LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA FARMACÉUTICA
Pha macis s’ Righ o Conscien ious Objec ion
ABRAHAM BARRERO ORTEGA
Uni e sidad de Se illa
Cómo ci a /Ci a ion
Ba e o O ega, A. (2016). La objeción de conciencia a macéu ica.
Re is a de Es udios Polí icos, 172, 83-107.
doi: h p://dx.doi.o g/10.18042/cepc/ ep.172.03
Resumen
La ecien e STC 145/2015 se p onuncia, po in, sob e un asun o la gamen e
discu ido po la doc ina, el de la objeción de conciencia a macéu ica. En ella, el
T ibunal Cons i ucional ampa a a un a macéu ico que exp esamen e mani ies a su
olun ad de no dispone y, po an o, de no dispensa la píldo a pos coi al, aduciendo
sus posibles e ec os abo i os. Aunque obje a ambién a la en a de p ese a i os «po
azones de conciencia», el TC no le ampa a en es e segundo supues o. ¿Qué concep-
ción de la objeción de conciencia cabe deduci de es e ele an e p onunciamien o?
¿Qué no edades apo a con espec o a la ju isp udencia cons i ucional p eceden e?
Como e a de espe a , la STC 145/2015 ha susci ado una i a eacción. El p esen e
abajo p e ende e cia en el deba e desde la imp esión de que al T ibunal Cons i u-
cional, po así deci , no se le ha en endido bien.
Palab as cla e
Objeción de conciencia; objeción de conciencia a macéu ica; píldo a poscoi al;
píldo a del día después; abo o; libe ad de conciencia; pensamien o y eligión.
Abs ac
In i s ecen Decision 145/2015, he Spanish Cons i u ional Cou uled on
whe he s a o pha macies could be g an ed he igh o conscien ious objec ion.
The Cou upheld he cons i u ional igh o pha macy s a o conscien iously ob-
jec o selling he so-called «mo ning-a e pill». The Cou , howe e , did no ex end
he scope o such a igh o he sale o con acep i es. As a esul o his decision, e-
ga ding a highly con o e sial ma e wi hin Spanish doc ine, wha should be unde -
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s ood as he new scope o he igh o conscien iously objec ? How does his decision
impac he p eceden case-law on he issue? As could be expec ed, Decision 145/2015
has spa ked a li ely doc inal deba e. This a icle in ends o con ibu e o he deba e
unde he assump ion ha he Cons i u ional Cou ’s uling «may no ha e been
ully unde s ood».
Key wo ds
Conscien ious objec ion; mo ning-a e pill; conscien ious objec ion pha ma-
ceu ical; abo ion; eedom o hough ; conscience and eligion.
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SUMARIO
I. PROPÓSITO. II. LA DOCTRINA DE LA STC 145/2015. III. LOS VOTOS PARTICU-
LARES. IV. VALORACIÓN CRÍTICA. 1. ¿D ás ico o e uling de la doc ina cons i u-
cional sob e la objeción de conciencia? 2. ¿Me a p olongación o ex ensión de la
STC 53/1985? 3. ¿Ac i ismo s. au ocon ol de la ju isdicción cons i ucional en
ma e ia de objeción de conciencia? 4. ¿Banal eje cicio de ponde ación? 5. ¿Un
ejemplo de diálogo judicial? BiBliog a ía ci ada.
I. PROPÓSITO
El pasado 25 de junio de 2015 el T ibunal Cons i ucional (en adelan e,
TC) u o ocasión de p onuncia se sob e un asun o la gamen e deba ido en e
la doc ina cien í ica1, el de la objeción de conciencia a macéu ica.
La sen encia 145/2015 ampa a a un a macéu ico sancionado en 2008
po la Delegación P o incial de Salud de Se illa po que en su a macia no
disponía ni de p ese a i os ni de píldo as pos coi ales o «del día después»
—con el p incipio ac i o le ono ges el 0,750 mg—. El a macéu ico exp e-
samen e mani es ó su olun ad de no dispone y, po an o, de no dispensa la
píldo a, aduciendo sus posibles e ec os abo i os. Aunque obje ó ambién a la
en a de p ese a i os po mo i os de conciencia, el TC no le o o ga ampa o
en es e segundo supues o. En el allo se decla a, pues, pa cialmen e ulne ado
su de echo a la objeción de conciencia « inculado al de echo undamen al a la
libe ad ideológica (a . 16.1 CE)».
La sen encia —ampa o a ocado al Pleno ex a . 10.1 n) LOTC— e is e
ascendencia cons i ucional po dis in as azones. De o ma inmedia a, ha
pe mi ido al TC delimi a el con enido de la objeción a macéu ica —en e-
lación con la con acepción poscoi al— ad casum, es o es, en a ención a las
especiales ci cuns ancias del ampa o susci ado, aun e ciando ine i ablemen e
en la cues ión con o e ida de su p e endido o au én ico pa alelismo e iden-
idad de azón con la objeción de los médicos a la ealización de p ác icas
abo i as, supues o de objeción, como es sabido, legi imado en la STC
53/1985 (FJ 14º) —y hoy ya legalizado2.
1 Una ace ada sín esis del deba e puede e se en De Miguel Be iain, 2010.
2 A . 19.2 de la Ley O gánica 2/2010, de 3 de ma zo, de salud sexual y ep oduc i a y
de la in e upción olun a ia del emba azo.
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Algún au o , en al sen ido, se ha e e ido al «big bang ju ídico» (Palomi-
no Lozano, 2007) que se iene p oduciendo en ma e ia de objeción de con-
ciencia, es deci , la ampliación de la cobe u a ju ídico-cons i ucional de los
con lic os en e conciencia y ley. Una cobe u a inicialmen e pensada pa a la
objeción al se icio mili a y al abo o —y que hoy conse a un es a us ju ídi-
co-cons i ucional singula —. En el iejo onco nacen nue as amas. ¿Cabe
ex ende la objeción del médico a la ealización de p ác icas abo i as a o os
supues os más o menos simila es como la nega i a del juez a comple a con su
olun ad la de la meno que desea abo a con a el pa ece de sus pad es
(Tu chi, 2007) o, po lo que aho a ocupa, la del a macéu ico a dispensa la
«píldo a del día después»? La posición a o able del TC al espec o es, en mi
opinión, la pa e más con o e ible de la sen encia.
De o ma indi ec a o aledaña, el TC, sin pe juicio de que a es e espec o
quepa ap ecia en la sen encia mayo dosis de p udencia, au ocon ención o
sel es ain , se ha is o obligado a aden a se en el ema, igualmen e id ioso,
de la elación que media en e los de echos undamen ales a la libe ad ideo-
lógica y eligiosa y la objeción de conciencia gene al. Y es que, an es de ampa-
a o no al ecu en e po su nega i a a dispone y dispensa la píldo a poscoi-
al y an iconcep i os, esul aba inexcusable, en buena lógica, pa i de una
noción exac a sob e el es a us cons i ucional de la objeción de conciencia. Esa
noción —aunque no se explici e con ni idez y la a gumen ación del TC ado-
lezca de cie a oscu idad— subyace, sin duda, as la sen encia.
Bas e po aho a deja apun ado que dos son las g andes posiciones doc-
inales man enidas al espec o (Ba e o O ega, 2006: 410-418). Po un lado,
la de quienes conciben la objeción de conciencia como un de echo undamen-
al in e ible de las libe ades ideológica y eligiosa (a . 16.1 CE). Las libe a-
des ideológica y eligiosa ga an izan no solo el de echo a ene o no ene las
c eencias que cada cual es ime con enien es, sino ambién el de echo a com-
po a se en odas las ci cuns ancias de la ida con a eglo a las p opias c een-
cias. Es posible colegi la objeción de conciencia de las libe ades ideológica o
eligiosa, po lo que no es necesa ia la in e posi io legisla o is pa a que el de e-
cho undamen al pueda eje ce se; la objeción de conciencia es di ec amen e
aplicable. Con odo, aun siendo la objeción de conciencia un de echo unda-
men al, no lo es con un alcance ilimi ado. Es p eciso ponde a lo con o os
de echos y bienes cons i ucionalmen e p o egidos. En p incipio, se á el legis-
lado el enca gado de hace lo, sin pe juicio de que al labo la lle e a cabo, a
al a de egulación legal, el ó gano judicial compe en e.
Po o o lado, es án aquellos au o es que de inen la objeción de con-
ciencia más bien como una mani es ación conc e a y legi imada de las libe -
ades ideológica y eligiosa. Del econocimien o de las libe ades ideológica y
eligiosa no se sigue un de echo gene al a la objeción de conciencia. La in o-
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cación de la libe ad ideológica o eligiosa no puede se i sin más pa a in-
cumpli un manda o no ma i o que se es ima con a io a la p opia concien-
cia. La idea, en sí misma, esul a con adic o ia con los pos ulados básicos del
Es ado de De echo: la olun ad gene al, la ley, es á po encima de la opción
indi idual. Cues ión dis in a es que el legislado —o excepcionalmen e la
ju isdicción cons i ucional— de ec e algún supues o, especialmen e sen ido
y se io, en e no ma ju ídica y no ma de conciencia, y lo legi ime. Ello e-
dunda ía en una p o ección más eal y e ec i a de las libe ades ideológica y
eligiosa. La objeción de conciencia se e ige así en una « écnica de p o ec-
ción» de las libe ades ideológica o eligiosa cuyo undamen o cons i ucional
esidi ía en los a ículos 9.3 y 16.3 CE. No es admisible la objeción de con-
ciencia con a legem; sí la secundum legem. El legislado democ á ico iene, en
ma e ia de objeción de conciencia, un amplio ma gen de ap eciación. La
ap eciación de la mayo o meno con eniencia pa a legi ima una p e ensión
de dispensa co esponde al legislado de acue do con c i e ios de opo uni-
dad den o del ma gen de ac uación, amplio, que le concede la Cons i ución
(Gómez Abeja, 2014).
En lo que sigue in en a é desci a el con enido de la STC 145/2015.
Empeza é sin e izando la doc ina de la mayo ía del Pleno y la posición de los
o os pa icula es, dos disc epan es y uno concu en e. Llama la a ención que,
pese a la complejidad y ascendencia del asun o, la pos u a mayo i a ia se
exp esa lacónicamen e. El TC no ha que ido i más allá. Dice y no dice. Hay
silencios locuaces, comunica i os. Quizás no i más allá uese condición nece-
sa ia pa a alcanza el acue do as «la gas sesiones de deba e» —se lee en el
o o pa icula de los magis ados Fe nando Valdés y Juan An onio Xiol.
Te mina é o eciendo mi alo ación pe sonal, pa cialmen e c í ica, de la
sen encia, sub ayando con inuidades y no edades con espec o a la ju isp u-
dencia an e io del TC en ma e ia de objeción de conciencia, así como algu-
nos in e ogan es. El p opósi o que anima es as páginas es el de un comen a-
io ju isp udencial. La solución del TC, y mis e lexiones al hilo de la misma,
se án las que aquí queden expues as. La bibliog a ía que ci e, mínima, end á
solo a se i me de apoyo pa a encon a algunas espues as, de ninguna mane-
a es exhaus i a y en ello, es oy segu o, se no a án lagunas.
II. LA DOCTRINA DE LA STC 145/2015
El TC, an e odo, se a ana po ci cunsc ibi su undamen ación a la apli-
cabilidad de la doc ina cons i ucional sob e la objeción de conciencia a la
in e upción olun a ia del emba azo —supues o de objeción legi imado ju-
isp udencialmen e en la STC 53/1985 (FJ 14º)— al supues o examinado. La
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demanda de ampa o ci a la 53/1985 en apoyo de su p e ensión y a ello se
a iene el TC. ¿Cabe una in e p e ación ex ensi a de la 53/1985? El juicio de
ponde ación en e el in ocado de echo a la objeción de conciencia y la obliga-
ción de dispone del mínimo de exis encias que impone al a macéu ico la
no ma i a sec o ial (Dec e o andaluz 104/2001, de 30 de ab il, sob e exis en-
cias mínimas de medicamen os y p oduc os sani a ios en las o icinas de a ma-
cia y almacenes a macéu icos de dis ibución en Andalucía) queda ceñido,
pues, «a la singula idad del p onunciamien o aído a colación» (FJ 4º) po el
ecu en e (la 53/1985).
El TC comienza ad i iendo que la STC 53/1985 econoció la objeción
de conciencia al abo o a los p o esionales sani a ios en a ención a la g a edad
del con lic o de conciencia susci ado, a las pa icula es ci cuns ancias del su-
pues o analizado y a la «signi ica i a in e ención» (FJ 4º) de los médicos en
los casos de in e upción olun a ia del emba azo. En ella se dice que «la ob-
jeción de conciencia o ma pa e del con enido del de echo undamen al a la
libe ad ideológica y eligiosa» (FJ 14º) y que, po an o, «exis e y puede se
eje cido con independencia de que se haya dic ado o no al egulación» (FJ
14º), pe o odo ello ha de in e p e a se en el con ex o educido señalado. Son
a i maciones excepcionales, ue a de lo habi ual.
Sen adas es as conside aciones, la mayo ía del Pleno conside a que la
sanción impues a al demandan e ulne ó su de echo a la objeción de concien-
cia como mani es ación de la libe ad ideológica y eligiosa (a . 16.1) po lo
que hace a la nega i a a dispone y dispensa la píldo a poscoi al. Rechaza, po
el con a io, o o ga el ampa o en elación con la nega i a del demandan e a
despacha p ese a i os, pues en ese supues o «ningún con lic o de conciencia
con ele ancia cons i ucional puede da se» (FJ 6º). La objeción a ende p e-
se a i os queda ex amu os del a ículo 16 CE.
Dos son las cues iones que analiza la sen encia pa a llega a es a conclu-
sión. De un lado, si el de echo a la objeción de conciencia que la doc ina
cons i ucional econoce a los médicos llamados a in e eni en la p ác ica de
un abo o es ambién aplicable a los a macéu icos. De o o lado, la incidencia
del de echo a la objeción de conciencia sob e o os de echos y, de o ma pa -
icula , sob e el de echo de la muje a la salud sexual y ep oduc i a, que in-
cluye el acceso a las p es aciones sani a ias pa a la in e upción olun a ia del
emba azo así como el acceso a los medicamen os an iconcep i os y con acep-
i os au o izados en España.
No bas a con ap ecia si la objeción de conciencia a macéu ica o ma
pa e del con enido cons i ucionalmen e decla ado de las libe ades ideológica
y eligiosa. Si se en endie a que sí, a englón seguido hab ía que ponde a
en e al de echo y o os de echos, bienes y alo es cons i ucionales. Una cosa
es delimi a el con enido cons i ucionalmen e p o egido del de echo a la ob-
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jeción del a macéu ico y o a di e en e limi a o es ingi desde ue a ese
con enido.
Respec o a la p ime a cues ión, el TC sos iene que «los aspec os de e mi-
nan es» que lle a on en la 53/1985 al «singula econocimien o» del de echo
a la objeción de conciencia de los médicos pueden concu i ambién «cuando
la e e ida objeción se p oyec a sob e el debe de dispensación de la denomi-
nada “píldo a del día después” po pa e de los a macéu icos» (FJ 4º).
El TC dice no desconoce la « al a de unanimidad cien í ica» en elación
a los posibles e ec os abo i os de la píldo a poscoi al. ¿Fá maco abo i o o
an iconcep i o de eme gencia? P e ie e no e cia en el deba e, limi ándose a
cons a a la exis encia de una «duda azonable» sob e la p oducción de dichos
e ec os, lo que do a al con lic o de conciencia alegado po el ecu en e de
«su icien e consis encia y ele ancia cons i ucional» (FJ 4º). El con lic o e is-
e un cie o g ado de se iedad y en e gadu a.
Pese a las di e encias «de índole cuan i a i a y cuali a i a» (FJ 4º) exis en-
es en e la pa icipación de los médicos en la in e upción olun a ia del
emba azo y la dispensación, po pa e de un a macéu ico, de la «píldo a del
día después», el TC es ima que exis e un pa alelismo en e el con lic o de con-
ciencia del ecu en e y el que a ec a a los acul a i os. Y ello po que, en de e -
minados supues os, la píldo a pod ía causa en las muje es emba azadas un
e ec o que choca «con la concepción que p o esa el demandan e sob e el de e-
cho a la ida». A es a simili ud se añade que, desde esa pe spec i a, la ac ua-
ción del a macéu ico, «en su condición de expedido au o izado de la e e ida
sus ancia, esul a pa icula men e ele an e» (FJ 4º). Se colige, en de ini i a,
que los aspec os nuclea es de la singula inclusión de la objeción de conciencia
al abo o den o del con enido esencial de las libe ades ideológica y eligiosa
en la STC 53/1985 ambién se dan cuando el a macéu ico obje a en e a la
con acepción poscoi al de u gencia.
En cuan o a la segunda cues ión, la con on ación con o os de echos,
bienes y alo es cons i ucionales, el T ibunal conside a que el incumplimien o
po el demandan e de su debe de con a en su a macia con el «mínimo de
exis encias es ablecido no ma i amen e» no puso «en pelig o» el de echo de la
muje «a accede a los medicamen os an iconcep i os au o izados po el o de-
namien o ju ídico igen e» en an o con enido especí ico de su de echo a la
salud sexual y ep oduc i a. De hecho, apun a la sen encia, «la a macia e-
gen ada po el demandan e se ubica en el cen o u bano de la ciudad de Se i-
lla, da o es e del que se deduce la disponibilidad de o as o icinas de a macia
ela i amen e ce canas» (FJ 5º). No pa ece que la salud pública de Se illa se
ie a se iamen e a ec ada po esa nega i a.
La sen encia iene en cuen a, además, que el demandan e es aba insc i-
o como obje o de conciencia en el Colegio O icial de Fa macéu icos de
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Se illa, cuyos Es a u os, ap obados po la Conseje ía de Jus icia y Adminis-
ación Pública de la Jun a de Andalucía el 8 de mayo de 2006, econocen
de o ma exp esa la objeción de conciencia como «de echo básico de los
a macéu icos colegiados en el eje cicio de su ac i idad p o esional». Po
ello, señala, «el demandan e ac uó bajo la legí ima con ianza de eje ci a un
de echo, cuyo econocimien o es a u a io no ue obje ado po la Adminis-
ación».
Al demandan e se le impuso una sanción pecunia ia po no dispone en
su a macia de dos de los p oduc os incluidos en la elación de «mínimo de
exis encias»: la e e ida píldo a y p ese a i os. En elación a los p ese a i os,
sin emba go, el TC echaza concede le el ampa o po que «ningún con lic o de
conciencia con ele ancia cons i ucional puede da se en es e supues o». «Es
pa en e —exp esa la sen encia— que el incumplimien o de la obligación ela-
i a a las exis encias de p ese a i os queda ex amu os de la p o ección que
b inda» el a . 16 CE.
El o o gamien o del ampa o se limi a, po an o, a la sanción co espon-
dien e a la nega i a del demandan e a ende la «píldo a del día después». En
cambio, la mul a que le impuso la Jun a de Andalucía no especi icó ni cuan i-
icó dis in os concep os, de modo que el TC o dena e o ae las ac uaciones
«al momen o inmedia amen e an e io » a dic a se la esolución sancionado a
con el in de que la Adminis ación decida «sob e la conc e a sanción que
co esponda impone al demandan e en lo que se e ie e a la in acción g a e
que se le impu a po nega se a dispone de (y po ello a dispensa ) p ese a i-
os en la o icina de a macia de la que es co i ula ». La pa cial es imación del
ampa o exige un nue o cálculo de la sanción.
III. LOS VOTOS PARTICULARES
La a dua con o e sia susci ada en las delibe aciones del Pleno iene
ac edi ada po los es o os pa icula es que, de o ma con unden e, mani-
ies an desacue dos con espec o a la posición mayo i a ia. Los dos o os
disc epan es —de la icep esiden a Adela Asua y o o compa ido de los
magis ados Fe nando Valdés y Juan An onio Xiol— en ienden que el am-
pa o debe ía habe sido deses imado ad limine po ca ece su o mulación
mani ies amen e de con enido. Cues ionan an o la ex ensión de la STC
53/1985 al supues o de la objeción de conciencia a macéu ica como la
ponde ación e ec uada ad casum. El o o concu en e —del magis ado An-
d és Olle o— es á plenamen e de acue do con la es imación del ampa o,
pe o, a pa i de aquí, disien e de la undamen ación ju ídica y has a del
alcance del allo.
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Más exac amen e, la magis ada Adela Asua mani ies a que el de echo
gene al a la objeción de conciencia no puede se conside ado écnicamen e
como «pa e del con enido del de echo a la libe ad ideológica», pues ni la
Cons i ución ni ninguna ley con ienen al econocimien o. Toda objeción
p ecisa un econocimien o a ni el cons i ucional (así, el a . 30.2 CE) o, en su
caso, un econocimien o legal, lo que no se da en el supues o de la objeción
a macéu ica.
Conside a, en al sen ido, que la sen encia no se adecua ni a la ju isp u-
dencia cons i ucional ni a la del T ibunal Eu opeo de De echos Humanos
—en adelan e TEDH— (Decisión de inadmisión del caso Pichon y Sajous c.
F ancia de 2 de oc ub e de 2001) y lle a a cabo un «d ás ico cambio doc i-
nal» que «puede ae consecuencias aciagas pa a nues o Es ado Cons i u-
cional de De echo y, en de ini i a, pa a nues a con i encia», pues pueden
se muchos «los supues os a ec ados po la nega i a a cumpli el co espon-
dien e debe ju ídico apelando al de echo a la objeción de conciencia, con-
o mado a olun ad de quien esg ime la objeción, sin necesidad de una
p e isión legal al espec o». La sen encia —denuncia— pa e de una p emi-
sa discu ible y supe ada po doc ina cons i ucional ul e io (SSTC 160 y
161/1987 y 321/1994): el obi e dic a de la STC 53/1985. Es una pena que
se haya dejado escapa la opo unidad de umba su ala gada somb a y su
pe nicioso e ec o en la de inición del es a us cons i ucional de la objeción
de conciencia.
Po o o lado, «la p e endida al a de unanimidad» en elación a los e ec-
os abo i os de la píldo a poscoi al «cons i uye una ap eciación en e amen e
lib e y subje i a de la sen encia no basada en p ueba pe icial alguna» y, en
úl imo é mino, «desmen ida po la conside ación de medicamen o an icon-
cep i o de eme gencia que la Agencia Española del Medicamen o le ha asig-
nado». La «píldo a de la mañana siguien e» iene la inalidad de e i a un po-
sible emba azo, pe o no e mina con uno ya comenzado. La ex ensión de la
53/1985 es, pues, imp oceden e.
La sen encia —con aa gumen a Asúa— ealiza a i maciones descono-
ciendo la ealidad de los hechos en unas ocasiones y sin o ece da o obje i o
alguno en o as. La sanción adminis a i a no se impuso a un a macéu ico
po su nega i a a dispensa el medicamen o a un e ce o, sino a los dos co i u-
la es de la o icina de a macia po el incumplimien o del debe de con a con
el mínimo de exis encias ijado no ma i amen e. No se cons a a cuán as a -
macias se encuen an en la p oximidad del es ablecimien o del ecu en e;
bas a la p esunción de que, al encon a se la a macia en pleno cen o u bano,
es lógico que exis an muchas o as en las p oximidades. Y odo ello siendo
e iden e que «los Es a u os colegiales no pueden c ee ex no o de echos un-
damen ales ni egula su eje cicio al ma gen de la ley».
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del de echo a la ida, al igual que de los es an es de echos humanos» (STC
212/1996). En consecuencia, el a ículo 15 CE y la necesidad de p o ege la
ida del nasci u us «implica pa a el Es ado con ca ác e gene al dos obligaciones:
la de abs ene se de in e umpi o de obs aculiza el p oceso na u al de ges ación
y la de es ablece un sis ema legal de de ensa de la ida que suponga una p o ec-
ción e ec i a de la misma y que, dado el ca ác e undamen al de la ida, incluya
ambién, como úl ima ga an ía, las no mas penales» (SSTC 53/1985 y
212/1996). En cambio, la p o ección del emb ión es in e io a la del nasci u us
y la del no ans e ido (p eemb ión) in e io a la del emb ión implan ado, lo que
no signi ica que ambas e apas de la ida en o mación queden exen as de esa
p o ección (aunque sea meno que la p o ección o o gada a o as e apas). La
p o ección de la ida emb iona ia es necesa ia —es necesa ia una ponde ación
que ga an ice que no exis e desp o ección absolu a— pe o se admi en di e sos
ni eles de ga an ía de ealidades que son di e en es (STC 116/1999; en e la
doc ina, Pa do Falcón, 1997, y Vidal P ado, 2012).
Se insis e, asimismo, en la con eniencia de dis ingui en e la pa icipa-
ción di ec a del médico y la indi ec a del a macéu ico. La in e upción de la
ida depende del médico; se obje a la in e upción misma. El a macéu ico no
causa él mismo la in e upción. La conciencia no se e compelida de igual
o ma en la pa icipación di ec a y en la dispensación de un medicamen o que
puede p o oca la. Incluso se ha sos enido que, dado que la píldo a poscoi al
ca ece de e ec o abo i o, la en a de an iconcep i os iene ca ác e neu al,
no iene implicaciones de conciencia en elación con la p o ección de la ida
humana (De Miguel Be iain, 2010).
El TC, en un con ex o de al a de unanimidad cien í ica espec o a los
posibles e ec os abo i os de la «píldo a de la mañana siguien e» y sin nega las
di e encias de índole cuan i a i a y cuali a i a en e la pa icipación del médi-
co y la dispensación del a macéu ico, op a po la ex ensión de la STC
53/1985. ¿Ap eciación cien í ica y ác ica en e amen e lib e y subje i a, no
basada en p ueba pe icial alguna, u opción p o libe a e, p o conscien ia, más
a o able a la libe ad ideológica del ecu en e?
Se compa a o no el c i e io de la mayo ía del Pleno —expond é mi
p incipal disc epancia en el apa ado siguien e—, no c eo que pueda se a-
chado de «posicionamien o p e io que no log a ocul a la somb a ideológica
que le guía»4. Es una posición en endible, no exen a de cie a p udencia, pa -
iendo de la base de la con i mación de la STC 53/1985.
Se di ía que el TC p e ie e no exage a el alo de lo ju ídico a la ho a de
de e mina cuándo comienza la ida humana y la p o ección que, en odas sus
4 Vo o pa icula de la magis ada Adela Asúa.
LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA FARMACÉUTICA 99
Re is a de Es udios Polí icos, 172, ab il-junio (2016), pp. 83-107
ases, me ece (Fe ajoli, 2006). En al sen ido, la STC 145/2015 en onca con
o as sen encias del TC que han econocido su al a de compe encia a la ho a
de de e mina la espues a a es a cues ión (SSTC 53/1985, 116/1999 y
212/1996), que pe manece siemp e abie a (Tala e a Fe nández, 2002).
Tan in ole an e pudie a se cali icada la ac i ud de quienes a an de
impone sob e los demás su c eencia de que es a empieza en el momen o de
la ecundación como la de quienes de ienden que empieza después. El De-
echo no es el ins umen o más adecuado pa a pone pun o y inal a es e
dilema, ni las conside aciones de De echo Penal sob e cuándo se ha de san-
ciona la in e upción del emba azo y cuándo no deben se in e p e adas
como una solución de ini i a al dilema mo al sob e el inicio de la ida hu-
mana, sob e odo si enemos en cuen a que las no mas penales deben espe-
a el ca ác e exiguo de es a ama del De echo a la luz del p incipio de mí-
nima in e ención. No cabe, pues, deduci de la despenalización de una
conduc a como la des ucción de un emb ión la negación del ca ác e hu-
mano del mismo.
El TC, en suma, admi e que la p opia inde inición de la cues ión de
ondo, el comienzo de la ida humana, debe ía lle a nos a se más comp en-
si os con los epa os mo ales que el a macéu ico pueda sen i en e a la dis-
pensación de la «píldo a del día después», o o gándole, al menos, la misma
conside ación que a los médicos. En ealidad, una ca ego ía como la objeción
de conciencia es á, p ecisamen e, pensada pa a casos como es os, en los que
no exis en espues as gene ales, sino que el disenso es pe ec amen e comp en-
sible y, po an o, puede se legi imado po el o denamien o ju ídico. Un o o
de con ianza a causa de una duda azonable.
3. ¿ACTIVISMO VS. AUTOCONTROL DE LA JURISDICCIÓN
CONSTITUCIONAL EN MATERIA DE OBJECIÓN DE CONCIENCIA?
El p oblema de ondo, enlazando con cuan o an ecede, es de e mina
quién debe legi ima esos con lic os de conciencia especialmen e sen idos, se-
ios e insupe ables, que ponen de mani ies o la exis encia en las sociedades
democ á icas de cues iones mo almen e con o e idas que se exp esan públi-
ca y lib emen e. Cues iones socialmen e discu idas que, po lo gene al y en
úl ima ins ancia, no pueden di imi se median e la apelación a la ciencia. Tales
cues iones en en an opciones dis in as cuya espec i a undamen ación se
hace ecae en ma cos axiológicos di e en es. Es deci , es amos hablando de
emas de ca ác e ideológico, eligioso, polí ico y mo al. Na u almen e, la
conciencia no se ago a en el ma co de las c eencias eligiosas —aunque quepa
econoce que la objeción de conciencia ha ma chado his ó icamen e en pa a-
lelo con la libe ad eligiosa, cons i uyendo una de sus dimensiones más des-
100 ABRAHAM BARRERO ORTEGA
Re is a de Es udios Polí icos, 172, ab il-junio (2016), pp. 83-107
acadas—. Exis en o as de ca ác e ilosó ico o deon ológico que ambién
alimen an las objeciones de conciencia.
Puede que el o denamien o con igu e un debe ju ídico que, de algún
modo, a añe a esas cues iones con o e idas. ¿Cab ía la dispensa? ¿Pod ía le-
gi ima se la excepción de lo o denado po las leyes gene ales? Si se es ima a
opo uno, ¿quién es a ía acul ado pa a ello? ¿La ju isdicción cons i ucional?
¿El legislado ?
La STC 53/1985 sen ó la idea de que, en úl imo análisis, la ju isdic-
ción cons i ucional podía ope a esa legi imación; conside ó que la oposi-
ción a la in e upción olun a ia del emba azo mo i ada po un se io e in-
supe able con lic o de conciencia cons i uía una con icción o c eencia de
su icien e solidez, se iedad e impo ancia como pa a a ae las ga an ías del
a ículo 16 CE. La ía u ilizada po el TC ue la inclusión de ese supues o
de objeción en el con enido esencial de la libe ad ideológica. El TC in e -
p e ó que el de echo undamen al a la libe ad ideológica comp endía la
objeción de conciencia al abo o. Cie o es que el TC ha ma izado pos e io -
men e su posición, decan ándose, como egla gene al, po la necesidad de la
in e mediación legisla i a, pe o lo cie o es que, de nue o, la STC 145/2015
in ie e di ec amen e la objeción a macéu ica del a ículo 16 CE. Un su-
pues o de objeción semejan e al acogido en la STC 53/1985 pe o dis in o,
con di e encias cuan i a i as y cuali a i as ap eciables como admi e el p o-
pio TC. Lo cie o es que el TC no enuncia a su papel de «gua dián de la
objeción de conciencia».
De modo análogo, el TEDH, en la sen encia Baya yan c. A menia de 7
de julio de 2011 —de la G an Sala—, e isando doc ina p e ia (Ma ín-Re-
o illo Baque , 2011), ha sos enido que la objeción de conciencia al se icio
mili a de i a di ec amen e del Con enio y, en conc e o, de las exigencias de
la libe ad de pensamien o, conciencia y eligión que ga an iza el a ículo 9
CEDH. No hay lib e opción de los Es ados en elación con el econocimien o
de la objeción. La objeción al se icio mili a no es una opción legí ima; es un
de echo aplicable y inculan e. Aunque no exis a no ma es a al que consag e
la al e na i a en e el se icio mili a y un se icio sus i u o io, la oposición a
la obligación de se i en el ejé ci o cae den o del a ículo 9 CEDH. La dis-
pensa se aloja en el Con enio. El T ibunal conside a que el hecho de que el
demandan e, un es igo de Jeho á, no acudiese a p es a el se icio mili a es
una mani es ación de sus c eencias eligiosas. Su condena po insumisión su-
puso una inje encia en el eje cicio de su libe ad de mani es a su eligión. El
T ibunal señala igualmen e que, dado que no exis ía ningún se icio ci il sus-
i u o io en A menia en aquel momen o, el demandan e no u o o a posibi-
lidad que echaza el alis amien o en el ejé ci o si que ía man ene se iel a sus
con icciones y, al hace lo, se expuso a sanciones penales. El ámbi o de p o ec-
LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA FARMACÉUTICA 101
Re is a de Es udios Polí icos, 172, ab il-junio (2016), pp. 83-107
ción del a ículo 9 CEDH alcanza a la nega i a a ealiza el se icio mili a
obliga o io5.
Es e «de echo a la úl ima palab a» de la ju isdicción cons i ucional o
«cuasi cons i ucional» (Ko zu , 2012) en ma e ia de objeción de conciencia
pudie a e se como una conc eción del p incipio con amayo i a io. Asegu a-
ía el de echo de la mino ía a excepcionalmen e disce ni en conciencia po
encima del c i e io impues o mayo i a iamen e po cauces democ á icos. Un
sín oma exp esi o del espe o del Es ado a la libe ad ideológica econocida en
los ex os cons i ucionales como de echo undamen al. Una democ acia debe
da espacio a excepciones que sal agua den con icciones ju ídicas disc epan-
es. El mínimo é ico ca ac e ís ico del De echo, u o de un espaldo mayo i-
a io, iene de inido po el legislado . Pe o la disc epan e concepción de ese
mínimo é ico ju ídico susc i a po un ciudadano en mino ía, mani es ación
de un se io e insupe able con lic o de conciencia, puede se au o izada po el
ó gano enca gado de con ola la con o midad de la ley a los de echos unda-
men ales en gene al y a la libe ad ideológica en conc e o.
Aunque es á cla o que la opción de la ju isdicción cons i ucional —o
cuasi cons i ucional— en p o de la legi imación de las objeciones de concien-
cia se concibe como una posibilidad ex ao dina ia, ceñida al se icio mili a
y a la in e upción olun a ia del emba azo, en iendo más azonable la opción
en a o del legislado , de la legalización s ic o sensu. Y ello po cuan o la ob-
jeción es una igu a ju ídica que desencadena súbi as o men as de as ondo
polí ico e ideológico. No suele da se un consenso social y polí ico su icien e
en elación al enómeno de la conciencia disiden e, lo que hace aconsejable
espe a el ma gen de ap eciación del legislado de cada momen o.
El legislado es á en mejo posición que la ju isdicción cons i ucional
pa a esol e de e minadas p oblemá icas. La ju isdicción cons i ucional, en
p incipio, no es ins ancia adecuada pa a oma decisiones sob e concepciones
mo almen e con es adas6. Además, no se pie da de is a que la inclusión excep-
cional de un supues o de objeción de conciencia en el con enido esencial de la
libe ad ideológica implica una cie a «congelación o pe i icación» del o de-
namien o; esa objeción incula al legislado .
A ello se añade, en el caso de los ibunales eu opeos en ma e ia de de e-
chos humanos, un conocimien o de icien e o inexac o de las pa icula idades
5 Doc ina con i mada en las SSTEDH E çep c. Tu quía, de 22 de no iemb e de 2011,
Bukha a yan c. A menia, de 10 de ene o de 2012, Tsa u yan c. A menia, de 10 de
ene o de 2012, y Fe i Demi as c. Tu quía, de 27 de no iemb e de 2012.
6 Véase, mu a is mu andis, la STC 198/2012. Más en p o undidad, Ba e o O ega
(2014).
102 ABRAHAM BARRERO ORTEGA
Re is a de Es udios Polí icos, 172, ab il-junio (2016), pp. 83-107
his ó icas, cul u ales, sociales, económicas o ju ídicas de un de e minado Es-
ado. El plu alismo local, la di e sidad de opciones cul u ales, sociales, econó-
micas, e c. de los Es ados que pueden se pa e de un de e minado ex o in e -
nacional abogan po una especial p udencia de los ibunales in e nacionales
a la ho a de esol e de e minadas con o e sias.
De o a pa e, la legi imidad democ á ica en la oma de decisiones ac úa
a a o del legislado en la medida en que pod ía a gumen a se que de e mi-
nadas decisiones deben se adop adas po los ciudadanos o po sus ep esen-
an es elec os, a a és de un p oceso de discusión pública y decisión mayo i-
a ia. Se impone la de e encia de la ju isdicción cons i ucional hacia las deci-
siones adop adas po los ó ganos del Es ado elegidos de o ma democ á ica.
La ley, en el ma co de una democ acia delibe a i a, es el cauce adecuado pa a
llega a soluciones con mayo p obabilidad de se mo almen e acep ables que
las soluciones a las que se a iba ía po o os p ocedimien os. El legislado
lle a a cabo una sue e de unción especula que, a a és de los p ocedimien-
os que ienden a la impa cialidad, pe mi e conoce con mayo exac i ud las
decisiones mo almen e co ec as. A la ju isdicción cons i ucional le compe e
ga an iza el cí culo de ce eza ideológica (la libe ad ideológica en an o de e-
cho undamen al), dejando el cí culo de penumb a (las objeciones de concien-
cia legí imas) pa a el legislado mayo i a io, democ á ico.
La conciencia es un uni e so inaba cable y no odo con lic o de concien-
cia puede legi ima se. De ahí la con eniencia de sis ema iza las pau as o ien-
ado as que pod ían conduci a la legalización de unas objeciones y no o as.
En al sen ido, no pa ece que deba econoce se la objeción a quien no es pe -
sona ísica; la objeción es una opción pe sonal o indi idual. Se debe alo a ,
asimismo, que la oposición al debe sea cohe en e con unos es ánda es ele-
men ales de dignidad humana, se e ie a a p oblemas impo an es y no a cues-
iones i iales, y e is a un cie o g ado de solidez y se iedad.
A pa i aquí, el legislado hab ía de conside a : a) la conduc a que ei-
indica el obje o , una conduc a abs encionis a o ac i a —con una mayo pe-
lig osidad social en p incipio—; b) si se es á an e un con lic o di ec o o no
en e conciencia y ley; c) si el debe ju ídico ha sido olun a iamen e asumido;
d) la g a edad obje i a del con lic o; e) si se obje a en e a debe es en in e és
público o de cumplimien o inal colec i o o no indi idualizado —el debe no
iene que se cumplido po una conc e a pe sona— o cuya sa is acción exija
pequeñas con ibuciones indi iduales —cada una insigni ican e pe se pa a la
sa is acción del in e és úl imo—; ) si la exone ación del cumplimien o del
debe puede se sencillamen e sol en ada con la sus i ución del obje o —no
debe acep a se la objeción en el supues o de que sea imposible la sus i ución,
con me ma del in e és gene al o de de echos de e ce os—; y g) el ca ác e
excepcional de la p e ensión de dispensa —solo si es excepcional la objeción no
LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA FARMACÉUTICA 103
Re is a de Es udios Polí icos, 172, ab il-junio (2016), pp. 83-107
pond á en pelig o la sa is acción del in e és pe seguido po la no ma—. El
legislado , a la luz de es as pau as, pod ía hace un es ue zo lexibilizado y
busca soluciones no ma i as menos lesi as pa a la conciencia disiden e (Gó-
mez Abeja, 2014).
En é minos mucho más p ác icos, la opción del legislado e i a un ac i-
ismo judicial imp e isible sob e cues iones an id iosas, ya que la acep ación
de la objeción de conciencia eque i á la necesa ia o malización de su eje ci-
cio. No bas a á una simple p oclamación de la dispensa que no aya acompa-
ñada de una cla a delimi ación de su pues a en p ác ica, de la egulación de un
p ocedimien o adecuado pa a la comp obación de la se iedad de las c eencias
que mo i an la objeción, así como de la adopción de medidas p opo cionadas
en o den a ga an iza los in e eses de e ce os que pudie an e se a ec ados. La
siemp e posible ponde ación judicial queda enma cada.
La opción legalis a pe mi i ía, po lo demás, una hipo é ica e e sibili-
dad de la objeción —es deci , ol e a nega la pa a que p ime el debe ju ídi-
co—. Es azonable que oda gene ación pueda decidi sob e cues iones mo a-
les o polí icamen e con o e idas. Lo que no es an ácilmen e jus i icable es
que la ju isdicción cons i ucional conside e que su decisión debe incula y se
impida al legislado econside a o e isa lo decidido en un momen o dado y
en unas ci cuns ancias conc e as.
4. ¿BANAL EJERCICIO DE PONDERACIÓN?
Pasando de la delimi ación de la objeción de conciencia a macéu ica a
su limi ación o ponde ación con o os de echos, bienes y alo es de ele ancia
cons i ucional, compa o el pa ece de los o os pa icula es disc epan es: la
pos u a mayo i a ia no a oja esul ados sa is ac o ios. La ponde ación es, en
buena medida, supe icial, no oma en conside ación ci cuns ancias muy ele-
an es pa a el caso y que ue on discu idas en el Pleno. No es admisible —a i -
man en su o o pa icula los magis ados Fe nando Valdés y Juan An onio
Xiol— que se soslayen «las eglas más canónicas y o odoxas de la in e p e a-
ción cons i ucional» o que esas eglas se apliquen «de mane a selec i a». Se
igno an, en e ec o, de alles c uciales.
Pa a empeza , la sen encia no e i ica con da os eales la disponibilidad
de o as a macias ce canas a la del ecu en e y ampoco la hipó esis de «la
exis encia de una cadena o suma de esis encias a la dispensación»7. En es e
pun o, la ponde ación en e la objeción de conciencia y el de echo de la muje
a accede a los medicamen os an iconcep i os ca ece de sopo e ác ico su i-
7 Vo o pa icula de los magis ados Fe nando Valdés y Juan An onio Xiol.
104 ABRAHAM BARRERO ORTEGA
Re is a de Es udios Polí icos, 172, ab il-junio (2016), pp. 83-107
cien e. La disponibilidad, como ya se indicó an es, se deduce gené icamen e
del hecho de que la a macia del ecu en e se ubica en el cen o u bano de
Se illa.
Po o a pa e, ampoco queda ac edi ado el con lic o de conciencia. La
sanción impues a al ecu en e u o su o igen en la denuncia p esen ada po
un ciudadano que p e endió adqui i , sin éxi o, p ese a i os. No ajo causa
de la nega i a a dispensa la «píldo a del día después». Pos e io men e, a lo
la go del p ocedimien o sancionado , se comp obó que el es ablecimien o ca-
ecía de exis encias de p ese a i os y píldo as poscoi ales. No hubo, en igo ,
omisión de dispensación ni esis encia ac i a y singula a dispensa la píldo a.
Además, ue uno de los empleados, y no el ecu en e —co i ula de la a ma-
cia— el que a endió al ciudadano que p e endía comp a los p ese a i os y
o muló la denuncia. El ecu en e no pa icipó di ec a y pe sonalmen e en
los hechos denunciados. La sen encia «ol ida que la objeción de conciencia
p e endida no puede ex ende se sob e el es ablecimien o a macéu ico, en su
conjun o, como si se a a a de una unidad pe sonal»8. Ni cons a el con lic o
de conciencia «ni ampoco que, de habe exis ido el mismo» po la nega i a
pe sonal del ecu en e a la dispensación, «el cumplimien o del debe ju ídico
no pudie a habe se lle ado a cabo po quienes nunca opusie on azones de
conciencia (el co i ula de la a macia o un empleado)»9.
En cualquie caso, es muy discu ible que la objeción de conciencia puede
ex ende se a la enencia o disposición. Es cie o que, en un escena io de en a
sin ece a, la «píldo a del día después» puede adqui i se ácilmen e, pe o no es
desca able que, en de e minadas ci cuns ancias, solo se pudie a accede a ella
en la a macia de gua dia. La a macia ha de halla se abas ecida de un medica-
men o en el que la u gencia puede esul a mani ies a; en ales casos, no es
posible nega se a dispensa lo, p iman el debe no ma i o y los de echos de
e ce os. La a macia iene que dispone siemp e de exis encias, aunque nin-
gún ciudadano las eclame. La sen encia admi e exp esamen e que la sanción
de i ó del incumplimien o del debe de con a con el mínimo de exis encias
es ablecido no ma i amen e.
5. ¿UN EJEMPLO DE DIÁLOGO JUDICIAL?
So p enden emen e, la ponencia a alada po la mayo ía del Pleno silen-
cia la decisión de inadmisión del T ibunal Eu opeo de De echos Humanos en
el caso Pichon y Sajous c. F ancia de 2 de oc ub e de 2001.
8 Ibid.
9 Ibid.
LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA FARMACÉUTICA 105
Re is a de Es udios Polí icos, 172, ab il-junio (2016), pp. 83-107
En ella, el TEDH deses imó a limine el ecu so in e pues o po dos
a macéu icos anceses sancionados po nega se a dispensa píldo as an i-
concep i as. El TEDH acla a que la libe ad de pensamien o, conciencia y
eligión (a . 9 CEDH) no ampa a pe se la posibilidad de opone mo i os
de conciencia al cumplimien o de manda os ju ídicos. Si el legislado nacio-
nal ancés no con empla exp esamen e los mo i os de conciencia como
jus i icación del incumplimien o del debe de dispensación, el de echo a la
objeción de conciencia no puede in oca se. La dispensación de medicamen-
os con acep i os es legal en F ancia y su en a no es asimilable a la de
p oduc os abo i os (p ohibida, en é minos gene ales, en las o icinas de
a macia po el Código de Salud Pública ancés). Concluye el TEDH que
la sanción impues a no in e i ió en el eje cicio del de echo ga an izado po
el a ículo 9 CEDH.
Es e «ol ido» de la STC 145/2015 pudie a in e p e a se, quizás, como
una al a de de e encia del TC hacia el TEDH ep obable desde la pe spec i a
del a ículo 10.2 CE y del espe o a las pau as egula es de la in e p e ación
cons i ucional.
Sin emba go, yo no exage a ía la omisión. Dando po sen ado que la
decisión del caso Pichon y Sajous ue deba ida en el Pleno, la pos u a mayo i-
a ia pod ía con empla se incluso como una mues a del diálogo judicial en el
espacio cons i ucional eu opeo mul ini el. Una mues a del equilib io en e
«los in e eses locales y el con ex o global» (Xiol Ríos, 2011) en la ga an ía de
la objeción de conciencia desde el espe o al mínimo que en aña el a ículo 9
CEDH.
Tal ez el TC haya que ido llama la a ención sob e la con eniencia de
disce ni en e mé odos an iconcep i os abo i os e in e cep i os y conside a
«la al a de unanimidad cien í ica» y la exis encia de «una duda azonable»
sob e la p oducción de dichos e ec os a la ho a de encuad a o no la nega i a
a la dispensación den o del con enido de la libe ad ideológica. El TEDH
echazó la asimilación en e la an iconcepción ho monal basada en es ógenos
y el abo o; el TC —en iendo— duda que esa conclusión sea mecánicamen e
asladable a la píldo a poscoi al y al p incipio ac i o le ono ges el 0’750 mg.
Se impone la p udencia; onda la linde de la i e lexión aboca a la con usión
—pa ece da a en ende el TC —.
Tampoco es desca able que el TC haya que ido ei indica el alo de la
objeción de conciencia al abo o y su in eg ación en el con enido esencial de
la libe ad ideológica. Como se ha is o, de la ju isp udencia del TEDH no
puede deduci se que, ue a del supues o especí ico del se icio mili a , el a -
ículo 9 ga an ice un p e endido de echo a la objeción de conciencia de con-
enidos di usos y de eje cicio incondicionado en e a cualesquie a debe es le-
gales. La STC 145/2015 —que ampoco ci a la STEDH Baya yan c. A me-
106 ABRAHAM BARRERO ORTEGA
Re is a de Es udios Polí icos, 172, ab il-junio (2016), pp. 83-107
nia10— ea i ma que la objeción de conciencia al abo o a ae las ga an ías del
a ículo 16 CE, con odo lo que ello implica.
La endencia hacia la equipa ación de los es ánda es de p o ección en el
ámbi o eu opeo es un hecho, pe o, asimismo, la mul iplicación de ac o es en
los p ocesos discu si os inhe en e a la p o ección mul ini el y el diálogo judi-
cial inc emen a las posibilidades de sen encias disco dan es (Ga cía Roca,
2012). No digo que al hilo de la objeción de conciencia al abo o exis a hoy
disc epancia en e el TC y el TEDH; si no me equi oco, no hay p onuncia-
mien o exp eso del TEDH que la apa e del a ículo 9 CEDH. Sí digo que
hab á que es a a en os a la e olución de la ju isp udencia de Es asbu go. La
posición del TC es ní ida.
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