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Algunos fetiches del ecologismo profundo

Colavidas Espinosa, Felipe

Abstract

El autor teme por un posible «ecologismo profundo» y doctrinario que como movimiento social inducido y manipulado pone en peligro la centralidad humana. Ante ese peligro resalta las distintas formas de reciprocidad entre la naturaleza y lo humano.

Full text

ALGUNOS FETICHES DEL ECOLOGISMO PROFUNDO Felipe Colabidas El au o eme po un posible «ecologismo p o undo» y doc ina io que como mo imien o social inducido y manipulado pone en pelig o la cen a- lidad humana. An e ese pelig o esal a las dis in as o mas de ecip ocidad en e la na u aleza y lo humano. <<[ ... ] ¿Cuándo nos se á al in pe mi ido, a noso os una asigna u a pendien e que, sin emba go los homb es, comenza a se na u ales, a "na u ali- -hay que deci lo- ·la humanidad ha incluido za nos", con la pu a na u aleza, la na u aleza eco- b ada, la na u aleza libe ada?»: al es la cues ión plan eada po Nie zsche al inal de un a o ismo de La gaya ciencia [ ... ) A es a p egun a se o ece á aquí una espues a concebida del siguien e modo: el homb e se á <<na u alizado>> el día que asuma plena- men e el a i icio enunciando a la idea de na u a- leza misma, que puede se conside ada[ ... ] como el p incipio de odas las ideas que con ibuyen a di i- niza la exis encia (y, de es a mane a, a desp ecia la como al). Clémen Rosse 1 Nadie en su sano juicio puede nega le- gi imidad y cong uencia a quienes c i ican con enacidad el es ado me- dioambien al del mundo mode no que en e odos es amos cons uyendo. Ges iona con su ileza la deg adada bios e a sigue siendo ya desde hace bas an e iempo en e sus des- elos p io i a ios. Y si no, ahí es á la ab uma- do a escalada y el p og esi o p o agonismo que, al socai e de lo polí icamen e co ec o, ha expe imen ado en muy pocos años el concep o de sus en abilidad. Vaya pues po delan e que la azón común más mani ies a y u gen e es á mayo men e de su pa e y que, po an o, la co du a inmedia a asis e, a odas luces, a quie- nes se es ue zan en impulsa es a - ue e o dé- bil, adical o conciliado a- nue a sensibilidad medioambien al. El p oyec o ilus ado, a la la ga, conduce al auge de la sensibilidad me- dioambien al y a su co ec a aplicación, a a- a con la debida sabidu ía y esme o el plane a común que odos enemos po mo ada. Con es a con icción me a e e ía a sos ene además que el ecologismo es -quizá as el e- minismo, con el que an a menudo ha cami- -XCIX- 99 ASTRAGALO, 16 (2000) A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA A icle, ISSN 1134-3672 h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.2000.i16.07 A qui ec o, p o eso de u banismo. Escuela de A qui ec u a de la Uni e sidad Poli écnica de Mad id nado de la mano- el mo imien o social que desde mediados de los sesen a ha i umpido con más ímpe u y ha mos ado más i alidad pa a en en a se a algunos de los males mani- ies amen e e i ables que aho a iene plan ea- dos la ci ilización po causa, pa adójicamen e, de sí misma, de su p opio p og eso: de la ince- san e lucha de la olun ad humana po hace e ec i a la habi abilidad del mundo. Es o es, po supe a el eino de la necesidad, con el pe- noso es ue zo pe sonal que siemp e le acom- paña, pa a p opicia el despliegue de la libe - ad y la paula ina emancipación de nues a es- pecie. Tan es así, que esa p o usión de ideas c í icas y acciones hos igan es al Sis ema, englobadas bajo un mismo lema: el ecologismo, ha hecho his o ia». Algo, en lo que desg aciadamen e han caído g an pa e de los o os mo imien os polí icos esencialis as y ajan es, que iden i i- can mecánicamen e adicalidad con sang e; y de los que po desdicha enemos sob adas mues as nacionalis as en nues o país. Pe o odos los mo imien os sociales p esen an una con adicción insoslayable: po una pa e, son los luga es p e e en es pa a la acción so- cial ei indica i a y la ans o mación polí ica, pa a la ecunda con es ación y esis encia a la pa e más só dida de lo indebidamen e asen- ado; y po o a, seg egan ambién pau as g e- ga ias de abyec a adhesión incondicional po pa e de quienes se en egan de buena gana al blindaje de sus idea ios ce ados. Así desem- peñan pues ambién la unción de G an Mamá exclama que «Un nue o an asma eco e el que epa e cobijo e iden idad a aquellos de 100 Occiden e indus ializado»; y si bien es e dad sus mili an es que op an po some e se sin el que ampoco hay que saca las cosas de qui- meno espí i u au oc í ico a su u ela. Y de cío, no se puede nega que pocos en en a- mien os con las de iciencias mani ies as de lo es ablecido se han impues o an de p isa y han ag upado en solida idad a an a gen e como lo ha hecho, en las úl imas cua o décadas, es e masi o mo imien o de ama go descon en o na u alis a. Y, an es de pasa a la ca ga, o a de las i udes que ampoco quie o deja de seña- la del ecologismo es que - a ándose de un mo imien o que cues iona con o undidad las bases del modo de ida dominan e en el mundo desa ollado y, po an o, de su sis ema de p oducción y consumo-, en gene al, has a el momen o y en lo que yo sé, no se ha man- chado las manos de sang e ni se ha dejado lle- a po el obsceno e iche de la ealidad más neg a: el de «la iolencia como pa e a de la es a con adicción ampoco ha log ado esca- pa el ecologismo, más bien odo lo con a io. Al e ec o, se ha hablado la go, y con compe- encia, de la exis encia de es ecologías, de « es co ien es bien di e enciadas, incluso opues as en sus mismos p incipios al abo da la cues ión di ec iz de las elaciones del hom- b e con la na u aleza>> 2• T es mane as, pues, de se , lo que, de o ma quizá demasiado ex- ensa pe o bien signi ica i a, podemos sin en- gaño llama ecologis as. Sin emba go, pa a lo que yo quie o desa olla aho a -la p eocupa- ción, in ínseca y cen al, po las dis in as o - mas de ecip ocidad que se pos ulan en e la na u aleza y lo humano-, es as es ecologías se educen únicamen e a dos, como bien se de- duce al analiza en p o undidad el lib o de -C- Fe y que acabo de ci a . Así es: al p e ende es ablece cualquie axonomía de las mencio- nadas elaciones en e homb e y na u aleza, lo cuali a i o se abo da, p ecisamen e, señalando el luga especí ico que el homb e ocupa en el conjun o del cosmos. Y, al e ec o de ija al ubicación, sólo conozco dos espues as sus- an i as y concluyen es: la que, de una u o a o ma, p i ilegia y singula iza la posición de lo humano y la que niega al cosa, siendo el es o de las opciones posibles una cues ión me amen e de g ado, cuan i a i a, en e esos dos ex emos. Cie amen e, una de es as dos opciones con- cluyen es, la menos impe a i a en su dogmá- ica, usa la na u aleza únicamen e como ex- cusa, como «ins umen o» necesa io pa a que la humanidad e ue ce sus p i ilegios y log e así lo mejo den o de lo que se le o ece como posible. Vis a de es a o ma, la na u aleza no iene o o alo en sí que el que cob a en su pleno ap o echamien o y -digámoslo sin a- pujos- explo ación po la humanidad misma. Pa a quienes mili an en es a co ien e, si los homb es se en inducidos a espe a la na u a- leza es únicamen e po que cons a an que un mal a o con inuado del en o no uel e sus e- sul ados con a ellos mismos, y la escasez ma- e ial consecuen e acaba po en u bia sus p o- pias elaciones pe sonales. Todo lo aga que se quie a, al co ien e es ablece, sin el meno géne o de dudas, un co e cla o en la cadena del se , un co e adical en e los humanos y el es o de l as cosas. Se pa e pues aquí -admi á - mien o ilus ado menos me a ísico e ideologi- zado de la mode nidad. Fo ma de e lexión que, po o a pa e, iene sus más cla os ci- mien os en una adición g iega más an igua, una adición basada en la p o unda con ic- ción de que -pa a bien y pa a mal, y obligado es ambién enoce que algunas eces incluso pa a peo -: «el homb e es la medida de odas las cosas». La opción an agónica sos iene, con g ados muy di e sos de adicalidad, que «el ecosis- ema -la bios e a- asume un alo in ínseco muy supe io al de es a especie, a in de cuen- as ha o pe niciosa, que es la especie hu- mana» 3. Lo que, ob iamen e, supone siemp e una lucha on al, y algo obsesi a, con a el más mínimo es o de an opocen ismo. Se ex- hibe así, sin el meno pudo , el ex año com- plejo de a oga se la plena de ensa del Todo, del uni e so, de ensa basada en la supues a supe io idad de los denominados de echos de la na u aleza sob e los, más aco ados, de e- chos humano, los cuales son, po an o, subsi- dia ios en e a los de la na u aleza en su con- jun o. Y lo que es más g a e: se p e ende que es e con inamien o ija incluso las elaciones en e los homb es mismos; pues es aquí donde eside a mi en ende la g an ignominia de su plan eamien o. Tal disyun i a mues a la ya clásica oposición en e «"la ecología p o- unda" ( deep ecology ), "ecocén ica" o "bio- cén ica", y la "ecología supe icial" ( shallow ecology) o "medioambien alis a", que se un- damen a en el an iguo an opocen ismo >> 4• moslo- de un cie o an opocen ismo, el que Po o a pa e, si bien la p eocupación po el his ó icamen e ha sido man enido con esón uncionamien o co ec o del ecosis ema no ca- po el humanismo más ope a i o y el pensa- ece de impo ancia pa a nues a emanci- - CI - 101 ASTRAGALO,16(2000)ISSN 1134-3672 102 pación, ampoco es, ni con mucho -y en pugna con lo que comúnmen e sos ienen los que p iman esa sensibilidad medioambien al- el p oblema c ucial; pues la libe ación hu- mana -a mi en ende - depende mucho más del es ado de desa ollo de las elaciones so- ciales que unos man enemos con o os que del ipo de ínculos es ablecidos po odos noso- os con el en o no ex e io . Con a iamen e, pues, a lo que se suele man ene , la ía medio- ambien alis a es la genuinamen e polí ica, la única que cla a sus cimien os en la inmanen- cia y la au onomía humana, en su olun ad, mien as que la ecología p o unda pa e de una pe ición de p incipio; la que asume un o - den he e ónomo supe io : la na u aleza, que se p esen a así como la úl ima somb a de un pode que nos asciende con su p oyec o ab umado . Ambas ac i udes -la medioambien al y la p o- unda- ienen su público. Sin emba go, no es ningún des a ío man ene que, en gene al, lo p o undo y adical --con odo el undamen- alismo que inexo ablemen e se adosa a su imp on a esencialis a, y que an magis al y emp anamen e des apó Isaiah Be lín en el pensamien o polí ico su gido del oman i- cismo- iene mejo p ensa. Puede que en la p ác ica, al ac i ud adical ea sensa amen e es ingido su campo de acción social en e a un e o mismo más limi ado y más cau o, pe o, en el ámbi o no ma i o, lo d ás ico y ex- emo sigue o eciéndose como un a gumen o de au o idad que el mundo eal de lo p opia- men e es ablecido -m ejo o peo , pe o siemp e en emodelación y ans o mación pe ec ible- se e obligado a acep a de la an as eces ne- bulosa e i esponsable u opía. Rememo ando pues, aunque a la con a, a un poe a alemán a eba ado 5, muy pe inen e cuando se ae a colación, como yo aho a, mo imien os socia- les con una ue e base omán ica -al amen e eac i a y, po an o, sis emá icamen e an i-Sis- ema-, pod íamos deci que donde su ge lo que nos quie e sal a ; muchas eces ambién c ece el pelig o que más a de nos aplas a. La ecología p o unda quie e a asa oda dis- inción cuali a i a en e la humanidad y el es o del cosmos, odo an opocen ismo: no sólo el an opocen ismo ingenuo y me a ísico -del que la humanidad no u o má s emedio que apea se as las i e u ables p uebas que la ciencia ha enido o eciendo al e ec o desde, al menos, el Renacimien o-, sino ambién ese o o an opocen ismo lúcido e camen e man- enido po el humanismo más digno y ope a- i o, más impeni en e 6. Es e an opocen ismo lo es únicamen e en que no cede al p i ilegia , en e al es o de las cosas del mundo, lo hu- mano pa a lo humano mismo. Y qué duda cabe que aho a es esa ecología p o unda la que, con más ehemencia ca as o is a y más segu idad doc ina ia, nos quie e ·sal a de no- so os mi smos y de nues o muy injus o, pob e y pe ec ible, Sis ema. De ahí que en las en a- ñas de su co n es ación adical ambién es é c eciendo, c eo yo, el pelig o que nos aplas a. Tal pelig o lo eo en su mani ies a dogmá ica, en su al a de i onía y su p edisposición a no con o ma se con se sólo un mo imien o abie o más en el ju ego plu al de las ans o - maciones sociales, un mo imien o que se so- me e a las paula inas c í icas y au oc í icas, sino más bien odo lo con a io: un p onuncia- -en - mien o que se a inche a en su es ic o idea io dogmá ico y que, po an o, no hace sino pen- sa se a sí mismo como «el único pensamien o que comba e in eg almen e, y con la debida con icción, al denominado pensamien o único» y esco a se así hacia el ámbi o y las o mas de hace de las Iglesias. Es a mani- ies a al a de i onía, es e exceso de se iedad, y su consecuen e desliz hacia las decla aciones pomposas, queda pa en emen e al descubie o en el siguien e pá a o que, di igido a una diana dis in a del ecologismo, da sin emba go de lleno en algunas de sus ca ac e ís icas más dudosas -su mesianismo, su p e ensión de sa- be in eg al ce ado, su imp on a sal í ica, e - cé e a: «Lo opues o a la i onía es algo que a- mos a llama Iglesia, en endiendo po al ese discu so ce ado, o al, que da cuen a de odo y sabe siemp e lo que hay que hace y po qué; discu so que explica, jus i ica y ecomienda que sabe. La Iglesia siemp e es ca ólica y ecu- ménica, o alizan e, a ca que sal a del dilu io que ella misma p edica» 7• Pa a a ala con algunas azones el p eceden e diagnós ico, quisie a a con inuación mos a con b e edad, apun a más bien, algunas ideas en las que, c eo, se sus en a el pensamien o polí ico del ecologismo p o undo y que mues- · an muy a las cla as su na u aleza esencialis a y sec a ia. És e es el aspec o en que aho a me in e esa incidi , el que le lle a a homogeneiza el pensamien o de sus mili an es y a des on- da lo de pasión y de au oc í ica. Voy a mos a an sólo cua o de las ideas- e iche que subya- cen en su iloso ía; cua o luga es comunes que de o ma insis en e apa ecen en los esc i- os y publicaciones ecologis as y que dejan e bien a las cla as su alan e. Pa a e i a equí ocos, me p es o de inmedia o a acla a que la concisión de mi c í ica se debe al ca ác- e me amen e in ui i o de la misma. Es os cua o e iches son. La Na u aleza como o den ce ado La o al en ega a la idea de Na u aleza como un o den ce ado, somb a del Hacedo omni- po en e y he e ónomo a lo humano mismo, de la que ya hemos hablado como sus en o ideo- lógico básico del ecologismo p o undo. La na- u aleza se p esen a pues así como aquello que debe segui de e minando la ida de la gen e; y así lo mani ies an a a és de una ei indica- ción, ecu en e en sus p og amas, he edada del ma e ialismo his ó ico: la necesidad de acaba poniendo alo de uso donde la socie- dad hoy pone me o alo de cambio; bien en- endido que el alo de uso es lo que la na u a- leza quie e que las cosas sean. Y los ecologis- as es án bien dispues os a se sus me cena ios, a ma e ializa ese que e implíci o. És a es pues pa a ellos la lucha: alo de uso e sus alo de cambio. Su ge así un op imismo u o- pis a: las cosas, y en e ellas el homb e mismo, ienen na u aleza y esencia. Se a a única- men e de descub i la pa a pos e io men e eo - ganiza el mundo a su mane a. He aquí ese mundo como na u aleza que emi e a «una pe- ición p e ia de p incipio», que ya ue sabia- men e conju ada po Clemen Rosse en su momen o, al e en ello una de las p incipales somb as de lo inhumano: «uno de los mayo es obs áculos que aíslan al homb e en elación con lo eal, al sus i ui la simplicidad caó ica de la exis encia po la complicación o denada - CIII - 103 ASTRAGALO,16(2000)ISSN 1134-3672 del mundo». La cosa esul a, pues, más di ícil, más ágica y mo daz de lo que ellos pos ulan, pues los homb es no ienen o a na u aleza que la de no ene la. O mejo aún, su na u aleza es la pe manen e ans o mación de lo que son. El homb e es, an e odo, un dese o de la zoo- logía, y es a dese ción iene el sello compli- cado, y algo enigmá ico, del aza y la olun- ad. Resul a po an o un in en o banal a a de ija «cien í icamen e» su alo de uso es able- ciendo, po ejemplo, una eo ía comple a de las necesidades humanas, aunque pa a ello se hable de necesidades adicales su gidas de la au én ica na u aleza humana, y opues as a las necesidades inducidas po el me cado, pues, como acabamos de deci , esa na u aleza p o- piamen e no exis e, sino que nos emos o za- dos a ene que in en a la. Pa a a empe a es e op imismo simplis a y ce a es a p ime a c í- pa cialidad inhe en e a nues os conocimien- os ope a i os, con el que únicamen e ellos p esumen pode plani ica un desa ollo ho- meos á ico del mundo. La idea de que odo puede se conocido, y desde odos los pun os de is a a la ez, mejo aún, desde un pun o de is a que engloba a odos los demás, pa ciales, y que no puede se o o que el es ic amen e na u alis a y ísico, el que co esponde al Todo in eg al. Es e conocimien o que al p incipio había sido pa imonio de Dios, pasó pos e io - men e a se e e encia obligada de la azón de Es ado y hoy lo es del mo imien o al e na i o. Y es a indicación la ealizan p ecisamen e los ecologis as po que el Es ado, impe ec o él, no ha podido ni ha sabido hace se con se- mejan e pun o de is a o alizan e. Así, el a - gumen o que más comúnmen e esg imen con- a el pode es ablecido es que oda su plani i- 104 ica, no me pa ece pues del odo inopo uno cación del p esen e es pa cial y que sólo ellos, ae a colación el alan e escép ico que o ece el siguien e pá a o de Faulkne . Siemp e, cla o es á, que se sepa a la ez o illa el nihi- lismo y supe a lo con la opo una acción á- gica. No e lo doy pa a que puedas aco da e del iempo sino pa a que puedas ol ida lo de ez en cuando y no dediques odo u alien o a do- mina lo. Po que -me dijo- jamás se ganó ba- alla alguna. Ni siquie a se dan ba allas. El campo de ba alla no hace sino e ela al hom- b e su p opia es upidez y desespe ación, y la ic o ia es una ilusión de ilóso os y de locos. Un sabe in eg al La p e endida exis encia de un Sabe In eg al, omnicomp ensi o y supe ado de cualquie a a és de un plan eamien o in eg al -basado la mayo ía de las eces en un echazo explí- ci o de la lógica que es ablecen los in e cam- bios mone a ios y el o ecimien o al e na i o de una alo ación a a és de lujos ene gé i- cos- pueden apo a al acionalización gene- al. Lo que subyace a es e azonamien o -apa e de una sup emacía mo al, ambién su- pues a, desde la que c een ac ua una pa e signi ica i a de sus mili an es- es la posibili- dad, bas an e mecánica y simplis a, de un co- nocimien o comple o de los enómenos, as el en endimien o de odas las causas que los de- e minan. Sin emba go, es e cien i icismo de- e minis a ha su ido ya hace iempo un du o golpe desde el p opio campo cien í ico, me- dian e la impugnación pa cial del p incipio de causalidad mecánica y el econocimien o del - CIV- p opio aza como o a de las causas de e mi- nan es de los enómenos. Valgan, pa a acaba es a segunda c í ica, y como e apia aho a del cien i icismo anclado en el sabe global, unas palab as de alguien an al ma gen de oda eleidad an icien í ica como es el p opio Galileo. La í ola a uidad de que e en ende lo odo su ge de la comple a ca encia de cualquie co- nocimien o. Si uno hubie a in en ado an sólo una ez en ende pe ec amen e una cosa, y hubie a llegado a gus a e dade amen e cómo es á hecho el sabe , se da ía cuen a de que no en iende las demás in ini as e dades. La mo alidad No menos e elado del espí i u que subyace a es os mili an es es la posición gene alizada la Mue e y sus emisa ios, lo que en sí es una me ma é ica y es é ica en e a las -concedá- moslo- inú iles condenas de nues a ágica condición; desespe ados lamen os que con an a lucidez solida ia se ponen bien de mani- ies o en la ci a con que oy a conclui es a e ce a c í ica. El ey pe sa azo ando al ma [po el nau agio de sus na es y la pé dida de sus ipulaciones], Vol ai e esc ibiendo en pública p o es a po el seísmo de Lisboa no son idículos ejemplos de des a ío, sino cohe en es y igu osas igu as de mo al mili an e bien en endida que com- p ende el absu do insc i o en cualquie con- duc a é ica y lo acep a 8• Al e na i a e oluciona ia Y pa a acaba , me gus a ía ambién pone al que man ienen an e la mue e. Pa a g an pa e descubie o algo que hace años -cuando yo 105 de ellos, y así lo he podido comp oba en es- leía con más in e és sus pan le os- el ecolo- c i os de aquí y de allí, nues a mo alidad es un hecho na u al, ni más ni menos que la del es o de lo que en algún momen o de su exis- encia u o i alidad -el eino ex enso de la biología-. Pa en de una isión un an o es e- cha que apun ala el c édi o del sac i icio, que pos ula, simplemen e, de ol e al odo na u- al, a a és de la ie a, lo que paula inamen e· uimos omando de ella, pa a segui haciendo así posible el e e no in e cambio de los lujos ma e iales y ene gé icos. Lo menos que se puede deci es que se a a de ma e ialis as ulga es, de omán icos ambién a medias: gen e a la que jamás le ha golpeado en los pul- sos «la aleg ía de la inmo alidad». Di ía más, a mi en ende hay en semejan e a zonabilidad un alan e abyec o que acep a, con sumisión, gismo solía explici a con ecuencia, y que hoy, c eo, se man iene con igual in ensidad en su idea io, aunque sólo áci amen e: la ei- indicación de se «la única al e na i a e o- luciona ia posible»; lo que e ela cla amen e el sec a ismo inhe en e a quienes sólo en ien- den el plu alismo democ á ico como un me o ins umen o ác ico de opo unismo polí ico. Es o, a su ez, mani ies a desp ecio po la concepción polí ica adical -aho a sí- que piensa la única al e na i a e oluciona ia -en lo poco de digno que aún le es a a la pala- b a-como inexis encia, p ecisamen e, de una única al e na i a e oluciona ia co ec a; pues és a siemp e desemboca en la sociedad ce ada, mien as que, po el con a io, la plu alidad de una sociedad abie a, e eb a- - CV - ASTRAGALO,16(2000)ISSN 1134-3672 106 do a, es capaz de acoge en mes izaje las di- e sidades exis en es y da les ai e. Pues quizá, más allá del exal ado esencialismo o- mán ico que globalmen e p opone el ecolo- gismo -y ómese con holgu a y p ecaución ese «globalmen e», pues, como hemos is o, NOTAS 1 Clémen Rosse . La an i na u aleza. Tau us, Ma- d id,1974, página 9. 2 Luc Fe y. El nue o o den ecológi co . El á bol, el animal y el homb e. Tusque s, Ba celona, 1994, página 27. 3 Luc Fe y. El nue o o den ecológico. El á bo l, el ani- mal y el homb e. Tusque s, Ba celona, 1994, página 29. 4 Ibídem, página 29. los ecologis as ambién son en e sí g a a- men e dis in os-, el au én ico e o que aho a enemos plan eado es p ecisamen e el múl i- ple desa ollo pe sonal de las indi idualida- des, compa ible con la sociedad solida ia de los homb es. 5 Holde lin: <<Pe o donde c ece el pelig o su ge ambién lo que nos sal a> >. 6 Fe nando Sa a e . El humanismo impeni en e. Ana- ? ama, Ba celona 1990. Fe nando Sa a e <<I onía o Iglesia >>, 1977 en La olun- ad disculpada, Tau us, Mad id,l996, página 155. ' Fe nando Sa a e . Nihilismo y acción, Tau us. Mad id, 1970. - CVI -