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Mu illo y lo con empo áneo
Mu illo y
lo con empo áneo
Hawking, en su His o ia del Tiempo, de iende que
podemos medi con más exac i ud iempos que dis-
ancias, es ableciendo que el iempo del suceso es
“ iempo medio en e el ins an e de emisión del pul-
so y el de ecibimien o del eco”1. De e mina, además,
que a pa i de las eo ías de Eins ein se acep a la
imposibilidad del iempo absolu o, de lo de ini i o.
En cie o modo, de lo empo al ce ado. Habla de
un a is a como Ba olomé Es eban de Mu illo (1617-
1682), cua ocien os años después de su nacimien o,
no deja de se ascinan e po lo a iesgado de e alua
a un au o an singula den o de un iempo con em-
po áneo con ulso. El eco de su época con inúa mani-
es ándose de múl iples o mas, sob e odo a a és
de una mu ación en la que pe sis e una simbiosis de
ealidad y an asía con lo supe icial; aho a, más que
nunca.
Nos e e imos a es a e a de las supe icies ac ua-
les, cuando la a i icialidad ha impues o elones que
se mani ies an as el engaño apa en e de la alsa
anspa encia, cuando no podemos más que mi a
de soslayo a una época ascinan e donde las luces y
las somb as impusie on su imagina io: el Ba oco.
His ó icamen e, es a es é ica es una c isis de es ilo,
supone el impe io de la icción. Quizás es e no-es ilo
his ó ico es é aún imponiendo su eco al y como es-
ableció Sa duy, y haya mu ado desde el ámbi o a ís-
Ma isa Vadillo
Vicedecana Coo dinado a de
Ac i idades Exposi i as de la
Facul ad de Bellas A es de
Se illa
1 HAWKING, S., His o ia del iem-
po. Del big bang a los aguje os ne-
g os, Cí culo de Lec o es, Ba celo-
na, 1988, p. 48.
Mu illo y la Facul ad de Bellas A es de Se illa 400 años después
46
2 WATZLAWICK P., KRIEG, P.
(comps.), El ojo del obse ado .
Con ibuciones al cons uc i ismo,
Gedisa, Ba celona, 1994, p. 127.
3 BYUNG-CHUL, H., El a oma del
iempo. Un ensayo ilosó ico sob e
el a e de demo a se, He de , Ba -
celona, 2015, p. 36.
ico a la expe iencia social o co idiana de lo que en la
ac ualidad pod íamos en ende como nues a p opia
ealidad empí ica. Y es que nunca como hoy es a ea-
lidad y la an asía han con i ido con an a na u ali-
dad. Tan o que hemos ins alado é minos an con u-
sos y cau os como ‘pos e dad’, pa a in en a acep a
es uc u as de c i e io, aunque sean ines ables, al-
sas. Au o es como Calab ese, Sa duy, Deleuze, Vi i-
lio, Buci-Glucksmann o Baud illa d –en e o os- han
e lexionado en o no a es e enómeno a ís ico. Wa -
zlawick, po su pa e, ya se p egun aba a inales del
siglo pasado “¿qué ocu i ía si la ealidad ue a una
an asía, es deci , una c eación de nues o ce eb o, y
la su il di e encia en e dónde e mina la ealidad y
dónde comienza la an asía, ue a en consecuencia
ágil o una cons ucción sociocul u al?”2.
Los p incipios ca ac e ís icos del Ba oco no pue-
den se más con empo áneos aho a socialmen e. Co-
lumnas que no sos ienen nada, el impe io del a i i-
cio, el pliegue de Deleuze. Una ac i ud que supone
una negación de la ealidad, o su espues a a una ea-
lidad monó ona y abu ida. Hoy cons uimos nues-
o Ba oco en edes sociales, es nues a huida. Un
plan eamien o que pod ía mani es a nues o iem-
po a omizado, discon inuo, del que habla Byung-Chul
Han: “un iempo de pun os (Punk -Zei )”3.
En es e eino de lo a i icial, la ea alidad que im-
ponen las edes y demás mecanismos sociales, nos
con ie en a la mayo ía - an sólo- en un simulac o de
lo di e en e. Quizás en el Ba oco la icción se desa-
ollaba a a és de la an asía; p obablemen e aho a,
esa misma icción lo hace a a és de la hípe - isibi-
lidad, de la ilusión de la apa iencia, de una sociedad
monó ona y acía en gene al que exige aho a de la
pose o del ins an e del sel ie una isibilidad obsce-
na, pa a ocul a su acío absolu o. Nues a sociedad
uni o mada se mani ies a en lo eal a a és del es-
pec áculo, e íme o, ugaz, í olo mien as exige una
47
Mu illo y lo con empo áneo
4 BYUNG-CHUL, H., La sociedad
de la anspa encia, He de , Ba ce-
lona, 2013, p. 12.
5 HAUSER, A., His o ia social de
la li e a u a y el a e, olumen 2,
Guada ama/Pun o Omega, Ba ce-
lona, 1978, p. 102.
6 C ., WOLFE, T., La palab a pin-
ada & ¿Quién eme al Bauhaus e-
oz?, Anag ama, Ba celona, 2010.
7 C ., LUCAS, A., El as ondo ba-
oco de lo mode no (Es é ica y c i-
sis de la Mode nidad en la iloso ía
de Wal e Benjamin), Cuade nos
de la Uned, Uni e sidad Nacional
de Educación a Dis ancia, Mad id,
1992, p. 19, donde el au o emi e
al ex o de Benjamin “El signi ica-
do del lenguaje en el d ama y en
la agedia”.
cla idad “La sociedad de la anspa encia es un in-
ie no de lo igual”4. El eino de lo a i icial, nues a
exis encia que sólo se jus i ica an e la ep esen ación
(pública, hacia los demás) supone una desapa ición
que nos con ie e en pu a ep esen ación.
El Ba oco supuso pues la ea alización del mun-
do, el iun o del eino de lo a i icial, de la ugacidad,
de la desapa ición, de lo e íme o. En él se es ableció
el d ama, las emociones, la exube ancia de la iqueza
sensual, el des ello do ado -que no el o o-, el in de la
pe ección, un gus o po lo lúdico y la alsedad que
no supuso más que una cosi icación de la condición
humana. “Todo a e Ba oco es á lleno de es emeci-
mien o, del eco de los espacios in ini os y de la co-
elación de odo el se . La ob a de a e pasa a se
en su o alidad, como o ganismo uni a io y i i icado
en odas sus pa es, símbolo del Uni e so”5. La sen-
sualidad de lo comp ensible, la accesibilidad del ca -
ón pied a que, sin emba go, supusie on un a aque
adical a la expe iencia eal acep ando su ca ác e
uinoso de un a e e iblemen e na a i o, ese ipo
de na ación que in adió la plás ica cuyo enómeno
explicó an bien Tom Wol e en su ensayo La pala-
b a pin ada6. Es a pu a ep esen ación supone una
sa u ación isual que, al y como de iende Lucas, es-
ablece que “su isión alegó ica de la ealidad insis e
en la ep esen ación de la idea del mundo como un
‘pe i icado paisaje p imo dial’”7.
Uno
Mu illo como a is a
Es e es el singula con ex o his ó ico, la expe ien-
cia exage ada de lo ac ual, desde el que e isamos la
igu a y ob a de un au o an poliéd ico como ue
Mu illo, ac i o en una época his ó ica –en e 1600 y
1750- cuando con i ie on en nues a cul u a Na u a-
lismo, Clasicismo y Ba oco como líneas gene ales de
c eación.
Mu illo y la Facul ad de Bellas A es de Se illa 400 años después
48
8 La copla es de inida po la Real
Academia de la Lengua Española
como “composición poé ica que
cons a solo de una cua e a de o-
mance, de una seguidilla, de una
edondilla o de o as combinacio-
nes b e es, y po lo común si e
de le a en las canciones popu-
la es”. La p esencia de Mu illo es
signi ica i a en la le a de la copla
“T iniá”, esc i a po el composi o
Ra ael de León y A ias de Saa ed a
(1908-1982) que cuen a la his o ia
de amo de un jo en pin o que
al isi a el Museo de Bellas A es
de Se illa a dia io pa a “copia las
ma a illas de Mu illo” queda p en-
dado de una muchacha, cuya ima-
gen se le an ojaba al jo en “como
si ue a la Inmaculada”. La ob a de
Mu illo apa ece aquí popula men-
e como ideal inalcanzable de be-
lleza y pu eza idealizada.
9 GARCÍA, Mª d. San os, La o una
de Mu illo (1682-1900), Dipu ación
P o incial de Se illa, Se illa, 1989.
La au o a analiza de un modo ex-
celen e los ai enes y la ayec o-
ia his ó ica de la ama de Mu i-
llo como a is a, an o en Eu opa
como en su país.
10 GARCÍA, Mª d. San os, Op. Ci .,
p. 216.
El a is a es una de las igu as a quien le debe-
mos en 1660 la undación de la Academia de Dibujo
de Se illa, o igen di ec o y emocional de nues a Fa-
cul ad de Bellas A es cuyo cue po docen e se eúne
aho a, cua ocien os años después de su nacimien-
o, pa a homenajea la labo de es e au o . Desde la
más a iada he e ogeneidad con empo ánea y libe -
ad c ea i a, o mal o a ís ica, el p o eso ado de la
Uni e sidad de Se illa que ansi a hoy en e la do-
cencia, la in es igación y la c eación ac ual p opone
una exposición colec i a que ecupe a el débi o del
legado del a is a se illano. Todo ello, sin ol ida un
e e en e pa a noso os, la mues a que u o luga
como Homenaje a Mu illo en el icen ena io de su
mue e, celeb ado po nues o p o eso ado en 1982,
po lo que es a mues a no deja de se ambién un
ecue do pa a aquellos a is as que o maban pa e
de la plan illa docen e en aquellos años, algunos de
ellos aún ac i os en nues o cen o.
El p ime aspec o que no pod íamos igno a con
espec o a su igu a es que pocos han sido los au o es
an e gi e sados po el éxi o popula como el a is-
a se illano, que pasó de la éli e c ea i a eu opea a
las la as de dulce de memb illo, su iendo un juicio
popula ausen e de piedad que no hizo jus icia a su
in ensidad c ea i a. E iden emen e, Mu illo desa o-
lló una nume osa p oducción a ís ica de emá ica
eligiosa que u o un g an calado en el imagina io
social, pe o su ascendencia a ís ica a más allá del
ámbi o sac o. Se conoce que el a is a ue muy eco-
nocido en su ciudad na al8 po su ca ác e piadoso y
po sus p o undas con icciones ca ólicas; de hecho,
en ocasiones su leyenda le lle a a se idealizado en lo
que Ga cía Felgue a9 denominó como una especie de
“Supe man c is iano”10.
Al ma gen de la ica p oducción sac a, Mu illo
desa olló di e sos géne os clásicos y encon ó en
o os emas nue os esos alo es ideales posi i os que
49
Mu illo y lo con empo áneo
11 BROWN, J., Mu illo and his D aw-
ings, P ince on Uni e si y P ess,
P ince on, 1976, p. 37: “Mu illo’s
uni e se is uncomplica ed by d a-
ma, he oics, pain o su e ing. The
esul is an a o delibe a e supe -
iciali y”. Ca álogo de exposición
celeb ada en The A Museum de
la P ince on Uni e si y, del 12 de
diciemb e de 1976 al 30 de ene o
de 1977.
12 Es a idea comenzó a modi ica -
se con lec u as de ex os como el
de Gayo Plinio Segundo (Plinio el
iejo 23-79) en su His o ia Na u-
al o de F ancisco Pacheco (1564-
1644) A e de la Pin u a (1649)
cuando menciona que los clásicos
g iegos como Dionysius copiaban
cosas co idianas, como Zeuxis o
Pa hasius. Así, se die on au o es
plás icos que a a on la emá ica
de géne o, ce canos a Mu illo en el
iempo como Michelangelo Me isi
de Ca a aggio (1571-1610), Be n-
ha d Keil (1624-1687), An onio
del Cas illo (1616-1668). Pos e io -
men e, su seguido Ped o Núñez
de Villa icencio (al ededo de
1635-1695).
le conmo ían sus p incipios eligiosos. Po ejemplo,
el a is a desa olló una p oducción singula en e-
a o, al igual que explo ó la emá ica mi ológica con
alego ías como la de las cua o es aciones, donde los
p o agonis as de la iconog a ía son muchachos jó e-
nes, algo mayo es y más idealizados que los niños
de las escenas calleje as, unas alego ías paganas con
cie a in ención mo alizan e. No obs an e, el ámbi-
o de la in ancia co idiana se ía, quizás, una de las
apo aciones más o iginales del a is a, al desa olla
una emá ica que le p opo ciona ía impac o in e na-
cional en Eu opa. En ealidad, pa ece que en la ob a
conc e a de pe sonajes in an iles de Mu illo se da un
as ase de signi icados, donde la p oducción de la
es e a in an il sac a es á do ada de un lige o oque
‘humano’ que ace ca al San o In an e a la conciencia
de los ieles. Po el con a io, en las escenas de géne-
o in an iles paganas se adi ina cie o cando p opio
del piadoso ideal eligioso, lo que p o oca pe sonajes
amables y encan ado es a pesa de su baja condición
social –lo que con e i ía a Mu illo en un c onis a
idealizado de su época, no en un na ado obje i o
de un ealismo social c udo que mi a la mise ia eal
in an il en aquella época de epidemias... -. De hecho,
es a dulci icación ha sido acusada de “supe iciali-
dad”11, ajena a la ealidad de la agedia.
Posiblemen e, su simpa ía con es os pe sonajes,
sea debido a a ias ci cuns ancias. Así, pod ía debe -
se a una condición pe sonal de su p opio ca ác e pia-
doso o a su condición de pad e de amilia nume o-
sa. Igualmen e, po una cues ión p o esional pod ía
esponde a una endencia de emá ica más popula
que ya había iniciado el ambién se illano Velázquez,
asis iendo a una co ien e eno ada de ei indica-
ción de emas co idianos12 en las a es. No ol ide-
mos el in e és exp eso de pa icula es come cian es
eu opeos, como Nicolás Omazu , que es imula on al
pin o en es os emas; in luencia e iden e po es a
Mu illo y la Facul ad de Bellas A es de Se illa 400 años después
50
13 GARCÍA, Mª d. San os, Op. Ci .,
pp. 36-37.
14 Aunque el concep o de mímesis
no es uní oco, an o Pla ón como
A is ó eles, seguidos po muchos
au o es en la an igüedad, conec-
a on es e concep o con el a e,
econociéndole a és e la unción
de la imi ación (mímesis), ep e-
sen ación o igu ación. En asgos
gene ales, se puede deci que cuan-
do Pla ón habla de un pin o que
imi a, quie e deci que es e pin o
pin a un cuad o igu a i o que e-
p esen a el obje o eal que pin a;
el pin o o ece la apa iencia sen-
sible del obje o. Mien as que A is-
ó eles cuando dice que un poe a
o d ama u go imi a algo, conside a
que p esen a una icción con el as-
pec o que end ía si ue a eal.
la ciudad de Se illa, como cen o come cial, muy en
con ac o con o as egiones del no e de Eu opa (es-
pecialmen e en los Países Bajos) con o os gus os a -
ís icos. Ga cía Felgue a13 indica que es e en usiasmo
de la clien ela eu opea po la ob a de géne o in an il
pagano de Mu illo se obse a en dos hechos: uno,
que el a is a sea ci ado en lengua inglesa po p ime-
a ez (po John E elyn el 21 de junio de 1696) y dos,
que se le a ibuyese al a is a el e a o más an iguo
de un inglés ealizado po un español.
Sin duda, su alioso g upo de pin u a in an il pa-
gana, aunque no es excesi amen e nume oso, sí es
muy signi ica i o po su impo ancia debido a que
es p ecisamen e es a pin u a de géne o de Mu illo
la que le apo a un oque de mode nidad a su ob a:
al e a a lo co idiano -un ema an p esen e incluso
en el a e con empo áneo- do a a su p oducción de
ac ualidad e in empo alidad a ís ica. Es a elección
de la niñez p o ana es especialmen e signi ica i a si
enemos en cuen a la emá ica dominan e eligiosa
de un momen o en el que el a e de su país es aba al
se icio de la di usión de un o undo dogma eligioso
y los emas ajenos a la Iglesia Ca ólica e an conside-
ados meno es –y en ocasiones apenas a ados-. De
es e modo, las escenas de géne o, en odas sus a ian-
es (paisajes, bodegones, escenas cos umb is as) e an
conside adas imágenes más ulga es po se me as
copias mundanas14 po lo que se asociaban a un ol
secunda io, e iden emen e in e io a la g andiosidad
mo al inna a de los emas sac os.
Señalemos que es e iden e que pa a Mu illo es e
g upo de escenas in an iles, no sac as, ep esen aban
su ideal emocional con espec o a los pe sonajes,
e i ando así una ía desc ipción del ema, ansmi-
iendo ce canía, espe o y simpa ía. Es a ec eación
op imis a de la desp eocupación ingenua p opia de
la in ancia le lle a a ep esen a , en algunos de sus
cuad os de niños, una de las exp esiones humanas
51
Mu illo y lo con empo áneo
15 C ., VALDIVIESO, E., Mu illo.
Somb as de la ie a, luces del cie-
lo, Edi o ial Sílex, Mad id, 1991, p.
228.
16 Especialmen e p esen e en
Einladung zum A golla-Spiel (El
juego de la a golla, al ededo de
1670) en The T us ees o Dulwich
Pic u e Galle y que ep esen a
una sua e en ación in an il: el
dilema mo alizan e en e el debe
ep esen ado po el niño que
es á de pie con un cán a o y el
dis u e pe sonal del niño que es á
en el suelo jugando y p opone la
in i ación.
menos cap adas en pin u a po su e iden e di icul-
ad plás ica y psicológica: la isa15. De es e modo la
aleg ía, en gene al, es compañe a habi ual de es os
niños p o agonis as de su pin u a de géne o. Encon-
amos a ios ejemplos en la ob a pic ó ica de Mu-
illo en los que el p o agonis a es á iendo: Mucha-
cho iendo (al ededo de 1670) ac ualmen e en The
Na ional Galle y de Lond es; El jo en galle o (al ede-
do 1655-1660) en colección p i ada de Mad id; el
muchacho de Vieja comiendo gachas con un niño y
un pe o (1650-1660) en München, en la Sammlung
Ca s anjen; Muchacho con pe o (al ededo de 1650-
1655) en S aa liche E emi age, S . Pe e sbu g; el niño
que es á en el suelo de la ob a El juego de la a go-
lla (al ededo de 1670) en The T us ees o Dulwich
Pic u e Galle y. También enemos alguna p o agonis-
a emenina, como La gallega de la moneda (1645-
1650) ubicado en el Museo de El P ado de Mad id o
La endedo a de u as (1650-1660) con una son isa
más p uden e. En es e sen ido, quizás an sólo pod ía
se una excepción una de sus c eaciones genuinas
más an iguas que ep esen a es a emá ica exclusi a
in an il Niño espulgándose (al ededo de 1648) que
ac ualmen e se conse a en el Musée du Lou e, una
pieza maes a cuyo p o agonis a pa ece en uel o en
cie o halo melancólico de mise ia co idiana.
O a de las peculia idades de la ob a de géne o
in an il p o ano de Mu illo con espec o a las ep e-
sen aciones in an iles sac as gene ales es concep ual.
En las imágenes eligiosas del Niño Jesús, a amen e
la igu a es á ocupando una au onomía independien-
e en el con enido, más bien suele o ma pa e de
una na ación supe io . Sin emba go, en la mayo ía
de es as escenas de géne o de Mu illo la in ancia y su
medio p opio son p o agonis as exclusi os, les acom-
paña an sólo el juego16, la na u aleza o las isas. En
la mayo ía de las ocasiones es án e a ados solos, sin
p esencia adul a –Niño espulgándose, Niños comien-
Mu illo y la Facul ad de Bellas A es de Se illa 400 años después
52
17 SHKLOVSKI, V., Zoo o ca as de
no amo , Á ico de los lib os, Ba ce-
lona, 2010, p. 94.
do melón y u as (al ededo de 1650), en e o os-, no
suelen apa ece los pad es, en odo caso pe sonajes
de edad a anzada que les acompañan, pe o que no
ep esen an la au o idad ni el ínculo de la amilia,
como ocu e en Cua o igu as en un escalón (al ede-
do de 1655-1660). Igualmen e los niños ocupan es-
pacios que son p opios de la in ancia calleje a, ajena
al espacio domés ico, luga es casi exclusi os de una
in ancia modes a: esquinas, uinas, calles, siemp e
acogedo as y sin in enciones hos iles.
A p opósi o de es a con adicción en e la isa, el
juego y la mise ia señalaba Shklo ski que “las pin-
u as nacen como los niños. Se conciben de mane a
aleg e, aleg e y des e gonzada. Después llegan con
su imien o, el pa o es dolo oso, y i en ama ga-
men e po el es o de sus días”17. Posiblemen e, la
ob a global de Mu illo haya su ido como pocas ese
‘ es o de sus días’. No obs an e, su pin u a de géne o
y su p oducción sac a es u ie on inme sas en esa es-
é ica Ba oca cuya po encia ac ual mencionamos al
p incipio de es e ex o. La mi ada de Mu illo, hoy, se-
ía con empo ánea. De hecho, pod íamos a i ma que
el maes o es con empo áneo y sus plan eamien os
c ea i os esponden an o a cues iones sac as como
paganas, a inquie udes c ea i as llenas de libe ad
como a p incipios clásicos composi i os más ce ca-
nos a la academia, con un lenguaje plás ico que ue
ganando g acia, i mo, sol u a y luminosidad con los
años. Su legado y el de su época con inúan inquie-
ando a los au o es más dispa es en la ac ualidad,
suponiendo un mo o de c eación en la con empo-
aneidad.
Dos
El juego del Neoba oco. Las
inquie udes del maes o Mu illo en la
c eación ac ual
Señalaba Eugenio D’O s, en su céleb e ex o Lo
53
Mu illo y lo con empo áneo
18 D’ORS, E., Op. Ci ., p. 33.
19 CALABRESE, O., La e a neoba-
oca, Cá ed a, Mad id, 1999, p. 12.
Ba oco que es e es un es ilo de cul u a, que enace,
que inspi a –incluso- sin copia se se ilmen e. Po
ello, no ex aña ía que ese nue o é mino al que se
ecu e, conocido como ‘Neoba oco’ desde que en
1972 Se e o Sa duy lo es ablecie a, es é p esen e en
el lenguaje es é ico a inales del siglo XX y p incipios
del XXI. Mu illo y su época con inúan en la posmo-
de nidad o hípe -mode nidad más ecien e. Los elo-
nes o el ampan ojo son nómadas y se han ins ala-
do –p incipalmen e- en las pan allas. El no-es ilo de
lo eo, de lo excesi o, í olo, dionisíaco o ex año se
ha con e ido en una ca ego ía: “Siemp e que encon-
amos eunidas en un solo ges o a ias in enciones
con adic o ias, el esul ado es ilís ico pe enece a la
ca ego ía del Ba oco. El espí i u ba oco, pa a deci -
lo ulga men e y de una ez, no sabe lo que quie e”18.
Toda una decla ación de in enciones que no pod ía
sin e iza mejo nues a p opia época, un eslogan
ideal pa a esumi el ascinan e es ado del a e con-
empo áneo global.
La lis a de au o es ac uales que a a ían aspec os
es é icos o concep uales inse ados en la esencia del
Ba oco his ó ico, que es a ían den o de ese plan ea-
mien o conocido como Neoba oco de la que Cala-
b ese es ablece oda una e a empo al, esul a ía in-
e minable. El eó ico lo plan ea como una ca ego ía
espi i ual o es é ica que se con apone al ideal clásico
en las a es, más allá del pe iodo his ó ico; se ía una
cons an e que eapa ece, de endiendo al igual que
D’O s, que es a mani es ación ba oca es me a-his ó-
ica. Un ai e de iempo que supone “la pé dida de
la in eg idad, de la globalidad, de la sis ema ización
o denada a cambio de la ines abilidad, de la polidi-
mensionalidad, de la mu abilidad”19.
Pa a pe cibi la ue za de es e enómeno a ís ico
no end íamos más que pensa en la unidad neoba-
oca que supond ían nume osas pe o mances que
se celeb an hoy en día, los nue os al a es o e ablos
Mu illo y la Facul ad de Bellas A es de Se illa 400 años después
60
25 D’ORS, E., Op. Ci ., p. 35.
en su ca ego ía es é ica, que no his ó ica, pod íamos
econoce la ácilmen e en las piezas de Takashi Mu-
akami (1962). Sus ob as son una in asión plás ica
y escénica de elemen os apa en emen e í olos,
inocen es, di e idos, llenos de ies a. Su ho o a-
cui hace p esen e, no sin cie a zozob a, la dimen-
sión más inquie an e de es as o mas. El gus o po
el de alle y la epe ición adquie e en Mu akami una
dimensión de sunami isual. Sus lo es, llenas de
an asía, en ocasiones a e an… ¿de qué se íen en
piezas como Flowe s in hea en (2010)? Una p egun a
que nos emi e de nue o a D’O s: “El Ba oco es á
sec e amen e animado po la nos algia del Pa aíso
Pe dido”25. Un pa aíso que nunca ha sido an inal-
canzable como aho a, ya que su espejismo nos odea
cons an emen e a a és de medios de comunicación,
publicidad o edes sociales. Es la i anía de la isa
como obligación i al.
Una i anía que pa ece cen a la ob a del a is a
chino Yue Minjun (1962), en su modo más his é i-
co, his iónico y apa en emen e inocen e a a és de
la ep esen ación ca ica u esca de la ca cajada, con
la que el au o consigue ansmi i en sus pin u as
una c í ica y desazón social sin igual. En ellas, son
p o agonis as p ocesos como la epe ición (no sólo
o mal sino c omá ica) del au o e a o iendo has a
con e i lo en una imagen in ini a, en el eco de su
p opio miedo o angus ia; los ojos ap e ados y ce a-
dos al ex e io po un ges o que se pod ía ace ca al
del dolo . La isa siemp e es un elón, y las suyas pa-
ecen isas desespe adas, ne iosas, ce canas al in.
Quizás, en es e sen ido, las igu as más inquie an es
en las pin u as del maes o Mu illo las obse emos
en algunos p o agonis as que ocupan los úl imos é -
minos de ondo en el espacio pic ó ico que apa ecen
en algunas ob as como Muje es en la en ana (1670)
y Cua o igu as en un escalón. La p ime a, di ec a-
men e, ocul a su boca mien as que la segunda se de-
61
Mu illo y lo con empo áneo
26 No ol idemos que la no ela pi-
ca esca su gió en España pa a e-
a a las a en u as de unos pe so-
najes –los “píca os”- gene almen e
muchachos pe enecien es a una
baja condición social pe o muy
as u os, ingeniosos y que lle aban
una o ma de ida ap o echada y
amposa. Es as a en u as siemp e
desc iben unos pasajes muy di e -
idos, aunque dejan al lec o cie -
o sedimen o cómico-ama go, ya
que el ingenio que aplican es una
o ma de sob e i i a ci cuns an-
cias c ueles que les imponen los
seño es a los que si en o su ida
co idiana.
27 Pensemos en au o es como Ce -
an es con los jó enes p o agonis-
as de Rincone e y Co adillo o La
ida y hechos de Es ebanillo Gon-
zález (1646). Igualmen e, A en u-
as y ida de Guzmán de Al a a-
che: a alaya de la ida humana
(1599 la p ime a pa e y en 1603 la
segunda) de Ma eo Alemán (1547-
1614); La píca a Jus ina (1605) de
F ancisco López de Úbeda; F an-
cisco de Que edo Villegas (1580-
1645) con su His o ia de la ida
del Buscón llamado don Pablos,
exemplo de agamundos y espejo
de acaños o El Buscón (al ededo
de 1604).
o ma en una singula mueca.
Po úl imo, no ol idemos que es os elemen os e-
má icos –el juego y la isa- se dan en Mu illo a a és
de una de las e e encias más in e esan es que abo -
dó: la p opia in ancia pagana, inse ada en lo co idia-
no. Sus p o agonis as, son en la mayo ía de los casos
pequeños gol illos de la calle, llenos de e nu a, ino-
cencia y pica esca26. Es de ecibo eco da que en su
en o no his ó ico se es á p oduciendo en li e a u a
pe sonajes memo ables27.
En la ac ualidad, esa in ancia sigue siendo p o a-
gonis a absolu a de una mi ada a ís ica que, en nu-
me osas ocasiones, se si e de la igu a in an il pa a
denuncia o c i ica la iolencia de sis emas polí icos
o sociales cuya ag esi idad se ceba con la sociedad
ci il en gene al. Pod íamos pensa en p ime as i-
gu as de a is as in e nacionales, au o es que i ían
desde el g a i e o Banksy (1975, supues amen e) al
belige an e a is a chino Ai Weiwei (1957), pasando
po el humo acidísimo de Mau izio Ca elan (1960)
o la c udeza de los he manos Jake y Dinos Chapman
(1962/1966), en e o os muchos.
Es habi ual que Banksy ecu a a igu as in an i-
les en sus pin adas con g a i i. Niños y niñas que se
en en an con su inocen e ac i ud a escenas de gue-
a, hipoc esía social o ag esión económica. Sus p o-
agonis as in an iles suelen apa ece acompañados
de igu as del ejé ci o, sos eniendo a mas, abajando
ilegalmen e, he idos po un sis ema labo al in an il,
asus ados, pidiendo ayuda, sin u u o, denunciando
men i as polí icas, siendo cacheados o llenos de cu-
iosidad an e el espec áculo gene al que con emplan.
Ellos ep esen an en Banksy la magia, la mi ada ino-
cen e y pu a: son las íc imas. También son niños
u banos, calleje os que ocupan p ecisamen e los di-
e sos mu os de la ciudad.
En es e sen ido de denuncia end íamos que se-
ñala la conmo edo a in e ención que lle ó a cabo
Mu illo y la Facul ad de Bellas A es de Se illa 400 años después
62
en 2010 Ai Weiwei (1957) i ulada Remembe ing en
el Museum Haus de Kuns de Munich con 9000 mo-
chilas de colo es que compusie on el ex o “ella i ió
eliz en es e mundo du an e sie e años”, en alusión a
un comen a io de la mad e de una de las allecidas
en los e emo os de Sichuan. Una ca ás o e p o a-
gonizada en su mayo ía po niños ya que lo edi icios
p incipales que se de umba on ue on las escuelas
es a ales, p obablemen e a causa de dé ici s de segu-
idad y calidad en sus cons ucciones. Una sensibili-
dad social que es habi ual en el lenguaje discu si o
del a is a, an o con la sociedad china o inculado
con o as agedias con impac o en Eu opa, como es
el caso de los e ugiados si ios.
Po o o lado, la in ancia co idiana ha sido un ele-
men o de c eación en au o es an insu ec os como
es Ca elan cuya mi ada se a icula desde la p o o-
cación. Así pod íamos señala alguna de sus ob as
cen ada en igu as in an iles como ue la pieza que
mos ó en la I Bienal de A e Con empo áneo de Se i-
lla (BIACS) celeb ada el año 2004 con una g an polé-
mica pública e ins i ucional al mos a en un espacio
ex e io la igu a escul ó ica de un niño aho cado.
Una pieza a ís ica que ansmi e e lexiones y sen-
saciones complejas, ob as alejadas de la indi e encia
o la amabilidad que ambién son p o agonis as en las
p opues as de au o es como los he manos Chapman.
Sus dan escas T agic Ana omies (1996), p o agoni-
zadas po niños y niñas de ana omías e o cidas, a
modo de maniquíes p opios de escapa a es come cia-
les cuyos miemb os o geni ales es án dis o sionados,
de o mados, cambiados de luga . Cue pos usiona-
dos, desnudos en la mayo ía de los casos sal o po
calza unas depo i as, igu as que ocupan espacios
a i iciales in adidos po una ege ación ideal que
nos hace ememo a la idea de pa aíso. Un pa aíso
que –segu amen e- esas igu as no han conocido ni
an a conoce jamás.
63
Mu illo y lo con empo áneo
28 C ., LIPOVETSKY, G., De la lige-
eza: hacia una ci ilización de lo
lige o, Anag ama, Ba celona, 2016.
En de ini i a, pod íamos a i ma que las inquie-
udes a ís icas o emá icas que ya es aban en la p o-
ducción p o esional de Mu illo siguen es ando igen-
es en las mani es aciones que se p oducen den o de
la dimensión a ís ica ac ual, ace cándose el maes o
se illano a una línea de p oducción más p o unda y
o iginal que ha seguido igen e en la c eación a lo
la go de es os siglos. Su impac o y complejidad como
a is a pa ece i más allá de la isión que, po lo gene-
al, se iene de su ob a en nues o país.
Po ello, con oda es a complejidad, con o e sia,
pasión y caos p opios de una época e anescen e y
i ual como la nues a celeb amos desde el ámbi o
académico no sólo a una igu a inigualable como ue
Mu illo, sino en cie o modo a oda su época. No es
de ex aña que uno de los ensayos más apasionan-
es y ecien es esc i os po Lipo e sky a en de la
lige eza28. En un sen ido con a io a es a lige eza y a
la elocidad desmesu ada que no malmen e nos ocu-
pa a odos hoy, es a mues a iene el obje i o cla o
de p o oca un homenaje que a o ece la unión de
a is as muy dispa es que compa imos las mismas
p eocupaciones docen es y las mismas complejida-
des p o esionales. Unidos no malmen e po nues o
alumnado, es a ez, nos une el maes o Mu illo. So-
mos p o eso es y p o eso as, pe o ambién a is as
que desa ollan su labo desde la libe ad c ea i a.
Así unidos, suponemos un conjun o de lo más he e-
ogéneo que mi a sin complejos an o a la c eación
más clásica como a la más angua dis a, que no huye
de las on e as. La Uni e sidad de Se illa, a a és
de su Facul ad de Bellas A es, p opone así un home-
naje i epe ible a una igu a malog ada en algunos
ámbi os del imagina io popula . Segu amen e, Mu-
illo es a ía o gulloso de la labo de adición e inno-
ación que a día de hoy supone nues o cen o que
ha encon ado una seña de iden idad en la calidad
o mal, en la exquisi ez del dibujo clásico o académi-
Mu illo y la Facul ad de Bellas A es de Se illa 400 años después
64
29 DELEUZE, G-, Op. Ci ., p. 160.
co pe o ambién en una o mación más inno ado a
y ac ual que mi a de en e y sin complejos a las co-
ien es es é icas o las úl imas mani es aciones a ís-
icas. Como señala Deleuze, “Lo p opio del Ba oco
no es cae en la ilusión ni sali de ella, lo p opio del
Ba oco es ealiza algo en la ilusión misma”29. Todo
ello, cua ocien os años después.
65
Mu illo y lo con empo áneo
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