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Juego de sombras: estética de la desaparición en los Jeroglíficos de las Postrimerías de Juan Valdés Leal

Blanco-Arroyo, María-Antonia

Abstract

Con motivo del cuarto centenario del nacimiento del pintor Juan de Valdés Leal (Sevilla, 1622-1690) la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla ha querido rendirle homenaje con la celebración de la exposición Postrimerías, organizada en colaboración con el Hospital de la Santa Caridad de Sevilla. El nombre de la muestra hace alusión a las célebres pinturas conocidas como Jeroglíficos de las Postrimerías que Miguel Mañara encargara al pintor para el programa iconográfico que él mismo diseñó cuando fue nombrado Hermano Mayor del Hospital de la Santa Caridad de Sevilla en el año 1663.

Full text

Valdés Leal desde la Facul ad de Bellas A es de Se illa Se illa, 2022 Colección Ca álogos Núm.: 1 COMITÉ EDITORIAL: A aceli López Se ena (Di ec o a de la Edi o ial Uni e sidad de Se illa) Elena Leal Abad (Subdi ec o a) Concepción Ba e o Rod íguez Ra ael Fe nández Chacón Ma ía G acia Ga cía Ma ín Ma ía del Pópulo Pablo-Rome o Gil-Delgado Manuel Padilla C uz Ma a Palenque Sánchez Ma ía Eugenia Pe i -B euilh Sepúl eda José-Leona do Ruiz Sánchez An onio Tejedo Cab e a Rese ados odos los de echos. Ni la o alidad ni pa e de es e lib o puede ep oduci se o ansmi i se po ningún p ocedimien o elec ónico o mecánico, incluyendo o ocopia, g abación magné ica o cualquie almacenamien o de in o mación y sis ema de ecupe ación, sin pe miso esc i o de la Edi o ial Uni e sidad de Se illa. © Edi o ial Uni e sidad de Se illa 2022 C/ Po eni , 27 - 41013 Se illa. Tl s.: 954 487 447; 954 487 451; Fax: 954 487 443 Co eo elec ónico: [email p o ec ed] Web: h ps://edi o ial.us.es © Coo dinado es 2022 © De los ex os, los au o es 2022 © De las ob as, los au o es 2022 © De las o og a ías, los au o es 2022 Fo og a ías de las ob as Ángela López González Pascual López Mo eno Los au o es Fo og a ías de la exposición Jesús Conde Fo og a ías de la inaugu ación Luis Se ano Ma ín de Eugenio Diseño y maque ación Fe nando In an e ISBN: 978-84-472-2404-3 DOI: h ps://dx.doi.o g/10.12795/9788447224043 Edición digi al de la p ime a edición imp esa de 2022 COORDINACIÓN EDITORIAL Fe nando In an e del Rosal Ma ía A jonilla Ál a ez Daniel Bilbao Peña FACULTAD DE BELLAS ARTES Decano Daniel Bilbao Peña Sec e a io de Cen o Diego Blázquez Pacheco Vicedecano de Calidad y Es udian es Guille mo Ma ínez Salaza Vicedecana de O denación Académica Raquel Ba ionue o Pé ez Vicedecano de In aes uc u as y Espacios José An onio Aguila Galea Vicedecano de Relaciones In e nacionales, Mo ilidad y P ác icas Ex e nas Manuel Fe nando Mance a Ma ínez Vicedecana de Cul u a Ma ía A jonilla Ál a ez Coo dinado de Más e Uni e si a io en A e: Idea y P oducción Fe nando Ga cía-Ga cía Coo dinado de G ado en Bellas A es Da id Se ano León Coo dinado de G ado en Conse ación y Res au ación de Bienes Cul u ales Da id A quillo A ilés Coo dinado del P og ama de Doc o ado en A e y Pa imonio Paco La a-Ba anco 10 12 Ag adecimien os 14 Pos ime ías / P e ex os / 15 P esen ación. Valdés Leal desde la Facul ad de Bellas A es de Se illa Daniel Bilbao Peña 19 P ólogo En ique Valdi ieso González 21 El a e, en e el in y la pos e idad Fe nando In an e del Rosal 25 La Facul ad de Bellas A es en la San a Ca idad de Se illa: In eg ación, compe encias o ma i as y acción social Ma ía A jonilla Ál a ez 37 Valdés Leal, iempo y alego ía / Tex os / 39 Juego de somb as: es é ica de la desapa ición en los ‘Je oglí icos de las Pos ime ías’ de Juan de Valdés Leal Ma ía An onia Blanco A oyo 50 Los Je oglí icos de las Pos ime (IA)s T iana Sánchez-He ia 61 La ipog a ía como elemen o composi i o en las dos pin u as alegó icas pa a la Iglesia Hospi al de la San a Ca idad de Se illa, ealizadas po el pin o Juan de Valdés Leal Juan Ca los Molina Mo al, Es e anía González Sánchez Índice 11 74 Los lib os en la pin u a y su ep esen ación en la ob a de Valdés Leal Ja ie Bueno-Va gas, Elena Vázquez-Jiménez 91 De iconología. El e a o de don Miguel Maña a, po Juan de Valdés Leal F ancisco J. Co nejo 106 Juan de Valdés Leal, polic omado de e ablos Benjamín Domínguez-Gómez 121 Ras eando las huellas de Valdés Leal en dos imágenes de la Vi gen del Hospi al de la San a Ca idad Da id T igue o Be jano 136 El a a ío de las dolo osas de candele o se illanas en la época de Valdés Leal F ancisco José Ca asco Mu illo 147 La exal ación de la mue e en Nue a España: El úmulo une a io del mine o José de la Bo da en la iglesia de San a P isca de Taxco José Mª Sánchez-Co egana, Celia S. Mo gado 164 Ace ca de lo e e no del a e Miguel To alba Ga cía 175 La majes ad de la mue e Miguel Gu ié ez-Villa ubia, Iose h Cabeza Lainez 195 Pos ime ías / Ca álogo de ob as / 275 Ace ca de a is as y ob as / Biog a ías y ex os sob e las ob as / 355 El espacio acío / Acción in i ada / Colec i o A an i 359 Exposición ‘Pos ime ías’ / Imágenes de la mues a / Jesús Conde 366 Índice de pa icipan es 39 Juego de somb as: es é ica de la desapa ición en los Je oglí icos de las Pos ime ías de Juan de Valdés Leal Ma ía An onia Blanco A oyo Uni e sidad de Se illa 1. INTRODUCCIÓN En el mundo de la his o ia y del a e exis en muchas in e p e aciones sob e el concep o somb a. Más allá de emplea se como écnica pic ó ica, la somb a puede se ep esen ada como una emá ica en sí misma, y según ex os an iguos en ella es á el o igen de la pin u- a, pues en las p ime as incu siones en es e a e se a aba de delinea el con o no som- b eado de un homb e. Asimismo, la escul u a ambién halla á sus o ígenes en “que e pe pe ua , es a ez con a cilla, el pe il de la somb a del enamo ado que se a” (Pa eño, 1990). Como emos, la somb a, concep ualmen e, puede se elacionada con la pé dida, y en ese sen ido puede imb ica se con la es é ica de la desapa ición que Juan de Valdés Leal le imp ime a sus Je oglí icos de las pos ime ías. El juego, po lo an o, lo es ablecemos con el ealismo, con el ho o , con el is e desenlace de odo homb e y muje , y con esa c eencia eligiosa que es ablece que las pos ime ías de una ida ienen más que e con un ánsi o hacia o o luga (llámese limbo, cielo o in ie no) que con un inal ajan e as la mue e. En es e sen ido, hablamos de la somb a como una en idad que nos encoje, que nos c aquela el ánimo, que nos a o men a, la en endemos pues como una exp esión de lo somb ío, y ambién, como la mejo mane a de da le un alma a los je oglí icos que Valdés Leal nos dejó en el so oco o de Iglesia del Hospi al de la San a Ca idad. En el siguien e a ículo no se p e ende es ablece un análisis sob e el p og ama ico- nog á ico en el que se inse an los Je oglí icos de las pos ime ías, ni ampoco desci a una a una las na a i as iconológicas que se hallan den o de es as ob as, pues ya exis en mul i ud de abajos muy sol en es dedicados a es a cues ión, lo que que emos aquí es es ablece un discu so que incule lo que se isualiza en es as pin u as con el ca iz de la época en la que ue on pin adas. Po eso, en el p ime capí ulo analiza emos de o ma sin- é ica la ida de Miguel Maña a, he mano mayo de la He mandad de la San a Ca idad, homb e de o o donde los haya, y segu amen e, una de las pe sonas más impo an es de la Se illa del siglo XVII. Suya ue la olun ad de cons ui un hospi al en el espacio de las an iguas A a azanas pa a auxilia y p o ege a los más pob es, y den o del mismo, se le an a ía una Iglesia en hono a San Jo ge cuya a qui ec u a albe ga ía un p og ama ico- nog á ico que ensalza ía las p o undas c eencias eligiosas de Maña a, odeándose és e pa a consegui lo, no sólo de un pin o de la alla de Juan de Valdés Leal, sino ambién de o os a is as emblemá icos como Ba olomé Es eban Mu illo, Simón de Pineda o Ped o Roldán. Con ex o his ó ico y el análisis de la men alidad de una época se á lo que subyace en el p ime capí ulo, pa a aden a nos ya de lleno, en el segundo capí ulo, en el signi i- cado del é mino pos ime ías. Un signi icado que se á analizado de una mane a mucho más p o unda que la desc ipción que iene en la RAE, y que p opone un camino de con- Pos ime ías. Valdés Leal desde la Facul ad de Bellas A es de Se illa 40 inuidad más allá de la mue e según las c eencias eligiosas. Po eso, los je oglí icos de Valdés Leal se án como una ad e encia, como una enide a cabina de peaje donde cada cual debe á paga el p ecio de sus pecados, po lo que end emos que esponde a in e o- gan es sob e si suponen el inal del camino o una pa ada in e media den o del mismo. La mue e, como es de supone , iene una impo ancia sublime den o del discu so que se abo da á en las siguien es páginas, así como se con ie e en la p o agonis a de los Je oglí icos de las pos ime ías. Su ep esen ación en o ma de cadá e o cala e a no se á más que una con inuación de una la ga adición en la His o ia del A e que nace en la An igüedad y iene un especial a aigo en la Edad Media. Sin emba go, las ani as y su c í ica hacia el lujo o la acumulación de posesiones innecesa ias, se á una endencia que su gi á en pleno Ba oco y que end á su máxima exp esión en las dos ob as de Juan de Valdés Leal que nos p oponemos a analiza . Po úl imo, en el e ce capí ulo, discu sa- emos sob e el iempo y el pode que iene pa a cambia lo odo. De hecho, el iempo se acaba, el Juicio Final es el in de los iempos, y an e es os ase os no es de ex aña que el iempo en sí mismo como concep o haya sido dibujado como un cadá e o una cala e a. Así pues, si ya de po sí hemos ealizado un análisis de las men alidades y de las posibi- lidades del iempo pa a cambia lo odo, ambién es in e esan e es ablece una se ie de co espondencias con algunas ob as de a e más ce canas a nues o p esen e, pa a es a- blece cie as equi alencias en e los concep os iempo y mue e, o en e la pos ime ía que nos agua da y la ini ud de los días que nos quedan po i i . 2. MIGUEL MAÑARA: UN ESTADO DEL ALMA, UN CAMINO HACIA LA ETERNIDAD Es el Ba oco. Es el a e Ba oco. Exis en dos ob as somb ías de Juan de Valdés Leal que des acan po encima del es o. Po supues o, cada una de ellas exhala un espí i u p opio y pueden unciona como un odo, pe o cie amen e, nunca se en ende ían sin el adecuado ensamblaje que suponen den o del “mensaje p imo dial de la ins i ución ca i a i a que las acoge y enma ca” (Gómez Mo eno, 2015: 377): el Hospi al de la San a Ca idad de Se i- lla. Resul a ob io que hablamos de los Je oglí icos de las Pos ime ías, dos composiciones mellizas que se mi an y con emplan en el de eni del iempo pa a causa desasosiego a oda pe sona que se halle en el cen o de lo que e elan. Como ad e íamos en la in o- ducción, no es p oceden e de ene se aquí a ealiza un análisis iconológico o de los sím- bolos y na a i as. Según con enga se esboza án aco de a las necesidades del discu so, pe o lo que p ima aho a es ad e i que, es os Je oglí icos de las Pos ime ías, ubicados den o del so oco o de la Iglesia de San Jo ge del Hospi al de la Ca idad, o man pa e de un mensaje mayo p onunciado po un conjun o de ob as a ís icas que ue on di igidas po Miguel Maña a. Po eso, hablamos de ensamblaje, y esul a pa adójico que al igual que las pos ime ías no pueden se en endidas si no es como pa e -ensamblada- de una ob a mayo , asimismo, el a is a Valdés Leal no puede se desci ado en su o alidad si no se iene en cuen a el mecenazgo de Miguel Maña a1, un homb e que llegó al mundo pa a deja huella en la ciudad que le io nace y en el siglo que le ocó i i . La p ime a somb a o la somb a inmanen e que subyace en cada ida iene p ede e - minada po el con ex o his ó ico en el que se ubica su exis encia. Miguel Maña a nace en 1627, una época adsc i a al einado de Felipe IV. En 1643, cuando con aba con dieci- 1 Cuando decimos que la ob a de Juan de Valdés Leal no puede se en endida sin el mecenazgo de Miguel Maña a, no nos e e imos al compendio o al de su ob a, sino a los abajos que ealizó pa a la He man- dad de la San a Ca idad de Se illa. 41 Ma ía An onia Blanco A oyo Juego de somb as: es é ica de la desapa ición en los Je oglí icos de las pos ime ías de Juan de Valdés Leal séis años, sucede la ba alla de Roc oi y de ac o acaba la p edominancia de los ejé ci os hispanos po oda Eu opa. De hecho, cinco años más a de, en 1648, se i ma la Paz de Wes alia y ese mismo año, a pesa de la de o a española en la Gue a de los 30 Años, Miguel Maña a encon a ía sosiego al casa se con Je ónima Ma ía Ca illo de Mendoza. No obs an e, la posible elicidad conseguida as las nupcias se e ía uncada meses más a de, cuando el jo en ma imonio se u o que en en a a la epidemia de pes e que asoló Se illa en 1649. Mucho se ha esc i o sob e la desolación de la ciudad hispalense en aquel iempo. Las pé didas económicas ue on incalculables, y aunque se pudo o ganiza la salida de la Flo a de Nue a España (con el emo subyacen e de que la pes e iaja a hacia Amé ica), en ealidad el come cio e es e queda ía in e umpido, lo que p odujo escasez y ca es ía. Un da o in e esan e -y somb ío- es que los egido es enían que i a comp a los í e es a luga es si uados a dos leguas y los endedo es no acep aban mo- nedas que no hubie an sido p e iamen e desin ec adas. Po desg acia, el pasado siemp e man iene cie a concomi ancia con el p esen e, y as la c isis epidémica ac ual no esul a di ícil imagina se el ambien e de is eza y desespe anza que eina ía en aquel en onces. Sesen a mil allecidos dejó en Se illa aquella pes e, lo que supone una es imación de la mi ad de su población, pe diéndose po el camino a pe sonas de la alla de Juan Ma ínez Mon añés o Ma eo Vázquez de Leca (Domínguez O iz, 2006: 72-76). Po si es o ue a poco, la c isis económica subsiguien e desembocó en una e uel a con o igen en la calle Fe ia. T es años más a de, en 1652, se p oduce un mo ín causado po el hamb e que su e una sociedad a ec ada po el d ama económico pos e io a la pes e, y que u o sus éplicas en Có doba y en o as ciudades andaluzas (Domínguez O iz, 1991: 134-135). Po lo an o, pa a esa echa de empob ecimien o gene al, de ecogimien o y de oción exace bada an e la somb a con guadaña que se ce nía en el día a día de la gen e, no hay que ol ida que Miguel Maña a solo enía ein icinco años de edad. Sin emba go, puede deci se que lo peo aún es aba po llega , pues, a pesa de que su posición de a is óc a a le hizo p ospe a en los negocios, os en ando, además, di e sos ca gos públicos en la ciudad, su esposa mo i ía en 1661 dejándolo sin descendien es, lo que conmocionó sob emane a su espí i u mal echo y, segu amen e, lo dañó an o que llegó a conside a lo ágil que es la ida y lo b e e que esul a la exis encia, p eocupán- dose desde en onces de la salud de su alma y, casi con au én ica obsesión, de la isión del in ie no que le espe a a odos aquellos que su an la e e na condena (Gámez Ma ín, 2017: 175). La desapa ición de la pe sona que amas debe se un golpe muy du o. Quizás, el peo . Y aunque hay quien a i ma que de jo en la sobe bia y una ida disolu a solían se la ónica de su día a día -el “seduc o Maña a” lo llamaba An onio Machado en “Re a o”-, al o o a libe ino la mue e de su esposa lo con i ió en un modelo de peni en es (Gómez Mo eno, 2015: 377). La gue a sempi e na y las de o as mili a es del eino; la pes ilencia mo í e a que se lle ó a la mi ad de una populosa ciudad; el hamb e campando a sus anchas en e los más necesi ados; y po úl imo, la mue e de una esposa do ada oda ía po la e su a de la ju en ud, con o ma on los cua o jine es que, den o de su apocalip- sis domés ico, inie on a a asa su humanidad así como lo hacen los caballos bíblicos y a e ado es que podemos obse a en el conocido g abado de Albe o Du e o (Cas añeda Ma ulanda, 2010: 55). Así pues, conscien es de su con ex o his ó ico y asimilando “la men alidad de la época, ma cada en las ac i udes ca i a i as de da a los demás, don Mi- guel busca la sal ación en la en ega a los necesi ados que además log ó capi aliza con el ing eso en 1662 en la he mandad de la San a Ca idad, lo que no le cos ó es ue zo alguno po su consabida p esencia en la al a sociedad hispalense” (Gámez Ma ín, 2017: 175). Pos ime ías. Valdés Leal desde la Facul ad de Bellas A es de Se illa 42 Ese mismo año de 1662 coincide que se inaugu a con odos los as os li ú gicos ima- ginables el sag a io de la Ca ed al de Se illa después de ein a años de ob as, y si se a a de p ocede po el camino de los hi os i ales de Miguel Maña a, deci que poco después, en 1663, ue nomb ado he mano mayo de la ci ada he mandad de la San a Ca idad, con i iéndose desde en onces en un elemen o e dade amen e ans o mado y de in- no ación den o del o ganismo. De su olun ad su gió la undación de un hospi al pa a en e mos y desasis idos, y se en egó an o a la ca idad que en 1674 dejó su lujosa esi- dencia habi ual pa a i i , p ime o, en una humilde casa, y después, muda se al p opio hospi al como un acogido más, lle ando siemp e, has a su mue e en 1679 - enía 52 años-, una ida de en ega y ayuda a los demás (Gámez Ma ín, 2017: 175-176). Según Ma io Pe niola “el a e no es en absolu o una copia de la ealidad, sino una guía en di ección hacia una comp ensión más p o unda de la misma” (Pe niola, 2008: 21). Sin duda, Miguel Maña a debía de ene una idea muy pa ecida en la cabeza, pues su pen- samien o ace ca de la eligiosidad queda ecogido en una ob a li e a ia que esc ibió a lo la go de los años y que ue edi ada en 1672. Su í ulo: Discu so de la e dad (López-Lago, 2015: 15), y en sus páginas, Miguel Maña a exp esa ía lo que sigue: Memen o, homo, quia pul is es, e inpul e em e e e is. Es la p ime a e dad que ha de eina en nues os co azones: pol o y ceniza, co upción y gusanos, sepulc o y ol ido. Todo se acaba: hoy somos, y mañana no pa ecemos: hoy al amos a los ojos de las gen es, mañana somos bo- ados de los co azones de los homb es (Maña a, 2013: 11). Es e es el inicio in empo al de la ob a de Miguel Maña a Vicen elo de Leca. Como emos, sus palab as deno an agonía y a alidad, sin deja , po supues o, de anuncia una ealidad somb ía e ineludible. Y an e esa ealidad apabullan e de la mue e, ¿de qué si - en el o o y las iquezas? Al inal, solo nos queda la e dad de C is o y segui la senda que nos lle e al camino de la sal ación. En el Discu so de la Ve dad se hallan los pos ulados de un alma e udi a, pudien e y a o men ada que pe sigue ese camino hacia la e e nidad bajo la o ma de una escale a, siendo los peldaños que la componen la acción de las buenas ob as que lle a á a cabo en el Hospi al de la Ca idad. Y asimismo, esas p ác icas anegadas de asce ismo, c ea án una concepción de la ida eligiosa que se i á pa a con igu a odo el p og ama iconog á ico de la Iglesia de San Jo ge de la San a Ca idad. La a i mación p ime a de es e capí ulo e oca al Ba oco, es deci , es amos en plena época del Ba oco se illano, y siendo Miguel Maña a la igu a que es, pa a las ob as de cons ucción de su hospi al no podía con a sino con los mejo es a is as de su iempo. Simón de Pineda, Ped o Roldán, Ba olomé Es eban Mu illo y, po supues o, Juan de Valdés Leal (López-La- go, 2015: 15), se án los enca gados de e leja a a és del a e, lo que Maña a ya es aba e lejando con palab as en su Discu so de la Ve dad, po lo que hablamos de una pe so- nalidad apabullan e ca gada de un p o undo sen imien o ideológico- eligioso que, si bien él mismo no ejecu a á los azos, sí se á el di ec o de o ques a de una de las ob as más in e esan es que se an a ealiza en la Se illa del Seiscien os. La a i mación de que Valdés Leal no se en iende sin la igu a de Miguel Maña a no es baladí. Al menos, como ma izábamos an es en una no a a pie de página, en lo que a su ob a den o del hospi al de la San a Ca idad se e ie e. Los Je oglí icos de las Pos ime ías dan e de la b e edad de la ida en la ie a, oda su ca ga iconog á ica y simbólica auspi- cia la peo de las sen encias: In Ic u Oculi, que es como se conoce una de las pin u as que componen los je oglí icos, es una locución la ina que se aduce como: en un ab i y ce a de ojos, en un pa padeo. Se hace alusión así al ápido ánsi o en e las pos ime ías de 43 Ma ía An onia Blanco A oyo Juego de somb as: es é ica de la desapa ición en los Je oglí icos de las pos ime ías de Juan de Valdés Leal nues a ida (Ma ínez Sil en e, 2013). Todo pasa demasiado dep isa, y un esquele o som- b ío apaga con sus dedos cada é icos la llama de una ela aho a ex in a. Po supues o, el esquele o simboliza la de unción, la pa ca, en su b azo izquie do po a un a aúd y suje a una guadaña, elemen o que, como “a ibu o de la mue e se e ie e al ca ác e iguali a io e indisc iminado de la misma” (López-Lago, ci ando a Re illa, 2015: 16). Bajo uno de los pies del esquele o un globo e áqueo, el mundo, y bajo su o o pie -el de echo-, odas las demás cosas, la ani as: una ia a, una co ona, lib os, opajes, e c. Es deci , odo es banal y pie de su alo po que no ealiza á con noso os el camino hacia la e e nidad. En en e, mos ando o a ca a de la misma ealidad, la o a pin u a que o ma pa e de los Je oglí icos no sosiega ni más ni menos. En iéndase la i onía. En la pa e supe io del cuad o sale una mano angelical con una balanza, al modo del juicio de Osi is, y en los pla illos que la componen “es án colocadas las ob as buenas y malas que son pesadas en el juicio, con los le e os: Ni más, ni menos, és a se á la equidad del juicio di ino” (Ga cía Gu ié ez, 2015). Lo llama i o de es a o a pin u a, llamada Finis glo iae mundi (El in de la glo ia del mundo), más allá de su alego ía sob e la úl ima sen encia que odo se humano debe asumi , es la p esencia, en p ime plano, de dos cue pos sob e sus um- bas que mues an icas es idu as. Ambos se encuen an en un es ado a anzado de descomposición, mos ando un ealismo une a io que causa un escalo ío que nada iene que en idia al que puede sen i una pe sona en el in e io de una c ip a llena de a aúdes abie os. “En el siglo XVII la imagen del cadá e en a anzado es ado de pu- e acción p e ende da al a e une a io un mayo ealismo que, en ocasiones, llega a se e dade amen e escalo ian e y macab o” (López-Lago, ci ando a Sebas ián, 2015: 20). Sin emba go, si nos ijamos en los a ibu os de los cadá e es, encon amos elemen os de la al a nobleza. La mi a de un obispo se hace e iden e, an o como la c uz de caballe o de Cala a a que amo aja al o o cue po. Miguel Maña a e a caballe o de la o den de Cala- a a. Segu amen e, se hizo e a a a sí mismo pa a eco da se el des ino aciago que le agua daba. Memen o mo i. 3. POSTRIMERÍAS: PRESENCIA Y AUSENCIA AL UNÍSONO Las pos ime ías, según la epis emología y la eligión c is iana, se en ienden como el dis- cu i de la úl ima e apa de la ida o, cada uno de los cua o no ísimos del se humano: mue e, juicio, in ie no y glo ia. Es un camino, pe o, ¿un camino hacia el inal de algo o hacia el p incipio de un nue o comienzo? ¿Acaso el inal es el p incipio de un nue o iem- po hacia la e e nidad? Es e iden e que en la época del Ba oco la pos ime ía de una ida e a en endida como una ansición hacia el eino de Dios. No hay e apas inales cuando se a a de eco e el camino de la e e nidad. Hablamos de los edaños de una época, del sen imien o al que e an pe meables los homb es y muje es de la segunda mi ad del siglo XVII, y den o de las di ec ices d amá ico- eligiosas que impe aban as el Concilio de T en o y el espí i u de la Con a e o ma, el ealismo se en iende como una ca ego ía es é ica (Ta anilla, 2018: 20-21) des inada a p o oca conciencia en el siemp e limi ado albed ío de los ieles. Miguel Maña a exp esó: Pues ab e ú aho a los ojos, an es que llegue la noche de u mue e, y mi a si en el camino de es e mundo, donde odos somos iado es, encuen as con las señas que e dan la ida y camino de los san os pa a el eino de Dios; y si no encuen as con ellas, e as e el camino, mo ado e es de Babilonia y escla o del demonio, pa a cuyo desdichado in mejo ue a que nunca hubie as nacido, ni u mad e e hubie a a ojado al mundo (Maña a, 2013: 34).