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Archivos de la memoria

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Archivos de la memoria

Author: Rodríguez de la Flor, Fernando
Publisher: Editorial Universidad de Sevilla
Year: 2001
DOI: 10.12795/astragalo.2001.i19.12
Source: https://idus.us.es/bitstreams/dd58b244-c1f3-48f4-a3e7-0b96c8f78c51/download
ARCHIVOS DE LA MEMORIA
E
l Esco ial no es sólo, como de él se
a i ma de mane a gene al, una ma a i-
lla
-la
«oc a a» en la je a quía de las
g andes cons ucciones mi ológicas del mundo
an iguo-, sino que, de mane a más p ecisa, el
edi icio ilipino es, ambién,
un
«con enedo »
de ma a illas; una «cáma a» de a ezas cul u a-
les
y,
en ealidad un «depósi o» p ác icamen e
inex inguible de an igüedad y an igüedades.
los cuad os y los obje os p opiamen e de a e,
los que emp enden los caminos de las expos
i-
ciones y las mues as museís icas que los ecla-
man ei e adamen e (pues El Esco ial es una
cápsula empo al que con iene en sus lími es el
genoma de la cul u a enacen is a occiden al);
más a amen e, es as ope aciones de ex a e -
sión y mues a de los eso os escu ialenses se
ealiza sob e lib os, incunables, colecciones de
papeles
o,
como es el caso, sob e los cuade nos
El Esco ial es, en onces, el nomb e mismo que de dibujos, de azos y de diseños o « asguños»
ecibe una colección in ini a y la ci a de la a los que
se
les ha do ado de una es uc u a en
memo ia ma e ial de
un
mundo, si bien ido, la o ma de un codex, pues no al an en ellos
hoy sabemos, ambién, que i i icable y exhi- ampoco las p eciosas ano aciones manusc i as.
bible, con
un
po encial muy al o de ac ualiza-
ción y p esencia. Len amen e, los egis os
obje uales de El Esco ial salen a la luz en so is-
icadas ope aciones de «
i
sibilidad» y exhibi-
ción, que mues an al ex e io
lo
que la opaci-
dad de an con unden es mu os ha ocul ado
du an e siglos de cie o sec e o, y aun pod ía
ambién deci se que de mis e io e impene abi-
lidad, en consonancia con
el
au a he mé ica
que
R.
Taylo y o os han enido a ibuyendo a
an singula «luga de la memo ia».
Nues o iempo ecu e a menudo a la cáma a
de ma a illas escu ialense pa a de ella ex ae
lo deposi ado
o,
ambién pa a allí mismo, p o-
cede a clona sus bienes, a ep oduci pa a las
masas sus más sec e os eso os. A menudo son
Sob e uno de esos códices, conc e amen e
sob e
el
Codex escu ialensis 28-II-12
-a
él nos
e e imos-, se ha ealizado una ope ación
modélica, que con ie e lo que e a
un
unicum
de muy di ícil consul a en
un
«obje o», aho a
esca ado en una so is icada ope ación de
« éplica» pa a una plu alidad in ini a de mi a-
das, bajo cuyo alcance ales igu as que ienen
del pasado inalmen e se han pues o.
El
codex
edi i o
¿Cómo edi a
un
codex?
Y,
sob e odo, ¿cómo
hace lo sin que pie da sus cualidades o males,
sin aiciona en él la disposición es é ica de
su
igu a. És a es una p egun a a la que un con-
jun o a iado de ins i uciones, un edi o ca -
-
CXI-
111
ASTRAGALO, 19 (2001)
A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA
A icle.ISSN 1134-3672
h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.2001.i19.12
Fe nando Rod íguez de la Flo
P o eso de Li e a u a de la Uni e sidad de Salamanca
gado de expe iencia y de sabe es -José López
Albadalejo-- y una expe a his o iado a del a e
-Ma ga i a Fe nández Gómez- han dado una
espues a a iesgada pe o con unden e: sólo
con las mayo es ga an ías; únicamen e a a és
del máximo igo concep ual y es é ico; exclu-
si amen e con ando con los medios más ade-
cuados.
De
es a decisión que apun a hacia la
ob a bien hecha en odas sus dimensiones,
sale, no ya
un
acsímil de una belleza y pe ec-
ción écnica inigualable (o a la al u a misma de
o as g andes p oducciones de es e géne o en
España), sino ambién un es udio ejempla , que
e ela el p o undo backg ound cul u al en que
asien an
su
a qui ec u a alíge a es os dibujos,
los cuales despliegan el pode inaugu al del
Renacimien o en la de inición nue a de las
ciudades, los obje os y los cue pos, bañados
po en onces po una luz «no usada», y cap a-
112
dos bajo las leyes de una pe spec i a inédi a.
En e ec o, dibujos de ciudades, apun es de
panoplias obje uales, in en a ios de azas de
cue pos ... o, mejo , como esc ibe el ilus ado
An onio Ponz, que e ie e el encuen o con el
codex a ines del
XVIII
a modo de « e ela-
ción» de
lo
que es
un
álbum alioso,
y,
en ea-
lidad,
un
au én ico dicciona io es é ico, al
iempo que
un
p on ua io y una guía u ís ica
o cuade no de iaje po la clasicidad i aliana,
odo ello en
el
jus o quicio de la ape u a
enacen is a, y como al, encuen a en él:
«Plan as de edi icios, ba imen os ma í imos,
g o escos, o eos, isos, a as, u nas, es a uas,
a cos, columnas y edu e omanas».
Las azas y los apun es omados, p obable-
men e
al
acaso po un maes o i aliano (a quien
después de
un
a duo p oceso indaga o io pode-
mos, con
la
au o a del es udio, da un nomb e:
Domenico Ghi landaio), cob an en es a edi-
ción- éplica, y en
el
abajo mismo de su exhu-
mación y pues a
al
día, el alo
de
un
emblema,
mien as cons i uyen, en ealidad, una ci a de
un
mundo. El abajo de la memo ia y la cons i-
ución
de
una al ga an ía de a chi ación y
gua da nos asegu an que me ced a ello el
pasado no es á o almen e des anecido y que,
lejos de encon amos en nues o momen o c e-
puscula y ecapi ula o io en en ados al de i-
diano «mal del a chi o», a eces es amos a o-
cados a
un
eencuen o y a unas bodas
eno adas con la an igüedad pe dida.
La ascinan e econs ucción del mundo cul u-
al de es os dibujos (que cie a adición ha
epu ado como de meno calidad espec o a la
de algunos o os ejemplos de ese mismo
iempo, como los cuade nos de dibujos de San-
gallo o F ancisco de Holanda), e ela, no sólo
los p opios o ígenes que el géne o de los cua-
de nos de iaje os en an, sino el cu ioso diá-
logo o c uce de mi adas que en su in e io se
desa ían, pa icula men e en e las a es mayo-
es de
la
pin u a y la a qui ec u a, sume gidas
ambas en el momen o enacen is a en una con-
on ación de ango, mien as se en sos enidas
po a is as empeñados en una «polí ica de la
epu ación» (de sus sabe es), la cual pasa po
una de ensa acend ada de sus es a u os como
pin o es y/o a qui ec os.
La caja de so p esas de es e es udio --es uc u-
ado po Ma ga i a Fe nández de
un
modo
poli ónico y a en o a descub i las más impe -
cep ibles in lexiones de in e és-, es i ual-
men e inago able, y supone, cuando menos
pa a los a qui ec os ( ep esen ados como
-
CXII-
pa ones y coedi o es de la emp esa a a és
del
ó gano o Consejo Gene al de la A qui ec-
u a Técnica de España), una uen e pa a las
g andes cues iones a que se encuen a abie o
un o icio (una p axis, un sabe ) que, pese a
lo
que pa ezca, iene as de sí an o pasado
como u u o.
A a és del ins umen o de abajo y e lexión
que es el cuade no de iaje, se pone en pie la
his o ia misma de unas p ác icas que han lle-
gado a nues os días exhaus as, pe o oda ía
ac i as y ecuen adas po los g andes maes os
de la a qui ec u a. La iloso ía de la edu e,
pongo po ejemplo, es
un
caso ex emadamen e
singula
de
econs ucción de es e g an modo
ep esen acional y sinóp ico, con el que en el
Clasicismo se p e endía ep esen a el núcleo
semán ico de la u be y sus nue os p ocesos de
monumen alización exhibi o ia. Pe o el abajo
ealizado po Ma ga i a Femández en es a ope-
ación de a queología del conocimien o se
asien a en una plu alidad de ejes de lec u a y de
explo ación del me o ma e ial isual que e -
mina in e elacionando a és e con odo el espa-
cio mismo (digamos con exp esión de época,
con el din o no) del momen o eno a o io y
clasicis a eu opeo y español. Y así, esos dibujos
o azas en el papel ines able cob a una dimen-
sión de modelo y epe o io
de
suge encias y de
luga es (loci) pa a el p opio p og ama cons uc-
i o ma e ial de la cul u a enacen is a espa-
ñola.
Escol ado el olumen de es udio anexo a la
edición que comen amos po dos explo aciones
de ma iz
i
lológ
ic
o y posi i is a, aho a cabe
deci ambién de él que en el in e io se des-
pliega con ue za una lec u a de co e iconoló-
gico (como no podía se menos en quien de
en ada se decla a discípula del desapa ecido
San iago Sebas ián). Y, di íamos más, aquí
ambién se ealiza con au o idad una lec u a de
la iloso ía de la composición es é ica (de los
ecu sos de
la
in en io), pa a la cual el codex
es el «silaba io» a pa i del cual se econs uye
pa e de una g amá ica pe dida u ol idada. En
es a zona los ocabula ios pues os en pie po el
dibujan e del iejo codex mues an
su
e sa ili-
dad espi i o me, como pa ones que ue on o
llega on a se pa a la ope ación eno a o ia de
la a qui ec u a ins i ucional española en la an-
sición en e los Reyes Ca ólicos y la decidida
e apa impe ial ca olina.
No se a a, inalmen e, de adqui i de odo
ello una e idencia, digamos, limi adamen e
ex ual, abs ac a, concep ual, sino que, en
odo momen o, el lec o ag adecido de es e
olumen geminado e impecable iene an e sus
ojos los as os g á icos (la mos ación
ad
ocu
l
os
) de odo lo que el discu so cien í ico
paula inamen e e ela.
Así, de los dibujos a los ex os, de és os a las
e idencias que p ocu an ambién las o og a-
ías y los planos, se cumple un eco ido
ideal: aquel que pone de elie e al a chi o de
la adición como un au én ico apiz de signi-
ican es (y «ja dín de sende os bi u cados») y
a la mi ada c í ica como la guía segu a en
medio del ol ido y la oscu idad en que se a
iendo sume gido odo el pasado.
FR.
D.
L.
F.
• Codex Escu ialensis
28-II-12
Lib o de dibujos o an i-
güedades. Es udio In oduc o io de Ma ga i a Fe nández
Gómez.
Mu
cia, Edi o a Regional, 2000. •
-
CXIII
-
113
ASTRAGALO,19(2001)ISSN 1134-3672
La piel de Roma. (Vía del co so).
-
CXIV-