El sello del Monasterio de San Benito el Real de Valladolid
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VARIA 151 en «la que también apareció una estela de forma análoga a la de Alcazarén, aunque muy mutilada. Desgraciadamente, dada la remoción que en este yacimiento se ha hecho, no creemos que valga la pena hacer en él excavaciones sis temáticas, y únicamente recogemos aquí la noticia de su existencia con los datos que sobre él hemos podido recabar por lo que puede servir de aportación para el mejor conocimiento de los movimientos del pueblo a que pertenece. Gratiniano Nieto Gallo. El sello del Monasterio de San Benito el Real de Valladolid. En un documento otorgado en Valladolid el 8 de julio de 1461, con motivo de ciertas diligencias llevadas a cabo por Fray Juan de Gumiel, abad de San Benito el Real, figura un sello céreo del dicho monasterio. El monje archivero, al tomar nota del documento, le des cribe con todo detalle. Por él sabemos que se ordenaba a la manera de un pequeño retablo; en la parte central la Virgen con el Niño; a un lado, San Benito con báculo y figuras encuadradas en columnas «con pocas labores a lo italiano». Sin duda, pieza de marcado interés, a buen seguro uno de los primeros brotes del Renacimiento, por lo menos con veinticinco años de antelación, al famoso estoque de honor de Iñigo López de Mendoza, conde de Tendilla, y al sello de lacre que el gran Cardenal Mendoza empleara como Arzobispo de Toledo (1). «Bulla de Pió 2 en la qual confirma a Fr. Antonio de Santa María, por Vicario del provincial de los dominicos de España y comete al ■ Prior de San Benito que reforne a .San Pablo de Valladolid. Dada en Roma año de 1460, 17 Kal decembris Prontificatas anno 3; en per gamino, sello de plomo. Esta bulla aparece inserta en un proceso de censuras que dio Fr. Joan de Gumiel prior desta casa después de hauer reformado a San Pablo, para que todos fauoreciesen a los frailes ob servantes y nadie fuese contrario a la guarda de su reformación. Dado en San Pablo de Valladolid a 8 de julio dé 1461, notario Juan Sánchez de Cantalapiedra, firmado del prior y con el sello del con vento desta casa, que es un retablillo con nuestra señora sentada en 'medio con su corona, el niño en el brazo izquierdo buelta algo a aquel lado y una berja en medio, esta luego San Benito al lado izquierdo (1) M. Gómez Moreno. Sobre el Renacimiento en Castilla. «Archivo Español de Arte y Arqueología». Tomo I, año 1925.
162 VARIA en pie con un báculo en la mano derecha, la labor del retablo son unos palos derechos arriba con pocas labores a lo italiano, como las guarniciones de los retablos viejos que hazen apartamientos entre los tableros y santos. Tiene al rededor un titulo que dice: Conuentus sancti Benedicti vallisoletani. Es de cera pendiente en caja de palo en ocho ojas de pergamino». Por ahora esta breve nota, que hemos de ampliar tan pronto como estudiemos a fondo los archivos conven tuales de Valladolld. Esteban García Chico. Un posible <Ribera> y otros cuadros. Traemos a estas páginas una serie de lienzos pertenecientes a D. Luis Alvarez de Toledo, entre los que destaca sobre todos un San Juan Bautista que, dentro de su estilo y técnica, nos ha sugerido el pensamiento de ser obra de Ribera (Lám. I). Este cuadro principal, de la colección a que nos referimos, está representado por la figura de un joven lleno de inquietud y vida, en vuelto en un amplio manto y cubierto en parte de su cuerpo por la piel de camello. (Mide 0,97 por 1,16 m.). El desnudo acusa vivamente su luminosidad sobre lo tenebroso del fondo. Cae la luz sobre él, desde lo alto, oblicua y de izquierda a derecha; en el ángulo inferior de la izquierda, la cabeza del cordero, y opuesta a ella, en el ángulo superior, las medias luces de un paisaje entre rocas llenan finalmente su espacio. Todo el lienzo ciudadosamente dibujado, en una extraña —y a mi modo de ver equilibrada— composición. Un fino modelado en las car nes, en medio de un realismo plástico acertadísimo; amplitud de líneas para los paños y un gran movimiento en toda la figura, expre sado en las líneas curvas del manto, en la posición oblicua del cuerpo y en el ritmo airoso de los brazos. SU rostro está fuertemente logrado, con una vigorosa valentía, mostrando en su curva ovalada, a plena luz, el mismo movimiento e inquietud que el conjunto de la obra. Creo ver en todas sus formas un contenido trágico, que alcanzan una unidad y encuentran una quietud magnífica en la luz y la plas ticidad. Aparece, pues, como una total expresión conseguida dentro de la pureza de lo artístico y del estilo mismo a que pertenece, ya que