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La plaga de los vagabundos. Bandas salvajes por las carreteras alemanas

Guerin, Daniel

Abstract

Durante mis peregrinaciones por las carreteras de Alemania me ha ocurrido encontrarme con grupos extraños que no se parecían a otro alguno. Y no estribaba su originalidad precisamente en el calzón corto, las piernas desnudas ni en el morral inverosímilmente pesado que caracterizan a los “wanderers” ordinarios. Como todos los jóvenes berlineses, éstos abandonan la ciudad el sábado por la tarde y regresan en la madrugada del lunes

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e u an e mis pe eg inaciones po las ca e e as de Alemania me ha ocu ido encon a me con g upos ex años que no se pa ecían a o o alguno. Y no es ibaba su o iginalidad p ecisamen e en el calzón co o, las pie nas desnudas ni en el mo al in e osímilmen e pesado que ca ac e izan a los “wande e s” o dina ios. Como odos los jó enes be lineses, és os abandonan la ciudad el sábado po la a de y eg esan en la mad ugada del lunes. Pe o es os o os g upos ex años a que me e ie o aen unas ca as sensuales, u bias, de gol os y un pe geño es a a ala io: sob e la cabeza, copas de somb e o hongos iejos, neg as o g ises, somb e os de muje con el ala le an ada a “lo amazona”, inocen es go illas p ole a ias ado nadas en la ise a con eno mes “edelweiss”. ¡Ex años biga dos! Los o sos, semidesnudos, les ebasan el maillo desco ado; los b azos, llenos de a uajes an ás icos, el cuello, ceñido po in ajos de colo es chillones; las o ejas, ado nadas con pin u as o insc ipciones. Añadamos la muñeque a de cue o, los zapa ones de camino y ob end emos una mezcla de uda i ilidad y de a eminamien o casi imposible de desc ibi . En e oda es a opa, una muje . Una sola muje , sin ado no y sin dis az, es ida como cualquie chica be linesa. —¿Qué clase de gen e es és a? —p egun o a un compañe o de camino. —Una “Wilde clique” —me éplica—. Una ho da sal aje—, me dijo al oído mi compañe o, con una mezcla de g a edad y de i onía. De p on o me es dado descub i , g acias a la casualidad de es e encuen o, un mundo desconocido y las imoso. Me ced a es o, puedo abandona las ágiles apa iencias de la ci ilización. —¿Qué signi ican esas palab as sob e su calzón? —Wild ei. Sal aje y lib e. Es su di isa. Es su saludo. —¿Y en sus cin u ones? —Raube … Bandido. —¿Y qué son es as “cliques”? —Sociedades más o menos sec e as de adolescen es desca iados, de jó enes eñidos con la sociedad. O, si lo p e ie es, comunidades de biga dos que odian la comunidad… —¿Y su ideal? ¿Y sus ines? —Vi i en e ellos, agabundea , oba , des ui … —¿Y esa muje ? —Es la “Cliquekuh”. Vamos la aca de la ho da… Ese g ando e que ma cha a la cabeza del g upo y que lle a la insignia es, segu amen e lo que ellos llaman “el o o de la clique”. El “Cliquenbulle”. Lo que en ancés llama íais al caid. La muje es pa a él solo o pa a odos los indi iduos de la ibu. Según. Pe o si e in e esa es a cues ión conoce ás en Be lín a una cama ada que se ha consag ado en es e o icio. La ex a agan e opa había desapa ecido hacía un a o en el ho izon e; pe o no de mi imaginación. La jo en de ojos cla os y de ga as de concha que me p esen ó mi amigo se ha inclinado desde hace ya muchos meses sob e es os jó enes gol os, con paciencia y casi con e nu a. Ha conseguido gana su con ianza, i i en su compañía, posee sus sec e os. —¿Po qué he hecho es o?—exclama. Po que es necesa io conquis a es a desdichada ju en ud, íc ima de la mise ia. —¿Cómo nacie on esas e ibles “cliques”? —Du an e el caos de la gue a y de la pos gue a. De 1916 a 1917 podían e se con ecuencia en los ba ios ex emos de las g andes ciudades g upos de jó enes agabundos, con ecuencia bo achos, es idos con ajes de colo es chillones. La gen e, indignada, les llamaba “la plaga de los caminos”. Es aban cons i uidos es os g upos po adolescen es, cuyos pad es es aban en el en e y cuyas mad es es aban en el alle . De su desa ollo ma e ial y mo al nadie se ha ocupado. —Después de la gue a—p osigue—p ime o, con la D Daniel Gue in (Exclusi a pa a El Impa cial , nº 23.047, 20 de ab il de 1933) La plaga de los agabundos. Bandas sal ajes po las ca e e as alemanas O i e sos 52 Magazin 25 Daniel Gue in: La plaga de los agabundos. Bandas sal ajes po las ca e e as alemanas Magazin 25, I.S.S.N. 1136-677X, Diciemb e 2017 pp. 52-54. h p://dx.doi.o g/10.12795/mAGAzin.201 7 .i25 .06 Magazin 25 53 Daniel Gue in: La plaga de los agabundos. Bandas sal ajes po las ca e e as alemanas Magazin 25, I.S.S.N. 1136-677X, Diciemb e 2017 pp. 52-54. in lación, más a de, con el pa o, las ho das se desa olla on de una mane a ala man e. Piense us ed que hay en Alemania 1.300.000 pa ados, en e los cuales ce ca de un millón no pe cibe el soco o o icial. El caso co ien e es és e: una amilia p ole a ia de seis pe sonas que i e en la misma habi ación. Los pad es, a ue za de sac i icios, sos ienen a sus hijos has a que salen de la escuela, a los ca o ce años. Luego ya no pueden con inua los chicos en casa. Si el muchacho no encuen a abajo, si no ae jo nal, iene que alquila su cama… —En onces, ¿los echan a la calle? —O a la “clique”, que o ece a es os des en u ados la ida en común, la cama ade ía, el gus o del pelig o y de la a en u a. ¡Qué bien conoce es a muje el cal a io de es os pequeños! En e los ca o ce y los diez y ocho años hay necesidad de ama , de expansiona se, de se amado. Ya las p i aciones su idas du an e la niñez —¿no nacie on du an e la e ible o men a?— han epe cu ido bas an e sob e su equilib io ísico y mo al. Y la ida, enca nizadamen e, les empuja ue a de la no malidad: les p i a de abajo. Pa a no cae íc imas de la melancolía, pa a no suicida se, o man un mundo a su an asía; un mundo que descansa sob e pe cep os en e amen e di e en es a los co ien es y admi idos; un mundo en egado al ins in o sin limi ación; un mundo de enco con a la sociedad que les abandona al dolo y a la mise ia. “Wild F ei”. Sal ajes y lib es. Rebeldes a la o ganización ob e a y a oda au o idad. Re olucionados, pe o no e oluciona ios. —¿Todas las ho das son mix as?— p egun o. Imagen de la publicación o iginal del a ículo —No. Según... Hay muchas en las que es á p ohibida oda elación con el sexo emenino... Hay ambién “cliques” compues as exclusi amen e de muje es. En o as, como la que us ed ha encon ado en una ca e e a, hay una muje pa a ein e o ein a muchachos. En o as, la p opo ción en e los dos sexos es igual... Depende... — ¿Y la ida sexual? —Figú ese us ed. De lo más insensa a…. Figú ese que cada ho da iene po habi ación un g ane o, una cue a, un inglado de un muelle. Po o a pa e, en es as ho das odo e leja una imaginación desa eglada. Has a sus nomb es: Sang e de los Tá a os, Sang e de los Indios, Sang e de los Cosacos, Amo de los Zinga os, C imen Sal aje, Te o de las Muchachas, Apaches Rojos, Amo Neg o, Esquele os Sang ien os, Pi a as de los Bosques... Todos es os adolescen es han leído a Ka l May, nues o Gus a o Aima d; y “Winne ou”, el úl imo de los apaches, ha dado su nomb e a muchachos “Wildebu sche” (muchachos sal ajes). Ya ha is o us ed sus ajes es a ala ios, ese gus o po el uni o me que les a o men a. Pe o hay algo que us ed no sabe. Que ni siquie a us ed se imagina. Mi in e locu o a baja la oz: —Son sus i os, sus iniciaciones… Es o ocu e po la noche en cualquie bosque soli a io. Son quizá eminiscencias de cul os ances ales en los bosques. Con ecuencia es as inicia i as se e i ican al bo de de los muchos lagos y es anques de las a ue as de Be lín. Las p uebas son a eces e ibles, eñidas de un sadismo e oz. El aspi an e es admi ido si sale encedo de un “ma ch” de boxeo, de un comba e a cuchillo, o si acie a a sali del lago adonde le han a ojado es ido. Exis e ambién la p ueba del uego... La ies a de la iniciación — e mina mi in e locu o a— suele acaba siemp e en una o gía espan able. Pienso en las o gías sag adas de los pueblos p imi i os. Ya sé que es os de aquí es a i icial y pe e so. Ya sé que la in luencia de los omances popula es ha despe ado en los jó enes el gus o po los i os an iguos. Pe o ambién engo la imp esión de que exis e en ellos una espon ánea eg esión i esis ible a la ida sal aje. La bes ia que due me en cada uno de noso os y que el abajo y la ida no mal ep imen, de o dina io, el o giás ico pagano que se esconde de ás de cada homb e ci ilizado, la mise ia, el desequilib io, esuci an en los iempos p esen es de desequilib io... —¿Y de qué i e es a ju en ud?— p egun o de nue o. De la apiña. En Be lín desapa ecen cua en a au omó iles y ochen a bicicle as dia ias, ap oximadamen e. Hay a aques a mano a mada en las calles, asal os innume ables... Sob e cada uno de es os hechos c iminales, ca gue us ed en cuen a buena pa e a las “cliques”. Y eso solamen e en Be lín, donde hay unas seiscien as ho das. Calcule us ed en el es o de Alemania, donde hay 14.000 a ilados. Pe o la policía nos ce ca cada ez más, y an educiéndose la agabundaje. Se con en an con oba a los aldeanos. Y, sin emba go, es en e los aldeanos donde se eclu an los c iminales. Mi in e locu o a me habla oda ía de la ex aña o ganización de las ho das, de su sis ema de co ización, de sus complicidades con los dueños de ba es y ca és de los bajos ondos be lineses, de sus elaciones con las casas de co ección, e dade os i e os de eclu amien o pa a las “cliques”. He oído lo bas an e. Po la en ana abie a eo las g andes áb icas modelo de las a ue as de Be lín, mue as o silenciosas, mien as que en la calle pulula una aza ue e. C eo que exis en en Alemania, mejo que en cualquie o o país, elemen os necesa ios pa a la cons ucción de un mundo nue o. Si es os homb es quisie an ob end ían a es as máquinas mucha elicidad a cos a de poco abajo. Pe o las máquinas due men, y los jó enes ob e os p i ados de abajo, adquie en odio a la sociedad, a oda sociedad, y e o nan a los clanes p imi i os, a los i os y a los ins in os que c eíamos ol idados hace milenios. O i e sos 54 Magazin 25 Daniel Gue in: La plaga de los agabundos. Bandas sal ajes po las ca e e as alemanas Magazin 25, I.S.S.N. 1136-677X, Diciemb e 2017 pp. 52-54.