
Gil
dist(Spd].D25
Pl"ox(SPd]/&Ii
med
sen
6-4
36
20
6
39.-
Gll[Spd]
40.-
G31:{SEmd
med
sen+Spd+5md
dist
dex]
41.-
G1Z[Spd+Smd
dex]
42.-
G12[Smi
med
sen-Smd
dist
sen+Spd]
49.-
G311[Spd]/SEpd
sen
50.-
G312[Ssd
sen+S(SE)pd+S(SE)pd
dex]
51.-
P321[
.
E'�
Qonv+Spd
dex
conv]
52.-
Rl1
med
dex[Smd]
53.-
Rl1
dist
dex[SlKl]!+PPd
54.-
Rl1
dex[S(A)md]
55
...
Rl1
prox
sen
[Smmd]
56.-
RIl
med
sen[Smi]
57.-
Rll
prox
dex[S(A)md]
58.-
812
polig
plan
ang
prox
dox
59.-
Pl1
dex(PPd]/.,Smmd
sen
60._
Fl1
dex[Ppd]/.S(A)md
prox
sen
61._
F23
[Apd
PI'OX
sen.
PPd
dex]
21�
S
f4(27)21
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5
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S
31
16
6
tp
4
fd(24)lS
5
6
37
16
7
S
25
16
6
td
4
bS-(41)19
5
3
16
16
5
tf
3
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18
4
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12
18
27
25
18
'1$1
fd.(22)17
ll2
39
24
5
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39
18
3
t1
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S3
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4
tp
40
23
8
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S
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8
te
33
18
7
ar(29)18
4
tp
ar(45)20
S
td
CE
7-7'
25
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62
••
&11
sen[Smd]
63.-
R21
sen[Spd]
64.-
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seb
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dist
dex
conv]
65.-
G12[Spd+Spd
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med
sen
66.-
D31
rect
norm
droit
dist
CO
7-7'25
mts.
67.-
R22
p1'ox[Spd]
68.-
Rl1
dex[Smí]
69.-
D13
dist
med
sen[Smi].D12
prox
dex[Smd]
10.-
G11
dist[Spd].Gl1
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71.-
G312[Spd+Spd
dist
dex].B31
sigm
norm,.
8
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med
sen
72.-
G12[Spd+Spd
dex
cvx]
73.-
Gl1[Spd]/.Sma
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sen
74.-
B12
rect
plan
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sen
75.-
B32
rect
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dist
dex
76.-
831
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droit
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rect
plan
droit
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6'75-7
mts.
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norm
droit
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CE
6'75-7
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12
4)
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S
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80.-
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82
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L
6'5-6'1175
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84.-
D21
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prox
dex
85.-
D21
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86.-
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sen.Spd
dex]
87.-
R21
med
prox
dex
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88.-
R321
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sen[Spd]
89.-
R21
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dex[Spd]
90.-
Rl1
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7
fm(20
29
11)
43
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5
tp
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16
4
tl
21
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6
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4
94.-
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prox
dex
8
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8
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96.-
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Gl1[Spd]
6
98.-
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S
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CO
6125-6'5
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s
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tp
101.-
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dex[Spd]
102.-
1'21
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sen[Spd
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sen
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103.-
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104.-
Gl1[Spd]
105.-
Gl1[Spd]
106.-
G12[Spd+Spd
dex]
107.-
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107
bis.-
G12[Snd
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dex]
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Valencia
CE
71'5-7
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108.-
R21
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prox
dex]
109.-
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dist
sen+pp<l
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med
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prox
bilat]
110._
1
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dist
dex.
Dl1
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dex[
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sea
L
6'75-7
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111._
G312[Spd
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dex]
112._
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sen
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dex
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113.-
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sen
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615-6'75�.
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114.-
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dist
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t1
8
44
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7
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9
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4
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17 4
tp
151
46
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6
15
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27
15
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6
s
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63
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115.-
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116.-
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conv.Spd
dex
conv]
45
24
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sen
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dex]
38
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118.-
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119.-
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10
42
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L
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S
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120.-
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121.-
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124.-
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125.-
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126.-
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sen
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COIW]/.Amd
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sen
34
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3
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122.-
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med
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sen
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123.-
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127.-
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sen
conv+Snd
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conv]
/Pevhd
dist
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PI'()X
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128._
A2
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24
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129.-
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SIIld
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dist]
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130.-
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131.-
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132.-
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S
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133.-
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4
134.-
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droit
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dex]
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9
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135.-
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136.-
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med
dex
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3
137.-
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med
dex]/-PPi
PioX
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ex
138.-
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sen]
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4
139.-
PD23[Apd
sen]
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140.-
PD24[Apd
dex]
34
8
3
141.-
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trav
dist+Apd
dex]
br(14)
6
3
142.-
LD21[Apd
sen]/.Smd
med
dex
fm(21)11
3
143.-
Bl1
reet
norm
droit
dlist
39
20
6
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144.-
B31
reet
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med
sen
div
30
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5
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145.-
B31
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plan
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30
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5
**b�xdex
146.-
Fll
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ar(25
12)
5
147.-
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27
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Gil
[Spd]
151.-
Gl1[Spd]
152.-
G311[Spd]/.Spd
trav
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8
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G11[Spd]
154.-
Gil
[Spd]
8
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B11
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prox
sen.Gl1[Spd]
S
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20
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G311[Spd]
157.-
Gll[S¡ld]
7
b:r(22)14
9
2
fd(16
13)
3
158.-
G12[Spd+Spd
dex].GI2[Spd
deX+Spd
prox+
10-7
52
26
10
Spd
prox
med
sen]
159.-
G12[Spd+Spd
dex]
160.-
Gll(Spd]
4
b:r(33)28
11
5
b:r(30)24
5
161.-
G12[Smd
dist
sen+Spd+Smi
dist
med
dexsingsb:r(31)18
S
162.-
Gl1[Spd]
169.-
G311[Spd]
6
35
26
6
ti
10
39
19
13
7
32
23
7"
6
39
22
6
tl
S
br(31)17
6
7
br(33)21
13
6
br(31)19
6
5
33
18
9
4
24
15
5
tl
5
br(18)17
S
5
38
23
8
3
26
15
4
163.-
G311(Spd]/.SEpd
prox
dex
164.-
G12[Smmd
sen+Spd+S(A)md
dex]
165.-
G12[Spd+&nd
med
dist
dex
cvx]
166.-
G12[Spd
sen+Spd+S(P)pd
dex]
167.-
Gl1(D25)[Spd]
168.-
G12[Smi
sen+Spd]
170.-
Gl1[Spd]/.Smmi
prox
med
sen
171.-
G12[Smd
sen+Spd+Amd
dex]
171.-
G12[S(A)p(m)d
med
dist
sen+Spd]
173.-
Gl1[Spd]
Piezas
Museo
de
Gand!a
CE
6'5-6'75
mts.
174.-
832
rect
plan
dej
aag
dist
sen/Spi
prox
sen-
Spd
med
sen
36
17
8
175.-
G12[Smd
med
41st
sen+Spd+S(P)md
dex]
4
br(24)24
6
176.-
Gl1[Spd]
6
29
22
8
177.-
PD32[Apd
sen.Apd
prox
dex
ese]
36
11
S
4672.-
G12
dej
sen[Spd+Smmd
dist
dex]/Smmi.
P:!:16
4S
40
8
CE
6'75-7
mts.
181.-
G312[SPd+SéImId
dist
dex]
15
182.-
G12[Spd+Smd
41st
dex-S(A)pd
med
prox]
6
C1ex
52
35
19
35
20
8
1'.1
6'
25-7
'25
mts.
180.-
D25[Spd.]
8
36
29
10
184.-
R21
med
dex[Spd]
ar(48)26
10
El
recuento
de
tales
análisis
nos
da
una
41stri-
buci
n
de
tipos
de
�tiles
por
subtramos que
exponemos
a
con-
tinuacióSn:
(ver
p4gina
siguiente)
Un
resumen
del
precedente
esquema.
que
nos
daea
ya
la
secuencia
en
escala
nominal,
es
el
siguientes
S
A
p
SE
B
E
tobo
�I
7'25-7
Dts.
22
2
1
-
7
32
7-6'75
mts.
23
1
4
28
6'75-6'5
mts.
27
2
1
4
-
34
6125-6ts
mts.
64
15
10
2
9
-
100
Tal.6f2S-7130
mts.
13
-
-
13
149
19
13
2
24 O
2°7
221
222
(cuadro
corr-espondiente
a
la
p4gina
anterior)
7-?'25m,
6
'7
S-7m.
6'5-6'75m.
6'25-6'5m..
"�&
'1'
9·
.
-
S
fR
- -
R
9
10
8
12
5
44
p
1
-
1
4
6
D
555
2
1
18
1
G
7
8
13
46
7
81
B
sr
6
-
6
sp
7
4
.(
3
-
18
P
unif
1
9
-
10
bif
1
1
1
-
3
SE
iR
-
-
-
-
R
- -
..
P
1
-
1
D
-
-
-
-
-
G
-
1
1
A
2
5
-
7
LD
m.
1
..
1
p
-
-
2
..
2
PI)
m
-
-
3
-
;3
p
2
4
-
6
E
- -
32
28
34
100
13
207
223
Los
184
I1tile8
analizados
eontienel1
207
tipos
pri-
marioa,
como
acabamo$
de
ver.
Tres
de
ellos
son
triples.
ca-
da
piezl'i
asocia
tres
tipos
primarios}
19
son
dobles
y
163
son
monotipos,
es
decir,
contienen
UD
solo
tipo
primario.
La
eseal
a
ordinal
no
a
di
1
a
siguiente
serie:
s
149
B
24
A
19
p
13
SE
2
E
O
El
proceso
matem4tico expuesto
a
prop5sito
del
Graveti.cnse
nos
6el"Vi.r!
en
toods
los
casos
posteriores,
por
lo
que
lo
aplicamos
y
obtenemos
una
secuencia
estruc
...
tural:
p
¡4
SE
CI
Solutrense
Inferior
ba
sido
un
tema
largamente
debatido
en
la
bibliograf!a
palcalitica.
debido
a
que
la
brusquedad
en
la
aparici6n
del
2lutrense
paree!a
poner
di-
ficultades
en
el
hallazgo
de
un
hilo
conductor
de
la
evo-
luci&n.
En
el
estado
general
de
la
cuesti&n
ha
sido
ya
tra-
taw.
a
fondo
eota
pr{)blem4tica.
pero
vamos
ahora
a
pzoofun-
dizar
en
ella,
en
concreto
en
posibles
comparaciones,
ya
apuntadas
en
aquel
capitulo,
y
que
ahora
desarrollaremos.
La
sClIlajanza
tipo16gica
mayor
que
hemos
detecta-
40
la
ha11amos
en
el
yacimiento
franc�s
de
Laugerie
Haute
22�
em
su
zona
Oeste.
Mediante
la
aplic::acicSn
de
la
tabla
de
con-
ver-$icSn
que
hemos
expuesto
con
anterioriclad,
hemos
llegatió
a
la
confeeci&n
de
una
secuencia
est_ctural
del
yecUden-
to,
lo
cual
nos
permite
una
magn.:li';l.c.a
posibilidad
de
comp.e-
racidn.
La
serie
nominal
es
como
siguet
s
1108
.A.
232
p
152
SE
19
B
325
E
9
y
la
secuencia
ordinal:
s
1108
B
325
A
232
p
1.52
SE
19
E
9
Por
el
procedimiento
que
ya
conocemos.
hallamos
la
secuencia
estructural
COD
sus
rupturas.
p
¡4
SE
E
Estos
dos
procesos
de
Parpal16
y
de
Laugerie
Jlaute
Oeste
nos
muestran
un
paralelismo
muy
grande,
pero
otrGs
ya-
cimientos
tienen
secuenci.as
estructurales
algo
distintas
pa-
ra
este
Solutlrense
Inferior,
como
Lauger'i.e
Haute
Este,
donde
los
abruptos
se
elevan
al
segundo
lugar;
o
bien
loa
de
la
0-
riginal
zona
Gard-Ardeche
(Combie.r
1967)
I
Le
Figuier
y
Le
Chabot,
que
relegan
los
abru�s
a
una
cuarta
pOS1ci8n
muy
baja,
lIlAs
cercana
a
los
eobreelevados
que
estan
a
continua-
ci6n
que
a
los
planos
o
buriles
que
le
anteceden.
Con
todo
esto
queremos
significar
que
no
es
defi-
niti\'o
para
nosotros
la
gran
semejanza
estructural
que
pue-
de
haber
entre
dos
secuencias
de
dos
yacimientos
preElW1ta
mente
contem.porAneas.
y
mAs
en
este
momento
de
cambios
cul
tural.es.
de
adopéicSn
(no
nos
gueta
inva.leSn)
de
nuevas
t,k
nicas
de
talla,
etc
••
Pero
el
p_alelo
va
algo
mas
al14,
hasta
lo
eual.it.ativo
como
son
los
titiles
llamados
de
cara
plana,
presentes
como
fcSsil
director
de
la
industria
ya
de
...
de
primeros
de
siglo
(Breuil
1912).
La
gran
similitud
en
las
secuencias
estructural.es
requiere
pocas
explicaciones,
puesto
que
su
mismo
orden
es
;va
un
buen
dato,
con
el
ascenso
de
los
planos
del
lUtimo
lugar
donde
normalmente
estaban
confinados
en
cualquier
o
tra
industria,
hasta
el
cuarto.
lo
que
nos
indica
que
va-
1I10S
entrando
en
el
Solutrense¡
tal.
aumento
es
progresivo,
como
puede
apreciarse
en
los
cuadros
de
distribucicSn
de
11-
tiles
por
subtramos.
otro
dato
buen
indicador
del
cambio
es
el
descenso
de
los
abruptos,
tan
indicadores
y
defini
dores
do
las
industrias
anteriores
y
que
ahora
sufl'en
este
bajón
relativo
que
durara
todo
el
Solutrensc
y
que
desapal?e,..
cerA
para
hacernos
de
ind:!.cador
de
que
algo
cambia
de
nue
vo,
de
que
el
Gravctiense,
latente
esos
miles
de
aftGS�
rea
parece
con
su
dorso
rebajado
típicO
y
se
conjuga
con
las
nuevas
tradiciones
de
ta11;¡
derivadaa
de
la
época
que
ter
una.
225
22
fl
Son
las
rupturas
mismas
de
las
secuencias,
en
fin,
las
que
nos
indican
la
plara
semejanza.
La
de
mayor im-
portancia, de
primera
catecor!a,
separa
en
ambos
easos
los
simples
del
resto
de
la
serie;
sobreelevados
y
Ilecaill�el!l"
se
distancian
de
10B
p1anos,
en
asoenei6n,
scSlo
por
una
mi-
nima
ruptu-ra
de
cuarto
gradoJ
y
otra
marca
la
pequefia
diE",,"
reneia
entre
las
dos
induGtrias,
en
el
ParpallcS
estA
entre
loa
buriles
y
los
abruptos
y
en
Laugerie
Haute
Oeste
entre
abruptos
y
planos.
Pero
elite
detal.le
reviste
poca
importan-
cía
cuando
considerilllllOs
<l!llbos
conjuntos
globalmente,
y
la
identidad casi
total
en
10
tocante
a
las
cantidades.
En
resumen
pues,
ceeemos
que
la
suma
de
la
p_sen-
c:ia
real
del
fcSs:il
director
c145ico
con
la
de
la
casi
i.gual-
dad
cuantitativil!llllente
bablando
con
otro
yacimiento
tlpico
del
Solutrense
Inferior
nos
da
como
remAltado
el
que
consi-
deremos
que
en
el
ParpallcS
asistimos
a
un
lento
proceso
de
solutreanizaci6n
que
fructifica
y
desemboca
en
una
indus-
tria
originsl
por
la
variedad
de
sus
�ti1es
i::!picos,
por
las
espléndidas
puntas
de
aletas
y
peddnculo
y
ademls
por
su
ar
I
te,
exteelllo
este
que
si
bien
no
tocaremos
dil"ectmncnte,
ha-
br4
que
tener
eieJnpre
pl"cs.ente.
Al
paralelilSlllo
tipo16gico
que
aeabamol!!
de
mostrar
viene
a
sumarse
el
dato
cronQlcSgico
que
reviste
tambi&l
una
coherencia
bastante
clara.
El
análisis
�859
di6.
para
227
unos
huesos
y
aSas
de
uoervus
elaphus"
haDadGS
entre
6'
S
y
7
mta.,
plenG
Solutrense
Inferior.
una
feoha
de
20.490
....
900
y
-800
años
BP
(18.540
Be)
(Davi4son
1974).
La
an¡pli
iIl
'!ud
de
la
variacicSn,
1.700
ai'los,
ouestiona
algo
la
-ma.cicSn
as!
eomo
el
hecho
de
que
sea
IÚdca,
ya
que
de
contar
con
una
serie
la
credibilidad
serta
mucho
mayor.
Y
esa
serie
la
te-
nemos
precisamente
en
la3
induBtrial.s
de Laugerie
HélUte
Oes-
te,
y
coinciden
con
las
fechas
del
ParpallcS.
Tenemos
que
Gr-4446
ha
dado
para
la
parte
superior
del
Solutrense
Infe-
rior
20.81o!230
8P;
Gr-4469.
para
el
mismo
nivel,
ha
dado
20.160�100
BPg
y
Gr-4573.
para
la
base
del
Solutrense
Inf_
rior,
ha
dado
20.75�150
BP.
Una
cuarta
fecha,
Gr.1888.
per
tenece
a
la
ecna
Este
del
mismo yacimiento
y
da
7.0.890:300
BP.
la
de
mayor
antigüedad. En
conjunto
vemos
que
la
datacicSn
del
Parpalld
se
inserta
dírectamante
dentro
dela
serie
y
que
la
tipolog!a
se
ve
corroborada
por
la
cronología.
por'
10
que
la
conclusión
total
nos
parece
bastante
cllilPa,
el
Solutren-
se
Infet'ior
del
Parpal16
es
realmente
Solutrense
Inferi.G1".
si
bien
con
algl1n
elemento
evolucionado
oomo
la
punta
rom-
boidal.
en
realidad
BU
parte
apario!'
solamejl'á¡l
que
seila!a
FOl'tea·IFortca
1973
p.489)
y
que
identifica
con
la
fase
ini-
cial
del
Solutrense
:b-1edio
francés,
posible
SOlutrense
I
de
JordA
(JordA
1955).
Pero
esa
única
objeei6n,
muy
te6ríca.
22R
no
puede
hacernos
duda1'
de
toda
una
coherencia
de
tipos
y
de
fechas
que
acabamos
de
exponer
y
que
es,
seg4n
nuestro
entender,
buena
demoBtraci6n
de
la
existencia
de
una
fase
de
solutreanizaci6n.
c).-
Los
niveles
comprendidos
entre
6'25
y
5'25
mta.
fueron bautizados
por
Pericat
como
SolutrenBe
Medio
o
normel.
Las
rocas
L
y
K.
que
tan
gran
papel
habían
tenido
en
los
niveles
inferiores
que
hemos
estudiado,
estan
adn
presentes
aquí,
si
bien
s6lo
en
sa
tramo
superior,
por
lo
que
lo
que
antes
fue
estorbo
ahora
es
ayuda
para
encender
hogares,
proteger
alimentos,
almacenar,
etc
••
Las
capas
del
talud
testimonio
que
corresponden
�
estos
niveles
son
la
27,
de
6
a
6'25
mts.;
la
26.
de
5'75
a
6
hita.,
la
25.
de
6
a
5'75
mts.
y
la
24.
de
5'25
a
5'5
mts.
La
estratigrafía
es
sensiblemente
horizontal,
se
gdn
el
diario
de
excavaciones,
y
a
ello
contribuye
la
ma
YOl'
extensicSn
de
la
cueva
y
el
re1.leno
que
ha
ido
aCUJm11u
dose
con
los
miles
de
años
que
han
transcurrido
desde
su
primera
ocupaci8n.
Los
hogares
son
cada
vez
más
numerosos,
prueba
de
la
mayor
habitabilidad
de
la
cueva,
que
aprove
charían
sin
duda
repetidamente
los
n6madas
de
la
�poca;
es
te
110lllad181110
podemos
deducirlo
de
las
attn
numerosas
capas
estériles
que
aparecen
entre
los
hoga�es,
producto
de
acu-
229
mulaciones
e61icas
o
de
aportaciones
por
filtraci�n
de
li
quido
por
el
karst
de
la
montaí'laj
las
desocupaciones,
cada
vez
menos
numerosas.
son
aquí
adn
importantes.
En
algunas
ocasiones
las
capas
estéri2es
estan
bastante
consolidadas,
formando
como
una
arenisca
que
ofrecía
a
los
excavadores,
per
su
mayor
dureza,
el
temor
a
encontrarse
ya
con
la
roca
de
fondo
del
yacimiento.
ntre
los
hallazgos
destacables
tenemos
una
pro�
fusi6n
de
"dentalium"
y
de
pequeños
caracoles.
Eaa
cenizas
de
los
hogares
aumentan
a
medida
que
ascendemos
y
en
5125-
5'
5
mts.
dominan
claramente.
Los
huesos
son
escasos,
y
los
4tiles
en
tal
material
son
79.
como
ya
hemos
señalado
con
anterioridad.
Para
mejor
apoyar
nuestra
exposici6n
sobre
la
in
dustria
litica
de
estos
niveles,
creemos
que
lo
mejor
es
presentar
en
primer
lugar
los
an41isis
tipo16gicos.
para
sobre
ellos
pod.er
argumentar
las
teortas
que
tales
elatos
nos
sugieran.
Remes
estudiado
5.588
piezas
de
sílex,
de
las
cuales
1.073
eran
dtiles
(19'2%).
La
tabla
de
distribuci6n
por
zonas
y
subtramos
de
esas
piezas
sin
retoque
es
la
si
guiente:
230
6'2�-6
�IZS-6
SI�_�'Z�
�'2S-�I.1
otros
L
697
L
230
L
670
L
1066
T�1.5f>25-6'25
CO
68
p
17
p
182
P
151 426+24""450
EO
34
co
78
CO
84
co
140
Tot.L2.2
CE
328
CE
146
cr;
2
EE
27
EO
29
Ta1.c.24
2
(5'75-6125)(5'25-5'75)
Tot.
680
EE
96
Indet.
18
Tot.So1.M.�
(5'25-5'75)
Tot
•
.!.3Z.2.
Tot.l027
r.1
anAlisis
tipológico
de
los
�tiles
es
como
sigue,
hr
f
L
1
e
t
3
fd(21)20
6
7
36
23
1)
ti
5
33
20
6
tl
8
21
23
10
td
7
fd{17
22)
7
6-6
32
18
7
6
br(21)!:;
6
Talud
5'25-6'25
mts.
1001.-
Gl1[Spd]
1002.-
Gll[Spd].D21
prox
dex(S(A)pd]
1003.-
Gll
dej
dex[Spd]
1004.-
G311[Spd]+D21
med
sen[Spd]
1005.�
Gll[S(P)pd]
1006.-
GI2
dist[Spd+Smi
dex].Gl1
prox[Spd]
1007.-
Gl1[Spd]/Ppd
prox
sen
1008.-
G21
dist
dej
dox[Smd]
1009.-
G21[S(A)pd]
1010.-
Gl1[Spd]
1011._
D24
dist
dej
dex[Spd+Spd
dist
dex]
1012,_
Rl1
dex[�lmd)
1013.-
C22
dej
ssn[Smd].n21
dist
dex[Smi]+Scl
2
med
dex
[Ami]/Smmd
dist
sen
1
25
22
5
td
21
15
6
te
51
15
6
tp
38
23
9
24
20
5
te
33
22
4
5
4
1014.-
F14[PPdj/Epd
sen�Emi
sen
1015.-
P21[Spd]
1016.-
PDl1[Amd
prox
sen]
1017.-
G311[Spd]
1018.-
Fl1[PPi
dist
sen.Ppi
41st
dex]
1019.-
Gil
dist[Spd].CIl
prox(Spd]
1020.-
D21
prox
dex[Spd]
1021.- Gl2
dej
dex[Smd+Smmd
dex]
1022.-
Fl1[PPi
dcx]/.S(A)mi
sen
1023.-
G22
dej
sen[Spd]
1024.-
D23
bilat[S(A)md
sen.Sm{p)d
med
dex]
1025.-
R21
prox
dex
41v[Spd]
1026.-
D23
med
dex[Spd]/.Smmd
mdd
sen
1027.-
B12
polig
plan
droit
prox/.Smmd
dist
231
fm(
13
)18
S
fd(19)26
7
ar(17)
7
2
3
20 10 10
tf
26
11
5
3-5
18
12
5
16 26
S
tí
2
19
17
�
td
br(22)12
5
4
29
26
7
tí
38
24
10
ti
fp(20)20
5
te
36
36
5
ti
40
32
14
1028.-
Fli
prox
sen[ppd].B32
rect
norm
dej
ang
fp(25)27
6
tí
dex/+Smd
1029.-
F314[ppb
bilat]
29
15
1
te
1030.-
Fl1
díat
de.x[Pm.d]
26
13
5
te
1031.-
At[Amd
dist
den
conv+Ami
dist
dex
conv]
20
19
5
tl
1032.-
Al[Amd
sen
conv+Amd
dist
dex]
24
20
4
1033.-
G312[Spd+Smd
dex]/Sf'pc:l
med
sen
5
br(22)lO
7
1034.-
Al[Amd
sen+Amd
trav
dist]/SEPd
dex
19 15
5
tE
10�5.-
P11
sen[ppd]/+S(A)pd
dist+S(A)md
�st
31
19
7
te
ex
1036._
Al
prox
sen[Amd]/.Spd
mea
dex
fp(18)18
S
tf
1037.-
D21
prox
sen[Spd).Al
dsit[Amd).D21
prox
dex[Spd]/Amd
med
dex
1038.-
Gl1[$pd)
1039.-
Al
prox
dex[f.md)/Pmd
trav
dist
1040.-
GI2[$pd+Apd
dex]
1041,-
G12[S(A)pd
sen+Spd)/.Smmd
med
dex
1042.-
F11
di$t[PPd]
1043.-
F315[PPb
hilat]
1044.-
G12[Apd
prox
sen-Pmd
dist
sen+Spd]+
LD21
dex[Apd]
Talud
5'25-6'25
mts.
1045.-
G12[Ami
sen+Spd+Smd
dex]
1046.-
LD21
dex[Apd)/.Amd
prox
sen
1047.-
021
dist
sen[S(P)pi]/+S(SE)pd
dsit
104t.-
P31[Snd
dist
sexYI-D21
dist
sen[Spd]
1049.-
Rl1
dist
sen[Smd]
10S0.-
AI[Ami
prox
sen--Amb
dist.A(S)ma
dex]
1051.-
Bcl[Amd
trav
d8it+A(S)p(m)d
dist
dex]
1052.-
PD22[Apd
dist
sen
conv]
1053.-
D21
prox
sen[Spd]/+Smmd
sen
1054.-
Rll
sen[Smd]/S(A)md
dist
dex--Epd
prox
1055.-
Al
prox
dex[Arnd].D21
med
sen[Spd]
1056.-
F11[Ppd
prox
sen.Ppd
dex)/Apd
meó
sen
232
21
17
3
ti
8
id{2.2)31
8
23
27
6
tI
9
br(34)23
u.
8
br(.29)2S
9
20
19
6
te
49
31
9
3
44
12
S
5
fd(19)17
6
1'm(22)
9
3
fd(11)18
9
41
15
9
td
ar(41)21
7
34
34
10
tI
19
14
4
ti
32
19
4
te
fp(22}22
6
ar(49)21
7
42
22
3
tp
ar(52)14
S
t1'
1057.-
Fl1
prox
sen[ppd]/.Smmd
1058.-
Fl1
med
dex
eone[ppd]/.Amd
med
sen
1059.-
Fll
med
sen[ppd]/-Api
prox
sen
'060.-
Fl!
prox
sen[ppd)/.Amd
med
dex
1061.-
F13[PPd
dex]
1062.-
.fF[PPd
sen.ppd
dex]
1063.-
fF[Pevhb
bilat]
1
64.-
fF(Fl1)[Pevhd
prox
sen]
1065.-
Fl1
prox
dex[ppd]
1066.-
fF(F314)[Pcvtb]
1067.-
F315[Pcvtb]
1068.-
F14
prox[Pevhd].Gl1[Spd]/PPi
prox
sen.
8
fpd
dist
dex
EO
6-6'25
mts.
1069.-
G22
dej
dex[SpdJ
1070.-
Al
trav
d..1st[AI!ldJ
1071.-
F314[Pevhb
bilat]
1072.-
D21
pr-ox
&cn[SpdJ-Fll
sen[ppdJ
L
6-6'25
IIIts.
1073.-
Al
dex[ApdJ
1074.-
A2
sen[Apd]
1075.-
Gl1[Spd]/Smd
med
dex
1076._
fF[ppd
prox
sen)
233
fp(22)15
5
td
37 16
"
tf
28
26
5
te
-'l1'(39}13
"
tp
19
10
4
fp(18)13
4
tI
fm(16
17)
8
fp(27
22)
4
tf
fp(23)16
4
td
f{32
15
7)
ar(33)21
4
tí
43
35
8
7
44
41
8
tf
30
24
10
tl
40
34
11
ar(40)21
6
tp
f(31
16)
3
fd(21)14
6
5
3S
19
6
tp
fp{12
17)
4
2
')
r
..J"t
ca
5'75-6
mts.
1077.-
D24
dist[S(A)pd
sen
cvk+Spd
diat
dex]
18
15
4
tI
l078.-
G12[Sp(Ill)d+S(E)md
dex]
.2
f«�
25)
5
1079.-
B12
reet
n01'!l1
dej
sen/.,Jlmd
msd
dex-PPd
ar(2S)17
8
tI
proxdex
1080.- R12
diat[and]/+Amd
dist
clex-Jlmi
prox
dex
15
16
3
1081.-
Rl1
sen[S(A)pd]
f(22
11)
4
1082.-
D22
dist
dex[Spd]/.Ammd
dist
dex
20
14
5
1083.-
A2
prox
dex[Apd]
fp(12
17)
4
t1
1084
Gl1(Spd]
5
fd(12
25)
6
1085.-
Fl1
med
sen[PpiJ
fm(22
11)
6
1086.-
F14[Pcvhd
bilat]
ar(23
z8)
3
tp
1087.-
LD21[Apd
prox
sen
div-Apd
med
dist
sen]
ar(27)13
4
l.
Ammd
prox
dex
BE
5'75-6'25
mts.
1091,-
R2!S(SE)pd
prox
deX+Spd
trav
prox]
fp(19)17
4
tI
23
11
3
."
�
...
f(15
23
8)
ar(30)16
7
ar(22)15
g
tí'
36
27
1
21
20
7
tI
34
19
4
31 18
7
tp
1088.-
LDll
prox
dex[Amd]
1089.-
D21
med
dex[S(A)m(p}d]
1090.-
A2
sen[Apa
cvx]
1092.-
R21
prox
sen[Spd]
1093.-
Al
sen
div[Amd]
1094.-
Al
sen
si.n[Ammd]
1095.-
D21
lIled
del!:[S(A)pd]l.
&i
med
dex
1096.-
R21
lIled
sen[S(A)pdJ/.Smmd
med
dex
23�
1097.-
R21
dist
sen[Spd]
25
22
6
1098.-
R21
scn[Spd].R21
dex[Spd)
29 26
6
1099.-
GI2[Amd
sen+Spd].Gl1(A2)prox[S(A)pd]/
5-7
22
17
8
Ammd
dist
dex
1100.-
Gl1[Spd
prox]/Pmi
prox
dex
5
6
28
18
8
35
19
7
1101.-
G12(S(P)pd seb+Spd]
1102.-
GI2[S(P)pd+Ammd
dex].D21
roed
een(Spd]
3
br(21)20
4
1103.-
Gl1[Spd]
3
br(25)20
5
1104.-
G12[Spd+Spd
dex]+Gl1
prox[Spd]+B21
rect
plan
dej
ang
prox
sen
6-7
28
18
B
1105.-
PD12
dist[Amd
sen+Ami
dist
<!ex]
br(27)12
:3
L
5'75-6
mts.
1106.-
R11
sen[&nd]
25
22
3
1107.-
R321
prox
dex[SEpd]/.Smd
med
sen
42
24
15
tl
1108.-
R12
dist[Smd]
1109.-
Al
trtw
dist[Ammd]/.S(A)md
dist
�
37
25
5
lt
25
21
3
tf
1110.-
R21
med
dex[Spd]
56
36
16
1111.-
Rl!
dex[Snd]
50
24
6
te
1112._
Rl1
prox
dex[Snd]
58
45
16
tl
1113.-
Rl1
�d
dex[S(P)md]/.ppi
prox
sen-S(EA
br(48)2S
4
1114
••
R321
med
sen[SpdJ/.SEpd
prox
dex
30
19
9
1115.-
Al
prox
dex[AIIImi]/-Ammd
med dex.Aaund
prox
50
13
6
te
sen
1116._
Al
prox
dex(AmdJ
ar(24)14
3
ti
1117.-
Al
prox
dex[AmmdJ
1118
••
R21
pr-ox
aen[Spd]/.Ppd
pro:
dex
1119.-
Al
dist
son(Ama]
1120.-
Al
med
sen[Amd]
1121.-
Al
sen[A(S)md]
1122.-
R311
med
dex(Smmd]7
1123.-
Al
dex[AmdJ
1124.-
Al
dex[Ama]
1125.-
D23
dist
dex[Spd]
1126.-
Al
trav
dist[Amd]/.Smai
lIled
dex
1127.-
Al
trav
dist(ilmmd]
1128.-
Al
trav
dist[Ammd]
1129.-
Fl1
sen[Ppd].Rll
dex[S(:C)md]
1130.-
R321
san[SEpd]/.Spb
dist
dex-SEpd
�ox
-
<1ox
1131.-
F13
dist
dcx[Ppd]/.Ammd
dist
sen
conv
1132.-
fF[PPd]
1133.-
1112
rect
plan
ang
sen
dist.R21
dist�'
1134.-
812
palig
norm
droit
dist
1135.-
Al
sen[Amd].R21
dex[Spb]
1136.-
G12[SEpd
sen+Spd+S(SE)pd
dist
dex]
lI37.-
R21
med
dex[Spd]
1138.-
R21
prox
sen[S(SE)pd]
1139._
R311
dex[Smmd]
1140.-
D325
dist[S(SE)pd]
23f.
fp(23)18
5
td
ftl(lidi)
9
tí'
fd(27)22
9
a:r(43)17
.5
t1
30
13
6
ti
28
15
8
tI
36
19
3
tI
45 11
4
tp
23
14
3
ti
16
19
3
te
19
25
5
tf
20
17
7
te
32 23
9
38
28
14
te
fd(20
25)
7
f(18
8
3)
28
20
6
ti
39
17
12
fm(22)20
S
4
31
12
5
te
68
18
9
tI
fp(26
13
10)
aS
20 10
te
17
29
28 19
1141.-
D325[Spd]
12
237
25 27
12
1142.-
R21
sen[Spd]
36
25
8
1143.-
A2
trav
dist[Apd]
35
41
15
tf
1144.-
D323
sen[Spd].D21
dist
dex[Spg�i(al�d
31
36
15
te
1145.-
A1[Amd
sen+Amd
dist
dex]/E¡1d
prox
de:lt
48
15
6
tp
1146.-
Fl1
med
deX[Ppd]-R21
prox
dex[Spd]
ar(22
27)
7
tf
1147.-
Rll
dist
sen[Slllmd]
39
12
5
te
1148.-
R21
sen[Spd]
ar(30
21)
7
td
1149.-
R21
dex[Spd]
ar(18
12)
2
tf
1150.-
R21
sen[Sfpd]/.PPd
med
dex
ar(40)26
10
tf
1151.-
612
polig
plan
droit
31
25
17
1152.-
P21[Spd
dist
sen+Spd
trav
dist
conv]
br(31)18
6
1153.-
PD25[Apd
prox
sen-Api
dist
sen+Apd
de�
15
8
3
tf
1154.-
Gl1[Spd]
1155.-
Gl1[Spd]
1156.-
Gl1[Spd]
1157.-
G311[Spd]
1158.-
Gl1[Spd]/Spi
ed
S�l
1159.-
Gl1[Spd]
1160.-
Gll[Spd]
1161._
G311[Spd].D21
med
dex[Spi]
1162,_
Gll[Spd]
1163.-
G311[Spd].D21
prox
scn[Spd]
1164.-
Gl1[Spd]
1165._
Gl1[Spd]/.Spd
trav
prox9
3
25
20
3
tl
5
br(20)13
5
5
br(34)14
7
7
5
5
4
5
36
18
10
tf
38
23
9
tl
35
17
7
tp
30
16
S
28
15
8
3
br(23)12
4
7
4
7
37
18
10
22
14
5
41
27 6
23í-l
1166.-
G11[Spd]/Smd
peox
dex
S
4S
17
6
1167.-
D21
prox
sen[Spd]+G12[Spd
sen+Spd+Spd
S
3S
21
7
dist
dex]/SEpd
med
dex-Spd
prox
dex
1188.-
G12[SEpd
dist
sen+Spd+Spd
dist
dex]
4
29
21
5
td
1169.-
D21
med
sen[S(SE)pd]-G12[Amd
di�aen]
3
26
16
4
te
1170.-
G12[Spd+Spd
dex]
6 37
25
10
td
1171.-
G12[Smmd
mcd
sen-Spd
dist
sen+Spd].
7
29 23
9
D21
diBt
dex[Spd]
1172.-
G312[Sma
Ben+Spd]
8
23
14
8
1173.-
G12[Spd+Smmd
dex]/Pevhd
med
sen
S
33
18
8
tf
1174.-
G12[Amd
diBt
sen+spd]
5
36
17
6
te
1175.-
G12[Spd+Spd
dist
dox]-D21
prax
dex
7
34
20
8
tp
[Spd]/Pevhd
med
sen
1176.-
G12[Spd
sen+Spd+Ppd
dex]
.5
52
23
7
te
1177.- D12
prox
sen[Smd].G12[S(P)pd+PPd
med
4
37
16
5
«ex=Smi
med
dex]
1178.-
G12[S(P)pd
sen+Spd].T22
prox
den(A(S)fd]7
(27)18
7
1179.-
G21[Spd)/Smd
sen
1180.-
G321
dej
dex[SpdJ¡S(P)pd
dex
1181.-
G22[Spd]/PPd
med
dex
1182.-
G12[Spd+Smd
dex]
2
br(19)10
3
7
31
14
9
6
32
18
7
te
6
br(24)17
.
6
1183.-
G13[Spd
sen+Spd+S(P)pd
deX+Spd
prox]
5
1184._
B12
rect
plan
droit
prox.Gl1[Spd]!Ppd
10
med
dex-Smd
prax
dex
21
17
6
43
26
11
ti
1185.-
D25[Spd]/Spd
sen.ppd
dist
dex
6
33
21
7
23�
1186.-
P21
dej
dex[Spd
dist
sen
conv+Spd
���
br(22)13
5
1187.-
Gll[Spd]/SEpd
med
sell.SEpd
IIIcd
dex--
8
25
16
8
Smd
prox
deX+Spd
trav
prox
1188.-
D21
med
sen[Spd].R21
dex[Spd]
18
12
6
1189.-
fF[Pcvtb]
fp[
8
15
5)
1190,-
fF[Pcvtd
bilat=Pevhi
sen]
fp(15
16
4)
1191.-
Pl1[Ppd
dex]/.ppd
med
sen-Spd
idst
sen
31 17 5
tf
1192.-
F315[Pcvtd
bila�=revhi
med
seo]
21
13
3
1193.-
Fl5[Pcvhd
acn+Ppd
dist
dex-o-Ppd
prox
de,g
41
14
7
1194.-
F314[Pcvhb
bilat]
fd(20
13)
3
1195.-
Fll[P(S)pd
dex]/.Spd
dist
sen
ar(40)14
4
te
1196.-
F14
dej
sen[ppd
bilat]
26
13
5
tf
fm(32)12
"
1197.-
F314[P
evhd
bilat=Pcvti]
1198.-
F314[Pcvtd=Pcvti
prox-ppi
med
bilat
PPi
dist
sen]
36
14
4
tp
1199.-
F13
dej
sen[Pmd
trav
sen]/Amd
trav
di8»
-dex
11
27 4
te
1200.-
R321
dcx[SEPd]
53
11
7
tp
1201.-
fF(F31S)(Pevhb
bLlat]
fp(32
30
11)
br(45)14
3
1202,-
Fll
sen[Pm(p)d]/.Smd
prox
dex
1203._
P21[Spd
sen
conv.S(P)pd
dist
dex]/Lpd
prox
38
27
9
sen
1204.-
D22
dist
sen[Spd].R21
dex(Spd]/Spd
prox
sen--
Spd
med
sen
71
35
15
tf
1205._
D22
sen[SpdJ/.Pmd
med
dex�Spi
prox
dex
ar(21)13
4
tl
1206._
LD12[Amd
scn.Amd
dex].D21
m&d
sen[Spi]
1207._
Rl1
dex[S(A)mdJ/.Smd
prox
sen
fm(30)13
4
fp(2.4
14)
4
tp
1208.-
LD11
sen[Amd]/.Pmb
prox
dex
1209.-
LD12[Amd
sen.Ammd
dex]
1210.-
D22
med
sen[Sp(m)d].G11[Spd].T21(D21)
4
prox
conc
[Apd]
1211.-
Rl1
w.st
sen[Smd]/.Smi
dist
dex
1212.-
Rl1
dex[Smd]
1213.-
R11
pro
x
dex[Smmd]
1214.-
R23[Spd
trav
dist+Spd
dex]/.ppi
sen
1215.-
D21
med
sen[Spd]-P21
dist[Spd
dist
sen
+Spd
dist
dex]/Smd
prox
sen.Smmd
dex
1216.-
P322
dist[Spd
áldist
sen+Spd
dex]
1217.-
D22
prox
sen[Spd]/.S(A)md
1218.-
Rl1
sen
conc[Smd]
1219.-
Rl1
sen[Smd
prox-Smi
med-Smd
dist]
1220.-
D22[Spd]
1221.-
Al
sen[Amd]/=Pmd
sen
1222.-
D21
med
sen[Spd]
1223.-
R21
sen[Spd]
240
fp
(
1
7
13)
5
te
fm(12
9
2)
27 15
6
51
35
7
tf
35
27
8
te
40
14
9
tp
29
23
8
te
25
14
3
tl
br(44)23
16
fp(15
12)
5
tl
30
21
7
tl
38
12
3
tp
f(28
29
12)
fp(21)22
6
te
f(14
13
5)
fp(24
29
9)te
1224.-
P21
dist[Spd
dist
sen
conV+Spd
dist
dex]
br(25)18
3
conv
1225._
Al
dex[Amd]/.Smd
med
sen
1226._
D22
med
sen[D21Spi-D21Spd]-P21[S(P)pb
dist
sen+Pevhd
dist
dex]/S(P)pb
med
dex
1227._
LD21
sen[Apd]
1228._
D323
sen[Spd]
ar(31)25
3
tf
31
14
6
td
fm(19 8)
4
23
10
7
tl
1229.-
D21
trav
dist
dex[SpdJ/.
Snund
dex
1230.-
D21
prox
sen[Spi]
1231.-
Rl1
med
sen[Smd]
1232.-
Rl1
sen[SndJ/.S(P)md
dist
dex
1233.-
LD12[Ammd
sen.Ammd
dex]
1234.-
Rll
dex[Smmd]/.
Smmi
med
sen
1235.-
Al
dist
conc[Amd]+D21
prox
dex[Spd]
1236.
-
B32
rect
plan
d.cj
1237.-
B31
rect
norm
4roit
1238.-
812
poli�
priSQ
droit
1239.-
B12
polie
pri&�
droit
1240.-
812
polig
priam
droit
1241.-
R11
sen[Smd]
1242.-
fF[Pmd
sen.Pevhd
dex]
1243.-
Fl1
trav
dist[ppdJ/Smddst
sen.Smi
�t
1244.-
R21
dex[Spd]
1245.-
fF[Ppd
bilat
...
Pmi
sen]
1246.-
FI3[PPd
sen
conv]/SIIund
med
dex
1247.-
F314[Pevhd
bilatQPevhi
med-Pcvti
dist]
1248.-
Gll[Spd]
1249.-
Gll[Spd]
1250._
Gl1[Spd]
1251._
Gl1[Spd].D21
med
dex[Spd]
241
f(19)17
6
tf
15
14 4
tl
25
13
4
ar(22)14
3
tf
fp(22
14)
3
tp
27
11
3
tp
14
15
3
tl
41
26
8
25
12
4
27
15
8
26
22
18
28
19
12
fm(29)29
6
fm(18)21
2.
br(14)16
3
32
21
6
td
fp(14
19)
5
te
ar(28}21
3
br(23)15
4
3
32
14
6
4
23
18
5
6
36
20
8
te
5
br(30)t6
'1
1252.-
G11[SpdJ/Smmd
prox
sen.Smmd
dsit
dex
3
1253.-
G11[Spd]
1254.-
G11[Spd]/S(A)pd
med
sen.Apd
med
dex
1255.-
Gl1[Spd]/Spd
med
sen.Ammd
med
dex
1256.-
G12[Spd+Spd
dist
med
dex]-D21
prox
dex
6
[Spd]
1257.-
G12[Spd
med
sen-Ppd
dist
sen+Spd]
242
27
14
3
8
fd(18
.26)
9
4
br(24)17
5
2
br(17)12
3
35
27
7
tl
4
br(18)15
4
1258.- D22
pro
x
sen[Spd].G12[Spd+A(S)md
dex]
4
br(32)19
8
1259.-
D21
med
sen[Spi].G12[S(P)pd
dist
sen+
5
Spd+Smmd
dist
dex-Spd
med
prox
dex]/
Spd
prox
sen
1260.-
G12[Spd+Spd
dex]+G11
prox[Spd]
30
19
8
td
9-10
32
26
11
1261.-
G12[Spd
dist
sen+Spd+Ppddex]
1262.-
G12[Sn(p)d
sen+S(Pjpd]
1263.-
G12[Spd
prox
sen--Spi
dist
sen+sPrld���
6
1264.-
G12[Spd
prox
sen-Apd
med
dist
sen+Spd+
5
Spd
dist
dex-pp(evh)d
med
prox
dex]
1265.-
G21[Pevhd
med
sen.Spd]
1266.-
G21[Spd]
1267.-
G21[Smd
sen+Spd]/.Amd
med
dex
1268.-
G13[Spd
sen
dent+Spd+Spd
deX+Spd
prox]
7
1269.-
G13[Spd
circ]
8
27
21
8
tf
9
29
22
11
35
26
9
te
38
18
6
tp
2
33
27
4
te
32
16
6
tl
26 14
5
28
20
7
4
5
6
30
32
11
1270._
R13[Smd
sen+an(p)d
trav
dsitJ/Ammd
dex
br(18)12
2
1271._
R22
dist[SpdJ/Ppb
bilat
30
23
7
1272._
G12[Spd�Pcvtd]
4
fd(21)18
6
243
P
5'5-5'75
!Uts.
1273.-
D23
pro
x
dex[Spd]/Smmd
trav
dist+Spd
dist
58
25
10
te
.
--dex
1274.-
R21
med
dex[Spd]
fm(30)27
5
1275.-
R2l
dex[Spd]/.Spd
prox
sen
ar(28)20
6
td
1276.-
Rll
pro
x
sen[Smd]
fp(23
25)
3
tl
1277.-
R21
sen[S(SE)pd].R21 dex[S(SE)pd]/Smmd
fd(25)21
9
trav
dist
1278.-
Al[Ami
sen.Amd
prox
dex]
27
24
5
tf
1279.-
R21
dex[Spd]
f(33)18
7
te
1280.-
R13[Smd
trav
dist+Smd
dist
dex]
fd(21)13
5
1281.-
D25[Spd].P21[Spd
bilat
conv]
8
34 24
10
1282.-
R11
med
dex[Smd]
f(25)14
8
1283.-
D21
prox
sen[Spd]/.Smd
prox
sen
fp(18
26
8)tf
1284.-
Rll
sen[Smd]
•
f(17
9)
7
1285.-
R21
dex[Spd]
fm(22
26
11)
1286.-
R22
dist[S(P)pb]
30
30
11
tl
1287.- R11
pro
x
dex[Smmd]
ar(21
18)
3
te
1288.-
E1[Epb]
31
25
7
te
1289.-
B31
rect
plan(norm)droit
34
28
17
1290.-
Gl1[Spd].P21[Spd
bilat
conv]
1291.-
D25
dej
sen[Spd]
5
37
18
6
4
fd(12)24
5
1292.-
G21[Spd]
5br(21)125
1293.-
G21[Spd
sen
dent+Spd+Spd
dex]
3
br(
18)
16
3
1294.-
G21[Amd
sen+Spd].D23
med
pro
x
dex[Spi]
2
24
14
4
te
1295.-
G21[Spd]+D21
med
dex[Spi]
1296.-
G12[Spd+Spd
dist
dex]
1297.-
G12[PPd
med
dist
sen+Spd+Amd
dist
dex]
3
1298.-
G312[Spd+Smd
dex]
1299.-
R21
dex[Spd]
1300.-
B32
rect
plan dej
ang
prox
sen.GI2[Spd
4
+Spd
dist
dex]-D21
dst
dex[Spd]/Spd
med
dex.·Smd
trav
prox
1301.-
G22
dej
ang
sen
dist[Spd]
1302.-
GI2[Spd+Smi
dex]
1303.-
GI2[Smd
sen+Smd!/.Ppd
dist
dex
1304.-
G12[Spd+D23
dex
Spd]
1305.-
GI2[Smd
sen+Spd].
Gil
prox[Spd]
1306.-
GI2[Spd+Sm(p)d
dex]/.Smd
prox
sen
1307.-
GI2[Spd
sen+Spd+Smd
dist
med
dex]
4-6
4
5
37
27
7
3
br(25)19
5
31
25
6
tp
9
br(32)25
13
fp(28
18)
8
28
17
7
5
fd(27)32
6
3
24
17
4
1
br(24)15
5
5
34
23
10
te
31
24
7
5
33
17
6
tp
32 23
6
te
1308.-
G12[Spd
sen+Spd+Spd
dex]
7
fd(23)18
7
1309.-
G12[Spd
sen+Spd+Smd dex]
7
26
16
7
tf
1310.-
D21
prox
sen[Spd].Gl1[Spd]
8
27
15
8
1311.-
D22
med
sen[Spd].D21
med
dex[Spd]
fm(21)16
4
1312.-
R22 dist[Spd]
f(28
20
10)
1313.-
B32
rect
plan
dej
ang
dist
sen/Spd
trav
26
25
5
tf
dist.Smi
med
dex
1314.-
LD22[Apd
dist
sen.Apd
dex]/Smd
med
sen
fm(25)
9
3
1315.-
fF(F315)[P(SE)p(evh)b
bilat]
fp(43
46
15)
1316.-
fF[Pevhd]
24�
f«19
11
4)
1317.-
fF(F311)[P(SE)pb
prox
dex]/.Smd
prox
sen
fp(15
17
5)td
1318.-
F11
prox
med
dex[Pm(p)d]
1319.-
F313[Pevhb
dex
conv]
1320.-
F311
dex[Pevhb
dex
conv]
1321.-
G12[Spd+PPd
bilat]
1322.-
F11
sen[Ppd].B32
polig
norm
dei
ang
pro
X
CleX
F21[F14
dist
Pevhd.F12
prox
P(S)pd]
1324.-
F315[PcvtbJ
1325.-
G21[Pm(p)d
sit
sen+Spd
ojiv]
1326.-
G12[Spd
sen+Spd+S(SE)pd
dex]
1327.-
R11
prox
dex[S(A)md]
L
5'5-5'75
mt.s
,
1328.-
Rl1
prox
sen[Smmd]
1329.-
R11
pro
x
sen
div[S(P)mmd]
1330.-
R11
sen[Smmd]
1331.-
R11
dist
dex[Smd]/--Smd
med
dex
cvx
1332.-
R11
prox
dex[Smd]/.Ammd
med
dex
1333.-
R21
prox
sen[Spd].D22
med
dex[Spd]
1334.-
R21
sen[Spd]
1335.-
R12
dist[Smd]
1336.-
R11
sen[Smd]
13�7.-
D21
pro
x
sen[Spi]-Rl1
med
sen[Sm(p)d]
1338.-
R21
dex[Spd]
ar(32)29
5
tf
fd(31
32)
8
28
18
5
te
5
br(2i)17
5
br(37
25)
7
32
20
8
ar(25)16
4
4
39
30
7
10
35
25
10
te
24
26
6
tf
ar(25)19
6
tf
fp(18
21)
3
te
br(24)12
7
f(20
12)
4
ar(32)22
3
tp
ar(23)21
6
fp(19
24)
7
te
19
29
6
tp
fp(19
29)
4
tl
ar(18)15
3
fp(34
28
9)tf
1339.-
R21
prox
med
sen
conc[Spd]
1340.-
R22(gll)trav
dist[Spd]
1341.-
Al
med
dex[Amd]-D21
peox
dex[Spd]
1342.-
D23
med
sen[Spd]
1343.-
R12
trav
dist[Smmd].D21
trav
pDOX[Sp�
1344.-
D22
med
dex[Spd]
24(1
34
27
6
tf
fd(22
29)
5
ar(35)20
5
21
15
6
te
f(32
22)
6
f(28
13)
6
1345.-
B31
rect
plan
droit
prox-D21
med
ser(Spd]
31
27
7
1346.-
R22
dist
cvx[Spd]+D23
dex[Spd]
f(19)15
5
1347.-
D21
pro
x
sen[Spii]-R21
prox
senSpd]-F11
f(23
19)
9
med
sen[ppd]
1348.-
D22
med
sen[Spd].D21
dist
dex[Spd]
1349.-
B32
sigm
plan
dej
ang
dist
sen
1350.-
Al
med
sen[Amd]
21
15
4
21
18
5
23
24
5
tl
1351.-
D24
dej
sen[Spd
dent
sen+Spd
trav
dist]
ar(18
22)
5
tp
.R21
med
dex[Spd]-D22
pro
x
dex[Spd]
1352.-
Al
med
sen[Am(p)i]
1353.-
E1[Epb
prox
dex]
1354.-
R21
dist
med
dex[Spd
dist-Spi
mdd]
Bl1
rect
norm
droit
prox
1355.-
F11
dex
[ppb]
1356.-
F12
trav
dist[ppd]
1357.-
Fl1
sen
cvx[pp(evh)i]
1358.-
Fll
dex[Pmd]
1359.-
fF(FI4)[Pcvtd]
fm(19)17 4
f(19
19)
7
28 14
6
fp(19)22
4
tl
19
24
6
tp
H
2�
8
tp
fp(14)15
3
f(11
7
3)
1360.-
F11
sen[Ppi]
1361.-
F11
dex[ppi]
1362.-
F14[Pevhd
bi1at
conv]
1363.-
F13[ppd
sen
conv]+PD22[Apd
dist
dex]
D21
med
dex[Sp{m)d]/-Ammd
med
prox
dex
247
fp{15
22)
6
t1
29 18
6
te
ar(21)17
4
t1
br(25)ll
5
1364.-
Bel
dist
dex[T12
Ami
trav
dist+Al
Ami
dex]
25
16
4
CO
515-5175
mts.
1365.- R22
dist[S{P)pd=Pm�p)i
trav
dist
sen].
D23
prox
dex[Spd]
1366.-
�21
sen[Spd]/.A{S)md
dist
dex
41
35
7
29
15
5
tl
1367.-
Al
dist
sen
conv[Amd]+Rl1
dist
dex
conv
br{29
28)
4
[SmdJ/-Am{p}dmed
dex
1368.-
G11
dsit[SpdJ.Gl1
prox[SpdJ
4-6
1369.-
G311[Spd].D21
prox
dex[SpdJ
10
1370.-
G11[Spd].D21
ppox
dex[SpdJ
1371.-
G12[Spd
bi1at+Spd]
1372.-
G12[Pmd
sen+Spd].D22
prox
dex[Spd]
1373.-
Gl2[S{P)pd+Pevhd
dex]
1374.-
D22
dist
sen[Spi]+G12[Spd+Spd dex]
1375.-
G21[Spd]/.Amd
sen
1376.-
G21[Spd]
25
18
6
43
31
17
tp
5
37
20
6
5
31
19
6
tp
5
25
15
5
tp
5
24 14
5
tl
6
fd{18
17)
6
3
26
15
4
3
24
11
3
1377.-
LD22[APd
med
sen.APd
prox
dex]/Smd
med
ar(29)12
3
11
dex
1378.-
T21
dist
parcia1[APd]
35
15
7
t1
24S
EE
5'
25-5'
5
mts.
1379.-
Rll
med
dex[Smd]
ar(31)21
6
tI
1380.-
Rll
dex[Smd]
36
18
8
tf
1381.-
R311
prox
med
sen[Smd]
47
20
20
tp
1382.-
D23
sen[Spd]
br(44)27
10
1383.-
B12
polig
plan
dej
dex
42
31
17
1384.-
B32
sigm
plan
dej
sen.D21
prox
dex[Spd]
20
28
10
tl
1385.-
LDll
dex[Amd]
fp(15)
6
3
tp
1386.-
LD22[Apd
med
sen.Apd
dex]
ar(28)
9 4
tI
1387.-
fF{Fll)[P{S)pd]
f(23
10)
4
1388.-
Gil
dej
sen[Spd]
9
41
43
11
tI
1389.-
Gl1[Spd]
7
31
20
9
tp
1390.-
Gl1[Spd]/.Smmd
med
sen
6
33
22
7
tp
1391.-
Gll[Spd]
6
31
19
6
te
1392.-
Gl1[SpdJ
3
br(19)16
5
1393.-
Gil
[Spd]
4
br(17)10
5
1394.-
Gll[Spd]
5
fd(10
16
5)
1395.-
G312[Spd+SEpd
dex]
7
38
12
9
tp
1396.-
G312[Spd+Smd
dex]
9
br(30)20
10
1397.-
G12[Smd
med
dist
sen+SpdJ
5
30
18
6
tI
1398.-
A2
dex[ApdJ+T21
prox[Ap(m)d]/.Spd
sen
23 18
6
1399.-
G21[Spd]/-Smd
dex
5
27
23
6
tI
1400.-
G12[Spd
dist
sen+Spd].G12[Spd
deX+Sp�
6-7
33
18
7
249
1401.-
G12[Smi
med
sen-Smd
dist
sen+Spd].Gl1
5-5
27 18
6
prox
[Spd]
1402.-
D21
med
sen[Spd]-Smd
dist
sen+G11[Sp�
5
29
24
71p
EO
5'25-5'75
mts.
1403.-
R11
med
sen[Smd]
1404.-
R11
sen[Smd].R11
med
pro
x
dex[Smd]
1405.-
R21
dex
cvx[Spd]
1406.-
Gl1[Spd]
1407.
-
G12
[Smd
sen+Spd]+D11
dist
dex[
Smd]
1408.-
G12[Spd
sen+Spd+SEpd
dex]
br(36)12
4
66
20
7
tp
34
31
11
tl
42
24
9
te
7
3
31
17 4
td
6
br(24)19
9
1409.-
Al
pro
x
med
sen[Ammd]
ar(27)10
2
tl
1410.-
PD12[Amd
med
sen.Amd
..
dist
dex
conv]
br(16)
8
2
1411.-
B12
rect
plan
dej
sen.D23 med
dex[Spd]
39
27
9
tl
p
5'25-5'5
ntE.
1412.-
R21
dex[Spd]/.Spi
prox
sen
1413.-
R21
dex[Spd]
1414.-
R22
dist[Spi]
1415.-
Rl1
dex[S(A)md]
1416.-
D21
med
dex[Spd]/.Spd
mdd
dex
1417.-
R21
dist
sen[Spd]
1418.-
R21
sen[Spd]
1419.-
D23
dex[Spd]
1420._
D21
med
dex[Spd]/.Smmd
trav
dist
64
30
12
tl
br(42)29
14
26
38
6
tp
37 37
6
te
ar(27)27
6
tl
37
35
6
tl
fp(17)23
6
td
br(26)21
4
ar(26)31
13
tl
250
1421.-
P11
dsit[Smmd
bilat
conv]
1422.-
P21
dist
dej
dex[Spd
b�t
conv]
35
17
6
td
27
17
4
tI
1423.-
R21
dex[S(P}pd]
ar(28)23
4
te
1424.-
D24[Spd
sen+Spd
dist
med
dex].B12
piig
br(48)32
11
prism
dej
ang
porx
dex
1425.-
B432
polig
prism
droit
dist+R321
dex[S�aj
25
14
12
te
1426.-
El[Ecvtb]
f(27
29
4)
1427.-
Al
dex[Am{p)dJ
f{32
20)
4
1428.-
Al
sen[AmmB]
1429.-
LDll[Amd sen]/.Pma
dex
1430.�
LD21[Api
prox
sen]/.Spi
pro
x
dex
26
27
3
td
fp(17)12
2
te
ar(19)12
3
tf
18
28
6
td
1431.-
T21
trav
dist[A(S)pd]/Smd
sen
1432.-
Be1
dist
sen[Api
dist
sen+T23
trav
dist]/.
18
16
5
te
Spd
dex
1433.-
G11[Sp(m)d]
2
br(17
)18
3
1434.-
G11[Spd]
5
24
21
7
te
1435.-
G11[Spd]
6
31
22
6
tI
1436.-
G11[Spd]/.Smmd
med
sen
3
br(30)20
6
1437.-
Gl1[Spd]
3
20
19
5
1438.-
G311[Spd]/.Spd
rued
sen
12
41
32
17
te
1439.-
G12[Smd
sen+Spd]
4
br(23)22
6
1440.-
G12[Spd
dist
sen+Spd+Smmd
dex]
5
21
25
5
tI
1441.-
G12[Spd+Spd
dex]
6
32
26
7
td
1442.
-
G21
[Spd]
6
br(2S)16
6
1443.-
G21[SpdJ/.Amd
dist
dex
2
23
19
4
1;1
251
1444.-
G13[S(P)pd
circ]
5 31
24
5
1445.-
G12[ppd
sen+Sp(m)d+Amd
dist
dex].B12
3
br(24)25
6
polig
plan
dej
ang
prox
dex
1446.-
B32
rect
plan dej
ang
sen
prox.D25[Sp�
7
/.Pevhi
med
dex
45
36
13
1447.-
fF[Pp(evh)b
bilat]
f(19
25
10)
1448.-
fF[P(S)md]
f(19
9)
3
1449.-
fF[PPd]
f(20
7
4)
1450.-
F311
dex[PPb]/.S(P)md
med
dex
16 19
5
tI
1451.-
Fl1
med
dist
sen[Pmd]
fm(24)20
2
1452.-
G12[S(P)p(m)d+Ammd
dex]
1
br(22
22)
3
1453.-
F315[Pevhb
bilat].B31
rect
norm
drcit
dist
32
25
6
1454.-
fF[Pcvtb]
fm(29
30)
9
1455.-
F314[Pcvtb]
ar(36)15
3
5'
25-515
1456.-
G12[Spd+PPd
sex].Bll
rect
plan
droit
6
34
18
8
pro
x
1457.-
Gll[Spd]/.Smmd
med
dex
�
br(27
)15
5
'"
1458.-
G21[Spd]
5
br(38)18
6
1459.-
R21
sen[Spd]/.Spd
prox
dex
39
30
9
tI
1460.-
D13
med
dist
sen[Smd]/.Pmd
trav
dist
59
38
16
lt
dex-l-Amd
dist
dex
1461.-
F315[Pevhb
bilat]
41
34
8
1462.�
F314[Pcvtb
dent]
br(43)13
3
1473.-
G12[Spd
med
dist
sen
dent+Spd]/.
Smd
p:r:df
8
aex
39
27
15
252
L
S'
25-5'
5
mts.
1463.-
D21
dist
dex[Spd]/.Spd
med
sen
44
88
7
tp
1464.-
R11
pro
x
med
sen[Smd]
ar(33)19
5
1465.-
Rl1
dex[S(P)md]/=Pmi
med
dex
f(26
12
6)
1466.-
R11
prox
sen[Smd]
fp(29
20)
7
te
1467.-
R21
med
sen[Sp(m)d]
f(34
25
13)
1468.-
R13[Smi
trav
dist
deX+Smi
dist
dex]
44
58
7
tp
1469.-
R21
poox
dex[Spd]/.Pevhd
trav
prox
fp(32
36)
7
te
1470.-
R21
dex[S(E)pb]/.Epb
sen
ar(36 34
15)td
1471.-
Rl1
sen[Smd]/.Spd
med
dex
37
32
11
td
1472.-
G12[Spd+Spd
dex]
4
br(19)20
4
1474.-
A2
sen[.s(S)pd]
ar(25)23
6
1476.-
Al[Ami
med
sen-Amd
dist
sen.Ammi
med
de�
39
27
15
147!.-
Al
sen[Amd]
fm(28)25
4
1477.-
Al
sen[.8md]
fp(20)16
3
tp
1478.-
D21
prox
sen[S(A)pd]/-Amd
sen
ar(24)21
5
1479.-
LD12[Ami
sen.Amd
dist
dex]
fm(18)13
4
1480.-
P22(Bc2)[Spd
dist
sen+Spd
trav
dist
ser!)
36
33
9
te
1481._
R12(Tll)[S(A)md
trav
dist
sen]
19
25
6
tI
1482.-
fF(Fll)[PPd]/.Amd
prox
dex
f(29
21)
5
1483.-
fF[l(sl�d]
f(14
10
2)
1484.-
fF(Fll)[PPd]
f(22
17
7)
J
CO
5'25-515
mts.
1485.-
R21
med
dex[Spd]
f(30
22)13
1486.-
R22
trav
dist
dex[SpdJ
1
87.-
Rl1
dex[
d]/.Smd
med--Smd
dsit8
1488.-
Rl1
med
sen[Smd]
1489.-
a21
dex[S(SE)pd]
1490.-
D24)S(P)pb
sen
conv
dent+Spd
dist
dex
dentJ.B12
rect
plan
dej
dcx
1491.-
D22
mcd
dex[Spd]
1492.-
Bc2[Apd
sen+Apd
dist
sex]+D22
dex[S�
1493.- Rll(LDll)
scn[S(A)md]
1494.-
Al
dcx[Ammd]
1495.-
Rl1
dex[SmdJ
1496.-
T21[A(S)pd
trav
dist]/.Smmd
med
sen
253
30
28
10
tI
81'(29)13
4
td
81'(38)25
7
ti'
41
2S
10
fd(28)43 10
br(39)29 10
fd(14
11)
3
ar(26)14
4
32
10
S
21
26
S
te
25
15
6
'tI
1497.-
R21
prox
scn[S{P)pd].D25[Spd]/+Smd
dist
8
51 27
10
-dex
1498.-
21(Fll)
dex[S(P)pd]/.Amd
prox
sen
ar(31)30
S
te
1499.-
GZ1[S¡,(m)d]
1500.-
G12[Spd+Apd
dex
conc]
1501.-
G12[Spd+Spd
dist
dcx]
1502.-
Gl1[Spd]
1503.-
G12[Spd+S(P)pd
dcx]/.Smd
med
sen
1504.-
G12[Spd
sen+Spd+ppd dex]
1505.-
G12[PPd
dist
sen+S(P)pd+P(SE)pd
dex]
1506.-
B12
polig
plan
dej
&cn.D323
dex[Spd]
2
fd(14
19)
3
8
32
24
8
tí
8
fd(Z4
40
14)
6
br(20)23
8
8
39
30
10
tí
4
21
11
4
tE
5
br(22)12
7
33
25
23
37
26
4
tp
1507.-
Fll
dex[Pmd]
1508.-
Fll(F22)
dex[ppd]/+Spd
trav
prox
dex
cono
30
13
4
..
1509.-
F15[Pcvtd]
1510._
G12
dej
de.x[Pevhd
trav
dist+'spd
ang
br(22)14
3
6
f{27
38)1.0
te
dele
di.at+ppb
dex]
Piozas
Mu�o
de
Valenoia
L
6-6'25
1J.'t19.
1511.-
F14[PP(evh)d
sen
conv.Pevb(p)d
dex
conv]=Smi
prox
dex
25�
45
15
5
1512.-
P21[Spd
sen
conv+Spd
dist
dex]/-Pmd
med
br(43)12
4
pro
x
dex
1513.-
P21[Smd
prox
ssn-5pd
med
dist
sen
conv+
Spd
dist
dex
conv-Stnd
med
dex]
1514.-
F314[Pcvtd
med
dist
bilat-Pevhd
mcd
prox
dox�Ppi
tr�
prox--Pcvti
dist
biIat)/Spd
prox
sen
1515.-
F314[Pcvtb]
1516.-
F14[Pcvhd
bilat]
1517.-
F314[Pcvtb)
CE
6-6
I
25
t:Its.
1518.- T21
dist[Apd].Rl1
med
pro�
dex[smd]
CO
6-6'
25
mte.
1519.-
P21[Spd
conv
bilat]
P
6-61
25
mts.
1520.-
Rl1
bilat[Smd
dist
sen.Smi
prox
dex]
Rinc
n
HE
5'75-6
ms.
1521._
F314[Pcvtb]
P
S'
5-5'75
mts.
1522._
832
po118
pIllen
dej
8ft€{
prox
sen.G12
36
14
S
te
31
13
5
ar(45)18
.;
3S
11
5
br(26)15
.3
93
21
7
tp
57
13
6
82
25
7
br(41)15
4
7
36
26
9
[Spd+Spd
dist
dex].B32
rect
plan
dej
ang
prox
dex
CO
515-5175
mts.
1523.-
PD12[Smd
dist
sen
conv+Smd
dist
dex
conv
--Smd
med
pro
x
dex]
Rinc6n
NE
515-5175
mts.
1524.-
F314[Pcvtb]
CO
5125-515
mts.
1525.-
F14[Pevhd
sen
conV+Pevhd
dist
med
de�
convJ
1526.-
G12[Spd+Spd
dist
dex-Smd
med
dex
con�
4
.T21
prox[Apd
conc]
1527.-
B32
rect
plan
dej
ang
prox
sen.G11[Sp�
5
.D21
dist
dex[Spd]
1528.-
F15[Pcvtd
prox
med]/-Spd
dist
sen
conv
+Spd
dist
dex
conv
L
5125-6125
mts.
1529.-
F314
dent
bilat[Pcvtb]
1530.-
F314[Pevhb
bilatJ
1531.-
F314[PcvtbJ
25S
36
9 3
ar(33)11
3
43
13
4
45
34
5
31
25
11
18
12
7
37
14
4
72
35
8
ar(49)15
5
Terminan
aqu
las
piezas
del
Museo
de
Valencia.
Piezas
del
Museo
de
Gandía
P
5175-6
mts.
178.-
PD32[Apd
sen.Apd
pro
x
dex
esc]
179.-
LD31[Apd
prox
dex
escJ/.Smd
pro
x
sen-
Smd
dist
sen
40
11
4
45
12
4
25f.
183.-
G12[Spd
sen+Spd]/.Smd
med
dex
4671.-
F14[Pevtd]
5
43
16
6
49
15
5
CE
5'
75-6
mts.
1533.-
F21[F15
pcvtd+F12
Ppd
trav
prox]/.Smi
prox
34
17
3
sen
1537.-
F314[Ppd
pro
x
med
bilab-Pevh
dist
bilat
=ppi
prox
med
sen-Pevhi
dist
bnat]
52
24
11
1540.-
PD25[Amd
pro
x
med
sen-Apd
dist
sen
conv
+Apd
dex]
44
14
3
CO
515-5'75
mts.
1532.-
F22[PPd
dist
sen
eonV+Pevhd
dist
dex
cowbr(30)13
5
-ppd
med
dex_Apd
pro
x
dex
ese]
1536.-
Gl1[Spd]
6
32
20
8
p
5'
5-5175
1535.-
F314
dent
med
bilat[Pcvtbª
49
18 5
1541.-
F15[Pevhd
bilat]
ar(40)16
5
tp
CE
5'5-5175
mts.
1542.-
F314[Pevhb
bilat]
51
26
9
CO
5125-515
1543.-
F314[Pevtb]
1544.-
F314[Pevtb]
br(44)14
4
32
16
5
tp
5125-6125
mts.
1538.-
G12[Spd
sen
div+Spd+Spd
dex
div]
8
39
31
8
tf
1539.-
LD22[Apd
prox
sen.Apd
prox
dex] 56
14
5
tp
257
1534.-
PS14
41.et[Pcvtc1aPc'V'ti
D
bilat-Pevhi
34
14
4
mad
lIen].F314
prox(Pcvtd
...
Pcvti
prox
bila�
Tel'lQinaQ
aqa!
la.
piezas
del
)híIeO
de
Gandl.a
1545.-
E1(Eevhd]
1546.-
E1[Ecvti]/S(P)md
pl'OX
sen
1547.-
k321(SBpd]
1548.-
R.%1
sen
cvx(S(P)pd]
1549.-
kl1
med
prox
dex
di.[Sm(p)d]
1550.-
R22
t
..
.w
c1ist(Spd]
1551.-
k21
�d
sen[S(P)pd]
1552.-
K21
b1lat[S(P)pd
aen.S(P)pd
dex]
1553.-
R21
Sén[Spd]/.Smmd
med
dex
1554.-
kit
bllat(Sp(m)d
sen.Spd
dex]+T21
prox
[Apb]
1555.-
kl1
dex[SmdJ
1556.-
R.%l
dex[Spd,]
1557.-
lU1
med
pro1lt
dex(S(P)III(p)d]
1558.-
Kll
dex[SIIId]
1559.-
k21
Oled
diat
aen
CTX
conv(SpdJ
1560._
lUl
aen[Spd
pros
med
conc-Spi
41st)
1561
....
Kl1
bilat[S(A)iIIi
sen.
SiIl(p)d
dex]
29
15
5
29
24 5
39
19
11
f(31
20
8)
38
29
8
ti
28
39
9
ti
br(29)31
4
fm(30)15
3
fID(26)20
6
41
14
S
fIIl(18
14)
4
30
18
8
60
18
1
ti
44
39
5
38
22
8
33
19
9
a.r(24)13
4
1562.-
k21
sen[Spd]/.Smd
m
ed
dex)
1563.-
R21
prox
sen[Spd]
1564.-
&21
med
dex
conv[Spd]
1565.-
&11
dex[Smd]
1566.-
&21
sen(SpB]
1567.-
kll
sen[Smmd]
1568.-
kl1
bilat[Sm(p)d
sen
div.Smd
dex
div]
1569.-
Rl1
prox
med
sen[Smd
prox
cvx-Smi
med]
1570.-
R21
dex[Sp(m)d]
1571.-
Rl1
bilat[Smd
aen.Sm(p)d
dex]
1572.-
&11
bilat[&d .en.Smd
dex]
1573.-
Rl1
.en[Smmd
prox-Smmi
med
diat
sin]
1574.-
D21
med
dex[SpdJ
1575.-
D21
p_x
dex[Spd]
1576.-
D21
med
sen[Spi]-P21[Spd
dist
sen
eonv
.S(P)pd
.ed
dex]/.5md
prox
sen
25R
50
18
6
al'(38)18
5
37
31
4
81'(22)15
4
tI
81'(49)22
8
t1
fm(22
17)
5
ar(27
13)
4
tp
26
18
4
57
19
7
t1
ar(18
11)
3
tI
fm(19)10
4
SO
24
4
31
16
1
23
15
4
br(29)12
4
1517.-
Dl1
dist
dex[S(P)ad]
br131)18
7
1578.-
Al
med
aen[Amd]
ar(41)19
5
tf
1579
...
Al
bUat[Amd
prox
sen.Ard
med
prox
deJ9.
38
15
4
Tll
Prox[Amd]
lS80.-
Fl1
med
dex(Pevhd]
ar(29)15
6
t1
1581.-
Pl1
dex(PPd)
81'(23)13
6
1,582.-
Fll
sen(PPiJ/.Smmd
dex
fp(t2
14 3)
25�
1583.-
Fl!
sen[pp(evh}d]
f
27(
1)
S)
1584.-
pu.
aen[Pevhd].D21
lIled
dex[Spd]/.fhddex
flll(22)15
5
1585.-
P21
dist(SPd
dist
sen
co.nv+8iDd
cU.st
dex
34
10
3
conv-S(P)pd
lIled
prox
dex
cvx]/.Smd
prox
sen
1586.-
832
reet
plan
dist/.Spd
lIled
sen
1587.-
B31
sigm
norm
dist
1588.-
B12
polig
plan
41st
sen
1589.-
831
rect
Dora
droit
dist/.fhd
med
dex
1590.-
812
rect
plan
droit
prox/...spi
dex
1591.-
831
�t
plan
droit
dist
1592.-
B32
rect
plan
dej
ang
dist
dex
1593.-
0431
pollg
Dorlll
dl"oit
41st/-SaId
sen
1594.-
832
rect
plan
dPoit
dist
1595.-
G!2[Smd
41st
sen+SPd]
1596.-
G12[Spd
med
diat
8en+Spd+Spd
dex]
39
24
11
tp
19
12
6
31
36
15
tf
37
18
6
tp
al'(30)14
4
30
22
1
tp
42
25
10
tI
29
16
3
35
13
4
tI
6
llr(39)23
8
6
40
24
'J
ti
1591.-
G12
41st[Spd
med
diat
sen+Spd+Spd
dexJ8-S
37
20
1)
.G12
prox[Spd
deX't-Spd
Pl'Ox]
1598.-
Gl1[Spd]
1599.-
G12[Spd
aeo+Spd]
1600._
G12[Smd
seu+Spd]
1601.-
G312[aad
dist
aen+Spd+Spd
dex]
1602._
G12[5(A)lIld
sen
eoav+Spd+Smd
dex]
1603.-
G12
dej
dex[Spd
sen
cvx+Spd+Spd
dex]
3
1604.-
GI2[Spd+Smd
diat
.ed
dex-Spd
prox
dex]
5
6
bl'(24)18
7
4
42
26
liI
tI
4
bl'(31)18
S
7
48 23
13
6
b&,(30
22)
6
29
29
4
tI
39
23
7
tp
260
8
45
19
17
tl
4
29
15
5
5
br(24)14
7
8
br(25)20
9
3
35
17
S
tl
5
35
33
8
tl
5
33
28
6
ti
5
28
14
6
4
30
16
4
ti'
13
22
22
13
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S
br(33
22)
8
7
34
16
7
ti
5
38
18
7
tl
6 25
14
6
9-7
29 16
9
4
25
20
S
5
28
20
7
1605.-
G311[Spd]
1606.-
Gl1[Spd]
1607.-
G311[Spd]
1608.-
Gll[Spd(dent)]
1609.-
Gl1[Spd]
1610.-
GI2[Spd aen+Spd.+Spd
dist
Jlled
dex]
1611.-
G12(Spd+Spd.
dex
div]
1612.-
Gl1(Spd]
1613.-
G12[5pd+Spd
dex]
1614.-
G311[Spd].Bl(Epi
trav
prox)
1615.-
G12(Spd
sen+Spd.+Smd
dex]
1616.-
Gl1[Spd]
1617.-
G12[smd
dist
sen+Spd]
1618.-
G12[Spd
sen+Spd+Smd
dex]
1619.-
G311
dist[Spd].G311
prox[Spd]
1620.-
Gl1[Spd]
1621.-
Gll[Spd]
1622.-
Gl1[SpdJ.B12
reet
plan
dej
ang
dex
pral:
5
br(30)24
8
1623._
G12[Spd
sen+Spd+Spd
dex]
3
br(26)16
5
1624.-
G12[Smd
sen+Spd+Smmi
dex]
9
br(27)21
9
1625.-
Gl1[Spd]
7
36
26
8
tp
1626._
G12[Sad
-.n+Spd+Smd
dex]
S
28
13
5
1627.-
GI2[Spd
sen+Spd]/.Smd
med
prox
dex
6
35
20
8
tp
1628._
Gll[Spd]
6
33
22
6
te
1629.-
Gll[Spd]
1630.-
Gl1[Spd]
1631.-
GI2(SIII(p)d
sen+Spd+ppd
dex]
1632.-
G12[Spd+Smd
dex].T21[Apd
trav
prox
con�
8
1633.-
Gll[Spd]
1634.-
Gl.2[Spd+EPd
dex]
1635.-
GI2[9D(p)d
sen+Spd]
1636.-
G12[Smd
sen+Spd+SIIId
dex].T21[Apd
trav]
prox
1637.-
GI2[P(S)pd
8en+Spd+Pevhd
dex]
1638.-
G12[smd
aen+Spd]
1639.-
Gll[Spd]
1640.-
G12[Spd
sen+Spd]
1641.-
Gl1[Spd]
1642.-
Gl1[Spd]
1643.-
Gl1[Spd]
1644.-
Gl1[Spd]
1645.-
G12[Spd+SIIId
diat
lIMld
dex]
1646.-
G12[Spd+Slllnd
d1.at
_d
dex]
1647.-
Gl1[Spd]/.Smd
prox
&en
1648.-
G12[Spd
aen+Spdi-Spd
dex).T21[Apd
trav
PI'OX
Clon.]
1649.-
Gll[Spd]
1650.-
Gl1(Spd]/.s.d
p.I'OX
dex
1651.�
Gll[Spd]
1652._
Gl1[Spd)
261
3
br(23)14
5
6
31
19
7
ti'
6
28 16 6
30
20
8
5
br(26)17
6
4
25
18
6
5
br(28)20
5
4
31
19
5
7
29
21
7
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4
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20)
5
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20)
8
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25)
6
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6
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7
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25
16
6
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16
7
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22
S
5
28
19
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ti
8
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8
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4
5
br(27)18
5
1653.-
Gll(Spd]
1654.-
G311(Spd]
1655.-
G12[Spd
aen+Spd]
1656.-
Gll(Spd]
1657.-
G12(Smd
soft+Spd+Spd
dex]
1658.-
G12(Spd
sen+Spd]
1659.-
Gl1[Spd]
1660.-
G12(Smd
41st
sen+Spd]
1661.-
Gl1[S¡td]
1662.-
Gl.2(Smd
sen+Spd+Spd
d.ex]
1663.-
Gl2[S(P)pd
seD
di�Sp4]
1664.-
Gl1[Spd]
166S.-
G12
dist(SEpd
sen+Spd+Spd
d.ex].G12
prox[Spd
dex+Spd+5Epd
sen]
1666.-
G311[SpdJ
1661.-
Gll[SpdJ
1668.-
Gl1[Spd]
1669.-
G12(spd+Smd
dex]
1670.-
Gl1(Spd]
1671.-
Gl1[Spd]
1612.-
Gl1[SpdJ
1673.-
G12[Spd
41at
sen+Spd]
1674.-
Gl1[Spd].T21[Apd
trav
prox
eonc]/.SnuI1
_ud
dex
167S._
G12(SpdllllÚ
diat.
des]
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4
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3
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16
4
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16
9)
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8
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9
4
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14
4.
tí
31
20
'/
1676.-
G12[SDel
aen+Spd]/.Smd
lIIed
dex
1671.-
G11(Spd,J
1678.-
G11(Spd)
1679.-
Gl1(Spcl]
1680.-
G3111Spd]
1681.-
GI2(Smd
sen+Spd]
1682.-
Gl1(Spd]
1683.-
Gll[Spd].T21(Apd
trav
prox]
263
.5
br(2S
15)
1
4
32
15
4
S
26
18
S
tl
4
bl'(24)16
4
8
29 15
8
S
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