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Lecturas del Bosco

Rodríguez de la Flor, Fernando

Abstract

A propósito de la exposición de Mariko Umeoka en la Casa de Japón de Salamanca.

Full text

RELATOS LECTURASDELBOSCO A p opósi o de la exposición de Ma iko Umeoka en la Casa de Japón de Salamanca. H ay una nue a sensación que es p o o ípicamen e mode na y que comienza a hace se a- mili~~ pa a los homb es que i imos en las sociedaes mul ipola es en p oceso de o - maciOn. Consis e en la expe iencia de una nue a po osidad, de una ósmosis y una ci culación y ácil in- e pene ación que ompe las memb anas y las cápsulas en que se hallan eplegadas las cul u as. Así, podemos conside a que quienes hemos pene ado en es a Casa del Japon de la ciudad de Salamanca pa a isi a la exposición de Ma iko Umeoka, en amos en un espacio que, is o en p o undidad, supone en ealidad que una se ie de mundos en an en con ac o p óximo, si uán- dose unos aliado de o os, haciendo posible la ealización de un pasaje en e ellos que, aun sien- do ácil en lo ísico, equie e con inuos ajus es de nues as pe spec i as, y que, en el ondo, nos 103 desconcie a y sob epasa. No se a a en p opiedad, como se dice, de un mes izaje, sino, más bien, de un e ec o de alsa p oximidad, de una an asmago ía de que las ba e as y las on e as han caído, cuando lo que ha pasado es que han sido en ealidad ede inidas en o os é minos más su iles. O ien e-Occiden e En e ec o, desde esa ex e io idad ecién abandonada que es el con o no de la ciudad de Salaman- ca, como es bien conocido, «cuna de la Con a e o ma» y ne io cen al del pensamien o nacio- nal ca olicis a de la Edad Mode na, en amos en un espacio cuya p opiedad ju ídica y cul u al pe - enece al Japón, pe o una ez aquí den o - y quizá pa a nues a so p esa- , nos encon amos con una pin o a japonesa que nos en ega como egalo, y yo di ía más bien como enigma pa a esol e , y en ealidad como emblema de las nue as si uaciones a que nos emos abocados, su abajo b i- llan e y mis e ioso en omo a un iejo y conocido amilia , icono de la ci ilización occiden al. De modo que lo que aquí ecibimos es el esul ado de una mi ada o a lanzada sob e nues a p o- pia, sob e nues a más ín ima his o ia cul u al. - CIII - ASTRAGALO,14(2000) A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA A icle, ISSN 1134-3672 h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.2000.i14.09 Fe nando Rod íguez de la Flo . P o eso de Li e a u a de la Uni e sidad de Salamanca y esc i o . 104 Pues me ap esu o a deci lo, El Bosco es un pin o desde an iguo cap ado pa a los in e eses es- pi i ualis as y es é icos del mundo co esano español, el p e e ido incluso de los g andes eólo- gos, eó icos de la culpa y el cas igo. Pin o ex a agan e y me a ísico acogido (como lo ue a o o pin o del deli io y del exceso, El G eco) en el país de las biza ías y las d ole ies, en el país de los mís icos y de los poe as cul e anos, que hacen del exceso es a egia es é ica. La p esencia de al pin o en el cen o seminal de la ideología de la e o ma ca ólica, cual es ese El Esco ial, edi icio inma cesible, su ce canía a Felipe 11, nos ga an iza que su ob a con- duce y ansmi e de modo singula men e ap opiado Jo que ue on los ideales de la Con a e- o ma española. Con ello nos si úamos en una sue e de cen o en o no al cual gi an las ó bi- as odas de una cul u a de lo simbólico, de una ci ilización de las lec u as alegó icas y los sen idos je oglí icos y «segundos», de los opismos e ó icos y los desplazamien os e igi- nosos de ondo me a ó ico. Yo que ía en el espacio de es e comen a io ap esu ado, no sólo e lexiona un poco sob e lo que el Bosco signi ica en es e pun o que lo incula a una medula idad cen al de un cie o modo es- pañol de e y concebi el mundo (o, mejo , el ul amundo); sino que, ambién, y sob e odo, que ía ocupa me en e lexiona en qué consis e e dade amen e es a ope ación de abie a aíz posmode na, an e la que la pin o a Ma iko Umeoka nos si úa, a iculando una p opues a que, en es e caso, más que un juego de muñecas usas, e oca aquí, un juego que mo iliza cul u as disí- miles. Al hace lo, con unde empo alidades y esul a se al in un emblema más de la compleji- dad he menéu ica en que i e nues o iempo, donde cada paso que se da en el campo de la e- p esen ación, en el campo del a e, implica que se mo iliza odo un ondo de e e encias, odo un ex enso campo de ci as, colocadas en un abismo sin in. El a is a mode no no sólo iene así que da cuen a de su iempo, sino da cuen a ambién de los iempos, del cambio y modi icación que a las cosas les impone la his o ia. El a e de la ci a es el p ocedimien o maes o cuyo dominio, como se sabe, hoy se exige a quien en e noso os p odu- cen signos co n aspi ación a llama nues a a ención. Cla o, la ob a de Ma iko Umeoka es a iada, como se puede e , como múl iples son las lec- u as a que some e a ese pin o cen al en las adiciones igu a i as que en e noso os cono- cemos como El Bosco (o como conocían nues os an epasados: Je ónimo del Bosque), pe o yo quisie a concen a me en lo que es lo que pa ece se el icono cen al de ese abajo: es deci , la g an éplica del Ja dín de las Delicias, cuad o del que, adelan o, es el más ep oducido del mundo, jun o a la Gioconda o el Juicio Final de Miguel Ánge l, pe o del que quizá ambién se pueda deci que nunca ha sido p oducido con mayo in ención eduplica i a que en es a mues- a, donde lo emos se él mismo y sin emba go e oca o con oca algo, al iempo, p o unda- men e di e en e. - CIV - En la e a de la g an ep oduc ibilidad écnica (Benjamín), he aquí que el g an cuad o de la sala supe io nos si úa an e la ep oducción somá ica, an e la eesc i u a de una ob a que se ha con- e ido en cen al y en mi ológica pa a el imagina io occiden al. La p e ensión de la pin o a Ma iko Umeoka pa ece desnuda en es a p ime a ap oximación, pues lo que ella ha in en ado con p ecisión no es en modo alguno copia el ja dín, p oduci su copia iel, sino, an es bien, éhace el ja dín, ol e lo a pin a , pone se en la posición del pin o que lo c eó en un lejano iempo. Y me a ó icamen e, has a se pod á deci de su ap oximación al Bosco que compa e expe iencia numinosa e implica una sue e de pa alelismo con ese g an símbolo c is iano que es el paño de la Ve ónica: Ve a imago, e dade a imagen, e a eicon: e ónica: anslacción iel en el paño de la imago ch is i. De la misma mane a, en los p imi i os eje cicios de las escuelas humanis as se a aba, no de co- pia o hace a la mane a de Ho acio o Vi gilio, sino exac amen e esc ibi lo que Vi gilio, lo que Ho acio esc ibie on. En es a ope acion, la copia ya no es eje cicio de simulación o in ención de plagio, sino que el nue o a is a se posee de al modo del espí i u de lo que ama, que ya no con- cibe un ho izon e mejo a su acción que eni lo a p oduci , a gene a de nue o, a hace lo p e- sen e, aho a a a és de sus nue os b azos y de sus pinceles ac uales. Así, Bo ges nos ha enseñado, po medio de un apólogo b illan e, como la olun ad de p oduci de nue o una ob a de a e ( al que, pongamos, El Quijo e de Ce an es) es supe io , mani ies a- men e, a la olun ad de ealiza una ob a pe sonal y nue a. Ese Pie e Mena d, al esc ibi de nue o El Quijo e, al hace pasa su ma e ialidad manusc i a po sus dedos y su pluma, que es o a ya y di e en e a la de Ce an es, se posesiona -quizás di íamos «mágicamen e»- de la ob a, la hace de es e modo an suya como de su p ime au o . El au a ansmig a Se coincidi á conmigo en es o, un cuad o maes o, una ob a cen al es un depósi o de signi ica- ción. Si uado en un luga imagina io, casi se pod ía deci ya ue a del iempo y de la his o ia, pues se hace siemp e p esen e y ac ual a cada sucesi a gene acion, es, sin emba go, un núcleo de dis ibución de empo alidades. Si isualizamos el p oceso en la o ma de un camino, es á el camino que a él lle a, y es á, pe o es el mismo camino, el camino que de él sale. Es á odo lo que en el pasado p esiona has a gene a la ob a, de e minando su exis encia. Pe o es á ambién odo lo que pa e de él; odo lo que se puede conside a que gene a o p oduce lo que es su p esencia en el mundo. -CV- 105 ASTRAGALO,14(2000)ISSN 1134-3672 106 Es que esul a que hay un espacio de la concepción de la ob a y hay un espacio, más as o y plu- al, donde si si úa la ecepción de la misma. Se ha· dicho en nume osas ocasiones que un lec o es un colabo ado de la ob a; un lec o es así en ealidad la escena donde se da a e un mundo que sin él se pie de: Con mayo azón en on- ces hoy podemos e en el abajo de la a is a Ma iko Umeoka a alguien que inyec a en el pa- sado y en la ob a del pasado una dosis de nue a empo alidad, a alguien que ac ualiza el iem- po ep esado en la ob a y lo da a e de nue o bajo una nue a signi icación. El abajo de Ma iko Umeoka pa ece p io i a iamen e una ob a de la des eza y de la mano, pe o es más bien un ope ación a iesgada del concep o. Es á más en el e eno del juego in elec ual, del guiño y de la es a egia del doble y de la disimulación que en el del pu o egis o manual y a esano. Yo quie o e en es a exposición ap esu ada, y sín esis de un p oblema que es as o y di ícil, el cuad o que conocemos como Ja dín de las delicias, al modo de un dis ibuido de ene gías. Es algo así como el ulc o o eje a cada uno de cuyos lados se si úa la medida del pasado y la del u u o. Como ambién, po cie o, quie o e es a nue a Casa de japón, como ese mismo núcleo que condensa ue zas, ene gías, ec o es hacia su ealización. De aquí salen líneas que pene an en el u u o y de las cuales apenas hoy podemos da cuen a. Hoy aquí se eúnen ambién los iempos. Espacios y dimensiones di e en es pa en de es a sala o ganizándose en es a ig a ías cul u ales, en pisos y en ni eles. Po lo an o, mundos disímiles se disponen en ce canía explosi a, y así se in e elacionan, gene ando nue os cons uc os, nue- os depósi os de signi icación. Y has a pod íamos deci que la pespec i a así abie a nos ma ea un poco y nos con unde con la p o usión de juegos de lenguajes di e en es que se nos ab en, pues nos damos cuen a de que un cuad o es, al iempo, el luga de llegada de algo, pe o que más oda iá, el obje o o el mundo en él c eado es un pode oso cen o i adiado que luego esuena po la his o ia, como lo hace un eco. Cuad o de cuad os Así pues, el cuad o del Bosco es un g an luga a icula o io. El espacio ideal donde muchas cosas se en emezclan y eúnen en un o den que po el momen o nos esul a enigmá ico. Espacio complejo po de inición, pa a se pensado desde España, pues bas e aho a deci de él que en su in e io se ab e una pe spec i a de uga hacia un mundo que ha sido siemp e una o- - CVI- cación española: el mundo lamenco, la cul u a del No e de Eu opa, que, como es sabido, en un pasado no an lejano ue pa e de la misma cul u a española. Así que al in ambién en es as salas, o llamémosles ambién mundos, y aído de la mano de Ma- iko esuena una ol idada cue da de la sensibilidad española, pues el Bosco siemp e signi ica á pa a noso os la Casa Aus ia (y a su en e el ey Felipe Il) y una omen osa y ensa, pe o am- bién ica y p oduc i a elación con los Países Bajos. No deja pues de se un alego ía más en es a a de, que, como ha dicho uno de los mejo es c í i- cos del Bosco, pa a es udia su enigmá ico mundo de b umas nó dicas haya que acudi aquí, a es a España me idional, que enseguida se apasionó po es e espí i u que en su ensión y en su o men o se e elaba quizás a ín al del país que iba a i i como ningún o o el sen imien o de la ascendencia. Así, el Bosco nos obliga a mi a hacia a ás, a sondea el pasado de su ealización, al enigma de su sen ido (debe ía deci mejo , sen idos). Tan o más cuan o es e Bosco es á esidenciado en Es- paña. Y, desde luego, debemos deci , no po casualidad. Me ocupa é po un momen o de ello. Pe o no quie o abusa de es a a iable his ó ica; de ese ca- mino hacia el cual la ob a mudamen e señala pa a que dé cuen a de ella y con ibuya a su expli- cación, pues que eso cons i uye su pasado, pod íamos deci su memo ia, en cuan o que ob a o depósi o de al a y condensada signi icación. Y es que, con odo, la ob a se p esen a más po en e po lo que al p esen e de e mina y gene a. Es más signi ica i a quizas en su hoy que en su aye , enseguida uel o lejano e inaccesible. A i mamos de las es a egias cogni i as que hay que pone a pun o pa a comp ende la en es e su p esen e de hoy, en lo que es su nue a eme gencia an e nues os ojos ( al y como nos la p esen- a Ma iko Umeoka), son más complejas y sus de e minaciones más audaces y no edosas, que aquellas o as que ienden a si ua la como obje o de una explicación his ó ica, abajo y pas o pa a e udi os y p o eso es. Quie o deci que a p opósi o de un cuad o de es a na u aleza ue emen e enigmá ica, se cumple el p incipio de sob ein e p e ación, a que nues o momen o his ó ico de supe abundancia eó i- ca nos conduce una y o a ez. Pues, en e ec o, si una ue o pudo se la in ención de au o , hoy esa in ención de au o es á se- pul ada po la mul iplicidad de signi icados que se han enido sucediendo sob e ella. Hay una capa, una densidad, una pá ina -y, po qué no, una «cos a >>- , di íamos, de palab as sedimen a- das sob e el hecho p imo dial de un cuad o como és e; enseguida uel o e iche explica i o de odo un campo de signi icación de la cul u a occiden al. - CVII - 107 ASTRAGALO,14(2000)ISSN 1134-3672 108 Es ahí donde se econoce una ob a de a e, un icono o emblema ci iliza o io: en que sus in e - p e aciones sus lec u as, no cesan, no acaban. La ob a es pa a siemp e el po en e imán que nos lle a a comen a la o ehace la, a con a ac a - la, a decons ui la o incluso, y és e es -como pensamos-el in en o de Ma iko Umeoka, a a a ambiciosamen e, en el colmo de la ambición, pe o ambién en el ex emo de lo que puede se una ac i ud amo osa o de o a sob e ella, a hace la de nue o. Debemos pues concede alo a es a ope ación, que al iempo que nos en ega el signi ican e del «Ja dín de las delicias», bo a la p imi i a signi icación que al Ja dín u o en el con o no pie- is a, y, po medio de una es a egia de eseman ización nos pe mi e lee en él, desde luego o a cosa, que lo que allí pin ó aquel lejano a is a. Pues es amos aquí no sólo pa a e oca y conmemo a al Bosco y endimos una ez más al enig- ma po en e de su igu ación, que nos pa ece apun a a p imi i as concepciones de un mundo a- buloso, sino que, inciden almen e, es amos hoy aquí a p opósi o de una ope ación a ís ica de po- en e na u aleza, que, si bien pa e del Bosco, apun a di ec amen e al co azón de nues a mode nidad con ulsa que se p egun a po el es a u o de ealidad que las cosas alcanzan. Ello aspi a a ab imos los ojos sob e el abismo y b echa que ab e la copia, así como el enigma an e que nos si úa la éplica, el p opio clon. El co azón de la éplica Se eco da á, en Blade Runne , la película de Riddle Sco , que los eplican es oman ca ác e , se despegan de sus c eado es, cob an una imp esionan e au onomía. Es un emblema mode no, un mi o cen al de la o ganización imagina ia con empo ánea: en ella, el clon, las somb as, lo gemelo ienen a ins au a una segunda ealidad, una na u aleza más ue - e y au ónoma que aquella p ime a de pa ida. La copia i e su sueño de o iginalidad, se sabe única y encuen a den o de sí misma los mo i- os pa a su exis i . Así, Nexus (el homb e que sólo imi a y copia a un homb e na u al) llo a á con más lág imas de las que cabe supone en sus cons uc o es, y esa copia supues amen e deg adada mues a en la ue za con que se exp esa su sen imien o la au onomía mo al y la a i mación en la iden idad que ca ac e iza a lo que en e dad exis e y iene de sí consciencia. Es un p oblema de memo ia o de es uc u a de la memo ia. La copia es el o iginal sin memo ia, sin iempo, pe o desde el momen o mismo que comienza a exis i , el iempo a abajando y - CVIII- anscu iendo en su in e io , c eando así ya desde el p ime minu o una his o ia p opia, al iem- po que una nos algia del o igen y un miedo de la mue e que se insinúa como un plazo. Sí. Pe o si nos coloca nos en e al Ja dín «uno» o «p ime ja dín», el del Bosco, nos eclama á siemp e una olun ad de conoce su e dade o es a u o en cuan o que g an e iche de la cul u a occiden al. Sabemos de su au a, inex ingible y pode osa. Au a alquímica, he e odoxa, cuya e dade a na u- aleza se nos ocul a. Ésa se á siemp e una g an p egun a ace ca del cuad o, como ambién ace - ca de la ob a oda de es e que ue el g an mís ico plás ico en la adición lamenca. Pe o cuando nos di igimos hacia ese Bosco que nos llama y es amos a pun o de en a en su mundo, nos eclama ambién con pa ecida ue za de e minan e el mis e io y la ascinación que nos p oduce la ob a de la a is a Ma iko Umeoka, nos salen al paso sus p opias de e minaciones, su con empo aneidad, sus sueños mismos sob e o os sueños. Pues si señalamos como o igen de odo una p imi i a olun ad del a is a lamenco po igu a el uni e so espi i ual en que se mo ía su empe amen o mís ico y me a ísico, ambién debemos señala como ho izon e inal de aquella olun ad es a o a ene gía que, p o enien e de una a- dición ajena, oma el cuad o como campo ideal pa a la ealización de o a as a ope ación de da signi cación al mundo y edobla con su ac i uid el campo de las señales cul u ales, con i ién- dolo en un au én ica «sel a de signos». Sel a de signos La p esencia an asmal del al a (el cuad o eal que el Bosco pin ó en una echa imp ecisa de co- mienzos del siglo XVI), de e mina así la ealización ma e ial del Omega (es e cuad o de Ma iko, concluido después de cinco años de elabo ación minuciosa). Y sin emba go, el comienzo no es cie amen e el in, y en e ambos media, como e emos, un la go camino. De modo que es amos an e es a ob a y ob as, como an e el hecho asomb oso de dos cuad os que pa ecen iguales y que se di ía que son la misma cosa. Y, sin emba go, és e es mi a gumen o, son dos signos an ípodas, dos en es con planos di e enciados; dos hechos a ís icos de na u aleza a- dicalmen e di e en e. La dis ancia que hay en e los dos no se mide en es e caso en é minos de idelidad y de de alle, sino en los é minos más abs ac os de la empo alidad anscu ida y del concep o y sen ido de las dos ope aciones di e gen es que los alumb an. Pues una cosa quiso el Bosco en ega , y o a bien dis in a es lo que Ma iko Umeoka nos da a e con su en ega minuciosa, y una labo que lejos de se ep oduc i a se p esen a como b illan emen e p oduc i a. - CIX - 109 ASTRAGALO,14(2000)ISSN 1134-3672 110 Po un lado, un apólogo o cuen o, y, po o o, una anécdo a eal, me se i án pa a mos a que la éplica, el «o o» o la somb a, se han alzado en e noso os como las en idades de más po en- e signi icación, y que ellas son cen ales hoy en las es a egias de un a e con empo áneo o pos- mode no. Un apólogo p ecisamen e o ien al quizás nos ayude comp ende ese mis e io lógico, según el cual no hay nada más di e en e y dis an e que dos ealidades que i ónicamen e se pa ecen. Según es e cuen o o ien al, la olun ad de pa ecido lo que gene a es la conciencia de i e e si- bilidad del iempo y el hecho mismo de mos a como e idencia la de que en el mundo some i- do a la condición de la lecha empo al no exis e la opo unidad de la epe ición. En e noso os, los mo imien os, las p ác icas ealizan siemp e nue as sín esis, «adelan an ca- mino», como ulga men e se oye deci , nos lanzan cada día a más hondas in e ogaciones, p o- blema izando p og esi amen e un mundo cada ez más denso, y donde el signi ican e lo es de o o signi ican e. Rep oduci , clona , simula , copia eplica , dan como esul ado siemp e un o o dis in o po comple o a lo copiado, eplicado o simulado, pues hab emos de deci que, en e ec o, en e uno y o o lo que se in e pone es el iempo, i ido como anscu so y el iempo mismo es lo que hace que el sen ido mismo de las cosas cambie y se ans o me. Así, aunque pod íamos p oduci la ilusión de dos ealidades iguales (lo cual es en sí mismo un a con adicción), a cada momen o, y en ealidad en el desplazamien o mismo del i de una a la o a, el homb e, que es el animal que in e p e a, ealiza ía una in e p e ación di e en e, omando con- ciencia así an e la copia de que el iempo anscu e y, en gene al, eng osa y densi ica la eali- dad de pa ida. La lecha empo al, i e e sible La copia es i ica así el hecho de una dis ancia, la ealidad de una di e encia incomensu able. Así que si desa ollo es e ejemplo del apólogo o ien al an es p ome ido, al que enseguida uel- o, es pa a asegu a que no i imos del pasado y que a menudo nues o p esen e es más in e e- san e y mis e ioso que lo que encon amos en el o igen. Y cie amen e asladado a una dimensión cósmica, en la que el cuad o del Bosco, o s us epe i- ciones, se encuen a ealmen e cómodo, el o igen, la mi ología pa adisiaca, en la que odo co- mienza po comenza , es menos ue e y signi ica i a que lo que se le opone en el o o ex emo del a co empo al; es deci , el des ino, el in ie no o pa aíso e ocado con ue za en es e cuad o - CX - maes o de la adición occiden al, al que emos hoy epo enciado po la ope a i idad que sob e él ha olcado una a is a o ien al. Si, cie amen e es así. Una dis ancia abismal media en e el Ja dín del Bosco y el Ja dín de Ma- iko, como hay dis ancia ambién en e el Edén y el ja dín de los suplicios. Todos son dis ancias, como se e, pues ambién media una buena p opo ción de iempo y de espacios en e la c eación del mundo y su conclusión inal, ma e ia o ema cen al sob e el que la ob a se cons uye. Y a pa i de aquí hay que eco da cómo se dice que una ez un empe ado de un eino de Asia deseó posee un mapa lo más iel posible de su as o e i o io. Su mejo ca óg a o le pidió en onces miles de ayudan es y disponibilidad de medios pa a eco- e el e i o io. Al cabo de algunos años (po en u a los mismos cinco años que Ma iko empleó pa a su ob a maes a), el ca óg a o eg esó pa a p esen a su plano al mona ca. En onces, el mona ca u o que e como an e sus ojos comenzaba a desplega se un mapa an mi- nucioso de sus dominios, que el papel se plegaba sob e cada acciden e y seguía minuciosamen e los de alles del mundo na u al. La ep esen ación se ajus aba como un guan e al e e en e, a aquello e- p esen ado: po p ime a ez en la his o ia humana podía deci se que el signo a apaba la ealidad de lo signi icado, plegándose sob e ella como una única pe ec a, como un es ido o e es imien o. 111 Es a ob a del opóg a o genial nos debe hace e lexiona sob e aquello que de e mina, pues po- demos en el apólogo lee de qué modo se en en an las es a egias de ep esen ación con el hecho del mundo p e io que las de e mina. Replica , copia , c ea Pa a eplica o copia hay que desplega una ene gía p odigiosa (la misma que desplega on los opóg a os del cuen o; la misma que ha enido que desplega Ma iko Umeoka pa a su ob a cen- al: és a es la enseñanza del cuen o: los p imo es de los opog a os que que ían en ealidad imi- a la c eación de Dios). ¿Cuál es el esul ado de al ene gía p odigiosa, siemp e eñida de un algo sob ehumano?: en ealidad o a ob a, que se mide pode osa con su o iginal y dialoga mis e iosamen e con él a a és de los iempos: así el plano de los opóg a os; así ambién la pin u a de Ma iko. En la éplica podemos es udia cómo lo p opio del ges o a ís ico es ese impulso de copia y mí- mesis de lo dado, y cómo a a és de esa p ác ica el mundo de la ep esen ación adquie e ca a de na u aleza, independencia y seño ío. - CXI- ASTRAGALO,14(2000)ISSN 1134-3672