ALGUNOS
FETICHES
DEL
ECOLOGISMO
PROFUNDO
Felipe Colabidas
El au o eme po
un
posible «ecologismo p o undo» y doc ina io que
como mo imien o social inducido y manipulado pone
en
pelig o la cen a-
lidad humana. An e ese pelig o esal a las dis in as o mas de ecip ocidad
en e la na u aleza y lo humano.
<<[
... ] ¿Cuándo nos se á
al
in pe mi ido, a noso os una asigna u a pendien e que, sin emba go
los homb es, comenza a se na u ales, a "na u ali-
-hay
que deci lo- ·la humanidad ha incluido
za nos", con
la
pu a na u aleza,
la
na u aleza eco-
b ada, la na u aleza libe ada?»: al es
la
cues ión
plan eada po Nie zsche
al
inal de un a o ismo de
La
gaya ciencia [ ... ) A es a p egun a se o ece á
aquí una espues a concebida del siguien e modo: el
homb e se á
<<na u alizado>>
el día que asuma plena-
men e el a i icio enunciando a la idea de na u a-
leza misma, que puede se conside ada[ ... ] como el
p incipio de odas las ideas que con ibuyen a di i-
niza la exis encia (y, de es a mane a, a desp ecia la
como al).
Clémen Rosse 1
Nadie en su sano juicio puede nega le-
gi imidad y cong uencia a quienes
c i ican con enacidad el es ado me-
dioambien al del mundo mode no que en e
odos es amos cons uyendo. Ges iona con
su ileza la deg adada bios e a sigue siendo
ya desde hace bas an e iempo en e sus des-
elos p io i a ios. Y si no, ahí es á la ab uma-
do a escalada y el p og esi o p o agonismo
que, al socai e de lo polí icamen e co ec o, ha
expe imen ado en muy pocos años el concep o
de sus en abilidad. Vaya pues po delan e que
la azón común más mani ies a y u gen e es á
mayo men e de su pa e y que, po an o, la
co du a inmedia a asis e, a odas luces, a quie-
nes se es ue zan en impulsa es a - ue e o dé-
bil, adical o conciliado a- nue a sensibilidad
medioambien al.
El
p oyec o ilus ado, a la
la ga, conduce al auge de la sensibilidad me-
dioambien al y a su co ec a aplicación, a a-
a con la debida sabidu ía y esme o el plane a
común que odos enemos po mo ada.
Con es a con icción me a e e ía a sos ene
además que el ecologismo es
-quizá
as el e-
minismo, con el que an a menudo ha cami-
-XCIX-
99
ASTRAGALO, 16 (2000)
A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA
A icle, ISSN 1134-3672
h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.2000.i16.07
A qui ec o, p o eso de u banismo.
Escuela de A qui ec u a de la Uni e sidad Poli écnica de Mad id
nado de la
mano-
el mo imien o social que
desde mediados de los sesen a ha i umpido
con más ímpe u y ha mos ado más i alidad
pa a en en a se a algunos de los males mani-
ies amen e e i ables que aho a iene plan ea-
dos la ci ilización po causa, pa adójicamen e,
de sí misma, de su p opio p og eso:
de
la
ince-
san e lucha de la olun ad humana po hace
e ec i a la habi abilidad del mundo. Es o es,
po supe a el eino de
la
necesidad, con el pe-
noso es ue zo pe sonal que siemp e
le
acom-
paña, pa a p opicia el despliegue de la libe -
ad y la paula ina emancipación de nues a es-
pecie.
Tan
es así, que esa p o usión de ideas c í icas
y acciones hos igan es
al
Sis ema, englobadas
bajo
un
mismo lema: el ecologismo, ha hecho
his o ia». Algo, en
lo
que desg aciadamen e
han caído g an pa e de los o os mo imien os
polí icos esencialis as y ajan es, que iden i i-
can mecánicamen e adicalidad con sang e; y
de los que po desdicha enemos sob adas
mues as nacionalis as en nues o país.
Pe o odos los mo imien os sociales p esen an
una con adicción insoslayable: po una pa e,
son los luga es p e e en es pa a la acción so-
cial ei indica i a y
la
ans o mación polí ica,
pa a la ecunda con es ación y esis encia a la
pa e más só dida
de
lo indebidamen e asen-
ado; y po o a, seg egan ambién pau as g e-
ga ias de abyec a adhesión incondicional po
pa e de quienes
se
en egan de buena gana
al
blindaje de sus idea ios ce ados. Así desem-
peñan pues ambién la unción de G an Mamá
exclama que
«Un
nue o an asma eco e el que epa e cobijo e iden idad a aquellos de
100 Occiden e indus ializado»; y
si
bien es e dad sus mili an es que op an po some e se sin el
que ampoco hay que saca las cosas de qui- meno espí i u au oc í ico a
su
u ela. Y de
cío,
no
se puede nega que pocos en en a-
mien os con las de iciencias mani ies as de lo
es ablecido se han impues o an de p isa y han
ag upado en solida idad a an a gen e como
lo
ha hecho, en las úl imas cua o décadas, es e
masi o mo imien o de ama go descon en o
na u alis a.
Y,
an es de pasa a la ca ga, o a de
las i udes que ampoco quie o deja de seña-
la del ecologismo es que - a ándose de
un
mo imien o que cues iona con o undidad las
bases del modo
de
ida dominan e en el
mundo desa ollado
y,
po an o, de
su
sis ema
de p oducción y consumo-, en gene al, has a
el momen o y en lo que yo sé, no
se
ha man-
chado las manos de sang e
ni
se ha dejado lle-
a po el obsceno e iche de la ealidad más
neg a: el de «la iolencia como pa e a de la
es a con adicción ampoco ha log ado esca-
pa el ecologismo,
más
bien odo lo con a io.
Al
e ec o, se ha hablado la go, y con compe-
encia, de
la
exis encia de es ecologías, de
« es co ien es bien di e enciadas, incluso
opues as en sus mismos p incipios
al
abo da
la cues ión di ec iz
de
las elaciones del hom-
b e con la
na u aleza>>
2• T es mane as, pues,
de se ,
lo
que, de o ma quizá demasiado ex-
ensa pe o bien signi ica i a, podemos sin en-
gaño llama ecologis as. Sin emba go, pa a
lo
que yo quie o desa olla aho a
-la
p eocupa-
ción, in ínseca y cen al, po las dis in as o -
mas de ecip ocidad que se pos ulan en e la
na u aleza y lo humano-, es as es ecologías
se
educen únicamen e a dos, como bien se de-
duce
al
analiza en p o undidad
el
lib o
de
-C-
Fe y que acabo de ci a . Así es: al p e ende
es ablece cualquie axonomía de las mencio-
nadas elaciones en e homb e y na u aleza, lo
cuali a i o se abo da, p ecisamen e, señalando
el luga especí ico que
el
homb e ocupa en
el
conjun o del cosmos.
Y,
al e ec o de ija al
ubicación, sólo conozco dos espues as sus-
an i as y concluyen es: la que, de una u o a
o ma, p i ilegia y singula iza la posición de
lo humano y la que niega al cosa, siendo
el
es o de las opciones posibles una cues ión
me amen e de g ado, cuan i a i a, en e esos
dos ex emos.
Cie amen e, una de es as dos opciones con-
cluyen es, la menos impe a i a en su dogmá-
ica, usa la na u aleza únicamen e como ex-
cusa, como «ins umen o» necesa io pa a que
la humanidad e ue ce sus p i ilegios y log e
así lo mejo den o de lo que se
le
o ece como
posible. Vis a de es a o ma, la na u aleza
no
iene o o alo en sí que
el
que cob a en
su
pleno ap o echamien o y -digámoslo sin a-
pujos-
explo ación po la humanidad misma.
Pa a quienes mili an en es a co ien e, si los
homb es
se
en inducidos a espe a la na u a-
leza es únicamen e po que cons a an que
un
mal a o con inuado del en o no uel e sus e-
sul ados con a ellos mismos, y la escasez ma-
e ial consecuen e acaba po en u bia sus p o-
pias elaciones pe sonales. Todo lo aga que
se quie a, al co ien e es ablece, sin el meno
géne o de dudas, un co e cla o en la cadena
del se ,
un
co e adical en e los humanos y
el
es o de l
as
cosas. Se pa e pues aquí
-admi á
-
mien o ilus ado menos me a ísico e ideologi-
zado de la mode nidad. Fo ma de e lexión
que, po o a pa e, iene sus más cla os ci-
mien os en una adición g iega más an igua,
una adición basada en la p o unda con ic-
ción de que
-pa a
bien y pa a mal, y obligado
es ambién enoce que algunas eces incluso
pa a peo -: «el homb e es la medida de odas
las cosas».
La opción an agónica sos iene, con g ados
muy di e sos de adicalidad, que «el ecosis-
ema
-la
bios e a- asume un alo in ínseco
muy supe io
al
de es a especie, a in de cuen-
as ha o pe niciosa, que es la especie hu-
mana»
3.
Lo que, ob iamen e, supone siemp e
una lucha on al, y algo obsesi a, con a el
más mínimo es o de an opocen ismo. Se ex-
hibe así, sin
el
meno pudo , el ex año com-
plejo de a oga se la plena de ensa del
Todo,
del uni e so, de ensa basada en la supues a
supe io idad de los denominados de echos de
la na u aleza sob e los, más aco ados, de e-
chos humano, los cuales son, po an o, subsi-
dia ios en e a los de la na u aleza en su con-
jun o. Y lo que es más g a e: se p e ende que
es e con inamien o ija incluso las elaciones
en e los homb es mismos; pues es aquí donde
eside a
mi
en ende la g an ignominia de su
plan eamien o. Tal disyun i a mues a la ya
clásica oposición en e «"la ecología p o-
unda" (
deep ecology
),
"ecocén ica" o "bio-
cén ica", y la "ecología supe icial" (
shallow
ecology) o "medioambien alis a", que se un-
damen a en
el
an iguo an opocen ismo
>>
4•
moslo- de un cie o an opocen ismo, el que Po o a pa e, si bien la p eocupación po el
his ó icamen e ha sido man enido con esón uncionamien o co ec o del ecosis ema no ca-
po el humanismo más ope a i o y el pensa- ece de impo ancia pa a nues a emanci-
-
CI
-
101
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102
pación, ampoco es, ni con mucho
-y
en
pugna con lo que comúnmen e sos ienen los
que p iman esa sensibilidad medioambien al-
el p oblema c ucial; pues la libe ación hu-
mana
-a
mi en ende - depende mucho más
del es ado
de
desa ollo de las elaciones so-
ciales que unos man enemos con o os que del
ipo
de
ínculos es ablecidos po odos noso-
os con el en o no ex e io . Con a iamen e,
pues, a lo que
se
suele man ene , la ía medio-
ambien alis a es la genuinamen e polí ica,
la
única que cla a sus cimien os en la inmanen-
cia y la au onomía humana, en su olun ad,
mien as que la ecología p o unda pa e de
una pe ición
de
p incipio;
la
que asume un o -
den he e ónomo supe io : la na u aleza, que
se p esen a así como
la
úl ima somb a
de
un
pode que nos asciende con su p oyec o
ab umado .
Ambas ac i udes -la medioambien al y
la
p o-
unda-
ienen su público. Sin emba go, no es
ningún des a ío man ene que, en gene al, lo
p o undo y adical --con odo
el
undamen-
alismo que inexo ablemen e se adosa a su
imp on a esencialis a, y que an magis al y
emp anamen e des apó Isaiah Be lín en el
pensamien o polí ico su gido del oman i-
cismo-
iene mejo p ensa. Puede que en la
p ác ica, al ac i ud adical ea sensa amen e
es ingido su campo de acción social en e a
un
e o mismo más limi ado y más cau o,
pe o, en el ámbi o no ma i o, lo d ás ico y ex-
emo sigue o eciéndose como un a gumen o
de
au o idad que el mundo eal de lo
p
opia-
men e es ablecido
-m
ejo o peo , pe o siemp e
en emodelación y ans o mación pe ec ible-
se e obligado a acep a de la an as eces ne-
bulosa e i esponsable u opía. Rememo ando
pues, aunque a la con a, a un poe a alemán
a eba ado
5,
muy pe inen e cuando se ae a
colación, como yo aho a, mo imien os socia-
les con una ue e base omán ica -al amen e
eac i a
y,
po an o, sis emá icamen e an i-Sis-
ema-, pod íamos deci que donde su ge lo
que nos quie e
sal a ;
muchas eces ambién
c ece el pelig o que más a de nos aplas a.
La ecología p o unda quie e a asa oda dis-
inción cuali a i a en e la humanidad y el
es o del cosmos, odo an opocen ismo: no
sólo el an opocen ismo ingenuo y me a ísico
-del
que la humanidad no u o
má
s emedio
que apea se as las i e u ables p uebas que la
ciencia ha enido o eciendo al e ec o desde,
al menos, el Renacimien o-, sino ambién ese
o o an opocen ismo lúcido e camen e man-
enido po el humanismo más digno y ope a-
i o, más impeni en e
6.
Es e an opocen ismo
lo es únicamen e en que no cede al p i ilegia ,
en e al es o de las cosas del mundo, lo hu-
mano pa a lo humano mismo. Y qué duda
cabe que aho a es
esa
ecología p o unda
la
que, con más ehemencia ca as o is a y más
segu idad doc ina ia, nos quie e ·sal a de no-
so os
mi
smos y de nues o muy injus o, pob e
y pe ec ible, Sis ema. De ahí que en las en a-
ñas de su
co
n es ación adical ambién es é
c eciendo, c eo yo, el pelig o que nos aplas a.
Tal pelig o lo eo en su mani ies a dogmá ica,
en su al a
de
i onía y su p edisposición a no
con o ma se con se sólo un mo imien o
abie o más en el
ju
ego plu al de las ans o -
maciones sociales, un mo imien o que se so-
me e a las paula inas c í icas y au oc í icas,
sino más bien odo lo con a io: un p onuncia-
-en
-
mien o que se a inche a en su es ic o idea io
dogmá ico y que, po an o, no hace sino pen-
sa se a sí mismo como «el único pensamien o
que comba e in eg almen e, y con la debida
con icción, al denominado pensamien o
único» y esco a se así hacia el ámbi o y las
o mas de hace de las Iglesias. Es a mani-
ies a al a de i onía, es e exceso de se iedad, y
su consecuen e desliz hacia las decla aciones
pomposas, queda pa en emen e al descubie o
en el siguien e pá a o que, di igido a una
diana dis in a del ecologismo, da sin emba go
de lleno en algunas de sus ca ac e ís icas más
dudosas
-su
mesianismo,
su
p e ensión de sa-
be in eg al ce ado, su imp on a sal í ica, e -
cé e a: «Lo opues o a la i onía es algo que
a-
mos a llama Iglesia, en endiendo po al ese
discu so ce ado, o al, que da cuen a de odo
y sabe siemp e lo que hay que hace y po qué;
discu so que explica, jus i ica y ecomienda
que sabe. La Iglesia siemp e es ca ólica y ecu-
ménica, o alizan e, a ca que sal a del dilu io
que ella misma p edica»
7•
Pa a a ala con algunas azones el p eceden e
diagnós ico, quisie a a con inuación mos a
con b e edad, apun a más bien, algunas ideas
en las que, c eo, se sus en a el pensamien o
polí ico del ecologismo p o undo y que mues-
· an muy a las cla as su na u aleza esencialis a
y sec a ia. És e es el aspec o en que aho a me
in e esa incidi , el que le lle a a homogeneiza
el pensamien o de sus mili an es y a des on-
da lo de pasión y de au oc í ica.
Voy
a mos a
an sólo cua o de las ideas- e iche que subya-
cen en su iloso ía; cua o luga es comunes
que de o ma insis en e apa ecen en los esc i-
os y publicaciones ecologis as y que dejan
e bien a las cla as su alan e. Pa a e i a
equí ocos,
me
p es o de inmedia o a acla a
que la concisión de
mi
c í ica se debe al ca ác-
e me amen e in ui i o de la misma. Es os
cua o e iches son.
La Na u aleza como o den ce ado
La o al en ega a la idea de Na u aleza como
un o den ce ado, somb a del Hacedo omni-
po en e y he e ónomo a lo humano mismo, de
la
que ya hemos hablado como sus en o ideo-
lógico básico del ecologismo p o undo. La na-
u aleza se p esen a pues así como aquello que
debe segui de e minando la ida de la gen e;
y así lo mani ies an a a és de una ei indica-
ción, ecu en e en sus p og amas, he edada
del ma e ialismo his ó ico: la necesidad de
acaba poniendo alo de uso donde la socie-
dad hoy pone me o alo de cambio; bien en-
endido que el alo de uso es lo que la na u a-
leza quie e que las cosas sean. Y los ecologis-
as es án bien dispues os a se sus me cena ios,
a ma e ializa ese que e implíci o. És a es
pues pa a ellos la lucha: alo de uso e sus
alo de cambio. Su ge así un op imismo u o-
pis a: las cosas, y en e ellas el homb e mismo,
ienen na u aleza y esencia. Se a a única-
men e de descub i la pa a pos e io men e eo -
ganiza el mundo a su mane a. He aquí ese
mundo como na u aleza que emi e a «una pe-
ición p e ia de p incipio», que ya ue sabia-
men e conju ada po Clemen Rosse en su
momen o, al e en ello una de las p incipales
somb as de lo inhumano: «uno de los mayo es
obs áculos que aíslan al homb e en elación
con lo eal, al sus i ui la simplicidad caó ica
de la exis encia po la complicación o denada
-
CIII
-
103
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del mundo». La cosa esul a, pues, más di ícil,
más ágica y mo daz de lo que ellos pos ulan,
pues los homb es no ienen o a na u aleza que
la de no ene la. O mejo aún, su na u aleza es
la pe manen e ans o mación de lo que son.
El homb e es, an e odo,
un
dese o de la zoo-
logía, y es a dese ción iene el sello compli-
cado, y algo enigmá ico, del aza y la olun-
ad. Resul a po an o un in en o banal a a de
ija «cien í icamen e»
su
alo de uso es able-
ciendo, po ejemplo, una eo ía comple a de
las necesidades humanas, aunque pa a ello se
hable de necesidades adicales su gidas de la
au én ica na u aleza humana, y opues as a las
necesidades inducidas po el me cado, pues,
como acabamos de deci , esa na u aleza p o-
piamen e no exis e, sino que nos emos o za-
dos a ene que in en a la. Pa a a empe a es e
op imismo simplis a y ce a es a p ime a c í-
pa cialidad inhe en e a nues os conocimien-
os ope a i os, con el que únicamen e ellos
p esumen pode plani ica
un
desa ollo ho-
meos á ico
del
mundo. La idea de que odo
puede se conocido, y desde odos los pun os
de is a a la ez, mejo aún, desde un pun o de
is a que engloba a odos los demás, pa ciales,
y que no puede se o o que el es ic amen e
na u alis a y ísico, el que co esponde al
Todo
in eg al. Es e conocimien o que al p incipio
había sido pa imonio de Dios, pasó pos e io -
men e a se e e encia obligada de la azón de
Es ado y hoy lo es del mo imien o al e na i o.
Y es a indicación la ealizan p ecisamen e
los ecologis as po que el Es ado, impe ec o
él, no ha podido
ni
ha sabido hace se con se-
mejan e pun o de is a o alizan e. Así, el a -
gumen o que más comúnmen e esg imen con-
a el pode es ablecido es que oda su plani i-
104 ica, no me pa ece pues del odo inopo uno cación del p esen e es pa cial y que sólo ellos,
ae a colación el alan e escép ico que o ece
el siguien e pá a o
de
Faulkne . Siemp e,
cla o es á, que se sepa a la ez o illa el nihi-
lismo y supe a lo con la opo una acción á-
gica.
No e lo doy pa a que puedas aco da e del
iempo sino pa a que puedas ol ida lo de ez
en cuando y no dediques odo
u
alien o a do-
mina lo. Po que
-me
dijo-
jamás se ganó ba-
alla alguna. Ni siquie a se dan ba allas. El
campo de ba alla no hace sino e ela
al
hom-
b e su p opia es upidez y desespe ación, y la
ic o ia es una ilusión de ilóso os y de locos.
Un sabe in eg al
La p e endida exis encia de
un
Sabe In eg al,
omnicomp ensi o y supe ado de cualquie
a a és de un plan eamien o in eg al -basado
la mayo ía
de
las eces en un echazo explí-
ci o de la lógica que es ablecen los in e cam-
bios mone a ios y el o ecimien o al e na i o
de una alo ación a a és de lujos ene gé i-
cos-
pueden apo a al acionalización gene-
al. Lo que subyace a es e azonamien o
-apa e de una sup emacía mo al, ambién su-
pues a, desde la que c een ac ua una pa e
signi ica i a de sus mili an es- es la posibili-
dad, bas an e mecánica y simplis a, de un co-
nocimien o comple o de los enómenos, as el
en endimien o de odas las causas que los de-
e minan. Sin emba go, es e cien i icismo de-
e minis a ha su ido ya hace iempo un du o
golpe desde el p opio campo cien í ico, me-
dian e la impugnación pa cial del p incipio de
causalidad mecánica y el econocimien o del
-
CIV-
p opio aza como o a de las causas de e mi-
nan es de los enómenos. Valgan, pa a acaba
es a segunda c í ica, y como e apia aho a del
cien i icismo anclado en el sabe global, unas
palab as de alguien an
al
ma gen de oda
eleidad an icien í ica como es el p opio
Galileo.
La í ola a uidad de que e en ende lo odo
su ge de la comple a ca encia de cualquie co-
nocimien o. Si uno hubie a in en ado an sólo
una ez en ende pe ec amen e una cosa, y
hubie a llegado a gus a e dade amen e cómo
es á hecho el sabe , se da ía cuen a de que
no
en iende las demás in ini as e dades.
La mo alidad
No menos e elado del espí i u que subyace a
es os mili an es es la posición gene alizada
la Mue e y sus emisa ios, lo que en sí es una
me ma é ica y es é ica en e a las -concedá-
moslo- inú iles condenas de nues a ágica
condición; desespe ados lamen os que con
an a lucidez solida ia se ponen bien de mani-
ies o en
la
ci a con que oy a conclui es a
e ce a c í ica.
El ey pe sa azo ando al ma [po el nau agio
de sus na es y la pé dida de sus ipulaciones],
Vol ai e esc ibiendo en pública p o es a po el
seísmo de Lisboa no son idículos ejemplos de
des a ío, sino cohe en es y igu osas igu as
de mo al mili an e bien en endida que com-
p ende el absu do insc i o en cualquie con-
duc a é ica y lo acep a
8•
Al e na i a e oluciona ia
Y pa a acaba , me gus a ía ambién pone al
que man ienen an e la mue e. Pa a g an pa e descubie o algo que hace años
-cuando
yo
105
de ellos, y así lo he podido comp oba en es- leía con más in e és sus pan le os- el ecolo-
c i os de aquí y de allí, nues a mo alidad es
un hecho na u al,
ni
más
ni
menos que la del
es o de lo que en algún momen o de su exis-
encia u o i alidad
-el
eino ex enso de la
biología-. Pa en de una isión un an o es e-
cha que apun ala el c édi o del sac i icio, que
pos ula, simplemen e, de ol e al odo na u-
al, a a és de la ie a, lo que paula inamen e·
uimos omando de ella, pa a segui haciendo
así posible el e e no in e cambio de los lujos
ma e iales y ene gé icos. Lo menos que
se
puede deci es que se a a de ma e ialis as
ulga es, de omán icos ambién a medias:
gen e a la que jamás le ha golpeado en los pul-
sos «la aleg ía de la inmo alidad». Di ía más,
a
mi
en ende hay en semejan e
a
zonabilidad
un alan e abyec o que acep a, con sumisión,
gismo solía explici a con ecuencia, y que
hoy, c eo, se man iene con igual in ensidad
en su idea io, aunque sólo áci amen e: la ei-
indicación de se «la única al e na i a e o-
luciona ia posible»; lo que e ela cla amen e
el sec a ismo inhe en e a quienes sólo en ien-
den
el plu alismo democ á ico
como un me o
ins umen o ác ico de opo unismo polí ico.
Es o, a su ez, mani ies a desp ecio po la
concepción polí ica adical
-aho a
sí-
que
piensa la única al e na i a
e oluciona ia
-en
lo poco de digno que aún le es a a
la
pala-
b a-como inexis encia, p ecisamen e, de una
única al e na i a e oluciona ia co ec a;
pues és a siemp e desemboca en la sociedad
ce ada, mien as que, po el con a io, la
plu alidad de una sociedad abie a, e eb a-
-
CV
-
ASTRAGALO,16(2000)ISSN 1134-3672
106
do a, es capaz de acoge en mes izaje las di-
e sidades exis en es y da les ai e. Pues
quizá, más allá del exal ado esencialismo o-
mán ico que globalmen e p opone el ecolo-
gismo
-y
ómese con holgu a
y
p ecaución
ese «globalmen e», pues, como hemos is o,
NOTAS
1
Clémen Rosse .
La
an i na u aleza. Tau us, Ma-
d id,1974, página 9.
2
Luc Fe y. El nue o o den ecológi
co
. El á bol,
el
animal y
el
homb e. Tusque s,
Ba celona,
1994,
página
27.
3
Luc Fe y. El nue o o den ecológico. El á bo
l,
el ani-
mal y el homb e. Tusque s, Ba celona, 1994, página 29.
4
Ibídem, página 29.
los ecologis as ambién son en e sí g a a-
men e dis in os-, el au én ico e o que aho a
enemos plan eado es p ecisamen e el múl i-
ple desa ollo pe sonal de las indi idualida-
des, compa ible con la sociedad solida ia de
los homb es.
5
Holde lin:
<<Pe o
donde c ece el pelig o su ge ambién
lo que nos sal
a>
>.
6
Fe nando Sa a e . El humanismo impeni en e. Ana-
? ama, Ba celona 1990.
Fe nando Sa a e
<<I onía
o Iglesia
>>,
1977
en
La
olun-
ad disculpada, Tau us, Mad id,l996, página 155.
' Fe nando Sa a e . Nihilismo y acción, Tau us. Mad id,
1970.
-
CVI
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