scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Traceología de las obsidianas canarias. Resultados experimentales

Rodríguez Rodríguez, Amelia

Abstract

El enfoque tipológico que tradicionalmente han tenido los estudios sobre cualquier elemento de la cultura material tiene por objeto clasificarlo dentro de conjuntos coherentes, comparables entre sí, pero con los suficientes rasgos diferenciadores como para poder establecer su originalidad e individualidad.

Full text

El Museo Canario LIII 1998 TRACEOLOGÍA DE LAS OBSIDIANAS CANARIAS. RESULTADOS EXPERIMENTALES A. DEL CARMEN RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ Universidad de Las Palmas de Gran Canaria 1. ANTECEDENTES El enfoque tipológico que tradicionalmente han tenido los estu - dios sobre cualquier elemento de la cultura material tiene por obje - to clasificarlo dentro de conjuntos coherentes, comparables entre sí, pero con los suficientes rasgos diferenciadores como para poder es - tablecer su originalidad e individualidad. La tipología, pues, prima el análisis morfológico de las piezas analizadas, asumiendo que su aspecto es consecuencia de una determinada elección cultural, aun - que también existan otras variables (materia prima, capacidad tec - nológica, efectividad funcional, etc.) con una importancia similar a la hora de configurar el producto final. De este modo, las tipologías se han empleado para definir horizontes culturales y establecer mar - cos cronológicos, y aún hoy hay muchos investigadores que siguen considerándolas como la herramienta más útil en este aspecto. Sin embargo, siempre ha existido la curiosidad por conocer cuál es la utilidad real de los objetos estudiados. De hecho, muchas de las nomenclaturas empleadas en las clasificaciones tenían un carácter funcional muy acusado: raspador, taladro, puñal, alisador, etc. alu - 22 A. DEL CARMEN RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ dían al tipo de acción para la que se presumía que estaba destinada la pieza así descrita. Estas correlaciones se nutrían principalmente del ‘<sentido común», que descubría en las formas de los objetos la potencialidad de sus atributos funcionales, y también de las compa - raciones etnográficas con aquellos pueblos que continuaban hacien - do uso de instrumentos de similar morfología en una gran variedad de situaciones. Cuando las encuestas sobre la funcionalidad de los objetos eran un poco más rigurosas, estas asimilaciones intuitivas no solían salir airosas a los intentos de contrastación, con algunas excepciones. Los mismos datos etnográficos mostraban fehacientemente que objetos de morfología idéntica podían ser empleados de muy diversa manera en distintos contextos culturales, por lo que no se podía establecer una relación directa y unívoca entre su forma y su función. De este modo parecía haberse llegado a un aparente ca - llejón sin salida, pues si la utilidad de los objetos no podía deducirse siempre de la forma que tenían podía parecer que nunca se llega - ría a dilucidar su verdadero destino. En algunas ocasiones ha sido posible determinar la funcionalidad de artefactos concretos gracias al análisis de los residuos que tuvie - ran adheridos. Esto ha resultado particularmente útil en el caso de los recipientes —cerámicos (Arnay et alii, 1985), pétreos o de otro tipo de materia prima—. Sin embargo, su concurrencia y su detec - ción en otras categorías de objetos ha sido más escasa, aunque se han realizado espectaculares avances en esta línea de investigación (por ejemplo Briuer, 1976; Hortolá, 1996; Loy, 1983). En los años cuarenta y cincuenta de este siglo, un investigador de la Unión Soviética: Serguei Semenov (1981) comprobó que en los instrumentos de trabajo se producían unos estigmas o trazas, macro y microscópicas, que eran el resultado directo de su empleo como tales sobre las distintas materias a transformar. Aún más importan - te fue el constatar que esas huellas de uso eran diferentes según el tipo de movimiento y la clase de materia que se estuviera trabajan - do, por lo que por fin era posible establecer un patrón de las trazas producidas en cada caso y determinar por tanto qué tipo de acción llevó a cabo el instrumento analizado. Las investigaciones de Semenov han sentado las bases del Análi - sis Funcional, que tiene por misión el desentrañar qué artefactos son verdaderos instrumentos. En el caso de que lo sean, interesa averi - guar cuál fue su función, es decir, qué tipo de material trabajaron y de qué manera, insertándolos de esta forma en la reconstrucción del conjunto de actividades que realizaron los grupos humanos que los fabricaron y los utilizaron. Desde sus inicios los estudios funciona- TRACEOLOGIA DE LAS OBSIDIANAS CANARIAS 23 les se han ocupado de objetos de distintas materias primas: líticos, óseos, cerámicos, malacológicos, etc. pero han sido los instrumentos de piedra los que más amplia atención han recibido por parte de los especialistas y han proporcionado los resultados más espectaculares y satisfactorios. - La metodología empleada incluye varios tipos de análisis, que exigen a su vez la aplicación de diversas técnicas. Este trabajo se Iimita al caso de los artefactos líticos, aunque en muchas ocasiones la aproximación metodológica es idéntica. a) Análisis de los objetos de origen arqueológico, tanto de natu - raleza pétrea como de cualquier otro tipo de materia que sea suscep - tible de haber sido trabajada con instrumentos líticos. El estudio de la morfología de los artefactos de piedra, proporcionará datos sobre el uso potencial que podrían tener dichos objetos. En el segundo caso, la observación detallada de las piezas confeccionadas en otras materias (madera, hueso, concha ...), contribuye a especificar las técnicas de fabricación de las mismas, aportando información sobre cómo pudieron ser los instrumentos líticos que intervinieron en su elaboración. b) Estudio de las fuentes etnohistóricas. En Canarias tenemos la suerte de disponer de documentos que proporcionan informaciones contemporáneas o ligeramente posteriores a los primeros contactos entre los europeos y los distintos grupos aborígenes. Aunque las re - ferencias a la industria de la piedra no son muy abundantes son un complemento inestimable para su investigación. En ellas se descri - be en unas pocas ocasiones cómo eran los instrumentos líticos y cómo se empleaban en la fabricación de otros objetos. Sin embargo, los datos más abundantes indican cómo eran usados directamente en la transformación de diversos materiales, incluida su aplicación en prácticas terapéuticas como la sangría o la escarificación, aunque no especifican ni la forma de los instrumentos ni los gestos técnicos que implicaba cada trabajo. c) Aplicación de la etnoarqueología. El estudio de contextos tra - dicionales, actuales o subactuales, más próximos o más lejanos al entorno cultural de los antiguos habitantes del Archipiélago, es otro medio para conocer el significado de los distintos instrumentos. Además sirve para guiar las pautas de los programas experimentales articulados para contrastar las hipótesis funcionales que genere el análisis morfotécnico de los objetos. Aparte de nuestro propio ámbi - to geográfico, es de primordial importancia el conocimiento de las tradiciones culturales y tecnológicas de los distintos grupos berébe - res que habitan el NW africano. Esto es así dada la demostrada pro- 24 A. DEL CARMEN RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ cedencia norteafricana de los primitivos habitantes de las islas y las convergencias que existen entre su cultura material y la de alguno de aquellos pueblos. La diversidad de contextos etnoarqueológicos es en sí misma un recurso muy eficaz para incitar a la precaución en las interpretaciones lineales, pues ayuda a conocer la variedad ca - suística que se relaciona con cada artefacto o cadena operativa. Las tradiciones artesanales que aún perduran en nuestras propias islas son de excepcional importancia para conocer el tratamiento que exi - gen determinadas materias primas y la potencialidad de uso de las especies endémicas. d) Análisis traceológico de los objetos líticos. Ya se ha comenta - do que por efectos de la cinemática del trabajo, en todos los instru - mentos quedan estigmas, macro o microscópicos, que son diagnós - ticos del tipo de actividad efectuada, de la clase de material de contacto y las condiciones ambientales en que se realizó (Keeley, 1980; Semenov, 1981). Estos estigmas han sido clasificados en cua - tro categorías o variables dependientes: desgaste, melladuras, estrías y pulidos (González e Ibáñez, 1994). Para determinar la naturaleza de estos estigmas o huellas de uso, se impone la realización de programas experimentales controlados, en los que se consignen variables independientes tales como la materia prima del instrumento lítico y del material trabajado; las condiciones del trabajo en términos de duración, intensidad, cine - mática, presencia de otros agentes (abrasivos, humidificación, colo - rantes, ...); la morfología de los filos activos y su forma de incidir en la materia trabajada, etc. La identificación y clasificación de las hue - llas de uso producidas se realiza por medio de aparatos ópticos, principalmente la lupa binocular y el microscopio metalográfico, mientras que el microscopio electrónico de barrido se puede utilizar para resolver problemas específicos. El siguiente paso es el análisis de las piezas de origen arqueoló - gico para la detección de los posibles estigmas de utilización que se hayan conservado. La comparación analógica con las procedentes de la colección experimental es la que va a permitir la emisión de una hipótesis sobre el tipo de actividad que desarrollaron, en lógica in - terrelación con el resto de datos a los que se ha hecho alusión más arriba. Como puede colegirse de los párrafos anteriores, nuestra labor investigadora se ha debido desarrollar en todos los campos citados de una manera simultánea. Los estudios traceológicos se han lleva - do ha cabo en el marco de un proyecto de investigación para el aná - lisis de las industrias líticas de Canarias auspiciado por la Dirección TRACEOLOGIA DE LAS OBSIDIANAS CANARIAS 25 General de Investigación del Gobierno de Canarias, dirigido por la doctora Bertila Galván Santos. Con anterioridad a la puesta en mar - cha de este proyecto ya se habían realizado otros estudios por miembros de nuestro equipo de trabajo, que han servido para esta - blecer las bases organizativas de nuestra labor a lo largo de los tres años propuestos (1993-1995). Así, en lo que se refiere al análisis fun - cional de los instrumentos líticos, ya se disponía de datos referentes al estudio morfotécnico, y en menor medida traceológico, de conjun - tos industriales procedentes de varias islas, elaborados por nosotros mismos (Galván Santos, 1990; Galván Santos et alii, 1987a; 1987b; 1990; Rodríguez Rodríguez, 1993a; 1993b; 1993c; Rodríguez Rodrí - guez y Francisco Ortega, 1991...). El conocimiento de las técnicas de elaboración así como de la for - ma y funcionalidad de las otras categorías de artefactos presentes en la cultura material aborigen es más fragmentario, como resultado de múltiples causas. En efecto, a la rareza de aquellos objetos confec - cionados en materias perecederas, como la piel, la madera o las fi - bras vegetales (del Arco Aguilar, 1993; Diego Cuscoy, 1961; Galván Santos, 1979, 1980; Mies, 1960; Rodríguez Rodríguez, 1997; Rodrí - guez Santana, 1989) hay que unir el desigual interés que su estudio ha suscitado entre los investigadores de nuestro ámbito, lo que se refleja en una bibliografía parca y fragmentaria, con la posible ex - cepción de los estudios sobre la cerámica. El estudio de las fuentes etnohistóricas cuenta con una larga tra - dición historiográfica en nuestra región, por lo que su consulta ha resultado relativamente fácil y amena. Otro tanto podría decirse de la aplicación de la etnografía para determinadas interpretaciones arqueológicas, aunque en este caso, las distintas incursiones en el tema hayan tenido una rigurosidad desigual. 2, EL TRABAJO EXPERIMENTAL En el marco del análisis traceológico, era imprescindible la elabo - ración de la colección experimental de referencia, pues una correc - ta identificación y clasificación de las distintas huellas de uso es el primer paso necesario para la asignación de una funcionalidad a los objetos. Como se ha explicado más arriba, la formación de los distintos estigmas de utilización depende de muchas variables. Una de las más importantes es la materia prima con la que están confecciona - dos los objetos. En Canarias, los instrumentos líticos se fabrican 26 A. DEL CARMEN RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ casi exclusivamente en distintas rocas de naturaleza magmática. Obsidiana, vidrios volcánicos, basalto, traquitas, fonolitas, etc. son los tipos de roca que han servido de soporte a los citados útiles de trabajo. Se imponía, pues, la realización de programas experimenta - les que concernieran a cada una de estas rocas, lo que supone una labor ingente, gran consumidora de tiempo y energía. Después de unos tanteos iniciales empleándose instrumentos de basalto (Rodrí - guez Rodríguez y Francisco Ortega, 1991), se decidió intensificar el programa experimental referente a la obsidiana para una primera fase de los trabajos. La razón fundamental de esta elección tiene una explicación de tipo técnico. Como se ha explicado más arriba, el análisis macro y microscópico de las superficies de los instrumentos líticos es el que va a permitir la identificación de las distintas huellas de uso. Pero los modelos de microscopio metalográfico (Nikon Labophot) que es - tán a mi disposición no permiten la observación de piezas de tama - ño mediano o grande. Precisamente, los objetos de obsidiana son los que presentan una tipometría más acorde con las prestaciones del citado tipo de microscopio, con lo que la elección de este vidrio vol - cánico queda plenamente justificada’. Para la realización del programa experimental había que comen - zar con la elaboración de una colección de referencia, fabricada en obsidiana. Isabel Francisco Ortega ha replicado los instrumentos lí - ticos, proporcionando una valiosa información acerca del comporta - miento mecánico de este vidrio volcánico durante las labores de ta - ha. También se han analizado los estigmas que se producen en sus superficies durante esta etapa de fabricación, antes de que sean utilizados (Ibáñez et alii, 1987). En ocasiones fue necesario enmangar los productos debitados para hacerlos más efectivos. Para confeccionar los mangos se consul - taron las fuentes etnohistóricas y las evidencias arqueológicas dispo - nibles, a fin de que éstos se acercaran a los que hipotéticamente usa - ran los antiguos canarios. En las crónicas se describen dos tipos de mango: el pinzante y el apical. Los mangos del tipo pinzante consis - ten en dos listones de madera, que encajan entre sí y se atan con liga - duras para fijarlos. Este tipo de mango permite una gran variabilidad Se están realizando las gestiones oportunas para dotar al microscopio meta - lográfico de un mayor campo de enfoque, lo que permitirá en el futuro una co - rrecta observación de las piezas de mayores dimensiones. También se está expe - rimentando la realización de moldes fidedignos de pequeños fragmentos de filo útil de los instrumentos de mayor tamaño, con lo que en breve se podrán ofrecer unos resultados satisfactorios. TRACEOLOGÍA DE LAS OBSIDIANAS CANARIAS 27 morfotipométrica a los utensilios que se introducen en ellos y han sido descritos por Leonardo Torriani para la isla de Gran Canaria: «A las casas ponían pequeñas puertas de tablas de palma, labradas con hachas de piedras duras afiladas, apretadas entre dos pedazos de madera bien unidos y atados juntos...». (Torriani, 1978: 99). El tipo de mango apical descrito en las fuentes consiste en un cuerno de cabra en cuyo extremo se engasta una lasca y se usa corno cuchillo, según ha relatado Cedeño: «... Cortaban el cauello ilo que hauían menester con stillas de pedernal Tenían el pedernal que . . . roto cuchillo engastado i encajado un cuer - no de cabra por puño.» (A. Cedeño en Morales Padrón, 1978: 374). En el Museo Canario de Las Palmas se conserva un cuerno de cabra, que parece proceder de la isla de Fuerteventura, con una se - rie de orificios unidos por una ranura que recorre prácticamente todo el arco interno del mismo, y que ha sido tradicionalmente in - terpretado corno el mango de una hoz. Para la experimentación se han confeccionado dos tipos de mangos de hoces en madera, uno curvo y otro recto, en codo, preparados para la inserción axial de varias lascas de obsidiana. También se ha usado un mango corto de madera con una ranura axial que permite la inclusión de una o va - rias lascas, según el tamaño que tengan, para proteger la mano en los casos en que había que imprimir más fuerza. A continuación se procedió al empleo experimental de las piezas de obsidiana en la realización de diversas actividades sobre distintos materiales (madera, vegetales no leñosos incluidos los cereales, hue - so, concha, piel, carne), con el fin de registrar su comportamiento diferencial frente a las mismas, en un primer marco general destina - do a detectar, identificar y describir las diferentes huellas de uso que se producen en la obsidiana según el tipo de material de contacto. Se ha elaborado una ficha para cada instrumento, similar a la ya publicada anteriormente (Rodríguez Rodríguez y Francisco Ortega, 1991) en donde se consignan todas las variables que intervienen en cada experimentación, a fin de poder evaluar su incidencia en la formación de las distintas huellas de uso. En ella figura una descrip - ción morfotécnica y un dibujo al natural del instrumento lítico em - pleado. Asimismo se crea un espacio para la descripción pormeno - rizada de las huellas de uso. En la realización de los experimentos se han controlado una se - rie de variables independientes de demostrada influencia en los pro- 28 A. DEL CARMEN RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ cesos de formación y desarrollo de las huellas de uso. En el cuadro n° 1 aparecen reflejados la totalidad de los experimentos con obsi - diana efectuados hasta el momento, así como dichas variables. Una explicación pormenorizada de las mismas, servirá para ilustrar el modo de proceder durante la experimentación. CUADRO 1 N° Materia Estado Abrasiv a/filo a/trabaj Acción Direc. Mango Minutos 1 piel fresca no P y C U no 5 2 piel fresca no S V C U no 30 3 piel macerad no S(A) + T 11 no 180 piel salada no P(S) P L B no 80 5 piel salada no SPL B no 75 6 carnic fresca no S V C B no 25 7 hueso hervido no S V T U no 20 herbáce verde tierra SPL B no 20 9 herbáce verde no SPL B no 60 10 madera b no S V C B no 65 11 madera b no SPL B no 50 12a madera m no S V T U no 50 T~i~ madera d no S P FI iT no 5 13 madera m no P(S) V C B no 60 14 madera b no P V - C B no 60 15 caña b no S + T U no 25 16a caña b no S V T U no 10 lób caña b no P(S) y C B no 20 17 piel fresca no A+ TU no 50 18 piel macer no A + T U no 60 19a piel fresca no P(S) P L B no 10 19b piel fresca no S(A) + T U no 10 20 hueso remojad no S(A) - T B no 20 21 piel sec/rehu no S +T B pinzan 60 22a hueso remojad no P(S) + T B no 75 22b hueso remojad no PPT U no 15 piel seca no SPT B pinzan 60 piel seca no SPL B axial 10 TRACEOLOGÍA DE LAS OBSIDIANAS CANARIAS 35 n ~ ~3~ FIGURA 2—Los dibujos l.a y 2.a reproducen el aspecto de dos piezas que fueron empleadas para hender madera de dureza media antes de realizar el trabajo, mientras que los Lb y 2.b reflejan la morfología de las mismas después de haber sido empleadas, recogiéndose alguno de los fragmentos de mayor tamafio en que se fueron fragmentando. Los dibujos 3.a y 4.a representan el aspecto original de dos lascas agudas empleadas para perforar ejemplares de Colunibella rustica, y los numerados con las siglas 3.b y 4.b muestran el aspecto de las piezas después de la acción. 36 A. DEL CARMEN RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ te perpendicular; positivo «+» cuando el ángulo entre la cara en avance del instrumento y la materia trabajada es superior a los 100°; negativo «-» cuando este ángulo es inferior a los 80°. La octava aclara si el movimiento es unidireccional o bidireccio - nal. En el caso de las perforaciones, también se diferencia entre uni - direccionales, (cuando se rota siempre en la misma dirección) y bi - direccionales (cuando se hace un movimiento de vaivén). La novena indica cuándo el instrumento lítico ha sido enmanga - do y cuál ha sido el tipo de mango. Finalmente, la décima columna contabiliza el tiempo real del tra - bajo en minutos. Por tiempo real entendemos aquel en el que la pie - za estuvo efectivamente trabajando, descontando los descansos u otro tipo de interrupciones que pudieran haberse sucedido durante la experimentación. El análisis macro y microscópico de las supeficies de los instru - mentos empleados lleva a la identificación de las distintas huellas de uso generadas durante el trabajo. Se procedió asimismo al registro fotográfico del corpus traceológico descrito (fotografía en blanco y negro y diapositivas). 3. RESULTADOS Nunca se puede dar por concluido un programa experimental, ya que el estudio de colecciones arqueológicas concretas plantea pro - blemas que deben resolverse con nuevas actuaciones destinadas a resolver las incógnitas surgidas en cada caso. Sin embargo, las 167 experiencias realizadas hasta el momento han permitido acometer con éxito el análisis funcional de algunos conjuntos líticos de la isla de Tenerife, que serán objeto de una próxima publicación. Los estudios traceológicos de útiles fabricados en obsidiana son comparativamente menos abundantes que los consagrados a los ins - trumentos de sílex. Sin embargo existe un interés creciente por el tema (Anderson-Gerfaud, 1984/85/86; Aoyoma, 1993; Corruccini, 1985; Dood, 1979; Hurcombe, 1984/85/86, 1992, 1993; Lewenstein, 1993; Mansur-Franchomme, 1987a, 1988; Schousboe, 1977; Vaug - han, 1981, 1983, etc.). Los resultados publicados tienen una utilidad desigual. Muchos de ellos han empleado exclusivamente aparatos ópticos de bajos aumentos, centrando sus observaciones en el des - gaste del filo y las melladuras, por lo que el nivel de fiabilidad en la determinación de la cinemática del trabajo y de la materia trabaja - da al que pueden aspirar es menor que con el uso de más aumentos. TRACEOLOGIA DE LAS OBSIDIANAS CANARIAS 37 Otros sí han empleado todas las posibilidades ópticas para el análi - sis, por lo que sus observaciones son fácilmente comparables a las nuestras y aportan un amplio campo de contrastación de resultados que contribuye a mejorar la comprensión del objeto de nuestro es - tudio. La mayoría de ellos ha trabajado con obsidianas de alta cali - dad, procedentes de contextos mesoamericanos o del Mediterráneo oriental o central. Las obsidianas canarias, por el contrario, suelen ser de peor calidad, más granulosas y con fisuras que distorsionan las superficies de fractura. Por lo tanto, nuestra experimentación te - nía necesariamente que ofrecer algunos resultados divergentes, aun - que en consonancia con las conclusiones generales que se han emi - tido desde hace tiempo sobre los mecanismos de formación de las huellas de uso en los materiales de grano más grueso. P. Vaughan sintetiza los problemas que entraña el análisis traceo - lógico de este vidrio volcánico de la siguiente manera: «Dos caracte - rísticas importantes distinguen a la obsidiana del sílex. Es más frá - gil y más blanda que el sílex: los útiles de obsidiana se esquirlan y se estrían pues mucho más. Además, la estructura amorfa (no cris - talina) del vidrio hace que una superficie de obsidiana refleje com - pletamente la luz bajo el microscopio, dando un aspecto brillante o «pulido» a toda la superficie. He aquí por qué los pulidos de utiliza - ción no pueden ser detectados fácilmente en los instrumentos de obsidiana» (P. Vaughan, 1983: 1232). Este autor describe también un nuevo tipo de huella de uso exclusiva de este material y que denomi - na superficie mate: «La superficie mate resulta de la abrasión de la superficie por partículas de tierra o de micromelladuras provenien - tes del borde activo del útil. La superfície normalmente lisa y bri - llante se torna entonces accidentada y más oscura pues refleja me - nos la luz)) (Idem: 1232). Por otra parte, afirma que en la mayoría de los conjuntos que ha estudiado sólo se puede determinar el grado relativo de dureza del material trabajado y que éste es el único caso donde existe una concordancia entre las melladuras y ci modo de utilización de la pieza. Sin embargo también ha podido determinar en algunos casos lustre de cereales en piezas neolíticas (P. Vaughan, 1981). Una vez analizadas ópticamente todas las piezas experimentales, estarnos en condiciones de describir el patrón de huellas de uso (me - lladuras, desgaste, estrías y pulido) que se producen en la obsidiana cuando trabaja los distintos materiales. En la exposición de resulta - dos se individualizará cada materia, creando apartados según se tra - te de acciones de tipo longitudinal, es decir con el eje del trabajo paralelo al filo útil del instrumento; acciones de tipo transversal, 38 A. DEL CARMEN RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ cuando el filo es perpendicular al eje de la dirección del trabajo; o acciones de tipo puntual y lineal, cuando se ejerce una presión en un único lugar, ya sea con percusión lanzada o apoyada. En los ca - sos en que sea posible también se va a distinguir el estado de la materia trabajada si se producen ligeras variaciones en el patrón ira - ceológico. 3.1. MATERIAS PRIMAS DE ORIGEN ANIMAL 3.1.1. Materias blandas 3.1.1.1. Carnicería a) Acciones longitudinales o complejas Las labores de carnicería: cortes preliminares, desmembramien - to del animal, fileteado, separado de la carne del hueso, etc. son fun - damentalmente acciones longitudinales, generalmente unidireccio - nales. Pero tanto los estudios zooarqueológicos como nuestra propia experimentación indican que los instrumentos empleados pueden realizar de manera complementaria acciones de percusión lanzada para cortar tendones, o acciones transversales de raspado para ayu - dar a extraer mejor la carne adherida a los huesos. De esta manera, en los filos activos de las piezas usadas se combinan los estigmas de una cinemática longitudinal con los procedentes de las otras accio - nes de manera puntual. La fragilidad de los vidrios volcánicos posibilita la abundante aparición de melladuras incluso cuando el contacto es con una ma - teria blanda. En las experimentaciones realizadas, a la materia blan - da y ligeramente abrasiva de la propia carne, había que añadir el contacto ocasional de la textura más rígida de los tendones, o la francamente dura de los huesos o del soporte de madera usado para facilitar el fileteado. Todo ello ha redundado en la multiplicación de este tipo de estigmas. La clasificación de melladuras más usada en la actualidad es la surgida en una de las primeras reuniones de analistas funcionales: la clasificación Ho Ho (Hayden Ed., 1979). González e Ibáñez (1994) han propuesto la denominación castellana de los distintos tipos de esa clasificación, y a ella nos remitimos en este trabajo. Las melladuras pues, son muy abundantes, formando grupos bi - faciales que a veces pueden llegar a encadenarse. La forma más co- TRACEOLOGÍA DE LAS OBSIDIANAS CANARIAS 39 mún de este tipo de estigma es la semicircular, y la terminación más constatada es la del tipo afinado. Existen asimismo desconchados aislados del tipo de «media luna», algunos de los cuales pueden al - canzar un tamaño considerable, incluso a escala macroscópica. Cuando se han realizado acciones de percusión lanzada aparecen grandes melladuras de terminación en escalón o reflejada, que en - globan otras de menores dimensiones, creando una sucesión escale - riforme de las mismas. Por otra parte, aunque la carne es ligeramente abrasiva, no crea ningún tipo de redondeamiento del filo, antes al contrario, el bisel presenta un perfil vivo e irregular, producido por la abundancia de melladuras. Las estrías producidas tienen un aspecto y desarrollo variados que se describen a continuación: 1. estrías finas, de fondo brillante y longitud variable. 2. estrías finas de fondo oscuro. 3. accidentes lineales formados por la sucesión de hoyuelos mi - croscópicos de fondo oscuro. Estas últimas son más anchas y tienen una trama más o menos cerrada según la densidad de presencia de los hoyuelos, y las denomino estrías de tipo abrasivo. 4. estrías anchas y brillantes, generalmente largas, que normal - mente son el producto de la fricción entre la superficie de la obsidia - na y otras materias duras, como el hueso o fragmentos del propio vidrio volcánico separadas previamente por efecto del esquirlamien - to de los filos. Estos accidentes lineales son bifaciales y mayoritariamente para - lelos al filo, aunque también los hay oblicuos e incluso transversa - les, dependiendo del tipo de acción realizado. Los que más predomi - nan son del tipo 1 y le siguen los del tipo 3. El contacto con la carne, incluso cuando es muy prolongado, puede no dejar estigmas detectables o bien produce pulidos muy débiles que no crean unos rasgos diagnósticos claros que permitan discriminarlos de los producidos por otras materias blandas, cuan - do han sido trabajadas durante un corto lapso de tiempo. En ocasio - nes se observa un suavizamiento de las aristas de las melladuras, unido a un aspecto más mate de la superficie de la obsidiana, por efecto de la acción abrasiva de la carne. 40 A, DEL CARMEN RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ 3.1.1.2. Piel a) Acciones longitudinales El corte de piel fresca, tanto en filos útiles de ángulo plano como de ángulo simple, produce una sucesión continua de melladuras bi - faciales. De nuevo los desconchados más abundantes tienen termi - naciones afinadas o en media luna. Hay que aclarar que todas las labores de corte se llevaron a cabo sobre un soporte de madera para facilitar la precisión del mismo. Cuando se trata de piel seca o cuero, los desconchados son igual - mente abundantes, incluso más, pues en algunos casos se encabal - gan entre sí. En una pieza que tiene un ángulo más obtuso (S(A)), las melladuras más abundantes tienen una terminación del tipo en escalón y una morfología predominantemente trapezoidal, mientras que las de terminación afinada son más pequeñas, semicirculares y menos abundantes. Las más escasas son las del tipo media luna. El cuero con sebo produce un patrón de melladuras similar al de la piel seca, con presencia mayoritaria de las de forma semicircular y terminación afinada. En mi opinión, la resistencia que opone la base de madera tiene un gran protagonismo en la abundancia y encadenamiento de este tipo de estigmas. El corte de piel fresca produce un desgaste muy moderado del filo. Este no se ve afectado de manera continua, sino sólo en sus par - tes más salientes, incluso cuando se trata de trabajos muy prolonga - dos. Con el cuero el desgaste se desarrolla mucho más, de manera que incluso puede ser observado con la lupa binocular a bajos aumentos en algunas piezas. Por otra parte, afecta al filo de manera continua, con alguna excepción debida a la presencia de melladuras frescas. Desgaste y abrasión están íntimamente conectados. La piel con sebo también produce un desgaste con redondea - miento del filo acompañado de abrasión bastante notable, observa - ble a bajos aumentos. En cuanto a los accidentes lineales, el corte de piel fresca produ - ce mayoritariamente estrías paralelas al filo del tipo 1, generalmen - te largas, seguidas de las de tipo abrasivo (3), que en este caso sue - len formar haces paralelos al filo. Con piel seca dominan las estrías finas de los tipos 1 y 2. En ge - neral son más abundantes que en el caso de la piel fresca. También las hay del tipo abrasivo. TRACEOLOGIA DE LAS OBSIDIANAS CANARIAS 41 Si el pellejo está curtido con sebo, los cortes crean menor núme - ro de accidentes lineales, generalmente del tipo fino y brillante (1). La piel fresca produce un pulido tan poco desarrollado que en al - gunas piezas es imposible de detectar. Hay zonas de aspecto mate, de trama muy abierta y microcráteres aislados, mientras que alguna arista parece más suavizada y brillante, pero estos datos no son diagnósticos en sí mismos. Como estos estigmas son idénticos a los producidos por un fileteado, no nos atrevemos a diagnosticar el con - tacto con uno u otro material en las piezas arqueológicas que lo ex - hiben, sino que se clasifican como corte de materia animal blanda. El cuero crea pulidos más claros, aunque no tienen una distribu - ción uniforme a lo largo del filo, sino que aparecen formando man - chas aisladas, más brillantes, con una trama que va desde semiabier - ta a cerrada, y se acompañan de numerosos microcráteres. El pulido está surcado de estrías, generalmente de fondo oscuro, lo que impli - ca que éste tiene un cierto espesor. La piel con sebo tampoco presenta un pulido lo suficientemente desarrollado para tener rasgos diagnósticos, sino playas de abrasión oscuras con microhoyuelos. Es conveniente aclarar aquí las diferen - cias que existen entre microhoyuelos y microcráteres. Los primeros son más pequeños y de fondo oscuro, apareciendo siempre juntos y en gran profusión. Los segundos tienen mayor tamaño y, aunque su fondo es oscuro, tienen un reborde brillante que resalta su contorno irregular. Los microcráteres pueden aparecer asociados entre sí o más o menos aislados. b) Acciones transversales En este caso se han realizado tres tipos de operaciones: a) raspar la piel fresca o macerada para eliminar los restos del tejido adiposo, sebo o pelo; b) adobar o gamuzar la piel seca o rehumedecida, es decir, trabajarla mecánicamente sin intención de eliminar materia, sino sólo de flexibilizarla; c) aplicar sustancias a la piel seca, como el sebo para curtirla, o el polvo de sangre de drago para colorearla. El trabajo transversal de la piel fresca apenas provoca melladu - ras. En sólo dos casos su presencia resulta significativa. En ambos se trata de labores de depilación de piel fresca sometida a macera - ción, para hacer pudrir el pelo y poder eliminarlo más fácilmente. Los desconchados de estas dos piezas tienen una forma mayoritaria - mente semicircular y una terminación del tipo afinado. Su disposi - ción es bifacial, debido a que el ángulo de trabajo fue variable, for - 42 A. DEL CARMEN RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ mando un encadenamiento bastante denso entre sí. Su presencia puede deberse a que en ambas ocasiones se realizó el trabajo apo - yándose por momentos en un soporte de madera para facilitar el trabajo. Cuando se trata de piel seca, las melladuras, aunque escasas, son más numerosas. En una pieza empleada para adobar o gamuzar, con un ángulo de trabajo positivo, la cara de contacto presenta un enca - denamiento de estos estigmas, en algunos casos adoptan una dispo - sición de tipo escaleriforme. Las formas predominantes son trape - zoidales y semicirculares, ambas con terminación afinada. En un caso también fueron numerosas las de tipo en escalón. Si la piel seca es rehumedecida intencionalmente para facilitar el trabajo de gamuzado, los desconchados alcanzan una incidencia di - versa. En general, son menos abundantes que con la piel seca, aun - que en dos piezas se observó un encadenamiento de los mismos a lo largo de todo el filo. Su disposición en ambos casos es unifacial, en la cara de contacto. Su morfología más común es semicircular con terminación afinada. En una ocasión son muy numerosas las micro - melladuras de terminación reflejada. La adición de otros elementos al cuero produce variaciones más o menos notables según los casos. Así, cuando se aplica sebo, se crean melladuras de densidad variable, con formas semicirculares y trapezoidales de terminación afinada. En general son de muy peque - ño tamaño, sólo observables al microscopio a partir de 100 aumen - tos. Sin embargo, cuando es polvo de sangre de drago o almagre lo que se aplica, las melladuras son mucho más numerosas y de mayor tamaño que en cualquiera de los supuestos anteriores, pudiéndose observar incluso a simple vista. En cuanto a su forma, repiten los mismos patrones ya descritos. El desgaste que se produce al trabajar transversalmente la piel fresca o macerada nunca alcanza un gran desarrollo, oscilando des - de lo prácticamente inexistente a lo moderado según el tiempo que se haya empleado en ello. En general, tiene una distribución irregu - lar a lo largo del filo, concentrándose únicamente en las zonas más salientes. La pieza con un desgaste más desarrollado ha depilado una piel macerada, conservando un ángulo de trabajo constante, de tipo positivo. El desgaste se concentra en la cara de ataque, mientras que en la de contacto lo que dominan son las playas de abrasión. Con piel seca, el desgaste es por el contrario muy acusado, obser - vándose ya claramente a la lupa binocular. Este estigma de utiliza - ción consiste en un redondeamiento acusado del filo, sembrado de microcráteres, estrías y microhoyuelos, los cuales le dan un aspecto TRACEOLOGÍA DE LAS OBSIDIANAS CANARIAS 43 rugoso y mate. Se observa asimismo cómo aparecen asociadas al desgaste unas estrías cortas, de los tipos 1 y 2, muy unidas entre sí, creando una superficie de aspecto más plano y brillante. En general, el desgaste se distribuye a lo largo del filo, pero con una incidencia irregular, siendo más acusado en las partes salientes del mismo. El cuero rehumedecido también produce un desgaste que puede observarse claramente a la lupa binocular, aunque en general es más discreto que cuando la piel es seca. El caso más desarrollado de esta colección experimental corresponde a una pieza que trabajó una piel tratada con cáscara de pino como tanino y luego rehumedecida con agua. El instrumento trabajó con un ángulo constante positivo, creándose un desgaste de distribución asimétrica, mucho más acu - sada en la cara de contacto que en la de ataque. El desgaste que se produce trabajando la piel seca con sebo está menos desarrollado que en los dos casos anteriores. En esta ocasión, el sebo parece actuar de lubricante, impidiendo que se produzca una abrasión más acusada. Sin embargo esta huella de uso tiene una dis - tribución más armónica a lo largo de todo el filo. El ejemplo contrario es el fortísimo redondeamiento del filo que produce la adición de polvos de sangre de drago o almagre a la piel seca para decorarla. En este caso, el desgaste es tan evidente que puede observarse a simple vista o sentirse al tacto con la yema del dedo. El raspado de la piel fresca o macerada produce igualmente unos accidentes lineales escasos en comparación con este mismo tipo de trabajo sobre piel en otros estados. En general, las estrías están aisla - das entre sí, orientadas transversalmente al filo, pero con inclinacio - nes muy diversas. Su forma mayoritaria es del tipo 1 (finas y brillan - tes). Sólo en las piezas anteriormente citadas de depilación de piel macerada, las estrías son más abundantes, apareciendo las de tipo 3. El cuero provoca estrías en gran cantidad, orientadas perpendicu - larmente al filo y formando haces compactos. Su inclinación varía según el movimiento. Así, en los movimientos unidireccionales, las estrías tienen una inclinación homogénea, mientras que en los bidi - reccionales tienden a entrecruzarse. En general, los accidentes linea - les más comunes son del tipo 1 ó 2, dependiendo del espesor del pulido al que acompañan. Por otra parte son más cortos que en las acciones longitudinales. Cuando aparecen estrías del tipo abrasivo (3), éstas tienen mayor longitud y una distribución más irregular. La piel seca remojada también crea numerosas estrías, con la misma orientación que en casos anteriores. Destacan las finas y bri - llantes (1), y las anchas, de fondo oscuro y más largas (3). 44 A. DEL CARMEN RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ Las estrías producidas al trabajar una piel con sebo responden al mismo patrón que las anteriores. En una pieza se detectaron estas trazas de uso con fondo ancho pero brillante, agrupadas en haces, y con una orientación bastante oblicua con respecto al filo. El ejemplo más espectacular es el de la alta incidencia de las estrías que surgen cuando se añade polvo de almagre o sangre de drago. Estas están tan desarrolladas que pueden observarse a la lupa binocular a pocos aumentos. Las estrías están muy juntas y paralelas entre sí, en general son muy largas, en su mayoría de fon - do oscuro, aunque también hay accidentes lineales más cortos y bri - llantes. El trabajo transversal de piel fresca crea pulidos muy débiles, que a veces son imposibles de detectar incluso a 200X. En general tiene una distribución irregular, tanto a lo largo del filo, como en su pe - netración hacia el interior de la pieza. El pulido tiene una trama abierta, que produce superficies de aspecto mate, liso, sin volumen, que podría estar causado por una ligera abrasión. Este pulido apa - rece sembrado de microhoyuelos. Sólo en una pieza que trabajó du - rante tres horas la trama se cierra un poco, dando lugar a pequeñas ondas. Este pulido se solapa en cuanto a su aspecto con el que se produce en las labores de carnicería. La piel seca crea unos pulidos mucho más desarrollados que la fresca. En este caso, las tramas pueden variar desde abierta a ce - rrada, dependiendo en gran medida del tiempo de trabajo y de la irregularidad de la superficie de contacto de la pieza de obsidiana. El pulido es más brillante, con un aspecto más denso y rugoso, de - bido esto último a la presencia de microcráteres. Su penetración en el filo es variable, en función del ángulo de trabajo y tipo de contac - to con la piel. En general está surcado de estrías, generalmente del tipo 1 y 2. Cuando el cuero se rehumedece, el pulido alcanza un buen des - arrollo a partir de los 45 de trabajo. En este caso su aspecto es bri - llante, con trama media a cerrada, acompañado de microcráteres y surcado de estrías que contribuyen a incentivar la apariencia rugo - sa. Se combina con zonas de abrasión más oscuras por una mayor densidad de microhoyuelos y microcráteres. El pulido producido por el trabajo de un pellejo con sebo sigue siendo el típico de piel, con una trama media surcada de microcrá - teres y estrías, y un brillo acusado que afecta sobre todo a las aris - tas de retoques y melladuras, las cuales se ven suavizadas por su presencia. El pulido se acompaña de playas de abrasión más oscu - ras y con microhoyuelos. TRACEOLOGIA DE LAS OBSIDIANAS CANARIAS Si bución aún más irregular, concentrándose en las aristas que apare - cen suavizadas. Allí su trama es cerrada y es reflectante, estando ausentes los microhoyuelos y microcráteres. En el resto de zonas no se detecta apenas. b) Acciones transversales El raspado o afilado de la madera también puede realizarse en posición positiva o negativa y perpendicular, como en el caso del hueso. El patrón de distribución de melladuras obedece a los mis - mos condicionantes que en ese caso, pues depende del ángulo de filo de la pieza y del de la cinemática del trabajo. Cuando la madera es blanda, las melladuras son abundantes, a veces escaleriformes, de morfología semicircular y rectangular, con terminaciones afinadas o en escalón. Si la madera es más dura, los desconchados aumentan en tamaño y número, formando un retoque continuo de uso. De todos modos, la gradación es tan sutil, que no podríamos establecer una norma concreta para discriminar la dure - za de la madera en función de la abundancia de melladuras, pues el factor tiempo también influye. Los filos son vivos, con escaso o nulo redondeamiento. La cinemática transversal produce pocos accidentes lineales, per - pendiculares u oblicuos al filo. No hay diferencias según la dureza de la madera, predominando los tipos 1 y 2, con apariciones espa - ródicas del tipo 3. Por último, los pulidos provocados por este tipo de acción son de aspecto vegetal cuando la madera es blanda y fresca, con una distri - bución irregular pero con una penetración más profunda que cuan - do se trata de leña más dura. La trama es continua, pero varía des - de abierta a cerrada según esté en zonas depresivas o sobresalientes. Es brillante y de aspecto líquido. Le acompañan algunas superficies abrasionadas con microcráteres y un número inusitado de estrías de los tipos 2 y 3. Las leñas duras tienen pulidos más restringidos, alejados de las melladuras del filo. Su trama es cerrada, son brillantes y de aspecto ligeramente ondulado en unos casos y granuloso en otros. c) Acciones puntuales y lineales El hendido de madera produce unos estigmas de utilización real - mente espectaculares, que llegan a transformar por completo la 52 A. DEL CARMEN RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ morfología original del útil de obsidiana empleado. Las huellas de uso más abundantes son las melladuras. Aquéllas producidas en el lado que recibió los golpes del percutor son de gran tamaño, gene - ralmente de terminación reflejada y fecuentemente escaleriformes. En general tienen una morfología semicircular o trapezoidal, pero muchas evocan las formas laminares. También se producen fractu - ras burinoides que arrancan la totalidad o gran parte de los filos la - terales del útil empleado. Los desconchados generados en el lado de contacto con la madera responden a las mismas pautas anterior - mente descritas, pero son de menor tamaño, y sus terminaciones también son afinadas. En los filos de ángulos más agudos, son fre - cuentes las de media luna. Si el trabajo es reiterado pueden producirse, además de las des - camaciones burinoides, grandes fracturas perpendiculares al eje de aplicación de la fuerza, generalmente reflejadas. Por otra parte no existe ningún tipo de redondeamiento del filo. Las superficies de los filos útiles resultan tan profundamente al - teradas que la microtopografía de la pieza es francamente difícil de observar con el microscopio. De todas formas, si un uso reiterado hubiera producido otros estigmas como los pulidos o los accidentes lineales, la continua pérdida de materia los hubiera eliminado en la mayoría de los casos. Todas estas apreciaciones coinciden con las realizadas para el hendido de hueso, por lo que en el caso de la obsidiana es realmen - te difícil distinguir la materia trabajada, mientras que si el instru - mento hubiera sido de sílex habría posibilidades de discriminar en - tre ambas (Caspar, 1985; Rodríguez Rodríguez, 1993d). También se han realizado acciones de percusión lanzada para afi - lar madera. En este caso, los filos activos son semejantes a los que han realizado una cinemática de hendido, con la diferencia de que no existen dos filos opuestos enfrentados, sino sólo uno. 4. CONCLUSIONES Las huellas de uso que se producen en la obsidiana responden a unos patrones muy similares a las que se crean en el sílex en cada una de las circunstancias experimentales que hemos llevado a cabo. Quizás habría que destacar la mayor presencia de melladuras y es - trías en la obsidiana, lo que debe relacionarse con su menor dureza y mayor fragilidad. También la incidencia del brillo es mayor en la obsidiana, lo que podría atribuirse a la naturaleza de sus superficies TRACEOLOGÍA DE LAS OBSIDIANAS CANARIAS 53 vítreas. Además, las huellas de uso se producen muy rápidamen - te, debido a que este vidrio volcánico es más blando y frágil que el sílex. Es evidente que faltarían varios tipos de experimentos en nuestro programa actual, como el trabajo de la piedra por ejemplo, así como multiplicar el número de piezas que han trabajado alguna de las materias, como el hueso. Sin embargo, con la colección disponible ya se ha creado un buen punto de partida para analizar cualquiera de los conjuntos arqueológicos insulares, y determinar el grado de dureza, la capacidad abrasiva y el contenido de humedad de los ma - teriales de contacto en un porcentaje significativo de los casos. De todas formas, por el momento debemos convenir con otros especia - listas en que no se puede llegar al grado de precisión en el diagnós - fico traceológico que permite el sílex. Por un lado, los trabajos de carnicería son extremadamente difí - ciles de detectar si los instrumentos no han sido empleados durante bastante tiempo. Además, las huellas de uso producidas pueden so - laparse con los de piel fresca. Si se piensa que ambas labores están estrechamente ligadas, pues forman parte de una misma cadena operativa de procesado del animal, esta circunstancia no reviste una especial importancia. Podría darse el caso de que se comenzase a trabajar la piel recién extraída para prepararla para el curtido, pero la mayoría de las acciones serían de tipo transversal (eliminación de sebo y otras adherencias de la cara interna) y ya no pueden confun - dirse con la carnicería. Los intentos de diferenciar entre los distintos estados de la piel trabajada, según una asociación diferencial de los distintos estigmas de uso que aparecen en las piezas experimentales, presentan algunos problemas de interpretación. Ya la literatura sobre el tema ha resal - tado que se producen solapamientos entre los distintos patrones de huellas de uso producidas por un mismo material de contacto en distintos estados (Grace et alii, 1985; Hayden, 1993). Estos solapa - mientos pueden depender del tiempo de utilización de las piezas, de la variabilidad en la irregularidad de sus superficies, o incluso de un error de apreciación de ese estado o un cambio del mismo durante el trabajo, por ejemplo una pérdida o un aumento de la humedad. Sin embargo creemos que existen casos donde es posible determinar a grandes rasgos ese estado. Así, los patrones producidos por el trabajo de la piel fresca difie - ren del resto, aunque pueden solaparse, como se ha comentado, con las labores de carnicería. En este caso, cuando se trate de acciones longitudinales de corte, es factible que sólo se llegue a afirmar que 54 A. DEL CARMEN RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ se cortó materia animal blanda sin más especificación; mientras que si se trata de acciones transversales, lo más probable es que se co - rresponda con el tratamiento de piel. El trabajo del cuero seco también tiene unos patrones muy defi - nidos. Sin embargo, todavía no estamos en condiciones de diferen - ciar cuándo esta piel ha sido rehumedecida o se le ha añadido sebo. Por último la aplicación intencional de abrasivos también es fá - cil de detectar, por el gran desarrollo de las huellas de uso. El único problema de solapamiento sería cuando alguna pieza haya trabaja - do piel seca durante muchísimo tiempo. Las materias muy duras, como el hueso y la concha no permiten un buen desarrollo de alguna de las variables dependientes, sobre todo los pulidos. De esta manera, en muchos casos sólo estaremos en condiciones de afirmar que los instrumentos arqueológicos las han trabajado de manera genérica, y sólo en alguna ocasión se po - drá llegar a un mayor nivel de determinación. Esta misma circunstancia podría aplicarse en ocasiones a los es - tigmas producidos por determinadas acciones sobre hueso y made - ra, sobre todo el hendido. Recordemos que las piezas empleadas como cuña se caracterizan sobre todo por la abundancia de huellas de uso macroscópicas, especialmente melladuras, que a veces han sido confundidas con retoques intencionales. En la mayoría de los casos sólo se podrá determinar el tipo de trabajo sin especificar el tipo de materia transformada, aunque no se debe descartar por com - pleto el que se logre discriminar en algún artefacto concreto. La siega de cereales maduros puede distinguirse con comodidad de la de herbáceas verdes, mientras que el aserrado de madera blan - da y fresca puede solaparse en alguna ocasión con el corte de esas plantas verdes no leñosas. Por lo tanto, el análisis funcional de los intrumentos tallados de obsidiana puede aportar una serie de datos muy útiles para la inter - pretación global de los yacimientos arqueológicos. En primer lugar, permite discriminar entre piezas usadas y no usadas, es decir, posi - bilita identificar claramente los verdaderos instrumentos de trabajo de los desechos de talla. Este dato, en apariencia simple, será funda - mental para evaluar cuestiones como la complementareidad fun - cional de algunos tipos de asentamientos como por ejemplo las canteras taller; la verdadera incidencia de labores domésticas o ar - tesanales en los lugares de habitación, etc. Cuando el trabajo haya sido lo suficientemente prolongado como para poder interpretar los estigmas de uso y conocer el tipo de tra - bajo que realizó cada artefacto, la utilidad de la traceología es aún TRACEOLOGÍA DE LAS OBSIDIANAS CANARIAS 55 más evidente. Se ha demostrado que se pueden discriminar grandes grupos de materias primas: materias animales blandas (carnicería y piel), materias animales duras, madera y vegetales no leñosos. Inclu - so si en algunos casos no se puede diferenciar entre el hueso y la concha, o entre una madera muy fresca y blanda y una herbácea, se pueden obtener datos generales muy importantes para conocer la naturaleza de las actividades desarrolladas en el lugar de asenta - miento analizado. El estudio de conjuntos líticos coherentes que han realizado determinadas labores permite establecer qué tipos de acti - vidades se realizaron en cada yacimiento y su entorno inmediato. La combinación de estos datos con el análisis microespacial puede ayu - dar a identificar áreas concretas de actividades específicas. También es posible detectar en ocasiones la existencia de determinados esta - dios de una cadena operativa determinada, sugiriendo que el resto cte los mismos se encuentra en otro lugar, asociando por tanto a dis - tintos enclaves arqueológicos entre sí. AGRADECIMIENTOS Si cualquier trabajo de investigación es siempre resultado de la aportación de muchas personas, una labor experimental como la que hemos descrito aquí implica el concurso de pacientes amigos y compañeros, dispuestos a soportar los cortes en las manos al tallar la obsidiana, los malos olores de una piel a medio curtir, el sol de justicia de un día de siega de cebada, el dolor en las manos después de serrar maderas o huesos, etc. etc. Estoy segura que voy a olvidar - me de alguno de mis sufridos colaboradores, pero no puedo dejar de mencionar a los que han demostrado tener una mayor constancia ante mis reiteradas peticiones de auxilio: Luis Díaz, Isabel Francis - co, Marta García, Cristo Hernández, Pedro Mesa, Mateo Mir, Anto - nio Quevedo, Eva Rodríguez, Xabier Velasco. BIBLIOGRAFIA ABREU GALINDO, J. de (1977 [orig. 1632]): Historia de la conquista de las siete islas de Canaria. Ed. Goya, S/C de Tenerife. ANDERSON-GERFAUD, P. (1984/85/86): «A few Comments concerning Residue Analysis of Stone Plant-processing Tools». Early Man News 9/10/11, part 1, Newsletter for Human Palecology. pp.ó9-81 AOYAMA, K. (1993): «Experimental Microear Analysis on Maya Obsidian Tools: Case Study of the La Estrada Region, Honduras». Tracéologie et fonction: 56 A. DEL CARMEN RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ le Geste Retrouvé. Colloque International de Liéege 1990. ERAUL 50, pp.423-432. ARCO AGUILAR, C. del (1993): Recursos vegetales en la Prehistoria de Canarias. Ed. Organismo Autónomo, Compejo Insular de Museos y Centros del Ca - bildo de Tenerife. ARIAS MARIN DE CUBAS, T. (1986 [orig. 1694]): Historia de las siete islas de Ca - naria, Real Sociedad de Amigos del Pais. Las Palmas de Gran Canaria. ARNAY DE LA ROSA et alii (1985): «Análisis del contenido de un vaso cerámico aborigen de Tenerife», Anuario de Estudios Atlánticos n° 31, PP. 613-624 BONTIER, P. y LE VERRIER, J. (1980 [orig. 1419]): Le Canarien. Crónicas france - sas de la conquista de Canarias, Aula de Cultura de Tenerife. S/C de Tene - rife. BRIUER, F. L. (1976): «New clues to stone tool function: plant and animal re - sidues», American Antiquity 41(4), pp.478-484 CASPAR, J. P. (1985): «Etude tracéologique de l’industrie de silex du village ru. banné de Darion: données préliminaires». Buli. Soc. Roy. Beige Anthrop. Préhist. 96, pp. 49-74 CORRUCCINI, J. A. (1985): «Moisture and the formation of obsidian striations», Lithic Technology, vol. XIV, n° 1, pp. 33-35 DIEGO CUSCOY, L. (1961): «Armas de madera y vestido del aborigen de las Is - las Canarias». Anuario de Estudios Atlánticos 7, pp. 499-535 EsPINoSA, A. de (1980 [orig. 1594]): Historia de Nuestra Señora de Candelaria, Ed. Goya, S/C de Tenerife. GALVÁN SANTOS, B. (1979): «Breve ensayo de sistematización tipológica de la industria ósea de los aborígenes canarios», XV Congreso Nacional de Ar - queología (Zaragoza, pp. 337-346. (1980): «El trabajo del junco y la palma entre los canarios prehispánicos». Revista de Historia Canaria XXXVII. La Laguna, pp.43-72. (1989): «La industria lítica tallada de Cueva Quiquirá (La Orotava-Tenerife)» en Serie Monografías Arqueológicas del Museo Arqueológico de S/C de Tene - rife, n° 13, pp. 41-43 GALVÁN SANTOS, B. y HERNÁNDEZ GÓMEZ, C. M. : (1992-93): «La industria líti - ca del túmulo de Lomo Granados» Tahona VIII, pp. 2 15-223. GALVÁN SANTOS, B.; HERNÁNDEZ, C. M.; FRANCISCO, M. 1. y RODRÍGUEZ, A. C. (1992): «La industria obsidiánica» en El yacimiento de la cueva de Las Fuentes (Buenavista del Norte-Tenerife), Monografías del M. Arqueológico de S/C de Tenerife. pp. 87-169. GALVÁN SANTOS, B.; RODRÍGUEZ, A.; FRANCISCO, 1.; HERNÁNDEZ, F. y (1987A): «Las industrias líticas de la Cueva de Villaverde (Fuerteventura)», El Mu - seo Canario XLVII, pp. 12-68 GALVÁN SANTOS, B.; RODRÍGUEZ, A. y FRANCISCO, 1. (1987b): «Propuesta meto - dológica para el estudio de las industrias líticas talladas de Canarias», Ta - hona VI, pp.9-89. GONZÁLEZ URQUIJO, J. E. e IBÁÑEZ ESTÉVEZ, J. J. (1994): Metodología de Análi - sis Funcional de instrumentos tallados en sílex. Cuadernos de Arqueología n” 14, Universidad de Deusto GRACE, R; GRAHAM, 1. D. G. y NEWCOMER, M. H. (1985): «The quantification of microwear polishes», World Archaeology, Vol. 17, n° 1, pp.112-120 TRACEOLOGIA DE LAS OBSIDIANAS CANARIAS 57 HORTOLÁ, P. (1996): «Análisis de manchas de sangre. Aplicaciones al estudio de las relaciones ecología-patología en el hombre prehistórico». Revista de Arqueología n° 180, pp.10-13. HURCOMBE, L. M. (1984/85/86): «Residue studies on obsidian tools», Early Man News 9/10/11, part 1, Newsletter for Human Palecology. pp.83-9O (1992): Use Wear Analysis and Obsidian: Theory, Experiments and Results, Sheffiel Archaeological Monographs 4. (1993): «The Restricted Function of Neolithic Obsidian Tools at Grotta Filie - stru, Sardinia», Tracéologie et fonction: le Geste Re!rouvé. Colloque Interna - tional de Liéege 1990. ERAUL 50, pp. 88-95 IBÁÑEZ, J. J.; GONZÁLEZ, J. E.; LAGÜERA, M. A. y GUTIÉRREZ, C. (1987): «Huellas microscópicas de talla», Kobie 16, pp. 15 1-161 JOVER MAESTRE, F. J. (1997): Caracterización de las sociedades del II milenio ANE en el Levante de la Península Ibérica: producción lítica, modos de tra - bajo, modo de vida y formación social. Tesis doctoral inédita. Universidad de Alicante. LAPLACE, G. (1974): «La typologie analytique et structurale: base rationelle d’etude des industries lithiques et osseuses><. Banques de données archéo - logiques. C.N.R.S. n° 932, pp. 91-143 LEWENSTEIN, S. (1993): ~<Experimentation in the formation and variability of lithic use-wear traces on obsidian and chert implements». Tracéologie et fonction: le Geste Retrouvé. Colloque International de Liéege 1990. ERAUL 50, pp. 2287-294. LoY, T. H. (1983): «Prehistoric hlood residues detection on tool surfaces and identification of species of origin», Science 220, pp.1269-1271 MANSUR-FRANCHOMME, M. E. (1988): «Tracéologie et technologie: quelques données sur l’obsidienne>, Industries Litliiques. Tracéologie et Technologie. BAR. International Series 411. pp.29-47 MIES, G. (1960). «Untersuchung eirliger Lederarbeiten der Ureinwohner der Kanarischen Insein». El Museo Canario 75-76: 413-423. RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ, A. C. (1993a): La industria lítica de la Isla de La Palma. «Cuevas de San Juan»: un modelo de referencia« Tesis doctoral (1990) en microfichas. Servicio de publicaciones de la Universidad de La Laguna. (1993b): «La evolución en la explotación de los recursos líticos en la Prehis - toria de la Isla de La Palma», 1 Encuentro de Geografía, Historia y Arte. Santa Cruz de La Palma, marzo 1993, pp. 35-47. (1993c): ~<Ana1yse fonctionnelle des outillages lithiques en basaRe de l’ile de La Palma (lles Canaries). Prémiers résultats». Tracéologie et /Onctiofl: le Geste Retrouvé. Colloque International de Liéege 1990. ERAUL 50, pp. 295301. (1993d): «L’analyse fonctionnelle de l’industrie lithiquc do gisement épipaleo - lithique/mésolithique d’El Roc de Migdia (Catalogne, Espagne). Résultats préliminaires». Prehistoire Europeenne, Vol 4. pp. 63-84. (1997): «La tecnología de la piel y el cuero en la prehistoria de Canarias. Una aproximación etnoarqueológica><. El Museo Canario LII, pp. 11-3 1. RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ, A. C. y FRANCISCO ORTEGA, 1. (1991): «Dos programas experimentales para el estudio de las industrias líticas talladas de Cana - rias’>, Tabona VII, pp.7-l7. 58 A. DEL CARMEN RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ SANTANA, CG. (1989): >~Tejidos, cestería y cordelería en la prehis - toria de Gran Canaria», IX Rencontres Internationales d’Archéologie et d’Histoire, Antibes 1988. Ed. APDCA, Juan-les-Pins, pp. 81-93. SCHOUSBOE, R. (1977): «Microscopic edge structures and microfractures on obsidian>, Lithic Technology, vol 6, n° 1.2, pp.13-21 SEMENOV, S.A. (1981): Tecnología prehistórica, AKAL Universitaria, Barcelona TORRTANI, L. (1978 [orig. 1592]): Descripción de las islas Canarias, Ed. Goya, S/C de Tenerife. VAUGHAN, P. (1981): «Microwear Analysis of Experimental Flint and Obsidian Tools», Third International Symposiwn of Flint. Staringia 6 Maastricht, pp. 90-91 (1983): «La fonction des outils préhistoriques>, La Recherche n° 148, vol 14, pp.12261234