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Un periodista canario en el recuerdo

Cabrera Perera, Antonio

Abstract

Sello FECYT

Full text

Angel Guerra. Un periodista canario en el recuerdo Antonio Cabrera Perera A la memoria de mi padre Desde comienzos de nuestro siglo, hasta el 18 de julio de 1936, fue muy frecuente que los lectores de los principales periódicos de Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, Tenerife, Las Palmas y otras tantas provincias españolas se toparan, casi a diario, con la firma de un notable periodista que encubría su nombre de pila bajo el pseudónimo galdosiano de <<Angel Guerra.. Y ¿quién era <<Angel Guerra.? ... Angel Guerra, cuyo nombre de pila era José Betancort Cabrera, fue un hombre de humilde cuna, pero de pañales nobles, nacido en Teguise, en la isla de Lanzarote, allá por el año 1874. Desde sus primeros años ya escribe poesías y las hace correr entre los amigos o las publica en periódicos de Las Palmas. Su vocación de escritor aparece muy temprana y hacia ella quiere apuntar el rumbo de su vida. El ambiente estrecho y silencioso de su villa natal le consume. Allí no puede encontrar ninguna solución y, buscándola, se viene a Gran Canaria. Pero tampoco la ciudad de Las Palmas le satisface. Madrid era la gran meta de todos los que aspiraban a destacar en el mundo literario (incluso hoy, para muchos escritores, sigue siendo el sueño dorado). Y, como otros tantos escritores contemporáneos suyos, arranca con su doble petate (Petate fue el primer pseudónimo con el que popularizó su nombre en las islas) y se marcha a la Corte. Madrid era, en esos años, un pueblo grande, con sus garitos, sus coristas, sus tertulias literarias y su calle de Alcalá, saro todavia un pueblo Literariamente era un coto cerrado. Y, para colmo de males, Ange! Suerrd IlegaLa de una isla, apenas conocida, y donde su nombre, como escritor, nada significaba. El primer artículo que envía de Madrid a Las Palmas fue durísimo, feroz: <<¡Vive Dios que esta Madrid tiene olores de pudridero!.. Las crónicas que siguieron tampoco dejaron ese sentido crítico y agresivo. Sin duda, el instinto de defensa es lo que le hacia tan demoledor. Habiá de esperarse un tiempo para que sus escritos se vuelvan más ponderados y tengan de nuevo mayor amplitud de miras. Poco a poco y de la mano de D. Benito Pérez Galdós, su paisano, maestro y amigo, se le abren las puertas de los más importantes diarios de Madrid: El Heraldo, El Globo, La Correspondencia de España, El Imparcial, La Epoca, El Diario Universal ... Cada vez se va ensanchando el círculo de sus amistades: Juan R. Jiménez, los hermanos Alvarez Quintero, Unamuno, Blasco Ibáñez, Da Emilia Pardo Bazán, Pérez de Ayala, Palacio Valdés ... Como buen canario, y a pesar de su aparente deserción, sigue con su mente y su corazón en el Archipiélago. A finales de 1900, la colonia cmaria de Madrid le tributó un homenaje a Galdós en el Restaurante Inglés de la calle de Sevilla, para celebrar la salida de Las Bodas Reales, el último tomo de la 3a serie de los Episodios : Nacionales. Aunque el motivo real era mucho más serio y trascendente. Por entong ces en algunos periódicos nacionales se había hablado de la britanización de las isj las Canarias. Algún periódico madrileño Ilegó a comentar, más por ignorancia que por malicia, el bajo grado de patriotismo insular, e incluso se llegó a especular sobre la posibilidad de venta o arriendo de las islas a una potencia extranjera. El ban9 quete de Galdós fue una réplica contundente de la colonia canario-madrileña a toda - esa serie de cábalas periodísticas. El papel de Angel Guerra fue decisivo en esos momentos. Todos los entusiasmos para convertirse en realidad necesitan un catali4 m zador y Angel Guerra fue el portavoz de Canarias en Madrid. O Su dedicación, preparación y laboriosidad dieron lugar a que Leopoldo Romeo, - director de La Correspondencia de España lo enviara a París, en calidad de corresg a ponsal en el extranjero de su periódico. n - En Paris se instala en la misma casa en que vivían dos buenos amigos suyos, pero de unos caracteres totalmente opuestos, Manuel de Falla y Luis Bonafoux. Su estancia, como corresponsal, fue de lo más fructifera. Aprovechó la oportunidad para visitar Bélgica, Holanda, Alemania, Italia y Londres y desde allí remite puntualmente sus crónicas a La Correspondencia. Aprovechó asimismo su estancia en Paris para publicar en la casa Ollendorf, re3utada como una de las primeras empresas editoriales del mundo, su mejor colección de cuentos canarios: <<Rincón isleño.. Y esto, para mi, tiene una especial significación. Angel Guerra fue quien levantó en las islas la bandera del regionalismo, pero, al mismo tiempo, lanza una consigna: «Nuestro espíritu artístico, aunque regional, no debe encerrarse en medio de estas peñas atlánticas, sino que debe ser expansivo>>. Por eso cuando llegó a Madrid escribe novelas de tema regional insu- Irtr, queriendo universalizar nuestras letras, y, al estar en París, publica esta colecc;ón de cuentos, queriendo pontificar, desde el cerebro de Europa, nuestra literatura canaria. Cuando regresa a Madrid la crítica es unánime: <<viene a descansar y tiene perfectísimo derecho al descanso que conquistó en buena lid*. Y es que su labor como periodista y sus apreciaciones muy atinadas sirvieron para confirmarle como una de las mejores plumas del periodismo español. Angel Guerra, encasillado políticamente como de izquierdas monárquicas y literariamente identificado como hombre de la generación del 98, siente profundamente el dolor de España y mira a Europa como la solución del problema español, aunque, a veces, como a Unamuno, le duela ver que España está más identificada con la forma de ser y de pensar de los países africanos de un primitivismo exacerbante todavía. Muchisimos, casi incontables, son los articulos que publicó en más de un centenar de periódicos de la Peninsula y de las islas. Su libro <<Del vivir revolucionario>> es el mejor florilegio del escritor y del periodista. Sus contemporáneos llegan a definirlo como un hombre prodigioso por su fecundidad, personalísimo y atrayente en la forma; de manera que sus articulos y sus libros han colocado su nombre en el lugar más alto entre los jóvenes escritores periodistas de su momento. La visión de este hombre para intuir los acontecimientos fue muy notoria. Muchos de los articulos que escribió hace 60, 70 u 80 años siguen teniendo una vigencia que nadie que se precie se ruborizaría por suscribirlos hoy. Como ejemplo podría citar uno publicado en 191 5 sobre «El porvenir de Canarias en la ruta de Africa y America,>, donde dice: <<Es hora ya de fijar más cuidadosamente la atención en Canarias, estudiando con ánimo de resolverlo, ventajosamente, el problema económico allí planteado y que ofrece, con augurios ciertos, un brillante porvenir para aquella provincia y una fuente segura de riqueza para España». También sus articulos sobre la democracia, la monarquía democrática o la democracia en marcha, publicados sobre 191 3, conservan hoy la misma fuerza y lozanía. Duro, muy duro es, a veces, cuando arremete contra algunos hombres de la politica o del Parlamento (Hombres nuevos y partidos viejos, o Jaulón de loros), pero sobre todo lo vemos lleno de esperanza cuando habla de la intervención femenina en la batalla política para la obtención del triunfo socialista alemán en 191 2. La intervención femenina, decía, no sólo constituye un derecho eventual sino un deber imprescindible. Y muchas veces lamenta el largo camino que queda por recorrer en España. Y arremete duramente contra todos los que apegados a situaciones caducas pretenden vivir de rentas inexistentes de situaciones pasadas. Como Joaquín Costa es partidario de echar un cerrojazo a nuestra historia, pues la grandeza de los pueblos no llega como producto de una lotería loca y aventurera. El medio que tienen las naciones para triunfar es el trabajo y el unico gran ideal para desenvolverse es hacer posible la paz. Pero, callada su voz en 1936 y apagada su vida en 1950, hasta sus mas incondicionales lectores se acostumbraron pronto a su silencio y el olvido en que se ha querido dejar su nombre más bien parece una ingratitud y una injusticia. Pero ese silencio no es óbice para que sigan vivos sus méritos personales, su labor acendrada y su pensamiento todavia vigente. a - Angel Guerra, periodista y ejemplo de periodistas, supo ganarse con justicia y con tesón la consigna horaciana del «no moriré del todo.. 3 - - 0 m O 4 *