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El niño abusado se convierte en adulto: reflexiones sobre algunos casos tratados

Abstract

El autor analiza algunos casos clínicos para reflexionar sobre diferentes resultados que la experiencia del abuso sexual sufrido en la infancia puede tener en la influencia del desarrollo de un sujeto de sexo masculino. Se proponen tres distintas posibilidades que se pueden detectar en la población clínica. La clásica trasformación de víctima a agresor, la persistencia, por el contrario, en la posición de víctima y aquella del espectador relativa a los hermanos varones de víctimas de sexo femenino. Los recursos ofrecidos por el modelo de apego (ofrecido por el progenitor protector, y también por el mismo abusador) en relación a la dimensión del miedo suscitado por el evento traumático juegan un papel determinante en la dirección que puede tomar la evolución del niño abusado.

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El niño abusado se convierte en adulto: reflexiones sobre algunos casos tratados

Author: Cirillo, Stefano; Capecci, Valentina; Moral, Gonzalo del; Garrido, Miguel
Publisher: Universidad de Sevilla
Year: 2009
Source: https://idus.us.es/bitstreams/fdf63e14-ad4a-4067-802c-12d80f6c5205/download
Apun es de Psicología, 2009, Vol. 27, núme o 2-3, págs. 289-304. 289
S. Ci illo El niño abusado se con ie e en adul o: e lexiones sob e algunos casos a ados
Di ección del au o : Escuela de Psico e apia “Ma a Sel ini Palazzoli”. Viale Vi o io Vene o, 12, 20134 Milán (I alia).
Co eo elec ónico: [email p o ec ed]
Es e a ículo es la aducción el i ulado “Il bambino abusa o di en a adul o”, publicado en el núme o 91 de la e is a
Te apia Familia e (no iemb e de 2009, páginas 161-182). T aducción de Valen ina Capecci, Gonzalo del Mo al y
Miguel Ga ido.
Recibido: sep iemb e 2009. Acep ado: sep iemb e 2009.
Apun es de Psicología Colegio O icial de Psicología de Andalucía Occiden al,
2009, Vol. 27, núme o 2-3, págs. 289-304. Uni e sidad de Cádiz, Uni e sidad de Huel a y
ISSN 0213-3334 Uni e sidad de Se illa
El niño abusado se con ie e en adul o:
e lexiones sob e algunos casos a ados
S e ano CIRILLO
Escuela de Psico e apia “Ma a Sel ini Palazzoli”, Milán
Resumen
El au o analiza algunos casos clínicos pa a e lexiona sob e di e en es esul ados
que la expe iencia del abuso sexual su ido en la in ancia puede ene en la in luencia del
desa ollo de un suje o de sexo masculino. Se p oponen es dis in as posibilidades que se
pueden de ec a en la población clínica. La clásica as o mación de íc ima a ag eso , la
pe sis encia, po el con a io, en la posición de íc ima y aquella del espec ado ela i a
a los he manos a ones de íc imas de sexo emenino. Los ecu sos o ecidos po el
modelo de apego (o ecido po el p ogeni o p o ec o , y ambién po el mismo abusado )
en elación a la dimensión del miedo susci ado po el e en o aumá ico juegan un papel
de e minan e en la di ección que puede oma la e olución del niño abusado.
Palab as cla e: abuso sexual, e ec os del abuso, íc ima de sexo masculino, epe-
ición de la iolencia, inhibición de la ag esi idad, consecuencias sob e los he manos
de la íc ima.
Abs acc
The au ho analyzes some cases clinicians o e lec on di e en esul s han he
expe ience o he sexual abuse su e ed in childhood can ha e on he in luence o
de elopmen o a male subjec . P oposed h ee di e en possibili ies ha a e hey can
de ec in he clinical popula ion. The classical ans o ma ion o ic im o agg esso , he
pe sis ence, on he con a y, in he posi ion o ic im and one he ela i e o he ic ims
o emale male b o he s spec a o . The esou ces o e ed by he a achmen (o e ed by
he pa en ) model (gua d, and also by he same abuse ) in ela ion o he dimension o
he ea a oused by he auma ic e en play a decisi e ole in he add ess ha can ake
he e olu ion o he abused child.
Key wo ds: Sexual abuse, Abuse, E ec s ic im male, Repe i ion o iolence,
Agg ession, Inhibi ion impac on he b o he s o he ic im.
290 Apun es de Psicología, 2009, Vol. 27, núme o 2-3, págs. 289-304.
S. Ci illo El niño abusado se con ie e en adul o: e lexiones sob e algunos casos a ados
Las expe iencias in an iles des a o ables
Nume osos es udios ya han demos ado
que las expe iencias in an iles des a o ables
(EID; en inglés ACE: Ad e se Childhood
Expe iences) ienen e ec os nega i os a la go
plazo, dejando huellas signi ica i as no sólo
en el plano psíquico, sino ambién sob e la
salud ísica del adul o (Bonne , 2006; Mala-
c ea, 2007).
En e las expe iencias es udiadas (po
ejemplo, pob eza, ca ás o es na u ales,
gue as, pé dida de uno o ambos pad es po
mue e, abandono de la amilia, enca cela-
mien o; g a e en e medad ísica o psíquica,
o óxicodependencia de los mismos, en e
o os) no hay duda que el mal a o, ísico
y/o psicológico, las al as g a es de cuidado
y el abuso sexual ep esen an algunas de las
condiciones más pe judiciales.
El conocimien o acep ado de es a ela-
ción en e auma en la in ancia y su imien o
en la edad adul a pe mi e que a menudo los
ope ado es que abajan con niños g a e-
men e auma izados se p egun en sob e cuál
se á su des ino una ez que se con ie an en
adul os, in e ogándose si sus es ue zos e-
pa a i os log a án p e eni es uc u aciones
de pe sonalidad más o menos se iamen e
comp ome idas.
Pa iendo de mi expe iencia como clí-
nico, me p opongo o ece un abanico de
si uaciones e apéu icas que, sob e la base de
algunas edundancias de ipo cuali a i o, pue-
dan cons i ui pun os de pa ida pa a encon a
una espues a a es a p egun a.
Pa a no dispe sa me excesi amen e, me
cen a é en un solo ipo de mal a o, el abuso
sexual, que es comúnmen e conside ado el
más ex emo y, po an o, el más de as ado
pa a el desa ollo de los meno es íc imas.
Además, pa a ocaliza una casuís ica e-
la i amen e homogénea, he decidido expone
sólo si uaciones de íc imas de sexo mascu-
lino: se a a de una casuís ica ela i amen e
poco conocida, ya sea po la p obable meno
di usión de es a ag esión hacia el géne o mas-
culino, o bien p obablemen e po una mayo
esis encia de los homb es a e ela la.
El e ec o del abuso sob e las íc imas en
unción del géne o
En el núme o especial de la e is a Te a-
pia Familia e, i ulado “L’in anzia nega a”
(La in ancia negada, nº 46, co espondien e
a 1994) ue publicado un a ículo de G een
e e en e a es e ema, en el que hace un elenco
de las consecuencias del abuso sexual e in o -
ma, sin comen a lo, de un es udio que a ibuye
la incidencia más ele ada de pe sonalidad
bo de line en e las muje es a una iolencia
sexual más gene alizada hacia ellas (He man
y Van de Kolk, 1987). También Benjamin
(1993), en su abajo sob e as o nos de pe -
sonalidad, a i ma ex ualmen e:
“La pe sonalidad bo de line es mucho
más ecuen e en e las muje es, quizás
po que más a menudo son íc imas de
abuso inces uoso. Po es e mo i o, uso
los p onomb es emeninos en es e capí-
ulo pa a e e i me a la BPD (Bo de line
Pe sonali y Diso de ). De odos modos,
ambién los chicos pueden su i abusos
inces uosos.” (pág.145).
Siguiendo a G een (1994), as iden i ica
una se ie de g a es secuelas del abuso sexual
in an il (ansiedad, dep esión, bajo ni el de
au oes ima y compo amien os suicidas,
abuso de d ogas, dis unciones sexuales, ul-
ne abilidad de las íc imas de sexo emenino a
su i nue os episodios de iolencia en la ida
adul a), ecue da que un núme o meno pe o
signi ica i o de ellos se con e i á en au o
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de acoso sexual a niños. Y concluye: “Pa ece
exis i un ínculo ue e en e la iolencia
sexual in an il y el pos e io compo amien o
iolen o en los homb es” (pág. 27).
Sob e es e ema, Benjamin o mula a su
ez una cues ión implíci a (y desa man e):
“no sé po qué los indi iduos a eces man ie-
nen el mismo ol [de íc ima] de la in ancia...
y a eces lo cambian pa a iden i ica se con el
ag eso ” (1999, pág. 143).
Los di e sos des inos de chicos abusados
Después de habe abajado con un cie o
núme o (aunque limi ado) de pacien es adul os
con los cuales he podido analiza la i encia
de al e en o aumá ico, me ha pa ecido in e-
esan e in en a compa a sus ayec o ias de
ida, aún sabiendo que sus his o ias, a pesa de
que se hayan des iado en su cu so na u al po
al acon ecimien o ágico, se han cons uido
a pa i de la in e sección de mil ac o es que
no pod emos aba ca jamás sino de o ma
ex emamen e simpli icada: ni ampoco que-
emos cues iona la p esencia de la libe ad
humana, que puede imp imi gi os e in e up-
ciones a caminos que pa ecen ya p e ijados.
Espe o que es as e lexiones puedan
p opo ciona alguna indicación ope a i a
que consuele un poco a quien hoy en día se
deba e en la angus ia de cómo e i a que un
d ama de es e ipo pueda des ui la ida de
un hijo p opio o de un niño del que se hace
ca go p o esionalmen e.
Una jo en pa eja, hijos de amigos míos,
solici an con u gencia una en e is a: acaban
de descub i que su hijo de cua o años ha sido
epe idamen e obje o de abuso sexual po pa e
del bedel de la gua de ía p i ada a la que asis ía.
Los dos pad es se encuen an comp en-
siblemen e angus iados: ¿Po qué el hijo ha
a dado an o en e ela les al cues ión? ¿Tenía
miedo? ¿No se ha iado de ellos? ¿En qué han
allado? ¿Cómo es posible que su p epa ación
(ambos son p o eso es) no haya sido su icien-
e pa a e i a que pe manecie an ciegos a las
señales de males a del pequeño? Y sob e odo,
¿Qué sucede á aho a? ¿Le han a uinado la ida
pa a siemp e? ¿Qué pueden hace ellos pa a
ayuda lo?
Fac o es que in luyen en las
consecuencias del abuso
Pa a ilumina una ma e ia an du a y
mis e iosa, que incluso nos obliga a echa un
is azo al u u o, la clínica nos p opo ciona
escasas indicaciones y además alejadas de la
ue za de un silogismo (“pa iendo de es as
p emisas, la consecuencia es que...”). Se
puede, de odos modos, hace un elenco de
algunos ac o es que, si bien no gua dan una
elación di ec a, sí in luyen en el esul ado
del abuso ( éase la Decla ación consensua-
da en emas de abuso sexual a la in ancia,
a i icada po la Coo dinado a I aliana de
Se icios con a el Mal a o y el Abuso a la
In ancia- CISMAI- éase el apéndice de la
ob a de Malac ea y Lo enzini, 2002):
1. La elación con el abusado . Mien as más
es echo y signi ica i o sea el ínculo que
man iene con la íc ima, más dolo oso
debe ía se el auma.
2. La edad de la íc ima. A mayo p ecocidad
del auma, más des uc i o puede llega
a se . Pe o ambién, a mayo plas icidad
psíquica, mayo es la p obabilidad de que
la he ida pueda cica iza .
3. Las modalidades con las que el abuso ha
sido lle ado a cabo. Cuan o más in asi o
haya sido, más dañino puede llega a se .
Pe o ambién, cuan o más oscu o y enmas-
ca ado haya sido, más di ícil se á pa a la
íc ima decodi ica lo como un abuso.
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4. La du ación. Una mayo du ación del
auma en el iempo, se elaciona con
peo es consecuencias. Pe o ambién, un
único ges o aislado puede conlle a con-
secuencias d amá icas.
5. Las eacciones de la íc ima. Es un ac o
impo an ísimo, en el que las pe sonas sin
expe iencia piensan en a as ocasiones:
mien as más capacidad haya enido la
íc ima pa a de ende se, pa a pone in al
abuso, pa a pedi ayuda, pa a denuncia
p ecozmen e, menos in ensos e in asi os
se án los sen imien os de culpa.
6. Los ac o es de p o ección in a y ex a a-
milia es (Di Blasio, 2005), cuyo complejo
c uce se suma a la do ación de ecu sos
indi iduales pa a con igu a el enóme-
no que se ha dado en llama esiliencia
(Cy ulnik, 1999).
Cuando abajamos en psico e apia con
alguno de es os pacien es, odos es os ac-
o es se agolpan en el ánimo de la pe sona,
que se o mula (¡y nos o mula!) sin pa a las
mismas p egun as: ¿Po qué yo? ¿Qué engo
yo malo y equi ocado que ha hecho que el
abusado me haya elegido jus o a mí? (Mala-
c ea, 1998). ¿Po qué no me he de endido?
¿Po qué no he hablado an es?
La au odescali icación, en el sen ido de
la p opia des alo ización, es el p ime enemi-
go de es os pacien es, y po an o, el p ime
obs áculo que encuen a la e apia.
Escuchemos lo que dice Anna, una muje
excepcional, de la que he ap endido mucho, y
cuya e ible expe iencia he con ado en el lib o
Malos pad es (en p ensa). Los hijos de Anna
le han sido alejados po que no ha p o egido
e icazmen e a su hija mayo as descub i un
abuso po pa e de un ecino del mismo bloque,
po lo que el hecho se ha epe ido de nue o.
Cuando la muje encuen a a la abajado a
social, es á u iosa po es a medida que acha
de injus a: “¿Po qué el juez ha in e enido si
sólo ha sucedido en dos ocasiones? ¡A mí me ha
pasado una ida en e a, cuando e a pequeña! Mi
pad e, mi abuelo, un ecino,... ¡Siemp e a mí,
a mis he manas nunca! ¡Me p egun o po qué!
¿Qué enía yo que no uncionaba? De pequeña,
¡incluso los pe os lo in en aban!”
Si pasamos de indaga la i encia in ap-
síquica de la íc ima a sondea su pe cepción
de las elaciones signi ica i as, nos da emos
cuen a que al e isa las modalidades de
las e elaciones del abuso po pa e de la
íc ima, sean pa ciales o comple as, sean
o no e icaces, escuchadas o igno adas, o al
con a io, su incapacidad pa a habla de ello,
nos conduci á di ec amen e al co azón de las
elaciones amilia es, cuyo uncionamien o
hace que el niño hable o se calle, casi como
si el abuso ue a e elado de la calidad
de los ínculos en los que el pequeño es á
inme so.
Cuando Anna iene doce años, se di ige a
su mad e, con el in de p o ege se a sí misma y
a la jo en ía que es discapaci ada psíquica, de
los abusos del pad e y del abuelo ma e no que
i e con ellos. Los abusos comenza on hace
es años. La mad e con es a: “¡Sabes cómo son
los homb es! Tenéis que ap ende a es a lejos
de ellos”. Y no hace nada. Más adelan e Anna
huye. La policía e o ia ia la encuen a a 600
km. de dis ancia. La chica cuen a que su pad e
y su abuelo la han moles ado. La acompañan a
casa: “Ve ás que u mad e lo a egla á odo.”.
Sin emba go, nada cambia.
P ime a posibilidad o si uación: de
íc ima a ag eso
La a oz expe iencia de Anna, que no
ue de endida y po eso hoy es incapaz de
de ende e icazmen e a su hija, nos lle a a
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un ema c ucial, como hemos dicho, en el
a amien o de los homb es abusados en la
in ancia: la epe ición del abuso. Es a e i-
ble posibilidad, ha sido an ecuen emen e
ci ada en la li e a u a cien í ica (De Zulue a,
1993), y an ampliamen e di ulgada, que
ha llegado a ep esen a una p eocupación
no meno en las íc imas que cuando son
adul as nos piden ayuda.
De hecho hoy en día ya no es excep-
cional como hace iempo que una pe sona,
más a menudo muje es pe o ambién hom-
b es, llegue a la consul a con la demanda
explíci a de elabo a una his o ia de abuso
in an il, que c ee elacionada con sus ac-
uales di icul ades, ecuen emen e en el
á ea sexual (escasa espues a sexual o, al
con a io, endencia a la p omiscuidad,
as o nos de la iden idad de géne o,…),
aunque es más común que la his o ia de un
abuso su ido en la in ancia su ja du an e
un a amien o empezado po un p oblema
o una pa ología especí icas, ecuen emen e
un as o no bo de line de pe sonalidad, con
odo su conjun o de conduc as au olesi as
y de dependencia del alcohol o sus ancias
es upe acien es. (En e los esiden es de
las comunidades e apéu icas pa a d ogo-
dependien es, la p esencia en la anamnesis
de una expe iencia de abuso sexual es muy
ecuen e en las muje es, y ampoco es a a
en e los homb es). Es os pacien es, ya sean
pad es, o es én pensando en la posibilidad
de se los, con cie a egula idad p egun an:
“¿Es e dad que exis e el iesgo de que yo
ambién pueda abusa de mi hijo? ¡En onces
p e ie o deja de i i !”.
Pa a in oduci nos en el mundo de los
homb es abusados en la in ancia, empeza é
con la his o ia de un caso que no he conocido
pe sonalmen e, pe o que he seguido a a és
de la supe isión a un se icio especializa-
do sob e el mal a o, caso que p esen a de
mane a muy cla a las p oblemá icas que
enemos que a on a .
Gianni, de 30 años, se di ige al T ibunal de
Meno es de Pa ís pa a ecupe a el de echo de
isi a de su hijo En ico, de 7 años, que i e en
esa ciudad con la mad e, la nue a pa eja de ella,
paquis aní, y el niño de 1 año de la pa eja. En ico
p esen a un g a e e aso en el desa ollo y pasa
el día en un colegio especial. Gianni c ee que su
ex muje y sob e odo su pa eja (que según él
es muy se e o como odos los musulmanes) no
cuidan del niño como es debido. Quisie a pode le
ene consigo du an e algunos pe iodos en la ciu-
dad de la egión de Emilia (zona del cen o-no e
de I alia) donde i e con su segunda jo en muje ,
emba azada, o, como al e na i a secunda ia,
hace le pasa las acaciones de e ano en Sicilia
con la abuela (la mad e de Gianni), que cuidó de
él en sus p ime os años de ida.
La medida de suspensión de las isi as del
pad e a En ico ue debido a que su ex muje
mencionó que cuando dejó a Gianni mudándose
de Sicilia a Pa ís, ue po que no con iaba en él
ya que enía un an eceden e penal: con 20 años
había sido a es ado y condenado po abuso
sexual sob e un niño de 6 años.
En espues a a la pe ición de Gianni de
pode e al hijo, el T ibunal enca ga una
in es igación al Se icio Tu ela de Meno es
de su luga de esidencia. In e ogado po los
abajado es del Se icio en elación al abuso
come ido, Gianni lo econoce, aunque minimiza
la impo ancia de su acción; decía que ue hacia
un niño unecino, abandonado a si mismo, que
ecuen aba la ob a donde él abajaba. En una
en e is a pos e io con a á, con mucho ma-
les a , habe su ido la misma expe iencia a la
misma edad y en ci cuns ancias idén icas.
Llama mucho la a ención en es a his o ia
la escisión en e la idealización que el hom-
b e mani ies a de sí como pad e (soy mejo
que mi ex muje y su pa eja en la o ma de

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a on a el cuidado de un hijo di ícil) y la
banalización del su imien o p o ocado a un
niño casi de la misma edad que el suyo.
Veamos el desa ollo de es e mecanismo
de escisión en los dos siguien es casos, de
pacien es que encon é en el Cen o pa a el
niño mal a ado de Milán (CbM), ambos son
pad es mal a ado es y iolen os de i ados
po el T ibunal de Meno es después del ale-
jamien o de los hijos, en ambos casos an o
los hijos como sus espec i as mad es ue on
ing esados en una casa de acogida. Se a a
de dos homb es (cuyas his o ias, como la de
Anna, se pueden encon a de alladamen e
en mi lib o Malos pad es que han eco ido
la ayec o ia de íc ima a ag eso .
An onio es in es igado penalmen e po
dos g a ísimos episodios de mal a o ísico
hacía su hijo ecién nacido, Lo is, que con
pocos días de ida su e una ac u a de c áneo
y, después de algunos días as ol e a casa
después de un la go ing eso en el hospi al jun o
a su jo encísima mad e (el pad e ambién iene
poco más de 20 años), la ac u a de una ibia.
El jo en, asus ado po la idea de se condenado
y enca celado, niega con ue za habe sido el
au o de las conduc as iolen as ( econducidas
de mane a an asiosa a una p imi a que en a ía
en la cuna con bo as), y e mina po a ibui las
a su p oblema de sonambulismo.
Le p egun o en onces po qué no se ha
a ado nunca el sonambulismo, descub iendo
que el jo en su e du an e las ho as diu nas de
pé didas de conciencia, que empeza on du-
an e el se icio ci il, que An onio hizo como
“acompañan e” en el au obús que lle aba a los
niños a la gua de ía municipal: cuen a que en
aquel pe iodo cuando de ol ía a los pequeños
a las mad es a eces enía que ep ocha las si
e an b uscas o maleducadas con los hijos, pe o
le con es aban que se me iese en sus asun os
(“¡que sabes ú con 18 años de niños!”). Ade-
más, con g an pena, enía que da se cuan a que
no odos los niños espondían a su ca iño, inclu-
so algunos es aban asus ados: cuando llegaba a
casa se mi aba al espejo pa a en ende qué había
en él que p o ocaba emo . Allí empeza ían sus
desmayos, que pod ían hace pensa , en una
pe sona g a emen e as o nada y que su e
como e iden emen e le pasa a An onio, de un
as o no po es és pos - aumá ico.
El jo en es el úl imo de los once hijos de
una amilia mul ip oblemá ica, en la que dos
he mani os ue on dados en adopción con la
in e ención de los se icios, y o o “cedido”
a amilia es y nunca más is o. T as el shock
debido a la pé dida de los hijos adop ados, la
mad e de An onio, campesina anal abe a, se
eúne en el no e de I alia con el ma ido, él
ambién anal abe o, donde nace á el úl imo hijo.
Las ca encias y la al a de cuidado que An onio
su e en la in ancia, c iado po el he mano y la
he mana mayo , en su his o ia es án escondidas
bajo el elo de la idealización.
Sólo as mucho es ue zo menciona á que
desde el inicio de la escuela p ima ia comenzó
a agabundea po el pueblo en ez de i a la
escuela, y se bene ició de una especie de aco-
gimien o espon áneo po pa e de la muje del
alcalde del pueblo, que le ayudaba a hace los
debe es, le daba de me enda y le enseñaba a
no usa palab o as.
A los once años, como le ocu ió hace años
a dos de sus he manos mayo es, es e i ado po
pa e de los Se icios Sociales y lo lle an a una
ins i ución (“pe o sólo pa a hace me es udia ,
no po que hubie a p oblemas en casa”). Aquí,
cuen a An onio con g an di icul ad y e güenza,
que ue some ido a epe idos abusos po pa e
de un sace do e. Los a o es sexuales e an
ex o sionados, an o a An onio como al es o
de chicos, con ex ema iolencia, has a que
las íc imas log a on ebela se di igiéndose al
di ec o del Cen o, y el abusado ue despedido
(pe o no denunciado). An onio nunca an es
había hablado de es os abusos (“si no mi pad e
hab ía hecho una locu a”), sólo a su muje y
po alusiones.
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T as casa se muy jo en, An onio deseaba
a dien emen e un hijo, pa a esca a una ge-
nealogía de pad es incapaces de desa olla su
p opio ol: su pad e po que emig ó, y el abuelo
pa e no po su emp ana mue e, cuando su hijo
enía an solo cua o años. Aho a que inal-
men e el chico econoce el mal a o come ido
a un niño an deseado, lo explica á así: “Yo lo
quie o mucho, a Lo is, muchísimo, y que ía
a oda cos a se un buen pad e, pe o él no me
lo pe mi ía, ¡po que no me econocía! Recién
nacido, cuando llo aba yo lo cogía en b azos
pa a calma lo, pe o él nada, llo aba aún más
ue e. Con mi muje , sin emba go, se calmaba
sin p oblemas. Y yo me ponía muy ne ioso....y
en onces, quizás...lo he dejado cae ” “o quizás
-digo yo- lo ha i ado al suelo...” Y An onio no
lo niega.
En es e momen o se a a de ayuda a An-
onio a con esa lo que ha hecho delan e de sus
amilia es, que le es án pagando un abogado
con muchos sac i icios pa a de ende lo de una
acusación que conside an injus a. Le p egun a-
mos si an es se ía capaz de con a les el abuso
su ido, pa a comp oba la capacidad de la a-
milia de pone se de su pa e. An onio consien e,
aunque con muchas esis encias: sin emba go,
en la sesión siguien e, he escuchado a su p opio
pad e p egun a le, as oí su e elación ¡qué
había hecho él pa a me ece se ese cas igo! De
acompaña al hijo pa a que denuncia a, ninguna
posibilidad: el homb e, de o ado, aplas ado po
el miedo hacia la au o idad, como e a an e sus
ojos el sace do e abusado , niega con i meza:
“yo jamás he enseñado a mis hijos a hace es e
ipo de cosas”.
T as inaliza la e aluación, An onio de-
be á segui un a amien o psiquiá ico en uno
de los se icios locales: pe o no acudi á jamás.
La muje se eúne con él, dejando en la casa de
acogida a Lo is, que se á dado en acogimien o.
Al poco iempo la pa eja da á a luz a una niña,
que mo i á a las pocas semanas de ida po
un auma ismo c aneoence álico. Du an e
las pesquisas policiales, sald án a eluci los
abusos come idos po An onio a dos de sus
sob inos. An onio se encuen a en la ac ualidad
en la cá cel.
Es a his o ia pone de mani ies o el un-
cionamien o del mecanismo de de ensa de
la iden i icación con el ag eso : pa a no su-
cumbi al auma, el niño íc ima, ine me e
impo en e, desplaza en el u u o una especie
de ep esalia y de enganza. “No se é siemp e
an pequeño y débil, me ha é mayo y ue e,
y en onces e án de lo que soy capaz”.
Sin emba go, el mecanismo implica un
p ecio muy al o pa a la psique, po que obliga
a la men e a una escisión: como hemos is o
en el caso de Gianni, An onio ambién, en
su idealización de si mismo, se e p ime o
como educado (de los niños del au obús) y
luego como óp imo pad e, que no quie e que
o os niños, y menos su p opio hijo, su an
una expe iencia aumá ica. Po o o lado, la
coacción a epe i el abuso esponde a la exi-
gencia de e i i el auma su ido, pe o es a
ez con olándolo -y no su iéndolo- g acias
al in e cambio de ol. Pa a hace lo, iene que,
po así deci lo, ma a una pa e de sí mismo,
sup imiendo la empa ía hacia el niño que se
ans o ma en su íc ima.
El segundo ejemplo es el de Faus o, uno
de los pacien es más a duos y abajosos, que
hemos enido en el Cen o del Niño Mal a-
ado, sob e odo po la sob eca ga a ec i a
que nos ha impues o. También él se ha casado
muy jo en, subyugando con su pe sonalidad
in igan e y magné ica a una muje que se en-
gancha al desa ío que él le p opone: “Cú ame
la homosexualidad, que no pe enece a mi
p opia na u aleza, sino que es el u o del abuso
sexual que he su ido”. El chico ue abusado
con es años po uno de sus íos, y la elación
inces uosa se ha p olongado has a los lími es
de la edad adul a.
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S. Ci illo El niño abusado se con ie e en adul o: e lexiones sob e algunos casos a ados
T as el nacimien o de dos niños, el ma-
imonio en a en c isis: Faus o, in eliz y g a-
emen e as o nado, ag a a su pa ología (un
as o no de pe sonalidad bo de line) some-
iéndose a una die a con el in de esul a más
a ac i o pa a los homb es que seduce cada
noche, no consigue espe a las es icciones
alimen a ias que se impone y comienza a da se
a acones y a omi a , después a con ola el
hamb e con á macos que pueden p oduci
ano exia de base an e amínica que consigue
en el me cado neg o; se descompensa, in en a
suicida se a ias eces (incluso esc ibe una
ca a de acusación con a los pad es po no
habe lo p o egido del abuso), y no es capaz
de segui abajando. Du an e el sueño es
a o men ado po pa álisis his é icas. Cada
noche se epi e la misma escena siemp e más
iolen a: su muje in en a impedi que salga
pa a sus encuen os en saunas y locales gay, y
sus hijos es án cada ez más asus ados, has a
que -en espues a a una pe ición de ayuda de la
jo en muje - son en iados po los T ibunales
a una casa de acogida jun o con ella.
Faus o, pa cialmen e conscien e de su
condición, acep a un a amien o, pe o dejando
cla o que, si descub e que hubié amos inducido
a su muje a abandona lo, nos hab ía ma ado a
odos: a ella, a los niños, a los ope ado es. Un
pos e io encuen o con sus pad es, descon ia-
dos y ago ados, dispues os a colabo a sólo po
el in e és hacia sus nie os, ya que pa a el hijo
no ienen espe anzas, se con ie e en suma-
men e di ícil: se igidi ican cuando apa ece el
ema del abuso, no c een que me ezcan ningún
ep oche, y po o o lado, es imposible habla
en se io con Faus o. En e ec o, el homb e es ex-
emadamen e p o oca i o, siemp e hablando
sa cás icamen e y de o ma o ensi a y lis o pa a
deci odas las ba ba idades que pueda, con el
in de descali ica odo aquello que él mismo
dice. Incluso la econs ucción de los hechos
pa ece imposible: los pad es man ienen que el
hijo, adolescen e, sedujo al ío, an sólo 9 años
mayo que él y e asado men al; Faus o habla
de un abuso iniciado en la in ancia po pa e de
un chico 12 años mayo que él.
Finalmen e, las e siones log an ap oxi-
ma se: los pad es consiguen eco da que el
niño, en las acaciones en el pueblo de los abue-
los y del ío, no que ía do mi la sies a con és e
úl imo, y p o es aba llo ando po que “le moles-
aba”; econs uye on después que aquel o oño
ol ie on a Milán con el hijo mayo , dejando al
pequeño Faus o solo con los abuelos, po que la
mad e espe aba el e ce hijo; comp endie on
que los abusos se epi ie on odos los e anos
siguien es. Es en es e momen o cuando Faus o
admi e sin p oblemas que ue él más adelan e
quién le p opuso al ío de man ene elaciones
sexuales comple as.
La mad e, que al p incipio eía incong uen-
emen e, se pone se ia: “¡Pe o en onces e ha
a uinado la ida!”. Se p ome e a si misma, que
cuando aya al pueblo, habla á se iamen e con
su he mano. También el pad e se oscu ece. Sólo
aho a se da cuen a de cuán o ha debido su i su
hijo, y aún más en soledad, y se culpa de habe le
g i ado y cas igado cuando apa ecían sus señales
de inquie ud y males a . Llega a con esa que,
pa a “cu a ” al niño de las pesadillas que enía
odas las noches, se había escondido debajo de
la cama con una media en la cabeza diciendo
que e a un mons uo que había de o ado a
sus pad es y que ambién lo de o a ía a él.
Como en la si uación p eceden e, la
sup esión de la empa ía de Faus o no puede
deja nos indi e en es: pa ece busca coac i-
amen e una única con i mación del p opio
alo , la capacidad de seduci a homb es
siemp e dis in os, a a és de elaciones ex-
emamen e deg adan es. Lo mismo ocu e a
menudo con las muje es íc imas de abusos
sexuales que se dedican a la p os i ución,
educiendo a los clien es a me os obje os
sexuales de los que ap o echa se económica-
men e, complaciéndose del p opio pode pa a
seduci los y obse ando, de mane a alejada y
Apun es de Psicología, 2009, Vol. 27, núme o 2-3, págs. 289-304. 297
S. Ci illo El niño abusado se con ie e en adul o: e lexiones sob e algunos casos a ados
ía, la dependencia e ó ica de es os homb es
(y quizás ese ando pa a o os la in imidad
del beso, como señal de ecip ocidad y de
implicación amo osa).
Del mismo modo so p ende, en ambos
casos, el egis o del miedo: An onio iene
miedo no sólo del abusado iolen o, sino
ambién del pad e, que lo conside a esponsa-
ble del abuso que se hab ía “me ecido”, y de
la mad e que no p o ege a sus hijos, y que ha
pe dido es, en e adopciones y acogimien-
os, como en el cuen o de Pulga ci o, abando-
nado en el bosque jun o a sus he manos. Del
mismo modo, Faus o ha es ado a e o izado
no sólo po las ejaciones de su ío, sino am-
bién de la in ole ancia sádica del pad e y de
la necia incomp ensión de la mad e: y se las
a egla, de mane a más explíci a que An onio,
pa a a e o iza a su ez a los demás.
Ha asus ado a su muje , con enciéndola
pa a que se casa a con él aludiendo a sus pode-
es pa ano males, y aún más asus ados nos iene
a los ope ado es, amenazando abie amen e a
la abajado a social, a los educado es de la
comunidad, y ambién a mí, decla ando posee
un cuchillo escondido en el ab igo, has a al
pun o que he e minado po qui a mi nomb e
del lis ín ele ónico. Toda una sesión ha es ado
dedicada a una p egun a suya a la ez insinuan e
y desca ada: “Ci illo, hoy, de uno a diez, ¿cuán-
o miedo ienes de mí?”
T as una no able mejo ía, pos e io al es a-
blecimien o de las elaciones más posi i as con
los pad es as el abajo conjun o que hemos
ealizado, se p oduce una g a e ecaída cuando
la muje se sepa a de él y o a aún más impo -
an e cuando ella encuen a una nue a pa eja,
al que Faus o se en en a amenazándolo a él y
a sus hijos. A di e encia del caso an e io , en el
que es u imos obligados a in e umpi nues o
abajo as inaliza la CTU (Consulenza Tec-
nica di U icio; pe i aje écnico de o icio) y que
concluyó con un nue o d ama, aquí u imos la
posibilidad de e ec ua un la go y a iculado
acompañamien o, con la ecupe ación inal
de las elaciones del pacien e con los hijos
as log a una no able mejo ía. Faus o se ue
a i i con un compañe o al apa amen o que
le deja on sus pad es, econciliándose con su
homosexualidad.
Me gus a ía añadi , que Faus o ambién
p esen a aquel elemen o de idealización de sí
mismo como de enso de los niños que hemos
desc i o an e io men e en los casos de Gianni
y de An onio: al inaliza la e apia colabo a á
con la policía, in il ándose en las p ime as
edes on line de pedo ilia, y con ibui á al
a es o de a ias pe sonas.
Segunda posibilidad o si uación: íc ima
pa a siemp e
No odos los niños abusados, a o una-
damen e, se con ie en en ag eso es: hay
algunos cuyo is e des ino pa ece se la
condena a pe manece como íc imas. Es a
segunda ca ego ía de pacien es no la encon-
amos po an o como pad es mal a ado es
de i ados po los T ibunales a los se icios
especializados de in ancia, sino como suje-
os que solici an ayuda a ni el p i ado de
psico e apia o en los se icios de a ención
especializada y psiquiá icos, con demandas
po pa ologías dep esi as o ansiosas, con
pe sonalidades ca ac e izadas po escasa
ase i idad, dependencia, insegu idad en
las elaciones con los demás: igual que en el
p ime g upo la ag esi idad se p esen aba hi-
pe o iada e incon olada, aquí sin emba go
se p esen a ep imida y censu ada, median e
una especie de au ocas ación.
Cuando conozco a Ra aele, de 35 años,
que me iene de i ado, jun o a los pad es y al
he mano, po una pe ición de supe isión de
304 Apun es de Psicología, 2009, Vol. 27, núme o 2-3, págs. 289-304.
S. Ci illo El niño abusado se con ie e en adul o: e lexiones sob e algunos casos a ados
Conclusiones: ínculos de apego y e ec o
del abuso
En sín esis, podemos deci que el íncu-
lo de apego es un ac o disc iminan e pa a
p edeci los e ec os a la go plazo del abuso:
cuan o más in enso es el e o asociado al
auma, an o más necesa ia es la p esencia
de igu as segu as y ac i as, que sal en a la
pequeña íc ima del hundimien o en la i-
encia de abandono p o ocado po la p opia
ine me soledad, que sen a ía las bases pa a
la iden i icación con el ag eso .
Po el con a io, apegos insegu os, pe o
p i ados de aspec os de miedo, y po ello no
de ipo deso ganizado, induci án p obable-
men e p ocesos de cons ucción de un si mis-
mo más in eg o, pe o en egado a un des ino
de al a de au oes ima y de au odes alo iza-
ción, que – sin una in e ención e apéu ica
epa a i a - ha á p obable la epe ición de
expe iencias de ic imización.
Po es a azón, a la p egun a inicial
“¿qué les ocu i á a las pequeñas íc imas
que encon amos hoy?, ¿pod án sali ín eg as
del auma que han su ido?” podemos es-
ponde con cie a con ianza que la p esencia
de igu as capaces de ga an iza un apego
segu o disminuye las p obabilidades de
esul ados in aus os cons i uyendo un ac o
undamen al de esiliencia. Nues as e-
lexiones ( oda ía en una e apa p o isional y
po ello discu ible) de i an de una población
clínica muy educida, pe o la ex ensión del
azonamien o nos pe mi e pensa que exis a
una población no clínica en la que las he idas
del abuso cu adas po las igu as pa en ales,
e en ualmen e apoyadas po p o esionales
compe en es, se han cica izado sin deja
g andes ma cas.
Po ello iene undamen o o ien a nues-
o abajo de p e ención secunda ia y e -
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íc ima, sino ambién el indi ec o, que pase
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