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Romero Murube, la Academia y Villalón

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Romero Murube, la Academia y Villalón

Author: Caro Romero, Joaquín
Publisher: Universidad de Sevilla
Year: 1995
Source: https://idus.us.es/bitstreams/ebdd4418-4b7b-4d99-bbd8-b925e4dd9200/download
ROMERO
MURUBE,
LA
ACADEMIA
Y
VILLALON
*
po
JOAQUJN CARO ROMERO
Hace unos días e ocaba yo la igu a y la ob a de don Joaquín
Rome o Mu ube
en
los Reales Alcáza es, mi es echa inculación
discipula y a
mi
ga con el homb e y el poe a que el iempo sus ancia-
liza con una anspa encia que hie e y econ o a en medio del ejem-
plo i al y li e a io de su legado. Aquí y aho a
mi
ap oximación a su
igu a
a
a se dis in a.
Tenía que anscu i más de medio siglo pa a
que
Joaquín Ro-
me o Mu ube,
en
espí i u al menos, oma a de alguna mane a po-
sesión del si io
que
le o eció
es
a Real Academia de Buenas Le-
as. Po que el ac o de
es
a
noche, en
co
njun a con oca o ia de
dos
Academias -Buenas Le as y Bellas A es- , equi ale a una
ea i mación de ínculos académicos y humanos en los que la p o-
isionalidad de la ma e ia ya no cuen a, po que la mue e no se
ige
po
ningún es a u o ni eglamen o.
La
hi
s o ia que oy a con-
a les empieza con don
José
Ma iano de Mo a y
Sa
lado y e mina
hoy
co
n don Edua do Yba a Hidalgo, inspi ado
de
es e ac o en
memo ia de don Joaquín Rome o Mu ube. Voy a in en a expli-
ca lo
lo
mejo posible, apa ándome de la máxima machadiana que
dice:
• Tex o leído el 25 de no iemb e de 1994 en la sesión públi
ca
conmemo a i a del
XXV ani e sa io de la mue e de don Joaquín Rome o Mu ube po el Académico
D.
Joaquín
Ca o
Rome o.
62
JOAQ
UIN
CJ RO
ROM
ERO
--
- -
--
«Obscu o pa a
qu
e a iendan;
cla o como el agua, cla o
pa a que nadie comp enda».
Tenía 38 años Joaquín Rome o Mu ube
cu
ando ue llamado al
seno de es a Real Co po ación,
en
i ud de una p opues a sus
c i a
po los nume a ios seño es Sebas ián y Banda án, López Ma ínez,
Bc múdez Pla
a,
He nández Díaz, Mo a y Salado, López Cepe o y
Mu u y ma qués de San José de Se
a.
Conía
al año de 1942. El
elec o, seño Rome o Mu ube, ya e a po en onces au o de «
La
is-
eza del Conde Lau el», «P osa ios», «He mani a Amapola», «
Som-
b a apasionada». «Dios en la ciudad», «José Ma ía Izquie do y
Se i-
lla
»,
«Sie e omances», «Se illa
en
los labios» y «Canción del a
man-
e
andaluz
».
Fue pasando el iempo y don Joaquín no leía su discu so
de
in
-
g eso. Al año siguien e de
su
elección publica, con p ólogo de
Euge
-
nio Mon es, un lib o que lle a
po
í ulo «Discu so de la men i a».
En
19
44 -hace medio
siglo-
da el P egón de la Semana San a de
Se illa. En 1945 e la luz
su
poema io «Ka
si
da del ol ido».
Los
años pasaban y don Joaquín sin lee el discu so, que el en onces
di
-
ec o de es a Acade
mi
a, don José Ma iano de Mo a y Salado, le
eque ía una y o a ez. Has a que llegó el año 1948
--e
l año en
que
publica «Tie a y Canción» y «Ya es
a de»-
y la Academia decla a
su plaza acan e, as seis años de espe
a,
cinco más de lo ma c
ado
en su Es a u o.
Todo es o, seño as y seño es,
ya
pe enece a la his o ia anecdó ica
o a
Ja
anécdo a his ó ica. ¿Po qué don Joaquín Rome o Mu ube
no
leyó
su
discu so de ing eso?
«¡
Mis e ios de la psicología li e a ia!»,
dijo él, pa a o o día con es
a
po
esc i o: «El único discu so que
yo
debía habe hecho
en
mi
ida es el de ing eso en la R
ea
l Academia
Se illana de Buenas Le as». («Co azón de poe a nadie lo en iende».)
Joaquín Rome o Mu ube siemp e u o abie as
la
s pue as
de
es a Acad
em
i
a.
Vein isie e años después de su elección la
Acade-
mia le en ió «un esc i o comunicándole la con eniencia de esc
ibi
el discu so de ing eso
pa a
causa al a
com
o académi
co
». Don
José
Sebas ián y Banda án -
en
oc ub e de 1969, un mes an es de su
mue e- Je
o
gó que lo edac a a, ya que se había p oducido
un
a
acan e en la Academia con la mue e del poe a Sal ado Fe
nán
-
dez Al a ez.
«U
na de mis úl imas con e saciones con Rome o Mu u-
be -me comen ó po aquellas echas don José Sebas ián- e
só
ROMERO MURUBE,
LA
ACADEMlA Y V
IL
LALON 63
al eded
o
de
es e ema, y me p ome ió
que
, e ec i amen e, iba,
po
i
n, a esc ibi es e año el discu so sob e la ida del conde del Agui-
la, que ue un an iguo asis en e de Se illa,
qu
e a la sazón desempe-
ñaba el o icio
de
alcalde».
¿Hubie a esc i o don Joaquín su eque idísimo discu so?
Yo
me
a e o a a en u a que sí. Joaquín Rome o Mu ube, que no hubie a
desen onado en la gale ía de «Los a os»
de
Rubén Da ío, e a po
aquel en onces
un
homb e pa cialmen e de o ado, ya en la an esala
de las claudicaciones. F ágil, ulne able, desa bolado hubie a e mi-
nado diciendo que s
í.
Su
ol a o c í ico
ele
se i
ll
ano au én ico y desen-
ga iado le ocasionó p oblemas y sus a ículos su ían los e ec os de
la
censu a de p ensa. Como la his o ia se epi e, los e os y las pos e -
gaciones los enimos sopo ando los que ecogimos su an o cha
en
el
camino de inieblas y mise ias del momen o p esen e. La indepen-
dencia cues a ca a.
Juan de Dios Ruiz-Cope e ha esc i o que la ob a
de
Joaquín Ro-
me o Mu ube «cons i uye en nues os días el p ime es imonio con-
inuo y o alizad
o
de la ciudad an o po su
co
nmoción obje
i
a como
po la necesidad casi biológica del homb e de sen i la desazón a
pa
-
sionada de su cálida luz. Se illa es pa a Joaquín Rome o una azón
de ida».
A la ho a de los econocimien os y las p ebendas pocos
se
aco -
daban de J
oa
quín Rome o. Un mes an es de su mue
e p onunció en
Dos He manas el P egón de la Rome ía
de
Valme, después que yo
ehusa
a
p onuncia lo, y de habe i ido
un
a io
m<ís
hubie a dado en
Los Palacios el P egón de las
Fi
es as
de
la Vi gen
de
las Nie es,
pa a el que se había o ecido. Qué con adic o io ue
Jo
aquín Rome o
Mu ube y
en
qué soledad i ía. De ez en cuando nos hacía pa é icas
con esiones: «
...
Yo cada ez engo menos ganas de hace nada
...
¡Ya es a de pa a odo!»
Su
espí i u en onca a la pe ección
co
n el de la «Epís ola Mo al»
de And és Fe ná
nd
ez
de And ada:
Quie o, Fabio, segui a quien me llama,
y ca
ll
ado pasa en e la gen e,
que no a ec o los nomb es
ni
la am
a.
El ánimo plebeyo y aba ido
elij
a,
en sus in en os eme oso,
p ime o es a suspenso que caído;
64 JOAQUIN
CARO
ROMERO
~~~
-
-~
~~~
que el co azón en e o y gene oso
al caso ad e so inclina á la en e
an es que la odilla
al
pode oso.
Fíjense has a dónde Joaqu
ín
Rome o
Mu ube
e
a
un
indolen e
,
un
de
sin e esado, un a alis a, un desp eoc
upado
po sí mismo y sus
pe enencias, que no
le
daba demasiada impo ancia a casi nada.
Un
día me es u o enseñando ex os manusc i os de Ga cía Lo ca,
Ad ia-
no del Valle, Jo ge Guillén, Gab iel Mi ó, Dámaso Alonso,
Fe
nan-
do Villalón
...
En homenaje suyo y a las Reales Academias que c
on-
ocan
es
e ac o oy a lee un omance inédi o
de
Fe nando
Villa-
lón,
que
el maes o Rome o Mu ube, en
un
ges o más de su
esp
í i u
gene oso, puso en
mi
s manos. Voy a limi a me a su lec u a sin
ninguna apos illa c í ica pa a la que ya hab á ocasión.
Aunque
el
omance no ae ec
ha
puede si ua se c onológica y emá
icamen e
con
lo
s «Romances del 800», igno ando los mo i os po
lo
s
que
Villalón no
lo
in
cluyó
en
es e lib o suyo.
Se
i ula «Mue e de
Jo
-
se -hillo
»:
Jose -hillo cabalgando
p
o
el camino eal
oma cansado a su casa
pues iene de o ea ;
calzándose Los chapines
su no ia le espe a á.
Una copla el ien o ae,
él no
la
puede escucha :
«Jose -hillo, Jo
se
-hillo,
e espe an en el po
al,
sie e puñales y un g i o
que no pod ás aguan a >>.
A
la
en ada de Se illa
Josc -hillo e
ll
ega
un anc
ia
no que le dice:
«mi a
que
e
ma a án,
e
di é donde e espe an
si una limosna me das».
El le esponde a ogan e
«esa buena olun ad
ROMERO MURUBE. LA
ACADEMIA
Y VILLALON
se ag adece, pe o calla
que a mí no me ma a án,
ein e eces i a la mue e,
e
in e me sa
l
ó el pe cal,
y mi cuad illa que iene
as
mi
caballo alazán
impedi á que mal ados
me
cosan con su puñal)).
Una limosna le en ega
-«
Líb e e Dios de es e mal».
Jose -hillo a a su casa
que es á en la
ca
ll
e Impe ial,
la cuad illa se ha quedado
bebiendo, calles a ás,
y gas ándose el dine o
que gana on
al
o ea .
Jose -hillo pone un pie
a la en ada del po
al,
un
em
pujón le de iba
y e b ma un puñal
que se lo cla an
se
is eces
des ozándole la az.
El o e o mo
i
bundo
desga a en ag io
ll
o a :
«¡Ay Fe nando Villalón
e po la segu idad!»
Es as oces esona on
po oda
ca
lle Impe ial
y se mu ió panza iba
en l
as
los
as
del zaguán.
65
También Rome o Mu ube, como Yillalón, e a un pun o y apa e
en la his o ia de Se illa. Tenía sus manías, sus pa adojas, su mundo
ecóndi o e impene able. Pa ece que Bécqu
e
habla po
su
boca
cuando hace un
cua
o de siglo - pues o ya el pie en el es
ib
a-
se dolía de que Se illa había «pe dido el ono de su au en icidad y
isonomía ca ac e ís ica, y es o
en
odos los
ó
denes. Siemp e
ue

66
JO A QUIN
CARO
ROMERO
Se illa
-decía
él- una ciudad apa e y placen e a. Po su
glo iosa
adición, po su monumcn alidad,
po
su ca ác e , po sus
cos um-
b es. De odos es os alo es hemos hecho abla asa, cuando
no
ol ido y desp ecio. Hemos des uido la isonomía de la ciudad, y
no pa a bene icia al humilde y al des alido, sino, las más
de
la
s
eces,
po
complace a la po en e emp esa económica, que
iene
a
su a ío y
ga
nancia. Incluso
la
Gi alda ya
no
suena
a Gi alda.
po -
que
Ja
elec i icación la ha mecanizado y descompuso la
conce ada
a monía del campana io más copioso y gen il
de
la C is iandad.
La
calle se ha o nado ag ia, i espe uosa; y
la
ciudad, incómoda,
in
-
ansi able. Es amos abocados a la quieb a
de
la
g an calidad
espi i-
ual de la u be, y es o lo conside amos lamen able y en is ecedo .
Hoy no hay que p egun a qué
es
lo que
pasa
aquí. La
p egun a
puede se más is e y sob ecogedo a: Se illa,
en
sus alo es
genui-
nos y uni e sales que la hicie on siemp e amosa. ¿sigue
siendo
Se illa?» Hace ein icinco años Joaquín
Rom
e o
Mu ube hizo
es a
p egun a. que e leja el es upo y el desengaño
de
la isión se illa-
na de Bécque . desencan a
do
as el eencuen o decepcionan e
con
la
Se illa de 1862.
Como Joaquín Rome o Mu ube escapa a cualquie de inición, oy
a e mina e ocándole con el a pegio de la poesía. que es la uen e
de la que m
ana
y se ele a el espí i u de aquel que que ía ol e a
empeza de nue o, po c ee se que había omado
un
camino equi o-
cado en la ida. Y es que la poesía
es
un camino sin e o no:
Joaquín Rome o Mu ube
u o en un ja dín su espacio.
Yilla anca y Los Palacios
Je
dio su sol y su nube.
En e demonio y que ube
buscó
la
somb a y la lu
z.
Pe o se encon ó una c uz
en
la
mi ad del camino,
sabiendo que e a
el
des ino
de
odo aman e andaluz.
Se illa en los labios llo a
con kasidas de albahaca,
y de cada palio saca
la mue e deshojado a.
ROMERO MURUBE, LA ACADEMIA Y VILLALON
El
columpio de la au o a
amo aja los a
ci
mos.
Ya no
so
mos los que uimos,
que al a ie a y canción,
y se pie de el co azón
po los cielos que pe dimos.
Qué is
e
el Conde
Lau
el
y la He mani a Amapola.
To e o a po agayola
con miedo
en
el edondel.
Naza eno de papel
pe dido po la ciudad.
Pin u a de e e nidad
en
un
pu ísimo lienzo,
que cuelgan
en
San Lo enzo
Bécque y la Soledad.
Que Soledad se llamaba
la musa de
su
aleg ía,
y le daba compañía
cuando compañía buscaba.
Si
paso
po
la Alcazaba
un
ío me sien o
en
la espalda,
po que eo en cada gui nalda,
po que eo en cada jazmín
el eso o de
Joa
quín,
que no cabe en la Gi alda.
Rioja
Je
o eció una osa.
Almo amid, sus jazmines;
y Don Ped o los ja dines
co
n una odalisca he mosa.
A guijo le dio su diosa
y P
ac
h
ec
o, su capill
a.
Don Bal asa la le illa
que en He e a ue agua ue
e.
Pe o la ida y la mue
e
solo se las dio Se illa.
67
68
JOAQUTN
CARO
ROMERO
Ya es a de, pueblo lejano,
pa a las di agaciones.
Lle a el omance c espones,
que es á lejos y en la mano.
Qué g ande es se se illano,
se Joaquín en
el
ecue do.
Po su memo ia me pie do,
y oy de
su
g acia en pos,
po que sé que es á con Dios
y José Ma ía Izquie do.