ecibido: xx-xx-20xx –eS udIoS NIe zSche 14 (2014), ISSN: 1578-6676, pp. 11-32– acep ado: xx-xx-20xx
ABRAZADO AL CABALLO
ASPECTOS DE LA RELACIÓN ENTRE NIETZSCHE, EL NIHILISMO
Y LAS VANGUARDIAS
Emb acing he Ho se.
Aspec s o he Rela ionship Be ween Nie zsche, Nihilism and A an -ga de
Manuel Ba ios Casa es
(Uni e sidad de Se illa)
RESUMEN: Nie zsche a ajo an o a las angua dias a ís icas po que en su p og ama la ía
el deseo de o ja una al e na i a adical a las iejas isiones del mundo y sus ca ego ías
excluyen es. Es e abajo de iende que el dadaísmo, sob e odo en algunos de sus desa o-
llos en Alemania, ue el mo imien o que mejo en endió la concepción nie zscheana de las
ambigüedades del nihilismo.
Palab as cla e: Nie zsche – nihilismo – dadaísmo – angua dias
ABSTRACT: Nie zsche was so a ac i e o he A an -ga des, because hey sha ed his desi e
o a adical al e na i e o he old wo ld iews and hei exclusi e ca ego ies. This pape
a gues ha Dadaism was he a is ic mo emen wi h a be e unde s anding o Nie z-
sche’s concep o nihilism.
Keywo ds: Nie zsche – Nihilism – Dadaism – A an -ga de
P ime os días de ene o de 1889. En la Piazza Ca lo Albe o de Tu ín, un caballo
es á siendo us igado con c ueldad po su coche o. Nie zsche, que lle a a ios
meses esidiendo en la ciudad y acaba de sali a pasea , con empla la escena
conmo ido y, sin pensa lo dos eces, con g andes aspa ien os, en e sollozos y
g i os de dolo , se ab aza al cuello del animal pa a e i a que siga ecibiendo el
cas igo, has a que de epen e pie de la consciencia y cae al suelo. La «ca ás o e
u inesa» se había desencadenado po comple o. Sólo unos días más a de, su
iel amigo, F anz O e beck, i ía a busca lo a la pensión en la que se hospedaba.
Al encon a lo sumido en un lamen able es ado de enajenación del que ya no se
epond ía jamás, lo aslada ía a una clínica pa a en e mos men ales en Basilea.
Acababa la ida lúcida de Nie zsche y comenzaba la his o ia de sus e ec os, al
p incipio ue emen e imp egnada de leyenda.
Muy p on o, el imp eciso ela o de es e episodio del de umbamien o psí-
quico de Nie zsche, que nos ha llegado po ía indi ec a1, se con e i ía en una
1. Po F anz O e beck, en p ime a ins ancia ( ecogido en C. A. Be noulli, F anz O e beck
und F ied ich Nie zsche, eine F eundscha , Jena: Diede ichs, 1908, 2 ols.), y después po E ich
Podach (Nie zsches Zusammenb uch. Heidelbe g: Kampman, 1930), quien dijo ecoge es imonios
o ales de una adición local u inesa. C . C. P. Janz, F. Nie zsche. Biog a ía. 4. Los años de hundi-
mien o, Mad id: Alianza, 1985, cap. 1.
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de las piezas más llama i as de la mix i icado a ec eación del des ino ágico
del ilóso o, a la que se en ega on po igual an o sus de ac o es como sus
más e ien es apologe as du an e los p ime os años de ecepción de su ob a.
Desa iando a la azón, se decían, Nie zsche había en ado los lími es de la co -
du a, sucumbiendo en el empeño: pa a unos, lo había hecho de mane a he oica,
an icipando la senda de una nue a humanidad; pa a o os, de o ma d amá ica,
si iendo de esca mien o a las eleidades ansg eso as de in elec uales desc eí-
dos. En un p ime momen o, mien as se ex endía po Eu opa el cul o es e icis a
del supe homb e y el he oísmo nie zscheano se asociaba equí ocamen e al a is-
oc a ismo eacciona io de la época, algunos ap o echaban la en e medad pa a
descali ica la c í ica nie zscheana de la mo al, acusándola de se u o de una
men e as o nada. Los agos é minos en que Elisabe h Fö s e -Nie zsche, con
su pu i ano a án de p ese a la « i ud naumbu guesa» del ilóso o, se e e i ía
a la pa álisis ce eb al de su he mano, a ibuyéndola a una en e medad congéni a
y ocul ando la in ección si ilí ica como más que p obable o igen del colapso
men al, no hicie on sino con ibui a las especulaciones más descabelladas al es-
pec o. En un abajo de 1891, hoy p ác icamen e desconocido, He mann Tue ck
es ablecía una elación di ec a en e el des a ío men al de Nie zsche, sus «pe -
e idos ins in os» y sus des iadas ideas mo ales y ilosó icas2. Un año después,
ecogiendo no pocas suge encias de Tue ck, el esc i o , ísico y polemis a Max
No dau, en su ob a Degene ación, omaba a Nie zsche como igu a pa adigmá i-
ca de la mo bosidad de una época a a esada po agi adas e insanas condiciones
de exis encia, cuyos desas osos esul ados él egis aba en los a is as y pensado-
es an o o más que en los ípicos ma ginados sociales. Según No dau, es as con-
diciones —p opiciadas undamen almen e po la g an ciudad, con su población
nume osa, su i mo acele ado de ida y sus muchos exci an es, incluidos alcohol
y abaco— hab ían dado luga a una p o usión de desequilib ios o gánicos, as-
o nos ne iosos y o as an as pa ologías men ales en los indi iduos, aducidas
con ecuencia en una conduc a deso denada, incapaz de oma decisiones y
ac ua de mane a cohe en e, p ocli e a las mayo es ex a agancias y pe e -
siones. En una línea simila de g ose o educcionismo sen encia ía una década
más a de Paul Julius Moebius el alo del pensamien o nie zscheano den o de
su es udio El elemen o pa ológico en Nie zsche (1902), in e p e ándolo como
conspicua exp esión de la en e medad men al3. Así, de es a o ma g o escamen e
pa adójica, las en á icas decla aciones del ilóso o sob e la necesidad de aleja se
de unos alo es mo ales y espi i uales que habían p opiciado la degene ación
isiológica de los ins in os humanos y habían en u biado la salud del cue po a
lo la go de siglos pa ecían ol e se en con a suya, pa a que una escandalizada
2. H. Tue ck, F ied ich Nie zsche und seine philosophischen I wege, D esden: Glöss, 1891, p. 7.
3. P. J. Moebius, Uebe das Pa hologische bei Nie zsche, Wiesbaden: Be gmann, 1902. Ya en
1891, p ime o como a ículo en la e is a Die Gesellscha y un año después en o ma o de lib o, el
socialis a Ku Eisne había publicado un abajo, inalmen e i ulado Psycopa hia spi i ualis. F ied ich
Nie zsche und die Apos el de Zukun (Leipzig, 1892), en el que ecu ía ambién a esa clase de a -
gumen os pa a decla a la incapacidad del mensaje nie zscheano a la ho a de esponde a la g andes
exigencias del momen o. Aun así, Eisne econocía aspec os posi i os en Nie zsche e incluso lo de en-
día de la impugnación o al ealizada po o o pensado socialis a, F anz Meh ing, quien en su lib o
Capi al y p ensa (Be lín, 1891) lo había censu ado como « ilóso o social del capi alismo» (p. 119).
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men alidad pequeño-bu guesa pudiese e u a su inmo alismo aho ándose odo
es ue zo de c í ica y a gumen ación acional.
No obs an e, con o me el posi i ismo se iba mos ando cada ez más inca-
paz de o ece espues as con incen es a la c isis gene al que se había ex endido
po oda la sociedad eu opea, es a psicopa ología con ai es cien í icos caía en
el desc édi o y, en la misma medida, o a mane a de in e p e a esas mani es a-
ciones de un cue po y una men e ex a iados de las pau as de la no malidad se
apode aba del clima in elec ual de p incipios de siglo. Se es ablecía con ello la
con inuidad en e excen icidad i al, ebeldía an e lo es ablecido y conciencia
de c isis de la azón que el oman icismo había explo ado y que, sob e odo,
el decaden ismo in de siècle había con e ido en p og ama a ís ico e inclu-
so exis encial. Sin p escindi po en e o de los componen es sublima o ios de
aquella imagen de Nie zsche como genio isiona io, san o y má i del espí i u
que el A chi o-Nie zsche de Weima —con Elisabe h a la cabeza— p opaga a
desde 1897, po es a ía se i ía ab iendo una comp ensión menos esquemá ica
de lo que suponía el concep o nie zscheano de decadencia y su empleo pa a la
ca ac e ización del p esen e. Desde luego, la línea di iso ia en e c í ica de la dé-
cadence y enca nación de la misma seguía siendo delgada. Pe o en es o adicaba
ambién el suges i o in e és de la ob a de Nie zsche. Es e pensado —el único
del siglo XIX ealmen e conscien e de la caída de los alo es, al deci de He mann
B och— había enido la osadía de desmon a odo el cons uc o idealis a de la
cul u a eu opea, de examina genealógicamen e el alo del asce ismo, de la o-
lun ad de e dad, de las ca ego ías mo ales y me a ísicas que habían dominado
la his o ia de Occiden e, poniendo en e idencia su sis emá ico a án po encub i
el as ondo ágico —« e ible y mal ado», según se lee en El nacimien o de la
agedia, pe o ambién oscu amen e placen e o y igo izan e— de la exis encia;
había ace ado a diagnos ica la «mue e de Dios» —es o es, el cese de oda legi-
imación ansmundana de los alo es— como desencadenan e de una c isis de
undamen os que, desde la mode nidad, no había hecho sino agudiza se; había
explo ado la exace bación de los con as es en e a e, ida y conocimien o a
que había conducido la cons a ación de dicha pé dida de e e en e úl imo; y
había señalado ambién la hipe o ia de la olun ad de i i que un exceso de
conciencia his ó ica, sumada a los es agos de la mo al de la compasión, había
p o ocado en sus con empo áneos. Aho a bien, si en un p ime momen o de
iliación wagne iana el jo en Nie zsche había c eído posible aún ecu i a la es-
pe anza en un enacimien o del mi o como espues a a la ci ilización alejand ina
de su iempo; y si oda ía en la segunda de las Conside aciones in empes i as
había man enido una con aposición sumamen e ígida en e ida y conciencia
—apelando a la capacidad de ol ido, a las po encias sup ahis ó icas y a la ju en-
ud alemana como expedien es con a un academicismo es é il que deno aban
un i alismo algo i e lexi o—, no obs an e, a pa i de Humano, demasiado
humano el sen ido de es a elación con la decadencia había ido cambiando y se
había uel o más complejo. Sus esc i os de madu ez deja ían de o mula dichos
con as es en é minos de unos ígidos opues os (que no se ían ales «sal o en
la exage ación habi ual de la concepción popula o «me a ísica»4), pe cibiendo
4. MaM, I: KSA, 2, 23.
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así una es echa conexión en e los desa eglos de la conciencia mode na —en-
endidos como des egulación espec o de las codi icaciones impues as— y los
nue os ámbi os explo ados po la c eación a ís ica. En esa condición expe i-
men al de la exis encia, agudizada p ecisamen e po el sen imien o de desapego
espec o a los pa ones he edados, supo descub i Nie zsche la posibilidad de
una ans o mación p o unda de los alo es. Es es a concepción más ica en ma-
ices y líneas de desa ollo la que explica su ex ao dina ia capacidad pa a cap a
la a ención de los lec o es más dispa es den o de aquella u bulen a coyun u a
his ó ica. Desde luego, el que su p opues a de e o ma y su p opia iloso ía se
desma ca an del ono me amen e eó ico y se p esen a an como un expe imen o
con la e dad, con las di e en es es imaciones de alo y o mas de ida, es lo
que de mane a más inci an e pudo se i de eclamo pa a las co ien es a ís icas
del momen o. El a ac i o de su esc i u a en su a iedad de e ien es, desde la
p ecisión a o ís ica has a la exube ancia simbólica del Za a us a, la pene ación
psicológica de sus análisis, la mo dacidad de sus juicios, la hondu a de su c í ica,
el as ondo es é ico de sus ideas, el magne ismo de su pe sonalidad y, en in, la
imp on a ágica de su biog a ía hicie on el es o.
Tal como él mismo había p e is o, Nie zsche se aposen ó en odos los in-
cones del alma mode na. Su ama se ex endió muy p on o, y no sólo en e las
co ien es li e a ias y ilosó icas de su iempo, sino ambién en e las di e en es
ideologías polí icas. Pe o sin duda uno de los ámbi os en los que su in luencia
u o un mayo impac o ue el p o agonizado po los dis in os mo imien os a -
ís icos de up u a eu opeos que, del mode nismo es é ico a las angua dias,
se ue on sucediendo inin e umpidamen e desde inales del siglo XIX has a las
p ime as décadas del XX. La búsqueda de nue os ho izon es de exis encia, la dis-
con o midad con lo es ablecido, el asal o a las o mas o iciales de un a e ildado
de bu gués, pues o de mane a cada ez más desca ada al se icio del
doble ci cui-
o de la p opaganda polí ica —como apología de lo exis en e— y
del consumo es-
i o —como mecanismo de disipación y neu alización de la p o es a social— se
nu ie on en abundancia de mo i os nie zscheanos. No es posible, desde luego,
da cuen a mínimamen e de la in inidad de ace as en las que se plasmó dicho
in lujo en la b e e ex ensión de es e a ículo, ni es ampoco su obje i o5. En un
es ue zo de sín esis, po ue za simpli icado , el p esen e abajo aspi a an sólo
a o ece unas lige as pinceladas de ese as o pano ama, pa a cen a la a ención
en algunos aspec os de uno de los «ismos» en los que la ecepción de Nie zsche
cob ó una esonancia especial. Acaso pueda en ende se así cómo, en el ans-
cu so de es e in incado eco ido, aquel pensado loco denos ado po la mo al
ilis ea y la psicopa og a ía posi i is a pasó en seguida a se celeb ado como
emblema de un i alismo an i-in elec ualis a, an he oico como desa o ado, pa a
luego, en una ecepción dis anciada de ambos ex emos, acaba p esen ándose
como ese bu ón y pa odis a de la His o ia Uni e sal que en sus úl imos días lú-
cidos dijo que e se .
5. Pa a una isión de conjun o, éase W. Kau mann, Nie zsche – Philosophe – Psychologis –
An ich is , P ince on, 1974, pp. 3-20; 412-423; S. Aschheim, The Nie zsche Legacy in Ge many,
1890-1990, Be keley: Uni e si y o Cali o nia P ess, 1992; R. K ummel, Nie zsche und de deu sche
Geis , Be lin: de G uy e , 1974.
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1. PRELUDIOS Y TRANSICIONES
Enlazando las igu as maldi as de la bohemia con las del sa anismo omán ico
p eceden e, el es e icismo in de siècle había encon ado en Nie zsche un aliado
pa a su cul o a la indi idualidad ex a agan e, así como un sus en o eó ico pa a
su absolu ismo es é ico y su de ensa del «a e po el a e». Con ello, el decaden-
ismo, el simbolismo y, más a de, cie os desa ollos del exp esionismo mos a-
ban los lími es de su comp ensión del pensamien o nie zscheano de madu ez,
i educ ible a aquella ó mula emp ana que a i maba que «sólo como enómeno
es é ico es án e e namen e jus i icados la exis encia humana y el mundo». Se
ol idaba has a qué pun o Nie zsche, desde su e apa de espí i u lib e, se había
mos ado escép ico an e la imagen del genio como po a oz de una ealidad
supe io , has a qué pun o había cues ionado an o la au onomía del a e como
el
in en o de con e i lo en un sus i u o de la eligión. La ascinación po su
eli is-
mo y p o e ismo se apode aba casi po en e o de es as p ime as ecepciones de
su ob a, di uminando su po encial c í ico.
Y, sin emba go, Nie zsche había an icipado las insu iciencias de semejan e
mane a de eacciona al decli e de la cul u a, an c epuscula ella misma. Había
de ec ado el inmo ilismo de aquella conciencia de in de época ci cunsc i a
al egodeo en los aspec os más mo ecinos de una ci ilización en ance de
desapa ición. De hecho, el a is a mode no, desc i o po Baudelai e como un
indi iduo despedido de odo hoga , some ido a las con ulsas ans o maciones
de un mundo en pe manen e e e escencia, sólo po un co o espacio de iempo
pudo con en a se con ado mece se en los so is icados ecin os es é icos de su
p opia ma ginalidad mi i icada. Resul aba a odas luces un consuelo insu icien-
e la delec ación mo bosa en una sensualidad sonámbula, siemp e exci ada y
siemp e insa is echa, en uel a en simila ono de enuncia al que desp endía el
melancólico lujo de la melodía wagne iana, an ambigua en su a án de se a
la ez exp esión de la quieb a de los iejos ideales e in en o de es i ución de
los mismos. El sueño de una sín esis ca á ica que ecupe a a po ía es é ica el
pode eden o de la eligión había sido desenmasca ado ya po Nie zsche jus-
amen e en su polémica con Wagne . Lo p oblemá ico de es e in en o esidía en
los con enidos acusadamen e eacciona ios que se ansmi ían bajo el man o de
la nue a musicalidad, según llega ía a econoce ambién, años después, un me-
lómano en p incipio an ascinado po Wagne como Thomas Mann. Nie zsche
esumió con cla i idencia la mix i icación ob ada en la sín esis wagne iana de
palab a-música-d ama bajo la ca ego ía de his ionismo. Y así, e ec i amen e,
as el le a go imp esionis a y simbolis a, eme gie on endencias eno ado as
de la ac i ud up u is a: en conc e o, la ayec o ia de la música de inicios del
siglo XX ecoge ía los impulsos más audaces del p opio es ilo composi i o wag-
ne iano en su o zamien o del sis ema onal, desgajándolos de sus desa ollos
melódicos y lle ándolos al lími e de esa quieb a de la onalidad adicional que
ep esen a ía la ob a de composi o es como Schönbe g, Be g y Webe n, o como
S a insky y Ra el.
En ese impulso ompedo , Nie zsche es aba mucho más ope an e de lo que
las agas alusiones a la ene gía i al de un a e opues o a la azón e an capaces
de cap a . No obs an e, mien as que en F ancia, hacia 1891, los a is as más
angua dis as ya habían ecu ido a su ob a pa a con a es a el p edominio del
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wagne ismo en Pa ís6, en cambio, en Alemania, los p ime os exp esionis as e-
ñían el i alismo nie zscheano de una a mós e a espi i ual ca gada de eleidades
mís icas, que impedía un mejo ap o echamien o de su ace a c í ico-genealógi-
ca. Nie zsche se i ía sob e odo pa a alimen a las endencias an ina u alis as,
an ima e ialis as y an iposi i is as de un mode nismo an ambi alen e como el
que dis inguió al exp esionismo alemán an es de 1914. El echazo de la bana-
lidad ilis ea de la sociedad guille mina e a una cons a ación del acaso de la
lógica de la mode nidad acionalis a, que con odo su en amado indus ial y
ecnológico no había sido capaz de esponde a las expec a i as de emancipación
y ealización pe sonal de la nue a gene ación. Su as ondo e a indudablemen e
el epudio de la co upción social, mo al y polí ica a la que había llegado la
bu -
guesía alemana al deja se enga usa po la ideología pange manis a. Pe o la
c í ica
endía a o mula se en un ono ca en e de conc eción, al igual que las p opues as
de e o ma. El abajo de ans igu ación e in e io ización que ca ac e izó a la
poé ica exp esionis a daba a eces la sensación de se una es a egia de huida
an es que una espues a decidida a la si uación de c isis. Se apelaba a las ene gías
c eado as albe gadas en lo p o undo del indi iduo como genuino pode emanci-
pado , pe o es as ue zas, si bien libe ado as del yo en su in imidad más ecón-
di a, no pa ecían bas a pa a supe a la decepción an e la ealidad ci cundan e.
De ese modo se acen uaba la sensación de pe manencia en una con adicción
insoluble, he ede a de odas las apo ías de la mode nidad.
Quizá ningún au o como Go ied Benn ace ó a cap a la mane a en que
la cul u a alemana del momen o ecu ió en onces a Nie zsche pa a e enda su
peculia modo de asumi el nihilismo: un mundo sin sus ancia, ino a deci , había
dejado lib e odo el e i o io pa a la pu a exp esión de los suje os a is as7. «Todo
cuan o mi gene ación discu ió —a i ma ía ambién— ya había sido exp esado y
explo ado, y había hallado su o mulación de ini i a en Nie zsche: el es o no e a
sino exégesis»8.
Du an e aquellos años de e e escencia mode nis a y exp esionis a, la p e-
sencia de Nie zsche en e los a qui ec os y a is as plás icos es u o an ex endida
como en e los li e a os. Ed a d Munch pin a ía su e a o, O o Dix esculpi ía
su bus o, muchos de los diseños pa a la Ma hildenhöhe de Da ms ad —así los de
Josep Ma ia Olb ich o Pe e Beh ens— se eclama ían he ede os po igual del
espí i u eno ado de Za a us a y de la idea de un a e o al, y la mayo ía de los
a is as del g upo de D esde (que en 1905 adop a ían el nomb e de Die B ücke en
hono al Za a us a: un puen e hacia el supe homb e) o del De blaue Rei e se
decla a ían admi ado es del ilóso o. En con inuidad con su in lujo en e ep e-
sen an es del Jugends il y la Secesión muniquesa, el cul o a Nie zsche segui ía muy
i o en Múnich has a la P ime a Gue a Mundial. Allí ecala ía en 1896 Wassily
Kandinsky, encon ando la ciudad, po aquel en onces uno de los cen os neu ál-
gicos de la cul u a cen oeu opea, comple amen e pe meada de nie zscheanismo.
Y es que ambién en 1896 llegaba a Múnich el poe a Raine Ma ia Rilke, ami-
6. C . C. E. Fo h, Za a hus a in Pa is. The Nie zsche Vogue in F ance, 1891-1918, No he n
Illinois Uni e si y P ess: DeKalb, 2001.
7. G. Benn, «Nie zsche: Nach ün zig Jah en», en Gesammel e We ke, ol. 1, S u ga : Kle -
Co a, 1962, pp. 488-493.
8. Ibid., p. 482.
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lia izado con la ob a nie zscheana an es de inicia su omance con Lou Salomé,
y eg esaba de F ancia el d ama u go F ank Wedekind, au o de El espí i u de
la ie a (1895), pa a colabo a con Albe Langen en la undación de la e is a
sa í ica Simplicissimus (a cuyo nacimien o se uni ía ese mismo año el de la emble-
má ica e is a Jugend), mien as Richa d S auss es enaba su poema sin ónico Así
habló Za a us a, Hein ich Mann publicaba sus p ime os ensayos sob e Nie zsche
y sólo unos meses an es lo hacía Geo g Fuchs9. A odos es os es ímulos hab ía
que suma los del cí culo li e a io y a ís ico del poe a S e an Geo ge, e dade o
ca alizado de los anhelos nie zscheanos y an ibu gueses de la jo en gene ación
exp esionis a.
Tan o en las eo ías es é icas de Kandinsky como en la ac i ud iniciá ica y
eli is a del Geo ge-K eis quedó e lejada, no obs an e, la unila e alidad de es a
ecepción del pensamien o nie zscheano en el con ex o del exp esionismo. Una
ez más, e a El nacimien o de la agedia la ob a que ma caba la pau a de la
in e p e ación en más de un sen ido: lo e a, an e odo, en la emisión a un a e
dionisíaco capaz de ebasa la supe icialidad del es ilo mimé ico, some ido a
las apa iencias ex e nas, y asoma se a las p o undidades del Uno p imo dial,
pa a islumb a así el e o no del se humano a una comunidad o igina ia con
el mundo. Kandinsky concebi ía su camino hacia la abs acción como esul ado
del in en o de escucha el «sonido in e io » de un alma libe ada del ma e ialismo
dominan e en la ida mode na. En su amoso esc i o de 1910, De lo espi i ual
en el a e, pa i ía de una desc ipción del es ado de cosas que epe ía pun os
esenciales del diagnós ico nie zscheano, pe o pa a econduci los de inmedia o al
p oceso de sublimación e in e io ización dis in i o de su p ác ica a ís ica:
Cuando la eligión, la ciencia y la mo al (es a úl ima de la demoledo a mano de
Nie zsche) se en za andeadas y sus bases ex e nas amenazan con de umba se, el
homb e apa a su is a de lo ex e io y la di ige hacia sí mismo. La li e a u a, la
música y el a e son los ámbi os más sensibles y los p ime os en los que es e gi o
espi i ual se pe cibe de una mane a eal, e lejando la somb ía imagen del p esen e,
y la in uición de algo g ande, oda ía lejano e impe cep ible pa a la g an masa; una
g an oscu idad apa ece apenas esbozada, ol iéndolos somb íos. Po o o lado, se
apa an del con enido sin alma de la ida ac ual, aden ándose en emas y ambien es
que dejan ía lib e a los a anes y a la búsqueda no ma e ial de almas sedien as10.
Den o de la aga isión eosó ica de Kandinsky, la pola idad de lo apolíneo
y lo dionisíaco se e o mulaba en é minos de un con lic o in empo al en e la
ma e ia y el espí i u, donde los « emas somb íos» e an el p eludio a una ilu-
minación auma ú gica, in es ida ue za sanado a. Pe o es as hib idaciones —la
misma p ocli idad de la li e a u a exp esionis a a conjuga las igu as de C is o y
Za a us a, lejano eco de las asociaciones es ablecidas po el p oyec o omán ico
de una «nue a Mi ología»— e an de di ícil encaje con el pa hos an ime a ísico de
la iloso ía nie zscheana. En odo caso, apenas poseían la su icien e consis encia
como pa a compone un genuino p og ama de cambio. En ese sen ido, la e i ada
9. H. Mann, «Zum Ve s ändnis Nie zsche», en Das Zwanzigs e Jah hunde – Blä e ü
Deu sche A und Wohl ah 6/2 (1896), pp. 246-251; G. Fuchs, «F ied ich Nie zsche und die bil-
dende Kuns », en Die Kuns ü Alle XI/3, 5 & 6.
10. W. Kandinsky, Übe das Geis ige in de Kuns , München: Piepe , 1912, pp. 26-27.
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de lo polí ico, an consus ancial al ca ác e de S e an Geo ge y su cí culo, dela-
aba cie a impo encia, cie a incapacidad pa a media con los e ec os secula iza-
do es de la mue e de Dios, condenando en su o alidad a la sociedad bu guesa
y dejando el exilio in e io como único camino pa a la sal ación del indi iduo.
Si el disgus o an e los e ec os ni elado es de la acionalidad económica no podía
aduci se más que en un dis anciamien o sublime, como mues a de desp ecio a
las masas y las moscas del me cado, el iesgo de acaba anhelando nos álgicamen-
e la llegada de un líde ca ismá ico con plenos pode es pa a as oca lo odo e a
e iden e. Po cie o que, cuando llegó, es e Füh e ue bas an e condescendien e
con las exigencias del me cado. No quie e es o deci que el apolici ismo exp esio-
nis a conduje a di ec amen e al nazismo, pe o sí que posibili ó una manipulación
de su c í ica de la mode nidad en una di ección eacciona ia.
Y, sin emba go, es e acen o, en el ondo más neo omán ico que ne amen e
nie zscheano, no ue el único que el exp esionismo adop ó en elación con su
ecepción de Nie zsche. En algunos de sus ep esen an es pujaba desde echa
emp ana la incomodidad con ese dis anciamien o de la ida o icial que El jine e
azul, el g upo undado en 1911 po Kandinsky y F anz Ma c, acabó imponiendo
al a is a como único mecanismo de p o es a po el di o cio en e el a e y la
sociedad. La conciencia de la di icul ad pa a conjuga un indi idualismo de cla o
sesgo eli is a con el ideal de una comunidad econciliada se adujo en una oposi-
ción más ac i a al ilis eísmo einan e, cuidando de que sus ob as no se limi a an
a un desahogo subje i is a. Es o es algo que puede ap ecia se en el azo dinámi-
co de Ki chne , que no aspi a a es iliza sus igu as, sino a plasma la ensión en
que se desen uel e la ida en las calles de la g an ciudad, cuya descomposición
chillona ambién e a a; o en la desc ipción de los es agos de la mo al bu guesa
y su ep esi a educación de los ins in os po pa e de F ank Wedekind, que en
su p ime a pieza ea al de impo ancia, El despe a de la p ima e a (1891),
escandalizó a la sociedad guille mina con su c udo a amien o de la sexualidad
adolescen e; o en las despiadadas sá i as de algunas de las no elas de Hein ich
Mann, como El súbdi o, po la que des ilan, idiculizados, los g andes p o a-
gonis as de esa sociedad, desde la ieja a is oc acia has a los nue os a ibis as,
pasando po el ejé ci o, la bu guesía acaudalada o los bu óc a as.
En es as ob as es posible pe cibi la ca ga polí ica sub e si a la en e en la
consigna, en apa iencia pu amen e es e icis a, de hace de la ida una ob a de
a e, po cuan o dicha aspi ación enía a pone en e idencia, si quie a po ía
nega i a, que pa a un au én ico cul i o libe ado del yo e a condición imp escin-
dible una d ás ica emoción de las elaciones sociales exis en es. Es o ue lo que
las angua dias ace a on a en ende de una o ma más cla a que el mode nismo
p eceden e. Y en es e pun o la inspi ación nie zscheana cob ó nue o sen ido.
Aunque el mo imien o exp esionis a se man u o en esencia apolí ico, en e sus
in eg an es hubo ambién quienes adop a on un mayo comp omiso, ce cano en
ocasiones a posiciones de izquie da, como ue el caso de los au o es del en o no
de la e is a Die Ak ion11. Si bien es cie o que su in e p e ación del i alismo
nie zscheano se desa olló a menudo en cla e an i-in elec ualis a, no obs an e,
con iene eco da que en p opues as como la de Ku Hille el exp esionismo
11. C . pa a es o S. Taylo , Le -wing Nie zscheans: The Poli ics o Ge man Exp essionism,
1910-1920, Be lin: Wal e de G uy e , 1990, pp. 42 ss.
ISSN: 1578-6676, pp. 11-32 eS udIoS NIe zSche, 14 (2014)
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se eencon ó con el ecu so del Nie zsche ilus ado a las mediaciones apolíneas.
Po o a pa e, es p eciso ealiza una lec u a más cuidadosa de lo que en e dad
supuso esa adopción i e e en e del inmo alismo nie zscheano, que en algunos
casos llegó a asumi o mas ex emas, po ejemplo, en é minos de una ei in-
dicación de la locu a, como si la igu a úl ima que debie a adop a el indi iduo
libe ado de las cons icciones de la ley y la cos umb e uese la de un insensa o. En
su ensayo «La é ica del en e mo men al», Wieland He z elde llegó así a asocia el
éxi o como a is a c ea i o con la en e medad men al, omando como modelo a
su he mano, Helmu h (más conocido po el nomb e anglicizado que adop ó as
la Gue a: John Hea ield) e in ocando exp esamen e a la iloso ía de Nie zsche
como sus en o eó ico pa a sus esis12. En un ela o de 1913 i ulado El loco,
Geo ge Heym, quien años a ás había plasmado en un dia io la sec e a ambición
de «con igu a [su] ida de modo que és a llegase a se una lecha di igida hacia
el supe homb e»13, suge i ía la idea de que en es e mundo no había o a mane a
de e adi la i anía de las leyes igen es y goza de una sup ema libe ad que
ab azando la locu a14.
La inadap ación de es as igu as al ambien e que les odeaba, an es que a i-
buible a una debilidad de su ca ác e , a un de ec o de su psiquismo o a una a a
isiológica, se p esen aba como es imonio de la incapacidad de una sociedad me-
dioc e pa a in eg a las en su seno. Bajo al p isma, su excepcionalidad pasaba
a unciona más bien como un ac o de denuncia social, as ocando el o den
con encional de los alo es y je a quías es ablecidos. En luga de la unila e alidad
del diagnós ico biologicis a que lle a ía al nazismo a cali ica de «degene ados» a
es os mo i os y pe sonajes y a los a is as que los o ja on, lo que se pa en izaba
aquí e a la iqueza y complejidad de un análisis conco dan e con el pe spec i is-
mo nie zscheano. Lo cie o es que si la angua dia pudo sen i se an a aída po
Nie zsche, ue po que en la en aña misma de su p oyec o la ía el deseo de o ja
una al e na i a adical a las iejas isiones del mundo y sus ca ego ías excluyen es.
Una iloso ía si uada más allá del Bien y del Mal suponía asimismo una mane a
de pensa las elaciones en e lo no mal y lo pa ológico que po ue za enía que
desbo da las codi icaciones habi uales. En ese sen ido, el dadaísmo, ecogiendo
es as líneas de a ance del exp esionismo, ue el mo imien o que mejo en endió
dicha ace a del pensamien o nie zscheano, combinando a i mación dionisíaca de
la ida y des ucción nihilis a en una cla e que llegó a an icipa cie os desa ollos
de su lec u a posme a ísica con empo ánea. Pe o an es de e e i nos a algunos as-
pec os undamen ales de esa ecepción, nos de end emos b e emen e a conside a
el modo en que Nie zsche o muló es e asun o.
2. EXPERIMENTANDO LA DECADENCIA
La con esión de Nie zsche de se él mismo un decaden e, su econocimien o de
que el suelo del que nace la c í ica del p esen e no puede se ya un e e en e
12. W. He z elde, «Die E hik des Geis esk anken»: Die Ak ion 4 (1914).
13. G. Heym, Dich ungen und Sch i en, ol. 3, ed. de K. L. Schneide , Hambu g: Hein ich
Elle mann, 1960, pp. 44 ss.
14. G. Heym, De I e, en De Dieb: ein No ellenbuch, Leipzig, Rowohl , 1913.
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ninguna de las co ien es a ís icas en onces igen es ace ó an o como ella a
pone de mani ies o que lo que se es aba p oduciendo e a el de umbe de odos
los g andes ela os de legi imación. Como esc ibie a Hugo Ball, pa a aseando
a Nie zsche, en su con e encia sob e Kandinsky p onunciada en la gale ía Dadá
de Zú ich en 1917:
Dios es á mue o. Un mundo se queb ó. Soy dinami a. La his o ia uni e sal se
pa ió en dos mi ades. Hay una época an es de mí. Y una época después de mí.
Religión, ciencia, mo al: enómenos que su gie on de la condición de emo de
los pueblos p imi i os. Un iempo se ha queb ado. Una cul u a milena ia se ha
queb ado. Ya no hay pila es ni apoyos, ningún undamen o que no haya sido
esqueb ajado. Las iglesias se han uel o cas illos en el ai e. Las con icciones, p e-
juicios. Ya no hay una sola pe spec i a en el mundo de la mo al. A iba es abajo,
abajo es a iba. Se p oduce la ans alo ación de odos los alo es. El c is ianismo
ecibió una acome ida on al. Los p incipios de lógica, de cen o, de unidad y
azón, ue on exhibidos como pos ulados de una eología ambiciosa de dominio.
El sen ido del mundo desapa eció. La inalidad del mundo ela i a al Se sup emo
que lo man enía eunido, desapa eció. El caos i umpió. El umul o i umpió. El
mundo se mos ó a sí mismo como un a opella se y a eme e de ue zas desen-
cadenadas las unas con a o as25.
En esa esi u a, los al os ideales de un a e pu o si uado al ma gen de la co-
osión del mundo ci cundan e ambién enían po ue za que queda pues os en
en edicho, y po eso Dadá, en una uel a más de ue ca, eje ció su igo c í ico
sob e el mode nismo en gene al y el exp esionismo en pa icula . Aquella dis in-
ción es ablecida po Kandinsky en e la unción ep esen acional de una ob a de
a e y su «pu o sonido», ése que, añadía, «podemos escucha inconscien emen e
cuando es amos en a monía con el signi icado eal o abs ac o del obje o» —una
ó mula en el ondo más p óxima al esquema schopenhaue iano que a Nie z-
sche— ue econducida po Dadá a é minos lejanos a odo idealismo.
Sali de la ilusión de la anspa encia, de la co espondencia inmedia a en-
e las palab as y las cosas, hace es alla la lógica de la ep esen ación median e
poemas oné icos donde el signo lingüís ico quedaba p i ado de oda e e encia
semán ica, median e collages que asociaban elemen os absolu amen e dispa es,
median e poemas simul áneos donde se ponía de elie e la imposibilidad de oda
comp ensión: odos ellos e an modos de eplica al sinsen ido gene alizado de la
época. Se a aba, pues, de eje ce una c í ica de la ep esen ación, en la medida en
que la ealidad había dejado de ene un sen ido uni a io; pe o no pa a halla un
nue o sen ido ocul o en su as ondo, sino pa a descub i en es e mundo sin eglas
la posibilidad de in ención de alo es no some idos ya a suplemen o me a ísico
alguno. En su esc i o Dadá: a e y an i-a e, en e e encia exp esa a Nie zsche y
Camus, Hans Rich e a gumen a ía que el alo del nihilismo dadaís a adicaba
jus amen e en el hecho de que sólo un mundo libe ado de las imposiciones ans-
cenden es de un debe abs ac o podía ab i se a la asunción de la p opia espon-
sabilidad. No se ía Ball p ecisamen e quien siguie a es e camino con su pos e io
con e sión al ca olicismo. Su ma cha supuso además an o la dispe sión como la
25. H. Ball, De Küns le und die Zei k ankhei . Ausgewähl e Sch i en, F ank u a.M.: Su-
h kamp, 1984, p. 41.
ISSN: 1578-6676, pp. 11-32 eS udIoS NIe zSche, 14 (2014)
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ex ensión del mo imien o. Tza a con inuó insis iendo en la nega i a a da o ma
p og amá ica al dadaísmo, más allá de unos mani ies os ca ac e izados po su
despa pajo e bal, su iconoclasia y su exp esa olun ad de exace ba la con a-
dicción («Dadá no es nada», se lee en el de 1918), mien as sus asplan es a Pa ís,
New Yo k o Be lín man u ie on i o el espí i u de p o ocación.
Más allá de las anécdo as sob e el paso de unos u o os a is as po Dadá, es
impo an e a ende a las ci cuns ancias his ó icas en que aguó el mo imien o, en
medio del es allido de la P ime a Gue a Mundial. Las luc uaciones en la admi a-
ción po el pensado de la olun ad de pode ambién es u ie on bas an e condi-
cionadas po los es agos que causó en su imagen el ap o echamien o eacciona io
de sus ideas po pa e de la ideología nacionalis a y mili a is a del momen o. Eso
condujo sin duda a que su in luencia se eclipsa a en F ancia al é mino de la con-
ienda. La conside ación de es as ci cuns ancias ayuda asimismo a comp ende
los mo i os po los que, pese a su pos u a de desencan amien o adical, algunos
dadaís as llega on a comp ome e se de o ma di ec a en el e eno de la acción e-
oluciona ia. Así ocu ió sob e odo en el dadaísmo alemán, y en a is as plás icos
como O o Dix o Geo g G osz, que ansi a on po es e mo imien o.
Hay más de un signi ica i o pa alelismo en la e olución de Dix y G osz. En
la ehemen e ca ga de inmo alismo an ibu gués de sus p ime as igu aciones
exp esionis as se palpa la ambigua ecepción de la nie zscheana olun ad de
pode , que seduce con su e ó ica de la ida, pe o ambién coque ea de mane a
pelig osa con una pu a celeb ación i acionalis a de la iolencia en ci cuns an-
cias his ó icas especialmen e u bulen as. Dix e leja es a posición indecisa en su
Au o e a o como soldado, ealizado en 1914. El jo en a is a se en ola p on o
como olun a io en la G an Gue a, pensando halla en el en e un e ulsi o
capaz de acaba con un o den caduco. Un idea io de ansg esión que se subli-
ma ya aquí en é minos ce canos a los de E ns Jünge en su ensayo «La gue a
como expe iencia in e io ». Pe o la expe iencia eal de la de as ación y el dolo
acaba á imponiéndose. En el e a o de 1914, de co e exp esionis a, los azos
ené gicos y los colo es in ensos in en an aún con oca esa ju enil sensación de
pleni ud i al, de in épido a ojo. El ges o enso del os o, con mi ada pene-
an e, ángulos ma cados y cabeza apada, pa ece en cambio dela a lo desme-
dido de su en ega incondicionada a la causa bélica. Bas a compa a es e e a o
del a is a como soldado an es del comba e con los dibujos que ealiza Dix en los
años siguien es, has a publica en 1924 la se ie de g abados i ulada La gue a,
pa a medi la dis ancia en e la mix i icación belicis a de sus p ime os compases
exp esionis as y la ácida c í ica an imili a is a de su i ine a io pos e io po las
dis in as angua dias: en un p ime momen o, explo ando es a me amo osis
den o del p opio exp esionismo; en 1920, en el seno el mo imien o dadaís a
que celeb a en Be lín su p ime a Fe ia In e nacional; y, apenas unos meses más
a de, inco po ando ecu sos del ealismo a algunos plan eamien os acuñados
en es e b e e, pe o uc í e o paso po Dadá. Un i ine a io pa ecido al de G osz,
quien, licenciado del en e de ba alla en 1916, se aplica desde en onces a e-
a a la mise able ida co idiana de pos gue a. En la ob a de Dix de 1920,
Calle P aga, nos mues a a dos mu ilados de gue a que mendigan po una de
las p incipales calles de D esde. Los mu ilados, si uados en el cen o del cuad o,
son ep esen ados con asgos de o mes, casi ca ica u escos, mien as que de los
pe sonajes adine ados que pasean a su al ededo sólo emos algunos asgos ais-
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lados: manos en undadas en guan es, zapa os de acón al o. Dix pe ila su c í ica
social no sólo a a és de es os con as es igu a i os, sino ambién ecu iendo
al mon aje: en el escapa a e donde se exhiben miemb os o opédicos, hay pega-
dos papel, pelo, bille es y o os, en e ellas, una del p opio a is a. El ca icoche
del homb e con las pie nas ampu adas iene las uedecillas pegadas con papel de
pla a. Y el pe o g uñe mo diendo un eco e de pe iódico donde puede lee se:
«Judíos ue a».
Pe o Dix o G osz no ue on los únicos en es imonia es e cambio de egis-
o, acen uado a pa i del es allido de la G an Gue a. Richa d Huelsenbeck,
que llegó a Be lín, de eg eso a Alemania desde Zú ich, en ene o de 1917, en ó
en con ac o con el cí culo de los he manos He z elde y el pe iódico Neue Ju-
gend —sin una línea polí ica ne amen e de inida, pe o con una cla a de ensa de
posiciones paci is as— es ableciendo una conexión en e ma e ialismo y c í ica
cul u al que segui ía inspi ándose en Nie zsche. Huelsenbeck había inculado
desde el p incipio el ges o ansg eso del dadaísmo con la ans alo ación nie z-
scheana, en endiendo que el nihilismo ac i o, la ins au ación de nue os alo es,
enía que asumi su p opia imb icación con una época decaden e y, a la ez,
inco po a es a egias desublima o ias a su eje cicio c í ico, a in de no ecae
en oda esa edi ican e chácha a sob e los alo es e e nos de la humanidad que
p onunciaban a dia io quienes al mismo iempo seguían ins igando al odio y la
gue a. En la in oducción de su Almanaque Dadá de 1920, Huelsenbeck ep o-
ducía en ese sen ido un pasaje de Más Allá del Bien y del Mal:
Noso os somos la p ime a época es udiada in punc o de «dis aces», quie o de-
ci , de mo ales, de a ículos de e, de gus os a ís icos y de eligiones, noso os
es amos p epa ados, como ningún o o iempo lo es u o, pa a el ca na al de g an
es ilo, pa a la más espi i ual pe ulancia y iso ada de ca na al, pa a la al u a ans-
cenden al de la sup ema idiocia y del a is o anesco esca nio del mundo. Acaso no-
so os hayamos descubie o jus o aquí el eino de nues a in ención, aquel eino
donde incluso noso os podemos se oda ía o iginales, po ejemplo como pa o-
dis as de la his o ia uni e sal y como bu ones de Dios, — ¡ al ez, aunque ninguna
o a cosa de hoy enga u u o, lo end á, empe o, nues a isa!26.
Comen ando la ci a, esc ibía Huelsenbeck:
Dadá ha descubie o el eino de la in ención al que F ied ich Nie zsche se e ie e
en las líneas ci adas an e io men e. Dadá se ha con e ido en pa odis a de la His-
o ia uni e sal y payaso de Dios — pe o es o como al no es un acaso. Dadá no
mue e en Dadá. Su isa iene u u o27.
Dadá ecogió así con mayo agudeza que o os mo imien os a ís icos de la
época es a ace a del legado nie zscheano, po que comp endió que su c í ica y
ans alo ación de los alo es es aba ligada al humo , a la pa odia de los al os
ideales, como an ído o con a la se iedad ascé ica y la nos algia de ansmundos.
Puso una a i mación incondicional de la ida en boca, en e o os, de su pa icu-
la «Tza a- us a» («Sí-Sí» es lo que signi ica Da-Da en idiomas como el umano);
26. JGB, 223: KSA 5, 157.
27. R. Huelsenbeck, «Einlei ung», en Dada Almanach, Be lin: E ich Reiss, 1920, p. 8.
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libe ó una mi ada nue a sob e el mundo al oma lo como un jugue e sin in, a la
mane a de aquel niño he aclí eo de la e ce a me amo osis del espí i u. «Dadá»,
me ece la pena eco da lo, es el nomb e dado en ancés al caballi o de made a
con el que juegan los c íos, y es un é mino que, po ex ensión, se emplea pa a
e e i se a hobbies, a ac os lúdicos, ec ea i os, sepa ados del ci cui o de la p o-
ducción y del consumo. Dadá mul iplicó sus ges os de a i mación y libe ad.
Pe o no quiso oma se es as acciones an en se io como pa a acaba supedi ando
a ellas su p opia espon aneidad c ea i a. Lo in an il, p imi i o o i acional apa-
ecen así en la p ác ica dadaís a il ados siemp e po un a amien o i ónico,
que se p oyec a sob e el es a u o mismo del a e. Cuando los dadaís as apelan a
la imp o isación, a la en ada del aza o del inconscien e en sus pe o mances, lo
hacen a menudo pa a nega solemnidad a la igu a del genio c eado que esc u a
la esencia p o unda del mundo y la aslada a su ob a. De ahí su expe imen a-
ción con nue os ma e iales, inco po ando ecu sos en los que ue on pione os,
como el o omon aje, o su modo de a a las ob as de a es como pu a y simple
p oducción de obje os, despojándolas de su au a. Se a aba de ac os que bus-
caban p o oca , que se eían de la cul u a o icial y comba ían su osilización,
empezando po la de ese a e olímpicamen e dis anciado de la ealidad. G osz
lo explicaba así en 1925:
El mo imien o dadaís a alemán es u o basado en la conciencia, a la que accedi-
mos de mane a simul ánea a ios de mis cama adas y yo mismo, de que e a una
absolu a demencia c ee que el «espí i u» o la gen e de «espí i u» gobe nasen el
mundo. Goe he bajo los bomba deos, Nie zsche en la mochila, Jesús en las in-
che as –– y había gen e que oda ía seguía c eyendo en el pode au ónomo del
espí i u y del a e28.
A la locu a de la gue a, Dadá con apuso una «locu a olun a ia»29, pa a
deja sen ado po lo menos que esa época deg adan e no había log ado in un-
di les espe o, ni siquie a cuando a ó de impone lo po la ue za. Su isa i e-
e en e, an idogmá ica, esonaba como el g i o de aquel loco anunciando que
Dios había mue o a unas gen es que hacían «como si no hubie a pasado nada».
Lo cie o es que el olo a cadá e se ex endía po los campos de ba alla, mien-
as la p opaganda o icial seguía ep esen ando una a sa, encub iendo oda esa
«ma anza ci ilizada» y haciendo c ee encima que se a aba de «un iun o de la
in eligencia eu opea»30. ¿Quiénes e an aquí los locos? Hacía iempo que el idea-
lismo se había con e ido en mo i o de isa y que el he oísmo sublime, siemp e
dispues o a sac i ica a los indi iduos a ines más al os, susci aba una p o unda
epugnancia en e las men es lúcidas que habían desenmasca ado su papel como
coa ada ideológica pa a el belicismo impe an e. De ahí que, como pa e de su
eje cicio desmi i icado , Dadá pe siguie a ambién una singula ans alo ación
del cul o a la igu a del loco-genio-a is a, con i iéndolo a menudo en mo i o
de i isión, en un pob e homb e más, al in y al cabo an pe dido como el es o
en un uni e so sin umbo. Aquel indi iduo excepcional que en la me a ísica o-
28. Geo g G osz, en Íd. y W. He z elde, Die Kuns is in Ge ah , Be lín: Malik, 1925.
29. H. Ball, La huida del iempo, Ba celona: Acan ilado, 2005, p. 121.
30. C . ibid., pp. 132-133.
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mán ica asgaba el elo de Maya pa a con empla una ealidad supe io se daba
aho a de b uces con una ealidad deg adada, que, pa a empeza , ya no e a ni
bella ni sublime, ni se encon aba en un más allá eden o de las apa iencias: e a
la c uda, ea y míse a ealidad del p esen e, po la que más que des ila hé oes
condeco ados, agaban igu as o as y desca iadas, se es a los que les cos aba
man ene una conduc a azonable po la sencilla azón de que el p opio iempo
es aba ue a de quicio. Es e iempo de locos ya no enía que busca igu as de
excepción en luga es especiales: poblaban sus calles a dia io y podían se pe ec-
amen e asimiladas a los ma ginados sociales, como ha ía G osz en sus dibujos,
e a ando p os i u as, bo achos, indigen es o mu ilados de gue a31.
Dadá desplegó así una es a egia de desublimación del hé oe que gua daba
no pocas analogías con la emp endida po Nie zsche en su ob a de madu ez, de
mane a emblemá ica en el lib o IV de Así habló Za a us a —donde simbolizó
en los «homb es supe io es» las di e sas o mas de eg esión a un nihilismo
decaden e que oda ía en aban al que anuncia el Übe mensch— y, sob e odo,
en Ecce homo, donde el ilóso o decla ó exp esamen e se «la an í esis de oda
na u aleza he oica» y lle ó a cabo una ne a desmi i icación de sí mismo. Es a
ob a, cumb e de la i onización au obiog á ica, sigue suponiendo po ello odo
un desa ío a la ho a de in e p e a a Nie zsche: al e nando el ono en á ico y
el pa ódico, anunciando con solemnidad que se a a di igi a la humanidad y,
a
la ez, en e eniéndose en de alla odas esas pequeñas cosas, supues amen e
ca en es de alo , que, sin emba go, cons i uyen los asun os undamen ales de
la ida: alimen ación, luga , clima, e c; desc ibiéndose como una dinami a que
pa e la His o ia en dos y, al mismo iempo, ad i iendo que en él no habla
un p o e a ni un aná ico que p edica y exige una e, Nie zsche in i a a sus
lec o es a un « ou de o ce» he menéu ico, que los hace iaja , como en una
mon aña usa, desde la ap eciación más al a a la más baja, pa a cons i ui los
inalmen e en lec o es independien es, con juicio p opio, an es que en discí-
pulos. El pun o álgido de es e disposi i o e ó ico gi a, una ez más, en o no
a la ca ac e ización de sí mismo como alguien que, dando po descon ado el
hecho de que es un décaden , no obs an e, ambién es su an í esis. La po encia
i ónica de es a pa ábasis po medio de la cual el au o hace con inuas llamadas
de a ención que a uinan una lec u a dispues a a oma se en se io odo lo que
se dice impide un cie e uní oco del discu so. Pa a ello, Nie zsche ecu e a
una imagen pa ódica de sí como alguien que, si exp esa e dades, es en odo
caso po ía de sub e sión de lo es ablecido como al (del mismo modo en que
pod ía hace lo un bu ón o un loco), a in de dis ancia se de los po ado es de
una e dad anscenden e:
Tengo un miedo espan oso a que algún día se me decla e san o: se adi ina á po
qué publico es e lib o an es, hay que e i a que se come an abusos conmigo. No
quie o se un san o, an es p e e i ía se un bu ón… Quizá soy un bu ón… Y a
31. Compone igu as semihumanas, muñecos y maniquíes, como en la ob a de G osz y Hea -
ield p esen ada en la Dada Messe de 1920, El abu guesado Hea ield con e ido en sal aje (o
incluso como esa especie de papa de la « ies a del asno» que semeja se Ball leyendo el poema «Ka-
awane») ue o o ecu so empleado po los dadaís as pa a sub aya la desolación del humanismo en
un uni e so dominado po la écnica.
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ASPECToS DE lA RElACIÓN ENTRE NIETZSCHE, NIHIlISMo Y VANGuARDIAS 31
pesa de ello, o, mejo , no a pesa de ello –pues o que nada ha habido has a aho a
más men i oso que los san os– la e dad habla en mí32.
El elemen o bu onesco, esa o a e ien e de lo dionisíaco an ecu en e en e
los dadaís as, es uno de los ac o es que mejo explica su conexión con Nie zsche.
Dicha conexión halla p ecisamen e en Ecce homo uno de sus e e en es p i ile-
giados. Así ha sabido mos a lo Ch is ine Ba e sby en un suge en e a ículo33,
que no sólo documen a las nume osas alusiones a es e esc i o po pa e de a is as
como Hugo Ball, Raoul Hausmann, Hanna Höch o Johannes Baade , sino que
examina has a qué pun o G osz se basa en Nie zsche cuando da el í ulo de Ecce
homo al po a olios de dibujos y acua elas que ealizó en e 1915 y 1924 y en
el que o eció una e oz sá i a de la sociedad alemana del momen o, e a ando
su co upción34. Ba e sby in oduce además una obse ación coinciden e con la
línea de lec u a que aquí se iene de endiendo y que ayuda a comp ende en qué
medida el p opio Nie zsche, con la adopción de es e ecu so al humo , comple a-
ba el p oceso de emancipación de las hipo ecas me a ísicas de su p ime a iloso ía.
En e ec o: en El nacimien o de la agedia, al conside a cómo el conocimien o
ágico p o ocaba en el con emplado de la ealidad dionisíaca, semejan e en es o
a Hamle , una náusea que pa alizaba el ob a , el jo en Nie zsche había suge ido
una doble ía po la que el a e podía conju a es e pelig o sup emo de la olun ad
y cu a la de su le a go nihilis a, al « e o ce esos pensamien os de náusea sob e lo
espan oso o absu do de la exis encia con i iéndolos en ep esen aciones con las
que se puede i i : lo sublime, some imien o a ís ico de lo espan oso, y lo cómi-
co, desca ga a ís ica de la náusea de lo absu do»35.
Abandonada la c eencia en el pode me a ísico del a e pa a suminis a nos
la esencia de las cosas, Nie zsche despoja el abajo de sublimación de los ins-
in os de odo p esupues o idealizan e, lo incula di ec amen e a un dis u e de
la i alidad como el que la danza o el baile pe mi en con su mo ilización de la
ue za muscula , y pasa a pone en p ime plano ese buen humo que, po una
pa e, asume lo absu do de la exis encia y, po o a, se íe de las ín ulas de quie-
nes se c een en posesión de la e dad.
El dadaísmo quiso combina ambién a i mación es i a de la ida y c í ica
de las mise ias de su iempo, y en muchos de sus ep esen an es alemanes lo p o-
cu ó desde una conciencia polí ica más agudizada. Se bu ló sin piedad de an as
p oclamas en nomb e del p og eso y los más al os ideales que ol idaban esas
pequeñas cosas, insigni ican es según el juicio adicional, que es aban ocu iendo
en onces en Eu opa: que la gen e pasaba hamb e, que no encon aba abajo, que
se eía desahuciada sin luga donde cobija se, que e a en iada al ma ade o, que
32. KSA, 6, 365.
33. C. Ba e sby, «‘Behold he Bu oon’. Nie zsche’s Ecce Homo and he Sublime», en Ta e
Pape s 13 (Lond es), Ta e Galle y (p ima e a de 2010).
34. Es a ob a maes a de desublimación del a e, c uce del dadaísmo a la nue a obje i idad, ue
condenada po obscenidad, blas emia e inju ia a las ue zas a madas. Los desnudos de G osz ca ecen
cie amen e de e o ismo: la obscenidad de sus p os i u as e leja la de esos icachones lasci os, que
pegan a sus muje es y ecuen an bu deles mien as en ían a los homb es a las inche as. Y su men-
saje an imili a is a, que alcanza su pun o álgido en la imagen de un C is o c uci icado lle ando una
másca a de gas y unas bo as mili a es, ca ece de oda piedad.
35. KSA, I, 57.
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las bombas a asaban la ie a y los gases óxicos ol ían el ai e i espi able. In-
en ó esponde a oda la locu a o ganizada con una delibe ada locu a insumisa.
En algunos ins an es, con sus ges os p o ocado es, con sus inusi ados modos de
uni elemen os he e ogéneos a in de en a ece la mi ada, ace ó a islumb a
o o modo de es a en el mundo. Cul i ó la i ud iluminado a de esos ex años
encuen os: como el de un loco y un caballo.