Estudio de los picos tallados de la época preeuropea de Gran Canaria. Un ejemplo de especialización en el trabajo a partir de las evidencias recuperadas en la cantera de molinos de Montaña Quemada
Abstract
0,142
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77 ISSN: 1131-6993 Estudio de los picos tallados de la época preeuropea de Gran Canaria. Un ejemplo de especialización en el trabajo a partir de las evidencias recuperadas en la cantera de molinos de Montaña Quemada the Precolonial knapped Picks of Gran canaria (canary Islands). A case Study of craft Specialization at the Stone Grinders quarry of Montaña quemada Amelia c. rodríGuez rodríGuez*, Mª Isabel frANcisco orteGA** *Grupo de Investigación Tarha. Departamento de Ciencias Históricas. Edificio anexo de Humanidades, C/Pérez del Toro nº 1, universidad de las palmas de Gran Canaria. 35003. [email protected] **Grupo de Investigación Sociedades cazadoras recolectoras paleolíticas. departamento de prehistoria, antropología e Historia antigua. Facultad de Geografía e Historia, Campus de Guajara, universidad de la laguna. 38071. [email protected] recibido: 05-07-2011 aceptado: 31-01-2012 resumeN En este artículo se presentan los resultados del estudio de una muestra de picos de piedra tallada, útiles empleados para trabajar la piedra en diversas labores (cantería, excavación de cuevas y minas, fabricación de herramientas…), procedentes de la excavación de una cantera de molinos de mano rotatorios (Montaña Quemada, Gran Canaria). En las canteras se desarrollaron unos procesos productivos intensivos, en los que los picos eran sometidos a un fuerte estrés mecánico y de fricción, que provocaba numerosos accidentes y desgastes, exigiendo continuas reparaciones. Ello obligó a concebir un tipo de artefacto con unas características que permitieran realizar gestos de remodelación que perduraran su vida activa. La combinación de los estudios morfotécnicos, funcionales y los remontajes obtenidos ha permitido reconstruir unas estrategias de talla y de uso que revelan un gran conocimiento del arte de la talla y la cantería. En este análisis se han definido por primera vez las diversas categorías de productos generados en esos procesos, lo que permitirá reconocerlas en los diversos contextos arqueológicos de la isla. PAlAbrAs clAve: Tecnología lítica. Análisis funcional. Remontajes. Picos tallados. Canarias. AbstrAct In this paper we present the study of chipped stone picks. These instruments were employed to work rocks in several ways (working in quarries, excavating mine galleries and other enclosures, manufacturing tools, etc.). The artifacts were recovered in the excavation of a quarry for the production of rotator milling stones (Montaña Quemada, Gran Canaria). In the quarries intensive productive processes were developed, where picks were submitted to strong mechanical and frictional stresses, which caused frequent accidents requiring continuous repairs. These circumstances made it necessary to develop a type of artifact with technical features that allowed reshaping and resharpening tasks in order to extend its active life. A combination of morphotechnical and functional studies, along with the refitting results, have enabled us to reconstruct their knapping and use strategies, showing a high level of skill. In addition, this analysis has involved defining, for the first time, the different categories of byproducts generated during the process of the configuration and reconfiguration of the picks. Their detailed description will make it possible to recognize them in other archaeological contexts. Key words: Lithic Technology. Use wear analysis. Refitting. Knapped picks. Canary Islands. sumArio 1. Introducción. 2. la cantera de molinos de montaña Quemada. 3. Hacia la reconstrucción de los procesos de trabajo en la cantera. 4. Categorías morfotécnicas y funcionales. 5. Inferencias sobre el modo de empleo de los picos. 6. Conclusiones. http://dx.doi.org/10.5209/rev_Cmpl.2012.v23.n1.39532 Complutum, 2012, Vol. 23 (1): 77-97
78 Amelia C. Rodríguez Rodríguez y Mª Isabel Francisco Ortega Estudio de los picos tallados... Complutum, 2012, Vol. 23 (1): 77-97 res sobre lapilli, repartidas por diversos sectores de la isla (martín et al. 2001, rodríguez et al. 2006a). aunque una parte de los procesos de trabajo difiere, debido a las características físico-mecánicas y la forma de presentación de la materia prima, existen puntos comunes en las estrategias de producción en minas y canteras. en ambos casos había que trabajar sobre la toba volcánica, bien para excavar túneles que permitieran acceder a los vidrios volcánicos, bien para extraer preformas de molinos, en canteras a cielo abierto. el trabajo en las minas implicaba conocer muy bien las propiedades mecánicas del lapilli, así como una continua labor de mantenimiento de los túneles, entibándolos para prevenir el desplome de los techos. Sin embargo, los instrumentos de trabajo recuperados en la intervención arqueológica que realizamos no mostraban evidencias de un tratamiento muy cuidado (rodríguez et al. 2005). Se trataba de picos tallados sobre soportes líticos de diversa naturaleza que se sometían a transformaciones sumarias, lo que en algunos casos extremos se limitaba a la configuración de un ápice activo en forma de bisel o picante triedro. este tratamiento expeditivo parecía responder al hecho de que los picos experimentaban constantes roturas durante el trabajo y los mineros preferían desechar los instrumentos rotos y seleccionar nuevas preformas que detenerse a repararlos. No obstante, también se documentaron algunas piezas que tenían un tratamiento más cuidado, orientado fundamentalmente a aprovechar el soporte de forma reiterada, mediante la configuración de crestas y otros arreglos que facilitaran la remodelación del instrumento si sufría algún desperfecto. estos útiles son similares a los que se encuentran abundantemente en las canteras de molinos de mano. en las canteras los picos tallados localizados muestran una cuidada concepción volumétrica. Su morfología, que recuerda un triángulo isósceles, es la misma que ostentan los picos pulimentados. No obstante, estas últimas piezas constituyen raras excepciones en los repertorios líticos de la isla (Galván 1998), y por el momento no las hemos localizado en nuestras excavaciones. en trabajos previos se han presentado las distintas canteras de molinos documentadas, que tienen diversa entidad y se reparten por todo el territorio insular. allí donde se han conservado restos arqueológicos asociados a los frentes creados durante el trabajo se identificó siempre picos tallados (rodríguez et al. 2006b). la excavación de una de ellas, montaña Quemada, ha permitido reconstruir de forma pormenorizada los procesos de trabajo vinculados a esta actividad productiva. en las páginas que siguen vamos a presentar los resultados de ese análisis. 1. Introducción1 los primeros relatos de los europeos que llegaron a la isla de Gran Canaria, a partir del siglo XIV d.n.e, destacaron la calidad de las edificaciones de los canarios, resaltando que habían sido excavadas o erigidas sin el concurso de instrumental metálico. Hay que tener en cuenta que el archipiélago no disponía de minerales metalizables y ofrecía a cambio rocas volcánicas como principal recurso para confeccionar las herramientas dirigidas al labrado de la toba volcánica y otras piedras con las que edificar o excavar casas, tumbas y otros recintos. los principales instrumentos de piedra empleados en estos trabajos eran los picos, un ejemplo de dominio del arte de la talla al que dedicamos este trabajo, en el que vamos a analizar determinadas estrategias de talla y cantería, como reflejo de un saber hacer, de una especialización artesanal que tuvo que adaptarse a los condicionantes derivados de la naturaleza geológica del medio insular. los datos arqueológicos disponibles hasta la fecha apuntan hacia un poblamiento tardío de la isla, ya que las dataciones más antiguas bien contextualizadas se sitúan en los cuatro primeros siglos de la era (martín 2000). además, son pocos los estudios que inciden en el desarrollo de su colonización, sobre todo debido a la falta de yacimientos con secuencias estratigráficas dilatadas. En la última década se ha realizado un esfuerzo por documentar la diacronía de diversos aspectos, vinculados fundamentalmente a los estudios bioantropológicos, y en menor medida a la evolución de la explotación de recursos vegetales o de la cultura material. el principal rasgo que se desprende de todos ellos indica que durante los últimos cinco siglos de ocupación indígena se produjeron diversos fenómenos, vinculados a las relaciones sociales de producción, que propiciaron un aumento demográfico de la población y la intensificación de diversos procesos productivos (delgado 2009; González y moreno 2009; morales 2010; Santana Cabrera 2010). en los últimos años, nuestro equipo ha centrado su investigación en el análisis de la explotación de recursos abióticos de la isla de Gran Canaria, con el objetivo de determinar los procesos de trabajo implicados. Con ello se pretende intentar reconstruir una parte de las relaciones sociales de producción que regían en ese territorio durante la etapa preeuropea. Como resultado de esta dinámica se han identificado diversos centros de producción donde las materias primas se extraían en grandes cantidades para proveer a zonas más o menos amplias de la isla. así, hemos trabajado en las minas de obsidiana, que se localizan en las cumbres de dos montañas (Hogarzales y el Cedro) de la cuenca de la aldea de San Nicolás, y también en canteras de molinos de mano circula-
79 Estudio de los picos tallados... Amelia C. Rodríguez Rodríguez y Mª Isabel Francisco Ortega Complutum, 2012, Vol. 23 (1): 77-97 en ellos se observaba una gran cantidad de derrubios procedentes de las actividades de los canteros. En las paredes se hallan infinidad de improntas de molinos, que consisten en un negativo de tendencia circular y diámetro variable (entre 30 y 45 cm) que está bien delimitado por un surco o ranura más profundo. en el surco pueden detectarse con facilidad los sucesivos negativos de la acción de los picos, que guardan una gran simetría y regularidad. las improntas pueden aparecer aisladas o formando auténticas hileras superpuestas y con gran variedad de disposiciones (Fig. 2). la excavación se realizó en el sector 1, que consta de una pared vertical, resultante del trabajo de cantería, orientada al norte. ante ella se abre una terraza de superficie irregular, con una pendiente inclinada de unos 45º, que termina de forma abrupta en un precipicio natural en el sector oeste y artificial hacia el este, ya que está formado en parte por la pared vertical creada en la zona de extracciones del sector 2. en la terraza destacan dos accidentes topográficos que contribuyen a su definición morfológica. en el área oriental se levanta un pequeño promon2. La cantera de molinos de Montaña Quemada los trabajos arqueológicos realizados en estos años han permitido identificar un número significativo de canteras de molinos de mano rotatorios. Su descripción, así como los resultados de los estudios petrográficos y geoquímicos de las tobas ha sido objeto de otros trabajos preliminares (mangas et al. 2008; rodríguez et al. 2006b, 2010). en esta ocasión vamos a centrarnos en la que se seleccionó para excavar, ubicada en montaña Quemada, también conocida como montaña Colorada. Se trata de un volcán emplazado sobre las coladas basaníticas del acantilado más occidental de la Isleta (las palmas de Gran Canaria) y es uno de los edificios volcánicos más antiguos de la zona, datando del Ciclo post roque Nublo. está constituido por lapillis y aglomerados volcánicos de tamaño grueso, así como por algunos planchones lávicos de poca magnitud intercalados en la tefra. todo el conjunto está muy compactado y debido a la oxidación sufrida adquiere un color rojizo, que quizá haya contribuido a darle los topónimos a la montaña (Hansen 1987). la cantera de molinos se encuentra situada en su vertiente norte y muy próxima a la cima (Coordenadas u.t.m.: 458044.384/3116231.887; y 236 m.s.n.m.). Debajo del edificio y dando vista al acantilado se encuentran coladas basaníticas muy afaníticas, con fenocristales de olivino, las cuales se asemejan en aspecto y composición química a las que forman toda la planicie costera (I.G.t.e. 1990). este edificio volcánico se halla ubicado en la zona militar de la Isleta, lo que lo ha preservado de la fuerte presión urbanística de la capital. de ahí su excepcional estado de conservación. existen pequeños puntos de extracción diseminados por la totalidad de las laderas septentrional y meridional de la montaña, que consisten en rebajes artificiales del material piroclástico, con una o varias improntas de molino. Sin embargo, el núcleo principal de producción sigue una zona de tefra modelada principalmente por dos escarpes artificiales verticales, en los que se encuentra la mayor parte de las improntas de molino, separados por una zona intermedia de ladera natural bastante inclinada. el escarpe de mayor cota parte desde la propia cima de la montaña y tiene un alzado entre los dos y cuatro metros. el inferior puede alcanzar en ciertas zonas de su recorrido los seis o siete metros de alzado, y a sus pies se extiende un andén estrecho, abierto sobre un precipicio de considerable altura que conforma el acantilado litoral. esta disposición en dos niveles escalonados inspiró la sectorización de dos áreas de estudio, 1 y 2, que comprendían en cada caso la pared creada artificialmente por las extracciones y el andén correspondiente que se abría ante ella (Fig. 1). Figura 1.- Situación del yacimiento en la isla de Gran Canaria y topografía del sitio (topografía de d. toledo).
80 Amelia C. Rodríguez Rodríguez y Mª Isabel Francisco Ortega Estudio de los picos tallados... Complutum, 2012, Vol. 23 (1): 77-97 to no determinado se desplomó el techo, quedando como testigos los grandes bloques que hoy dividen ese espacio. Nuestra hipótesis es que tal vez funcionara como refugio de los trabajadores, lo que crearía una dinámica espacial y sedimentaria diferente al resto de la cantera. una vez evacuada una parte del derrumbe, se excavó una pequeña superficie de planta irregular de unos 7 metros cuadrados. Se distinguieron cuatro unidades sedimentarias, denominadas estrato superficial, I (A y B), II y III. La matriz de todos estos estratos está constituida por lapilli de la cantera en diversos grados de disgregación. en ellos se documentan fragmentos de preformas de molino fracturadas, planchas procedentes de la regularización de las paredes, picos y fragmentos de picos, así como una gran cantidad de lascas derivadas de las labores de configuración y reacondicionamiento de los instrumentos de trabajo (Fig. 3). el sondeo 2 se adosa a la vertiente norte del pequeño promontorio antes mencionado. presenta una topografía con un acusado buzamiento hacia el No (Fig. 4). Fue seleccionado porque en superficie se podía distinguir una fuerte acumulación de material, lo que parecía indicar que se trataba de una zona de vertedero intencional de los desechos generados durante las actividades de cantería. Se actuó sobre un espacio de unos cinco metros cuadrados. en la excavación del sondeo, con excepción del estrato superficial, ninguna de las restantes unidades arqueosedimentarias ocupa la totalidad de la superficie de intervención, y ello a pesar de sus pequeñas dimensiones. Los seis estratos identificados responden a una dinámica de deposición que tiene su depocentro en los sectores 3 y 4 de las cuadrículas b y C/4. a partir de esa zona se generaron deyecciones radiales. aquéllas que se orientan hacia la pared del promontorio quedan frenadas por ella y adquieren una potencia estratigráfica más notable torio de toba, modelado de forma artificial por las labores de cantería, que tiene una planta irregular de tendencia alargada y discurre paralelo a la pared principal de la cantera, guardando una distancia media con respecto a ésta de unos dos metros. en la zona central/occidental se disponen unos grandes bloques de toba. estos parecen ser el resultado de un derrumbe que debió afectar a una visera de grandes dimensiones abierta en este segmento del muro de la cantera. los bloques dividen en dos partes el espacio disponible más próximo al muro de la cantera. Como esas dos zonas revestían distintas características estructurales se decidió realizar un sondeo en cada una. el sondeo 1 se efectuó en el sector occidental de la cantera. limita al sur y al oeste con la propia pared de ésta, mientras que al este lo está por los bloques del derrumbe. la zona fue seleccionada para discernir la funcionalidad de un espacio que en origen debió estar parcialmente protegido por una visera. el lugar se debió ir creando durante las labores de extracción de los molinos y en un momenFigura 2.- Cantera de montaña Quemada, detalle de las improntas de molinos circulares en el sector 2 (fotografía de e. martín). Figura 3.- Concentración de materiales (útiles y desechos de toba) del sondeo 1 (fotografía de e. martín).
81 Estudio de los picos tallados... Amelia C. Rodríguez Rodríguez y Mª Isabel Francisco Ortega Complutum, 2012, Vol. 23 (1): 77-97 (Fig. 5). todos los estratos tienen la misma matriz de toba fragmentada, que varía en granulometría y compacidad, cambiando ligeramente su coloración. los materiales son muy abundantes y se encuentran en ocasiones depositados en posiciones forzadas, ocupando los intersticios que quedan entre los bloques de preformas de molino que se asientan en los niveles infrapuestos. también se observó la presencia de numerosos clastos o plaquetas de toba, de tamaño variable (entre 10 y 20 cm) que llegan a crear superficies continuas a manera de enlosados, sugiriendo una adecuación intencional del espacio con el fin de colocar mejor los detritus de trabajo. además se detectaron acumulaciones de industria lítica tallada, verificándose que se encontraban in situ, pues se pudieron realizar los primeros remontajes. en los sondeos son raras las evidencias no líticas. Se trata siempre de materiales tan escasos en número que no pasan de ser una mera anécdota. en el 1 se recuperaron los dos únicos y pequeños fragmentos de cerámica del yacimiento. por lo que respecta a la fauna, en el 1 se documentaron unos pocos fragmentos de ovicaprino y lagarto, muy fracturados, así como algunos restos de Patella y de gasterópodos terrestres. en el 2 una vértebra de pez2 y algunos huesos de lacértidos, así como un fragmento de ovicaprino infantil. por tanto no tenemos pruebas que indiquen que allí se realizaban otro tipo de actividades diferentes a las extractivas. Figura 4.- panorámica del sondeo 2 (fotografía de a. rodríguez). Figura 5.- Perfiles S y W del sondeo 2.
82 Amelia C. Rodríguez Rodríguez y Mª Isabel Francisco Ortega Estudio de los picos tallados... Complutum, 2012, Vol. 23 (1): 77-97 a su frecuencia relativa, lo que confirmaría nuestra hipótesis de un uso diferencial de cada emplazamiento. en la tabla 1 se ofrece un inventario que ilustra este pormenor. el sondeo 2 incluye un área de desechos directamente vinculada a una pared de extracción. por ello son abundantes las preformas abandonadas y los clastos de toba para adecuar la pared. los instrumentos se reparaban in situ, tal y como demuestran los remontajes y también la alta ratio que se observa entre picos y desechos de talla (1/110) o la proporción de 1/0,40 entre picos y accidentes. Por el contrario, el sondeo 1 refleja una dinámica un tanto diferente. aunque también existen indicios de las actividades extractivas, reflejados en la presencia de preformas de molino y clastos de toba, las ratios de los picos y los desechos de talla, o de estos con los accidentes, son significativamente menores (1/54 y 1/0,20 respectivamente). Sin embargo, en ambos lugares estos instrumentos tienen el mismo grado de transformación. en este estudio se va a ofrecer un análisis conjunto de todo el material lítico tallado, pues tiene una gran homogeneidad tecnológica y funcional. en él se ha combinado el análisis morfotécnico, la aplicación de remontajes y el registro de huellas de uso. todo ello para contrastar las inferencias realizadas sobre las estrategias de los procesos de talla, su método y secuencia, haciendo especial hincapié en los aspectos relacionados con la corrección de accidentes y reconfiguración de piezas alteradas por el uso. los remontajes efectuados proceden del sondeo 2. dejando aparte las uniones de piezas fracturadas, se trata por lo general de series cortas, de no más de cuatro piezas, que son el resultado de acciones expeditivas de reconfiguración. En seis ocasiones se por último hay que hacer mención a los intentos fallidos de datar el yacimiento, debido a la escasez de evidencias orgánicas. de ellas se seleccionaron la vértebra de pez y el fragmento de ovicaprino infantil pero los resultados fueron negativos, pues ninguno de los dos poseía el suficiente colágeno para obtener una fecha por amS. en consecuencia se envió un fragmento de hueso de ovicaprino adulto del estrato I del sondeo 1, aunque su ubicación tan superficial nos hacía sospechar que se trataba de una intrusión. La datación confirmó este particular situándose en torno al siglo XIX d.n.e.3. tendremos que esperar a localizar molinos procedentes de esta cantera en algún asentamiento para deducir la cronología de su uso. las tobas de la montaña han sido sometidas a un exhaustivo análisis geoquímico para constituir un grupo de referencia que permita identificarlas (Rodríguez et al. 2010). 3. Hacia la reconstrucción de los procesos de trabajo en la cantera. Categorías morfotécnicas y funcionales El material recuperado reflejaba un proceso de fosilización casi instantáneo, que nos ha brindado la oportunidad de restablecer los diversos pasos de las cadenas operativas ligadas a la fabricación de los instrumentos de trabajo: configuración de preformas, elaboración de los picos, remodelación de las morfologías afectadas por accidentes o desgastes y abandono final de los soportes ya amortizados. las evidencias de los dos sondeos tienen las mismas características morfotécnicas, aunque difieren ligeramente entre ambas en lo que se refiere Sondeo Estrato Picos L. config. Restos talla Accidentes 1 Sup 13 55 50 2 Ia - 57 216 3 Ib 2 88 691 2 II 38 245 1467 7 Total 53 445 2424 14 2 Sup 11 73 171 1 Ia 6 169 872 2 Ib 12 232 762 7 II 4 143 750 3 III 1 95 561 1 IV 5 207 755 4 V 2 44 436 - Total 41 963 3557 18 Tabla 1.- principales categorías de soportes.
83 Estudio de los picos tallados... Amelia C. Rodríguez Rodríguez y Mª Isabel Francisco Ortega Complutum, 2012, Vol. 23 (1): 77-97 dejando aparte las preformas de molino abandonadas y los detritus del lapilli generados durante su extracción, el resto del material lítico recuperado está constituido por soportes generados durante la talla y fragmentos producidos durante los accidentes derivados de su uso como herramientas, así como por unos pocos percutores. todos ellos son de rocas volcánicas de grano grueso. el estudio petrográfico de una muestra reveló que en su mayoría son basaltos olivínico-piroxénicos, de tipo masivo, fanerítico y estructura porfídica, con un grano fino que permite su talla. en escasas ocasiones aparecen feldespatos y en algún caso se observa una matriz ligeramente vesicular, que no dificulta la fractura concoidea. los olivinos aparecen frescos o escasamente alterados, indicando su origen en el ciclo post roque Nublo4. este dato sugiere que debieron recuperarse entre los cantos rodados de la costa norte de la Isleta. la observación de las escasas reservas corticales que se han conservado en los soportes indica un origen mayoritariamente detrítico de la materia prima empleada. el estudio del material ha propiciado establecer una serie de categorías morfotécnicas que ilustran todo el proceso: picos, lascas de configuración y reconfiguración, restos de talla y accidentes de uso. la técnica de talla ha sido la percusión directa con percutor duro. en el sitio se han recuperado algunos, de formas esféricas y diámetro reducido, también de basalto. Seguramente es esa técnica la que propició la multiplicación de accidentes como las fracturas. Sin embargo, las de tipo Siret no son muy numerosas (47), constituyendo una categoría en la que se han realizado varios remontajes. 3.1. Los picos entre los dos sondeos se han recuperado 92 de estos artefactos completos o casi completos. Se trata de instrumentos de trabajo masivos, de gran tamaño y peso. Sus medidas medias y desviaciones estándar son de 166 ± 24,56 x 103 ± 19,13 x 73 ± 10,109 mm, y su peso de 1566 ± 336,210 gr. la mediana de estas tipometrías es 170 x 102 x 74 mm y 1629 gr. existen por tanto picos que superan los dos kilos y los 20 cm de longitud, con unas medidas máximas de 230 mm y un peso máximo de 2415 gr. Sin embargo, las variables métricas y ponderales siguen una distribución normal o paramétrica (test de Kolgomorov, p no significativa). en la mitad de los casos, el alto grado de modificación de los picos ha impedido determinar cómo era el soporte original que sirvió como preforma. Cuando ha sido posible se ha detectado que se elaboraban fundamentalmente a partir de grandes lasha podido vincular un pico con algunos de sus desechos, mostrándose la doble alternativa del abandono de la pieza por rotura o la readecuación de su forma para que siga funcionando (Fig. 6). para el análisis morfotécnico se ha utilizado un método ya contrastado en este tipo de estudios sobre rocas volcánicas de grano grueso (Galván et al. 1987; rodríguez 1993, 2009a; rodríguez y Galindo 2004). en él se combina la aplicación del Sistema lógico analítico (Carbonell et al. 1983, 1984, 1992) con propuestas de la escuela francesa orientadas a la reconstrucción de cadenas operativas (boëda 2001, Inizan et al. 1995, pelegrin 2000, tixier et al. 1980). aunque ambas líneas parten de un enfoque teórico diferente, con el paso de los años se ha ido produciendo una convergencia de posicionamientos, concediendo gran importancia a la interacción entre las estrategias de talla, la potencialidad de empleo de las distintas morfologías obtenidas y su uso real, inferido a través del análisis funcional. el Sistema lógico analítico nos ha servido para poder describir las características de los picos, ya que se trata de instrumentos multifaciales. Con él se puede abordar el análisis de cada una de esas caras de forma independiente, así como establecer las relaciones espaciales y tecnológicas que existen entre ellas. la descripción del resto de soportes ha resultado más sencilla, ya que se trata en su mayoría de productos de lascado. de esta manera se ha registrado la morfología general de las piezas, su tipometría, la orientación de las extracciones de sus caras dorsales, el tipo de talón y el ángulo que conforma con la cara ventral. en todos los casos se ha documentado la localización y características de las huellas de uso. Figura 6.- remontaje de un pico con una lasca producto de un accidente (fotografía de e.martín).
84 Amelia C. Rodríguez Rodríguez y Mª Isabel Francisco Ortega Estudio de los picos tallados... Complutum, 2012, Vol. 23 (1): 77-97 ubicación es más variable, situado preferentemente en la cara superior (19) y en las zonas adyacentes a los ápices activos (15), siendo anecdótico en los flancos (2) y la base (4). Su morfología responde a unos patrones estandarizados, orientados a obtener dos ápices activos por cada soporte, así como unas plataformas de percusión que permiten realizar de forma cómoda las labores de mantenimiento, y que sirven también en ocasiones como superficies de percusión cuando los picos se emplean como instrumentos intermedios. Esos atributos son los que les confieren la característica figura que recuerda a un triángulo isósceles invertido. están constituidos por cuatro caras de morfología triangular y cada una de ellas comparte una de sus aristas con las tres restantes. la jerarquización de estas distintas facetas se ha realizado en función de la ubicación de los ápices activos. así, en cada pico se describen las cuatro caras por separado, individualizando a su vez los tres lados que tiene cada una y describiendo la naturaleza de las extracciones que pueden apreciarse en ellas. cas de basalto, identificadas en 43 ocasiones (47%). de manera más circunstancial se emplearon bloques (3) y cantos rodados (1) de pequeñas dimensiones. estas preformas se traían a la cantera, pues no se han localizado núcleos entre todo el material. Su morfología es difícil de establecer. en los once casos en que se ha podido identificar su talón, se ubica preferentemente en uno de los ápices (8), mientras que en dos ocasiones está en la base y en una, en un flanco. esto indicaría que en cada caso la preforma es orientada en función de su morfología, aunque llama la atención la reiteración en acondicionar la zona del talón como ápice, lo que puede estar relacionado con la gran robustez que suele tener esta parte de las lascas. los picos son piezas que han experimentado un alto grado de transformación, lo que se traduce en la escasa extensión de sus reservas corticales, cuando existen. en tres ocasiones el córtex ocupa la mitad o más de la cara considerada como superior, mientras que 10 útiles tienen una proporción inferior al 50%. pero lo que domina es la situación de córtex residual, inferior al 25% de la superficie de alguna de sus caras, y que se contabiliza en 39 artefactos. aquí su Figura 7.- Secuencia evolutiva de los picos (tipos 1 al 3). Figura 8.- partes de los picos mencionadas en el texto.
85 Estudio de los picos tallados... Amelia C. Rodríguez Rodríguez y Mª Isabel Francisco Ortega Complutum, 2012, Vol. 23 (1): 77-97 el tipo 2 está integrado por aquellos picos que, aún cuando conservan en activo sus dos ápices, han perdido su simetría debido a que se ha procedido a reconfiguraciones más marcadas en uno de ellos. De esta forma, las caras superior e inferior reflejan mejor la morfología de un triángulo escaleno, pues todos sus lados son asimétricos. la morfología de las caras de los flancos sigue siendo la misma (Fig. 10). por último, el tipo 3 corresponde a aquellos instrumentos que han perdido completamente uno de sus ápices. ello conduce a un cambio más profundo en la concepción del objeto desde nuestro punto de vista, ya que se altera su eje de simetría y la forma de orientar la pieza. en efecto, al tener un único ápice activo, éste pasa a ocupar una posición preeminente que cambia la forma de jerarquización de sus caras. de esta manera, el ápice activo está en la confluencia de tres vértices que corresponden a tres caras con morfologías tendentes al triángulo isósceles. De estas tres caras, la de mayor superficie se considera como faceta inferior, mientras que las otras dos se denominan cara superior izquierda y cara superior derecha. por último, las bases cortas de las caras superiores y la inferior sirven de límites para la cuarta faceta, que se convierte en base del pico por su ubicación opuesta al ápice (Fig. 11). En la tabla 2 se ha reflejado la clasificación de los 92 soportes lo suficientemente completos para ser incluidos en una de esas categorías. en ella se ha introducido la noción de tendencia para las piezas con morfologías en transición entre un tipo y otro. el estudio de la ubicación y del grado de intensidad de las huellas de uso generadas por la acción percutiente de los picos, junto a la observación de los remontajes efectuados, ha permitido sugerir este es importante señalar que la forma original de los picos experimenta cambios a lo largo de su vida activa, como consecuencia de diversas circunstancias ligadas a la acción de los desgastes y los accidentes producidos durante su uso, así como las subsiguientes modificaciones que exigía su reconfiguración para mantener su eficiencia. Ello nos ha llevado a proponer tres tipos que responden teóricamente a tres estados de aprovechamiento de los soportes iníciales (Figs. 7 y 8). El tipo 1 refleja la morfología de un pico que ha experimentado pocas modificaciones desde el momento de su configuración inicial. Está constituido por dos caras, superior e inferior, con forma de triángulo isósceles cuyo lado asimétrico es mayor que los dos simétricos. este lado es el que conecta a esas dos caras entre sí, mientras que sus extremos forman parte de los dos ápices activos del pico. Como cara superior se elige aquélla que presente algo de reserva cortical o, en su defecto, que tenga un perfil más irregular. La cara inferior sería la más plana. así, en las ocasiones en que ha podido identificarse el soporte del pico como lasca, corresponde a su cara ventral. las dos facetas restantes, a las que denominamos flancos, tienen también la forma de un triángulo isósceles, pero en este caso el lado asimétrico es menor que los simétricos. Cada una de ellas conecta sus lados simétricos respectivamente con las caras superior e inferior del pico, mientras que el lado asimétrico las une entre sí, constituyéndose en base del instrumento. La confluencia de cada uno de los ángulos agudos de estos flancos con el extremo correspondiente del lado mayor de las caras superior e inferior del soporte es la que crea los ápices activos del útil (Fig. 9). Figura 9.- picos del tipo 1 y 1(2). Figura 10.- picos del tipo 2.
92 Amelia C. Rodríguez Rodríguez y Mª Isabel Francisco Ortega Estudio de los picos tallados... Complutum, 2012, Vol. 23 (1): 77-97 4. Inferencias sobre el modo de empleo de los picos Si la combinación de los análisis morfotécnicos, los remontajes y las huellas de desgaste ha posibilitado reconstruir las secuencias de fabricación de estos instrumentos, así como las estrategias de su reconfiguración, la adición de los datos documentados en las propias canteras permite emitir hipótesis sobre el modo en que se usaron. el primer aspecto a considerar es si los útiles se enmangaban o no. está claro que unas piezas de tal envergadura serían así mucho más efectivas. ese mango debería dejar al descubierto los dos ápices de los picos, por lo que tendría que disponerse sobre su eje central. además tendría que ser fácilmente desmontable, para poder reparar los picos con frecuencia. por ello, el tipo más plausible debería ser el pinzante, utilizando ligaduras de cuero o vegetales para fijar la piedra a la madera. De hecho, la única descripción etnohistórica que conocemos de enmangue de hachas de piedra para Gran Canaria, procedente de la obra del ingeniero cremonés leonardo torriani, parece sugerir ese tipo de solución: a las casas ponían pequeñas puertas de tablas de palma, labradas con hachas de piedras duras afiladas, apretadas entre dos pedazos de madera bien unidos y atados juntos. así como las hachas de diamante que se hacen para labrar las durísimas piedras de jaspe de la custodia que está en el sagrario del famoso y excelente templo de San lorenzo del escorial, voto de la Sacra Cesárea majestad del rey Felipe, segundo de este nombre, y obra del excelente matemático Juan de Herrera (torriani 1959 [1591]: 99-100) Sin embargo no se observa en ellos una adecuación para que encaje el mango, ni tampoco un cuidado especial para que su grosor sea constante7. Ya se ha comentado que la media de su espesor es 73 mm y la mediana 74, pero con unos valores máximos y mínimos bastante amplios (96 y 50 mm respectivamente), y una desviación típica de ±9,89 mm. por otra parte es difícil determinar si en las superficies de los picos hay huellas de uso que puedan vincularse al enmangue, ya que a los conocidos problemas que tiene su identificación (Stordeur 1987, Rots 2003) hay que añadir las dificultades de observación al microscopio que tienen las rocas volcánicas de grano grueso (rodríguez 1993b, 1998a, 2009b). por todo ello, pensamos que en la mayoría de los casos no se proveyó de mangos a los picos. No obstante existe un repertorio de estigmas muy desarrollados, observables de visu y a la lupa binocular que pueden proporcionar información sobre la forma en que se manipulaban (Fig. 16). por una parte hay áreas amplias con desgastes similares a los que aparecen en los ápices. esto es, zonas Sin embargo, en este apartado se va a tratar un tipo de accidente específico de los picos, que ha creado un soporte de forma particular. Ya se ha hecho alusión a la circunstancia de que en ciertas ocasiones, los ápices de los picos se truncan mientras están golpeando la toba. ese accidente genera una cicatriz en la zona activa que obliga a una total reconfiguración de esa región del pico, que ya ha sido descrita, o bien al abandono de la pieza (Fig. 14). el fragmento del ápice que se desprende tiene la forma de una pequeña pirámide, si sus aristas están poco desgastadas, o incluso un cono, si está completamente redondeado. en ocasiones pueden presentar una lengüeta, que prolonga el negativo de la fractura. Tabla 7.- morfología de los accidentes piramidales. estas piezas no se han conservado de forma abundante, pero son muy significativas. Se trata de soportes robustos, cuyas medidas y peso pueden consultarse en la tabla 7. también prácticamente todas tienen aristas y superficies redondeadas (93%), indicando que su rotura se produjo cuando ya llevaban un tiempo en servicio (Fig. 15). de ellas hay un aspecto que llama la atención: mientras que la forma de terminación más común entre los ápices que se han conservado en los picos es el bisel diedro, la que más abunda entre los accidentes es el triedro. a este aspecto nos referiremos al tratar la forma de uso de estos instrumentos. tipo de bisel lengüeta tipometría (m) tipometria mediana peso peso (m) triedro N = 29 7 33 x 30 x 23 31 x 27 x 21 1071 gr 37 gr diedro N = 3 - 39 x 57 x 20 45 x 44 x 20 148 gr 49 gr Figura 15.- detalle de accidentes piramidales con desgaste muy desarrollado (fotografía de J. morales).
93 Estudio de los picos tallados... Amelia C. Rodríguez Rodríguez y Mª Isabel Francisco Ortega Complutum, 2012, Vol. 23 (1): 77-97 de los 92 picos más completos, 56 presentan desgastes muy desarrollados en otras regiones distintas a los ápices. ofrecer una contabilidad de las caras y vértices con desgaste es complicado, ya que en la mayoría de los casos cada instrumento presenta varias combinaciones. en todos los picos la cara que con más frecuencia tiene desgaste es la inferior, y de hecho hay 14 que sólo lo tienen en esa faceta. las caras que les siguen en frecuencia son la superior y en menor medida la zona de la base, en los de tipo 1 y 2. en los instrumentos de tipo 3 sólo se ha documentado uno con desgaste en la cara superior izquierda. mucho más común es la presencia de desgaste con acusado redondeamiento en las crestas que unen varias de las facetas. las más afectadas son las que unen las caras superior e inferior de los picos del tipo 1 y 2 (13). les siguen a corta distancia las que unen las caras superiores con los flancos (10) y las caras inferiores con los flancos (9). En los picos de tipo 3 dominan los desgastes situados en las crestas que unen las dos caras superiores, o las que conectan a éstas con la inferior (18 en total), aunque en 12 ocasiones presentan redondeamiento en las crestas que las unen a la base. por lo que respecta a los útiles con zonas con piqueteados y machacaduras, todavía es más alta la proporción de piezas, ya que hay 67 (73% del toque presentan las aristas redondeadas, en las que se documenta un estriado muy compacto, con orientaciones variables, que ha arrancado numerosos fenocristales de la matriz amorfa del basalto y confiere al conjunto un aspecto mate. este tipo de desgaste también afecta a muchas de las crestas que sirven de intersección entre las caras. ahí las estrías suelen presentarse perpendiculares a los filos y tienen un desarrollo longitudinal muy acusado. Se trata de un patrón que indica el uso de las superficies y biseles en movimientos de fricción, con contacto repetido y continuo sobre la toba. otro tipo de estigmas que se observa a nivel macroscópico son lo que hemos denominado piqueteados y machacaduras. Consisten en cúpulas de delineación irregular y profundidad variable, así como craqueladuras, que pueden partir de ellas o presentarse formando retículas sobre la superficie. Estas huellas se localizan también en áreas amplias de las facetas o se restringen a las crestas. en este caso, los estigmas indican acciones de percusión directa con contacto discontinuo con una materia dura, que puede ser la toba pero también un percutor de basalto o incluso una maza de piedra8 o de madera muy dura. por ello pueden ser el resultado de emplearlas para percutir directamente sobre la toba o de recibir los golpes cuando los picos se emplean como instrumentos intermedios. Figura 16.- a. melladura de tipo step causada por impacto. b. redondeamiento del ápice. C. desgaste de las aristas y hoyuelos. d. estrías perpendiculares a la arista. e. abrasión y microcráteres. F. estrías y espacios de los que se han arrancado fenocristales por fricción. (fotografías de a. rodríguez).
94 Amelia C. Rodríguez Rodríguez y Mª Isabel Francisco Ortega Estudio de los picos tallados... Complutum, 2012, Vol. 23 (1): 77-97 incidencia de estas huellas. otro trabajo necesario consistía en regularizar las paredes deformadas por las extracciones para volver a reutilizarlas. aquí también se debió usar la percusión directa, con ángulos de incidencia variable, pero es asimismo factible el uso de la indirecta. una vez extraída la preforma hay que someterla a un proceso de reducción y regularización de su volumen y de su superficie. Para ello se puede usar el machacado ligero, que ayuda a pulverizar las irregularidades y aristas, combinado con la fricción que provoca la abrasión de la toba. para el machacado, los picos podían usarse en percusión directa, empleando como partes activas no sólo los ápices, sino también otras aristas más o menos robustas que presentan piqueteados. para la abrasión podían emplearse las aristas y superficies más amplias de los instrumentos, que actuarían a la manera de limas. ello explicaría los desgastes y machacaduras combinados. por último, la labor de perforar la muela y de efectuar el tratamiento final de su superficie, creando en algunos casos los típicos hoyuelos (Serra y diego 1950) y, por qué no, incluso motivos decorativos9, exigía un mayor control de la forma de efectuar la percusión. en este caso es muy probable que se recurriera a una estrategia de percusión indirecta, usando el pico como elemento intermedio, ya que permite mayor precisión y delicadeza. a este respecto, y teniendo en cuenta que existe un número significativamente más bajo de accidentes piramidales con bisel diedro que con bisel triedro, quizá los ápices con esa morfología podían usarse para las tareas más complejas y delicadas, mientras que los triedros se destinarían preferentemente a la percusión directa. de este modo, las partes activas con biseles diedros sufrirían menos accidentes que las triedras. tal). en este caso, las facetas que presentan zonas amplias con estos estigmas son distintas a las de los desgastes. en los picos de tipo 1 y 2 dominan las de los flancos (15) y sobre todo la zona de la base (17), mientras que en las caras superior e inferior son anecdóticas (una en cada caso). en los picos del tipo 3 se presentan a partes iguales entre la base y alguna de las dos caras superiores (6 en cada caso). por lo que respecta a las crestas, en los picos de los tipos 1 y 2 estos estigmas se localizan preferentemente en las que vinculan las caras de los flancos con la faceta superior o inferior del artefacto (19), y en un único caso se localizan en la que une la cara superior con la inferior. en los picos del tipo 3 los piqueteados se ubican en las crestas que unen las tres caras mayores entre sí (23), mientras que las que las conectan con la base sólo los presentan en 5 ocasiones. esta diversidad de huellas y las características de su ubicación tienen que ponerse en relación con los diversos procesos de trabajo que se realizan en las canteras. el más obvio es la extracción de las preformas de molino, que se realizaba delimitando su circunferencia mediante un surco de anchura y profundidad variables, de manera que cuando ya estuvieran muy resaltadas se pudiera hacer palanca o golpearlas para extirparlas de la pared de toba (rodríguez et al. 2006). en las zonas mejor conservadas de estos centros de producción se puede observar que los surcos presentan una sucesión de improntas cortas y regulares. ese trabajo se debía hacer percutiendo directamente sobre la toba con los ápices activos y de él se deriva su acusado desgaste, que en ocasiones borra las aristas. también se documenta a veces un espacio más profundo y de superficie variable, adyacente al negativo circular, que debía servir para manipular mejor la palanca o el percutor con el que se arrancaba cada pieza. en esa zona en negativo también se han conservado los rastros de los surcos creados por los picos, formando haces de longitud variable (Fig. 17). aquí los picos podían trabajar también mediante percusión directa, pero la morfología y delineación de los surcos indica que no se golpeaba con un ángulo tan abierto como en el caso anterior, sino más próximo a la toba. por ello, no hay que descartar que también se trabajase usando los instrumentos como elementos intermedios, a la manera de escoplos. ello generaría piqueteados y machacaduras en las zonas percutidas del pico y desgastes que afectarían no sólo a los ápices sino a otras áreas que rozaran accidentalmente con la toba. en este caso, se usaría la base o uno de los flancos como superficie que recibiría los golpes del percutor, ya que son las que presentan mayor Figura 17.- detalle de los surcos creados por los picos en las improntas de molino (fotografía de a. rodríguez).
95 Estudio de los picos tallados... Amelia C. Rodríguez Rodríguez y Mª Isabel Francisco Ortega Complutum, 2012, Vol. 23 (1): 77-97 tar toda una serie de remodelaciones destinadas a mantener su efectividad durante largo tiempo. ello propició la combinación de estrategias de talla que teóricamente tienen objetivos diferentes: la configuración de formas bien tipificadas y estandarizas por un lado, y por otro, unos procesos de reducción controlados, mediante la producción reiterada de soportes manteniendo unas condiciones constantes de convexidad en las superficies y aristas, y de ángulos de percusión adecuados. destaca además el gran índice de desgaste y de accidentes que presentan, lo que constituye una prueba de la fuerte inversión de fuerza de trabajo que se exigía en sus contextos de uso. los estudios traceológicos vinculan todas esas acciones con la modificación en diferentes formas de una roca en especial: la toba volcánica, aunque sería necesario realizar el análisis funcional de algún instrumento localizado en otro contexto para verificar una especialización tan unívoca como la que se identifica en el ámbito de la explotación de los recursos líticos. las canteras de molino funcionaron como auténticos centros de producción, orientados a generar un número importante de muelas de molino mediante un modelo de explotación caracterizado por la eficiencia y calidad de los procesos de fabricación. la perfección en la elaboración de los instrumentos de trabajo y las evidencias de la intensidad de su utilización contribuyen a perfilar la figura de trabajadores especializados que se insertan en unas relaciones sociales de producción complejas, que estamos intentando caracterizar a partir de nuestro proyecto de investigación. 5. Conclusiones el estudio de los materiales recuperados en la cantera de molinos de montaña Quemada ha servido para reconocer los diversos procesos de trabajo que se realizaban en un centro de producción de esta naturaleza, y también para poder caracterizar de forma exhaustiva a los instrumentos empleados en ellos. la combinación de los remontajes, y de los análisis morfotécnico y funcional, ha permitido distinguir las secuencias de fabricación y de reconfiguración de los picos, así como definir toda una serie de subproductos generados por esa cadena operativa, que son exclusivos de su fabricación. el establecimiento y descripción de estas categorías de soporte servirá para poder identificarlos en otros contextos polifuncionales, como los que se documentan en los poblados, discriminándolos de los que se generaron mediante la puesta en obra de otras estrategias de talla, orientadas a la elaboración de otro tipo de instrumentos de trabajo. de hecho, constituyen un conjunto muy diferente del que se ha documentado en otros yacimientos de la isla vinculados a contextos domésticos. es curioso observar que incluso en aquellos lugares donde hay evidencias de trabajo intensivo de la toba, como pueden ser las cuevas artificiales usadas como vivienda o almacén, la presencia de picos es realmente anecdótica, al menos en los que hemos estudiado por el momento. los picos constituyen un ejemplo de útil lítico tallado muy sofisticado, configurado para servir como instrumento con dos zonas activas, pero preparado desde el comienzo para poder experimenNotAs 1. este artículo es resultado de los proyectos de investigación Hum2006-09189 (la explotación de los recursos abióticos en la isla de Gran Canaria en época preeuropea y colonial), y Har2010-19328 (las relaciones sociales de producción en la isla de Gran Canaria en época preeuropea y colonial. análisis de los procesos de trabajo), financiados respectivamente por el Ministerio de Educación y Ciencia, y el Ministerio de Ciencia e Innovación, además de por fondos Feder. 2. determinada por C.G. rodríguez como Vertebra praecaudalis-6 de Pomadasys incisus, perteneciente a la familia de los Haemulidae. esta especie se llama en Canarias roncador, ronco o tonelero. 3. Beta-207216, 20 ± 40 BP / 120 ± 40 BP; a 2σ Cal AD 1670 a 1950 (Cal BP 280 a 0) 4. Estudio petrográfico realizado por José Mangas (Dep. de Física, ULPGC). 5. en este estudio se ha considerado como resto de talla a todas aquellas lascas de dimensiones inferiores a 3 cm en cuyas caras dorsales no se observe una ordenación de las aristas que permita integrarlas en otra categoría de las propuestas. En realidad, todos los productos de lascado producidos durante la fabricación o reconfiguración de los picos sean del tamaño que sean, deberían considerarse restos de talla. 6. los índices de alargamiento y carenado se han obtenido tomando en cuenta el total de soportes completos y no de las medidas medias. 7. Sin embargo, los picos pulimentados sí que suelen tener una zona deprimida cercana a la base que parece una adecuación para enmangue.
96 Amelia C. Rodríguez Rodríguez y Mª Isabel Francisco Ortega Estudio de los picos tallados... Complutum, 2012, Vol. 23 (1): 77-97 8. en las minas de obsidiana de la montaña de Hogarzales recuperamos mazas de basanita que sirvieron como percutores para golpear los picos, que a su vez funcionaban como elementos intermedios para trabajar la toba a la manera de escoplos (rodríguez et al. 2005). Sin embargo no hemos localizado ninguna en las canteras de molinos de mano que hemos prospectado, ni en la excavación de la de montaña Quemada. las mazas tienen una morfología cilíndrica, mientras que los percutores de la cantera son esféricos o ligeramente ovoides y su tamaño es un poco más reducido. 9. en el museo Canario se custodia una pieza superior de molino de mano circular de toba, que presenta una decoración consistente en surcos que parten de forma radial desde la tolva perforada, creando un motivo esteliforme. refereNciAs biblioGráficAs Boëda, e. (2001): détermination des unités techno-fonctionnelles de pièces bifaciales provenant de la couche achéuléenne C’3 base du site de barbas 1. Les industries à outils bifaciaux du Paleolithique Moyen d’Europe occidental (Cliquet, d., ed.) actes de la table ronde International de Caen. eraul 98: 51-75. carBonell, e.; GuilBaud, M.; Mora, r. (1983): utilización de la lógica analítica para el estudio de tecnocomplejos a cantos tallados. Cahier Noir, 1: 3-64 carBonell, e.; GuilBaud, M.; Mora, r. (1984): Amplification du système analytique avec la classification des techno-complexes à galets taillés. B.S.P.F., 81/7: 203-206 carBonell, e.; Mosquera, M.; ollé, a.; rodríGuez, X.P.; sala, r. (1992): New elements of logical analytic system. First International Meeting on Technical Systems to Configure Lithics Objects of Scarce Evolution. Cahier Noir, 6, l.a.u.t. tarragona. delGado darias, t. (2009): La historia en los dientes. Una aproximación a la prehistoria de Gran Canaria desde la antropología dental. ediciones Cabildo de Gran Canaria. Galván santos, B. (1998): Industria lítica: tallada y pulimentada. materiales de molturación. Patrimonio Histórico de Canarias. Gran Canaria (del toro García, a. ed.), Gobierno de Canarias. Galván santos, B.; rodríGuez, a.c.; Francisco, i. (1987): propuesta metodológica para el estudio de las industrias líticas talladas de Canarias. Tabona, 6: 9-89. González quintero, P. Y Moreno Benítez, M. (eds.) (2009): El yacimiento arqueológico de la Cerera (Arucas). Un modelo de ocupación en la isla de Gran Canaria. Cuadernos de patrimonio Histórico XI, Cabildo de Gran Canaria. hansen, a. (1987): Los volcanes recientes de Gran Canaria. rueda, Cabildo Insular de Gran Canaria. I.G.t.e. (1990): Mapa Geológico de España. Escala 1:25.000. Las Palmas de Gran Canaria. madrid. inizan, M.l.; reduron, M.; roche, h.; tiXier, j. (1995): Technologie de la pierre taillée. tome 4. CNrS, parís. laPlace, G. (1972): la typologie analytique et structurale: base rationnelle d’étude des industries lithiques et osseuses. Banques de données archéologiques, C.N.r.S. nº 932: 91-143. ManGas viñuelas, j.; rodríGuez rodríGuez, a,c.; Martín rodríGuez, e.; Francisco orteGa, i. (2008): Canteras aborígenes de molinos de mano en la isla de Gran Canaria (españa): caracterización petrológica de tobas de lapilli. Geo-Temas, 10: 1301-1304 Martín rodríGuez, e. (2000): dataciones absolutas para los yacimientos de risco Chimirique (tejeda) y playa de aguadulce (telde). Vegueta, 5: 29-46. Martín rodríGuez, e.; rodríGuez rodríGuez, a.; velasco vázquez, j.; alBerto Barroso, v. Y Morales Mateos, j. (2001): montaña de Hogarzales: un centro de producción de obsidiana, un lugar para la reproducción social. Tabona, 10: 127-166. Morales Mateos, j. (2010): El uso de las plantas en la Prehistoria de Gran Canaria: alimentación, agricultura y ecología. monografías Cueva pintada 1, Cabildo de Gran Canaria. PeleGrin, j. (2000): les techniques de débitage laminaire au tardiglaciare: critéres de diagnose et quelques réflexions. Europe Central et Septentrional au Tardiglaciare, mémoires du musée de prehistoire del’Ile de France, 73-86. PeleGrin j.; karlin c.; P. Bodu (1988): «Chaînes opératoires»: un outil pour le préhistorien. Technologie préhistorique (J. tixier, ed.), Notes et monographies techniques du Cra, 25, paris, 55-62. rodríGuez rodríGuez, a.c. (1993a): La industria lítica de la Isla de La Palma. “Cuevas de San Juan”: un modelo de referencia. Tesis doctoral defendida en 1990, publicada en microfichas por la Universidad de La Laguna.
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