Necrología del ilustre propagandista republicano Don Francisco Suárez y García : ex-Diputado en las Cortes Constituyentes de 1873 y ex-Alcalde de Ferrol / por Santiago de la Iglesia
Full text
se • UNIVLKSLDAÜL DL SAN) JAGO DL COMPOSHLA
u
íjoVl *
BIBLIOTECA UNIVERSITARIA DE SANTIAGO 00237353 u
D. Francisco Suarez y García Nació el 31 de Marzo de 1827 f el 15 de Marzo de 1900. se UNIVERSIDAI di : saxiiag í ' Drco.MPOS ia u
Nacer, vivir y desaparecer sin haber si do útil mas que á sí mismo es constituirse voluntariamente en átomo nocivo ó molé cula perturbadora en la grande elabora ción á que Dios destina todos los seres, to das las cosas, tollas las fuerzas y todos los movimientos de la naturaleza. (F, Suarez García, en « Los Demócratas ó el Angel de la Libertad», — 1863.)
DOS PALABRAS SOBRE EL MOTIVO DE ESTAS PAGINAS (Fragmento del discurso pronunciado por el autor en la solemne velada necrológica celebrada en el Teatro Jofre del Ferrol en la noche del 13 de Mayo de 1900 ) • «No tan solamente obligado por apremiantes é ine ludibles deberes de comunión política vengo aquí pa ra honrar y enaltecer la memoria del Jefe y Maestro de la actual generación republicana. Si ese fuera mi único propósito pudiera alguien juzgarme movido y exaltado por ciego sectarismo. He de venerar, sí, al republicano consecuente y al honrado patricio, he de encarecer, sí, su obra po lítica, pero quiero también cómo vecino del Ferrol y como gallego amante de los prestigios de su tierra analizar los merecimientos del conterráneo ilustre con independencia de su significación política. Si, vengo aquí ante todo á honrar al ferrolano, al gallego ilu tre, persuadido de que al honrarle á él nos honramos á nosotros mismo'. No estamos aquí tan sobrados de hombres, de caracteres, de publicistas, de ilustraciones, que nos sea lícito encerrar silenciosamente en el panteón del
-10olvido á quienes consagraron su vida entera á la lucha por la civilizacióu, por el progreso, por la libertad, por el derecho humano, por el mejoramiento de sus semejantes. Aquí, donde se enaltece y casi deifica á los es cépticos, á los tránsfugas de la política, á los descreí dos que cruzan la vida sin fé, sin ideales, sin otra as piración abstracta y suprema que su medro y perso nal provecho, aquí donde se consagrad las vías públi cas y los monumentos, lo^elogios de la prensa y has ta las estrofas de los poetas, donde se ha levantado estatuas en vida, á los políticos que nos trajeron con la ruina, con la ignorancia, con la reacción, al hundi miento de nuestra escuadra en el mar y al descré dito de nuestro ejército no vencido, aquí donde tales monstruosidades suceden ¿no ha de ser licito á un partido, que digo á un partido, á un pueblo entero, venir á rendir pública ofrenda y testimonio de grati tud y veneración al hombre que luchó toda su vida con esos otros hombres á quienes los políticos mo nárquicos de Logroño, de Vigo, de Málaga, de la Coruña y de cien pueblos más, á manera de mendigos agradecidos intentan elevar á una ridicula é imposible inmortalidad? Una idea me desalienta y una consideración me anima a) intentar hacer el bosquejo biográfico de Suarez García. Es la primera la conciencia de mi pro pia pequenez que habrá de suplir vuestra benevo lencia, siempre pródiga para mi y para los hombres de recta intención, sobre todo en localidades como el Ferrol en donde no existen grandes centros univer sitarios, en donde no hay abundancia de hombres en canecidos en las, lides déla cátedra, del parlamento y del foro, dónale hay que aceptar á los pequeños á los que aun poniendo en prensa nuestras facultades no logramos llegar con tanto esfuerzo al mas bajo es calón á donde rara vez descienden los grandes pen sadores. Pero á parte de estas consideraciones que pueden
disculpar la osadía que implica mi labor de esta no che, hay otra mas poderosa que me da derecho á vuestras benevolencias. Era la víspera de la muerte de Suarez. La lucidez que á veces destelia como chispazo de hoguera que se estingue en el cerebro de los moribundos movióle á llamar á una persona muy allegada: mandóle bajar de un estante unos legajos y díjole con admirable se renidad: -Yo me muero; sea hoy ó mañana, muy pronto: cuando yó haya muerto, dé V. esos papeles a Santiago de la Iglesia, porque si alguna vez se ha de escribir mi biografía en el Ferrol, yo sé que sera él quien la escriba. » Al otro dia era cadáver. Señores: los ruegos y los deseos de un hombre en el momento en que traspone los umbrales de la vida tienen algo de sagrado. Yo considero como tal el deber de escribir la biografía de Suarez, de la cual es síntesis lo qte yo diga esta noche y pequeño anti cipo del pago de mi deuda. Dignaos aceptarlo en tal concepto y facilitarme con vuestra benevolencia el cumplimiento de mi difícil misión. , El postrer deseo de Suarez es prueba evidente de la eterna aspiración humana á supervivir en la me moria de nuestros semejantes, á inmortalizar algo nuestro que escape á las destrucciones del sepulcro. En el momento supremo en que se desatan los lazos que unen los elementos de nuestro ser, podremos anular todos nuestros afectos, todas nuestras pasio nes, todos nuestros inteieses terrenales, menos la ins tintiva tendencia á que sobre nuestra tumba flote y perdure algo de nuestra personalidad .- Yo he aceptado como mandato el deseo de Suarez y empiezo á obedecerlo. . ' Pero además de esta razón, de suyo obligadora, muéveme otra no menos poderosa. Los hombres que informan y dirigen el partido republicano del Ferrol y cuyo voto merece para mi todo género de respe tos habían pensado en principio el dia del fallecimien to del Sr. Suarez García, en saludar el descenso de su
-14 — cadáver á la tierra, con algunas frases de triste despedida y de justo elogio: yo era uno de los de signados para cumplir este deber. Contra mi deseo y obedeciendo al de la familia del finado, en estos ca sos ley, el sepelio que hub ’ éramos preferido de dia, á las 12, realizóse al anccberer y por cbstáci los de la agencia funeraria (que asi influyen en la vida las cosas pequeñas) el entierro terminó en plena roche; millares de personas se estrujaban en las puertas de un recinto como el del Cementerio de disidentes en el que no caben cien. Con las levitas desgarradas por los ahogos de la muchedumbre cariñosa y entusiasta por el muerto, á la que no pudo contener numerosa guardia municipal, en completas tinieblas (i) que ha cia mas densas la luz de un farolillo, sin vernos unos á otros, vacilando las columnas de mármol y los ja rrones que decoran aquellas sepulturas que iban á ser arrasadas no por falta de respeto, sino por ley de toda gran aglomeración de una muchedumbre agui jada por la curiosidad de oir lo que se dijese, rendímonos á la ley de la imposibilidad y dimos la vue ’ ta disgustados por no haber podido rendir este último tributo al muerto y no haber podido complacer á los vivos. De aqui eurjió la idea de suplir aquello en forma mas solemne aunque menos conmovedora y emocional, celebrando esta velada, ofrenda de afec to y de perdurable recuerdo á quien fué un tiempo verbo y expresión de los sentimientos populares de su época, del que fué maestro de muchos, compañero de los campeones que al luchar sembraron la semilla que hoy fructifica y se ostenta llamada á expléndida floración. Las lejanías agrandan á los hombres, las cercarias los empequeñecen, al revés de lo que sucede en ópti ca. Tenedlo asi presente si alguna vez os pareciese exagerado mi juicio. Muchos hombres que pasan por (i) 7 y media de la noche en Mario.
-13grandes os parecerían chicos, si los vieseis á la distan cia á que nosotros vimos á Suaréz.? En los anteriores periodos aparecen claramente los motivos que me impelen á escribir la necrologia de Suarez García. . . Sirvan ellos de exculpación para los atrevimientos que implica mi tarea, pero no por ello he de concep tuarme exento de las reconvenciones de la critica, que desde luego acato, por severas que ellas sean, como justas v merecidas. ,, Tengo, si, el derecho de hacer una afirmación. Al escribir la biografía de D Francisco Suarez, no intento y aunque lo inte ntase seguramente no podria lograrlo, escribir una obra de pretensiones litera ria. Quiero, me propongo desde un principio con vo luntad decidida hacer un pequeño litro de familia. áralo á quienes conocieron y amaron al biografiado, un libro para casa, por decirlo asi, que inspire no el interés de la narración por su forma, sino por los re cuerdos que evoca y por Jos afectos que mueve en aquellos de quienes el muerto fué querido o venera do, un libro que nos persuada á nosotros mismos de que ni todo lo de lejos es grande y digno de admira ción, ni todo lo nuestro es tan pequeño que no me rezca primero estudio y análisis, luego respeto, esti ma y afectos, , . . Y mas es necesario prestigiar asi a los hombres civiles, modestos, hijos del trabajo, en aquellos pue blos demasiado afectos á las oligarquías y propensos á inmortalizar á quienes no por pertenecer áuna clase social determinada y vivir cubiertos de colores y bn llantezes han sobresalido del nivel medio de su tiem po y de su condición, pueblos que, quizá por atavis mos de raza, miran con desden á los que como Cincinato descienden desde la altura del legisladoi á em puñar la esteva del arado. u
Sus principios. — Su juventud — Su vida en América. (1827 -1360) Nació D. Francisco Suarer. y García el 31 de Mar zo de 1827 en la casa número 154 de la calle de la Iglesia, del Ferrol, siendo sus padres el Procurador de los tribunales D. Antonio Suarez y Doña Maria Garcia. . Al igual que sus hermanos D. Jenaro y D. Juan, recibió una instrucción basada fundamentalmente en las ciencias matemáticas y en los idiomas, como estu dios mas aplicables á las carreras de mará que enton ces se dedicaba la mayoría de la juventud ferrolana, estudios áque añadió los del pilotaje y, como natural consecuencia de esta dirección, ingresó de meritorio en el cuerpo de Pilotos de la Armada, que tan bue nos servicios ha prestado en la Marina de Guerra y del cual procedieron insignes marinos que llegaron á la mas alta gerarquia de la Armada. , Embarcado en la fragata Perla (1) sirvió en ella hasta que disuelto el cuerpo de Pilotos, para consti tuir en forma parecida á la actual el Cuerpo General de la Armada, disposición que sobrevino encontrán- (1) 16 dd.Junio de 1845,
16 — dose el citado buque en la estación naval del Río de la Plata, hubo de renunciar forzosamente á sus propó sitos de conquistar una posición por aquel camiuo y desembarcó en Montevideo, mereciendo una certifi cación honrosísima de su inteligencia y conducta (i). El destino, la casualidad, le colocaban por modo inesperado en condiciones de emigrante como tantos otros jóvenes de su edad y condición que iban á Amé rica en busca de un porvenir y una fortuna muchas veces logrados por hijos de Galicia. Tenia entonces veintiún años. En las circunstancias en que se encontraba ofreciósele el comercio entonces próspero de aquellas inexplotadas tierras como esperanza de prosperida des. La respetable casa comercial de Gradin, en Mon tevideo,le abrió sus puertas y aunque tan joven, con fiábale á los pocos meses de su entrada la caja y teneduria de libros, cargo que debió desempeñar en muy especiales condiciones, puesto que al abandonarlo amistosamente (2) seis años después para entregarse á mas fecundas actividades, Gradin le expedia una declaración encomiástica, manifestindo que «se ha bía hecho acreedor á su amistad tanto por su inteli gencia y prob ida honradez como por su circunspec ción y condiciones morales que le granjearan el afec to de su familia y de cuantas personas le trataban. » Hasta aqui nada nos revela en el joven Suarez el menor indicio de aptitudes literarias, de llamamientos al trato de las Musas, ni de vocación á las luchas polí ticas. Es el hombre de actividad y de honradez que busca la fortuna en el campo mis a propósito para encontr ría y que demuestra que ni tiene que haceráe violencia pira i i vida comercial, ni carece de natura les dispos clones pira e lo. Li gestí m del vasto nego cio de exportación de lis guiños en que llev 1 los poderes plenos y unipersonales de la casa Gradin, ne- (1) 3 de Febrero de 1848. (2) 25 de Junio de 1854. S( I.NIVhKSlÜA K H DhSANriAG; 1)1. ( OMrtSl I 1 V u
— 23 — Plácido López que co.adyuvó mucho á la derrota y al fracaso de éste. No de otro modo se explican las fra ses de gratitud y de afecto entrañable que el General Pujol le consagra en una carta á raiz de los suce sos. (i) No fué esta la única vez que Suarez expuso la vida en defensa de la situación y de la persona de Urquiza, cuya presidencia fué amenazada mas de una vez por conspiraciones en cuyo plan entraba como base el asesinato del Jefe del Poder Ejecutivo. Una prueba del estado rudimentario en que se en contraba entonces la organización entera de los vas tos territorios de la Argentina es el nombramiento de Suarez para el cargo de Asesor de los Tribunales ci viles de Goya, (2) probablemente desempeñados por hombres profanos á la ciencia jurídica, especie de ju rados permanentes que entendían asi en lo civil pro piamente dicho, como en lo criminal. Partidario entusiasta como fué siempre Suarez de difundir la instrucción, aparece en aquel tiempo como obligado miembro de toda colectividad llamada á proteger las escuelas y á intervenir en su régimen, des de la inspección hasta los detalles de adquisición del material de que carecían. Es imposible desconocer que nuestro paisano per tenecía á los intelectuales de aquella época y de aquel medio social: así se le vió escribiendo entonces un tratado de puntuació:! y ortografía, materia de que andaban bastante mal los argentinos, á juzgar por la correspondencia de sus hombres de Estado. Pocos meses mas tarde, la grave enfermedad del contador y vísta de Aduanas dél puerto le obligó á encargarse, sin pérdida cíe horas, de este destino, toda (1) 10 Marzo 1855 «solo merced á los servicios de los buenos patriotas como V t y á la decisión de íos Jefes milita res, ha podido sofocarse en su cuna la anarquía que nos amenazaba.» (2) 27 Marzo 1855. u
-24Vez llegaban los buques á la rada y se hacia forzoso despacharlos, (i) ‘ Dueño de la absoluta confianza del General Pujol, es comisionado en Marzo del 56 para comprobar la extensión y propiedad de los terrenos urbanos, que originaran una complicada cuestión. Por este tiempo aparecen los primeros trabajos periodísticos de Suarez como corresponsal del Diario del Paraná, (2) pero sus aptitudes y la confianza que merecía al Gobierno le alejan por algún tiempo de este género de ocupaciones y le obligan á aceptar la Comisión de Colonizacióa del territorio de las Misio nes. (3) ¿Como y porqué abandonó Suarez estos cargos y comisiones en que otro hubiera labrado una fortuna y porque fortuit' s accidentes aparece en Noviembre del mismo año de 56 entrando como redactor del perió dico El Comercio, en la ciudad de Corrientes, con un sueldo harto modesto? , Es que el periodismo ejercía en él obsesión inesplicable é irresistible atracción. Es que, por acciden tes de la vida, podía él consagrar sus indiscutibles y múlt pies aptitudes á cualquier clase de tareas, pero el periodismo era 'a mas grata y ficil de sus ocupa ciones, aquella para la cual había nacido por ministe rio del d stino. En Coya, en Corrientes, en el Paraná su pluma era muy conocida y tengo indicios, aunque no documentos,- para afirmar que ya en aquella época consagraba sus escasos ocios al cultivo de las letras, ya en verso, ya en prosa; afición segurament ■ no in terrumpida desde que dos años ante i había dedicado ásu protector y amigo un tomo de poesías del géne ro sagrado. / Entró, pues de lleno Suarez en la vida periodísti ca, primero como redactor del Diario de Corrientes, (1) 18 de Septiembre de 1855. (2) Mayo de 1856. (3) Julio 15-1856.
y en él hizo la defensa de la situación Urquiza y la propaganda de todo aquello que condujese al aumen to de la cultura, de la instrucción, del desarrollo de aquel pais, asi en el orden intelectual como en el económico, tarea que prosiguió en El Comercio duran te los primeros meses de r<S5j. No obstante llevarle á la prensa sus aficiones y tendencias, no debia ser muy próspera y fecunda en tonces la vida de los diarios sud-americanos, por cuanto en Marzo del 57 y siendo redactor de El Comer cio, es nombrado oficial del negociado central de Es tadística y seguidamente miembro del Consejo Admi nistrativo de una Lotería Nacional, recien creada, pa ra atender con el 25 por 100 desús productos á la obra de edificar templos en aquellas dilatadas campi ñas recien roturadas, donde ya la población era muy densa y siendo en su totalidad católica, carecía de iglesias, á veces en una extensión de veinte leguas. ¡Contrastes de las realidades de la vida! El hom bre que había de morir proclamando la libertad de conciencia y rechazando todo rito, todo culto exter no, habia contribuido con su actividad y sus aptitu des á la creación de mas templos que algunos vene rados fundadores, obligado por su adhesión á un Go bierno á quien á su vez compelía la opinión de milla res de. hombres creyentes. Poco hubo de durar en este cargo, para tornar al periodismo, dirigiendo el diario La Opinión. Contados meses habían pasado, cuando Pujol le hace aceptar la Dirección de Instrucción pública, (1) en la cual preste, quizá los mejores servicios de su vi da en América: en esta época su Tratado de Puntua ción fué declarado texto oficial en las escuelas de la República El afecto del General Pujol, siempre creciente, lo llevó un año después (2) á su Secretaría de Gobierno (1) 8 de Octubre de 1857. (2) 29 de Diciembre de 1858,
— como oficial mayor, afecto al negociado de asuntos reservados, en donde Suarez adquirió la clave de to da la polít ca internacional respecto del Sur-América: hasta tal punto es esto exacto, que apenas trans currido año y medio, el Ministro de Estado escribía á D. Santiago Dcrqui (que subió á la Presidencia en 1860: <vEn breve coloquio que tendrá con V. el amigo Suarez le enterará á \'. de los negocios de la política, que nadie está mas al corriente que él de los porme nores buenos y malos de las cosas. . . Escuso de ha cer elogios do Suarez; es el amigo fiel, el verdadero Cirineo de Pujol en los tiempos difíciles que atrave samos.» (1) No es posible afirmar sí esta incesante variación de destinos y ocupaciones, si tan vertiginosa y agita da vida, siempre amenazada por la conjura y la insu rrección, que hablan de hacer blanco de sus iras al hombre de confianza del ( General Pujol, fatigó ó no á Suarez, haciéndole pensar en mas reposada existencia. Quizá soñó en mas ancho campo para sus aficiones literarias, nunca por él abandonadas; quizá la imagi nación, siempre aduladora en los jóvenes, le prome tió fáciles triunfos en el periodismo y en las letras de su verdadera patria, en Madrid, llama cxplendorosa que á tantas mariposas atrae para quemarles pronto las alas. Fuese esto ó no, ello es que el General Pu jol solicitó para Suarez, á instáncias de éste, la Secre taria de la Embajada Argentina en Madrid, merced que sin dificultadle concedió (2) el Presidente Urquiza que tanto le estimaba: sin embargo de esta con cesión, azares y exigencias de la política le obligaron á aceptar la Secretaría de la Legación Argentina en Paris, (3) ya que la de Madrid no pudiese ser por el momento. (1) Carta de 26 de junio de 1859. (2) Marzo de 1859. (3) Abril de 1859.
-TI — Pidió prórroga Svarez para posesionarse y le fue concedida por el Ministro Plenipotenciario entrases cariñosísimas. . Estaba escrito en el librQ de sus destinos que an tes de partir experimentase una de las mas amargas decepciones de su vida y que se embarcase para la península tan pobre como saliera de ella quince años antes, después de algunos meses perdidos en inútiles negociaciones para proporcionarse los recursos de que carecía. _ Forzoso se hace reconocer y contesar que el hom bre que después de haber desempeñado los cargos que quedan enumerados y de haber merecido la con fianza de los hombres de Estado de una nación como la Argentina, no utiliza esa confianza, no abusa de su posición y no se crea un capital, sobre todo no te niendo vicios, como nunca los tuvo Suarez, posee una honradez poco común y un fondo de moralidad que es imposible desconocer . , El afecto del Presidente Urquiza se revelo una vez mas en los últimos dias de la permanencia de Sua rez en América, confiándole la misión, bien escasa mente retribuida, de escribir y publicar una ó mas revistas mensuales en los periódicos de mas crédito de España acerca de las riquezas y producciones de la Confederación Argentina, con el objeto de estiechar los lazos comerciales y el tráfico con la antigua metrópoli. , Embarcó Suarez para la Península en un buque velero de los que invertían setenta y mas días en la travesía, trayéndose el mismo capital con que partie ra á América en Junio de 1845, después de una vida tan laboriosa como la que dejo bosquejada y de ha ber desempeñado cargos tales como el de Presidente de la Junta de Colonización, en los que hubiera labra do una fortuna quien no tuviese sus convicciones y sus austeridades. • (1) Junio de 1860. u
Al regresar á su ciudad natal, era su propósito abrazar á su familia, descansar unos dias y emprender en seguida su viaje á Paris para posesionarse del cargo de Secretario de la Embajada Argentina, para el que fuera nombrado el año anterior. Este empleo conti nuaba desempeñado interinamente gracias á la bene volencia del Ministro D.' Juan Bautista Alberdi, á quien encomiástica y cariñosamente fuera recomenda do por el Presidente de la Republica señor Vrquiza. .■Si el estilo es el hombre, escribía Alberdi á Suarez, concediéndole prórroga, su carta de V , bien es crita y bien sentida, me dá de su persona la mejor idea: pero nada como el precedente de tener V. la confianza y la amistad de mi ilustre amigo el señor Presidente, (i) Esta prórroga, extraordinariamente prolongada á instancia de Suarez, é inexplicable á primera vista, tiene un origen que no debe omitirse, si ha de for marse cabal idea de la vida de mi biografiado. Suarez, que siempre vivió sobriamente, invirtiera sus escasos ahorros en comprar terrenos desiertos é incultos en el Paraná, con la esperanza de que el au mento de población acrecentaría su valor al cabo de pocos años. Tal ha sido el origen de algunas cuan tiosas fortunas rápidamente constituidas en el Sur de América por muchos españoles. Pero, á penas es preciso decir que, cuanto mas desiertos y alejados de los poblados y de las vías se hallasen los terrenos, mas pequeño debia ser su precio y mas lejano el y lazo en que este se acrecen tase . Y tan excelente debió ser la compra de Suarez que cuando al marchar á Paris quiso realizarla, no encon tró comprador, ni en buenas ni en malas condiciones. Para estas inútiles tentativas de venta había él solici tado la prórroga referida. (1) Fecha 7 de Agosto de 1859.
La especial filosofía de Suarez le hizo resignarse bien pronto á la pérdida de sus esperanzas, al sacri ficio de los mas hermosos años de su juventud, a en trar, en fin, en el Ferrol, tan pobre como había salido. . . „ Al abandonarla república Argentina, no era ya tan favorable para Suarez la situación política como lo fuera hasta allí. Su entrañable amigo el General Urquiza iba en breve á ser reemplazado en la presi dencia, sin que le valiesen los prestigios de sus victo rias en Pago Largo, en el Sauce, en India Muerta, en Laguna Limpia, en Vences, ni su patriótico pronun ciamiento contra el tirano Rosas, ni el haberle derro tado en la memorable bata la de Caseros, como no le impidió su brillante historia de general y su civili zadora obra de estadista el ser asesinado con sus hijos en 1870. ¡Tal es la sangrienta y no interrumpida hisloria de nuestras provincias americanas. , Quien quiera que sucediese á Urquiza, ni aun el mismo D. Santiago Derqui, conocedor y amigo de Suarez, no habia de sentir por este los tiernos alectos que Urquiza, ligado al ilustre ferro laño por gratitu des inolvidables. . Al variar la persona que ocupase la 1 residencia, harto sabia Suarez que seria renovado todo el perso nal político, especialmente el del Ministerio de Es tado. ■ , 1 • ' Y menos ignoraba todavía, los cambios a que es taban llamadas las corrientes de la opinión, sobre to do si se rompían, como estaban á punto de romperse, las hostilidades entre Buenos Aires y las demas pro El porvenir se le presentaba amenazador y cubierto de nubes, para que le fuera lícito hacerse ilusiones. No debieron ser ciertamente muy risueños los in terminables dias de su larga navegación de regreso, con los que termina el curioso periodo de la vida de Suarez en América, periodo harto significativo para el concepto délas condiciones intelectuales y morales
— 30 - de quien como él había marchado para allá casi niño, y allá había desarrollado sus aptitudes y facultades en esfera muy superiui á lo que pudiera esperar el que conociese las luces, los recursos, la base, en fin, con que partiera á los diez y siete años. ¿Que mas podía pedirse al pobre joven aspirante á piloto? ¿Cual podia ser al partir su bagaje intelectua'? InvestigémOslo ya (¡ue el Ferrol carezca de una verdadera historia lecal. La cultura del Ferrol es muy reciente: data de mediados del siglo presente. Cuando á fines de la pasa da centuria eran cultivadas las letras hacía largo tiem po en muchas ciudades de la región, aun prescindien do de las Atenas gallega, desde luego de escepcional importancia, el Corregimiento del Ferrol, en un infor me que se le pidiera por el Gobierno de Carlos III (i) aseguraba que en toda la comarca no había escuelas de primeras letras, que en la misma ciudad, á pesar de su población, no habia posibilidad de enseñar á los jóvenes la gramática y la latinidad, base (dice el do cumento) de todo estudio y proponía «que se estable ciesen escuelas de primeras letras que contribuyen á aminorar los desmanes y que se corfiase á los frailes de S. Francisco el establecer clases de gramá tica. » Viniendo á mas reciente época, á los tiempos de la educación de Suarez (1833 á 1845) 110 era > n * mucho menos, igual al presente el nivel de la instrucción de las clases selectas y pudientes, de ‘ las cuales habían de salir, andando el tiempo, los oficiales, los almiran tes de nuestras escuadras. El texto de Gramática era un folletito de Herranz y Quirós, de pocas páginas: el de Geografía, Ciscar; en los estudios del pilotage á penas si se llegaba á los elementos de la Trigonometi ¡a y á la resolución tri gonométrica de los triángulos rectilíneos, saliéndose del paso por medio de las tablas de Mendoza. Los (1) 1770. . ' |
estudios literarios estaban en mantillas, si en que á mantillas llegaban. , . ¿Quien con menos capital de instrucción hubiera hecho mas que Suarez, ni aun tanto como el? P.l hombre que con tan pobre base, confiado a su propio esfuerzo, á un estudio individual hecho en ho ras robadas al sueño, se eleva sobre el nivel de sus contemporáneos y por efecto de sus propias aptitu des v naturales talentos constituye en America un ele - mentó importador de cultura, de progreso, de civili zación; el hombre que, bajo el benéfico influjo de un. atmósfera' de libertad, se dignifica y se impone con su personal esfuerzo, debiéndoselo todo a si mismo, ese hombre, preciso es reconocerlo, no es un hombre vulgar; puede decir con Andrés Chemer, señalando su cabeza: aqui hay algo! c-aitdayo te Ferrol
-39piilar, y en Santiago el catedrático de farmacia don Esteban Quet y Pablo Munin, nunca bien llorado, y cien otros más educaban, creaban la juventud repu blicana con elementos apenas entrados en la adoles cencia y organizaban como partido a los hombres en trados en el goce de los derechos políticos. Innecesa rio es recordar cómo la nueva doctrina, que prestigia ban los hombres más esclarecidos de la pasada gene ración, desde el brillante Castelar al sesudo é incom parable Orense, desde el sabio y profundo Pi Margall al creyente Garrido, apostoí del más honrado so cialismo (á quien hoy nadie consagra un recuerdo) desde Higueras á Suñer; cundió en las masas y se apoderó de las almas y de los corazones. ¡Hermosa época de despertamiento de la somnolienta patria de Carlos IV, que pasó para no volver en aquella forma! Porque la idea federal era, sí, un partido, y un par tido potentísimo,pero era, porotra parte, una especie de religión délas muchedumbres, preparadas á ella tanto por los excesos de autoritarismo dé los poderes públicos, cuanto, y esto más (¡ue nada, por el absorvente centralismo copiado del sistema francés napo leónico; hasta un punto que jamás había existido ni en la edad media, ni en la edad moderna. Si; entonces se era ó monárquico ó republicano fe deral: no había términos medios ni colores mixtos en ■ la gama crómica de la política. , Ea doctrina fedcr.al fue en España algo parecido al despertar del pueblo francés a la Revolución in mortal de 1789: era, sí, doctrina, escuela, sistema,pero era ante todo sentimiento, amor exaltadísimo á una idea que solo podian exponer, razonar y defender en tonces contado numero de intelectuales (como hoy se dice) . ¡Crán lejos estaba entonces del cerebro de sus pro pagandistas el concebir que aquella doctrina distrazada7 vestida, con otras ropas, h ibia de constituir el cre do con que hoy creen solucionar todo problema polí tico, carlistas y dinásticos, republicanos y monárqui-
— 40éos, literatos é inalfabetos y que en alguna región y con tendencias sospechosísimas habría de ser patro cinado por un obispo! ¡Que de todos estos elementos se compone el hoy flamante y novísimo regionalismo! No es que lo diga yo, humilde soldado de la hues te republicana, lo dice quien más autoridad tiene pa ra elio (r) y yo no puedo resistir al deseo de honrar estas páginas repro ^uciendo las hermosas lineas que siguen, por la significación grandísima y el palpitante interés histórico que "encierran, hoy que muchos re publicanos no se atreven á formular opinión sobrólas presentes tendencias región alistas. «La idea federal el año i ; 868 halló tan abonada la tierra española para recibirla, que á los cuatro meses de haber surgido, tenia 70 diputados en las Cortes Constituyentes, y poco tiempo después, ponia en un alzamiento 40.000 hombres sobre las armas. Prendió, sobre todo en Cataluña, donde se había restablecido los juegos florales de la Edad Media, se había dado nueva vida á la lengua y la literatura .catalanas, y se habia infundido ardiente amor á la pequeña patria. Sufrió la idea federal en los primeros dias del año 1874 una terrible derrota, y tardó en reponerse. En Cataluña, en tanto, seguían los juegos florales con más entusiasmo y brillo que nunca, y se avivaba todos los dias más el sentimiento regionalista. Dedicábase a la antigua nación catalana sentidos y enérgicos can tos, y escribian en cataláu así poetas como pro sistas. * . En ese movimiento mitad literario, mitad político, entraron carlistas, constitucionales y republicanos, y fueron poco á poco formando un partido que, sin apartarse del federal en la reorganización del Estado y la autonomía de las regiones, declaró indiferentes (1} La Nonvelle Revué Internáiimale. -L'Pspagne par Pi Margall-1900.
las formas de Gobierno, y mostró poco apego a las libertades públicas, de que tan celosos estamos los fe derales. . . De ese partido, que tomó el nombre de regionaUsta. nació después el catalanista, que en realidad no difiere del otro sino en ser más activo, más enérgico, mas apasionado por Cataluña, tal vez más amante de las antiguas instituciones. ¿Qué quieren esos catalanistas? Transcribo su program i. D Jan á cargo del poder central las rela ciones intern icionales. el ejercito de mar y tierra, las obras públicas de carácter general, la resolución de todas las cuestiones y conflictos interregionales, el actu d presupuesto nacioaal de los gastos públicos, a los cuales, dicen, hibrán de contribuir las regiones á proporción de su riqueza . En las relaciones interna cionales incluyen las económicas, es decir, las arance larias. . Entienden que corresponde al poder regional el régimen interior de Cataluña y el derecho de consti tuirla conservando el temperamento expansivo de sus leyes y acomodándolas ásu manera de ser y á sus ne cesidades. z Q lieren, en su consecuencia, que tenga carácter ofici d la lengua catalana; que sean catalanes los que alli ejerzan loS cargos públicos: que en Cortes catala nas se estatuya su derecho civil.y se resuelva cuanto atañe a la orginización interior de su tierra, que cata lanes sean los jueces y los magistrados y dentro de Cataluña ^e filie en últimi instancia pleitos y causas. Queremos, añaden, ser árbitros de nuestra adminis tración, imp mer las contribuciones y los impuestos que mejores nos parezcan y contribuir a la formación del ejército de Españi con voluntarios ó con dinero, sin que nunca quepa hacer quintas ni levas en masa ni exigir que la reserva regional forzosa preste ser vicio en otras regiones. Ajustado al sistema federal habla ese partido.
Acúsasele de ser egoísta y aun de tender al separatis mo, pero injustamente. Quiere para las demás regio nes de la Península y las islas adyacentes la autono mía que para Cataluña; y las quiere todas enlazadas por un poder central y unidas á España. De separa ción no hablan sino individualidades exaltadas, y aun éstas para casos en que Cataluña seria la primera víctima. . ...... A la influencia del catalanismo se debió, sm duda, en primer término, la cuestión del concierto económi co, que recientemente dió lugar á tanta agitación, tantos debates y tantos disgustos. Con la pretensión de ese concierto se dió el primer paso hacia la auto nomía de Cataluña. Pidió un día la Diputación provincial de Barcelo na que el Estado le confiara la cobranza y el reparto de las contribuciones directas, además la investiga ción de los fraudes de los contribuyentes. Crecieron al punto las aspiraciones. Centros respetables y Ayuntamientos hablaron ha poco de una Diputación para toda Cataluña, del derecho de conservar las le yes forales y del de hacer uso oficial de la lengua ca talana. . Andaba entonces Polavieja pretendiendo la I resi dencia del Consejo de ministros y creyó haber encon trado en esas pretensiones de los catalanes un escalón para subir á los pies del trono. Les prometió, cum plirlas si llegaba al poder, y de aquí el conflicto. Po lavieja fué ministro, pero no presidente: no logro vencer la oposición de sus colegas, ni pudo conseguir sino que Sílvela, hombre débil si los hay, medio asin tiera al concierto económico. Por formal promesa tomaron los barceloneses las vacilaciones de Sílvela; y como no la vieron cumplida recurrieron al insólito medio de negarse al pago de los tributos. . , Detallarlas peripecias de ese conflicto sena tarea larga. Baste decir que se suspendió en Barcelona las garantías constitucionales; se decretó después el esta
-4^ do de guerra; se declaró reos de sedición á los rebel des, se los prendió y se los sometió á un consejo de guerra; se les cerró mas tarde los establecimientos, y al fin se los puso en libertad sin que se conociera la causa. Puesto que aqui cesó la resistencia, de presu mir es que se comprometió el gobierno á realizar el concierto. . Lo de notar es que ahora los barceloneses empie zan á dudar de que el concierto les sea beneficioso. No lo es, á mi juicio, si sólo se les concede que recau den y repartan las contribuciones del Estado é inves tiguen los fraudes. El concierto podría traerles ven tajas sólo cuando descansara sobre las bases del de las Provincias Vascongadas que recogen la cuota que les corresponde en los gastos de la Nación por los tri butos que les paiecen de mas fácil cobranza y son menos gravosos para los contribuyentes. Ya que no el concierto de Navarra, que desde el año 1841 paga una cuota fija, hoy la de dos millones de pesetas, de bieron pedir los barceloneses el de 41ava, Guipúzcoa y Vizcaya. El derecho de cobrar é investigar, lo tie nen todos los arrendatarios de contribuciones. Para que todo resultara aquí anómalo fueron los barceloneses cortos en pedir, y el Gobierno torpe en no conceder lo que con tanta cortedad pedían. Poco menos que caso de guerra lo hizo cuando en sus pre supuestos propone el arrendamiento de todas las con tribuciones. . _ . ¿Como se resolverá la cuestión? Los catalanistas continuarán defendiendo su programa y diciéndose extraños así á las negociaciones y las cábalas del Go bierno, como á la estéril resistencia de los contribu yentes al pago de los impuestos. Quieren no sólo, la autonomía económica, sino también la política, á la que dan justa preferencia. No es fácil apagar el fue go. O mucho me engaño, ó esta agitación acabará por la autonomía de todas las regiones de la Península. Propágase el incendio á todas partes, y en todas encireíitra los combustibles hacinados durante treinta
años por los federales. La centralización es ya impo sible.» - , Y concluida esta digresión en la que el gran fi'ósofo explica tan exactamente las metamorfosis y deriva ciones del primitivo federalismo, digresión también necesaria para copiprender las modificaciones del cri terio del propagandista ferrolano, sigámosle en su tarea . , , El partido republicano federal del Ferrol fue de los mas pujantes y entusiastas que existieron en ciu dad alguna de su categoría y población. Constituía un hermoso despertar á las ideas de li bertad, igualdad y fraternidad, especie de triada que contenía en germen yen símbolo todos los futuros desenvolvimientos de la actividad y del progreso hu mano. . Para aquella muchedumbre, congregada bajo la bandera republicana federal, bien pronto no hubo lo cales suficientemente amplios en la ciudad. Allí se confundían en admirable consorcio los hombres inteli gentes y de la clase media, las avanzadas del movi miento político universal y las tendencias socialistas que en Madrid simbolizaba de muchos años atrás el in cansable defensor de las clases obrerasr Fernando Ga rrido. Aun no llegara.á España la voz de Karl Marx gritando: «á un lado los individualistas y á otro los colectivistas». Aun no aprendiera el obrero el dogma exclusivista de que fia redención de los trabajado res ha de efectuarse tan solo por los trabajadores-,. En las vírgenes entrañas de aquel partido de ad mirable fecundidad, dormían los gérmenes de todas las actuales fracciones del colectivismo y hasfa los embriones dél anarquismo teórico, ultimó desarrollo de la instintiva tendencia humana á la libertad. Era _ aquéllo para España, algo como el período cosmogó nico inicial respecto a los sistemas sociológicos, ó como la era paleozoica del actual mundo político, Por ley humana por ley biológ.ca, la diferencia ción habría de venir mas tarde.
_45Los que hoy acusan dé atrasado, de despótico al socialismo de Pab o Ig'esias, encontraban entonces modernísimas é inmejorables las doctrinas que pro pagaban Suarez y sus compañeros de evangehzacion política. . . , . Aun no viniera la experiencia tan rápidamente ad quirida por la aclual generación á introducir ^esconfianza en las almas con el ejemplo de los ídolos populares, primero rectificados y luego desmentidos en las esferas del poder. Aun no cometiera el gran Castelar el grave error le afirmar que estaba termina do el edificio de los derechos políticos y garantida suficientemente la libertad... ¡bajo el cetro délos BorbonesP.. y que lo único que urgía era la obra econó mica; aun se le escuchaba como el pueblo judío á Moi sés v aun era ídolo de las adoraciones populares. Aun no aprendiera el trabajador que el derecho político es ilusorio sin la emancipación económica: aun no constituyera las sociedades de resistencia con tiue hoy se impone al patrón, ni se le ensenara que el arma del sufragio no es un fin, sino un medio de lle gar á la conquista del pan y á la dignificación del obrero. . ' ■ i i ¡Oh hermosos tiempos de despertamientos de las muchedumbres, tiempos de fáciles apostolados y po co difíciles apoteosis!, . . . Fn aquel período de fecunda elaboración y ele vertiginosa actividad del partido republicano y de SuaTez hay un hecho histórico que sobresale y desta ca: la jura de la Constitución de 1869, principalmente odiada por consagrarse en ella la forma monárquica como fundamento de la nacionalidad española. ’ Asi los republicanos como cuantos sin serlo no estaban obcecados se decian que no era necesario de rrocar un trono para imponer una Constitución libe ral á una reina necia, débil y voluble. Y cuantos vefan á lo lejos, pensaban que antes se perdía que se ganaba al expulsar á un prelado fanáti co y á una monja astuta, si se abria la frontera a Jos
jesuítas y á todas las órdenes monásticas excluidas por la misma Roma en el Concordato, echando asi los cimientos de la reacción que treinta años mas tarde se apoderaba de España como no lograra hacerlo en el reinado de Isabel II . . . Jamás gobierno alguno de origen revolucionario ha concitado mas enérgicamente que aquél las protes tas y las cóleras de un pueblo para el cual una Cons titución monárquica y una dinastía extrangera consti tuían cruel realidad tras el hermoso sueño acariciado durante dos años. . Y tanto mas violenta era la cólera en los republica nos, cuanto que entonces hubiera parecido utópica, absurda, monstruosa la profecia de que al final del siglo se encontraría España en peores condiciones que el 68, con mas reacción, con mas vergüenzas en su historia, perdidas sus colonias, desaparecido el oro de la circulación, deshecha la obra de Carlos III,en el trono un niño Borbon, en la regencia una extranjera, y dirigiendo las intrigas palaciegas el P. Montaña, lo mismo que las dirigiera doscientos años antes el P. Nitard. Esto no cabía entonces en nuestras cabezas. ..O todo ó nadaera nuestro lema en teoría y en la práctica. . , , «.O todo ó nadase titulaba un estudio histórico político debido á la pluma del conocido escritor repu blicano I). Enrique Rodríguez Solís, que tuvo inmen so éxito y entusiasta acogida entre los republicanos de toda España. . Y llegó el momento, crítico para las ciudades de vida oficial, en que ge jurase por todos los funciona ■ rios y dependientes del Estado aquella Constitución odiada y maldecida, que iba a obrar en tal estado de los ánimos y de las conciencias, como el hierro enro jecido en una herida reciente. , En el Ferrol, como en muchas otras partes, había forzosamente de originar disgustos y conflictos con la fuerza armada, esclava de la ordenanza.
— 47 — ks curioso detallar los hechos. _ La víspera de la jura el partido había acordado dejar en completa libertad de acción á los afiliados de la maestranza y cuerpos auxiliares de la Armada para jurar ó nó la Constitución. Con gran sentido práctico decia Suarez: — ^Jurad los que en ello tengáis compromiso y en ello aventuréis el pan de vuestros hijos. En último estremo ¿á qué os obliga eso.' ¿Ao han jurado los militares las pasadas constituciones y ello no fué obstáculo para destruirlas y para identifi carse eon la revolución de Septiembre y derrocar la pasada dinastía?» Era el medio dia del 20 de Julio de 1869: las , tro pas ibaná jurar el código fundamental: nada obliga ba á que el acto que iba á realizarse en la esplanada del Dique lo fuese estando abiertas las puertas del Arsenal, que sabido es se cierran los domingos. La muchedumbre acudió avanzando hasta la fuente de la Fama: allí estaba Suarez, con las insignias de la pri mera autoridad popular, para evitar un disgusto in necesario y estéril. Imposible fué evitar alguna pe drada y algún grito colérico. El General Chicarro, que ala sazón mandaba el De partamento, envió su ayudante á decir al Alcalde que ó él hacía retirar al pueblo ó lo obligábala fuerza ar mada. — Diga V. al general que la fuerza puede pasar cuando quiera por encima de mi cadáver, pero que la discreción debiera aconsejarle cerrar esas puertas que son una provocación á las pasiones populares. Ya la multitud se enterara de estas contestaciones, ya la exaltación cundía: un convecino, que militaba en él partido amadeista, al penetrar en el Arsenal había sido herido de una pedrada: por momentos se aveci naba el choque. . . . , Suarez, profundo conocedor del arte de dirigir a las multitudes, llamó á un joven de su confianza y le ordenó fuese á buscar la bandera del partido y algu-
-448 — hos músicos de la banda que acompañaba las manifes taciones, entonces tan frecuentes A los diez minutos había sido obedecido y un mo mento después la multitud, á los sones del himno de Riego, marchaba... hasta el soto de Serantellos, de donde no regresó hasta la caida de la tarde, entrete nida con los discursos de los mas exaltados, para re cogerse en el local del partido, sito en el baluarte de la Puerta Nueva. Aquel dia F rrol y el partido con trajeron una deuda con Suarez, evit indo el inútil de rramamiento de sangre generosa. La firmeza de convicciones de múchísimoj repu blicanos obreros del Arsenal, que se negaron á jurar la constitución de 1869, trajo como ob igáda conse cuencia el despido de los protestantes contra el nuevo é impopular código. Numerosos obreros viéronse en la miseria y obligados á postular en el Fer ol y en la Coruña. Suarez concibió entonces un acertado plan de talleres cooperativos de las diferentes in lustrias apli cables á la cooperacción. Inicióse la suscricción con brillantes resultados, con el beneplácito y protección de cuanto más distinguido y respetable había en el Ferrol así en el orden oficial como en el científico y económico. Desde el general Chicarro y los Ingenie ros de la Armada, hasta el modesto obrero, cuanto en Ferrol había de riqueza, de .profesional, de popu lar, todo el mundo, en una palabra, se suscribió men sualmente llegando á sumarse una respetable canti dad. (1) No pudo llegar á feliz término el pensamiento: la mayoría de los obreros, parte es mcialísima y básica del proyecto, exigía que la tolalidid de los ien limientos se distribuyese á prorrata entre ellos, mientras que los c eadores y patrocinadores del pensamiento habian esta lecido que una parte de las utilid 1 le , se (1) El interesantísimo álbum encabézalo por la Memo ria de Su irez, se hdndió en el m ir cu indo la c-ttisirofe del Borussiaen la que sucumbió D. J.Peña.
el Depósito, á la compañía de Guarda-Arsenales, con sus clases, á toda la Maestranza que tomó parte en los sucesos y hasta á los paisanos á quienes por ca recer de recursos hubo de asignárseles un sueldo pru dencial. . , . • ¡Pequeño sobrante, a fe nua, debió haber para ci mentar una fortuna'! 172.000 pesetas ó sea treinta y cuatro md duros importaron las sustracciones y los deterioros, que oficialmente constan sufridos por buques,'talleres, al macenes y edificios. ¡Cuán considerable parte de esta cantidad no pudo ser producto de involunUrios extra víos y deterioros en el tiempo que media desde la sali da del último insurrecto hasta el 30 de Noviembre en que, normalizada la factoría, se cerraron los nuevos inventarios! , . Tan razonable es la hipótesis, cuanto que es po sitivamente cierto que el Almacén General, donde tan considerables extravíos y deterioros se comprobaron, no fue abierto por los sublevados: había de ser desce rrajada su puerta en la mañana del dia en que se ve rificó la huida, para elegir un pantalón de marinero con que sustituir al de uno de los jetes del movimiená quien se había rasgado el único que poseía. Ni para eso hubo tiempo. ¡Y sin embargo, de allí se habían evaporado efectos por valor de muchos miles de du ros! ., . . Quéde esto á la discreción y a la conciencia del que lea. , La elocuencia de las anteriores cifras supla a cuan tas consideraciones quisiera yo hacer y que pudieran ser tomadas como hijas de la pasión ó del deber político. . . . ¡Son tán mezquinas esas cantidades que solo el in feliz mendigo para quién mil pesetas sean un tesoro, puede hacer sobre ellas cálculos y distribuciones ima ginarias! ., Yo aprovecho gustoso esta ocasión para realizar un acto no de defensa sino de justicia, aunque no lo
necesitan los sublevados republicanos de 1872. Es bien cierto que la historia solo dice verdad sobre las tumbas. Pero aun en el supuesto de que los republicanos sublevados en el Ferrol se hubiesen aprovechado de los veintidós mil duros existentes en numerario y llevádose en los bolsillos los proyectiles y pólvora gas tados en la defensa, los edificios y los efectos dete riorados (puesto que todo ello se incluye en el men cionado total) ¡cuánto más importó á la Hacienda es pañola el premiar aquella victoria, émula dé las de Austerliz, Jena y Wagram! Los que han acusado-de rapacidad á los subleva dos del Ferrol ¿conocen algún caso histórico en que las tropas ó los elementos de fuerza al apoderarse de una plaza no se hayan amparado de los caudales del Estado para subvenir á las necesidades de los vence dores y á las exigencias de la guerra? Y después de esta necesaria é importante digresión que afecta al buen nombre y honor de tantos hombres de acreditada honradez, prosigamos. Sostuviéronse los sublevados cuanto tiempo fué necesario con exceso para que la nueva llegase á toda España y aun á todo el mundo. El general Sánchez Bregue se limitó en tan to á sitiar y hostilizar el Arsenal, sin pensar en tomarlo por asalto con los medios de que dispo nía, dadas las condiciones de defensa de nuestra fac toría naval, en cuyos defensores sobraban Valor y re cursos; y no es exacto que huyeran al aproximarse aquél al Ferrol, como con lamentable ligereza afirma, hombre de tañía valía como el ilustre historiador de la Revolución Española Sr. Blasco Ibañez. ’ Defendiéronse los sublevados mientras abrigaron remota esperanza de extraño auxilio, mejor dicho, de que otras poblaciones y otros elementos respondieran á los compromisos contraidos, Y en esta defensa, aun descrita someramente, sería injusta omisión el no conmemorar el valor y la pericia
en el Ferrol inolvidables, con que el ex-maquinista D. Vicente Tellado, el condestable D. Juan Lamare y el contramaestre 1). J. Montero, jefes revoluciona rios de la fragata Carmen, la armaron en breves ho ras, trabajando noche y día; y la bravura y habilidad superiores á todo encomio con que batieron los fuegos del baluarte del Infante y del Cuartel.de batallones. Todos ellos duermen, como Suarez, el sueño eterno. Pocos dias, muy pocos habían transcurrido, y ya el resultado era previsto. Abandonados los republicanos del Ferrol á sus propias fuerzas, desautorizados por las primeras figu ras del partido en el parlamento, por el mismo Pí, quien seguramente en su profundo conocimiento de la política veía acercarse fatalmente la caída del t roño; privados del concurso de los comprometidos á secun darles,especialmente en Galicia, y libre el Capitán Ge neral Sánchez bregua para concentrar en el Ferrol to das las fuerzas de la región sin que nada ni nadie con tribuyera á disminuirlas, era forzoso pensar en la hui da y tan solo en ella. Huyeron, pues, los sublevados del Ferrol, atrave sando la ría y desembarcando en el Seijo: en la última lancha embarcó Suarez. Al mismo tiempo enviaba el General Sánchez bregua á cortarles la retirada una sección de caballería, la cual llegó á atacarles por la es palda ya en las inmediaciones de Puentedeume. Los fugitivos ocuparon las alturas de la izquierda, cambiá ronse algunas descargas que causaron la muerte al herrador de la sección y á un guardia civil, y aquellos se desbandaron tierra adentro sin entrar en Puente deume, ocupada por algunas fuerzas y por la citada sección, que penetró en la villa bastante á prisa. En aquella precipitada marcha emprendida desde el Seijo, rompióse uno de los talegos en que eran conducidos unos dos mil duros en plata, sembróse parte de su contenido por el camino atravesado por los fugitivos y los infelices labradores de nuestra tie
— 58 — rra, acostumbrados á dar tan crecido valor al dinero, contribuyeron á fomentar la leyenda de que los suble vados se llevaban los tesoros de Creso. Muchos días después, aun los aldeanos escudriñaban el trayecto en busca de monedas de medio duro, como las encontra das por los primeros afortunados. A • campo traviesa y evitando caminos, alejóse Suarez de la carretera; pero la desgracia de dislocarse un pié al saltar un vallado obligóle á permanecer dos dias oculto en casa de un hospitalario labrador, de donde, una vez algo mejorado y á caballo, atravesó la provincia de Lugo, llegando á Mondoñedo y ocultán dose en casa del Sr. Carranque. Más tarde pudo lle gar por tierra á Santander y por fin á Madrid -donde inmediatamente se unió á cuantos conspiraban contra el actual orden de cosas, que rápidamente se derrum baba. Pesaba sobre él la amenaza de una condena de muerte como sobre tantos otros; pero esto no le impedía salir de su refugio con algunas precaucio nes. Tal es la abreviada narración de aquellos memo rables sucesos. El respeto afectuoso que me inspira el Sr. Blasco Ibañez, tan digno de estima así literaria como políti camente, no ha de ser obstáculo á que haga contras tar lo antedicho, con lo afirmado por él en los cortos párrafos que á la insurrección del Ferrol dedica en su «Historia de la Revolución Española^ y que reproduz-* co á continuación. Quede á la memoria y al juicio de los supervivien tes de aquellos sucesos el juzgar al ilustre historiador. «En esta situación el 12 de Octubre de 1872, ó sea poco después de la apertura de las Cortes, estalló en el Ferrol una sublevación republicana preparada por el elemento intransigente. El coronel retirado Pozas y el capitán de fragata D. Braulio ? ontojo subleva ron las fuerzas del Arsenal, que sumaban unos mil quinientos hombres, apoderándose de dos fragatas, un transporte y varios cañoneros. u
-59- • La sublevacién fracasó desde el primer instante, pues el vecindario abstúvose de tomar parte en ella y no produjo eco en ningún punto de España. I a noti cia de esta sublevación, que causó gran estrañeza, lle gó á Madrid el 14 de Octubre, y al dia siguiente Pí Margall en la sesión del Congreso se apresuró á ma nifestar que estaba tan sorprendido como el gobierno, pues el Directorio del partido federal no había tenido conocimiento hasta entonces de los sucesos del Ferrol; añadiendo que en una época en que era universal el sufragio, y la prensa y la tribuna libres, la insurrec ción dejaba de ser un derecho para convertirse en un delito. aEstas palabras produjeron una gran protesta en el seno del partido federal. Muchos de los antiguos benévolos pasáronse á los intransigentes; las censu ras contra el Directorio fueron muy apasionadas; en provincias suscribiéronse protestas contra las autori dades del paitido y en Madrid circularon unas hojas sueltas tituladas La Gran Traición de Pi Margall. í *E1 ilustre pensador permaneció impasible en me dio de aquella tempestad sin que decayera su ánimo un solo instante y sin importarle perder su inmensa popularidad á cambio de haber dicho francamente su pensamiento sobre una sublevación que,aunque orga nizada por el elemento intransigente, había sido favo recida por los alfonsinos. «Pi Margall para purificarse convocó á la minoría republicana de ambas cámaras, sometiendo á juicio las declaraciones hechas en el Congreso. Reuniéron se cincuenta diputados y senadores y, por cuarenta y tres votos contra siete, la minoría hizo suyas las pala bras de Pí Margall. Este volvió á hablar en el Congre so el dia 10, haciendo constar graves declaraciones que no implicaban la condenación absoluta de los sucesos del Ferrol, de los cuales era en gran parte responsa ble el Gobierno por haber faltado á sus compromisos, especialmente no aboliendo las quintas.^ como lo ha bía prometido. u
-60- «Entre tanto la insurrección del Feirol terminaba de un modo desastroso. Al aproximarse á la pobla ción las fuerzas mandadas por el general Sánchez Bregua, les insurrectcs se embarcaron en lanchas aho gándose algunos y llegando otros con Pozas á las costas de Francia. El número de prisioneros que hi cieron las tropas del Gobierno fué considerable.» Dejo á la consideración del lector el lamentar con migo estas inexactitudes del ilustre historiador de la Revolución Española, tan exacto y minucioso en otras cosas, á quien ciertamente no faltaban medios de in formación mas apioximada á la verdad de los hechos, medios que me consta le fueron brindados. ¡Triste suerte la de los revolucionarios del Ferrol, el pasar oscurecidos y disfigurados á la historia, des pués de sacrificar generosamente á una idea la vida, el honor y cuanto al hombre es dado sacrificar en aras de una causa, sin que conste siquiera el valor que demostraron y afirmándose por un hombre ilus tre de su comunión que huyeron al aproximarse el enemigo! A menos que se les pidiese que, aislados y desau torizados, convirtiesen al Ferrol en una segunda Numancia. . . Algo mas aproximados á la verdad en la narración de estos sucesos están los señores Valera, Borrego y Pirala en su continuación de la Historia de Lafuente, á pesar de ser hostiles al criterio republicano. «El Brigadier D. Bartolomé Pozas, á quien vere mos poco después sirviendo á los carlistas, y el capi tán retirado don Braulio Montojo, promovieron la sublevación republicana federal de la fuerza de guar dias de arsenales y marinería del Ferrol, arrestando al Comandante General Sr. Sánchez B rcaiztegui, sin que hubiera que lamentar desgracia alguna. Acudie ron en seguida fuerzas á sofocar aquel movimiento, y conociendo los mismos sublevados lo inútil de la re sistencia, sufrieron algunos el fuego de las tropas, apoderándose éstas de noventa fugitivos y de cuatrou
— cientos en el Arsenal; un gran cuerpo de insurrectos vió disputado su paso en el Seijo por los carabineros que lo guardaban, marcharon algunos hacia Puentedeume alcanzándoles la caballería y fuerzas, de la guardia civil y carabineros, rompieion el fuego, y por estar cortado el puente, retrocedieron hacia Ca banas, parapetándose en un pinar sobre un cerro, dispersándose después. Asi terminó aquel insensato movimiento, quedando mas de mil hombres someti dos al Consejo de guerra. Abogó por ellos en las Cortes, Figueras, y el comité republicano de la Coruña dirigió un telegrama á Pi Margall culpán dole por el funesto resultado de la insurrección y que para reparar en lo posible el mal que había he cho, pidiera el indulto «para tantos desgraciados dignos de mereceros por lo menos igual interés que os merecieron los carlistas .» «Era justo este interés de los republicanos coru ñeses, ya que habían abandonado á sus compañeros del Ferrol, que se vieron aislados porque desconfia ron muchos de aquel movimiento y de quienes lo di rigían, condenado en un principio por el mismo Pi Margall y defendido después, fué objeto de no pocas dudas y controversias, produjo disidencias en las filas republicanas é hizo que el Directorio publicara un manifiesto condenando toda insurrección, porque no dependía de la fuerza el triunfo de su causa. » «¿Que política es posible (preguntaba con amar gura el Directorio) dentro de un partido en el que profesando las ideas de que las insurrecciones son siempre oportunas y justas, no falta nunca quien las promueva y las aliente, dentro de un partido en que menosprecian muchos los derechos individuales y los parlamentos y rinden exagerado culto á la fuerza; dentro de un partido albergue constante de agrupa ciones anónimas que socaban en las tinieblas la auto ridad del Directorio y de las minorías republicanas del parlamento? Además de fracasar con ésto los me jores planes, se mantiene en continua excitación al se UNMRSIDADE DE SANTIAGO u
partido sin llevarle de ordinario mas que al cansan cio, á la fatiga; se le desgarra con movimientos aisla dos que concluyen por teiribles catástrofes; se le aparta de la lucha de las ideas, en todo tiempo y en todo lugar lecunda, y se hace que no vaya con fé y decisión ni por el camino de la propaganda, ni por el de la guerra, v Tal fué la doctrina con que los hombres mas emi nentes del republicanismo españnl, á manera de agua fría arrojada sobre encendido rescoldo, respondían á las exaltaciones de los republicanos del b'errol, doctri na que, ni por la autoridad de quienes la sustentaban logró estirpar aqui el feimentó revolucionario, nun ca muerto, pero que ejerció no obstante cierta in fluencia en la conducta y en el criterio de Suarez du rante el resto de su vida. Ahogado el incendio revolucionario de este rincón de la Península, apresuróse el Gobierno á abrir sobre la división de Sánchez Bregua el cuerno de Amaltea. He aquí datos algo curiosos: MINISTERIO DE LA GUERRA Relación de las gracias concedidas á las fuer zas ¿el Ejercito que sofocaron la insurrec ción del Ferrol ocurrida el 11 de Octubre último. Empleos. Grados. De Teniente General .................... 1 » » Brigadier .................................... 2 » » Coronel ........................................ 4 2 » Teniente Coronel .................... 9 16 » Comandante ............................... 14 22 » Capitán ........................................ 24 18 » Teniente ...................................... 13 26 » Alférez ........................................ 16 48 » Sargento iV ............................... 21 40 2/ Sargento 2.° ............................... 45 76 9 Cabo I. 0 . .................................... 15 89 164 337 u
-63CONDECORACIONES Encomiendas Cruces. De Isabel la Católica ........... 6 5 > Carlos III/ ................... 1 3 * Mérito militar para Jefes y Oficiales ............................. 34 » Cruces de tropa, sencillas. 1066 » Idem pensionadas ............... 78 Total de condecoraciones ....... 1 193 Total de gracias concedidas 1.694 Madrid 16 de Agosto de 1873. • G o n z á l e z . * (Es copia. ) Si con 1.694 gracias se recompensó la ocupación del Ferrol y de sus Arsenales sin esfuerzo y sin lucha ¿cuál debiera ser el total de las concedidas al ejército alemán por las victorias que le 1 llevaron tras prolon gado sitio á la ocupación de Paris y que ocasionaron la anexión de Alsacia y Lorena? * » * En tanto los tribunales militares del Ferrol conti nuaban su labor y condenaban á muerte á cuantos no tuvieron la fortuna de lograr huir y se pudrían en las prisiones. Aunque proscripto Suarez y oculto en Madrid tra bajaba por medio de sus amigos, y especialmente de los diputados republicanos, para demorar y entorpener la ultimación de las causas formadas, con la espe ranza de un pronto cambio, que solo 'tardó ciento veinte dias. . Los momentos eran gravísimos. De una parte los radicales, que se creían con de recho á monopolizar el poder,no ocultaban su frialdad para con la dinastía á la menor amenaza de perderlo; de otra la situación gastaba tan rápidamenre á los hombres que en veinte dias se hablan sucedido dos gabinetes,ocho en dos años y al mes y medio de cons tituidas era necesario disolver unas Cortes que eran
-64las terceras de tan breve período. La dimisión de la oficialidad de Artillería, la guerra civil carlista, el ale jamiento y hostilidad de la aristocracia, hasta el de talle de no encontrar en España quien aceptase, el apadrinar al príncipe que dió á luz la esposa de Ama deo el 29 de Enero, todo anunciaba el fin de la di nastía, alentando las esperanzas de Suarez y de los condenados á muerte en el Ferrol. u S( univer sídaie DE SANT1AG ■ DECOMPOS II. «
bía ido de gira á la vecina aldea ds Serantes, denun cióle al Gobernador Civil de la Coruña Sr. Conde de San Juan, haciéndole salir del Ferrol sin pérdida de horas. Fuera aquella una ridicula equivocación: entonces ni Suarez ni nadie conspiraba en el Ferrol y lo hecho con él fué verdadero palo de ciego. A ménos que se llame conspirar al cambio de ideas entre las personas que aborrecen un orden de cosas. Salió, pues, desterrado Suarez (i) por la vía de la Coruña donde mereció al Gobernador Civil bastantes más atenciones que al militar del Ferrol y donde co noció el origen de la denuncia . Fuese directamente á Barcellos (Portugal) como punto próximo á Galici i y poco después reunióse en Oporto con Salmerón, Fernández de los R ío s y otros notables republicanos: más tarde fueron todos ellos expulsados de Portugal por aquel gobierno á instan cias del español y hubieron de trasladarse á París. En la capital francesa púsose Suarez en contacto con Ruiz Zorrilla por mediación é instancias de Fer nández de los Ríos y allí pactó con el expresidente del Consejo de Amadeo la prosecución de los trabajos revolucionarios sobre la base, acl referéndum, de que el partido republicano suprimiese interinamente el ca lificativo de federal para llegar al hecho de fuerza. Digóízd referendum, porque era condición exigida por Suarez que el partido republicano federal del Ferrol había de aprobar este convenio, sólo en principio es tatuido, y al plegar temporalmente su bandera fundirse con los antiguos progresistas que siguieran á Ruiz Zo rrilla al campo republicano. Arduo y espinoso era el intento; el partido federal aue tantos agravios debíanlos progresistas, que tan valientemente combatiera la dinastía de Saboya, que acababa de sublevarse contra el gobierno de los radi- (1) 10 de ; Agosto de 1875.
— 72cales apenas hacía cuatro años, no podía, imposible, silenciar de repente tantos rencores y tan ingratos re cuerdos para unirse á sus enemigos de ayer. No sin trabajo, no sin suspicacias y protestas, por otra parte muy legítimas,pudo llegarse al convenio con los radi cales del Ferrol que acaudillaba D.Gaspar Rodriguez: á tanto obligaba la ley de la necesidad que imponía la desgracia del vencido. Entre las honradas masas republicanas ni entonces ni hoy tenía entrada la persuasión de que la Re pública es algo mas grande que un partido y que por lo tanto serán vanas las tentativas para llegar á una perfecta y absoluta unidad; que la República es más que eso, es un régimen entero que debe te ner extrema izquierda, avanzada del movimiento pro gresivo llamada siempre á más amplios horizontes, y extrema derecha llamada á representar las clases con servadoras, enemigas por instinto de toda obra hon damente revolucionaria - . La aversión entre estos elementos era lógica, na tural, y solo podía haber unidad entre ellos para el hecho, parala acción, para destruirla obra de Sagunto: al otro dia del triunfo el partido que acaudillaba el sabio Pí, tantas veces profeta, había de representar el avance; y los elementos venidos del campo monárqui co, entonces dirigidos por Ruíz Zorrilla, habrían de ser con Castelar ultra-conservadores. Los republicanos del Ferrol, como los de toda Es paña, no veian que no existe uní sola nación republi cana en la que no exista también la izquierda como ger men de toda revolución pacífica de las ideas y derecha con todos los olvidos del credo democrático que son frecuentes en el Norte-América, en las repúblicas his pano americanas, en Francia, en donde quieran. No veían que la restauración de Sagunto, como la revolución de Septiembre no fueran llevadas á cabo con un programa único; sino fundiéndose,asociándose para la acción los elementos más distantes y aun he terogéneos y que al otro día de la restauración exis~ se UN]VHtS©ADs DE SAN1KGO nr COMPOV LIA u
. * -73tian y luchaban el partido conservador y el que por antítesis y con menosprecio del idioma, se llamaba liberal. - Admiradores fervientes de Pí, no veían el sentido hondamente filosófico de la afirmación de su jefe «El programa único es imposible si no se aceptan las ba ses democráticas del credo federal. > Y entonces como ahora seguían y siguen esperan do en vano por un partido único con un programa único: utopia hermosa que dió vida y estabilidad á la restauración . Pero continuemos estudiando la vida del repúbli co ferrolano . Difícil, y más que difícil inoportuno, sería narrar los pequeños disturbios de familia que accidentaron la vida delpartido desde el regreso deSuarez del destierro, en 15 de Febrero de 1877, y que amargaron la presidencia á que de nuevo fué llevado. Preciso se hace ser muy sobrio en esta exposición por respeto á la opinión de las dos tendencias que se dibujaban; una que, juzgando á Suarez harto tibio en sus trabajos revolucionarios, afirmaba ser posible y útil la renova ción de los sucesos del 72; y otra que conceptuaba és to inútil ó imposible, mientras no hubiese la seguri dad de que las principales ciudades de España ha bían de asociarse á un hecho de fuerza. Puraque la divergencia de los juicios acerca de Suarez fuese mayor, culpábanle los correligionarios prudentes del campo progresista y los elementos alle gados últimamente por Ruiz Zorrilla de ser demasiado piista y poco entusiasta por los ' procedimientos de fuerza inmediatos; y los federales, que constituían la mayoría inmensa del partido, de haberse entregado con exceso á Ruiz Zorrilla,de haberse alejado un tanto ' de Pí Margall, de haber ido poco á poco dando al ol vido el credo, la doctrina y la propaganda federal. Entre estas opiniones no cabía avenencia y cada cual sentía cóleras iguales por motivos diametralmen10 u
. -74te opuestos y que no podían coexistir, porque una acusación excluía la otra. Fuerza es decir la verdad, toda la verdad del fon do de estas acusacienes y de estos disentimientos. Suarez era sinceramente federal, murió creyendo en la doctrina de que fuera apóstol ferviente y propa gandista entusiasta. Era admirador y adepto de Pí en la doctrina pura, constantemente predicada por el sabio tribuno, era adepto de Ruiz Zorrilla en el pro cedimiento de fuerza de que aquél estaba un tanto distanciado desde muchos años atrás. No le satisfa cían, no podían satisfacerle las acomodaciones del ex ministro de Amadeo á los temperamentos guberna mentales y transigentes que este creía indispensables para el triunfo y consolidación de la República. Y no era él solo quien así discurría. Un antiguo y consecuentísimo federal del Ferrol, de entusiasmos rayanos en la idolatría por el credo del Sr. Pí y de cuyo federalismo es imposible dudar, escribía diez y siete años después, en 14 de Agosto de 1894, al señor Ruiz Zorrilla, identificándose con el criterio sustenta do por Suarez: < Porque yo, Sr. D. Manuel, soy fede ral, pero mi bandera la enrollo en aras de la unión y prescindo de mi apellido político para formar en un solo pelotón, en el partido republicano único, defen sor de un programa común, leal y honradamente acep tado por todos. Y aunque soy federal, entiendo que jamás llegarémos á una república estable sin que vayamos por el sendero regenerador de la revolución. ..» Que es precisamente lo dicho y escrito por Sua rez desde 1877. Su devoción á Ruiz Zorrilla era por'lo tanto tem poral, transitoria, de momento, para llegar al hecho, no para seguirle en la implantación de un régimen harto condescendiente con la tradición y con el pasa do, siquiera más tarde hubiese de recibir el impulso que por ocultas fuerzas la revolución comunica á sus u
— 75 — obras á despecho á veces de los mismos revoluciona rios. ■ Esto es le que pensaba Suarez en cuanto á doctri na. En cuanto al hecho, al procedimiento, es necesa rio decirlo: el resultado infructuoso de la sublevación del Ferrol se había grabado en su alma con caracteres indelebles y cuando todo parecía anunciar para breve plazo la aurora del sol déla República, tantas veces anunciado por los astrónomos revolucionarios, ve nían á su memoria los abandonos, las decepciones y las soledades del malogrado levantamiento de 1872, de cuyos dolorosos recuerdos no podía emanciparse. Hoy que la muerte y el tiempo, maestro de verda des,hacen lugar á la justicia, es preciso reconocer que si solamente la tibieza de Suarez hubiese coartado las energías revolucionarias del Ferrol, en otras cien ciu dades de abolengo republicano donde existiese mas enérgica dirección se hubiera llegado al éxito y no hubieran resultado estériles los esfuerzos de Vega en Badajoz, de Villacampa en Madrid y de muchos otros heroicos mártires del honor y de la palabra empe ñada. Mas aún, el dia en oue del Ferrol se contestó es tar dispuestos á secundar la revolución (1885 — 1886), ésta no llegó á realizar?e, independientemente de la actitud del Ferrol y del criterio de Suarez más ó me nos expuesto á error. No es esta afirmación hija de un criterio excesiva mente benévolo para él, sino hija del conocimiento de los hechos . Conviene demostrarlo. Los trabajos revolucionarios,casi paralizados en el Ferrol como en toda España desde 1874 á 187?, re anudáronse vigorosamente en 1882 por virtud déla Asociación Republicana militar, vasta sociedad secre ta, de estructura masónica aunque extraña á la maso nería universal, que fué en mi juicio el mayor peli gro que amenazó á la restauración. Desarrollados en el Ferrol estos trabajos, por su
índole en un principio independientemente de Suarez, hízose indispensable la participación de éste en aquella labor para mantener como hombre civil la co rrespondencia directa con Ruiz Zorrilla, y por exi gencias de los mismos comprometidos. Descubierto el extenso plan, por venta y denun cia del célebre Sifler á Sagasta, quien sin embargo no llegó á tener nunca la clave completa de la organiza ción, ni á conocer los nombres de los militares afilia dos; no por eso se desanimó el tenaz revolucionario español, aunque desde entonces su obra se resintió siempre de falta de unidad. Muchos fueron los mensajeros enviados por él al Ferrol desde i87; á'1882, sin que fuese posible que Suarez reconociese valía bastante ó los elementos acumulados para reproducir los sucesos de 1872: con tenacidad invencible negábase á todo lo que fuese una aventura y no tuviese ciertos caracteres de serie dad: veíanlo en cambio otros todo de color de rosa y argüían que no había de ser el Capitán General del Departamento quien los secundase, porque con me nos que con lo actualmente seguro se habla hecho la sublevación de Pozas. Difícil se hacía elegir entre ambos criterios. Por otra p arte, ni Ruiz Zorrilla ni sus emisarios debían es tar muy seguros de ciertos optimismos cuando no prescindían de Suarez que, históricamente hablando, no había sido indispensable para el hecho material de 1872. . Cual si el destino quisiera enfriar en Suarez sus ya no vivos alientos revolucionarios, el desastre de la sublevación del coronel Vega en Badajoz en 5 de Ene ro de 1883, vino á proporcionarle nuevos argumentos. — «¿Qué plan ni que seriedad revela el sublevarse el dia 5, -alegaba Suarez — poseer durante horas una plaza fuerte á un paso de la frontera, teniendo segu ra la retirada y encendidas las locomotoras de los trenes para el caso de una derrota, y no sostenerse ni siquiera ocho dias en espera de acontecimientos pro
— 77 — bables, si verdaderamente el país y los elementos ar mados están dispuestos á la revolución? ¿No hemos hecho mucho més nosotros el 72, careciendo de reti rada? ¿Cómo se concibe esa huida sin lucha el inme diato dia 6? No era fácil rebatir esta argumentación. Y para confirmarla y revelando doloroso descon cierto, el 7 sacrificaba estérilmente su vida en Santo Domingo de la Calzada el heroico Cebrián, asesinado por la espalda por sus mismos soldados; y cuatro días después se alzaban tan pronto como se disolvían las partidas de Sans, de S. Martín de Provensals, de Lérida y de Tarragona y traspasaban la frontera francesa, sin lucha, á imitación de las de Badajoz, las fuerzas que durante unas horas fueron dueñas de una plaza fuerte como la Seo, que tan valerosamente pro longó el sitio durante la guerra carlista. Ante tal conjunto de desastres reveladores de in fantil irreflexión en los elementos directores, no es extraño que los dinásticos asegurasen, con malévola inexactitud, que aquel peligroso juego en que se aven turaba el honor y la vida de los hombres, obedecía á hábiles combinaciones bursátiles y que Suarez no ocultase el disgusto y el desdén con que veía todo in mediato proyecto revolucionario. Pero llegó el momento en que los factores acumu lados fueron de tal importancia y las acusaciones he chas al jefe ferrolano tán graves que hubo de prestar su asentimiento á los correligionarios de acción y empeñar su palabra de que el Ferrol respondería al levantamiento que se preparaba para el mismo dia en Barcelona, Cartagena, Valencia y Cádiz, siempre que al frente de las fuerzas viniese á ponerse un jefe mi litar de cierta categoría. Mes y medio estuvo oculto en el Ferrol un coronel con su ayudante (1885), sin que la policía tuviese de ello la más leve sospecha, en espera de los sucesos anunciados, que no llegaron á realizarse al fin por imperfecciones del plan de Ruiz Zorrilla, demasiado u
crédulo y pronto á dar acogida á promesas con suma ligereza empeñadas. Una vez más en 1886 volvió á renacerla esperanza al parecer con grandes garantías, y una vez vino á es tar oculto el citado jefe por espacio de veinte dias en espera del telegrama convenido que participase ha berse sublevado un cuerpo de ejercito, haciendo base de operaciones á una plaza fuerte; y nuevamente hu bo de retirarse, dejando á Suarez cada vez mas con vencido de la falta de madurez y de unidad de los propósitos concebidos en Paris. Pero cuando más clara se vió esta falta de prepa ración y de unidad del plan revolucionario fué cuan do el laconismo del telégrafo participó la muerte del rey Alfonso XII. Ningún republicano del Ferrol, de los que tantas veces fueran solicitados para un hecho de fuerza, pudo entonces explicarse que pasase el dia 25 de Noviembre de 1895 sin que sucediese nada, y que la Historia de España pudiese proseguir aquel dia sin consignar en sus páginas otra cosa que la muerte del primer magistrado de la nación, detalle al fin de mediana monta en los gobiernos constitucionales. ¿Es posible que este suceso fuese inesperado para el Comité revolucionario de París? ¿Qué policía y qué medios de información poseía entonces quien tantas veces había anunciado existir un vasto plan revolucionario? ¿Para llegar á este marasmo se habia vertido la sangre de Mangado, de Cebrián y de tantos otros? ¿Para ésto habían perdido su carrera y su porve nir hombres de tanto valor comprometidos en las in tentonas? Y cuando más tarde fué necesario lo que Marcos Zapata llamó «la piedad de una reina», cuando el pundonoroso Villacampa, después de haber atrave sado á Madrid al frente de sus tropas sublevadas, hu bo de terminar sus dias de un modo mucho más triste que al frente del enemigo, entonces no era solamen te Juárez sino muchos los que como él censuraban
enérgicamente aquellos estériles sacrificios hechos sin utilidad ni gloria, que llevaban el desaliento y el cansancio á los ánimos mejor templados. Aun otra vez, quefué ya la última, volvieron á so nará su oido ecos de esperanza y augurios de triunfo al regresar de Cuba, no vencidos sino hambrientos y devoradps por la miseria,aquellos doscientos mil hom bres. Aun entonces hubo muchos republicanos que con más ilusiones que conocimiento de los hombres, pusie ron el depósito desús esperanzas... en Weyler. ..I! Pero el alma de Suarez, helada por los desenga ños y por los frios que la vejez lleva á la sangre, no estaba ya en disposición de escuchar las voces miste riosas que parodiando las que oía Macbeth, le decian: «Tú la verásv . Faltaban á su angustiado pecho las salvajes ener gías del héroe de Sakespeare á las que nunca estu viera muy dispuesto por misterios de su propia or ganización. Y también esta vez realizáronse sus pesimistas pro nósticos, para desgracia de la infortunada nación es pañola . * , * * En todo el largo período que acabo de bosquejar rápidamente y que llega hasta los 71 años de su edad, no cesó~un dia de entregarse á las tareas periodísticas para las que, en mi concepto, naciera mejor que pa ra las revolucionarias, que le fueron impuestas por las circunstancias . Como antes trabajara en El Eco Ferrolano trabajó durante nueve años en L't Dcmocracbd, escrita por él solo, y con el auxilio de muy pequeña colaboración. Allí derrochó los mej ves momentos de su ingénio; entusiasmábase con los pe Rueños asuntos locales, con los detalles de la administración municipal, con el triunfo de un candidato en la votación de un cargo; allí esgrimía la pluma coa extrañas energías contra la prensa del campo enemigo, y maravillaba la correc ción de su estilo en las condiciones en que él escribía.
Rápida y poco meditada es siempre la labor periodís tica, esclava de la premura del tiempo; esto es vul gar, pero el modo de hacer de Suarez era verdadera mente curioso: jamás escribió su periódico ni el libro en esa grata soledad del gabinete de trabajo en que el silencio y la compañía de la biblioteca facilitan el dis curso y prestan auxilio á la infiel memoria. Escribía sobre el mostrador, de pié, interrumpién dose cien veces para corregir la prueba, para contes tar al importuno, para dar limosna al mendigo, y pa ra realizar la venta al menudeo, de suyo molestísima. Cuantos le veíamos trabajar juzgábamos imposible imitarle. Erale necesario un enorme poder de abstracción. Por esto era más de admirar su estilo. Era verdaderamente el tipo del periodista, y más digno de observación cuanto que ya franqueaba las fronteras de la ancianidad. Al acortarse la vista física de Suarez, por una con tradición entre la óptica y la psicología, placíanle mas los objetos pequeños y cercanos que los grandes pro blemas que empezaban á operar honda transformación en los partidos españoles, especialmente en los popu lares. Permanecía viviendo en 1869 cual si España y el mundo entero no se hubiesen transformado. Erale mas grata la lectura de la prensa nacional que la de la extrangera, tan fecunda en analogías y enseñanzas. Aun entonces tenía momentos de entusiasmo para asociarse á la actitud de la Junta de Defensa de la Coruña, constituida (1889) por agravios del centralismo madrileño á la vecina capital con la supresión de las escalas de los trasatlánticos y renovada co i mayores ardimientos por la supresión de la Capitanía General deGaliciaen 1891: Juntas de Defensa que no tardaron en ser imitadas por muchas ciudades de España y que provocaron las cóleras del autoritario Cánovas del Castillo. Asocióse asimismo á la J unta de Defensa forma-
modernos, como por influjo de su educación juvenil en las repúblicas sud americanas . De esos hombres nada puede decirse que iguale á lo dicho por el más profundo de los oradores republi canos, por el eminente Salmerón, con motivo diferen te, pero que es perfectamente aplicable á Suarez. «Muy difícil-dics-es estimar en la época del apro vechamiento y el goce las dificultades que se han teni do que vencer para llegar á aquella situación. Esto es de evidencia y de considerables resultados cuando son diferentes los que laboran y los que aprovechan. Por eso es tan frecuente en las nuevas generaciones reba jar la consideración de las que les precedieron y que con grandes sacrificios han hecho posible y á veces hasta fácil la vida de sus sucesores . Asi no me sor prende... la poca estima en que bastantes republi canos tienen la obra á que he aludido y la ligereza con que algunas gentes al parecer respetables se per miten aventurar que todo aquello fué un constante fracaso (i).» Si, Suarez cayó sin haber visto lucir triunfante el sol de sus queridos ideales á quienes consagró todo el período viril de su vida y hasta los esfuerzos de su vejez, si menos enérgicos, es verdad, no menos apa sionados . Pero no debemos en justicia olvidar ni desconocer su obra, su tiempo, sus medios. Para él, como para tantos otros que uno á uno van cayendo en el panteón nunca henchido del pasado y para quienes la vida política sólo tuvo espinas, para todos esos oscuros obreros de la idea, sean nuestros recuerdos ynuestra veneración las únicas coronas que honren sus tumbas. A esos luchadores, a esos caracteres inquebranta bles es difícil concebirlos y va'orarlos exactamente en los tiempns actuales, ménos idealistas y más prácti- (1) «El partido republicano en Españan por D. N. Sal merón.
-88cos, más inclinados al orden económico que al de las abstracciones dogmáticas. A ellos debemos llamarles, con más razón que el insigne Murguia á sus poetas regionales, «Los Pre cursores» .
IV. Suarez literato. — Poesía lírica. — Poesía dramática. — Novelas.-Su labor periodística en el concepto literario. Si bien la figura de Suarez es esencial y genuinamente política, preciso se hace examinarla bajo otros aspectos. Porque los hombres, á manera de ¡as esta tuas, aun cuando tengan un preferente punto de vis ta, elegido en el pensamiento del escultor, pueden ser miradas desde otros, en conjunto y en detalles. Examinemos pues al biografiado en el campo lite rario. Para juzgar al hombre de arte y de letras es nece sario trasladarse á su tiempo, al medio que le rodeaba al producir, comprender los elementos que contribu yeron á la formación de su espíritu y de su carácter y examinar los modelos á los cuales adaptó su ser in terno, y que tan decidida influencia ejercen para toda la vida en el artista y en el escritor. De otra manera no puede juzgársele. Veamos pues la época y el medio de Suarez Gar cía. Niño casi, y con escaso bagaje intelectual, parte á América y vive en un pueblo virgen, que nacía á la vida de la civilización y de la cultura y mucho mas novicio aun en las esferas de la literatura y del arte. 12 u
El destino le. lleva á las ingratas tareas del co mercio, poco á propósito para el desarrollo de las fa cultades ideogénicas y al poco tiempo le conduce a Gova que no era ciertamente un Paris ni un Atenas para formar literatos. El contacto de la naturaleza es siempre fecundo é inspirador . Y en aquella naturale za riente todo canta, á la manera que cantaban las vertientes del Indo antes de que el hombre apareciera en la superficie del planeta. Y Suarez canta a la ^aturaleza, (i) canta á Dios, (2) al Dios emotivo y crea dor que engalánala tierra, no al Dios dogmático, el no sabe exégesis, ni razona el dogma, él canta como el pajaro que no ha leído la Summa, ni disertado en las contiendas de Bizancio: canta porque su ser siente y vibra por el contacto de la vida, de la selva, de la pampa. . Y las primeras poesías de Suarez son sagradas, son del género de belleza que asciende á las esteras de lo supra-sensible. . . . . Alguna que le oido recitar tiene reminiscencias ideológicas del • «Para y óyeme ó Sol, yo te saludo- ’ , de Espronceda,sin que yo caiga en la ridiculéz dease gurar que se aproxime á aquel acabado modelo de li rismo sublime. . La prueba mas palpable del forfdo eminentemen e espiritualista de Suarez que destaca en toda su prime ra época y que no desmiente en el curso de su vida es el siguiente fragmento: DIOS y T-cr (3) ¡Dios y tú!b sois mis santas, purísimas creencias, Amores bendecidos, dulcísimas esencias, íl) La primera produción de Suarez que conozco es un canto á la ciudad de Caa Cali, en 1853, cosa muy modesta y defectuosa. ' (2) Poesías sagradas 1851. (^3) Este pronombre se refiere á la idea, a la libertad.
-91Que embalsamáis mi vida con bálsamos de amor, i Dios! .,. embellece el cielo, la vida de la gloria; 1TÚ! ... embelleces el mundo, la vida transitoria, La llenas de delicias, santo, amoroso ardor. ¡Dios y tú!! sois amores castísimos, divinos, Eternos en mi alma, dulcísimos caminos Por dó se sube al cielo en alas del placer: Astros de luz perennes, cuyo fuego brillante Ilumina y abrasa mi espíritu anhelante De amor, que nunca cesa amor apetecer. Amores que impregnaron mi espíritu de fuego Como la luz impregna á los espacios, luego Que el astro de los cielos rompe la obscuridad: Amores que en mi alma se albergan divinales, Y volarán con ella hasta las celestiales Regiones que se ocultan tras de la eternidad. Amores que en mi alma se encuentran hermanados, Y en ella, cuando deje la tierra, aprisionados Irán hasta las plantas santísimas de Dios; Y allí entre sus querubes y cánticos de amores, Entre las armonías, perfume y resplandores, Cantará el alma mia, su amor puro á los dos. ¡Dios y tú!! ... seréis siempre la luz de pura llama, La luz que el pecho mió devoradora inflama, Fuego del pensamiento, sublime inspiración; /Dios y túll. .. yo muriendo, volando hasta los eielos Iréis con mi espíritu, dúlcísimos anhelos, Y allá en la gloria santa seréis mi salvación. Sí; allí eternamente de santo amor henchido Por Dios autorizado, por su amor bendecido, Se abrasará mi alma, amándoos á los dos; Y en éxtasis divino, por Dios santificado, Allá en eterna dicha, mi espíritu encantado Gozará sus amores, viviendo entre Tú y Dios. Ferrol, 1862. Estos versos dicen mas quenada. Ahi está Suarez, espiritualista, creyente, deista, haciendo objeto " de sus amores á Dios y á sus creencias, á sus ideas, amores que no entibiaron los años y que fueron in separables de su ser. La idea lo era todo para él, la forma lo secundario, el ropaje con que vestía á la dei dad adorada con inextinguible amor. Tal es el sello literario de Suarez en la forma, á veces descuidada y en el fondo, siempre sentido, enér-t gico, vibrante. u
Poco tiempo hubo de cultivar el género lírico: ha bíalo casi dado al olvido al regresar á España en 1860 y no era después por cierto muy á propósito su géne ro de vida para proseguir el cultivo de las Musas: la anterior poesía, aunque publicada en 1862, es, con to da probabilidad anterior á 1860. , Quizá hubiera trabajado algo mas en el genero dramático si los destinos de su vida no hubieran lle vado sus actividades por otros rumbos. Varios son los trabajos dramáticos planeados que quedaron en boceto: el único que llegó á las tablas fué «El Honor Español», drama en tres actos estrenado por una so ciedad dramática de el Ferrol en sus funciones á favor de las viudas y huérfanos de los marineros gallegos muertos en la campaña del Pacífico. , La acción del primer acto pasa en Santiago de Chile y la del segundo y tercero en el Callao en el momento y en los dias del bombardeo por la escua dra española. Como obra sujerida por el entusiasmo de aquellos momentos, como destinada un fin benéfico y por lo tanto escrita con apremios de tiempo, merecía toda clase de benevolencias; pero aun prescindiendo de esta predisposición del ánimo, aun dispuestos, á una crítica severa y prevenida en contra, hay que conce derle preferente lugar entre las producciones del es critor ferrolauo . Plan bien concebido, carácteres bien trazados y sostenidos, desenlace rápido y no previsto en las próximas escenas, y sobre todo esto, flotando en la obra, sintiéndose sin quererlo, una atmósfera de amor pátrio y de discreto entusiasmo que se infdtra en el oyente. No es extraño, pues, que en las noches en que se puso en escena y aun prescindiendo de la benevolencia afectuosa del público, «El Honor Espa ñol» valiera á su autor sentidísima ovación. . Porque las inexperiencias que son inseparables de todo noviciado del arte escénico y que quiere uno buscar en la obra en cuestión, no aparecen tan de lelieve como fuera disculpable y natural. No hay esce-
ñas innecesarias, ni salidas ó entradas inoportunas, el desenlace no es forzado y los caracteres se sostienen hasta el fin sin violencia. Los demás ensayos dramáticos de Suarez no llega ron a la escena, ni aun á ultimarse en el libreto. Hocios de momentos en que la imaginación planea y di vaga sin proponerse seriamente poner fin á la obra, el trabajo es interrumpido por la acción de los acon tecimientos políticos y el tiempo reclamado imperio samente por la labor periodística, de suyo urgente y apremiante . De entre estos ensayos dramáticos, merece espe cial mención por estar ultimado, un drama bíblicofantástico de imposible representación escénica. Si en esta somera reseña de las producciones de Suarez pasamos á la novela, que fue el género que mas cultivó, se nota también la influencia del tiempo, de la educación y del medio que caracterizan al escritor ferrolano. Empezando por la primera en el orden cronológi - co, forzoso se hace recordar como brota la idea pri maria . Los primeros tiempos de la juventud de Suarez transcurren en el Sur de América. Allí, en el territo rio de Las Misiones, se compenetra de la vida exhuberante que en aquella naturaleza palpita, allí, casi en la pampa, recoge la tradicción india impregnada del aroma del bosque, en el silencio de los desiertos yerbaUs t silencio solo interrumpido por el grito de la fie ra ó del caballo salvaje, tierra y medio en que las pa siones revisten carácter agreste é indomable. La ima ginación del joven Suarez, la imaginación tan solo, emancipada de preceptismo alguno, recoge esa tradi ción, la siente y la exorna con las galas de una fanta sía juvenil; en su alma encuentran eco á un tiempo la superstición del indio y el espíritu cristiano, nunca bien digerido por aquellos hombres que son fuego, sentimiento, irradiación del sol que los ilumina, sálva les como la selva.
En este heterogéneo conjunto, en este medio especialísimo se forma la primera manera de la novela de Suarez y he ahí la génesis de «Los Guaraníes ó la Cruz milagrosa». Supuesto esto, no se busquen en esa obra las ^nuevas formas que ya revestía la nove la al principio de la segunda mitad del siglo que ter mina. Si con el gusto adaptado á las nuevas formas de novelar, al objetivismo hoy en uso en que desapa rece por entero el narrador, en que la obra se desli za de manera dramática, forma y manera en la que el lector es mero espectador y sin embargo á él se le deja el trabajo de deducir, de extractar la tésis envuelta artificiosamente en la acción, artificio que implica la difícil facilidad de que hablaba Boileau; si con el há bito, que tanto puede en el lector, formado en los modernos modelos, se lee «Los Guaraníes^, se en contrará amanerado loque en aquel tiempo no lo era. Estaba entonces muy lejana la escuela realista é impe raba todavía el romanticismo. El maestro era Víctor Hugo y el modo de hacer implicaba diluir en largas páginas preñadas de ideas y juicios del autor, lo que la moderna escuela hace deslizar rápidamente. Y esto nos parece hoy pesado, y no nos parece que lo son las interminables descripciones tan al uso en la escuela descriptiva y efectista, en la que el escenario es tanto y mas que el protagonista. El imperio del romanticismo se revela en el dialo go: el arcáico VO8^ desusado en la práctica, continua en la novela; indios y soldados, labradores y frailes, todos hablan lenguaje cortesano. , Entonces esto era lo natural y lo corriente. No de otra manera procedían novelistas españoles muy acepAquellos que creían acercarse al naturalismo dis taban miles de leguas de la naturalidad. Tárrago Ma teos, Antonio de Padua, Ortega y Frías, Fernández González que tan alto sobresalió en la novela caballe resca, que es la que propiamente le caraeteriza y sobre todoPerez Escrich que entusiasmaba á las' muche-
-95dumbres con sus novelas de á cuarto la entrega, se guían iguales derroteros . Era entonces absolutamen te desconocida en España la novela realista; aun no regresara de Africa el ilustre soldado que habla de popularizar el apellido de Alarcón, no viniera al mun do de las letras el hoy maestro Valera, y menos aun hiciera su Orto el astro de la literatura española con temporánea, el incomparable Perez Galdós, hoy cele brado de propios y extraños, ) como maestro mirado por los mismos extranjeros, después de ser tenido en algún tiempo, por espíritus poco reflexivos, como mero imitador de Herkman Chatrian en sus Episodios Nacionales . . «Los Guaraníes» representa la manifestación expontánea, de las facultades naturales de Suarez vírge nes de preceptismo literario. Es esencialmente obra imaginativa, inspirada en América y quizá escrita pa ra América, donde el lector se identificaría mejor que el español con la tendencia y la estructura de la obra. Mas fondo, mas intención, mas tésis revela «Los demócratas ó el Angel de la libertad» (i), libro á to das luces de propaganda liberal. Escondida entre los episodios de la acción hay una completa exposición de la doctrina democrática, no solamente como teoría abstracta, sino con detalles de forma, casi como una exposición de motivos de un código fundamental. A primera vista se nota que lo que allí se propuso Suarez fué hacer de la narración pretexto para llevar á todas las clases, á todos los hogares, á todas las conciencias uña doctrina que expuesta en un libro po lítico no hubiera encontrado tal aceptación y tantos lectores . Todo allí está subordinado á éste fin, desde el tí tulo hasta los incidentes, desde la dedicatoria hasta el epílogo. Preciso es convenir en que dentro de su gé nero, aceptando el marco en que el autor quiso colo car la acción, el libro está henchido de hermosos pen- (1) 18G3. Imprenta de Taxonera. UNIVCRS1DADC DI. SANTIAGO
-96- - 'samientos que ojalá se grabaran en el ánimo del lec tor. He aqui algunos tomados al acaso: «El escepticismo en religión, en moral, en política es el tósigo corrosivo que emponzoña el espíritu de la sociedad .» (.Debemos decir lo que creemos y creer lo que sen timos . i «Hablar lo contrario de lo que se cree es inicua y repulsiva hipocresía. > «Las almas rectas ven siempre con repugnancia el sacrificio de la conciencia, cualesquiera que sean las consideraciones que lo motiven.» «Los Demócratas» es la obra que mejor refleja á Suarez en todo su ser interno y artístico, en su parte moral y en su tendencia política. En ningún otro li bro aparece tan claro el cánon de sus ideas, su con ciencia, su personalidad, en todos sus modos interio res y psicológicos. A la. idea lo subordina todo, abso lutamente todo: de esa idea vivió constantemente enamorado; la libertad fue para él lo que Blanca de Gástelo para Raimundo Lulio. Y amó tanto á la libertad porque sabia lo que era no poseerla. Naciera Suarez bajo el reinado del Rey miserable que conspirara contra su padre y denunciara luego á Escoiquiz y á sus fieles amigos, del rey desnaturali zado que difamara á su madre, que lamiera los piés del Emperador Corso, pidiéndole una princesa de su sangre y felicitándole por sus victorias sobre los españoles, que al batirse por su independencia aclamaban y bendecían al infame que los deshonraba y le llamaban el Deseado. Por eso Suarez amó la libertad con amor eterno; porque había nacido bajo la tiranía. Mas acentuada tendencia modernista, mas literaria y menos política señala en Suarez su obra «Los Inva sores», novela dramática cuya acción se desarrolla en el Ferrol, obra henchida de espíritu patriótico y sabor S( UN^-ERSÍDA E DE SANTIAG 1 1 DI. c o m SH i i i a ! u
Lo que signiñoa Suarez en las pasadas democracias y lo que significa en las democracias del porvenir. Hora es ya de juzgar en síntesis la obra política de Suarez. Un pueblo con una historia como la de Espa ña, á ninguna otra parecida, un pueblo á ningún otro análogo, con tanta sangre árabe como celtibera, por encima del cual pasa impugnemente el huracán de la revolución francesa y que sigue durmiendo el soporifero sueño de la ignorancia y del fa i itismo, quiere entrar, aunque retrasado y á deshora, en el camino de lacultura y de i » c.válizació , em U > >or uní do cena de espíritus que se adelantan \ s.i tiempo y á su medio social . Hay que aceptar á esos espíri ; aperiores como son, y no solo aceptarlos si nó bendecirlos: no medir los por su propia talla, sino con relación á la talla de sus contemporáneos. En los tiempo; de la propaganda oral y periodísti ca de Suarez, la aspirax 'óa Icm terática estaba conte nida en límites mucho mas restringidos que hoy. Antes del 68 el siDHHiv. n de la victoria en un pue blo tan atrasado como el español era la conquista de los derechos políticos. Tal fue la obra de las Consti tuyentes de 1869, no bien apreciada hasta que la res-
-104tauración nos trajo al vergonzoso estado en que yace la España actual. El principio democrático inspiró aquella valiente ¿inolvidable campaña mantenida por los diputados republicanos para impedir que la Inter nacional fuese declarada fuera de la ley, en frente de todos los demás partidos, incluso los que se llamaban liberales y demócratas Pero la elaboración verificada en las clases trabaja doras poco después de la caída del imperio francés en Sedan, al producir una nueva organización del pro letariado, trajo nnevos elementos al palenque de las ideas, alejó del teatro de las luchas políticas á una gran parte del elemento obrero, y originó el ascenso délos partidos republicanos a una categoría, á un es calón mas alto en la nomenclatura de los partidos po líticos. Ya los republicanos no eran la hueste mas avanzada y peligrosa del ejército popular, puesto que no admitían el cánon de los principios colectivistas. No era extraño que los veteranos encanecidos en la lucha, como Suarez, no se diesen cuenta cumplida de la transformación operada en aquellas disciplina das masas que vieran en él su gefe, su apóstol y su oráculo. Ni él, ni apenas nadie de su tiempo veia claramente como una nueva era geológica creaba un nuevo terreno que se superponía al anterior . Por otra parte los ataques del socialismo eran ru dos, dándose el contraste de que se mostraba relati vamente benévolo con los partidos monárquicos y doctrinarios, mientras se ensangrentaba con los lu chadores del tiempo de Suarez que habían cooperado á la Revolución de Septiembre y propagado después el credo mas ampliamente democrático que jamás se profesara por las multitudes; el credo republicano fe deral. Acostumbrados los viejos y beneméritos ge fes á la disciplinada marcha de los partidos siempre obedien tes á su voz, encontraban anómalo, monstruoso, que existiese un dogma mas avanzado, llamado á subverse UNJVLRSIDADf di : SAX HAGO u
' — 105tir no solo la organización política, sino la constitu ción entera de la sociedad. - Suarez continuaba viviendo en el mundo filosófico de Kant que tan profunda influencia ejerció en la vi da filosófica de Europa-y que llevó á los espíritus de la enciclopedia, como dice Littré, el escepticismo en metafísica y por maravillosa contradicción el dogmamatismo en moral. > si Suarez murió siendo enciclo pedista, sin que su alma llegase la influencia de Schopenhauer, ni menos el contacto de Ñieztsclíe, no ha de extrañar que no le despertase de su política so ñadora y poética el evangelio de Karl Marx que en traba entre las masas del cuarto estado como el rio de lava en los viñedos de las faldas del Vesubio. 'f cuando mas tarde el ideal acrático fue la crea ción novísima que del corazón de Europa irradiaba principios aturd,entemente atrevidos é innovadores por todos los ámbitos del mundo, cuando este ideal encontró acogida en cerebros de publicistas, de pro fesores, y tuvo apóstoles y definidores y comentado res de los principios de Bikounine, Suarez con Casi todos sus contemporáneos sonreía tristemente al es cuchar lo que para él era una vesania social llamada á aniquilar la vieja Europa. Aquellos venerables após toles habían sido mirados durante tantos años como agitadores y disolventes del organismo social, como hombres fieras encargados de encender latea y de lanzar-á las multitu les contra to lo orden, que no po dían resignarse á pasar por conservadores,, ni á ser mirados como bondadosos é inofensivos hurqveses . Ni aun en sus últimos dias se dió cuenta Suarez de que el mundo marchaba tan á prisa como á él se le iba la vida y de que el artícu o que le costara trabajo admitirme en las columnas de «La Democracia ’ -' el i.° de Mayo de 1890 saludando á la huelga internacional y al nuevo sol que aparecía en los-horizontes de la hu manidad como último desenvolvimiento de_ principios predicados hacía 1900 años tenia el defecto de ser. . . demasiado conservador. - " - . 14 u
Es naturales lógico, es humano que quien fué tan tos años última y mas aguda nota de la gama de las ideas no pueda concebir nuevas sonoridades que recha za el oído habituado á menos estrepitosas armonías. Cuando se ha consagrado toda la vida á un apos tolado, con fe, con los ardimientos de la edad viril, con los entusiasmos que aguija y excita el aplauso de las muchedumbres, la muerte no es un mal, es un bien, preferible á que el olvido, á que el reemplazo de los ideales, traigan al espíritu antes que al cuerpo, fríos de muerte y dolores íntimos que no puede sen tir el cadáver. Si, bendita sea la muerte, redentora del dolor, li bertadora de las almas, descanso de la lucha, pero mil veces mas bendita cuando la senectud corroe el zocalo de las estatuas que fueron ídolos, y amenaza conver tir en inercia yen parálisis lo que fué energía y lu cha, movimiento y vida. x A cada época sus hombres. , . _ . La figura de Riego no resiste hoy al análisis, ni por su cultura, ni por su alcance, ni por su muerte que dista mucho no ya de las serenidades olímpicas de Sócrates bebiendo tranquilo la cicuta, sino de la viril entereza de Padilla. Los hombres de las Cortes inmortales de Cádiz, aun el divino Arguelles, el Castelar de la epopeya de la independencia, quedarían hoy al nivel de algún modesto diputado de la izquierda dinástica, si los viesertios empezar la primera página de una constitución política con una profesión de fé propia de un libro místico. ' Y sin embrego Riego hizo mas por la propaganda de la libertad que toda la pléyade actual de brillantes escritores avanzados; y los diputados de las Constitu yentes de Cádiz al escribir su código bajo las bombas francesas merecen recibir en estatuas" de bronce los honores de la inmortalidad. Sí. A cada tiempo sus hombres. Con este criterio es preciso medirá la generación
— 107 — que se extingue y que sembró )a semilla no ya de la doctrina republicana democrática y por añadidura fe deral. sino tan solo de la escuela liberal, hoy comba tida por la reacción con la aserción salvaje que hace crimen del liberalismo, al ver en peligro la grata pose sión de un privilegio inmerecido y de una dominación injusta y brutal. Admiremos pues la obra de la generación que se extingue, por imperfecta que ella pueda aparecer en los futuros deícnvolvimicntcs á que está llamada la actividad humana. Esos viejos merecen todos nues tros respetos, no por veneracicn debida a la anciani dad, siempre respetable, sino por la cuantía y alcan ce de su misma labor,por la lucha que sostuvieron con la tradición y la rutina, por los odios que concitaron al hablar un lenguaje enteramente nuevo en un pueblo estupidizado que aun ayer gritaba: <¡\ ivan las cádenas! v . Hablar de derechos humanos anteriores y supe riores á teda ley, exponer los fundamentos del dere cho natural, negar la teoria que hoy solo carcajadas excita, del derecho divino de les reyes y que ninguna persona culta desciende á defender y controvertir, ha cer depender el organismo del I stado del asentimien to de los oiganismos sociales que tienen su punto de partida en la fí milla y cu el municipio, lanzar la para algunos asombrosa doctrina de la separación de la Iglesia y del Estado, te da vez que el reino de aquella no es de este mundo, doctrina aceptada por los mismos poderes teocráticos allí donde la fuerza la impone, de cir esto, que hoy es elemental, trivial en todas partes menos en Mari ucees, < n España, en Turquía y en Rusia, era granjearse odies inextinguibles, odios afri canos, ser mirado ccmio un perro. Los que en aquellos tiempos fueron como Suarez lo fué, apóstoles de las nuevas ideas que ya impera ban en todo el mundo menos en España, deben de ser medidos por la medida de su tiempo, considerados u se UNIVERSIDADL DU SAN HAGO
— 108 — como hombres superiores y venerados por los que vinieron al mundo en mejores dias. Ellos ofrecen á la juventud actual ejemplo de en tereza para defender y propagar las propias convic ciones. . Y tanto mas, cuanto que la juventud española de nuestros dias ofrece marcados caracteres de degene ración. . No es menos ilustrada, esto i o puede afirmarse en modo alguno: es menos viril, menos entera, menos fe cunda, menos generosa. . Un falso axioma universalmcnte aceptado es el que establece la ley de que la superstición, la rutina, la preocupación, el rebajamiento de los hombres se halla en razón inversa de su grado de instrucción. Si esto es verdad respecto de los pueblos, no lo es tan en absoluto en cuanto A los hombres indivi dualmente considerados. No parezca atrevida esta afirmación . Lo que yo niego es la proporcionalidad constante, aritmética. La juventud que hoy en compactas muchedumbres arrojan provista de títulos académicos nuestros cen tros docentes es mucho mas numerosa que hace medio siglo: mayor es también el campo que les ofrecen las ciencias experimentales cuya influencia trasciende a las morales ) políticas; las bases en que asientan las ideas fundamentales son cada dia mas sólidas, mas am plias, mejor establecidas: el derecho natural aspira á influir en la sociología mas de lo que influyo en los tiempos del Digesto: no puede, en fin, en modo algu no afirmarse que la instrucción deesa juventud sea menor que la de sus abuelos . Y sin embargo de esto, que es innegable, nuestra juventud ilusttada retrocede, es mil veces menos pro gresiva que lo era hace medio siglo,hace tan solo trein ta años, está mucho mas predispuesta que aquellq á tolerar y disculpar todas las grandes infamias sociales,
-109todas las grandes violaciones del derecho natural, to dos aquellos abusos de autoridad y de poder que en torpecen el libre desenvolvimiento de las facultades humanas. , . Injusto fuera tachar á esa juventud de ignorai te. x mas injusto todavía fuera suponer que es hipócrita, que miente una aprobación externa reñida con su convicción inte) na, llevada de ambiciones, de aspira ciones irrealizables en los campos avanzados de la política y en las escuelas filosóficas hasta hoy conde nadas y perseguidas por la mayoría, por la ley brutal de la mayoría, jamás fuente y origen del derecho es tricto. . No yo no puedo ver en esa juventud en general ni ignorancia, ni hipocresía, ni mentira utilitaria. Es que esa juventud está envenenada . , Departía yo muy recientemente con un ilustradí simo joven, cuya hoja de estudios es una serie de bri llantísimos triunfos, cuya potencia intelectiva escede con mucho al nivel medio de nuestro ambiente social, joven que consideré siempre como uná esperanza de su patria y una gloria futura de su pueblo, á quien ni cuerdamente puede mirarse como ignorante, ni como superficialísimo erudito, ni menos aguijado por la ahogadora necesidad de sentarse pronto al banquete de la vida. . ' . A mi me causaba espanto, me aterraba oírle dis- . currir con envidiables serenidades de un espíritu lú cido, razonador y admirablemente templado para la contienda, acerca de la época contemporánea, acep tar la gran infamia de nuestras recientes derrotas co mo un bien y una necesidad, esculpar á la causa que llevó á muerte cierta y deliberadamente prevista á nuestra escuadra de Cuba, inmolándola como á nue vo Moloch á entidades secundarias y deleznables ante el concepto de la pátria, aprobar sonriente y discul par con eüfcmismos la vergonzosa reacción que, nos envilece y nos prostituye, nos roba nuestra dignidad de hombres y trae á nuestra viril tierra las vergüenu
— lio — .. zas de Babilonia y de Pentápolis, aquí nunca conoci das; exculpándola con la dolorosa necesidad de las creencias en las masas ignorantes y negando que ella fuera la causa de la pérdida del imperio colonial de Filipinas. . , . , Esta juventud discreta y jurídica, razonadora y culta, que jamás accidenta su correcto lenguaje,con los enérgicos y peculiares modismos de nuestro idio ma; esta juventud que piensa con la razón friá y no se deja llevar nunca de Ies dictados del corazón; esta ju ventud para quien el derecho escrito lo es todo, cual si el derecho escrito no fuese también injuria y no cambiase con los tiempos y las civilizaciones, es ta juventud no tiene una palabia de protesta, un no ble movimiento de indignación contra las dos grandes infamias de la historia española contemporánea que constituyen nuestra deshonra; la ley Cárdenas,(i) y el indulto de Montjuich; la una mil veces mas bárbara que el Fuero Juzgo y la otra tal que bastaría á con vulsionar un pueblo que no estuviese envilecido, mu cho mas de lo que convulsionó á Francia el asunto Dreifus. . Sí; esa juventud en cuyas almas parece que debía encontrar albergue cariñoso toda idea grande y todo sentimiento levantado, mira como hombres raros, ex céntricos, desequilibrados, á cuantos nos preocupa mos de la libertad y del derecho ageno, á cuantos he mos defendido con la palabra ó con la pluma a los in felices martirizados en Cataluña, perseguidos por sus ideas, no por sus actos ilegales, á cuantos en fin, (1) Recordará el lector que sif ndo'solapado é hipócrita el empeño de la Restauración de destruir 'a obra legislativa revolucionaria, solamente fué h utal y descaradamente reaccionaria la ley que con efectos refractivos, disolvió las familias legalmente creadas y drdaró naturales los hijos legítimos nacidos al amparo de la ley del Matrimonio Civil! pic«ucendo en las s uces.enes yen los derechos civiles, 1 os desastres que cualquiera puede suponer.
para decirlo gráficamente y de una vez, nos melemos en aquello que egoísticamente 710 nos importey tacha de caducos á los nobilísimos viejos que aman algo, piensan en algo y sienten algo que no afecte al yo. A. esos viejos puede decirles la Historia como Cris to á la bella de Magdalo: «Mucho te será perdonado, porqne mucho has amado». , , . Ante el espectáculo que ofrece la jnveHliid , vieja ¿como no alabar á la vejez joven que supo hallar en su amortiguado organismo, ideas y sentimientos, altruis mos y abnegaciones, energías y virilidades? Honrémonos descubriéndonos ante las cenizas de esos ancianos y cubriendo de flores sus tumbas.