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Archivos de la memoria

Rodríguez de la Flor, Fernando

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ARCHIVOS DE LA MEMORIA E l Esco ial no es sólo, como de él se a i ma de mane a gene al, una ma a i- lla -la «oc a a» en la je a quía de las g andes cons ucciones mi ológicas del mundo an iguo-, sino que, de mane a más p ecisa, el edi icio ilipino es, ambién, un «con enedo » de ma a illas; una «cáma a» de a ezas cul u a- les y, en ealidad un «depósi o» p ác icamen e inex inguible de an igüedad y an igüedades. los cuad os y los obje os p opiamen e de a e, los que emp enden los caminos de las expos i- ciones y las mues as museís icas que los ecla- man ei e adamen e (pues El Esco ial es una cápsula empo al que con iene en sus lími es el genoma de la cul u a enacen is a occiden al); más a amen e, es as ope aciones de ex a e - sión y mues a de los eso os escu ialenses se ealiza sob e lib os, incunables, colecciones de papeles o, como es el caso, sob e los cuade nos El Esco ial es, en onces, el nomb e mismo que de dibujos, de azos y de diseños o « asguños» ecibe una colección in ini a y la ci a de la a los que se les ha do ado de una es uc u a en memo ia ma e ial de un mundo, si bien ido, la o ma de un codex, pues no al an en ellos hoy sabemos, ambién, que i i icable y exhi- ampoco las p eciosas ano aciones manusc i as. bible, con un po encial muy al o de ac ualiza- ción y p esencia. Len amen e, los egis os obje uales de El Esco ial salen a la luz en so is- icadas ope aciones de « i sibilidad» y exhibi- ción, que mues an al ex e io lo que la opaci- dad de an con unden es mu os ha ocul ado du an e siglos de cie o sec e o, y aun pod ía ambién deci se que de mis e io e impene abi- lidad, en consonancia con el au a he mé ica que R. Taylo y o os han enido a ibuyendo a an singula «luga de la memo ia». Nues o iempo ecu e a menudo a la cáma a de ma a illas escu ialense pa a de ella ex ae lo deposi ado o, ambién pa a allí mismo, p o- cede a clona sus bienes, a ep oduci pa a las masas sus más sec e os eso os. A menudo son Sob e uno de esos códices, conc e amen e sob e el Codex escu ialensis 28-II-12 -a él nos e e imos-, se ha ealizado una ope ación modélica, que con ie e lo que e a un unicum de muy di ícil consul a en un «obje o», aho a esca ado en una so is icada ope ación de « éplica» pa a una plu alidad in ini a de mi a- das, bajo cuyo alcance ales igu as que ienen del pasado inalmen e se han pues o. El codex edi i o ¿Cómo edi a un codex? Y, sob e odo, ¿cómo hace lo sin que pie da sus cualidades o males, sin aiciona en él la disposición es é ica de su igu a. És a es una p egun a a la que un con- jun o a iado de ins i uciones, un edi o ca - - CXI- 111 ASTRAGALO, 19 (2001) A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA A icle.ISSN 1134-3672 h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.2001.i19.12 Fe nando Rod íguez de la Flo P o eso de Li e a u a de la Uni e sidad de Salamanca gado de expe iencia y de sabe es -José López Albadalejo-- y una expe a his o iado a del a e -Ma ga i a Fe nández Gómez- han dado una espues a a iesgada pe o con unden e: sólo con las mayo es ga an ías; únicamen e a a és del máximo igo concep ual y es é ico; exclu- si amen e con ando con los medios más ade- cuados. De es a decisión que apun a hacia la ob a bien hecha en odas sus dimensiones, sale, no ya un acsímil de una belleza y pe ec- ción écnica inigualable (o a la al u a misma de o as g andes p oducciones de es e géne o en España), sino ambién un es udio ejempla , que e ela el p o undo backg ound cul u al en que asien an su a qui ec u a alíge a es os dibujos, los cuales despliegan el pode inaugu al del Renacimien o en la de inición nue a de las ciudades, los obje os y los cue pos, bañados po en onces po una luz «no usada», y cap a- 112 dos bajo las leyes de una pe spec i a inédi a. En e ec o, dibujos de ciudades, apun es de panoplias obje uales, in en a ios de azas de cue pos ... o, mejo , como esc ibe el ilus ado An onio Ponz, que e ie e el encuen o con el codex a ines del XVIII a modo de « e ela- ción» de lo que es un álbum alioso, y, en ea- lidad, un au én ico dicciona io es é ico, al iempo que un p on ua io y una guía u ís ica o cuade no de iaje po la clasicidad i aliana, odo ello en el jus o quicio de la ape u a enacen is a, y como al, encuen a en él: «Plan as de edi icios, ba imen os ma í imos, g o escos, o eos, isos, a as, u nas, es a uas, a cos, columnas y edu e omanas». Las azas y los apun es omados, p obable- men e al acaso po un maes o i aliano (a quien después de un a duo p oceso indaga o io pode- mos, con la au o a del es udio, da un nomb e: Domenico Ghi landaio), cob an en es a edi- ción- éplica, y en el abajo mismo de su exhu- mación y pues a al día, el alo de un emblema, mien as cons i uyen, en ealidad, una ci a de un mundo. El abajo de la memo ia y la cons i- ución de una al ga an ía de a chi ación y gua da nos asegu an que me ced a ello el pasado no es á o almen e des anecido y que, lejos de encon amos en nues o momen o c e- puscula y ecapi ula o io en en ados al de i- diano «mal del a chi o», a eces es amos a o- cados a un eencuen o y a unas bodas eno adas con la an igüedad pe dida. La ascinan e econs ucción del mundo cul u- al de es os dibujos (que cie a adición ha epu ado como de meno calidad espec o a la de algunos o os ejemplos de ese mismo iempo, como los cuade nos de dibujos de San- gallo o F ancisco de Holanda), e ela, no sólo los p opios o ígenes que el géne o de los cua- de nos de iaje os en an, sino el cu ioso diá- logo o c uce de mi adas que en su in e io se desa ían, pa icula men e en e las a es mayo- es de la pin u a y la a qui ec u a, sume gidas ambas en el momen o enacen is a en una con- on ación de ango, mien as se en sos enidas po a is as empeñados en una «polí ica de la epu ación» (de sus sabe es), la cual pasa po una de ensa acend ada de sus es a u os como pin o es y/o a qui ec os. La caja de so p esas de es e es udio --es uc u- ado po Ma ga i a Fe nández de un modo poli ónico y a en o a descub i las más impe - cep ibles in lexiones de in e és-, es i ual- men e inago able, y supone, cuando menos pa a los a qui ec os ( ep esen ados como - CXII- pa ones y coedi o es de la emp esa a a és del ó gano o Consejo Gene al de la A qui ec- u a Técnica de España), una uen e pa a las g andes cues iones a que se encuen a abie o un o icio (una p axis, un sabe ) que, pese a lo que pa ezca, iene as de sí an o pasado como u u o. A a és del ins umen o de abajo y e lexión que es el cuade no de iaje, se pone en pie la his o ia misma de unas p ác icas que han lle- gado a nues os días exhaus as, pe o oda ía ac i as y ecuen adas po los g andes maes os de la a qui ec u a. La iloso ía de la edu e, pongo po ejemplo, es un caso ex emadamen e singula de econs ucción de es e g an modo ep esen acional y sinóp ico, con el que en el Clasicismo se p e endía ep esen a el núcleo semán ico de la u be y sus nue os p ocesos de monumen alización exhibi o ia. Pe o el abajo ealizado po Ma ga i a Femández en es a ope- ación de a queología del conocimien o se asien a en una plu alidad de ejes de lec u a y de explo ación del me o ma e ial isual que e - mina in e elacionando a és e con odo el espa- cio mismo (digamos con exp esión de época, con el din o no) del momen o eno a o io y clasicis a eu opeo y español. Y así, esos dibujos o azas en el papel ines able cob a una dimen- sión de modelo y epe o io de suge encias y de luga es (loci) pa a el p opio p og ama cons uc- i o ma e ial de la cul u a enacen is a espa- ñola. Escol ado el olumen de es udio anexo a la edición que comen amos po dos explo aciones de ma iz i lológ ic o y posi i is a, aho a cabe deci ambién de él que en el in e io se des- pliega con ue za una lec u a de co e iconoló- gico (como no podía se menos en quien de en ada se decla a discípula del desapa ecido San iago Sebas ián). Y, di íamos más, aquí ambién se ealiza con au o idad una lec u a de la iloso ía de la composición es é ica (de los ecu sos de la in en io), pa a la cual el codex es el «silaba io» a pa i del cual se econs uye pa e de una g amá ica pe dida u ol idada. En es a zona los ocabula ios pues os en pie po el dibujan e del iejo codex mues an su e sa ili- dad espi i o me, como pa ones que ue on o llega on a se pa a la ope ación eno a o ia de la a qui ec u a ins i ucional española en la an- sición en e los Reyes Ca ólicos y la decidida e apa impe ial ca olina. No se a a, inalmen e, de adqui i de odo ello una e idencia, digamos, limi adamen e ex ual, abs ac a, concep ual, sino que, en odo momen o, el lec o ag adecido de es e olumen geminado e impecable iene an e sus ojos los as os g á icos (la mos ación ad ocu l os ) de odo lo que el discu so cien í ico paula inamen e e ela. Así, de los dibujos a los ex os, de és os a las e idencias que p ocu an ambién las o og a- ías y los planos, se cumple un eco ido ideal: aquel que pone de elie e al a chi o de la adición como un au én ico apiz de signi- ican es (y «ja dín de sende os bi u cados») y a la mi ada c í ica como la guía segu a en medio del ol ido y la oscu idad en que se a iendo sume gido odo el pasado. FR. D. L. F. • Codex Escu ialensis 28-II-12 Lib o de dibujos o an i- güedades. Es udio In oduc o io de Ma ga i a Fe nández Gómez. Mu cia, Edi o a Regional, 2000. • - CXIII - 113 ASTRAGALO,19(2001)ISSN 1134-3672 La piel de Roma. (Vía del co so). - CXIV-