ISSN: 1578-4282
ISSN (cd- om): 1695-9884
Deposi o legal: J-154-2003
h p:// e is a.ujaen.es/ ae
Re is a de An opología Expe imen al
nº 12, 2012. Monog á ico: El ac o c ea i o y el a e
Tex o 3: 13-31. Uni e sidad de Jaén (España)
EL ACTO CREATIVO COMO REFLEJO ANTROPOLÓGICO.
T es casos a es udio: An onio Sosa, Da id López Panea y Ming
Yi Chou.
Paco La a-Ba anco
Uni e sidad de Se illa
[email p o ec ed]
Resumen:
Palab as cla e:
Abs ac :
THE CREATIVE ACT AS AN ANTHROPOLOGICAL REFLECTION. Th ee s udy
cases: An onio Sosa, Da id López Panea and Ming Yi Chou.
Las elaciones humanas del p esen e son modeladas po el impa able desa ollo de las edes
sociales. Un condicionan e que in luye en la p oducción a ís ica ac ual, así como en su
di usión. Si bien la globalización busca es anda iza las sociedades en los ámbi os polí icos,
económicos y cul u ales, el se humano, desde sus o ígenes, con la c eación a ís ica ha
plan eado una de ensa de los aspec os pa icula es que de inen su condición humana. El
p esen e a ículo pone en alo las di e encias pe cep i as de es a is as andaluces, An onio
Sosa, Da id López Panea y Ming Yi Chou, cuando in e p e an el mundo que les odea. La
elación an opología-a e se á nues a he amien a me odológica al pe mi i , po el en oque
mul idisciplina , un es udio ampliado del pensamien o iden i a io del “o o”. Así, nues o ex o
de iende la siguien e esis: no podemos exclui las sensibilidades di e gen es a lo es ablecido
como es ánda , si p e endemos conoce las aíces en las que se edi ican el des ino humano.
Human ela ions in he p esen a e shaped by he uns oppable de elopmen o social ne wo ks.
This condi ion a ec s he cu en a is ic p oduc ion and i s di usion. While globaliza ion
aims o s anda dize ou socie ies in he poli ical, economic and cul u al ambi s, he human
being, om i s o igins, h oughou a is ic c ea ion has aised a de ense o he pa icula
aspec s ha de ine he human condi ion. This a icle highligh s he di e ences pe cep i e om
h ee Andalusia a is s, An onio Sosa, Da id López Panea y Ming Yi Chou, when in e p e ing
he wo ld a ound hem. The ela ionship an h opology-wi h-a will be ou me hodological
ool o allow, wi h a mul idisciplina y app oach, a wide s udy om he hough iden i y o “ he
o he ”. The e o e, ou ex de ends he ollowing hesis: we can no exclude hose di e gen
sensibili ies, jus because hey a e no conside ed as s anda d, i we a e ying o know he
oo s since whe e a e buil ou human des iny.
An opología. Iden idad. Huella. Pensamien o. Raíces
An h opology. Iden i y. Foo p in . Though . Roo s
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I. In oducción
En la sociedad de hoy el impa able desa ollo de las edes sociales modela y de e mina
las elaciones humanas. Como he amien a ambién in luye en la p oducción a ís ica ac-
ual, así como en su di usión. Bajo el p og eso ecnológico incesan e subyace un deseo de
globaliza a las sociedades del mundo en los ámbi os polí icos, económicos y cul u ales, si
bien el se humano desde hace 30.000 años (Paleolí ico supe io ) ha empleado el a e como
un medio pa a c ea obje os con una “signi icación que supe a lo o dina io” (Ko ak, 2007:
231) a in de comunica y de ende sus cualidades más iden i a ias. Según Kenne h J. Ge -
gen, psicólogo y p o eso en Swa hmo e College: “los eno mes e ec os del cambio ecno-
lógico y las consecuen es sospechas que ecaen en las adiciones cul u ales han uel o cada
ez menos sus en able el alo de ese yo único” (Ge gen: 2006: 372). La sociedad global se
desc ibe po sus alo es he e ogéneos y mul icul u ales. De ahí que pa a en ende “o os”
compo amien os humanos (ap ecia los, en un sen ido adecuado) sea p eciso adop a una
ac i ud de ace camien o ela i is a en e a las o ma de ida “del o o”, en las cos umb es
o dina ias y en lo que es á po encima de lo o dina io (c eencias eligiosas, ac i idad a ís-
ica). La di icul ad pa a de ini de o ma uní oca concep os como “cul u a” e “iden idad”
su ge p ecisamen e po la na u aleza plu al he edada a a és de los siglos, y sob e la que se
asien a la sociedad ac ual. En nues o iempo, la amenaza de ex inción de una “cul u a pu a”
no con aminada eside, en g an medida, en la di icul ad de e i a la llegada del pensamien o
único (p opio de la globalidad) que se ab e paso y iende a impone se sob e las genuinas
(y aún i as) sociedades de hoy. Según Ge gen, la “cul u a modela el compo amien o del
indi iduo y és e pe pe úa luego las o mas cul u ales exis en es” (Ge gen, 2006: 377), lo
que indica que el conocimien o, en su conjun o, gene ado po la aza humana se debe a una
cons ucción colec i a. Así, el a is a, en con ac o con la comunidad que le ci cunda, p odu-
ce obje os con signi icado que llega a se complejo, u o de las apo aciones e inno aciones
he edadas de los o os.
Nues a esis de iende la no exclusión de las sensibilidades que di ie en del modelo es-
é ico dominan e. El g an obje i o que pe sigue oda nues a in es igación, en el ámbi o de
es e a ículo, en los ex os que le han p ecedido y en los es udios u u os que lleguemos a
ealiza , se jus i ica po el deseo de encon a las mo i aciones más p o undas que dan sen-
ido a la cons ucción de los obje os de a e, al se es os un e lejo de las acciones humanas.
Llega a comp ende una ob a de a e, en un plano ce cano a lo pleno, supone implemen a
al conocimien o acional (análisis de ex os c í icos) la suma de nues a empa ía emocional
(lo que ap eciamos cuando nos en en emos al obje o). De la ap oximación acional pode-
mos ex ae el “qué”, el “cómo” y una pa e del “po qué” se ha gene ado una ob a especí-
ica. Lo an e io es una consecuencia, en g an pa e, de la he encia cul u al adqui ida po
el au o , nace y se elaciona con un momen o empo al especí ico; así lo señala el ilóso o
E ns Fische : “[…] odo a e es á condicionado po el iempo y ep esen a la humanidad en
la medida en que co esponde a las ideas y aspi aciones, a las necesidades y espe anzas de
una si uación his ó ica pa icula ” (Fische , 1985: 11-12).
Cuando se p oduce una empa ía emocional con lo con emplado accedemos a lo que la
azón no log a explica : la “pa e” del “po qué”,… que no ha sido explicada con el análisis
de la lógica. La ecompensa pa a el alma (el espí i u o la conciencia) humana llega cuando
ap eciamos cie a amilia idad con el obje o de a e. Es o nos anima a llega más lejos,… a
p egun a nos con más insis encia ace ca de su signi icado, de aquello que el ilóso o aus ía-
co llamó “la magia inhe en e en él”, a buen segu o po que comenzamos a sen i que el “a e
es necesa io pa a que el homb e pueda conoce y cambia el mundo” (Fische , 1985: 14).
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Poca gen e ama el a e abs ac o y menos aún se es ue za po desa olla una in e p e-
ación subje i a, a solas, con la pin u a. ¿A qué se debe es e doble echazo? Aquello que se
nos p esen a en códigos no econocibles pa ece complejo, y es ahí donde a anca nues a
laxi ud pa a emp ende el camino del conocimien o de lo que nos esul a di e en e. ¿Po
qué necesi amos es a odeados de obje os? ¿Rep esen an y signi ican los obje os a quien
se iden i ica con ellos? ¿Puede un semá o o p o oca una emoción, al signi ica más allá de
su condición indus ial? John Maeda, a is a, cien í ico in o má ico y p o eso en el Massa-
chuse s Ins i u e o Technology (MIT), se p egun a si es un exceso “ama y espe a a un
simple ozo de papel”, cuando no ponemos epa o en iden i ica nos con “un mons uo que
es á en la pan alla” o con “un bebé digi al encapsulado den o de una caji a elec ónica”. Si
en la hoja de papel nos dicen que se ep esen a uno de los p ime os ga aba os de nues o
hijo, la espues a ya es á indicada. Un dibujo abs ac o de un niño no es cues ionado po los
pad es po que más allá de lo p oyec ado sob e el papel, en sí mismo p oyec a emociones no
elacionadas con la es é ica del a e mode no, sí con la his o ia de esa amilia. Po es a azón
una pin u a Wassily Kandinsky, p ecu so del a e abs ac o, que o me pa e de una de las
mejo es colecciones de a e mundial, ca ece de sen ido pa a esos pad es no habi uados al
lenguaje de la abs acción: sí c een es a lo a los dibujos de su hijo.
Lo mismo ocu e con el semá o o. Si se le iden i ica con las his o ias b e es, ugaces y a
la ez epe idas, que hemos i ido con nues o hijo mien as agua dábamos la luz en e de
camino del colegio, es a ci cuns ancia hace que nues a memo ia ac i e nues o componen e
emocional con sólo mi a lo. Y he aquí donde eside la signi icación de es e apa a o indus-
ial pa a noso os: el obje o sólo nos dice po que nos conmue e.
Si la ob a enue a la plás ica del momen o an o mejo pa a el au o y la p opia ob a:
o ma án pa e de la his o ia (un ejemplo la P ime a acua ela abs ac a, de Wassily Kan-
dinsky, ealizada en 1910). Un hecho que no es su icien e pa a conmo e , po igual, a odo
espec ado . Los análisis acionales de la misma han demos ado las apo aciones no edosas
pa a el con ex o del a e en el que ue c eada, sin emba go la conexión emocional con ella
sólo se p oduce cuando el ánimo de conoce pa e desde den o del espec ado y no es o za-
do po los ex os que e lejan la isión de los o os. Toma conciencia de nues a capacidad
de pe cibi pa ece se el p ime paso pa a p omo e ese ínculo, al ez po ello: “En el
cen o de los mejo es p emios se encuen a el deseo undamen al de alcanza la libe ad en
el pensamien o, en la ida y en la esencia de lo que somos” (Maeda, 2006: 43).
El p esen e ex o des aca como obje i o p io i a io el siguien e: demos a que la empa ía
emocional, en la elación espec ado -ob a de a e, apo a signi icados únicos y pa icula es
que no son acili ados, en su o alidad, po el componen e acional humano. Es e obje i o
se lle a á a cabo a a és del es udio de las ob as de es a is as esiden es en la ciudad de
Se illa. En el apa ado II. An onio Sosa: el a e como poé ica, se demues a que lo unda-
men al no es el p oceso c ea i o del au o (y la ob a como esul an e) sino el signi icado que
el espec ado puede gene a en su diálogo con el obje o (en endido como medio o ehículo
de comunicación). En el apa ado III. Da id López Panea: la iendo en sin onía con la na-
u aleza, ponemos de elie e el “e ec o ca a sis” que la pin u a a “plein ai ” puede eje ce
sob e la conciencia humana; la elación homb e-na u aleza, en endida como ín imo i ual,
conduce al au o-conocimien o. Finalmen e, en el apa ado IV. Ming Yi Chou: la no esis en-
cia al cons an e cambio, si uamos en la acep ación del discu i del iempo al eje esencial
sob e el que ci cun ala la p oducción a ís ica de es e pin o aiwanés, capaz de expo a una
ob a con asgos es ilís icos de p obada iden idad, aun bebiendo de e e encias he e ogéneas.
Pa a es os pin o es, la na u aleza es uen e de conocimien o an opológico, de ahí que
una pa e de la cul u a (el a e y sus alo es poé icos) no se cons uya sin la elación con
aquélla. Dos azones que jus i ican el po qué con luyen en nues o es udio. Un abajo
lle ado a cabo a a és del empleo de una me odología de análisis deduc i o, que ha sido
complemen ada con las apo aciones “de p ime a mano” ob enidas median e la en e is a.
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II. An onio Sosa: el a e como poé ica
Cuando el a is a en iende la unción del a e como un modo posible de conoce las aí-
ces del compo amien o humano, su men e p oduce obje os que le in e ogan cons an emen-
e ace ca del mundo que le odea. Al mismo iempo, pe sigue con su ob a que el espec ado
es imule no sólo su componen e acional, que cues iona y analiza, sino ambién su ace a
emocional, que pe cibe sensi i amen e lo con emplado. An onio Sosa (Co ia del Río, 1952)
indaga desde sus inicios ese plan eamien o al pone en duda aquello que le ci cunda. En su
es udio a la o illa del ío Guadalqui i ha cons uido una a qui ec u a pe sonal undada en la
simbiosis o al con el medio na u al. Su acción c ea i a, que ha necesi ado de esa elación de
in e cambio en e homb e y na u aleza, pod ía se desc i a como un e dade o ac o de amo ,
po su gi de o ma na u al, sin se o zada, mo i o po el cual los obje os p oducidos ienen
un au a de e dade os po que no pod ían habe sido pa idos de un modo a i icial; son con-
mo edo es y uc í e os po que no dejan al espec ado indolen e cuando son obse ados,
más bien odo lo con a io, despie an p egun as ace ca de quiénes somos.
Au o es con p es igio en la escena de la c í ica nacional e in e nacional han o ecido luz
a las in e p e aciones de la ob a de An onio Sosa. Ke in Powe , c í ico de a e y p o eso de
la Uni e sidad de Alican e, ha en a izado la p o unda que encia de Sosa po “lo p imi i o”
al iempo que ha sub ayado su ijación po el “simbolismo eligioso” (co ona de espinas,
se pien e, imagen de C is o, de San Sebas ián), el “a aigo emo i o de su ie a” (po los
ma e iales empleados), y una mi ada a lo que ue su in ancia y ju en ud (cuando las ep e-
sen a con algunos jugue es y obje os de su pasado). A lo an e io , se suma su in e és po
“el exp esionismo con empo áneo” cuya aíz su ge de su “ elación con lo p imi i o”: una
ca ac e ís ica que le de ine como au o mode no –según señala el c í ico de o igen inglés: la
“búsqueda de lo p imi i o ha acompañado la his o ia de la mode nidad, y casi pa ece habe
sido una de sus g andes in enciones, ín imamen e ligada a la i upción de los es udios an-
opológicos, acaecida al inal del siglo XIX”. Rasgos que se han man enido o han a iado
con mayo o meno in ensidad a lo la go de su ayec o ia y han cons i uido un lei mo i , una
azón de se , que ale an de una cons an e cla e en su eco ido, al ez la undamen al: la
“in e ogación en e a un mundo que nunca podemos asi ” (Powe , 1986: 3-4).
Son los ma e iales de ca ác e pob e como la a ena, el yeso y la ceniza los que hacen de
la ob a que és a se aleje de lo a i icial y delibe adamen e so is icado. El esul ado, po el
con a io, obedece a un p oceso de ab icación sencilla y e mina siendo de na u aleza ágil
e in encionadamen e no llama i o. Esa aus e idad en el mé odo y en el p oduc o e idencian
unos ínculos del au o con el a e po e a, ca ac e izado po las conno aciones mágicas
que adquie en los ma e iales empleados (po sus o ígenes y inculaciones a la ie a y a la
na u aleza). De es e modo, el con enido de la ob a e leja el imagina io in e io del au o y
no una c í ica a si uaciones sociales del momen o.
Es a in i ación a la con emplación ín ima y lib e de imposiciones in e p e a i as, es lo
que se nos p opone con Semillas en la ma gen de echa del Guadalqui i , ealizada en 1993
(Figu a 1). El conjun o se compone de moldes de obje os de di e sa p ocedencia, algunos
ue on signi ica i os en la in ancia y ju en ud del au o : cabezas de es a uas, un caballo de
ca ón pied a, un onco de á bol con o ma de cue po humano, una pie na modelada en su
paso po la Facul ad de Bellas A es, una igu a china –en e o os. A deci po Judi h Co-
llins, c í ica de a e y comisa ia de exposiciones, los moldes que no es án sellados “se ab en
como ainas acías sob e un lecho de cenizas, lo que indica que algo ha sido eliminado”
(Collins, 2007: 288). Ese acen o pues o en lo “eliminado” es donde ecae el mis e io y la
magia del conjun o: el con enido de cada uno de los moldes ha desapa ecido, ha dejado de
exis i al ans o ma se en o a cosa que aho a no es isible; una me á o a es á p esen e en
la ob a: lo sus an i o se asien a en la ausencia. Juan Bosco Díaz-U mene a Muñoz, p o eso
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de es é ica y c í ico de a e, e ie e en es a ci cuns ancia como el mo o que incen i a al
espec ado du an e el ac o pe cep i o:
“[Las piezas encienden] la in eligencia. No equie en a la is a más que
pa a despe a po su medio la imaginación y el pensamien o, y emi i los al
discu i del iempo elemen al en el que es amos inme sos sin se conscien es
de ello. […] silenciosas, eposando sob e un lecho de ceniza o a ena, conducen
al espec ado a un iempo y un acon ece que, como los del lujo sanguíneo,
hacen posible la ida pe o escapan a la conciencia” (Díaz-U mene a, 2008:
13-14).
Mo i o po el cual la ob a adquie e conno aciones de angus ia exis encial, de ahí el
magne ismo del conjun o: si no emos, ni palpamos, ¿a qué nos a e amos? Sea lo que
ue e equie e de un p oceso p e io “de desp endimien o”, de limpieza in e io de odo sig-
ni icado adqui ido que pueda condiciona nues a pe cepción y elación con lo p esen e. El
aciado de las o mas nos inci a a una en ada lib e hacia “un p oceso de ‘ econocimien o’
si se quie e. Y ambién de o ecimien o, median e la ob a, de los signos y símbolos de ese
‘ econocimien o’” (Sosa, en An onio Sosa en La To e. O enda, 1992: 10).
Es p eciso aden a se y de ene se pa a di e encia lo esencial de lo que se nos mues a
como cásca a: la ida se cons i uye de cons an es ansmu aciones cada ez que expi a un
pe íodo de iempo especí ico. El se humano adul o sabe de esos cambios, an e los que se
esis e cuando la mue e se ace ca. El paso del iempo p esen e en es a ob a pa ece p egun-
a nos: ¿quiénes é amos, y adónde amos? No emos sólo la consecuencia de un ac o de
abajo manual (la cons ucción de moldes), el conjun o ep esen a alegó icamen e oda una
iloso ía humana, de angus ia y espe anza, con una ex ensa adición en el iempo.
Figu a 1. An onio Sosa, Semillas en la ma gen de echa del Guadalqui i , 1993
Escayola y ceniza. 600 x 130 x 40 cm. Fo o: Claudio del Campo
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Todo lo an e io puede es a jus i icado po oces ac edi adas, pe o la p egun a no es
¿qué emos en la ob a de An onio Sosa?, sino ¿cómo sen i odo eso que o os señalan?
La alidez de la ob a de Sosa no adica en la o ma que adop a el con inen e ep esen ado
cuando dibuja, pin a y cons uye o mas idimensionales. És a se ía o a de sus cla es, ne-
cesa ia pa a con a con ella a la ho a de p opicia el diálogo con su p opues a. La no- o ma,
lo que ha dejado de se o ma ísica como ealidad palpable pa a se con emplada, es donde
hab ía que pone el acen o po que suges iona e in e oga: la cásca a o el molde, sencillo en
su o ma, cons i uye la anécdo a, mien as que el acío se uel e p esencia in isible y es
esencia e ocado a que cues iona nues a mi ada.
“La poé ica del se humano es lo único que nos puede sal a de la c isis” –de iende An o-
nio Sosa en una con e sación man enida el 11 de julio de 2011. Cuando mi amos a nues o
al ededo obse amos cómo el mundo en que i imos se es á ompiendo y es consecuen-
cia, ce e a, de un modelo ac ual de ida p omo ido po el homb e occiden al mode no: se
impone la odopode osa globalización, di igida és a po el “espec áculo” que es asegu ado,
como sos iene Guy Debo d, ilóso o, esc i o y cineas a ancés, po un “exceso de lo me-
diá ico” (Debo d, 1990: 17). En al si uación, sal a nos de la c isis implica cues iona sin
dilación la ealidad, de ahí que la ac i ud c í ica, in e oga i a y el deba e público se hagan
necesa ios. El pensado galo jus i ica es e plan eamien o cuando e ie e que “ya no exis e
ágo a, comunidad gene al. […] Ac ualmen e, ya no exis e juicio, con ga an ía de ela i a
independencia” (Debo d, 1990: 31). El papel del a e en es a si uación se hace necesa io
po que amplía nues a pe cepción de la ealidad, siemp e y cuando la cues ione. Es con el
cues ionamien o de lo obse ado cuando se en iquece el sen ido que o o gamos a los obje-
os (y po ex ensión, a la ealidad). Si el espec ado ac úa de un modo inac i o en e a una
ob a de a e cuya simbología es colec i a, cuando debie a espe a se de él lo con a io, es
po que aún no ha supe ado lo que Powe iden i ica como el “sen imien o de alienación” en
la elación (espec ado -obje o):
“El a e es, pa a Sosa, […] el símbolo de las huellas de lo que ue, el hueco dejado
po lo que se pod ía habe dicho, la p ueba banal de lo que queda. El a e se
con ie e casi en medi ación, en una u ina sin obje i os p ede e minados. Es,
pa a Sosa, el diálogo del a is a consigo mismo un diálogo que, po desg acia,
puede deci muy poco a los demás, sob e odo a la ho a de ayuda les a supe a
su sen imien o de alienación” (Powe , 1989: 17).
Un g an sal o e olu i o se descub e en la ob a de An onio Sosa con el dibujo. Gene a un
dibujo de iempo, se hace ba oco, epe i i o en el ges o de la línea has a p opo ciona una
espesa ama, es acumula i o en la ep esen ación de agmen os. También el dibujo e ie e
a su memo ia. Es símbolo y ehículo de comunicación. Sosa ema ca en nues a con e sa-
ción: “El a is a cambia, ans o ma el símbolo. En ese p oceso exis e esa pa e de magia
que no se explica”. Tal ez po es a azón no deje impasible al espec ado : su iconog a ía
de o mas acías, cásca as o as, p esencia de un silencio, a eme e con a la men e y el
lado más emocional de quien lo con empla, cons uye con enido al iempo que es imula los
sen idos.
Sosa ya adelan a a mediados de la década de los 90, las di icul ades de la azón sola
pa a accede al en endimien o de una pa cela de su abajo (c eemos que lo hace ex ensi o
a la ob a de a e en gene al): “In en a explica o aduci es e ipo de abajo median e el
lenguaje ‘cul u alizado’ me pa ece, más que di ícil, con adic o io, ya que la palab a, en
es e e i o io, no puede sus i ui a la expe iencia” (Sosa, en A a és del dibujo, 1995: 72).
Rema ca así el dé ici del lenguaje en su papel de mediado de los con enidos de la ob a
de a e, al iempo que e ue za una idea an e io : la poé ica a más lejos que la palab a. La
li e alidad en la in e p e ación ahueca el con enido. Cada elemen o ep esen ado nos habla
Re is a de An opología Expe imen al, 12. monog á ico: El ac o c ea i o. Tex o 3. 2012 19
del anscu i del iempo, de su elación con su p opia ida, de su des ino inal, que iene a
se el nues o. Rosa Que al , c í ica y comisa ia de exposiciones, así lo esal a:
“El dibujo nos pe mi e, más que ninguna o a disciplina con empo ánea, el
acceso di ec o al uni e so pa icula de cada a is a –aho a que ha dejado ya
de in o ma sob e ninguna o a cosa que no sea su au o -, [nos habla de la]
mu abilidad dinámica análoga a la ida –una concepción que se basa en el
e e no lui y descompone se” (Que al , 1995: 15).
Los dibujos de Sosa a ancan de pulsiones in e nas que buscan la conexión con el iem-
po p o undo del au o : sus anhelos y espe anzas en los ámbi os que, como se humano, le
conmue en y pe u ban (Figu a 2). En ellos, en la ama que les en uel e, cual líneas de sis-
móg a os, ondulan es y supe pues as, se descub e el alo concedido al signo, como señala
José Yñiguez, his o iado y c í ico de a e:
“Los sueños, deseos, la amilia, la an opología de la ida co idiana en su
comunidad son econocidos po el a is a en su a o desnudo con las g andes
emociones del se humano: Miedo, dolo , aleg ía, éx asis, nacimien o, sexo,
mue e. Emociones y símbolos que se eúnen, en en an y con i en en sec e a
aspi ación de des ela el mis e io de la exis encia pe o sin hace lo explíci o,
sin o mulaciones simplis as que lo banalicen” (Yñiguez, 2004: 2).
¿Podemos accede al mis e io de la exis encia humana, de la ida, a a és de la epe i-
ción? Repe i un azo, una imagen una y o a ez, no es hace siemp e lo mismo. De hecho,
nunca es lo mismo. Cada segundo nue o, es pasado cuando se sucede y i imos el siguien-
e. De ahí que las sensaciones acumuladas hagan pe cibi cada nue o espacio empo al de
un modo di e en e. Si mi ásemos con la su icien e a ención, de ce ca y de enidos, cómo ha
azado Sosa una línea, una que pa ece la misma a la con igua, e íamos que es di e en e.
Pa a se en e a la epe ición ue lo que si ió a Paul Benjamin (en su papel de no elis a
en la película Smoke, 1995), pa a inicia su salida de la c isis exis encial que es aba pa-
deciendo. Dia iamen e, y du an e 14 años, el es anque o Auggie W en había omado una
o og a ía con el mismo encuad e: la casa en e al es anco. Cuando el a amado no elis a
con empló la colección de ins an áneas no ocul ó su inicial desdén, con encido del iempo
Figu a 1. An onio Sosa, Semillas en la ma gen de echa del Guadalqui i , 1993
Escayola y ceniza. 600 x 130 x 40 cm. Fo o: Claudio del Campo
Re is a de An opología Expe imen al, 12. monog á ico: El ac o c ea i o. Tex o 3. 2012
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que había pe dido W en con el desa ollo de un p oyec o acío de con enido. Las o og a ías
necesi an se con empladas con a ención –le espe ó el es anque o. Con el cambio de ac i ud
Benjamin ad i ió en onces, en una de las imágenes, a su exmuje cap ada ugazmen e y sus
ojos se humedecie on: un hecho aza oso hizo que odo un p oyec o adqui ie a sen ido pa a
él, po que en esa o og a ía le encon ó su sen ido. Sosa pa ece p e ende lo mismo: que
la ob a conduzca al espec ado al mundo de los símbolos pa a que sean ans o mados po
expe iencia p opia, sin se condicionada la lec u a po lo que la cul u a dominan e de e mi-
na. La ob a en sí misma, la consecución del p oyec o lle ado a cabo po el au o , “no iene
impo ancia” –sub aya Sosa-, sí es esencial el cambio que aquella p oduce en el espec ado
in e esado.
III. Da id López Panea: la iendo en sin onía con la na u aleza
Nos cen amos en el gi o adical que acon ece en la ob a de Da id López Panea (Se illa,
1973) du an e el pe íodo diciemb e de 2003-ene o de 2004. Es en ese momen o cuando in-
co po a a su me odología de abajo dos cons an es has a hoy man enidas: el plan eamien o
p e io de un p oyec o (deja de es e modo el p ocedimien o au omá ico e in ui i o, de abo -
da la supe icie pic ó ica) y lo hace mi ando hacia la pin u a al ai e lib e (“au plein ai ”,
ambién llamada “pleinai ismo”). Ese cambio en el p ocede , p opiciado po el con ac o
di ec o con la na u aleza, así lo e ie e el p opio au o :
“Me in e esan aquellos si ios donde la huella del homb e oda ía no ha
modi icado el espacio, su in eg idad paisajís ica, po que es en es os luga es
donde las es uc u as y los signos se hacen más e iden es y elemen ales. No se
a a de pin a la na u aleza, sino más bien la ‘idea de na u aleza’, y pa a ello he
de in e io iza la expe iencia has a ap opia me de las o mas. De una mane a
global, uniendo sensación y azón, de ec o y ecojo signos como la e osión, el
sedimen o o la g a edad, concep os uni e sales y ísicos, lo que me obliga a
mi a desp endiéndome del iempo y de odo lo ap endido” (Panea, 2007: 8).
Descub i la na u aleza ha sido, y es li e almen e, emocionan e pa a el pin o López
Panea. La e dad de su ac i ud lo e leja su pin u a con el acen o en lo local: una cons an e
man enida a a és de los sucesi os p oyec os: Mís ica (2004), Lejos (2006), G an Pode
(2006), Pein u e GP (2008), San os (2009-2010). Con cada p og ama de abajo nos des ela
que su pe sis encia p e ende como obje i o: comp ende lo que se ocul a as la o ma. El
pin o ha dejado de un lado ese ac o de pin a basado en lo con ulsi o, la exp esión isce al,
y ha i ado hacia lo in ospec i o pa a sub aya la ensión en e pin a lo ex e io y pin a se
a sí mismo: iene a se una ó mula de au o-conocimien o pues o que en su elación con la
na u aleza ue za a su yo a saca lo más ín imo de su se .
Si la pin u a de López Panea no e leja sólo las o mas y los colo es de lo obse ado, si
bien sí ei indica el alo de lo local. En el íp ico edi ado pa a la exposición Mís ica, ce-
leb ada en la gale ía del Talle del Pasaje (Se illa), en e los días 15 ab il-22 mayo, el au o
ya esponde a la supues a p egun a “¿En qué piensas cuando pin as?” que de habe sido
o mulada en aquel momen o, nos ace ca a sus in enciones más p o undas:
“La idelidad a lo que se iene ce ca nos b inda la posibilidad de escapa a una
mundialización ciega. […] No hay ema. Las piezas no ienen í ulo po que no
desa ollan ningún discu so, no son dependien es de ellas en e sí, no ec ean
nada, son ep esen ación, son supe icie y en odo es o hay una p emedi ación.
[La pin u a] posee un lenguaje au ónomo. No hay g a uidad en mi o ma de
hace ” (Panea, 2004: sin núme o de página).
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De es e modo el p oceso pic ó ico, po su ce canía con el paisaje local, ac úa pa a el
pin o de an ído o en e al mundo desna u alizado, globalizado, y le pe mi e apega se a la
ie a, a las aíces de lo humano; a a és del sende o (me á o a quizás de co dón umbilical)
que conduce al pin o al luga de su encla e dia io, pa a la obse ación y la p ác ica, el
descub imien o de una e dad pe sonal puede hace se posible. Allí a iba, a buen segu o
la conciencia de nues a caducidad aún más se in ensi ica. La imagen ep esen ada aduce
lo que ha odeado al pin o en el ac o pic ó ico, le cons uye como indi iduo: “[lo local] e
hace pa icula , gene a una conciencia de di e encia que se opone a la mundialización al y
como la conocemos” (Panea: 2005: 90). Lo que nos indica que as la imagen pin ada exis e
un posicionamien o i al, una ac i ud cohe en e, a la ez c í ica, que de ine un compo a-
mien o: “Pa o de la idea de que la iden i icación de lo que se iene ce ca, lo local, posibili a
un posicionamien o c í ico […] Co emos el iesgo de ol ida cómo es el o o si ya no se
conoce cómo es uno” (Panea, 2007: 6).
¿Qué busca en el paisaje López Panea? ¿Qué nos apo a su pin u a? Abo da emos es as
p egun as obse ando los esul ados de su in es igación. Los pin o es que p ac ican la pin-
u a a “plein ai ” obse an la luz y su e ec o sob e la o ma. López Panea pin a de lejos, pa a
e i a la en ación que p oduce la ce canía del ojo al modelo. De es e modo el esul ado se
o na más abs ac o que iluso io. El au o e ie e, a es e espec o:
“Una exposición p olongada a una p esencia an po en e como es la de la
na u aleza p o oca una sa u ación al de los sen idos y de la memo ia que
cuando uno pin a no sabe si pin a de la ealidad o lo que sabe sob e ella. Es es e
es ado de ince idumb e el que me in e esa” (Panea, 2007: 15).
Figu a 3. Da id López Panea, S/T, 2004
Óleo sob e ela. 200 x 150 cm. Fo o: Da id López Panea
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composición, ampoco un eje o línea de ho izon e p e e en e. Los i mos de o mas o gá-
nicas se semejan a “un cul i o de anae obios en dispe sión” (González-Camaño, 2008: 4),
a “ luidas ilac e ias de ca ác e ege al” (Ma ín, 2004: 10), a “una imagen concep ual o a
una sensación o sen imien o conc e o. Así, a de e minados anhelos o necesidades psíquicas
pa ecen co esponde de e minadas iconog a ías y ep esen aciones plás icas” (González-
Camaño, 2008: 2).
El cen o pudie a es a en lo simbólico del colo que odo lo ab aza. La abundancia del
ojo se explica po que equi ale a la buena sue e, a la ue za, al p og eso, a la pasión, a la
ies a, a la belleza. Todas las cosas buenas es án ep esen adas en la cul u a china po el
colo ojo. El blanco, en oposición, ep esen a la mala sue e. El neg o es el colo que p o-
yec a mis e io, ambién habla de la mue e. ¿De qué nos in o ma el conjun o de su ob a? A
deci po la simpli icación de las o mas esuel as con ges o calig á ico, el odo se hace más
o undo (Figu a 6). Ha su gido un conglome ado de o mas y colo que oscila en e lo com-
plejo y lo sencillo. Sencillez no implica simplicidad de con enido: “No exis e modo alguno
de conec a se con la simplicidad cuando se ha ol idado lo que ep esen a la complejidad”
(Maeda, 2006: 50). El símil no pudo se más ace ado. Exp imi una na anja has a ob ene la
úl ima go a de ahí su insis encia, y és a iene un in: “p e endo busca el as ondo y saca
el máximo de cada imagen” –escla ece Chou. La di e encia es á en la a ención: en las a es
camu ladas, en el colo , en los símbolos, en la ama de líneas. Apa ece la sencillez cuando
de enemos nues a a ención pa a descub i los elemen os ep esen ados, y aquélla, una ez
e elada, pa ece indica nos que el pin o p e enda eg esa a su condición de p incipian e.
Pa a que el obje o obse ado comience a ene sen ido an e nues os ojos es p eciso
acos umb a la mi ada a lo que nos e ocan las o mas y el colo . Valo a lo que no esul a
amilia , puede se a ea imposible. Ap ecia las di e encias en sus cuad os, en apa iencia
muy simila es cuando son epasados a g an elocidad, implica dis ingui el alo simbólico
Figu a 6. Ming Yi Chou, Cielo, humo, animales y humano, 2007
Ac ílico, in a y óleo sob e papel. 100 x 85 cm. Fo o: Ming Yi Chou
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que en ellos se esconde: se insinúa a la ez que nos sugie en, son lí icos, desbo dan place
es é ico, in ensi ican el sen ido de la belleza. I án de la To e Ame igi, ya señala es e papel
ascenden al de la belleza en la ob a del pin o aiwanés cuando exp esa:
“[…] en un gi o espe ado y p o undo, el a is a comenzó a abandona los
caminos de lo eal, a ando de cabalga sob e las e apas de lo simbólico
pa a, inalmen e, desemboca en las es a egias de búsqueda de lo bello y su
ascendencia, en combinación con una sensibilidad olcada con la exp esión
sígnica. […] Toda es a ma aña ege al, o iginal, de sonidos y concep os
g á icos, posee una indudable belleza plás ica que el a is a ha sabido mi a y
descub i ” (de la To e, 2007: 5).
Al igual que González-Camaño, quien ambién lo a i ma en la misma di ección:
“[…] eedi ica la Na u aleza, de ol e a pensa la como mani es ación de un
designio más allá de lo humano […] calig a ia la signi ica hoy más que nunca
segui apos ando, de alguna mane a, po la belleza. Una ac i ud de al o iesgo
pa a el a is a que p e enda conec a se a la co ien e de una con empo aneidad
que pa ece habe la ol idado” (González-Camaño, 2007: 7).
¿En qué piensas cuando pin as? “La pin u a es como el dia io de un a is a, en ella nacen
las ideas y la ida, es la p esen ación de los sen imien os. […] A a és de la pin u a me e a-
do de la ealidad a un mundo oní ico, lleno de símbolos, líneas e imágenes” (Chou, 2005:
74). Cuando el pin o se cen a en sub aya sus aíces, su pin u a eme ge de sus en añas,
cuando p oduce piensa en la ida, e lexiona sob e és a, anhela su pasado y con ía en su
p esen e. Todo en la ob a de Ming Yi Chou es á unido a la na u aleza (y a su ida). P e ende
semb a sob e la ie a que le acoge y “expo a la cul u a china o ien al a a és de mi pin-
u a” – ea i ma. Su ob a es, como su pe sona, conciliado a.
V. Conclusiones
En base a lo an e io podemos ex ae dos conclusiones.
Una: la esencia de los es discu sos adica en la elación de la cul u a con la na u aleza,
an o he edada como ap ehendida. De aquí se desp ende que a sus imágenes les una un
asgo animis a, al pe cibi se que lo ep esen ado (mon añas, nubes, íos, ege ación, a es,
a ena, ceniza,…) sea po ado de una ida capaz de conmo e nues a mi ada.
Dos: odo lo que de ine al uni e so con igu ado en la ob a de a e no es explicable. Si la
explicación no es cubie a en su o alidad po la palab a hemos de ellena los acíos con
una ac i ud emp endedo a, a in de conec a nues as emociones más p o undas con la oz
del a is a, exp esada a a és de lo genuino de su lenguaje. Ese componen e emocional
de la aza humana, ligado a la in uición, nos pe mi e aden a nos en el mundo mágico que
ep esen a la ob a de a e, pa a log a lo que en el mismo es especí ico, único y pa icula :
el papel que adquie e lo que no es isible. An onio Sosa lo esceni ica en la ausencia; Da id
López Panea lo e ie e a lo ocul o; y Ming Yi Chou ecu e a lo ci ado.
Nos in e esa lo que ocul an las mon añas, las nubes, los íos, las hojas y las lo es, los
animales, la a ena, las cenizas… po que ese conocimien o nos aleja del miedo que p odu-
ce lo incomp ensible y nos p edispone a una in e p e ación c ea i a de los obje os de a e,
pues o que el a e es una de las azones que anima al se humano a i i .
Ag adecimien os
A Yolanda Ca ajal po la lec u a del manusc i o, y po su inmensa gene osidad. A los a -
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is as: An onio Sosa, Da id López Panea y Ming Yi Chou po sus con ibuciones de p ime a
mano que han apo ado “ ida” al ex o. A Bea Sánchez, po b inda me es a opo unidad.
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