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El acto creativo como reflejo antropológico: tres casos a estudio: Antonio Sosa, David López Panea y Ming Yi Chou

Abstract

Las relaciones humanas del presente son modeladas por el imparable desarrollo de las redes sociales. Un condicionante que influye en la producción artística actual, así como en su difusión. Si bien la globalización busca estandarizar las sociedades en los ámbitos políticos, económicos y culturales, el ser humano, desde sus orígenes, con la creación artística ha planteado una defensa de los aspectos particulares que definen su condición humana. El presente artículo pone en valor las diferencias perceptivas de tres artistas andaluces, Antonio Sosa, David López Panea y Ming Yi Chou, cuando interpretan el mundo que les rodea. La relación antropología-arte será nuestra herramienta metodológica al permitir, por el enfoque multidisciplinar, un estudio ampliado del pensamiento identitario del “otro”. Así, nuestro texto defiende la siguiente tesis: no podemos excluir las sensibilidades divergentes a lo establecido como estándar, si pretendemos conocer las raíces en las que se edifican el destino humano.

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El acto creativo como reflejo antropológico: tres casos a estudio: Antonio Sosa, David López Panea y Ming Yi Chou

Author: Lara-Barranco, Paco
Year: 2012
Source: https://idus.us.es/bitstreams/6e86de4d-7e40-43b4-903c-c73b2fa2b0d5/download
ISSN: 1578-4282
ISSN (cd- om): 1695-9884
Deposi o legal: J-154-2003
h p:// e is a.ujaen.es/ ae
Re is a de An opología Expe imen al
nº 12, 2012. Monog á ico: El ac o c ea i o y el a e
Tex o 3: 13-31. Uni e sidad de Jaén (España)
EL ACTO CREATIVO COMO REFLEJO ANTROPOLÓGICO.
T es casos a es udio: An onio Sosa, Da id López Panea y Ming
Yi Chou.
Paco La a-Ba anco
Uni e sidad de Se illa
[email p o ec ed]
Resumen:
Palab as cla e:
Abs ac :
THE CREATIVE ACT AS AN ANTHROPOLOGICAL REFLECTION. Th ee s udy
cases: An onio Sosa, Da id López Panea and Ming Yi Chou.
Las elaciones humanas del p esen e son modeladas po el impa able desa ollo de las edes
sociales. Un condicionan e que in luye en la p oducción a ís ica ac ual, así como en su
di usión. Si bien la globalización busca es anda iza las sociedades en los ámbi os polí icos,
económicos y cul u ales, el se humano, desde sus o ígenes, con la c eación a ís ica ha
plan eado una de ensa de los aspec os pa icula es que de inen su condición humana. El
p esen e a ículo pone en alo las di e encias pe cep i as de es a is as andaluces, An onio
Sosa, Da id López Panea y Ming Yi Chou, cuando in e p e an el mundo que les odea. La
elación an opología-a e se á nues a he amien a me odológica al pe mi i , po el en oque
mul idisciplina , un es udio ampliado del pensamien o iden i a io del “o o”. Así, nues o ex o
de iende la siguien e esis: no podemos exclui las sensibilidades di e gen es a lo es ablecido
como es ánda , si p e endemos conoce las aíces en las que se edi ican el des ino humano.
Human ela ions in he p esen a e shaped by he uns oppable de elopmen o social ne wo ks.
This condi ion a ec s he cu en a is ic p oduc ion and i s di usion. While globaliza ion
aims o s anda dize ou socie ies in he poli ical, economic and cul u al ambi s, he human
being, om i s o igins, h oughou a is ic c ea ion has aised a de ense o he pa icula
aspec s ha de ine he human condi ion. This a icle highligh s he di e ences pe cep i e om
h ee Andalusia a is s, An onio Sosa, Da id López Panea y Ming Yi Chou, when in e p e ing
he wo ld a ound hem. The ela ionship an h opology-wi h-a will be ou me hodological
ool o allow, wi h a mul idisciplina y app oach, a wide s udy om he hough iden i y o “ he
o he ”. The e o e, ou ex de ends he ollowing hesis: we can no exclude hose di e gen
sensibili ies, jus because hey a e no conside ed as s anda d, i we a e ying o know he
oo s since whe e a e buil ou human des iny.
An opología. Iden idad. Huella. Pensamien o. Raíces
An h opology. Iden i y. Foo p in . Though . Roo s
Re is a de An opología Expe imen al, 12. monog á ico: El ac o c ea i o. Tex o 3. 2012
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I. In oducción
En la sociedad de hoy el impa able desa ollo de las edes sociales modela y de e mina
las elaciones humanas. Como he amien a ambién in luye en la p oducción a ís ica ac-
ual, así como en su di usión. Bajo el p og eso ecnológico incesan e subyace un deseo de
globaliza a las sociedades del mundo en los ámbi os polí icos, económicos y cul u ales, si
bien el se humano desde hace 30.000 años (Paleolí ico supe io ) ha empleado el a e como
un medio pa a c ea obje os con una “signi icación que supe a lo o dina io” (Ko ak, 2007:
231) a in de comunica y de ende sus cualidades más iden i a ias. Según Kenne h J. Ge -
gen, psicólogo y p o eso en Swa hmo e College: “los eno mes e ec os del cambio ecno-
lógico y las consecuen es sospechas que ecaen en las adiciones cul u ales han uel o cada
ez menos sus en able el alo de ese yo único” (Ge gen: 2006: 372). La sociedad global se
desc ibe po sus alo es he e ogéneos y mul icul u ales. De ahí que pa a en ende “o os”
compo amien os humanos (ap ecia los, en un sen ido adecuado) sea p eciso adop a una
ac i ud de ace camien o ela i is a en e a las o ma de ida “del o o”, en las cos umb es
o dina ias y en lo que es á po encima de lo o dina io (c eencias eligiosas, ac i idad a ís-
ica). La di icul ad pa a de ini de o ma uní oca concep os como “cul u a” e “iden idad”
su ge p ecisamen e po la na u aleza plu al he edada a a és de los siglos, y sob e la que se
asien a la sociedad ac ual. En nues o iempo, la amenaza de ex inción de una “cul u a pu a”
no con aminada eside, en g an medida, en la di icul ad de e i a la llegada del pensamien o
único (p opio de la globalidad) que se ab e paso y iende a impone se sob e las genuinas
(y aún i as) sociedades de hoy. Según Ge gen, la “cul u a modela el compo amien o del
indi iduo y és e pe pe úa luego las o mas cul u ales exis en es” (Ge gen, 2006: 377), lo
que indica que el conocimien o, en su conjun o, gene ado po la aza humana se debe a una
cons ucción colec i a. Así, el a is a, en con ac o con la comunidad que le ci cunda, p odu-
ce obje os con signi icado que llega a se complejo, u o de las apo aciones e inno aciones
he edadas de los o os.
Nues a esis de iende la no exclusión de las sensibilidades que di ie en del modelo es-
é ico dominan e. El g an obje i o que pe sigue oda nues a in es igación, en el ámbi o de
es e a ículo, en los ex os que le han p ecedido y en los es udios u u os que lleguemos a
ealiza , se jus i ica po el deseo de encon a las mo i aciones más p o undas que dan sen-
ido a la cons ucción de los obje os de a e, al se es os un e lejo de las acciones humanas.
Llega a comp ende una ob a de a e, en un plano ce cano a lo pleno, supone implemen a
al conocimien o acional (análisis de ex os c í icos) la suma de nues a empa ía emocional
(lo que ap eciamos cuando nos en en emos al obje o). De la ap oximación acional pode-
mos ex ae el “qué”, el “cómo” y una pa e del “po qué” se ha gene ado una ob a especí-
ica. Lo an e io es una consecuencia, en g an pa e, de la he encia cul u al adqui ida po
el au o , nace y se elaciona con un momen o empo al especí ico; así lo señala el ilóso o
E ns Fische : “[…] odo a e es á condicionado po el iempo y ep esen a la humanidad en
la medida en que co esponde a las ideas y aspi aciones, a las necesidades y espe anzas de
una si uación his ó ica pa icula ” (Fische , 1985: 11-12).
Cuando se p oduce una empa ía emocional con lo con emplado accedemos a lo que la
azón no log a explica : la “pa e” del “po qué”,… que no ha sido explicada con el análisis
de la lógica. La ecompensa pa a el alma (el espí i u o la conciencia) humana llega cuando
ap eciamos cie a amilia idad con el obje o de a e. Es o nos anima a llega más lejos,… a
p egun a nos con más insis encia ace ca de su signi icado, de aquello que el ilóso o aus ía-
co llamó “la magia inhe en e en él”, a buen segu o po que comenzamos a sen i que el “a e
es necesa io pa a que el homb e pueda conoce y cambia el mundo” (Fische , 1985: 14).
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Poca gen e ama el a e abs ac o y menos aún se es ue za po desa olla una in e p e-
ación subje i a, a solas, con la pin u a. ¿A qué se debe es e doble echazo? Aquello que se
nos p esen a en códigos no econocibles pa ece complejo, y es ahí donde a anca nues a
laxi ud pa a emp ende el camino del conocimien o de lo que nos esul a di e en e. ¿Po
qué necesi amos es a odeados de obje os? ¿Rep esen an y signi ican los obje os a quien
se iden i ica con ellos? ¿Puede un semá o o p o oca una emoción, al signi ica más allá de
su condición indus ial? John Maeda, a is a, cien í ico in o má ico y p o eso en el Massa-
chuse s Ins i u e o Technology (MIT), se p egun a si es un exceso “ama y espe a a un
simple ozo de papel”, cuando no ponemos epa o en iden i ica nos con “un mons uo que
es á en la pan alla” o con “un bebé digi al encapsulado den o de una caji a elec ónica”. Si
en la hoja de papel nos dicen que se ep esen a uno de los p ime os ga aba os de nues o
hijo, la espues a ya es á indicada. Un dibujo abs ac o de un niño no es cues ionado po los
pad es po que más allá de lo p oyec ado sob e el papel, en sí mismo p oyec a emociones no
elacionadas con la es é ica del a e mode no, sí con la his o ia de esa amilia. Po es a azón
una pin u a Wassily Kandinsky, p ecu so del a e abs ac o, que o me pa e de una de las
mejo es colecciones de a e mundial, ca ece de sen ido pa a esos pad es no habi uados al
lenguaje de la abs acción: sí c een es a lo a los dibujos de su hijo.
Lo mismo ocu e con el semá o o. Si se le iden i ica con las his o ias b e es, ugaces y a
la ez epe idas, que hemos i ido con nues o hijo mien as agua dábamos la luz en e de
camino del colegio, es a ci cuns ancia hace que nues a memo ia ac i e nues o componen e
emocional con sólo mi a lo. Y he aquí donde eside la signi icación de es e apa a o indus-
ial pa a noso os: el obje o sólo nos dice po que nos conmue e.
Si la ob a enue a la plás ica del momen o an o mejo pa a el au o y la p opia ob a:
o ma án pa e de la his o ia (un ejemplo la P ime a acua ela abs ac a, de Wassily Kan-
dinsky, ealizada en 1910). Un hecho que no es su icien e pa a conmo e , po igual, a odo
espec ado . Los análisis acionales de la misma han demos ado las apo aciones no edosas
pa a el con ex o del a e en el que ue c eada, sin emba go la conexión emocional con ella
sólo se p oduce cuando el ánimo de conoce pa e desde den o del espec ado y no es o za-
do po los ex os que e lejan la isión de los o os. Toma conciencia de nues a capacidad
de pe cibi pa ece se el p ime paso pa a p omo e ese ínculo, al ez po ello: “En el
cen o de los mejo es p emios se encuen a el deseo undamen al de alcanza la libe ad en
el pensamien o, en la ida y en la esencia de lo que somos” (Maeda, 2006: 43).
El p esen e ex o des aca como obje i o p io i a io el siguien e: demos a que la empa ía
emocional, en la elación espec ado -ob a de a e, apo a signi icados únicos y pa icula es
que no son acili ados, en su o alidad, po el componen e acional humano. Es e obje i o
se lle a á a cabo a a és del es udio de las ob as de es a is as esiden es en la ciudad de
Se illa. En el apa ado II. An onio Sosa: el a e como poé ica, se demues a que lo unda-
men al no es el p oceso c ea i o del au o (y la ob a como esul an e) sino el signi icado que
el espec ado puede gene a en su diálogo con el obje o (en endido como medio o ehículo
de comunicación). En el apa ado III. Da id López Panea: la iendo en sin onía con la na-
u aleza, ponemos de elie e el “e ec o ca a sis” que la pin u a a “plein ai ” puede eje ce
sob e la conciencia humana; la elación homb e-na u aleza, en endida como ín imo i ual,
conduce al au o-conocimien o. Finalmen e, en el apa ado IV. Ming Yi Chou: la no esis en-
cia al cons an e cambio, si uamos en la acep ación del discu i del iempo al eje esencial
sob e el que ci cun ala la p oducción a ís ica de es e pin o aiwanés, capaz de expo a una
ob a con asgos es ilís icos de p obada iden idad, aun bebiendo de e e encias he e ogéneas.
Pa a es os pin o es, la na u aleza es uen e de conocimien o an opológico, de ahí que
una pa e de la cul u a (el a e y sus alo es poé icos) no se cons uya sin la elación con
aquélla. Dos azones que jus i ican el po qué con luyen en nues o es udio. Un abajo
lle ado a cabo a a és del empleo de una me odología de análisis deduc i o, que ha sido
complemen ada con las apo aciones “de p ime a mano” ob enidas median e la en e is a.
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II. An onio Sosa: el a e como poé ica
Cuando el a is a en iende la unción del a e como un modo posible de conoce las aí-
ces del compo amien o humano, su men e p oduce obje os que le in e ogan cons an emen-
e ace ca del mundo que le odea. Al mismo iempo, pe sigue con su ob a que el espec ado
es imule no sólo su componen e acional, que cues iona y analiza, sino ambién su ace a
emocional, que pe cibe sensi i amen e lo con emplado. An onio Sosa (Co ia del Río, 1952)
indaga desde sus inicios ese plan eamien o al pone en duda aquello que le ci cunda. En su
es udio a la o illa del ío Guadalqui i ha cons uido una a qui ec u a pe sonal undada en la
simbiosis o al con el medio na u al. Su acción c ea i a, que ha necesi ado de esa elación de
in e cambio en e homb e y na u aleza, pod ía se desc i a como un e dade o ac o de amo ,
po su gi de o ma na u al, sin se o zada, mo i o po el cual los obje os p oducidos ienen
un au a de e dade os po que no pod ían habe sido pa idos de un modo a i icial; son con-
mo edo es y uc í e os po que no dejan al espec ado indolen e cuando son obse ados,
más bien odo lo con a io, despie an p egun as ace ca de quiénes somos.
Au o es con p es igio en la escena de la c í ica nacional e in e nacional han o ecido luz
a las in e p e aciones de la ob a de An onio Sosa. Ke in Powe , c í ico de a e y p o eso de
la Uni e sidad de Alican e, ha en a izado la p o unda que encia de Sosa po “lo p imi i o”
al iempo que ha sub ayado su ijación po el “simbolismo eligioso” (co ona de espinas,
se pien e, imagen de C is o, de San Sebas ián), el “a aigo emo i o de su ie a” (po los
ma e iales empleados), y una mi ada a lo que ue su in ancia y ju en ud (cuando las ep e-
sen a con algunos jugue es y obje os de su pasado). A lo an e io , se suma su in e és po
“el exp esionismo con empo áneo” cuya aíz su ge de su “ elación con lo p imi i o”: una
ca ac e ís ica que le de ine como au o mode no –según señala el c í ico de o igen inglés: la
“búsqueda de lo p imi i o ha acompañado la his o ia de la mode nidad, y casi pa ece habe
sido una de sus g andes in enciones, ín imamen e ligada a la i upción de los es udios an-
opológicos, acaecida al inal del siglo XIX”. Rasgos que se han man enido o han a iado
con mayo o meno in ensidad a lo la go de su ayec o ia y han cons i uido un lei mo i , una
azón de se , que ale an de una cons an e cla e en su eco ido, al ez la undamen al: la
“in e ogación en e a un mundo que nunca podemos asi ” (Powe , 1986: 3-4).
Son los ma e iales de ca ác e pob e como la a ena, el yeso y la ceniza los que hacen de
la ob a que és a se aleje de lo a i icial y delibe adamen e so is icado. El esul ado, po el
con a io, obedece a un p oceso de ab icación sencilla y e mina siendo de na u aleza ágil
e in encionadamen e no llama i o. Esa aus e idad en el mé odo y en el p oduc o e idencian
unos ínculos del au o con el a e po e a, ca ac e izado po las conno aciones mágicas
que adquie en los ma e iales empleados (po sus o ígenes y inculaciones a la ie a y a la
na u aleza). De es e modo, el con enido de la ob a e leja el imagina io in e io del au o y
no una c í ica a si uaciones sociales del momen o.
Es a in i ación a la con emplación ín ima y lib e de imposiciones in e p e a i as, es lo
que se nos p opone con Semillas en la ma gen de echa del Guadalqui i , ealizada en 1993
(Figu a 1). El conjun o se compone de moldes de obje os de di e sa p ocedencia, algunos
ue on signi ica i os en la in ancia y ju en ud del au o : cabezas de es a uas, un caballo de
ca ón pied a, un onco de á bol con o ma de cue po humano, una pie na modelada en su
paso po la Facul ad de Bellas A es, una igu a china –en e o os. A deci po Judi h Co-
llins, c í ica de a e y comisa ia de exposiciones, los moldes que no es án sellados “se ab en
como ainas acías sob e un lecho de cenizas, lo que indica que algo ha sido eliminado”
(Collins, 2007: 288). Ese acen o pues o en lo “eliminado” es donde ecae el mis e io y la
magia del conjun o: el con enido de cada uno de los moldes ha desapa ecido, ha dejado de
exis i al ans o ma se en o a cosa que aho a no es isible; una me á o a es á p esen e en
la ob a: lo sus an i o se asien a en la ausencia. Juan Bosco Díaz-U mene a Muñoz, p o eso
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de es é ica y c í ico de a e, e ie e en es a ci cuns ancia como el mo o que incen i a al
espec ado du an e el ac o pe cep i o:
“[Las piezas encienden] la in eligencia. No equie en a la is a más que
pa a despe a po su medio la imaginación y el pensamien o, y emi i los al
discu i del iempo elemen al en el que es amos inme sos sin se conscien es
de ello. […] silenciosas, eposando sob e un lecho de ceniza o a ena, conducen
al espec ado a un iempo y un acon ece que, como los del lujo sanguíneo,
hacen posible la ida pe o escapan a la conciencia” (Díaz-U mene a, 2008:
13-14).
Mo i o po el cual la ob a adquie e conno aciones de angus ia exis encial, de ahí el
magne ismo del conjun o: si no emos, ni palpamos, ¿a qué nos a e amos? Sea lo que
ue e equie e de un p oceso p e io “de desp endimien o”, de limpieza in e io de odo sig-
ni icado adqui ido que pueda condiciona nues a pe cepción y elación con lo p esen e. El
aciado de las o mas nos inci a a una en ada lib e hacia “un p oceso de ‘ econocimien o’
si se quie e. Y ambién de o ecimien o, median e la ob a, de los signos y símbolos de ese
‘ econocimien o’” (Sosa, en An onio Sosa en La To e. O enda, 1992: 10).
Es p eciso aden a se y de ene se pa a di e encia lo esencial de lo que se nos mues a
como cásca a: la ida se cons i uye de cons an es ansmu aciones cada ez que expi a un
pe íodo de iempo especí ico. El se humano adul o sabe de esos cambios, an e los que se
esis e cuando la mue e se ace ca. El paso del iempo p esen e en es a ob a pa ece p egun-
a nos: ¿quiénes é amos, y adónde amos? No emos sólo la consecuencia de un ac o de
abajo manual (la cons ucción de moldes), el conjun o ep esen a alegó icamen e oda una
iloso ía humana, de angus ia y espe anza, con una ex ensa adición en el iempo.

Figu a 1. An onio Sosa, Semillas en la ma gen de echa del Guadalqui i , 1993
Escayola y ceniza. 600 x 130 x 40 cm. Fo o: Claudio del Campo

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Todo lo an e io puede es a jus i icado po oces ac edi adas, pe o la p egun a no es
¿qué emos en la ob a de An onio Sosa?, sino ¿cómo sen i odo eso que o os señalan?
La alidez de la ob a de Sosa no adica en la o ma que adop a el con inen e ep esen ado
cuando dibuja, pin a y cons uye o mas idimensionales. És a se ía o a de sus cla es, ne-
cesa ia pa a con a con ella a la ho a de p opicia el diálogo con su p opues a. La no- o ma,
lo que ha dejado de se o ma ísica como ealidad palpable pa a se con emplada, es donde
hab ía que pone el acen o po que suges iona e in e oga: la cásca a o el molde, sencillo en
su o ma, cons i uye la anécdo a, mien as que el acío se uel e p esencia in isible y es
esencia e ocado a que cues iona nues a mi ada.
“La poé ica del se humano es lo único que nos puede sal a de la c isis” –de iende An o-
nio Sosa en una con e sación man enida el 11 de julio de 2011. Cuando mi amos a nues o
al ededo obse amos cómo el mundo en que i imos se es á ompiendo y es consecuen-
cia, ce e a, de un modelo ac ual de ida p omo ido po el homb e occiden al mode no: se
impone la odopode osa globalización, di igida és a po el “espec áculo” que es asegu ado,
como sos iene Guy Debo d, ilóso o, esc i o y cineas a ancés, po un “exceso de lo me-
diá ico” (Debo d, 1990: 17). En al si uación, sal a nos de la c isis implica cues iona sin
dilación la ealidad, de ahí que la ac i ud c í ica, in e oga i a y el deba e público se hagan
necesa ios. El pensado galo jus i ica es e plan eamien o cuando e ie e que “ya no exis e
ágo a, comunidad gene al. […] Ac ualmen e, ya no exis e juicio, con ga an ía de ela i a
independencia” (Debo d, 1990: 31). El papel del a e en es a si uación se hace necesa io
po que amplía nues a pe cepción de la ealidad, siemp e y cuando la cues ione. Es con el
cues ionamien o de lo obse ado cuando se en iquece el sen ido que o o gamos a los obje-
os (y po ex ensión, a la ealidad). Si el espec ado ac úa de un modo inac i o en e a una
ob a de a e cuya simbología es colec i a, cuando debie a espe a se de él lo con a io, es
po que aún no ha supe ado lo que Powe iden i ica como el “sen imien o de alienación” en
la elación (espec ado -obje o):
“El a e es, pa a Sosa, […] el símbolo de las huellas de lo que ue, el hueco dejado
po lo que se pod ía habe dicho, la p ueba banal de lo que queda. El a e se
con ie e casi en medi ación, en una u ina sin obje i os p ede e minados. Es,
pa a Sosa, el diálogo del a is a consigo mismo un diálogo que, po desg acia,
puede deci muy poco a los demás, sob e odo a la ho a de ayuda les a supe a
su sen imien o de alienación” (Powe , 1989: 17).
Un g an sal o e olu i o se descub e en la ob a de An onio Sosa con el dibujo. Gene a un
dibujo de iempo, se hace ba oco, epe i i o en el ges o de la línea has a p opo ciona una
espesa ama, es acumula i o en la ep esen ación de agmen os. También el dibujo e ie e
a su memo ia. Es símbolo y ehículo de comunicación. Sosa ema ca en nues a con e sa-
ción: “El a is a cambia, ans o ma el símbolo. En ese p oceso exis e esa pa e de magia
que no se explica”. Tal ez po es a azón no deje impasible al espec ado : su iconog a ía
de o mas acías, cásca as o as, p esencia de un silencio, a eme e con a la men e y el
lado más emocional de quien lo con empla, cons uye con enido al iempo que es imula los
sen idos.
Sosa ya adelan a a mediados de la década de los 90, las di icul ades de la azón sola
pa a accede al en endimien o de una pa cela de su abajo (c eemos que lo hace ex ensi o
a la ob a de a e en gene al): “In en a explica o aduci es e ipo de abajo median e el
lenguaje ‘cul u alizado’ me pa ece, más que di ícil, con adic o io, ya que la palab a, en
es e e i o io, no puede sus i ui a la expe iencia” (Sosa, en A a és del dibujo, 1995: 72).
Rema ca así el dé ici del lenguaje en su papel de mediado de los con enidos de la ob a
de a e, al iempo que e ue za una idea an e io : la poé ica a más lejos que la palab a. La
li e alidad en la in e p e ación ahueca el con enido. Cada elemen o ep esen ado nos habla
Re is a de An opología Expe imen al, 12. monog á ico: El ac o c ea i o. Tex o 3. 2012 19
del anscu i del iempo, de su elación con su p opia ida, de su des ino inal, que iene a
se el nues o. Rosa Que al , c í ica y comisa ia de exposiciones, así lo esal a:
“El dibujo nos pe mi e, más que ninguna o a disciplina con empo ánea, el
acceso di ec o al uni e so pa icula de cada a is a –aho a que ha dejado ya
de in o ma sob e ninguna o a cosa que no sea su au o -, [nos habla de la]
mu abilidad dinámica análoga a la ida –una concepción que se basa en el
e e no lui y descompone se” (Que al , 1995: 15).
Los dibujos de Sosa a ancan de pulsiones in e nas que buscan la conexión con el iem-
po p o undo del au o : sus anhelos y espe anzas en los ámbi os que, como se humano, le
conmue en y pe u ban (Figu a 2). En ellos, en la ama que les en uel e, cual líneas de sis-
móg a os, ondulan es y supe pues as, se descub e el alo concedido al signo, como señala
José Yñiguez, his o iado y c í ico de a e:
“Los sueños, deseos, la amilia, la an opología de la ida co idiana en su
comunidad son econocidos po el a is a en su a o desnudo con las g andes
emociones del se humano: Miedo, dolo , aleg ía, éx asis, nacimien o, sexo,
mue e. Emociones y símbolos que se eúnen, en en an y con i en en sec e a
aspi ación de des ela el mis e io de la exis encia pe o sin hace lo explíci o,
sin o mulaciones simplis as que lo banalicen” (Yñiguez, 2004: 2).
¿Podemos accede al mis e io de la exis encia humana, de la ida, a a és de la epe i-
ción? Repe i un azo, una imagen una y o a ez, no es hace siemp e lo mismo. De hecho,
nunca es lo mismo. Cada segundo nue o, es pasado cuando se sucede y i imos el siguien-
e. De ahí que las sensaciones acumuladas hagan pe cibi cada nue o espacio empo al de
un modo di e en e. Si mi ásemos con la su icien e a ención, de ce ca y de enidos, cómo ha
azado Sosa una línea, una que pa ece la misma a la con igua, e íamos que es di e en e.
Pa a se en e a la epe ición ue lo que si ió a Paul Benjamin (en su papel de no elis a
en la película Smoke, 1995), pa a inicia su salida de la c isis exis encial que es aba pa-
deciendo. Dia iamen e, y du an e 14 años, el es anque o Auggie W en había omado una
o og a ía con el mismo encuad e: la casa en e al es anco. Cuando el a amado no elis a
con empló la colección de ins an áneas no ocul ó su inicial desdén, con encido del iempo
Figu a 1. An onio Sosa, Semillas en la ma gen de echa del Guadalqui i , 1993
Escayola y ceniza. 600 x 130 x 40 cm. Fo o: Claudio del Campo
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que había pe dido W en con el desa ollo de un p oyec o acío de con enido. Las o og a ías
necesi an se con empladas con a ención –le espe ó el es anque o. Con el cambio de ac i ud
Benjamin ad i ió en onces, en una de las imágenes, a su exmuje cap ada ugazmen e y sus
ojos se humedecie on: un hecho aza oso hizo que odo un p oyec o adqui ie a sen ido pa a
él, po que en esa o og a ía le encon ó su sen ido. Sosa pa ece p e ende lo mismo: que
la ob a conduzca al espec ado al mundo de los símbolos pa a que sean ans o mados po
expe iencia p opia, sin se condicionada la lec u a po lo que la cul u a dominan e de e mi-
na. La ob a en sí misma, la consecución del p oyec o lle ado a cabo po el au o , “no iene
impo ancia” –sub aya Sosa-, sí es esencial el cambio que aquella p oduce en el espec ado
in e esado.
III. Da id López Panea: la iendo en sin onía con la na u aleza
Nos cen amos en el gi o adical que acon ece en la ob a de Da id López Panea (Se illa,
1973) du an e el pe íodo diciemb e de 2003-ene o de 2004. Es en ese momen o cuando in-
co po a a su me odología de abajo dos cons an es has a hoy man enidas: el plan eamien o
p e io de un p oyec o (deja de es e modo el p ocedimien o au omá ico e in ui i o, de abo -
da la supe icie pic ó ica) y lo hace mi ando hacia la pin u a al ai e lib e (“au plein ai ”,
ambién llamada “pleinai ismo”). Ese cambio en el p ocede , p opiciado po el con ac o
di ec o con la na u aleza, así lo e ie e el p opio au o :
“Me in e esan aquellos si ios donde la huella del homb e oda ía no ha
modi icado el espacio, su in eg idad paisajís ica, po que es en es os luga es
donde las es uc u as y los signos se hacen más e iden es y elemen ales. No se
a a de pin a la na u aleza, sino más bien la ‘idea de na u aleza’, y pa a ello he
de in e io iza la expe iencia has a ap opia me de las o mas. De una mane a
global, uniendo sensación y azón, de ec o y ecojo signos como la e osión, el
sedimen o o la g a edad, concep os uni e sales y ísicos, lo que me obliga a
mi a desp endiéndome del iempo y de odo lo ap endido” (Panea, 2007: 8).
Descub i la na u aleza ha sido, y es li e almen e, emocionan e pa a el pin o López
Panea. La e dad de su ac i ud lo e leja su pin u a con el acen o en lo local: una cons an e
man enida a a és de los sucesi os p oyec os: Mís ica (2004), Lejos (2006), G an Pode
(2006), Pein u e GP (2008), San os (2009-2010). Con cada p og ama de abajo nos des ela
que su pe sis encia p e ende como obje i o: comp ende lo que se ocul a as la o ma. El
pin o ha dejado de un lado ese ac o de pin a basado en lo con ulsi o, la exp esión isce al,
y ha i ado hacia lo in ospec i o pa a sub aya la ensión en e pin a lo ex e io y pin a se
a sí mismo: iene a se una ó mula de au o-conocimien o pues o que en su elación con la
na u aleza ue za a su yo a saca lo más ín imo de su se .
Si la pin u a de López Panea no e leja sólo las o mas y los colo es de lo obse ado, si
bien sí ei indica el alo de lo local. En el íp ico edi ado pa a la exposición Mís ica, ce-
leb ada en la gale ía del Talle del Pasaje (Se illa), en e los días 15 ab il-22 mayo, el au o
ya esponde a la supues a p egun a “¿En qué piensas cuando pin as?” que de habe sido
o mulada en aquel momen o, nos ace ca a sus in enciones más p o undas:
“La idelidad a lo que se iene ce ca nos b inda la posibilidad de escapa a una
mundialización ciega. […] No hay ema. Las piezas no ienen í ulo po que no
desa ollan ningún discu so, no son dependien es de ellas en e sí, no ec ean
nada, son ep esen ación, son supe icie y en odo es o hay una p emedi ación.
[La pin u a] posee un lenguaje au ónomo. No hay g a uidad en mi o ma de
hace ” (Panea, 2004: sin núme o de página).
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De es e modo el p oceso pic ó ico, po su ce canía con el paisaje local, ac úa pa a el
pin o de an ído o en e al mundo desna u alizado, globalizado, y le pe mi e apega se a la
ie a, a las aíces de lo humano; a a és del sende o (me á o a quizás de co dón umbilical)
que conduce al pin o al luga de su encla e dia io, pa a la obse ación y la p ác ica, el
descub imien o de una e dad pe sonal puede hace se posible. Allí a iba, a buen segu o
la conciencia de nues a caducidad aún más se in ensi ica. La imagen ep esen ada aduce
lo que ha odeado al pin o en el ac o pic ó ico, le cons uye como indi iduo: “[lo local] e
hace pa icula , gene a una conciencia de di e encia que se opone a la mundialización al y
como la conocemos” (Panea: 2005: 90). Lo que nos indica que as la imagen pin ada exis e
un posicionamien o i al, una ac i ud cohe en e, a la ez c í ica, que de ine un compo a-
mien o: “Pa o de la idea de que la iden i icación de lo que se iene ce ca, lo local, posibili a
un posicionamien o c í ico […] Co emos el iesgo de ol ida cómo es el o o si ya no se
conoce cómo es uno” (Panea, 2007: 6).
¿Qué busca en el paisaje López Panea? ¿Qué nos apo a su pin u a? Abo da emos es as
p egun as obse ando los esul ados de su in es igación. Los pin o es que p ac ican la pin-
u a a “plein ai ” obse an la luz y su e ec o sob e la o ma. López Panea pin a de lejos, pa a
e i a la en ación que p oduce la ce canía del ojo al modelo. De es e modo el esul ado se
o na más abs ac o que iluso io. El au o e ie e, a es e espec o:
“Una exposición p olongada a una p esencia an po en e como es la de la
na u aleza p o oca una sa u ación al de los sen idos y de la memo ia que
cuando uno pin a no sabe si pin a de la ealidad o lo que sabe sob e ella. Es es e
es ado de ince idumb e el que me in e esa” (Panea, 2007: 15).
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Figu a 3. Da id López Panea, S/T, 2004
Óleo sob e ela. 200 x 150 cm. Fo o: Da id López Panea
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composición, ampoco un eje o línea de ho izon e p e e en e. Los i mos de o mas o gá-
nicas se semejan a “un cul i o de anae obios en dispe sión” (González-Camaño, 2008: 4),
a “ luidas ilac e ias de ca ác e ege al” (Ma ín, 2004: 10), a “una imagen concep ual o a
una sensación o sen imien o conc e o. Así, a de e minados anhelos o necesidades psíquicas
pa ecen co esponde de e minadas iconog a ías y ep esen aciones plás icas” (González-
Camaño, 2008: 2).
El cen o pudie a es a en lo simbólico del colo que odo lo ab aza. La abundancia del
ojo se explica po que equi ale a la buena sue e, a la ue za, al p og eso, a la pasión, a la
ies a, a la belleza. Todas las cosas buenas es án ep esen adas en la cul u a china po el
colo ojo. El blanco, en oposición, ep esen a la mala sue e. El neg o es el colo que p o-
yec a mis e io, ambién habla de la mue e. ¿De qué nos in o ma el conjun o de su ob a? A
deci po la simpli icación de las o mas esuel as con ges o calig á ico, el odo se hace más
o undo (Figu a 6). Ha su gido un conglome ado de o mas y colo que oscila en e lo com-
plejo y lo sencillo. Sencillez no implica simplicidad de con enido: “No exis e modo alguno
de conec a se con la simplicidad cuando se ha ol idado lo que ep esen a la complejidad”
(Maeda, 2006: 50). El símil no pudo se más ace ado. Exp imi una na anja has a ob ene la
úl ima go a de ahí su insis encia, y és a iene un in: “p e endo busca el as ondo y saca
el máximo de cada imagen” –escla ece Chou. La di e encia es á en la a ención: en las a es
camu ladas, en el colo , en los símbolos, en la ama de líneas. Apa ece la sencillez cuando
de enemos nues a a ención pa a descub i los elemen os ep esen ados, y aquélla, una ez
e elada, pa ece indica nos que el pin o p e enda eg esa a su condición de p incipian e.
Pa a que el obje o obse ado comience a ene sen ido an e nues os ojos es p eciso
acos umb a la mi ada a lo que nos e ocan las o mas y el colo . Valo a lo que no esul a
amilia , puede se a ea imposible. Ap ecia las di e encias en sus cuad os, en apa iencia
muy simila es cuando son epasados a g an elocidad, implica dis ingui el alo simbólico
Figu a 6. Ming Yi Chou, Cielo, humo, animales y humano, 2007
Ac ílico, in a y óleo sob e papel. 100 x 85 cm. Fo o: Ming Yi Chou
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que en ellos se esconde: se insinúa a la ez que nos sugie en, son lí icos, desbo dan place
es é ico, in ensi ican el sen ido de la belleza. I án de la To e Ame igi, ya señala es e papel
ascenden al de la belleza en la ob a del pin o aiwanés cuando exp esa:
“[…] en un gi o espe ado y p o undo, el a is a comenzó a abandona los
caminos de lo eal, a ando de cabalga sob e las e apas de lo simbólico
pa a, inalmen e, desemboca en las es a egias de búsqueda de lo bello y su
ascendencia, en combinación con una sensibilidad olcada con la exp esión
sígnica. […] Toda es a ma aña ege al, o iginal, de sonidos y concep os
g á icos, posee una indudable belleza plás ica que el a is a ha sabido mi a y
descub i ” (de la To e, 2007: 5).
Al igual que González-Camaño, quien ambién lo a i ma en la misma di ección:
“[…] eedi ica la Na u aleza, de ol e a pensa la como mani es ación de un
designio más allá de lo humano […] calig a ia la signi ica hoy más que nunca
segui apos ando, de alguna mane a, po la belleza. Una ac i ud de al o iesgo
pa a el a is a que p e enda conec a se a la co ien e de una con empo aneidad
que pa ece habe la ol idado” (González-Camaño, 2007: 7).
¿En qué piensas cuando pin as? “La pin u a es como el dia io de un a is a, en ella nacen
las ideas y la ida, es la p esen ación de los sen imien os. […] A a és de la pin u a me e a-
do de la ealidad a un mundo oní ico, lleno de símbolos, líneas e imágenes” (Chou, 2005:
74). Cuando el pin o se cen a en sub aya sus aíces, su pin u a eme ge de sus en añas,
cuando p oduce piensa en la ida, e lexiona sob e és a, anhela su pasado y con ía en su
p esen e. Todo en la ob a de Ming Yi Chou es á unido a la na u aleza (y a su ida). P e ende
semb a sob e la ie a que le acoge y “expo a la cul u a china o ien al a a és de mi pin-
u a” – ea i ma. Su ob a es, como su pe sona, conciliado a.
V. Conclusiones
En base a lo an e io podemos ex ae dos conclusiones.
Una: la esencia de los es discu sos adica en la elación de la cul u a con la na u aleza,
an o he edada como ap ehendida. De aquí se desp ende que a sus imágenes les una un
asgo animis a, al pe cibi se que lo ep esen ado (mon añas, nubes, íos, ege ación, a es,
a ena, ceniza,…) sea po ado de una ida capaz de conmo e nues a mi ada.
Dos: odo lo que de ine al uni e so con igu ado en la ob a de a e no es explicable. Si la
explicación no es cubie a en su o alidad po la palab a hemos de ellena los acíos con
una ac i ud emp endedo a, a in de conec a nues as emociones más p o undas con la oz
del a is a, exp esada a a és de lo genuino de su lenguaje. Ese componen e emocional
de la aza humana, ligado a la in uición, nos pe mi e aden a nos en el mundo mágico que
ep esen a la ob a de a e, pa a log a lo que en el mismo es especí ico, único y pa icula :
el papel que adquie e lo que no es isible. An onio Sosa lo esceni ica en la ausencia; Da id
López Panea lo e ie e a lo ocul o; y Ming Yi Chou ecu e a lo ci ado.
Nos in e esa lo que ocul an las mon añas, las nubes, los íos, las hojas y las lo es, los
animales, la a ena, las cenizas… po que ese conocimien o nos aleja del miedo que p odu-
ce lo incomp ensible y nos p edispone a una in e p e ación c ea i a de los obje os de a e,
pues o que el a e es una de las azones que anima al se humano a i i .
Ag adecimien os
A Yolanda Ca ajal po la lec u a del manusc i o, y po su inmensa gene osidad. A los a -
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is as: An onio Sosa, Da id López Panea y Ming Yi Chou po sus con ibuciones de p ime a
mano que han apo ado “ ida” al ex o. A Bea Sánchez, po b inda me es a opo unidad.
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