RELATOS
LECTURASDELBOSCO
A p opósi o de la exposición
de
Ma iko Umeoka en la Casa de Japón
de
Salamanca.
H
ay
una nue a sensación que es p o o ípicamen e mode na y que comienza a hace se a-
mili~~
pa a los homb es que i imos en las sociedaes mul ipola es en p oceso de o -
maciOn.
Consis e en la expe iencia de una nue a po osidad, de una ósmosis y una ci culación y ácil in-
e pene ación que ompe las memb anas y las cápsulas en que
se
hallan eplegadas las cul u as.
Así, podemos conside a que quienes hemos pene ado en es a Casa del Japon de la ciudad de
Salamanca pa a isi a la exposición de Ma iko Umeoka, en amos en un espacio que, is o en
p o undidad, supone en ealidad que una se ie de mundos en an en con ac o p óximo, si uán-
dose unos
aliado
de o os, haciendo posible la ealización de
un
pasaje en e ellos que, aun sien-
do ácil en lo ísico, equie e con inuos ajus es de nues as pe spec i as, y que, en el ondo, nos
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desconcie a y sob epasa.
No se a a en p opiedad, como se dice, de
un
mes izaje, sino, más bien, de un e ec o de alsa
p oximidad, de una an asmago ía de que las ba e as y las on e as han caído, cuando lo que
ha pasado es que han sido en ealidad ede inidas en o os é minos más su iles.
O ien e-Occiden e
En e ec o, desde esa ex e io idad ecién abandonada que es el con o no de la ciudad de Salaman-
ca, como es bien conocido, «cuna de la Con a e o ma» y ne io cen al del pensamien o nacio-
nal ca olicis a de la Edad Mode na, en amos en un espacio cuya p opiedad ju ídica y cul u al pe -
enece al Japón, pe o una ez aquí den o - y quizá pa a nues a so p esa- , nos encon amos con
una pin o a japonesa que nos en ega como egalo, y yo di ía más bien como enigma pa a esol e ,
y en ealidad como emblema de las nue as si uaciones a que nos emos abocados, su abajo b i-
llan e y mis e ioso en omo a un iejo y conocido amilia , icono de la ci ilización occiden al.
De modo que lo que aquí ecibimos es el esul ado de una mi ada o a lanzada sob e nues a p o-
pia, sob e nues a más ín ima his o ia cul u al.
-
CIII
-
ASTRAGALO,14(2000)
A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA
A icle, ISSN 1134-3672
h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.2000.i14.09
Fe nando Rod íguez de la Flo .
P o eso de Li e a u a de la Uni e sidad de Salamanca y esc i o .
104
Pues
me
ap esu o a deci lo,
El
Bosco es un pin o desde an iguo cap ado pa a los in e eses es-
pi i ualis as y es é icos del mundo co esano español, el p e e ido incluso de los g andes eólo-
gos, eó icos de la culpa y el cas igo. Pin o ex a agan e y me a ísico acogido (como lo ue a
o o pin o del deli io y del exceso, El G eco)
en
el país de las biza ías y las d ole ies, en el país
de los mís icos y de los poe as cul e anos, que hacen del exceso es a egia es é ica.
La
p esencia de al pin o
en
el cen o seminal de la ideología de la e o ma ca ólica, cual es
ese
El
Esco ial, edi icio inma cesible, su ce canía a Felipe
11,
nos ga an iza que su ob a con-
duce y ansmi e de modo singula men e ap opiado
Jo
que ue on los ideales de la Con a e-
o ma española. Con ello nos si úamos en una sue e de cen o en o no
al
cual gi an las ó bi-
as odas de una cul u a de lo simbólico, de una ci ilización de las lec u as alegó icas y los
sen idos je oglí icos y «segundos», de los opismos e ó icos y los desplazamien os e igi-
nosos de ondo me a ó ico.
Yo
que ía
en
el espacio de es e comen a io ap esu ado, no sólo e lexiona
un
poco sob e lo que
el Bosco signi ica en es e pun o que lo incula a una medula idad cen al de un cie o modo es-
pañol de e y concebi el mundo (o, mejo , el ul amundo); sino que, ambién, y sob e odo,
que ía ocupa me
en
e lexiona en qué consis e e dade amen e es a ope ación de abie a aíz
posmode na, an e la que
la
pin o a Ma iko Umeoka nos si úa, a iculando una p opues a que, en
es e caso, más que un juego de muñecas usas, e oca aquí, un juego que mo iliza cul u as disí-
miles. Al hace lo, con unde empo alidades y esul a se
al
in un emblema más de la compleji-
dad he menéu ica en que i e nues o iempo, donde cada paso que se da en el campo de la e-
p esen ación, en el campo del
a
e, implica que se mo iliza odo un ondo de e e encias, odo
un ex enso campo de ci as, colocadas en un abismo sin in.
El a is a mode no no sólo iene así que da cuen a de su iempo, sino da cuen a ambién de los
iempos, del cambio y modi icación que a las cosas les impone la his o ia.
El
a e de la ci a es el
p ocedimien o maes o cuyo dominio, como se sabe, hoy se exige a quien en e noso os p odu-
cen signos
co
n aspi ación a llama nues a a ención.
Cla o, la ob a de Ma iko Umeoka es a iada, como se puede e , como múl iples son las lec-
u as a que some e a ese pin o cen al en las adiciones igu a i as que en e noso os cono-
cemos como El Bosco (o como conocían nues os an epasados: Je ónimo del Bosque), pe o yo
quisie a concen a me en lo que
es
lo que pa ece se el icono cen al
de
ese abajo: es deci ,
la g an éplica del Ja dín de las Delicias, cuad o del que, adelan o, es el más ep oducido del
mundo, jun o a la Gioconda o el Juicio Final de Miguel Ánge
l,
pe o del que quizá ambién se
pueda deci que nunca
ha
sido p oducido con mayo in ención eduplica i a que en es a mues-
a, donde lo emos se él mismo y sin emba go e oca o con oca algo, al iempo, p o unda-
men e di e en e.
-
CIV
-
En la e a de la g an ep oduc ibilidad écnica (Benjamín),
he
aquí que el g an cuad o de la sala
supe io nos si úa an e la ep oducción somá ica, an e la eesc i u a
de
una ob a que se ha con-
e ido en cen al y en mi ológica pa a el imagina io occiden al.
La p e ensión de la pin o a Ma iko Umeoka pa ece desnuda en es a p ime a ap oximación, pues
lo que ella ha in en ado con p ecisión no es en modo alguno copia el
ja dín,
p oduci su copia
iel, sino, an es bien,
éhace
el ja dín, ol e lo a pin a , pone se en la posición del pin o que lo
c eó en
un
lejano iempo.
Y me a ó icamen e, has a
se
pod á deci de
su
ap oximación al Bosco que compa e expe iencia
numinosa e implica una sue e de pa alelismo con ese g an símbolo c is iano que es el paño de
la Ve ónica:
Ve a
imago,
e dade a imagen,
e a eicon:
e ónica: anslacción iel en el paño
de la
imago ch is i.
De la misma mane a, en los p imi i os eje cicios
de
las escuelas humanis as
se
a aba, no de co-
pia o hace a la mane a
de
Ho acio o Vi gilio, sino exac amen e esc ibi lo que Vi gilio, lo que
Ho acio esc ibie on. En es a ope acion, la copia ya no es eje cicio de simulación o in ención de
plagio, sino que el nue o a is a
se
posee
de
al modo del espí i u de lo que ama, que ya no con-
cibe un ho izon e mejo a su acción que eni lo a p oduci , a gene a de nue o, a hace lo p e-
sen e, aho a a a és de sus nue os b azos y de sus pinceles ac uales.
Así, Bo ges nos ha enseñado, po medio de
un
apólogo b illan e, como la olun ad de p oduci
de nue o una ob a de a e ( al que, pongamos,
El
Quijo e
de Ce an es) es supe io , mani ies a-
men e, a la olun ad de ealiza una ob a pe sonal y nue a. Ese Pie e Mena d, al esc ibi de
nue o
El Quijo e,
al hace pasa
su
ma e ialidad manusc i a po sus dedos y su pluma, que es
o a ya y di e en e a la de Ce an es, se posesiona -quizás di íamos «mágicamen e»- de la ob a,
la hace
de
es e modo an suya como de
su
p ime au o .
El
au a ansmig a
Se coincidi á conmigo en es o, un
cuad o maes o,
una ob a cen al es un depósi o de signi ica-
ción. Si uado en un luga imagina io, casi se pod ía deci ya ue a del iempo y de la his o ia,
pues se hace siemp e p esen e y ac ual a cada sucesi a gene acion, es, sin emba go, un núcleo
de dis ibución de empo alidades.
Si isualizamos el p oceso en la o ma de
un
camino, es á
el
camino que a él lle a, y es á, pe o
es el mismo camino, el camino que de él sale.
Es á odo lo que en el pasado p esiona has a gene a la ob a, de e minando su exis encia. Pe o
es á ambién odo lo que pa e de él; odo lo que
se
puede conside a que gene a o p oduce lo
que es
su
p esencia en el mundo.
-CV-
105
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Es que esul a que hay un espacio de la concepción de la ob a y hay
un
espacio, más as o y plu-
al, donde
si
si úa la ecepción de la misma.
Se
ha·
dicho en nume osas ocasiones que un lec o es
un
colabo ado de la ob a;
un
lec o es así
en ealidad la escena donde se da a e un mundo que sin él se pie de: Con mayo azón en on-
ces hoy podemos e en el abajo de la a is a Ma iko Umeoka a alguien que inyec a en el pa-
sado y en la ob a del pasado una dosis de nue a empo alidad, a alguien que ac ualiza el iem-
po ep esado en la ob a y lo da a e de nue o bajo una nue a signi icación.
El abajo de Ma iko Umeoka pa ece p io i a iamen e una ob a
de
la des eza y de la mano, pe o
es más bien un ope ación a iesgada del concep o. Es á más en el e eno del juego in elec ual,
del guiño y de la es a egia del doble y de la disimulación que en el del pu o egis o manual y
a esano.
Yo
quie o e en es a exposición ap esu ada, y sín esis de
un
p oblema que es as o y di ícil,
el cuad o que conocemos como Ja dín
de
las delicias, al modo de
un
dis ibuido de ene gías.
Es algo así como el ulc o o eje a cada uno de cuyos lados se si úa la medida del pasado y la
del u u o.
Como ambién, po cie o, quie o e es a nue a Casa de japón, como ese mismo núcleo que
condensa ue zas, ene gías, ec o es hacia su ealización. De aquí salen líneas que pene an en
el u u o y de las cuales apenas hoy podemos da cuen a.
Hoy aquí se eúnen ambién los iempos. Espacios y dimensiones di e en es pa en de es a sala
o ganizándose en es a ig a ías cul u ales, en pisos y en ni eles. Po
lo
an o, mundos disímiles
se disponen en ce canía explosi a, y así se in e elacionan, gene ando nue os cons uc os, nue-
os depósi os de signi icación.
Y has a pod íamos deci que la pespec i a así abie a nos ma ea
un
poco y nos con unde con la
p o usión de juegos de lenguajes di e en es que
se
nos ab en, pues nos damos cuen a de que
un
cuad o es,
al
iempo,
el
luga de llegada
de
algo, pe o que más oda iá,
el
obje o o
el
mundo en él
c eado es
un
pode oso cen o i adiado que luego esuena po la his o ia, como lo hace
un
eco.
Cuad o de cuad os
Así pues, el cuad o del Bosco es
un
g an luga a icula o io. El espacio ideal donde muchas
cosas se en emezclan y eúnen en
un
o den que po el momen o nos esul a enigmá ico.
Espacio complejo po de inición, pa a se pensado desde España, pues bas e aho a deci de él
que en su in e io se ab e una pe spec i a de uga hacia
un
mundo que ha sido siemp e una o-
-
CVI-
cación española: el mundo lamenco, la cul u a del No e de Eu opa, que, como es sabido, en un
pasado no an lejano ue pa e de la misma cul u a española.
Así que
al
in ambién en es as salas, o llamémosles ambién
mundos,
y aído de
la
mano de Ma-
iko esuena una ol idada cue da de la sensibilidad española, pues el Bosco siemp e signi ica á
pa a noso os la Casa Aus ia (y a su en e
el
ey Felipe Il) y una omen osa y ensa, pe o am-
bién ica y p oduc i a elación con los Países Bajos.
No deja pues de se un alego ía más en es a a de, que, como ha dicho uno de los mejo es c í i-
cos del Bosco, pa a es udia su enigmá ico mundo de b umas nó dicas haya que acudi aquí, a
es a España me idional, que enseguida se apasionó po es e espí i u que en su ensión y en su
o men o se e elaba quizás a ín al del país que iba a i i como ningún o o el sen imien o de
la ascendencia.
Así, el Bosco nos obliga a mi a hacia a ás, a sondea el pasado de su ealización, al enigma de
su sen ido (debe ía deci mejo , sen idos). Tan o más cuan o es e Bosco es á esidenciado en Es-
paña.
Y,
desde luego, debemos deci , no po casualidad.
Me ocupa é po un momen o de ello. Pe o no quie o abusa de es a a iable his ó ica; de ese ca-
mino hacia el cual la ob a mudamen e señala pa a que dé cuen a de ella y con ibuya a su expli-
cación, pues que eso cons i uye su pasado, pod íamos deci
su
memo ia, en cuan o que ob a o
depósi o de al a y condensada signi icación.
Y es que, con odo, la ob a se p esen a más po en e po lo que al p esen e de e mina y gene a.
Es más signi ica i a quizas en su hoy que en su aye , enseguida uel o lejano e inaccesible.
A i mamos de las es a egias cogni i as que hay que pone a pun o pa a comp ende la en es e su
p esen e de hoy, en lo que es su nue a eme gencia an e nues os ojos ( al y como nos la p esen-
a Ma iko Umeoka), son más complejas y sus de e minaciones más audaces y no edosas, que
aquellas o as que ienden a si ua la como obje o de una explicación his ó ica, abajo y pas o
pa a e udi os y p o eso es.
Quie o deci que a p opósi o de un cuad o de es a na u aleza ue emen e enigmá ica, se cumple
el p incipio de sob ein e p e ación, a que nues o momen o his ó ico de supe abundancia eó i-
ca nos conduce una y o a ez.
Pues, en e ec o, si una ue o pudo se la in ención de au o , hoy esa in ención de au o es á se-
pul ada po la mul iplicidad de signi icados que se han enido sucediendo sob e ella. Hay una
capa, una densidad, una pá ina
-y,
po qué no, una «cos a
>>-
, di íamos, de palab as sedimen a-
das sob e el hecho p imo dial de un cuad o como és e; enseguida uel o e iche explica i o de
odo un campo de signi icación de la cul u a occiden al.
-
CVII
-
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Es ahí donde se econoce una ob a de a e, un icono o emblema ci iliza o io: en que sus in e -
p e aciones sus lec u as, no cesan, no acaban.
La
ob a es pa a siemp e el po en e imán que nos lle a a comen a la o ehace la, a con a ac a -
la, a decons ui la o incluso, y és e es
-como
pensamos-el in en o de Ma iko Umeoka, a a a
ambiciosamen e, en el colmo de la ambición, pe o ambién
en
el ex emo de lo que puede se
una ac i ud amo osa o de o a sob e ella, a hace la de nue o.
Debemos pues concede alo a es a ope ación, que al iempo que nos en ega el signi ican e del
«Ja dín de las delicias», bo a la p imi i a signi icación que al Ja dín u o en el con o no pie-
is a,
y,
po medio de una es a egia de eseman ización nos pe mi e lee en él, desde luego o a
cosa, que lo que allí pin ó aquel lejano a is a.
Pues es amos aquí no sólo pa a e oca y conmemo a al Bosco y endimos una ez más al enig-
ma
po en e de su igu ación, que nos pa ece apun a a p imi i as concepciones de un mundo a-
buloso, sino que, inciden almen e, es amos hoy aquí a p opósi o de una ope ación a ís ica de po-
en e na u aleza, que,
si
bien pa e del Bosco, apun a di ec amen e al co azón de nues a
mode nidad con ulsa que se p egun a po el es a u o de ealidad que las cosas alcanzan.
Ello aspi a a ab imos los ojos sob e el abismo y b echa que ab e la copia, así como el enigma
an e que nos si úa la éplica, el p opio clon.
El co azón de la éplica
Se eco da á, en Blade Runne , la película de Riddle Sco , que los eplican es oman ca ác e ,
se despegan de sus c eado es, cob an una imp esionan e au onomía.
Es un emblema mode no,
un
mi o cen al de la o ganización imagina ia con empo ánea:
en
ella,
el clon, las somb as, lo gemelo ienen a ins au a una segunda ealidad, una na u aleza más ue -
e y au ónoma que aquella p ime a de pa ida.
La
copia i e su sueño de o iginalidad, se sabe única y encuen a den o de sí misma los mo i-
os pa a su exis i .
Así, Nexus (el homb e que sólo imi a y copia a un homb e na u al) llo a á con más lág imas de
las que cabe supone en sus cons uc o es, y esa copia supues amen e deg adada mues a en la
ue za con que se exp esa su sen imien o la au onomía mo al y la a i mación en la iden idad que
ca ac e iza a
lo
que en e dad exis e y iene de sí consciencia.
Es un p oblema de memo ia o de es uc u a de la memo ia.
La
copia es el o iginal sin memo ia,
sin iempo, pe o desde el momen o mismo que comienza a exis i , el iempo a abajando y
-
CVIII-
anscu iendo en su in e io , c eando así ya desde el p ime minu o una his o ia p opia, al iem-
po que una nos algia del o igen y un miedo
de
la mue e que se insinúa como un plazo.
Sí. Pe o
si
nos coloca nos en e al Ja dín «uno» o «p ime ja dín», el del Bosco, nos eclama á
siemp e una olun ad de conoce su e dade o es a u o en cuan o que g an e iche de la cul u a
occiden al.
Sabemos de su au a, inex ingible y pode osa. Au a alquímica, he e odoxa, cuya e dade a na u-
aleza se nos ocul a. Ésa se á siemp e una g an p egun a ace ca del cuad o, como ambién ace -
ca de la ob a oda de es e que ue el g an mís ico plás ico en la adición lamenca.
Pe o cuando nos di igimos hacia ese Bosco que nos llama y es amos a pun o de en a en su
mundo, nos eclama ambién con pa ecida ue za de e minan e el mis e io y la ascinación que
nos p oduce la ob a de la a is a Ma iko Umeoka, nos salen al paso sus p opias de e minaciones,
su con empo aneidad, sus sueños mismos sob e o os sueños.
Pues si señalamos como o igen de odo una p imi i a olun ad del a is a lamenco po igu a
el uni e so espi i ual en que se mo ía su empe amen o mís ico y me a ísico, ambién debemos
señala como ho izon e inal de aquella olun ad es a o a ene gía que, p o enien e de una a-
dición ajena, oma el cuad o como campo ideal pa a la ealización de o a as a ope ación de da
signi cación
al
mundo y edobla con su ac i uid el campo de las señales cul u ales, con i ién-
dolo en un au én ica «sel a de signos».
Sel a de signos
La p esencia an asmal del al a (el cuad o eal que el Bosco pin ó en una echa imp ecisa de co-
mienzos del siglo
XVI),
de e mina así la ealización ma e ial del Omega (es e cuad o de Ma iko,
concluido después de cinco años de elabo ación minuciosa). Y sin emba go, el comienzo no es
cie amen e el in, y en e ambos media, como e emos, un la go camino.
De modo que es amos an e es a ob a y ob as, como an e el hecho asomb oso de dos cuad os que
pa ecen iguales y que se di ía que son la misma cosa.
Y,
sin emba go, és e es mi a gumen o, son
dos signos an ípodas, dos en es con planos di e enciados; dos hechos a ís icos de na u aleza a-
dicalmen e di e en e.
La dis ancia que hay en e los dos no se mide en es e caso en é minos de idelidad y de de alle,
sino en los é minos más abs ac os de la empo alidad anscu ida y del concep o y sen ido de
las dos ope aciones di e gen es que los alumb an. Pues una cosa quiso el Bosco en ega , y o a
bien dis in a es lo que Ma iko Umeoka nos da a e con su en ega minuciosa, y una labo que
lejos de se ep oduc i a se p esen a como b illan emen e p oduc i a.
- CIX -
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Po un lado, un apólogo o cuen o,
y,
po o o, una anécdo a eal, me se i án pa a mos a que
la éplica, el «o o» o la somb a, se han alzado en e noso os como las en idades de más po en-
e signi icación, y que ellas son cen ales hoy en las es a egias de un a e con empo áneo o pos-
mode no.
Un apólogo p ecisamen e o ien al quizás nos ayude comp ende ese mis e io lógico, según el
cual no hay nada más di e en e y dis an e que dos ealidades que i ónicamen e se pa ecen.
Según es e cuen o o ien al, la olun ad de pa ecido lo que gene a es la conciencia de i e e si-
bilidad del iempo y el hecho mismo de mos a como e idencia la de que en el mundo some i-
do a la condición de la lecha empo al no exis e la opo unidad de la epe ición.
En e noso os, los mo imien os, las p ác icas ealizan siemp e nue as sín esis, «adelan an ca-
mino», como ulga men e se oye deci , nos lanzan cada día a más hondas in e ogaciones, p o-
blema izando p og esi amen e un mundo cada ez más denso, y donde el signi ican e lo es de
o o signi ican e.
Rep oduci , clona , simula , copia eplica , dan como esul ado siemp e un o o dis in o po
comple o a lo copiado, eplicado o simulado, pues hab emos de deci que, en e ec o, en e uno
y o o lo que se in e pone es el iempo, i ido como anscu so y el iempo mismo es lo que hace
que el sen ido mismo de las cosas cambie y se ans o me.
Así, aunque pod íamos p oduci la ilusión de dos ealidades iguales (lo cual es en sí mismo
un
a
con adicción), a cada momen o, y en ealidad en el desplazamien o mismo del i de una a la o a,
el homb e, que es el animal que in e p e a, ealiza ía una in e p e ación di e en e, omando con-
ciencia así an e la copia de que
el
iempo anscu e
y,
en gene al, eng osa y densi ica la eali-
dad de pa ida.
La
lecha empo al, i e e sible
La copia es i ica así el hecho de una dis ancia, la ealidad de una di e encia incomensu able.
Así que si desa ollo es e ejemplo del apólogo o ien al an es p ome ido, al que enseguida uel-
o, es pa a asegu a que no i imos del pasado
y
que a menudo nues o p esen e es más in e e-
san e
y
mis e ioso que lo que encon amos en el o igen.
Y cie amen e asladado a una dimensión cósmica, en la que el cuad o del Bosco, o s
us
epe i-
ciones, se encuen a ealmen e cómodo, el o igen, la mi ología pa adisiaca, en la que odo co-
mienza po comenza , es menos ue e
y
signi ica i a que lo que se le opone en el o o ex emo
del a co empo al; es deci , el des ino, el in ie no o pa aíso e ocado con ue za en es e cuad o
-
CX
-
maes o de la adición occiden al, al que emos hoy epo enciado po la ope a i idad que sob e
él
ha
olcado una a is a o ien al.
Si, cie amen e es así. Una dis ancia abismal media en e el
Ja dín
del Bosco y el
Ja dín
de Ma-
iko, como hay dis ancia ambién en e el Edén y el ja dín de los suplicios. Todos son dis ancias,
como se e, pues ambién media una buena p opo ción de iempo y de espacios en e la c eación
del mundo y su conclusión inal, ma e ia o ema cen al sob e el que la ob a se cons uye.
Y a pa i de aquí hay que eco da cómo se dice que una ez
un
empe ado de
un
eino de Asia
deseó posee
un
mapa lo más iel posible de su as o e i o io.
Su mejo ca óg a o
le
pidió en onces miles de ayudan es y disponibilidad de medios pa a eco-
e el e i o io.
Al cabo de algunos años (po en u a los mismos cinco años que Ma iko empleó pa a su ob a
maes a), el ca óg a o eg esó pa a p esen a su plano al mona ca.
En onces, el mona ca u o que e como an e sus ojos comenzaba a desplega se
un
mapa an
mi-
nucioso de sus dominios, que el papel se plegaba sob e cada acciden e y seguía minuciosamen e los
de alles del mundo na u al. La ep esen ación se ajus aba como un guan e
al
e e en e, a aquello e-
p esen ado: po p ime a ez en la his o ia humana podía deci se que el signo a apaba la ealidad de
lo signi icado, plegándose sob e ella como una única pe ec a, como
un
es ido o e es imien o.
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Es a ob a del opóg a o genial nos debe hace e lexiona sob e aquello que de e mina, pues po-
demos en el apólogo lee de qué modo se en en an las es a egias de ep esen ación con el hecho
del mundo p e io que las de e mina.
Replica , copia , c ea
Pa a eplica o copia hay que desplega una ene gía p odigiosa (la misma que desplega on los
opóg a os del cuen o; la misma que
ha
enido que desplega Ma iko Umeoka pa a su ob a cen-
al: és a
es
la enseñanza del cuen o: los p imo es de los opog a os que que ían en ealidad imi-
a la c eación de Dios).
¿Cuál es el esul ado de al ene gía p odigiosa, siemp e eñida de un algo sob ehumano?: en
ealidad o a ob a, que se mide pode osa con su o iginal y dialoga mis e iosamen e con él a
a és de los iempos: así el plano de los opóg a os; así ambién la pin u a de Ma iko.
En la éplica podemos es udia cómo lo p opio del ges o a ís ico es ese impulso de copia y mí-
mesis de lo dado, y cómo a a és de esa p ác ica el mundo de la ep esen ación adquie e ca a
de na u aleza, independencia y seño ío.
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CXI-
ASTRAGALO,14(2000)ISSN 1134-3672