Mérito fortuna, errores, crímenes y desgracias de Napoleon Buonaparte
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o MÉRITO FORTUISTA, ERRORES, CRIMENES YDESGRACIAS DE NAPOLEON BUONAPARTE. MADRID ; Imprenta del Cbnsor, Carrera de S. Francisco, Por D. Lzoy Amatita. 1821.
MERITO, FORTUNA, ERRORES, CRIMENES YDESGRACIAS DE NAPOLEON BUONAPARTE. MTjRió Buonaparte. Ya no existe el hombre ante el cual se postraron en otro tiempo las naciones, ycuya voz hacia estremecer sobre sus tronos átodas los monarcas del continente de Europa. Precipitado de la cumbre del poder yde la gloria, encerrado en un peñasco en medio del océano ,secuestrado del mundo, y sobrevivíendose a" sí mismo por espacio de seis años ,pagó por fin ála naturaleza el último tributo. El gran general, el batallador afortunado, el profundo político, el legislador de un gran pueblo ,el déspota tan temido ,el conqtiistador ambicioso, y el que en la embriaguez de su fortuna pudo olvidarse con mas razón que Alejandro, de que habia nacido mortal, ha pasado sus últimos dias en una prisión yha fallecido lejos de su patria, separado de su esposa yde su hijo, apartado
4 de todos sus parientes yamigos ,ylo que ha debido serle mas doloroso todavía, cargado con la execración de la Europa, á la cual quiso esclavizar, pudier do haberla dado la libertad ,yála cual hizo mucho mal, pudiendo hacerla feliz. ¡Lección terrible para los poderosos de la tierra, para los árbitros del mundo !En ella pueden aprender que no es sólido yestable el poder que no se funda en la justicia ,y que la verdadera gloria de los principes no consiste en mandar grandes egércitos, en ganar grandes batallas, en conquistar provincias yen hacerse temer de sus rivales ;sino en hacer mucho bien á sus pueblos, ysi puede ser ,átodo el género humano. Al hablar nosotros del célebre personage cuya muerte es el asunto de todas las conversaciones ,no nos p'roponemos dar la historia de su vida: harto conocida es de todos. Queremos únicamente fijar la opinión sobre el hombre e.straordinario que ha dejado de existir sobre la tierra ;pero cuyo nombre pasará ála mas remota pos!-eridad, por la gran parte que tuvo en los importantes sucesos de que han sido testigos los últimos años del siglo XVilI ,ylos primeros del XIX :suce-
sos que tanto han de influir en la suerte de las generaciones venideras. Queremos separar lo que hubo en él de bueno yde malo, de justo yde injusto, de grande yde pequeño ,de heróyeo yde burlesco. Queremos que no se confunda su mérito con su fortuna, sus errores con sus crímenes ,sus faltas con sus desgracias. Queremos finalmente anticipar el juicio de la posteridad yjuzgarle, aunque somos sus contemporáneos, con la misma imparcialidad con que le ha de juzgar la historia; ynos parece que tenemos derecho áhacerlo; porque si nadie admiró con mayor entusiasmo que nosotros lo que hizo de verdaderamente grande yútil, nadie tampoco conoció mejor ysintió mas vivamente sus yerros, yápocos habrán sido mas funestas sus locuras. Cuando un hombre es por mucho tiempo el objeto de las mas exajeradas alabanzas, yel blanco de las mas virulentas invectivas ;cuando unos le ensalzan hasta hacer de él un ente superior á la humanidad ,yotros le deprimen hasta negarle las prendas ycualidades que se conceden álos hombres mas comunes ;cuando los unos le pintan como un Dios, ylos otros
como un monstruo; es una prueba irrecusable de que en él hay cierto mérito no vulgar ,que deslumbra yfascina ásús admiradores, yescita el odio yla envidia de sus enemigos. El hombre que no sale de la esfera ordinaria yque no tiene ninguna cualidad sobresaliente, ni escita la admiración, aun cuando llegue áestar revestido del poder supremo, ni se atrae un odio vehemente yencarnizado :le adulan unos yle desprecian otros ;pero ni aquellos abrazan con calor su causa, ni estos esperimentan otro sentimiento, que el de la justa indignación que siempre causa ver premiada yensalzada la nulidad óla medianía. Esta sola reflexión hará confesar átoda persona de buena fé, que Napoleón Biionaparte ha sido uno de aquellos hombres que el mundo ha llamado siempre grandes; porque en ellos se reconocen ciertas cualidades eminentes, que no es fácil hallar reunidas en mi solo individuo de la especie humana ,yporque en ellos hasta los crímenes tienen algo de grandioso yheróyeo, como que nacen no de pasiones viles yrateras ,sino de aquellas que solo se escitan en almas grandes yen corazones generosos. Por otra parte,
J el hombre que desde la clase de simple oficial de artillería se eleva al primer trono de Europa, que humilla ásus pies á los monarcas mas poderosos de su tiempo, que se hace el árbitro de su siglo, que invicto siempre por espacio de 20 años desbarata cuantos egércitos se le oponen, triunfa de los generales mas hábiles yesperimentados ,da yquita cetros ,llena el mundo con la gloria de su nombre ,da leyes ásu patria ,termina en ella la mas espantosa revolución que jamas vieron los bombees ;yque para caer del solio ,es preciso que él mismo escite contra sí el odio general de los pueblos, yque estos se reúnan todos contra un individuo soloj semejante hombre, decimos, puede muy bien haber sido ayudado yfavorecido por lo que se llama fortuna, es decir, por ciertas casualidades favorables ásus designios; pero es imposible que no haya tenido mucho talento, mucha habilidad, mucha destreza, mucha previsión, mucha firmeza de carácter, mucha constancia, mucho valor, mucha presencia de ánimo, mucho conocimiento del mundo ydel corazón humano, yuna instrucción muy superior en todas las partes del dificil ycomplicado arte de
la guerra. Yel hombre que reúna tantas, tan relevantes ytan poco vulgares cualidades, ¿será un hombre común, despreciable ,ydel número de aquellos que se encuentran ácada paso ?Inexplicable fenómeno seria por cierto el de que con pecpieños medios ymezquinos recursos hubiese hecho constantemente ypor espacio de veinte años tantas cosas ,cada una de las cuales pareció al tiempo de verificarse una especie de prodigio. Pero ya se sabe que estos no existen en el curso ordinario de las cosas; que los efectos en todas líneas son siempre proporcionales ásus causas, yque estas nopodrian producirlos, si no fuesen adecuadas ásu tamaño ygrandeza. Por consiguiente cuando se ven grandes hechos ,grandes sucesos, grandes resultados, ysobre todo cuando estos se multiplican yrepiten en muchos ymuy diferentes géneros ;es imposible que sea pequeña, estrecha yvulgar la cabeza que los prepara ,combina, dirige ycrea á su arbitrio yvoluntad. En la parte militar, las dos primeras campañas* de Italia, ylas célebres batallas de Marengo, Austerlitz, Jena, Friedland yWagram, serán monumentos eternos de
9 su pericia militar, sin que el revés de san Juan de Acre, el desastre en Rusia, la derrota de Leipsic ,yla catástrofe final de Waterloo, menoscaben un punto la gloria del general, áquien los nías hábiles, entre amigos yenemigos, reconocian unánimemente por el primer capitán de su siglo. Ráyasele deprimido cuanto sugerian el odio yla envidia, cuando llegó áser generalmemente aborrecido por el abuso que hacia de su poder ;pero recordemos ahora que ya no existe, cuál fue la admiración que excitó en todas partes su primera campaña de Italia, cuales ios elogios que aun las musas españolas le tributaban ,cual el entusiasmo con que de él se hablaba en todos los'^ paises ;ydígase de buena fé, si el hombre que al salir por primera vez al teatro de la gloria derrotó sucesivamente cinco egércitos mas numerosos que el suyo, conquistó la Italia, yobligó al Austria áfirmar una paz poco ventajosa para ella, áhumillar su altivez reconociendo la república francesa ;si el vencedor de Montenotte, de Milésimo ,deLodí, de Areola, deRivoli; si el primero que enseñó áhacer prisioneros egércitos enteros de enemigos, ha sido un general adocenado éimperito.
i6 cuantos soldados habían militado bajo sus órdenes, ya se vieron los efectos ásu vuelta de la isla de Elba; yboy mismo, si no hubiese muerto yse presentase en una frontera de Francia ,los generales y oficialidad superior no hariau ya lo que hicieron el año de i5, porque su interés se lo estorbarla ;pero lo que es la oficialidad subalterna ylos simples veteranos, todos se dejarían matar ásu lado si volviese ámandarlos otra vez. No hubo jamas un general mas idolatrado de sus tropas ;yasi es que en tantas campañas, jamas se le reveló ódesobedeció sus órdenes una sola compañía. Aunque supiesen evidentemente que caminaban áuna muerte inevitable, como él lo mandase, generales ,oficiales ysoldados, todos iban resignados al sacrificio. En cuanto ála habilidad con que supo aprovecharse de las circunstancias, y manejar los hombres ylas cosas ;la mejor prueba es su primera elevación ála dignidad imperial. El hombre que no solo se hace superior á sus iguales, sino á los que antes le mandaban, ylos hace concurrir ásu engrandecimiento; aquel áquien sirven luego todos, como dóciles instru-
nlentós para la egecuclon de sus planes, yque va obteniendo por grados esta su - misión voluntaria, sin usar de violencia ni fuerza alguna; es preciso que' tuviese sobre todos aquel ascendiente que da un mérito extraordinario. Si Bonaparte, como Cesar ytantos otros usurpadores ,se hubiera apoderado de la autoridad suprema estando al frente de un eg'ército que con dádivas úotros medios hubiese puesto á su entera devoción ,nada tendría de admirable su elevación al trono de la Francia ;pero loque en él buho de singular, es que dejándose su egército en Egipto, vino áFrancia, derribó el gobierno existente yse alzó con la suprem;^ dignidad, sin mas auxiliares que su fama ylas poca.s tropas de la guarnición de París ,las cuales no habían servido bajo sus órdenes, vacaso no le habían visto jamas basta que tomó su mando para marchar ásan Cloiid. Su atrevida operación en aqucdla célebre sesión de los consejos legislativos ,i;o es de un alma formada en los moldes ordinarios ;vatendidas las circunstancias de tiempos ylugares, no tuc menos arriesgada que el p.tso del Puibicon. Prescindimos por ahora de la justicia ylegalidad 2
i8 con que fue hecha :hablamos solo del valor yfirmeza que supone en el que se encargó de egecutarla. Resumiendo ya todo lo dicho acerca del mérito de Büonaparte, nos parece que sin injusticia no pueden negársele las cualidades personales que constituyen los hombres estraordinarios: gran talento ;prodigiosa memoria ,valor cívico yguerrero, firmeza de carácter ,constancia en sus empresas ,amor al trabajo, cabeza infatigable, conocimiento del mundo, habilidad para escoger los hombres yhacerlos concurrir ásus ideas, pericia militar, instrucción mas que superficial en muchos otros ramos ,pensamientos elevados ,grandiosidad en los proyectos, un tenor de vida generalmente arreglado ,yningún vicio sórdido de aquellos que envilecen ydegradan: todo esto junto con una ambición desmesurada ycon una completa inmoralidad política, fundada en el principio de que todo le era lícito para dar cima ásus gigantescas empresas :tal nos parece que será el retrato que algún dia trazará la historia, cuando llegue ápintar el hombre que tanto ha dado que hablar ásus contemporáneos, Yeamos ahora el uso que hi-
20 de tan brillantes cualidades, tan sublimes talentos ytan felices disposiciones. Mientras fue simple general álas órdenes del directorio, poco tenemos que re* prender en su conducta, porque supone* mos que fue mero egecutor de los mandatos del gobierno, yque obraba en todo coh arreglo álás instrucciones que este le daba ,ysiempre de acuerdo con los comisarios que le acompañaban ytenían voto en todas las operaciones que no eran puramente militares; como los tratados de tregua, requisiciones para el egército, contribuciones impuestas áios pueblos invadidos, yotros negocios semejantes. Sin embargo ,si como han dicho algunos, fue él quien propuso al directorio la conquista de Venecia ,yla cesión al Austria de este pais in* dependiente ,esta seria su primera injusticia, que nadie aprobó entonces, ni puede aprobar la sana política. Lo núsmo decimos de la ocupación de Malta shi declaración previa de guerra ,ysin otro motivo que el de convenir ála Francia para la egecucion de sus proyectos sobre él Egipto, la posesión de aquella isla, con la cual se han quedado después ios ingleses ,por la misma ymuy poderosa razón
20 de quo pueden yde que quieren. La espjedlcion ole Egipto fue otra solemne injusticia ;pero en ella no tuvo mas parte Napoleón, que la de encargarse de tan arriesgada, difícil ytemeraria empresa; la cual sm embargo ,pasando por encima de la injusticia, liubiera tenido consecuenciaj muy yentajosas parala civilización del mundo, si la Inglaterra, pai ala cual lo primero es su conier.cio ,no se hubiera apresurado áinutilizarla yá destruir en su origen la colonia militar que solo unas cabezas tan acaloradas yligeras, como las de los directores franceses, pudieron enviar al otro lado del mar, no teniendo marina con que sostenerla, defenderla ,yreforzarla de continuo. En cuanto ála memorable jornada de Saint-Clotid ,si la disolución del gobierno dircctorial hubiese sido un atentado particular de Bnonaparte, óde cualquier otro individno ,nunca seria est-usáble sino por la adquies(:encia posterior de la nación; porque aquel .era un gobierno nacional que ningún ciudadano tenia derecho ádestruir por sola su autoridad. Pero se sabe que aquella resolución ftie acordada por la mas sana parte del Consejo de les ancia-
SI nos ,yde oíros muchos ciudadanos, intérpretes de la Opinión general ,la cual estaba convencida de que aquella forma de gobierno conducia la Francia ásu perdición yruina, yno pedia ni dehia 'tolerarse por mas tiempo. La constitución consular, yla dictadura que esta confirió áBuonaparte, no fueron tampoco obra esc'usiva de sus manos ;fue el ánlco remedio que los hombres juiciosos bailaron álos nuiles que padecían oles amenazaban, yuna invención feliz para terminar la revolución, yestablecer por fin un gobierno despiies de ocho años de anarquía revolucionaria yconstitucional, El que Napoleón aceptase yegerciese aquella dictadura ,tampoco ofrece un capítulo de justa acusación contra él. Por el contrario, las mas bellas paginas de su historia son las de los dos primeros años de su consulado, en los cuales hizo mucho bien ála Francia, yningún mal ála Europa. Si peleó, fue para arrojar del suelo (le su. patria álos enemigos que la invadían ;sí triunfó de ellos ylos obligó á la paz, dictó las condiciones que exigía el interés de siv país yel de la Italia, cuya futura Independencia preparó con el restablecimiento de la república cisalpina; y
82 si en lo interior gobernó con una autoridad verdaderamente absoluta yarbitraria, aunque al parecer constitucional ylimitada, no abusó de este poder estraordinario, ni le empleó mas que en reparar las ruinas de la revolución, reconstruyendo en todas sus partes el edificio social. Asi es que sus mayores enemigos nada han tenido que decir contra su gobierno, hasta que firmada la paz de Aniiens ,con la cual cerró como Augusto el templo de Jaiio abierto hacia tantos años, envió ásanto Domingo la malograda espedicion de Leclerci se hizo dar el consulado vitalicio, ypreparó la creación de! imperio. Aquí empiezan sus grandes errores en política ,sus injusticias, sus crímenes de todas clases ysus atentados contra la independencia de las denlas naciones :errores ,injusticias, crímenes yatentados que sus mayores admiradores no pueden aprobar, yque nosotros no disitnularémos tampoco. Su primera falta fue la citada espedicion ásanto Domingo; porque prescindiendo de la cuestión de derecho sobre si las metrópolis le tienen óno para sugetar con las armas las colonias que de ellas se separan yse declaran indepen-
a3 dientes; Buonaparte debió prever lo qus sucedió, que la resistencia de los negros ylo mal sano del clima disminuirían mucho el egército que enviaba; que la Inglaterra para impedir que la Francia recuperase aquella importante posesión, renovaría las hostilidades, yque no podiendo él entonces reforzar la espedicion, el resultado de la empresa seria no reconquistar la colonia yperder un egército numeroso. Ysi la espedicion fue la primer falta política ymilitar del que la dispuso, la prisión, la traída áEuropa yla muerte del caudillo de los negros, fue también el primer crimen del cónsul perpetuo de Francia ;crimen tanto menos escusable, cuanto era mas inútil ygratuito. Otro grande error, yal mismo tiempo otro peeado imperdonable contra la filosofía, fue el proyecto que ya desde entonces formó yempezó áegecutar, de hacer retrogradar la revolución mas allá de lo justo, de desacreditar las ideas liberales, yde restablecer hasta donde pudiese el imperio délas preocupaciones yde la ignorancia. El creer que este paso retrógrado hacia los siglos bárbaros era con-
^4 veniente yposible ,fue un error inesplicab'e en un honibre que conocía su tiempo; yel empeñarse en verificarle, si bien fue un gran servicio Lecho al despotismo, fue una especie <le impiedad en un hombre que todo lo debía ála revolución, 'y álas luces que la habian preparado. Para evitar repeticiones, reuniremos en un solo cuadro cuanto la filosofía puede echar en cara áK.ipoIeüc en esta parte. El decreto, que acaso nohubiera dado el mismo Torquemada, para suprimir en el Instituto la clase de ciencias políticas yraorales, la incorporación de la Decada con el Mercurio ,la creación de la Universidad imperial ,el restablecimiento de los antiguos colegios ,la censura de los periódicos, líp esclavitud de la imprenta, la declarada ojeriza éinconcebible' aversión áia inocente ideología, yla última ymas que vandálica ley disminuyendo yfijando el número de las imprentas en Francia: todo esto en la parte literaria; yen la civil, la inquisitorial institución de la poliría, la creación do la nobleza, el restablcciniiento de los mayorazgos ,yalgunas otras leyes* menos conocidas, que seria prolijo cnaruerar: todos estos actos de su ati-
25 niinistracion son otros tantos cargos gratísimos, alos cuales no le seria posible responder, si yitiese yfuese citado ante el tribunal de la filosofía ,óde la sana razón ,que es lo mismo. El segundo crimen ,el que empezó ádesacreditarle yque él mismo no se l^a atrevido áescusar, fue,el asesinato del duque de Enguien. Violación del derecho de gentes, atrocidad inatidita ,fria éinútil crueldad ,insulto ála justicia universal aparentando una forma de juicio yun simulacro de tribunal: todo se reunió en aquel atentado, el cual aun cuando fue.'e único, bastaria para mancillar la gloria del mayor héroe del mundo. En el negocio de Picliegni yde Moreau, no nos parece tan culpable como han querido hacerlo creer sus enemigos; porque si bien pudo la rivalidad de gloria tener alguna parto en el destierro del último, boy ya no puede dudarse de que Picuegrii ydemás personas coniprentiidas en aquella causa ruidosa ,conspiraban de acuerdo con los enemigos de La Fiancia para trastornar el gobierno entonces existente, ypara deshacerse por cualquier medio de la persona del primer cónsul: ycslp de conspirar á
32 iRfíBte que Napoleón era aborrecido eh Francia por lo duro ytiránico de su gobierno ,ypor la ley de la conscripciónj pero este es un error. La administración de Buonaparte era arbitraria yopresora de la nación ,de cuyas libertades se desentendía él, cuando no se conformaban con su voluntad ,pero no respecto de los particulares; yla conscripción con las excepciones yreemplazos que la hadan menos dura, solo escitaba el descontento en im pequeño número de personas ;descontento que la brillantez de les triunfos ,el orgullo nacional envanecido con ellos ,ylas riquezas reales que las conquistas atraían áFranclaj hacían casi nulo en sus electos. Asi Buonaparte, con todo su despotismo ycon sus numerosas conscripciones, hubiera continuado largo tiempo siendo el ídolo de los franceses ,si la guerra de España yla prisión del papa no le hubieran despopularizado en los términos que lo lucieron. La injusticia fue en ambos casos tan atroz ytan visible, que no hubo un solo francés que se atreviese ádisculparle; y este amor ála justicia que se encuentra aun en los malos, escltó la indignación general, yle enagenó los corazones dcl
53 pueblo. En el asunto del papa, ademas de la compasión que inspiraba su persona ,se mezt laron también las ideas religiosas ,las cuales no están en Francia tan borradas como suponen los que juzgan álas naciones por ios escritos de algunos particulares: yde esto recibió luego Napoleón una buena prueba, cuando negándose el papa á coníirmar los obispos que él nombraba, convocó el concilio de París con el objeto de restablecer 4antigua disciplrna. Este paso no fu^ crimen ;pero fue una gran falta en política. Semejantes pasos nunca deben darse sino cuando el éxito es seguro :de otro modo la autoridad civil se compromete ,tiene que retroceder ,yse degrada yenvilece ;yel egernplo de Buonaparte debe hacer muy circunspectos áJos gobiernos en estas materias delicadas. Si el hombre ácuya voluntad nada resistía, tuvo que ceder delante de la oposición clerical ,¿quién será el príncipe que se atreva áchocar de frente con opiniones y preocupaciones arraygadas en ios pueblos? Para combatirlas, es necesario preparar antes el terreno ,yconducirse con mucha destreza ,habilidad ,yprudencia. Decimos esto, porque estamos muy espuestos á 3
34 vernos en nna situación semejante ála de la Francia ,cuando el papa se negó ádar las bulas de los obispos. Volviendo áBuonaparte, otro de sus desaciertos, ya que no merezca el título de injusticia, fue la tiltima guerra de Rusia, yel temerario empeño de querer terminarla en una sola campaña. La guerra fue impolíticE, no necesaria ymal conducida: yel internarsé hasta Moscou estando ya tan cercana la estación délos fiios,un arrojo imprudente que nada pudo disculpar. Se ha dicho que el frió se anticipó; pero aunque se hubiera retardado en lugar de anticiparse ,siempre hubiera sorprendido en su retirada áun egército que en 20 de octubre se ponia en marcha desde Moscou para el Wístula. Padecido ya el gran descalabro de Rusia ,fue otra gran falta la de escü,ger para teatro de la campaña siguiente el corazón de la Alemania ,y dejar tantas fuerzas esparcidas éinutilizadas en Dantzick ,en Hambnrgo yen las plazas fuertes de Prusia. Si en diciembre de 1812 hubiera Buonaparte retirado al Rin todas las tropas que le quedaban ,ycon las nuevas levas se hubiese puesto ála defensiva sobre sus fronteras;
35 ssta es ía hora en que un solo ruso ni austríaco no hubiera pisado eJ territorio que entonces era del imnerio francés. Pero estaba escrito que cayese el hombre que tanto había abusado de su fortuna ysu poder, yque fuese él mismo quien apresurase yfacilitase su ruina. Nada diremos de su venida de la isla de Elba ,yde su última campaña ,sino que aquel fue un acto de desesperación, yque tuvo el éxito que tiene ordinariamente todo lo que no es calculado por la prudencia yel consejo. Hemos recorrido ya rápidamente la vida pública del héroe indicando sus acciones mas gloriosas en ¡a carrera militar y en la gubernativa, yhemos señalado sus foltas capitales en ambas :ahora descenderémos al pormenor de Jas cosas que le favorecieron en su elevación, yde las que haciéndole ridículo, le fueron desconceptuando insensiblemente yprepararon su caída, privándole gradualmente del apoyo de la opinión ,sin el cual no podía sostenerse en el alto puesto en que la fortuna ysu habilidad le habían colocado. Añadiremos también otras causas accidentales de su ruina, independientes de su vo-
36 luntad, yen que él no tuvo por éonsiguiente culpa alguna; con lo cual acabaremos de hacer ver completamente cual fue el mérito del hombre, cuales sus errores vcrímenes, cual su fortuna, cuales sus desgracias, ycuales sus faltas, debilidades yridiculeces. No nos detendremos áprobar que la causa primera de la fortuna de Buonaparte, independiente de su mérito, fue la época en que le cupo nacer. Cualquiera ve, sin que nosotros se lo advirtamos, que sm la revolución, en la cual no tuvo él ni pudo tener la menor influencia por su edad ysituación, todo su mérito no le hubiera conducido mas que ádistinguirse en su carrera, yáser tal vez un general de alguna reputación, tn el caso de que en su tiempo hubiese habido guerras, yél hubiese servido en ellas. Pei'o ademas de esta ocasión feliz que le deparó la suerte para darse áconocer ,desplegar su gran talento ,ydescollar entre sus iguales; hubo también cirennstancias particulares, que aun supuesta la revolución, pudieron no verlíicarse ,ysin las cuales hubiera sido un general ilustre yafamado ,pero no emperador de los franceses. La primerq
fue la de ser destinado al egército de Italia, en la época precisa en que se puso ásu frente. Si como el Directorio le confió el mando de este egército, cuando habia sido reforzado por el de los Pirineos orientales, áconsecuencia de la paz de Basilea, ycuando ya hasta el mismo Scherer, tan desgraciado yobscurecido después, habia obtenido en la campaña anterior una ventaja considerable sobre los Austro-Sardos, le hubiese destinado álos egéreitos del Rhin ódel Oeste, ósi hubiese sido enviado al de Italia un año antes ,nada hubiera podido hacer de lo que hizo en su primera ymas gloriosa campaña. Por mas que el hombre baga, su fortuna ósu desgracia son en el último análisis el resultado de cierta combinación de circunstancias, que no está en su mano hacer óes^ turbar que se verifiquen porque son consecuencias necesarias de causas anteceden* tes ásu voluntad yásus designios, Cesar sin el mando de las Galias, no hubiera sido Dictador perpetuo, yBuonaparte sin el egército de Italia ,no hubiera llegado á la grandeza yelevación en que le vimos. Preguntará alguno, ¿y por qué lo debió todo ála casualidad de ser destinado al
38 egército de los Alpes, mas bien que á otro cualquiera de los once ódoce que contaba entonces la Francia? Porque el de los Alpes, llamado después de Italia, aunque desnudo yíalto de todo cuando Buonaparte tomó el mando, era el mas aguerrido, disciplinado yvaliente que tenia entonces la república, porque estaba ya acostumbrado ávencer, yporque babia sido formado por un general como Dugoumier, cuya muerte fue otra casualidad favorable áBuonaparte ,pues si el vencedor de Tolon hubiera vivido, él hubiera mandado en Italia ,hubiera hecho tanto ómas que su discípulo ysucesor^ yeste se hubiera contentado con servir bajo sus órdenes^ yser un buen general de división. La muerte de Hoche ,la circunspección ,ósi se quiere, la modestia de Moreaii, con el cual se contó primero para la revolución de brumaire, y otras varias casualidades menos conccida.s, favorecieron también áNapoleón, yaca.so le inspiraron proyectos de engrandecimiento personal, de los cuales en otras circunstancias hubiera estado muy distante. Hoche está ya casi olvidado ,porque murió muy temprano; pero si hubiera vivido,
hubiera tenido Buonaparte en él un rival mas poderoso ytemible que Moreau; puede que este fuese mas hábil, pero el alma de aquel era mas grande, franca, generosa ypatriota, ysu reputación está pura, en lugar que la conducta de Moreau fue en varias ocasiones obscuia, tortuosa yequívoca. No hablarénios de la fortuna que tuvo Napoleón de encontrar ya formados tantps ytan hábiles generales, cuando empezó ádisponer de todas las fuerzas de la Francia ,ycuanto contribuyeron ásu glbrla hombres como Massena, Davüust ,Soult ,Ney, Víctor, Lannes, Oudinot, Marmont ,Snchet, Bessieres, y tantos otros ;porque los hechos han demostrado, que si bajo su dirección hacian prodigios ,no era lo mismo cuando no estaban inspirados por sn genio; ytodos ellos han repelido mil veces que si bien podían mandar un egército de cien mil hombres, solo Napoleón era capaz de maniobrar con quinientos óseiscientos mil combatientes. Asi en esta parte su habilidad, yla dicha de tener buenos subalternos, se equilibran entre sí. Si á estas felices casualidades oponemos ahora las desgracias yacasos en que no
4o tuvo parte alguna ,yque contribuyeron no poco ásu última ruina, resaltará mas totlávía su mérito personal ;las recorreremos sumariamente. Empezando por el revés de san Juan de Acre^ sabido es, que trasportando por íiiar la artillería de sitio, fue cogida por los ingleses; ysin artillería gruesa ¿cómo derribar solidísimos aunque antiguos murallones ?Pasando á los negocios de España, causa primordidl de sus ulteriores desgracias ,público és que la revolución de Aranjuez, suceso que no podia ni debía entrar eíi su cálculo, trastornó enteramente síis proyectos ,y desconcertó sus planes, yque metido yá en el paso, le fue preciso acudir al desesperado recurso de las renuncias; violencia tan notoria yescandalosa, ytan repugnante ala lealtad española, que debió producir como produjo la sublevación general de toda la nación ,ofendida contra un hohibte qtie tan descaradárafente hollaba la fe, la palabra, el honor, ycuanto bay de mas sagrado en la humana soci.edad. Pero ¿quién sabe bajo qué aspecto hubieran visto las provincias la retirada dé la corte áAndalucía, si hubiera llegado áverificarse ,Vqué giro hubieran tomado laS
tosas en oti’a cualquiera hipótesis que la que (lió por resultado el 19 de marzo? Si la batalla dé Bayleti fue la que en rigor rompió las cadenas con que el Rey acababa de ser aprisionado, también puede decirse con verdad, que los acónteci* mientos de Aranjuez, aunque por el pronto pusieron ála familia reai en manos de Buonaparte, salvaron la independencia nacional. Sin ellos es muy probable que la nacion'j ábandcn.áda voluntariamente por sus príncipes, no hubiera hecho nada por ellos, yhubiera transigido ccn el que entonces hubiese dicho que venia álibertarla de la tiranía de Godoy, ydarla iitl gobierno mas enérgico yliberal. En cuanto ála batalla misma de Baylen, el primer descalabro que recibieron sus tropas, destruyendo el prestigio que lás representaba como invencibles jfue, como se ha dicho, la que realmente le destronó: público es que se dió sin su noticia, yque contribuyeron aque se perdiese mil circunstancias, ninguna de las cuales fue obra suya, sino acaso !a de haber mandado adelantar áAndalucía aquel cuerpo de egército, sin conocer exactamente estado de la opinión en el pais, y
miento no da derecho alguno ,ni sirv§ para otra cosa que para hacer ridículo al que quiera renovar usos yceremonias del tiempo de Garlo-Magno? Ademas eu él concuiria otra razón para no haber permitido esta solemnidad religiosa, aun cuando sus aduladores se la hubiesen indicado ;yes que si esta puede fascinar al pueblo éimponerle respeto cuando recae sobre un príncipe de cuya religiosidad no puede dudarse, produce el efecto contrario cuando se trata de un hombre que tenia soltadas tantas prendas de aue ni creía en la yirtvid mística del santo óleo ,ni en el papa que se le aplicaba. El hombre que siendo general en Italia, despojaba el templo de Loreto y enviaba áParís la imagen de aquel célebre santuario con la carta burlona ynada piadosa que puede verse en los peiiódicos de aquel tiempo yde que los franceses no se habían olvidado; el hombre que habia enviado áRoma ásu lugarteniente Bcrthier para destronar áPió VI yconducirle prisionero <á Francia; el hombre que en Egipto habia asistida ála mezquita con pelliza musulmana ácelebrar el nacimiento de Mahoma; yen fin
49 el hombre que hasta ser primer cónsul se había conducido yesplicado siempre como un espíritu fuerte, acudía ya muy tarde átomar la máscara de la religión para encubrir con ella lo que pudiese haber de ilegítimo en su elevación al trono. Asi fue que con todas sus momerías de piedad cristiana, no consiguió persuadir álos católicos que io era en su corazón, yse hizo despreciable álos incrédulos que le miraban como un hipócrita. Por mas que fuese ámisa con mucho séquito ycomitiva, por mas que lo hiciese anunciar asi en los papeles públicos, por mas que mandase cantar el Te Deum yhacer rogativas, por mas que hiciese decir en la misa el Domine saloum Jac Imperatorem ,ypor mas que escogiese para leyenda de las monedas el Dios protege á(a Francia ;no habia un solo francés que le tuviese, no ya por devoto, pero ni aun por creyente. Asi es que el clero, aunque le debia su restablecimiento yexistencia, siempre le miró como aun inipio, le aborrecía de muerte, trabajó cuanto pudo para derribarle del trono, yse regocijó altamente en su caída. No queremos decir con esto que colocado al frente del gobierno de4
5o biese hacer alarde de su incredulidad; sabemos que todo hombre visible, yaun todo ciudadano debe conformarse en público con las prácticas esteriores de la religión del país, yasi no reprendemos que él oyese misani hiciese otros actos estemos de piedad en circunstancias que lo exigiese su situación ysu destino :lo que vituperamos es la afectación con que lo hacia ,yla no necesaria ceremonia de la consagración; por que todos sus esfuerzos para pasar por piadoso, produjeron un efecto contrario al que deseaba; yesto no debia ocultársele. Asi reconocemos también que debió hacer efectiva la libertad de cultos que las diversas constituciones hechas desde lypi, habían asegurado álos franceses, y que siendo la católica la de la mayor parte de ellos, debió entenderse con eljiapa para arreglar su policía esterior; peto creemos que en el concordato debió no hablar de su persona, dar por supuesto que era católico, ycumplir en público con las obligaciones de tal ;pero sin afectación ysin permitir siquiera que se hablase en los papeles de que habia asistido ála misa. El mandar que se anunciase, hacia sospechosa la sinceridad ybuena fe del que
lo mandaba, tanto mas cuanto en tiempo de los antiguos reyes no se hacia. Ahora sin embargo continiia la moda que él inintrodujo ;pero esta, aunque no necesaria, no tiene respecto del monarca actual el mismo inconYeniente, por que nadie duda de su religiosidad. Peor fue todavía que la farsa de la consagración ,ymas daño le hizo en la Opinión general de Europa yen la particular de los franceses, la escena del divorcio yel nuevo matrimonio contraido viviendo aun su primera muger. Este acto que algunos miraron como una operación de la mas fina política, le enagenó de un solo golpe el afecto de todas las mugeres de Francia ,cuya influencia en los negocios ha sido mas grande de lo que él se imaginaba; le acabó de desconceptuar en la opiniou de los católicos, y como se ha visto luego, de nada le sirvió para conservar la corona yperpetuar su dinastía, que eran los objetos que se proponia en un paso tan aventurado é imprudente. Se deseará tal vez que pues hemos censurado en varios puntos la conducta pública de Napoleón, indiquemos cual era la que
debia haber observado para conservarse en su puesto, ypara que su nombre pasara ála posteridad con una gloria pura y no manchada con tantos borrones :yvamos áhacerlo, por que visto el éxito de todas sus operaciones, no será difieil señalar el camino que debiera haber seguido para inmortalizarse. Primeramente aceptada la especie de dictadura decenal que el voto unánime de la mayor ymas sana parte déla nación le había coníerido ,yhecho en favor de su patria cuanto hizo hasta la paz de Amiens ,en cuyo periodo ya dejamos dicho que se condujo como héroe, como ""sabio administrador ,buen político, yen una palabra, como un hombre grande, estraordinario yadmirable bajo todos aspectos; debió continuar hasta cumplir los diez años de su consulado sin variar de título ni admitir la perpetuidad, aun cuando se la hubieran ofrecido: examinar entre tanto, consultar muy detenidamente yde buena fe con los hombres mas ilustrados sobre la constitución política que debia darse definitivamente ála Francia, hacerla muy despacio, discutirla largamente en el consejo de Estado ,en el tribunado, en el cuerpo legis-
5S íativo yen el senado ,yestablecer la que resultase de tan prolijo ymaduro examen. Si la parte ilustrada de la nación convenia en que era indispensable restablecer la monarquía hereditaria ,ycolocar en el trono una nueva dinastía, yque él fuese su fundadordebió subir al trono modestamente, sin consagraciones ni farsas, ygobernar álos franceses paternalmente sin mezclarse en los negocios de las otras naciones, sino en cuanto lo exijiese el interes de la suya, yel de la Europa. Habiendo dado ya ála Francia por el tratado de Luneville sus límites naturales, que son l\bin ,Alpes yPirineos, su atención toda debió corrvertirse áfomentar la felicidad yriqueza interior de la Francia, y ácrear una marina poderosa que con el tiempo libertase al mar de la dominación inglesa yle restituyese al patrimonio común de las naciones. Si como debemossuponerlo, el gabinete de san James le: suscitaba guerras continentales para impedirle acrecentar su marina ;ysi en ellas obtenía los triunfos que su pericia yel tener lajusticia de su parte hubieran he-, cho infalibles; el fruto dé sus victorias debió ser, según las circunstancias lo fuesen.
permitiendo, i.” la reunión de toda la Ita^ lia en un solo estado independiente ,en cuyo caso nada importaba que coronase en él ásu hijastro óáuno de sus hermanos :2.° el restablecimiento del reyno de Polonia engrandeciéndole cuanto fuese posible para impedir que la Rusia llegase nunca áponerse en inmediato con^ tacto con la Alemania :3.° no haber permitido que la Suecia perdiese la Finlandia, yantes bien haberla facilitado la adquisición de la Noruega ,indemnizando con ventajas ála Dinamarca en el continente germánico: 4'° lejos de debilitar ydesmembrar la Prusia, hubiera debido cederla el estado de Hanover ,yno consentir que la Inglaterra tuviese un solo palmo de tierra en el continente, ni factorías, como la de Portugal :h.o por consiguiente unir este reyno al de España, y átoda costa quitar álos ingleses el punto importantísimo de Gibraltar :6.° favorecer la emancipación de la Turquía Europea ysu erección en estado independiente, sin consentir que la Rusia pasase mas acá del Danubio :y.» reprimir la pirateria de los berberiscos ycooperar con la España yla Italia ála fundación de
colonias libres eñ toda la costa septentrional de Africa, ypreparar por este medio la civilización de esta vastísima región, casi perdida ahora para el resto de los hombres. En suma, su política debería haberse propuesto, como principalísimos objetos, abatir la prepotencia marítima de la Inglaterra, yhacer imposible que la Rusia invada un dia la Europa yllegue con el tiempo áenseñorearse de ella. La importancia de estos dos estrenaos no se le ocultó áBuonaparte, ni puede ocultarse anadie; pero los medios que adoptó para obtenerlos, han producido el efecto contrario. La Inglaterra es boy mas poderosa que nunca, ha adquirido áMalta ylas islas Jónicas en v.\ mediterráneo ,el Cabo de Buena Esperanza, inmensas posesiones en el Indostan, parte de las colonias holandesas yfrancesas en los mares de la India, yla isla de la Trinidad en los de América: yla Rusia ha añadido ásus vastos dominios, la Finlandia ,casi toda la aiiiigua Polonia ,una parte de las provincias turcas de mas allá del Danubio? yamenaza en el dia tragarse todo el resto del imperio turco en Europa, ó repartírsele con el Austria: prueba evidente de
50 que Napoleón no sacó ele sus grandes tíctorias el fruto que pedia el hiieres general. Se dirá que es por que ha caído, y que si no él hubiera contenido ála Ruña yacabado con el poder marítimo de la Inglaterra; pero ya queda probado que si cayó del trono ,fue por lo disparatada de su plan, ypor lo errado de las operaciones parciales con que iba preparando su egecucion. No hay arbitrio ;exitus acta probant. Buonaparte tuvo en sus manos un poder inmenso: hiro uso de él para engrandecer ála Francia ydebilitar ásus enemigos ;yel resultado ha sido que con aquello ha perdido todas sus conquistas ,algunas de sus colonias, yaun parte de su antiguo territorio ,yque sus enemigos todos ,menos la España ,se han hecho mas poderosos: luego el uso que su gefe hizo de los inmensos recursos de que podía disponer ydispuso, fue descabellado. Esta es una demostración de hecho. Hemos supuesto que la parte ilustrada de la nación francesa hubiese reconocido la necesidad de restablecer la abolida monarquía ycolocar bajo el solio una dinastía nueva ;pero ya que la república existia de hecho, si se hubiera podido hallar
tina combinación tal de los poderes sociales yque con un magistrado temporal y electivo, el orden público, la paz interior, yla estabilidad de las instituciones quedasen igualmente aseguradas que cu la monarquía ;en este caso el papel de Wassington representado en Europa por Buonapaite, hubiera completado su gloria y hubiera hecho de él el primer hombre de todos los piaises yde -todas las edades. Si después de vencer álos primeros generales de su siglo ,de desarmar álos enemigos de la revolución ,de librar ásu patria de la anarquía ,de darla leyes y de organizar el mejor sistema posible de gobierno ,hubiese vuelto modestamente ála clase de simple particular, ¿quién podria serle comparado? Solo Tiinoleon yWassington. Pero ¿qué teatro el de la pequeña república de Siraciisa comparado con el de la Franci iP Y¿qué son las ^ic lorias de Wassington al lado de las de Buonaparte ?Y¿qué tiene que ver el mérito dei primero, considerado como níagistrado ,con el del segundo en la suposición en que hablamos? NíJ^ afirmaremos que en el estado actual de las sociedades europeas, pueda pasarse la Francia sin