Valdés Leal desde la Facul ad
de Bellas A es de Se illa
Se illa, 2022
Colección Ca álogos
Núm.: 1
COMITÉ EDITORIAL:
A aceli López Se ena
(Di ec o a de la Edi o ial Uni e sidad de Se illa)
Elena Leal Abad
(Subdi ec o a)
Concepción Ba e o Rod íguez
Ra ael Fe nández Chacón
Ma ía G acia Ga cía Ma ín
Ma ía del Pópulo Pablo-Rome o Gil-Delgado
Manuel Padilla C uz
Ma a Palenque Sánchez
Ma ía Eugenia Pe i -B euilh Sepúl eda
José-Leona do Ruiz Sánchez
An onio Tejedo Cab e a
Rese ados odos los de echos. Ni la o alidad ni
pa e de es e lib o puede ep oduci se o ansmi i se
po ningún p ocedimien o elec ónico o mecánico,
incluyendo o ocopia, g abación magné ica o
cualquie almacenamien o de in o mación y sis ema
de ecupe ación, sin pe miso esc i o de la Edi o ial
Uni e sidad de Se illa.
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© De las o og a ías, los au o es 2022
Fo og a ías de las ob as
Ángela López González
Pascual López Mo eno
Los au o es
Fo og a ías de la exposición
Jesús Conde
Fo og a ías de la inaugu ación
Luis Se ano Ma ín de Eugenio
Diseño y maque ación
Fe nando In an e
ISBN: 978-84-472-2404-3
DOI: h ps://dx.doi.o g/10.12795/9788447224043
Edición digi al de la p ime a edición imp esa
de 2022
COORDINACIÓN EDITORIAL
Fe nando In an e del Rosal
Ma ía A jonilla Ál a ez
Daniel Bilbao Peña
FACULTAD DE BELLAS ARTES
Decano
Daniel Bilbao Peña
Sec e a io de Cen o
Diego Blázquez Pacheco
Vicedecano de Calidad y Es udian es
Guille mo Ma ínez Salaza
Vicedecana de O denación Académica
Raquel Ba ionue o Pé ez
Vicedecano de In aes uc u as y Espacios
José An onio Aguila Galea
Vicedecano de Relaciones In e nacionales,
Mo ilidad y P ác icas Ex e nas
Manuel Fe nando Mance a Ma ínez
Vicedecana de Cul u a
Ma ía A jonilla Ál a ez
Coo dinado de Más e Uni e si a io en
A e: Idea y P oducción
Fe nando Ga cía-Ga cía
Coo dinado de G ado en Bellas A es
Da id Se ano León
Coo dinado de G ado en Conse ación
y Res au ación de Bienes Cul u ales
Da id A quillo A ilés
Coo dinado del P og ama de Doc o ado
en A e y Pa imonio
Paco La a-Ba anco
10
12 Ag adecimien os
14 Pos ime ías / P e ex os /
15 P esen ación. Valdés Leal desde la Facul ad de Bellas
A es de Se illa
Daniel Bilbao Peña
19 P ólogo
En ique Valdi ieso González
21 El a e, en e el in y la pos e idad
Fe nando In an e del Rosal
25 La Facul ad de Bellas A es en la San a Ca idad
de Se illa: In eg ación, compe encias o ma i as
y acción social
Ma ía A jonilla Ál a ez
37 Valdés Leal, iempo y alego ía / Tex os /
39 Juego de somb as: es é ica de la desapa ición en los
‘Je oglí icos de las Pos ime ías’ de Juan de Valdés Leal
Ma ía An onia Blanco A oyo
50 Los Je oglí icos de las Pos ime (IA)s
T iana Sánchez-He ia
61 La ipog a ía como elemen o composi i o en las dos
pin u as alegó icas pa a la Iglesia Hospi al de la
San a Ca idad de Se illa, ealizadas po el pin o Juan
de Valdés Leal
Juan Ca los Molina Mo al, Es e anía González
Sánchez
Índice
11
74 Los lib os en la pin u a y su ep esen ación en la ob a de Valdés Leal
Ja ie Bueno-Va gas, Elena Vázquez-Jiménez
91 De iconología. El e a o de don Miguel Maña a, po Juan de Valdés Leal
F ancisco J. Co nejo
106 Juan de Valdés Leal, polic omado de e ablos
Benjamín Domínguez-Gómez
121 Ras eando las huellas de Valdés Leal en dos imágenes de la Vi gen del
Hospi al de la San a Ca idad
Da id T igue o Be jano
136 El a a ío de las dolo osas de candele o se illanas en la época de Valdés Leal
F ancisco José Ca asco Mu illo
147 La exal ación de la mue e en Nue a España: El úmulo une a io del mine o
José de la Bo da en la iglesia de San a P isca de Taxco
José Mª Sánchez-Co egana, Celia S. Mo gado
164 Ace ca de lo e e no del a e
Miguel To alba Ga cía
175 La majes ad de la mue e
Miguel Gu ié ez-Villa ubia, Iose h Cabeza Lainez
195 Pos ime ías / Ca álogo de ob as /
275 Ace ca de a is as y ob as / Biog a ías y ex os sob e las ob as /
355 El espacio acío / Acción in i ada / Colec i o A an i
359 Exposición ‘Pos ime ías’ / Imágenes de la mues a / Jesús Conde
366 Índice de pa icipan es
39
Juego de somb as: es é ica de la desapa ición en los
Je oglí icos de las Pos ime ías de Juan de Valdés Leal
Ma ía An onia Blanco A oyo
Uni e sidad de Se illa
1. INTRODUCCIÓN
En el mundo de la his o ia y del a e exis en muchas in e p e aciones sob e el concep o
somb a. Más allá de emplea se como écnica pic ó ica, la somb a puede se ep esen ada
como una emá ica en sí misma, y según ex os an iguos en ella es á el o igen de la pin u-
a, pues en las p ime as incu siones en es e a e se a aba de delinea el con o no som-
b eado de un homb e. Asimismo, la escul u a ambién halla á sus o ígenes en “que e
pe pe ua , es a ez con a cilla, el pe il de la somb a del enamo ado que se a” (Pa eño,
1990). Como emos, la somb a, concep ualmen e, puede se elacionada con la pé dida, y
en ese sen ido puede imb ica se con la es é ica de la desapa ición que Juan de Valdés Leal
le imp ime a sus Je oglí icos de las pos ime ías. El juego, po lo an o, lo es ablecemos
con el ealismo, con el ho o , con el is e desenlace de odo homb e y muje , y con esa
c eencia eligiosa que es ablece que las pos ime ías de una ida ienen más que e con
un ánsi o hacia o o luga (llámese limbo, cielo o in ie no) que con un inal ajan e as
la mue e. En es e sen ido, hablamos de la somb a como una en idad que nos encoje, que
nos c aquela el ánimo, que nos a o men a, la en endemos pues como una exp esión de lo
somb ío, y ambién, como la mejo mane a de da le un alma a los je oglí icos que Valdés
Leal nos dejó en el so oco o de Iglesia del Hospi al de la San a Ca idad.
En el siguien e a ículo no se p e ende es ablece un análisis sob e el p og ama ico-
nog á ico en el que se inse an los Je oglí icos de las pos ime ías, ni ampoco desci a
una a una las na a i as iconológicas que se hallan den o de es as ob as, pues ya exis en
mul i ud de abajos muy sol en es dedicados a es a cues ión, lo que que emos aquí es
es ablece un discu so que incule lo que se isualiza en es as pin u as con el ca iz de la
época en la que ue on pin adas. Po eso, en el p ime capí ulo analiza emos de o ma sin-
é ica la ida de Miguel Maña a, he mano mayo de la He mandad de la San a Ca idad,
homb e de o o donde los haya, y segu amen e, una de las pe sonas más impo an es de
la Se illa del siglo XVII. Suya ue la olun ad de cons ui un hospi al en el espacio de
las an iguas A a azanas pa a auxilia y p o ege a los más pob es, y den o del mismo, se
le an a ía una Iglesia en hono a San Jo ge cuya a qui ec u a albe ga ía un p og ama ico-
nog á ico que ensalza ía las p o undas c eencias eligiosas de Maña a, odeándose és e
pa a consegui lo, no sólo de un pin o de la alla de Juan de Valdés Leal, sino ambién de
o os a is as emblemá icos como Ba olomé Es eban Mu illo, Simón de Pineda o Ped o
Roldán. Con ex o his ó ico y el análisis de la men alidad de una época se á lo que subyace
en el p ime capí ulo, pa a aden a nos ya de lleno, en el segundo capí ulo, en el signi i-
cado del é mino pos ime ías. Un signi icado que se á analizado de una mane a mucho
más p o unda que la desc ipción que iene en la RAE, y que p opone un camino de con-
Pos ime ías. Valdés Leal desde la Facul ad de Bellas A es de Se illa
40
inuidad más allá de la mue e según las c eencias eligiosas. Po eso, los je oglí icos de
Valdés Leal se án como una ad e encia, como una enide a cabina de peaje donde cada
cual debe á paga el p ecio de sus pecados, po lo que end emos que esponde a in e o-
gan es sob e si suponen el inal del camino o una pa ada in e media den o del mismo.
La mue e, como es de supone , iene una impo ancia sublime den o del discu so
que se abo da á en las siguien es páginas, así como se con ie e en la p o agonis a de los
Je oglí icos de las pos ime ías. Su ep esen ación en o ma de cadá e o cala e a no se á
más que una con inuación de una la ga adición en la His o ia del A e que nace en la
An igüedad y iene un especial a aigo en la Edad Media. Sin emba go, las ani as y su
c í ica hacia el lujo o la acumulación de posesiones innecesa ias, se á una endencia que
su gi á en pleno Ba oco y que end á su máxima exp esión en las dos ob as de Juan de
Valdés Leal que nos p oponemos a analiza . Po úl imo, en el e ce capí ulo, discu sa-
emos sob e el iempo y el pode que iene pa a cambia lo odo. De hecho, el iempo se
acaba, el Juicio Final es el in de los iempos, y an e es os ase os no es de ex aña que el
iempo en sí mismo como concep o haya sido dibujado como un cadá e o una cala e a.
Así pues, si ya de po sí hemos ealizado un análisis de las men alidades y de las posibi-
lidades del iempo pa a cambia lo odo, ambién es in e esan e es ablece una se ie de
co espondencias con algunas ob as de a e más ce canas a nues o p esen e, pa a es a-
blece cie as equi alencias en e los concep os iempo y mue e, o en e la pos ime ía
que nos agua da y la ini ud de los días que nos quedan po i i .
2. MIGUEL MAÑARA: UN ESTADO DEL ALMA,
UN CAMINO HACIA LA ETERNIDAD
Es el Ba oco. Es el a e Ba oco. Exis en dos ob as somb ías de Juan de Valdés Leal que
des acan po encima del es o. Po supues o, cada una de ellas exhala un espí i u p opio y
pueden unciona como un odo, pe o cie amen e, nunca se en ende ían sin el adecuado
ensamblaje que suponen den o del “mensaje p imo dial de la ins i ución ca i a i a que
las acoge y enma ca” (Gómez Mo eno, 2015: 377): el Hospi al de la San a Ca idad de Se i-
lla. Resul a ob io que hablamos de los Je oglí icos de las Pos ime ías, dos composiciones
mellizas que se mi an y con emplan en el de eni del iempo pa a causa desasosiego a
oda pe sona que se halle en el cen o de lo que e elan. Como ad e íamos en la in o-
ducción, no es p oceden e de ene se aquí a ealiza un análisis iconológico o de los sím-
bolos y na a i as. Según con enga se esboza án aco de a las necesidades del discu so,
pe o lo que p ima aho a es ad e i que, es os Je oglí icos de las Pos ime ías, ubicados
den o del so oco o de la Iglesia de San Jo ge del Hospi al de la Ca idad, o man pa e de
un mensaje mayo p onunciado po un conjun o de ob as a ís icas que ue on di igidas
po Miguel Maña a. Po eso, hablamos de ensamblaje, y esul a pa adójico que al igual
que las pos ime ías no pueden se en endidas si no es como pa e -ensamblada- de una
ob a mayo , asimismo, el a is a Valdés Leal no puede se desci ado en su o alidad si no
se iene en cuen a el mecenazgo de Miguel Maña a1, un homb e que llegó al mundo pa a
deja huella en la ciudad que le io nace y en el siglo que le ocó i i .
La p ime a somb a o la somb a inmanen e que subyace en cada ida iene p ede e -
minada po el con ex o his ó ico en el que se ubica su exis encia. Miguel Maña a nace
en 1627, una época adsc i a al einado de Felipe IV. En 1643, cuando con aba con dieci-
1 Cuando decimos que la ob a de Juan de Valdés Leal no puede se en endida sin el mecenazgo de Miguel
Maña a, no nos e e imos al compendio o al de su ob a, sino a los abajos que ealizó pa a la He man-
dad de la San a Ca idad de Se illa.
41
Ma ía An onia Blanco A oyo
Juego de somb as: es é ica de la desapa ición en los Je oglí icos de las pos ime ías de Juan de Valdés Leal
séis años, sucede la ba alla de Roc oi y de ac o acaba la p edominancia de los ejé ci os
hispanos po oda Eu opa. De hecho, cinco años más a de, en 1648, se i ma la Paz de
Wes alia y ese mismo año, a pesa de la de o a española en la Gue a de los 30 Años,
Miguel Maña a encon a ía sosiego al casa se con Je ónima Ma ía Ca illo de Mendoza.
No obs an e, la posible elicidad conseguida as las nupcias se e ía uncada meses
más a de, cuando el jo en ma imonio se u o que en en a a la epidemia de pes e que
asoló Se illa en 1649. Mucho se ha esc i o sob e la desolación de la ciudad hispalense en
aquel iempo. Las pé didas económicas ue on incalculables, y aunque se pudo o ganiza
la salida de la Flo a de Nue a España (con el emo subyacen e de que la pes e iaja a
hacia Amé ica), en ealidad el come cio e es e queda ía in e umpido, lo que p odujo
escasez y ca es ía. Un da o in e esan e -y somb ío- es que los egido es enían que i a
comp a los í e es a luga es si uados a dos leguas y los endedo es no acep aban mo-
nedas que no hubie an sido p e iamen e desin ec adas. Po desg acia, el pasado siemp e
man iene cie a concomi ancia con el p esen e, y as la c isis epidémica ac ual no esul a
di ícil imagina se el ambien e de is eza y desespe anza que eina ía en aquel en onces.
Sesen a mil allecidos dejó en Se illa aquella pes e, lo que supone una es imación de la
mi ad de su población, pe diéndose po el camino a pe sonas de la alla de Juan Ma ínez
Mon añés o Ma eo Vázquez de Leca (Domínguez O iz, 2006: 72-76). Po si es o ue a
poco, la c isis económica subsiguien e desembocó en una e uel a con o igen en la calle
Fe ia. T es años más a de, en 1652, se p oduce un mo ín causado po el hamb e que
su e una sociedad a ec ada po el d ama económico pos e io a la pes e, y que u o sus
éplicas en Có doba y en o as ciudades andaluzas (Domínguez O iz, 1991: 134-135).
Po lo an o, pa a esa echa de empob ecimien o gene al, de ecogimien o y de oción
exace bada an e la somb a con guadaña que se ce nía en el día a día de la gen e, no hay
que ol ida que Miguel Maña a solo enía ein icinco años de edad.
Sin emba go, puede deci se que lo peo aún es aba po llega , pues, a pesa de que su
posición de a is óc a a le hizo p ospe a en los negocios, os en ando, además, di e sos
ca gos públicos en la ciudad, su esposa mo i ía en 1661 dejándolo sin descendien es, lo
que conmocionó sob emane a su espí i u mal echo y, segu amen e, lo dañó an o que
llegó a conside a lo ágil que es la ida y lo b e e que esul a la exis encia, p eocupán-
dose desde en onces de la salud de su alma y, casi con au én ica obsesión, de la isión
del in ie no que le espe a a odos aquellos que su an la e e na condena (Gámez Ma ín,
2017: 175). La desapa ición de la pe sona que amas debe se un golpe muy du o. Quizás,
el peo . Y aunque hay quien a i ma que de jo en la sobe bia y una ida disolu a solían se
la ónica de su día a día -el “seduc o Maña a” lo llamaba An onio Machado en “Re a o”-,
al o o a libe ino la mue e de su esposa lo con i ió en un modelo de peni en es (Gómez
Mo eno, 2015: 377). La gue a sempi e na y las de o as mili a es del eino; la pes ilencia
mo í e a que se lle ó a la mi ad de una populosa ciudad; el hamb e campando a sus
anchas en e los más necesi ados; y po úl imo, la mue e de una esposa do ada oda ía
po la e su a de la ju en ud, con o ma on los cua o jine es que, den o de su apocalip-
sis domés ico, inie on a a asa su humanidad así como lo hacen los caballos bíblicos y
a e ado es que podemos obse a en el conocido g abado de Albe o Du e o (Cas añeda
Ma ulanda, 2010: 55). Así pues, conscien es de su con ex o his ó ico y asimilando “la
men alidad de la época, ma cada en las ac i udes ca i a i as de da a los demás, don Mi-
guel busca la sal ación en la en ega a los necesi ados que además log ó capi aliza con el
ing eso en 1662 en la he mandad de la San a Ca idad, lo que no le cos ó es ue zo alguno
po su consabida p esencia en la al a sociedad hispalense” (Gámez Ma ín, 2017: 175).
Pos ime ías. Valdés Leal desde la Facul ad de Bellas A es de Se illa
42
Ese mismo año de 1662 coincide que se inaugu a con odos los as os li ú gicos ima-
ginables el sag a io de la Ca ed al de Se illa después de ein a años de ob as, y si se a a
de p ocede po el camino de los hi os i ales de Miguel Maña a, deci que poco después,
en 1663, ue nomb ado he mano mayo de la ci ada he mandad de la San a Ca idad,
con i iéndose desde en onces en un elemen o e dade amen e ans o mado y de in-
no ación den o del o ganismo. De su olun ad su gió la undación de un hospi al pa a
en e mos y desasis idos, y se en egó an o a la ca idad que en 1674 dejó su lujosa esi-
dencia habi ual pa a i i , p ime o, en una humilde casa, y después, muda se al p opio
hospi al como un acogido más, lle ando siemp e, has a su mue e en 1679 - enía 52 años-,
una ida de en ega y ayuda a los demás (Gámez Ma ín, 2017: 175-176).
Según Ma io Pe niola “el a e no es en absolu o una copia de la ealidad, sino una guía
en di ección hacia una comp ensión más p o unda de la misma” (Pe niola, 2008: 21). Sin
duda, Miguel Maña a debía de ene una idea muy pa ecida en la cabeza, pues su pen-
samien o ace ca de la eligiosidad queda ecogido en una ob a li e a ia que esc ibió a lo
la go de los años y que ue edi ada en 1672. Su í ulo: Discu so de la e dad (López-Lago,
2015: 15), y en sus páginas, Miguel Maña a exp esa ía lo que sigue:
Memen o, homo, quia pul is es, e inpul e em e e e is. Es la p ime a e dad que ha de eina
en nues os co azones: pol o y ceniza, co upción y gusanos, sepulc o y ol ido. Todo se acaba:
hoy somos, y mañana no pa ecemos: hoy al amos a los ojos de las gen es, mañana somos bo-
ados de los co azones de los homb es (Maña a, 2013: 11).
Es e es el inicio in empo al de la ob a de Miguel Maña a Vicen elo de Leca. Como
emos, sus palab as deno an agonía y a alidad, sin deja , po supues o, de anuncia una
ealidad somb ía e ineludible. Y an e esa ealidad apabullan e de la mue e, ¿de qué si -
en el o o y las iquezas? Al inal, solo nos queda la e dad de C is o y segui la senda que
nos lle e al camino de la sal ación. En el Discu so de la Ve dad se hallan los pos ulados de
un alma e udi a, pudien e y a o men ada que pe sigue ese camino hacia la e e nidad bajo
la o ma de una escale a, siendo los peldaños que la componen la acción de las buenas
ob as que lle a á a cabo en el Hospi al de la Ca idad. Y asimismo, esas p ác icas anegadas
de asce ismo, c ea án una concepción de la ida eligiosa que se i á pa a con igu a odo
el p og ama iconog á ico de la Iglesia de San Jo ge de la San a Ca idad. La a i mación
p ime a de es e capí ulo e oca al Ba oco, es deci , es amos en plena época del Ba oco
se illano, y siendo Miguel Maña a la igu a que es, pa a las ob as de cons ucción de su
hospi al no podía con a sino con los mejo es a is as de su iempo. Simón de Pineda,
Ped o Roldán, Ba olomé Es eban Mu illo y, po supues o, Juan de Valdés Leal (López-La-
go, 2015: 15), se án los enca gados de e leja a a és del a e, lo que Maña a ya es aba
e lejando con palab as en su Discu so de la Ve dad, po lo que hablamos de una pe so-
nalidad apabullan e ca gada de un p o undo sen imien o ideológico- eligioso que, si bien
él mismo no ejecu a á los azos, sí se á el di ec o de o ques a de una de las ob as más
in e esan es que se an a ealiza en la Se illa del Seiscien os.
La a i mación de que Valdés Leal no se en iende sin la igu a de Miguel Maña a no es
baladí. Al menos, como ma izábamos an es en una no a a pie de página, en lo que a su
ob a den o del hospi al de la San a Ca idad se e ie e. Los Je oglí icos de las Pos ime ías
dan e de la b e edad de la ida en la ie a, oda su ca ga iconog á ica y simbólica auspi-
cia la peo de las sen encias: In Ic u Oculi, que es como se conoce una de las pin u as que
componen los je oglí icos, es una locución la ina que se aduce como: en un ab i y ce a
de ojos, en un pa padeo. Se hace alusión así al ápido ánsi o en e las pos ime ías de
43
Ma ía An onia Blanco A oyo
Juego de somb as: es é ica de la desapa ición en los Je oglí icos de las pos ime ías de Juan de Valdés Leal
nues a ida (Ma ínez Sil en e, 2013). Todo pasa demasiado dep isa, y un esquele o som-
b ío apaga con sus dedos cada é icos la llama de una ela aho a ex in a. Po supues o, el
esquele o simboliza la de unción, la pa ca, en su b azo izquie do po a un a aúd y suje a
una guadaña, elemen o que, como “a ibu o de la mue e se e ie e al ca ác e iguali a io
e indisc iminado de la misma” (López-Lago, ci ando a Re illa, 2015: 16). Bajo uno de los
pies del esquele o un globo e áqueo, el mundo, y bajo su o o pie -el de echo-, odas las
demás cosas, la ani as: una ia a, una co ona, lib os, opajes, e c. Es deci , odo es banal y
pie de su alo po que no ealiza á con noso os el camino hacia la e e nidad.
En en e, mos ando o a ca a de la misma ealidad, la o a pin u a que o ma pa e
de los Je oglí icos no sosiega ni más ni menos. En iéndase la i onía. En la pa e supe io
del cuad o sale una mano angelical con una balanza, al modo del juicio de Osi is, y en los
pla illos que la componen “es án colocadas las ob as buenas y malas que son pesadas en
el juicio, con los le e os: Ni más, ni menos, és a se á la equidad del juicio di ino” (Ga cía
Gu ié ez, 2015). Lo llama i o de es a o a pin u a, llamada Finis glo iae mundi (El in
de la glo ia del mundo), más allá de su alego ía sob e la úl ima sen encia que odo se
humano debe asumi , es la p esencia, en p ime plano, de dos cue pos sob e sus um-
bas que mues an icas es idu as. Ambos se encuen an en un es ado a anzado de
descomposición, mos ando un ealismo une a io que causa un escalo ío que nada
iene que en idia al que puede sen i una pe sona en el in e io de una c ip a llena
de a aúdes abie os. “En el siglo XVII la imagen del cadá e en a anzado es ado de pu-
e acción p e ende da al a e une a io un mayo ealismo que, en ocasiones, llega a se
e dade amen e escalo ian e y macab o” (López-Lago, ci ando a Sebas ián, 2015: 20). Sin
emba go, si nos ijamos en los a ibu os de los cadá e es, encon amos elemen os de la
al a nobleza. La mi a de un obispo se hace e iden e, an o como la c uz de caballe o de
Cala a a que amo aja al o o cue po. Miguel Maña a e a caballe o de la o den de Cala-
a a. Segu amen e, se hizo e a a a sí mismo pa a eco da se el des ino aciago que le
agua daba. Memen o mo i.
3. POSTRIMERÍAS: PRESENCIA Y AUSENCIA AL UNÍSONO
Las pos ime ías, según la epis emología y la eligión c is iana, se en ienden como el dis-
cu i de la úl ima e apa de la ida o, cada uno de los cua o no ísimos del se humano:
mue e, juicio, in ie no y glo ia. Es un camino, pe o, ¿un camino hacia el inal de algo o
hacia el p incipio de un nue o comienzo? ¿Acaso el inal es el p incipio de un nue o iem-
po hacia la e e nidad? Es e iden e que en la época del Ba oco la pos ime ía de una ida
e a en endida como una ansición hacia el eino de Dios. No hay e apas inales cuando
se a a de eco e el camino de la e e nidad. Hablamos de los edaños de una época,
del sen imien o al que e an pe meables los homb es y muje es de la segunda mi ad del
siglo XVII, y den o de las di ec ices d amá ico- eligiosas que impe aban as el Concilio
de T en o y el espí i u de la Con a e o ma, el ealismo se en iende como una ca ego ía
es é ica (Ta anilla, 2018: 20-21) des inada a p o oca conciencia en el siemp e limi ado
albed ío de los ieles. Miguel Maña a exp esó:
Pues ab e ú aho a los ojos, an es que llegue la noche de u mue e, y mi a si en el camino de
es e mundo, donde odos somos iado es, encuen as con las señas que e dan la ida y camino
de los san os pa a el eino de Dios; y si no encuen as con ellas, e as e el camino, mo ado e es
de Babilonia y escla o del demonio, pa a cuyo desdichado in mejo ue a que nunca hubie as
nacido, ni u mad e e hubie a a ojado al mundo (Maña a, 2013: 34).