scieee Science in your language
[es] (orig)

Jardiel Poncela onomaturgo. Apuntes sobre unos nombres femeninos de la trilogía humorística

Abstract

El propósito de este artículo es explorar el espesor semántico de algunos nombres femeninos en la trilogía humorística de Enrique Jardiel Poncela, redactada entre 1928 y 1930. El análisis muestra que, desde el principio, el autor lleva a cabo un proceso desrealizador cuya finalidad es desantropomorfizar el personaje e inscribir la trilogía en el marco de la deshumanización del arte, definida por el filósofo Ortega y Gasset a mediados de los años veinte. En contraposición con las reglas de la onomástica real, los nombres de los personajes son expresivos y motivados, crean juegos de espejos, tejen redes intertextuales e interculturales, se deforman y desorbitan, vulnerando así el principio de verosimilitud y echando por tierra las concepciones miméticas del realismo decimonónico.

Read accessible full text

Jardiel Poncela onomaturgo. Apuntes sobre unos nombres femeninos de la trilogía humorística

Author: François, Cécile
Publisher: Universidad de La Laguna. Servicio de Publicaciones
Year: 2015
Source: https://riull.ull.es/xmlui/bitstream/915/4585/1/RF_33_%282015%29_04.pdf
REVISTA DE FILOLOGÍA, 33; 2015, PP. 51-65 51
Re is a de Filología, 33; ene o 2015, pp. 51-65; ISSN: 0212-4130
JARDIEL PONCELA ONOMATURGO.
APUNTES SOBRE UNOS NOMBRES FEMENINOS
DE LA TRILOGÍA HUMORÍSTICA
Cécile F ançois
Uni e sidad de O leans
Resumen
El p opósi o de es e a ículo es explo a el espeso semán ico de algunos nomb es eme-
ninos en la ilogía humo ís ica de En ique Ja diel Poncela, edac ada en e 1928 y 1930.
El análisis mues a que, desde el p incipio, el au o lle a a cabo un p oceso des ealizado
cuya inalidad es desan opomo iza el pe sonaje e insc ibi la ilogía en el ma co de
la deshumanización del a e, de inida po el ilóso o O ega y Gasse a mediados de los
años ein e. En con aposición con las eglas de la onomás ica eal, los nomb es de los
pe sonajes son exp esi os y mo i ados, c ean juegos de espejos, ejen edes in e ex uales
e in e cul u ales, se de o man y deso bi an, ulne ando así el p incipio de e osimili ud y
echando po ie a las concepciones mimé icas del ealismo decimonónico.
Palab as cla e: Ja diel Poncela, onomás ica, humo , in e ex ualidad, deshumanización.
Abs ac
This a icle explo es he seman ic dep h o some names o women cha ac e s in En ique
Ja diel Poncela’s ilogy o no els w i en be ween 1928 and 1930. I shows how he au ho
consis en ly uses echniques o de ealisa ion in o de o abolish he an h opomo phic ea u es
o his cha ac e s and hus exempli y José O ega y Gasse ’s no ion o he dehumaniza ion o
a , de eloped in he mid-1920s. Igno ing he laws o eal onomas ics, he names ake on
exp essi e powe , esona e wi h each o he , se up in e ex ual and in e cul u al ne wo ks,
become de o med and dis ended, making a mocke y o e isimili ude and dealing a blow o
he no ion o he g ea 19 h-cen u y ealis no el as he a o mimesis.
Key wo ds: Ja diel Poncela, onomas ics, humou , in e ex uali y, dehumaniza ion.
Según los lingüis as y an opólogos, el nomb e de pe sona en la ida eal
es un signo a bi a io, un mo ema acío que ca ece de con enido semán ico. Su
papel se ía esencialmen e deno a i o y pe mi i ía an solo di e encia y clasi ica a
los indi iduos1. En un ela o de icción, en cambio, los nomb es a a ez son un
p oduc o del aza . Desde el pun o de is a semió ico, es os son po ado es de un
conjun o de alo es que el análisis de su signi icado pe mi e e ela (Glaudes &
REVISTA DE FILOLOGÍA, 33; 2015, PP. 51-65 52
Reu e 1996: 105). Toda una ama de la onomás ica li e a ia conside a po an o
el nomb e del pe sonaje como un signo «mo i ado», lleno de conno aciones más
o menos áciles de desci a (Baudelle 1995: 85-86).
Señala Ángel Iglesias que los an opónimos son un componen e unda-
men al de la igu ación li e a ia, siendo su e ec o p incipal la ilusión e e encial.
En una ob a de icción, «el nomb e p opio es solida io del pe sonaje, lo cons-
i uye, mani ies a sus ace as, p edes ina su ep esen ación, es su signo po
excelencia» (Iglesias 2002: 335). El an opónimo pe mi e, además, insc ibi al
pe sonaje en una ca ego ía social de e minada e inclui lo den o del sis ema de
oposiciones del ela o. Po in, como apun an Pie e Glaudes e Y es Reu e , el
nomb e iccional acili a el acceso a la in imidad del pe sonaje, con lo cual el
lec o puede in oluc a se a ec i a e ideológicamen e en el uni e so diegé ico
(1996: 183). El conjun o de es os ac o es explica po qué los au o es ponen
an o cuidado a la ho a de «bau iza » a sus c ia u as de icción.
Como odos los esc i o es, En ique Ja diel Poncela dis u a de las p eeminen-
cias del onoma u go pa a o ja a su an ojo los nomb es de los g aciosos pe sonajes
que llenan su ob a. Cualesquie a que sean sus unciones y su impo ancia, odos
me ecen una a ención pa icula , aunque son e iden emen e las igu as p o ago-
nis as las que gozan del a o y de la p e e encia del au o , como es el caso de las
he oínas de la ilogía e ó ico-humo ís ica, cuyos nomb es llaman enseguida la
a ención po su o iginalidad y su iqueza conno a i a2.
SYLVIA, PALMERA Y VIVOLA.
ANÁLISIS DE LOS NOMBRES DE PILA DE LAS HEROÍNAS
Ch is ine Mon albe i apun a que el nomb e iccional siemp e pa ece
oscila en e el c a ilismo, según el cual el nomb e es a ía en consonancia con la
cosa a la que designa3 y el he mogenismo que de iende una eo ía con encional
del lenguaje, en la que las palab as son a bi a ias (2003: 40). En lo que concie ne
a la p ime a p o agonis a ja dielesca, el ex o adop a apa en emen e la pos u a de
He mógenes, ya que su nomb e («Syl ia») pa ece habe sido escogido de o ma
1 Po ejemplo, pa a el e nólogo Claude Lé i-S auss, el nomb e solo señala ía la pe enencia del
indi iduo a un g upo de e minado, sea es e é nico, social y gene acional (Baudelle 1995: 82). El semiólogo
ancés Philippe Hamon a i ma po su pa e que el nomb e p opio de pe sona es, po de inición, un
é mino sin con enido semán ico, una palab a «blanca», un «aseman ema» (Hamon 1981: 145). Compa en
es a opinión Te e an Todo o , pa a quien el nomb e designa sin signi ica (Ke b a 1977: 178) y Gé a d
Gene e, quien ecue da que un nomb e p opio no iene, en p incipio, ninguna signi icación, limi ándose
a desemplea una unción designado a (1976: 24).
2 Se a a de una sá i a li e a ia cuyo obje o es pone en sol a la «li e a u a de amo » an en boga
en aquella época. Se compone de Amo se esc ibe sin hache (1928), ¡Espé ame en Sibe ia, ida mía! (1929)
y Pe o... ¿hubo alguna ez once mil í genes? (1930). Siemp e que se ci en las e e encias de las no elas de
Ja diel, se á de o ma ab e iada (Amo , Espé ame, Ví genes).
3 Según la eo ía de endida po C á ilo en el diálogo epónimo de Pla ón.
REVISTA DE FILOLOGÍA, 33; 2015, PP. 51-65 53
alea o ia, como ocu e en la ida eal. Sin emba go, en la época de Ja diel, es e
nomb e e a muy poco di undido4, sob e odo esc i o con «y», lo cual e ela cie a
in ención po pa e del au o . Es de pensa que Ja diel, como buen comedióg a o,
escogió es e nomb e po su po encial e ocado y sus conno aciones cul u ales.
Sil ia es, en e ec o, un pe sonaje de la comedia i aliana que « ep esen aba a una
muje enamo ada en cualquie a de sus papeles, ya ue an nobles o plebeyos»5. La
p o agonis a de Amo se esc ibe sin hache se si úa así, desde el p incipio, bajo el
signo del amo , el g an ema de la no ela anunciada po el í ulo.
Po o a pa e, Ja diel saca pa ido de las conno aciones sociales in-
culadas a es e nomb e. En e ec o, si seguimos explo ando la pis a in e ex ual,
no amos que Sil ia es ambién el pe sonaje p incipal de la comedia ancesa El
juego del amo y del aza . Igual que la p o agonis a de Ma i aux, Syl ia B ums
es una ep esen an e de la a is oc acia como indica cla amen e el í ulo inglés,
«lady», que p ecede casi au omá icamen e al nomb e de la he oína ja dielesca.
Cabe no a , además, que lady Syl ia no se desen uel e únicamen e en ambien es
dis inguidos sino que pasa di ec amen e de su palace e de Pa k-Lane a los bajos
ondos de Pa ís, siemp e en busca de nue as a en u as6. Con es a ca ac e ís ica,
la he oína de Amo se esc ibe sin hache ecue da ambién a las he oínas de An onio
de Hoyos y Vinen , uno de los au o es de la co ien e «e ó ico-galan e» que la
ilogía p e ende pone en sol a. Las ex a agancias de la p o agonis a ja dielesca
se empa en an con las de los encope ados pe sonajes de las no elas co as de
Hoyos, a quienes les gus a codea se con indi iduos ba iobaje os7.
La a is óc a a Syl ia B ums iene ambién muchos pa ecidos con lady
Wynham, la amosa «Madone des sleepings», un a que ipo de muje a al cosmo-
poli a, he mosísima y sensual, diseñado po Mau ice Dekob a, uno de los esc i o es
más popula es de la época (F ançois 2005: 128). Es in e esan e no a al espec o
que el nomb e de Syl ia B ums, an es de pasa a designa a la he oína de la p i-
me a no ela de la ilogía, ya había apa ecido unos meses a ás, en un a ículo de
la e is a humo ís ica Buen Humo , i ulado: «Syl ia B ums, la muje cosmopoli a
y a al» (A iza Vigue a 1974: 46).
A di e encia de Syl ia, la segunda p o agonis a no es ni a is óc a a
ni ex anje a y suele usa un seudónimo. Es de no a que el lec o no igno a
su e dade a iden idad pues o que, al p incipio de la no ela, el na ado
4 En la enciclopedia lib e Wikipedia, se lee que «el nomb e de Sil ia no se popula izó has a
los años 60-70 [del siglo xx], undamen almen e debido a la in luencia ex anje a».
5 «Fue a pa i de la apa ición del pe sonaje Sil ia en la comedia i aliana en 1716, que se
man u o en escena du an e casi medio siglo y siemp e con un g an éxi o, cuando se popula izó es e
nomb e. [...] De ahí sal ó el pe sonaje, siemp e sin pe de su ca ac e ís ica dis in i a de muje enamo ada,
a ocupa un pues o impo an e en la p oducción ea al de odo el siglo XVII» www.ealmanaque.
com/san o al/no iemb e/3-11-sil ia.h m.
6 El na ado apun a que Syl ia « enía el eneno de la a en u a in il ado en el hígado» (Amo : 262).
7 Se elaciona ambién con las a is óc a as pe e sas que llenan los ela os de Jean Lo ain
o Ba bey d’Au e illy, y en pa icula con el ipo de la muje a al de la li e a u a decaden is a
ancesa, enca nada idealmen e en la Miss Cla a de El ja dín de los suplicios de Oc a e Mi beau.
REVISTA DE FILOLOGÍA, 33; 2015, PP. 51-65 54
e ela que «Palme a Sua e i [es] en la cédula Palmi a Suá ez» (Espé ame:
88). De hecho, el nomb e de «Palmi a», po se poco ecuen e, con ie e a
la p o agonis a cie a singula idad, acen uada po la conno ación exó ica
que en aña el designado . Fidel López C iado apun a que el nomb e e oca
la an igua ciudad de Tadno (o Palmy a, según la llamaban los omanos),
si uada en un oasis del desie o si io (1988: 151). Pe o lo más in e esan e,
es que es a designación es ambién la que escogió Ramón Gómez de la Se na
pa a bau iza a la p o agonis a de La quin a de Palmy a.
No cabe duda de que Ja diel Poncela, amigo y admi ado de Ramón,
conocía es a no ela publicada algunos años a ás, en 1923. Podemos pensa que,
en ¡Espé ame en Sibe ia, ida mía!, el jo en humo is a quiso endi homenaje
al maes o y es ablece un ínculo ex ual en e su p o agonis a y la he oína
de La quin a de Palmy a, una no ela cen ada en «las expe iencias e ó icas de
una muje , p o agonis a y eje cen al de la ama» (López C iado 1988: 120).
En su no ela, Ramón Gómez de la Se na p esen a a Palmy a como una muje
a al, compa ada, o a con Cleopa a, o a con E a (1997: 556, 594 y 615). Po
su pa e, Fidel López C iado se e ie e a ella como a una «Medusa enamo ada»
(188: 137). Aho a bien, en la lis a de los a a a es de la muje a al es ablecida
po Mi eille Do in O sini, la es udiosa ancesa ci a, en e o os, los nomb es
de As a é, Ci ce, Cleopa a, Dalila, E a, He odias, Jezabel, Medusa, Mesalina
y Salomé (1993: 113). En ¡Espé ame en Sibe ia, ida mía!, Ja diel se decan a po
la imagen de la «Medusa enamo ada» a la ho a de desc ibi a su p o agonis a,
desespe ada an e la ine cia de su aman e:
Palme a g i ó, llo ó, se a añó el os o, el pecho y las manos. Y za andeó de uno
a o o lado su cabeza de Medusa hid ó oba, mien as ele aba al cielo dos b azos
amenazado es y ec os, dibujando en el ai e una inmensa, una blanquísima i
g iega [...] (Espé ame: 146).
En cuan o a la úl ima he oína de la ilogía, Ja diel Poncela escoge pa a de-
signa la un nomb e a ípico, sin elación alguna con la adición onomás ica. Aho a
bien, a i ma Roland Ba hes que, en la icción, el nomb e unciona como «un sis ema
mo i ado, basado en una elación de imi ación en e signi ican e y signi icado»8. El
lec o ende á así a educi espon áneamen e la opacidad del nomb e p opio, emi-
iéndolo a una palab a conocida de la lengua, y o o gándole el sen ido del é mino
con el que se asemeja oné icamen e. En el caso de la he oína de Pe o... ¿hubo alguna
ez once mil í genes?, la pa onimia «Vi ola/Víbo a» ya nos acili a algunos da os,
no solo sob e la pe sonalidad, el ca ác e y el compo amien o de la p o agonis a,
sino ambién sob e su p og ama na a i o.
En e ec o, la pa onimia, in e p e ada a ni el semán ico, con ie e al
nomb e una dimensión simbólica, sugi iendo una de las unciones del pe so-
8 Ba hes, Roland, «P ous e les noms», ci ado po Leo Hoek (1991: 230).
REVISTA DE FILOLOGÍA, 33; 2015, PP. 51-65 55
naje en la icción. A lo la go de la no ela, Vi ola apa ece cons an emen e como
una seduc o a, una en ado a, la muje que p o oca á inalmen e la expulsión
del hé oe de su uni e so, lle ándole a la uina y a la mue e. A ejemplo de la
se pien e bíblica, a la ez cau i ado a y pe e sa, Vi ola despie a sen imien os
ambiguos, hechos de a acción y epulsión. Ja diel echa mano aquí del código
mo emá ico pa a saca pa ido de las p opiedades a icula o ias y acús icas del
nomb e que le a ibuye a su pe sonaje. Con unos cambios mínimos (la sup esión
de una ilde, la sus i ución de una líquida ib an e po una líquida la e al y una
le e modi icación o og á ica), el au o log a mo i a el nomb e y elaciona su
signi ican e con el signi icado ex ual del pe sonaje.
Po o a pa e, el co ejo de los nomb es de pila de las he oínas mues a
que han sido cons uidos a pa i de un mismo pa adigma. Los es e minan
con la ocal «a», la cual eje en e ellos un ínculo, es ableciendo así a p io i un
pa en esco en e las p o agonis as. A lo la go de la ilogía se i á acen uando
p og esi amen e el pa ecido en e ellas, haciendo de Syl ia, Palme a y Vi ola,
los a a a es de un mismo ipo, el de la muje a al que, según Ma ía José Conde
Gue i, «cons i uía una igu a ecu en e en la pa odia de las e is as de humo
de la época» (2001: 21). Aho a bien, sabemos que Ja diel Poncela p osigue, con
su ilogía, la labo empezada algunos meses an es en las edacciones de Buen
Humo y Gu ié ez, las dos g andes e is as humo ís icas de la época. Allí conec-
ó con Ramón y un g upo de jó enes esc i o es y dibujan es, a los que se suele
euni bajo el ma be e de «la o a gene ación del 27»9. Jun os idea on una nue a
o ma de humo iconoclas a basado en la sub e sión de las ó mulas hechas y
la pues a en e idencia de las con enciones lingüís icas. «No hay que deja pasa
ningún luga común, ninguna ase hecha, ningún ópico», es e e a el lema de
los jó enes humo is as (Pé ez Fe nández 1966: 244).
De hecho, la ilogía humo ís ica se p esen a como una sá i a de la
«no ela de amo » al uso, cons uida a base de clisés y ó mulas hechas. De es e
ipo de li e a u a, Ja diel Poncela ecupe a la igu a a que ípica de la muje
a al, in oduciéndola en cada uno de sus ela os. No amos que, de un ex o a
o o, la con igu ación del pe sonaje y la ama de sus a en u as son más o me-
nos idén icas10. Solo cambia el nomb e. Como apun a Miléna Mikhailo a, la
unción del an opónimo es ac ualiza un opos, ag ega un elemen o singula
a la adición. El nomb e apa ece así como «un con apun o que uel e lexible
la ma e ia ígida del luga común», «pe sonaliza el ópico» y hace posible su
eno ación (1993: 75). En is a de ello, podemos pensa que, como a a a es
de la muje a al de la li e a u a, las p o agonis as de la ilogía se án el e lejo
de la época en que ue on c eadas. Aho a bien, ¿log a es e anclaje p oduci
9 En e los in eg an es más conocidos de la «o a gene ación del 27» es án Edga Ne ille,
Tono, Miguel Mihu a y José López Rubio, además del p opio Ja diel.
10 Pa a Víc o Ga cía Ruiz, los pe sonajes « esul an unila e ales y ecu en es, lo
mismo que los ambien es» (1995: 33).

REVISTA DE FILOLOGÍA, 33; 2015, PP. 51-65 56
algún e ec o de ealidad? ¿No es a íamos, al e és, en p esencia de un uni e so
iccional au ónomo, enma cado den o de la deshumanización del a e, es deci
un «a e an i- ep esen acional que se es ue za po supe a lo eal, po c ea un
o den independien e de a e» (Macklin 1983: 36)?
UNA ONOMÁSTICA
HIPERCARACTERIZANTE Y DESREALIZADORA
En la p ime a pa e de es e abajo, hemos esal ado la p esencia de un
elemen o común en la composición de los nomb es de pila de las p o agonis as.
Se a a de la ocal inal «a» que suele en a en la o mación de muchos nomb es
emeninos de o igen español como, po ejemplo, Juana, Manuela, Alicia, Ana...
Apa en emen e, es e elemen o ga an iza ía la e osimili ud de las p o agonis as, a
la pa que e o za ía la ilusión de ealidad, al en aiza a los es pe sonajes emeni-
nos en la expe iencia co idiana del lec o español. Sin emba go, el examen de los
nomb es de las p o agonis as ha mos ado que se ca ac e izan po su singula idad,
cuando no su excen icidad, como en el caso de Vi ola. A odas luces, aunque
Ja diel inge aca a las eglas de la onomás ica eal, p ocu a que los nomb es de pila
de sus pe sonajes sean exp esi os y mo i ados. En is a de ello, nos p oponemos
explo a aho a el espeso semán ico de los es apellidos pa a examina su g ado
de mo i ación y de e mina si exis e alguna elación en e el an opónimo y el
signi icado ex ual de las p o agonis as de la ilogía.
Lo que llama la a ención en lo que concie ne al p ime pe sonaje, es que
el sin agma o mado po su nomb e y su apellido, «Syl ia B ums», emi e al con-
ex o cul u al de los años ein e. En las Ob as comple as del esc i o ancés Paul
Mo and se menciona, en e ec o, el nomb e de «I an Da Sil a B uhns», un pin o
y deco ado ancés de o igen b asileño, cuyos apices y al omb as de mo i os
a icanos es aban muy de moda hacia 1925. Desde el p incipio, Syl ia apa ece po
consiguien e como un pe sonaje anclado en un con ex o cul u al de e minado, el
del pe iodo «A Déco» que culminó a mediados de los años ein e. La alusión a
un deco ado ancés emi e ambién al uni e so cosmopoli a de la ilogía, y en
pa icula al de la p ime a no ela sub i ulada bu lonamen e «no ela casi cosmo-
poli a». La e e encia iene, po in, a esal a una de las ca ac e ís icas de ini o ias
de la p o agonis a, es deci su p eocupación po la moda.
En el capí ulo cua o, el na ado e oca así los cinco encuen os sucesi os
de los u u os aman es, que dan luga a sendas desc ipciones po meno izadas del
a uendo de la p o agonis a. Po o a pa e, llaman ambién la a ención las ei e-
adas in e enciones del au o -na ado pa a eco da al lec o que «las oile es
que luce la p o agonis a de es a no ela es aban de moda en la echa en que el lib o
se esc ibió, año 1928» (Amo : 177-178, 228, 258, 294). Es a p eocupación del
pe sonaje po su apa iencia ísica y su indumen a ia se aspa en a asimismo en
su apellido, independien emen e de la inclusión de es e en el sin agma o mado
con su nomb e de pila. Se no a, en e ec o, que Ja diel no conse ó el apellido
de o igen «B uhns», el cual bien hubie a podido se i pa a designa a un pe so-
REVISTA DE FILOLOGÍA, 33; 2015, PP. 51-65 57
naje an cosmopoli a como Syl ia, sino que al e ó su o ma sup imiendo la «h»
y sus i uyendo la «n» po una «m». En ealidad, se puede pensa que si escoge
«B ums», se á po que es e apellido insóli o apa ece como una o ma apocopada
de «B ummel», el nomb e del céleb e dandy inglés del siglo xix, apodado «el ey
de la moda» y celeb ado po Baudelai e y Osca Wilde.
Una lec u a p esu osa pod ía deja supone que la unción de los pa én esis
desc ip i os, an e io men e mencionados, consis i ía an solo en en a iza la elegancia
y el e inamien o del pe sonaje, a o eciendo su asimilación con «Beau B ummel».
Sin emba go, no se puede pe de de is a que la ilogía se publicó en la «Colección
de g andes no elas humo ís icas» y se de ine, desde el p ólogo, como una sá i a li e-
a ia. Una ojeada a las desc ipciones del a uendo de Syl ia mues a que la i onía del
na ado se anspa en a ecuen emen e en la p esen ación de lady B ums:
Sale Syl ia ( aje gua necido de pieles del Cáucaso; ab igo de pieles del Cáucaso;
bolso de piel de se pien e; zapa os de piel de se pien e; somb e o de paja, hecho con
paja de somb e o) y se dispone a c uza la ace a en busca del «Cadillac» (Amo : 177).
La i onía asoma aquí en el juego de epe iciones y pa alelismos. Rema ada
po una pe og ullada en o ma de quiasmo («somb e o de paja, hecho con paja de
somb e o»), la mención de la opa de Syl ia desluce en ealidad la imagen de la
p o agonis a. Asociada a la epe ición mecánica del p ocedimien o (cinco pa én e-
sis en cinco páginas), la desc ipción educe el pe sonaje a una simple imagen, una
ep esen ación b illan e y supe icial, un doble deg adado de B ummel del que no
lle a ía más que el apellido uncado. Cabe no a , además, que Ja diel ha conse ado
la ma ca de plu al, la «s» del apellido del deco ado ancés («B uhns»). Syl ia no se
apellida B um, lo cual se ía la apócope de B ummel, sino B ums (con «s»). La ma ca
de plu al en a iza el con enido semán ico del apellido, con ibuyendo a p esen a
a Syl ia como una especie de «Supe B ummel» emenino, un e lejo ampli icado,
de o mado, y has a ca ica u esco del céleb e dandy.
La doble e e encia cul u al a B ummel e I an Da Sil a B uhns hace de
la p o agonis a de Amo se esc ibe sin hache un pe sonaje híb ido, he ede o de la
adición decimonónica pe o a ianzado en la más abiosa ac ualidad. El hib idismo
se aspa en a ambién en el oxímo on o mado po el nomb e «Syl ia» (que, po
su e imología, e oca el mundo na u al de la sel a) y el apellido «B ums» (ca gado
de conno aciones de a ec ación y so is icación). El nomb e de la p o agonis a de la
p ime a no ela no solo encie a en sí pa e del p og ama na a i o del pe sonaje,
sino que emi e al p oyec o es é ico de la ilogía, el cual consis e en b inda una
espues a a la c isis de la no ela diagnos icada po O ega y Gasse a p incipios del
siglo xx, aunando adición y mode nidad (F ançois: 2005).
En la segunda en ega de la ilogía, Ja diel Poncela abandona el mundo
de la moda pa a a aiga a su p o agonis a en el uni e so del music-hall. Es o
explica que el na ado la designe an solo con su nomb e a ís ico: «Palme a
Sua e i», o con una an onomasia: «La ede e». Pa a c ea su seudónimo, la
p o agonis a se con en ó con al e a los componen es onológicos de su nomb e
de o igen, pasando de «Palmy a» a «Palme a» y de «Suá ez» a «Sua e i». En lo
REVISTA DE FILOLOGÍA, 33; 2015, PP. 51-65 58
que concie ne a la p ime a pa e del seudónimo («Palme a»), asis imos a una
mo i ación li e al del nomb e, la cual es ablece una elación di ec a en e el
pe sonaje y su designación. Aquí, el signi ican e onomás ico gene a, po sines-
esia, la imagen amena de un oasis de esco y se enidad. En e ec o, lo sua e de
las labiales y de las líquidas, asociado a lo o undo de la ocal «a», conno a el
encan o y la quie ud de los países exó icos, así como la belleza y la sensualidad,
sugi iendo así, desde el p incipio de la no ela, dos de los asgos ca ac e ís icos
de la p o agonis a. El mismo Ma io Es a cies, el aman e de Palme a, se mues a
sensible al pode e ocado del seudónimo. Cansado del pe pe uo acoso al que le
some en sus pe seguido es, Ma io sueña con encon a un oasis de paz y elicidad.
E ocando a la muje amada po medio de una delicada sinécdoque, imagina el
place de i i «siemp e a su lado y do mi [...] bajo aquellas pes añas, que d[an]
una somb a de bosquecillo de mi os» (Espé ame: 262).
En cuan o al segundo componen e del seudónimo, «Sua e i», la p o a-
gonis a log ó con e i un pa onímico co ien e («Suá ez») en un nomb e pin-
o esco de sono idades o undas y e ocado as («Sua e i»). Ja diel saca p o echo
aquí del código é nico que pe mi e clasi ica los nomb es según la ecu encia
de de e minadas ocales o consonan es en su mo ología. Dichos nomb es
aduci ían, pa a Leo Hoek, cie o «colo local» (1981: 232). En el caso de la
p o agonis a de ¡Espé ame en Sibe ia, ida mía!, en la e minación del apellido
«Sua e i» los onemas se yux aponen según unas eglas ajenas a la onemá ica
sin agmá ica del español. La secuencia consonán ica «- », a ísima, y has a des-
conocida en español, conno a la «i alianidad», según la e minología de Roland
Ba hes, es deci una o ma de exo ismo, que pasa a en a iza el e ec o p oducido
po el p ime componen e del seudónimo, «Palme a».
Se no a, además, que al código é nico se añade el código a ís ico, pues o que
el apellido de la p o agonis a suele eni acompañado del a ículo «la» an epues o, lo
cual en el mundo de la ópe a i aliana suele designa a las di as, como dan e de ello
los nomb es a ís icos de la Ris o i o la Pa i en el siglo xix, o más ecien emen e el
de la Callas. En el caso de Palme a, el de e minan e se u iliza de mane a an i ás i-
ca, dando e de la mi ada i ónica con que el na ado con empla a la p o agonis a.
En ¡Espé ame en Sibe ia, ida mía!, la « ede e», Palme a Sua e i, se da a conoce
en una e is a llamada ¡Guau-guau!11, en la que unas ein a muchachas can an, o
mejo dicho chillan, «es as ases c e inas»: «Somos los mascagomas/del amo /y no
ole amos b omas/¡no seño !/Tenemos diplomas/po se mascagomas/mascagomas,
mascagomas del amo /Del amoooo !...» (88). Además, as desc ibi el espec áculo,
el na ado ema a su p esen ación de Palme a de la o ma siguien e:
los mo imien os que ejecu aba a dia io, ápidos, imp e is os y calculados, eco daban
los mo imien os de la Bolsa. Finalmen e: can aba y bailaba an pu e ac amen e mal
como o a cualquie a « ede e» (Espé ame: 90).
11 El í ulo de la e is a pod ía in e p e a se como un guiño i ónico a la no ela de Pé ez Galdós, Miau.
REVISTA DE FILOLOGÍA, 33; 2015, PP. 51-65 59
Así pues, a pesa de las conno aciones posi i as que en añan sus an opó-
nimos, las dos p ime as p o agonis as de la ilogía esul an igualmen e idículas,
cuando no ca ica u escas. Lo mismo pasa con la e ce a, la cual no se lib a ampoco
de la i onía mo daz del na ado . Al igual que su nomb e («Vi ola»), la mo i ación
del apellido de la he oína de Pe o... ¿hubo alguna ez once mil í genes? unciona a
ni el simbólico, ya que «Adaman » puede conside a se una palab a compues a de
un p e ijo «ad-», seguido del adical «-aman », o ma la ina del e bo «ama ». Aho a
bien, Vi ola Adaman es p ecisamen e el a que ipo de la aman e, ya que apa ece en
la no ela como el a a a emenino del mí ico Don Juan. Po o a pa e, Ja diel saca
pa ido de las p opiedades acús icas de su apellido, pues o que la epe ición de la
«a», la ocal más abie a en español, sugie e el b ío y la a ogancia de la p o agonis a.
Además, no amos que «Vi ola» es á a ono con «Valdi ia», el apellido del
donjuán de la no ela. Ambos nomb es empiezan po la misma consonan e, se com-
ponen de es sílabas y eúnen una se ie de g a emas idén icos. Sin llega a o ma
un anag ama p e ec o, la simili ud en e es as designaciones e ue za la semejanza
uncional de los dos seduc o es en el esquema ac ancial del ela o. Ambos compa -
en la misma ida, los mismos alo es, las mismas ac i idades, pe o bajo la mi ada
sa cás ica del na ado , los dos pe sonajes se de o man y espe pen izan, como si se
e leja an en alguno de los espejos del callejón del Ga o, haciéndose cada ez más
in e osímiles a lo la go de la no ela. La deg adación se hace pa en e cuando conside-
amos el nomb e y el apellido de la p o agonis a, no ya po sepa ado, sino eunidos
en un mismo sin agma. Como en el caso de «Syl ia B ums», la manipulación del
signi ican e nominal in oduce un hia o en el sis ema onomás ico, en a izando su
a i icialidad. Po o a pa e, el complejo nominal, anspa en e pa a el lec o de los
años ein e, a oja aquí una luz muy c uda sob e la úl ima p o agonis a de la no ela,
pues como explicó Manuel A iza Vigue a:
Con espec o al nomb e de Vi ola Adaman debo ag adece a E a is o Ace edo
la no icia de que el nomb e y el apellido, po sepa ado, de la p o agonis a de
Pe o... ¿hubo...? son las dos ma cas de u ina ios de po celana de aquel iempo,
lo cual nos indica bas an e bien la opinión que nues o au o enía en aquel
en onces de las muje es (1974: 47).
Po an o, si los nomb es de Syl ia B ums y Palme a Sua e i emi en i ónica-
men e, uno al uni e so de la moda y o o al mundo del espec áculo, el sin agma «Vi ola
Adaman » ma ca a la úl ima he oína con el sello de lo co pó eo más soez y deg adan e.
Conside ados po sepa ado, el nomb e y el apellido de la p o agonis a de Pe o... ¿hubo
alguna ez once mil í genes? emi en a la se pien e bíblica y a la ac i idad ama o ia,
asociando así el amo y la pe e sidad, una emá ica omnip esen e en la ilogía y en
la no ela e ó ica de p incipios del siglo xx. Po o a pa e, con la doble e e encia a la
íbo a y al «u ina io», la p o agonis a de la úl ima no ela se si úa a medio camino en e
el animal y el obje o, lo cual pasa a ema a el p oceso de deshumanización iniciado
ya desde el p incipio de la ilogía. El análisis del nomb e de la úl ima p o agonis a
no solo mues a que el humo ismo de Ja diel se hace cada ez más co osi o, sino que
pone de elie e el a án desmi i icado y an i ealis a de la ilogía.