Informe del Consejo de Agricultura, Industria y Comercio de la provincia de La Coruña relativo a los expedientes de propuestas de cartillas evaluatorias, cuentas de gastos y productos...
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R'.íTrKiT INFORME DEL 1«) C o n sejo »t teMU, le® i C® h DE LA PROVINCIA DE ^etatiüo á los p-rpcdientes de propuestas de cartillas evaluatorias, cuentas de (justos y productos y dictá menes de los negociados déla "Delegación de vJlacienda, como base á la formación de los amillaramientos. ^Discutido y aprobado por el Consejo en la sesión cele brada en 12 de Septiembre de 1888.
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INFORME del Consejo de Agrlcultni'a, Industria y Comer cio de la provincia de la Coruña, respecto de las propuestas de cartillas evaluatorlas, precios medios, cuentas de gastos y productos y reparos que se consignan en los expedientes por la Administración. Es evidente, inconcuso y hasta rutinario el axioma ó princi pio de qué, tanto llena mejor y más laudatoriamente sus fines la Administración pública en el ramo de Hacienda, cumplien do más á conciencia su importante misión, cuanto con más inte res trabaja y se afana en aumentar, (aunque sea figurada ó ficticiamente), hasta su último extremo la riqueza imponible amillarada; observándose, por desgracia ó fatalmente, que siempre para aquella entidad del Estado, nunca son suficiente mente altas ni basadas en lo verdadero y justo, las produccio nes ó cosechas y rendimientos que los pueblos, en su ceguedad, inocencia, buena fé y deseo de llenar sus deberes con la Ad ministración, confiesan paladinamente, sin reflexión, criterio ni se UN1VLRS1DADL DE SANTIAGO u
4 . pleno conocimiento de la importancia del asunto; demostrando ignorar por completo lo que materialmente pasa á su vista. Es esto tan cierto y positivo, según se deduce de los docu mentos consultados, que si á muchos pueblos se les aceptarancorno fidedignos y corrientes, los mismos datos que han sumi nistrado y los tipos calculados, declarados y reconocidos, indu dablemente habría que vender ó abandonar la propiedad terri torial á los cuatro ó cinco años de regir este ' sistema, y los ha bitantes de las poblaciones rurales, lugares y aldeas tendrían forzosamente que emigrar todos ó perecer en la más espanto sa miseria. Es curioso y digno de estudio, si atentamente nos fijamos, el exámen de los datos de producción que, los Ayuntamientoy Juntas periciales declaran, y más aún las objecciones y repas ros que formula la Administración á sus propuestas, para obli gar á reconocer y admitir que deben ser mayores las utilida des y menores los gastos. Si nos fijamos en los tipos de valoración de los frutos, vere mos que dos ó tres mercados en que aparecen altos por refe rirse precisamente á la época de siembra, en la que se vende el grano escogido y mejor, se hace subir el precio medio, sin tener para nada en cnenta, que al llevar el productor ó cose chero media docena de ferrados al mercado, por los gastos y tiempo invertido, lo que vendió á diez, por ejemplo, le resulta verdaderamente á ocho. Ahora bien, por lo que respecta á los gastos de cultivo, la equivocación es aún mayor y más manifiesta, porque se dá el caso de fijar tres labores á la hectárea de tierra (que son 23 ferrados, de 625 varas cuadradas), cuando realmente con ca, rro y bueyes en tres días no se portean ó conducen los abonos, y los días de labor suelen llegar á 20 ó 25 al año por hectárea. Acaso estas gratuitas suposiciones de la Administración pro-
5 cedan de que los dignísimos empleados que la componen, ha brán servido tal vez en las provincias del Centro y Mediodía de la Península y están acostumbrados á ver cultivar la tierra con muías y bueyes de gran cuerpo, alzada y resistencia, soste nidos ó apiensados con granos y otras sustancias secas¿ en una palabra, sometidos á un régimen muy nutritivo y reparador, y los comparen con los bueyes de nuestro país, que son gene ralmente jóvenes, pequeños, de poca fuerza, paso lento y corto, mantenidos solo con hierva verde ó heno de no muy buenas ■condiciones alimenticias, si bien por lo mismo que son lentos «n su marcha para el trabajo, esta circustancia hace que su la bor sea más profunda y mejor, aún cuando no llegan á labrar en todo un día ni la quinta parte de terreno que aquellos. Además, y esto debe meditarse y tenerse presente, las fre cuentes y casi continuas lluvias en esta comarca, originan la compresión y consistencia ó dureza de la tierra, lo cual no su cede en los climas secos del Centro, Levante y Mediodía de la Península; por lo tanto, pues, hay necesidad en esta provincia, como en las demás de Galicia, de dar al terreno, para dejarle en medianas condiciones de cnltivo, repetidas y costosas labo res, que no son precisas en otras provincias. No pnede menos de llamar la atención de este Consejo, la minuciosidad, estraño conocimiento y exagerado criterio de los representantes de la Hacienda, en asunto tan complejo, deli cado y que exige un estudio y prácticas especiales, ya presu puestando el número de coles que se pueden obtener en una hectárea, ya calculando fabulosos productos de los árboles fru tales, siendo así que estos problemas matemáticos, agronómica mente considerados, nunca son exactos ni formales á priori, por multitud dé causas que la índole de un informe no permi te detallar, por más que son bastante conocidas de todos; por que las sequías unas veces, y otras el esceso de lluvias, los viense UNIVLK51DADL DF SANTIAGO DE COMPOSTELA u
6 tos y otra infinidad de agentes naturales, ocasionan el resultadocontrario al fin que se desea y espera obtenerse; así es que fre cuentemente sucede, quede cien coles que se plantan, muchas veces no'prenden, arraigan y prosperan más de diez. Eh cuan to á las frutas, sabido es, que muchas de ellas no se conservan sanas y utilizables cuarenta y ocho horas; á más de lasque en ferman en el árbol mismo y no llegan á su perfecta madurez, ó cae por efecto délos vientos y de otros accidentes imprevistos; que, por ejemplo, una cesta de cerezas cuesta el recogerla 0.50 cts. de peseta de jornal, otros 0.50 cts. de aforo por consumos en esta capital, y vendiéndose por una peseta en la plaza, resultará de balde este producto, con la pérdida del porte. A esto se objetará, ¿cómo sigue vendiéndose causando tal perjuicio? pues es muy fácil dar solución al problema, con solo considerar que la imperiosa ley de la necesidad, obliga á los vendedores á contentarse con 0.50 cts. de peseta por día y medio de trabajo que les costó cogerlas y llevarlas al mercado. Preciso es confesar, sin embargo, ‘ .que no son los emplea dos de la Hacienda española, los únicos que se dedican á hacer cálculos fantásticos sobre agricultura, pues hay una obra fran cesa en la que se trata de demostrar, que con diez conejos se puede obtener una renta de tres^mil francos anuales; y un opúsculo de un ingeniero agrónomo inglés que asimismo trata de obtener de 500 á 1000 reales de utilidad, precisamente en Galicia, por ferrado de sembradura. Es lo cierto que en estos países del Norte de España, no hay ó no existe lo que, en la genuina acepción de la palabra, se entiende por riqueza imponible, tal y como la define la ciencia económica y debe reputarse en la práctica administra tiva. Por lo tanto, los pueblos debieran decir con franqueza que, mientras les quede el último céntimo, pagarán lo que se les pida, sin necesidad de sujetarse á la formación de las carUNNERSfDAr DE SANT1AGC u
7 tillas evaluatorias, porque éstas serán siempre, por su forma y procedimiento que se sigue, una aberración, una hipótesis y un cálculo necesariamente lleno de errores y de resultados tan inciertos é inseguros, como la experiencia tiene probado. Este trascendental é importante servicio exige distinta marcha y mu- -cho tiempo para la formación y confección razonada y metódi ca de las cartillas y comprobación de los datos que en ellas se -consignen. Es, pues, innegable que en este país, no hay verdadera ri queza ó residuo imponible, después de satisfechos los gastos de cultivo y producción; estúdiese, analícese y experiméntese sobre el terreno mismo, con algún criterio, conocimiento y en conciencia, este importantísimo asunto, y vendrá el conoci miento, á posteriori, del principio establecido, que es evidente é inconcuso. Tanto es así, que para cerciorarse de esta gran verdad, no es necesario más que residenciarse unos cuantos meses en el campo, en las aldeas y lugares; las personas ricas (entendiéndose por tales las que pueden ó no quieren cultivar por sí mismas), si se las pregunta, porque no trabajan en sus campos y los resultados que les produce la industria agrícola, contestarán sin vacilación y unánimemente que no obtienen, después de pagar los jornales y demás gastos de cultivo, ga nancia ó beneficio alguno, y que las cosechas de frutas, legum bres, raíces, tubérculos, granos, etc., valen poco más ó ménos el precio que si las compraran en las ferias y mercados; pero, con el deseo de tener bien cultivados .los pocos terrenos que ro dean sus casas y de evitarse mandar sus criados diariamente á los mercados de las ciudades ó villas próximas para proveerse de aquellos artículos, optan, desde luego por el cultivo aun que sin utilidades ni rendimientos positivos. En toda esta zona ó comarca, la tierra no es más que un simple instrumento del trabajo, mejor dicho, un taller prepaUNIVERSIDADE DL SAN 1IAGO DE COMPOSTELA u
Ü . e Como quiera que este ya pesado informe, comprende el estudio de todas las cartillas que pudieran formar los pueblos de la provincia, y que la Delegación remita á este Consejo en lo sucesivo, porque todos los municipios han de ceñirse y suje tarse á la misma modelación y conceptos; el presente dictámen que es tomado el asunto en tésis general, comprenderá á to das las que aún falten remitir y que á esta Corporación corres ponde examinar, á fin de evitarse nuevos trabajos é inversión de tiempo. Por lo tanto, debe leferirse la contestación á la Hacienda al devolver las propuestas que pueda remitir en ade lante, al acuerdo del Consejo respecto de este asunto y exámen de las que se han recibido. La Coruña 4 de Octubre de 1888. El Comisario Regio, Presidente, p. a . d . c. E! Ingeniero Agrónomo, Secretario, Así consta del acta de la sesión celebrada en 12 de Sep tiembre próximo pasado, á que me remito. Fecha ut supra. . ■ , EL INGENIERO AGRÓNOMO, SECRETARIO, \ • de
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