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La plaga de los vagabundos. Bandas salvajes por las carreteras alemanas

Abstract

Durante mis peregrinaciones por las carreteras de Alemania me ha ocurrido encontrarme con grupos extraños que no se parecían a otro alguno. Y no estribaba su originalidad precisamente en el calzón corto, las piernas desnudas ni en el morral inverosímilmente pesado que caracterizan a los “wanderers” ordinarios. Como todos los jóvenes berlineses, éstos abandonan la ciudad el sábado por la tarde y regresan en la madrugada del lunes

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La plaga de los vagabundos. Bandas salvajes por las carreteras alemanas

Author: Guerin, Daniel
Publisher: Universidad de Sevilla
Year: 2017
Source: https://idus.us.es/bitstreams/fd7141aa-a47a-4043-a84a-4551976f0f6b/download
e u an e mis pe eg inaciones po las
ca e e as de Alemania me ha ocu ido
encon a me con g upos ex años que
no se pa ecían a o o alguno. Y no
es ibaba su o iginalidad p ecisamen e
en el calzón co o, las pie nas desnudas
ni en el mo al in e osímilmen e pesado
que ca ac e izan a los “wande e s”
o dina ios. Como odos los jó enes
be lineses, és os abandonan la ciudad
el sábado po la a de y eg esan en la
mad ugada del lunes.
Pe o es os o os g upos ex años a que
me e ie o aen unas ca as sensuales,
u bias, de gol os y un pe geño es a a ala io: sob e la
cabeza, copas de somb e o hongos iejos, neg as o g ises,
somb e os de muje con el ala le an ada a “lo amazona”,
inocen es go illas p ole a ias ado nadas en la ise a con
eno mes “edelweiss”.
¡Ex años biga dos! Los o sos, semidesnudos, les
ebasan el maillo desco ado; los b azos, llenos de a uajes
an ás icos, el cuello, ceñido po in ajos de colo es
chillones; las o ejas, ado nadas con pin u as o insc ipciones.
Añadamos la muñeque a de cue o, los zapa ones de
camino y ob end emos una mezcla de uda i ilidad y de
a eminamien o casi imposible de desc ibi .
En e oda es a opa, una muje . Una sola muje , sin
ado no y sin dis az, es ida como cualquie chica be linesa.
—¿Qué clase de gen e es és a? —p egun o a un compañe o
de camino.
—Una “Wilde clique” —me éplica—. Una ho da sal aje—,
me dijo al oído mi compañe o, con una mezcla de g a edad
y de i onía.
De p on o me es dado descub i , g acias a la casualidad
de es e encuen o, un mundo desconocido y las imoso.
Me ced a es o, puedo abandona las ágiles apa iencias de
la ci ilización.
—¿Qué signi ican esas palab as sob e su calzón?
—Wild ei. Sal aje y lib e. Es su di isa. Es su saludo.
—¿Y en sus cin u ones?
—Raube … Bandido.
—¿Y qué son es as “cliques”?
—Sociedades más o menos sec e as de adolescen es
desca iados, de jó enes eñidos con la sociedad. O,
si lo p e ie es, comunidades de biga dos que odian la
comunidad…
—¿Y su ideal? ¿Y sus ines?
—Vi i en e ellos, agabundea , oba , des ui …
—¿Y esa muje ?
—Es la “Cliquekuh”. Vamos la aca de la ho da… Ese
g ando e que ma cha a la cabeza del g upo y que lle a la
insignia es, segu amen e lo que ellos llaman “el o o de la
clique”. El “Cliquenbulle”. Lo que en ancés llama íais al
caid. La muje es pa a él solo o pa a odos los indi iduos de
la ibu. Según. Pe o si e in e esa es a cues ión conoce ás en
Be lín a una cama ada que se ha consag ado en es e o icio.
La ex a agan e opa había desapa ecido hacía un a o en el
ho izon e; pe o no de mi imaginación.
La jo en de ojos cla os y de ga as de concha que me
p esen ó mi amigo se ha inclinado desde hace ya muchos
meses sob e es os jó enes gol os, con paciencia y casi con
e nu a. Ha conseguido gana su con ianza, i i en su
compañía, posee sus sec e os.
—¿Po qué he hecho es o?—exclama. Po que es necesa io
conquis a es a desdichada ju en ud, íc ima de la mise ia.
—¿Cómo nacie on esas e ibles “cliques”?
—Du an e el caos de la gue a y de la pos gue a. De
1916 a 1917 podían e se con ecuencia en los ba ios
ex emos de las g andes ciudades g upos de jó enes
agabundos, con ecuencia bo achos, es idos con ajes
de colo es chillones. La gen e, indignada, les llamaba “la
plaga de los caminos”. Es aban cons i uidos es os g upos
po adolescen es, cuyos pad es es aban en el en e y cuyas
mad es es aban en el alle . De su desa ollo ma e ial y
mo al nadie se ha ocupado.
—Después de la gue a—p osigue—p ime o, con la
D
Daniel Gue in
(Exclusi a pa a
El Impa cial
, nº 23.047, 20 de ab il de 1933)
La plaga de los agabundos.
Bandas sal ajes po las ca e e as alemanas
O i e sos
52 Magazin 25 Daniel Gue in:
La plaga de los agabundos. Bandas sal ajes po las ca e e as alemanas
Magazin 25, I.S.S.N. 1136-677X, Diciemb e 2017 pp. 52-54.
h p://dx.doi.o g/10.12795/mAGAzin.201 7 .i25 .06
Magazin 25 53
Daniel Gue in:
La plaga de los agabundos. Bandas sal ajes po las ca e e as alemanas
Magazin 25, I.S.S.N. 1136-677X, Diciemb e 2017 pp. 52-54.
in lación, más a de, con el pa o, las ho das se desa olla on
de una mane a ala man e. Piense us ed que hay en Alemania
1.300.000 pa ados, en e los cuales ce ca de un millón no
pe cibe el soco o o icial. El caso co ien e es és e: una
amilia p ole a ia de seis pe sonas que i e en la misma
habi ación. Los pad es, a ue za de sac i icios, sos ienen a
sus hijos has a que salen de la escuela, a los ca o ce años.
Luego ya no pueden con inua los chicos en casa. Si el
muchacho no encuen a abajo, si no ae jo nal, iene que
alquila su cama…
—En onces, ¿los echan a la calle?
—O a la “clique”, que o ece a es os des en u ados la ida en
común, la cama ade ía, el gus o del pelig o y de la a en u a.
¡Qué bien conoce es a muje el cal a io de es os pequeños!
En e los ca o ce y los diez y ocho años hay necesidad de
ama , de expansiona se, de se amado. Ya las p i aciones
su idas du an e la niñez —¿no nacie on du an e la e ible
o men a?— han epe cu ido bas an e sob e su equilib io
ísico y mo al. Y la ida, enca nizadamen e, les empuja ue a
de la no malidad: les p i a de abajo. Pa a no cae íc imas
de la melancolía, pa a no suicida se, o man un mundo
a su an asía; un mundo que descansa sob e pe cep os
en e amen e di e en es a los co ien es y admi idos; un
mundo en egado al ins in o sin limi ación; un mundo de
enco con a la sociedad que les abandona al dolo y a la
mise ia.
“Wild F ei”. Sal ajes y lib es. Rebeldes a la o ganización
ob e a y a oda au o idad. Re olucionados, pe o no
e oluciona ios.
—¿Todas las ho das son mix as?— p egun o.
Imagen de la publicación o iginal del a ículo
—No. Según... Hay muchas en las que es á p ohibida oda
elación con el sexo emenino... Hay ambién “cliques”
compues as exclusi amen e de muje es. En o as, como la
que us ed ha encon ado en una ca e e a, hay una muje
pa a ein e o ein a muchachos. En o as, la p opo ción
en e los dos sexos es igual... Depende...
— ¿Y la ida sexual?
—Figú ese us ed. De lo más insensa a…. Figú ese que
cada ho da iene po habi ación un g ane o, una cue a, un
inglado de un muelle. Po o a pa e, en es as ho das odo
e leja una imaginación desa eglada. Has a sus nomb es:
Sang e de los Tá a os, Sang e de los Indios, Sang e de
los Cosacos, Amo de los Zinga os, C imen Sal aje,
Te o de las Muchachas, Apaches Rojos, Amo Neg o,
Esquele os Sang ien os, Pi a as de los Bosques... Todos es os
adolescen es han leído a Ka l May, nues o Gus a o Aima d;
y “Winne ou”, el úl imo de los apaches, ha dado su nomb e
a muchachos “Wildebu sche” (muchachos sal ajes). Ya ha
is o us ed sus ajes es a ala ios, ese gus o po el uni o me
que les a o men a. Pe o hay algo que us ed no sabe. Que ni
siquie a us ed se imagina.
Mi in e locu o a baja la oz:
—Son sus i os, sus iniciaciones… Es o ocu e po la noche
en cualquie bosque soli a io. Son quizá eminiscencias
de cul os ances ales en los bosques. Con ecuencia
es as inicia i as se e i ican al bo de de los muchos lagos
y es anques de las a ue as de Be lín. Las p uebas son a
eces e ibles, eñidas de un sadismo e oz. El aspi an e es
admi ido si sale encedo de un “ma ch” de boxeo, de un
comba e a cuchillo, o si acie a a sali del lago adonde le han
a ojado es ido. Exis e ambién la p ueba del uego...
La ies a de la iniciación — e mina mi in e locu o a—
suele acaba siemp e en una o gía espan able.
Pienso en las o gías sag adas de los pueblos p imi i os.
Ya sé que es os de aquí es a i icial y pe e so. Ya sé que la
in luencia de los omances popula es ha despe ado en los
jó enes el gus o po los i os an iguos. Pe o ambién engo
la imp esión de que exis e en ellos una espon ánea eg esión
i esis ible a la ida sal aje. La bes ia que due me en cada
uno de noso os y que el abajo y la ida no mal ep imen,
de o dina io, el o giás ico pagano que se esconde de ás
de cada homb e ci ilizado, la mise ia, el desequilib io,
esuci an en los iempos p esen es de desequilib io...
—¿Y de qué i e es a ju en ud?— p egun o de nue o.
De la apiña. En Be lín desapa ecen cua en a au omó iles
y ochen a bicicle as dia ias, ap oximadamen e. Hay a aques
a mano a mada en las calles, asal os innume ables... Sob e
cada uno de es os hechos c iminales, ca gue us ed en cuen a
buena pa e a las “cliques”. Y eso solamen e en Be lín, donde
hay unas seiscien as ho das. Calcule us ed en el es o de
Alemania, donde hay 14.000 a ilados. Pe o la policía nos
ce ca cada ez más, y an educiéndose la agabundaje. Se
con en an con oba a los aldeanos. Y, sin emba go, es en e
los aldeanos donde se eclu an los c iminales.
Mi in e locu o a me habla oda ía de la ex aña
o ganización de las ho das, de su sis ema de co ización, de
sus complicidades con los dueños de ba es y ca és de los
bajos ondos be lineses, de sus elaciones con las casas de
co ección, e dade os i e os de eclu amien o pa a las
“cliques”.
He oído lo bas an e. Po la en ana abie a eo las
g andes áb icas modelo de las a ue as de Be lín, mue as o
silenciosas, mien as que en la calle pulula una aza ue e.
C eo que exis en en Alemania, mejo que en cualquie
o o país, elemen os necesa ios pa a la cons ucción de
un mundo nue o. Si es os homb es quisie an ob end ían
a es as máquinas mucha elicidad a cos a de poco abajo.
Pe o las máquinas due men, y los jó enes ob e os p i ados
de abajo, adquie en odio a la sociedad, a oda sociedad, y
e o nan a los clanes p imi i os, a los i os y a los ins in os
que c eíamos ol idados hace milenios.
O i e sos
54 Magazin 25 Daniel Gue in:
La plaga de los agabundos. Bandas sal ajes po las ca e e as alemanas
Magazin 25, I.S.S.N. 1136-677X, Diciemb e 2017 pp. 52-54.