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La fase media del Paleolítico superior en el Levante español

Fullola Pericot, Josep M., (Josep Maria), 1953-

Abstract

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La fase media del Paleolítico su perior en el Levante español Josep Mª Fullola i Pericot Aquesta tesi doctoral est à subjecta a la llicència Reconeixement 4.0. Esp anya de Creative Commons . Esta tesis doctoral está sujeta a la licencia Reconocimiento 4.0. España de Creative Commons . This doctoral thesi s is licensed under the Creative Comm ons Attribut ion 4.0. Spain License . • • "LA FASE MEDIA DEL PALEOLITICO SUPERIOR EN EL LEVANTE ESPAÑOL" Tesis Doctoral presentada por Josep Mª Fullola Pericot Dirigida por el Dr.D.Joan Haluquer de Motes ,1M K,1-D<¿.Or� ( ____ B'BI'[I]íIII� I�II� Ijl¡¡]lllij��! lil! 11��lrllr� 0700398141 � BARCELONA 1978 [: . \", , I -:: Vi 2 Per Merche 3 !NDICE Indice ••••••••• ., •••••• _ •••••••• e , ., • •• 3- S Introducción ., " ••• ., ••••••••••••••••••••• ' •••••....... 6-15 Estado general de la cuestitSn ••••••••••••••••••••••••••••• 16-48 Metodología ••••••••••••••••••••• " ••.................... 'I!' ••• 49-17 YacLmientos •••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••• 7B-84 Zona catal.ana '.. •• • • •• 85-163 Problem't,ica eeneral " ••••••••••• " •••••• .,· •••• 8S-88 � Rae.latl Vivet1." 89-135 E� Cau de les Go�e� •••••••••••••••••••••••• ' ••••• e. 136-155 Otros hallazgos en la zona catalan ••••••••••••••• 156-159 COl'cluoioroes sobre la zona catalanll ••••••••••••••• 160-163 Zona valenciana ., ,. _ � Ir •• 164-987 Probleml.tica general tí ..............• ' e 164-170 El PB.l"pallcS ••• lo _ • '" ' ,. '6 , fIii .. • .. .. 171-782 Ini:;roducciCSrt" ., •••••••••••••••••••••••••• 171-172 DescripcitSn de la cueva ......... ' ........................ 172-176 nesC::I'ipci6n de los ni.veles ..... ' ....................... 176-191 An�lisis de los niveles ........................... , •..... 192-754 a) 8'50-7'25 mta ...............• ' ............ ., .......... 193-208 b) 1'25-6125 mts ..... ., .............................. '" 208-228 , e) 6'25-5'25 ruts • ••••••••••••••••••••••••••• plig. 228-291 d) 5' 25-4' 50, mts • ••••••••••••••••••••••••••• 291-408 e) 4'50-4 mts. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . 408-534 f) 4-3'50 mts. • ••• • • • • • • • • • ••• • • • • • • • • • • • • • • 534-630 g) 3'50-2'50 mts •••••••••••••••••••••••••••• 630-755 Articulaci6n de los niveles •••••••••••••••••••• 755-763 Observaciones particulares ••••••••••••••••••••• 764-770 Resumen y conclusiones ••••••••••••••••••••••••• 770-783 F;). Barrane Bla�.c ••••••••••••••••••••••••••• '.' •••••• 784-968 Introducción ••••••••••••••••••••••••••••••••••• ,84-786 Descripciéil de la clAeva •••••••••••••••••••••••• 786-790 Descri.pci61'l de los niveleli> ••••••••••••••••••••• 790-806 �n�lisis de los iveles •••••••••••••••••••••••• 806-949 Articulaci6n de lo� niveles •••••••••••••••••••• 949-956 Obeervacioneo particulLu'es ••• � ••••• *� •• "' . 956-958 ResUIl7.en y conclusiones ••••••••••••••••••••••••• 958-968 Otros hallazgos en la regi8n valenciana ••••••••••• 969-983 Conclusiones genel'ales d.e la zona valenciana •••••• 983-989 Zona �ntro-Sut' ••••••• , •• ., " ••• " •• ' ••• "' ••• ,. ••• 990-1021 ProblemAtice. general ." •••• ' •••••• ., .,. 990-993 Yacimien�o8 •••••••••••••••••••••••••••• , •••••••••• 993-1012 Otros hallazgos en la zona Cehi;.ro-SUr ••••••••.••••• 1012-1023 5 pAgo Conclusiones socre la zona Centro-&tr ••••••••• �024-1027 Conclusiones •••• � ' ' " .. , •• ".!I' 1028-1035 Bibliogt'tafta ••.•••• , " •• .,." ti. 10._ •• ,t 11 e lit 1036-1069 , , , , . , , , , I "La Prehistoria cOIRparte con la (\s tronom1a el privilegio po�tico y me tafísico de dar al hombre una idea de su pequeñez� la primera en el tiempo, la segunda en el espacio" (Ll.P.G.) INTROllUCCION Diversas son las circunstancias que decantan a un investigador hist&rico hacia el campo de la Prehistoria, y m�s en concreto del Paleolítico. El sentido de nimiedad cro- nol&gica se acentúa y hay que rastrear los caminos del hom bre valiendose de medios complementarios. Quizás sean estas dificultades mismas, y otras muchas, las que estimules al pa leolitiata, al prehistoriador en general. En nuestro caso la formaci&n prehist6rica b5sica se complement& con los trabajos de campo y excavaciones reali zados en Francia y que tuvieron una repercusi6n decisiva en el camino investigador que hemos adoptado y desarrollado a lo largo de este trabajo. Nuestra aplicaci6n a las fases intermedias del Pa leolítico SUperior ibérico, usando tal expresi6n en el senti do de peninsular con la excepci6n de la franja cant�brica, claramente unida a n�cleos franceses, nos vino dada en un prin- 7 cipio por las conexiones tradicionales con la zona valencia na, sin duda la base de nuestra labor. Sobresalía en ella el Solutrense, con su exponente de mayor importancia, el Parpa- 116; a su alrededor yacimientos semejantes, el Barranc al.nc, Les Mallaetes, etc. conformaban una riqueza arqueol�gica que no podÍamos dejar caer en un olvido que duraba ya demasiados años. Fue para subsanar, en la medida de nuestras fuerzas, ese hiatus de conocimentos profundos que había respecto a esa fase paleolítica que decidimos lleva�a cabo Wla revisi6n to tal de los materiales líticos, ya no s6lo de esa zona sino de todas las que pudiesen aportar datos relacionables con la mis ma. La excesiva repetici6n de las aseveraciones formuladas varias décadas atr�s nos impulsaba a ampliarlas, a reafirmar las con una base s6lida o a rebatirlas, apoyandonos en datos de claboraci6n propia de la misma solidez. Los limites espaciales de nuestro trabajo vienen marcados por los hallazgos paleolíticos realiz dos en nuestra geografía. Por el Sur y Centro de la península enlazaban con el bloque clásico, valenciano, una serie de yacimientos de la zona ��rcia-AlBOría. a ellos podÍa unirse la ramificaci�n so lutrcnsc de Portugal, mucho m!s relacionada con este bloque levantino que con el franco-cant&brico en la mayoría de sus casos) y por fin quedaban los restos del ¡,lanzanares de dudo sa atribuci6n solutrense en muchas ocasiones. con una raíz en parte levantina. Con estos datos. sumados a los de la zona valencia na, se cubria la mitad SUr de la península. Sin embargo otro bloque de industrias de la fase medis del Paleolítico SUpe rior se encontraba m4s al Norte, en una posiá6n intermedia res pecto a distintas influencias y por lo tanto con un gran inte r�s para su estudio; nos estamos refiriendo a los yacimientos de la zona catalana, a los cuales el aire mediterráneo del Solutrense renovador babia llegado de forma perceptible, pero mediatizado por otros influjos septentrionales y orientales que daban como resultado la facies especial que este momento presenta en las comarnes gerundenses. Otro aspecto a delimitar previamente es el cronoló gico. Ha sido nuestra intenci6n centrar este estudio en la fa se solutrense y en sus industrias inmediatamente posteriores, la m4s destacada de las cuales es el So14treo-gravetiense. Este proceso ha sido realizable en los yacimientos cuya estra tigrafía. aceptable científicamente hablando, llegaba hasta este momento, como son el Parpal161 el Barranc Blanc o Les Mallaetos. En otros casos la sucesi6n cultural se detenta 9 tras el solutrense, el el Reclau Viver de Serinyl o en el Cau de les Goges ... de Sant Julil de Ramis. En algunos m�s la dis tinci6n era imposible ya por falta de estratigrafía, ya por parquedad en los hallazgos, principalmente en los yacimientos de la zona SUr y Este. Pese a todas esas dificultades creemos que con es te trabajo llegaremos a establecer una secuencia volutiva re gular para el Paleolítico Superior medio ib�ricoJ la base es tarA en el yacimiento de mayor potencia y con una estratigr - fta más completa y abundante. el Parpal16. Será respecto a él que iremos perfilando las dem4s secuencias ib�ricas para lle gar a una coherencia final. Pero en el caBO concreto del Parpal16 nuestro estu dio no ha queridO centrarse en exclusiva en esas fases que nos interesan para el conjunto de esta obra, sino que hemos pro fundizado en los moemntoB inmediatamente anterior y posterior. Unos pre-supuestos Auriftacienee y Magdalonienscs I y II han eiod examinados y sus rectificaciones ser&n fundamentadas a través de las pAginas que siguen. Muchos serM los yacimientos que· apareceran en el transcurso de este trabajo. cuatro de ellos han sido analiza dos,en la profundidad requerida. por la metodología nal!tica 10 que expondremos a continuaci6n: son el Parpa116, el Barrane Blane, el Ree1au Viver y el Cau de les Goges. El único de ellos que presentaba posibilidades para realizar nuevos trabajos Din situ" era el segundo; la campafta de excavaci6n di� unos re sultados que confirmaban a grandes rasgos 10 intuido por su primitivo excavador y 10 realmente comprobado por nosotros mismos en las series que pudimos analizar y que provenían de quel10s primeros trabajos en la cueva. Se levantaros además planos de la cueva y dibujos del corte estratigr4fico realiz� do,todo 10 cual acompaña el presente texto. Los dem�s yacimientos que hemos sometido a an41isie han tenido su base en las publicaciones que de sus materiales se han llevado a cabo. En algunos casos la informaci6n ha po dido ser completa; en otoos las dificultades se han acrecen tado hasta l!mites de hacernos prescindir prácticamente del yacimiento por falta de datos. La metodología de estudio de los materiales es siem pre un dato decisivo en cualquier trabajo de tem4tica paleo litica. Hay que decir que en pro de una mejor comprensi6n por parte de los estudiosos que utilizan los dos métodos m's ex tendidos, el ideado por G.Lap1aco y el ideado por el matrimo nio Dardes, hemos raiizado los an4�is de la casi totalidad 1 1 de los útiles revisados mediante ambos sistemas. Estamos en favor de la comunicaciSn abierta entre todos los m�todos de estudio y por ello nos hemos decantado por esa opciSn. No por todo ello renunciamos a decidirnos por uno de ellos, el que razonadamente nos parece que reune una mayor posibilidad de informarnos acerca de aquellos hombres que fue ron los ejecutoros de las industrias que estudiamos; nuestra opci6n se decanta por el sistema tipolSgico analítico de G. Laplace; su uplicaci6n en el campo de la descripci6n de los útiles es decisiva, superando antiguas ambigaedades de otros m�todos; al mismo tiempo desarrolla HKX unas líneas investi gadoras propias en el aspecto de la interpretaci6n de los da tos obtenidos de los análisis basadas en criterios estadÍsti co-matemáticos muy rigurosos y que quedan muy por encima del nivel de exigencia que sc ten�!a anteriormente. �n conjunto la m yor objetividad y reflexi6n ante las industrias son los pilares básicos de esta tipología que es, en nuestra opini6n, la de mayor porvenir en la evolución de los estudios paleol! cos; el hecho de ser abierta ya en su lista tipo, y cambiante, en movimiento de avance cultural, por contradicci6n respecto a 10 establecido, le hacen tener esta 6ptima perspectiva. tu voldmen único y aparte de los que componen pre piamente este trabajo se ofrece una muy interesante colecci6n 12 de l�inas; basamos su importancia en que muchos de los útiles allí representados son totalmente in&ditos; concretamente todos los pertenecientes al Barranc Blanc no han visto nunca la luz. Refiriendonos a este yacimiento cabe sefialar que no son s8lo los dibujos sino todo el texto, los análisis, la estratigrafía detellada. etc., que son in6ditos, lo cual confiere un mayor matiz de originalidad a esto trabajo. Los despazamientos que hemos efectuado por la penín sula se han visto siempre acompafiados de la amabilidad de Lae personas rectoras de los organismos a los que nos hemos diri gido. Hay que mencionar en primer lugar, preeminente, al Ser vicio de Investigaci6n Prehist6rica de la Diputaci6n Provin cial de Valencia. sin cuya generosidad no hubiese sido posi ble ni tan s6lo plantear esta teDIo�tieaj en las peDsonas de su director, D.Domingo Fletcher Valls. y de su subdirector, D. En rique Pla Ballester, concretamos nuestro agradeeim&ento, exten sivo por damAs al resto del personal. investigador y subalter no, de dicha instituci6n. Metidos en la zona valenciana hay que recordar aquí la amable acogida de los amigos de GandIa, tanto durante nuestras visitas de estudio como con ocasi611 de la excavaci6n del Barranc Blanc; nos referimos a D.Vicente Gu rre8 Craspo y a D.José Camarena, que sostienen en su ciudad un peque50 Museo de Prehistoria que contiene riquezas de las cuevas de la comarca de gran valor. Nuestra labor en tierras catalanas se ha visto fa cilitada para el estudio de los materiales líticos de nues tras cuevas por la colaboraci6n del Dr. Eduardo Ripol16 direc tor del Museo Arqueo16gico de Barcclona6 que nos facilit6 el acceso a las colecciones del Cau do les Gages de SW1t JuliA de Ramis que se guerdan en las vitrinas de dicho ��Beo; en Gerona ea Servei dlInvostigacions Arqueo16giqucs, y m�s con cretamente BU iIlJ.embro D. Narcís 501er6 nos ofreciÓ materiales pur-a su estudio; en Banyoles agradecemos las facilidades da das para analizar los materiales del Reclau Viver al Centre dI Estudis Comarcals y al conservador del Museq6.e Prehistoria D.Josep Tarros. A nivel de consultas y orientaciones deben figurar a la cabeza las del director de este trabajo, el »r.Joan Ma luqucr de �wtes. Tambi�n agradecemos las del joven prehisto riador Javier Fortea, que nos ha acogido siempre con gran ama bilidad en coloquios, congresos y excavaciones, donde han sur gido temas de gr&l interés en horas de comnn conversaci6n, que nos han enriquecido mucho en nuestro bagaje de conocimientos. 1� Tras ellos diversos profesores y compañeros debe rian desfilar poe estas líneas en sincero agradecimiento. Ha blar!amos del maestro G.Laplace, cuyas esperanzas en la ju ventud nos han animado siempre a todos los que hemos asisti do a sus scminarios anuales de Arudy, impregnandonos de su alegría y de su lucha por la vida y la libertad; de Ignacio Barandiarán y de su "grupo de Zaragoza" forjado en los año s de docencia en aquella ciudad, con el cual mantuvimos estrechos contactos; de Pilar Utrilla, la representante de ese grupo que ru6s afines materias trata respecto a las nuestras, y por ello con la que una relaci6n m4s estrecha hemos tenido. de Jordi Est6vcz y Assunci6 Vila, compañeros do Burso y do orien taci6n profesional, con los cuales hemos departido horas de clase y de conferencias, as! como del ya aludido Narc!s Soler; de los profesores de esta casa, presentes y ausentes hoy. ba jo cuya tutel nos hemos fO!'lllado, intentando aprovechar al m4ximo sus ense1anzas y experiencias en pro de una formaci6n integral de historiador; de los profesores Jordti y Almagro, padre e hijo, cuyas conversaciones y contactos nos han abier to nuevos campos. y de los j6venes compañeros prehistoriado res de las Univeesidades de Barcelona, Zaragoza, Madrid y Sa- 1 amanea # y de cuantos, en general, han colaborado en la tarea -de llevar a feliz t�rmino este trabajo. 15 y por fin un obligado recuerdo se sentido agrade cimiento a mi abuelo, y en él a toda la familia, pues gracias a �1, a la diaria convivencia y a sus orientaciones hemos po dido llegar a adquirir la madurez suficiente como para atre vernos a plantear una tcm4tica como l� que sigue. 10 ESTADO GENERAL DE LA CUEST:r�N Nos parece obligado antes de adentrarnos en el te ma que nos hemos propuesto desarrollar intentar establecer un estado actual de la investigaci�n en el campo del Paleolítico Superior hispano, por lo que se refiere a zonas no cant!bri- caso Dado que ya han sido definidos en el capitulo ini cial de la introducci&n los l!mites espaciales y cronol&gico. de este trabajo, seguiremos ahora un orden de sucesieSn en el tiempo al tratar de las culturas que hemos hallado de forma mAs o menos numerosa a lo largo de este estudio. La problem4tica del Auriñaciense, en el sentido u sado por Pericot en la monograf!a del ParpallcS (Pericot 1942), es muy compleja desde el momento en que recientes trabajos han afinado hasta extremos ulveros!miles las distinciones den tro del amplio campo .ue se incluía dentro de esa denominaci�n. La primera gran escisicSn dentro del gran conjunto auriñaciense se produjo en los años treinta, cuando el prehis toriador franc�s D.Peyrony definicS el conjunto perigordiense (Peyrony 1933) y poco m�s adelante lo subdividicS en cinco fa ses (Peyrony 1936), esbozadas ya en la primera publicaci�n. AfineS m4s en la l1J.tima de ellas para diferenciar un Perigor- diense Va o VI con puntas de La Font-Robert, un Perigordien se Vb o V2 con elementos truncados, y un Perigordiense Vc o V3 con buriles de Hoailles (Peyrony 1934). Con posterioridad se ha añadido un Perigordiense VI, que no es mAs que el Peri gordiense III definido en Laugerie Haute por Peyrony, pero que en excavaciones mAs modernas como las del Abri Pataud se ha visto que ocupaba una plaza final en este período (Sonneville Bordes 1960). Incluso una fase de Protomagdaleniense ha sido adscrita al complejo perigordiense (Perigordiense VII) en ba se a los hallazgos en la estaci�n al aire libre de Corbiac (Bordes y Sonneville Bordes 1966) o en las excavaciones de Laugerie Haute Este, niveles 38-36 (Bordes 1968, Bordes y Son neville Bordes 1966). M4s recientes tendencias se inclinan por desgajar del tronco perigordiense algunas de sus fases: así tenemos que el Perigordiense I tiende a individualizarse como fase chatelperroniense (Garrod 1938), con elementos tan claros en su identificaci�n como las puntas de ChAtelperron¡ hoy en dÍa puede identificarse con el Perigordiense Inferior. El Perigordiense II ha sido borrado del mapa dada su clara atribuci8n a la fase auriñaciense que discurre pa ralela en algunos casos a la perigordiense (Sonneville Bor des 1955). 1R El Perigordiense III ya hemos visto que se convertía en Perigordiense VI en virtud de nuevas investigaciones (5on neville Bordes 1960). El Perigordiense SUperior, que comprende las fases IV. V Y VI, contiene en su interior al Grave�nse. Si bien en la regi�n donde se ha definido el conjunto, el P�rigord, no se ha identificado de forma separada esta dltima cultura, en muchas otras sí que puede definirse una fase de Perigordien se Superior o Gravetiense (por ejemplo en los Pirineos, Clot tes 1976, p.1218). Para el Perigordiense Superior bsensu stricto" nos remitimos a los mAs recientes datos poporcionados por los in vestigadores que trabajan en concreto en la regi�n (Rigaud 1976a y 1976b). Un estudio de síntesis b!sico había sido has ta el momento el artículo de F.Bordes sobre la cuesti�n peri gordiense, ahora ya ligeramente superado a la luz de las nue vas excavaciones (Bordes 1968). Volviendo a las teorías de Rigaud, no rompe con lo establecido para las cuatro fases de los Perigordienses IV y V, con Gravettes la IV, con puntas de La Font-Robert la Va, con elementos truncados la Vb y con buriles de Noailles la Vc. Eso sí, no propugna una divisi�n tajante en esas fases, pues nuevas investigaciones han reve- 19 lado que todos los elementos se encuentran en todas las fa ses, dominando ocasionalmante alguno de ellos, pero sin apa riencia definitiva. Posiblemente aquí la estadÍstica aplica da podría sacar a la luz la homogeneidad o no de las series de los yacimientos claves para estos momentos (Roe de Combe, Flageolet, Abri Pataud, La Ferrassie, Les Jambes, Les Battuts). El Perigordiensc VI sucede estratigr!ficamente a las fases anteriores y es una industria polimorfa como lo han sido esos momentos precedentes de los que deriva. El paso hacia estructuras magdalenienses se detec ta ya en el nivel final del Perigordiense Superior, el Peri gordiense VII o Protomagdaleniense. Pocos hallazgos se han realizado últimamente en esta fase desde su identificaci6n por H.L.�lovius y R.B.Clay en Laugerie Haute (Clay 1968). Tras exponer hasta aquí la l'ínea pcrigordiense den tro del Paleolítico Superior inicial, no olvidemOS el tronco originario de tal cultura, el Auriñaciense. La coexistencia de ambas culturas es un hec»o dada su interestratificaci6n en numerosos yacementos. Pero algunas importantes divergencias surgen al tratar de su origen; un "phylum" común les supone Laplace en su acertada hip6tesis del sintetotipo indiferencia do que presentarta características tanto auriñacienses como 20 perigordienses en el inicio (Laplace 1958); por otra parte la tesis contraria es sostenida por F.Bordes, que postula ya un origen distinto del Castelperroniense (fase inicial del Peri gordiense) y del Auriftaciense antiguo en base a su hallazgo, interestratificados y por tanto bien diferenciados, en los ni veles correspondientes de Roe de Combe y de Piage (Bordes y Labrot 1967). Quiz4s puedan aportan nueva informaci6n sobre esta problemática las met6dicas excavaciones que est� realizan do en niveles castelperronienses el prehistoriador franc�s Fr. Lev&que. El Aurifiaciense, que algunos definen como típico (Sonneville Bordes 1966, P.S) y que nosotros preferimos dejar lo sin calificativos, Auriftaciense y basta, debe situarse en tre el Castelperroniense y el complejo final del Perigordien se-Gravetiense. No hay que concebirlo, sin embargo,como una unidad cerrada respecto a las fases que lo limitan, ya que se interestratifica con todas ellas. En rigor se le han distin guido al Aul'iñaciense cuatro fases, pero un Aurifiaciense V se identific6 en el limite edreixtfmiX. el Perigordiense VII o Protomagdaleniense y el inicio del momento solutrense (Bor des y Sonneville Bordes 1958). La problemática de esta última fase es compleja, pues el alejamiento crono16gico de los me- 21 mentos fuertes del Auriñaciense parece separarle de los mis mos. la semejanza se ha establecido en el orden tipo16gico, pero notables diferencias se han establecido incluso en este periodo en este sentido, por ejemplo en La Ferrassie (Sackett 1966). Es por todo ello que se ha llegado a postular este mo mento como fase precursora del Solutrense y sin ligaz6n algu na con el Auriñaciense (SOnneville Bordes 1966, p.14). Para hacerse una idea cabal de las complicadas in terestratificaciones que se producen entre el Auriñaciense y el Perigordiense en todos sus estadios nos remitimos a las pu blicaciones de Laville (Lavillo 1973 y 1975) en las cuales las precisines crono16gicas, geol6gicas, sedimentol6gicas, clim4ticas y culturales llegan a extremos muy afinados. Dicho autor ha dividido la secuencia perigordiense dubante el \'iíirm III en 14 estadios, cada uno de los cuales tiene su atribu ci6n clim4tica, sus niveles ya auriñacienses, ya perigordien ses en diversos yacimientos y su cronolog!a, buscada esta úl tima en un articulo firmado por 14 autores acerca de la meto dología y cronolog!a del Cuaternario reciente (Bintz y otros 1974). AdamAs de la ya comentada y demostrada contemporanei dad de los inicios por separado del Castelperroniense y del Auriñaciense, Laville ha establecido también la misma unidad crono16gica entre el Perigordiense IV (Gravetiense) de Combe 22 Capelle y los Auriñacienses III y IV de La Ferrassie. Esa i dentidad la alarga F.Bordes hasta las fases finales basandose en el Perigordiense VII o Protomagdaleniense y en el Aurifia ciense V, que sin embargo ya hemos visto que pOdría tener. mAs lazos con el Solutrense posterior que con el Auriñaciense (Bordes y Sonneville Bordes 1966). Le extensi6n europea del Auriñaciense o sus indus trias afines no es excesiva pero si cabe remarcarla, centran dola en unos pocos yacimientos con restos atribuibles a esta fase. En Europa Central podemos citar las estaciones de Volgherd en Alemania y de Willendorf II, niveles 2-4, en Aus tria; mAs hacia el Este destacaremos los de Istal16sko en Hun gria, Potoka Zijalka en Yugoslavia y Bacho Kiro en Bulgaria (Coles y Higgs 1969). Para el primero de estos Úktimos yaci. mientas tenemos abundancia de datos de su regi6n, la de las montañas de BU�J a la ya citada cueva cabe afiadir otra serie con restos auriñaciensesl son las de Peso� Szeleta ; para una fase inicial , similar al Castelperroniense, se cita la cueva de otto Herman (Vertes 19568). Pamuna moderna revi si6n de la problem4tica auriñaciense europea sugerimos la con sulta del XVI coloquio del Congreso Internacional de Ciencias Prehist6ricas y Protohist6ricas de Niza, con artículos de per- 23 sonalidades tan reconocidas como Hahn. Kozlowski,KLima. Otte. Banesz o Valoch (Kozlowski 1916a). Para fina14zar esta visi&n a la fase inicial del Paleolítico &\perior debemos tratar el estado de la cuesti&n gravetiense. Ya hemos señalado que no es en el Périgord donde mejor puede definiese esa cultura. que queda oculta entre los Perigordienses IV. V y VI. Sin embargo el fundamento reside precisamente en el Perigordiense IV con puntas de La Gravette, fase que en muchos lugares revestir� una importancia capital hasta el punto de ser el hilo conductor de la evoluci&n pale olítica. El Gravetiense, cultura a la que puede ir enlazada la idea del dorso rebajado profundo y alto, es bAsica en el de sarrollo paleolítico de diversas zonas. En España debemos re mitirnos a las publicaciones de Jord4 y ver en ellas la impor tancia que tiene no 5&10 el momento gravetlense sino su resur gimiento posterior, el Epigravetiense (Jord4 1953), si bien la exte-nsidn cultural no es gTande, su tradici6n tendr! gran des repercusiones en momentos futuros. En Francia el Gravetiense se reconoce sobre todo en las regiones meridionales del Centro y Este de los Pirineos; allí ha sido claramente individualizado en contraposici&n al Perigordiense c14sico en La Crouzade. departamento del Aude 2� (Sacchi 1976, p.1178), en La Carane 3, cerca de Foix, en Le Portel y en T�oulé (Clottes 1976, p.1218), en la Grotte du Pa pe de Brassempouy (Delporte 1967) y en Gargas, nivel mezclado con el �msteriense (Breuil y Cheynier 1958). Hacia el Norte, en la regi�n parisiens.. la zona de Arcy-sur-Cure ha dado tam bi�n restos calificados de gravetienses (Leroi-Gourhan, Br� zillon y Schmider. 1976, p.1236). nos referimos a la Grotte du Renne (Leroi-Gourhan, A. y Arl. 1964), al yacimiento de Tri lobite y des F�es y al conjunto de abrigos del macizo de Fon tainebleau (Sbhmider 1971). La problemAtica gravetiense adquiere l!mites exten sos cuando pasamos a tratar la península italiana. Pueden se guirse en ella todas las fases evolutivas del Gravetienses desde el momento con buriles de Noailles, que se corresponde con el Perigordiense Vc franc�s, hasta estadios evolucionados y finales. La extensi&n italiana del Gravetiense tiene una f� cil explicaci6n: por su altísimo índice de dorso rebajado, se conocen bajo este nombre todas las industrias peninsulares hasta �poca epipaleol!tica, es decir, las equivalentes cro nol6gicamente al Solutrense, Magdaleniense y Aziliense de la Europa continental. El Gravetiense evolucionado con buriles de Noailles se identific& por vez primera en Italia en el Abrigo Mochi 2� (alanc 1938, 1953). Otros yacimientos con tal industria pue den ser el de superficie de Latcrina (Cocchi 1952), Palidoro y Grotte de la Cala y de la Calanca, ambas cerca de Salerno (Palma di Cesnola 1971, Vigliardi y Bardazzi 1976). La fase gravetiense evolucionada con puntas de La Font-Robert viene representada en Italia por las industrias del nivel 21 de la Grotta Paglicci (Palma di Cesnola 1975). Para completar el paralelismo con el Perigordiense V franc�s, tenemos ahora un Gravetiense evolucionado con ele mentos truncados. El nivel que mejor representa esta fase es el 20 de la misma Grotta Paglicci, en el Gargano (Palma di Cesnola 1975). En ese mismo yacimiento se ha descubierto una fase posterior bautizada con el nombre de Gravetiense bevoluciona do final", cuyo elemento m4s característico son las puntas de dorso angulares, verdaderas microgravettes. Se ha recogi do en los niveles 19a y 1ab. Por fin un Gravetiense final, empobrecido, se extien de por toda la península, Abrigo Machi, Paglicci 18a, Monte Langa, etc •• Es en superposici�n a esta fase en que puede de tectarse un paso del Solutresse por Italia, circunstancia que a lo largo de nuestro trabajo revestir! especial importancia 2[, a la hora de definir culturas en la cuenca mediterrAnea. Hay que remarcar que para una recopilaci�n a fondo de datos hay que referirse a los trabajos de Laplace (Laplace 1964 y 1966) y a una recopilaci&n reciente, escueta pero completa, de las fases iniciales del Paleolítico Superior en Italia (Palma di Cesnola 1976). En el campo de Europa Central no son ta. excesivos los lugares que puedan atribuirse al Gravetiense (Hahn 1976). Destacan la estaci�n de ��uern, en Alemania, y sobre todo el conjunto situado en Eslovaquia y Moravia definido como Pavlo viense¡ dent�o del mismo se tiende ya a la microlitizaci�n y al geometrismo, es decir, hay un alejamiento de lo concebido como Gravetiense "t!pico "; otros importantes yacimientos de tra dici&n gravetiense en la misma zona son Do1ni Vestonice, Pred most y Brno (K1ima 1976)¡ en Yugoslavia, y concretamente en la regi�n de Bosnia, tenemos una industria gravetiense en el yacimiento de Kadar (Montet-White y Bas1er 1977). Ya dentro del llamado Gravetiense oriental puden in tegrarse los conjuntos con puntas de escotadura del Wi11endor fiense (Felgenhauer 1959), del Moldoviense y del Kostienkiense (Kozlowslci 1976b), as! como un conjunto h.tngaro de Gravetiense m4s puro, con yacimientos como Sagvar y Pilesmarot (De1porte 27 1957). El conjunto de Willendorf II� niveles 5-9 representa u na sácesi6n a una fase auriftacoide y consta ahora de hojas y puntas de dorso rebajado que le hacen f�ci1mente adscribible a la raíz gravetiense. En ese mismo camino de industrias de dosso rebajado de tradici6n gravetiense y fechadas en �pocas realmente paralelas a las fases correspondientes de la Europa occidental tonemos los yacimientos ep&nimos de las dos cultu ras quc acabamos de citar, ambos en la Unión Sovi�tica: nos refcrimos a Kostienki I y a Moldova V. Algunos restos atribu ibles a esta fase se han detectado tambi�n en lugares tan dis persos como la cueva de Seidi, en Gracia, o la de Shanidar, situada al Norte del Irak, cerca de la frontera con Turquía y en las estribaciones de los Zagros (Coles y Higgs 1969). Tras este apartado inicial del capitulo dedicado al estado general de la cuestión inicial del Paleolítico SUperior, vamos a esbozar ligeramente el panorama de la zona peninsular que tratamos en este trabajo. En Catalunya la sucesión casi completa a partir del Castelperroniense la detectó, al parecer, Corominas en sus excavaciones del Reclau Viver de Serinyl (Co rominas 1946)J sin embargo nuevas investigaciones mucho más pro fundas parecen tildar de infundada. esta teoría, atribuyendo la fase inicial de la cueva a un momento auriñacoide (Est�vez 1975 y 1976b). Por una atribución al Aurifiaciense típico pa- 2H recen inclinarse otros autores (Sonneville Bordes 1973, Ber naldo de Quir6s 1976). En la misma zona de Serinyh quedamos a la espera de los nuevos descubrimientos que pueda proporcio narno�'Arbreda. cuya estratigrafía l�ega al Musteriense. Dentro de ese mismo Aurifiaciense hay que pasar a la zona levantina para hallar restos atribuibles a ese período. Los mAs seguros, puesto que prováenen de una excavaci6n recien te, son las pertenecientes a la cueva de Les Mallaetes (Barx, Valencia). en sus estratos XIV al XI, sector Oeste; a ello hay que unir la dataci6n radiocarb6nica KN-l/926 con un resul tado de 2969o±S60Bf27740 Be). Todo esto constituye una parte del estudio monogr&fico del yacimiento, adn en elaboraci6n, y que ha sido publicada recientemente en forma de avance (For- yea y JordA 1976). En la misma zona levantina se sospecharon algunos materiales aurifiacienses entre los restos musterienses de la Cova Negra de Bellús, cerca de XAtiva (Jord& 1946), que se a tribuyeron en un principio a un Auriñaciinse inicial. Sobre el papel tambi�n fue auriñaciense el nivel inferior del Pa� pal16 (Pericot 1942), pero su clara facies gravetiense ha sidd detectada f&cilmente; en este tRbajo y en su lugar correspon diente pueden comprobarse los an4lisis, recuentos y observa ciones de este nivel. 29 Siguiendo hacia el Sur rastreamos unos niveles au rifíacienses entre los restos de la co1ecci6n Siret estudiados por J.Fortea para la cueva de Las Perneras en Y�rcia (Fortea 1973, Pp. 257-278). Para la Cueva de Ambrosio (V�lez Blanco, Almer!a) hay recientes estudios que nos hablan de un nivel au riftaciense por debajo del típico solutrense del yacimiento (Botella 1975). Sin embargo no creemos que haya posibilidades de sacar un gran provecho del mismo debido a la voladura del yacimiento recientemente ocurrida. Hubo otros niveles que fueron atribuidos cl�sicamen te al Auriñaciense sin m�s preocupaciones, pero qpe ahora pa recen rectificarse en favor de un Perigordiense Superior (Ber naldo de Quir6s 1976): nos referimos a los de Gorham' s Cave de Gibraltar (Waechter 1951,1913 y 1964) y a los de Hoyo de la Mina en Málaga y Carigaela de. Pifiar en Granada. Sin embargo otras opiniones nos inclinarían m�s bien a un Gravetiense pa ra estos yacimientos (Pericot 1963, p.90). El gran sistematizador del Gravetiense en 1 penín sula ib�rica es el profesor F.JordA (JordA 1953). Su siste- ma en tres fases para este período y al mismo tiempo una visi6n muy completa del momento posterior, Epigravetiense, han servi do hasta hoy para trazar los esquemas bAsicos del país. En el Sur se señalan los yacimientos de ZAjara II (Vera, Almería), 30 del Cejo del Pantano (Totana. MUrcia) y de AmbrosiQ (V�é1ez- Blanco. Almería), del Paloma rico (Maze.rr&n, lIh1rcia) y del Los �wrci�lagos (Lubr!n, Almoría) como Gravetiense, con difícil distinci&n de su momento epigravetiense, en este trabajo in- tentaremos este.blecer la verdadera identidad de esos yaci- mientos en base a los estudios publicados hasta el momento. Yacimientos gravetienses, pero que hoy en dIa pare- cen considerarse m4s bien posteriores, epigravetienscs, son los hallados por S.Vi1aseca en la provincia de Tarragona: la Bauma de Sant Gregori, cerca de Falset, es el mAs ricoJ las dudas surgen al tratar de otros lugares como el Pinell, la cueva de La Mallada o la del Filador, dercs de Milrgalef. Queda hasta aquí esbozada la cuest'i&n del inicio del Paleolítico Superior y su primer desarrollo. Vamos ahora a exponer el estado actual de los estudios sobre la cultura b4sica en la que hemos asentado nuestro trabajo, el Solutren- se. Seguiremos, ante todo, la historia de la primera sistematizaci&n solutrense. Tras ella esbozaremos las teorías acerca del origen del Solutrense, quizás el punto mAs contro- vertido, para terminar este estado de la cuesti6n con una re- consideraci6n de la problem4tica actual de este período que DOS ocupa. 31 La dillfana claridad que les aportaban sus fllsiles directores hizo pronto individualizar los niveles que se cono cerIan como solutrenses a los primeros investigadores. La fi jacieSn de la sucesieSn de industrias en el Paleolítico Superior llevada a cabo por Breuil (Breuil 1912) constituy6 el bauti- zo tambi�n para el Solutrense. El llamado upadre de la Prehis toria" esbozeS all! una sucesicSn de niveles en el interior del Solutrense, concretamente tres. que luego han sido seguidos com muy pocas .ariantes hasta nuestros dÍas, 10 cual demuestra el gran acierto de Breuil. su gran visieSn, no superada por aho ra por casi ninguno de los investigadores del Solutrense. en la linea tradicional. En 10 que llameS Protosolutrense o Solutrense Inferior, destacaba como feSsi.l director las puntas de cara plana, con retoques planos s6lo en la cara superior, dejando la inferior, como su nombre indica, lisa, sin retocar, o, en algÚn caso, con algdn retoque en la parte proximal, atacando el bulbo pa lograr su desaparicicS�. Ya en Solutrense Medio di6 como clave las namadas hojas de laurel, que presentan un retoque plano totalmente bifacial, posible evolucieSn del tipo anterior, del de cara pla na. Tambi� halleS como típicos los tipos as��tricosl mAs o menos con una escotadul'a, incipiente alÚl. 32 y por fin encontr& Breuil como elemento definito- rio del Solutrense Superior las puntas de escotadura atípicas, es decir, las consegáidas por retoques planos. El autor cen tra su origen en la regi6n francesa de la Dordeña, concretamen te en las puntas de escotadura atípicas, es decir, consegui das por retoque abrupto, del período perigordiense. No las ha ce derivar de la hoja de laurel sino de raíces aurifiacienses rastreadas en Willendorf, Grimaldi y la Dordoña. Por su parte Pericot (Pericot 1962) no se atreve a aceptar totalmente esta hip6tesis y hace oscilar el origen do la punta de escotadura entre 10 ya mencionado y las culturas gravetienses levantinas de aire africano. Breuil adapt6, en la reedici6n hecha en 1937 de la obra que comentamos (Breuil 1912) las puntas de base c6ncava y las puntas de aletas y peddnculo también como f6siles directores de este momento del Solutren se Superior. Cabe señalar aquí que en el Parpal16 tenemos ya los "dimonis", puntas de aletas y pedúnculo, en el Solutrense Medio, concretamente en número de cinco, una unifacial y cua tro bifaciales, como veremos m4s adelante. En cuanto a su origen, que es el punto más controver tido de la cuesti6n solutrense, Breuil lo citaba ya como mis terioso, si bien añadía textualmente que "quizás nos lleg6 del Este", (Breuil 1912, p.34). Desechaba la hip6tesis del ol'igen 33 mediterráneo occidental por no conocerse. hasta el moemto en estas regmones yacimientos con Protosolutrense o Solutrense Inferior. Hablaba también Breuil de evoluci6n a partir de un Achelensel cita clásica hecha ya por predecesores supps, y que derivaría en un �1usteriense Superior con pequeños bifllCec, pe qom1as hachas de mano quc darIan lugar, por aplanamiento con tInuo, a las hojas solutrenses bifaciales. Esta evoluci6n pu do haberse dado en diversos puntos por separado, en HungrIa y en España, donde tenemos los yacimientos del �lanzanares ex cavados por P�rez de Barradas que han proporcionado todos los elementos de la serie evolutiva requerida por Breuil, hachas de mano achelenses, industria musteriense y algunas piezas ple namonto solutrenses, como veremos en su momento oportuno. En apoyo de la tesis húngara estaba el yacimiento de Predmost (Moravia), en el que veia una Üllpregnaci6n de Solutrense so bre un medio aurifiaciensc evolucionado. Dejamos ya las teorías de Breuil, pero pronto vere mos que todo el movimiento investigador hasta hoy se ha cen trado en corroborar o rebatir con elementos vAlidos de juicio las afirmaciones hechas por el sabio francés. Defensor de la tesis hlÍogara fue Hillebrand (Hillebrand 1919), pero fue re batido por Von Mottl (Von Mottl 1938) en su profundo estudio sobre tofio el paleoambiente y cultura de la �poca solutrense 3� en Hungría. Siguiendo con las tesis centroeuropeas debemos citar ineludiblemente el trabajo llevado a cabo por G.Freund, que profundiz& en la tem�tica de las industrias con hojas en Euro pa (Freund 1952). Se diferencia ya un momento presolutrense, que se relaciona dificultosamente con el Solutrense occidental c15sico. La talla bifacial presolutrense de la Europa Central, que se encuentra en el centro y sur en Aemania, Moravia, Hun gría, Crimea y C4ucaso, se identifica a&n en este primer esta dio con los complejos culturales del Paleolítico Inferior, que emplean folHiceos toscos. Estos complejos evolucionan a partir de un Achelense final. al que� suman elementos musterienses. El resultado es una mezcla de foli&ceos con puntas y raedera s mu�terieBses y algdnahacha de mano. La talla. sin embargo, es a&n por percusi8n, no por�esi6n. De hecho se estS describien do la industria szeletiense de la que ya hablaron Breuil, y Hillebrand, o el Altmuhliense citado por Bohmers, y las indus trias de foli&ceos de Crimea, Polonia y Moravia. Freund distingui6 tres estadio evolutivos presolutren ses que identific8 con tres yacimientos centroeuropeos: I, fa se de Kosten¡ II. fase de Ranis; III, fase de Mauern. La re laci6n de este Presolutrense con el posterior, al parecer., 3fJ Solutrense occidental no es muy clara. Los impulsos aurifla cienses y gravetienses entierran el Presolutrensc, que sin em bargo seguir' latente hasta su eclosi6n que dar! lugar al Pro tosolutrense, inicio del Solutrense c14sico. Este resurgimiento di6 lugar a industrias locales, como en Moravia y Polonia, con un UI rcado carActer auriflacie.nsc, como acabamos de ver. Sin embargo la autora no acepta la relaci6n directa entre Solu trense oriental y occidental. Rehusa totalmente, por otra par te, la hip6tesis africana que luego apuntaremos. Philip 9nith no acepta este término de Prcsolutren se, que encuentra desacertado ya que designa una indu tria que es "algo diferente a una industria de piezaBllfolil1ceas" (Smitb 1966, p.346). Para Verte s (Vertes 1956b) las montañas de Bükk re presentan la forma m4s pura del Szeletiense, derivado de un Musteriense de "B1attspitzenn• El mismo autor niega totalmen te toda relaci6n entre la industria szeletiense y el Protosolu trense occidental como posible derivaci6n de aquélla. Esta misma opini6n 18 RUscriben m!ssadelante inves tigadores del problema Szeletiense - Solutrense occidental como Smith, Valoch y Delporte. Viene a sumarse a ello la data ci6n radiocarb6nica obtenida de una muesUa de carbón para el Szeletiense de Certova Pec, Radosina. en Checoslovaquia. 3f. El an'lisis GrN-2438 daba 3645o±2100 años antes de nuestra era, pero la muestra era escasa y lamcha es, al parecer, al go reciente (Radiocarbon, vol.6, 1965, p.352). Entre los autores españoles partidarios de las teo rías del Presolutrense de Freund destaca por encima de todos Jord4, cuyos estudios dedicados al mundo solutrense se han visto impregnados por las teorías de la autora anteriormente mencionada. En BU Tesis Dootoral (JordA 1955) hace una detalla da exposici6n de los yacimientos españoles y los analiza a la luz de las teorías m's en boga en aquellos momontos. Acepta el aludido Presolutrense de Freund y se lanza a buscar preceden tes solutrenses, o mejor, foli4ceos, en yacimientos franceses. Así se citan las puntas dobles hemisolutrenses de La Quina (�lartin 1907-1909) y otras piezas que pre-anuncian el Solutren se en niveles de Musteriense »típico de La Ferrassie, Le Mous tier, etc •• Por otra parte cita también los yacimientos en los que hay paso directo, es decir, superposici6n del Solutrense al Musteriense: Abri Abilly (Indre-et-Loire), Abri Moru (Point Saint-Maxence, Oise), Le Figuier (Ard!che), Roquecourbiére (Ari�ge), y Le Placard (Charente). Otra de la teorías que mAs fortuna hizo fue la del origen africano del Solutrense, que ya hemos visto apuntado en el esquema de Breuil. En realidad la hip6tesis qued6 la- 37 tento ha�a que precisamente el hallazgo por Pericot 4e es- ta industria objeto, entre otras, de nuestro estudio, sobre todo de las famosas puntas de aletas y pedúnculo, hizo saltar de nuevo a la palestra la teoría de un origen africano del Solutrense. La publicaci6n del volumen dedicado a la cueva del Parpal16 (Pericot 1942) difundi6 la nueva idea que, b�si comente, hacía derivar el Solutrense español de la industria conocido como Ateriense, que centra su esplendor en el 4rea norteafricana, en una edad que se concebía entonces como pró xima al Solutrense. La hip6tesis fue admitida por los investi gadores anglosajones, entre los que citaremos a Burkitt, Gor don Childe y �aBS Catan Thompson, mientras que la ciencia fran cesa so opuso en cierta manera a admitir la teoría africanis- tao En estos últimos años la cabeza visible de la inves tigaci6n 601utrense en cl país vecino ha sido el canadiense Philip Smith, que ha rebatido totalmente la tesis africanis ta (Smith 1966) para el Solutrense español y portugu�s, y por ende para el europeo, Este autor hace m&s viejo al Solutrense francés que al peninsular, qme en su opini6n no presenta nin gdn caso claro de Protosolutrense o Solutrense Inferior con las típicas puntas de cara plana. A la luz de este trabajo creemos que hay algo de ello, no en gran cantidad, pero sí 3R en la suficiente como para no rebatirlo totalmente. La tercera hip6tesis acerca del origen del Solutren se es la de su nacimiento en tierras feaneesas, de manera in dependiente de influencias presolutrenses orientales o de i deas norteafricanas o hispano-lusas occidentales. Los autores franceses han sido, naturalmente, los más firmes defensores de esta teoría. Breuil, pese a su prime ra idea de un origen oriental (Breuil 1912) vi6 con simpatía la idea aut6ctona y consider6 tambiAn a Francia como une de los n�cleos de desarrollo del Solutrense europeo. G.Freund� si bien sigue siendo p rtidaria del Presolutrense, indic6 ya que la evoluci6n hacia el Solutrense c.'sico a partir de aqu�l se hi zo al Oeste del macizo Central (Freund 1952). Peyrony (Peyrony 1948) y Laplace (Laplace 1959) son partidarios de una evolu ci6n a partir del Perigordiense Superior francés, que en al gunos mo�os presenta un retoque plano por presi6n muy solu- treanizante •• Smith hace un exhaustivo balance de toda esta pro blemática (Smith 1966, pp.351-357), pero al final se inclina m5s por un origen derivado de niveles auriñacienses, del que ya hablaba Jord! (Jordá 1955) al referirse al retoque proto solutrense como derivado del típico del AuriñacienseJ incluso 39 lleg& a proponer una relativa igualdad Protosolutrense - Bost aurifiacienae. Smith concreta su teoría en un Auriñaciense lo cal del valle bajo del R6dano influenciado por una industria musteroide tardÍa tipo Abri Maraa (Ard�che), publicado por Combier (Combier 1967, p.147-162). Este investigador aboga a su vez por un origen en los cañones y valles rodanienses del SolutreBse, sin una de pendencia perigordiense, como remarca Snith (Snith 1966, p. 365). Sin embargo no centra el foco originario en el valle bajo del R6dano, con yacimientos tan conocidos como Chabot. Le Figuior o Oullins, sino en la parte media de ese valle del R6dano, donde nuevas investigaciones en la zona entre Saint PtSray y Viviere, en los cañones del Ardl!che, parecen haber revelado una industria de claro matiz protosolutrnse (en el sen tido perigordiense de la palabra), y por lo tanto una J1Í.z nue va para 01 origen del Solutrense (Combier 1967. p.316 y S5.) Una nueva precisi6n acerca del origen del Solutrense viene dada por las teorías de F.Bordes acerca del desarrollo de ciertas formas evolucionadas durante el Urm III, lo cual da ría como resultado el Solutrense (Bordes 1972). Una última y reciente nota, que no aporta sin em bargo datos de primera mano pero que consideramos altamente 40 interesante, es la afirmaci�n de Rigaud en el sentido de que en el P�rigord las industrias solutrenscs aparecen de manera brutal sin que puedan percibirse sus posibles origenes en las culturas existentes entes de BU llegada; deja bien sentado que nos hallamos ante una verdadera intrusi�n en el desarro llo local del Auriñaciensc-Perigordionse (Rigaud 1976b, p. 1265) • Desde el punto de vista espaflol Jord� rectific6 al- go sus teorías y unos años mds tarde lanz6 un esquema para la zona cantibrica (Jordá 1959) en el que se eliminaba de la península el Protosolutrense o Solutrense Inforiors hacía arran car el Solutrense cantábrico de una fase que discurre cultural mente panalela al Solutrense Hedio francés, del cual depend!a hasta momentos más avanzados en los que se desarrolla indo pendientelllente cuendo en Francia tenemos ya la secuencia mag daleniense en pleno auge inicial, �poca que, como sabemos, falta en la costa cantábrica. Estas teorías de Jord� fueron seguidas tambi&n por M�.S.Corch6n en un magnifico volumen de dicado al Solutrense en Santandee (Corch6n 1971). La autora diferencia claramente las secuencias cantábrica y levantina, y alude a la "completa ascisieSn cultural que en el Paleolíti- co divide el mundo cantábrico y el mediterráneo, sin que sea posible hasta el momento, documentalmente. establecer contac- , 4 1 tos culturales entee uno y otro en la �poca que ha centrado nuestro estudio 11 • Tal es el estado actual de la cuesti6n solutrense. La teoría francesa parece haber ganado esta pugna por la prima cía en el Solutrensc, pero debemos admitir que nada puede afir marse con seguridad, y menos en estos periodos de tanta antift gfiedad, en los que la fantasía vuela a veces demasiado alto. Nuestra posici6n, ya lo hemos dicho anterior'll1ente, es la de exponer los hechos y hacer de ellos una critica de la que re sulte una ideología acorde en lo posible a la realidad que los datos nos ofrecen. Le existencia de un SOlutrense Inferior o Protosolutrense en el Parpalló no osbá totalmode probada, pe ro la fase solutreanizante que identificaremos más adelante ofrece grandes paralelos; la mayor similitud tipológica pode mos encontrarla, como veremos en su capitulo correspondiente, en el yacimiento franc6s de Laugerie Haute, sector Oeste, mien tras que la cronológica estaría mAs bion en el sector Este del mismo yncimiento. Las aletas y el pedÚnculo tienen una extensión gran de, nada desdeñable, pues las hallamos en el Parpall6, en la Cueva de Ambrosio (Ripoll 1961), en Salemas, Portugal (Roche y otros 1962), en Casa da f.oura, Portugal (Camarate y otros 1961), en el arenero de Martínez a orillas del Manzanares, 42 en Les Mal.laetes, en el Barranc Blanc y también extendidas por Francia (Kelley 1955). ¿Cuál es el motivo de este desusado perfeccionamiento téooico? ¿puede deberse a un cambio eco16- gico suscitado por la oscilaci6n templada y húmeda del momen to del Solutronse Superior, durante el interestadio warm IIt IV?; ¿pudo deberse al uso del arco y la flecha?; ¿o quiz&s a ritual.es en los que se ClIlplear!an esas verdaderas obras de ar te que son las puntas de aletas y peddDculo? En realidad la vadad absoluta se nos escapa una vez más y cualquier aproxi maci6n puede ser tachada de fantasiosa. otro importante tema son las puntas y ij.oj as de esco tadura conseguidas por retoque abrupto, no las que cl�sicamen te se dan como"t!picas"del momento solutrense� las de retoque p1lt.no. Las que nos ocupan, las primeras� sufren un gran aumen to en la fase final del Solutrense Superior y continúan en 10 que Pericot llam6 Solútreo-gravetiense o Solútreo-aurifiacien se final.. de 4 a 4150 mts., en el ParpaU6. Su progresiva dis minuci6n de tamaño parece exigir una explicaci6n que puede ser la sucesiva degeneraci6n de la industria o bien su especiali zaci6n en el uso. Su asociaci6n con las puntas de aletas y pedúnculo es constante en muchos yacimientos, como veremos en su momento oportuno. Es nuestra opini6n que habría que insistir en el 43 estudio de esos yacimientos para determinar el grado de apari ci6n del Solutrense y de su cultura sucesora marcada, al pa recer, por esas numerosas puntas y hojas de escotadura. A lo largo de este trabajo intentaremos el estudio de esos �aci mientos, en muchos casoa calificados de epigravetienses y que ya hemos apuntado con anterioridad al hablar del Gravetiense. Esta fase de crisis del final del Solutrense desem boca en la secuencia cl�sica francesa en un l>lagdaleniense :1. nicial, normalmente con "raclettes". Pero volvemos a encontrar nos con el problema de siempre, la validez relativa de esas secuencias en tanto en cuanto son meramente regionales. En la España mediterránea ninguna fase solutrense le sigue una mag- daleniense; en el Reclau Viver la secuencia se interrumpe; en Les ��laetcs hay un hiatus que desemboca en un tpigravetiense. Hacia esa industria se orientan los niveles del Barranc Blanc, .que habrá que ver lo mucho o lo poco que de selutrenses tie nen. En el Cau de les Gages de Sant Julia de Ramis la ocupa ción solutrenso es exclusiva, sin antecedente ni consecuente. Por fin en el Parpa!ló so detecta un clarísimo momento sol�treo graveteinsc en el cual profundizaremos en BU apartado corres pondiente. Actualmente el estudio de esta fase es realmente pre- cario. Una reciente publicacidn del autor (Fullola 1977) inven ta arrojar una cierta luz a la cuesti�n, 10 cual se reflejarA tambi�n en BU apartado de este trabajo. Junto a los paralelos que estableceremos en Francia y en Italia podemos reunis asi mismo datos procedentes de distintas partes de Europa. En Gracia las escotaduras se encuentran claramente representadas en Asprochaliko. abrieo del valle del Louros; en mayor cantidad las hallaremos G� la cueva griega de Kastrit sa (Coles y lüggs 1969). Otleas induBtri<scon escotadurss) las de la Europa central y orientall no pueden a¡uipararse a este momento por ser de una fase anterior� puramente gravetiense (Kozlowski 1976b). Sin embargo, volviendo a las industrias griegas, de cronología relativamente semejante a las nuestras, podría extenderse RXkER�BE 01 manto soldtreo-gravetiense a las tres pen!nsulas y al Sur de Francia en una oleada cultural del final del Soluteense y sobre todo contemporánea de los i nicios del Magdaleniense. Queda todo ello como problema cultu ral actual que intentaremos solucionar en el transcurso de es te trabajo, pero con la dificultad insalvable del estudio de las industrias he1ooicas. Pese a que hemos centrado la temática de este eB"tu dio en las fases medias del Paleolítico Superior ib6rico, hemos realizado una incursicSn en el campo del Magdaleniense en el Par�al16 siguiendo una linea de evoluci&n del yacimiento. Va mos por ello a esbozar el estado de la cuesti6n del inicio del Magdaleniense. La divisi&n de esta cultura, realizada en base a yacimientos franceses, consta de hasta siete fases, de la O a la VI. La primera sistcmatizaci6n fue la de Brcuil. pero suscit6 y suscita controversias por estar basada simplemente en los res��s de una antagua excavaci6n del yacimirulto de Le Placard (Charente)¡ las fases las identific6 adem�s Breuil fijandose casi exclusivamete en la industria 6sea, lo cual produjo una gran desoricntadi6n al aplicar su sistema a indus trias líticas (Breuil 1912). Con esta problemStica se enfrent6 D.Peyrony por BUB excavaciones en la Dordoña¡ se imponía una revisi6n, que ambos autores efectuaron juntos sobre las industrias de La Madeleine. Sin embargo la cuesti&n inicial y de las primeras fases magdalenienses subsistía� Cheynier era el que mayor em peño ponía en descifrar este momento y elabar su teoría del f6si1 director del mismo, la Praclette" (Cheynier 1930, 1939. 1951). El problema se centr& luego en la fase anterior al 50- 1utrense que se bautiz6 con el nombre de Protomagdaleniense. que ya vimos que muchos autores definían como Perigordiense VII. -, Un avance sistemAtico en las definiciones 10 di& F.Bordes al publicar los primeros resultados de sus excava ciones en el yacimiento de Laugerie Haute Este (Bordes 1958). Los Magdalenienses 1 y 11 quedaban bien estructurados pero regionalmente, puesto que en gran parte de Europa esos esque mas no entraban en la realidad que se nos orfecía; se exten dÍan desde el Loira y el Garona (Sonneville Bordes 1966, p. 18), pero hoy se han ampliado sus horizon:bes a lugares como Lassac, en el Aude (Sacchi 1976, _p.118o). Se ha climimado el concep:bo de B degouliense y se habla normalmente de unos Mag. dalenienses O. 1 y 11 en Francia. Queda por demostrar la aplicaci6n de estos esquemas al yacimiento espafiol en el que hemos investigado este perío do. Pericot defini& en el Parpal16 un Magdaleniense 1 y un Magdaleniense II que nos proponemos revisar para saber si pue de sostenerse a�dn esta calificaci6n. Un sistema distinto de entender la cvoluci6n paleo lítica nos viene dado por las teorías del sintetotipo de G. Laplace (Laplace 1958). En el sintetotipo se encuentran en po tencia toda una serie de posibilidades que por mutaci6n van apareciende. dando lugar a manifestaciones culturales que tie nen entre sí claras similitudes sin carecer. no obstante, de evidente personalidad y características propias. En el art!cu- 47 lo ya reseñado Laplace postula que al alcanzar la evoluci6n el estado epigravetiense (entendiendo comQtal un momento sim plemente posterior al Gravetiense) se producen sucesivamente tres fases de complejos, antigua, evolucionada y final. La fase antigua reune el complejo protosolut.rensc, los solutrenses, los protomagdalenienscs de retoque abrupto, los de protogeomé tricos y los de hojas de dorso. El tipigravctiensc evoluciona do comprend.e el 14.agdaleniense con puntas cilitlUroc6nicas de bisel sencillo y el Magdalenions con arpones. Por fin el Lpi gravetiense final incluyo los complejos azilienses, sauvete rrienses y tardenoisienses, e incluso loa regresivos de denti culados. La viai6n de la evoluci6n que nos ofrece eate teo ría es realmente nueva: el Magdaleniense sería simplemente una mutaci6n manifestada pre6is�uente en las tierras occiden tales de Europa, como podría haberlo sido el 5olutrense; se encierra en un mismo nivel evolutivo al Protomagdaleniense, al Solutrense y a los Magdalenienses 1 y 11, dejando para la fase evolucionada al Magdalcniense del II1 al VI, que en re alidad es el que mayor extonsi n tiene en toda turopa. LS en base a est.as nuevas teorías que se avanza en el mundo de la ciencia; aunque su aplicaci6n no haya sido lo extensa que su autor debía esperar. ha movilizado a gran can- tidad de investigadores para pr-obar-La o rebatirla. Lo lasti moso del caso es que siempre haya que moverse en unas coordena das limitadas por los materiales de viejas excavaciones, en los cuales se han basado los trabajos de la �rehistoria durante muchos años. Bs por ello que este estado de la cuesti6n en ge neral de 10 que ho� sabemos, a grandisimos rasgos, del Paleo lítico Superior, con base en Francia y con especial aplica ci6n a los yacimientos peninsulares que nos ocupar�n, quedar� superado cuando muchos nuevos yacimientos vayan saliendo a la luz; cuando sepamos m s de la zona levantina, de los yacimen tos tarraconenses, de los murcianos y almerienses, de los por tugueses y de los que hoy no sabemos nada, ni tan siquiera que existen, ser! entonces euendo en España habremos superado el presente estado de la cuesti6n, como es nuestro deseo. 49 METODOLOGíA lo. cuale. h_ ol'ient.cIo ou.atl'. lb. d.e inv.atJ.aaci�n. Mu7 l'aJIOoaclo. han ele .el' lo. cl'itel'io. _ 10. que 1UUI autol' debe baaal' 8U Ol'ientaci�D inYeatieaclol'a en el campo del Paleolttic. &pel'iol', que e. en conc_to el qqe hoy poI' hoy DO. ocupa. El pel'feoto conociaiento cW 10. Ú'toclo. de ._ tudio actuale. debe basaI'_ tambi&n en el de la hiatoria de lo. IIÚ_., en _ber cuA ha aido la ft'oluci&D del pen • ..t_ co., ., 10. cl'itel'io. aeeu!do. pal'a ol'denel'lo.. Cl'eaao. poI' tan- to iaprellCindible dar abol'e UD l!eeN rep.80 hi�l'ic •• le _todologla pera de_bocer en l. actualidacl ., "e. en con- creto el eritel'io que heeo. aplicacto en eat. trabajo. Lo. psoimeN intento. ele aietematizaci&a ele 10. 4ti- le. paleo1!tico. per. 8U eatudio racional .. hic1eroa en Frao- ei. hace poco aú cW ua aig10 (Boucher de P.rth •• 1860. Lal' tet 1864. Mortillet, g., 1883' Mortillet, 1.., 1910, eapitan 1912, Breiil 1905, 1912, Commout 1908). Botonc ..... igui& UD criterio" f1Ulcionaliclacl que ha queclaclo totalmente enra1.- _do ea 1. tipo18gl. hasta oue8tl"O. ella., e.a funcionaliclecl e. una particulariclacl que .. D08 .acapa caai por eOlllpleto en 50 todos los �tiles paleolíticos incluso hoy en dla, y por lo tanto aquellos �rimeros estudiosos se basaron en criterios infundados para bautizar los �ti1es que fueron encontrando. Se hablaba de "racloirsn o raederas, �tiles para raer) de ngrattoirsn o raspadores, áti1es para raspar) de "pel'9oirsll o perforadores, dtiles para perforar, :y as! suce sivamente. No tenemos certeza alguna de que la funcieSn de aque-. llas piezas trabajadas fuera para raer, para raspar o para perforar. otro caso semajante es el de los dorsos rebajados; su funcieSn la desconocemos �, y se ha postulado la teor!a de que precisamente la parte retocada era la in4til en la pie za, que se destru!a un filo para apliear con mayor fuerza el opuesto en el corte o en la puncieSn. En la misma l:!nea funcionalista francesa se movie ron los primeros intentos espafioles por adaptar aquella ter minologÍa al castellano y al alemAn, aetitud de notable vi sieSn futurista, puesto que este problema de las equivalen- cias idiom.L&tieas persiste en muchos casos (ComisicSn de Inves tigaciones PaleontoleSgicas y PrehistcSricas 1916). El estudio. lo llevaron a cabo, bajo la direccieSn de E.HernAndez Pacheco, los prestigiosos investigadores U.Obermaier, P.Wernert Conde de la Vega del Sella. 51 En la actualidad el funcionalismo es una rama mAs de la investigaci&n prehist6rica, pero ya no la base de las clasificaciones paleolíticas. Con los grandes adelantos t�c- nicos puede llegarse a anAlisis microsc6picos de los trazos de uso dejados en los litiles, y deducir de ellos el empleo que tenían en su origen, si cortaron piel, madera, hueso, etc •• Uans experiencias francesas, ya sean antiguas (Vayson 1922), como modernas (Bordes 1973) vienen a unirse a las que han tra- zado el camino definitivo en este campo, las del ruso Semenov, que introdujo la observaci6n de los dtiles por medio del mi- croscopio binocular, trabaj6 en las industrias del Paleolíti- co Medio y SUperior de la Uni6n Sovi�tica, y su aproximaci6n a la verdadera funci6n de los dtiles es, por el moemnto, la mAs vAlida (Semenov 1964). En nuestro pats hay que mencio- nar la Tesis de Licenciatura in�dita y de un gran inter�s de nuestra compaaera de curso A.Vila, que ha trabajado aplican- do el m�todo Semenov a litiles tanto paleolíticos como eneo- líticos, llegando a muy interesantes conclusiones (Vila 1977). otro aspecto del estudio de los dtiles en los ini- cios de la moderna Prehistoria fue la comparaci6n etnogrifica. Esta derivaci6n, al contrario de lo ocurrido con la anterior, no ha llegado a nuestros dlas, pues se extingui6 por si sola tras el auge de noticias que produjeron los desubrimientos y 52 descripciones de pueblos ignotos durante el siglo XIX. Quiz!s en algdn caso la aplicaci6n de paralelos etnogr!ficos para in tuir la funcicSn de un litil paleoUtico no sea descabellada� pero la verdad es que hoy en d!a este m&todo ha ca1do en un total desuso. El siguiente paso hist6rico hacia una tipolog!a sis temAtica fue propiciado por las excavaciones de los yacimien tos franceses, con la consiguiente identificaci6n de nuevas y diversas fases del Paleolítico Superior, que a su vez con ten!an unos litiles caracter!sticos de cada una de ellas. Con la aparici6n del f6sil director, idea que se to mó prestada de las Ciencias Naturales, empieza un fen6meno que complicarA hasta limites incre!bles la tipología paleolítica: me estoy refiriendo a la tendencia a bautizar con el nombre del yacimento donde se haya encontrado por primera vez, un ti po de litil que parece caracter!stico del mismo. El resultado final de esta afici6n ha sido la desmesurada proliferaci6n de tipos de puntas, de buriles, etc. J de todos ellos sólo u nos pocos son realmente tipos bAsicos, y lo demAs son varian tes locales, regionales o a veces incluso de un solo yacimiento. Sin temor a equivocarnos pOdr!amos aqu! citar mAs de cien nom bres de tipos de puntas, cada uno con su lugar de origen, de 53 ellas unas pocas aparecen insisten�emen�e (pun�a de ChA�el perron, pun�a de La Grave��e) y el resto, m4s del 90%, es de 10calizaci6n regional, cerrada y prlc�icamen�e desconocida para el resto de au�ores que no �rabajan en aquella zona. Por ellos ha habido ya que recurrir a verdaderos dicciona rios �ipol�gicos, donde se resuman cri�erios, ideas y �ipos de �odo el mundo. El de mayor ampli�ud es el comPlado por M. Br6illon, au�or franc's que recoge la mayor!a de ��rminos publicados para 4�iles líticos a lo largo de 10s alias (Br� zillon 1968). El siguiente estadio de la evoluci6n de la tipologí a paleolítica es ya el de las listas tipo. Los intentos por definir el tpio han sido varios a lo largo de la historia y han ido insistiendo en la idea fundaiaental para nosotros de "conjunto de variantes agrupadas en una misma pieza de un mo do continuado y perceptible al observador dentro de una in dustria". Es la subjetividad individual del investigador la que debe percibir el �ipo a trav's del estudio de conjunto de una serie de industrias líticas de distintos yacimientos de una misma cultura) s610 con esa visi6n global le serA. dado aprehender la idea primera que guiaba a los autores de las piezas, que se sintetizaba en el agrupamiento da un tipo con creto de una serie de características que le definían. Una vez identificados los tipos es cuando empieza la divisi�n ideo16gica en lo que á listas tipo se refiere. Tras su individualizaci6n no debemos caer en el subjetivismo de ordenarlos segdn una artificial adscripci6n a criterios geogr�ficos o funcionales. Lo primero cae ya por si propio peso y ha sido razonado mAs arribaJ lo segundo ha sido la ten taci�n hist�rica mis extendida y ya hemos visto que por el mo mento� pese a los intentos, muy vUidos, de Semenov, el fun cionalismo de base cienttfica est4 adn muy verde. Nos encontramos ya en el punto en que se produce el divorcio entee las dos escuias tipo16gicas actuales� la que emplea el m6todo morfol�gico-descriptivo� creada por el matrimonio Bordes� y la que emplea el m6todo morfot�cnico y analttico� creada por G.Laplace. La primera de ellas tiene su base en la intuici�n y el subjetivismo a la hora de fabricar su lista tipo. tsta a barca todo el Paleolttico Inferior y Mddio en un estudio de F.Bordes (Bordes 1960) y el Paleolítico SUperior, de la mano de D.de 50nneville Bordes y de su colaborador J.Perrot (5on neville Bordes y Perrot 1954-55-56). tsta d1tima, que es la Que para nuestro estudio nos interesa, fue concebida en base a los trabajos de los autores sobre una zona concreta de Fran- 55 cia, la regi�n del P�rigordJ su generalizaci6n a todas las comarcas, a todos los paises, e incluso a �pocas muy diversas (epipaleolítico, etc.) la ha llevado a ser inservible en mu chos de esos casos al querer aplicarla fuera de su normal Area de influencia. Pero aparte de esos fallos, no imputables a sus autores, s! hay que insistir en lea criterios seguidos para identificar cada uno de los 91 tipos que figuran en la lista (en realidad son 92, pues el 4ltimo recibe la denom!naci6n de "DiveBsos", por lo que allí pueden meterse los litUes que no fueron recogidos en los 91 tipos precedentes). Estos crit7erios fueron muy subjetivos e intuitivos.; se ciñeron en demasía a la perniciosa costumbre de los litUes con adjetivaci�n geogr4- fica, por lo que normalmente no pod!a discernirse entre un buril de Lacan y un buril de Bassaler at!pico, entre una pun ta de Vachons y una punta de Cott's, y as! sucesivamente. A esta dificultad, subsanable para un superespecia lista, se afiade la que introduce la denominaci6n de "atípico" tras los nombres de algunos dtiles�Ah! ya no puede solucionar se la papeleta con un estudio a fondo de definiciones y con ceptos, sino que lo atípico puede imaginarse a voluntad, ya con un espesor menor del normal, con una mayor curvatura del filo, con un retoque mAs o menos abrupto de la pieza en cues ti6n, etc •• Como ilustraci6n de esta idea de vaguedad que acom pafia a las definiciones de los tipos de la lista tipo Sonne ville Bordes - ferrot, ofrecemos la que individualiza su n4- mero 91, la punta aziliensecftPunta de pequeñas dimensiones sobre lAmina, ya sea corta y rechoncha, ya sea alargada y es belta, de dorso gederalmente curvo, o incluso arqueado, m4s raramente rectilíneo, abatido pormtoques abruptos que parten de una cara o de las dos, con una base algunas veces truncada, llegando a ser algunas veces un segmento de circulo· (Sonne ville Bordes y Perrot 1954-55-56). No creemos necesario nin g4n comentario en lo que se refiere a la necesaria precia5n que requiere toda definici6n de un tipo. La problem4tica de la nomenclatura se nos hace aquí presente con gran fuerza. Es indudable que lo ideal seria un lenguaje lo mAs s�le posible, 10sm4s escueto posible, lo mAs inteligible posible. Tras leer esta definici6n de la pun ta aziliense, a la que podríamos añadir muchas otras, hemos de llegar a la conclusi6n de que no es precisamente la lista tipo de Sonneville Bordes y Perrot la que mayor objetividad ni mayor precisi6n re4ne para un estudio paleolitico. Hechas estas consideraciones, pasemos a ver la op ci6n alternativa que tiene todo prehistoriador en sus trabajos acerca del Paleol!tice Superior. Una vez desechada en conjunto 57 la metodología Bordes,y teniendo en cuenta sus detalles apro vechables, hay que enfrentarse con el m�todo analítico de G. Laplace. El hecho de someter al dtil a un anAlisis objetivo en toda la medida de lo posible es el principio que gui6 a Laplace en el camino que le llev6 a alejarse de la tipología convencional, c14sica. La ideología racionalista, cartesiana, estA en la base de las teorías de Laplace. Se percibe un enfrentamien- to entre lo espontáneo y lo racional, entre lo empírico y lo analítico. Esta dualidad mueva a la decisi6n por una u otra alternativa, lo cual nos parece claro en el caso que nos ocupa; el racionalismo derivado de un conocimiento empírico de las industrias paleolíticas, es decir, de la realidad que estudia mos, es el mejor camino hacia unas conclusiones vAlidas por ser objetivas y derivadas de una reflexi6n. Esta elaboraci6n del conocimiento empírico nos lleva a integrarlo en lo que Kahane describi6 como Ciencia, Dun sistema l6gico, inteligi ble y coordenado. (Kahane 1964, p.40¡). El sistema de avance de la tipología empírica es el de la contradicci6n. A partir de ella elaboraremos nuevos pre supuestos que superaran los establecidos y a su vez serAo so brepasados en el futuro por nuevas ideas. Al enfrentarnos con 5H la tesis, lo establecido, y la ant!tesis, BU negaci6n obser vada y comprobada, formulamos una hip6tesis que nos llevarA a la s!ntesis final, a las nuevas ideas que se superpondr4n al con�unto de las vigentes hasta el momento. Este m�todo dia l�ctico nos parece totalmente válido en cuanto a la ciencia respecta; buscamos mediante un m�todo, un camino anal!tico, el identifiear y definir racionalmente las partes de un todo � para, a su vez, poder conocer esa reiidad de manera absoluta. Un primer paso de aplicaci6n de estas teor!as al campo de nuestro inter�s es la consecuci6n de una lista tipo. Para ello deberemos tamizar a fondo los conceptos,agentes has ta la fecha y despreciar todo lo que de espontAneo o confuso ten gan. Como producto de esto tendremos una cantidad de informa ci6n racionalizada que deber4 articularse en un sistema 16gi- co, inteligible y coordenado, es decir, científico. La elaboraci6n de este sistema no es mAs que un pro blema de nomenclatura. La tipolog!a anal!tica busca un lengua je vAlido para una descripci6n general de toda clase de indus trias, basandose en el criterio da retoque, lo que realmente da forma al dtil y nos lo hace percibir como producto de la mano humana. A partir de la distinci6n de los seis modos de rsto- 59 que (simple, abrupto, palno, 50breelevado, de buril y necail l�e") van definiendo se los distintos tipos de I1tiles, dividi dos en �rdenes, grupos, clases y tipos primarios. A la l6gi- ca y coherencia de los tipos se suma la deBCripci� de los mismos, que es, en nuestra opini�n, lo mejor que ha hallado Laplace. El problema del lenguaje ha quedado prActicamente solucionado con la codificaci�n que ha llevado a cabo el autor franc�s; un esalonamiento por importancia de los rasgos a des cribir, un criterio racional de situaci�n de los retoques den tro de la pieza, una ordenaci&n l6*ica de la -+km-.tl- sucesi&n en que deben ser descritos, etc •• Pero no debemos quedarnos tan s6lo en la mera descript ci&n del dtil; a ella pueden adjuntarse gran cantidad de otros datos. Tal proceso �s el que hemos seguido en los an�iside los dtiles que hemos revisado para esta obra, como se verA más adelante. Se dan las tres medidas de la pieza, longitud, an chura y espesor; esto reviste su importancia a la hora de re ferirnos a los 4tiles carenados, ya que �stos se identifican cuando la menor de las dos dimensiones mayores, dividida por el espesor, arroja una cifra inferior a 2'2, o, para ser mAs exactos, a la ratz cuadrada de 5 (21236: •• ). Con el paso de 4til plano a carenado varta el tipo primario, no�almente en fo�a de adici6n de un 3 delante de las cifras del mismo ti- 60 po plano. Un buen estudio de Laplace sobre tipometría, senci llo y claro, ha sido publicado recientemente (Laplace 1974a). A los datos aludidos se suman otros complementarios y no de menor importancia. El tipo de tal6n se especifica con las iniciales %1 te (ta16n ftecaill&eft), tf (tal6n facetado), tl (ta16n liso), td (talón diedro), y tp (tal6n puntiforme), segÚn su morfología. Un anAlisis profundo de los tipos de ta lones mis abundantes en esas industrias que hemos analizado queda a la espera de posteriores trabajos, pero ya podemos + ofrecer una faente de datos muy abundante para el futuro. La fragmentaci6n de la pieza se indica tambi�n en 108 anAlisis. las siglas al' indiacn el 'pice o parte distal rota) br, base o parte proximal rotaJ fd, presencia 8&10 del fragmanto distalJ fm, presencia del fragmento medialJ fp, presencia del fragmento proximal, y a-br, !pice y base rotos. Por su parte la medida o medidas que quedan afectadas por la fragmentación figuran entre par�ntesis. otro dato que aportamos puede ser fuente de futuros estudios a causa de su importancia en el 4til m4s abundante del Paleolítico Superior, el raspador, nos estamos refiriendo a la altura del frente de los raspadores, a la longitud que alcanzan los retoques que configuran la parte frontal, acti- 6 1 va, medida perpendiculal'lllente respecto al plano horizontal de apoyo de la pieza. La dltima anotacicSn que efectuamos en los anUisis no est4 presente en todos ellos. Bajo una columna encabezada por las letras NB y que precede a las seis descritas hasta a hora, figura el ndmero que correspondería al 4til en la lis ta tipo Sonneville Bordes - Perrot. Llegamos a la conclusi�n de incluir este dato de tan gran importancia a la vista de las dificultades que tentamos para comparar nuestras industrias a las analiazadas con la lista tipo de lobe. Bordes, esta problelluttica de comparacicSn en tre ambos sistemas tipolcSgicos ha sido tema de preocupacicSn pa ra los investigadores" ya que se hacta muy dificil la cOlllpren sicSn de los rutiles de un yacimiento publicados por un siste- 8a a los que practicaban el otro y viceversa. La tipología de SOnneville Bordes y Perrot habia conseguido una gran aceptacicSn, y sigue teniendola. Sin embar go la falta evidente de una serie de 4tiles lleveS a l>line.Bordes a proponer una nueva lista rectificada y ampliada. de 92 a 105 tipos. Con este hecho destruía .. a nue.stro entender, el lazo con todo lo publicado con la lista de 92 tipos, puesto que las cOlllp.araciones de los grAficos acumulativos ya no era 62 superponibles. Para no ampliar innecesariamente los comenta rios a este respecto nos remitimos a un articulo publicado por el autor donde se dan a conocer las equivalencias de los dos sistemas; adem4s alli se ofrece también una visi6n critica de la nueva lista de los 165tipos, segdn nuestras noticias adn no publicada y que lleg6 a nuestras manos gracias a4gunos com paí'ieros) es, por lo tanto, el primer lugar en que se podr4 leer p4blicamente este documento y juzgarlo (Fullola 1976c). Es evidente que los elementos de comparaci6n que ob tendremos al convertir los recuentos de un yacimiento estudia do con la tipologla Bordes no podr4n ir ds al14 del nivel de los 6rdenes o modos de retoque de Laplace. No puede pretender se bajar al nivel de los tipos primarios cuando en la lista de conversi6n vemos que no hay posibilidad de distinguir, por ejemplo, en el n4mero 77, la simple raedera, si 'sta es la teral, transversal o latero-tl'ansversal. Sin embargo consi deramos suficiente el hecho de poder deducir una serie modal pal'a poder as! compal'arla con la de los yacimientos por noso tl'OS estudiados. El estudio paralelo, siguiendO ambos sistemas, no ha sido total. Lo hemos aplicado en los niveles superiores del Parpall& (desde 4'50 mts. hacia arriba), en todo el Bal'l'anc alanc y en las doo estaciones gerundenses del Reclau Viver de 63 Serinyll y el Cau de les Gotes de Sant Julih de Ramis. Como re sultado visible de estos an!lisis figura al final de cada es trato o al final del yacimiento recuentos parciales y totales de la frecuencia de aparici,sn de :.lIcadll1til, as! como su por centaje acumulado sobre 100, lo cual es la clave para constru ir los gr&ficoSBacumulativos. Quedan por aclarar las listas que ofrecemos también al final de cada nivel o de cada yacimiento por clases y gru pos segdn la tipologla de Laplace. Creemos que la mejor mane ra de explicarlo es ir contruyendo el cuadro de la misma ma nera que podremos verlo en la práctica, pero con los nombres que representan las letras escritos totalmente a su lado. As! tenemos, S (simples) fR.- fragm.raedera B sr.- buril sobre retoque R.- raedera sp.- buril sobre plano P.- pWlta P unif.- �o Wlifacial D.- denticulado P bif.- plano bifacial G.- raspador SE (sobreelevado) fR.- fragm.raedera R..- raedera P.- pw¡ta D.- denticulado G.- raspador A.- Abruptos indiferenciados (incluye tambi�n Bc[perforadores] y T[troncaduras]) LBm.- 14minas de dorso marginal p.- 14minas de doBso profundo c.- l&minas de dorso con escotadura PDm.- punta de dorso marginal p.- punta de dorso profundo c.- punta de dorso con escotadura LDT.- lAmina de dorso truncada PDT. - punta de dorso truncada BPD.- bipunta de dorso Pic.tr •• - Apico tri�drico o microburil Normalmente despu�s de estos recuentos so ofrece un resumen de los tipos primarios hallados y su reparto sobre. las piezas. Nos referimos a los monotipos. es decir, él las pie- zas que contienen tan s�lo un tipo primario; los dobles pre sentan una asociaci8n de dos tipos primario. sobre una miama pieza; los triples 10 hacen con tres y los cuadruples con cua- tro, si bien estos dos últimos casos no son muy frecuentes. De todo ello deducimos que, excepto en 01 caso de que todos los 4tiles fueran monotipos, no coincidir4n nunca la cifra de �tiles con la de tipos primarios. Como ejemplo diríamos que si en una serie de 50 piezas o �tiles hay seis dobles, tres triples y un cuadruple, los tipos primarios serAn 65 (cuatro del cuadruple, nueve de los tres triples, doce de los seis dobles y cuarenta de los restantes cuarenta d.tiles, los mono tipos). Vamos a continuaci6n a establecer un nexo entre los dos aspectos que hemos estado tocando repetidamente en este capitulo, el cualitativo y el cuantitativo. Para un estudio actual en Prehistoria no debe dejarse de lado ninguna de estas dos vertientes de la realidad, pues ambas se complementan. Lo cualitativo está representado en este estudio por los análisis tipolcSgicos y por los nd.meros de la lista tipo de Sonneville Bordes y Perrot; a partir de estos datos podemos deducir el aspecto, la calidad, el tipo de retoque e incluso el tipo de d.tiles que han pasado por nuestras manos. La cua lidad de estos dtiles podr� prefilarnos en ocasiones la ads cripci6n cultural de un nivel o de un estrato a una cultura de terminada, sobre todo cuando la serie sea poco numerosa y po sea en ella algunm piezas de las consideradas cOMO,lIf6siles directoresll de momentos concretos. Bs por ello que no debemos dejarnos absorber por una estad!stica apastantc, puesto que a veces, si perdieramos esa visicSn cuUitativa de la indus- 6(; tria, pasaríamos por alto circunstancias o influencias inne gables, pero detectables solamente a nivel cualitativo y no estad!stico. La cuantificaci6n de las industrias es, a pesar de todo, una necesidad para un estudio medianamente serio en la Prehistoria actual. La estad!stica se ha convertido en la cien cia auxiliar de la Prehistoria que tiene una aplicaci6n mAs continuada en estas 4J.timas d�cadas. El paso de lo cualitati vo a 10 cuantitativo no debe quedar, sin embargo, en una lis ta acumulativa, sino que deben encauzarse sus resultados por caminos matem�tico-estadÍsticos, en b�squeda de asociaciones de �tiles, de rupturas entre sus modos de retoque, de dominan cias de uno de ellos sobre los demAs, etc., que no hayan po dido percibirse a simple vista o intuitivamente, o que, si as! se ha hecho, no puedan sustentarse en una base seguraJ la com probaci6n estadÍsticas de esas hip6tesis intuitivas es, de nuevo, el triunfo del racionalismo, del empirismo, sobre la improvisaci6n y la intuici6n¡ s610 actuando 16gica, inteligi ble y coordenadamente estaremos obrando de manera científica. Una vez cuantificada la industria en cuesti6n, es decir, recontadas las cantidades que de cada modo, de cada grupo, clase o tipo primario haya en ella, segdn el nivel de anAlisis al que queramos descender, debemos emprender un ca- 67 mino de elaboraci�n de estos datos. En este camino estadísti co seguiremos hasta unos ciertos limites las indicaciones de Laplace y de su escuela; las precisiones y b4squedas han llega do 4ltimamente a unos extremos tan difíciles de aplicar, tan espesos y tan largos que hemos decidido no llegar hasta esos limites, entre otras cosas porque los cAlculos necesarios pa ra hallar los resultados apetecidos no caben en las pantallas de las computadores de bolsillo, y habría que recurrir a al gunas de ellas programables. Pero no es solamente este detalle t�cnico el que nos frena a la hora de profundizar en los últimos estudios de Laplace y de su escuela (LapIace 1975. Laplace y Livache 1975). Sinceramente creemos que en BU fin la aplicaci�n es vAlida, pero quedan en nosotros dudas acerca de si lo buscado o repre sentado no es mis que un rizar el rizo sin una trascendencia final que justifique el esfuerzo a realizar. El desarrollo de las técnicas estadísticas es, en realidad, el estadio siguiente a la utilizaci�n de diagramas de frecuencias acumulativos en arqueología. Una nueva genera ci�n de m�todos vendrA de la mano de ese desarrollo y de la utilizaci6n de las grandes calculadoras, cada vez de tamaño más reducido y de m4s cantidad de operaciones en sus tecla dos. La nueva etapa dejarA atrás los errores de cAlculo que 6S acarrea la t�cnica de los porcentajes acumulativos, segdn pa labras de J.E.Kerrich y D.L.Clarke, profesores de la Univer sidad de �itwatersrand y C .. bridge respectivamente (Kerrich y Clarke 1967). Una salvedad debe hacerse frente a los nuevos m�todos: los prehistoriadores deben saber que aunque algunas t�cni�aB estadÍsticas les proporcionan un medio para ayudar les a pensar con claridad y a juzgar acertadamente, esas t�c nicas no van a pensar por ellos; la responsabilidad final de la validez de su investigaci6n queda en los propios prehisto riadores. Volviendo a los limites hasta los que aplicamos las t�cnicas estadÍsticas sigeridas por G.Laplace, debemos decir que encontramos como mAs gr4fico y descriptivo, mAs claro y de mejor aplicaciSn el llamado criterio ordinal. Hasta llegar a �ste Laplace fue evolucionando: par tiS, como base primordial, de los an�isis realizados con su tipología analitica. Con el recuento de los dtiles analiza dos se sabia cu4ntos de ellos habLían sido conseguidos con cada uno de los seis tipos de retoque distinguidos (simple, abrupto,plano, sobreelevado, de buril y "ecailléeft). A par tir de estas cifras se obtiene la serie nominal, que es la disposiciSn de éstas en un orden previo y siempre el mismo, por convenci6D, y que es el mismo en el que las acabamos de exponer. G 9 La cuestitSn primordial del estudio es ver dentuo de esa serie sus movimientos, articulaciones y rupturas, es decir, la evolucitSn de esa serie. La variaci6n mayor ha consistido en e�riterio aplicado al buscar las rupturas y en la valora citSn de los mismos en importancia. El primer paso consistía en pasar de la serie nomi nal a la serie ordinal. Tal conversi6n se efectda ordenando los efectivos observados de cada modo de mayor a menor, lo cual nos permite ya una visualizacidn general de la industria que nos ocupa. No vamos a extendernos en demasía en la evolucitSn de la bdsqueda de criterios vAlidos para localizar las ruptu ras dentro de una serie, datos que por otra parte pueden en contrarse bien desarrollados en una de sus publicaciones (La place 1974b). Insistiremos, sin embargo, en las lineas di rectrices de esa evoluci6n que desembocaran en el m�todo que aplicamos. Aclaremos, al empezar, algunos conceptos bAsicos: por ejemplo, intervalo (i) es la disÜDcia entre dos categorías; amplitud (A) es la distancia entre las categorías extremas de la serie; la amplitud se identifica con la categor!a mAxima o dominante (n) cuando la categoría minima es de valor O. Un primer acercamiento para diferenciar categor�!as puede ser 70 la media (1)1) J se halla dividiendo el efectivo total (N) por el número de categorías, que normalmente serA de seis. Serln ca tegorías mayores las que tengan un efectivo superior a la me dia, y menores las que lo tengan menor. Pero hasta aquí no había método para hallar las rup turas de la serie. El driterio mIs simple que surgi6 para in tentar averiguarlas fue el del doble (Laplace y Broglio 1966). Se basa en considerar como ruptura entre dos categor"s el hecho de que, cuando son adyacentes, una sea el doble o mIs de la otra. Para signifioar las rupturas se marca un trazo o blicuo entre las que cumplen lo enunciado, hecho este que se repetir! en todos los casos, pero con mayor precisi6n. Precisamente en busca de ello entr6 en juego un nue vo criterio, el de la amplitud. Tenia en cuenta el ndmero de categorías, pero no el efecti.o total. Consideraba ruptura o discontinuidad cRando el intervalo entre categorías era supe rior a la amplitud media (Am). que se obtiene dividiendo la amplitud (A) por el ndmero de categorías menos una (k-l). El siguiente criterio al que Lap1 ce evolucion6 fue el de la dominante. Tiene tambign en cuenta el número k de categorías pero no el efectivo total N. La ruptura o discon tinuidad se producía cuando el intervalo entre 2categorías 71 adyacentes era superi.or a la media de la dominante (Dm), que se obten!a dividiendo la dominante (D) o efectivo mbimo por el ndmero k de categorías. Un estadio m's avanzado de estudio viene representado por el criterio de la raz�n. En �l se considera tanto el efec- tivo total N como el ndmero k de categorías. Se ha construi- do sobre el modelo te�rico de una serie aritm�tica de raz6n r,de k t�rminos, siendo el primero, a, de valor nulo. Hpy rup- tura cuando el intervalo entre series adyacentes es superior a la raz6n r de las series te6ricas de suma N y de k términos. La fracci!n final de las series, cuyo desarrollo omitimos 2�1 (ver Laplace 1974b, pp.13-14) resulta k-'1" ' siendo M la me- día que ya hemos calculado anteriormente. Para calcular ademAs la importancia relativa de las rupturas podemos incluir en el cAlculo el llamado coeficien- te de inestabilidad (1) que es la relaci�n entre la amplitud A y el "ecart type 11 E, cuyo cAlculo también omitimos (ver La- place 1974a, p.139). Señalaremos tan s�lo el resultado final, que es 2M, siendo M la media ya calculada m� arriba. Tras el cálculo de r y de 1, los aplicamos a la serie. Cada efectivo se divide por r y as! obtenemos una cifra. La diferencia entre esas cifras adyacentes, en los casos en que 72 hay ruptura, ya seftaladoB con anterioridad, nos dara la impor- tancia relativa de esas rupturas o discontinuidades. Pero la b4squeda continu6 al encuentro de un cri- terio que nos condujese a ver las articulaciones internas de las categorías .0 grupos de categorías aislados por las discon- tinuidades. Habíl que llegar a un criterio que ordenase las rupturas, un criterio ordinal y que diese lugar a una estauc- tura de orden para las discontinuidades. No seguiremos aquí paso a paso el proceso matemát:i.- co que ha llevado a Laplace a la definici6n del criterio or- dinal (Laplace 1974b, p.15). Nos limitaremos a dar la defini- ción y a aplicarla en su momento oportuno, como podrá compro- barse: nEn una secuencia ordenada de efectivo N y k catego- rías todo intervalo entre el efectivo máximo (e ) y el efec max tivo de rango inmediatamente inferior (e 1)' como entre el max- efectivo mínimo (e . ) y el efectivo de rango inmediatamente tn:Ln superior (emin+1), toma significaci6n de ruptura o disconti- nuidad cuando, respectivamente, las relaciones de e max - e min y e - e max min son superiores a 2. e max-l e max - e min+l no pudiendose efectuar el proceso con menos de tres t�rminoS:I. El desarrollo posterior de la problemAtica que nos presenta el criterio ordinal en su ap1icaci6n lo mostraremos 73 ampliado en el primer estudio correspondiente a la cueva del Parpall&, concretamente su nivel inferior, de 8'50 a 7125 mts., por lo que remiúimos al lector a su apartado correspondiente, donde se hallar� el albol ordinal, los cAlculos sobre las se cuencias parciales y la matriz de distancias. Mediante la aplicaci&n de este sistema se consigue el matizar la importancia relativa de las rupturas que se ha llan, en calibrar su amplitud, con lo que se consigue una r� pida visi6n a fondo de la problem4tica interna de la serie. Con posterioridad este criterio se ha visto ya des bordado por otro propuesto por la escuela laplaciana (Laplace y Livache 1975); se trata del criterio de la contingencia, que viene complementado por nuevas observaciones posteriores tales como la estimacitSn de las frecuencias te6ricas a partir de las frecuencias observadas en la secuencia estructural; hemos preferido, pese a todo, atener.os al criterio ordinal por su empleo m4s difundido y una mapor facilidad de aplica. ci6n, ya que para el de la contingencia los cAlculas eran muy prolijos. Pero no se detiene la tipología anal1tica en averi guar datos y estructuras de una sola serie; es su prop&sito tambi�n averiguar las relaciones entre dos a amAs series, ya sean de un mismo yacimiento, ya sean de procedencias dispa- 2 res. Se utilizan para ello los tests de homogeneidad de X' cuyos resultados se buscan en las tablas de Pearson y nos hablan de las posibilidades de que las fluctuaciones detec- tadas entre las dos o m�s series consideradas sean producto del azar (en cuyo caso las seiies son homog�neas en su dis- tribuci&n, y por lo tanto semejantes) o no lo sean (y enton- ces las series son inhomog�neas y distintas). Pese a que veremos aplicada esta metodología en los estudios de la zona catalana,los primeros que por orden corres- ponden, concretamente en el Rec1au Viver y en el Cau de les Goges, la explicaci&n a fondo de esta metodología la hallare- mos al tratar del SOlutrense Medio del Parpall&, ya en la zona valenciana. Allí se exponen ampliamente los criterios que han llevado a esta línea investigadora a convertirse en vital a la hora de comparar series distintas, y están aplicados a las dos subfases que hemos distinguido dentro de aquel Solutren- se !-fedio. Remitimos p_ tanto al lector a ese apartado para mejor informaci&n, o al artículo básico de Laplace donde ex- pone este camino de investigaci,sn y nos da un dato muy impor- tante, como son las comentadas tablas de Pearson (Laplace 1974b). -; Pero el propio Laplace est& trabajando ya con nuevos métodos en el apartado de comparaciones de series. Nos referi mos a BUB estudios acerca de la distancia del Khi 2 Y sobre todo acerca de los algoritmos qmétodos de cAlculo para una clasificaci6n jer&rquica¡ entre estos dltimos potencia dos camninoB, el de utilizaci6n de de una distancia ultramétri ca, ya sea una superior mínima, ya sea una inferior máxima, o _el que procede por reducci6n de la matriz de distancias inicial (Laplace 1975). Pero si ha sido la tipología analítica la base de todo nuestro trabajo, no hemos dejado aparte totalmente la tipología intuitiva emanada sobre todo de la escuela de Bur deos y de sus cabezas visibles, el matrimonio Bordes. Nos ha peacido capital la inclusi6n de los an41isis tipo16gicos segdn la lista tipo de Sonneville Bordes y Perrot para no constre ñir en exceso nuestro estudio, que tiene miras de extensi6n lo más amplias posible. Eramos conscientes que con una apli- c ci6n exclusiva de la tipología analítica nuestro campo de receptividad exterior quedaba muy mermado y debía cefiirse so lamente a los pocos investigadores que aplicamos el sistema en cuesti6n en Espafta, Francia e Italia. No era nuestra inten ci6n autoexcluirnos de las corrientes tipo16gicas dominantes hasta la fecha, que hay que reconocer que eran las emanadas 7fi de la doctrina Bordes, y con ello queremos abarcar todo el 4m bito cronol�gico e ideol�gico que tal calificativo implica. Pero toda esa evoluci6n en nuestro modo de pensar fue algo mAs tardIa que el inicio de los an�isiB de los ú tiles usados para eaat Tesis Doctoral. Por 10 tanto qued6 u na parte de los IjI.ismos ani.izada exclusivamente con el siste ma tipo16gico analítico, y fue la de los niveles inferiores y medios del Parpal16; a partir de 4'50 mts. ya se incluye bajo una primera columna encabezada por las siglas NB (Núme ro Bordes) la cifra correspondiente al tipo de la lista de Sonneville Bordes y Ferrot. Así hemos seguido operando con los útiles procedentes del Barranc Blanc, del Rec1au Viver y del Cau de les Goges, todo 10 cual puede proporcionar a 108+ estudiosos del Paleol!tico Superior que operan con el siste ma Bordes una fuente de datos muy considerable. Para mayor faciliddd se a�tan al final de cada tramo, nivel o zona los recuentos y porcentajes acumulativos de los tipos, es decir, la base de los controvertidos gr4ficos acumulativos1 como ha sido sei'ialado ya en este mismo capítulo y podrá comprobarse mAs adelante. ijperamos que esta maniobra integradora y no disgre gadora sea valorada en la justa medida universalista que pre tende. Que no se interprete como una renuncia por parte de 77 este investigador del m&todo que creemos el m&s adecuado pa ra los trabajos de paleolítico Superior sino como un deseo de llegar al mayor ndmero de estudiosos de la materia sin lí mites. Estamos, pese a ello, en favor de un mayor indice de publicaci6n de yacimientos siguiendo el sistema de Laplace para as! llegar a una red de comparaciones similar a la que ho� puede obtonerse de los yacimientos publicados siguiendo el sistema Bordes. Instamos para ello a la utilizaci6n del m�todo laplaciano a cuantos investigadores posean un espíri tu cr!�ico mínimo hacia errores claros o velados pero que con una visi6n objetiva y racional de la problem4tica tipo16gica paleolítica intenten hacer avanzar el saber hacia objetivos m4s científicos. 7H YACD1IENTOS Tras haber entrado en detalles hasta aquí acerca de los elementos previos para el estudio detallado de las in dustrias líticas, pasaremos al mismo centrandolo en los ya cimientos analizados para este trabajo. Dato previo tiene que ser por fuerza la estructura oi6n territorial que hemos seguido a lo largo de los capítu los que siguen. Tres son los n4cleos principales en que agru pamos los yacimientos. El primero que veremos sera la zona ca ta1ana, dondo destacan el Reclau Viver de Seriny� y el Cau de les Goges de Sant JuliA de Ramis por encima de otras Olle- vas.y abrigos de menor importancia; la concentraci6n de estacio nes se cebtra casi exclusivamente en las comarcas gerundenses y hey que mencionar la zona de Serinyh como la mAs prolífica dentro del Paleolítico SUperior peninsular. El segundo n�cleo de yacimientos lo tenemos en los territorios agruPados bajo la denominavi6n de zona valencia na. Indudablemente es �sta la clave del presente trabajo por su vital importancia dentro del desarrollo de la Prehistoria. Es por ello que en el estuAio detallado de dos de sus yaci mientos fundamentales hayamos consumido muchas horas y mu chas pAginas; 110S referimos al Parpal16 y al Barranc Blanc. En el estudio del primero hemos basado una remodelaci6n de la secuencia estratigráfica levantina que veremos en su mo mento oportuno; para el segundo, aparte de la originalidad intrínseca de sus indusbrias líticas, pensrunos que el mejor dato es la aportaci8n que representa su estudio detallado y su salida a la luz despu�s de un cuarto de siglo de su ex cavaci6n; hemos llevado a cabo además en el mismo una cam paña para realizar comprobaciones estratigráficas, una cata y el dibujo de cortes y plano de la cueva. El tercer yacimiento clave de la zona, Les Mallae tes, está en estudio bajo la direcci6n de los profesores F. JordA y J. Fortea de la Universidad de Salamanca. Circunstane cias particulares nos han impedido una visión directa de los materiales que con tan gran generosidad nos ofrecieron para su estudio somero los citados investigadores, en especial el segundo de ellos. No obstante un avance a su publicaci6n de finitiva nos da los datos suficientes para encüadrar este im portante centro dentro del cuadro comarcal. Dos yacimientos más completan la zona valenciana, Les l>laravelles y Les Rates Penaes; circunstancia a resei'iar es que la concentraci6n de cuevas se produce alrededor de un punto concreto de la sierra costera levantina, que hoy se ha lla cerca de la ciudad de GandÍa. El. Parpal16 y Les l>lallaetes 80 distan entre sí poco m&s de tres Kms.; entre 10 y 1S 'Kms. dis tan de estas dos primeras del n&cleo ue &6tova, donde se cen tran las tres restantes. Por fin la tercera zona es la qu�lamamos Centro SUr. Ln ella hemos podido realizar un estudio analítico de cuatro yacimientos: el SerrÓn (Antas, Almería), la Cueva de Ambrosio (Vélez Blanco, Almería), el Tajo del Jorox (Alozai na, Hálaga) y Salemas (Ponte de Lousa, Portugal). Tres agrupaciones de yacimentos pueden distinguir se en esta zona; QIlO situado en la regi6n de �furcia-Almer:(a. de viejas excavaciones y datos en general pobres y confusos, como sus estratigraf!as; otro que comprende los hallazgos por tugueses, de resultados en ocasiones espectaculares, peDO de publicaci6n no excesivamente pprovechable; y un tercero, el m�s dudoso, que abarca los hallazgos de foliáceos realizados en las graveras del Manzanares a su paso por Madrid. Las con troversiss sobre esta 4ltima agrupaci6n de hallazgos las cre emos fundadas ya que se efectuaban en superficie y mezcla- das con elementos típicos del Paleolítico Inferior. Un dato previo, en el aspecto práctico, que conven dría dejar bien claro antes de pasar a las zonas y a los ya cimientos propiamente dichos sería la explicaci6n de la sis- 81 tematizaci6n de las industrias se� sus niveles, zonas, ctc •• Ya en el capítulo de metOdología se explicaba con detalle la que hemos seguido a la hora de sus an41.isis y de sus datos PObte riores, medidas, tipos de tal6n, fragmentaci6n alturas del re toque en los raspadores y número correspondiente de la lista tipo de Sonneville Bordes y Perrot. Ahora nos proponemos a clarar la numeraci6n de los dtiles analizados. Siguiendo el orden en que vamos a encontrarlos en estas páginas, tenemos en primer lugar el Reclau Vivero Dos series han sido analizadas, la primera de ellas, procedente de las vitrinas del Huaco de Banyoles, tenía ya una numera ción propia, que hemos respetado, y que corresponde a la cifra del inventario que llevaba el Dr.Corominas en sus trabajos en la zona de SerinyA¡ la segunda serie proviene de la exhaus tiva revisión que llevamos a cabo en los fondso del menciona do Museo entre los materiales provinentes del Reclau Viver, en los cuales pudimos distinguir m4s de cien útiles, que fue ron numerados del 2001 al 2108. El. segundo yacimlliento catalM al que hemos anali zado detenidamente es el Cau de les Gages de Sant JuliA de Remis. Su problem4tica fue mucho m's 1:4cil ya que en todas las piezas analizadas figuraba el número de inventario del Huaeo 82 Arqueol&gico de Barcelona. Las pocas que no lo ostentaban e ran las que vimos en Gerona, fruto de las visitas realizadas a la cueva en años recientes. su escasez hacia que pudiera mos prescindir de catalogarlas con una cifra y sacar de allí una serie. El problema mayor lo tuvimos al enfrentarnos con el Parpall&_ un verdadero monstruo que tenia, en los niveles que ibamos amalizar, un total que se aproximaba a las 10.000 piezas l1tiles dentro de un conjunto de casi 100.000 piezas. De estas tUtimas tuvimos que separar los 4t.iles en muchos ca sos, dado que nuestra revisi6n se bas& en gran medida en los paquetes guardados en los fondos del l>:luseo de Prehistoria de la Diputacioo de Valencia donde reposaban desde hace casi me dio siglo. Nuestra paciente labor did sus frutos, ya que gran cantidad de titiles fueron recuperados para su estudio en es te trabajo. La suma total de 108 analizados alcanza, como ya hemos indicado, una cifra superior a los 10.0CO instrumen't;os. La numeraci6n se inici6 con el nivel 7'25-6'25 mts., Solutrense Inferi.ort con el ntimero 1. Pero al decidirnos a tocar el nivel inferi.or, el Auru1aciense o Gravetiense, tuvi mos que proceder a una numeraci6n distinta, ya qáe el 1 esta ba adjudicado al nivel superior J la aoluci6n fue que precedie ra a la cifra correspondiente un O, y as! tenemos el dtil 01, 83 02, etc •• Para el Solutrense Medio el primer 11til fue marca do con el 1001. En el Solutrense SUperior la primera cifra era el 3001, ya que el nivel anterior habla superado el ndmero X 2000 y dejabamos de margen hasta la mencillada cifra. Parecido fencSmeno se producía con le Soll1treo-aurifiaciense final, que encabezamos con el 6001. y por fin los dos Magdalenienses se guían una numeracidn correlativa a partir del 8001. En el Barranc Blanc el problema era semejante. Casi ningdn 11til estaba marcado y efectuamos esta labor despu6s de la de clasificaci6n de materiales, no tan numerosos como en el Parpal16 poro tambi6n guardados en los fondos del Museo de Prehistoria de Valencia. Dado que aquí la distinci6n se hizo en nueve niveles, en cada uno de ellos encabezamos la numora ci6n con las siblas B81, 8B2, etc., y a continuaci6n la cifra correspondiente partiendo del 1 en cada capa. La cifra total de útiles era de unos 2.500, algo superior a ella. llasta aqtÚ los problemas concretos de nwneraci6n que podr comprobarse en las pAginas que siguen. ScSlo en un caso m.1s, en el Tajo del Jorox, hemos realizado an.tLisis, que siguen las cifras del. cat go ofrecido eI)1.a publicaci6n. Demos paso ya a los estudios concretos de las tres grandes zonas. La gran cantidad de análisis �ipo16gicos ha r� quizAs dificil el manejo de esta obra pero es nuestro de- seo que no enmascaren el contenido de la misma con su volu men. Nuestra decisi6n de incluirlos ha sado meditada y vree mos que con ellos aportamos tantos datos o m4s que con el tex to propiamente dicho. Un �timo punto a señalar es la estructuraci6n de estos estudios por zonas; se plantea siempre en primer lu gar una problem4tica general de la misma, para seguir con el estudio de los yacimientos m6s importantes, que a su vez se subdividen en diversos apartados particulares; a continuaci6n se efectda el estudio de yacimientos menores para finalizar con unas conclusiones generales sobre 1 zona que correspon de. Dicho esquema nos ha parecido el m1s adecuado para lo grar la mejor exposici6n de los hechos que se detallan a con tinuaci6n. ZONA CATALANA ProblemAtica general El estudio de los hallazgos solutrenees en Catalu nya no puede ser necesariamente muy extenso debido a la parque dad de 106 mismos. Si bien la cantidad de &tiles que poseemos no es elevada, cualitativamente cabe considerarlos a la misma altura que los de la zona valenciana, clave en el proceso de desarrollo de la fase media del Paleolítico Superior mediterr' neo peninsular. De inmediato hay que privilegiar una parte de Cata lunya donde se encuentran pr�cticamente todos los hailazgos conocidos hasta el momento: se trata de las comarcas gerunden ses, donde destacan con luz propia dos yacimientos de antigua excavaci�n con una estratigrafía solutrense. aludida de con tinuo en diversos artículos y necesitada, desde nuestro punto de vista. de una precisa descripei6n de esos dtiles y de un enfoque renovado de sus series industriales. Nos estamos refi riendo al Cau de les Goges de Sant Juli� de Ramis y al Reclau Viver en la prolífica zona de Seriny�. Ambos han sido analiza dso en su industria lítica hasta donde nos lo han permitido las reconstrucciones estratigr4fieas deducidas de los artícu los que sobre tales yacimientos publicaron sus excavadores. 8(; él problema mayor se nos ha presentado en el segundo de ellos por la confusi4Sn de taludes y profundidades que se desprende del diario de excavaciones o incluso de sus intentos posterio res de aclarar tales circunstancias; pero estos hechos Ser&l tratados con detenimiento en su apartado concreto de este ca pitulo. Hoy conocemos una nueva serie de yacimientos, en la misaa zona de Serinyh, que han dado restos de inequívoca ads cripci6n solutrense¡ los mAs destacados son L'Arbreda y Davant Pau , Sus materiales estSo en estudio por parte del Servici.o de Investigaciones Arqueo16gicas de la Diputaci6n de Gerona, que colabora estrechamente en su cECavaci6n con un equipo de la Universidad de Provenza bajo la direcci6n del profesor fran c�s H. de Lum1ey. Debido a esa emrcunstancia, lSgicamente no hemos llevado a cabo su an!1isis, y su cita se hace a partir de la publicaciSn de notas referentes a los mismos en la obra clave,y de reciente publicaci6n,para la provincia de Gerona "El Paleolític a les comarques gironines", recopilaci6n lleva da a cabo con motivo de la visita qáe a la zona efectuaron los miembros del noveno Congreso Internacional de Ciencias Prehist6ricas y Protohist6ricas celebrado en Niza en Setiem bre de 1976 (Canal y Soler 1976). M4s adelante insistiremos en el tema. 87 Quedan, POI' .tltimo, las citas de los hallazgos suel tos en yacimiento, o aislados, que se centran también casi con exclusividad en la zona de Serinyl. Tan solo se seftala un &til posiblemente solutrense en la provincia de TBI'ragona, en el yacimiento de Les Planes, cerca de El MolarJ es el doi co vestigio de esta cultura del que hasta hoy tenemos noti cia fuera de la provincia de Gerona. Difícil es buscar causas a esta carencia casi abso luta de utillaje paleolítico solutrense eh el resto de Cata lubya; y lo es porque hay que dilucidar la cuesti6n de si no han aparecido porque no existen o porque no se han buscado con suficiente método y afAno Un dato nos inclina hacia la pri mera aseveraci6n¡ si hay dos zonas bien exploradas en lo que a yacimientos paleolíticos y epipaleol.!ticoB se refiere, .sstas son la de Gerona y la de Tareagona. En la primera de ellas la abundancia del Solutrense y de otras culturas paleolíticas es clara y conocida desde hace muchos años. En la segunda la exploraci6n de yacimientos ha sido, en algunas aonas, abundan te de la mano de S. Vilaseca, que saceS a la luz abundantísimo material postpaleolítico pero que nunca hal16 rastros paleo líticos, excepci6n hecha, para el SOlutrense, de la punta de Les Planes ya aludida. La conclusi6n que podemos sacar de es ta exposici6n es que realmente en Gerona hay Solutrense y no 8H lo hay en Tarr88ona, puesto que ambas zonas han sido trabaja das de forma semejante con bien distintos resultados. Sin cm bargo creemos que una prospeccidn a fondo de esta d1timaa pro vincia, en zonas no tocadas por el Dr.Vilaseca, que son tambi� numerosas, pOdrta dar sorppesas en forma de materiales paleo líticos; en ese camino hacia el Sur han sido señalado algu- nos hallazgos, supuestamente magdalenienses, en el karst de la costa de Garraf (Barcelona). No obstante la tentaci6n de encontrar un camino se guro que uniese el bloque gerundense con el valenciano ha lle vado a m's de una teoría aventurada, a más de un equilibrio en las distancias para encontrar esa relaci6n. Personalmente creemos en la relaci6n abstracta, a nivel de ideas, pero no necesariamente a nivel de utillaje, de restos palpables de esa conexi6n. y otro punto importante por el que abogamos es en la indistinta direcci6n de esas relaciones; tanto pudo in fluir el Parpal16 en 8eriny� como Serinyl en el Parpal16, to mando los dos lugares más representativos de ambos grupos y teniendo en cuenta el paralelismo cultural f&cilmetne dedu cible a partir de unos estímulos similares o de unas tradi ciones anteriores convergentes. 89 EL RECLAU VIVER El Reclau Viver se encuentra en la zona de Serinyl. pueblo situado a unos 6 Kms. de Banyoles y casi a 25 de Gero na. EstA comprenalido en el complejo de yacimientas que se abren en el travertino, producto del sistema de lagos que en la co marca marcaron la pauta en �pocas pasadas, el de EspolIa, el mismo de Banyoles, etc. (Sanz 1972, Julil 1977). Dicho tra vertino di6 lugar a numenosos abrigos que fueron rellenandose de sedimentos, en muchas ocasiones producto de la presencia del ho�bre del paleolítico en la regi6n. Al pie del sistema de cuevas y abrigos corre un pcqqBño riachuelo, el Serinyadell. Para una situaci6n exacta de la zona debemos remitirnos de nuevo al libro citado en el apartado anterior en el que pue- de contp�plarse un preciso plano, obra de E.Sanz, en el que se observa la disposidi6n de los yacimientos y las curvas de ni vel que marcan de manera decisiva la topograf!a del lugar (Ca nal y Soler 1976, p.131). Antes de adentrarnos en el estudio preciso del Re clau Vivar, vamos a citar los dem.4s abrigos de la zona en los que se han realizado hallazgos arqueológicos. Históricamente la primacía corresponde a la Dora Gran d'En Carreres, cuyas primeras excavaciones tuvieron lugar hace mAs de cien afios (Alsius 1871) por parte del farmac�utico baflolense Pere Al- 90 sius i Torrent1 en el yacimiento que nos ocupa los trabajos se realizaron durante los años 40 por parte de J.M.Corominas, ka bajo la inspecci�n de L.Pericot¡ el primero de ellos realiz6 asi mismo labores de prospecci6n en Mollet I y en la Cova d'En Pau, todo ello durante la referida �cada. Las coleccio nes particulares guerdaron gran cantidad de materiales provi nentes de la zona, por lo que en ocasiones fue s6lo el estu dio tipo16gico de esos hallazgos lo que pudieron hacer los prehistoriadores, sin poder profundizar cn el del yacimiento en sI, en su entorno, en su tipo de tierras, estratigrafía, etc. (Pericot y Maluquer 1951). A principios de los años 70 se prosiguieron de ma nera regUtar las excavaciones, ya que los sondeos no fueron nunca abandonados sobre todo por parte del Dr.Corominas. Fue ron reconocidos hasta cinco puntos en la zona de la cueva de Mollet (I. II, etc.). se trabaj6 en la Cava dtEn Pau y en sus cercanías (Pau II. Davant Pau) y, sobre todo, se excava L'Ar breda, yacimiento clave de la zona en el que un sondeo reali zado por Corominas lleg6 hasta los 9 mts. y donde hoy traba jan el S.I.A. de Gerona y un equipo del proesor Lumley de la Universidad de Provenza¡ como ya hemos señalado con anterio ridad. otros agujeros detectados en el travertino han ido 91 dando sedimentos, en ocasiones f�rtiles, y se conocen, por ejemplo, la Cova Costa, el Cau del Codony, el Cau del Roure, IIAbiic dlEn Genover, etc. (Estévez 1976a, en Canal y Soler 1976, p.130). Volviendo de nuevo al Reclau Viver, señalaremos que su g�nesis fue una diaclasa en el corte del ya mentado tra- vc�tino de EspolIa producido por erosi6n fluvial del Serinya- dell,; la forma definitiva fue modificada con seguridad poI' la acci6n del agua al filtrarse por el porOBO material que for- ma la cueva (Crusafont y Thomas 1950). El yacimiento tiene en su entrada un vestíbulo, pe- 2 queíia sala de poco mits de 20 mts ., donde la estratigrafía apareci6 revuelta. Una prolongaci6n o galería did la estrati- grafía deseada en los taludes que en ella fueron distinguien- dose. Ciñendonos en primel' lugar al vestíbulo, ya su ex- cavador señala la mezcla de materiales que van desde los ro- manos al Paleolítico (Col'ominas 1949, p.44)¡ se han identifi- cado cer!micas sigillata, ib�rica, campaniforme, cardial, mez- cladas con 4tiles en sllex, cual'zo o cristal de roca como dor- sos rebajados, raspadol'es, puntas de aletas y pedúnculo fo- liAceas, buriles, etc •• Es de destacar un recientísimo estu- 92 dio, adn inedito, del conservador del Museo de Banyoles J. Tarros acerca de los niveles cer4micos de esta cueva (Ta rros 1978). La profundidad de la excavaci6n en esta parte de la cueva lleg6 casi a los dos metros, en capas de 20 cms., numeradas del 1 al 9 y por sectores, de complicada recons trucci6n. La parte que ofrece un mayor 1nter�s es la gale ría, en la cual los seis taludes en que se dividi6 la exca vaci6n llegaron en algunos casos hasta los 5'40 mts. de po tencia. Los niveles cstaban intactos gracias al desplome de la b6veda que proserv6, desde el final del Solutrense, la estratigrafía depositada hasta aquel mo eneo , El pi:imer talud es casi inaprovechable ya que se extrajo para penetrar en la galería desde el vestíbulo, pa ra abrir un hueco que comunicase la cavidad con la meseta del Reclau. Desde lo alto de la misma prosigui6 la excava c16n de b -*'1m- los taludes, hasta seis. Desde la superficie hasta 1'50 mts., aproximadamen te, abunda la cer4mica lisa, o con sencillos cordones y asas, de tipo neolítico. Entre 1 y 1'20 mts. se hallaron restos de un enterramiento meol!tico, e incluso se cita un fondo de ca- bafia neolítico (Corominas, M., 1960, p.13). La tierra es ar cillosa y rojiza. 93 Hasta los dos metros hay una potente capa de blo ques de travertino, en realidad la b6veda de la cueva calda a finales del Solutrense, cultura subyacente de forma inmedia ta, sobre la cual el derrumbe actucS como aisl.ante de poste- riores mezclas. Entre los 2 y los 3'20 mts. tenemos los inequívo cos restos del Solutrense, que han sido los estudiados a fon do y analizados para el presente trabajo. Si bien los prime ros 20 cms. eran casi estérLles, entre 2'20 y 3'20 mts. la abundancia de �tiles era clara y síntoma de una 'epoca flore ciente para los habitantes de la zona. Son los niveles deno minados por su excavador E y F y que fueron estudiados por J.l.Corominas (Corominas, :!-1., 1960). Nos indicn que el nivel 2'80-3 mts. es el mAs fértil, circunstancia que disminuye cuanto m4s superficial es la capa; del 32% en el primer caso pasamos a un escaso 6% del total de los dtiles en la capa 2-2'20 mts •• La tierra solutrense es negra en gaan parte de la potencia que abarca, con un pequefio nivel amarillento en la base. Los siguientes niveles, hasta los 4140 mts. apro ximadamente, fueron los considerados como perigordienses por Corominas, F tal como han ido quedando fijados los tipos en en la bibliografía hasta la revisicSn que sobl!'e ellos llevoS a cabo nuestro compafiero Jordi Est&vez en su Tesis de Licen ciatura (r:st�vez 1975). En ella tiende a considerar mAs bien dos conjuntos, inferior uno, aurifiacoide, y otro que denomina de industrias gravetoides. Un buen resumen de sus teorías figura en el aludido libro sobre el Palolttico gerundense (Estévez 1976b. en Canal y Soler 1976). De ah! entresacamos los datos para los niveles C y D, los aludidos gravetoides, en los que dominan los abuptos, con mayor variedad de tipos en Di los simples les siguen. con buen indice de raspador y de raedera) los demás grupos quedan algo relegados, adn con ligero domi- nio de los sobreelevados como residuo del momento aurifiacien- se anterior. En e predomina el color negro de la tierra, mien tra4 qde en D lo hace el rojo. Bl metro de potencia que queda hasta el fondo de la cueva estA ocupado por las capas A y B. �sta de unos 30 cms. de potencia (4'4<>-4'70 mts.) y la primera hasta el fi nal, desde 4'70 a 5140 mts. Con el descenso de los estratos su color va oscureciendo se. pasando de claro a totalmente ne gro. Dominan los dtil.es sobre retoque simple, con abruptos y sobreelevados en cantidades semejantes y cercanas a aqucUlos,; es la fase de industrias auriñaeoides que inicia el ciclo de habitacicSn del yacimiento, pero no de la zona de Serinyll .. don- de han sido detectados ricos y muy abundantes restos del Pa- 9S leol{tico )!edio en el fondo de la cata de 9 mts. llevada a cabo por Corominas en L'Arbrede (Soler 1975) y en la cueva del Mollet J:. Las dataciones radiocarb6nicas realizadas dan unas cifras contradictorias, por lo que hay que sospechar que di chos anAlisis, realizados en los laboratorias de la Univer sidad americana de Michigan, sufrieron alguna elteraci6n en su recogida o en su proceso de antHsis. Las fechas que se nos ofrecen para la fase auriña coid.e son: (�1w10z 1967) lo! 1020 (41 20-4' 40 mts.) - 14250±500 Be 1461o:!:600 BC H 1015 (4'60-4'80 mts.) M 1016 (4'80-5 mts.) 1675o:!:800 BC La evidencia de una contaminaci6n es clara, ya que las fechas para el Auriñaciense Bon superiores al 30000 Be, llegabdosc en ocasiones hasta los 40000 afios Be. Para el periodo Perigordiense, hoy conDunto grave toide, se obtuvieron las siguientes fechas: M 1017 (3'20-3'40 mts.) lo! 1018 (3'40-3'6 mts.) = 1280o±600 Be 1285o±600 Be .. Siguen siendo las dataciones muy recientes, con di ferencias grandes sobre los conjuntos gravctienses c14sicoB, 9f1 que se sitdan, grosso modo, entee el 25000 y el 23000 Be. Por fin, para el Solutrense, el anAlisis M 1019 + dicS una fecha de 11250.:.600 Be que se ajusta ligeramente me- jor a la'realidad, pero sin embargo a4n son varios los miles de fiaos que nos separan del Solutrense Superior en sus data- ciones cl&sicas. Cabe concluir, por tanto, lo dicho &lterior- menDo, que una contaminacicSn afecto las muestras, ya que. apar- te de la gran diferencia que separa las fechas del Reclau Vi- ver de las de las secuencias clásicas, tampoco es lcSgico que una potencia sedimeotolcSgica de casi 3150 mts. se haya depo- sitado en 13610 5500 años, los que abarcon las fechas. Es de des- tacar que un fen6meno semejante en cuanto a fechas err6neas lo tenemos en las de la Cueva de Ambrosio, sog&n veremos en su momento oportuno (Ripoll 1961). El trabajo en hueso es m6s abundante en los nive- les inferiores que en los superiores. Abundan los punzones de secci6n lenticular y base partida o a bisel. Ya con el 50- lutrense aparecen las varillas semicLl!ndricas y las finas esp'tul.as¡ abundan los huesos con muescas. En el Solutrense se identificaron 193 4tiles en hueso (Corominas. �¡., 1960. p.20) La fauna ha sido clasificada de forma bien distin- 97 tao Para los niveles solutrenses Villalta realiz6 una labor a fondo y hal16 "Erinaceus europaeus", "Ursus spelaeus", OVul pas vulpes". "liyaena spelaea". 1Felix linx pardina spelaea". "Or�ctolagus cuniculusn, "Lepus timidus" y "variabilisn, "Sus scrofa", "Bison priscusu, "Bos sp.",· "Bos taurus", "Cervus capreo�us", "Equus caballus", "Asinus hydruntinus". "Rupica pra rupicapra", "Cppra ibex", "Corvus corax",nCaccabis petro sall, "Lutra lutrall, "GypS", "Lacerta ocellata", un pequeño fragmento de "Rangifer tarandus", "Capra sp.", "Phyrrocorax phyrrocorax", murcicUago y algunas vértebras de peces (I>sté vez 1976b, p.134). A destacar el controvertido fragmento de reno. un trozo de cuerno de muda que viene a unirse a los que han si do durante mucho tiempo �nicos en la zona pirenaica catala na, los hallados por Pere Alsius (Alsius 1871) en la Bora Gran d'En Carreres y clasificados por Harl� (liarlé 1882) co mo de cuerno de reno y los que estudi6 el mismo paleont6lo- go francés de la colecci6n Bosoms, dos fragmentos mAs de cuer no de reno (Harlé 1911). Los restantes hallazgos de reno de la península se encuentran todos en la franja cant4brica, des de Asturias (Tito BustUlo) a Guip4zcoa (Altxerri, Ermittia, Torre, Astigarraga, Lezetxiki, Urtiaga, Aitzbitarte IV), pa sando por Santander (Covalanas, Las f.lonedas, Mor:Ca) y Vizca- ya (Armotxe, Axlor). L�gicamente estos restos se concentran en la zona m4s fria de la pcnfosula y en la que por 10 tanto mejor adaptaci6n encontrarían los renos provinentes del Norte para una estancia al parecer estable. Tal conclusi6n en fa vor de la no espontaneidad de las incursiones del reno en e-s sa zona peninsular la formula J.A1tuna, que tras un deteni do estudio de todos los fragmentos de tal animal en el Pais Vasco y resto de costa cantábrica, concluye diciendo que fue ron muchos de ellos cazados en la estaci6n cálida y no en la fría, como seria l�gico si fuesen incursiones espor4dicas hu yendo del riguroso clima quc el t"{írm imponía en el continen te (Altuna 1971). Pero voiviendo a los restos de SerinyA, el hecho de que los de la Dora Gran fueran fragmentos de cuerno de mu da llev6 a pensar incluso en el comeucio que de ellos se hi ciera en la Prehistoria. Hay que reafirmarse hoy en esa cues ti6n, pues esos renos detectados en Serinyh tienen otra co incidencia, ademAs de la de ser de muda: poseen todos un mis mo tipo de fractura, 10 cual nos lleva a pensar en esa impor taci6n para obtener de ellos el material necesario para con seguir los mejores 4tiles sobre asta. Los niveles m4s profundos del Reclau Viver no fueron trabajados con tanta intensidad¡ destaca el hallazgo del pri- 99 mer leSn de las cavernas de Catalunya y poco mAs (Crusafont y Thomas 1950). Pasemos ahora a la industria lítica de los niveles solutrensesJ estudiada y analizada en el transcurso de nues tras visitas al Museo de Banyoles, a cuyo conservador J.Ta rrds agradecemos desde aquí su amabilidad al facilitarnos el acceso a las vitrinas y a los ppopios fondos del Museo para rescatar de allí un buen ndmero de útiles y hacer al mismo tiempo un recuento de todos los sílex que proporcionaron estos niveles. Los an41isis que hemos realizado pie den dividirse en dos apartados: en primer lugar los de los &tiles que se hallan bajo la etiqueta de "Solutrense" en las vitrinas del Museo, aparecen numerados de forma salteada e imeonexa, sien do asi mismo prácticamente imposible hallar en los cuadernos de excavaciones BU exacta atribuci6n a alguna de las capas de 20 cms. en las que se cxcav6 el yacimiento. Esto imposibi lita por tanto descomponer esta industria en agrupaciones me nores que pOdrían arrojar luz sobre la evoluci�n de ese Solu trense en la zona de Serinyl; para ello deberemos remontarnos a los datos que nos ofrade M.Corominas que sit4aJ grosso medo, los 4tiles solutrenses en una estratigrafía ideal con tres 100 momentos caracterizados por las p�tas romboidales y los fo- li4ceoa de base convexa, por las hojas de sauce y de peddncu- lo desviado y por una decadencia final respectivamente (Coro- minas, M., 1960). To&ello, sin embargo, no nos ha sido dado comprobarlo por las circunstancias m� arriba indicadas y da- remos los anUsia y sus recuentos de fal'llla unitaria. El segundo apartado del que hablamos es el de las piezas que se hallan en los fondos del �mseo, cuidadosamen- te guardados en cajas etiquetadas, por lo que con ellos si que hemos podido hacer una subdivisi6n en dos fases, una in- ferior, de 2160 a 3120 mts., y una superior, de 2 a 2160 mts.J sin embargo eses series que luego veremos carecen totalmente de valor ya que habría que incluir en ellas los dtiles de las vitrinas, lo que ya hemos visto que era imposible. La numera- ci&n aqui ha sido correlativa, ya que la hemos realizado per- sonalmente, iniciandola en el 2001 y hasta el 2108. La serie final, suma de los dos apartados, "Vitri- nas" y uFondos �1useo", habrá que considerarla como represen- tativa del SOlutrense del Reclau Viver, sin mAs precisiones que las derivadas de la tipologta. que nos orientarSn l6gica- mente hacia la fase superior de tal periodo. La cifra total de piezas estudiadas ha sido de las cuales 442 estaban trabajadas, un 6123%. En la . ,&:ltri- , 101 nas habla 499 piezas, de las cuales un 66193% eran dtiles, 334 concretamente. Por el contrario en los Sondos del Museo se guardaban 6578 piezas, con s�lo , 108 dtiles, un 1'63%. El contraste con el total de piezas que oireciS H. Corominas en su estudio no es grande pero sI significativo: ella estlldiS 5097 piezas líticas, de las cuales s�lo 361 eran dtiles, un 7108%, algo superior a nuestro porcentaje. Pero es importante desde nuestro punto de vista que en este estu- dio consideremos casi un 40% mgs de piezas que las que ella vi&, y casi un 25% m!s de útiles. A esa aprtaci&n cabe aña- dir su descripci6n concreta, uno por uno, con BUS tres medidas, Dordes - Perrot. su fragmentaci6n, tipo de ta16n, altura del retoque en los raspadores y el número correspondiente en la lista Sonneville A continuaci6n exponemos los an!lsis, en primer lu gar los de los 4tiles de las vitrinas, marcados con la cifra correspondiente al diario de excavaciones, y por lo tanto sal teados, y luego los de los fondos del Museo, ya numerados co rrelativamente a partir del 2001. Vitrina VI NB hr i L 1 e t. 5 4 34 17 6 tl 644.- G312[Epi sen.Spd+Smi dist med dex Spd prox dex] 560.� G12[Spd+Spd dex] 11 10 40 21 11 274 •• G12[Spd 5en+Spd+Smd dex] 733.- G12(sm4 �+Spd+Sm(p)d dex] 85.- G12[Spd+Apd dex]/.PPi prox a --.- G13(SpdJ 113.- G12[Smd 88D+Spd) 102 5 5 br(33)18 6 5 6 5 4 9 5 37 1 6 U 4 15 S 'til 25 19 6 S 5 br(31)ZO 943.- G12[Spd+ d dex] 5 6 1606.- Dllnorm po1ia dist n/.Spd med prox 30 dex cvx 563.- G12[ p(.)d sen cvx+Spd+S(P)pd dex cvx) 1407.- G12[ pd+Ppd diet dex] 430.- G12[� sen+Spd] 1581.- G12[Spd+ dex].T22prox[Apd) 656.- G12[S(P)pd 6cn+Spd+S(P) d dex cono] 613.- G12[Spd sen+Spd] 956.- Rl1 ed diat s n cvx[S(p)md] 1184.- Rl1bilat(SDd prox mod 8 n.9ftd Pfig�] 878,- G12(Spd+Snd dex] 492.- Rlldex[S(A)md) 603.- G12[Spd sen+Spd+Spd dex] 473.- R21baat[S(E)pd sen+Spd dex] 1536.- G1I[ J 273.- Fll[�. sen eonv.P(S)pd dex] 50 26 10 tl 33 19 14 510 br(35)40 10 5 6 47 35 11 5 4 46 20 6 18 7 22 16 7 5 3 br(24)15 4 5 6 63 29 12 tf 65 f(38)22 4 66 41 20 6 S 4 €(29 10 5) 65 SO 16 4 t.e S 6 br(29)27 8 66 37 2 9 te 2 f 29(23} 8 69 41 35 6 11� 1588.- LD21(APd sen] 1493.- LD21(Apd sen] 85 ar(21)12 2 tp 85 a-br(27) 7 :3 490 .... D22p1.an rete dist sen+LDTll(Apd trav 36 .. 86 br(32)lO 6 dist conc+Apd dex] 608.- LD21dex(Apd] 1528.- A2seu(Apd] 999.- LJl21.sen(Apd] 1473.- LD21dex(Apd] 1514.- Aldea cvx[Amd] 14341.- R114$x(S(A)m(p)d] 1436.- LD21sen(Apd] 1492 .... P.D23(Apd aon] 1557.- fA(Ap4] 1417.- LD21a_.[Apd] 1584.- LD21dex(�] 749 ... PD12prox(Aiad een+AIIul dex] 1564�- LDI2(_4 .een+Aol(p)d med des] 1381 .... I.D21een[Ap(Ja)d] 1355.- LD21sen[Apcl) 1426.- LD11dex[l4d] 1379,.- LDl1dex[AIa(p)d] 1478.- LDl1sen[AodJ 1587.- LD21d.ex[ApdJ 85 ar(ZS)14 4 ti 78 31 15 3 t1 85 br(a7)ll 5+ 8S a1'(28)13 3U 78 4522 " 101 65 _br(Sl)24 4 85 31 1 3 49 br(30) 1 3 85 f(15 8 3) 58 ar(18) 1 4t1 58 81'(18) 1 3 52 &r(20) 5 2 85 ar(18) 8 3 tl 85 a-br(16) S 2 58 _(16) 8 2 t1 58 fp(13 8) 1 t.e 58 aar(20) 8 2 tp 85 al'(18) 5 2 t1 58 16 9 2tJ. 557.- R21dex[5P(m)d] 1430.- G12[Ppd scn+Spd] 476.- Gll[Sp4] 614.- R11dex(dont)[5m(p)d] 276.- Bl1plan rect prox SGn.G12[Spd+Spd dcx] 493.- F1S[Pcvtd] 475.- G12[Amd sCO+Spd+Ama dex] 119.H G12dist(Spd+Spd dcx]-G12prox[Spd d§�J 561.- G12[Spd scn+$pd+Spd dex) 1322.- G12dist[Spd+Spd 41st med dexJ.Gll prox[Spd] 1325.- G321[Spctl-Spd d� dcnt] 207.- G311[SpdJ 1323.- G312[SEpd+Spd dex] 996.- R21bilat[Spd sen div.Spd dex] 1005.- G11[ pd] 446.- Gll[Spd] 103 65 4S 21 9 S 5 br(26)21 9 1 6 28 23 7 65 f 27(20) 7 17 6 28 17 7 t1 69 fe2S 16) 6 B 3 br(21)18 3 3 5-6 28 14 6 5 5 br(28)18 S ;; 7-5 37 16 7 5 4 39 15 S " 5 20 14 S 11 9 21 17 11 11 15 27 23 16 66 a1'(50)26 7 tl 1 S bl'(19)22 6 1 4 br(30)1 6 1339.- Rl1dex(aad] .nl(�pi t.rav dil!l't.Epi ��� 77 38 24 10 te 1408.- Gll[Spd] 2 6 br(2S)26 10 617.- G12[Bpctl-Sp(IIl)d dex] 1590.- LDl1dex[A(S)md] 270.- G12[Spd sen div+Spd+Sp(lIl)d dex atvJ 8 9 40 39 16 t1 85 ar(2t)lS S '} 3 27 26 5 td 1538.- El[Ecvti) 601.- G311[Spd] 1575.- R12dist[Smi] 1409 ... 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S(A)mi _x] 6:12.- IUlblla't[Smd sen.Sud �) S54.- R11bilat(s.d aen.S(P)m(p)4 dox] 1444.- Al(MId sen div .. Amt dex di:v] 113 30 16 16 a tl 28 28 16 11 27 26 18 '1 28 28 16 12 te 28 25 14 7 28 30 22 10 28 20 16 11 30 25 12 6 74 54 36 12 66 fm(19)15 3 66 81'(40)24 4 td 66 41'(48)23 6 tf 78 $"'1>1'(28)21 3 1187 lUlbllJ.lt(Spd I!Ien.Spd dex] 66 fp(32)26 '1 ti 1310 Rl1bUat(Sd. aen.SIIi dex] 66 fm(2:l)24 4 487.- nl(8(S)pd sen]/.SIII(p)d med p:tox dox 69 ""(4$)24 6 td 1330 Rl1bU.at[an4 S$il.SoIb deX c:vx] 66 flll(20)20.2 119'0 Rl1bUat[S(P)n4 sen.SIId dex] 66 f'p(15)17 4. ti 1468 R311bUat(Smd pl'OX lIlCd sen.SIId dex) 66 SO 25 15 U 618.- P11(.5md llI.Od diBt sen evx eon .... Smd dist 66 dex c;r1':x] 1578.- R21meél pl'OlI: deJe cv:x(SpdJ 1410.- R21sen(Spd] 59 21 9 65 "(57)19 6 t1 65 ar(31)23 5 t;p 150.- RllQn[S(,A)!Ild,) 1428.- fR(s.Pd] 1455.- lUldeill[5p4] 1338.� Rlibtlat(Smd een.Smd dex sin] 1321.- lUlse.n(S(A)ld.] 1620.- iUldoX(.a.cll 398 ... R21de.(Spd.J lOI0.- R21bflat(Spc,i 8en.Spd «ex} 876.- QJztdox(SB(P)pd] 1397.- F15(P&vhd een+PeVbd. tNW dist] 491.- Rl1dex(au.d] 751.- fR.e SndJ 1462.- f&(S(P�J 1456.- R,11aen(SIid] 278.- R.itmad. dist aea(S(A)adJ 674.- R,lldek(sma] 952.- R,11_d éU.st .ea(SIIIa] 1602.- Rlldist med dox(eonC)[Smd] 1472 .. - LD21(Apd da} --.- LIJIli:l1[Apd. du.+ap(lII)d t",", PI'OX]/�x 1435 ... LD21C� dexJ/.SIu1 diat; aen 65 81'(21)16 3 65 1'(15 10 6) 65 ar(33)16 6 66 ... (38)10 3 tp 65 .v(39)15 3 t.p 6S 01'(25)10 3 65 i'p(19 20) 8 66 ..,(3.2)24 6tl. 6$ f(2S 14) 10 69 21 28 8 65 fp(20 19) 4 t,p 66 f(16 19 2) 65 €(13 19 2) 65 60 22 8 65 52 33 10 65 ... (64)16 6tl. 65 .,..(so)14 5 tp 65 81'(52)20 4t1 8S .areI4) 8 3 tI. 86 a1"(17 ) 3 .2 85 -(34)11 4 1I;p 1474.- LD21dex(Apd] 1572 ..... ¡'1>21dp[Apd) 1586.- LD11prox I!led sen[Alad] 1352.- LJ)21dex(Apd] 1570 LDlicJox div(lIIIli] 736 LD21dex(ApdJ. 452 ¡'J)21dox[Apd] 620.- P&23(A9d sen] 998.- PD2S[IGId prox _d sen ... A(S)pi prO?,lt sen +Apd. �J 171.- LJ)22(A(S)pi Pl"OX 8.<m.Apd dox] 1526.- B31nol'lll rect dist 414-.- PJ)Z3(Apd dIu]/.Spd. prox sen div-$1.t4 dist sen 715.- PD23(Apd 8el'l11.Slld prox dex 713 .... ¡'J)21IlU!d pros ex[Apd] 499.- PD23(A(SB)pd sen] 1515.- P1J2S(Apd lIen+Api diat dex eonv] 469.- PD.23 (Apd sen evllt] 173.- PDZ3(Apd sen] . ,"seS.- LD11s011[AIad] 738 .... PD23[Apd sen] 11(1 58 _br(tS) 8 3 58 a-br(21) 8 :& S9 a.-br(22) 9 3 58 .tl1'(23)12 4 58 81'(29)20 4 58 br(27)IO 3 8S 25 5 3 49 br(42)lO S 49 br(26) 8 3 8S 81'(24)11 .4 30 19 6 4 27 20 6 4 49 31 11 5 58 br(40) 9 5 59 31 9 4 58 bl'(28 )13 8 85 26 6 :& 85 24 1 3 tI' 85 bl"(24) 7 4 Ss &1'(18) 6 3 49 bl"(20) 3 :3 453.,'" PD23(Apd dex) 85 639 •• LDIZ(Aa4 ecn.Amd dex] 85 5SS.� PD23(Apd sen]/+Smi di$t dex cOn? 48 1186.- PD23[Apd _nl 48 716.-, PD23[Apd sen] 48 560.- R21dex[S(P)pc1] 65 461 •• Ftl[pp(m)d sen] 69 1541.- D321med aen(SpJ.] 74 95,*." Dl1ud dN(a.4J 14 1335.,- Tl2diat[A(S)md] 61 117 br(20) .. 3 11 5 2 br(33)IQ 4 54 13 5 43 8 5 tp f(20 6 g) f 27 (8 3) 25 11 7 42 1$ .3 24 8 s 18 6 2 1433.- PD25[A(S)p(m)d sen+Ap(m}d dex(dent)] 85 b"(16) 6 2 65 PieH,S del fondo del Musco de Banyole. TalIIZ, 2'4 .. :'6 ant •• ZOOl. - B12plJIA t'ect dist een¡¡ 811nol'llll rect P1!ox/. ib.i dox €(31 18 6) 31 , ... (27)20 6 2002.- lUldes:[Sa41 2003 .... 111aen co_LS:a4.J 2004.- Fl1[Pmd sen] 20QS '15(PoIttd �.Pevhd .él HIl) 2006 fF[PcVtdJ 65 f.(32)24 4 65 14 9 3 69 � 21 (9) 2 10 a .. (21)14 .3 ftp, 92 f (9 12 2) 2001.- F314[Pmb sen.Fm(p)b <!ex] �OO8.- AlISen div[Allad] �OO9.- Rlldist med dex eonv[SIIIi] Tal.II, 2'8-3 mts. 2010.- R21sen cvx[S(P)pd] 2011.- P21[s,pd med diat sen eonv] Tal.II. 3-3'2 mtao 2P12.- 832p1ao pollg dtst delt 2013.- 8111'lOrIIl pelig clist Tal.II. 2'6_2'8 mts. 2014.- RI3[SIIld. sen+SIld tl"av 41st.SIIId mdep.r:'1I66 l1S 70 fp(lS 13) 2. ti 78 ar(19)11 2 tp 65 br(40)25 4 65 a-br(11)17 3 65 32 28 12 29 30 33 23 14 40 25 20 26 21 5 tl 2015.- F311bilat[Pevhi sen dlv.Pevbd des div]70 al'(13)14 3 tp 2016.- R23[S(A)p(m)d trav dist+Spd dex] 2017.- Rl1bil8t[smd sen div.SIIId med dex div] 2018.- LDt2[Amd sen.Amd dex] 2019 .... R21bilat[Spi sen.Spi dex] 2020.- LDllael) div[Alni] 2021._ Al[_d sen+Amd tl'av dist eonc] 2022.- fR[Spd] 2023 .- S12plan pellg diat 2'024.- fR[Spd] 66 21 11 1 66 8l'(21)25 9tl 85 a-br(24)11 4 66 81'(20)16 7 58 81'(16)15 3 78 br(19)li 3 6S f(25)14 4 30 18 19 12 65 f(11 10 1) 119 2025.- B12plao polig dist 30 20 15 7 2026.- &311med prox dex(SmdJ 65 .1'(36)22 11 2027.- R21dex 41v(Spd] 65 ar(23)22 6 tl 2028.- LDlldex[AmdJ 85 1:111(17)15 6 2029.- Rl1llen[anb] 65 27 23 11 2030.- Pl1(Smd sen conv+Smd 41st med dex ISJvril 66 40 20 4 co 2031.- Bl(Eevhi bUat] 76 23 18 8 2032.- El[Ecvtd] 76 26 18 9 �.l.V. 2'3-218 .te. 2033.- LD118en[Amd] 85 a-br(23)l, 4 2034.- Rl1di.t lIled dex(Smd] 65 a-br(26)22 6 2035.- 8431nol'l11 reet 41st/-Spd ..... av dist sen 28 35 23 S tI +SIDd .en 2036.- lU2p1an polie: Ilprox een.812plan rect 31 22 25 6 dist un 2037.- LD11dex div(AmdJ 58 .1'(32)15 3 ti 2038.- B3100rm rect di.t 27 36 26 4 tf Tal.IV, 3-3'2 .tll. 2039.- PD23(Apd dex] 85 31 8 2 tp 2040.- LD21dex(Apb) 85 &(29)12 5 2041.- PD23[Apb dex]/+SIId dist sen conv 49 26 4 2 2042.- T2241st[Ap<l]/+S(A)md dist dex 61 fd(15 12) 3 2043.- F13LPP(evh)d de. conv] 69 .1'(32)23 10 tf 120 2044.- R21b�t[Spd senTSpd des) 66 fm(l3 16) 5 2045.- B32plan rect di.t een 29 br(28)l9 5 2046.- R21med dist dex div[Spd) 65 ar(40)l5 6 2047.- Rl1dex QVX ein(S(A)md] 65 81'(26)20 3 2048.- R11bllat[Smd prox .en div,Smc1 des: di,¡J 66 ar(16)l7 3 tI 2049.- Aleen div[Aac1J 78 ar(27)32 2 2050.- G313(D32S)[SE(E)pd(ctent») 9 11 26 21 14 Tal.V, 3-3'2 sta. 2051.- 822plan rec:t dist dex/+Sp! trav c1ist 35 31 26 6 Tal.1:11 3-3'2 atta. 2052.- R2ldex[Spd] 77 br(47)3S 15 1'&1.111, 2'7-2'8 mts. 2053.- D21med sen(5pd] 74- 48 21 7 2054.- 832plan rect dist dex 29 27 20 5 1'al.1I:I, 3-3'2 mts. 2055.- F323[fevtb) (Jedunc:.aaia.) 70 41"(15)12 3 Tal.V, 3 ... 3·2 ate. 2056.- D2ltrav dist[Spd] 74 f 24(12) 4 2057.- LD12[Ami prox 111 d IiIen.A(S)md medpc:i51 85 ar(l6)16 3 tI 2058.- R21sen div[S(E)pi] 65 41"(23 28) 6 te 2059.- 812plan rect prox sen 30 28 22 9 2060.- B12plan rect prox des SO 38 29 «) 2061.- 51100l'1li polij n�leif Tal.III, 2'8-3 mts. 2062.- Rl1dex(S(P)m(p)d] Tal.III, 214-2'7 m� •• 2063 ... Altrav clist evx[Am.i] 2064.- LDlldex(A(S)m{p)1.] 2065.- LD11dex(conc)(Aai di&t] 121 43 20 22 23 65 8 .. (26)33 4 td 78 25 26 2 � 85 &r(lS) 8 4 59 ar(18) 6 2 2066.- R2tsen(S(P)pi prox-S(A)pdmod diet] 65 �b .. (24 25) 4 Tal.II, 2-2'2 mts. 2067.- T21diet(Ap(m)d] 2068.- 811plan rect dist dex i 2069.- Bl1norm rect prox Tal.III, 2'4 .. 2'6 mta" 2070.- fR(S(B)pd] 2071.- R218en div[Spd] 2072 .... Q12[Smd med d.ist een+S(P)p(m)d] Tal.Z1I, 2t6-217 mta. 287 3 .. - El[Epd trav Pl"Ox-Eevhi] 2074 ... Rlldex div[S(P)md] Tal. In., 218"'3 mta. 2075.- Pl1[S(A) d sen conv+Sad dex conv] 60 20 18 4 tp 44 br(30)14 4 30 30 12 10 te 6S f(22 12 6) 77 ar(31)43 7 ti 5 2 23 16 3 ti 76 20 20 6 te 65 fp(lS 23) 4 tl 66 14(11 12) 3 122 Tal.tII. 3-3'2 .t •• 2076.- &114ex(QOne)(sad] 2071.- D23dex[Spd] 65 ar(2S)16 5 75 22 12 S t1 2078.- Rl1$eD[�i] 2079.- Rl1dex div[S(A)�] 65 39 25 10 65 41'(33)29 3 tf 2080.- G21[5(A)pd sea COUV+S(A)pd+A(S)pdc� 4 3 br(lS)11 3 2081.- D23med ·dex OYx[Spb] 75 48 41 11 2082 .. - F3.14[Pmb sen diV.pp(eYh)d dexwPmi de,¡j 70 41'(44 24) 4. ti 2083.- B32p1an rect prax 4ex 29 ar(29)16 5 85 a-br(lS) 1 3 85 a-br(17) 7 2 2084.- LD22[Ap{m)d sen.Apd dex) 2085.- Ln¡lsen[Apd) 2086 •. - El [J.>.cYti] 2087.- El(Eevbb bilat] 16 76 31 24 13 25 15 8 2088.- Vl1sen cvx[Ppd) 2089.- Rl1dex div[Sa(p)d] 2090.- LD22[Apd .en conv. Apd dex) 209t.- Aldex 81n[�d] 2092 .. _ fR(Sab) 2093.- F114ex(P(S)md) 2094.- F314[Pcvtdt=l'<:vti diet] 69 ar(16 16) 4 t1 65 fp(11 28) 4 t1 85 41'(31)14 3U 92 f(26 21) 3 tp 65 f(tó 22) 3 69 ar(40)2l 5 ti 10 br(20)13 3 123 2095.- t'A[Apd] 2096.- LP21de�[Apd] 2097.- Al[JIIIld sen div) 2098.- Rlldex[S(P)!Ili] 2099.- R11des div(ama] 2100 .. - Gl1[SptiJ 2101.- Bt2pl.n rect diwt dex 2102.- R2lp�x med sen div[$piJ 2103 •• LD12[Ami prox .ed sen.Aad des] 2104 ... D21nol'lll pol.ig; dist 85 1'(17 1.2) .5 85 a-bl'(16)10 .2 58 81'(23 23) 3 t.l 65 "'(31)18 3 t1 65 fp(18 23) 4 td 1 4 1'd(12 24 6) 30 a1,"(26)26 S t1 65 ar(14)23 3 tf 8S a.-(21)13 2 ti!' 27 23 12 9 Tal.IrI, 3"'3'2 II1ta. 2105.- LDllpl'ox me4 dex[ d] Ta1.DI. 2'8-3 ata. 2106.- atiplan polig nuvl.if Tal.. :tl:I, 2 f 6.-2 f,. _1$1. 2107.- B31nara polig diat 2108.- R2tclex conv(S(E)pd} 85 a-br(li)10 2 43 31 26 26 28 65 :u 14 10 te 21 16 6 te Entre las piez� de las vitrinas habfa 12 dtUes con dos tipos primario. 7 el resto, 322 monotipos, 10 cuIA arroja una � ele 346 tipos p.vimal'io.. En 10B foruto. del MIlseo los 108 t1tlles an411.a40$ diel>en un total de 110 tipos pl'ima .. iQs� lOó 1I1OnotlpQs y dos dobles. La lSU!Ila total da una cifra de 442 12� dtiles con 456 tipos primarios, 14 dobles y 428 monotipos. En los recuentos de piezas hechos por la lista Sonneville Bordes - Perrot hay que destacar que alcanzan los 444 tipos, ya que dos piezas contienen dos tipos, concretamente el 831, F313.Bl1, analizado como 70-30, y el 490, B22+LDT11, como 36-86. Estos recuentos nos dan .amo resultado el siguiente cuadro, con las cantidades acumulativas y los Indices perti- nentes& NB Canto ! aac: NB Cant: s !ac·s Na Cant: ! !acl 1 6 1'35 1'35 31 4 0'90 23'87 65 68 15'31 51'12 2 7 l' 57 2'92 35 4 0'90 24'77 66 33 7'43 58'55 3 2 0'45 3'37 36 1 0'22 24'99 69 24 5'40 63'96 4 2 0'45 3'82 41 1 0'20 25'22 70 52 11'71 75'67 5 19 4'27 8'10 43 1 1'12 26'35 71 3 0'67 76'35 7 1 0'22 8'33 44 3 0'67 27'02 72 6 1'35 77'70 8 3 0'67 9 48 4 0'90 27'92 74 8 1'80 79'50 9 3 0'67 9'68 49 6 l' 35 29'27 75 2 0'45 79'95 11 12 2'70 12'38 52 2 0'45 29'72 76 14 3'15 83'10 17 1 0'22 12'61 57 I 0'45 30' 18 77 8 1'80 84'90 18 1 0'22 12'83 58 16 3'60 33'78 78 10 2'25 87'16 27 7 l' 57 14'41 59 3 0'67 34'45 85 38 8'55 95'72 28 9 2'02 16'44 60 3 0'67 35'13 86 2 0'45 96'17 29 7 1'57 18'01 61 3 0'67 35'81 92 17 3'82 100 30 22 4'95 22'97 IC"'12'38 1B-14'18 11'=0 IBd-l1 '03 IBt"I'12 IGA=2'70 Estos Indices de aparici�n de dtiles nos sugiel'en la adscripci6n cultural de esta industria al Soluteense. !>be. Sonneville Bordes coloca el Indice de los I'aspadores cntl'e un 15 y un 30%, por lo que nuestro 12'38% entra pr4ctiacmente en 125 ese margen 16gico de variaciones; como ejemplo paralelo pode mos citar el 12'4% que se da para el Solutrense Superior de Oullins, nivel 9 (Cambiar 1967, p.231). Para los buriles nuestro 14'18% casa muy bien con las industrias paralelas de Badegoule (13'91%), de Pech de la Boissi�re (15'93%), de Les Jeans Blancs, series Oeste(12'52%) y de Fourneau du Diable, terraza inferior(14'90) (Smith 1966). Ademlis se sefiala la superioridad del índice de burils diedro por encima del logrado sobre troncadura. lo cual se cumple en el Reclau Viver con una cifra de 9' 84. resultado de 11' 03 (IBd) dividido por 1'12 (IBt). El muy bajo índice de perforador es en nuestro caso totalmente nulo. El tmdice solutrense, sobre las piezas comprendidas del 69 al 72, arroja una cifra de 22197%, con la inc.usi&n de loa 17 tipos analizados con el n4mero 92 como diversos,pero que en realidad eran piezas solutrenses pedunculadasJ todo ello se inscribe en los mArgenes normales. que en el P�rigord se situan entre el 14 y el 44%. Pero pasemos ya a 108 recuentos logrados por IlIedio de los análisis tipol6gicos de los dtiles.En primer lugar la distribuci&n por grupos y clases de la serie de las vitrinas: 12f. S fR - S B sr - 5 SE R - 5 LDm-12 R- 56 sp - 41 P - 2 p-l1 D - 7 38 G- 1 c-20 P unif - P - 5 bif - S2 A - 12 PDp-18 G - S3 LDT- 2 E - 11 Para la serie de los fondos del Museo hallamos la siguiente distribuci6n: S fR - 4 B sr - 1 SE G - 1 PDp - 2 R- 29 sp - 22 A 9 E S - - D - 4 P unif - 7 LDm- 10 P - 4 bif - 4 5 Tot.�110 t.P. p- G - 3 Las series nominales que se desprenden de estos cAlcu- los son las siguientes' Vitre s 126 A 6S P 90 SE 8 B 46 E 11 Fond. 44 26 11 1 23 5 La suma de ellas BOS dar! la total del yacimiento en sus nive- les solutrenses que hemos estudi4do. sobre la que operaremos a partir de ahora. S R.V. 170 frec" .372 A 91 .199 P 101 .221 SE 9 .019 B 69 .151 E 16 .035 - 456 t.P. La serie ordinal nos permitir! el hallazgo de la se- cuencia estructural buscada. R.V. s /3 P A ¡4 B /3 E SE 127 En esta serie podemos dedacar como elemento m4s sig nificativo el ascenso de los planos a un segundo lugar. Ordi nalmente la semejanza es total con la seEie que deducimos de la publicaci6n de Laugerie Haute Este (Sonneville Bordes 1960), pero las rupturas est4n dispuestas de otro modo. LHE S /1 P ¡4 A B /3 E SE En efecto. los simples se destacan de forma clar! sima, fen6meno que veremos repetida mAs adelante en el Parpa- 116 y en el Barrane Blanc, y los planos guardan una distancia mayor respecto a los abruptos que en el caso que consideramos. El caso del Parpal16, que veremos en BU capítulo co rrespondiente, es algo difícil y habA que rectificar las se ries publicadas (Fullola 1976c) para elimenar del Solutrense SUperior la capa soldtreo-gra'Vetienr¡;e que lo contamina y así poder observarlo con una mayor pureza. En tal caso las ruptu ras estar4n dispuestas de igual forma CUte en el Reclau Viver, pero con valores distintos, de primer grado entre S y A, de tercero entre A y B Y de cuarto entre B y E. Todo ello nos conforma una industria solutrense que hay que deducir como perteneciente a un momento avanzado, si bien echamos de menos siempre la posibilidad de desglosar es tratigr&ficamente los 4tiles de las vitrinas, los mAs numero- 12H sos, para poder hallar en la serie total una evolucieSn. La dis- tribucieSn que hallamos comparando las dos seties (Vitrinas y Fondos �tuseo), es totalmente inhomogbea, segdn se desprende 2 del resulta40 del test de homogeneidad X realizado, con una ci- fra de 1St 363 localizada en la tabla de Pearson entre O' 01 Y 01001. Esto estA causado por el subjetivismo que domineS al es- coger las piezas destinadas a las vitrinas, dejando olvidados en mucha menor proporci6n los planos, que son los de distri- buci6n mAs inhomogbea, y los buriles, por encima del resto, que realmente est&n en proporci6n semejante en ambas series. La serie de las vitrinas tiene, por el contrario, una distribuci6n totalmente homog&nea respecto a la total$¡ el test de homogeneidad di6 una cifra de 2'041, comprendida entre 0'90 y 0180, es decir, que no ha sido el azar sino la realidad del hecho el que ha llevado a la serie de la *itrina a ser homogénea en su reparto respecto a la total. Vamos a adentrarnos ahora en las consideraciones que se desprenden de una revisi3n a fondo de los datos que M.Corominss nos ofrede en BU obra in�dita sobre el Reclau Vi- ver (Corominss, M., 1960). En ella pudo reconstruir la auto- ra aÚl la estratigrafía del talud y del yacimiento a partir de la situaci6n de los dtiles, y nos ofrece unos someros recuen- tos por capas de 20 eme., los cuales vamos a exponer a conti- 129 nuaci6n convertidos en series noDlinales por modos de retoque. S 2-2'2 mts. � 212-214 mts. 10 2'4-216 mts. 21 216-218 mts. 30 218-3 mts. 31 3-312 mts. 36 Sin niv.defin.19 [gr.] 4 3 18 9 8 5 9 4 6 2 11 12 10 A p 3 3 29 12 16 8 5 SE 1 12 4 4 4 2 1 B 1 3 3 9 16 16 4 157 S2 361 t.P. 56 3 76 28 La serie total que se desprende es la siguiente:+ S 157 .434 p 76 .210 B S2 .144 A 48 .133 SE 28 .077 Con las rupturas obtenemos la secuencia estructural: S /1 P /3 B A /3 SE El primer comentario que podemos hacer, en compara- ci6n con la serie hallada en nuestro recuento, mucho m4s com- pleta y extensa, es la de que los buriles tienen aquí una po- sici6n que sobrepasa a la de los abruptos" lo cual nos mueve a pensar en un error en la identi6.icaci6n de tales litUes se- guramente debido a la mala fractura que ofrecían algunas de las piezas del yacimiento. Los simples tambi�n se ven benefi- ciados en los recuentos de M.Corominas" con un notable aumento 130 del 6'2%) su posici6n privilegiada aumenta al ser la ruptu ra de primer orden en vez de tercero como en la nuesta. L6gica la plaza de los planos, con una oscilaci6n paccntual m!nima respecto a nuestra serie debida sin duda a que son los foliAceos los 4tiles mejor reconocibles en cual quier conjunto y fueron fácilmente identificados en la clasi ficaci6n original. El test de hOlilogeneidad entre las dos series, la de M.Corominas y la nuestra, da un resultado de 35'136, totalmen te inbomog�neo. Sin embargo hemos de hacer hincapi� en la cir cunstancia de que sus 4tiles sobreelevados son de difícil i dentificacicSn, as! como es imposible saber los "ecaill�esll de su serie. Por lo tanto e-t.. este test puede quedar en una 16- gica reserva. Si repetimos el test eliminando esos dos grupos me nores, SE y E, tenemos una cifra de 7'309 que significa homo geneidad en el reparto, pero con reservas. Estqae ajusta ya más a la realidad, puesto que al fin y al cabo los 4tiles cla sificados han sido los mismos, pero con una ampliaci6n por nuestra parte. Un 4ltimo paso con las series de M.Corominas va a ser intentar encontrar en las secuencias por niveles los momentos 131 que ella distingui6, que eran tres, como ya hemos sefialado an teriormente. Para ello haremos tests dos a dos con las series adyacentes, eliminando los sobreelevados, jugando �lo con los cuatro grupos mayores. Sus resultados son: 2-2'2 - 212-2'4 mts. 212-2'4 - 2'4-2'6 mts. 2'4-2'6 - 216-2'8 mts. 2'6-2'8 - 218-3 Mts. 2'8-3 - 3-3'2 Mts. e 0'626 (0'9_0'8) - 15'704 (°'°1-01001) Homogeneidad Inhomogeneidad .. 17'374 (mds alld de 0'001) 11 = 1'537 (0'7-0'5) = 3'046 (0'5-0'3) fiomogeneidad 11 As! pues observamos dos discontinuidades que nos separan tres grupos: por un lado los niveles de 2 a 2140 mts.; por otro la capa de 2'40 a 2'60 mts.J y por 4ltimo los 60 cme. de potencia de 2'60 a 3' 20 mts •• La homogeneidad interna de estas tres agrupaciones es evidente, comprobada en las dos + primeras; en la tercera el test de homogeneidad dicS una cifra de 4'811, lo que representa una diferencia no significativa, una coherencia interna, como en los d;ros dos grupos. Estas tres asociaciones pueden ser las halladas in tuitivamente por M.Corominas en su estudio, el nivel de fol.i dceoa de base convexa y puntas romboidales (2'60-3'20 mts.), el de escotaduras, pedúncul.os desviados y hojas de sauce 132 (2140-2'60 mts.), yel final, ya poco f'rtil (2-2140 mts). En favor de ello tenemos que precisamente en este nivel. medio de 2'40 a 2p60 mts. es en el que dominan los foli4ceos incluso a los simples, y con diferencia. Sin embargo hemos de repetir el hecho de no haber podido realizar personalmente las iden tificaciones de los dtiles en la estratigrafía, y por lo tan to estos datos son meramente orientativos, adn cuando casan aparentemente, y quizás realmente, con la realidad del yaci miento. Cualitativamente el 4til de mayor personalidad de la cueva en este momento solutrense es la punta de pech1nculo desviado o asim�trico. Esi10s d.tiles son de cas.i exclusivo ha llazgo en Seriny� y su zona, pese a algunos. lejanos y dudo sos paralelos (Conde de la Vega del Sella 1916, l&n.XX:rn). En realidad no han sido mAs de 15 las piezas de estas carac terísticas encolltradas en el Reclau Viver, cifra sin embargo relativamente importante si tenemos en cuenta el total de la industria. En la zona de aerlinyll sei'lalaremos otro llallazgo de este tipo pero no tan diáfano en L I ArbredD., donde la gran ho ja solutrense encontrada en las excavaciones de 1975 apunta una ligera pedunculaci�n desviada leve pero perceptiblemente (Soler 1975, p.36). Fenmmeno semejante está en Sant JuliA de Ramis, alÚl cuando las puntas romboidales no desvton su inci- 133 piente pec'b1ncul.o tan claramente como en el Rec1au Vivero Las causas. de esta circunstancia no han sido acla radas hasta hoy, si bien las teorías son variadas: se aboga por un origen espont4neo, al ver una lasca que había salido con esa forma natural (Conde de la Vega del Sella 1916), por una imitacicSn a partir de la punta de escotadura solutrense franco-cant4brica (Pericot 1957) o por una evo1uci6n 10va1 (Corominas 1949). Nuestra opini6n quiz4s fuera una mezcla de estas dos lUtimas, pero hemos de tener en cuenta que en el Rec1au Viver no hay ninguna punta de escotadura solutrense en el sentido c14sico, y 8610 dos lAminas de escotadura y dor so rebajado, pero ya del tipo levantino. Nos decantamos más bien por una difusicSn de ideas, pero que por si solas no fruc tificarían de no ser que recayesen en una zona abonada y con una caracter!asticas que permitiesen su desarrollo como la que nos ocupa. No nos inclinamos por tanto decididamente por el difusionisao, pero el paralelismo cultural es en este ca so de dificil concepeicSn, ya que no se conoce ningdD otro centro productor de piezas de prddnculo asim�tricoJ en con secuencia parece también muy 16gico decidirse POI' una varian te local, fruto de la variedad tipolcSgica solutrense que he mos visto y veremos, que se ve interl'Ulllpida por el. cambio de oJ'ientaci6n en los tipos. En efecto, M.Corominas centra este 1')1 ",. momento en el nivel medio del Solutrense (2'40-2'60 mts.)� precisamente. en la profundidad misma que habíamos intuido a par- tir de nuestros c4lculos sobre las series ordinales sacadas de los recuentos (Corominas, M., 1960, p.63a. indica tambi�n que se encontraron no excesivamente separadas, excepto dos que no est4n en el nivel indicado. Todo ello nos induce a pen- sar en un momento muy presiso y determinado para estos �tiles, f6siles directores aquí de un momento medio dentro del Solu- tren se Superior del Reclau Vivero En resumen diremos que hemos tratado un yacimiento de complicada estratigrafía y que sería quiz4s más comprellsi- ble si una nueva visi6n general pudiera establecerse en base a una revisi6n a fondo de los diarios de excavaciones de la zona. Adn as! nuestros niveles han quedado bien delimitados en la bibliografía y a causa de ellos hemos centrado nuestro estudio en ellos. Quiz4s el resultado que aportemos a la Prehistoria gerundense sean los an�iB y sus datos, no explotados hasta sus últimos limites, que ofrecemos en este capítulo. Las series no han podido tener una sucesi6n estratigráfica por los hechos ya indicados y la secuencia estructural final nos habla de un Solutrense en su fase media - final, con elementos variados, 135 como acabamos de ver, pero dentro de una l!nea ortodoxa. El !ndice solutrense, del U 22'15%, es una buena prueba de es- ta afirmaci6n, ya que mAs al Sur observaremos una patente dis-+ minuci6n del mismo hasta valores m!nimos; la influencia pirenai ca es aM fuerte en esta zona y las corrientes continentales mediatizan las innovaciones locales a las que sus habitantes pudieron llegar. 130 EL CAU DE LES GOGES (Sant .Jul.i' de Ramis) Este yacimiento del Cau de les Goges constituyell jun to con el que acabamos de estudiar, el ndcleo principal del SOlutrense gerundense, por el momento. Est4 situado a unos 10 Kms. al NE de la capital y en las gat7gantas que ha forma- do el río Ter en aquella zoan, conocida por el Congosto Las ptimeras ��ploraciones que conocemos fueron he chas a finales del pasado siglo por los Sres. Vinyes y Palol, que hallaron algunos snex; con posterioridad, y antes de la excavaci6n propiamente dicha, M. Pallar�s realiro alguna ca ta en los niveles superficiales, encontrando tambi�n algunos I1tiles, conjunto que atribuyeS de forma provisional al Magda leniense atípico (Pallarés y Wernert 1920, p.42S). La excavacioSn la realiz6 el mismo M. Pallar�s en com p&i!a del prehistoriador alsaciano P.Wernert y fue publicada de forma ejemplar en el fumari de l'Instlitut d'Estudis Cata lans. De ella entresacaremos unos datos generales de estrati graff.a y del lnaterial arqueo16gico, sobre el cual vdveremos mAs adelante. Un buen resumen de esta publicai6n figura tambi�n en la ya mencionada obra sobre el Paleol!tico gerunciense(Ca nal y Soler 1976, articulo Soler 1976a, pp.61-61). Por rtlti- 137 1110 cabe consignar unos recuentos publicados por E.Ripoll sobre+ las series del ��seo Arqueol�gico de Barcelona, en colaboraci6n con �fme.Sonneville Bordes (Ripoll 1961, p.4S). La cavidéld que forma la cueva es en realidad una gran grieta que ha ido rellenando se en el transcurso de los mile nios sin una aportaci6n visible del elemento fluvial, tan cer cano sin embargo, ya que el Ter discurre hoy en día unos 30 mts. por debajo del yacimiento y a unos 50 mts. de distancia. La disposici6n de los bloques inetraores de la grie ta era insegura, se apreciaban algunos de reciente caída, o tros fueron hallados enterrados y los había aM en su posici6n orginal, pero dispuestos de forma tan insegura que al. poco tiempo de la excavaci6n se hundi6 toda la parte derecha del yacimiento. Al iniciarse los trabajos la grieta central tenia 9'75 mts. de ..... largo y entre 1 y 1'85 IIItS. de ancho. Al final de la misma la Mveda bajaba hasta permitir el paso a gatas solamente. Un poco ms's abajo, al. profundizar los trabajos, fueron descubiertas galerías, a derecha e i�uierda respecti v8lllente de la principal, rellenas igualmente de sedimentos. Al principio la esterilidad fue casi total hasta llegar a 1'5 - 3 mts., según zonas, donde se detect6 un ni vel de tierra negra, fino, de 20 cms., donde aparecit5 toda 13R la industria del yacimiento. Esta capa se ramificaba por las galer:las laterales antes aludidas. En el nivel f�rtil se distinguieron deo capas, su perior e inferior, y como tal recoge la publicaci6n los úti les. Por nuestra parte hemos llevado a cabo una completa re visi�n de esas piezas, pero por desgracia no se ha conserva do hasta hou esa subdivisi6n, por lo que podemos sol�nente ofrecer una serie total. Partiendo de la publica�ión de Pallar�B y liernert hemos reconstruido un poco las series de �as capas y la se rie total, con lo cual intentaresos acracrnos algo mAs a la realidad que la excavaci6n nos mostro. Pero antes de adentrarnos en el estudio de la in dustria litica pasaremos a exponer los datos faunisticos que nos ofrece la publicaci6n. Aparece el mamut o "Elephas primi genius" por primera vez en Catalunya asociado él restos hwna nos; A.Cabrera, que clasificó esta fauna, individualizó una nueva y supuesta especie de caballo, el "Equus cazurroill, as! nombrado en homenaje al historiador M.Cazurro; lince, ciervo, conejo y otros cierran esta relaci6n de mamíferos. Entre los IIIOluscos hay .hTurritellafl, �litra", UPectenll."Cardiwn", IICy_ praea", qyenus y "Purpura". 13::1 A prop�sito de� uBquus cazurroi" se hizo con poste rioridad una rectificaci6nJ P.Wernert afirma haber h�lado para�elos totales de dicho tipo, y de otro hal�ado en el Cue to de la Mina (Asturias), con la especie "Equus (Asinus) hy druntinus" (l'Iernert 1956). La industria lftica hallada en el nivel f�rti� del Cau de les Gages se guarda en el !fuseo Arqueo16gico de Barce lona, lugar en donde pudimos estudiarla. Otra parte de esa in dustria, producto de las prospecciones realizadas en el lugar, sobre todo por el malogrado Dr.M.O�iva, estA en los fondos del S.r.A. de Gerona, lugar que tambi�n nos acogiÓ en nuestra la bor. Este dltimo lote consta de S2 piezas, de las que 21 son dtiles, un 40'3%. L&gicamente su niv!e� es indefini do y lo sumar�os posteriormente a los an4lisis de los dtiles provinentes de la excavaci6n, puesto que en ella tampoco se ha conservado hasta hoy ninguna indicaci6n de nivel superior o inferior. Los afios en que fueron recogidos estos dtiles del S.r.A. de Gerona son 1952, unos tres días de breve campafia a principios de octubre de 1959, Y 1962. Los anAlisis son los siguientes: t1tiles afio 1952 F314[Pevh(cvt)b bilat conv] NO hr f L 1 e t 70 28 14 4 Aldex[AIIld] 140 78 br(29)16 4 Rl1bilpt[Smi dist sen.S(P)mi dist dex--�d 66 a-br(47)lS 6 med de:x:(conc)-Smd prox dex] f'314dej dole( Pcvtb dist-PPd dex div] tltiles afto 1962 G12[S(E)p(m)d aen+Spd+Smi dex) LDlldex[.t\m(p)d] t}t:f.les campaSe. 1959 KIt dele[ Sln4] 70 f 37(27) 6 s S 30 1 '1 tf 85 fm(14) 8 2 65 26 12 4 tI LDT13[Amd 41st scn+Ap(m)d trav 41st+� dist]86 br(2S) 9 3 Clex Bt1no", rcct prox i/.::mi dist dex B32plan rcct dist son R2241st cvx[Sp(m)d] R21bilat[S(P)p(m)d sen.S(P)p(m.)d dex sin] Tl1dist[Amd] f'11[PPd dex] Ct2[ani med 41st sen+Spd] F14[Pcvt:f. dilS't] fR[Snd] Rlldex[Sad] F14[P(se)cvtd.PPd ced pros dex) LDlldex(.Amd] B22plan rect diat dex/+&ud trav 41st oblie. Spd. sen. Spd dex 44 24 12 6 to 29 32 13 6 65 27 33 6 td 66 a-br(28)25 3 60 32 lB 3 tp 69 fm(29 34) '1 2 4 23 12 S tI 69 25 7 4 65 fm(31 35)13 65 81'(24)14 Ste 69 S2 20 8 td 85 ar(17) 6 2 tp 35 S3 15 8 141 A eontinuaei6n pasaremos a exponer los datos que se desprenden de la revisión de materiales del Cau de les Goges guardados en las vitrinas del �ru8eo Arqueo16gico de Barcelo- na. Nos queda la duda de si en los fondos de dicha instituci6n quedan algunas piezas de desecho o incluso dtiles; sin embar- go la coincidencia de lo que hemos analizado con lo publicado en 1920 es considerable, por lo que cabe suponer de poca impar- tancia 10 que pudiera haber quedado sin estudiar. La numeraei8n que figu.a en las piezas corresponde al inventario del Museo y en algunas ocasiones falta, circuns- taneia que el los análisis sustituiremos por trazos; en al�n otro easo la visi6n de alguna cifra se hacIa imposible, por lo que la sustituiremos por el milBlllo signo. Ln total analizamos lf5 �tiles, un 63'11. de las 182 piezas revisadas. Los análisis quedan como sigue; NB hr f L 1 e t nm -----.- FI4[PPd sen+ppd dex] 12664.- R11dex[S(P)md] 69 29 8 4 65 42 22 3 12667.- E1[Eevhi trav dist.Epi trav prox].Jl 76 Fl1dex cvx[ppd] 12627._ 1'314[Pcvtd med dist"Pcvti dist] 70 12666._ Pl1[S(P)m(p)d med dist sen conv+Snb 66 dex conv] 43 24 7 45 22 7 40 22 9 12658.- P21(S(P)pd BCD COUV+S(SF.)pd 41st med (!eX eonv] 12704.- R21dex(S(P)pd] 1262-.- F314(PCYtb] (en cuarzo blanco) 66 142 36 19 S 6S fm(44)18 S 70 bl'(24)12 4 12703.- F14[Ppd Illcd dist sen CVll. co.trV+P(S)mó 69 dex cone COtIV] 127G7a.- Fll[PPd dex] 69 12721.- Bc2[Apd sen eonv+A(S)pd 41st IllOd de� 23 cone' 12623.- F22(Pevhd prox scn--Pcvtd dist- Apd prox dex ese) 72 40 25 8 t1 30 22 5 te 28 21 3 38 10 4, 12720.- LD11prox dex[Amd] 85 36 7 4 tp 12640.- F315[Pevhd sen div=Pmi bilat] 70 ar(26 16) <1 tI 12705.- PD25(Ap(Ill)d 41st sen conV+Apd dex] 49 38 8 4 12691.- PD23(Apd sen] 58 br(36) 9 3 12649.- fF[Pevhd] 92 f(2S 23 6) 12645.- PD23(Apd sen] 48 -----.- PI4(P21)[P(S)pd s n conv+P(S)p(lll)d 69 c1ist lIIed dex conv] 12694.- P.D23(Apd $eft] 126 9.- F314(PP )d bilat�cvti prox-ppi dist lIled dex] 12643.- PD25(Apd 41st sen conV+Apd dex] 12625.- PD2S[/' sen+Apd dex] -----.- D23.en[Sp(N}bJ+T2241et(Apd] 49 70 43 1 4 28 15 8 tI 39 8 5 tl 53 11 5 t 49 br(48) 9 3 58 25 6 2 92 br(22)16 4 143 12632.- P314[Pcvtb] 'JO fm(25 12) 4 70 ar(37)17 5 tI 70 ar(24 20) 6 70 a-br(37)17 6 69 br(25)12 3 70 a-br(25 le) n 65 al'(32)15 6 tp 12624.- F314[Pcvtb] 12746.- F314(F323)[Pcvtb] 12608.- F315[pcvtb] 12739.- F14[Pcvtd) 12626.- F314[Pcvtb] 12740.- &21dex cvx[S(P)pd] 12742.- F22[Pcvtd-Apd prox dex ese] 72 a-br(25)11 :2 12639.- FI4(P(S)pd bilat] 69 40 12 4 12637.- 812plan rect dist sen.F311(Ppd dex- 92 Pevh{cvt)i lIled prox <!ex] 35 18 ,1 -----.- F323[P(A)pi prox sen 6sc-PPd med sen 92 2S 10 4 -Pcvtd dist-Ppd med dex-Ppb prox dex ese] ----.- F323[Pevtd-Pcvti prox] 92 81'(27)13 3 ---- .... 23[Sp(m)b sen+S(A)pd trav c1ist+�g� 66 22 16 6 tf 12699.- Rl1med dist sen conv[S(P)md] 6S 32 20 4 12734.- Rl1sen[Smd] 65 81'(32)12 4 tI 12657.- Rl1dist med dcx[sm{p)d] 65 1 15 5 t1 12618 •• P321[S(SE)pd dex conv] 6S 34 15 9 12718.- Alsen[AlndJ 78 36 14 3 td 12723.- F15[Pcvtd] 69 fp(17)16 4 tp 12713.- LD22[Ap(�)d Ecn.Apd dex] 8S ar(22) 8 3 12726.- LD21[Apd .en] 85 25 7 2 14� 12732.- D22med sen(Spd)/.S(A)pd prox dex 75 35 11 3 te! 12696 •• Pl1[Smd 41st sen conv+Smd diatQ�g:] 66 39 9 3 tl 12697.- PD23(Ápd dexJ/.S(P)md sen cvx 49 33 7 3 te 12708.- P21(Sp(m)d sen conv] 6S 28 17 6 12725.- :r.1I11med di"*' sen[llm(p)d.) 8S 22 7 3 tp 12692.- LD21dex[Apd] 8S ar(l9} 8 3 12716.- LD31[Apd prox dex esc]/�� dist sen 57 br(26) 7 3 .,Sm(p)d dist ®x 12690.- G12[Spa+� dex] S 3 bl'(24)12 4 12641.- R21dex(Fl1}[S(P)pd]-F,l[Eevbi trav 92 29 20 6te dist. Epi tr8v prox] 12652.- 832plan rect dist dex 29 2.8 17 4 t1 12646.- R21dist meel dex[Spd] 65 33 20 5 te 12722 ... Fl1dex(Pevhd] 69 0.,(24)12 12678.- R21bilat[Spd sen.Spd dex sin] 66 ar(37)22 e 12677.- F311[Ppd de�Pmi sen] 70 44 16 5 tI 12'07b.- tl[Bpi scn.Epi dex] 76 41 27 lO 12667.- F14(Pmd sen cvx cOUV+Popd dex couv] 69 43 25 8 12680.- R21dex div[SPd] 65 fp(23 40 6) 12631.- F314[Fcvtb] 70 4 13 6 12110.- A2[A(S)pd sen cvX+A(S)pd dex cvx] 78 26 22 S t1 12683.- G12dist[P(S)pd dist sen+spd+P(S)pd 92 4 40 18 6 diat dox]-P14pr(JxP(5E)pd mod prox deX+P(SE)pd prox I1!ed sen] c:liv+Sp(lII)i t.rav c:list] 77 27 35 t1 14;:; 12730.- 11dex[SIIId] 65 52 20 8 te 12675.- Rl1dist med dex[S(A)md] 65 46 29 5 12693.- A2dist. sen[Apd] 85 SO 9 3 tl. 12651.- Gl1[Spd] 1 5 24 27 6 t1 12686.- F314(PPd prox ed bil t-PevC:;d c:list"" 70 37 31 5 PPi dilit sen+l'pi doxJ 1102 .� F314(Pcvtb) 12629.� Pl1(PPd sen] 70 54 23 7 69 f(42 22)12 12634.- R21bi1at( p(m)d ed diat aen.s(P� 66 ar(46)29 5 12665.- F14prox[Ppd. dex c:liv+Pmd prox lIled � 69 45 27 4 12630.- R21bilat[S(P)pd sen.S(A)pd med P§O� 66 42 25 5 tp 12663.- PD25[A(S)pd dist dox conv+Apcl dist 85 br(52)19 S mcd dex couv] 12612.- G312dis1;[Ppd. c:list scn+Spd+Ppd di t 92 6 dcx]-FI4prox[Pevhd III d bil t.Pcvtb prox] 58 16 8 12679.- G21[Spd] 12636.- G12[Spd sen+$pd+ el dex] 4 6 br(47}18 8 S 8 fd(26 22 9) 12738.- F314(F323)[�b) 70 47 25 12660.- F13[Pm(P)d sen C� conv) 69 59 20 10 12676.- G311[SEpd] 12605.- U3[S(P)pd 15 20 30 42 31 12655.- LD12[ se • Alnd d prox dex) 85 ar(Sl)30 1. tf 12601.- P14(Pcvtd prox-Ppd IIlcd bU Pcvtd 69 dist]/...s(P)mi pro:IC sen..-S(p)mi dist 69 19 6 sen conv 12642.- F13[P.P(evb)d $en conv] 12669.- LDl1s.cn(.Amd] 69 85 12674.- Dllplan polig 41st d x.B32pl n Bi� 31 prox d.ex 14r. 43 9 6 40 18 8 tI 37 23 8 12100.- 14(Ppd prox bilat-Povtcl _el dist] 69 br(44)22 9 12614.- F13prox[Ppd prox med sen div] 69 68 24 8 tp 12707.- �1( vhi trav dist.Epi trav pro x] 76 32 21 10 12671.- B12plan polig dist 30 36 23 15 12708.- 21clex[Spd] (ón cuarzo) 77 al'(36)31 12 12611.- A2(Gl1)[A(S)p(m)d trnv dist cvx] 18 42 37 5 td 12628.- P14[Ppd prox bi.lat-l'cvtd med diBt]+ 92 T22prox[ Apd] 12636.- El[Epi son. Epi d�] 12684.- F13[Ppd sen couv] 12650.- Glldej sen(Spd]/.Smd roed prox dex 12729.- G312[smd med 41st son+Spd] 12659.- F15(�hd dist sen+Pevhd dox] 12672.- Cl1d:lat[Spd) "Gllprox(Spd] 12661.- F15(PP(evh)d billlt] 12735.- Almed dex div[Aaí] 12613.- F11bialt(Ppd] 12662.�ttKk Pllbilat(p(s)pd] 12673.- F13doj dex[pp(evh)d sen cvx] 126S6.-·Gl1[Spd] 50 18 7 76 28 33 11 tI 69 68 19 9 56 44348 5 6 82 23 11 td 69 br(52)32 12 3 1-4 45 22 10 69 85 69 42 38 12 tI 48 30 6 tI 45 3 7 69 a-bl'(37)29 5 69 1 4 47 44 9 ti 64 .2 tI 147 12606.- Fl1sen[PPd] 69 55 29 5 tf 12602.- R21dist med dex[Sp(m)d] 65 ar(71)49 11 tl 12604.- R11bilat[Smd] 66 66 16 6 12616.- Rlldex div[Smd] 65 ar(3S)30 8 td 12603.- D23med dex[ Spd] 75 91 18 8 12609.- F14[PPd sen+Ppd dex cvx conv] 69 48 20 5 12610.- F314 [Pcvtb] 70 84 33 11 12701.- F314[Pcvtd-Pevti med dist] 70 48 17 8 Recuentos piezas M.Arq.Barcelona S R-20 B sp- 5 A _ 8 PDp- 8 P- 5 P unif-31 LDm- 4 SE G- 1 Total = 124 t.P. D- 3 bif-19 p- 3 E - 5 G-l1 e- l 115 Ut. - 124 t.P. 106 mpnot. S A P SE B E 9 doblo 39 24 50 1 5 5 Una visi6n global de esta revisi6n la adquiriremos con la suma de todos los útiles vistos hasta el momento y que da las siguientes cifras: de un total de 234 piezas, 136 son dti1es, un 5811%. Se han distinguido 145 tipos primarios, con 9 piezas dobles y 127 monotipos. La serie nominal es la siguiente: S 47 A 29 p 55 SE 1 B 8 E 5 14H Por su parte la distribueiSn por tipos y c�a&es y los recuentos segdn la lista Sonnoville Bordes - Perrot que- dan as!: S fR- 1 Bsr- 1 A - 10 PDp- 8 R- 25 sp- 7 LOm- 6 LDT- 1 Total "" 145 t. p. p- 5 P unif- 34 p- 3 SE G- 1 D- 3 bif- 21 e- l E - 5 G-13 NB Canto % r-ac• NB Canto % iéac. NB Canto % Saco 1 2 1'47 1'47 35 1 0'73 12'49 70 18 13'23 73'52 2 1 0'73 2'20 44 1 0'73 13'23 72 2 1'47 74'99 3 1 0'73 2'94 48 1 0'73 13'97 75 2 1'47 76'47 4 1 0'73 3'67 49 4 2'94 16'91 76 4 2'94 79'41 5 5 3'67 7'35 57 1 0'73 17'64 77 2 1'47 80'88 15 1 0173 8'08 58 2 1147 19'11 78 4 2'94 83'82 23 1 0'73 8182 60 1 0'73 19'85 85 12 182 92'64 29 2 1'47 10129 65 14 11)129 30'14 86 1 0'73 93'38 30 1 0'73 11'02 66 14 10'29 40'44 92 9 6'61 100 31 1 0'73 11'76 69 27 19185 60'29 La serie ordinal nos dará la secuencia estructural mediante el cAlculo de sus rupturas. P S /4 A /3 B E /4 SE Cuantitativamente hay que colegir de inmediato que nos hallamos ante un Solutrense, lo culü ya era sabido de an- temano. lo que nos llama la atenci6n m&s es la posici6n des- tacada de los fo1iAceos, superando a los simples y ucho m�s a los abuptos. Todo ello puede indicarnos, junto a las obser- vaciones cualitativas, que nos hallamos ante un Solutrense Me- 149 dio _ SUperior, pero que no ha llegado en modo alguno al esta dio final de su evoluci6n. SOlo dos verdaderas puntas de ale tas y peddnculo han sido analizadas, F323, desgraciadamente sin cifra de referencia, como hemos visto en los an'lisis. Es curioso que en la revisi6n de la publicaci6n que veremos enseguida a6lo hayamos distinguido tambi�n dos claros F323. Otro dato en favor de una fase no final de este per!ddo es la ausencia de piezas de escotadura levantinas, tan 5610 una lá mina de tales caractertsticas se ha analizado j en la publica cicSn veremos que se sefialan dos ejemplares; uno do ellos ca si un foli4ceo. Por el contrario las piezas de escotadura so luteenses si que las encontramos, detectandose por ello la presencia del Solutrense Superior. Nuestro siguiente paso, ya apuntado, es una revisicSn a fondo de la publieaci6n del yacimiento (Pallar's y Wermert 1920). De ella extraeremos unas series de ambos niveles y del llamado "indefinido", que intentaremos contrastar con las que hemos estudiado personatn�e. En el nivel B o inferior se encontraron 43 útiles, sobre los cuales reconocimos 44 tipos primarios. Los recuen tos quedan como sigue: s R-13 p- 1 G-4 B ar-- 1 P f- 7 unif- 5 P bif- 5 A LDp- S PDp- 2 c- 1 s 18 A 8 150 p 17 B 1 = 44 t.P. En el nivel A� superior, fueron 40 los dtiles iden- tificados, rcconociendose tambi�n 44 tipos primarios (36 mo- notipos y 4 dobles). S R- 6 p- 6 0..5 B sr- 1 sp- 1 s 17 A 5 P unif- 7 bif-13 A LDp- 3 PDp- 3 c- 1 P 20 B 2 = 44 t.p. Si a estos dos recuentos añadimos el de las piezas del nivel indefinido tendremos como resultado la visi6n total de la excavaci6n, que será de 110, con 116 tipos primarios (104 monotipos y 6 dobles). S R- 28 p- 7 o.. 16 B er-- 2 sp- 4 S 51 A 17 p f- 7 A LDp- 12 PDp- 3 unif- 17 bif- 18 c- 2 P 42 B 6 Vamos ahora al capitulo de comparaciones entre las series de la publicaci6n y a su vez de 'stas con las que he- moa hallado en los 6tiles del Museo Arq. de Barcelona. Bu caremos en primer lugar la posible homo eneidad de las series de los niveles A y B. El test da como resulta- do 11296, que en el grado de libretad 3 ost' entre 0180 y Olfn 151 es decir, que tomemolll casi con total seguridad como homogé neas las dos series, sus diferencias se deben al azar. La di visi6n que establecieron los autores de la publicai6n se baseS en criterios cuantitativos; en el nivel superior observaron una industria solutrense, pero también detectaron la presencia de &tiles propios del Paleolítico SUperior en general, gran- des y de técnica poco uniforme,; en cambio en el inferior los oh jei)os eran de menor tama.l0, mejor técnica de talla y con un rl re yo totaJ.mente solutrense. Hoy podemos establecer que ambas series son fases contínuas de un mismo periodo, muy posiblemen te de gran precisi6n crono16gic8, puelS el estrato es de elSCa- so. potencia y por tanto la ocupaci6n debicS ser relativamente corta. Pasemos ahora a la comparaci6n con las series ana lizadas. La cifra total de útiles en ambos conjuntos no difie re grandemente; cabe sel'ialar que obviamente omitimos en los recuentos las piezas del S. I. A. gerundense por no pertenecer a la vieja excevacddn; PalIares y \'lermert hallaron 110 titiles, como acabamos de ver, y por nuestra parte hemos identificado 115; Iln cuanto a los tipos primarios la diferencia es algo mayorJ 116 por 124. En las series a comparar juntaremos el raspador sobreelevado con los simples, ya que en la publica ci6n nos ha sido imposible identificar este tipo de 4t�s por 152 desconocer sus dimensiones. Prescindiremos tambi�n de los I'ecailléesu� que en buena lcSgica no figuran en la pub1icacicSn. Previos estos datos, el test de homogeneidad arroja WHI. cifra de 31276, que se halla entre 0'50 y 0'30, dentro de los limi- tes admisibles de homogeneidad en la l!nea del grado de 1i- bertad 3. Ello nos demuestra que las series confrontadas evi- dentemente no son las mismas, como en teoría debería haber o- currido, pero los límites de variaci6n son aceptables estadÍs- tic amente hablando. Por t1J.tiDlo extendef'CJnos nuestro estudio a la serie que se deduce de los renuentos llevados a cabo por D.de Son- nevmlle Bof'des sobre la serie conservada en el Museo Arq. dc Barcelona; eetlin publicados en un a�ndice al articulo de • Ripoll sobre la Cueva de Ambrosio (Ripoll 1961, p.45). Se analizaros 92 I1tiles, de los cuales 6 son iniden- . s tificables para nosotros, pues se trata de nQ 92, divef'sosl quedan por tanto 86 4tiles, que han dado al convertirlos a la tipología analítica 87 tipos primarios. La raz6n estli en que el xmmero 31, buril nuU.tiple diedro, lo consideramos no como un s6lo dtil sino como dos. El reparto por modos y grupos es el siguiente; S R-20 B sp- 5 p unif- 14 A - 2 G-17 bif- 17 LD- 9 Total "" 87 t. p. LDt:- 3 153 La serie nominal que se deduce queda as!: s 37 A 14 P 31 B 5 F4cilmente nos damos cuenta de que la serie tiene concomitancias muy directas con las que hemos hallado mAs ardo- ba para la publicaci�n de Palla�s y Wernert. Un test de home- geneidad entre ambas nos da el resultado de 01106, que represen- ta una coherencia pr4cticamente total, pues se hal1a incluso por encima de la probabilidad 0199. Si queremos extender la comparaci�n a las tres se- ries que hemos estudiado, la nuestra, la de Sonneville Bordes y Ripoll y la de Pallar�s y Wernert, veremos que un test de homogeneidad nos propoBCiona una cifra de 2'949, comprendida entre 0'90 y O'SO, lo cual significa l6gicamente que la simi- litud que existe entre los tres conjuntos es grande y signi- ficativa de que les variaciones halladas por los tres inves-+ tigadores son debidas puramente al azar. En el aspecto cualitativo de la cuesti6n, es induda- ble que en el total de la industria se detectan mAs elementos arcaicos que evolucionados, que tienden mAs hacia raíces mus- terienses y solutrenses iniciales(puntas de cara plana) que no a futuras fases magdalenienses. Por ello hablabamos antes de un momento de Solutrense SUperior inicial para esta fase 15� que estudiamos en el Cau de les Goges.; el ped11nculo incipien te, desarrollo de las piezas romboidales, dar! en el futuro productos como las piezas asWtricas del Rec1au Viver y el destacado ped11nculo con aletas laterales del Parpal16 algo mAs adelante. Este Iltil tiene sus claros paralelos franceses (Ke lley 1955) y en realidad no es mAs que otra muestra de la varie dad tipol�gica que el Solutrense produjo con su presencia en estas zonas. Las posibles relaciones de los dos n�cleos solutren ses hasta ahora estudiados es una interesante cuesti6n plan teada ya en diversos estudios. La escasa treintena de Ki16me tros que separan ambos yacimientos son un dato en favor de e llasJ tipol�gicamente el paralelo es claro, pero no puede pun tualizarse en un momento concreto de la larga evolucicSn del Reclau Viver la fase estudiada en el Cau de les Goges¡ ésta es mucho m4s corta, como 10 demuestra la eSCaJISa potencia del escaso grosor del estrato f.srtil de este yacimiento. Ticando �tiles concretos, diremos que alguna punta de escotadura solutrense y alguna hoja de laurel son de una fac tura tan igual que podr!a aventurarse la teor!a de que fueran hechos por una misma mano, alun cuando sabemos lo muy arries gado de tal afirmaci�n. 155 En general podemos admitir un contacto entre ambos yacimientos, o al menos una idea inicial COIllM, con un desa rrollo posterior variado debido a las particularidades pro pias de cada gruPO. Otros hallazgos en la zona catalana Vna vez conluido el estudio de los dos yacimientos clAsicos del Solutrense en Catalunya había que citar con al gdn detalle los puntos donde so han encontrado 4tiles atribui bIes a este período en nuestro país; de hecho ya hemos aludi do a ellos en la introducci�n de este cap!tulo� pero ahora nos detendremos algo m4s en ellos. En la industria que ha aparecido en el lugar cono cido como nDavant Paun por hallarse delante del abrigo del mismo nombre, fue detectado un ni�. decididamente solutrense en los �ateriales excavados por Corominas en 1947. Se trata de la capa de 20 ems. que se halla a 3'40-3'60 mts. de profun didad y ea la que destacan dos puntas peddnctiadas asim�tricas como las reseftadas en el Reclau Viver y una punta de escotadu ra solutrense (Soler 197�b). En la actualidad se est4 proce diendo a una clasificaci�n del material para BU posterior es tudio a fondO. El yacimiento de L'Arbreda es, en apariencia, la clave que puede desentrafiar la sucesi6n de culturas que pasa ron por la zona de Seriny' en la Prehistoria. En el sector Alfa, cata de casi 9 mts. de profundidad llevada a cabo por los Sres. Coromi.as y Canal, se ha detectado desde una Edad 157 de los Metales en superficie hasta un Musteriense muy rico y con unos tres metro:¡;s de potencia. Hoy la zona ha adquirido una importancia capital dañe su compra por parte de la Diputa ci6n de Gerona; en ella efect�an trabajos los servicios per tinentes de dicho organismo, el S.I.A., en colaboraci6n con el profesor franc�s H.de Lumloyy BU equipo. En concreto LtAr_ breda lleva ya tres eampafias estivales con resultados l�gica mente adn no publicados y de difícil elaboraci�n en el momen to actual, ya que deberAn estar en íntima conexi6n con los que vayan desprendiendose de los niveles inferiores, adn por ex- cavar. En la cata aludida, el nivel te6ricamente solutren se era de gran variedad y riqueza, por los materiales que he mos visto. Había puntas solutrenses, hojas de laurel, puntas pedunculadas asim�tricas, junto a objetos ya no tan típicos como microlitos, raspadores, etc.(Soler 1976c). El dtil m&s destacado eala hoja de incipiente peddnculo hallada en la cam paña 1975 y que ha pasado a ser casi el s!dolo del yacimien to (Soler 1975 y 1976c, p.152). Los siguientes materiales que vamos a comentar son los pertenecientes a la cplecci�n Bos6ms, para cuyo estudio nos basamos sobre todo en los datos de una publicaci�n de los afios 50 (Pericot y Maluquer 1951). Se refieren en primer lu- gar a unas piezas que proceden del yacimiento de la Bora Gran d'En 15H Carreres y que los autores dan como Protosolutrenses. Por su parte Jord.4 se inclina mAs bien por un momento ya plenamente solutrense debido a la gran proximidad del Reclau Viver y por que estos d.tiles no llevan indicaci6n estratigr4fica alguna (JordA 1955). Las piezas en cuesti6n son una punta de cara pla na (seguramente F14) y una reedera foli!cea(Fl1). De la misma colecci6n 8osoms proceden dos d.tiles pre suntamente solutrenses hallados en Els Encantats, yacimiento asimismo enclavado en el ndcleo de Seriny •• Se trata de una pun ta folí4cea biapuntada y de retoque invasor bifacial (F314) y de un elipsoide foli4ceo, quizAs un raspador, tambi�n con retoque bifacial(F31S). El hecho de que no haya tampoco nin guna indicaci6n estratigr!fica y de que el yacimiento sea de tendencia mAs bien neol!tica puede cuestionarla adscripci6n solutrense de estos materiales. Hay que hacer por dltimo hincapi� en la punta de retoque solutrense bifacíla señalada en la provincia de Ta rragona, concretamente en Les Planes, cerca de El Molar (Vi laseea 1936). Pese a su afirmaci6n inicial, el autor parece rectificar en una carta dirigida a F.JordA en 1952, donde le confiesa sus dudas y se inclina por un origen neolítico del 4til. Por su parte el mismo JordA insiste en su idea de una frontera �avetiense en Tarragona que bloquear!a el paso 159 del Solutrense catal&n hacia el SUr y viceversa (Jord! 1955). Ya hemos expuesto en la introducci6n nuestra idea de un muy posible tr&nsito de ideas o de elementos de Norte a sur o de SUr a Norte, sin que sea obstAculo insalvable el reducto gravetiense de Tarragona. Hay muchas zonas no tocadas por el infatigable Dr. Vilaseca y no nos eatrañar!a que en e llas surgiera el eslab&n paleolítico necesario para disipar las dudas que hayal respecto del paso del Paleolítico por la zona. 160 Conclusiones sobre la zona catalana El. Solutrense en Catalunya es una cultura que lle ga ya for.mada y que se establece aquí durante lo que podrí amos llamar SOlutrense Medio franc�s. Los datos crono16gicos, escasos y contradictorios, que poseemos no ayudan en absolu to a centrar en concreto el momento solutrense en nuestro pa ts. Nos parece no errar si hacemos venir en influjo so- 1utrense de Francia) pero hay que matizar: no de la Francia c&ntaUro-aquitana, que extieade si influencia sobre una gran Area del pats vecino y de la pen!nsulo, sino m$.s bien de los centros difusores dd1 mundo mediterrAneo o meridionales, en el bajo R6dano. En otro lugar de esta obra se tratar4 el tema del origen del Solutrense, pero es indudable que un foco ori ginario est4 en esa zona JI: muy posiblemente el S61utrense ca talAn sea el desarrollo local de una rama de ese n4cleo. Una vez captada la idea solutrense en esta zona pi renaica catalana, se adapta a las directrices propias de 10S+ habitantes, a sus necesidades JI: a sus ideas. Como producto de ello, con el paso del período medio al superior, los tipos de átiles se diversifican, dando lugar a variantes locales, como la ya aludida punta de pedúnculo asim.&.&trico, desconocida en cualquier otroB lugar del mundo, al menos con la persistencia, 161 regularidad y claridad que en Serinyl se observan. otro ele mento caracter!astico y cuya influencia habr4 que,cuidadosa mente, buscar en las zonas m4s meridionales, es el pech1nculo, o su atisbo, notorio en muchos útiles; en concreto tenemos las piezas de Sant Julil de Ramis que constituyen un buen indica dor del paso de la hoja de laurel a la punta romboidal, y de �sta a la pedunculada; ya en Valencia veremos como se le de sarrolla a esta última fase unas aletas laterales muy bien re marcadas y que constituirAn el f6sil direc�r del Solutrense SUperior en el resto de la pen!nsula, si exceptuamos la fran ja cant4brica, englobada en la zona de influencia francesa. El. clima fue frio, si nos atenemos a la fauna y a la espera de los resultados palino16gicos de los antlisis de LIAr breda. En ihvor de ello est4 sobre todo el resto de mamut del Cau de les Goges, as! como los restos de reno de Serinyh¡ es tos dltimos son, sin embargo, producto de la muda peri6dica de la cornamenta de ese animal y por lo tanto hay que conce bir su presencia como producto de intercambios o migraciones que lo trajeron de regiones da septentrionales. Eran adem4s el elemento m4s preciado para obtener de ellos la materia pri ma de azagayas y punzones por su espesor de material aprove chable que recubría la parte interior y esponjosa del cuerno. Esto podría explicar de alglin modo su traslado hasta Serinyh, 162 lugar a donde muy posiblemente no llegeS nunca el reno vivo. Por otra parte el animal que mAs abundantemente en contramos en todos los yacimientos solutrenses es el cabal10# as! como el conejo entre los pequeiios mam!feros. A destacar la posible nueva especie que A.Cabrera pens6 hallar en el Cau de les Coges de Sant Julih de Ramis, el "Equus cazurroi", que posteriormente fue identificado pro P.Wernert como una ya co nocido UEquus (Asinus) hydruntinus". Los restos solutrenses se nos han conservado "in situn sobre todo debido a que en la zona gerundense, casi ex clusiva en los hallazgos de este perlodo, se registreS algdn cam bio espectacular clim4tico o eco16gico, o quiz!s de movimien tos tel\1ric08, no il.5gicos por 1.& cercanía de la región vol cMica de Olot, lo que provoccS el hundimiento de b6vedas en Serinyh y su abandono J este fen6meno de abandono se detecta tambibl en el Cau de les Goges, si bien allA fue quiz!s el pe ríodo de habitaci6n mucho mAs corto que en la zona del Reclau Viver, donde los restos se remontan hasta el Musteriense. En L' Arbreda y en la provincia de Tarragona estAn, en nuestra opini6n, las claves del Solutrense catalAn¡ en la primera para su estudio y en la segunda para rastrear el ca mino de las influencias entre Norte y Sur. Se LIArbreda lo es peramos todo por los excelentes medios empleados en su exca- 163 vaci�n, que ofrecer&n una serie de datos de inestimable va lor para la seucencia del Paleolítico ��dio y Superior de la zona. En lo que concierne a Tarragona, no diremos otra cosa que hay que trabajar mucho mAs las zonas no tocadas por el Dr. Vilaseca para intentar destruir el mito de la frontera gra vetiense que propugna Jord4, al que sin embargo hemos de ate nernos por fal.ta de pruebas contrarias. Cstal.unya representa, en fin, un lugar de mezcla de influencias, unas provinentes de la costa mediterr4nea fran cesa, otl'as del bloque' c&ntabro-aquitano por el camino pire naico y otras del SUr de la pentnsula, pero que no se har!n patentes en sran medida. Sobre el sustrato indÍgena la cultura solutrense ejel'ci6 una misma influencia con distintos resul tados, que tentan sin embargo puntos de contacto) la ya clara tendencia "valenciana" de las escotaduras abruptas y las al.e tas y el pe�culo se refleja en Catalunya con atisbos de e llo, mediatizado por los influjos septentrionales) todo esto ofrece un panol'aDIa resultante que es el Solutrense cataldo que acabamos de estudiar, y eh el cual podr4 profundizarse mAs con los resultados que se deduzcan delos nuevos aatos que en un futuro inmedito nos proporcionar4n los trabajos en curso en el pats. lG� x ZONA VALENCIANA Problem4tica general La zona valenciana nos ofrece a priori el campo de in- veatigaci�n m4s apasionante si nos ba samos en loa hallazgos en ella realizados hasta el momento presente. Ha sido en las comarcas orientales de la península donde la fase media del Paleolítico.Superior ha dado a los io- vestigadores una fertilidad mayor en cuanto a materiales l!ti- cos, �seos y artísticos, en el concepto de 'rea ib'rica que admitimos en este trabajo, excluyendo la franja cant4brica¡ ello ha convertido esta zona en la clave de ese Paleolítico Superior ib'rico. La situaci�n geogr4fica ha influido no poco en el desarrollo de las culturas paleolíticas en la zona. No nos mo- vemos ya en la encrucijada de caminos e influencias que es la provincia de Gerona, que sintetiza en BUS industrias la facies c&ntabro-aquitana llegada por vía pirenaica, la facies del Me- diod!a franc's, con sus focos creadores del valle del R6dano, y la facies meridional, asimismo original y con fuerza para dejarse notar en otras latitudes. Estamos ahora en una zona no de paso sino de asenta � miento y ndcleo expansor de colturas; lo favorable del clima 165 debi6 ser un factor importante; pese a la glaciaci6n del warm, en sus períodos fríes III y IV con su fase algo mAs templada, el inter¡ll�,ar III-IV, la proximidad del MediterrAneo, y la la titud, mAs baja que en la Europa continental, debieron ser fac tores capitales a la hora de favorecer un florecimiento cultu ral de la zona. La comarca que va a centrar nuestras investigacio nes serA la de los alrededores de Gandta, pues en ella se ha llan los yacimientos cuyo estudio pormenorizado seguir A a es tas líneas. La documentaci&n que para su estudio tenemos es va riada en cuanto a publicaciones; en el Parpall&, estaci6n cla ve, una monografía de su excavaci6n en 1929, 1930 y 1931 vi6 la luz en 1942, obra del profesor L.Pericot. Para Les Mallae tes hay en la bibliografía muy apreciables datos, de los cua les el mejor es un avance al estudio de-finitivo de los niveles del tacimiento por parte del profesor Fortea; en �l se resu men su campafta y las primeras que allí se realizaron, a fina les de los aftos cuarenta. Menos informaci�n adn puede extraer se del Barranc Blanc, donde unos trabajos de Laplace y del mismo Fortea no arrojan una luz definitiva sobre dicha cueva; no existe publicaci&n de los resultados que pudieran haberse lGf. desprendido de la excavaci8n original, a principios de los aftos cincuenta. y por casi inexistentes son las noticias de las dltimas dos cuevas de la zona, Les Rates Penaes y Les Ma ravelles. Ha sido nuestra intenci6n manejar el mAximo posible de material, y para ello hemos recurrido, como ha quedado pa tente en los inicios de este trabajo, a los fondos del Museo de Prehistoria de la Diputaci6n Provincial de Valencia, cen tro desde donde hace mAs de medio siglo el S.I.P. de dicho or ganismo viene desentrañando con acierto las fases de la Pre historia y de la Historia del País Valencil. En dichos fondos, gracias a la gentileza del director y colaboradores del men cionado Servicio, hemos logrado identificar la prActica tota lidad del material que se extrajo de dos de los m&s importan tes yacimientos, el Parpal16 y el Barranc Blanc. En el primer caso hemos basado en ese amplísimo conjun to el estudio que sigue inmediatamente a estas lineas. De aquí saldrA el nuevo esquema �ue proponemos para algunas fases pa leolíticas en la zona levantina. Para el Barranc Blanc fuimos mAs lejos. AdemAs de recopilar gran cantidad de material de la primitiva excavaci8n, mucho mAs del que vieron para sus estudios estadísticos La�ce 1 () 7 Un tema importante que cabe poner en cuesti6n es el de la secuencia --*eultural que hasta ahora se ha venido dando como v41ida para esta zona. Muy posiblemEd;e lleguemos a unas contradicciones, o al menos a unas divergencias, que nos lle- y Fortea, llevamos a cabo una cata de comprobaci6n estratigr! fica en el propio yacimiento y levantamos una serie completa de planos, secciones, cortes y dibujos de los niveles que pu dimos identificar. Diversas circunstancias nos impidieron ver los mate riales de Les Mallaetes, que se pusieron tambi�n a nuestra dis posici6n por parte del profesor Fortea, que los tiene en pro ceso de estudio para la redacci6n de la monografla del yacimien to. Nos basamos en este trabajo en los muy abundantes datos publicados hasta la fecha, pero quedan por hacer los estudios estadísticos de las series industriales de la cueva, campo a bierto a futuras investigaciones. Para los dos 4ltimos yacimientos hemos debido recu rrir a las escuetas notas publicadas a raíz de las excavacio nes. Les Rates Penaes y Les !ofaravelles debieron ser tan impor tantes como las otras tres cuevas, pero lo revuelto de sus niveles a causa de la exPbtaci�n como tierra de abono impide conclusiones v4lidas. ven a introducir alg4n cambio en la sucesi�n hoy por ho. se acepta. Esas variaciones ser!n quiz4s s6lo de nomenclatura, pero con ellas intentaremos aclarar un poco m!s el panorama de la fase media del Paleol!tioo Superior levantino. Por G1timo la paleoecología, favorecida por el be nigno clima que yahemos visto debía reinar en la regi6n, no debi6 hacel' sino facilitar el desarrollo econ6mico y cultural de la zona. Una vegetaci6n mediterrAnea, con pino predominan te, roble, etc., debi6 ser la t6nica general; La proximidad del mar como elemento suavizador del clima tendría BU influ jo en flora y fauna. Csta no difería en gran manera de la nor mal en el Paleolítico Superior peninsular: mucha cabra y co nejo, acompaaados de ciervo y caballo como animales m&s desta cados en cuanto a cantidad de restos hallados en el Parpal16 y en Les Mallaetes. Hay que colegir que estas especies, jun to a otros c4pridos, s�idos y felinos y otros de menor impor tancia, fueron las predominantes en el pa1eoambiente levanti no del Paleol1tico Superior. Para el macizo del Montddbe8, donde se encuentran el Parpal16 y Les Mallaetes, tenemos un avance al estudio fau n1stico final hecho por Ian Davidson en el que se nos propor cionan muy interesantes datos (Davidson 1976a). Para Les Ma llaetes, yacimiento en el que hemos basado estos datos reco- 1 r, (l gidos en su estudio, se da como animal dominante el conejo, se guido de la cabra, ambas especies con gran diferencia respec to a ciervos, caballos y jabalíes, entre otros. No postula u na economía basada en el conejo debido a que el 4rea de domi nio del Parapll� y de Les Hallaetes no podÍa proporcionar la .. cantidad saficientes de alimento a aquella supuesta poblaci�n como para basarse en aquel animal j ademAs el tiempo dnimo es timado para la caza del conejo (cinco horas diarias por per sona para un grupo de 20, incluyendo niños) se considera ex cesivo, no dejaría lugar a otras actividades. Hay que estimar, por tanto, al conejo (nOryctolagus cuniculus") como un comple mento en la alimentaci�n del grupo, pero no en una base. Respaldandose en los restos faun!sticos de conjunto de los dos yacimeatos claves a los que nos referimos, Davideon lanz6 una teoría que expondremos aquí, pero que no podemos rec tificar,ni ampliar por falta de .datos directos referidos a los animales representados. Se postula una habitaci�n de Les Malla etes durante el verano, aprovechando, por su mayor altitud, la subida de las cabras a la parte alta de las montaftas y con servar así la econoda de caza de tales animales que mantenían todo el resto del afto en el valle o llanura elevada que domi na el Parpa1l6. La ocupaci�n de Les Hallaetes ser!a, por lo tanto, estacional, estival, y con una caza especializada de 171\ cabra, fen8meno que no se da abajo en el Parpal18, donde tal animal tambi'n domina pero sin la especializaci6n de Les Malla etes. otro dato en favor de la no ocupaci6n invernal de este yacimiento es lo frio y poco resguardado que es en épocas no calurosas; en efecto, el sol en verano no penetra hasta bien entrado el mediodia, por lo que en invierno la iosolaci8n es menor y m4s débil; ademAs los vientos barren el yacimiento de feente y lateralmente, por aberturas naturales. Todo ello in clina a Davidson a pensar en un campamento de verano arriba en las montañas, especializado en la caza de la cabra (Les "la- 11aetes) y de un campamento base en la llanura, de ocupaci6n continua y caza con base tambi�n en la cabra, pero ya mAs in diferenciada (el Parpal16). La problemAtica tipol6gica ha sido abordada ya en o tro capItulo del presente trabajo. Quede sin embargo constan cia de que es la zona valenciana la precursora en algunos ti pos, como la punta de aletas y pedt1nculo solutrense. A partir de ellos puede deducirse una primacía u originalidad de la fa cies de este periodo en la regidn valenciana. Pero todo ello hbrA que combinarlo con las deducciones que puedan extrapolar se de las demAs zonas que estudiamos en esta Tesis para inten tar llegar a una stntesis final desde el mayor ndmero de pun tos posible. 171 PARPALLO :rntroducei&n.- Como ya ha sido apuntado en capitulos anteriores, uno do los yaeilllientos claves en la Prehistoria española, y nos atrever1amos a decir que eurOpea y IllUndial, es la cueva del Parpall&. Teniendo en cuenta eeta primera considerac1&n bA sica, e. evidente que uno de los pUares de este trabajo debla ser una minuciosa reviai6n de los materiales 11ticos que fueron encontrados en los potentes estratos del yacimien to. En efecto, los nuevos m4todos para el estudio de las in dUstrias 11tieas paleo1!ticas que se han venido desarrollan do desde la publicaci&n de la monograf!a (Pericot 1942) y que han qu.edado ampliamente detallados en el cap1tulo corres pondiente, nos an:Lmaroa á emprender una labor que $ab!amos ardUa y de larga duraci6n, en verdad as! fue, muchas horas consagramos al estudio, en primer lugar, de los niveles a tribuidos al Solu'trenBe (7'25-4' S qt;s. de profundidad) y mediante cuyo detallado anUiai. conseguimos obtener la ea lificaci&n máxima en nuestra Te .• i. de Licenciatura. Pero por supuesto una Teai.s Doctoral a.pira a mA. altas matas y por ello la teml.tica es mucho mAs ampli. en el tieJllpO y en el espacio. Al. tener en cuenta la primer. de 172 Descripeidn de 11.1 ctleYa.- estas coo�denadas, nos hemos visto obligados a engrandeoer nuestro primer estudio del Solu�nse. tocando la delicada temAtioa de las oapas inmediatamente superiores, el llamado por Pericot So14treo-aurifiaeiense final, y las del Magdale niense inicial tan discutido y oontrovertido, entre 4'5 y 4 mtlS. y 4 y 2' SO BIts. respeetivamente. El estudio conjunto deb!a completarse 44n con los restos hallados en la profundidad del yaoimiento, entre 7'25 mts., inicio del Solutrense, y 9'50 BIts. t 4ltima medici&n efectuada ya tocando la roca virgen del fondo. En la publi caci.5n se hallaba de restos del AuJ'ifiaciense Superior, con abund.antes, en l'elaci&n al n4mero total del material, pun tas de la Gravette, pOI' lo que hoy eatas capas pueden, en nuellltra opiai6n. ser denomi.nadas sintemor alguno 001lI0 gl'a vetiensea. segdn veremoa mAs adelante. Si bien este pertodo no se centra pl'opiam.ente en los llmitea de nuel!tro trabajo, cl'efaaos imprescindible IlO de;l_10 olvidado en el fondo del yacimiento y con.ePir aa! una vi.lIJn total del adamo. Pasaremos ahora a exponer, ante todo, una .ol!lera "01'11.1 y descripci6n de la cueva. Se Ialla enclavada en la falda del macizo del Montd4bel', dominando 108 valles altos 173 en los que se encuentra como ndcl.eo mas ÚlPOnante el pu_ blo de Barx. El aludido macizo se eleva hasta 108 836 _8. sobre el nivel del mar (Vl1anova y Pie .. a 1893, p4g.18S) y elJt4 coJlSi¡ituido por calJ.zas_ en ocasiones muy plegadas y rota., que afloran POI' tal lIlotiv:o en fol'lllas verticales, es precis8lllente en uno de estos salientes de caliza lIletam&rfi ca plegada que 8e ab_, eR dinccidn HEooSO, veJ'tica1mente, la boca de la cueva del 'Parpllll.cS. Las primeras noticias Clue tene!llos no. vienen dadas por Vi1anova y Pie!'a, que en la obre ante. ei'tada nos il8:J"ra su paso por la cueva en 1872, cuando 11ev' a cabo una peque Bs cata en la que hall� huesos y .llex en abundaacia. Lo. vecinos de BaI'X y del pequello ndc1eo, 1il4. ce1'Oano.. de La Droba conoe!an, POI' supuesto, el. lugar, donde eNtan ent_ rl'ados te801'0s. De la cercana Canda subían a veces per.flO .nas en busca de mste1"ialelil, entre las que cabe destacar el jesuIta Leandro Calvo. Pere la verdadera .. gnitud del P ..... pall& RO se intuye mb que a tl''''�s de uno de loa "1IIOI'lstl'\108 aapMo.s" de la Prehistoria un1verai., el abate ft.Breuil. Si Wúend.o lu notas publicada. por Vilanova y Pier. el sabio frane&. v1811.'.& el Parpall& ea 1913 y tuvo la iol'tuna de ha llar, ade... de huesos y sfl.ex, un 1.'."0%0 de plaqueta (Waba'" da Con la que 11 interPNt' <:01lI0 la fipl"a de una cabeza de l:lnce (81'01111 1914, p�.251). Al 00 poder e�aval' el ya- 17� ciaientcl en persona, pese a que le fue concedido permiso, B.l'euil no cej& en su _peflo de que ,alguien, en Valencia, procediese 8 la labor de é.ahr lit 18 lu'z eaos materiales qu.e n ya atu.fa seasacionlilles •• Tal terea í"eeay4, como es sa bido, en Luis Perlcot, a la saz8n .1 __ ea'tedrftico de Va lencia, 11.egado en 1921 de Barcelona, tras un cortGl afio de docénCia en Santiago de Compostela. Al afio siguiente vis!tó por primera vez el Parpall& POI' mediaci4n de D. Isidro Ba llestel' Tormo, fundador y Primer director del re<:ién creado Servicio de Iavestigaci&n Prehist4rlca d� la D!putaci&n de Valencia, y fue inmediata la decisi4n de' e�avarlo. iaiclan ése lu tareas el 6 de Junio de 1929. Ho pl'Ofundizal'emos aqu.( en la hiato!'!a propi8lllfmte dicha de la excaváCi&. pues eUo queda bien explicado en la _nograffa (Pericot .942)" A titulo de an«dota ln4dita di:remos que el coste total de las tres campailas (1929, 1:930 y 193t), con de.plazamieato., cOlIIid.a,alojamientos,lIIaterial, ObrerOlllt dibujante. etc., fue ele 10.000 pt •• Ji dato recogido direetamentéll del propio e.ll;- cavador., En cuanto a la diapo8ici6n inteS'lla dé la cueva¡ pl'Onto aparec.i4 una galerta en la pat."te izquierda, situan .. dono. de espaldas a la boca, separada de lalPlerta princi pal POI' un pequefto lI1UrO Ilatur-al.. Se.tll!' ICOIlIll. se distingui_ �n en dicha galer!a" d.e entrad .. a fondo·' EE, entrada E.llte¡ 17;) entl'ada OeRe, BO, CB, centro ·B:st;ej CO, c¡fntPO eede, l., 1_ vante y P, poniente, se excaval"On du:rante las campafta. de 1929 ., 1930 _di ante el silíteJIIA de il!' baj.ando por .capaa de 25 cm •• , cODsel"VNldoI!le .. parados 101lli mater:lal •• bal1adoa en (l·ada una de las lIlOIU\l. ante1"iol'llHmte lI1ellCionada.� En 1. pllJ'te 8148. iD:te,.ior .. ceoserv& un talud test.:i.momo p.ra fu .. t�a. ee::avaeionea. pel'O deBgJ:'ac:iadllllleote aobl'e"a1,fan de &1 p1aquetas, hueso. y dlex, lo que psooploiaba la r.pifia de tan valiosos objetoe por parte de DO profesionale., y tal hecho l!lGVi6 a 10$ excavadores á t.el'lllinaJ' su trabajo al .... rano siguiente, en 1931. Si hubiese sido f.¡;$ible la colo c;aei&n de una reja elIiter1oJ", cosa iniGHIginable por aqu� entonce8. IIU' enol'lll8 cantidad de datos eronolé$gico.,errt ..... tigr4tieo .• , polinicos y de t.oda elase hábrian l1eglldo haílt. noaotl'o.sl. Eate lll!llento, do ctwt.a cOUIpartido PO" toods los PPOf.'e.ionalea. no éS I'eproche pua lo. que 10 exc""'8J'(¡)01' $i DQ d .• bien 8grárlec;:illliento POI' 114_ al.vadO aquell .. p1.é- z •• que aio du4a bah .. !. 'VOlado .. eoleeci.ones p��eu1al'el5 en el mejor de 108 casos, o .liIe tu.b!.. percUdo par. demp". en .8\1 -yor!.. Sin ellibargo no. Cltled& a todo., ináiatl!lllllOi8. l,Ul folldo de 'tl'il!1te" por h.aber .-i'ditlo taa ineñilUble te'" tiaoni-Q poI' culpa d.el colecci_l!1ta. del afie.ionado, deseo oQCedo·p de lo q.e deatímYe, del eilCOUí'sion1ata incapu de diseernir ent" 1aa piedra. del campó y 108 4t.iles paleE>l.l- 17f¡ ticos, del curioso, en fin, que coje lo primero que ve sin pararse a pensar en nada mú que en lo bonito o ex�tico que resulta t;l objeto de su rapiiia. Pe!'o volvamos a la e:xcavaeioSn pl'OpiMlente dicha: la primera campafta alcanzcS los 3' SO JUta., en Jli.veles a4n magdaleniensesJ la segt.lmia, en el verano de 19.30. profundi ... z& hasta 1.. roea IIlf1d1'e. s_ando a la luz el SoI4:tl'eo-.auri flaciense final, el Solutrenae y el Au:rUiaciensEI &&perlo!' o final, si1Jllll)l"e segdn la tel'iIa0logta eIlIplead por Perieot. Como ya hemos indicado, el vCI'ano de 1931 fue excavado el talud, que se dividid en 29 capas, cada Wl4 de elIJas ap%>O x1.Judament.e 'tambi� de 25 cma •• DescripeicSn de 108 n.!lvelea.- En est. exposici&n SODIe •• de los datos publicados acerca de la excavaéi&n ru:tl I'arp.t.l&, pall&S'emo. ahora a las c.ulturaa que 1.uIs Pel'icot fue identificando y á las profun didades en que ae encontraron_ Loa primerolll 80 cma.de tie, ... dieron un matCl'ial de eUex y hue_ qQe Pericot atribuy& al Magdalenienee IV, .i bien la parte superioS' apAS'ecfa removida. 1.08 distinto. parec�n'ea de los demAa autO" .• Il\le I!e han idO publle.ando acerca de este pertodQ bajan la c�nologla ligoramente. PoI' 177 j(IU po.ioUn final y lo. elelllentos .,.-olucionados, media. 1u- na, t.l'ienguloa,. etc., Jord' sei'l.al& IIIU poaioi�n de nexo en- t.re el Magdaleniense y el inicio del Meael!tico (Jora 1953), cO.llllideJ"andolo un Ep!gravei;ienllle evolucionado. Algo mAs ter- de Almagro, que ya habLa teorizado anteriol'lllente aceroa de los materiales en cueati&n, aborda de nuevo el problema (Al- magJ"O 1960. p4gs.281-3Gl) y 10 considera desde el punto de perititordiense vista del EpiB ..... *.... que estaba en aquel entonces en boga, fase paralela al Magdaleniense V y VI. Portea, por fin, DOS seftala tambi&n en lo. materiales un •• bor tenden- te al Neoll'tko qu.e explica, lltUy verollimiimente, por lo re- vuelto de la. capas mfs Aperficiales, que pudieron ser aeoltticas en st, hecho poco sorprendente en l.a r-eei&n, ., que se mezela_n con estas magdalenlensea, todo lo cual di' un I'esultade que. como vemos, ha ido haciendo dudar a todos 108 autores que lo han tocado (Portea 1973. pAgs.392_393). Portea atribuye eatas primeras capa •• gros&O IlKIdo, ._¡ C __ plejo geom.c!:.ico, dentro de SU profunda obra de &istemati- aacidn del tema epipaleolttico. Volvienllo a loa materiales en .t, DO han sido trabajados personalmente, pero en la me- nogf'afta se ap.unta, para estas capas superficiale. del Mag- daleniense IV, una cifra de 4,0.000 sílex, lascas, ll.minaa. dtilea, ete.; los huesos, menos nWD.eroso8, son 588 'Y oire- een piezas t.tpic •• como aguja. azagay.s de bisel simple 17R y dohle, varillas semiciltndricas e incl�so algdn arp&n. En lo tocante al arte, que aq�:t: citaa-elIIOs COIIIO dato Clolllple !lleDtario, aparece la t&cniea del ,",abado en plaquetas que se desal"l'ollar! postel'iel'lllente, eolllO veremos. El sieuiente nivel identificado por Pericot fue el Magdsleaiense III, que abarcaha una potencia reallllente grande, de 1 t70 _s., es decir, desde 108 80 CIlI$. hasta los 2150 _s .. Este MagdaleDiense Medio l_antino, tUtimo Di vel no eBt;ucliado pel'sonallllente de fOl"lll8 detenida, presenta un acentuado lndiee ele micl'olitizaci&n en sus capas supe riores, hecho t.otallllente normal. Abundan 10B dorsos _baja Iloa y los pequdios respadores de a8pecto nucleifol"llle. se fiala Perieot la apar1ci�R tálllbi&n de alg¡1n hendido!' de cuar cita que calificaba de &aturienee y que ahora deberl8lllos rectificar, puesto que habr!a que considerulo 00Il10 una pe .... vivencia nOl'lllal ele 'tiles eonflidel'ados COIIIO tOse.SI ya que de hecho no dejan nunca de aparecer en alg1Ín momento en cual q'iel' nivel. pa1eol!tlco. El.lo no puede interpretarae mA. que 001lI0 la réspuesta a una necesi4ad plantead.a por' el medio ambient.e en un m_ento l1li11' 0000_1;0 Y que no poda 80lucio narse con la ayuda de loa precilSOliI inetrUl1lentoa que los mag dalenien_a sab{an hacer sino con W\ fuerte hendido .. , W\ chopper o un hacha de manoJ' pouta rccurri .. _ a una fabr:!.- 178 caci&n €le tal Ift!l o tambi4n podl'La da!'1IO el caso nacla di ficil de !'eaprovechamiento de alguno de aquellos dtile$ re .. cogidos en auperfieie COlll& herencia de los antepuados de nuestro a hoIabl'eS del Paleol:ttico &lpel"iol'o La _nopafla resda una cifra de sllex que rebasa 108 40.000 utensilio ... En hueso los Iftiles son QlUy abundantes, destacando lae a zagaya. bi.e1adasJ hallamos tambi6n punzo_s. v.rill •• se miciltndricu y agujas. En el arte, sipe el crabado, sin que haga aparici4n a4n la pintura. y entramos a contillu.aci6:n el. la deecl'ipci8n, que en este esaezo general ser4 84n. somel'a� de. los niveles es tudiados a fGndo por el autor. que se estender4n desde e sos 2.50 as. apl'o:dm.adamem.e hacta el fondo d. la cueva .. mAs de loa 9 metros de profundidad. El pl'�el' nivel defini do POI' Pel'icot que encontramoe es l&gic8mente el Magd$le aiease n, que se aitda entre 2' 50-2'60 mts. y 3' 50 IIltso, ea deeil', casi un metro de pote.ncia en 1", ocl1paci&n del. yacimient!).. En sflex la ntOnograf;(a da una cifra de ma.. de 25.QOO piezas, pel"O est;amos eD condiciones de afirmar- que ese n4sero puede casi doblarse .. pues SOD 45.585 108 .fiex identificados 'Y claeificados,. de 108 eudes 2.219 een _! lea. Lo qUe 81. podelllO¡¡: reafil"lllU' es la to&ql1ed:ad del mat_ rial, tanto del trabajadc> como de 1 .. laseas y desbeehos. 180 Dominn en gran manera lo. raspadores, muchos, casi l. mi 'tIId de ellos. carenadefl, por lo que 1-oa IIIObreelevad.ett o'bt;1e nen un alto porcentaje. Loa burile. IlIOn casi en su tot&1:1. ... dad diedros ,. los dorsos· rebajados, muy escalIOs, lo son ca ai aiempre por li"etollue marginal. En hueso hallamo. un tra bajo lllUy abundante, con 1 •• clAsicas aao;agaylils, agU,jas de coser y punzones. En arte sigue el grabado, aln pint;UI'a. Siguiendo el aentido descendente llevado a cabo en la excavacLSn, nos adentt'BIIlos ahora en el medio metro que se atribuye al Magdaleniense t, de 3' SO a 4 lita •.• Bsta problemAtica del Magdaletdense inicial, muy eonta'Ovel'tida y que tocaremos mAa adelante... 8e presenta particularmente ck\ftcil en el Parpall&, puesto que desPll's del SOlutrense encontraremos a un medio metro de Soliltt'eo-suriBaciense fi nal, seg4n Perieot;, y yaa entoné es e8'te Magdalenién8e 1&u .... cial que podrlamos calificar de t8Pdto. Si a elJO aftadilll08 el cl&eico b.1atu8 que eatCl fase P"ellientaba en la Pen!n.sula, qlvo alguaa. bien estudiadas excepciones (l1t .. Ul a. 1976); convendremos en que la .. evied.4n detenida de esta f •• e en este yacd.Jniento era harto interesute. De lIIOIIlénto apuntarelll()·iiII que el •• cuenta con mÁs de 20.000 ejeuaplares¡ como Sé cit.a en la obra, exact8lllente con 24.356 pieza •• de las cualel!l 1.636 son 4tile&J �dominio e4n de los .I'upadores, PI'(! los care nado. eRan en wua pripo.-ci4n IIIU)' ideriQr a la del estfl'ato antel'ior. Aumento ligero de loa bu"Ues .obr.e retoque, que ----- 181 son 8in embargo minoritarios I'eep_to a loa dJ.edr •• y au lIteoto gradual de los abruptos,. ya, con una ineieleneia notable dentro de ellos de las elllCO'tadul'a8. Esto elebe seJ' posible mente por que l.a ve .. d.adera d.ivi¡si&n. que poI' supuesto .sa beD10S iIaposible de eletenniD&l" con exaetit.ud, debi& hallil_ ae pal'. el paso del S014tl'oO-aJU'iñ·lUUenae final .al Magdle... niens. X, de Peric_t, no a los 4 mts. sino algo .Aa arri- ba entre 3' 80 '7 3.90 .t •• t por ejeaplo# y de ah! la int:ro lllisidn ele lo escotaduras tlp!cas de la fase eatl'atigr4fi ... cam.ente infle,. .. , si bien 8U pel'dul'aci4n, no muy eneo", taDlPOCo ser!a un fen6meno extrafto. Lo.$ sobreelev.doa van l'edueiendo su albaero al tiempo que el pol'Centaje �ativo entre buriles y raapadore. 08 auy eleva.do PlU'a los prilDe ro. (S/a-O'747). Pal'a la inclustl"ia "_a la cit!?a no es t.an elevada CQIllO en el estrato superior. ya que paa_os de las 864 piezas de aqu4Sl. a lalil 251 aho ... a, punzoneít Y az.aga,iYas son lo mAs aburulante. Detft.acar.élnos 1 .. punta. de «lata de bisel aplanado "/f en l0ng6eta que erirvleron en (W8n manera pira colocar eS'(¡¡a fase en el Magd.alenh .. � 1 poI' ... pal'ale li.SIIIO casi total eOD las miSlllaS puntas halladas en dieba fase en el :yacillli.ento f .. ane�. de Le Placal"d. (Cha .. ente). H.a habido dililenaione. I'eapecto a este particuUr t que vi_ nen motivadas por el hallugo en la faae que se!IUirA de al- 182 gunas u,¡¡gayaa del !d.SlIIo tipo ,. que Pericot interpretaba c_ una .mezela de capas, el pl'Oblema que hemos expuesto mAs arriba. Pero .10l'd4 di& a au fase rv del Solut",enso ib�rico, ya evolucionado (Jo .. '" 1955), 1.& carac:ter!atica de esa. mis mas azagaya. pequeftaa y de bisel sencillo, por lo que su hai.lugo en el Parpal16 en el 8016tl'e_aurifiacien8e· final no es nada extl'e.lio. B� dáto nos viene re.fi.rmado en Les Hallaetea (Fortea 1973# pAg.494), donde l .• intí'U(Iid&ñ I!I&gda leniense es inexistente y eaaa IÜsmas azagayas estan en, el So14tI'EIO-gt"avetin.se, es decir, en el So1.4tl'eo ... aul'iftacien8e final de �icot. El hecho de que ese Magdalenienae inicial de Le Placa.-d presente esas azagayas pareee indiC�8 que en la cFonologta el Soldtt'eo-&\Q!'Ulacienl!le final, donde ya las t.enemos� !!Iel'fa contempór4neo de aq®l, y algo da avan. zado, Magdalen.ieJ1se 1:1 o Z:[1:, 8t;ll'ta ese M.agda1enienae 1 de Pel'ieot. Para ter.:tdnar # en ariJe ílJIaHlée 1. phtura; casi siempre, oOllio es tlOl'lIIal, én t'ojo .,. ,al . ., menos en negro. El grabado e. i!I\l cOIIIplemento mi. Ui!l\lal, auperpoaieildoae en 1Im ehas ocaaiones. hosiguiendo nuestra deaoripe:16nl b.a11amoa ahora la cultul"a que Pericot beutiz6 con el nombre de SQl.tltt'eo-eu t'iftacienae final, si bien Breutl preferfa 4enominarla 8011.\- 183 t .. enae levantino fhal, 10 cual daba una bUena i�a t_bi-Sn de la fÓS'Ill8Ci&n y a_endeQeia de la indust .. ia. B1 tt!naino que mejo. encuadra las tendeQeias que en cata fase coaeu .... en es .,J. aI;luilado po .. .lo .. dA de SQllftreo-pavctiense. que ahora ha p.ralelizado con $U nuevo Solut"cnse evoluoionado (Fo .... tea y JordA 1976). M.«. adelante veremos con mAs detenimien to e4lta p1i'Oblem4tica de nomenclatura, a la que atladirem08 el i<4!l'lIlino parpallentse, ya apu.ntado po .. Pericot ., recogickl en algunas publicaciones de la fpoca (Jim'nez N.va,,1i'O 1935) y que ahora proponen de nuevo Fortea y .lord4 en su artlculo m" arriba I'eseiiado. La profundidad que aba"a cate estrato es de <4 a 4' 50 mts., seg4n la monografía. Un l'ep1anteamiento estra 'tip4fico, y. intuido por su e:lCcavador (Pel'icot 1942, p.65), nos aparece como una medida convenieatle, vistas las secu,en cia. estructurale. que arro.;tan los mate .. iales de estos ni veles. Si bien tal beeho ha quedado esbozado en divel'sos articulos y publicaI;liQn_ del. autoS' (Pullo1a 1975 y 1976c:). ser' eXpuesto aqul el r�namiento con exten8i�n al ppesen tu lalll secuencia. y 108 an41isl& c01"l'espondientés •. AváB .al'_08, sin embargo j que la rectificactcSn con.tete en con" lI!Iiderar como So14tl'eo-pavet_se no 8810 4-4' 50 mts. sino 18� 25 CIIlS. m4a al fondo. es decir, el tU:tuo ni'Vel que Pericot atr1buy6 al Solutrense Superior, ampliandose por tanto el estrato cultural de 4 a 4 t 7'; Jats •• Conael"Va1ldo ,poI' el lIlOlIlento la diatribuci&n ori ginal (4-4 t 50). i:eoEilllOa que para el s!le:x se sefialan unas 20.000 piezas} nollO'bos hemo. h¡allado sola.mente 14.812, de las cuales 1.814 e.ran 4t11... Como I1tU definidor ele esta industria hay que sdlalaJ' forzosGente a los elementos de es" catadura, hojas y puntas de dorso, hay predominio dn de los utensilios conseguidos .ediante el retoque simple, pe- 1'0 108 abruptos caei les igualan, detalle .uy iaportant.e que no hemos 'Visto "epetir8e en las capas del Magclalenien- se inicial, que debel'Lan ser ds p1'Opensas quizás a ello •• Loa buriles sobre l"áque ele'Van alf;O $U PQl'ceotaj.e respec- to a 108 diedros y loa carenados lo menguan. A BClfialal' la int.ruai4n ada de algunos 4tile8 8Olutl'flnses tlpic.os. co_ una punta de aletas y p.edl1nculo hallada en. "EO 4 t 25-4 t 50", otra ea IIpa .. ed O 4' 25-4 J 50ft y tres mAs en el t.alud testigo capas 17 y 18. a unos 4'50 IIIts" pe1'O sin emba:l'go el poJ'Cen taje ee mfnimo, inferior al 1% (.959), por 10 que la Qont._ minaci&n es la hip!St.eeis 10.'8 vAlida para explicar el fen& mono. Para termin ... con el 811ex, afiadirelllOs que el mt.el'O 18� de adcl"ObUl"lles y &plcell trioldri"os hallado. swaa una oi frIA t'elativ8IIIente importante, :3' 091% •• En "uanto al huoso" lile da el ndmero de 142 para sus 4tiles, en franco descenso q6e ir4 acentuando8e con la profundizaci8n en el yacimiento. V8I!IOS notando una euS't;i tuci.8n del hueso y el aata, tan lLaportantes en la. primera. capaa, por el sílex. Tenemos punzones, azagayaa con bi�es rayados ., huelJOs aguzado •• En el arle, el dibujo que apuntablil anterior'BIente ae desarl'Olla con un estilo movido, en pequeftas plaéas de ueniaca, como es típico de esté yacimiento. y a continuaci�n nos adentraremos en el SolutlNm Be, la fase que mayor veriedad ofl'eCe, que deearr011a una mayor imaginac16n y pulcritud en la conseeuei&n de los l1ti le .• , algunos de 108 cuales son verdade .. a. obras de arle. La capa 4' 50-5' 25 mts. la atribuy6 Pel'ieot al ilutrense Su .. perio!', si bien ya hemos apuntado m4s arriba que el nivel. 4 í 50..4 t 7 5 m.ts. vela ya una e •• i total delUlpa"lci�n de les dtile$ solutl'ensea y una pr()�lfepaci6n grande de las ese ... taduraa. por lo que ser' atribuIda al final del Soll1treo graYetiense. Si bien en la aonograff.a se habla de 25.000 .uex, hemos hallado 17.959,. de 1GB cuales 2 •. 178 erM d.tiles. 18r. Abundancia de I'espadores, casi ninguno de ello carenado '7 por I!IQpuesto. presencia importlUlte dé todd tipo de 4tiles solutrenses, algunos mAs con retoque bifacial que unifacial (10'497%). Destacan las puntas de aletas '7 p�ulo, va riedad. que podeawe d.eéil' que se pule aqut, ya que su crea ci�n ao en d. que el l'esultado de una serie de influencias anteriores, de ensayos fallidos. Es en el ParpalliS dond.e a parece por vez primera y en. BU capftulo correspondiente ana ... lizaremos la histoJ'ia ., problemAtica de esos euriasos I1ti les, Loa otros instl'W'llento. t!pic08 de esta fase, hojas de laul'el y de sauce. est4n tambi&n bien representadQ, espe cialmente el primero de ello •• 1.08 hueso. ..on abundante., pero no en fOJl'lll8 de dt:lle. trabajados, Bino COlllO .. eeos de comida; hallamos re_ tos de animales apilado. en llAga .. es. conc .. eto. de 1,. �ueva 11 algunos de e1108 quezqdos en los miSIl!). itJg.lI·elil. b,alri;an" tee de esto8 últimos fqeÍ'QQ loc4iz."'" en estas ·capa., lo que que en a1gun1l111 zona. daba un. c<ill.ol'aei(5n .negruzca .a la tlie .... a,dato I'eseilado en el diario de exoavaeionlils. La II\� ¡YOl" .aglomeraci6n eSaea estA en el aeetot' CO. A 80 asc::iende el ndmero de dtilél!l en hueso} la ,mit.ad son punzones y el l'eeto casi todo hueso. aguJ;flclOs. con dguna �a 'Y algu na e8pltul ... 187 En arte, desal'_Uo gradual de la pintura en pla cas algo maY01:'esJ el grabado no desapueoe .!no que sigue complementlande al dibujo y en muchos ca_s se presenta 8ft plaquetas en soI1i:01'10. »estaca fÜ realiSlll() de este arte, que nos PtII'éCe de raíz france-cantAbl'iea mi. que levanti ... na, puesto que el e.$quematiSlllllil no ea ni mucho menos su no ta principal. El So1utr.<ense Medio (o n0l:'lll81, BegWt 8purlta Peri coi: en su JIIOnografí,a) se entenele entre S12$ y 6125 mts •• Vna capa de piedras lo separa del Solutrense Superior que acabamos de ver, por- lo que el l!rUte es claro. En sílex se da una cifra de 10.000 piezas, mien tras que hemos hallado .&10 5.583, de ellas •• 073 útiles� Entl'e �si;os destacan 1a8 hojas de laurel y d.e sauce, uni .. faciales y bif,aciales, algunos ra,spadores solutren$es y pie zas peduneul.adas que van desembocando en lo pu.nt�U¡ de ale taas y pedl1nculo que ya encontraremos en el tramo superior de estos niveles (5'25-5'75 IIlts,,). Los abruptos desci.erulen en favor' de 10$ planos, que les IImpél'an am,pl.iamente, 10 mi.- 1110 q.e los bUl'i1es. El retoque plano. a lIleilida que prot'un .. diaamos en el yacimiento, S6 aprecia en muchos casos eo.1IIO ds tosc., lo que 11eY6 a Perieot a 1;eorizlU' AQ·erca de un 18R "etaque "e:sbaild.enBelf• aludiendo con ello a la indw¡st·ri·a que qu.lso !individualizar Reygasse l'ofil'iendlill!Je a uaa oultu ra del Mllgbreb con hojas de laure.l que derivab8f.l directamen te de los t'ooupe de poisnglf achelenses (Reygasse 1922); el paso del Achelense al Solutrenso por medio del Esbaikiense fu.e t_o16n motivo de estudio en Italia (Meeh! 1930); lo meneloniS L Siret al hltb!ar dil Sur de Espafia (Slret 1930, p. 293). todo lo cu.a! lo capt6 con seguridad Perieot y 10 ident.ifio& con el elemental retoque solu.tl'enso inicial. Mn se lnsisti& en esta denominaei6n hacia loa aaa. cuarenta (Flatcher 1939), pero es por fin Balout el que del!ihaee esta induetria con afil'llUlCiQues contundentes de inexistencia, 4iciendo que tal cultura no €lB ds que un agrupllllliento ar tificial de una s.erie de datos alrededor de una hi�teBi." la de la evoluelWn pañicular del oifaz aehelense (balout 1955. p.454). AIs:!. po., lo tanto, hay que en'telld�1' esas alu .. • iones al retoque esbalkiense. pelleando en un ele!llf.!Dtal !re toque plano por percusi&ó ds bien que "1' pr,ea1.&n en I1ti16s (ll'andel!l. A medida que V8IllOS descendiendo en ene Solut:rel'l, (18 Medio, se ap¡o.eeia también una tendencia a la no invasi6n total del dtil POI' el l'etOqUé plano, 'Y en balll3Jltellt o.cas4.o nea el retoque es unifacial, 10 que confol'lt1a 1$.19 conocidas 18� puntas de e_a plM1a que seran el 4tu lilAs definitorio clel lautl'e'Use Infel'ior. segán la eeeué!teLa e16sica francesa de Lauger:l.e Haate (Pel'I'OD)' 1938); las dete.ct8lllO$ 8Gb ... todl) _ el t1"8IIIO infe .. ior (5'75 ... 6'25 IIItS •. ). En hueso fueron hallados 79 \Stiles, da de la lIIi tad de los cuales eran pwlltones; abundan tSlllbi�n los hue$$s aguzados. En el arte alcanzatllOs Mora un nivel lIIU)' a1toJ hay una grBn produccidn en este momento tanto en ptntura eeeo en dibujoJ las plaquetas _n de tillllllÍlo grande., en .... llas vemos $tluetas de cierva, de cabra, de b6vido, etc.¡ al tiellípo que alpnos rayados y ramifieaeiones. La cueva, a. medida que delS<leBdelllOs en l.a eiltCsva- 01&, va el!l'tt'eebandose ligel'aIIlente. Llegamos abo.-. a 10 que' Perice'" eementd como Solu'trense Inferior o lTotosolutt'enae, que abarca un metro de poteno.ia, de 6' 2S a 7' 25 II1t... COlllO elato IIIÁs resefiabl.e lllencionar'QmOIil las dos (Wandes ptedraa que Y·A ItUl'gie1"On en el est..l'ato SUpel'1Qr 'T que Morá agren dan au tam.aílQ, rocas K y L en las :zonas ca :y P. En .!lex se habla en la JIIOnol1'af:ta de 868 piezas) hemos hallado 917, de las cuales 1114 ISDn áttle.J gran pré JlQnde .. anc!a de los simples, Z'aspadores y 14m1n •• con reto- 190 que, muy pocos abruptos. Hay punta. de cara plana y reto que no cubl'i�te, que Pericot ll.am& protoeolutil"ense y que marcan en gran manera el estrato. Cada vez mODOS h.o$O trabaj.do� .610 28 piezas, con p®aIOnes y hueso. �zados. En'tre los p:r�ro. hay al gunos llIUy finos. casi agujas; W'JO tiene la base ,!!planada en ambas cares. y puede ap®'tar ya la azagaya de bisel do ... bIe que no ap¡noecerl. lasta varios miles de .aG. despu& •• EJl· esto. estratos se halleS el crMao hUlllano que se eonserva en las vitl'ina. del Museo de Prehi&t;orl.a de la Diputac;ic$n de Valoncia� as! como un gran !J..ario de anilllales. B1 arte produce en plaquetas de buen taaali.o las obras maestras m4s conocidas, 1G8 cabal.los en rojo de esti lo franco-cant&brico, la cierva negra contorneada por un grabado. etc •• es el. momento .úPdo de est.a PJ'oducciCSn dni ... ea por su cantidad y su ealided. 1'.J. 1Se01"eto art!!lI'tico que el PU'pal.l6 encieJ'J'1i es. por ahora, indeseifrilble de forma ah .. $oluta, el por qu� all! hay esas pl.quetas tan flin_e1'1t;·e pintadas y grabedas, que se asocian con las también excep. cional.ea iBdu.strias solut1'enses que el yacimiento ofrece. todo eso, una explicaci�n coherente y demostrable, no estA adn a punto. r llegemos por fin al fondo de la cuesti6n, al 191 final del yacimiento, que lleg6 hasta los 9'50 mts., si bien el sílex va 8610 hasta los 8'50 mts •• Hemos encontra do en nuestra revisi6n 324 sílex, de los cuales.75 útiles. Pericot atribuy6 estos niveles finales al Auriñaciense Su perior, pero ya al inicio de este capítulo hemos mencionado su posible re-atribuci6n al Gravetiense, problema que to caremos de inmediato, como asimismo de las grandes piedras que condicionaros con su caída el habitat de aquellos hom bres en el momento que nos ocupa. Entre los útiles destacan de forma total los raspadores cuantitativamente, pero por su valor definidor cabe mencionar los abruptos, con algunas Gravettes de muy buena factura. El hueso es pobre, cada vez m4s. 5610 15 dtiles han sido identificados, casi todos huesos aguzados. El arte se revela como comienzo de toda la secuen cia que hemos ido viendo en este primer esbozo del yacimien to. Hay ya grabado y pintura, si bien la t�cnica no es lo primitiva que cabría sospechar al encontrarnos en la fase inicial de la kkk habitaci6n de la cueva. Esto puede darnos el dato revelador de que al menos los iniciadores de la tra dici6n de plaquetas grabadas y pintadas en el Parpal16 ve nían ya con unos c�nones artísticos establecidos, adquiri dos lejos o traidos por otros medios hasta la zona gandi- ense. 192 AnUlaia de 10$ nivele.e.- Nuestro siguiente paso va a ser la descripci6n, uno por uno; de 108 nivel-elll que acabólDlo.s de esbozar mAs arriba. ColtS.1deraremos en primer 11.U,\'ar las cat'aetertsticas del estrato, su colol', la ap81"iei6n de losas, de hogares, de pied.l'_ caldas, etc. J despu& expondl"elitos los an4l.1$1a tipol&gJ.cos. llevadas a cabo con cada uno de lQ.s "ti1e$ i dentificados, expon.i.endo él continl.l8ci.5n 1410 rec:u.entos y se ries estructu .. al.es que de el�os se derivM, ,.alol'andolQS en conjunto al final de cac1a nivel cull.u'al (SOlutt'enae. Sol'l1- treo-gravetiense, etc.). En principio conse�aremso la .. di visiones I!'ealizadas por Pericot. y las p08ibles indicacio nes de rectificación il'an llevandose a cabo sobre la lIIa� cha, para concluir con el l"e.planteeud.ento general del ya Qimiento. El. prim&r nivel que anal.iz·aremos sera el mAs pro fundo. S1 en la deJiJcripci�n de los dveles nos hemos iIlCWido de arriba abaj()� reconstruyendo un poco el sentido de la ex cavaei4n y la &pt1ea del excavado%' al rcalizarla, en el a-o n4l.ie.is de los mism.os iremos de abajo arriba, intentaudo en� (lI;mtral' loa htl.os Clac nos peJ'lld:tu entJ'e\l'e f" una coherente evolu.éitSn eul.tul'iIl. 193 a).- Estas capas finales del �aeimiento juga ron un papel muy iIIIpol'tante en el mo.en'to de la excavaci6n. y cabe flUponer que tambi�n en el de la h1Ibitaci6n, los eno,, .ea peñascos que se conocieron con las siglas le y L. El pri mero se hall.aba en la zOna ce y media l' 80 .t1B. de al turn, con base m'. o menos a "SO .ta •• estaba pegada a la pared Oeste y Con su levantamiento se pudo acabar de hurgar en los resquicios para hallar dos bellos dorsos rebajados que muy bien pudieran ser Gravettes, a juzgar por el dibujo he cho en el diario de excavaci6n. El segundo pefiasco, L, se encontraba en la zona P y subía hasta 2'10 mta. de altura. bmbos fueron ensanchandose a medida que se descendía, &gran undose el problema de la excavaci6n. En la zona L la roca natural fue invadiendo el cuadro y hacia los "SO mta. abar caba e •• i BU mitad. Dado que las dos zona.s de entrada hab:[aa quedado est�riles con anteriovidad. vemos que solamente en CE puede prosegui.rse el descense; los 4tiles, muy escasos, van aparee-tendo junto con hogares hasta los 81 SO IIIt;s.. Ba jo las dos rocas K y L aparecieron cenizas de hogares, 1.0 que puede hacernos sospechar un brusCO corte en la vi.da de 1.a cueva, heclw corl'Oborable por 1011 abundantes e8ppeios eet'ri1es a su alrededor. Esta esterilidad de sílex y de 19� hueso tl'abajado se hace total a partir de 8' 50 1Il't. basta el l!mite de fondo alcanzado en CE, 1011 9' 50 mta. La tierra es fina, amarillenta y arenosa, lo que acaso nos harta sospechar una depoeici6n e&11ca, eoo la po- sibilidad de haber distinguido en ella subdivisiones olimA- ticas en el caso de haberse estudiado hoy. Respecto ya al material de stlex analizado, y en oomp!II'aciiSn con lo publicado en la monograf:[.a, hay que decir que s610 hemos considerado 16 4tiles de retoque abruptoJ en aquéUa se dibujan (Perieot 1942, p.44. fig.7, n28-9-10) Uhcias dos de ellos se dan como .� con mueseau, 10 cual no es- tres 4tiles que no estan conseguidos por retoque abrupto. tA muy claro. La tercera "hoja con maeseau estA 4ibujada al rev�s. con el bulbo en posici&;¡ 8upe1'10r(id. fig.7,nI111),. por 10 que en el anUiai. no es mAs que una • l&dna de dol'- Pasemos ya a los anUiais propiamente dichos, pa .. - 60 profundo. con la parte distal rota (ver an4lisia. n9075 en CE 7'25-7'50, y en las 1&ln819, la corre$pondiente al Gl"avetiense). te Aroida del trabajo, pero al miSll10 tiempo caud.al de infol'- maei&B, puesto que las tres medidas de cada �til, su frag- mentaei&n o no y su tipo de ta16n paeden se" fuente de datos para futuros estudios. Ya ha quedado expuesto el sisteHIa de 19S poliiei6n de un o a la cifra correspondiente, puesto que el ndmero 1 lo tiene la primera pie�a analizada del Solu*ren- se Inferior, labor iniciada el año 1974. euando cWn no pen- sabamos en analizar estos ltltimos estl"atos del ;yacimiento. CO '111.capa.8'25-8 llÍ's .hl' f L 1 e t 01.- al1 bilat [&Id sen. Srnd dex) 39 12 4 tl 02.- G12 [Spd+5pd dex sin) 6 27 21 9 ti 03.- Gt2 [Slad sen+Spd.+_d de,,] 4 28 21 4 tp 04.- GIl (Spd] 5 bl' (33) 25 6 05.- G312 [Spd+Spd lIled dist delt-Smi 6 45 16 8 "tp pl'QX dex] 06.- Gil [SpdJ 8 46 24 8 ti 07.- Gll [Spd] S 45 23 S tI 08.- Gil [Spd] 4 47 14 6 09.- G12 [SIld aen+Spd+Smd dex) 3 45 17 4 td 010.- G12[Spd+Srnd 41st dex cono)/. S 72 3° 10 tf SII1(p)i pl'OX med éeII. Smd pr.ox dex 011._ G12[Spd dist sen+Spd+Srnd �] S 73 36 13 012.- G12(G21)[Am(p)d sen+Spd+�x1 3 24 11 3 tI 013.- iiil[Spd]/.S(A)Pd prox sen 8 br (50) 19 9 014.- G21[� prox med aen-Smd disé 3 br (43) 15 6 i>en+Spd] 015.- Bl1 pl� polig nucleif 016.- 811 plan polig nucleif 017.- 821 no:rm polig dist/+A(E)p.:l d.1st dex conv-LD21 rned pro:.: dex[ApclJ 19f1 34 26 21 46 33 26 39 14 7 os8.- P021 41st med dex[Jpd)/--A(S)md proxdex 47 12 3 019.- Fl1[Ppd aen).R21 dex[S(E)pd] - (35) 15 4 tp CE 8 .. 8'25 IIIts. 020.- LD22[Apd sen.Ap(m)i med prol: dex] a-bl'(18) 5 2 L '?lS-8 mta. 021.- Gil [SpdJ 4 bl' (31) 20 5 p 7'5-7'75 IIIts. 022.- G3U.(Spd] S br (28) 16 8 L 7' 5-7'75 mte. 023.- P11[Smd dex conv] br (21 ) 10 3 024.- PllSmd dist seo conv+S(A)md dist 46 13 4 ti dex conv] 025.- G311[Spd) 11 35 22 13 026.- G12[Sp(tl-Smd dist dex) 4 39 20 6 te 027.- G12[smd sen+$pd+Smd dex) 4 40 15 6 tl 028.- Gll[Spd) 3 53 24 6 te 029.- G12[Spd+Sm(p)a dex dent] S 50 z:a 6 t;d 030 .... Gll[Spd] 13 48 42 18 197 031.� Gil dist(Spd].Gll prox(Spd+Smd 6-3 38 19 8 pro x sen] 032.- Gil 41s�[Spd sen+Spd+Spd dist 8-5 42 2.2 8 dex].G12 p�ox[Spd p�ox doX+Spd+ Spd son] 033.- L1>21 sen sin[ApdJ l.Il"(27} 15 7 034.- LD21 dex[Apd] ar(23) 8 3 tp 035.- LD21 sen [Apd] 22 6 3 tp 036.- L021 sen[Apd]/+S(A)md trav dist 24 7 3 tp L(y CE)ult.capn negra. 7'50-7'75 mts. 037.- G12[Spd+Spd dex] 6 49 26 10 td 038.- G12(G22)[Spd+ Spd 41st med dex] 6 49 28 13 td L 7 f 25-7 f SO mti9. 039.- R11 scu[Srnd] 51 12 4 te 040.- Rlt sen coQV[�] 57 21 6 ti 041.- G12[Smd sen+Spd]/.Smd prox dex 6 58 26 1 <tp 042.- Gl1[Spd] S 54 14 6 ti 043.- Gl1(Spd] 3 br(2S) 17 S 044.- Gil doj dex[Spd] 7 32 40 14 U 045.- G311[Spd] 7 32 24 12 046 ... 811 plan polig nucleif 34 18 14 CE 7' 25-1' 50 mts. 047.- Rll sen[Smdj al" (35) 15 4 te 048._ Rlt dex div[SMd] I.n.' (35) 21 8 19R 049.- &11 des sio[S(A)ad) 38 30 S t1 050.- lUl bilat[Sp(m)d sen.Spd dex(d.ellt)] 52 21 9 t1 0$1.- P22 t�av dist['pdJ br(34) 21 9 052 ... 021 dist dex(Spd]/-A(S)ad lUed. br(31) 14 " prox dex 053.- Gll[SpdJ 5 br(2S) 20 5 054.- (U2(S(A)md sen+Spd+Smd dist dex] S 38 20 '] te 055.- G12(S(A)pd dist s.en+SpdJ/--Am(p) 4 br(41 ) 21 '] i p�ox sen 056.- CU2[Spd+and dexJ/.Smd pros med S 60 16 S tp sen 057.- G12[Spd+SIlld dist mrad dex] 6 53 25 10 td 058.- Gll[SpdJ 1) 44 29 1) td 069.- Gl1[Spd] 7 47 17 '] tl 060.- G12[Spd+SIll(p)d(dent)] 10 39 22 10 te 061.- G311[SpdJ 10 34 27 13 tI 062.- Gl1[Spd] 5 41 23 9 063.- G12[Spd+S(A)md 41st dex] 6 41 21 6 te 064.- Gll(Spd]/.Smi med dex(eonc) 3 41 19 4 te 065 .... G11[Spd] '] 48 23 10 066.- G12[Spd prox med sen-SIlld dist sonl0 38 24 10 +Spd+Spd dex]=El[Epi trav disto Epi trav prox) 067.- Gl1[Spd] 3 br(29) 23 4 199 068.- G312[Spd+SEpd dex] 10 39 32 17 ti 069 .. - G311Iiltt(Spd].G311 Pl'O)t(Spd] 4-10 53 21 10 070.- 021 [Spél+SIIIi dist dexJ 8 id (20 25) 9 071.- Bl1 plan polig �ucleif 33 22 39 072 ... · 821 norm rec1: distli'Apd sen Un 43 21 6 eonv 073." LI>21 de�[Apb]I.Smb dex al' (36) 6 4 tp 074.- LD21 de�[Apd]/.Sm(p)d di&t sea 30 7 4 pt;p 075.- LD21 clist mecl dex eenc c:anv[ApdJ al' (30) 14 3 t·l, /.S(A)md clist dex Una vez expuestos ésto anUists, pasaremos al ... e� cueneo, que haremos primeJ>o cie_cnuanclQlo en gru.pos y en al- .suno.s casos. los abruptos, bajando al n!vel de laé clases·, para dar el resultado final &610 Qon los seis modos (ver capitulo de metodologia). s R.-8 B 1Sir.- 2 PDp .• - 1 P.-2 sp.- 4 SE G.- 1 69 .. onot 75 úttles-81 t.p. D •. -2 P uniE.-l E E.- ¡ 6 doblo G· ... 50 A LDp.-9 Los iI!Ieis I1tUesíld.oblesf es decir, que conti.enen dos tipos primarios. son en su mayorla raspadores dobles� pel'O hay que hacer _neiSn especial de uno que estA COlDptlea- to por una raedera fol:t4eea (Fl1) y por una raede:va simple (tUl h el 4t.11 (nI! 019, vel' lWo. correspoodient,e) podr!a 200 IOi pero el borde derecho pl'eseut� un J'etoque s:b1ple,; inel.u so con algwia 1;endeueia til la eSé_oaidad, por lo que 'hay' que coo$idll't'arlO' (lla.r�te é,oxao w:aa raedera. El 'ti], ae .... cienta II\:I. cabe su inter.!s po .. ,ser ae la capa ú. pro tunda de las que dieron dtilel!Jj �p 2s.8 IIlts, pues la siguiente, casi est.!ril ya. ,,610 dió �gu.na esquirla el& idlex", A 10'. 75 ,t$tUos que hemQli vi$b,o 8$ _adeu 249 pi ... l!:ali 610 I'eto,que_ laseas. esquiC'1a$, etc", lO'S cuales $wnan un total ya apunt.ado anteriot'!lll!)Ute de 324 Glflex. ya que &¡¡ te os el. material empleado casi exclu.sJ.vament'G en e5t,EI$ ni .. veles. siguiente; CE 8'5-8125 .te. CO u1t. capa. 8125,..8 :tItts. CE 8' 2S�8 _s. L S-7i75 Gs. p ,8"'7'75 ílIts. p 7'75-7'5 JIlts. L l' 75-7 t 5 !lite. 1 50 9 3 2 61 57 L (CE) ult. capa negva 7'7S"1'5I1ltIJ 19 L 7'5-7'25 mts. 7 ca 7J 5-7 j 25 M.o 40 201 El rasgo definidor de esta industria es eualitati .. vllll1ente 1<1 presencia de esas magn:tfieas Gl'avettes, que del!- 1954.55-56), ai bien su conocimiento ea lIlU)' ant:i.guo. El GI'� vetiense, cultura definida por este fcSsil directol', $e es- truetul'aba dentro del esquema d.él Perigortiense final.. IV y n, fratlat!& (PeyronYI 1933. Peyrony, 1948; Sonnevllle-80rdes 1966), el. eu.al iba afinando la estl"at.igraf:ta ceda vee da pa- ra llegal' a mtnimaa eubdivi.t!IiGnes como 1.88 del Per:i.gordiense V (SonnevUle-80l"des, 1960J Bordes. 1958) MoviuB, 1966). Pero pronto encontr_s otJi'O& atltore15 que hablan del GravetieniSe como cultura independiente,. como por ejemplo Miss Garrod (Garrod, 1938) y .JordA <.JoretA, 1963), siendo &!fte \Utimo � lttico Suf>el'ior peninsular .• La flla;e Gravetienso del Parpal16, situaba JordA en $U fas. Zl'b, es decir cm un período de ex" pansi&n gradual hacia el Sur, criterio que compartimos en 10 que a po!!lici6n estratigrUicu se refiere (Jord' 1955). Pero si la definioi6n de esta indl.lstria, .que parece habel' quedado ya bien dibujada; se ha hecho deli4e el purreo d& -vtsta cualitativo, eree!l1Os t:nle una vi�i6n total 4é la m.iaua scSlo puede conseguirBe vdol'8Q.do t_bi'n cuantitativ�te 10 •. U,tel'iales que le pel'tenecen. Bita cuantificd..$n de la ��a1td_ � 202 no. ayudar4 a percibir las particularidades internas de ca- da industria y con este propdaito seguiremos la8 teorfae ya expuestas en otros cap!tulos. que sintetizamos en la que uo na mayor idea nos puede dar de la eeeuencia estructural que se desprende de 108 an41isis tipol&gico8, la hallada por Laplace; ya ha quedado explicado en otro capttulo el limite que nos ponemos en. la aplicaci¿n de tal m4todo, por b que ahora DOS adentraremos en �l ain mA. dilacidn. En primer lugar hallamos la serie en el orden 11a- mado nominal de exposici6n: S 62 A 10 P 1 SE 1 B 6 E 1 ... 81 siguiente paso ea obtener de la escala nomi- mal la ordinal mediante la disposici6n de 108 modos de fo!'- ma descendente. Es un primer paso h eia La secuencia estruc- tural, y obtenemos: S A B p SE E 62 10 6 1 1 1 f".765 .123 .014 .012 .012 .012 Aplicamos ahora ya concretam nte el criterio 01'- dioal, ouya definicicSn hemos dado ya anteriol'alente (Laplace 1974b, p.15). La serie dispuesta en la escala ordinal la des- CO�nemo. en el llamado Arbol ordinal, cuyas asrupaciones nos proporcionan la. pequl'lA8 seri88 de tre$ t�I'alinO$ sobre la. cuales ireqos operando hasta llegar a la total. 203 62 62 10 6 10 6 1 1 111 10 6 1 1 1 62 10 6 1 10 6 1 1 6 1 1 1 61 10 6 10 6 1 6 1 1 1 1 1 Apli.amos el criterio ordinal a cada una de las series partieul.aree. Para 62, lO, 6 62-6 .!! 62-6 1'115 10-.6 62-10 ro, 6, 1 10-1 1'8 10-1 � g:l 19¡6 6, 1, 1 ¡:¡= O 6-1 1 1, 1. 1 1-1 O 1.1 - 1-1 O 1-1 62, 10, 6, 1 62-1 6tZZZ 62-1 1'109 lB:l Yo:y 10, 6, 1. 1 1'8 1 6-1 10-.1 6, 1, 1, 1 6-1 6-1 1 "1-'1 O -- 6-1 62, lO, Ó, 1, 1 62-1 6'777 62-1 1 10-.1 62-1 10, 6, 1, 1, 1 10-1 1'8 10-1 1 6-1 10-1 62, ro, 6, 1, 1, 1 62-1 6'ZZZ 62-1 1 10-.1 62-1 Representamos tales I'Upturas en el 4 .. bol ordinal. 62 / 10 6 1 1 1 62 / 10 6 1 1 10 6 1 1 1 111 111 62 I lQ 6 62 I 10 6 1 10 6 10 6 I 1 1 6 1 1 6 1 Con ello obteneQl.oa los &rd.enes de ruptura} la que existe entre 62 y lOes de primer orden porque se refl. en los cuatro niv'eles de an41i.sis de las secuencias parciales, 20� lllientl'sfl que conaider81'em:o. de cuarto orden la qllle existe entre 6 y 1., 8610 aparece en un nivel de an41is1a. B ¡4 P == SE lOO E Una mejor visicSn puede obtenerse mediante una ma- trie de distaaeias, separando con un trazo la. categol':taa adyacentes cuya re1aci6n sea superior a 2. El orden de las .rupturas se observa directamente. S A B P SB n 62 10 6 1 1 1 S 62 O 52 58 61 61 61 - - - - A 10 52 O 4 9 9 9 B 6 58 4 O 5 5 5 - P 1 61 9 S O O o SE 1 61 9 S O O O E 1 61 9 S O () O el' 4 rupt .... l 01'4 otros datos que podrtan d,adi.,se 8 los que h,emos expuesto son los índic_ de los tipos de l1t11es 1114,s c ar-ac« tel'isticos, que calcularemos en funci6n del sisteo.ta c14a1- ce (Sonneville-Bordes 1960. tOlllO l. pp.28-29) pua poder as! proporcionsr un el�ento de comparaci&n v41ido para o. tl'OS yacimientos estudiados por métodos difeJ'ente8 al que nosotros ap1tcamos. El indice de raspador (IG) es realmente muy el_ -- 205 vado; de los 51 que se reflejan en los c4lculos previos hay que descontar 3. que son doble's y cuentan 1J�10 como un 4i;U en el recuento hecho por este sistema. El resultado es que ro es igual a 64, cifra realmente alta. Para el índice de buril (IB) el é41culo es mucho mAs fácil, y arroja una cifra de 8. Dado que el nivel "gravetiensell al que meDor es recurrir es el e¡>tSnimo, vemos que en los niveles c14sicos de La Gravette hay una gran abund.ancia de raspadores, lo que, a falta de porcentajes relativos, concuerda de alguna manera con lo que estudiamos. En los buriles se apunta una presencia o&bi1, lo que tambi�n estA de acuerdo con nuestra serie, sefialandose incluso la coincidencia de ser volumino sos, hecho que v_os, por ejemplo, en nuestroa nuc1eiformes n2 015. 016, 046 y 071. En cuanto a los abruptos los cali fic-a de numero.os, pero apunta la posibilidad de que tal hecho sea debido a una e1eccicSn preferencial del e.xeavsdor que trabaj6 en el yacimiento a finales de siglo y en la pri mera d�sda de �ste. y deposit6 los materiales en el �bseo de PC;rigueux (Feaux 1905). La abundancia en nuestro yaci miento de abruptos es relativa, pet'o importante respecto a buriles y otros grupos menOt'es. por 10 que la semejanza no nos parece realmeSnte disparatada. En conjunto podemos in- - 20r. tuil' un paralelismo entre este Perigordiense IV de La Gra vette con el instJ'Ulllental típico de hojas y puntas del IIds- 1110 nombre, hilo conductor de todo el Pel'igordiense &lperior, con nuestro nivel del ParpallcS de 7'25 a 8125 m:te. de pl'€l fundidad. considerado en la monografta COIllO Aurifiacienae Superiol'; esta denOJllinaéi&n no era en l'ealiclad un 81'1'€11".. !!li no que ha aido mS. recientemente que se ha acuñado el nue vo t�rmdno de Gravetienae. sobre todo para las industrias que inician sel proceso del dOI'80 rebajado, que se ver! in terrumpido por el Solutrense en JIlUchas regiones, pero que tillllbi6n se iapondrA a aql1t�l en muchas otras COJllO en la pe nínsula italiana y en escasos yachd._tos peninsulares.. Pre cis8Jllente la d1tima publicaci8n que sobre Gravetiense se ha hecho en Italia (Palma di Cesnola 1975) da unas cifras altas para el conjunto de diles de retoque simple, sobre un 40% o mAs, lo que no alcanza nuestra alta cota pero se apro xima. En cuanto a los abruptos, hay un .• mayor pl'OpoJi'ci6n en el yacimiento italiano, que est! sobre el 20%. lIIientl'8S que nosotros nos acerciIIllos al t s%. Tras todos estos datos creeJllO.s haber llegado a la conclusi6n verdadera de que nos encontraJllOS ante un Gra vetiense pobre por ser el inicio de la vid4 en la cueva, seguramente en fase de expansi6n como apuntaba Jord' (Jor- dA 1955); .. ay qUe tener tambi'n en cuenta el hecho ya expues to del desploll1e de las dos rocas K y L que debiel'OD cortar 207 la vida all:! existente en un JIIOlllClnto dado y dificultar la nuewa habi'taei&n de la cuewa. Incfudablemente la sel'ie _ 75 4tiles, o 81 tipos primarios, ets corta para lanzarnoa a hacer exceaivoilll extudio$ porcentuales. pero Ml fiabilJ.d.ad esa cierta. El paralelismo apuntado en el iIli�aael aflex lo vemoe tambi& en el de Iuleeo, con punzonea, hueso. ap- lI'ados y alsdn ali.adol'. Un dltimo problema nos viene planteado por la ero- nolog{a de este estrato. El dato que m4s luz arroja sobre la euesti6n es la dataci6n radiocarb6nica que efectu� l. Davidson sobre unas v�rtebraB de ucapra ibex. y de ucervus elaphus" cuando realizaba el estuAio de la fauna del yaci- !Iliento. La poaici6n estratigr4fica no quedAS, sin embargo. muy clara, puesto que la indicaci6n en la capa que conten!a los Bestos llevaba sólo el rlStulo de liante e del Sólutrenselt, por lo tant.o hay que interpretarlo C:OJllO perteneciente a es- te Gravetiense que estudiamos. La muestra era la BM-858 y di¿ la cifra de m48 de 40.000&06 BP, es clacir, mAs de 38.050 ai'ios Be, en ver- dad algo anterior a lo esperado (Davidson 1974). otra fecha, pero que por su mezcla es inaprovechable, es la recientemen- te publicada (Shotton. Williams y John.on 1975), 8i�520 + + que di6 20.170-380 DP (18.220-380 Be), pt'oviene de unas mues- tras de 7' 75-7 t 25 alta. mezcladas con 6 t 2$-6150 alte., por 10 que su valor es nulo" En general las fechas para el GráVetiense osci lan entre 108 259000 y 108 23.000 aftos; bay que colegir qUe la discontinuidad cronol&giea de BM-858 se debe a una con taminaeitSn de loa restos y que poI' lo tanto cael. bordea mAs la realidad Birm-5%O que, pese a estar mezclada. no ofrece un panorama tan disparatado. b).- El siguiente estrato individualizado por Pel'icot fue el Solutrense l:nferior o Pl'otosolutrense.. Se extend!a desde los 7' 2S mts. hasta los 6125 mts. de profun didad y quedaba mediatizado, como la capa anterior, por la presencia de las dos rocas, K y L, que a estos niveles no debían ser ya un estorbo para los habitantes de la cueva sino m4s bien una ayuda y protecci&n; buena prueba de ello son los numerosos hogares que se eneontral'on junto a dichos peaascos. En uno de ellos, en CE 7-7'25 mts., junto al cono cido con la sigla L, fue hallado el 4til que se asemeja a una hoja de puftal de s!1ex (Pericot 1942 .. p.46. fig.10) y que tisuC'a en el. inventario con el n_ero 108; est4 expues to en las vitl'inas del Mualilo de Prehistol'ia de la Diputaci&n de Valencia. En este primer subtramo cabe seña1ar la gran pl'O fusi4n de piedras y de pequeños bloques que iban dificultan do la excavaci6n y hacIan cada vez mas estéril el yacimien- 20H 20� too Lo mismo sucede con el SUbtl'8DlO 6'75-7 mts., don.de ..s lo hay que reseñar una l!nea de ceni�as� capa negra, loca lizada entre 6'85 y 6b90 mts. y de extensi6n ba�te grande. Siguen los pedruscos en 6' 50-6'75 mts, pero ya hall_o. un osario animal y �na8 de tierra gris clara-oere qUe pueden empezar a presagiar el est'ril posterior que hemos visto al fondo; entre las rocas hay t.ierra negra de cenizas. En e .. te punto, 6'50 nrts •• se inicia el talud testimonio que fue+ dividido en 29 capas; la dltima, precislIIllWlte la 29� corres ponde a 108 6' 50 mts.. y la 28 al lSubtramo superior, 6' 25- 6150 mts •• En 61 la tierra se vuelve c�ara. poco pedregosa, con hogares muy localizados, por ejemplo en P y en CE. El elemento m4s destacable en este ¡Utimo subtS"a mo, 6'25-6'5 mts., es el cráneo humano que se encontr6 en la zona C� el 9-VI-30. Se hallaba en posici6n horizontal y miraba hacia el SE, es decil', hacia la entrada. Junto a �l se hal16 un ff'agmeoto de hWero. en teoJ'!a del mismo in dividuo. La descl'ipei.8n por Pericot � la monografía $e ve completada por el estudio de A1eob� unos aflos m4s tarde (Al cobé 1947); se pronunciaba por un cr&neo perteneciente a un individuo enfermizo por la elevada fr'ente que contrast.aba con su. apal':Lencia infantil. En cuanto a Beu, Alcobé se in olinaba, con .. esel"Vae .• po r' el femenino, siendo su. edad ele 16 a 18 aflos. Una 1'evisicSn m4s reciente (Bubner 1975) efec- 210 tua una medici6n de capacidad craneana, 1.390-1.410 cms3, una tfcniea descripción del cr4neo con todas sus medidas antropomftricas y una concluai&n final en la que prefiere no hablar de"razallCro-Magnon sino de IIWuchsstil" o estilo de creciaiento de la �poca. Por su aislamiento cronol6gi ce en el Paleolítico SUperior y sus rasgos bastante evolu cionados, llega incluso a apuntar la posibilidad de que el cráneo fuera neolítico. otros restos antropológicos recientemente estudia dos (Garralda 1975) pertenecen a la colección V�ova y Pie ra y provienen de BUB pr�eros rastreos por el yacimiento ya re.sei\ados. Son un fragmento de mandÍbula y cuatro dien tes, que no pueden situarse cronológicamente, si bien van acompai1ados de una industria presuntamente magdaleniense; hemos creido conveniente citaelo aquí por agruparlo con el resto lIlás importante, el cr4neo, pese a ser de un estrato con seguridad superior y más lIIoderno. Estos restos se con servan en los fondos del Museo Arqueo18gico NaciQnal de Ma drid. Nos ocuparemos ahora del detallado estudio del instrumental de s!lex. Su cifra exacta no figura en la mo nograG!a. pero en nuestra revisicSn hemos ballado 917 pie zas de sílex. Los �tiles eran &810 184, cs decir, un 18'8%. La tabla de la di8tl'ibuci&n de las pieza. no reto- eadas por zonas y St.lbtramos era la siguientec 7'25-7 6'75-2 61S-617S 6'25-6'5 otros L 37 L 110 L 238 P 21 Tal.6' 25-IAIO co 30 co 5 ca 6 L 27 ParlKi O. 8 CE S CE 24 Tot.244 CO 7 Tot. 172 Tot..75 Tot.139 el:: 48 Tot.l03 Algunas de las piezas ofrecen rasgos característi cos del período cultural del Solutrense inidal que nos o cupa. Un buen ejemplo serian las puntas de cara plana, que en nrunero de 10 estan presentes; como muestra la analiza- da con el n4mero 118, que corresponde al n23 de la figura 9, página 46 de la monografía. Entre las ya algo mAs evolu cionadas est4 la hoja bifacial apuntada. 109 del inventario, en el libro n25. figura 11. p4g.48. En espectaculariddd des taca el tan mencionado puftal de sílex, n2108 del inventario, figura lO, pAg.46 de la onografía, que es el �til de mayor lungitud de todo el yacimiento con SUB 15 t 1 eme.. su anchu ra es de 4'6 CIIlS. y su espesor, calculando la torsicSn de la larga hoja de s.{lex, de l' 2 cms, con un taldn bien vi .. sible liso. 211 212 Talud 6'25-7'30 ata. brf L 1 e t 1.- G12[S(P)III(p)d sen+Spd:f-Smai sen pro x] 6 47 23 12tf 2.- G12[SlBd sen prox=Smi sen-tSpd+Smmd dex me41 3 43 20 6111 3.- G21[Smi sen prox.SPd] 4 f (30)18 5 4.- Rll[Slllnd sen-=Snmi sen] ar (44)14 4' 5.- G12[Spd sen+S(B)pd] 5 2S 18 8 6.- G12[SpdjSmd dex prox] 3 37 19 7 7.- Gll[Spd] 4 37 18 5 8.- Gll[Spd] 6 29 17 8 9.- Rll dist dex[Smd] 20 13 5il 10.- R21[Smd sen.S(P)pd] fp (21)17 61f 11.- R21[S(A)pd.Ppd] f fm (10)14 5 CO 7-7'25 •• 12.- GI2 dej sen[Smd sen dist+Spd] 3 25 25 61f 13.- Rl1 dex [Smd med] 34 21 9te L 7-7'25 mt:s. 14.- R21 dex [Spd] 48 42 27 15.- D25[SpdJ!Spd dex 8 e (47)39 18 16.- Al aen[Amd] fp (28)22 7 17.- A2 bilat[Apd--Spi.�d] fp (25)25 12111 18._ Rl1 bilat[smi dist een.Sm(p)d med de� 34 31 10 'te 19.- R21 prox dex[S(A)pd] 62 31 141f L 6175-7 mta. 213 20.- Rl1 sen div[Smmd] 31 41 7 tE 21.- Rl1[Smmd sen.Smmd dist de�-Smmd Pfi:�] br(S3)13 5 22.- D21 prole dex[Spd] 33 40 15 tp 23.- G312[S(E)pd dist aen+S(P)pd] 13 fd(24)26 13, 24.- G22[Smel]/Snmd prox dex 25.- 812 polig plan dej ang prox dex 26.- Gll[Spd]+D21[S(A)pd]+Rl1 dex[Smd] 27.- D21 sen prox[Spd] .R21 dist dex[Spd)+D22 prox dex[S(A)pd) 28.- Rll dist aen[Smmd) 29.- Rl1 sen[SmiJ L 6 t 75-7 mt. •• 30.- R22 diat dex [S(A)pd]! 31.- R321 med sen(S(E)pd] 32.- G11(Spd]/Spi med dex dist sen 33.- 812 reet plan ang iist dex L 615-6' 75 nits. 34.- Rl1 dex[Smd] 35.� P21[SPd dist sen eonv+Spd dist dexconv] 36.- D21 mad sen[Spcl].D23 dex[SpdJ CE 6 t 25-6 t 5 IlIts. 37.- Gl1(SpdJ 38.- CU1[� 2 39 22 5 ti .. 51 21 7 tI 6 27 23 8 'tfr, f(29)26 10 . '. 44 � 13 tp 31 24 1 te 61 43 12 tf 31 22 11 tcl 5 45 17 9 tE 21 29 15 36 19 U. tE fd(13 18) 5 br(32)19 11 3 8 40 20 8 td 33 26 11 �l 43.- G12[Smd med sen-Amd dist sen+Apd] 44.- G12[Amd sen*Spd+Smmd dex] 45.- G12[Smd sen+Spd+Spd dexJ 46.- G12(Smd sen diV+Spd+S(P)pd dist 4ex] 47.- G12(S(A)pd 8en+Spd+�)md dex]-D21 ang prox dex[S(A)pd] 48.- Gil dist(Spd].D25 Pl"ox(SPd]/&Ii med sen 6-4 36 20 6 39.- Gll[Spd] 40.- G31:{SEmd med sen+Spd+5md dist dex] 41.- G1Z[Spd+Smd dex] 42.- G12[Smi med sen-Smd dist sen+Spd] 49.- G311[Spd]/SEpd sen 50.- G312[Ssd sen+S(SE)pd+S(SE)pd dex] 51.- P321[ . E'� Qonv+Spd dex conv] 52.- Rl1 med dex[Smd] 53.- Rl1 dist dex[SlKl]!+PPd 54.- Rl1 dex[S(A)md] 55 ... Rl1 prox sen [Smmd] 56.- RIl med sen[Smi] 57.- Rll prox dex[S(A)md] 58.- 812 polig plan ang prox dox 59.- Pl1 dex(PPd]/.,Smmd sen 60._ Fl1 dex[Ppd]/.S(A)md prox sen 61._ F23 [Apd PI'OX sen. PPd dex] 21� S f4(27)21 7 5 fd(19)13 1 S 31 16 6 tp 4 fd(24)lS 5 6 37 16 7 S 25 16 6 td 4 bS-(41)19 5 3 16 16 5 tf 3 24 18 4 8 28 20 12 18 27 25 18 '1$1 fd.(22)17 ll2 39 24 5 td 39 18 3 t1 2S 13 3 te! S3 18 4 tp 40 23 8 td ar(49)23 S fp(40)25 8 te 33 18 7 ar(29)18 4 tp ar(45)20 S td CE 7-7' 25 IIlte. 62 •• &11 sen[Smd] 63.- R21 sen[Spd] 64.- P21[Spd seb cvx+Smd dist dex conv] 65.- G12[Spd+Spd dex]/.Smi med sen 66.- D31 rect norm droit dist CO 7-7'25 mts. 67.- R22 p1'ox[Spd] 68.- Rl1 dex[Smí] 69.- D13 dist med sen[Smi].D12 prox dex[Smd] 10.- G11 dist[Spd].Gl1 prQx[Spd] 71.- G312[Spd+Spd dist dex].B31 sigm norm,. 8 prox/.Spi med sen 72.- G12[Spd+Spd dex cvx] 73.- Gl1[Spd]/.Sma med. sen 74.- B12 rect plan dej ang dist sen 75.- B32 rect plan dej $Dg dist dex 76.- 831 1'ect plan droit dist;.B31 rect plan droit prox CO 6'75-7 mts. 17.- 531 rect norm droit dist 78.- F314[Pevtb bilat] CE 6'75-7 tUte. 79.- Rlt bilat[Smd] 21� 43 23 8 38 21 8 35 14 6 10 68 31 13 tI f(21 12 4) 8-7 43 14 S ar(26)15 5 tI a1'(23)10 4 32 23 8 38 18 10 10 33 26 10 tl 30 14 6 33 22 6 tI 27 18 7 tI 32 19 8 6 36 17 5 ar(22)16 4 43 17 4 tl 80.- Rll dex[SpdJ 81.- B31 roct norm droit prox Pared O 6'5-6157 mts. 82 ... R21 med dist sen[Spd] 83.- Gl1[Spd] L 6'5-6'1175 mts 84.- D21 med sen[Spb].Gl1[Spd]/.Spd prox dex 85.- D21 aed dex[Spd] 86.- Rl1 bilat[Spi sen.Spd dex] 87.- R21 med prox dex div[Spd] 88.- R321 dist med sen[Spd] 89.- R21 med dex[Spd] 90.- Rl1 dex[Smd] 91.- 831 rect no� droit dist 92.- G321 dist[Spd+Spd dist ed dex].832 rect 6 plan dej ang prox dex 93.- Gl1[Spd] 21(; 39 22 10 43 27 10 7 27 19 8 30 20 7 7 32 15 7 fm(20 29 11) 43 16 5 tp 42 22 10 33 16 9 48 18 8 45 16 4 tl 21 10 6 42 23 12 3 br(26)13 4 94.- G11[Spd].B12 rect plan dej ang prox dex 8 br(28)22 8 95.- Gl1[Spd]/.SEpd prox dex 96.- GI2[Spi dist seD+spd] 8 97.- Gl1[Spd] 6 98.- Gl1[Spd.]/.Sad me.d sen.Slid lII.ed prox d.ex S 99.- G311[Spd]/.Spd trav prox cvx -- CO 6125-6'5 mtlil. 100._ PDll[AlIld dillt d.ex evx eonv] s 40 21 8 41 24 8 21 15 6 34 16 5 27 17 9 8 37 12 3 tp 101.- R21 dex[Spd] 102.- 1'21 dej sen[Spd dist sen conv+S(A)pd di st. med dex] 103.- Gll[Spd] 104.- Gl1[Spd] 105.- Gl1[Spd] 106.- G12[Spd+Spd dex] 107.- T21[Apd trav diGt] 107 bis.- G12[Snd sen+Spd+S(A)md dex] Pie�as Museo de Valencia CE 71'5-7 !llts. 108.- R21 bilat[Spi pros: sen--Snd lIIed dex-Spd. prox dex] 109.- F314[Pevhd mlid dist sen+pp<l dist; dex"PPi med sen-Pcvti prox bilat] 110._ 1 1Iled. sen[Sn(p)d.].B32 l'ect dej ang dist dex. Dl1 med dex[ SndJ/. Sud Pl"OX sea L 6'75-7 !llts. 111._ G312[Spd sen cvx+Spd+Spd dist dex] 112._ D24(PD2S)[S(A)pd sen sin conv+8pd dex den'!.: conv] 113.- Gl1[Spd]/.Smd prox sen div 615-6'75�. (L[I] y COCa]) 114.- R21 .-4ist med sen[8pd].Fl1 dist JIlef�1 217 27 17 7 43 24 10 t1 8 44 21 8 t.l 7 br(24)17 7 8 28 19 8 8 34 22 9 24 14 3 4 28 17 4 tp 151 46 12 ti 36 13 5 br(S9)17 6 15 38 27 15 ti fd(23 21) 6 s 61 35 10 te 63 19 6 te 21H 115.- PD25[Apd sen conv.Apd dex]/aPevhi bilat br(20) S 3 PI'OX 116.- D324[Spd sen conv.Spd dex conv] 45 24 13 117.- PD25[Ap(m)d sen eoUV+Apd dex] 38 9 4 118.- FI4[Pcvtd prox bilat-ppd med cvx bilat �Pcvtd dist bilat] 49 21 '1 119.- G12[Spd+Spd dist med dex).B31 sigm nol'lll droit prox 10 42 25 10 Terminan aqu! las piezas del MUseo de Valencia L 6' 25-6' S mta. 120.- 822 rect norm droit dist.T23 prox[Apd) /.S(A)pd d:i.st. seo conv 51 14 .5 tp 121.- Al bilat; [Amd sen.Ammd dex] 124.- D321 pl'()X dex[SEJld] 125.- Rl1 med dex div[Smd] 126.- P21 diet[Spi di$'t sen coav+� dist dex COIW]/.Amd prox med sen 34 14 4 41 15 6 54 16 S ti 35 14 '1 41'(.27 181 3 38 15 4 122.- R21 med dist sen cvx conv[Spd] 123.- A1[Ami dist med de�Amd peax dex] 127.- P11 dist[Smd med dist sen conv+Snd dist br(41 )15 5 dex conv] /Pevhd dist dex-Sni PI'()X dex] 128._ A2 sen[Apd] 24 18 13 129.- R13[Smi proX dex div. SIIld tl'av dist] 62 66 16 tl 130.- PSi sen(ppi),.RJU 11'104 pral!. dex[Spd]/. Amd trav d:lst 39 a2 9 21 q 131.- F11 sen[ppi] 54 14 5 tI 132.- Ft1 bilat[Pmd sen.Ppd med dex] 48 16 S tI 133.- Fl1 sen[ppd] 17 9 4 134.- B11 reet norm droit dist.LD11[Amd dex] bl'(18) 9 .1 135.- 821 red plan dej ang pl'OX deX+R22 trav 38 12 5 pr-ox eone[Spd] 136.- PD11[Amd dist med dex eonv] 30 10 3 137.- PDI2[Amd sen+Amd dist med dex]/-PPi PioX 44 11 4 ex 138.- PD23(Apd sen] 40 7 4 139.- PD23[Apd sen] 26 4 .1 140.- PD24[Apd dex] 34 8 3 141.- LDT11[Apd trav dist+Apd dex] br(14) 6 3 142.- LD21[Apd sen]/.Smd med dex fm(21)11 3 143.- Bl1 reet norm droit dlist 39 20 6 tf 144.- B31 reet ii� �eii�d med sen div 30 2'} 5 tI 145.- B31 :reet plan droit dist/.S(A)m(p)d 30 12 5 **b�xdex 146.- Fll bilat[ppi sen.P(S)pd dex] ar(25 12) 5 147.- F11 sen ev;:¡:(Spd] 27 23 8 148.- G1l [Spd] 3 41 25 1 149.- G311[Spd].P321[SEpd pro x bilat] '] 30 14 10 150.- Gil [Spd] 151.- Gl1[Spd] 152.- G311[Spd]/.Spd trav �rQX '] bl'(27)22 8 s 36 26 10 11 3S 21 11 220 153.- G11[Spd] 154.- Gil [Spd] 8 30 21 9 6 32 23 9 te 155.- B11 rect plan dej ang prox sen.Gl1[Spd] S 31 20 7 156.- G311[Spd] 157.- Gll[S¡ld] 7 b:r(22)14 9 2 fd(16 13) 3 158.- G12[Spd+Spd dex].GI2[Spd deX+Spd prox+ 10-7 52 26 10 Spd prox med sen] 159.- G12[Spd+Spd dex] 160.- Gll(Spd] 4 b:r(33)28 11 5 b:r(30)24 5 161.- G12[Smd dist sen+Spd+Smi dist med dexsingsb:r(31)18 S 162.- Gl1[Spd] 169.- G311[Spd] 6 35 26 6 ti 10 39 19 13 7 32 23 7" 6 39 22 6 tl S br(31)17 6 7 br(33)21 13 6 br(31)19 6 5 33 18 9 4 24 15 5 tl 5 br(18)17 S 5 38 23 8 3 26 15 4 163.- G311(Spd]/.SEpd prox dex 164.- G12[Smmd sen+Spd+S(A)md dex] 165.- G12[Spd+&nd med dist dex cvx] 166.- G12[Spd sen+Spd+S(P)pd dex] 167.- Gl1(D25)[Spd] 168.- G12[Smi sen+Spd] 170.- Gl1[Spd]/.Smmi prox med sen 171.- G12[Smd sen+Spd+Amd dex] 171.- G12[S(A)p(m)d med dist sen+Spd] 173.- Gl1[Spd] Piezas Museo de Gand!a CE 6'5-6'75 mts. 174.- 832 rect plan dej aag dist sen/Spi prox sen- Spd med sen 36 17 8 175.- G12[Smd med 41st sen+Spd+S(P)md dex] 4 br(24)24 6 176.- Gl1[Spd] 6 29 22 8 177.- PD32[Apd sen.Apd prox dex ese] 36 11 S 4672.- G12 dej sen[Spd+Smmd dist dex]/Smmi. P:!:16 4S 40 8 CE 6'75-7 mts. 181.- G312[SPd+SéImId dist dex] 15 182.- G12[Spd+Smd 41st dex-S(A)pd med prox] 6 C1ex 52 35 19 35 20 8 1'.1 6' 25-7 '25 mts. 180.- D25[Spd.] 8 36 29 10 184.- R21 med dex[Spd] ar(48)26 10 El recuento de tales análisis nos da una 41stri- buci n de tipos de �tiles por subtramos que exponemos a con- tinuacióSn: (ver p4gina siguiente) Un resumen del precedente esquema. que nos daea ya la secuencia en escala nominal, es el siguientes S A p SE B E tobo �I 7'25-7 Dts. 22 2 1 - 7 32 7-6'75 mts. 23 1 4 28 6'75-6'5 mts. 27 2 1 4 - 34 6125-6ts mts. 64 15 10 2 9 - 100 Tal.6f2S-7130 mts. 13 - - 13 149 19 13 2 24 O 2°7 221 222 (cuadro corr-espondiente a la p4gina anterior) 7-?'25m, 6 '7 S-7m. 6'5-6'75m. 6'25-6'5m.. "�& '1' 9· . - S fR - - R 9 10 8 12 5 44 p 1 - 1 4 6 D 555 2 1 18 1 G 7 8 13 46 7 81 B sr 6 - 6 sp 7 4 .( 3 - 18 P unif 1 9 - 10 bif 1 1 1 - 3 SE iR - - - - R - - .. P 1 - 1 D - - - - - G - 1 1 A 2 5 - 7 LD m. 1 .. 1 p - - 2 .. 2 PI) m - - 3 - ;3 p 2 4 - 6 E - - 32 28 34 100 13 207 223 Los 184 I1tile8 analizados eontienel1 207 tipos pri- marioa, como acabamo$ de ver. Tres de ellos son triples. ca- da piezl'i asocia tres tipos primarios} 19 son dobles y 163 son monotipos, es decir, contienen UD solo tipo primario. La eseal a ordinal no a di 1 a siguiente serie: s 149 B 24 A 19 p 13 SE 2 E O El proceso matem4tico expuesto a prop5sito del Graveti.cnse nos 6el"Vi.r! en toods los casos posteriores, por lo que lo aplicamos y obtenemos una secuencia estruc ... tural: p ¡4 SE CI Solutrense Inferior ba sido un tema largamente debatido en la bibliograf!a palcalitica. debido a que la brusquedad en la aparici6n del 2lutrense paree!a poner di- ficultades en el hallazgo de un hilo conductor de la evo- luci&n. En el estado general de la cuesti&n ha sido ya tra- taw. a fondo eota pr{)blem4tica. pero vamos ahora a pzoofun- dizar en ella, en concreto en posibles comparaciones, ya apuntadas en aquel capitulo, y que ahora desarrollaremos. La sClIlajanza tipo16gica mayor que hemos detecta- 40 la ha11amos en el yacimiento franc�s de Laugerie Haute 22� em su zona Oeste. Mediante la aplic::acicSn de la tabla de con- ver-$icSn que hemos expuesto con anterioriclad, hemos llegatió a la confeeci&n de una secuencia est_ctural del yecUden- to, lo cual nos permite una magn.:li';l.c.a posibilidad de comp.e- racidn. La serie nominal es como siguet s 1108 .A. 232 p 152 SE 19 B 325 E 9 y la secuencia ordinal: s 1108 B 325 A 232 p 1.52 SE 19 E 9 Por el procedimiento que ya conocemos. hallamos la secuencia estructural COD sus rupturas. p ¡4 SE E Estos dos procesos de Parpal16 y de Laugerie Jlaute Oeste nos muestran un paralelismo muy grande, pero otrGs ya- cimientos tienen secuenci.as estructurales algo distintas pa- ra este Solutlrense Inferior, como Lauger'i.e Haute Este, donde los abruptos se elevan al segundo lugar; o bien loa de la 0- riginal zona Gard-Ardeche (Combie.r 1967) I Le Figuier y Le Chabot, que relegan los abru�s a una cuarta pOS1ci8n muy baja, lIlAs cercana a los eobreelevados que estan a continua- ci6n que a los planos o buriles que le anteceden. Con todo esto queremos significar que no es defi- niti\'o para nosotros la gran semejanza estructural que pue- de haber entre dos secuencias de dos yacimientos preElW1ta mente contem.porAneas. y mAs en este momento de cambios cul tural.es. de adopéicSn (no nos gueta inva.leSn) de nuevas t,k nicas de talla, etc •• Pero el p_alelo va algo mas al14, hasta lo eual.it.ativo como son los titiles llamados de cara plana, presentes como fcSsil director de la industria ya de ... de primeros de siglo (Breuil 1912). La gran similitud en las secuencias estructural.es requiere pocas explicaciones, puesto que su mismo orden es ;va un buen dato, con el ascenso de los planos del lUtimo lugar donde normalmente estaban confinados en cualquier o tra industria, hasta el cuarto. lo que nos indica que va- 1I10S entrando en el Solutrense¡ tal. aumento es progresivo, como puede apreciarse en los cuadros de distribucicSn de 11- tiles por subtramos. otro dato buen indicador del cambio es el descenso de los abruptos, tan indicadores y defini dores do las industrias anteriores y que ahora sufl'en este bajón relativo que durara todo el Solutrensc y que desapal?e,.. cerA para hacernos de ind:!.cador de que algo cambia de nue vo, de que el Gravctiense, latente esos miles de aftGS� rea parece con su dorso rebajado típicO y se conjuga con las nuevas tradiciones de ta11;¡ derivadaa de la época que ter una. 225 22 fl Son las rupturas mismas de las secuencias, en fin, las que nos indican la plara semejanza. La de mayor im- portancia, de primera catecor!a, separa en ambos easos los simples del resto de la serie; sobreelevados y Ilecaill�el!l" se distancian de 10B p1anos, en asoenei6n, scSlo por una mi- nima ruptu-ra de cuarto gradoJ y otra marca la pequefia diE",," reneia entre las dos induGtrias, en el ParpallcS estA entre loa buriles y los abruptos y en Laugerie Haute Oeste entre abruptos y planos. Pero elite detal.le reviste poca importan- cía cuando considerilllllOs <l!llbos conjuntos globalmente, y la identidad casi total en 10 tocante a las cantidades. En resumen pues, ceeemos que la suma de la p_sen- c:ia real del fcSs:il director c145ico con la de la casi i.gual- dad cuantitativil!llllente bablando con otro yacimiento tlpico del Solutrense Inferior nos da como remAltado el que consi- deremos que en el ParpallcS asistimos a un lento proceso de solutreanizaci6n que fructifica y desemboca en una indus- tria originsl por la variedad de sus �ti1es i::!picos, por las espléndidas puntas de aletas y peddnculo y ademls por su ar I te, exteelllo este que si bien no tocaremos dil"ectmncnte, ha- br4 que tener eieJnpre pl"cs.ente. Al paralelilSlllo tipo16gico que aeabamol!! de mostrar viene a sumarse el dato cronQlcSgico que reviste tambi&l una coherencia bastante clara. El análisis �859 di6. para 227 unos huesos y aSas de uoervus elaphus" haDadGS entre 6' S y 7 mta., plenG Solutrense Inferior. una feoha de 20.490 .... 900 y -800 años BP (18.540 Be) (Davi4son 1974). La an¡pli iIl '!ud de la variacicSn, 1.700 ai'los, ouestiona algo la -ma.cicSn as! eomo el hecho de que sea IÚdca, ya que de contar con una serie la credibilidad serta mucho mayor. Y esa serie la te- nemos precisamente en la3 induBtrial.s de Laugerie HélUte Oes- te, y coinciden con las fechas del ParpallcS. Tenemos que Gr-4446 ha dado para la parte superior del Solutrense Infe- rior 20.81o!230 8P; Gr-4469. para el mismo nivel, ha dado 20.160�100 BPg y Gr-4573. para la base del Solutrense Inf_ rior, ha dado 20.75�150 BP. Una cuarta fecha, Gr.1888. per tenece a la ecna Este del mismo yacimiento y da 7.0.890:300 BP. la de mayor antigüedad. En conjunto vemos que la datacicSn del Parpalld se inserta dírectamante dentro dela serie y que la tipolog!a se ve corroborada por la cronología. por' 10 que la conclusión total nos parece bastante cllilPa, el Solutren- se Infet'ior del Parpal16 es realmente Solutrense Inferi.G1". si bien con algl1n elemento evolucionado oomo la punta rom- boidal. en realidad BU parte apario!' solamejl'á¡l que seila!a FOl'tea·IFortca 1973 p.489) y que identifica con la fase ini- cial del Solutrense :b-1edio francés, posible SOlutrense I de JordA (JordA 1955). Pero esa única objeei6n, muy te6ríca. 22R no puede hacernos duda1' de toda una coherencia de tipos y de fechas que acabamos de exponer y que es, seg4n nuestro entender, buena demoBtraci6n de la existencia de una fase de solutreanizaci6n. c).- Los niveles comprendidos entre 6'25 y 5'25 mta. fueron bautizados por Pericat como SolutrenBe Medio o normel. Las rocas L y K. que tan gran papel habían tenido en los niveles inferiores que hemos estudiado, estan adn presentes aquí, si bien s6lo en sa tramo superior, por lo que lo que antes fue estorbo ahora es ayuda para encender hogares, proteger alimentos, almacenar, etc •• Las capas del talud testimonio que corresponden � estos niveles son la 27, de 6 a 6'25 mts.; la 26. de 5'75 a 6 hita., la 25. de 6 a 5'75 mts. y la 24. de 5'25 a 5'5 mts. La estratigrafía es sensiblemente horizontal, se gdn el diario de excavaciones, y a ello contribuye la ma YOl' extensicSn de la cueva y el re1.leno que ha ido aCUJm11u dose con los miles de años que han transcurrido desde su primera ocupaci8n. Los hogares son cada vez más numerosos, prueba de la mayor habitabilidad de la cueva, que aprove charían sin duda repetidamente los n6madas de la �poca; es te 110lllad181110 podemos deducirlo de las attn numerosas capas estériles que aparecen entre los hoga�es, producto de acu- 229 mulaciones e61icas o de aportaciones por filtraci�n de li quido por el karst de la montaí'laj las desocupaciones, cada vez menos numerosas. son aquí adn importantes. En algunas ocasiones las capas estéri2es estan bastante consolidadas, formando como una arenisca que ofrecía a los excavadores, per su mayor dureza, el temor a encontrarse ya con la roca de fondo del yacimiento. ntre los hallazgos destacables tenemos una pro� fusi6n de "dentalium" y de pequeños caracoles. Eaa cenizas de los hogares aumentan a medida que ascendemos y en 5125- 5' 5 mts. dominan claramente. Los huesos son escasos, y los 4tiles en tal material son 79. como ya hemos señalado con anterioridad. Para mejor apoyar nuestra exposici6n sobre la in dustria litica de estos niveles, creemos que lo mejor es presentar en primer lugar los an41isis tipo16gicos. para sobre ellos pod.er argumentar las teortas que tales elatos nos sugieran. Remes estudiado 5.588 piezas de sílex, de las cuales 1.073 eran dtiles (19'2%). La tabla de distribuci6n por zonas y subtramos de esas piezas sin retoque es la si guiente: 230 6'2�-6 �IZS-6 SI�_�'Z� �'2S-�I.1 otros L 697 L 230 L 670 L 1066 T�1.5f>25-6'25 CO 68 p 17 p 182 P 151 426+24""450 EO 34 co 78 CO 84 co 140 Tot.L2.2 CE 328 CE 146 cr; 2 EE 27 EO 29 Ta1.c.24 2 (5'75-6125)(5'25-5'75) Tot. 680 EE 96 Indet. 18 Tot.So1.M.� (5'25-5'75) Tot • .!.3Z.2. Tot.l027 r.1 anAlisis tipológico de los �tiles es como sigue, hr f L 1 e t 3 fd(21)20 6 7 36 23 1) ti 5 33 20 6 tl 8 21 23 10 td 7 fd{17 22) 7 6-6 32 18 7 6 br(21)!:; 6 Talud 5'25-6'25 mts. 1001.- Gl1[Spd] 1002.- Gll[Spd].D21 prox dex(S(A)pd] 1003.- Gll dej dex[Spd] 1004.- G311[Spd]+D21 med sen[Spd] 1005.� Gll[S(P)pd] 1006.- GI2 dist[Spd+Smi dex].Gl1 prox[Spd] 1007.- Gl1[Spd]/Ppd prox sen 1008.- G21 dist dej dox[Smd] 1009.- G21[S(A)pd] 1010.- Gl1[Spd] 1011._ D24 dist dej dex[Spd+Spd dist dex] 1012,_ Rl1 dex[�lmd) 1013.- C22 dej ssn[Smd].n21 dist dex[Smi]+Scl 2 med dex [Ami]/Smmd dist sen 1 25 22 5 td 21 15 6 te 51 15 6 tp 38 23 9 24 20 5 te 33 22 4 5 4 1014.- F14[PPdj/Epd sen�Emi sen 1015.- P21[Spd] 1016.- PDl1[Amd prox sen] 1017.- G311[Spd] 1018.- Fl1[PPi dist sen.Ppi 41st dex] 1019.- Gil dist[Spd].CIl prox(Spd] 1020.- D21 prox dex[Spd] 1021.- Gl2 dej dex[Smd+Smmd dex] 1022.- Fl1[PPi dcx]/.S(A)mi sen 1023.- G22 dej sen[Spd] 1024.- D23 bilat[S(A)md sen.Sm{p)d med dex] 1025.- R21 prox dex 41v[Spd] 1026.- D23 med dex[Spd]/.Smmd mdd sen 1027.- B12 polig plan droit prox/.Smmd dist 231 fm( 13 )18 S fd(19)26 7 ar(17) 7 2 3 20 10 10 tf 26 11 5 3-5 18 12 5 16 26 S tí 2 19 17 � td br(22)12 5 4 29 26 7 tí 38 24 10 ti fp(20)20 5 te 36 36 5 ti 40 32 14 1028.- Fli prox sen[ppd].B32 rect norm dej ang fp(25)27 6 tí dex/+Smd 1029.- F314[ppb bilat] 29 15 1 te 1030.- Fl1 díat de.x[Pm.d] 26 13 5 te 1031.- At[Amd dist den conv+Ami dist dex conv] 20 19 5 tl 1032.- Al[Amd sen conv+Amd dist dex] 24 20 4 1033.- G312[Spd+Smd dex]/Sf'pc:l med sen 5 br(22)lO 7 1034.- Al[Amd sen+Amd trav dist]/SEPd dex 19 15 5 tE 10�5.- P11 sen[ppd]/+S(A)pd dist+S(A)md �st 31 19 7 te ex 1036._ Al prox sen[Amd]/.Spd mea dex fp(18)18 S tf 1037.- D21 prox sen[Spd).Al dsit[Amd).D21 prox dex[Spd]/Amd med dex 1038.- Gl1[$pd) 1039.- Al prox dex[f.md)/Pmd trav dist 1040.- GI2[$pd+Apd dex] 1041,- G12[S(A)pd sen+Spd)/.Smmd med dex 1042.- F11 di$t[PPd] 1043.- F315[PPb hilat] 1044.- G12[Apd prox sen-Pmd dist sen+Spd]+ LD21 dex[Apd] Talud 5'25-6'25 mts. 1045.- G12[Ami sen+Spd+Smd dex] 1046.- LD21 dex[Apd)/.Amd prox sen 1047.- 021 dist sen[S(P)pi]/+S(SE)pd dsit 104t.- P31[Snd dist sexYI-D21 dist sen[Spd] 1049.- Rl1 dist sen[Smd] 10S0.- AI[Ami prox sen--Amb dist.A(S)ma dex] 1051.- Bcl[Amd trav d8it+A(S)p(m)d dist dex] 1052.- PD22[Apd dist sen conv] 1053.- D21 prox sen[Spd]/+Smmd sen 1054.- Rll sen[Smd]/S(A)md dist dex--Epd prox 1055.- Al prox dex[Arnd].D21 med sen[Spd] 1056.- F11[Ppd prox sen.Ppd dex)/Apd meó sen 232 21 17 3 ti 8 id{2.2)31 8 23 27 6 tI 9 br(34)23 u. 8 br(.29)2S 9 20 19 6 te 49 31 9 3 44 12 S 5 fd(19)17 6 1'm(22) 9 3 fd(11)18 9 41 15 9 td ar(41)21 7 34 34 10 tI 19 14 4 ti 32 19 4 te fp(22}22 6 ar(49)21 7 42 22 3 tp ar(52)14 S t1' 1057.- Fl1 prox sen[ppd]/.Smmd 1058.- Fl1 med dex eone[ppd]/.Amd med sen 1059.- Fll med sen[ppd]/-Api prox sen '060.- Fl! prox sen[ppd)/.Amd med dex 1061.- F13[PPd dex] 1062.- .fF[PPd sen.ppd dex] 1063.- fF[Pevhb bilat] 1 64.- fF(Fl1)[Pevhd prox sen] 1065.- Fl1 prox dex[ppd] 1066.- fF(F314)[Pcvtb] 1067.- F315[Pcvtb] 1068.- F14 prox[Pevhd].Gl1[Spd]/PPi prox sen. 8 fpd dist dex EO 6-6'25 mts. 1069.- G22 dej dex[SpdJ 1070.- Al trav d..1st[AI!ldJ 1071.- F314[Pevhb bilat] 1072.- D21 pr-ox &cn[SpdJ-Fll sen[ppdJ L 6-6'25 IIIts. 1073.- Al dex[ApdJ 1074.- A2 sen[Apd] 1075.- Gl1[Spd]/Smd med dex 1076._ fF[ppd prox sen) 233 fp(22)15 5 td 37 16 " tf 28 26 5 te -'l1'(39}13 " tp 19 10 4 fp(18)13 4 tI fm(16 17) 8 fp(27 22) 4 tf fp(23)16 4 td f{32 15 7) ar(33)21 4 tí 43 35 8 7 44 41 8 tf 30 24 10 tl 40 34 11 ar(40)21 6 tp f(31 16) 3 fd(21)14 6 5 3S 19 6 tp fp{12 17) 4 2 ') r ..J"t ca 5'75-6 mts. 1077.- D24 dist[S(A)pd sen cvk+Spd diat dex] 18 15 4 tI l078.- G12[Sp(Ill)d+S(E)md dex] .2 f«� 25) 5 1079.- B12 reet n01'!l1 dej sen/.,Jlmd msd dex-PPd ar(2S)17 8 tI proxdex 1080.- R12 diat[and]/+Amd dist clex-Jlmi prox dex 15 16 3 1081.- Rl1 sen[S(A)pd] f(22 11) 4 1082.- D22 dist dex[Spd]/.Ammd dist dex 20 14 5 1083.- A2 prox dex[Apd] fp(12 17) 4 t1 1084 Gl1(Spd] 5 fd(12 25) 6 1085.- Fl1 med sen[PpiJ fm(22 11) 6 1086.- F14[Pcvhd bilat] ar(23 z8) 3 tp 1087.- LD21[Apd prox sen div-Apd med dist sen] ar(27)13 4 l. Ammd prox dex BE 5'75-6'25 mts. 1091,- R2!S(SE)pd prox deX+Spd trav prox] fp(19)17 4 tI 23 11 3 ." � ... f(15 23 8) ar(30)16 7 ar(22)15 g tí' 36 27 1 21 20 7 tI 34 19 4 31 18 7 tp 1088.- LDll prox dex[Amd] 1089.- D21 med dex[S(A)m(p}d] 1090.- A2 sen[Apa cvx] 1092.- R21 prox sen[Spd] 1093.- Al sen div[Amd] 1094.- Al sen si.n[Ammd] 1095.- D21 lIled del!:[S(A)pd]l. &i med dex 1096.- R21 lIled sen[S(A)pdJ/.Smmd med dex 23� 1097.- R21 dist sen[Spd] 25 22 6 1098.- R21 scn[Spd].R21 dex[Spd) 29 26 6 1099.- GI2[Amd sen+Spd].Gl1(A2)prox[S(A)pd]/ 5-7 22 17 8 Ammd dist dex 1100.- Gl1[Spd prox]/Pmi prox dex 5 6 28 18 8 35 19 7 1101.- G12(S(P)pd seb+Spd] 1102.- GI2[S(P)pd+Ammd dex].D21 roed een(Spd] 3 br(21)20 4 1103.- Gl1[Spd] 3 br(25)20 5 1104.- G12[Spd+Spd dex]+Gl1 prox[Spd]+B21 rect plan dej ang prox sen 6-7 28 18 B 1105.- PD12 dist[Amd sen+Ami dist <!ex] br(27)12 :3 L 5'75-6 mts. 1106.- R11 sen[&nd] 25 22 3 1107.- R321 prox dex[SEpd]/.Smd med sen 42 24 15 tl 1108.- R12 dist[Smd] 1109.- Al trtw dist[Ammd]/.S(A)md dist � 37 25 5 lt 25 21 3 tf 1110.- R21 med dex[Spd] 56 36 16 1111.- Rl! dex[Snd] 50 24 6 te 1112._ Rl1 prox dex[Snd] 58 45 16 tl 1113.- Rl1 �d dex[S(P)md]/.ppi prox sen-S(EA br(48)2S 4 1114 •• R321 med sen[SpdJ/.SEpd prox dex 30 19 9 1115.- Al prox dex[AIIImi]/-Ammd med dex.Aaund prox 50 13 6 te sen 1116._ Al prox dex(AmdJ ar(24)14 3 ti 1117.- Al prox dex[AmmdJ 1118 •• R21 pr-ox aen[Spd]/.Ppd pro: dex 1119.- Al dist son(Ama] 1120.- Al med sen[Amd] 1121.- Al sen[A(S)md] 1122.- R311 med dex(Smmd]7 1123.- Al dex[AmdJ 1124.- Al dex[Ama] 1125.- D23 dist dex[Spd] 1126.- Al trav dist[Amd]/.Smai lIled dex 1127.- Al trav dist(ilmmd] 1128.- Al trav dist[Ammd] 1129.- Fl1 sen[Ppd].Rll dex[S(:C)md] 1130.- R321 san[SEpd]/.Spb dist dex-SEpd �ox - <1ox 1131.- F13 dist dcx[Ppd]/.Ammd dist sen conv 1132.- fF[PPd] 1133.- 1112 rect plan ang sen dist.R21 dist�' 1134.- 812 palig norm droit dist 1135.- Al sen[Amd].R21 dex[Spb] 1136.- G12[SEpd sen+Spd+S(SE)pd dist dex] lI37.- R21 med dex[Spd] 1138.- R21 prox sen[S(SE)pd] 1139._ R311 dex[Smmd] 1140.- D325 dist[S(SE)pd] 23f. fp(23)18 5 td ftl(lidi) 9 tí' fd(27)22 9 a:r(43)17 .5 t1 30 13 6 ti 28 15 8 tI 36 19 3 tI 45 11 4 tp 23 14 3 ti 16 19 3 te 19 25 5 tf 20 17 7 te 32 23 9 38 28 14 te fd(20 25) 7 f(18 8 3) 28 20 6 ti 39 17 12 fm(22)20 S 4 31 12 5 te 68 18 9 tI fp(26 13 10) aS 20 10 te 17 29 28 19 1141.- D325[Spd] 12 237 25 27 12 1142.- R21 sen[Spd] 36 25 8 1143.- A2 trav dist[Apd] 35 41 15 tf 1144.- D323 sen[Spd].D21 dist dex[Spg�i(al�d 31 36 15 te 1145.- A1[Amd sen+Amd dist dex]/E¡1d prox de:lt 48 15 6 tp 1146.- Fl1 med deX[Ppd]-R21 prox dex[Spd] ar(22 27) 7 tf 1147.- Rll dist sen[Slllmd] 39 12 5 te 1148.- R21 sen[Spd] ar(30 21) 7 td 1149.- R21 dex[Spd] ar(18 12) 2 tf 1150.- R21 sen[Sfpd]/.PPd med dex ar(40)26 10 tf 1151.- 612 polig plan droit 31 25 17 1152.- P21[Spd dist sen+Spd trav dist conv] br(31)18 6 1153.- PD25[Apd prox sen-Api dist sen+Apd de� 15 8 3 tf 1154.- Gl1[Spd] 1155.- Gl1[Spd] 1156.- Gl1[Spd] 1157.- G311[Spd] 1158.- Gl1[Spd]/Spi ed S�l 1159.- Gl1[Spd] 1160.- Gll[Spd] 1161._ G311[Spd].D21 med dex[Spi] 1162,_ Gll[Spd] 1163.- G311[Spd].D21 prox scn[Spd] 1164.- Gl1[Spd] 1165._ Gl1[Spd]/.Spd trav prox9 3 25 20 3 tl 5 br(20)13 5 5 br(34)14 7 7 5 5 4 5 36 18 10 tf 38 23 9 tl 35 17 7 tp 30 16 S 28 15 8 3 br(23)12 4 7 4 7 37 18 10 22 14 5 41 27 6 23í-l 1166.- G11[Spd]/Smd peox dex S 4S 17 6 1167.- D21 prox sen[Spd]+G12[Spd sen+Spd+Spd S 3S 21 7 dist dex]/SEpd med dex-Spd prox dex 1188.- G12[SEpd dist sen+Spd+Spd dist dex] 4 29 21 5 td 1169.- D21 med sen[S(SE)pd]-G12[Amd di�aen] 3 26 16 4 te 1170.- G12[Spd+Spd dex] 6 37 25 10 td 1171.- G12[Smmd mcd sen-Spd dist sen+Spd]. 7 29 23 9 D21 diBt dex[Spd] 1172.- G312[Sma Ben+Spd] 8 23 14 8 1173.- G12[Spd+Smmd dex]/Pevhd med sen S 33 18 8 tf 1174.- G12[Amd diBt sen+spd] 5 36 17 6 te 1175.- G12[Spd+Spd dist dox]-D21 prax dex 7 34 20 8 tp [Spd]/Pevhd med sen 1176.- G12[Spd sen+Spd+Ppd dex] .5 52 23 7 te 1177.- D12 prox sen[Smd].G12[S(P)pd+PPd med 4 37 16 5 «ex=Smi med dex] 1178.- G12[S(P)pd sen+Spd].T22 prox den(A(S)fd]7 (27)18 7 1179.- G21[Spd)/Smd sen 1180.- G321 dej dex[SpdJ¡S(P)pd dex 1181.- G22[Spd]/PPd med dex 1182.- G12[Spd+Smd dex] 2 br(19)10 3 7 31 14 9 6 32 18 7 te 6 br(24)17 . 6 1183.- G13[Spd sen+Spd+S(P)pd deX+Spd prox] 5 1184._ B12 rect plan droit prox.Gl1[Spd]!Ppd 10 med dex-Smd prax dex 21 17 6 43 26 11 ti 1185.- D25[Spd]/Spd sen.ppd dist dex 6 33 21 7 23� 1186.- P21 dej dex[Spd dist sen conv+Spd ��� br(22)13 5 1187.- Gll[Spd]/SEpd med sell.SEpd IIIcd dex-- 8 25 16 8 Smd prox deX+Spd trav prox 1188.- D21 med sen[Spd].R21 dex[Spd] 18 12 6 1189.- fF[Pcvtb] fp[ 8 15 5) 1190,- fF[Pcvtd bilat=Pevhi sen] fp(15 16 4) 1191.- Pl1[Ppd dex]/.ppd med sen-Spd idst sen 31 17 5 tf 1192.- F315[Pcvtd bila�=revhi med seo] 21 13 3 1193.- Fl5[Pcvhd acn+Ppd dist dex-o-Ppd prox de,g 41 14 7 1194.- F314[Pcvhb bilat] fd(20 13) 3 1195.- Fll[P(S)pd dex]/.Spd dist sen ar(40)14 4 te 1196.- F14 dej sen[ppd bilat] 26 13 5 tf fm(32)12 " 1197.- F314[P evhd bilat=Pcvti] 1198.- F314[Pcvtd=Pcvti prox-ppi med bilat PPi dist sen] 36 14 4 tp 1199.- F13 dej sen[Pmd trav sen]/Amd trav di8» -dex 11 27 4 te 1200.- R321 dcx[SEPd] 53 11 7 tp 1201.- fF(F31S)(Pevhb bLlat] fp(32 30 11) br(45)14 3 1202,- Fll sen[Pm(p)d]/.Smd prox dex 1203._ P21[Spd sen conv.S(P)pd dist dex]/Lpd prox 38 27 9 sen 1204.- D22 dist sen[Spd].R21 dex(Spd]/Spd prox sen-- Spd med sen 71 35 15 tf 1205._ D22 sen[SpdJ/.Pmd med dex�Spi prox dex ar(21)13 4 tl 1206._ LD12[Amd scn.Amd dex].D21 m&d sen[Spi] 1207._ Rl1 dex[S(A)mdJ/.Smd prox sen fm(30)13 4 fp(2.4 14) 4 tp 1208.- LD11 sen[Amd]/.Pmb prox dex 1209.- LD12[Amd sen.Ammd dex] 1210.- D22 med sen[Sp(m)d].G11[Spd].T21(D21) 4 prox conc [Apd] 1211.- Rl1 w.st sen[Smd]/.Smi dist dex 1212.- Rl1 dex[Smd] 1213.- R11 pro x dex[Smmd] 1214.- R23[Spd trav dist+Spd dex]/.ppi sen 1215.- D21 med sen[Spd]-P21 dist[Spd dist sen +Spd dist dex]/Smd prox sen.Smmd dex 1216.- P322 dist[Spd áldist sen+Spd dex] 1217.- D22 prox sen[Spd]/.S(A)md 1218.- Rl1 sen conc[Smd] 1219.- Rl1 sen[Smd prox-Smi med-Smd dist] 1220.- D22[Spd] 1221.- Al sen[Amd]/=Pmd sen 1222.- D21 med sen[Spd] 1223.- R21 sen[Spd] 240 fp ( 1 7 13) 5 te fm(12 9 2) 27 15 6 51 35 7 tf 35 27 8 te 40 14 9 tp 29 23 8 te 25 14 3 tl br(44)23 16 fp(15 12) 5 tl 30 21 7 tl 38 12 3 tp f(28 29 12) fp(21)22 6 te f(14 13 5) fp(24 29 9)te 1224.- P21 dist[Spd dist sen conV+Spd dist dex] br(25)18 3 conv 1225._ Al dex[Amd]/.Smd med sen 1226._ D22 med sen[D21Spi-D21Spd]-P21[S(P)pb dist sen+Pevhd dist dex]/S(P)pb med dex 1227._ LD21 sen[Apd] 1228._ D323 sen[Spd] ar(31)25 3 tf 31 14 6 td fm(19 8) 4 23 10 7 tl 1229.- D21 trav dist dex[SpdJ/. Snund dex 1230.- D21 prox sen[Spi] 1231.- Rl1 med sen[Smd] 1232.- Rl1 sen[SndJ/.S(P)md dist dex 1233.- LD12[Ammd sen.Ammd dex] 1234.- Rll dex[Smmd]/. Smmi med sen 1235.- Al dist conc[Amd]+D21 prox dex[Spd] 1236. - B32 rect plan d.cj 1237.- B31 rect norm 4roit 1238.- 812 poli� priSQ droit 1239.- B12 polie pri&� droit 1240.- 812 polig priam droit 1241.- R11 sen[Smd] 1242.- fF[Pmd sen.Pevhd dex] 1243.- Fl1 trav dist[ppdJ/Smddst sen.Smi �t 1244.- R21 dex[Spd] 1245.- fF[Ppd bilat ... Pmi sen] 1246.- FI3[PPd sen conv]/SIIund med dex 1247.- F314[Pevhd bilatQPevhi med-Pcvti dist] 1248.- Gll[Spd] 1249.- Gll[Spd] 1250._ Gl1[Spd] 1251._ Gl1[Spd].D21 med dex[Spd] 241 f(19)17 6 tf 15 14 4 tl 25 13 4 ar(22)14 3 tf fp(22 14) 3 tp 27 11 3 tp 14 15 3 tl 41 26 8 25 12 4 27 15 8 26 22 18 28 19 12 fm(29)29 6 fm(18)21 2. br(14)16 3 32 21 6 td fp(14 19) 5 te ar(28}21 3 br(23)15 4 3 32 14 6 4 23 18 5 6 36 20 8 te 5 br(30)t6 '1 1252.- G11[SpdJ/Smmd prox sen.Smmd dsit dex 3 1253.- G11[Spd] 1254.- G11[Spd]/S(A)pd med sen.Apd med dex 1255.- Gl1[Spd]/Spd med sen.Ammd med dex 1256.- G12[Spd+Spd dist med dex]-D21 prox dex 6 [Spd] 1257.- G12[Spd med sen-Ppd dist sen+Spd] 242 27 14 3 8 fd(18 .26) 9 4 br(24)17 5 2 br(17)12 3 35 27 7 tl 4 br(18)15 4 1258.- D22 pro x sen[Spd].G12[Spd+A(S)md dex] 4 br(32)19 8 1259.- D21 med sen[Spi].G12[S(P)pd dist sen+ 5 Spd+Smmd dist dex-Spd med prox dex]/ Spd prox sen 1260.- G12[Spd+Spd dex]+G11 prox[Spd] 30 19 8 td 9-10 32 26 11 1261.- G12[Spd dist sen+Spd+Ppddex] 1262.- G12[Sn(p)d sen+S(Pjpd] 1263.- G12[Spd prox sen--Spi dist sen+sPrld��� 6 1264.- G12[Spd prox sen-Apd med dist sen+Spd+ 5 Spd dist dex-pp(evh)d med prox dex] 1265.- G21[Pevhd med sen.Spd] 1266.- G21[Spd] 1267.- G21[Smd sen+Spd]/.Amd med dex 1268.- G13[Spd sen dent+Spd+Spd deX+Spd prox] 7 1269.- G13[Spd circ] 8 27 21 8 tf 9 29 22 11 35 26 9 te 38 18 6 tp 2 33 27 4 te 32 16 6 tl 26 14 5 28 20 7 4 5 6 30 32 11 1270._ R13[Smd sen+an(p)d trav dsitJ/Ammd dex br(18)12 2 1271._ R22 dist[SpdJ/Ppb bilat 30 23 7 1272._ G12[Spd�Pcvtd] 4 fd(21)18 6 243 P 5'5-5'75 !Uts. 1273.- D23 pro x dex[Spd]/Smmd trav dist+Spd dist 58 25 10 te . --dex 1274.- R21 med dex[Spd] fm(30)27 5 1275.- R2l dex[Spd]/.Spd prox sen ar(28)20 6 td 1276.- Rll pro x sen[Smd] fp(23 25) 3 tl 1277.- R21 sen[S(SE)pd].R21 dex[S(SE)pd]/Smmd fd(25)21 9 trav dist 1278.- Al[Ami sen.Amd prox dex] 27 24 5 tf 1279.- R21 dex[Spd] f(33)18 7 te 1280.- R13[Smd trav dist+Smd dist dex] fd(21)13 5 1281.- D25[Spd].P21[Spd bilat conv] 8 34 24 10 1282.- R11 med dex[Smd] f(25)14 8 1283.- D21 prox sen[Spd]/.Smd prox sen fp(18 26 8)tf 1284.- Rll sen[Smd] • f(17 9) 7 1285.- R21 dex[Spd] fm(22 26 11) 1286.- R22 dist[S(P)pb] 30 30 11 tl 1287.- R11 pro x dex[Smmd] ar(21 18) 3 te 1288.- E1[Epb] 31 25 7 te 1289.- B31 rect plan(norm)droit 34 28 17 1290.- Gl1[Spd].P21[Spd bilat conv] 1291.- D25 dej sen[Spd] 5 37 18 6 4 fd(12)24 5 1292.- G21[Spd] 5br(21)125 1293.- G21[Spd sen dent+Spd+Spd dex] 3 br( 18) 16 3 1294.- G21[Amd sen+Spd].D23 med pro x dex[Spi] 2 24 14 4 te 1295.- G21[Spd]+D21 med dex[Spi] 1296.- G12[Spd+Spd dist dex] 1297.- G12[PPd med dist sen+Spd+Amd dist dex] 3 1298.- G312[Spd+Smd dex] 1299.- R21 dex[Spd] 1300.- B32 rect plan dej ang prox sen.GI2[Spd 4 +Spd dist dex]-D21 dst dex[Spd]/Spd med dex.·Smd trav prox 1301.- G22 dej ang sen dist[Spd] 1302.- GI2[Spd+Smi dex] 1303.- GI2[Smd sen+Smd!/.Ppd dist dex 1304.- G12[Spd+D23 dex Spd] 1305.- GI2[Smd sen+Spd]. Gil prox[Spd] 1306.- GI2[Spd+Sm(p)d dex]/.Smd prox sen 1307.- GI2[Spd sen+Spd+Smd dist med dex] 4-6 4 5 37 27 7 3 br(25)19 5 31 25 6 tp 9 br(32)25 13 fp(28 18) 8 28 17 7 5 fd(27)32 6 3 24 17 4 1 br(24)15 5 5 34 23 10 te 31 24 7 5 33 17 6 tp 32 23 6 te 1308.- G12[Spd sen+Spd+Spd dex] 7 fd(23)18 7 1309.- G12[Spd sen+Spd+Smd dex] 7 26 16 7 tf 1310.- D21 prox sen[Spd].Gl1[Spd] 8 27 15 8 1311.- D22 med sen[Spd].D21 med dex[Spd] fm(21)16 4 1312.- R22 dist[Spd] f(28 20 10) 1313.- B32 rect plan dej ang dist sen/Spd trav 26 25 5 tf dist.Smi med dex 1314.- LD22[Apd dist sen.Apd dex]/Smd med sen fm(25) 9 3 1315.- fF(F315)[P(SE)p(evh)b bilat] fp(43 46 15) 1316.- fF[Pevhd] 24� f«19 11 4) 1317.- fF(F311)[P(SE)pb prox dex]/.Smd prox sen fp(15 17 5)td 1318.- F11 prox med dex[Pm(p)d] 1319.- F313[Pevhb dex conv] 1320.- F311 dex[Pevhb dex conv] 1321.- G12[Spd+PPd bilat] 1322.- F11 sen[Ppd].B32 polig norm dei ang pro X CleX F21[F14 dist Pevhd.F12 prox P(S)pd] 1324.- F315[PcvtbJ 1325.- G21[Pm(p)d sit sen+Spd ojiv] 1326.- G12[Spd sen+Spd+S(SE)pd dex] 1327.- R11 prox dex[S(A)md] L 5'5-5'75 mt.s , 1328.- Rl1 prox sen[Smmd] 1329.- R11 pro x sen div[S(P)mmd] 1330.- R11 sen[Smmd] 1331.- R11 dist dex[Smd]/--Smd med dex cvx 1332.- R11 prox dex[Smd]/.Ammd med dex 1333.- R21 prox sen[Spd].D22 med dex[Spd] 1334.- R21 sen[Spd] 1335.- R12 dist[Smd] 1336.- R11 sen[Smd] 13�7.- D21 pro x sen[Spi]-Rl1 med sen[Sm(p)d] 1338.- R21 dex[Spd] ar(32)29 5 tf fd(31 32) 8 28 18 5 te 5 br(2i)17 5 br(37 25) 7 32 20 8 ar(25)16 4 4 39 30 7 10 35 25 10 te 24 26 6 tf ar(25)19 6 tf fp(18 21) 3 te br(24)12 7 f(20 12) 4 ar(32)22 3 tp ar(23)21 6 fp(19 24) 7 te 19 29 6 tp fp(19 29) 4 tl ar(18)15 3 fp(34 28 9)tf 1339.- R21 prox med sen conc[Spd] 1340.- R22(gll)trav dist[Spd] 1341.- Al med dex[Amd]-D21 peox dex[Spd] 1342.- D23 med sen[Spd] 1343.- R12 trav dist[Smmd].D21 trav pDOX[Sp� 1344.- D22 med dex[Spd] 24(1 34 27 6 tf fd(22 29) 5 ar(35)20 5 21 15 6 te f(32 22) 6 f(28 13) 6 1345.- B31 rect plan droit prox-D21 med ser(Spd] 31 27 7 1346.- R22 dist cvx[Spd]+D23 dex[Spd] f(19)15 5 1347.- D21 pro x sen[Spii]-R21 prox senSpd]-F11 f(23 19) 9 med sen[ppd] 1348.- D22 med sen[Spd].D21 dist dex[Spd] 1349.- B32 sigm plan dej ang dist sen 1350.- Al med sen[Amd] 21 15 4 21 18 5 23 24 5 tl 1351.- D24 dej sen[Spd dent sen+Spd trav dist] ar(18 22) 5 tp .R21 med dex[Spd]-D22 pro x dex[Spd] 1352.- Al med sen[Am(p)i] 1353.- E1[Epb prox dex] 1354.- R21 dist med dex[Spd dist-Spi mdd] Bl1 rect norm droit prox 1355.- F11 dex [ppb] 1356.- F12 trav dist[ppd] 1357.- Fl1 sen cvx[pp(evh)i] 1358.- Fll dex[Pmd] 1359.- fF(FI4)[Pcvtd] fm(19)17 4 f(19 19) 7 28 14 6 fp(19)22 4 tl 19 24 6 tp H 2� 8 tp fp(14)15 3 f(11 7 3) 1360.- F11 sen[Ppi] 1361.- F11 dex[ppi] 1362.- F14[Pevhd bi1at conv] 1363.- F13[ppd sen conv]+PD22[Apd dist dex] D21 med dex[Sp{m)d]/-Ammd med prox dex 247 fp{15 22) 6 t1 29 18 6 te ar(21)17 4 t1 br(25)ll 5 1364.- Bel dist dex[T12 Ami trav dist+Al Ami dex] 25 16 4 CO 515-5175 mts. 1365.- R22 dist[S{P)pd=Pm�p)i trav dist sen]. D23 prox dex[Spd] 1366.- �21 sen[Spd]/.A{S)md dist dex 41 35 7 29 15 5 tl 1367.- Al dist sen conv[Amd]+Rl1 dist dex conv br{29 28) 4 [SmdJ/-Am{p}dmed dex 1368.- G11 dsit[SpdJ.Gl1 prox[SpdJ 4-6 1369.- G311[Spd].D21 prox dex[SpdJ 10 1370.- G11[Spd].D21 ppox dex[SpdJ 1371.- G12[Spd bi1at+Spd] 1372.- G12[Pmd sen+Spd].D22 prox dex[Spd] 1373.- Gl2[S{P)pd+Pevhd dex] 1374.- D22 dist sen[Spi]+G12[Spd+Spd dex] 1375.- G21[Spd]/.Amd sen 1376.- G21[Spd] 25 18 6 43 31 17 tp 5 37 20 6 5 31 19 6 tp 5 25 15 5 tp 5 24 14 5 tl 6 fd{18 17) 6 3 26 15 4 3 24 11 3 1377.- LD22[APd med sen.APd prox dex]/Smd med ar(29)12 3 11 dex 1378.- T21 dist parcia1[APd] 35 15 7 t1 24S EE 5' 25-5' 5 mts. 1379.- Rll med dex[Smd] ar(31)21 6 tI 1380.- Rll dex[Smd] 36 18 8 tf 1381.- R311 prox med sen[Smd] 47 20 20 tp 1382.- D23 sen[Spd] br(44)27 10 1383.- B12 polig plan dej dex 42 31 17 1384.- B32 sigm plan dej sen.D21 prox dex[Spd] 20 28 10 tl 1385.- LDll dex[Amd] fp(15) 6 3 tp 1386.- LD22[Apd med sen.Apd dex] ar(28) 9 4 tI 1387.- fF{Fll)[P{S)pd] f(23 10) 4 1388.- Gil dej sen[Spd] 9 41 43 11 tI 1389.- Gl1[Spd] 7 31 20 9 tp 1390.- Gl1[Spd]/.Smmd med sen 6 33 22 7 tp 1391.- Gll[Spd] 6 31 19 6 te 1392.- Gl1[SpdJ 3 br(19)16 5 1393.- Gil [Spd] 4 br(17)10 5 1394.- Gll[Spd] 5 fd(10 16 5) 1395.- G312[Spd+SEpd dex] 7 38 12 9 tp 1396.- G312[Spd+Smd dex] 9 br(30)20 10 1397.- G12[Smd med dist sen+SpdJ 5 30 18 6 tI 1398.- A2 dex[ApdJ+T21 prox[Ap(m)d]/.Spd sen 23 18 6 1399.- G21[Spd]/-Smd dex 5 27 23 6 tI 1400.- G12[Spd dist sen+Spd].G12[Spd deX+Sp� 6-7 33 18 7 249 1401.- G12[Smi med sen-Smd dist sen+Spd].Gl1 5-5 27 18 6 prox [Spd] 1402.- D21 med sen[Spd]-Smd dist sen+G11[Sp� 5 29 24 71p EO 5'25-5'75 mts. 1403.- R11 med sen[Smd] 1404.- R11 sen[Smd].R11 med pro x dex[Smd] 1405.- R21 dex cvx[Spd] 1406.- Gl1[Spd] 1407. - G12 [Smd sen+Spd]+D11 dist dex[ Smd] 1408.- G12[Spd sen+Spd+SEpd dex] br(36)12 4 66 20 7 tp 34 31 11 tl 42 24 9 te 7 3 31 17 4 td 6 br(24)19 9 1409.- Al pro x med sen[Ammd] ar(27)10 2 tl 1410.- PD12[Amd med sen.Amd .. dist dex conv] br(16) 8 2 1411.- B12 rect plan dej sen.D23 med dex[Spd] 39 27 9 tl p 5'25-5'5 ntE. 1412.- R21 dex[Spd]/.Spi prox sen 1413.- R21 dex[Spd] 1414.- R22 dist[Spi] 1415.- Rl1 dex[S(A)md] 1416.- D21 med dex[Spd]/.Spd mdd dex 1417.- R21 dist sen[Spd] 1418.- R21 sen[Spd] 1419.- D23 dex[Spd] 1420._ D21 med dex[Spd]/.Smmd trav dist 64 30 12 tl br(42)29 14 26 38 6 tp 37 37 6 te ar(27)27 6 tl 37 35 6 tl fp(17)23 6 td br(26)21 4 ar(26)31 13 tl 250 1421.- P11 dsit[Smmd bilat conv] 1422.- P21 dist dej dex[Spd b�t conv] 35 17 6 td 27 17 4 tI 1423.- R21 dex[S(P}pd] ar(28)23 4 te 1424.- D24[Spd sen+Spd dist med dex].B12 piig br(48)32 11 prism dej ang porx dex 1425.- B432 polig prism droit dist+R321 dex[S�aj 25 14 12 te 1426.- El[Ecvtb] f(27 29 4) 1427.- Al dex[Am{p)dJ f{32 20) 4 1428.- Al sen[AmmB] 1429.- LDll[Amd sen]/.Pma dex 1430.� LD21[Api prox sen]/.Spi pro x dex 26 27 3 td fp(17)12 2 te ar(19)12 3 tf 18 28 6 td 1431.- T21 trav dist[A(S)pd]/Smd sen 1432.- Be1 dist sen[Api dist sen+T23 trav dist]/. 18 16 5 te Spd dex 1433.- G11[Sp(m)d] 2 br(17 )18 3 1434.- G11[Spd] 5 24 21 7 te 1435.- G11[Spd] 6 31 22 6 tI 1436.- G11[Spd]/.Smmd med sen 3 br(30)20 6 1437.- Gl1[Spd] 3 20 19 5 1438.- G311[Spd]/.Spd rued sen 12 41 32 17 te 1439.- G12[Smd sen+Spd] 4 br(23)22 6 1440.- G12[Spd dist sen+Spd+Smmd dex] 5 21 25 5 tI 1441.- G12[Spd+Spd dex] 6 32 26 7 td 1442. - G21 [Spd] 6 br(2S)16 6 1443.- G21[SpdJ/.Amd dist dex 2 23 19 4 1;1 251 1444.- G13[S(P)pd circ] 5 31 24 5 1445.- G12[ppd sen+Sp(m)d+Amd dist dex].B12 3 br(24)25 6 polig plan dej ang prox dex 1446.- B32 rect plan dej ang sen prox.D25[Sp� 7 /.Pevhi med dex 45 36 13 1447.- fF[Pp(evh)b bilat] f(19 25 10) 1448.- fF[P(S)md] f(19 9) 3 1449.- fF[PPd] f(20 7 4) 1450.- F311 dex[PPb]/.S(P)md med dex 16 19 5 tI 1451.- Fl1 med dist sen[Pmd] fm(24)20 2 1452.- G12[S(P)p(m)d+Ammd dex] 1 br(22 22) 3 1453.- F315[Pevhb bilat].B31 rect norm drcit dist 32 25 6 1454.- fF[Pcvtb] fm(29 30) 9 1455.- F314[Pcvtb] ar(36)15 3 5' 25-515 1456.- G12[Spd+PPd sex].Bll rect plan droit 6 34 18 8 pro x 1457.- Gll[Spd]/.Smmd med dex � br(27 )15 5 '" 1458.- G21[Spd] 5 br(38)18 6 1459.- R21 sen[Spd]/.Spd prox dex 39 30 9 tI 1460.- D13 med dist sen[Smd]/.Pmd trav dist 59 38 16 lt dex-l-Amd dist dex 1461.- F315[Pevhb bilat] 41 34 8 1462.� F314[Pcvtb dent] br(43)13 3 1473.- G12[Spd med dist sen dent+Spd]/. Smd p:r:df 8 aex 39 27 15 252 L S' 25-5' 5 mts. 1463.- D21 dist dex[Spd]/.Spd med sen 44 88 7 tp 1464.- R11 pro x med sen[Smd] ar(33)19 5 1465.- Rl1 dex[S(P)md]/=Pmi med dex f(26 12 6) 1466.- R11 prox sen[Smd] fp(29 20) 7 te 1467.- R21 med sen[Sp(m)d] f(34 25 13) 1468.- R13[Smi trav dist deX+Smi dist dex] 44 58 7 tp 1469.- R21 poox dex[Spd]/.Pevhd trav prox fp(32 36) 7 te 1470.- R21 dex[S(E)pb]/.Epb sen ar(36 34 15)td 1471.- Rl1 sen[Smd]/.Spd med dex 37 32 11 td 1472.- G12[Spd+Spd dex] 4 br(19)20 4 1474.- A2 sen[.s(S)pd] ar(25)23 6 1476.- Al[Ami med sen-Amd dist sen.Ammi med de� 39 27 15 147!.- Al sen[Amd] fm(28)25 4 1477.- Al sen[.8md] fp(20)16 3 tp 1478.- D21 prox sen[S(A)pd]/-Amd sen ar(24)21 5 1479.- LD12[Ami sen.Amd dist dex] fm(18)13 4 1480.- P22(Bc2)[Spd dist sen+Spd trav dist ser!) 36 33 9 te 1481._ R12(Tll)[S(A)md trav dist sen] 19 25 6 tI 1482.- fF(Fll)[PPd]/.Amd prox dex f(29 21) 5 1483.- fF[l(sl�d] f(14 10 2) 1484.- fF(Fll)[PPd] f(22 17 7) J CO 5'25-515 mts. 1485.- R21 med dex[Spd] f(30 22)13 1486.- R22 trav dist dex[SpdJ 1 87.- Rl1 dex[ d]/.Smd med--Smd dsit8 1488.- Rl1 med sen[Smd] 1489.- a21 dex[S(SE)pd] 1490.- D24)S(P)pb sen conv dent+Spd dist dex dentJ.B12 rect plan dej dcx 1491.- D22 mcd dex[Spd] 1492.- Bc2[Apd sen+Apd dist sex]+D22 dex[S� 1493.- Rll(LDll) scn[S(A)md] 1494.- Al dcx[Ammd] 1495.- Rl1 dex[SmdJ 1496.- T21[A(S)pd trav dist]/.Smmd med sen 253 30 28 10 tI 81'(29)13 4 td 81'(38)25 7 ti' 41 2S 10 fd(28)43 10 br(39)29 10 fd(14 11) 3 ar(26)14 4 32 10 S 21 26 S te 25 15 6 'tI 1497.- R21 prox scn[S{P)pd].D25[Spd]/+Smd dist 8 51 27 10 -dex 1498.- 21(Fll) dex[S(P)pd]/.Amd prox sen ar(31)30 S te 1499.- GZ1[S¡,(m)d] 1500.- G12[Spd+Apd dex conc] 1501.- G12[Spd+Spd dist dcx] 1502.- Gl1[Spd] 1503.- G12[Spd+S(P)pd dcx]/.Smd med sen 1504.- G12[Spd sen+Spd+ppd dex] 1505.- G12[PPd dist sen+S(P)pd+P(SE)pd dex] 1506.- B12 polig plan dej &cn.D323 dex[Spd] 2 fd(14 19) 3 8 32 24 8 tí 8 fd(Z4 40 14) 6 br(20)23 8 8 39 30 10 tí 4 21 11 4 tE 5 br(22)12 7 33 25 23 37 26 4 tp 1507.- Fll dex[Pmd] 1508.- Fll(F22) dex[ppd]/+Spd trav prox dex cono 30 13 4 .. 1509.- F15[Pcvtd] 1510._ G12 dej de.x[Pevhd trav dist+'spd ang br(22)14 3 6 f{27 38)1.0 te dele di.at+ppb dex] Piozas Mu�o de Valenoia L 6-6'25 1J.'t19. 1511.- F14[PP(evh)d sen conv.Pevb(p)d dex conv]=Smi prox dex 25� 45 15 5 1512.- P21[Spd sen conv+Spd dist dex]/-Pmd med br(43)12 4 pro x dex 1513.- P21[Smd prox ssn-5pd med dist sen conv+ Spd dist dex conv-Stnd med dex] 1514.- F314[Pcvtd med dist bilat-Pevhd mcd prox dox�Ppi tr� prox--Pcvti dist biIat)/Spd prox sen 1515.- F314[Pcvtb] 1516.- F14[Pcvhd bilat] 1517.- F314[Pcvtb) CE 6-6 I 25 t:Its. 1518.- T21 dist[Apd].Rl1 med pro� dex[smd] CO 6-6' 25 mte. 1519.- P21[Spd conv bilat] P 6-61 25 mts. 1520.- Rl1 bilat[Smd dist sen.Smi prox dex] Rinc n HE 5'75-6 ms. 1521._ F314[Pcvtb] P S' 5-5'75 mts. 1522._ 832 po118 pIllen dej 8ft€{ prox sen.G12 36 14 S te 31 13 5 ar(45)18 .; 3S 11 5 br(26)15 .3 93 21 7 tp 57 13 6 82 25 7 br(41)15 4 7 36 26 9 [Spd+Spd dist dex].B32 rect plan dej ang prox dex CO 515-5175 mts. 1523.- PD12[Smd dist sen conv+Smd dist dex conv --Smd med pro x dex] Rinc6n NE 515-5175 mts. 1524.- F314[Pcvtb] CO 5125-515 mts. 1525.- F14[Pevhd sen conV+Pevhd dist med de� convJ 1526.- G12[Spd+Spd dist dex-Smd med dex con� 4 .T21 prox[Apd conc] 1527.- B32 rect plan dej ang prox sen.G11[Sp� 5 .D21 dist dex[Spd] 1528.- F15[Pcvtd prox med]/-Spd dist sen conv +Spd dist dex conv L 5125-6125 mts. 1529.- F314 dent bilat[Pcvtb] 1530.- F314[Pevhb bilatJ 1531.- F314[PcvtbJ 25S 36 9 3 ar(33)11 3 43 13 4 45 34 5 31 25 11 18 12 7 37 14 4 72 35 8 ar(49)15 5 Terminan aqu las piezas del Museo de Valencia. Piezas del Museo de Gandía P 5175-6 mts. 178.- PD32[Apd sen.Apd pro x dex esc] 179.- LD31[Apd prox dex escJ/.Smd pro x sen- Smd dist sen 40 11 4 45 12 4 25f. 183.- G12[Spd sen+Spd]/.Smd med dex 4671.- F14[Pevtd] 5 43 16 6 49 15 5 CE 5' 75-6 mts. 1533.- F21[F15 pcvtd+F12 Ppd trav prox]/.Smi prox 34 17 3 sen 1537.- F314[Ppd pro x med bilab-Pevh dist bilat =ppi prox med sen-Pevhi dist bnat] 52 24 11 1540.- PD25[Amd pro x med sen-Apd dist sen conv +Apd dex] 44 14 3 CO 515-5'75 mts. 1532.- F22[PPd dist sen eonV+Pevhd dist dex cowbr(30)13 5 -ppd med dex_Apd pro x dex ese] 1536.- Gl1[Spd] 6 32 20 8 p 5' 5-5175 1535.- F314 dent med bilat[Pcvtbª 49 18 5 1541.- F15[Pevhd bilat] ar(40)16 5 tp CE 5'5-5175 mts. 1542.- F314[Pevhb bilat] 51 26 9 CO 5125-515 1543.- F314[Pevtb] 1544.- F314[Pevtb] br(44)14 4 32 16 5 tp 5125-6125 mts. 1538.- G12[Spd sen div+Spd+Spd dex div] 8 39 31 8 tf 1539.- LD22[Apd prox sen.Apd prox dex] 56 14 5 tp 257 1534.- PS14 41.et[Pcvtc1aPc'V'ti D bilat-Pevhi 34 14 4 mad lIen].F314 prox(Pcvtd ... Pcvti prox bila� Tel'lQinaQ aqa! la. piezas del )híIeO de Gandl.a 1545.- E1(Eevhd] 1546.- E1[Ecvti]/S(P)md pl'OX sen 1547.- k321(SBpd] 1548.- R.%1 sen cvx(S(P)pd] 1549.- kl1 med prox dex di.[Sm(p)d] 1550.- R22 t .. .w c1ist(Spd] 1551.- k21 �d sen[S(P)pd] 1552.- K21 b1lat[S(P)pd aen.S(P)pd dex] 1553.- R21 Sén[Spd]/.Smmd med dex 1554.- kit bllat(Sp(m)d sen.Spd dex]+T21 prox [Apb] 1555.- kl1 dex[SmdJ 1556.- R.%l dex[Spd,] 1557.- lU1 med pro1lt dex(S(P)III(p)d] 1558.- Kll dex[SIIId] 1559.- k21 Oled diat aen CTX conv(SpdJ 1560._ lUl aen[Spd pros med conc-Spi 41st) 1561 .... Kl1 bilat[S(A)iIIi sen. SiIl(p)d dex] 29 15 5 29 24 5 39 19 11 f(31 20 8) 38 29 8 ti 28 39 9 ti br(29)31 4 fm(30)15 3 fID(26)20 6 41 14 S fIIl(18 14) 4 30 18 8 60 18 1 ti 44 39 5 38 22 8 33 19 9 a.r(24)13 4 1562.- k21 sen[Spd]/.Smd m ed dex) 1563.- R21 prox sen[Spd] 1564.- &21 med dex conv[Spd] 1565.- &11 dex[Smd] 1566.- &21 sen(SpB] 1567.- kll sen[Smmd] 1568.- kl1 bilat[Sm(p)d sen div.Smd dex div] 1569.- Rl1 prox med sen[Smd prox cvx-Smi med] 1570.- R21 dex[Sp(m)d] 1571.- Rl1 bilat[Smd aen.Sm(p)d dex] 1572.- &11 bilat[&d .en.Smd dex] 1573.- Rl1 .en[Smmd prox-Smmi med diat sin] 1574.- D21 med dex[SpdJ 1575.- D21 p_x dex[Spd] 1576.- D21 med sen[Spi]-P21[Spd dist sen eonv .S(P)pd .ed dex]/.5md prox sen 25R 50 18 6 al'(38)18 5 37 31 4 81'(22)15 4 tI 81'(49)22 8 t1 fm(22 17) 5 ar(27 13) 4 tp 26 18 4 57 19 7 t1 ar(18 11) 3 tI fm(19)10 4 SO 24 4 31 16 1 23 15 4 br(29)12 4 1517.- Dl1 dist dex[S(P)ad] br131)18 7 1578.- Al med aen[Amd] ar(41)19 5 tf 1579 ... Al bUat[Amd prox sen.Ard med prox deJ9. 38 15 4 Tll Prox[Amd] lS80.- Fl1 med dex(Pevhd] ar(29)15 6 t1 1581.- Pl1 dex(PPd) 81'(23)13 6 1,582.- Fll sen(PPiJ/.Smmd dex fp(t2 14 3) 25� 1583.- Fl! sen[pp(evh}d] f 27( 1) S) 1584.- pu. aen[Pevhd].D21 lIled dex[Spd]/.fhddex flll(22)15 5 1585.- P21 dist(SPd dist sen co.nv+8iDd cU.st dex 34 10 3 conv-S(P)pd lIled prox dex cvx]/.Smd prox sen 1586.- 832 reet plan dist/.Spd lIled sen 1587.- B31 sigm norm dist 1588.- B12 polig plan 41st sen 1589.- 831 rect Dora droit dist/.fhd med dex 1590.- 812 rect plan droit prox/...spi dex 1591.- 831 �t plan droit dist 1592.- B32 rect plan dej ang dist dex 1593.- 0431 pollg Dorlll dl"oit 41st/-SaId sen 1594.- 832 rect plan dPoit dist 1595.- G!2[Smd 41st sen+SPd] 1596.- G12[Spd med diat 8en+Spd+Spd dex] 39 24 11 tp 19 12 6 31 36 15 tf 37 18 6 tp al'(30)14 4 30 22 1 tp 42 25 10 tI 29 16 3 35 13 4 tI 6 llr(39)23 8 6 40 24 'J ti 1591.- G12 41st[Spd med diat sen+Spd+Spd dexJ8-S 37 20 1) .G12 prox[Spd deX't-Spd Pl'Ox] 1598.- Gl1[Spd] 1599.- G12[Spd aeo+Spd] 1600._ G12[Smd seu+Spd] 1601.- G312[aad dist aen+Spd+Spd dex] 1602._ G12[5(A)lIld sen eoav+Spd+Smd dex] 1603.- G12 dej dex[Spd sen cvx+Spd+Spd dex] 3 1604.- GI2[Spd+Smd diat .ed dex-Spd prox dex] 5 6 bl'(24)18 7 4 42 26 liI tI 4 bl'(31)18 S 7 48 23 13 6 b&,(30 22) 6 29 29 4 tI 39 23 7 tp 260 8 45 19 17 tl 4 29 15 5 5 br(24)14 7 8 br(25)20 9 3 35 17 S tl 5 35 33 8 tl 5 33 28 6 ti 5 28 14 6 4 30 16 4 ti' 13 22 22 13 te S br(33 22) 8 7 34 16 7 ti 5 38 18 7 tl 6 25 14 6 9-7 29 16 9 4 25 20 S 5 28 20 7 1605.- G311[Spd] 1606.- Gl1[Spd] 1607.- G311[Spd] 1608.- Gll[Spd(dent)] 1609.- Gl1[Spd] 1610.- GI2[Spd aen+Spd.+Spd dist Jlled dex] 1611.- G12(Spd+Spd. dex div] 1612.- Gl1(Spd] 1613.- G12[5pd+Spd dex] 1614.- G311[Spd].Bl(Epi trav prox) 1615.- G12(Spd sen+Spd.+Smd dex] 1616.- Gl1[Spd] 1617.- G12[smd dist sen+Spd] 1618.- G12[Spd sen+Spd+Smd dex] 1619.- G311 dist[Spd].G311 prox[Spd] 1620.- Gl1[Spd] 1621.- Gll[Spd] 1622.- Gl1[SpdJ.B12 reet plan dej ang dex pral: 5 br(30)24 8 1623._ G12[Spd sen+Spd+Spd dex] 3 br(26)16 5 1624.- G12[Smd sen+Spd+Smmi dex] 9 br(27)21 9 1625.- Gl1[Spd] 7 36 26 8 tp 1626._ G12[Sad -.n+Spd+Smd dex] S 28 13 5 1627.- GI2[Spd sen+Spd]/.Smd med prox dex 6 35 20 8 tp 1628._ Gll[Spd] 6 33 22 6 te 1629.- Gll[Spd] 1630.- Gl1[Spd] 1631.- GI2(SIII(p)d sen+Spd+ppd dex] 1632.- G12[Spd+Smd dex].T21[Apd trav prox con� 8 1633.- Gll[Spd] 1634.- Gl.2[Spd+EPd dex] 1635.- GI2[9D(p)d sen+Spd] 1636.- G12[Smd sen+Spd+SIIId dex].T21[Apd trav] prox 1637.- GI2[P(S)pd 8en+Spd+Pevhd dex] 1638.- G12[smd aen+Spd] 1639.- Gll[Spd] 1640.- G12[Spd sen+Spd] 1641.- Gl1[Spd] 1642.- Gl1[Spd] 1643.- Gl1[Spd] 1644.- Gl1[Spd] 1645.- G12[Spd+SIIId diat lIMld dex] 1646.- G12[Spd+Slllnd d1.at _d dex] 1647.- Gl1[Spd]/.Smd prox &en 1648.- G12[Spd aen+Spdi-Spd dex).T21[Apd trav PI'OX Clon.] 1649.- Gll[Spd] 1650.- Gl1(Spd]/.s.d p.I'OX dex 1651.� Gll[Spd] 1652._ Gl1[Spd) 261 3 br(23)14 5 6 31 19 7 ti' 6 28 16 6 30 20 8 5 br(26)17 6 4 25 18 6 5 br(28)20 5 4 31 19 5 7 29 21 7 tI 4 fd(14 20) 5 7 fd(12 20) 8 6 Id(13 25) 6 4 28 13 6 4 br(23)14 .. 2 bro(24)18 5 6 br(40)18 7 6 34 24 8 S 25 16 6 7 35 16 7 5 28 22 S 5 28 19 5 ti 8 bro(34)22 8 .. bro(24)16 4 5 br(27)18 5 1653.- Gll(Spd] 1654.- G311(Spd] 1655.- G12[Spd aen+Spd] 1656.- Gll(Spd] 1657.- G12(Smd soft+Spd+Spd dex] 1658.- G12(Spd sen+Spd] 1659.- Gl1[Spd] 1660.- G12(Smd 41st sen+Spd] 1661.- Gl1[S¡td] 1662.- Gl.2(Smd sen+Spd+Spd d.ex] 1663.- Gl2[S(P)pd seD di�Sp4] 1664.- Gl1[Spd] 166S.- G12 dist(SEpd sen+Spd+Spd d.ex].G12 prox[Spd dex+Spd+5Epd sen] 1666.- G311[SpdJ 1661.- Gll[SpdJ 1668.- Gl1[Spd] 1669.- G12(spd+Smd dex] 1670.- Gl1(Spd] 1671.- Gl1[Spd] 1612.- Gl1[SpdJ 1673.- G12[Spd 41at sen+Spd] 1674.- Gl1[Spd].T21[Apd trav prox eonc]/.SnuI1 _ud dex 167S._ G12(SpdllllÚ diat. des] 262 3 br(18)IO " S 39 12 tí tí 26 20 6 ti 5 35 21 5t€ 7 26 18 1 9 f4(20 25) 9 tí 25 20 6 tp 4 br(26)17 tí 3 29 13 3 5 br(26)20 5 '/ 38 22 '/ 6 31 13 tí 7-1 29 17 8 7 31 li 10 4 29 18 4te 3 23 16 4 S br(2S)15 S '/ 14(18 16 9) S br(23)13 5 '/ 22 l8 '/ 8 br(29)16 9 4 26 14 4. tí 31 20 '/ 1676.- G12[SDel aen+Spd]/.Smd lIIed dex 1671.- G11(Spd,J 1678.- G11(Spd) 1679.- Gl1(Spcl] 1680.- G3111Spd] 1681.- GI2(Smd sen+Spd] 1682.- Gl1(Spd] 1683.- Gll[Spd].T21(Apd trav prox] 263 .5 br(2S 15) 1 4 32 15 4 S 26 18 S tl 4 bl'(24)16 4 8 29 15 8 S 32 15 6 S 1> .. (33)17 1 6 28 15 6 1684.- Rll b�lat[Smi med dist sea.Smi �st �� ar(42)18 .5 t1 1688.- EI[Ep! t.rav dist.!>pi trav Pl"Ox]/.Smdmed . 32 11 5 ti . sen 1686 .• - Rll dex div[SmdJ fp(24 16) 4 ti 1681.- .IUl pJ'OX _el sen cyx(dent)[SDd] .40 13 S 1688.- &11 dist lIIed dex[SD(p)d] bl'(32)12 4 .689.- PlU diat[Spd diliít dex conv] 5l 13 6 1690.- P21 dist(SM(p)d dait sen coaV+Spd diet 31 II 3 dQ CODV] 1691.- 012[5p4 8OIl;1-$pdJ 1692.- Gl1(Spd] 1693.- Gl1(Spd] 1694.- 612(Spd sen+Spd] 1695 ... G12(Spd+Spd diet dexJ.P21 prox(Spd pl'OX de:x div] 1696._ 812 polig plen dej ang dex diet 8 bl"(46)20 9 1 23 19 1 9 38 2,5 9 te 9 34 21 9 te 6 40 21 1 31 18 9 1697.- 812 reet plan dej ang sen prox. B12 rect plan dej ang dist dex 1.98.- B32 polig plan dej ang dist dex 26� 41 16 8 35 21 10 1699.- 822 poli'" pl.an droit dist/. Spd dist des bF(2f)18 9 . o coov 11·00.- P315(Pevhd biJ.at"ppi trav proX+Pevhi prOl!: sen] 1701.- Pl1 sen div[Ppd] 1102.- LP22[Apd. prox sen.-Apd dist sen.Apd d1ft d�Apd pros des] 170J.- Rl1 IMIn(S(P)JIId] 1704.- fR(Spd] 170S.- R.21 bllat[Spél Bf1)n cenv.Spd dex eonv] 1706.- !tl1 dist med �[Smél) J707 ... fR[Spd] 1708.- R21 bllat[S(P)pd sen div.Spd des div). 1'21[Apd trav dist cene] 1709.- Gl2[ead aen+SpdJ l¡tQ.- G12(Spdf-P(S)pd de:x:) 1711.- Gl1[Spd] 1712.- G12[Spd seU+Spd+Spd des] 1713.- Gl1(Spd).T21[Apd tl'av Pl'Ox]+B21 reet plaD de;J Qg pl'OX seD ..,(23)14 4 81"(20 14) 4 ar(47)12 4 br(4S)17 3 f(28 9 5) 42 27 10 51 17 6 1(19 23 9) 22 18 7 4 br(20)20 6 8 43 28 10 6 29 21 8 5 27 14 S S 31 19 S 29 19 8 [Document text truncated for crawler view.]