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Neototemismo y órbitas de lo imaginario: crisis de la imagen y emergencia de la visualidad

Abstract

El presente ensayo realiza un recorrido por distintas “órbitas” de lo imaginario. Orbitas que han considerado -desde las nociones de tótem y tabú y la oposición entre el bricoleur y el ingeniero- la negatividad que implicaban los actos de sentido de devoración corporal y práctica sexual. Es decir, el totemismo -como normativa que comprende a los humanos en su cláusula sobre sexo y a los animales en su cláusula sobre alimentos- esboza a modo de tesis que esas visiones están impregnadas del régimen imaginario nictomorfo, de lo negro y lo oscuro. Como consecuencia de lo anterior, y bajo el amparo de cierto cientificismo y una pretendida capacidad “humana” (que se enfrentaría a lo salvaje y animal), se proponen teorías que intentan ocultar cualquier carga colonial-cristiana. Desde ese planteamiento inicial surge un neo totemismo posmoderno, en el cual la extensión ilimitada de las imágenes produce una crisis irreversible en los regímenes de lo imaginario.

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Neototemismo y órbitas de lo imaginario: crisis de la imagen y emergencia de la visualidad

Author: Silva Echeto, Víctor; Browne Sartori, Rodrigo
Publisher: Universidad de Sevilla
Year: 2007
Source: https://idus.us.es/bitstreams/c7742df6-9bb1-4e85-8ad6-62de3b4756f6/download
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Sección Selec a
Neo o emismo y ó bi as de lo imagina io:
C isis de la imagen y eme gencia de la isualidad.
Neo o emism and Imagina y: Image C isis and Visual
Eme gence.
Víc o Sil a Eche o
(Uni e sidad de Playa Ancha-Chile)
Rod igo B owne Sa o i
(Uni e sidad Aus al de Chile)
The ollowing essay makes a ou e by di e se “o bi s” o he imagina y.
O bi s ha ha e conside ed – om he no ions o o em and aboo and he
opposi ion be ween b icoleu and enginee — he nega i i y implied by he
sense ac s o co po al de o a ion and sexual p ac ices. Tha is, o emism –as
a egula ion which includes he human beings in e ms o sex and he animals
in e ms o ood—ou lines by way o hesis ha hese isions a e pe aded by
he nic omo phic imagina y egime, o he da k, o he black. As a consequence
o ha , and p o ec ed by ce ain scien ism and a so-called human capaci y
( ha would con on he animal and sa age) se e al heo ies ha in ended
o hide any colonial-Ch is ian bu den a e se ou . F om his ini ial app oach
comes up a pos mode n neo- o emism, in which he unlimi ed ex ension o he
images p oduces an i e e sible c isis in he egimes o he imagina y.
Abs ac :
Resumen:
El p esen e ensayo ealiza un eco ido po dis in as “ó bi as” de lo
imagina io. O bi as que han conside ado -desde las nociones de ó em y
abú y la oposición en e el b icoleu y el ingenie o- la nega i idad que
implicaban los ac os de sen ido de de o ación co po al y p ác ica sexual.
Es deci , el o emismo -como no ma i a que comp ende a los humanos en su
cláusula sob e sexo y a los animales en su cláusula sob e alimen os- esboza
a modo de esis que esas isiones es án imp egnadas del égimen imagina io
nic omo o, de lo neg o y lo oscu o. Como consecuencia de lo an e io , y bajo
el ampa o de cie o cien i icismo y una p e endida capacidad “humana”
(que se en en a ía a lo sal aje y animal), se p oponen eo ías que in en an
ocul a cualquie ca ga colonial-c is iana. Desde ese plan eamien o inicial
su ge un neo o emismo posmode no, en el cual la ex ensión ilimi ada de las
imágenes p oduce una c isis i e e sible en los egímenes de lo imagina io.
La si uación eminen emen e a o able en la que nos
encon amos espec o a las sociedades exó icas consis e
p ecisamen e en que no sabemos casi nada de ellas, y en
esa pob eza adica, en cie o modo, nues a ue za: es amos
condenados a lo esencial...
(C. Lé i-S auss)
Papie ... Chacun joue l’au e: Soi l’énoncé “Aucun n`es Sans
son Au e: Samson le han e”.
(H. Cixous)
En el comienzo de la esc i u a. Los animales hablan y se
ansmi en in o mación. Pe o no esc iben. No pueden hace
que la in o mación es é disponible pa a las gene aciones
u u as o pa a los animales que se encuen an ue a de su
sis ema de comunicación. És a es la di e encia c ucial que
exis e en e los homb es y o os animales
(W. Bu oughs )
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Keywo ds:
Imagina y / o em / b icolage / image / canibal.
Imagina io / ó em / b icolaje / imagen / caníbal.
Palab as-cla e:
Suma io:
1. In oducción: cues iones de me odología.
2. La canibalización del discu so o émico.
3. B icoleu e sus ingenie o.
4. El neo o emismo de la posmode nidad: c isis de los imagina ios y
eme gencia de la isualidad.
5. Conclusiones.
1. In oduc ion: me hodology ques ions
2. Cannibalism o o em discou se
3. B icoleu e sus enginee
4. Posmode n Neo o emism: imagina ies c isis and isual eme gen e
5. Conclusions
Summa y:
Neo o emismo y ó bi as de lo imagina io
1. In oducción: cues iones de me odología.
El sólo hecho de que un se i o quie a come se a o o es es imulado
po una a acción p oducida po los sen idos que emanan como pa e de una
an opo agia p oduc o a de sen idos1 ilimi ada y que b o an, ecíp ocamen e,
del u u o de o ado y/o de o ado. An opó ago ( an o el que come como el
que se á comido y ice e sa) de sen ido y luego ca nal que, como un lec o -
espec ado , a ila sus dien es pa a pone en juego, en ocasiones sin plan eá selo,
la máquina p oduc o a de sen idos que despie a es e ac o alimen icio, cuyo
obje i o es llega a “come se” aquellos a ibu os que se quie en posee del
enemigo de la ibu ecina. An es de explica lo que se en iende y se ha
impues o po la ins i ución c eada bajo las no mas del o den bina io, es deci
es uc u ada en el modelo de na u aleza eu océn ica, como an opo agia de
“ca ne y sang e”, conside amos pe inen e de ene nos, un momen o, pa a indica
que esca a emos cie as eo ías in oduc o ias desa olladas en o no a es e
pa icula ema que nos compe e. P oyecciones, gene almen e ligadas al discu so
de au o idad, que nos ayuda án a elucida cómo el mal llamado canibalismo se
ins i ucionalizó como imagen colonial-occiden al y cómo ha sido ma ginado de
los lími es es ablecidos po la misma mode nidad y que encon amos, en algunos
casos, como secuela del es ablecimien o de és a.
Al espec o, el an opólogo ancés Gilbe Du and (2000) asegu a que oda
la gene ación de in es igado es que ha pe mi ido el desa ollo e imposición de
1 Nos e e imos a la noción de sen ido más que a la de signo o an opo agia simbólica, conside ando
la pe spec i a de Gilles Deleuze (1989), quien en Lógica del sen ido, deses uc u a la me a ísica del
signo y del signi icado, en bene icio de un en e o espacio liminal que se ubica como di e encian e
en e el signi icado y el signi ican e, además, de ca og a ia las elaciones es echas en e sen ido y
sinsen ido y en e sen ido, acon ecimien o y singula idad.
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Sección Selec a
es e pensamien o se ha dado el lujo de cons ui una “mi odología” (Du and,
2000, p. 132). Cons ucción que es equi alen e a un ilosó ico edi icio de lo
imagina io lineal y cuyo p o agonis a es la isión dico ómica de los Mismos
ganado es en e a los O os seg egados y pe dedo es. O sea, “implíci amen e
se uel e a un esquema explica i o y lineal en el que se desc ibe y se cuen a
la epopeya de los indoeu opeos o las me amo osis de la libido, cayendo
nue amen e en ese icio undamen al”, el que consis e en c ee que “la
explicación da cuen a comple a de un enómeno que po na u aleza se lib a
de las no mas de la semiología” (Du and, 1981, p. 35).
En elación con lo an es expues o, Gilbe Du and (1981) se e ie e a
dos egímenes de imagina ios2 p oducidos desde la mi ada eu océn ica.
Regímenes ins i ucionalizados desde la lógica bina ia: el diu no, blanco,
pulc o, de signo posi i o, en e al noc u no, oscu o, neg o y de signo nega i o.
Sob e lo mismo, Jacques De ida (1989, p. 253) p ecisa que la me a ísica
p oclama una mi ología blanca que e leja la cul u a occiden al, “el homb e
blanco oma su p opia mi ología, la indoeu opea, su logos, es deci , el
my hos de su idioma...” de lo que quie e llama se azón3.
Gilbe Du and (1981), en ese sen ido, indaga y pone en duda las dico omías
que gi an en o no a la c eación de símbolos po pa e de la men e humana e
indica que és a se di ide, po an í esis, en e Régimen Diu no y Régimen Noc u no
2 Como señala Gilbe Du and (1981, p. 17): “el pensamien o occiden al, y especialmen e la iloso ía
ancesa, iene po adición cons an e de alua on ológicamen e la imagen y psicológicamen e
la unción de imaginación ‘maes a de e o y de alsedad’”. Se señala con jus icia que el amplio
mo imien o de ideas que a desde Sóc a es y a a és del agus inismo, la escolás ica, el ca esianismo
y el siglo de las luces, iene a desemboca en la e lexión de B unsch icg, de Lé y-B uhl, de Lagneau,
de Alain y de Valé y, “ iene po consecuencia pone en cua en ena odo lo que conside a como
acaciones de la azón”. Es conocida la descon ianza a la ap ehensión inmedia a de los obje os que
se encuen a en la pos u a ep esen acional y mediada del cogi o ca esiano. Como ha demos ado
Jean Paul Sa e (1979), los psicólogos clásicos, con undían la imagen con el doble mnésico de la
pe cepción, és e en iquecía el espí i u con minia u as men ales que no son más que copias de las
“cosas” obje i as. Pe o, has a el p opio Sa e (1979) en La imaginación, e mina conside ando que la
imagen deg ada el sabe , jugándole -al ilóso o- una mala pasada la adición iconoclas a occiden al.
Po ello, Gilbe Du and in en a sali de esa c í ica a la “loca de la casa”, p oponiendo la noción de
“ égimen” de lo imagina io, que se e ie e a “una es uc u a como una o ma ans o mable, que juega
el papel de p o ocolo mo i ado pa a oda una ag upación de imágenes y suscep ible a su ez de
ag upación en una es uc u a más gene al que noso os llama emos Régimen” (Du and, 1981, p. 57).
Ese es uc u alismo del Du and de los ’60, es ela i izado en los años ’80, po el mismo eó ico en Lo
imagina io (2000). En ese esc i o (Du and, 2000, p. 18), conside a a lo imagina io como “el museo de
odas las imágenes pasadas, posibles, p oducidas o po p oduci , y g acias a es a exhaus i idad, ha
pe mi ido el es udio de los p ocedimien os de su p oducción, de su ansmisión, de su ecepción, ¿acaso
no ha p o ocado po encima de odo una up u a, una e olución e dade amen e ‘cul u al’, en es a
iloso ía de biblio eca y de esc i u a que había sido el pa imonio bimilena io de Occiden e?”.
3 Al espec o, no que emos deja de comen a que en los países “ ans e ados” y “nue os” de las
Amé icas (Ribei o, 1985), es deci , los que ienen una mayo in luencia cul u al eu opea, como son los
casos de A gen ina, U uguay, y pa e de B asil y Chile, se escuchan ases muy despec i as en elación
a los países que no es án conside ados en es a ca ego ía, es deci , la Amé ica es imonio, in eg ada
po Ecuado , Pe ú y Boli ia. Si uación que se agudiza, en e o as cosas, po la mig ación in e na
en e dichas naciones, p oduciéndose un enómeno que pod íamos asimila a lo que De ida (1989)
denomina mi ología blanca. Po ejemplo, en algunas ocasiones a los boli ianos en A gen ina se les
llama cabeci as neg as.
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de la imagen. Po una pa e, el égimen diu no se elaciona con la ic o ia de la
luz; en cambio, el noc u no se liga a las alo aciones nega i as de es a misma
imaginación diu na. “La alo ación nega i a de lo neg o signi ica ía, según Moh ,
pecado, angus ia, ebeldía y juicio. En las exp esiones del sueño despie o se
obse a incluso que los paisajes noc u nos son ca ac e ís icos de los es ados de
dep esión” (Du and, 1981, p. 84). Pa a cimen a su eo ía, Du and expone que
el égimen de lo diu no es á pensado “con a” el seman ismo de las inieblas, de
la animalidad y de la caída, con a el iempo mo al. El égimen noc u no, po
su pa e, siemp e se asocia á a la oscu idad, como simbolización máxima de la
angus ia, p o enien e del miedo in an il a lo neg o. Lo enneg ecido es alo ado
nega i amen e y es o, el eó ico, lo lle a al e eno del an isemi ismo, el acismo
y el echazo occiden al a la eneb osidad que p o oca la oscu a noc u nidad. El
miedo como el simbolismo de la cegue a hace que el égimen diu no descon íe
de lo noc u no y lo echace o almen e, omando una posición an agónica y
de con on ación con a ese espacio de lo imagina io.
A pesa de la iolen a ma ginación que ejecu a lo diu no en e a lo
noc u no, un pun o en común de ambos polos ( e o í ico y diai é ico) se ía la
libido -en o no a la mue e y “a la caída del des ino empo al se ha ido
o mando una cons elación emenina, después sexual y e ó ica” (p. 185)-
siemp e ambi alen e; y es a ambi alencia se p esen a de a iadas mane as,
no necesa iamen e po que es un ec o psicológico con polos de epulsión y
a inidad, sino, ambién, po un bina ismo ins i ucionalizado de es os mismos
polos. La ene gía libidinal puede elaciona se con la p ohibición del inces o y,
en onces, se ubica bajo el ale o de una au o idad pa e nal, di ina y que no
ole a más que su p opia ag esión masculina. En o as ocasiones, la libido se
in oduce en el égimen e ec i o de las imágenes de la mue e, de la ca ne y de
la noche pa a adap a se a la a abilidad del iempo. En es a úl ima ins ancia
es cuando el aspec o emenino de la libido se alo iza y se ans o ma en un
símbolo ma e no. Finalmen e, se o na en el deseo de e e nidad con el p opósi o
de supe a la ambigüedad libidinosa y o ganiza “el de eni ambi alen e de
la ene gía i al en una li u gia d amá ica que o aliza el amo , el de eni y
la mue e” (Du and, 1981, p. 187). Es aquí, cuando la imaginación coo dina y
mide el iempo, lo en iquece con mi os y leyendas. G acias a es o se de ine un
nue o égimen de la imagen que se bi u ca en dos amilias de símbolos que
pa icipan en y de los iconos empo ales que ellas mismas componen. F en e
a la imagen he oica de la an í esis que pe mi e lo blanco (o lo diu no), es
necesa io busca símbolos como eu emismos que log en, desde lo oscu o (o lo
noc u no), mode a ambas endencias. Po lo an o, el égimen noc u no es á
bajo el signo de la con e sión y del eu emismo. El p ime g upo de símbolos
es á con o mado po una simple in e sión del alo a ec i o a ibuido a los
os os del iempo. “El p oceso de eu emización esbozado ya al ni el de una
ep esen ación del des ino y de la mue e, sin emba go sin ilusiones, se i á
acen uando...” (Du and, 1981, p. 187) pa a e mina en una p ác ica de la
oposición po al e ación adical del sen ido de las imágenes. El segundo g upo
Neo o emismo y ó bi as de lo imagina io
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Sección Selec a
es á cen ado en la búsqueda y el descub imien o de una a iable de cons ancia
en la luidez empo al que p ocu a á sin e iza las aspi aciones que se escapan
de la ascendencia y las in uiciones inmanen es del de eni .
Además, Gilbe Du and (1981), es ima que en ambos g upos hay
alo ización del égimen noc u no, pe o -en el caso que se in ie e el con enido
a ec i o de las imágenes- es de mayo impo ancia ya que en la mismidad
de la noche, el espí i u busca la luz y la caída, “se eu emiza en descenso
y el abismo se minimiza en copa, mien as que en el o o caso la noche no
es más que la necesa ia p opedéu ica del día, p omesa indudable de la
au o a” (Du and, 1981, p. 187). Es as imágenes noc u nas son in imidadas y
pos e gadas a la quie ud del descenso, c eándose, con es o, mi os d amá icos
que cíclicamen e se en amenazados po las en aciones del égimen
diu no que aboga po su pulc i ud iun al y ascenden e.
T as una la ga clasi icación, el au o , en el campo de ambos egímenes,
de e mina la exis encia de géne os es uc u ales que desc ibe como es uc u as
esquizomo as, es uc u as mís icas y es uc u as sin é icas de lo imagina io. A
pa i de la base hipo é ica de la seman icidad de las imágenes, comp ueba,
en el ma co de su p oyec o in es igado , que los símbolos y los ag upamien os
iso ópicos que los inculan pa ecen, di ec amen e, e elado es de es uc u as.
Pa a ello, con o ma una mo ología clasi icado a de las es uc u as de lo
imagina io en una cons i ución del desa ollo de la imaginación que p opone
llama , como una iloso ía de lo imagina io, an ás ica ascenden al (Du and,
1981). Y esa “exp esión no se ía más que un simple juego de palab as, si
aho a pudié amos demos a que es a unción de imaginación es á mo i ada,
no po las cosas, sino po una mane a de las a uni e salmen e las cosas con
un segundo sen ido” y es e sen ido se ía lo más uni e salmen e compa ido
del mundo. A i mándolo de o a o ma, “p oba que hay una ealidad
idén ica y uni e sal de la imaginación” (Du and, 1981, p. 360). No obs an e,
esos uni e sales se p oduje on desde las “ e dades ágiles y es echamen e
localizadas en el iempo y en el mundo”, “‘ e dades’ de labo a o io”, ob a
del echazo acionalis a e iconoclas a de la p esen e ci ilización, las que
ue on p oduciendo esos egímenes, ambién, de labo a o io (Du and,
1981, p. 403). Vale deci , elacionadas con los impe a i os discu sos de la
mode nidad que hacen de lo noc u no un égimen excluido ma ginado y
echazado. De esa mane a, log a on con o ma un imagina io cul u al (pod ía
llama se imagina io ascenden al) que, en muchas ocasiones, descansa en
sencillas de iniciones que limi an las p opias imágenes que comp enden lo
imagina io. Es e dominio log a, solamen e, in e p e aciones que se ans o man
en imagina ios gené icos e impues os en y po el discu so occiden al. Sin
sabe lo la imaginación occiden al ha abusado de un égimen exclusi o de
lo imagina io, y la e olución biológica de la especie humana p o oca en
nues a cul u a una con e sión de decadencia y bas a día. “Roman icismo
y su ealismo han des ilado en la somb a el emedio a la exclusi idad
psicó ica del Régimen Diu no” (Du and, 1981, p. 406).

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2. La canibalización del discu so o émico.
Como in oducción a su p oyec o an opológico - as acla a que la
labo de indica con “exac i ud el o igen de la noción de canibalismo es
e dade amen e imposible” (A ens, 1981, p. 18)-, W. A ens conside a
undamen al e ocede en el calenda io pa a a a de escla ece las p ime as
e e encias en o no a es a pa icula o ma de nu i se. En el pleis oceno, de
es millones a diez mil años a ás, las íc imas de es os ac os se encon aban
desde el Aus alopi hecus has a el Homo sapiens, pasando po el Homo e ec us
y el Homo neande halensis. Es as de iniciones “ubican el canibalismo en odo
el Viejo Mundo e incluyen algunos de los nomb es más amilia es del pasado,
como el homb e de Ja a, el homb e de Pekín (o Sinan h opus) y el homb e de
C o-Magnon” (A ens, 1981, p. 114). Al e e i se a los o ígenes de las cul u as,
po su pa e, Ma in Ha is (1978, p. 50) pun ualiza que “Las p uebas de
c áneos mu ilados y co ados se emon an a quinien os mil años o más”. Po
ello, p ecisa que el aplas amien o de es os c áneos del homb e de Pekín enía,
supues amen e, el p opósi o de accede con acilidad al “exquisi o manja ”
que e an sus sesos. “El canibalismo”, en consecuencia, “la an opo agia o come
homb es es una cos umb e que, al ins an e, inspi a ho o en la men e ci ilizada”
y es posible que exis an “muchas p obabilidades de que odas las azas
hayan a a esado, en un pe íodo o en o o, po una e apa de canibalismo,
la que se sob e i ió ocasionalmen e en i uales o en cos umb es olkló icas,
o se eco daban en leyendas o en cuen os popula es” (MacCulloch en Reed,
1980, p. 36). Po sólo eco da un ejemplo, en e muchos o os, sob e es os
imagina ios p oducidos con e e encia al canibalismo, pa e de la de inición
que nos o ece la D.R.A.E. -“ e ocidad o inhumanidad”-, es consecuencia y, a
su ez, po encia de un discu so y de una p ác ica que se ige po la blanca
men e colonial-occiden al. Es así como la expe iencia de la an opo agia se
pie de en la “noche” de los iempos y se puede llega a elaciona , incluso,
di ec amen e con la misma exis encia de la especie humana. Como apun a E.
Milá (2000, p. 7): “El canibalismo es an iejo como el homb e”.
Más allá de lo ecién mencionado -y con el p opósi o de con inua
sos eniendo la línea a gumen al del ela o y las conclusiones a las que
llega emos- es opo uno e ocede en el pasado y de ene se en los milena ios
Tal es el caso de la an opo agia que, de i ada de di e sas e siones en
o no al o emismo, ue íc ima de es a semiosis caníbal (codi icada) que la
anscenden alizó y sume gió en las p o undidades más ocul as del égimen
noc u no pa a, así, coa a la de odo ipo de in e p e aciones que se pudiesen
escapa de ese uni e sal ins i ucionalizado. El “ ayec o an opológico” es
“la a i mación, pa a que un simbolismo pueda eme ge , que debe pa icipa
indisolublemen e -en una especie de ai én con inuo- en las aíces inna as
en la ep esen ación del sapiens” y, en el o o “ex emo, en las in imaciones
a iadas del medio cósmico y social” (Du and, 2000, p. 109).
Neo o emismo y ó bi as de lo imagina io
114
Sección Selec a
mo ado es p ehumanos que, en eo ía, sus en a on y die on pie a las p ime as
ci ilizaciones. Una de las pos u as, po ejemplo, sos iene que la supe i encia
de ambas especies -p ehumana = animal y, po o a pa e, humana- depende
de dos necesidades elemen ales como son el alimen o y el sexo. La p ime a
de és as, es p imo dial ya que sin una nu ición egula y ela i amen e
pe manen e la especie desapa ece y la segunda, como se sabe, es necesa ia
pa a la mul iplicación y p oc eación de la misma. “Es as necesidades gemelas
son la dinámica del compo amien o y de la e olución de los mamí e os” (Reed,
1980, p. 35). Desde un análisis del ol de la muje en la sociedad p ehis ó ica,
E elyn Reed (1980) eúne es os ac os de supe i encia bajo dos o mas de
au oalimen ación. La p ime a es hamb e de alimen os y, la segunda, hamb e
de apa eamien os. Impulsados po es os impe a i os, “los animales buscan los
ecu sos más ce canos disponibles pa a sa is ace ambos ape i os. Sólo en una
especie, en la especie humana, la supe i encia llegó a depende de con oles
sociales sob e es as necesidades biológicas”. Al espec o, Ha is (1978) explica
que la an igua Edad de Pied a ue ca alogada po los ic o ianos como un
pe iodo lleno de emo es e insegu idades, donde la gen e pasaba odos los
días en una incansable búsqueda de alimen os y las noches ag upada en o no
al uego, en cue as incómodas, acosada po e oces y hamb ien os ig es. A
pa i de es a isión sob e lo animal y lo humano, Reed (1980) es ablece,
in luida po la escuela eudiana, que la p ime a o ma de con ol social sob e
los hamb ien os de comida y de sexo se p oduce al clasi ica qué cosas son
p ohibidas en ambos e enos. Pa a ello se cons uye la ley o émica: un homb e
no podía apa ea se con una muje de su mismo g upo ó em- amilia, “nos
hallamos aquí en p esencia de la exogamia, el amoso y enigmá ico co ola io
del o emismo” (F eud, 1979, p. 140) y, bajo la cláusula de alimen ación, un
homb e no debía ma a o come se los animales del p opio ó em- amilia. “En su
desc ipción especial del o emismo (...) nos enseña F aze que los miemb os de
una ibu se nomb an según su ó em y c een ambién, en gene al, que descienden
de él”, señala Sigmund F eud (1979, p. 138). De es a c eencia esul a que no
cazan al animal ó em, “no lo ma an ni lo comen, y se abs ienen de odo o o uso
del ó em cuando el mismo no es un animal”. Es deci , “ espe a al animal ó em y
e i a las elaciones sexuales con los indi iduos de sexo con a io, pe enecien es
al mismo ó em. Tales debie on se , po lo an o, los dos place es más an iguos
e in ensos de los homb es (F eud, 1979, p. 47)4. Sin emba go Claude Lé i-
S auss (1965: 12), en con aposición a la pos u a del men o del psicoanálisis,
conside a que el o emismo es una posición que su ge como mecanismo de
sepa ación en e la humanidad y la na u aleza, en e lo cul u al-ci ilizado y
lo na u al-sal aje: “una discon inuidad conside ada esencial en el pensamien o
c is iano”. Es así como lo desliga de oda de inición de ca ác e absolu o y lo
4 En su lib o Tó em y Tabú (p ime a edición de 1913), F eud acla a que en opo unidades especí icas
y excepcionales se pe mi ía come ca ne del animal ó em, “es a in e dicción p esen a una impo an e
con apa ida en el hecho de que en de e minadas ocasiones solemnes y obse ando un cie o
ce emonial, e a mue o y comido el animal ó em” (F eud, 1979, p. 141).
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3. B icoleu e sus ingenie o.
Como consecuencia de lo expues o en el apa ado an e io , Lé i-S auss
(1965) plan ea modi ica la noción clasi ica o ia pa icula y p edominan e
-p opues a, en e o os, po F eud (1979) y Reed (1980)- que condiciona el
o emismo y asegu a que sucede comple amen e lo con a io. Las o mas en
que és os se mani ies an, en di e en es luga es del mundo, son muy di e sas,
sus semejanzas an supe iciales y los enómenos, a su ez, pueden lo ece en
an os con ex os necesi ados de una elación con una consanguinidad eal o
supues a, “que es absolu amen e imposible encaja los en una sola ca ego ía”
(Lé i-S auss, 1965, p. 17). Pa a a gumen a su posición, el an opólogo
p opone como me á o a, la igu a del b icoleu , “una ciencia a la que p e e imos
llama ‘p ime a’ más que p imi i a es la que comúnmen e se designa con
el é mino de b icolaje” (Lé i-S auss, 1984, p. 35). Es e b icoleu -quien es
ac ualmen e una sue e de “mani as” o “maes o chasquilla”- es á ap o pa a
ealiza , con sus capacidades, un g an núme o de a eas di e si icadas, sin
necesi a ninguna de es as labo es pa a la ob ención de ma e ias p imas y de
ins umen os concebidos y ob enidos a la medida de sus in enciones. El uni e so
ins umen al es á ce ado y la máxima de su juego es la de a eglá selas
siemp e con lo que enga a su alcance, es deci , con un conjun o, a cada ins an e
ini o, de ins umen os. Ma e iales he e ócli os que no ienen po qué es a en
elación con el p oyec o del momen o, ni, po lo demás, con ningún p oyec o
en pa icula . Es e b icoleu es el esul ado con ingen e de odas las ocasiones
que se le han o ecido pa a eno a o conse a sus exis encias po medio de
esiduos de cons ucciones y/o de des ucciones an e io es. El conjun o limi ado
de és e no se puede en ende po su p oyec o, sino po su ins umen alidad o,
mejo dicho, po el p incipio de que algo de lo que hay allí, se i á. Es así,
asegu a Lé i-S auss, como cada elemen o del b icoleu ep esen a un conjun o
Neo o emismo y ó bi as de lo imagina io
imposibili a de se encasillado en una ca ego ía de e minada. Po an o, “no
ue cosa del aza que F aze amalgamase el o emismo y la igno ancia de
la pa e nidad isiológica: el o emismo ap oxima el homb e al animal, y la
supues a igno ancia del papel desempeñado po el pad e en la concepción
culmina en la sus i ución del p ogeni o humano po espí i us, más p óximos
aún de las ue zas na u ales”. Ese “‘pa ido de la na u aleza’” acili aba “una
pied a de oque que hacía posible, en el seno mismo de la cul u a, aisla al
sal aje ci ilizado” (Lé i-S auss, 1965, p. 11). El an opólogo exp esa, asimismo,
que exis en dos g andes con usiones en elación con el o emismo. Una de ellas
es cuando se iden i ica a los se es humanos con plan as y/o animales que
emi en a concepciones muy gene ales ace ca de las elaciones en e homb e
y na u aleza. La o a su ge en g upos undados en el pa en esco que, po
ejemplo, designan, con ayuda de ocablos, animales o ege ales. Lé i-S auss
(1965), a modo de conclusión al espec o, indica que el o emismo aba ca
únicamen e los casos de coexis encia en e ambas ó denes.
116
Sección Selec a
de elaciones que se ins alan a mi ad de camino en e concep os y p ecep os.
Con emplémoslo en acción: “exci ado po su p oyec o, su p ime a acción p ác ica
es, sin emba go, e ospec i a: debe ol e se hacia un conjun o ya cons i uido,
compues o de he amien as y ma e iales; hace , o ehace , el in en a io”; luego,
“es ablece con él una sue e de diálogo, pa a hace un epe o io, an es de
elegi en e ellas, de las espues as posibles que el conjun o puede o ece al
p oblema que él plan ea”. Todos esos obje os, “he e ócli os que cons i uyen
su eso o (‘ eso o de ideas’), son in e ogados po él” pa a en ende lo que
cada uno de ellos pod ía “‘signi ica ’, con ibuyendo de al mane a a de ini un
conjun o po ealiza , pe o que, inalmen e, no di e i á del conjun o ins umen al
más que po la disposición in e na de las pa es” (Lé i-S auss, 1984, p. 37-
38). Con el p opósi o de undamen a desde el diálogo en e la semió ica y
la an opología lo an es expues o, el au o se e ie e al signo, in e p e ando
a Saussu e (1983), como un in e media io en e imagen y concep o “como
un lazo (...) que, en la unión así ealizada, desempeña espec i amen e los
papeles del signi ican e y signi icado” (Lé i-S auss, 1984, p. 37). El signo,
como la imagen, es un se conc e o, pe o es semejan e al concep o po su pode
e e encial: “el uno y el o o no se elacionan exclusi amen e a ellos mismos,
sino que pueden sus i ui a algo que no son ellos”, explica ace cándose aho a a
la eo ía del signo de Cha les S. Pei ce (1987). Pa a Lé i-S auss (1965), es a
posibilidad se puede p esencia con el ejemplo del b icoleu . Dicho “mani as”,
a pesa de sus opciones in e p e a i as, se e siemp e limi ado po la his o ia
pa icula de cada cosa. La idea, depende de la posibilidad “de pe mu a o o
elemen o en la unción acan e, has a al pun o que cada elección aca ea á
una eo ganización comple a que ue agamen e soñada, ni aquella o a que
se pudie a habe p e e ido en ez de ella” (Lé i-S auss, 1965, p. 39). El
“mani as” es opues o al ingenie o que siemp e posee un uni e so más amplio de
expec a i as y que, po lo an o, puede si ua se más allá; en cambio el b icoleu ,
de g ado o po ue za, pe manece más acá, “lo que es o a mane a de deci que
el p ime o ope a po medio de concep os y el segundo po medio de signos”
(o de imágenes). Una de las mane as en que el signo se opone al concep o
consis e en que es e úl imo quie e se ín eg amen e anspa en e a la ealidad
y el signo acep a que un de e minado asgo de humanidad se inco po e a es a
ealidad. “Según la exp esión igo osa y di ícilmen e aducible de Pei ce:
i add esses somebody (in e pela a alguien)” (Lé i-S auss, 1984, p. 40). Po
lo an o, aunque el b icoleu , siemp e es é al acecho de mensajes, lo ecibi á
de mane a p e ansmi ida “como esos códigos come ciales que, condensando
como condensan la expe iencia pasada de la p o esión pe mi en hace en e,
económicamen e, a odas las si uaciones” (Lé i-S auss, 1984, p. 40). En cambio,
el ingenie o cuen a siemp e con el OTRO MENSAJE.
El b icoleu , an e la ca encia de uen es pa a su in e p e ación, se e en la
necesidad de pone algo de sí mismo -al igual que el pensamien o mí ico, en
el plano de la p ác ica- y elabo a es uc u as en las cuales dispone de es os
de acon ecimien os que le lle an a ab ica , sin egua alguna y g acias a las