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El 98 entre las armas y las letras

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El 98 entre las armas y las letras

Author: Alonso, Cecilio
Publisher: Universidad de Sevilla
Year: 1998
Source: https://idus.us.es/bitstreams/0027a51c-1d8a-413a-8750-2851bb317d9e/download
EL
98
ENTRE
LAS
ARMAS
YLAS
LETRAS
Po CECILIO
ALONSO
El discu ido en e li e a io que, desde 1913, se iene conocien-
do como «Gene ación del 98», no se de inió po su a ención
p e e en e a los acon ecimien os his ó icos y mili a es suge idos
po su p opia denominación1• Sus in eg an es no se sus aje on a
los e ec os mo ales del desas e, pe o
-si
p escindimos de su a-
dicalismo ju enil-se mani es a on en
el
ma co de una es é ica
inno ado a, la mode nis a, que ecu ía al simbolismo pa a exp e-
sa es ados de ánimo a ec ados po el pesimismo me a ísico, o
po
la «degene ación» a ís ica, ya ex endidos po Eu opa an es de que
se inicia an las gue as
de
Ul ama . Es e decaden ismo in-de-si-
glo, cla o es, cob ó asgos especí icos con la de o a del 98 que
daba pábulo a las lamen aciones in elec uales a p opósi o de mo i-
os
como el in-de- aza o
el
ago amien o his ó ico nacional, en pa e
l.
Melcho Fe nández Almag o ( 1948, pp. 13) ya epa ó en es a ci cuns ancia: «
La
Li e a u a del 98, en sen ido es ic o, po su concep o y c onología,
es
la
que hubo
el
Desas e de inspi a
en
elación di ec a con él. A ís icamen e, cla o es, no in e esa
en
con as e con la o a, la p oducida po la gen
e
ación de Unamuno, Valle-lnclán, Azo ín,
Ba oja, Maez u ... Pe o desde el pun o de is a his ó ico, la impo an e y ú il es aquélla,
igno ada o pun o menos de los españoles ac uales, siendo,
e
almen e, la que si e de
uen e p eciosa e insus i uible al conocimien o de an is es sucesos. Los esc i o es
p o-
pia
men e dichos, magní icos esc i o es. de la gene ación que
es
ya
gala lucidísima de
la
His o ia de nues a Li e a u a, nada nos dicen -
ni
enían po qu
é-
de la liquidación
del
Impe
i
o español en Amé ica,
al
hi
lo
de las gue as coloniales y de la pa alela acción
polí ica: ellos no lo i ie on en el cam
po
de
ba
a
lla
ni
en
Jos
despachos donde se es udia-
ba
el p oblema y se con aía la esponsabilidad de su solución.»
216 CECILIO ALONSO
compensados con el es ímulo del olun a ismo nie zscheano que
anunciaba la epi anía del homb e supe io . En
lo
s ex os li e a ios
de mayo exigencia a ís ica, p oducidos a pa i de 1900,
cuyo
pa-
adigma más ópico acaso sea el azo iniano, el es imonio
de
la
ealidad iende a apa ece ans igu ado, sublimado o depu ado,
en
busca del alma
de
las cosas, del espí i u nacional y de las esencias
in empo ales que pudie an egene a lo, en e la elegía cas ellanó ila
y el cul o a
la
is eza: «li e a u a des uc o a o dolien e» a
ojos
del
pensamien o p og esis a de aquellos
años2-,
a la que
el
mallo quín
Miguel de los San os Oli e (1906) opond ía la eu o ia de
la
deno-
minada «li e a u a es imulan e», con iada a
la
acción e i alizado a
de la pe i e ia peninsula . Así pues, en ple
na
c isis del ealis
mo
li e-
a io,
lo
s esc i o
es
que se con ino
en
llama «no en ayochis as»
no
se ca ac e izaban p ecisamen e po la isión desc ip i a de casos
de
a mas que habían conmocionado a la colec i idad nacional.
Pablo de Azcá a e ( 1968, p. 8), al es udia la gue a del 98,
dio una explicación azonable de la penumb a que oscu eció los
hech
os
his ó icos cons i u i os del «desas e»
co
lonial du an e más
de medio siglo:
no
in e esaba ela a sucesos «que los iejos co-
nocían po habe los i ido» y que a su ez echazaba una ju en ud
con la
i
s a pues a en
el
u u o. Se imponía el ol ido como pa e
de una e apia psíquica colec i a. O a azón, añadi ía yo, pa a
explica ambién es a al a
de
e e encias: las gue as coloniales
u
e on ísicamen e con lic os lejano
s,
de
los que muy pocos esc i-
o es españoles del no ecien os u ie on una expe iencia di ec a.
En buena pa e ue on mili a es de ca e a: el médico Felipe T i-
go,
hé oe
de
Fue e
Vic o ia,
mu ilado
en
Filipinas;
los
comandan es José lbáñez Ma ín y Rica do Bu gue e,
el
capi án
Sa u nino Ma ín Ce ezo, que deja on es imonios de cie a digni-
dad li e a ia. De en e ellos el de Bu gue e3 me pa ece que conse a
2. C . «Ángel Gue a» (seud.
de
José Be anco
Ca
b e a), Del i i ewiluciona io.
Valencia: Sempe e, 1911. pp. 172 y ss.
3. Rica do Bu gue e (Za ag
oza
1
871
-Yalencia 1937) se codeó en su
ju
en ud
co
n los
in el
ec
uales del in de siglo. Ad
emá
s de Cuba (Dia io
de
1111
es igo) y Filipinas (Memo-
ias de un he ido) (1902), o os olúmenes suy
os
como Mi ebeldía (1904), Mo bo
naci
o-
nal
y Dinamismo espi i ualis a ( 1905) p oponían la educación de la olun ad y la egene-
ación pa ia po la « ida
o ensi ~»
y
la
ene gía uni e sal. Abso bido inalmen e
po
su
ca e a mili a llegó a co onel en Melilla (1910)
y.
ya gene al. ocupó c
a
gos de esponsa-
bilidad
co
mo la Al a
Com
isa ía en Ma uecos (
19
22) y la P
es
idencia del Conse
jo
Sup e
-
mo de Ejé ci o y Ma ina ( 1930).
EL 98 ENTRE LAS ARMAS Y LAS
LETRAS
217
mayo ac ualidad, aunque en es os as os del cen ena i
o,
has
a
la
echa, sólo José Luis Cal o Ca illa (1998, p. 356) le ha p es
ado
alguna a ención.
Su
expe iencia ue comple
a,
pues comba ió
p i-
me o en Cuba, y después en Filipinas. Publicó al é mina
la
gue a
dos lib i os que se leen hoy con in e és, po su es ilo luido y
po
la a iedad de mo i os. En ellos se combina la obse ación c
on
la
imaginación y el clímax épico; la cu io
si
dad an e el exo ismo,
co
n
la e lexión sociopolí ica y el alan e ilan ópico. No obs an e
Bu -
gue e no e a un an ibelicis a, sino un mili a c í ico, pa a quien
la
gue a e a una consecuencia a al de la lucha po la ida, en e el
impe a i o di ino y la selección de l
as
especies
(l
902a, p. 111)4.
También hubo subo iciales de eemplazo, como José Muñiz
Que edo y
-s
ob e od
o-
Manuel Ciges Apa icio, p ocesado
po
su osadía de emi i co espondencias in o ma i as opinando s
o-
b
e
la
polí ica mili a del gene al Weyle , al dia io
adical
L'in ansigean , que di igía en Pa ís el ilocubano Hen i Roche-
o . Y no al a on soldados olun a ios con acilidad de pluma,
como Manuel Co al ( 1899) y Juan To al ( 19425) que publica on
sus memo ias de gue a. A es e elenco de comba ien es pod íamos
ag
eg
a
al ci il Luis Mo o e, edac o de El Libe al, de enso
de
la au onomía
cu
bana, que se jugó la ida en el eje cicio de su
p o esión in o ma i a al pene a en campo enemigo, y p esen a -
se eme a iamen e an e
el
gene alísimo cubano Máximo Gómez,
quien lo some ió a
un
consejo de gue a del que salió absuel o.
Pe o ninguno de los esc i o es canonizados con pos e io idad -
los Ma ín
ez
Rui
z,
Ba aja, Machado
...
- ue on a las gue as, ni
hi
cie on el se icio mili a , a excepción de Maez u que cumplió
una b e e p es ación olun a ia
en
Balea es (1898). Así pues, és-
4. No dejaba de se és e
un
plan eamien o del pesimismo in elec ualis
a.
La jus i i
ca-
ción pa ió ica de la gue a más ul
ga
i
za
da se exp esaba en los é minos e ó icos em-
pleados po José de Siles (
1905
, p. 7): «Es la gue a el c isol que depu a
de
las azas. las
muchedumb es, las
u
bas. ( ... ] En su escuela no hay
ho
mb e qu
e,
como siga las inspi a-
ciones del alo , no ap enda a se inmo al
...
»
5. Muñiz Que edo, au o de Ajiaco ( 1898)
hi
zo
elaciones li e a ias en Cub
a,
y
se
in e esó po el olclo e de la isla. «Los Lunes de El Impa cial» le
di
o el espalda azo
penins
ul
a
(«
Piña ame
i
cana», 29-3-1897). Del cau i e io de Ciges Apa icio, y El si io de
Bale del capi án Ma ín Ce ezo,
en
1925 ue on incluidas po Valle-lnclán en e las nue-
e
me
jo
es no elas del
p
ime cua o de siglo (C . Ell e is as, con e encias y
w
as;
ed
.
de Joaquín y Ja ie del Valle-lnclán. Valencia: P e- ex os. l 994.
p.
289).
218 CECILIO ALONSO
os las 1 1e on imagina iamen e, den o
de
lo
que
cons i uye
el
g an mi o li e a io no en ayochis a: los símbolos con ac i os de
la colonización in e io ,
la
in ahis o ia, el cas icismo o el esencia-
lismo cas ellanis a, cuya p oyección ha pe sis ido
en
la
cu
l u a
li e a ia española p ác icamen e has a nues os días.
Tuñón
de
La a6 ma có la pau a, hace más
de
un cua o
de
siglo,
pa a ede ini el 98 como
un
espacio his ó ico amplio,
ma cado
po
la con luencia gene acional y la expe iencia di e gen e
de
quienes
lo i ie on.
De
modo que, a es as al u as, poco in e és iene empe-
ña se en cons ui
una
isión uni a ia, de po
sí
empob ecedo a.
Las uen es que yo he seleccionado
pa a
e oca el
encuen
o
de
las le as con las a mas hace cien años, son en su
mayo
pa e
documen os oscu os.
En
ealidad, no
es
más que una
pequeña
mues a indica i a, si conside amos, p. ej., las 1.381
en adas
que
egis a la documen ada Bibliog a ía sob e la gue a de
la
inde-
pendencia cubana (1976) publicada po la Biblio eca Nacional "José
Ma í'' de
La
Habana. Pe o, ambién hay que ap esu a se a deci
que incluso es e excelen e epe o io p esen a amplias
lagunas
en
lo
co
nce nien e al a amien o li e a io
de
la gue a
en
e i o io
peninsula .
En
es e aspec o documen al queda oda ía
campo
po
o u a , an o bibliog á ico como heme og á ico.
Imágenes
de
la
sensibilidad independen is a, pueden ad e i -
se
ya
en
las no elas del ilipino José Rizal, que
p eludian
las
hos ilidades; en l
as
ca as y dia ios esc i os en
campaña
po
Jo
sé
Ma í, o en el muy es imable Dia io de gue a del
abogado
Edua do
Ro
se
ll
y
Malpica
7,
in
su gen e cubano,
je e
del es ado
6.
«
La
apa ición de los homb es llamados del 98 en
el
ho izon e español de
los
p i-
me os años
de
siglo
no
debe
ni
puede ela nos su con i encia en un espacio his ó ico
gene acional com ín (pa a emplea la exp esión de Tie no) con o os llegados an es y que
oda ía es aban en plena c eació
n»
(Tuñón, 19733,
p.
124).
7. De es e in e esan e documen o, an icipó el olle ín de
El
Pueblo al ilo mismo de la
gue a (
1898
) agmen os de su ú
l
imo cuade no, acili ados a Blasco Ibáñez po un ayudan-
e
del gene al A olas cuando la gue a con a Es ados Unidos en aba en su ase c í ica.
Se
asegu aba que el dia io es aba o igina iamen e edac ado en inglés y que había sido aduci-
do po un o icial español. Nada
se
nos dice a es e espec o en la magní ica edición c í ica
que publicó la Academia de la His o ia de Cuba en dos omos (1949-50). cuyo edi o cono-
ce la exis encia de una copia agmen a ia hecha po las au o idades mili a es españolas,
pe o no hace e e encia a la edición alenciana de 1898. Rosell, según su p opio es imonio
( 1950, p. 110) cul i aba la p osa li e a ia y había esc i o unos episodios i ulados: «Mamu-
c
hi
o, Neg o y blanco y Tablas». La p imi i a e sión de
El
Pueblo daba segu amen e
una
lec u a de ec uosa: «Manusc i o, Neg o y Blanco. Recue dos de Camagüey y o o».
EL 98 ENTRE LAS ARMAS Y
LAS
LETRAS
219
mayo del b igadie Ped o
E.
Be ancou . Las p imicias del
Dia-
io de Rosell se publica on en el pe iódico alenciano El Pueblo,
po los mismos días en que la escuad a de Ce e a e a des uida
en San iago de Cuba. Es e dia io, lleno de in eligen es ap ecia-
ciones sob e la gue a, u o su con apa ida en o o, mucho
más
b e e, que El Impa cial dio a conoce en agos o del mismo año,
edac ado con escasas luces li e a ias po el co onel español
Vi-
cen e de Co ijo8 que había caído p isione o de los yanquis, y
que hubo de sob elle a un sua e cau i e io de apenas un
mes
en A lan a, muy quejoso po no sen i se a ado de acue do
con
su ango mili a .
Respues as inmedia as a los acon ecimien os bélicos encon a-
mos ambién en la li e a u a pe iodís ica, y en los
di e sos
c onicones, publicados po en egas du an e las gue as. Cuen os
y e sos con ibuían
-con
más o menos ans
pa encia-
al
con-
ol ideológico de la opinión. Con ecuencia se a a de li e a u a
deleznable, pe o ya se sabe que a meno calidad li e a ia,
mayo
e ec i idad ideológica. Menos abundan e es el a amien o no e-
lesco de aquellas ci cuns ancias: el ejemplo más b illan e
lo
cons i uyen, sin duda, las dos no elas del onubense José Nogales
publicadas en
1901
(Ma iqui a León, y, especialmen e El úl imo
pa io a). En cuan o al ea o, abunda on las i olidades pa ió i-
cas, y piezas de géne o chico. Pe o las epe cusiones en el d ama
de ideas escasean o son muy a días, po lo gene al cen adas
en
con lic os sociales y psicológicos plan eados po la epa iación,
en algunas ob as de San iago Rusiñol (1903) o de Fede ico Oli e
(1915).
In en a é sin e iza la desc ipción de es os
e
s imonios cen án-
dome en los aspec os que me pa ecen más signi ica i os, desde
una doble pe spec i a:
a)
la gue a como expe iencia ísica, y,
b)
la gue a «a dis ancia», i ida con la imaginación.
8. «El co onel Co ijo p isione o
de
los yanquis. Dia io de un cau i e io» El Impa -
cial, 8 y 9-8-
18
98 ( olle ín co ido).

220
CECILIO ALONSO
RIZAL Y MARTÍ, PRECURSORES Y MÁRTIRES
En el p ime caso, es obligado comenza eco dando a
Rizal
y
a Ma í, que legi ima on con la en ega de sus p opias
idas
la
au en icidad de su u opismo pa ió ico. En ambos las le as ue on
doblegadas po
la
s a mas.
José Rizal (1861-1896) con sus dos no elas
-Noli
me ange e
y El Filibu
s e ismo-,
en e 1886 y 1891, dio cue po imagina i o
e ideológico al mundo ilipino indígena, que había ca ecido has a
en onces de una li e a u a cul a en cas ellano. Impulsa
do
po
la
aspi ación secula izado a que pe mi ie a es ablece una sociedad
ci il con undamen os cien í icos, el es imonialismo de dichas no-
elas p esen a una doble e ien e: po
un
lado,
la
denuncia
de
la
co upción adminis a i a y de
lo
que se llamó en onces «
la
ai-
loc acia» ilipin
a;
po
o o,
la
sublimación del su imien o popula
como consecuenc
ia
de
aquéllas. En e los dos ex os hay
una
e o-
lución
que
pe mi e obse a
la
ac i ud del au o ilipino con
espec o a la me ópoli. Rizal,
que
es udió en Mad id (1882-1885),
plan ea en Noli
me
ange e una especie
de
ad e encia p
e
ia
a la
ebelión, bajo la acep ación de un doble pa io is
mo
-es
pañol
y
ilipino-
9;
mien as que seis años más a de El Filibus e ismo,
ago adas las espe anzas e o mis as, es
ya
un g i o en a o
de
la
ebelión a cualquie p eciolO.
Pe o, apa e su ex ao dina io alo documen al sob e cos um-
b es y psicología indíge
na
s, Noli me ange e e ela que los e ec os
del k ausoposi i ismo, del na u alis
mo
y del espí i
u
de análisis
deja on huella en un au o de o mación española y,
po
an o,
9.
«¡
No. a pesa de odo, p ime o la pa i
a.
p ime o Fi
li
pinas, hija de España, p ime o
la pa ia español
a!
» (Rizal. 1896 VIII,
p.
83).
10.
«El Iba a del Noli me ange e
no
pi
ensa lo mismo que el Simoún de El Filibus-
e
i
smo. Se ha ope ado u
na
g an ansición en
la
s ideas del au o , que ansmi e a sus
pe sonajes. Iba a co
n ía
, espe a. ama. Simoun es á desen
ga
ñado, es escép ico, odia. !ba-
a pide e o mas. apela a la jus icia y a la bondad del gobie no: Simoun no pide. emb u-
ece,
co
ompe, inci a a Ja iolencia, des uye. se s
ui
ci
da
. No; la segunda no ela no es
la
con inuación de la p ime a. Jba a ha mue o en la caza del lago, y
si
ha
es
uci ado. ha
esuci ado c
om
o o o homb e»
(R
ica do Palma,
ap
ud Jaime C. de Vey a, «La Hispanidad
en Filipinas».
HGL
E. V. Ba celona: Ba na: 1958. pp. 523-524)
EL 98 ENTRE LAS ARMAS Y
LAS
LETRAS 221
suje o a p ocesos in elec uales simila es a los
de
los esc i o es
pe-
ninsula es de
la
Regencia
11.
Si hoy esul a desp opo cionada la opinión, an ex endida
en-
onces, de que sus no elas ue on
la
mecha de
la
insu ección
ilipina12, no lo es an o que ue an causa de e minan e de su
usi-
lamien o,
el
30 de diciemb e de 1896, sen enciado
po
un T ibunal
mili a . En cie o modo, Rizal pagó muy ca o
el
espe o
que
Es-
paña le me ecía. Toda ía en íspe as de su ejecución, acep aba su
des ino con una despedida sin odio, en un poema esc i o en
quin-
e os
a
lejand
inos
en
lengua
española,
que
descub ían
su
inculación al gus o neo omán ico, y su concep o posi i o
de
la
desindi iduación y el eg eso a la nada, po igual imp egnado
de
gus o "cien í ico" y espi i ualismo inisecula :
Y cuando ya mi umba, de odos ol idada,
no enga c uz, ni pied a que ma quen su luga ,
deja que
la
a e el homb e, que la espa za la azada,
que odas mis cenizas se uel an a
la
nada,
y
en
pol o de u al omb a se ayan a o ma .
¡En onces nada impo a me pongas en ol ido!
Tu a mós e a, us campos, us alles c uza é;
ib an e y limpia no a se é pa a u oído;
a oma, luz, colo es, umo , can o, gemido,
cons an e epi iendo la esencia de mi e.
1
1.
Cab ía pensa
que
el no habe encon ado a iempo soluciones polí icas al e na i-
as a la seg egación iolen a supuso,
en
el plano li e a io, la up u a en e ac i udes in e-
lec uales de co e neo omán ico
con
inclinaciones simbolis as, que mediados los a ios
90
es aban más desa olladas en Ul ama
que
en España.
Si
la up u a
con
Filipinas us ó
absolu amen e el es ue zo de Rizal po c ea una na a i a cul a en cas ellano, en
Cuba
dio luga a la igno ancia de poe as an ex ao dina ios y a ines a la sensibilidad inisecula
española
co
mo Julián del Casal, el p opio Ma í, Me cedes Ma amo os, Boni acio
Byme
y
los in eg an es de la gene ación del 95 Ca los Pío Uh bach y Juana Bo e o. Como
exp e-
sión de es a quieb a en los úl imos años del XIX cunde
en
la
opinión li e a ia españo
la
(en Los Lunes de El Impa cial, p. ej.) un acen uado desdén con a la li e a u a eno ado a
p oceden e de
A111é ica.
Bas e eco da ambién del éxi o que u o el lib o Ripios ul ama-
inos del c
í
ico An onio
de
Valbuena, cuya p ime a en ega da a de 1893.
12.
«¿Midió Rizal odo el alcance de
su
lib o [Noli me ange e]? ¿
P
esumió que iba a
causa an honda imp esión en su país? Supo, sí.
que
hizo algo; guióle un in más el
e ado
que el de limi a se a esc ibi una ob a
de
en e enimien o; pe o enemos
po
indudable
que
no llegó a imagina se, al da la úl ima plumada, que con su Noli me ange e iba a co
nmo-
e el espí i u de su pa ia, a p epa a la pa a una e olución ascenden al» (W. E. Re
ana
,
Vida y esc i os del D . Rizal. Mad id, 1907).
222 CECILIO ALONSO
José Ma í (1853-1895) no sólo ue el g an isiona io
de
la
libe ad cubana sino uno de los g andes p osis as del mode nismo
ame icano, con una concepción li e a ia que no
se
ago a
en
la
p e igu ación es é ica de
la
independencia
de
su
país. Ma í siem-
p e supo complemen a
la
emoción abs ac a de su op imismo
pa ió ico con su in ensa pa icipación en la lucha po la emanci-
pación y, a di e encia de Rizal, nunca pe mi ió cues iona sus
ínculos con
la
e olución.
De
sde que en 1871 publicó
en
Mad id
su imp esionan e alega o «El p esidio polí ico cubano», o desde
que en 1873 ponía, con aplas an e logica, a
la
l ª República, an e
sus esponsabilidades his ó icas con Cuba
l3,
ue cons an e en exigi
pa a su isla las mismas libe ades que los españoles demóc a as
ecababan pa a
sí
mismos.
Ma í u o que a moniza su doble condición de polí ico y de
poe a.
Inspi ado de
la
e olución, opues o a las en aciones anexio-
nis as yanquis, es en e sus esc i os de 1895, as su de ini i o
desemba co en Cuba, donde encon amos las páginas más es e-
mecedo as de un esc i o cuya ambición
de
a monía uni e sal es
la
espues a a su expe iencia del mundo no eame icano. «
Vi í
en
el mons uo y conozco sus en añas ... » esc ibía en su ca a incon-
clusa a Manuel Me cado
en
íspe as de su mue e. Lo que menos
deseaba Ma í e a p ecisamen e
la
in
e ención yanqui en Cuba.
Sus ap emios e oluciona ios es aban es imulados sensi i amen e
po su condición
de
des e ado y su decla ada incomodidad
en
la
ida disg egada de los Es ados Unidos. Pa a él Cuba e a el mi o
del edén, que es ablecía
la
pe dida unidad de la ida en
la
e a
indus ial. Visiona io y p o e a, supo sos ene el mínimo ealismo
polí ico indispensable pa a pac a el lide azgo polí ico en la ase
u ópica de la e olución, pe o cabe sospecha que sus cualidades
-su
acundia poé ica, su condición de
ideólogo-soñado -
quizá
no hubie an sido las más adecuadas pa a las p esiones y ambigüe-
dades polí icas que el u u o ese aba a la soñada Cuba Lib e.
Mu ió emiendo el di o cio en e las ue zas e oluciona ias y el
espí i u uni a io que él había a ado de semb a (Ma í, 1997, p.
13. «La República española an e la Re olución cubana» (Ma , a.d. 1895).
EL 98 ENTRE LAS ARMAS Y LAS LETRAS 223
125).
El
14 de mayo de 1895, ano aba sus dudas de in elec ual
en
un b e e pasaje
de
su
Dia io:
Esc ibo poco y mal, po que es oy pensando con zozob a
y ama gu a. ¿Has a qué pun o se á ú il a mi país
mi
desis i-
mien o? Y debo desis i , en cuan o llegase la ho a p opia,
pa a ene libe ad
de
aconseja , y pode mo al pa a esis i
el
pelig o que
de
años a ás p e eo ... [Ma í, 1997, pp.
125
y 133]
Ni
su
ponde ada ac i ud polí ica, ni
su
alo li e a io
-en
mo-
men os en que el mode nismo e a oda ía
echazado-
ue on
alo ados en
la
Península du an e los años del in
de
siglo. Sus
ob as comple as no se publica on en España has a 1925, y sus
Dia ios de gue a acaban
de
edi a se en Ba celona (1997) al e-
clamo
de
es e Cen ena io que nos cong ega.
TESTIMONIOS DIRECTOS DEL CURSO DE LA
GUERRA Y
DE
LA VIDA MILITAR
Sín oma de la injus icia del Régimen
de
la Res au ación (Se-
ano,
p.
127), el sis ema de eclu amien o
se
con i ió en lei mo i
de
esc i o es
de
la oposición epublicana, como Blasco Ibáñez,
que asociaban el es ablecimien o del se icio mili a obliga o io
con las e o mas democ á icas que b o a ían «al soplo di ino» de
la e olución iguali a ia (Blasco, 1978 p. 56). Los a ículos del
no elis a alenciano en
su
dia io El Pueblo, ca gados
de
uego
demagógico, epi ie on con machacona insis encia las consignas
de Que ayan odos: pob es y icos, ¡O odos o ninguno!, El pue-
blo no quie e la gue a, Qui p odens? (¿a quién ap o echa?), Que
haga la gue a el Nuncio ... ,
al
an o que acuñaba imágenes de
g an impac o, como el g an ampi o, e e ida a la mona quía, como
pied a angula del égimen que
no
había sabido e i a la gue a
(pp. 4 7-48). Sus sin é icas desc ipciones de los emba ques
de
o-
pas aunaban la ap e ada a gumen ación ideológica con el pa e ismo
e ó ico
de
segu o e ec o, p opio del olle ín social:
Aye , aglome ado en lanchones y subiendo las empina-
das escale illas
de
los cos ados, iba en ando en el buque el
230 CECILIO ALONSO
mache e i i ado en la dies a. Huye
n,
y a po ía
ayan
los
ija es del caballo en busca de o o bohío: huellan plan acio-
nes; des uyen semb ados; se lanzan ené icos en
el
e do
de los pla ana es, decapi ando sus cogollos. ¡Son
adm
i a-
bles, y son odiosos! ...
No
pudiendo semb a el
campo
de
sal, Weyle desea que su paso lo mues e su sa
ña
. Aquella
mandíbula du a y salien e no puede men i . Los
que
po
implacable le en ia on a Cuba,
no
su i án decepción.
En
es
a
jo nada e án la ob a de un Weyle de cue po en e o.
Ni
campo uc í e o, ni mo ada, ni se i ien e.
De ocha aden o odo
lo
a asa la u ia.(Ciges, 1906,
4ª, XXIII).
El mo i
o
cla e de la c ueldad innecesa ia es la econcen a-
ción de campesinos, p e is a po Ma ínez Campo
s,
y dec e ada
po Weyle en oc ub e de 1896, que ninguna pluma española de-
nunció con an o igo como
el
sa gen o Ciges, una conciencia
ci il acciden almen e a mada:
Los ecinos de Cabañas han ecibido o den de concen-
a se súbi amen e en Ma iel, y en su pueblo dejan odo:
odo, menos la ieb e que los consume con su uego len o y
ama illo. Llegan en mo al éxodo: los alojan en ba acones
de guano,
al
bo de de una playa co ompida donde
la
caba-
lle ía baña a sus bes ias. Las calles es án pobladas de idén ica
so didez. En unas
ca
lde as cuecen ín imo ancho y
dan
de
come al econcen ado que lo pide. Niñas
de
diez o doce
años se inden, inocen es y pasi as, po lo que quie an abo-
na les (Ciges, 1906, XXII).
Piénsese que la e ó ica na u alis a de es as desc ipciones sus-
i uye
la
al a de in o mación g á ica,
po
má
s que
exis
an
documen os o og á icos es emecedo es, en onces desconocidos
en
España. La isión de Ciges Apa icio alcanza dimensiones dan es-
cas en su p ime lib o, Del cau i e io:
Allí den o, en aquel ambien e le al,
i
e uel o mon ón
de ha apos y desca nados huesos: homb es, muje es y ni-

EL
98 ENTRE LAS ARMAS Y LAS LETRAS
231
ños; blancos y neg os; i os y mue o
s.
Sob e des encijado
ca e, sin colchón, opa,
ni
cabezal, jadeaba
un
es igio
de
muje mal cubie o con los guiñapos de la mug ien a
camisa
que algunas ho as después le se i ía de suda io; po que
la
mue e aci u na habíala ma cado ya con es igma imbo able
en odo
su
se : en el emblo con ul
so
de s
us
miemb os,
en
la con acción
de
la boca pu ulen a que
no
podía espan a
una mosca impe inen e que en ella se había posado,
en
la
ancha anja cá dena que odeaba las hondas cuencas donde
se e ol ían cansados los id iosos ojos agonizan es. Ab a-
zado a ella había un niño que, obs inándose en oma leche,
succionaba sang e en los láccidos pechos de su mad e. [
...
]
Vecinos
de
la e e nidad, odos espe aban con iados
la
mue e
que les ha ía le e
an
inacabable suplicio. Allí
no
había medi-
cinas, pan, ni higiene. Nadie se ace caba a consola les en
su
abandono i epa able. No e a la esignación c is iana
ni
la
sa-
bidu ía es oica, sino el len o acabamien o de las ue zas i ales
quien les había enseñado a
no
eme la mue e. La nada,
el
sumo descanso e a una necesidad pa a aquellos se es bo ados
ya de en e los i os ... (Ciges, 1903, lª,
11).
La sus i ución de Weyle po el gene al Blanco, a ines
de
1897, ue conside ada como un signo de ic o ia po los sepa a-
is as. En aquellos momen os la «musa guaji a» no se andu o
po
las amas y se can a on edondillas bu lescas como és a:
«Mi que ido Vale iano,/ cuando e ayas de aquí/ e lla-
ma ás Vale í/ po que hab ás pe dido el ano (Bona oux,
«Campo de soledad» [ 1898], 1908,
p.
33)
El mo i o eapa ece en algunos illancicos «de ac ualidad» di-
undidos po la
p
ensa peninsula en
la
s na idades del 97 y del
98, exp esando el descon en o que p oducía la si uación mili a ,
como
en
la siguien e coplilla i mada po el se illano Felipe Pé ez
y González, au o del ex o za zuele o de
La
G an
Vía:
La nochebuena se iene,/ la nochebuena se a/ y
en
cam-
bio don Vale iana/ ni iene, ni a, ni ná» (El Libe al,
25-12-1897).
232
CECILIO ALONSO
El ópico subsis e as la de o a, eñido de ba niz pa é ico,
en
es os e sos de Ginés de Pasamon e:
El gene al Weyle iene/ el gene al Weyle a
..
./
¡pe o
cuán os que se han ido/ ya no
o
l e án jamás! (Blanco y
Neg o, 24-12-1898).
Po con as e, en e las imágenes de gue a, se deslizan am-
bién emansos
de
placidez que pueden exp esa la in eg ación
posesi a de los comba ien es
en
la na u aleza, sob e odo en cam-
po sepa a is a, bien pa en e en las úl imas ca as de Ma í ( i madas
en Ba acoa,
16
-4-95) cuando esc ibe a Es ada Palma: «En es os
campos suyos, únicos en que al in me he sen ido en e o y eliz»
(a de 1895c,
p.
218). Incisos simila es obse amos en Edua do
Rosell como nos algia de no malidad y paz:
¡Qué boni o lucía aye nues o campamen o! Es ábamos
si uados a o illas de un ío, en un pequeño alle o mado
po la alda de a ias lomas, así es que desde una de ellas
se di isaban odos los anchos y l
as
lumina ias, encendi-
das pa a cocina . Había más de cien candeladas, po odas
pa es (Rosen, 1950, p. 25).
La gue a iene ambién sus momen os de dis ensión
-oní i-
cos, e ó icos
-Ma e
su e po Venus, esc ibe Ciges Apa icio- ,
o simplemen e es i os. Has a llega a desahogos anecdó icos, como
el de los cocuyos o gusanos de luz, que danzan en la noche ( 1902a,
pp. 80-81) y que Rica do Bu gue e esuel e lí icamen e:
T a é de ecoge uno que c eía e en el suelo y sume -
gí las manos
en
un cha co en
el
ondo del cual ulg
u
a el
e lejo de una es ella.
En Ciges Apa icio, es e mismo ópico se o maliza en un epi-
sodio más desen adado: la con usión de los silbidos y as os
luminosos de los insec os en la noche induce a
lo
s cen inel
as
de
una compañía de usile os españoles a c ee que se halla en e
al
enemigo, po lo que esponde con uego disc ecional has a que, a
EL 98 ENTRE LAS ARMAS Y LAS LETRAS
233
la mañana siguien e, se ad ie e que aquella había sido la
quijo-
esca ba alla de los cocuyos (Ciges, 4ª, VIII
).
REPATRIACIÓN
Y
CONCIENCIA
MILITAR
DE
LA
DERROTA
La i encia de la epa iación se iñe de ágicos pe ile
s,
en e
simbólicas empes ades oceánica
s.
Es
el
ópico cen al de la li e a-
u a bélica, na u
a
lmen e el más d amá ico. El iaje de eg eso
a
de
ja
ndo una úneb e es ela de cue pos sin o una. Quizá sea a
Bu gue e a quien debamos
Ja
imagen más su il, esbozada con
mó -
bida e ó ica decaden
e.
Al a is a La Co uña, a bo do del Colón,
en una «mañana
ce
nicien a y llo osa», elada
po
upida llo iz
na,
en e «los ansiosos
ge
midos de las si enas», po un momen o se
bo a de las pupilas de los supe i ien es «la opaca somb a
del
dolo y de la desespe ación». En e la niebla an dibujá,ndose
las
«al
as
chimeneas de las áb icas» y su apa ición deshace el conju-
o de la emoción pa ió ica pa a deja paso al sa casmo ealis a
que pone el dedo en la llaga de las aíces me can ilis as de
la
gue a:
Jus o agasajo endido po
la
indus ia a los que idos he -
manos que enían de de ende un me cado allá en emo as
ie as. . [
...
] El humo de las áb icas ajo a mi men e
el
humo de los incendios. Uno pedía el o o. Las gue as
se-
guían siendo en la humanidad las mismas; los p e ex os e an
di e sos. El come cio y la indus
i
a lo ecien e y pode osa
bajo la ac ual ci ilización, necesi a ían cada ez más de
la
gue a pa a ab i se nue os
me
cados o sos ene los ac ua-
les. [
...
]
Jus o, muy jus o el saludo de las ai osas chimeneas a
aquella legión de in álidos de la gue a. (Bu gue e, l 902a,
pp
. 202-203).
O a a ian e de es a in e esan e asociación en e la epa ia-
ción y la indus ia, se halla en el jo en Rami o de
Ma
ez
u
(l
899,
11)
cuando, a los úl imos es igios de la gue a c uen a que aían
los enes de epa iados, con su «des ile de mue os i os», opo-
nía la insul an e aleg ía de i i de Bilbao y sus al ededo es, una
234 CEC!LIO ALONSO
sociedad en plena expansión ab il que con igu aba el u u o: «Diga
lo que quie a el pesimismo, no mo i emos de un ha azgo
de
do-
lo », i onizaba con op imismo el i alis a esc i o asco.
Las o malidades de la dignidad y el hono mili a an e
la
de-
o a pueden documen a se en el dia io del co onel Co ijo ( 1898),
p isione o de gue a, quejoso de e se mezclado con su p opia
opa encida, comiendo una misma «bazo ia asque osa y epug-
nan e» imp opia de o iciales:
Mi ca ego ía en un ejé ci o egula de nación ci ilizada
es aquí le a mue a. El gobie no de la Unión me
ha
con-
e ido a mí en
un
soldado aso
po
la azón de la ue za;
ha hecho
lo
mismo con mis o iciales, y se ex eman os en-
siblemen e las medidas de igo , de descon ianza, de desdén.
Un sa gen o mula o nos hace o ma y nos o dena des ila
de a dos en e ilas de soldados a mados, y así nos lle an
es eces al día al comedo ,
si
iendo de espec áculo a los
cu iosos
el
e un co onel de
mi
ancianidad en si uación
an is e.
Es os ges os ex e nos de la dignidad del encido, o de su o -
gullo he ido, que sac i ican la mani es ación de ín imas sensaciones
al úl imo e e en e de las o denanzas, inspi an ambién
el
ela o
del capi án Sa u nino Ma ín Ce ezo ( 1904
),
a quien el des ino
ese ó los dic ados he oicos que negó a la anodina cap u a de
Co ijo. En su c ónica del si io de Bale -los úl imos de Fipili-
nas-se na an si uaciones pa é icas con p osa muy di ec a, pe o
quizás ninguna an imp esionan e como su decisión de ejecu a
dos sen encias de mue e aplazadas con a dos us ados dese o-
es, en íspe as de una úl ima salida desespe ada pa a ompe un
ce co de dieciocho meses, a in de no deja cuen as pendien es
con el Código de jus icia mili a :
La
ejecución se ealizó sin o malidades legales, o al-
men e imposibles, pe o no sin la
ju
s i icación del deli o.
E a una medida e ible, dolo osa; que hubie a yo podido
oma a aíz del descub imien o de los hecho
s,
y que hubie-
se debido impone sin con emplaciones cuando la in en ona
EL 98 ENTRE LAS ARMAS Y LAS LETRAS
235
de uga; que había ido aplazando con el deseo de que
o os
la decidie an y acabasen, po que
ya
e a a al y p ecisamen-
e ineludible. Mucho me a ligió el aco da la; busqué
un
esquicio po donde pode lib a me de semejan e esponsa-
bilidad, y no pude halla lo sin con ae yo mismo
la
de
lojedad
en
el mando. [
...
] Fue muy ama go, pe o ue
muy
obligado. P ocedí se enamen e, cumpliendo mi debe , y
po
es o, sin duda, ni un solo ins an e
se
ha u bado jamás
la
anquilidad
de
mi conciencia (Ma ín Ce ezo, 1904.
p.
188).
La sumisión del
yo
al o den, la acep ación del ela i o p inci-
pio de ealidad que supone la disciplina mili a , abo a en es os
casos la posibilidad de una exp esi idad li e a ia y de
un
pa e is-
mo más du ade os que, en cambio, sí encon amos en los lib os
de Ciges Apa icio, incluso del p opio Bu gue e, donde las con a-
dicciones en e las a mas y las le as son mucho más in ensas
po
Ja
mayo implicación de la conciencia c í ica.
En suma: en e los que ue on a la gue a se impone la na u a-
lidad, jun o a impulsos p ima ios de odio, piedad, dignidad y
supe i encia. En ellos apenas encon amos el a i icio e ó ico
pa io e o, an común en la li e a u a ideológica p oducida
"a
dis-
ancia", de la que nos ocupa emos a con inuación.
LA RETAGUARDIA PENINSULAR
En
Ja
e agua dia peninsula se con empla
la
gue a como un
ea o, ópico nada nue o en la imagine ía li e a ia y g á ica del
XIX, que José de Siles (1905, pp. 70-71) eac ualizaba a p opósi-
o
del 98, sub ayando la í ola cu iosidad de los espec ado es:
Hubimos de conside a la gue a de Cuba
ni
más ni me-
nos que como un d ama ea al. Asis imos a ella como se
asis e a
un
ea o. Discu imos con pasión su plan, sus in é -
p e es, sus escenas. Como se ep esen aba allá lejos,
pedíamos día a día, ho a a ho a, minu o a minu o los mil
inciden es de su complicada acción. Y nos disgus ábamos
po que no eíamos
el
desenlace, y pa eábamos como chi-
quillos abiosos po que no adi inábamos lo que enía en
sus en añas lo que omábamos po jugue e
...

236 CECILIO ALONSO
Desde el pun o de i
s a
de
la psicología colec i a
so
n
de
in e-
és las imágenes compensa o ias que, haciendo abs acción
de
la
polí ica y
de
la
his o ia eales, o ecían al lec o an asías
que
iban
desde el más desbocado op imismo has a los emedios expia o ios
y las ece as a bi is as pa a sob elle a la de o a.
En e las op imis as, des aca
la
emp ana p edicción
que
de
la
in e ención yanqui hizo Nilo
Mª
Fab a, undado de
la
agencia
de no icias
de
su nomb e, al publica en La, Ilus ación Española
y Ame icana (ma zo-ab il 1896) una pa ábola an icipa o ia
que
ino
a con e i se en el e e so de la ealidad his ó ica, imaginando
pa a
el con lic o cubano
un
inal a o able a las a mas
español
as,
con la exal ación de
la
conco dia en e las " azas"
-e
n iéndase
cul u as-
hispanoame icanas.
El ela o
de
Fab a o ecía una imagen deg adan e de
lo
s
Es
a-
dos Unidos como po encia económica seudodemoc á ica, donde
se habían ex a iado los p incipios libe ales a causa del agio y los
monopolios, in e esada
en
dispone de
Cuba
pa a da una
salida
a
su c ecien e población de colo y con e i la
en
una colonia neg a
yanqui18.
La
ama, llena de lógica, a eces se ap oxima a
lo
que
se ía ealidad: hay o cejeos diplomá icos que p eceden al hundi-
mien o,
en
agua
s
de
Pue o
Rico
,
de
un
pode o
so
c uce o
ame icano,
de
s ozado
po
el e ec o de un o pedo español, que
p e igu a
la
oladu a del Maine como hecho desencadenan e
de
la
gue a;
ha
y bloqueo
de
La
Habana po la escuad a enemiga, eso
sí, con a es ado
con
las "pa ió icas p o es as" de la población
ci il; y hay
de
semba co
en
Ma anzas
de
lo
s in aso es, que
han
de
emp ende una penosa ma cha e es e, di
ez
mados
po
la ieb e
ama illa y las calen u as palúdicas 9, mien as son abandonados
po los
in
su ec os neg os, «indignados
po
el menosp
ec
io
con
18.
Es a
mi
sma
co
n
icción inspi a, ambién en cla e de an icipa i a, un a ículo a-
cis a del dia io
sa
lm
e oniano
la
Jus icia («Examen de Geog a ía 1996», 10-12-1896),
donde Cuba
se
había con e ido c
hi
s osamen e en Nue a Nig icia; el es ado cubano e a
una República pa da; San a Cla a, San a Oscu a, y su
p o
ducción mine al «cisco, be ún y
neg o de humo» (Se ano, 1984, p. 83). Es a ac i
ud
acis a hubo
de
di
si
mu
la se
o
m
al-
men e, cuando al é mino de la gue a, en e los epa iados.
ll
egó a la Península un con-
ingen e de soldados de colo leales a España. que
u
gía
acomoda , pa a lo que se habló
de ag upa los en una unidad mil
i
a
en las plazas a
i
canas. («Los soldados neg os
»,
Blan-
co y Neg o, 1-10-1898).
19.
En la ealidad los yanquis
no
se
i
e o
n
li
b es de es os incon enien es, du an e la
a
se de ocupación, as la endición de San iago de Cuba (Azcá a
e,
1968, pp. 145-146).
EL 98 ENTRE LAS ARMAS Y
LAS
LETRAS
237
que les a aban sus libe ado es». Como exigía el guión más
ópi-
co, las a mas españolas, pese a su in e io idad écnica, se
imponen
po
ma y ie a g acias a
la
inspi ación del almi an azgo y a
la
mo al de sus soldados de eemplazo, incon es ablemen e
supe io
a
la
de los me cena ios yanquis, que acaban dese ando y
amo i-
nándose al g i o de «¡Vi a
la
e olución social!
»,
a anque
de
una
«pa o osa» e uel a de «pe ole os» y «ha apien os» que
se
p o-
paga en cadena has a Wall-S ee y llega a las mismas pue as
del
Capi olio, siguiendo el modelo de
la
Comuna de Pa ís2
0.
El
op i-
mis a co ola io de Fab a, más inclinado a las lecciones his ó icas
del siglo XIX que a las que se a ecinaban, no puede se
más
e elado de
la
s mise ias ideológicas del belicismo español:
¡Tal se á la sue e
de
los ejé ci os encidos que no
cuen-
en como base p incipal las su idas y hon adas
masas
u ales, escla as del debe y
la
obediencia y e ac a ias a
las ideas disol en es de los p esen es iempos! ¡Ay de
las
naciones que con íen su hon a o la sal agua dia de
la
paz
pública a manos de a en u e os que se inspi an en el
odio
con a el o den social o
en
el menosp ecio del concep o
de
la pa ia! (Fab a, 1997, p. 76).
En una ase más a anzada del con lic o colonial, se hace
pa-
en e la conciencia de la debilidad española, que a a de
busca
ocul as ene gías, en las ep esen aciones li e a ias de an asías des-
uc i as
-cons ucción
de ba cos y a mas mo í e as imagina ias,
como panacea desespe ada an e
la
gue a inminen e con los
Es a-
dos Unidos. Ejemplo sublima o io puede e se
en
la no ela
del
malagueño Ma ínez Ba ionue o (1857-1919), El buque
de
gue-
a
( 1899), donde el ingenie o Daniel de A men al
ha
de
lucha
con la incomp ensión e inquina p o incianas pa a lle a a cabo
el
g an p oyec o que eque ía
la
Pa ia, un buque de comba e
de
20. Se a a
de
un a gumen o
de
g an pe sis encia. En He aldo de Mad id (6-4-1898)
se p esumía una ác
il
ic o ia española po que, en cuan o en a an en uego, «dese a ían
las ipulaciones de los buques no eame icanos, o madas como
es
sabido, po gen es
de
odas las nacionalidades». También en dia ios ingleses (como The Enginee ,
15
-
2-
1898)
se especulaba
co
n el mismo ópico y se in e p e aba el alis amien o
de
es mil me ce
na
-
ios suecos en
la
a mada yanqui como un indicio de debilidad (Azcá a e, 1968,
p.
105).
238 CECILIO ALONSO
once mil oneladas21. Hace al a la ayuda sob ena u al
-el
des-
bo damien o de un ío
que
inunda el
as ille o-
pa a que
el
ba co,
cuyo nomb e es «España», sea bo ado con a odo impedimen o.
O o mo i o ecu en e, ue
la
cu iosidad·despe ada a
lo
la go
de 1898 po los expe imen os del mu ciano Manuel Daza, in en-
o del oxpi o22
-o
« uego enenoso»
-,
que
alen a on
el
ópico
del a ma in e nal capaz de des ui al enemigo en poco iempo,
inco po ado episódicamen e a algunas no elas impo an es. José
Nogales (1901b, caps. XI-XII)) lo ecoge
en
cla e g o esca,
en
El
úl imo pa io a, donde un a me o p o inciano apellidado Ca lanza
in en a el Fulmina ía, «apa a o [
...
] de al pode des uc o , que
las más pode osas escuad as del mundo ola ían hechas añicos» a
su es allido (p. 103). José Ma ínez Ruiz, en La olun ad (1902,
1ª, caps. XII-XIII) a a el mo i o con más ci cunspección y am-
bigüedad, idealizando melancólicamen e, con algún oque pa ódico,
el acaso del in en o Quijano, pe sonaje
de
esonancias ce an-
inas di ec amen e inspi ado
en
Daza,
que
explica su
plan
del
siguien e modo:
A dos, a cua o, a seis kilóme os,
con
elocidades e-
guladas a olun ad [
...
] eno mes can idades de dinami a
pod án se lanzadas con a un obs áculo cualquie a. ¿Se com-
p ende odo el alcance de la e olución que a a inaugu a
la
nue a a ma?
La
ma ina de gue a cambia á po comple-
o; los aco azados se án inú iles. Desde la cos a, desde
un
lanchón, un oxpi o ha á es alla la dinami a con a sus e-
cios blindajes y los blindajes ola án en pedazos. España
ol e á a se pode osa; Gib al a se á nues o; las g andes
po encias solici a án nues a alianza. Y la ieja águila bi-
on e o na á a e ola majes uosa
po
Eu opa. (Ma ínez
Ruiz, 1902, p. 89).
21. En
ea
lidad, la a mada española enca gaba el
aco
nJicionamien
o
s de sus buques
más emblemá icos a as ille os ex anje os, an e la incapacidad
de
los nacionales (Se ano,
1984, p. 40).
22.
Véase Luis Gabaldón, «El o pedo Daza.
Un
día
en Socuéllamos»,
Blan
co y Ne-
g o, 25-6-1898.
El
oxpi o e a un p oyec il cónico, aé eo. de mayo alcance que los lanza-
dos
po
cañones con encionales, do ado de unas ale as es abilizado as, que p o ocaba
un
núme o i egula de explo
si
ones en cadena du an e su eco ido, libe ando gases óxicos.
EL
98 ENTRE LAS ARMAS Y LAS LETRAS 239
La ecnología des uc i a seguía de
ac
ualidad incluso después
de la de o a. El u u o p emio Nobel, Jo
sé
Echega ay, publicó
en
Los Lunes de El Impa cial (9-1-1899) unas cu iosas « e lexiones
caldeadas
al
ecue do
de
nues os desas es», que insinuaban
la
con eniencia de la ca e a a mamen ís ica pa a ni ela el
pode
des uc i o de las naciones, sob e odo en
la
gue a ma í ima,
po
medio de nue as a mas que combina ían la pól o a con
la
elec i-
cidad. Bajo el an asma de San iago
de
Cuba, Echega ay alen aba
la espe anza nacional median e el sue
ño
cien í ico:
Tales
es
amos los españoles, que
má
s nos ap o echa so-
ña ma
a
illas de la ciencia que e
o
l emos despie os en e
ho ibles ealidades. Soñemo
s,
pues.
LAS LETRAS PATRIÓTICAS
EN
LA
PRENSA.
PROSAS Y VERSOS
DE
GUERRA
Los ópicos del pa io ismo bu gués imp egnan nume osos e-
la os b e
es
, de co e sen imen al, habi ualmen e di undidos a a és
de la p ensa semanal (Ma ínez del Po al, 1993). En ellos obse -
amos, po un lado: pe sonajes in ahis ó icos y anónimos,
p e e en emen e de o igen u al, obligados a hace la gue a y lla-
mados a susci a en el lec o eacciones
de
pa emalismo social
an e el su ido Juan soldado. Como imp escindible con apun o,
cla o es, la ejempla idad de los mandos mili a es. Po o o lado,
se desa olla una amplia
se
ie de si uaciones ópicas: despedida
del
so
ldado; d ama po desampa o económico amilia ; edención
a me álico o comp a del sus i u o; sepa ación del e uño idílico;
papel
ab
negado de la mad e; elaciones epis ola es; iun alismo y
desp ecio del ad e sa io; eu o ia an iyanqui en é minos insul an-
es;
des ile
s
en usias as
al
son
de
la
Ma cha
de
Cád
iz;
compo amien o he oico en comba e; la
mu
e e glo iosa
y,
en in,
la ine i able y pa é ica epa iación. Pa a
los
ex os poé ico
s,
Ma -
a Palenque (1998, p. 276) ha obse ado cinco líneas emá icas
undamen ales: in ec i as con a los no eame icanos; de ensa o -
gullosa de la supe io idad española; desc ipción sen imen al
de
la
ida del soldado; a enga pa ió ica, y ecue do a e nal
de
las
an-
iguas colonias.
246
CECILIO
ALONSO
la Mala hie ba (1904, 2ª, VIII). Pod íamos e e i nos al ópico de
la paz engañosa desa ollado po Joaquín Dicen a (1898a): paz
que se hace sin espe anza, pa a «na co iza las indignaciones po-
pula es, y ala ga la agonía ... [ ... ], desconsolado a y sinies a» es
«la paz de los mue os». O bien, pod íamos aludi
al
deba e au o-
jus i ica i o, y
no
menos ópico,
de
la p oblemá ica independencia
cubana, que, en e o os, ilus ó una humo ada del e si icado
Ja ie de Bu gos -lib e is a de la za zuela Cádiz, cuya ma cha
puso ondo músical a aquel momen o his ó ico:
...
De ga duñas en pode ,/ hijos de Cuba, os halláis;/ has a
el nomb e que lle áis/ le llega éis a pe de ./ Independien es
al
se / dichososo osáis llama os,/ pe o,
el
iempo,
que
ha
de da os desengaños elocuen es,/ del nomb e de Indepen-
dien es/ ¡qué poco hab á
de
deja os!// Os han de qui a el
In,/
pa a que seáis dependie
n
es/ y el de, pa a que pendien-
es/ del amo quedéis al in./ Víc imas de usu a uin,/
ni
dien es os queda án/ po que has a el di os qui a án;/ y ya
no eame icanos,/ de independien es cubanos/ en en es
os
deja án.// De los años a a és/ y pa icios e gonzan es
,/
ol ida éis a Ce an es/ pa a lad a
en
inglés
...
( «i Indepen-
dien es!» (Los Lunes de El Impa cia
l,
5-12-1898)
Meses después («Una poesía
di
scu ida», El Impa ci
al
19-6-
1899), Ja ie de Bu gos se hacía eco del mal e ec o causado po
aquellos
e
sos en medios c
ub
ano
s3
°, y añadía:
... A nec
io
s o in ansige
n
es/ que en ende me no han qu
e-
ido/
y a
quiene
s
an o
ha e
scocido
/ la
palab a
in-de-pen-di-e
n
e,/ g i a les de
jo
impo en es;/ pe o a l
os
bue
no
s c
ub
anos
,/
a
lo
s co azones sanos,/ les digo con hon-
da pena/ y la conciencia se ena:/ ¡cuán o he
mo
s pe dido,
he mano
s!
30. Los e sos de Ja i
e
de Bu gos ue on glosa
do
s sa í icamen e desde la Habana
po Adalbe o Molina en «Con es ación a las décimas de
Un
Peninsula », in o
ma
ción
que ag adezco a la p o eso a cubana
Ca
men Ba
cí
a.

EL
98
EN
TRE
LAS ARMAS Y LAS LETRAS
247
Unos habían habían pe dido, y o os no habían ganado odo
lo
que habían des
ea
do
...
Con
al a gumen o discu ía Luis
Mo o e
nueyos sueños hispánicos, cuando ma izaba que
si
bien la
e olu-
ción cubana,
en
su ase u ópica, no podía de ene se a pensa
en
el
pelig o del «pad as o» yanqui, una ez e minada
la
gue a, su
libe ad como nación independien e es aba oda ía po asegu a :
En ese iun o
de
la República cubana iene an o
in e
-
és Esp
aña
como
Cuba, po que es
la
ga an ía de
la
no
abso ción
po
los Es ados Unidos, po que conse ándose
la
aza, la lengua, la ci ilización españolas allende los
ma es,
posible es que andando los iempos, en el cu so de
cen u-
ias enide as,
si
nues a pa ia es pa a en onces
un
ac o
de libe ad, de p og eso y de cul u a, gua dando cada
uno
su pe sonalidad independien e, uel an a jun a se con
ín
-
culos nue os, bajo o mas de o ganización polí ica,
aho a
ni siquie a sospechadas, pueblos que ienen la misma
alma
(Mo o e, 1908, p. 380).
A cien años de dis ancia, y po encima del ágico p o ago
nis-
mo que las a mas han enido a lo la
go
del siglo XX a
n o
en
Cuba como en Espa
ña
, es e islumb e acionalis a del u u o,
que
noso os es amos i iendo oda ía sin esol e pe o con
un
a
con-
ciencia más gene alizada de su necesidad, quizás
pu
eda s
e imos
de ía de acceso a la comp ensión del legado mo al más es imu-
lan e que nos deja on las le as de aquel 98
pa
sa
do
p
o
las a mas.
Pe o si, en in, buscamos sín
es
is c í icas globalizado as de
la
alienación
co
lec i a, elabo adas con ingenio li e a io exigen e,
nin
-
guna como El úl imo pa io a, de José Nogale
s3
1,
pa odia na a
i a
de
la
ida nacional en
la
e agua dia peninsula del 98; no ela
de
p o agonis a colec i o, si uada en una imagina ia ciudad de c
o e
adicional llamada Obli a, que i e sucesi amen e la ag esi idad
belicis a desa o ada, el emo a una in asión ame icana, los an-
eos de una al e na i a
ca
lis a, y, po úl imo, el opo unismo
de
3
1.
Véase Ame
li
a Ga cía-Va
l<le
casas, «Rei ind
ic
ación de José Nogales: Su
i
gu a y
su ob a li e a ia».
Rei
•is a de
Li
e a u a. XLII, 83. pp. 9
3-
13
0; y
Ce
cilio Alonso, ( 1995).
248 CECILIO ALONSO
la e ó ica egene acionis a. En es e ma co se a pe ilando
la
us-
ación ópica de
un
hidalgo pob e, llamado i ónicamen e Césa
Paniagua que, as en a en con ac o con el dolo de los campesi-
nos cas igados po la gue a,
se
uga de
la
ealidad espoleado po
un
mesianismo quimé ico, pe diéndo
se
en las ma ismas en pos
de
un
ideal que
se
es uma en la niebla. Toda una pa ábola an icipa-
do a del p oceso eg esi o que iba a ca ac e iza al núcleo p incipal
de los in elec uales in de siglo que an epusie on el impulso és é-
ico
-la
lógica del suje
o
- a cualquie o o ipo
de
disciplina
sociopolí ica que pudie a me ma su libe ad de soña .
Lo
que
p odujo su desa iculación biog á ica de los eso es del pode ,
al
iempo que, en gene al, y a eces pa adójicamen e, sus icciones
poé icas con ibuye on a e o za las opciones más eacciona ias
de la ideología nacionalis a española del siglo XX.
SELECCIÓN DE FUENTES
CRÓNICAS, PERIODISMO, NARRATIVA, POESÍA, TEATRO,
(POR ORDEN CRONOLÓGICO)
RIZAL, José ( 1886): Noli
me
ange
e.
(No ela agala). Be lín [Eds. peninsula es:
Va-
lencia: Sempe e (1902); o a ed. pos e io , co egida y aumen ada con semblanza del au o y
ano aciones de
R.
Sempau, Ba celona: Maucci, s.a. 2 ols.]
---,
(1891): El . ilibus e ismo. (No ela ilipina). Gan e. (ed. peninsula : Ba celona:
F.
G anada, s.a (h. 1904)
MARTÍ, José
[a.
de 1895a]: Li a Gue e a. Vol
l.
de Ob as comple as o denadas y
p ologadas po Albe o Ghi aldo. Mad id: A lán ida, s.a. [1925].
---
[a. de 1895b]: Pa ia. Vol. Ill de Ob as comple as o denadas y p ologadas
po
Albe o Ghi aldo. Mad id: A lán ida, s.a. [ 1925].
---
[a. de 1895c]: Libe ad. Vol. IV de Ob as comple as o denadas y p ologadas
po Albe o Ghi aldo. Mad
i
d:
A lán ida, s.a. [
1925]
.
---
[1997]: «Dia ios; p ó
l.
de Guille mo Cab e a In an e. Ba celona: Cí culo
de
Lec o es.
IBÁÑEZ MARÍN, José (1895): Hé oes de
la
manigua: Sanz Pas o . San ocildes.
El
Ba allón
de
San
Quin ín. Mad id: Tipog a ía El Co eo Mili a .
71
p
..
GUERRERO, Ra ael (1895-97): C ónica
de
la
Gue a de Cuba
...
; ilus ada con dibu-
jos de Laba a, Passos, Cubells y Pons [a pa i del omo
4º
: C ónica
de
la Gue a de Cuba
y de la ebelión de Filipinas]. Ba celona: Maucci. 5 o
ls.
REVERTER. DELMAS, Emilio (
1895
-1899): Cuba española. Reseña his ó ica de
la
insu eción cubana en 1895; ilus ada po F ancisco Pons. (Desde 1896 se i ulaba
La
Gue-
a
de
Cuba. Reseña his ó ica de
la
insu ección cubana), Ba celona: Albe o Ma ín. 6 ols.
FABRA, Nilo M
",
(1896a): «Los Es ados Unidos y Cuba. Páginas de la his o ia de
lo
po eni » !EA, 22-3-1896,.
p.
171-174.
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los
EE.UU
....
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pp. 190-191.
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(1896c): «La gue a e
n
e España y los
EE
.UU.» IEA, 8-4-1896, pp.
206
-2
10.
-
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(1897): P esen e y u u o. Nue os cuen os.
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gue a de España
con
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Es a-
dos Unidos ... Ba celona: Juan Gili.
188
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CECILIO
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ya11q11ees
al homb o. Re is as
cómicas
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n a las echo ías y habladu ías de mambises,
jingos
y demás gen es
de
su
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1898 ( olle ín). [Edición ín eg a:
(l
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Te11ien e
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1895
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GINÉS
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del Cabo López
en
el T ansl'aal y
en
Ingla e a, con adas po el mismo Cabo, con dibujos
del
p opio
úíp
ez. Co
n i
ene
más
de
200 chis es, i e calados unos en el ex o y o os ue a del « ies o
».
Con
un
a io de
K ü
ge .
2• ed. Mad id: Admón. del «No icie o-Guía
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¡¡i
nul. 1
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Di
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, José ( 1
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La
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5-8-
190
1.
BURGUETE,
Ri
ca
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¡ o
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de
un es igo). Ba celona.
Maucci. 204
p.
BURGUETE, Rica do ( l 902b):
¡ o
gue a.1 Filipinas (Memo ias
de
un he ido). Ba ce-
EL
98
ENTRE
LAS
ARMAS
Y
LAS
LETRAS
251
lona: Maucci. 239 p.
IBÁÑEZ MARÍN, José ( 1902): Columna olan e (P ime a ación de a ículos).
Ma
-
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