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La valoración estilística como componente fundamental de la competencia textual: reflexión metodológica acerca de la enseñanza de la lengua materna a los traductores

Piñero Piñero, Gracia

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ESCI

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La Valoración Estilística Como Componente Fundamental de La Competencia Textual: Reflexión Metodológica Acerca de La Enseñanza de La Lengua Materna a Los Traductores Gracia Pinero Pinero Universidad de Las Palmas de Gran Canaria Partiendo del criterio de que la lengua materna destinada a la formación de futuros traductores difiere de la que pueda proporcionarse a cualquier otro tipo de estudiante, creemos que su enseñanza lia de estar sustentada por un marco teórico interdisciplinar, capaz de dar cuenta de toda la complejidad del fenómeno textual; en consecuencia, lia de contemplar no sólo las disciplinas propiamente lingüísticas -fonética y fonología, morfosintaxis, y lexicología y semánticasino también aquellas otras ciencias que, como la estilística y la pragmática, se ocupan fundamentalmente de la dimensión comunicativa del lenguaje, es decir, de las relaciones entre el código y la situación, entre éste y sus usuarios. Teniendo en cuenta este marco teórico, pretendemos ponderar aquí la importancia que la valoración y el comentario estilístico de las unidades del sistema alcanzan en un programa de lengua materna orientado a la traducción. 1. Introducción: Fundamentos metodológicos de la enseñanza de la lengua materna a los futuros traductores No es preciso insistir en la idea de que la lengua materna destinada a la formación de futuros traductores ha de contar con una serie de especificidades que vienen dadas, en definitiva, por la finalidad que se persigue con el curriculum de la Licenciatura en Traducción e Interpretación. Se pretende formar a profesionales de la traducción, actividad que consiste en recrear en la lengua meta un texto que produzca el mismo efecto comunicativo que su correspondiente original. En consecuencia, un programa de esta naturaleza debe tratar de conseguir que sus destinatarios -para quienes la lengua materna constituye su principal herramienta de trabajoadquieran la capacidad de producir textos que respondan a las más diversas tipologías, tan diversas como las que les planteará el ejercicio de su actividad profesional. Tal idea de que la lengua materna orientada a estos mediadores entre lenguas difiere de la que pueda proporcionarse a cualquier otro tipo de estudiante, en el sentido de que dispone de un objetivo eminentemente instrumental que la distingue de aquella que pueda impartirse en las Facultades de Filología o en los Centros Superiores de Formación del Profesorado, nos obliga a reflexionar acerca de los fundamentos metodológicos que permiten establecer los cimientos sobre los que se asienta nuestra enseñanza. En este sentido, el marco teórico que nos sirve de referencia se caracteriza sustancialmente por su interdisciplinariedad, pues Revista de Lenguas para Fines Específicos N4 (1997) 143 Gracia Pinero Pinero son diversas las doctrinas lingüísticas que, desde distintas perspectivas, contribuyen a dibujar sus perfiles. En otras ocasiones (G. Pinero, M.J. García y V. Marrero, 1993; G. Pinero y M.J. García, 1997, y M.J. García y G. Pinero, 1997), hemos defendido el principio de que el estudio de los diversos planos de la lengua -fónico, morfosintáctico y léxico-semánticono puede abordarse exclusivamente desde aquellas disciplinas que más directamente les corresponden -fonética y fonología, morfosintaxis, y lexicología y semántica, respectivamente-, sino que una visión completa de cada uno de ellos requiere hacer uso de otras ramas de la lingüística que, sin desatender la naturaleza sígnica del lenguaje, ponen especial relieve en su dimensión comunicativa. Según estas disciplinas, el texto es concebido como una realidad que no puede entenderse en virtud de parámetros exclusivamente lingüísticos pues constituye, de manera fundamental, un producto de la actividad comunicativa, en el que intervienen múltiples aspectos derivados de las relaciones que contrae el discurso con sus usuarios, de una parte, y con la situación, de otra. De este modo, y considerando la relación de interdependencia que existe entre el factor lingüístico y el factor contextual que todo texto supone, la descripción y análisis de las unidades de la lengua no sólo ha de abordarse en su dimensión paradigmática, esto es, desde el punto de vista del sistema o estructura de la que forman parte, sino también en su dimensión sintagmática, pues no podemos olvidar que, aunque los valores sistemáticos de las unidades lingüísticas van a determinar sus posibilidades de realización en el discurso, los diferentes usos de que puede ser suceptible un elemento no dependen sólo de sus valores paradigmáticos sino también de otros factores contextúales y co-textuales. A este respecto, los estudios más recientes contienen reiteradas denuncias a propósito de la incapacidad de las ciencias propiamente lingüísticas para dar debida cuenta del fenómeno textual (E. Bernárdez, 1982; L. Hickey, 1987; T. Van Dijk, 1988; G. Reyes, 1990a; J.M. Paz Gago, 1993). La insuficiencia de estas ciencias hace necesario, por tanto, ampliar, enriquecer y completar nuestro marco teórico, de manera que junto a las disciplinas que se ocupan de los aspectos exclusivamente fónicos, morfosintácticos y léxico144 Revista de Lenguas para Fines Específicos N4 (1997) La Valoración Estilística Como Componente Fundamental de La Competencia Textual... semánticos, figuren también aquellas otras que permitan cubrir esa otra dimensión del discurso. En este sentido, la pragmática, la lingüística del texto y la estilística, que se ocupan, aunque con propósitos a veces comunes y a veces divergentes, de métodos de trabajo destinados a comprender los actos de habla desde la perspectiva comunicativa, son disciplinas que contribuyen de manera decisiva al estudio del texto mediante la incorporación de todos esos factores que configuran su dimensión extralingüística y, por consiguiente, se han convertido en herramientas indispensables que complementan los estudios lingüísticos y nos proporcionan una visión más completa del fenómeno textual. La heterogeneidad que caracteriza un marco teórico como el que proponemos aconseja buscar una fórmula capaz de integrar estas perspectivas de análisis tan dispares en una estructura coherente. Es evidente que cada una de ellas no puede recibir un tratamiento autónomo no sólo porque todas ellas se ordenan al logro de un mismo objetivo, como es el de extraer el valor tanto lingüístico como comunicativo de las unidades pertenecientes a cualquiera de los planos citados, sino también porque todas ellas dibujan un tejido de relaciones tan abigarrado que resulta patente la dificultad de establecer, con absoluta precisión, los límites entre las disciplinas que se ocupan fundamentalmente de los aspectos lingüísticos del texto y las que se centran preferentemente en la dimensión comunicativa. Una muestra de tales dificultades la constituye el hecho, tantas veces reiterado (véase, entre otros, E. Bernárdez, 1982: 24-25), de que, en los estudios tradicionales de lingüística, es posible rastrear postulados que, posteriormente, serán retomados, ampliados y modificados por esas otras disciplinas de desarrollo más reciente como la pragmática, la estilística o la lingüística del texto, pues se trata de valoraciones derivadas de la incorporación de tales unidades sistemáticas a discursos concretos, esto es, valoraciones relacionadas con aspectos de la situación comunicativa y, por consiguiente, con el tipo de texto en el que se insertan. Así lo entiende M. Bajtín (1992: 255) cuando, a propósito del plano morfosintáctico, dice: «En muchos casos, la frontera entre la gramática y la estilística casi se borra (...). Se puede decir que la gramática y la estilística Revista de Lenguas para Fines Específicos N*' 4 (1997) 145 Gracia Pinero Pinero convergen y se bifurcan dentro de cualquier fenómeno lingüístico concreto: si se analiza tan sólo dentro del sistema de la lengua, se trata de un fenómeno gramatical, pero si se analiza dentro de la totalidad de un enunciado individual o de un género discursivo, es un fenómeno de estilo. La misma selección de una forma gramatical determinada por el hablante es un acto de estilística. Pero estos dos puntos de vista sobre un mismo fenómeno concreto de la lengua no deben ser mutuamente impenetrables y no han de sustituir uno al otro de una manera mecánica, sino que deben combinarse orgánicamente (a pesar de una escisión metodológica muy clara entre ambos) sobre la base de la unidad real del fenómeno lingüístico.» Creemos que esta afirmación, que pone de manifiesto la escasa nitidez de los límites que separan la estilística y la gramática, es también aplicable a las unidades de los restantes planos. Teniendo en cuenta este marco teórico interdisciplinar, y sin perder de vista la imbricación y el solapamiento característicos de los diversos aspectos que lo conforman, pretendemos ponderar aquí la importancia que la valoración y el comentario estilístico de las unidades lingüísticas alcanzan en un programa de lengua materna orientado a la traducción y, al mismo tiempo, poner de manifiesto que el tratamiento estilístico de estas unidades nos lleva, con frecuencia, a realizar incursiones que, más allá de la propia estilística, nos adentran en la pragmática y en la lingüística del texto, es decir, tres disciplinas que, como ya hemos señalado, se ocupan de la naturaleza extralingüística del texto y de sus relaciones con el contexto. Como señala J.M. Paz Gago (1993:25), «parece necesario tener en cuenta al emisor y al receptor del texto dotado de estilo e investigar los procesos de producción y recepción, en los que están implicados factores psicológicos, sociológicos, estéticos, cognitivos... por lo que la interdisciplinariedad es una exigencia implícita en toda aproximación a esta problemática noción». 2. La estilística y la pragmática En relación con la pragmática, la consideración de que preocupan a esta ciencia «todos los procesos lingüísticos relacionados con el uso de la lengua y con la relación entre el lenguaje y sus hablantes» (G. Reyes: 1990a :15), nos permite concluir, como efectivamente han manifestado numerosos 146 Revista de Lenguas para Fines Específicos N4 (1997) La Valoración Estilística Como Componente Fundamental de La Competencia Textual... autores, la dificultad de establecer fronteras precisas entre dos disciplinas, la estilística y la pragmática, que por la propia definición de sus respectivos objetos de estudio parecen compartir ciertos intereses. Tal es la intensidad con que se solapan que no sólo surgen propuestas en favor de su unificación e integración en una sola disciplina, como es el caso de la fórmula aglutinante propuesta por L. Hickey (1987:78), la pragmaestilística, considerada capaz de investigar «todas las condiciones -lingüísticas y extralingüísticas, situacionales o contextúalesque hacen que algunas reglas y posibilidades de la lengua abstracta se combinen con ciertos factores reales y concretos para producir un texto con la potencialidad de efectuar ciertos cambios internos en su receptor», sino que también los hay quienes, como J.M. Paz Gago (1993:126), abogan por la desintegración de la estilística, que, de este modo, quedaría absorbida por la pragmática: «hace años que hemos entrado en el paradigma pragmático y el ámbito que correspondía a la Estilística tradicional o estructural está integrado y debe ser definitivamente sustituido por la Pragmática del texto literario, a su vez incluido dentro del ámbito epistemológico más general de la Semiótica Textual»'. Esta imposibilidad de discriminar con absoluta nitidez los lindes entre ambas ciencias es, precisamente, la causa determinante de que, en nuestros días, la estilística, tras una fase de desprestigio, comience a renacer de sus cenizas, «porque el estudio de las formas o configuraciones lingüísticas en sí se ha completado con investigaciones sobre quién las produce y sobre cómo se las recibe. La pragmática o la semiolingüística, convencida de que lo dicho denuncia el decir, según la fórmula de O. Ducrot, sigue investigando con éxito el funcionamiento de los actos de lenguaje» (E. Dehennin, 1994:75). 3. La estilística y la lingüística del texto De igual modo que sucede con la pragmática, la descripción estilística de las unidades del sistema nos obliga también a aproximamos a zonas fronterizas con la lingüística del texto, otra de las ciencias que, según hemos afirmado. Como se desprende de esta cita, J.M. Paz Gago concibe la estilística como ciencia aplicable exclusivamente al texto literario, criterio este que, como expondremos en las páginas siguientes, no coincide con nuestros planteamientos. Revista de Lenguas para Fines Específicos N° 4 (1997) 147 Gracia Pinero Pinero configuran nuestro marco referencial y que se ocupa también de las relaciones entre texto y contexto. En este sentido, L. Hickey (1987) reivindica para la estilística el apoyo del enfoque y método de la lingüística del texto, disciplina que, como señala T. van Dijk (1988:241), se halla a su vez estrechamente vinculada a la pragmática, cuya idea básica es que «el uso de la lengua no es sólo un acto específico, sino una parte integral de la interacción social». Entre los traductólogos existe el convencimiento de que el texto traducido debe corresponderse, en sus diversos planos, con el texto original y se refieren a esta correspondencia con la denominación de equivalencia, término que, en teoría de la traducción, posee, prácticamente, el mismo significado que en el lenguaje común, según lo define la Real Academia Española: «igualdad en el valor, estimación, potencia o eficacia de dos o más cosas». Esta igualdad ha de manifestarse en los diversos planos del texto traducido y, en consecuencia, si consideramos que el estilo es parte integrante de la significación y mensaje total, no puede prescindirse, en toda traducción que pretenda ser fiel al original, de la denominada equivalencia estilística. El texto original determina el registro en el que ha de situarse el traductor, quien, con una «abnegada renuncia a su propio estilo» (V. García Yebra, 1983:252), debe mantener la tonalidad característica del original. La trascendencia de esta fidelidad al estilo queda recogida en la definición de lo que debe ser la actividad traductora aportada por Ch. R. Taber y E. A. Nida (1971:11) y comúnmente aceptada: «la traducción consiste en reproducir en la lengua receptora, por medio del equivalente más próximo y natural, no sólo el sentido de la lengua original sino también lo que atañe al estilo»^ Por otra parte, si consideramos que, como es sabido, la traducción es un proceso de trasvase lingüístico que tiene lugar, en términos saussureanos, no de langue a langue sino de parole a parole (R Elena, 1990:13), dado que el texto original, a partir del cual se inicia este proceso, es precisamente un acto de habla, como también lo es el texto traducido, y si tenemos en cuenta igualmente que el concepto de estilo en toda su plenitud sólo se da en esta unidad lingüística, puesto que en unidades menores como la oración ' La traducción es nuestra. 148 Revista de Lenguas para Fines Específicos N° 4 (1997) La Valoración Estilística Como Componente Fundamental de La Competencia Textual... Únicamente se manifiestan las marcas de estilo (J. Garrido, 1994:22), comprenderemos la trascendencia de la valoración estilística para la competencia de un traductor. 4. La estilística Llegados e este punto de nuestra reflexión y dada la enorme heterogeneidad de los estudios englobados bajo la denominación de estilística, creemos necesario aclarar y precisar dos aspectos fundamentales relacionados con este concepto. En primer lugar, entendemos la estilística, no como referida exclusivamente al hecho literario o estético; por el contrario, pretendemos que sea una estilística de la expresión, aplicable, por tanto, a cualquier tipo de texto, entre los que se incluye, naturalmente, el literario. En segundo lugar, frente a otros tipos de variedades lingüísticas como la diacrónica, diatópica o diastrática, que no son escogidas por el hablante sino que éste, por el hecho de pertenecer a una determinada comunidad de habla, dispone de una variedad dialectal y social concreta, diferente de la de otras comunidades, la variación estilística se distingue por su opcionalidad (Hockett, 1971:556; Enkvist, 1974:37; Labov, 1980:271; J. Garrido, 1994:1115). Como señala J. Garrido (1994:13); las opciones estilísticas «existen cuando se mantienen constantes las demás variables (ceteris paribus), de lugar, tiempo y posición social. Es decir, las opciones existen para los hablantes de una misma comunidad». Esta naturaleza de la variación de estilo impone al usuario la necesidad de elegir una de entre todas aquellas opciones de expresión que disponen de un mismo valor de verdad y que, por ello, constituyen manifestaciones lingüísticas de un mismo contenido referencial, que, sin embargo, discrepan en cuanto a su valor expresivo. La elección de una determinada alternativa no ' El estudio de la tipología textual se aborda, en Lingüística del texto, a partir del concepto de superestructura, creado por T. Van Dijk (1983) y con el que se designa el esquema general que caracteriza un determinado tipo de texto, con independencia de su contenido, y que refleja determinadas funciones cognitivas, pragmáticas o sociales en la comunicación textual. Aunque, como advierte T. Van Dijk, no existe una teoría general de las superestructuras, algunas de ellas, en particular la narración, la conversación y la argumentación, han recibido mayor atención de parte de los etudiosos. Revista de Lenguas para Fines Específicos N° 4 (1997) 149 Gracia Pinero Pinero sólo se realiza como consecuencia de la voluntad creadora del hablante sino también, y muy especialmente, en virtud de su eficacia comunicativa (D. Sperber y D. Wilson, 1994). Tal opcionalidad, intrínseca a la variación estilística, resulta especialmente interesante a la luz de la actividad traductora: hemos de tener presente, en este sentido, que la lengua empleada en el texto meta no suele responder a un código neutro sino que, por el contrario, refleja no sólo otros valores que dependen de las intenciones del autor y de las circunstancias en que se lleva a cabo el acto de comunicación, sino también, y de manera especial, el espíritu de la lengua a la que se traduce. Cada lengua se caracteriza por un modo de proceder privativo que le es propio y que constituye lo que se conoce como el genio de la lengua, al que el traductor ha de prestar suma atención para que el producto de su traducción no resulte extraño; de no ser así, «el lector no contaminado por la influencia de otras lenguas no deja de sentir de inmediato que se halla frente a un cuerpo sin alma» (G. Vázquez Ayora, 1977:86). Se aspira a conseguir, consecuentemente, que el nuevo texto produzca en sus lectores el efecto más aproximado al que se supone que el texto original produce en los lectores nativos. Entendemos, por tanto, que, en nuestro caso, ha de tratarse de una estilística que se desenvuelve en el terreno de las opciones y de los procedimientos facultativos pues la pluralidad de medios de expresión -cada uno de los cuales está asociado a un determinado efecto expresivoimpone al traductor la obligación de escoger el más ajustado al tipo de texto con el que trabaja y al espíritu de la lengua de llegada, para lo cual, debe estar sensibilizado y adiestrado en la apreciación de tales diferencias estilísticas. G. Vázquez Ayora (1977:3) afirma, en este sentido, que una de las fuentes de dificultades que surgen en el proceso de traslación «radica en las opciones, para cuya decisión el traductor debe conocer y dominar todas las diferencias semánticas y estilísticas y, en particular, de relieve y matices». 5. Un ejemplo de aplicación metodológica Como manifestación de esta opcionalidad estilística y del modo en que confluyen las diversas ciencias que configuran nuestro marco teórico. 150 Revista de Lenguas para Fines Específicos N4 (1997)