IHEMEP^
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
OBEAS
DEL
MISMO
AUTOE
PUBLICADAS
POR
ESTA
CASA
Mi
iaje
al ededo
del
m mdo
.
—
Dos
omos:
Dos
pese as.
El
o igen
de
las
especies
omos:
T es
pese as.
La
exp esión
de
las
emociones
en
el
homb e
xj
en
los
animales
.
—
Dos
omos:
Dos
pese as.
CAELOS
E.
DAEWIN
EL
mm
DEL
HOMBRE
LA
SELECCION
NATURAL
Y
LA
SEXUAL
T aducción
de
A.
López
Whi e
F.
Sempe e
y
Compañía,
Edi o es
Calle
del
Paloma ,
uúm.
10
VALENCIA
Imp.
de
la
Casa
Edi o ial
F.
Sempe e
y
Comp.*—
Valencia
Ca los
R.
Da win
Ca los
Robe o
Da win
nació
el
12
de
Feb e o
de
1809
en
Sh ewsbu y.
En
el
año
1825
en ó
en
la
Uni e sidad
de
Edimbu go,
y
dos
años
después
en
él
colegio
del
San o
C is o,
en
Camb idge.
En
1831
emp endió
á
bo do
áoiBeagle,
buque-
del
Es¬
ado,
un
iaje
que
du ó
cinco
años
y
al
que
debió,
sin
duda,
la
p ime a
concepción
de
su
eo ía
sob e
el
ans o mismo.
Á
su
iaje
se
debió,
ade¬
más
de
una
elación
del
mismo,
un
no abilísimo
abajo
sob e
la
o mación
de
los
a eci es
de
co ales
y
una
in e esan e
monog a ía
de
los
ci-
ópodos,
que
p ueba
el
espí i u
de
obse ación
y
la
o iginalidad
del
alen o
del
na u alis a
inglés.
Resen ida
la
salud
de
Da win
á
causa
de
las
a igas
del
iaje,
á
su
eg eso
alejóse
del
umul o
de
la
capi al
de
Ingla e a,
es ableciéndose
en
su
posesión
de
Down,
ce ca
de
B omley,
sepa ada
de
Lond es
po
una
ho a
de
ía
é ea.
En onces
ué
cuando
uc i ica on
en
su
espí i u
las
ideas
eco--
i
12
CARLOS
R.
DARWIN
ge ,
que
ha
obse ado
du an e
mucho
iempo
el
Cebus
Aza ee
en
su
país
na al,
le
ha
is o
padece
ca a os,
con
sus
o dina ios
sín omas,
y
e minan¬
do,
cuando
con
demasiada
ecuencia
se
epe ían^
po
la
isis.
Es os
monos
su en
ambién
apo¬
plejías,
in lamaciones
y
ca a a as.
Los
emedios
p oducen
en
ellos
los
mismos
e ec os
que
en
el
homb e.
Muchas
especies
de
monos
ienen
un
p o¬
nunciado
gus o
po
el
é,
el
ca é
y
las
bebidas
espi i uosas;
uman
ambién
el
abaco
con
place ,
como
he
enido
ocasión
de
obse a
yo
mismo.
B ehm
asegu a
que
los
habi an es
del
A ica
No ¬
e
o ien al
cazan
los
mand iles
poniendo,
en
los
luga es
que
ecuen an,
asos
con eniendo
una
ce eza
ue e,
con
la
que
se
emb iagan.
Ha
obse ¬
ado
algunos
de
es os
animales
cau i os,
en
es a¬
do
de
emb iaguez,
y
da
un
ela o
cu ioso
de.las
ex añas
ges iculaciones
á
que
se
en egan.
Al
día
siguien e
pa ecen
encon a se
somb íos
y
de
mal¬
humo ,
cogiéndose
la
cabeza
en e
las
manos
y
p esen ando
una
exp esión
las ime a;
se
apa an
con
disgus o
cuando
se
les
o ece
ce eza
ó
ino,
y
sólo
ape ecen
el
jugo
del
limón.-
Es os
hechos,
poco
impo an es,
p ueban
cuán
semejan es
son
los-ne ios
del
gus o
en
el
homb e
y
los
monos,
y
cuán
pa ecidamen e
puede
se
a ec ado
el
sis ema
ne ioso
de
ambos.
In es an
el
cue po
del
homb e
pa ási os
in e ¬
nos,
que
á
eces
p oducen
unes os
e ec os,
y
le
a o men an
pa ási os
ex e nos;
odos
pe enecen
á
los
mismos
géne os
ó
amilias
que
los
que
se
encuen an
en
los
demás
mamí e os.
Los
mismos
p ocedimien os
cu a i os
cica izan
sus
he idas.
En
odos
los
mamí e os,
la
ma cha
en
conjun o
de
la
impo an e
unción
de
la
ep oducción
p e¬
sen a
las
mayo es
simili udes
desde
las
p ime as
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
13
asiduidades
del
macho
has a
el
nacimien o
y
la
c ía
de
la
p ole.
Los
monos
nacen
en
un
es ado
an
débil
como
nues os
p opios
hijos.
El
homb e
di¬
ie e
de
la
muje
po
su
alla,
su
ue za
muscula ,
su
ellosidad,
e c*,
como
ambién
po
su
in eligen¬
cia,
como
sucede
en e
los
dos
sexos
de
muchos
mamí e os.
En
una
palab a,
no
es
posible
nega
la
-
es echa
co espondencia
que
exis e
en e
el
hom¬
b e
y
los
animales
supe io es,
p incipalmen e
los
monos
an opomo os,
an o
en
la
con o mación
gene al
y
la
es uc u a
elemen al
de
los
ejidos,
como
en
la
composición
química
y
la
cons i ución.
Desa ollo
del
emb ión.—EX
homb e
se
des¬
a olla
de
una
ó ula
de
ce ca
de
dos
cen íme os
de
diáme o,
que
no
di ie e
en
ningún
pun o
de
la
que
da
o igen
ú
los
demás
animales.
El
emb ión
humano,
en
un
pe íodo
p ecoz,
puede
á
du as
pe¬
nas
dis ingui se
de
los
o os
miemb os
del
eino
de
los
e eb ados.
En
es e
pe íodo,
las
a e ias
e minan
en
las
amas
a queadas,
como
pa a
lle¬
a
la
sang e
á
b anquias
que
no
exis en
en
los
e eb ados
supe io es,
po
más
que
las
hendidu¬
as
la e ales
del
cuello
pe sis an
ma cando
su
po¬
sición
an e io .
Algo
más
a de,
cuando
se
han
desa ollado
las
ex emidades,
como
hace
no a
el
céleb e
de
Bae ,
«las
pa as
de
los
laga os
y
mamí¬
e os,
las
alas
y
pa as
de
las
a es,
como
las
manos
y
los
pies
del
homb e,
odas
de i an
de
una
mis¬
ma
o ma
undamen al».
«Sólo—dice
el
p o eso
.
Hiixley—en
las
úl imas
ases
del
desa ollo
es
cuando
el
nue o
se
humano
p esen a
di e encias
ma cadas
con
el
jo en
mono,
mien as
es e
úl imo
se
aleja
po
su
ele ación
del
pe o,
an o
como
lo
hace
el
homb e.
Po
ex ao dina ia
que
pa ezca
es a
ase ción,
es á
demos ada
como
e dade a.»
Después
do
es as
ci as
es
inú il
en a
en
más
14
CARLOS
R.
DAR
WIN
de alles
pa a
p oba la
g an
semejanza
que
o ece
el
emb ión
humano
con
el
de
los
o os
mamí e os.
Añadi é,
con
odo,
que
se
pa ece
igualmen e,
po
muchos
pun os
de
su
con o mación,
á
cie as
o ¬
mas
que,
en
es ado
adul o,
son
in e io es.
El
co a¬
zón,
po
ejemplo,
no
es
al
p incipio
sino
un
simple
aso
pulsá il:
e eclúanse
las
deyecciones
po
un
pasaje
cloacal;
el
hueso
coxis
sob esale
como
una
e dade a
cola,
«ex endiéndose
mucho
más
que
las
pie nas
udimen a ias».
Cie as
glándulas,
cono¬
cidas
bajo
el
nomb e
de
cue pos
de
Wol ,
que
exis en
en
los
emb iones
de
odos
los
animales
e eb ados
de
espi ación
aé ea,
co esponden
á
los
iñones
de
los
peces
adul os,
y
uncionan
de
un
n[ odo
semejan e.
Pueden
llega se
á
obse a ,
en
un
pe íodo
emb iona io
más
a anzado,
algu¬
nas
semejanzas
so p enden es
en e
el
homb e
y
los
animales
in e io es.’
Bischo
asegu a
que
á.
ines
del
sép imo
mes,
las
.ci cun oluciones
del
ce eb o
de
un
emb ión
humano
se
p esen an
en
el
mismo
es ado
de
desa ollo
que
en
el
babuino
adul o.
Te mina é
omando
de
hluxley
la
espues¬
a
que
da
á
la
p egun a
de
si
ell omb e
debe
su
o igen
á
una
ma cha
dis in a
de
la
que
p esen a
el
o igen
del
pe o,
del
a e,
de
la
ana
ó
del
pez:
«Es
incon es able
que
el
modo
de
o igen
y
las
p i¬
me as
ases
del
desa ollo
humano,
son
idén icas
á
las
de
los
animales
que
ocupan
los
g ados
in¬
media amen e
in e io es
á-él
en
la
se ie
zoológica,
y
que,
bajo
es e
pun o
de
is a,
es á
nucho
más
ce ca
de
los
monos
que
és os
lo
es án'del
pe o.»'
Rudimen os
.—No
se
pod ía
encon a
un
solo
animal
supe io
que
no
p esen ase
alguna
pa e
en
un
es ado
udimen a io,
y
es a
egla
no
hace
ex¬
cepción
alguna
á
a o
del
homb e.
Deben
dis in¬
gui se,
lo
que
no
es
siemp e
ácil
en
cie os
casos.
EL
OniGBN
DEL
HOMBRE
15
los
Ó ganos
udimen a ios
de
los
que
sólo
se
en
en
es ado
nacien e.
Los
p ime os
son
absolu a¬
men e
inú iles,
como
las
mamas
de
los
cuad úpe¬
dos
machos,
ó
los
incisi os
de
los
umian es,
que
no
llegan
á
a a esa
la
encía,
ó
p es an
an
lige¬
os
se icios
á
sus
poseso es
ac uales,
que
no
podemos
supone
de
ningún
modo
que
se
hayan
desa ollado
en
las
condiciones
con
que
hoy
exis¬
en.
Los,
ó ganos,
en
es e
úl imo
es ado,
no
pue-i
den
llama se
es ic amen e
udimen a ios,
pe o,
ienden
á
se lo.
Los
ó ganos
udimen a ios
son
eminen emen e
a iables,
hecho
que
ácilmen e
se
comp ende,
ya
que
siendo
inú iles,
ó
pdco
menos,
no
es án
somé idos
á
la
acción
de
la
selección
na u al.
A
menudo
desapa ecen
po
comple o;
con
odo,
cuando
así
sucede,
pueden
ocasional¬
men e
eapa ece
po
e e sión,
hecho
que
me¬
ece
una
a ención
especial.
;^^Los
p incipales
agen es
que
pa ecen
p o oca
el
es ado
udimen a io
en
los
ó ganos
son
la
al a
de
uso.;'
Sob e
muchos
pun os
del
cue po
humano
se
han
obse ado
udimen os
de
músculos
di e sos:
los
hay
en e
ellos
que,
exis iendo
egula men e
en
algunos
animales
in e io es,
pueden,
ocasional¬
men e,
ol e se
á
encon a-
en
es ado
mu,y
edu¬
cido
en
el
homb e.
Conocido
es
po
odos
la
ap i¬
ud
que
ienen
muchos
animales,
y
especialmen e
el
caballo,
pa a
mo e
cie as
pa es
de
la
piel,
po
la
con acción
del
panículo
muscula .
Se
en¬
cuen an
es os
de
es e
músculo
en
es ado
de
ac¬
i idad
en
algunos
pun os
del
cue po
humano:
en
la
en e,
po
ejemplo,
donde
hace
pes añea .
Los
músculos
que
si en
pa a
mo e
el
apa a o
ex e no
del
oído
y
los
músculos
especiales
que
de e minan
los
mo imien os
de
las
dis in as
pa -
16
CARLOS
R.
DARWIN
es
pe enecien es
al
sis ema
paniculoso,
se
p e¬
sen an
en
es ado
udimen a io
en
el
homb e.
En
su
desa ollo,
ó
á
lo
menos
en
sus
unciones,
p e¬
sen an
a iaciones
ecuen es.
He
enido
ocasión
de
e
un
indi iduo
que
podía
mo e
hacia
ade¬
lan e
las
o ejas,
y
o o
que
podía
e i a las
hacia
a ás.
La
acul ad
de
ende eza
las
o ejas
y
di i¬
gi las
en
dis in os
sen idos,
p es a
indudablemen¬
e
g andes
se icios
á
muchos
animales,
que
pue¬
den
así
conoce
el
pun o
de
pelig o,
pe o
nunca
he
oído
habla
do
homb e
alguno
que
u iese
la
meno
ap i ud
á
ende eza las
o ejas,
único
mo i¬
mien o
que
le
pudie a
se
ú il.
Toda
la
pa e
ex¬
e na
de
la
o eja,
en
o ma
de
concha,
puede
se
conside ada
como
un
udimen o,
la
p opio
que
los
di e sos
epliegues
que
en
los
animales
in e¬
io es
sos ienen
y
e ue zan
la
o eja,
cuando
es á
iesa,
sin
aumen a
en
mucho
su
peso/Las
o ejas
de
los
chimpancés
y
o angu anes
son
singula ¬
men e
pa ecidas
á
las
del
homb e,
y
los
gua dia¬
nes
del
Zoolical
Ga dens
me
han
asegu ado
que
es os
animales
no
las
mue en
ni
las
ende ezan
nunca;
es án,
po
lo
an o,
conside adas,
como
á
unción,
en
el
mismo
es ado
udimen a io
que
en
el
homb e./No
sabemos
deci
po
qué
es os
ani¬
males,
como
los
an epasados
del
homb e,
han
pe ¬
dido
la
acul ad
de
ende eza
las
o ejas.
Es
posi¬
ble,aunque
es a
idea
no
me
sa is ace
po
comple o,
que
poco
expues os
al
pelig o,
en
consecuencia
de
su
cos umb e
de
i i
en
los
á boles,
y
de
su
ue ¬
za,
hayan
mo ido
con
poca
ecuencia
las
o ejas
du an e
un
la go
pe íodo,
pe diendo
así
la
acul¬
ad
de
hace lo.
Es e
hecho
se ía
semejan e
al
que
o ecen
las
a es
g andes
y
de
paso
que
habi ando
las
islas
oceánicas,
donde
no
es aban
expues as
á
los
a aques
de
los
animales
ca nice os,
han
pe -
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
17
dido,
consiguien emen e,
el
pode
de
se i se
de
sus
alas
pa a
hui .
Exis e
muy
desa ollado
en
los
ojos
de
los
pája os
un
e ce
pá pado,
colocado
en
el
ángulo
in e no
que,
po
medio
de
músculos
acceso ios,
pueden
subi
ápidamen e
la
pa e
delan e a
del
ojo.
El
mismo
pá pado
se
encuen a
en
algunos
ep iles
y
an ibios,
y
en
algunos
peces,
como
el
ibu ón.
Se
le
e
ambién,
bas an e
desa ollado,
en
las
dos
di isiones
in e io es
de
la
se ie
de
los
mamí e os,
los
mono emos
y
los
ma supiales,
y
en
algunas
más
ele adas.
En
el
homb e,
los
cua¬
d úpedos
y
mamí e os
es an es,
exis e,
como
admi en
odos
los
ana omis as,'bajo
la
o ma
de
un
simple
udimen o,
el
pliegue
semiluna .
El
sen ido
del
ol a o
iene
una
g an
impo an¬
cia
pa a
la
mayo
pa e
de
los
mamí e os,
ya
ad¬
ie a
á
unos
.el
pelig o,
como
en
los
umian es;
ya
pe mi a
á
o os
descub i
su
p esa,
como
en
los
ca ní o os;
ya
si a
pa a
los
obje os,
como
en
el
jabalí.
Pe o
son
pocos
los
se icios
que
p es a
aun
á
los
sal ajes,
en e
los
que
es á
más
desa o¬
llado
gene almen e
que
en e
las
azas
más
ci ili¬
zadas.
Ni
les
ad ie e
el
pelig o
ni
les
guía
hacia
su
sus en o;
no
impide
á
los
esquimales
do mi
en
una
a mós e a
dedas
más
é idas,
ni
á
muchos
sal¬
ajes
come
la
ca ne
medio
pod ida.
Los
que
c een
en
el
p incipio
de
la
e olución
g adual
no
admi i án
ácilmen e
que
es e
sen ido,
al
como
exis e
hoy,
ha
sido
adqui ido
en
su
es ado
ac ual
o igina iamen e
po
el
homb e.
Sin
duda
ha
he e¬
dado
es a
acul ad
debili ada
y
udimen a ia
de
algún
an eceso
an iquísimo
á
quien
e a
ú il,
y
que
de
ella
hacía
con inuo
uso.
Es o
nos
pe mi e
comp ende
po
qué,
como
jus amen e
obse a
Maudsley,
en
el
homb e
el
sen ido
del
ol a o
es á
2
18
CARLOS
R.^DARWIN
«no ablemen e
suje o
á
eco da
i amen e
la
idea
y
la
imagen
de
las
escenas
y
de
los
si ios
ol ida¬
dos»;
po que
en
los
animales
que
ienen
es e
mis¬
mo
sen ido
muy
desa ollado,
como
los
pe os
y
los
caballos,
emos
ambién
una
asociación
muy
ma cada
en e
an iguos
ecue dos
de
luga es
y
de
pe sonas
y
en e
su
olo .
El
homb e
di ie e
no ablemen e
po
su
desnu¬
dez
de
od'os
los
demás
p ima es.
Algunos
p’elos,
co os.y
espa cidos,
se
encuen an,
con
odo,
sob e
la
mayo
pa e
del
cue po
en
el
sexo
mas¬
culino,
y
ese
sob e
el
del
o o
sexo
un
inísimo
bozo.
No
puede
cabe
duda
alguna
en
que
los
pelos
despa amados
po
el
cue po
sean
udimen¬
os
del
e es imien o
elloso
uni o me
de
loS'ani¬
males
in e io es.
Con i ma
la
p obabilidad
de
es a
opinión
el
hecho
de
que
el
ello
co o
puede
oca¬
sionalmen e
ans o ma se
en
«pelos
la gos,
uni¬
dos
más
bas ós
y
obscu os»
cuando
es á
some ido
á
una
nu ición
auo mal,
debida
á
su
si uación
en
la
p oximidad
de
supe icies
que
^ean
desde
mucho
iempo
asien o
de
una
in lamación.
El
ino
bozo
lanudo
de
que
es á
cubie o
el
e o
humano
en
el
sex o
mes,
p esen a
un
caso
más
cu ioso.
En
el
quin o
mes
se
desa olla
en
las
cejas
y
la
ca a,
p incipalmen e
en
o no
de
la
boca,
donde
es
mucho
más
la go
que
sob e
la
la
cabeza.
Esch ich
ha
obse ado
es o
úl imo
en
un
e o
hemb a,
ci cuns ancia
menos
so p enden¬
e
de
lo
que
á
p ime a
is a
pa ece,
{ o que
los
dos
sexos
se
pa ecen
gene almen e
pp
odos
los
c’a ac e es
ex e io es
du an e
las
p ime as
ases
de
la
e olución.
Lo
di ección
y
colocación
de
los
pelos
en
el
cue po
del
e o
son
los
mismos
que
en
el
adul o,
pe o
es án
suje os
á
una
g an
a iabili¬
dad.
La
supe icie
en e a,
comp endiendo'has a
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
19
lá
en e
y
las
o ejas,
es á
cubie a
de
es e
modo
de
un
espeso
e es imien o,
pe o
es
un
hecho
signi ica i o
el
que
las.
paUnnas
de
las
manos
y
las
plan as
de
los
pies
quedan
comple amen e
des¬
p o is as
de
pelo,
como
las
pa es
an e io es
de
las
cua o
ex emidades
en
la
mayo
pa e
de
los
animales
in e io es.No
pudiendo
se
acciden al
al
coincidencia,
hemos
de
conside a
la
cubie a
e¬
llosa
del
emb ión
como
un
ep esen an e
udi¬
men a io
de
la
p ime a
cubie a
de
pelos,
pe ma¬
nen e
en
los
animales
que
nacen
ellosos.
Es a
explicación
es
mucho
más
Comple a
y
más
con¬
o me
con
la
ley
habi ual
del
desa ollo
emb io¬
na io
que
la
que
se
ha
basado
en
los
a os
pelos
diseminados
que
se
encuen an
sob e
el
cue po
;
de
los
adul os.
;
,
Pa ece
que
las
muelas
más
pos e io es
ienden
á
con e i se
en
udimen a ias
en
las
aí:,as
hu¬
manas
más
ci ilizadas.
Son
más
pequeñas
que
.
las
demás
muelas,
caso
igual
al
que
o ecen
las
muelas
co espondien es
del
chimpancé
y
el
o an¬
gu án,
y
sólo
ienen
dos
aíces
dis in as.
No
a a¬
iesan
la
encía
an es
de
los
diez
y
sie e
años,
y
me
han
asegu ado
que
son
suscep ibles
de
c ia se
más
p on o
que
los
demás
dien es,
cosa
que
al¬
gunos
niegan.
En
lo
conce nien e
al
ubo
diges i o,
sólo
he
encon ado
un
caso
de
un
simple
udimen o:
el
.
apéndice
e mi o me
coecum.'
.
En
los
cuád umanós
y
algunos
o os
ó denes
de
mamí e os,
sob e
odo
en
los
ca ní o os,
exis e
ce ca
de
la
ex emidad
in e io
del
húme o
una
abe u a
sup acondjloidea,
á
a és
de
la
que
pasa
el
g an
ne io
del
miemb o
an e io
y
á
me¬
nudo
^u
a e ia
p incipal.
Aho. a
bien;
con o me
ha
demos ado
el
doc o
S u he s
y
o os,
exis-
20
CARLOS
R.
DARWIN
en
en
el
húme o
del
homb e
es igios
de
es ^e
pasaje,
que
llega
á
es a
algunas
eces
bien
des¬
a ollado
y
o mado
po
una
apó isis
enco ada
y
comple ada
po
un
ligamen o.
Cuando
se
p esen¬
a,
el
ne io
del
b azo
lo
a a iesa
siemp e,
lo
cual
indica
e iden emen e
que
es
el
homólogo
y
el
udimen o
del
o i icio
sup acondiloideo
de
los
animales
in e io es.
El
p o eso
Tu ne
calcula
que
es o
caso
se
obse a
en
ce ca
de
1
po
lÓO
de
los
esquele os
ac uales.
Hay
o a
pe o ación
del
húme o,
que-se
puede
llama
la
in e condiloidea,
que
se
obse a
en
dis¬
in os
géne os
de
an opoideos
y
o os
monos,
y
se
p esen a
algunas
eces
en
el
homb e.
Es
no a¬
ble
que
es e
pasaje
pa ece
habe
exis ido
mucho
más
ecuen emen e
en
los
iempos
pasados
que
en
los
ecien es.
En
muchos
casos
las
azas
an iguas
p esen an
á
menudo,
en
cie as
con o maciones,
mayo es
semejanzas
con
las
de
los
animales
más
in e io es
que
las
azas
mode nas,
lo
cual
es
in e esan e.
Una
de
las
causas
p incipales
de
ello,
puede
se
la
de
que
las
azas
an iguas,
en
la
la ga
línea
de
la
descendencia,
se
encuen an
algo
más
p óxi¬
mas
que
las
mode nas
de
sus
an eceso es
p imo ¬
diales,
menos
dis in os
de
los
animales
po
su
con o mación.-
Aunque
no
uncionando
en
ningún
modo
como
cola,
el
coxis
del
homb e
ep esen a
cla amen e
es a
pa e
e e
los
demás
aninqales
e eb ados.
En
el
p ime
pe íodo
emb iona io,
es
lib e,
y
como
hemos
is o,
excede
las
ex emidades
pos e io es.
En
cie os
casos
a os
y
anómalos,
según
I.
Geo -
oy
Sain -Hilai e
y
o os,
sábese
que
ha
alcanza¬
do
á
o ma
un
pequeño
udimen o
ex e no
de
cola.
El
hueso
coxis
es
co o,
no
comp endiendo
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
21
o dina iamen e
más
que
cua o
é eb as
que
se
o ecen
en
es ado
udimen a io,
ya
que,
excep¬
uando
la
de
la
base,
únicamen e
p esen a
la
pa e
cen al
sola.
Poseen
sólo
algunos^
pequeños
mús¬
culos,
uno
de
los
cuales,
según
me
ha
indicado
el
p o eso
Tu ne ,
ha
sido
desc i o
po
Thelle
como
una
epe ición
udimen a ia
del
ex enso
déla
cola,
an
ma cadamen e
desa ollado
en
muchos
mamí e os.
En
el
homb e,
la
médula
espinal
no
se
ex ien¬
de
más
allá
de
la
úl ima
é eb a
do sal
ó
de
la
p ime a
lumba ,
pe o
un
cue po
ilamen oso
( ilum
e mínale)
se
con inúa
en
el
eje
de
las
sa¬
c as
y
aun
po
lo
la go
de
la
pa e
pos e io
de
la
secpión
caudal
ó
egión
coxígea
del
espinazo.
La
pa e
supe io
de
es e
ilamen o,
según
Tu ne ,
es,
sin
duda
alguna,
el
homólogo
del
co dón
espinal,
pe o
la
pa e
in e io
es á
apa en emen e
o mada
an
sólo
po
la
memb ana
ascula
que
la
odea.
Aun
en
es e
caso,
el
coxis
puede
conside a se
como
poseyendo
un
es igio
de
una
con o mación
an
impo an e
como
lo
es
la
de
su
co dón
espinal,
aunque
ya
sólo
es é
con enido
en
un
canal
hueso¬
so.
El
hecho
siguien e,
que
me
ha
dado
á
conoce
ambién
Tu ne ,
p ueba
cla amen e
que
el
coxis
co esponde
á
la
e dade a
cola
de
los
animales
in e io es:
Luschka
ha
descubie o
ecien emen e,
en
la
ex emidad
de
la
pa e
coxígea,
uq
cue po
muy
pa icula ,
a ollado,
con inuo
con
la
a e ia
sac a
mediana.
Es e
descub imien o
ha
inducido
á
K ause
y
á
Meye
á
examina
la
cola
de
un
mono
(macaco)
y
la
de
un
ga o,
y
han
encon ado
en
ambas,
aunque
no
en
la
ex emidad,
un
cue po
a ollado
semejan e.
El
sis ema
de
ep oducción
o ece
di e sas
es¬
uc u as
udimen a ias,
pe o
que
di ie en
de
los
28
CARLOS
R.
DARWIN
ac os
de
memo ia,
p e isión
é
imaginación
con
o os
muy
pa ecidos,
e ec uados
ins in i amen e'
po
animales
in e io es;
en
es e
úl imo
caso,
la
ap i ud
pa a
ealiza
es os
ac os
hab á
sido
adqui¬
ida
poco
á
poco
po
la
a iabilidad
de
los
ó ga-'
nos
men ales
y
la
selección
na u al,
sin
que
haya
con ibuido
á
ello
ninguna
conciencia
in eligen e
del
animal
en
cada
gene ación.
'^No
cabe
duda
íilguna,
como
lo
indicó
Wallace,
en
que
una
g an
pa e
del
abajo
in eligen e
e ec uado
po
el
hom¬
b e,
se
debe
á
la
imi ación
y
no
á
la
azón;/
pe o
hay
en e
sus
ac os
y
los
de
los
animales
in e io¬
es
la
g an
di e encia
de
que
el
homb e'no
puede,
con
sus
solos
hábi os
de
imi ación,
hace
de
una
ez.
po
ejemplo,
un
hacha
de
pied a
ó
una
pi a-
gua:
es
p eciso
que
ap enda
á
ejecu a
su
ob a
po
la
p ác ica;
en
cambio,
un
cas o
puede
cons¬
ui
s
dique
á
un
canal,
y
un
a e
su
nido,
an
pe ec amen e
la
p ime a
ez
que
lo
in en a
como
en
su
edad
más
a anzada.
Vol iendo
á
nues o
p incipal
obje o;
los
ani¬
males
in e io es,
lo
p opio
que
el
homb e,
sien en
e iden emen e
el
place
y
el
dolo ,
la
dicha
y
la
des en u a.
Se ía
imposible
encon a
una
exp e¬
sión
más
apa en e
de
gozo
que
la
que
p esen an
los
pe os,
ga os
y
o os
animales
en
su
in ancia,
cuando,
como
nues os
niños,
juegan
en e
sí.
Has a
los
mismos
insec os
pa ecen
goza ,
como
lo
ha
desc i o
P.
Hube ,
quien
ha
is o
agasaja se
mu uamen e
las
ho migas
como
los
pe os
en
sus
p ime os
meses.
#
Tan
conocido
me
pa ece
el
hecho
de
que
los
animales
pueden
se
exci ados
po
las
mismas
emociones
que
noso os,
que
no
quie o
impo u¬
na
sob e
es e
pun o
á
mis
lec o es
con
nume o¬
sos
de alles.
Ob a
sob e
ellos
el
e o
como
sob e
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
29
noso os:
causa
en
ambos
emblo
en
los
múscu-
jos,
palpi aciones
en
el
co azón,
una
elajación
en
Jos
es ín e es
y
el
e izamien o
de
los
pelos.
La
descon ianza,
p oduc o
del
miedo,
ca ac e iza
emi-
Jjen emen e
á
los
anipiales
sal ajes.
Las
cualida¬
des
de
alo
ó
de
imidez
son
ex emadamen e
a iables
en
los
indi iduos
de
la
misma
especie,
como
cla amen e
se
no a
en
nues os
pe os.
To¬
dos
sabemos
cuán
suje os
es án
los
animales
á
oncole iza se
u iosamen e,
mani es ándolo
cla a¬
men e.
Nume osas
anécdo as
se
han
publicado
sob e
las
enganzas
hábiles
y
muchas
eces
apla¬
zadas
mucho
iempo
po
los.animales.
La
amis¬
ad
del
pe o
con
su
dueño
es
no o ia;
básele
^is o.aca icia le
du an e
su
agonía.
Como
ace a¬
damen e
hace
no a
Whewell,
«cuando
se
leen
djemplos
conmo edo es
de
amo
ma e nal,
que
Jan
á
menudo
se
cuen an
de
muje es
de
odas
las
naciones
y
hemb as
de
odos
los
animales>,
¿ iuién
puede
duda
de
que
el
mó il
que
á
ambos
impulse
no
sea
el
mismo
en
los
dos
casos?
El
amo
ma e nal
se
mani ies a
has a
en
los
de alles
más
insigni ican es.
Rengge
ha
is o
un
mono
ame icano
(Cebus)
ahuyen a
con
cuidado
las
moscas
que
a o men aban
á
su
cacho o.
Du-
ancel
ió
un
hiloba os
que
la aba
la
ca a
de
los
suyo.s
en
un
a oyo;
las
hemb as
de
los
monos
expe imen an
al
is eza
cuando
pie den
sus
ca¬
cho os,
que
B ehm
ha
is o
(en
algunas
especies
iue
ha
obse ado
cau i as
en
el
A ica
del
No e)
mo i
á
consecuencia
del
dolo .
Los
monos
hué -
mnos
son
siemp e
adop ados
y
gua dados
cuida-'
desámen e
po
los
o os
monos,
an o
machos
como
hemb as.
Una
hemb a
de
babuino,
no able
po
su
buen
co azón,
no
sólo
adop aba
á
los
pe-
ideños
monos
de
o as
especies,
sino
que
ex en-
30
CARLOS
R.
DARWIN
día
su
conduc a
has a
los
pe os
y
ga os
de
poca
edad.
No
llegaba,
con
odo,
su
e nu a
á
pa i
con
ellos.su
alimen o,
cosa
que
so p endió
á
B ehm,
ya
que
es os
monos
lo
epa en
lealmen e
odo
en e
sus
p opios
cacho os.
A añado
po
un
ga i o
el
mono
que
lo
había
adop ado,
és e,
so p endido,
dio
una
p ueba
de
in eligencia
co ¬
ándole
las
uñas
con
los
dien es.
Algunos
monoá
de
B ehm
gozaban
incomodando,
po
oda
clase
dé
medios
ingeniosos,
á
un
pe o
iejo
que
de es¬
aban,
lo
p opio
que
á
o os
animales.
La
mayo
pa e
de
las
emociones
más
comple¬
jas
sOn
comunes
á
los
animales
supe io es
y
al
homb e.
Todos
hemos,
is o
cuán
celoso
es
el
pe o
del
ca iño
de
su
dueño,
cuando
es e
úl imo
aca icia
algún
o o
se ;
yo
he
obse ado
el
mismo
hecho
eú e
los
monos.
Es o
p ueba'que
los
ani¬
males,
no
sólo
aman,
sino
que
ambién
desean
se
amados.
Sin
duda
expe imen an
el
sen i¬
mien o
de
la
emulación.
Gus an
de
la
ap obación
y
la
lisonja,
y
un
pe o
á
quien
su
amo
hace
lle¬
a
la
ces a
manihes a
un
al o
g ado
de
o gullo‘y
sa is acción.
A
mi
en ende ,^
n'o
es
dudoso
que
-el
pe o
sien a
e güenza,
dis in a
del
miedo,
y
algún
sen imien o
ce cano
á
la
modes ia,
cuando
mendiga
su
comida
demasiado
á
menudo.
Un
pe o
g ande
esponde
con
el
desp ecio
al
g u-
ñ.ido
del
gozquecillo;
podíamos
llama
á
es e
ac o
magnanimidad.
Muchos
obse ado es
han
a es i¬
guado
que
á
los
monos
no
les
gús a
de
ningún
modo
el
que
se
bu len
de
ellos,
y
á
menudo
supo¬
nen
o énsas
imagina ias,
de
las
que
se
i i an.
Pasemos
aho a
á
las
acul ades
y
emociones
más
in elec uales,
que
.ienen
una
g an
impo an¬
cia,
ya
que
cons i uyen
las
bases
del
desa ólle
de
jas
ap i udes
men ales
más
ele adas.
Los
aiii-
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
31
^ales
mani ies an
muy
e iden emen e
que
dis u¬
an
en
la
exci ación
y
su en
en
el
as idio;
así
se
obse a
en
los
pe os,
y
según
Rengge ,
en
los
iconos.
Todosjos
animales
expe imen an
la
so ¬
p esa
y
muchos
dan
p uebas
de
cu iosidad.
Es a
úl ima
ap i ud
les
es
algunas
eces-
pe judicial,
como
cuando
el
cazado
les
dis ae
con
ampan¬
ojos.
Yo
lo
he
obse ado
en
el
cie o.
Lo
mismo
pasa
con
el
eceloso
gamo
y
algunas
especies
de
pa os
sal ajes.
B ehm
hace
una
cu iosa
el-oción
del
e o
ins in i o
que
se
apode a
de
sus
monos
^•la
is a
délas
se pien es;
con
odo,
su
cu iosidad
€ a
an a,
que
no
podían
con ene se
y
se
asegu a¬
ban
de
la
e dad
de
su
ho o
de
una
mane a
muy
humana,
le an ando
la
apa
de
la
caja
que
ence-
í' aba
las
se pien es.
So p endido
yo
po
es e
e¬
a o,
quis^
con ence me
po
mí
mismo
de
su
e¬
acidad
y
anspo é
una
se pien e
disecada
al
Ce cado
de
los
monos
del
Zoological
Ga dens,eni e
os
que
p o ocó
una
e e escencia,
cuyo
espec¬
áculo
ué
uno
de
los
más
cu iosos
que
haya
p e¬
senciado
nunca.
Los
más
ala mados
ue on
es
especies
de
ce copi ecos,
que
se
e ugia on
ápi¬
damen e
en
sus
jaulas,
dando
con
sus
agudos
chillidos
ad e encias
del
pelig o,
que
ue on
com¬
p endidas
po
los
demás
monos.
Algunos
jó ónes
y
un. iejo
anubis
no
pusie on
ninguna
a ención
en
la
se pien e.,En onces
yo
coloqué
la
se pien e
henchida
despaja
den o
de
uno
de
los
g andes
compa ináen os.
Al
cabo
de
algún
a o,
odos
los
Iconos
se
habían
eunido,
o mando*
ap e ado
cí culo,
al ededo
del
obje o
que
mi aban
ñja-
nen e,
p esen ando
el'
aspec o
más
cómico
que
imagina se
pueda.
Pues os
ex emadamen e
ne ¬
iosos,
un
lige o
mo imien o
eomuíiicado
á
una
bola
de
made a,
medio
escondida
en e
la
paje,
y
32
CARLOS
R.
DARWJN
que
les
e a
amilia ,
ya
que
les
se ía
de
jugue e
habi ual,
les
puso
ins an áneamen e
en
p ecipi a¬
da
uga.
Es os
monos
se
conducían
de
un
modo
comple amen e
dis in o
cuando
se
in oducía
en
sus
jaulas
un
pescado
mue o,
un
a ón
ú
o os
obje os
nue os:
en
al
caso,
aunque
asus ados
en
el
p ime
momen o,
no
a daban
mucho
en
ap o¬
xima se
á
ellos
pa a
examina los
y
manosea los.
En
seguida
me í
una
se pien e
i a
den o
de
un
saco
de
papel
mal
ce ado
y
lo
deposi é
en
uno
de
los
mayo es
compa imen os.
Una
de
las
mo¬
nas
se
ace có
inmedia amen e
al
saco,
le
ab ió
un
poco
con
cuidado,
echó
una
ápida
mi ada
en
su
in e io
y
se
escapó
elozmen e.
.En onces. ui
es¬
igo
de
lo
que
desc ibe
B ehm,
po que
odos,
unos
en
pos
de
o os,
al a
la
cabeza
y
ecelosamen e
inclinada
á
un
lado,
no
pudie on
esis i
á
la
en¬
ación
de
e
el
in e io
del
saco,
en
cuyo
ondo
pe manecía
anquilamen e
la
se pien e.
El
p incipio'
de
imi ación
es
pode oso
en
el
homb e,
sob e
odo
en
su
es ado
sal aje^
Deso
hace
no a
que
ningún
animal
imi a
olun a ia¬
men e
un
ac o
e ec uado
po
el
homb e,
has a
que
emon ando
la
escala
zoológica
se
encuen a
á
los
monos,
ciiyas
disposiciones
y
acul ades
de
cómi¬
ca
imi ación
son
de
odos
conocidas.
A
pesa
de
ello,
los
animales
pueden
emeda
unos
á
o os;
especies
de
lobos
que
habían
sido
c iados
po
los
pe os,
habían
ap endido
á
lad a ,
como
á
eces
sucede
con
el
chacal;
al a
sabe
si
aquel
ac o
puede
llama se
de
imi ación
olun a ia.
Las
a es
imi an
el
can o
de
sus
ascendien es
y
á
menudo
el
de
o as
a es,
y
los
lo os
son
no o iamen e,
imi ado es
de
odos
los
sonidos
que
oyen
con
ecuencia.
^.Casi
no
hay
acul ad
más
impo an e
pa a
el
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
p og eso
in elec ual
del
homb e
que
la
de
la
a en-
íón.
Es a
se
mani es a
cla amen e
en e
los
ani¬
males,
com,o
cuando
un
pe o
acecha
ce ca
de
un
aguje o
pa a
a oja se
sob e
su
p esa.
Los
anima¬
les
sal ajes,
cuando
se
ponen
en
acecho,
llegan
á
es a
an
abso os
en
su
a ención,
que
cualquie a
se
puede
ace ca
impunemen e
ó
ellos.
M.
Ba ell
me
ha
p opo cionado
una
cu iosa
p ueba
de
la
a iabilidad
de
es a
acul ad
en
los
monos.
Un
indi iduo
que
adies aba
monos
pa a
exhibi los,
enía
la
cos umb e
de
comp a
á
la
Sociedad
Zoo¬
lógica
cuad umanos
de
especies
comunes
de
125
ancos
uno;
pe o
o ecía
doble
p ecio
si
le
pe ¬
mi ían
lle a se
es
ó
cua o
po
algunos
días,pa a
escoge
de
en e
ellos.
In e ogado
sob e
el
hecho
de
pode
ap ecia
en
an
poco
iempo
las
acul a¬
des
imi a i as
de
un
mono,
con es ó
que
es o
de¬
pendía
en e amen e
de
su
ue za
de
a ención.
Si
mien as
explicaba
algo
á
un
mono,
és e
se
dis¬
aía
ácilmen e
con
una
mosca
ó
cualquie
o o
obje o,
e a
p eciso
enuncia
á
adies a lo.
Si
a¬
aba
de
hace lo
á
pesa
de
ello,
cas igando
las
al as
de
a ención,
sacaba
peo
esul ado.
Y
al
con a io,
siemp e
log aba
hace
un
cómico
ac o
del
mono
que
es aba
a en o
á
sus
lecciones.
Casi
es
supe ino
eco da
que
los
animales
es án
do ados,
con
elación
á
las
pe sonas
y
los
luga es,
de
una
excelen e
memo ia.
En
el
cabo
de
.
Buena
Espe anza,
si
A«d ew
Smi h
me
asegu a
que
un
babuino
lo
había
econocido
aleg emen e
después
de
una
ausencia
de
nue e
meses.
Yo
po¬
seo
un
pe o
muy
a isco
y
que
mues a
a e sión
po
oda
pe sona
desconocida;
exp esamen e
puse
á
p ueba
su
memo ia
después
de
es a
cinco
años
y
dos
días
ausen e
de
su
is a.
Me
ace qué
á
la
cuad a
en
que
se
encon aba
y
le
llamé
según
mi
3
34
CARLOS
R.
DARWIN
an igua
cos umb e;
el
pe o
no
mani es ó
nin¬
guna
aleg ía
uidosa,
pe o
me
siguió
inmedia a¬
men e,
obedeciéndome,
como
si
le
hubiese
de¬
jado
quince
minu os
an es.
Po
lo
an o,
habíanse
ins an áneamen e
despe ado
en
su
espí i u
una
se ie
de
an iguas
asociaciones
do midas
du an e
cinco
años.
P.
Hube
ha
ap obado
cla amen e
que
las
ho migas
pueden,
después
de
una
sepa ación
de
cua o
meses,
econoce
á
sus
cama adas
de
la
misma
comunidad.
Sin
duda
los,
animales
ap e¬
cia án
po
algunos
medios
los
in e alos
de
iem¬
po
pasados
en e
sucesos
que
se
ep esen a ^
Una
de
las
más
ele adas
p eiToga i as
del
homb e
es
la
imaginación,
acul ad
po
la
cual
eúne,
sin
media ’
la
olún ad,
an iguas
imágenes
é
ideas,
c eando
de
es e
modo
esul ados
b illan¬
es
y
nue os,
como
lo
hace
no a
Juan
Pablo
Rich e :
«Un
poe a
que
ha
de
e lexiona
si
ha á
deci
si
ó
o
á
un
pe sonaje,
áyase
al
diablo;.es
sólo
un
es iipido.»
El
sueño
nos
da
la
mejo
no¬
ción
de
es a
acul ad,
y
como
dice
ambién
el
mismo
poe a,
«el
sueño
es
un
a e
poé ico
in o¬
lun a io».
El
alo
de
las
c eaciones
de
nues a
imaginación
depende,
excusado
es
deci lo,
del
n íme ’o,
de
la
p ecisión
y
de
la
lucidez
de
nues¬
as
imp esiones,
del
juicio
ó
del
gus o
bajo
que
admi imos
ó
desechamos
las
combinaciones
in¬
olun a ias,
y
has a
cie o
pun o,
de
nues o
pode
en
combina las
in olun a -iamen e.
Como
los
pe ’os,
ga os,
caballos,
p obablemen e
odos
los
animales
supe io es,
y
aun
las
a es,
es án
suje as
á
ene
ensueños,
como
lo
han
e iden¬
ciado
au o es
de
oda
con ianza
y
con o me
lo
p ueban
sus
mo imien os
y
g i os,
debemos
c ee
que
es án
do ados
ambién
de
alguna
ue za
de
imaginación.
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
35
Es
cosa
admi ida
que
la
azón
se
encuen a
en
laxiúspide
de
odas
las
acul ades
del
espí i u
hu¬
mano,
Pocas
pe sonas
dudan
de
que
los
animales
poseen
alguna
ap i ud
pa a
el
aciocinio.
Véseles
cons an emen e
hace
pausas,
delibe a
y
esol¬
e .
El
hecho
de
que
cuan o
mejo
conoce
el
na u¬
alis a
po
el
es udio
de
las
cos umb es
de
un
animal
de e minado,
mayo
impo ancia
da
al
a¬
ciocinio
que
al
ins in o
de
és e,
es
po
demás
sig¬
ni ica i o.
En
su
ob a
sob e
el
Ma
pola
abie o,
el
doc o
Rayes
hace
no a
muchas
eces
que
sus
pe os,
emolcando
los
ineos,
en
ez
de
con i¬
nua
ma chando
unidos
en
masa
compac a,
cuan¬
do
llegaban
á
co e
sob e
una
capa
de
hielo
de
poco
espeso ,
se
sepa aban
unos
de
o os
pa a
epa i
su
peso
sob e
una
supe icie
más
ex ensa.
Es a
e a
á
menudo
pa a
los
iaje os
la
única
ad¬
e encia
de
que
disminuyendo
la
p o undidad
del
hielo,
e a
la
ma cha
más
pelig osa.
Aho a
bien;
los
pe os,
¿ob aban
de
al
modo
á
consecuencid
de
su
expe iencia
indi idual,
ó
imi aban
el
ejem¬
plo
de
o os
más
expe imen ados,
ó
lo
hacían
en
i ud
de
un
hábi o
he edi a io,
es
deci ,
de
un
ins in o?
Tal
ez
es e
ins in o
se
emon a ía
á
la
época,
ya
an igua,
en
que
los
na u ales
empeza on
á
emplea
pe os
pa a
a as a
sus
ineos;
am¬
bién
los
lobos
á icos,
onco
del
pe o
esquimal,
pueden
habe
adqui ido
es e
ins in o
que
les
guiaba
á
no
a aca
en
masas
ap e adas
sob e
las
capas
delgadas
de
hielo.
Con
odo,
es
di ícil
esol¬
e
p oblemas
de
es e
géne o.
En
di e sas
ob as
se
han
ecogido
an os
da os
p obando
que
hay
algún
g ado
de
aciocinio
en
los
animales,
que
me
limi a é
aquí
á
ci a
dos
ó
es
casos
señalados
po
Rengge ,
y
ela i os
á
monos
ame icanos,
de
o den
muy
in e io .
Cuen a
3(5
CARLOS
R.
DARWIN
es e
au o
que
los
p ime os
hue os
que
había
dado
á
sus
manos,
ue on
po
ellos
o os
con
an
poco
acie o,
que
se
pe dió
una
g an
pa e
de
su
con enido;
pe o
después
llega on
á
golpea
sua e¬
men e
uno
de
sus
ex emos
sob e
un
cue po
du o,
sepa ando
los
agmen os
de
la
cásca a
con
ayuda
de
los
dedos.
Después
de
habe se
hecho
daño”una
ez
con
un
ins umen o
co an e,
no
se'a e ían
ó
oca le
más-,
ó
sólo
lo
hacían
con
el
mayo
cuida¬
do.
Con
ecuencia,
les
daban
e ones
de
azúca
en uel os
en
un
papel,
y
habiendo
Rengge
sus i¬
uido
en
alguna
ocasión
al
e ón
una
a ispa
i a,
ue on
picados
po
ella
al
desen ol e
el
papel
con iadamen e;
desde
aquel
día-
oma on
la
p e¬
caución
de
lle a se
ó
la
o eja
el
en ol o io
pa a
oi
si
algún
uido
se
p oducía
en
su
in e io .
.Si
hechos
semejan es
(y
odos
los
podemos
obse a
pa ecidos
en
el
pe o)
no
bas an
pa a
con ence
de
que
el
animal
puede
aciocina ,
no
los
sab ía
aumen a
con
o os
más
con incen es.
A
pesa
de
ello,
ci a é
aún
un
caso
ela i o
ál
pe o,
po que
se
apoya
en
la
obse ación
de
dos
pe sonas
dis¬
in as,
y
al
mismo
iempo
po que
no
puede
depen¬
de
mucho
de
la
modi icación
de
ningún
ins in o.
«Habiendo
M.
Colquhoun
he ido
en
las
alas
á
dos
pa os
sal ajes,
és os
caye on
á
la
o illa
opues a
de
un
a oyo,
desde
donde
su
pe o
a ó
de
aé se¬
los,
ambos
de
una
ez,
sin
consegui lo.
El
animal,
■
q
ue
jamás
había
magullado
una
sola
pluma,
se
decidió
po
ma a
una
de
las
a es;
ajo
la
i a
á
su
dueño
y
se
"^ ol ió
en
seguida
á
busca
á
la
mue a.
El
co onel
Hu chinsson
e ie e
el
caso
de
dos
pe dices,
alcanzadas
po
un
mismo
i o,
que
ma ó
á
una
é
hi ió
á
la
o a;
és a
quiso
hui ,
pe o
ué
alcanzada
po
el
pe o,
el
cual,
al
ol e
con
ella,
encon ó
en
su
camino
á
la
mue a
y
se
de-
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
37
u o
e iden emen e
pe plejo;
después
de
una
ó
dos
en a i as,
iendo
que
no
podía
coge
la
mue ¬
a
sin
iesgo
de
pe de
la
i a,
ma ó
á
és a
esuel¬
amen e
y
ajo
á
las
dos.
Es e
ué
el
único
caso
conocido
en
que
aquel
pe o
ma ó
la
caza.»
Aquí
emos
un
ejemplo
de
aciocinio,
aunque
impe ec¬
o,
po que
el
pe o,
como
el
del
caso
p eceden e,
hubie a
podido
ae
lá
i a
y
luego
ol e
á
bus¬
ca
la
mue a.
Los
a ie os
de
lo
Amé ica
del
Su
dicen::«No
quie o
da os
la
muía
de
mejo
o e,
sino
la
más
adonah;k
ío
cual
añade
Humbold :
«Es a
ex¬
p esión
popula ,
dic ado
po
una
la ga
expe ien-.
cia,.comba e
el
sis ema
de
las
máquinas
anima¬
das
mejo
al
ez
que
odos
los
a gumen os
de
la
iloso ía
especula i a.»
A
mi
modo
de
'é ,
hemos
ya
demos ado
que
ed
homb e
y
los
animales
supe io es,
especialmen e
los
p ima os,
ienen
en
común
algunos.ins in os.
Todos
poseen
los
mismos
sen idos,
in uiciones
y
sensaciones;
pasiones,
a eij qs
y
sen imien os,
aun
los
más
complejos
los
ienen
pa ecidos.
Ex¬
pe imen an
la
so p esa
y
la
cu iosidad;
poseen
las
mismas
acul ades
de
imi ación,
de
a ención,
de
memo ia,
de
imaginación
y
de
aciocinio,-aun¬
que
en
g ados
muy
dis in os.
Muchos
au o es,
á
pesa
de
lo
a i mado,
pe ¬
sis en
enazmen e
en
la
idea
de
que
las
acul ades
men ales
del
homb e
le an an
en e
él
y
los
ani¬
males
in e io es
una
ba e a
que
nunca
se
puede
sal a .
Hace
ya
iempo
que
engo
ecogidos
unos
■
ein e
a o ismos
de
es e
géne o;
pe o
no
c eo
que
algan
la
pena
de
se -
aquí^indicados,
ya
que
su
núme o
y
g andes
di e encias
p ueban
la
cki icul-
ad,
si
no
la
imposibilidad
de
su
en a i a.
Se
ha
á i mado
que
sólo
el
homb e
es
capaz
de
un
mejo-
44
CARLOS
R.
DARWIN
di e en es
azas
liumanas.
He
que ido
da los
de¬
alles
que
p eceden,
pa a
p oba
que
una
enden¬
cia
ins in i a
á
adqui i
un
a e,
no
es,
en
ningún
modo,
p i ilegio
exclusi o
del
homb e.
Po
lo
que
oca
al
o igen
del
lenguaje
a icula¬
do,
después
de
habe
leído,
po
una
pa e,
las
in¬
e esan es
ob as
de
Hensleigh,
Wedgwood,
Pa¬
a
y
Scheleiche ,
y
poi o a
las
céleb es
lec u as
de
Max
Mülle ,
no
me
cabe
duda
que
el
lenguaje
debe
su
o igen
á
la
imi ación
y
á
la
modi icación,
ayudada
con
signos
y
ges os
de
dis in os
sonidos
na u ales,
de
las
oces
de
o os
animales
y
de
los
g i os
ins in i os
del
homb e
mismo.
Al
a a
de
la
selección
sexual,
e emos
que
los
homb es
p imi i os,
ó
mejo ,
algún
an iguo
p ogeni o
del
homb e,
ha
hecho
p obablemen e
un
g an
uso
de
su
oz
pa a
emi i
e dade as
cadencias
musi-
oales,
como
aun
lo
hace
un
mono
del
géne o
de
Jos
gihones.
Podemos
deduci
de
analogías,
gene¬
almen e
muy
ex endidas,
que
es a
acul ad
ha
sido
pje cida
especial nen e
en
la
época
de
la
e¬
p oducción,
pa a
exp esa
las
dis in as
emocio¬
nes
del
amo ,
los
celos,
el
iun o
y
el
e o
ó
los
i ales.
La
imi üción
de
g i os
musicales
po
so¬
nidos
a iculados,
ha
podido
se
el
o igen
de
pa¬
lab as,
aduciendo
di e sas
emociones
comple¬
jas.
Po
la
elación
que
iene
con
el
p incipio
de
imi ación,
debemos
hace
no a
la
ue e
enden-
^
cia
que
p esen ían
las
o mas
más
p óximas
al
'
homb e
(monos,
idio as,
mic océ alos
y
azas
bá ¬
ba as
de
la
humanidad)
á
imi a
cuan oMlega
á
su
oído.
Comp endiendo
á
buen
segu o
los
monos
g an
pa e
de
lo
que
el
homb e
les
dice,
y
en
es ado
de
na u aleza,
pudiendo
lanza
g i os
que
señalen
un
pelig o
á
sus
cama adas,
no
me
pa¬
ece
inc eíble
el
que
algún
animal
simidno,
más
EL
ORIGEN
DEL
ilOJIBRE
45
sabio,
haya
enido
la
idea
de
imi a
los
aullidos
de
un
animal
e oz
pa a
ad e i
á
sus
semejan¬
es,
p ecisando
el
géne o
de
pelig o
que
les
ame¬
nazaba.
En
un
hecho
de
es a
na uealeza,
hab ía
un
p ime
paso^
hacia
la
o mación
del
lenguaje.
Eje ci ada
cada
ez
más
la
oz,
los
ó ganos
o¬
cales
se
hab án
obus ecido
y
pe eccionado
en
i ud
del
p incipio
de
los
a ec os
he edi a ios
del
uso,
lo
que
á
su
ez
hpb á
in luido
en
lo
po encia
de
la
palab a.
Ve dad
que,
bajo
es e
pun o
de
Vis¬
a,
la
conexión
en e
el
uso
con inuo
del
lenguaje
y
el
desa ollo
del
ce eb o,
iéne
una
impo ancia
mucho
mayo .
Las
ap i udes
men ales
han
debido
es a
más
desa olladas
en
el
p imi i o
p ogeni o
del
homb e
que
en
ningún
mono
de
los
hoy
exis¬
en es,
aun
an es
de
es a
en
uso
ninguna
o ma
del
lenguaje,
po
impe ec a
que
se
la
suponga.
Pe o
podemos
admi i
con
segu idad
que,el
uso
con inuo
y
el
pe eccionamien o
de
es a
acul ad,
han
debido
ob a
á
su
ez
en
la
in eligencia,
pe ¬
mi iéndole
y
acili ándole
el
enlace
de
una
se ie
más
ex ensa
de
ideas.
Nadie
se
puede
en ega
á
una
sucesión
p olongada
y
compleja
de
pensa¬
mien os
sin
el
auxilio
de
palab as,
habladas
ó
no,
de
la
misma
mane a
que
no
se
puede
hace
un
cálculo
impo an e
sin
ene
signos
ó
se i se
del
álgeb a.
También
pa ece
que
has a
el
cu so
de
las
ideas
o dina ias
necesi a
alguna
o ma
de
lengua¬
je,
po que
se
ha
obse ado
que
Lau a
B idgman,
jo en
so domuda
y
ciega,
en
sus
sueños
hacía
con
los
dedos
signos.
Una
la ga
sucesión
de
ideas
i as
y
mu uamen e
dependien es,
puede,
á
pesa
'
de
lo.
dicho,
a a esa
el
espí i u
sin
el
concu so
de
ninguna
especie
de
lenguaje,
hecho
que
pode¬
mos
in e i
de
los
p olongados
ensueños
que
se
obse an
en
los
pe os.
Hemos
is o
que
los
pe-
CARLOS
R.
DARWIN
46
'
os
de
caza
pueden
azona
en
algún
modo,
lo
que
e iden emen e
hacen
sin
se i se
de
lenguaje
alguno.
Las
ín imas
conexiones
en e
el
ce eb o
y
la
acul ad
del
lenguaje,
al
como
es á
desa o*
Hada
en
el
homb e,
esal an
cla amen e
de
esas
cu iosas
a ecciones
ce eb ales
que
a acan
espe¬
cialmen e
la
a iculación,
y
en
las
que
desapa e¬
ce
el
pode
de
eco da
los
subs an i os,
mien as
subsis e
in ac a
la
memo ia
de
ó os
nomb es.
Tan
p obable
es
que
los
e ec os
del
uso
con inuo
de
los
ó ganos
de
la
oz
y
de
la
in eligencia
hayan
llegado
á
se
he edi a ios,
como
que
la
esc i u a,
que
depende
simul áneamen e
de
la
es uc u a
de
la
mano
y
de
la
disposición
del
espí i u,
sea
he e¬
di a ia
ambién,
hecho
comple amen e
cie o.
'
Fácil
es
comp ende
el
po
qué
los
ó ganos
que
si en
ac ualmen e
pa a
el
lenguaje
han
sido
o igina iamen e
pe eccionados
con
es e
obje o
con
p e e encia
á
o os.
Las
ho migas
se
comuni¬
can
ecíp ocamen e
sus
imp esiones
po
sus
an¬
enas.
Noso os
hubié amos
podido
se i nos
de
los
dedos
como
ins umen os
e icaces,
ya
que,
con
la
cos umb e
puede
ansmi i se
á
nn
so domudo
un
discu so
p onunciado
en
público,
palab a
po
palab a;
pe o
en onces,
la
pé dida
de
las
manos
hubie a
sido
un
se io
incon enien e.
Teniendo
odos
los
mamí e os
supe io es
los
ó ganos
oca¬
les
cons uidos
sob e
el
mismo
plan
nues o,
y
si iendo
de
medio
de
comunicación,
es
p obable
que,
si
es e
úl imo
debía
p og esa ,
se
hubie an
debido
desa olla
p e e en emen e
los
mismos
ó ganos,
y
es o
es
lo
que
se
ha
e ec uado
con
la
ayuda
de
pa es
bien
ajus adas
y
adap adas,
ales
como
la
lengua
y
los
labios.
El
que
los
monos
supe io es
no
se
si an
de
sus
ó ganos
ocales
pa a
habla ,
depende,
sin
duda,
de
que
su
in eli-
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
47
gencia
no
es á
su icien emen e
adelan ada.
Un
hecho
semejan e
se
obse a
en
muchas
a es
que,
aunque
do adas
de
ó ganos
p opios
pa a
el
can o,
no
can an
jamás.
Así
emos
que
aunque
los
ó ga¬
nos
ocales
del
uiseño
y
del
cue o
p esen an
una
cons ucción
muy
pa ecida,
p oducen
en
el
p ime o
los
más
a iados
can os,
y
en
el
segundo
un
simple
g aznido.
La
o mación
de
las
especies
di e en es
y
de
las
lenguas
dis in as,
y
las
p uebas
de
que
ambas
se
han
desa ollado
siguiendo
una
ma cha
g adual,
son
las
mismas.
En
lenguas
dis in as
encon a¬
mos
homologías
so p enden es,
debidas
á
la
co¬
munidad
de
descendencia,
y
analogías
debidas
á
un
semejan e
p ocedimien o
de
o mación.
La
mane a
como
cie as
le as
ó
sonidos
se
cambian
po
o os,
ecue da
la
co ela i idad
del
c eci¬
mien o.
La
p esencia
ecuen e
de
udimen os,
a.n o
en
las
lenguas
como
en
las
especies,
es
más
no able
oda ía.
En
la
o og a ía
de
las
palab as
se
conse an
á
menudo
le as
que
ep esen an
los
udimen os
de
an iguos
modos
de
p onunciación.
Las
lenguas,
como
los
se es
o gánicos,
pueden
clasi ica se
po
g upos
subo dinados,
ya
na u al¬
men e,
según
su
de i ación,
ya
a i icialmen e,
se¬
gún
o os
ca ac e es.
Lenguas
y
dialec os
domi¬
nan es
se
p opagan
ex ensamen e
y
con ibuyen
á
la
ex inción
de
o as
lenguas.
La
lengua,
como
la
especie,
una
ez
ex inguida,
no
eapa ece
nunca,
como
obse a
Lyell.
Un
mismo
lenguaje
lio
nace
nunca
en
dos
pun os
á
la
ez,
y
lenguas
dis in as
pueden
mezcla se
y
c uza se
unidas.
Vemos
en
odas
ellas
la
a iabilidad,
adap ando
con inua¬
men e
nue as
exp esiones,
pe o
como
la
memo ia
es
limi ada,
nomb es
adqui idos
y
aun
lenguas
en e as
se
ex inguen
poco
á
poco.
Según
la
exce-
48
CARLOS
11
.
DARWIN
len e
obse ación
de
Max
Mülle ,
«hay
una
lucha
incesan e
po
la
ida
en
cada
lengua
en e
los
nomb es
y
las
o mas
g ama icales.
Las
o mas
mejo es,
más
b e es
y
más
áciles,
ienden
cons¬
an emen e
á
supedi a
á
las
demás,'y
deben
el
iun o
á
su
alo
inhe en e
y
p opio».
A
mi
modo
de
e ,
se
puede
ag ega
á
es as
causas
la
del
amo
á
la
no edad
que
sien e
en
odas
las
cosas
el
espí i u
humano.
Es a
pe pe uidad
y
conse ación
de
cie as
palab as
y
o mas
a o unadas
en
la
lucha
po
la
exis encia
es
una
selección
na u al.
,
La
cons ucción
muy
egula
y
so p enden e¬
men e
compleja
de
las
lenguas
de
muchas
nacio¬
nes
bá ba as,
ha
sido
pa a
algunos
una
p ueba,
ó
de
su
o igen
di ino
ó
de
la
ele ación
del
a e
y
de
la
an igua
ci ilización
de
sus
undado es.
Así
es¬
c ibe
F.
on
Schlégel:
«En
es as
lenguas
que
pa¬
ecen
ocupa
el
g ado
más
in e io
de
cul u a
in¬
elec ual,
obse amos
á
menudo
que
su
es uc u a
g ama ical
es á
elabo ada
has a
un
g ado
máximo.
Es o
sucede
con
el
ascuence.»
Pe o
es
induda¬
blemen e
inexac o
al
conside a
una
lengua
como
un
a e,
en
el
sen ido
de
que
hubiese
podido
se
me ódicamen e
elabo ada
y
o mada.
Los
ilólo¬
gos
admi en
hoy
gene almen e
que
las
conjuga¬
ciones
y
declinaciones
e an
en
su
o igen
dis in os
nomb es
que
se
unie on
después,
y
como
es e
gé¬
ne o
de
nomb es
así
compues os
exp esan
las
más
cla as
elaciones
en e
los
obje os
y
las
pe ¬
sonas,
no
es
cosa
a a
el
que
hayan
sido
usados
en e
casi
odas
las
azas
de
las
edades
p imi i as.
El
ejemplo
siguien e
nos
da á
una
idea
exac a
de
cuán o
podemos
engaña nos
en
lo
que
oca
á
la
pe ección.
Muchas
eces
una
C inoidea
no
cuen a
con
menos
de
qien o
cincuen a
mil
piezas,
odas
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
49
colocadas
en
una
pe ec a
sime ía
y
en
líneas
cuad adas;
pe o
el
na u alis a
no
po
es o
consi¬
de a
un
animal
de
es a
clase
más
pe ec o
que
uno
de
ipo
bila e al,
o mado
de
pa es
menos
nume osas
y
que
sólo
se
pa ecen
en e
ellas
en
los
lados
opues os
del
cue po.
Conside a,
con
a¬
zón,
que
el
c i e io
de
la
pe ección
se
encuen a
en
la
dis inción
y
especial
modo
de
se
de
los
ó ¬
ganos.
Lo
mismo
pasa
con
las
lenguas,
en
las
que
nunca
la
más
simé ica
y
complicada
debe
consi¬
de a se
supe io
á
o as
más
i egula es,
lacónicas
y
c uzadas,
que
han
omado
nomb es
exp esi os
y
ú iles
o mas
de
cons ucción
de
las
dis in as
a¬
zas
conquis ado as,
conquis adas
ó
inmig an es.
De
es as
obse aciones,
aunque
pocas
é
incom¬
ple as,
deduzco
que
la
cons ucción
compleja
y
egula
de
g an
núme o
de
lenguas
bá ba as
no
cons i uyen
en
ningún
modo
una
p ueba
de
que
sea
debido
su
o igen
á
un
ac o
especial
de
c ea¬
ción.
Tampoco
la
acul ad
del
lenguaje
a iculado
es
una
objeción
i eba ible
á
la
c eencia
de
que
el
homb e
se
haya
desa ollado
de
una
o ma
in e¬
io .
Conciencia,
pe sonalidad,
abs acción,
ideas
ge-
ne ales,
e c.—Se ía
inú il
emp ende
la
discusión
de
es as
acul ades
ele adas,
que
según
muchos
au o es
mode nos,
cons i uyen
la
única
y
más
comple a
dis inción
en e
el
homb e
y
los
anima¬
les;
se ía
inú il,
decimos,
po que
no
hay
dos
solos
au o es
cuyas
de iniciones
con engan
en e
sí.
Facul ades
de
un
o den
an
supe io
no
podían
de
ningún
modo
desen ol e se
plenamen e
en
el
homb e
an es
de
que
sus
ap i udes
men ales
hu¬
biesen
alcanzado
un
ni el
supe io ,
lo
que
impli¬
ca
el
uso
de
una
lengua
comple a.
Nadie
supone
que
un
animal
in e io
e lexione
sob e
la
ida
y
4
50
"CARLOS
R.
DARWIN
la
mue e,
ni
o os
asun os
pa ecidos;
pe o
es a¬
mos
bien
segu os
de
que
un
pe o
iejo,
poseyen¬
do
excelen e
memo ia
y
alguna
imaginación,
como
lo
p ueban
sus
ensueños,
no
e lexiona
jamás
so¬
b e
sus
an iguos
place es
Vena o ios.
Es o
ya
se ía
'
una
o ma
de
la
conciencia
de
sí
mismo.
Po
o a
pa e,
como
hace
no a
Büchne ,
¡cuán
poco
pod á
eje ce
es a
conciencia
y
e lexiona
sob e
la
na u¬
aleza
de
su
p opia
ida
la
in eliz
esposa
de
un
sal aje
de
la
Aus alia,
deg adado,
que
casi
no
usa
nomb es
abs ac os
y
no
sabe
con a
sino
has a
cua o!
Es
incon es able
el
hecho
de
que
los
animales
conse an
su
pe sonalidad.
Cuando,
en
un
ejemplo
mencionado
an e io men e,
mi
oz
e oca
en
mi
pe o
oda
una
se ie
de
an iguas
asociaciones
en
su
in eligencia,
es
p ueba
de
que
ha
de
habe
con-
se yado
su
indi idualidad
men al,
po
más
que
cada
á omo
de
su
ce eb o
haya
debido
eno a se
más
de
una
ez
du an e
el
in e alo
de
cinco
años.
Sen imien o
de
lo
bello
.
—
Se
ha
a i mado
que
es e
sen imien o
e a
especial
ambién
al
homb e;
pe o
cuando
emos
a es
machos
que
an e
Jas
hemb as
despliegan
sus
plumajes
de
espléndidos
colo es,
mien as
que
o as,
que
no
pueden
os en¬
a
ales
ado nos,
no
se
en egan
á
ninguna
de¬
mos ación
semejan e,
no
podemos
pone
en
duda
el
hecho
de
que
las
hemb as
admi en
la
he mo¬
su a
de
sus
compañe os.
Su
belleza,
como
obje o
de
o namen ación,
no
puede
nega se,
ya
que
las
mismas
muje es
se
si en
de
las
plumas
de
las
a es
en
su
ocado.
Al
p opio
iempo,
las
dulces
melodías
del
can o
de
los
machos
du an e
la
épo¬
ca
de
la
ep oducción,
son
e iden emen e
obje o
de
la
admi ación
de
las
hemb as.
Po que,
en
e ec-
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
51
o,
si
és as
uesen
incapaces
de
ap ecia
los
niag-
ní icos
colo es,
los
ado nos
y
la
oz
de
sus
ma¬
chos,
odo
el
cuidado
y
anhelo
que
emplean
pa a
hace
gala
de
sus
encan os
se ían
inú iles,
lo.cual
es
imposible
admi i .
No
c eo
que
podamos
ex¬
plica
más
sa is ac o iamen e
el
po
qué
cie os
sonidos
y
Colo es
exci an
place
cuando
a moni¬
zan,
y
po
qué
cie os
sabo es
y
pe umes
son
ag adables;
pe o
es
lo
cie o
que
muchos
animales
in e io es
admi an
con
noso os
ios
mismos
colo¬
es
y
los
mismos
sonidos.
Él
amo
á
lo
bello,
al
menos
en
lo
que
espec a
á
la
belleza
emenina,
no
ien.e
en
el
espí i u
hu¬
mano
un
ca ác e
especial,
ya
que
di ie e
mucho
en
las
di e en es
azas,
y
ni'aun
es
idén ico
pa a
las
dis in as
naciones
de
una
aza
misma.
A
juzga
;
po
los
epugnan es
ado nos
y
la
música
a oz
que
admi a
la
mayo ía
de
los
sal ajes,
pod ía
a i ma se
que
sus
acul ades
es é icas
es án
menos
desa olladas
en
ellos
que
en
muchos
animales,
ales
como
las
a es.
Es
e iden e
que
ningún
ani¬
mal
es
capaz
de
admi a
la
pu eza
del
cielo
en
la
noche,
un
paisaje
bello
ó
una
música
sabia;
pe o
ampoco
los
admi an
más
los
sal ajes
ó
las
pe ¬
sonas
que
ca ecen
de
educación,
ya
que
es os
gus os
dependen
de
la
cul u a
de
asociaciones
de
'
ideas
muy
complejas.
Muchas
acul ades
que
han.
con ibuido
ú il¬
men e
al
p og eso
del
homb e,
ales
como
la
ima¬
ginación,
la’so p esa,
la
cu iosidad,
el
sen imien o
inde inido
de
la
belleza,
la
endencia
á
la
imi a¬
ción,
el
amo
á
la
no edad,
e c.,
han
debido
enca¬
mina le
á
ealiza
cambios
cap ichosos
de
usos
y
cos umb es.
Menciono
es e
pun o,
po que
ecien"-
emen é
un
esc i o
sien a
la
a i mación
de
que
el
eap icho
es
«una
de
las
di e encias
ípicas
más
no-
52
CAELOS
K.
DARWIN
ables
en e
los
sal ajes
y
los
animales».
Es
cie a
que
el
homb e
es
cap ichoso
á
lo
sumo,
pe o
es
cie o
ambién
que
los
animales
in e io es
de¬
mues an
ecuen emen e
sus
cap ichos
en
sus
a ec os,
odios
y
sen imien os
de
belleza.
Hay
igualmen e
muchas
azones
pa a
sospecha
que
aman
la
no edad
en
sí
misma.
**
C eencia
en
Dios.
—
Religión
.
—
N
o
exis e
nin¬
guna
p ueba
de
que
el
hamb e
haya
es ado
do ado
p imi i amen e
de
la
c eencia
en
la
exis encia
de
un
Dios-omnipo en e.
Po
el
con a io,
hay
de->
mos aciones
con incen es,
suminis adas,
no
po
iaje os,
sino
po
homb es
que
han
i ido
mucha
iempo
con
los
sal ajes,
de
que
han
exis ido
y
exis en
aún
nume osas
azas
que
no
ienen
nin¬
guna
idea
de
la
Di inidad
ni
poseen
palab a
que
la
exp ese
en
su
lenguaje.
Es a
cues ión,
inú il
c eo
hace lo
cons a ,
es
comple amen e
dis in a
de
o a
de
o den
más
ele¬
ado:
la
de
sabe
si
exis e
un
C eado
y
Di ec o
del
Uni e so,
cues ión
que
las
más
p i ilegiadas
nn eligencias
que
han
exis ido
han
esuel o
a i ¬
ma i amen e.
Si
bajo
la
palab a
eligión
comp endemos
la
c eencia
en
agen es
in isibles
ó
espi i uales,
en¬
onces
odo
cambia
de
aspec o,
po que
es e
sen i¬
mien o
pa ece
se
uni e sal
en e
odas
las
azas
menos
ci ilizadas.
No
es
di ícil
comp ende
su
o igen.
Tan
p on o
como
las
impo an es
acul a¬
des
de
la
imaginación,
la
so p esa
y
la
cu iosidad,
unidas
á
alguna
ue za
de
aciocinio,
han
llegado
ó
desa olla se
pa cialmen e,
el
homb e
hab á
a ado
de
comp ende
cuan o
se
o ecía
á
su
is a
y
de
iloso a
agamen e
sob e
su
p opia
exis encia.
Como
obse a
JVl.
M.
Lennan,
«debe
el
homb e,
po
sí
mismo,
in en a
alguna
explica-
,
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
53
<ción
de
los
enómenos
de
la
ida;
y
á
juzga
po
■
su
uni e salidad,
la
hipó esis
más
simple
y
que
p ime amen e
se
p esen a
á
su
espí i u,
pa ece
habe
sido
la
de
a ibui
los
enómenos
na u ales
é
la
p esencia
en
los
animales,
las
plan as,
los
obje os
y
las
ue zas
de
la
Na u aleza,
de
espí i us
que
causan
e ec os
pa ecidos
á
los
que
el
homb e
c ee
posee ».
Es
p obable,
con o me
demues a
M.
Taylo ,
que
la
p ime a
idea
de
los
espí i us
haya
enido
su
o igen
en
el
sueño,
ya
que
los
sal¬
ajes
no
dis inguen
ácilmen e
las
imp esiones
subje i as
de
las
obje i as.
Las
igu as
que
apa e¬
cen
en
sueños
á
los
sal ajes,
c een
és os
que
ienen
de
muy
lejos
y
se
man ienen
sob e
ellos,
«ó
que
el
alma
del
que
sueña
pa e
pa a
sus
ia¬
jes
y
uel e
con
el
ecue do
de
lo
que
ha
is o».
Pe o
los,
sueños
del
homb e
no
bas aban
pa a
inspi a le
al
c eencia,
como
no
bas an
al
pe o
los
suyos,
y
ha
sido
p eciso
que
an es
en
aquél
«e
hayan
desa ollado
su icien emen e
las
acul¬
ades
ci adas:
imaginación,
cu iosidad,
so p esa,
e cé e a.
La
endencia
que
ienen
los
sal ajes
á
imagi¬
na se
que
los
obje os
ó
agen es
na u ales
es án
animados
po
esencias
espi i uales
ó
i ien es,
puede
comp ende se
po
un
hecho
que
he
enido
ocasión
de
obse a
en
un
pe o
mío.
Es e
ani¬
mal,
adul o
y
muy
sensible,
es aba
endido
sob e
el
césped,
un
día
muy
cálido,
á
alguna
dis ancia
de
un
qui asol,
sob e
el
que
no
hubie a
ijado
la
a ención
si
alguien
hubiese
es ado
ce ca
de
aquel
obje o.
Pe o
la
lige a
b isa
que
soplaba
agi aba
el
-qui asol
á
menudo,
y
á
cada
mo imien o
el
pe o
p o umpía
en
lad idos.
A
mi
modo
de
e ,
debía
o ma se
la
idea
de
una
mane a
ápida
y
cons¬
cien e
de
que
aquellos
mo imien os
sin
apa en e
<50
CARLOS
R.
DARWÍN
los
machos
iejos
se
p ecipi a on
inmedia amen e
j
á
soco e
á
sus
compañe os,
p esen ando
á
los
A
pe os
un
aspec o
an
e oz,
ijue
és os
huye on.
I
Se
les
azuzó
de
nue o
con a
los
monos,
pe o
en
j
el
in e alo
anscu ido
odos
los
babuinos
ha-
■
bían
ya
subido
á
la
mon aña,
excep uando
uno
i
solo
que
apenas
end ía
seis
meses,
y
que,
ha-
••
hiendo
epado
sob e
una
oca
aislada,
es aba
si iado
po
los
pe os
y
lanzaba
las ime os
chilli-
'
dos.Uno
de
los
mayo es
machos,
e dade o
hé oe,
ol ió
á
descende
de
la
mon aña,
se
encaminó
len amen e
donde
es aba
el
o o,
lo
anquilizó
•
con
su
p esencia
y
se
lo
lle ó
iun almen e.
Los
pe os
es aban
demasiado
so p endidos
pa a
pen¬
sa
en
emp ende
el
a aque.
Es
e iden e
que
los
animales
asociados
ienen
un
sen imien o
de
a ección
mu ua
que
no
exis e
en
los
animales
adul os
insociables.
Di ícil
es
á
menudo
juzga
si
los
animales
se
a ligen
po
los
su imien os
de
sus
semejan es.
¿Quién
puede
-
deci lo
que
sien en
las
o ejas
cuando
odean
y
ijan
la
mi ada
en
una
de
sus
compañe as
mo i¬
bunda
ó
mue a?
La
ausencia
de
odo
sen imien o
de
es a
clase
en
los
animales
es
algunas
eces
e iden e,
po que
se
las
e
expulsa
del
ebaño
un
compañe o-
he ido,
ó
á
eces
pe segui le
has a
da le
mue e.
Es e
se ía
el
asgo
más
is e
de
la
his o ia
na u al,
á
no
se
que
esul ase
cie a
la
explicación
que
dan
algunos
de
es e
hecho,
di¬
ciendo
que
el
ins in o
y
la
aza
obligan
á
los
ani¬
males
á
abandona
un
indi iduo
he ido
po
miedo
de
que
las
bes ias
de
apiña
y
el
homb e
no
en¬
gan
en
deseos
de
segui
el
ébaño.
En
al
caso,
su
conduc a
no
se ía
mucho
más
culpable
que
la
de
Ips
indios
de
la
Amé ica
del
No e,
que
dejan
pe¬
ece
en
el
campo
á
sus
cama adas
débiles,
ó
los
el
o igen
del
homb e
61
de
la
Tie a
del
Fuego,
que
en ie an
i os
á
sus-
pad es
ancianos
ó
en e mos.
A
pesa
de
odo,
muchos
animales
dan
p ue¬
bas
de
simpa ías
ecíp ocas
en
ci cuns ancias
pe¬
lig osas
ó
apu adas.
El
capi án
S ansbu y
halló
en
un
lago
salado
del
U ah
un
pejícaho
iejo
y
comple amen e
ciego,
que
es aba
muy
go do,
y
que,
po
lo
an o,
debía
habe
sido,
desde
hacía
mucho
iempo,
alimen ado
pe ec amen e
po
sus
compañe os.
M.
Bly h
nos
in o ma
de
que
ha
is o
cue os
indios
nu iendo
á
dos
ó
es
com¬
pañe os
ciegos,
y
ha
llegado
ambién
á
mis
oídos-
un
hecho
análogo
en
un
gallo
domés ico.
Pod ía¬
mos
conside a
es os
ac os
como
ins in i os,
pe o
son
demasiado
a os
los
casos
ci ados
pa a
que
se
pueda
admi i ,
un
desa ollo
de
ins in o
alguno
especial.
Puede
cali ica se
de
demos ación
de
simpa ía
hacia
su
dueño
el
u o
con
que
el
pe o
se
echa
encima
dél
que
a opella
á
aquél.
He
is o
una
pe sona
que
ingía
da
golpes
á
una
seño a,
en
cuyas
odillas
se
hallaba
un
pe i o
alde o
muy
ímido.
El
animali o
se
le an ó
ai ado,
y
acabados
los
simulados
golpes,
pe sis ía
de
una
mane a
conmo edo a
en
lame
la
ca a
de
su
dueña,
como
pa a
consola la.
B ehm
asegu a
que
cuando
se
pe sigue
á
uh
babuino
en
cau i idad
pa a
cas i¬
ga le,
los
demás
buscan
medios
de
p o ege le.
'
Además
de
la
amis ad
y
simpa ía,
los
ani¬
males
p esen an
o as
cualidades
que
en
noso os
llama íamos
mo ales;
es oy
comple amen e
de
acueí-do
con
Agassiz
pa a
econoce
que
el
pe o
posee
algo
que
se
pa ece
mucho
á
la
conciencia.
Tiene
cie amen e
es e
animal
alguna
ue za
pa a
manda
sob e
sí
mismo,
que
no
es
en
ningún
modo
esul ado
del
miedo.
Como
no a
B anbach,
62
CARLOS
R.
DARWIN
pe o
se
abs iene
de
oba
la
comida
en
ausen¬
cia
de
su
dueño.
Todos
los
animales
que
i en
en
comunidad
y
se
de ienden
mu uamen e
ó
a acan
eunidos
á
sus
enemigos,
han
de
se
ieles
uno
á
o o
de
algún
modo:
los
que
siguen
á
un
je e,
de¬
ben
ambién
se
obedien es
en
algún
g ado.
Cuan¬
do
los
babuinos
an
á
saquea
un
ja dín
en
Abisi-
nia,
siguen
silenciosos
ú
su
je e.
Si
algún,
moho
jo en
é
imp uden e
hace
uido,
le
dan
sus
compa¬
ñe os
más
p óximos
una
mano ada
pa a
enseña ¬
le
á
calla
y
obedece ;
pe o
an,
p on o
como
es án
segu os
de
que
no
hay
pelig o
alguno,
mani ies an
uidosamen e
su
aleg ía.
Con
espec o
al
impulso
que
mue e
á
cie os
animales
á
asocia se
en e
sí
y
á
auxilia se
de
di e sos
modos,
podemos
in e i
que
es
de¬
bida,
en
la
mayo ía
de
los
casos,
á
los
mismos
sen imien os
de
sa is acción
.ó
de
place
que
Expe imen an
cuando
ealizan
o as
acciones
ins¬
in i as.
¡Cuál
no
debe
se
la
ene gía
de
sa is ac¬
ción
necesa ia
pa a
que
el
pája o,
an
lleno
de
ac i idad,
pase
días
en e os
sin
mo e se
del
nido
empollando
los
hue os!
Las
a es
emig an es
que¬
dan
a ligidas
cuando
se
les
impide
emp ende
el
iaje,
y
en
cambio,,,sin
duda,
sien en
g an
aleg ía
cuando
lo
ealizan.
La
imp esión
del
place
de
la
sociedad
es
p q,-
bablemen e
una
ex ensión
de
los
a ec os
de
ami¬
lia,
que
se
puede
a ibui
p incipalmen e
á
la
se¬
lección
na u al
y
en
pa e
al
hábi o.VEn e
los
animales
pa a
quienes
la
ida
social
e a
en ajo¬
sa,
los
indi iduos
que
encon aban
mayo
place
en
es a
jun os
podían
escapa
mejo
de
di e sos
pelig os;
mien as
que
aquellos
que
descuidaban
más
á
sus
cama adas
y
i ían
soli a ios,
debe ían
.pe ece
en
mayo
núme o.
Es
inú il
a a
de
in-
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
es igo
el
o igen
de
las
a ecciones
pa e nales
y
iliales,
que
o man
en
apa iencia
la
base
de
las
a ecciones
sociales;
pe o
podemos
admi i
que
han
sido,
de
una
mane a
impo an e,
adqui idas
po
selección
na u al.
Es
muy
dis in a
del
amo
la
simpa ía.
La
amis ad
que
sien e
el
homb e
pa a
su
pe o,
como
la
que
és e
sien e
pa a
su
dueño,
se
di e encia
de
la
simpa ía.
Sea
cual
ue e
el
modo
complejo
como
la
simpa ía
haya
nacido
en
los
p imi i os
iempos,
o ece
una
e dade a
im¬
po ancia
pa a
odos
los
animales
que
se
de ien¬
den
con
ecip ocidad;
po
selección
na u al
debe
habe se
aumen ado
p ecisamen e,
ya
que
las
co¬
munidades
que
con u iesen
mayo
núme o
de
indi iduos
en
que
se
desa ollase
la
simpa ía,
de-
.
bían
i i
mejo
y
ene
una
p ole
más
nume osa.
En
múchos
casos
es
imposible
decidi
si
cie ¬
os
ins in os
sociales
han
sido
adqui idos
po
se¬
lección
na u al,
ó
si
esul an
indi ec amen e
de
o os
ins in os
y
acul ades,
ales
como
la
simpa¬
ía,
la
azón,
la
expe iencia
y
una
endencia
á
la
imi ación
ó
si
son
simplemen e
e ec o
de
un
hábi o
oon inuado
du an e
mucho
ieímpo.
El
no able
ins in o
de
apos a
cen inelas
pa a
ad e i
á
la
comunidad
del
pelig o,
apenas
puede
se
esul a¬
do
indi ec o
de
ningua
o a
acul ad;
es
p eciso,
po
lo
an o,
que
I aya
sido
adqui ido
di ec amen¬
e.
Po .
o a
pa e,
la
cos umb e
que
ienen
los
machos
de
algunos
animales
sociables
de
de ende
la
comunidad
y
a aca
unidos
á
sus
enemigos
y
á.
su
p esa,
puede
habe
nacido
de
alguna,simpa ía
mu ua;
pe o
el
alo ,
y
en
muchos
casos
la
ue za,
hah'
debido
adqui i se
p e iamen e,
y
es
posible
que
po
selección
na u al.
En e
los
di e sos
ins in os
y
hábi os,
hay
unos
que,ob an
con
mucha
más
ue za
que
o os.
64
CARLOS
R.
DARWIN
Noso os
mismos
enemos
conciencia
de
que
cie as
cos umb es
son
más'
di íciles
de
ex ipa .
ó
de
des ia
que
o as.
Puédanse
obse a
e¬
cuen emen e
en e
los
animales
luchas
en e
a-’
iados
ins in os,
ó
en e
un
ins in o
y
alguna
an*
dencia
habi ual;
así,
cuando
se
llama
á
un
pe o-
que
pe sigue
una
lieb e,
se
de iene,
acila
y
6
,
p osigue
en
su
empeño,
ó
uel e
lleno
de
e -;
güenza
á
su
dueño;
el
amo
ma e nal
de
una-’
pe a
po
sus
cacho os
pugna
con
la
a ección
po
su
dueño,
cuando
se
e
á
la
pe a
esconde se
j
pa a
i
á
e
á
aquéllos,
p esen ándose
como
e *
í
gonzosa
de
no
acompaña
al
segundo.
Uñó
de'
los
casos
más
cu iosos
que
conozco
de
un
ins-
j
in o
dominando
á
o o,
es
el
del
ins in o
de
emi¬
g a
enciendo
al
ma e nal.
El
p ime o
es á
p o-
3
undamen e
a aigado;
un
pája o
enjaulado
en
la
i
es ación
en
que
emig an,
se
a oja
con a
los
hie*
J
os
de
la
jaula
has a
despoja
su
pecho
de
las
.1
plumas
y
llena lo
de
sang e.
La
ue za
del
ins-
1
in o
ma e nal
impulsa
con
no
menos
igo
á
las
|
a es
ímidas
á
desa ia
g andes
pelig os,
aunque
d
no
sin
acilaciones
y
con a iando
los
impulsos
J
del
ins in o
de
conse ación.
Con
odo,
es
an
l
pode oso
el
ins in o
de
emig a ,
que
ecuen e-
.
]
men e
se
e,
en ado
ya
el
o oño,
á
golond inas
*
que
emp enden
el
iaje
abandonando
á
sus
pe-
'
queños
polluelos,
que
mue en
mise ablemen e
en
sus
nidos.
^
El
homb e,
animal
sociable.
—Es
cosa
admi ida
gene almen e
que
el
homb e
es
un
se
sociable.
Echase
de
e
en
su
a e sión
po
el
aislamien o
y
en
su
a ición
á
la
sociedod,
además
de
la
de
su
p opia
amilia.
La
eclusión
soli a ia
es
uno
de
los
cas igos
más
se e os
que
pueden
imponé sele.
Algunos
au o es
suponen
que
el
homb e
ha
i-
KL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
65
ido
en
o as
épocas
en
amilias
sepa adas;
pe o
en
la
ac ualidad,
aunque
amilias
solas
ó
euni¬
das
en
pequeños
g upos
eco en
las
inmensas
soledades'
de
algunos
países
sal ajes,
i en,
se¬
gún
mis
in o mes,
man eniendo
elaciones
con
o as
amilias
que
habi an
las
mismas
egion'es.
Es as
amilias
se
eúnen
á
éces
en
consejo,
aso¬
ciándose
pa a
la
de ensa
común.
Con a
el
hecho
de
que
el
s^ qje
sea
un
animal'
sociable,
no
se
puede
imsTóca
el.
a gumen o
de
que
las
i!)us
es én
con inuamen e
en
gue a,
po que
los
ins¬
in os
sociales
no
se
ex ienden
jamás
á
odos
lo^
indi iduos
de
una
misma
especie.
A
juzga
po
la
analogía
con
la
mayo
pa e
de
los
cuad umanos,
es
p obable
que
uesen
sociables
los
an eceso es
p imi i os,
de
apa iencia
simiana,
deh
homb e;
pe o
es o
no
o ece
pa a
noso os
g an
impo an¬
cia.
Aunque
el
homb e,
al
como
exis e
ac ual¬
men e,
iene
muy
pocos
ins in os
especiales,
po
habé
pe dido
lo.s
que
sus
p ime os
ascendien es
hubie on
de
posee ,
no
hay
ningún
mo i o
pa a
que
no
haya
conse ado
de
una
época
ex ema¬
damen e
emo a
algún
g ado
de
amis ad
ins in¬
i a
y
de
simpa ía
pa a
con
sus
semejan es.
Has a
noso os
mismos-
enemos
conciencia
de
que
po¬
seemos
e ec i amen e
sen imien os
simpá icos
de
es a
na u aleza,
pe o
no
sabemos
ap ecia
sí
son
ins in i os
(ya
que
su
o igen
asciende
á
una
g an
an igüedad,
como
los
de
los
animales
in e io es)
ó
si
los
hemos
adqui ido
cada
uno
en
pa icula ,
en
el
anscu so
de
nues a
in ancia.
Siendo
el
homb e
un
animal
sociable,
es
p obable
ambién
que
ha
debido
he eda
una
endencia
á
se
iel
á
sus
compañe os,
cualidad
que
es
común
á
la
ma¬
yo
pa e
de
los
animales
sociables.
Podía
posee
á
la
pa
alguna
ap i ud
pa a
manda se
á
sí
mis-
66
CARLOS
R.
DAR
WIN
mo,
y
al
ez
pa a
obedece
al
je e
de
la
comuni¬
dad.
Siguiendo
una
endencia
he edi a ia,
podía
es a
dispues o
á
de ende
á
sus,
semejan es
con
el
concu so
de
los
demás
y
á
ayuda les
de
un
modo
que
no
con a iase
su
p opio
bienes a
ni
sus
deseos.
Los
animales
más
in e io es
son
exclusi a¬
men e,
y
ios
más
ele ados
en
mucha
pa e,
guia¬
dos
po
-ins in os
especiales,
en
los
auxilios
que
p es an
á
los
miemb os
de
su
comunidad;
con
odo,
ambién
en
pa e
les
impulsa
á
ello
una
amis ad
y
una
simpa ía
ecíp ocas,
apoyadas
apa¬
en emen e
en
algún
aciocinio.
Aunque
el
hom¬
b e
no
posea
ins in os
especiales
que
le
mue an
á
ayuda
á
sus
semejan es,
iene
una
endencia
á
p ac ica lo,
y
con
sus
acul ades
in elec uales
pe ¬
eccionadas
puede
na u almen e
guia se,'
pa a
es e
obje o,
en
la
azón
y
la
expe iencia.
La
sim¬
pa ía
ins in i a
le
ha á
ap ecia
en
mucho
la
ap obación
de
sus
semejan es,
po que,
como
ha
p obado
M.
Bain,
el
amo
de
los
elogios,
el
pode¬
oso
sen imien o
de
la
glo ia
y
el
miedo
oda ía
más
in enso
del
desp ecio
y
de
la
in amia,
«son
un
esul ado
de
la
in luencia
de
la
simpa ía>.
En
el
espí i u
del
homb e
in lui án,
po
consiguien e,
mucho
el
elogio
y
la
i upe ación
de
sus
seme¬
jan es,
exp esados
po
sus
ges os
y
lenguaje.
Los
ins in os.sociales
adqui idos
po
el
homb e
de
un
es ado
muy
g ose o,
ó
segu amen e
po
sus
p i-'
mi i os
p ogeni o es
simianos,
son
aún
hoy
el
mó il
de
buena
pa e
de
sus
mejo es
acciones,
pe o
és as
son
p incipalmen e
de e minadas
po
los
deseos
exp esados
y
las
opiniones
de
sus
se¬
mejan es,
y
más
á
menudo
aún
po
sus
p opios
y
egoís as
deseos.
Los
sen imien os
de
amis ad
y
de
simpa ía,
á
pesa
de
odo,
lo
p opio
que
la
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
67
íacul ad
de
eje ce
impe io
sob e
sí
mismo,
se
o alecen
po
el
hábi o,
y
como
la
ue za
del
a¬
ciocinio
p og esa
en
lucidez
y
pe mi e
al
homb e
el
aquila a
la
jus icia
de
la
opinión
délos
demás,
llega á
un
día
en
que
se
e á
obligado
á
segui
cie as
líneas
de
conduc a,
independien emen e
<iel
place
ó
de
la
pena
que
sien a
al
hace lo.
En¬
onces
pod á
deci :
«Yo
soy
el
juez
sup emo
de
mi
p opia
conduc a»,
y
epi iendo
las
palab as
de
Kan :
«No
quie o
iola
en
mi
pe sona
la
dignidad
de
la
humanidad.»
Los
ins in os
sociales
más
du ade os
enden
á
los
menos
pe sis en es
.—
Has a
aho a
no
hemos
■
discu ido
el
pun o
undamen al
sob e
que
gi a
oda
la
cues ión
del
sen ido
mo al.
¿Po
qué
el
honab e
sien e
que
debe
obedece
á
un
deseo
ins in i o,
mejo
que
á
o o
cualquie a?
¿Po
qué
se
a epien e
ama gamen e
de
habe
cedido
al
ené gico,
ins in o
de
su
conse ación,
no
a ies¬
gando
su
ida
pa a
sal a
la
de
un
semejan e?
¿Po
qué
su e
emo dimien os
de
habe
obado
algo
con
que
alimen a se,
obligado
po
e!
hamb e?
En
p ime
luga ,
es
e iden e
que,
en
la
huma¬
nidad,
los
impulsos
ins in i os
ienen
di e sos
g ados
de
ue za.
Una
mad e
jo en
y
ímida
se
a oja á
sin
acila
al
mayo
pelig o
pa a
sal a
á
su
hijo,
pe o
no
pa a-
sal a
á
un
cualquie a.
Muchos
homb es
y
aun
niños,
que
jamás
han
a iesgado
su
ida
po
o os,
pe o
que
ienen
des¬
a ollado
el
alo
y
la
simpa ía,
en
un
momen o
dado,
desp eciando
el
ins in o
de
conse ación,
se
a ojan
sob e
las
aguas
de
un
o en e
pa a
sal a
á
un
semejan e
suyo
que
se
ahoga.
En
es e
caso,
el
homb e
obedece
al
mismo
ins in o
que
hemos
indicado
an es,
al
habla
de
I03
ac os
de
humanidad
de
cie os
animales.
Tales
acciones
66
CARLOS
R,
DARWÍN
pa ecen
se
el
simple
esul ado
de
la
mayo
p e¬
ponde ancia
de
los
ins in os
sociales
ó
na e na-
les
sob e
los
demás,
po que
se
lle an
á
cabo
de¬
masiado
ins an áneamen e
pa a
qué
haya
iempo
de
delibe a ;
no
son
ampoco
dic adas
po
un
sen¬
imien o
de
place
ó
de
pena,
aunque
és a
se
sien e
si
no
se
ealizan.
Algunos
a i man
que
ac os
ealizados
bajo
la
in luencia
de
causas
impulsi as
como
las
p ece¬
den es,
no
en an
en
el
dominio
del
sen ido
mo al^
ni
pueden,
po
lo
an o,
se
llamados
mo ales.
Los
que
al
dicen
limi an
es a
cali icación
á
los
ac os
cumplidos
con
p opósi o
delibe ado,después
de
un
iun o
sob e
los
deseos
con a ios
ó
que
es én
de e minados
po
ele ados
mo i os.
Pe o
es
imposible
aza
una
línea
di iso ia
de
es e
géne¬
o,
po
más
que
pueda
se
eal
la
dis inción.
Si
se
a a
de
mo i os
de
exal ación,
se
pueden
cijla
nume osos
ejemplos
de
bá ba os,
p i ados
de
odo
sen imien o
bondadoso
pa a
la
humanidad,
y
no
sendo
guiados
po
ninguna
pasión
eligiosa,
que
han
p e e ido
sac i ica
he oicamen e
su
ida
ó
hace
aición
á
sus
compañe os;
es a
conduc a
debe
conside a se
indudablemen e
mo al.
En
lo
que
espec a
á
la
delibe ación
y
á
la
ic o ia
sob e
los
deseos
con a ios,
se
puede
e
á
muchos
ani¬
males
duda
en e
ins in os
opues os,
como
cuan¬
do
acuden
al
soco o
de
su
p ole
ó
al
de
sus
seme¬
jan es
en
pelig o;
y.con
odo,
sus
acciones,
aunque
hechas
en
bene icio
de
o os
indi iduos,
no
son
nunca
cali icadas
de
mo ales.
Más
aún,
odo
ac o
que
epi amos
á
menudo,
acaba
po
ealiza ¬
se
sin
dudas
ni
delibe aciones,
y
en onces
no
se
di e encia
de
un
ins in o;
con
odo,
nadie
se
a e¬
e á
á
deci
que
el
ac o
deja
en onces
de
se
mo¬
al.
No
pudiendo
dis ingui
los
mo i os,
noso os-
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
69
«g upamos
odas
las
acciones
de
cie a
clase
como
mo ales
cuando
las
lle a
á
cabo
un
se
mo al,
ya
que
és e
puede
compa a
sus
ac os
y
mó iles
pa¬
sados
y
u u os
y
ap oba los
ó
desap oba los.
No
nos
asis e
ninguna
azón
pa a
supone
que
los
animales
in e io es
poseen
es a
acul ad;
po
con¬
siguien e,
cuando
un
mono
a os a
el
pelig o
pa a
sal a
á
su
compañe o
ó
ampa a
al
que
ha
qu-'edado
hué ano,
no
llamamos
su
conduc a
mo^
al,
Pe o
en
el
homb e,
que
es
el
Solo
que
puede
conside a se
como
un
se
mo al,
cie as
acciones
son
llamadas
mo ales,
ya
sean
ejecu adas
con
de¬
libe ación
y
en
lucha
con
opues as
endencias,
ya
po
e ec o
de
cos umb es
adqui idas
paula ina¬
men e,
ya,
en
in,
de
una
mane a
impulsi a,
po
el
ins in o.
Vol iendo
á
nues o
p incipal
asun o,
debemos
<
3
e
ci
que,
aunque
algunos
ins in os
sean
más
po-
•
de osos
que
o os,
p o ocando
ac os
co espon¬
dien es,
no
bas a
es o
pa a
a i ma
que
los
ins in¬
os
sociales
sean
o dina iamen e
más
p o undps,
ó
lo
hayan
llegado
á
se
po
un
hábi o
con inuo
en
el
homb e,
que
los
ins in os,
po
ejemplo,
de
la
conse ación,
del
deseo,
de
la
enganza,
e cé e a.
¿Po
qué
el
homb e
se
a epien e
(aun
en
el
caso
'
en
que
pueda
a a
de
ahuyen a
los
emo di¬
mien os)
de
habe
cedido
á
un
impulso
con
p e e¬
encia
á
o o,
y
po
qué
sien e
á
la
pa
que
ha
de
ai' epen i se
de
su
conduc a?
Bajo
es e
puu o
de
is o,
el
homb e
di ie e
p o undamen e
de
los
ani¬
males
in e io es;
sin
emba go,
c eo
que
podemos
halla
una
azón
que
explique
es a
di e encia.
/^El
homb e
no
puede
e adi se
de
e lexiona
á
causa
de
la
ac i idad
de
sus
acul ades
men ales;
las
imp esiones
é
imágenes
pasadas
su gen
de
nue o
dis in amen e,
sin
cesa ,
en
su
imaginación.
76
CARLOS
R.
DARWIN
cla amen e
lo
p ueba.la
his o ia
de
la
diplomacia
mode na.
Desde
que
una
ibu
econoce
un
je e,
la
desobedencia
se
con ie e
en
c imen
y
la
su¬
misión
ciega
en
sag ada
i ud.
El
alo
pe sonal
ha
sido
uni e salmenle
colo-
óado
en
el
p ime
ango
en e
las
buenas
cualida¬
des
del
homb e,
ya
que
el
que
no
lo
posee
no
pue¬
de
se
ú il
ni
iel
á
su
ibu
en
los
momen os
de
pelig o;
y
aunque
en
los
países
ci ilizados
un
hom¬
b e,
bueno,
pe o
ímido,
pueda
se
mucho
más
ú il
á
la
comunidad
que
un
alien e,
ins in i a¬
men e
nos
inclinamos
á
conside a
más
á
és e
cjue
á
aquél.
La
p udencia,
cuando
no
se
encami¬
na
ál
bien
ajeno,
aunque
es
una
i ud
muy
ú il,
nunca
ha
sido
bas an e
ap eciada.
Como
ningún
homb e
puede
p ac ica
las
i udes
necesa ias
al
bienes a
de
su
ibu
sin
sac i ica se,
sin
domi¬
na se
á
sí
mismo
y
sin
ene
paciencia,
odas
es¬
as
cualidades
han
sido
p incipal
y
jus amen e
ap eciadas
en
odas
épocas.
No
podemos
deja
de
admi a
al
sal aje
ame icano
que
se
some e
o¬
lun a iamen e
sin.exhala
un
g i o
á
las
o u as
más
ho ibles,
pa a
p oba
y
aumen a
su
ue za
de'alma
y
su
alo ,
lo
p opio
que
el
aki
de
la
India,
que,
con
un
insensa o
in
eligioso,
se
balan-
eea
suspendido
de
un
hie o
cu ado,
cuya
pun a
a a iesa
sus
músculos.
Las
demás
i udes
indi iduales
que
no
a ec-
án
de
una
mane a
apa en e
(aunque
ealmen e
pueda
sucede
así)
al
bienes a
de
la
ibu,
no
han
sido
jamás
ap eciadas^po
los
sal ajes,
po
más
que
lo
sean
al amen e,
en
la
ac ualidad,
po
las
naciones
ci ilizadas.
La
más
excesi a
in empe¬
ancia
no
es
una
cosa
e gonzosa
en e
los
sal a¬
jes.
Sus
cos umb es
son
licenciosas
y
obscenas
has a
un
ex emo
epugnan e.
Pe o
an
p on o
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
77
como
el
ma imonio
polígamo
ó
monógamo
se
p opaga,
los,
celos
desa ollan
la
i ud
emenina,
que,
hon ada
po
Lodos,
iende
á
ex ende se
en e
las
doncellas.
Aun
hoy
podemos
e
cuán
poca
común
es
en e
el
sexo
masculino
ía
cas idad.
Es a
exige
mucha
ue za
de
olun ad
pa a
domi¬
na se
á
si
mismo,
y
ya
desde
una
época
muy
an¬
igua
ha
sido
hon ada
en
la
his o ia
mo al
del
hombVe
ci ilizado.
Como
consecuencia
ex emada
de
es e
hecho,
ambién
desde
una
emo o
an igüe¬
dad
se
ha
conside ado
como
una
i ud
la
pi-ác-
ica
del
celiba o.
Tan
na u al
nos
pa ece
la
epug¬
nancia
con
que
se
e
la
obscenidad,
que
llegamos
á
c ee la
inna o,
y
con
odo,
es a
base
esencial
de
la
cas idad
es
una
i ud
mode na,
que
pe enece
exclusi amen e,
con o me
hace
obse a
si
G.
S oLi on,
á
la
ida
ci ilizada.
P ueban
ambién
la
e dad
de
es e
ase o
los
an iguos
i os
eligiosos
de
di e sas
naciones,
los
dibujos
de
las
pa edes^
de
Pompeya
y
las
p ác icos
g ose as
de
muchos
sal ajes.
Acabamos
de
e
que
és os,
y
p obablemen e
lo
mismo
sucede
con
los
homb es
p imi i os,
na
juzgan
buenos
ó
malas
las
acciones
sino
en
cuan¬
o
a ec an
de
una
mane a
apa en e
al
bienes a
de
la
ibu,
no
el
de
la
especie
ni
el
del
homb e
conside ado
como
miemb o
indi idual
de
la
ibu.
'"Es a
conclusión
con iene
pe ec amen e
con
la
c eencia
de
que
el
sen ido
llamado
mo al
se
de i¬
o
p imi i amen e
de
los
ins in os
sociales,
ya
que
los
dos
se
enlazan
en
su
o igen
con
la
comunidad
exclusi omen e^Las
p incipales
causas
de
la
poca
mo alidad
de
los
sal ajes,
ap eciadas
bajo
nues a
pun o
de
is a,
son:
P ime o,
la
limi ación
de
la
simpa ía
ó
la
sola
ibu;
segundo,
una
insu icien e
ue za
de
aciocinio
que
no
pe mi e
econoce
el
■
78
CAULOS
R.
DAUWIN
^alcance
que
puede
ene
pa a
el
bien
gene al
de
la
ibu
el
eje cicio
de
muchas
i udes,
sob e
odo
indi iduales.
Los
sal ajes
no
pueden
igu a se
la
in inidad
de
males
que
p oducen
la
in empe ancia,
el
libe inaje,
e c.;
e ce o,
un
débil
pode
sob e
sí
mismo,
ya.que
es a
ap i ud
no
ha
sido
o alecida
en
ellos
po
la
acción
con inuada
y
al
ez
he edi¬
a ia
del
hábi o,
la
ins ucción
y
la
eligión.
Me
he
ex endido
en
los
an 'e io es-de alles
so¬
b e
la
inmo alidad
de
los
sal ajes,
po que
algunos
au o es
han
conside ado
ecien emen e
bajo
una
ele ada
mi a
su
na u aleza
mo al,
ó
a ibuido
la
mayo
pa e
de
sus
c ímenes
ó
una
bene olencia
desencaminada.
Es os
au o es
apoyan
sus
a i ¬
maciones
en
el
hecho
de
que
los
sal ajes
poseen
,á
menudo
en
al o
g ado,
lo
cual
es
sin
duda
cie o,
las
i udes
que
son
ú iles
y
has a
necesa ias
ú
la
exis encia
de
una
comunidad
ó
ibu.
Obse oaciones
inales
.—Los
ilóso os
de
la
es¬
cuela
de i a i a
de
mo al
han
admi ido
o as
eces
que
el
undamen o
de
la
mo alidad
eposa
so)u*e
,una
o ma
do
egoísmo,
y
más
ecien emien e
sob o
el
p incipio
de
la
mayo
elicidad.
De
lo
que
an es
hemos
dicho
podemos
deduci
que
el
sen ido
mo al
es
undamen almen e
idén ico
á
los
ins in¬
os
sociales,
y
a ando
de
los
animales
in e io es
se ía
absu do
conside a
es os
ins in os
como
nacidos
del
egoísmo
y
desa ollados
pa a
la
dicha
de
la
comunidad.
Y
con
odo,
sin
duda
pa a
el
bien
gene al
han
sido
desa ollados.
La
exp esión
«bien
gene al»
puede
de ini se
como
el
medio
po
el
cual
el
mayo
núme o
posible
de
indi iduos
pueden
se
p oducidos
en
plena
salud
y
igo
con
odas
sus
acul ades
pe ec as
en
las
condiciones
-á
que
es án
some idos.
Habiéndose
desa ollado
jsegún
un
mismo
plan
los
ins in os
sociales,
an o
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
79
<iel
homb e
como
de
los
animales
in e io es,
se ía
-con enien e,
á
se
posible,
emplea
en
ambos
casos
la
misma
de inición
y
conside a
como
ca¬
ác e
de
la
mo alidad
el
bien
gene al
ó
la
p os¬
pe idad
de
la
comunidad,
con
p e e encia
ó
la
elicidad
gene al;
pe o
es a
de inición
end ía
al
ez
que
limi a se
en
cuan o
á
la
mo al
polí ico.
Cuando
un
homb e
a iesga
su
ida
pa a
sal¬
a
la
de
uno
de
sus
semejan es,
pa ece
más
jus o
■
deci
que
ob a
en
a o
del
bienes a
gene al
que
en
el
de
la
elicidad
de
la
especie
humana^El
bienes a
y
la
elicidad
del
indi iduo
coincideuj^in
duda
habi ualmen e,
y
una
ibu
eliz
y
con en a
p ospe a á
mejo
que
o a
qué
no
lo
sea.
Hemos
is o
que
en
los
p ime os
pe íodos
de
la
his o ia
del
homb e,
los
deseos
exp esados
po
la
comu¬
nidad
han
in luido
en
al o
g ado
sob e
la
conduc a
de
cada
uno
de
sus
miemb os,
y
buscando
odos
la
elicidad,
el
p incipio
de
«la-*^
elicidad
mayo »
ha
llegado
á
se
una
guía
y
un
in
secunda ios
impo an es.
De
es e
modo
no
hay
necesidad
de
coloca
en
el
il
p incipio
del
egoísmo
los
unda¬
men os
de
lo
que
hay
de
más
noble
en
nues a
na u aleza,
á
no
se
que
se
llame
egoísmo
la
sa¬
is acción
que
expe imen a
odo
animal'cuando
obedece
á
sus
p opios
ins in os
y
el
disgus o
que
sien e
cuando
no
puede
ealiza los.
■
La
exp esión
de
ios
deseos
y
del
juicio
de
los
indi iduos
de
la
misma
comunidad,
p ime o
po
ol
lenguaje
o al
y
después
po
la
esc i u a,
cons¬
i uye
una
guía
de
conduc a
secunda ia,
pe o
muy
impo an e,
que
á
eces
ayuda
á
los
ins in os
soci,ales,
aunque
o as
es é
en
oposición
con
ellos.
P esén anos
un
ejemplo
de
es o
úl imo
la
ley
del,
hono ,
es
deci ,
la
ley
de
la
opinión
de
nues os
iguales,
y
no
la
de
odos
nues os
compa io as.
60
CARLOS
R.
DARWIN
Toda
in acción
á
es a
ley,
aunque
uese
econo¬
cida
como
con o me
con
la
e dade a
mo alidad,
causa
á
muchos
homb es-más
angus ias
que
un
c imen
eal.
La
misma
in luencia
econocemos
en
es a
sensación
ace ba
de
e güenza
que
expe¬
imen amos
aún,
después
de
pasados
muchos
años,
al
aco da nos
de
alguna
in acción
acciden¬
al
de
una
egla,
insigni ican e,
pe o
es ablecido,
de
e ique a.
La
expe iencia
de
lo,
que
con
el
iempo
con iene
más
á
odos
sus
indi iduos,
guia á
gene almen e
la
opinión
de
la
comunidad;
•opinión
que,
po
o a
pa e,
á
menudo
se á
des¬
encaminada
po
igno ancia
ó
po
debilidad
de
a¬
ciocinio.
Vemos
ejemplos
de
es o
en
el
ho o
que
sien e
el
habi an e
del
Indos án,
que
eniega
de
su
cas a;
en
la
e güenza
de
Ja
muje
á abe,
qué
no
deja
e
su
os o,
y
en
muchos
o os
casos.
Se ía
muy
di ícil
dis ingui
el
emo dimien o
que
expe¬
imen a
el
hijo
del
Ganges
que
ha
p obado
un
ali¬
men o
impu o,
del
que
le
causa ía
el
come e
un
obo;
es
p obable
que
el
p ime o
se ía
más
pun-
•
zan e.
No
sabemos
cómo
han
enido
o igen
an as
absu das
eglas
de
conduc a,
an as
idiculas
c eencias
eligiosas,
ni
cómo
ha
podido
g aba se,
an
p o undamen e
en
el
espí i u
del
homb e
en
odas
las
pa es
del
globo;
pe o
es
digno
de
no a
que
úna
c eencia
cons an emen e
inculcada
en
los
■
'p ime os
años
de
la
ida,
cuando
el
ce eb o
es
'más
imp esionable,
pa ece
adqui i
casi
la
na u¬
aleza
de
un
ins in o.
Sabido
es
que
la
e dade a
esencia
del
ins in o
es
el
se
seguido
independien¬
emen e
de
la
azón
^Tampoco
podemos
explica
po
qué
cie as
i udes
admi ables,
como
el
amo
á
la
e dad,
son
mucho
más
conside ables
en
unas
ibus
que
en
o as,
ni
po
qué
p e alecen.
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
81
has a
en
las
naciones
ci ilizadas,
di e encias
pa¬
ecidas.
Sabiendo
cuán as
ex añas
cos umb es
y
supe s iciones
han
podido
a aiga se
sólidamen e,
no
debemos
so p ende nos
de
que
las
i udes
pe sonales
nos
pa ezcan,
en
la
ac ualidad,
an
na-
u ales
(apoyadas,
como
lo
es án,
en
la
azón),
que
llegamos
á
c ee las
inna as,
po
más
que
en
sus
condiciones
p imi i as
el
homb e
no
hiciese
de
ellas
caso
alguno.
A
pesa
de
muchas
causas
de
duda,
el
homb e
puede,
gene almen e
sin
acila ,
dis ingui
las
eglas
mo ales
supe io es
de
las
in¬
e io es.
Básanse
las
p ime as
en
los
ins in os
sociales,
y
se
e ie en
á
la
p ospe idad
de
las
de¬
más;
es án
apoyadas
en
la
ap obación
de
nues os
semejan es
y
en
la
azón.
Las
in e io es,
aunque
apenas
me ecen
es a
cali icación,
cuando
a as¬
an
á
un
sac i icio
pe sonal
se
enlazan
p incipal¬
men e
al
indi iduo
en
sí,
y
deben
su
o igen
á
la
opinión
pública,
cul i ada
po
la
expe iencia,
ya
que
no
se
p ac ican
en
las
ibus
g ose as.
'
Adelan ando
el
homb e
en
ci ilización,
y
e¬
uniéndose
las
pequeñas
ibus
en
comunidades
más
g andes,
la
simple
azón
indica
á
cada
indi¬
iduo
que
debe
ex ende
sus
ins in os
sociales
y
su
simpa ía
á
odos
los
miemb os
de
la
misma
nación,
aunque
pe sonalmen e
lesean
desconoci¬
dos.
Llegado
á
es e
pun o,
sólo
una
alla
a i icial
se
opone
á
que
sus
simpa ías
se
hagan
ex ensi as
á
los
homb es-de
odas
las
naciones
y
azas.
Des¬
g aciadamen e
la
expe iencia
nos
mues a
cuán o
iempo
se
necesi a
pa a
que
lleguemos
á
conside¬
a
como
semejan es
nues os
á
los
homb es
de
o as
azas
que
p esen an
con
la
nues a
una
in¬
mensa
di e encia
de
aspec o
y
de
cos umb e.
La
simpa ía
que
alcanza
más
allá
de
los
limi es
del
homb e,
es
de'ci ,
la
compasión
po
los
animales.
6
82
CARLOS
U.
DARWIN
pa ece
se
una
de
las
adquisiciones
mo ales
más
ecien es.
Excep uando
la
que
sien en
po
sus
animales
a o i os,
es
desconocida
po
ios
sál a-
jes.
Los
abominables
espec áculos
de
los
ci cos
p ueban
cuán
poco
desa ollado
es á
es e
sen i¬
mien o
en e
los
an iguos
omanos.
Es a
i ud,
una
de
las
más
supe io es
en
el
homb e,
pa ece
se
esul ado
acciden al
del
p og eso
de
nues as
simpa ías,
que,
haciéndose
más
sensibles
cuan o
más
se
ex ienden,
acaban
po
aplica se
á
odos
los
se es
i ien es.
Una
ez
hon ada
y
cul i ada
po
algunos
homb es,
se
p opaga
po
la
ins uc¬
ción
y
el
ejemplo
en e
los
jó enes
y
se
di ulga
luego
en
la
opinión
pública.
■
El
mayo
g ado
de
cul u a
mo al
que
podemos
alcanza
es
aquel
en
que
econocemos
que
debe¬
íamos
domina
nues os
pensamien os
y
«no
soña
de
nue o,
ni
aun
en
nues o
ue o
in e no,
en
los
pecados
que
han
hecho
ag adable
nues o
pasado»,
según
dice
Tennyson.
Todo
lo
que
ami¬
lia iza
el
espí i u
con
una
mala
«00100,
la
hace
an o
más
ácil
de
lle a
á
cabo.
Gomo
hace
mu¬
cho
iempo
dijo
Ma co
Au elio:
«Cuales
sean
us
pensamien os
o dina ios,
al
se á
ambién
el
ca¬
ác e
de
u
espí i u;
po que
el
alma
iene
el
in e
de
los
pensamien os.»
Nues o
g an
ilóso o
He be o
Spence
ha
emi ido
ecien emen e
su
opinión
sob e
el
sen ido
mo al.
Dice:
«C eo
que
las
expe iencias
de,
u ili¬
dad,
o ganizadas
y
o alecidas
á
a és
de
odas
las
gene aciones
pasadas
de
la
aza
humana,'han
p oducido
modi icaciones
co espondien es,
que,
po
ansmisión
y
acumulación
con inuas,
han
llegado
á
se
en e
noso os
cie as
acul ades
de
in uición
mo al,
cie as
emociones
co espondien¬
es
á
una
conduc a
jus a
ó
alsa,
que
no
ienen
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
ninguna
base
apa en e
en
las
expe iencias
de
u ilidad
indi idual.»
A
nnii
modo
de
e ,
no
se
o e¬
ce
la
meno
imp obabilidad
inhe an e
al
hecho
de
que
las
endencias
i uosas
sean
he edi a ias
con
n iayo
ó
meno
ue za;
pb que
sin
menciona
las
disposiciones
y
hábi os
a iados
ansmi idos
en
muchos
animales
domés icos^
he
oído
habla
de
casos
en
que
la
inclinación
al
obo
y
é
la
men i a
pa ecen
exis i
en
amilias
que
ocupan
una
posi¬
ción
desahogada;
y
como
el
obo
es
un,
c imen
muy
a o
en e
las
clases
acomodadas,
es
di ícil
explica
po
una
coincidencia
acciden al
la
mani¬
es ación
de
la
misma
endencia
en
dos
ó
es
miemb os
de
una
amilia.
Si
son
ansmisibles
las
malas
inclinaciones,
es
p obable
que
pase
lo
mis¬
mo
con
las
buenas.
Sólo
po
el
p incipio
de
la.
ansmisión
de
las
endencias
mo ales
podemos
da nos
cuan a
de
las
di e encias
que
se
c ee
exis¬
en,
en
es e
concep o,
en e
las
di e sas
azas
de
la
humanidad.
Con
odo,
has a
aho a
no
enemos
documen os
su icien es
pa a
juzga
de
ello
con
comple a
segu idad.
Finalmen e,
los'ins in os
sociales
que
han
sido
adquii-idos
sin
duda
po
el
homb e,
como
po
los
animales
in e io es,
pa a
el
bien
de
la
comunidad,
hab án
o iginado
en
él
algún
deseo
de
ayuda
á
sus
semejan es
desa ollando
algún
sen imien o
de
simpa ía.
Impulsos
de
es e
géne o
le
hab án
se ido,
en
un
p incipio,
de
egla
de
de echo.
Pe o
é
medida
que
hab á
p og esado
en
ue za
in elec¬
ual,
llegando
á
se
capaz
de
segui
las
más
emo¬
as
consecuencias
de
sus
acciones;
que
hab á
ad¬
qui ido
bas an es
conocimien os
pa a
echaza
cos umb es
y
supe s iciones
unes as;
que
ija á
más
su
ambición
en
el
bienes a
y
la
dicha
de
sus
semejan es;
que
el
hábi o
que
esul a
de
la
expe-
84
CARLOS
R.
DARWIN
/
.
.
ienda,
la
ins ucción
y
el
ejemplo,
hab á
desen¬
uel o
y
ex endido
sus
simpa ías
á
los
homb es
de
odas
las
azas,
á
los
en e mos,
á
los
idio as,
á
los
miemb os
inú iles
de
la
sociedad,
y
en
in,
has a
á
los
animales:
á
medida
que
hayaddo
ea¬
lizando
an os
p og esos
se
ele a á
de
más
en
más
el
ni el
de
su
mo alidad.
Los
na u alis as
de
la
escuela
de i a i a
y
algunos
pa ida ios
del
sis e¬
ma
de
la
in uición
admi en
que
el
ni el
de
la
mo¬
alidad
se
había
ele ado
ya
en
un
pe íodo
p ecoz
de
la
his o ia
de
la
humanidad.
Así
como
hay
á
eces
luchas
en e
los
di e sos
ins in os
de
los
animalesSn e io es,
no
nos
so ¬
p ende
que
pueda
exis i
ambién
en
el
homb e
una
lucha
de
los
ins in os
sociales
y
i udes
que
de
ellos
p o ienen,
con a
sus
impulsos
ó
deseos
de
o den
in e io ,
que
sean
po
un
momen o
más
ue es
que
aquéllos.
Es e
hecho,
según
la
obse ¬
ación
de
M.
Gal on,
no
iene'
nada
de
no able,
yo
que
el
homb e
ha
salido,
á
pa i
de
una
época
ela i amen e
ecien e,
de
un
pe íodo
de
ba ba ie.
Después
de
habe
cedido
á
alguna
en ación,
ex¬
pe imen amos
un
sen imien o
de
disgus o,
que
llamamos
conciencia,
análogo
al
que
acompaña
á
la
no
sa is acción
de
los
demás
ins in os;
p'o -
que
no
podemos
impedi
que
se
p esen en
con i¬
nuamen e
á
nues o
espí i u
las
imp esiones
é
imágenes
pasados;
no
nos
es
posible
deja
de
compa a las,
al
e las
ya
debili adas,
con
los
ins¬
in os
sociales
siemp e
p esen es
ó
con
hábi os
con aídos
desdo
la
in ancia
y
o alecidos
du an¬
e
oda
la
ida,
he edi a ios
al
ez,
y
que
han
lle¬
gado
de
es e
imodo
á
se
casi
an
ené gicos
como
los
ins in os.
Al
pensa
en
las
gene aciones
u u¬
as,
no
hay
ningún
mo i o
pa a
enie
que
en
ella
se
debili en
los
ins in os
sociales,
y
podemos
ad-
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
85
-
nili
que
los
hábi os
de
i ud
adqui i ían
mayo
ue za
ijándose
po
la
he encia.
En
es e
caso
la
lucha
en e
nues os
ins in os
más
ele ados
y
los
in e io es
se á
menos
p o unda
y
la
i ud
iun a á.
Resumen
de
los
úl imos
capí ulos
.—No
puede
cabe
duda
alguna
en
que
exis e
una
di e encia
inmensa
en e
el
espí i u
del
homb e
más
in e¬
io
y
del
animal
más
ele ado.
Si
á
un
mono
an¬
opomo o
íe
uese
posible
conside a se
á
sí
mismo
de
una
mane a
impa cial,
pod ía
admi i
que,
aunque
capaz
de
combina
un
plan
inge¬
nioso
pa a
saquea
un
ja dín,
ó
de
se i se
de
pied as
pa a
comba i
ó
pa a
ompe
nueces,
es¬
a ía
ue a
del
alcance
de
su
in eligencia
el
pen¬
samien o
de
abaja
una
pied a
pa a
con e i la
en
he amien a.
Aun
le
se ía
más
di ícil
segui
nn
azonamien o
me a ísico,
esol e
un
p oble¬
ma
ma emá ico,
e lexiona
sob e
Dios
ó
admi a
una
imponen e
escena
de
la
Na u aleza.
Con
odo
(siguiendo
la
suposición),
algunos
monos
decla a¬
ían
p obablemen e
que
pueden
admi a ,
y
que
e ec i amen e
admi an,
la
belleza
del
colo
de
sus
compañe os.
Con end ían
en
que,
aunque
llegan
á
comp ende
en
sus
g i os
á
o os
monos
algu¬
nas
de
sus
pe cepciones
ó
de
sus
más
simples
necesidades,
nunca
ha
pasado
po
su
cabeza
la
noción
de
exp esa
ideas
de inidas
con
sonidos
de e minados.
Pod ían
a i ma
que
es án
dis¬
pues os
á
ayuda
á
sus
compañe os
del
mismo
g upo
de
di e sas
mane as,
á
a iesga
su
ida
po
ellos
y
enca ga se
de
sus
hué anos;
pe o
se
e ían
obligados
á
econoce
que
se
escapa'
com¬
ple amen e
á
su
comp ensión
es e
amo
desin e¬
esado
pa a
odas
las
c ia u as
i ien es,
que
cons i uye
el
más
no able
a ibu o
del
homb e.
92
CARLOS
R.
DARWIN
los
g anade os
y
sus
muje es
de
g an
alla,
han
nacido
muchos
homb es
que
han
alcanzado
ele¬
ada
es a u a.
Si
conside amos
odas
las
azas
humanas
como
no
o mando
más
que
una
sola
especie,
.su
dis ibución
es
eno me;
y
has a
algunas
azas
dis-
in as,
como
los
ame icanos
y
los
polinesios,
ocu¬
pan
po
sí
solas
una
ex enc^ón
inmensa.
Es
una
ley
muy
conocida
la
de
quedas
especies
muy
e¬
pa idas
son
más
a iables
que
las
comp endidas
en
lími es
más
educidos,
y
se
puede
compa a
más
exac amen e
su
a iabilidad
con
la
de
las
es¬
pecies
espa cidas
ex ensamen e,
con
la
de
los
ani¬
males
domés icos.
.
La
a iabilidad
no
sólo
pa ece
es a
de e mi-,
nada
po
las
mismas
causas
gene ales
en
el
hom¬
b e
y
en
los
animales
in e io es,
si
que
. ambién
en
ambas
clases
de
ca ac e es
son
a ec ados
de
una
mane a
análoga.
Mons uosidades
que
pasan
con
lige as
a iaciones,
son
igualmen e
an
pa e¬
cidas
en
el
homb e
y
en
los
animales,
que
á
am¬
bos
se
les
puede
aplica
los
mismos
nomb es
y
la
misma
clasi icación,
como
lo
p ueba
I.
Geo oy
Saiii -Hilai e.
No
hay
en
ello
más
que
una
conse¬
cuencia
del
hecho
de
que
unas
mismas
leye:^
p e¬
dominan
en
odo
el
eino
animal.
En
mi
ob a
sob e
La
a iación
en
los
animales
domés icos,
he
a ado
de
ag upa
de
una
mane a
ap oximada
las
leyes
de
la
a iación,
bajo
las
siguien es
bases:
La
acción
di ec a
y
de inida
de
los
cambios
de
condiciones,
p obada
po
el
hecho
de
que
odos
ó
la
mayo
pa le
dedos
indi iduos
de
la
misma
es¬
pecie
a ían
de
la
misma
mane a
en
las
mismas
ci cuns ancias.
Los
e ec os
do
la
con inuidad'ó
de
la
al a
de
uso
de
las
po es.
La
cohesión
en
las
pa es
homólogas.
La
a iabilidad
de
las
pa es
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
9.Í
múl iples.
La
compensación
del
c ecimien o
(ley
de
que
aun
no
he
encon ado
ningún
buen
ejem¬
plo
en
el
homb e).
Los
e ec os
de
una
comp ensión
mecánica
de
una
pa e
sob e
o a,
como
en
el
ú e o
la
de
la
pel is
sob e
el
c áneo
del
e o.
Las
causas
que
de e minan
la
disminución
ó
la
sup e¬
sión
de
pa es.
El
eapa ece
po
e e sión
ca ac¬
e es
pe didos
desde
mucho_ iempo.
En
in,
la
co elación
de
las
a iaciones.
Todás
es as
llama¬
das
leyes
se
aplican
igualmen e
al
homb e,
á
los
animales
in e io es
y
has a
á
la
mayo
pa e
de
las
plan as.
Acción
di ec a
y
de inida
de
los
cambios
en
las
condiciones
.—Asun o
es
es e
sumamen e
di ícil.
No
se
puede
nega
que
el
cambio
en
las
condicio¬
nes
p oduce
e ec os,
á
menudo
conside ables,
sob e
o ganismos
de
odos
géne os;
y
al
p ime
golpe
de
is a
pa ece
p obable
que
es e
esul ado
se á
in a iable
odas
las
eces
que
haya
enido
el
iempo
necesa io
pa a
e ec ua se.
Pe o
no
he
po¬
dido
ob ene
p uebas
bás an e
cla as
en.apoyo
de
es a
conclusión,
ú
la
que
se
pueden
opone
a gu¬
men os
aliosos,
a
lo
menos
en
lo
que
concie ne
á
las
innume ables
es uc u as
adap adas
á
ínes
especiales.
Con
odo,
no
cabe
duda
alguna
en
que
el
cambio
en
las
condicioaes
p o oca
una
ex en¬
sión
casi
in ini a
de
luc uaciones
" a iables,
que
hacen
el
conjun o
de
la
o ganización
plás ica
en
algún
g ado.
En
los
Es ados
Unidos,
cuando
la
úl ima
gue¬
a,
midie on
la
alla
á
más
de
un
millón
xle
sol¬
dados,
egis ando
los
Es ados
en
que
habían
nacido
y
habían
sido
c iados.
Es e
conside able
núme o
de
medidas
ha
p obado
que
exis en
in¬
luencias
de
alguna
clase
que
ob an
di ec amen e
sob e
la
es a u a,
y
que
«el
Es ado
en
que
se
e ec-
94
CARLOS
R.
DARWIN
úa
en
su
mayo
pa le
el
c ecimien o
ísico
y
el
en
.que
se
ha
nacido,
indicando
la
ascendencia,
eje ¬
cen
una
in luen9ia
ma cada
sob e
la
alla».
De
es e
modo
se
ha
a i mado
que
la
« esidencia
en
los
Es ados
del
Oes e,
du an e
los
años
de
c eci¬
mien o,
iende
á
aumen a
la
es a u a».
Es
cie o,
po
o a
pa e,
que
el
géne o
de
ida
de
los
ma i¬
ne os
educe
la
es a u a,
como
se
puede
p oba
po
la
g an
di e encia
que
exis e
en e
la
alla
de
los
ma inos
y
la
de
los
sciidados,
en
las
edades
de
diez
y
sie e
y
diez
y
ocho
años.
M.
A.
B.
Gould
ha
a ado
de
de e mina
el
géne o
de
in luencias
que
ob aban
an
e icazmen e
sob e
la
alla,
sin
consegui
más
que
esul ados
nega i os,
á
sabe :
que
no
se
elacionan
con
'el
clima,
la
ele ación
del
país
ó
del
suelo,
ni
dependen
en
g ado
ap e¬
ciable
de
la
abundancia
ó
de
la
escasez
de
las
co¬
modidades
de
la
ida.
Es a
úl ima
conclusión
es á
en
abie a
con adicción
con
la
que
dedujo
Ville -
mé
del
es udio
de
los
da os
es adís icos
sob e
los
quin os
de
las
di e sas
p o incias
de
F ancia.
Cuando
se
compa an
las
di e encias
¿pie
po
es e
concep o
exis en
en e
los
je es
de
la
Polinesia
y
las
clases
in e io es
de
es a
misma
isla,
ó
en e
los
habi an es
dé
las
islas
olcánicas
y
éi’ iles
y
los
de
las
islas
de
co al
poco
ele adas
y
es é iles
del
mismo
li o al,
ó
en e
los
indígenas
de
la
Tie a
de
Fuego,
según
habi en
las
cos as
o ien al
ú
occiden al
de
su
país,
en
las
que
son
muy
di e¬
en es
los
medios
de
subsis encia,
apenas
es
posi¬
ble
no
.
acep a
el
p incipio
de
que
mejo
alimen a¬
ción
y
mayo
bienes a
in luyen
sob e
la
alla.
Pe o
los
hechos
p eceden es
p ueban
cuán
di ícil
es
llega
á
ningún
esul ado
p eciso.
Recien emen¬
e
el
doc o
Bebdol
ha
p obado
que
en
los
habi an es
de
Ingla e a
la
esidencia
en
las
ciu-
EL
o na
EN
DEL
HOMBRE
95
dades,
unida
á
ciie as
ocupaciones,
eje ce
una
in¬
luencia
pe judicial
sob e
la
alla,
y
a i ma
que
es e
esul ado
es
has a
cie o
pun o
he edi a io,
como
en
los
Es ados
Unidos.
El
mismo
au o
ad¬
mi e
además
que
allí
donde
una
aza
puede
«al¬
canza
su
máximum
de
desa ollo
ísico,
allí
ambién
so
ele a
al
más
al o
g ado
de
ene gía
y
de
alo
mo al»,
S 'igno a
si
las
condiciones
ex e io es
pueden
p oduci
sob e
el
homb e
algún
o o
e ec o
di ec¬
o.
Debe ía
c ee se
que
las
di e encias
de
clima
pudiesen
eje ce
una
in luencia
ma cada,
ya
que
úna
baja
empe a u a
aumen a
no ablemen e
la
ac i idad
de
Iqs
pulmones,
y
un
clima
cálido
la
del
hígado.
Se
había
admi ido
an es
que
la
luz
y
el
calo
de e minaban
el
colo
de
la
piel
y
la
na u¬
aleza
de
los
cabellos,
y
pp
más
que
es
di ícil
nega
el
que
e ec i amen e
dichos
agen es
eje zan
alguna
in luencia
de
es e
,
g
éne o,
casi
odos
los
obse ado es
con ienen
ac ualmen e
en
que
sus
e ec os
han
sido
sólo
enues,
aun
después
de
mu¬
cho
iempo.
Hay
mo i os
pa a
c ee
que
el
ío
y
la
humedad
a ec an
di ec amen e
al
c ecimien o
del
pelo
en
nues os
animales
domés icos,
pe ó
no
he
encon ado
p uebas
de
es e
hecho
en
lo
que
concie ne
al
homb e.
E ec os
del
c ecimien o
y
de
la
al a
de
uso
de
las
pa es.—Es
sabido
que
en
el
indi iduo
el
uso
o alece
los
músculos,
mien as
que
su
al a
de
uso
ó
la
des ucción
de
su
ne io
p opio
los
debi¬
li a.
(mando
se
pie de
un
ojo,
á
menudo
se
a o ia
el,
ne io
óp ico.
La
ligadu a
de
una
a e ia
no
sólo
causa
un
aumen ó
en
el
diáme o
de
los
a¬
sos
ecinos,
sino
ambién
en
el
espeso
y
la
esis¬
encia
de
sus
pa edes.
Cuando,'á
consecuencia
de
alguna
lesión,
deja
de
unciona
uno
de
los
iño-
96
CARLOS
R.
DARWIN
nes,
aumen a
el
o o
su
amaño
y
cumple
doble
abajo.
Los
huesos
des inados
á
sos ene
pesos
mayo es,
aumen an
de
g oso
y
de
longi ud.
Di e¬
en es
ocupaciones
habi uales
p oducen
modi i¬
caciones
en
las
p opo ciones
de
las
di e sas
pa ¬
es
del
cue po.
La
comisión
de
los
Es ados-Unidos
pudo
comp oba
que
las
pie nas
de
los
ma ine os
e an
un
.0’217
de
pulgada
mós
la gas
que
las
de
los
soldados,
po
mós
que
uese
la
alla
de
los
p ime¬
os
meno
po
é mino
medio.
Ai
mismo
iempo
sus
b azos
enían
1’09
de
pulgada
menos,
y
e an,
po
consiguien e,
desp opo cionadamen e
co os
en
elación
á
su
escasa
alla.
Es a
meno
dimen¬
sión
del
b azo
débese
apa en emen e
á
su
mayo
empleo,
pe o
cons i uye
un
esul ado
imp e is o,
ya
que
los
ma ine os
se
si en
de
los
b azos
pg a
i a
y
no
pa a
sopo a
pesos.
Se
igno a
si
las
modi icaciones
p eci adas
lle¬
ga ían
ó
se
he edi a ias
en
el
caso
en
que.
los
mismos
hábi os
se
con inuasen
du an e
muchas
gene a iones,
pe o
es
p obable
que
así
se ía.
Rengge
a ibuye
la
delgadez
de
las
pie nas
y
el
g oso
de
los
b azos
de
los
indios
payaguas
ó
que
sus
gene aciones
sucesi as
han
pasado
la
ida
en
emba caciones,
sin
se i se
casi
de
sus
miemb os
in e io es.
O os
au o es
han
o mulado
opiniones
pa ecidas
sob e
o os
casos
análogos.
Según
C anz,
que
ha
i ido
mucho
iempo
en e
los
es¬
quimales,
«los
indígenas
dicen
que
el
alen o
y
la,
habilidad
pa a
la
pesca
de
la
oca
(a e
en
el
que
sob esalen)
es
he edi a io;
sin
duda
algo
hay
de
cie o
en
es o,
po que
el
hijo
de
un
pescado
de
ocas
céleb e
se
dis ingui á
en e
los
demás,
aun¬
que
haya
pe dido
á
su
pad e
du an e
la
in ancia».
Se
asegu a
que,
al
nace ,
los
hijos
de
los
ob e os
ienen
en
Ingla e a
las
manos
más
ue es
que
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
97
los
de
las
amilias
acomodadas.
Sin
duda,
á
la
co elación
que
exis e,
al
menos
en
algunos
casos,
en e
el
desa ollo
de
las
ex emidad,es
y
el
de
las
•mandíbulas,
se
ha
de
a ibui
la
educción
de
di¬
mensiones
que
es as
úl imas
p esen an
en
las
clases
acomodadas,
cuyos
indi iduos
sólo
some¬
en
sus
miemb os
á
un
débil
abajo.
Es
posi i o
que
las
mandíbulas
son
gene almen e
más
peque¬
ñas
en e
las
pe sonas
ci ilizadas
ó
de
buena
posi¬
ción
que
en e
Ic s
ob e os
ocupados
en
abajos
mecánicos
ó
los
sal ajes.
Pe o
en e
es os
úl i¬
mos,
según
ha
hecho
no a
H.
Spence ,
el
uso
más
conside able
pa a
la
mas icación
de
alimen os
g ose os
y
sip
coce
debe
in lui
di ec amen e
sob e
el
desa ollo
de
los
músculos
mas ica o ios
y
el
de
los
huesos
con
que
és os
se
elaciqna'n.
En
los
niños,
ya
mucho
iempo
an es
del
naci¬
mien o,
la
epide mis
de
la
plan a
de
los
pies
es
mucho
más
espesa
que
la
de
cualquie a
o a
pa e
del
cue po,
hecho
que,
á
no
duda ,
se
debe
á
los
e ec os
he edi a ios
de
una
p esión
eje cida
du an e
una
la ga
se ie
de
gene aciones.
La
in e io idad
en
que
se
encuen an
los
eu o¬
peos
pa a
con
los
sal ajes
espec o
á
la
is a
y
á
o os
sen idos,
es
indudablemen e
e ec o
de
la
al a
de
uso,
acumulado
y
ansmi ido
á
a és
de
muchas
gene aciones.
Rengge
cuen a
habe
ob¬
se ado
en
dis in as
ocasiones
eu opeos
c iados
en e
los
indios
sal ajes,
y
que
han
pasado
con
ello^
oda
la
ida,
que
no
po
es o
les
igualaban
en
la
su ileza
de
los
sen idos.
El
mismo
na u a¬
lis a
no a
que
las
ca idades
de
c áneo
que
ocupan
los
di e sos
ó ganos
de
los
sen idos,
son
más
g andes
endos
indígenas
ame icanos
que
en
los
eu opeos;
lo
que,
sin
duda,
co esponde
á
una
di e sidad
de
igual
o den
en
las
di e encias
de
los
7
CARLOS
R.
DARWÍN
Ó ganos
mismos.
Blumembach
ha
a es iguado
ambién
que
las
ca idades
nasales
son
mayo es
en
el
c áneo
de
los
indígenas
ame icanos,
y
ela¬
ciona
es e
hecho
con
la
delicadeza
de
su
ol a o.
Los
mongoles
de
las
llanu as
del
Asia
del
No e
ienen,
según
Follas,
los
sen idos
do ados
de
una
pe ección
so p enden e;
y
Pincha
c ee
que
la
mayo
anchu a
de
sus
c áneos
sob e
los
zygomas
esul a
del
desa ollo
conside able
que
adquie en
sus
ó ganos
de
los
sen idos.
Los
indios
quechuas
habi an
las
al as
mese as
del
Pe ú,
y
Alcides
d‘O bygny
asegu a
que
han
adqui ido
pechos
y
pulmones
de
dimensiones
ex¬
ao dina ias,
espi ando
con inuamen e
en
una
a mós e a
muy
a i icada.
Las
células
de
sus
pul¬
mones
son
ambién
más
g andes
y
nume osas
que
las
de
los
eu opeos.
Es as
obse aciones
han
sido
pues as
en
duda,
pe o
M.
D.
Jo bes,
que
ha
medido
cuidadosamen e
un
g an
núme o
de
ayma¬
ás,
aza
ecina
á
aquélla,
que
i e
á
una
al u a
a iando
en e
diez
ó
quince
mil
pies,
me
in o ma
de
que
di ie en
muy
os ensiblemen e
de
odas
las
demás
azás
que
ha
is o,
po
la
ci cun e encia
y
la
longi ud
de
su
cue po.
En
su
abla
de
medidas,
la
alla
de
cada
homb e
es á
ep esen ada
po
1.000,
. e i iéndose
á
es a
unidad
las
demás
dimensiones.
Nó ase
en
dicha
abla
que
los
b azos
ex endidos
de
lós
ayma as,
más
co os
que
los
de
los
eu o¬
peos,
lo
son
ambién
mucho
iás
que
los
de
los
sal ajes.
Las
pie nas
son
igualmen e
más
co as,
y
p esen an
la
no able
pa icula idad
de
que,
en
odos
los
ayúia as
medidos,
el
ému
e a
más
co o
que
la
ibia.
La
longi ud
del
ému ,
compa ada
á
la
de
la
ibia,
es aba
po
é mino
medio
en
la
elación
de
211
á
252,
mien as
que
en
los
eu opeos,
medidos
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
99
•qI
mismo
iempo,
la
elación
e a
de
214
á
230,
y
en
es
neg os
de
258
á.251.
Tienen
ambién
el
húme¬
o
más
co o
que
el
an eb azo.
Es a
disminución
de
la
pa e
del
miemb o
más
ecina
al
onco,
pa¬
ece
se
un
caso
de
compensación
espec o
al
p olongamien o
de
es e
.úl imo,
según
me
ha
in¬
dicado
M.
Jo bes.
Los
ayma as
p esen an
o os
singula es
pun os
de
con o mación,
po
ejemplo,
la
escasa
p oyección
del
alón.
Es os
honib es
es án
an
comple amen e
acli¬
ma ados
á
su
esidencia
ija
y
ele ada,
que
cuan¬
do,
como
o as,
eces,
los
españoles
les
hacían
descende
á
las
llanu as
o ien ales,
lo
hacen
ac¬
ualmen e
en ados
po
los
conside ables
sala¬
ios
de
los
la ados
au í e os,
y
su en
una
mo ali¬
dad
espan osa.
Siñ
emba go,
habiendo
encon ado
oda ía
M.
Jo bes
en
las
llanu as
á
dos
amilias
que
habían
sob e i ido
du an e
dos
gene acio¬
nes,
no ó
que
liabían
he edado
aún
sus
pa icula¬
idades
ca ac e ís icas.
E a,
con
odo,
e iden e
ya
ó
p ime a
is a
que
odas
és as
habían
dismi-
nuído^^^y
su
medida
exac a
p obó
que
sus
cue pos
enían menos
longi ud
que
los
de
los
homb es
de
las
mese as,
mien as
sus
ému es
se
habían
ala ¬
gado,
ló
p opio
que
sus
ibias,
aunque
en
meno
g ado.
Es as
no ables
obse aciones,
á
mi
modo
de
e ,
p ueban
e iden emen e
que
una
esiden¬
cia
en
g an
al u a,
du an e
muchas
gene aciones,
iende
á.de e mina
modi icaciones
he edi a ias
en
las
p opo ciones
del
cue po,
an o
di ec a
como
indi ec amen e.
Po
más
que
el
homb e
puede
no
habe se
mo¬
di icado
mucho
du an e
los
úl imos
pe íodos
de
su
exis encia,
po
causa
de
un
aumen o
ó
dismi¬
nución
en
el
uso
de
algunas
pa es,
los
hechos
<iue
acabamos
de
señala
p ueban
que
su
ap i ud
ICO
CARLOS
E.
DARWJN
pa a
ello
no
se
ha
pe dido,
y
sabemos
de
lo
ma¬
ne a
más
posi i a
que
la
misma
ley
se
aplica
á
los
animales
in e io es.
De
ello
podemos,
po
lo
an o,
in e i
que
cuando
en
una
época
. emo a
los
an eceso es
del
homb e
se
hallaban
en
un
es ado
de
ansición,
du an e
el
cual
de
cuad úpedos
se
ans o ma on
en
bípedos,
la
selección
na u al
hab á:
sido
conside ablemen e
ayudada
po
los
e ec os
he edi a ios
del
aumen o
ó
la
disminución
en
el
uso
de
las
di e en es
pa es
de
cue po.
'
Lími es
de
desa ollo
.
—El
lími e
de
desa olla
di ie e
del
lími e
de
c ecimien o
en
que
las
pa ¬
es
que
a ec a
con inúan
aumen ando
el
olumen,,
conse ando
su
an e io
es ado.
Bas a á
pa a
nues o
obje o
eco da
la
cesación
de
desa ollo
del
ce eb o
de
los
idio as
miÓ océ alos,
á
cuya
desc ipción
ha
consag ado
Vog
una
Memo ia.
Sus
c áneos
son
más
pequeños,
y
las
ci cun olu¬
ciones
del
ce eb o
menos
complicadas
que
en
el
homb e
no mal.
La
disposición
de
la
en e,
p o¬
yec ándose
sob e
las
cejas,
y
el
p ogna ismo
es-
nan oso
de
las
mandíbulas,
da
á
es os
idio as
algún
pa ecido
con
los
ipos
in e io es
de
la
humani¬
dad.
Son
débiles
en
ex emó
su
in eligencia
y
la
mayo
pa e
de
sus
acul ades
men ales.
No
pue¬
den
a icula
ningún
lenguaje,
son
incapaces
de
una
a ención
p olongada,
pe o
se
les
e
inclina¬
dos
á
la
imi ación.
Son
ue es
y
no ablemen e
ac i os,
b incando
y
haciendo
muecas
sin
cesa .
Suben
las
escale as
sallando
de
cua o
en
cua o
los
peldaños,
y
ienen
cie a
in encible
endencia
ú
enca ama se
po
los
muebles
y
á
epa
á
los
á boles.
Es a
úl ima
a ición
nos
ecue da
la
del
p opio
géne o
que
se
obse a
en
casi
odos
los
niños,
y
la
inclinación
que
mues an
á
jugue ea ,
subiéndose
á
las
pequeñas
ele aciones
de
e ena
EL
OíliaBN
DEL
HOMBRE
101
.-que
á
su
paso
encuen an
los
cp dQ os
y
cab i os,
y^nimales
p imi i amen e
alpinos.
^
R
e e sión—G OiXi
núme o
de
casos
aplicables
>
á
es a
ley
pod ían
habe se
comp endido
en
el
^
an e io
apa ado.
Cuando
una
con o mación
cesa
an
su
desa ollo,
pe o
con inúa
c eciepdo
pda ía
has a
semeja se
mucho
á
alguna
es uc u a
co¬
espondien e
exis en e
en
algún
miemb o
in e-
i'o
y
adul o
del
mismo
g upo,
podemos,
bajo
cie o
aspec o,
conside a la
como
un
caso
de
e¬
e sión.
Los
miemb os
in e io es
de
un
g upo
nos
suminis an
algunas
indicaciones
sob e
la
p oba¬
ble
con o mación
del
an ecesó
común
de
es e
g upo,
y
no
se ía
muy
c eíble
que
una
pa e
de e¬
nida
en
una
de
las
ases
de
su
desa ollo
emb io¬
na io,
pudiese
se
capaz
de
c ece
has a
eje ce
ul e io men e
su
unción
p opia,
si
dicha
pa e
no
'
hubiese
adqui ido
es a
acul ad
de
aumen a ,
en
■
algún
es ado
de
exis encia
in e io ,
en
la
cual
e a
no mal
la
con o mación
excepcional
ó
de enida.
El
ce eb o
simple
de
los
mic océ alos,
conside án¬
dolo
en
cuan o
se
pa ece
al
de
un
mono,
puede,
bajo
es e
pun o
de
is a,
se
conside ado
como
ep esen ando
un
Caso
de
e e sión.
O os
hay
que
se
enlazan
más
igu osamen e
á
los
hechos
de
e e sión
de
que
aquí
nos
ocupamos.
Cie as
•con o maciones
que
se
encuen an
egula men e
en
los
miemb os
in e io es
del
g upo
de
que
el
homb e
o ma
pa e,
apa ecen
ocasionalmen e
en
es e
úl imo,
aunque
al an
en
el
emb ión,humano
no mal,
ó
si
en
él
se
encuen an,
se
desa ollan
ul e io men e
de
una
mane a
ano mal,
po
más
que
es e
modo
de
e olución
sea
p ecisamen e
el
peculia
á
los
miemb os
in e io es
del
g upo.
Los
siguien es
ejemplos
ha án
comp ende
mejo
es as
-obse aciones:
108
CAELOS
R.
DARWIÍÍ
Va iaciones
co ela i as
.—En
el
homb e,
como
«n
los
animales
in e io es,
muchas
con o macio¬
nes
pa ecen
es a
an
ín imamen e
enlazadas
-en e
sí,
que
cuando
una
de
ellas
a ía,
o a
hace
lo
mismo,
sin
que
podamos,
en
la
mayo ía
de
los
casos,
indica
la
causa.
No
sabemos
deci
cuál
es
la
pa e
que
p edomina
sob e
la
o o,
ó
si
sob e
las
dos
p edomina
alguna,
desa ollada
an e io ¬
men e.
Di e sas
mons uosidades
se
encuen an
así
énlazados
mu uamen e,
con o^ane
lo
ha
p o¬
bado
I.
Geo oy
Sain -Hiiai e.
Las
con o macio¬
nes
homologas
es án
pa icula men e
suje as
á
a ia
simul áneamen e;
es o
mismo
es
lo
que
■
obse amos
sob e
los
lados
opues os
del
cue po
y
en
las
ex emidades
supe io es
ó
'in e io es.
Hace
mucho
iempo
Haeckel
no ó
que
cuando
los
músculos
del
b azó
se
des ían
de
su
p opio
ipo,
imi an
casi
siemp e
á
los
de
la
pie na,
é
in e sa¬
men e.
Los
ó ganos
de
la
is a
y
del
oído,'
los
dien es
y
los
cabellos,
el
colo
^e
és os
y
de
la
piel,
y
el
in e
y
la
cons i ución,
es án
en
mayo
ó
meno
co elación
siemp e.
Además
de
las
a iaciones
que
se
pueden
in¬
clui
en
las
ag upaciones
p oceden es,
queda
ex-
-céden e
una
g an
clase,
que
p o isionalmen e
se
puede
llama
espon ánea,
po que,
igno ando
su
o igen,
los
casos
que
la
componen
pa ecen
su gi
sin
causa
apa en e.
Vese,
sin
emba go,
que
las
a iaciones
de
es e
géne o,
ya’consis an
en
lige as
-di e encias
indi iduales,
ya
en
des iaciones
de
es uc u a
b uscas
y
conside ables,
dependen
mu-
-cho
más
de
la
cons i ución
del
o ganismo
que
de
la
na u aleza
de
las
condiciones
á
que
ha
es ado
-expues o.
T'asa
de
c ecimien o
.
—
H
a
s
e
is o
á
naciones
ei ilizadas
en
condiciones
a o ables,
como
los
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
109^.
Es ados
UnidoSj
duplica
el
núme o
de
sus
habi¬
an es
en
ein icinco
años;
hecho
que,
según
un
cálculo
es ablecido
po
Eule ,
pod ía
ealiza se-
ai
cabo
de
algo
más
de
doce
años.
Siguiendo
es a
p opo ción,
la
ac ual
población
de
los
Es ados-
Unidos,
que
es
de
30
millones,
llega ía
á
se
en
675
años
bas an e
nume osa
pa a
ocupa
odo
el
globo,
á
azón
de
cua o
homb es
po
me a-
cuad ado
de
supe icie.
El
obs áculo
lundamen-
al
que
limi a
el
c ecimien o
con inuo
de
los
hom¬
b es
es
la
di icul ad
de
encon a
su
subsis encia
y
i i
desahogadamen e.
Así
nos
podemos
expli¬
ca
el
ejemplo
de
los
Es ados
Unidos,
donde
las-
subsis encias
son
abundan es
y
el
e eno
ex en¬
so.
Si
es os
medios
so
duplicasen
en
Ingla e a^
duplica ía
p on amenle
su
población.
En
las
na¬
ciones
ci ilizadas,
el
p ime o
de
los
dos
obs áculos-
ob a,
sob e
odo,
educiendo
el
núme o
de
ma i¬
monios.
La
p opo ción
más^ele ada
de
la
mo a¬
lidad
de
los
niños
en
las
clases
menes e osas
es
ambién
muy
impo an e,
como
lo
es
igualmen e
la
mo alidad
que
eina
en
odas
las
edades
y
las
di e sas
en e medades
que
se
p oducen
eií
los
inquilinos
de
habi aciones
mise ables
y
malsanas.
Los
e ec os
de
las
epidemias
y
de
las
gue as
que¬
dan
compensados
p on amen e
y
con
c eces
en
las
naciones
colocadas
en
condiciones
a o ables.
La
emig ación
puede
con ibui
ambién
á
una
de ención
empo al,
pe o
no
eje ce
ninguna
in¬
luencia
sensible
sob e
las
más
pob es.
Hay
mo i os
pa a
sospecha ,
según
Mal hus,
que
la
ep oducción
es
ac ualmen e
menos
ac i a
en
los
bá ba os
que
en
las
naciones
ci ilizadas.
No
sabemos
nada
posi i o
sob e
es e
pun o,
po ¬
que
no
se
ha
a ado
de
hace
censo
alguno
en e
los
sal ajes;
pe o
esul a
del
es imonio
aco de
de
lio
CARLOS
R.
DARWIN
os
misione os
y
o os
que
han
esidido
mucho
iempo
en
aquellos
pueblos,
que
sus
amilias
son
o dina iamen e
poco
nume osas.
Pa ece
que,
en
pa e,
se
puede
explica
es e
hecho
po
la
cos um¬
b e
que
ienen
las
muje es
de
amaman a
á
sus
hijos
du an e
un
la guísimo
pe íodo;
pe o
es
p o-
J^able
que
los
sal ajes,
que
á
menudo
a as an
una
ida
muy
penosa
y
no
se
p ocu an
una
ali¬
men ación
an
nu i i a
como
las
azas
ci ilizadas,
deben
se
ealmen e
menos
p olí icos.
He
p obado
•en
una
ob a
p eceden e
que
odos
nues os
ani¬
males
domés icos
y
odas
nues as
plan as
cul i¬
adas
son
más
é iles
que
las
especies
co espon¬
dien es
en
el
es ado
de
na u aleza.
No
cons i uye
una
objeción
g a e
á
es a
a i mación
el
hecho
de
.que
los
animales
que
eciben
un
exceso
de
ali¬
men o
pa a
se
cebados,
ó
que
la
mayo ía
de
las
plan as
epen inamen e
anspo adas
de
un
e e¬
no
casi
á ido
á
uno
muy
é il,
an
mos ando
mayo
ó
meno
es e ilidad.
Tal
a i mación
me
conduci ía
á
espe a
que
los
homb es
que
es án
en
cie o
sen ido
some idos
á
una
ele ada
ci iliza¬
ción,
se ían
más
p olí icos
que
los
sal ajes.
Es
p obable
ambién
que
el
aumen o
de
e ilidad
de
las
naciones
ci ilizadas,
ende ía
á
se
un
ca ác e
he edi a io,
como
en
nues os
animales
domés i¬
cos;
sábese,
po
lo
menos,
que
en
las
amilias
humanas
se
obse a
una
endencia
á
la
p oduc-
<íión
de
gemelos.
Aunque
menos
p olí icos
que
los
pueblos
ci i¬
lizados,
los
sal ajes
aumen a ían,
sin
duda,
ápi¬
damen e,
si
no
es u iese
su
núme o
educido
i-
.gu osamen e
po
algún
mo i o.
Los
San ali,
ibu
que
habi a
en
las
mon añas
de
la
India,
han
o e-
<5Ído
ecien emen e
un
ejemplo
de
es e
hecho,
po que
según
ha
p obado
M.
Hun e ,
han
enido
EL
OKIGBN
OEL
HÍ.'JIimE
111
Í''
un
aumen o
ex ao dina io
desde
la
in oducción
de
la
acuna,
desde
que
se
han
debili ado
algunas
.epidemias
y
desde
que
la
gue a
ha
sido
es ic a-,
men e
sup imida.
Sin
emba go,
es e
aumen o
hubie a
sido
imposible
si
sus
indi iduos
no
se
hubiesen
espa cido
po
los
al ededo es
de
su
país
pa a
abaja
á
sala io.
Los
sal ajes
se
casan
e¬
cuen emen e,
con
la
limi ación
de
que
nunca
co¬
múnmen e
lo
e ec úan
en
la
edad
en
que
se
ad¬
quie e
la
ap i ud
pa a
ello.
F ecuen emen e
los
jó enes
han
de
p oba
que
pueden
gana
la
sub¬
sis encia
pa a
la
muje ,
y
po
lo
gene al
han
de
p opo ciona se,
abajando,
el
do e
necesa io
pa a
comp a la
á
sus
pad es.
La
di icul ad
que
ienen
los
sal ajes
pa a
p ocu a se
la
subsis encia,
limi¬
aba
á
eces.su
núme o
de
una
mane a
mucho
más
di ec a
que
en
los
pueblos
ci ilizados,
po que
odas
las
ibus
se
hallan
exjuies as
á
su i
ham¬
b es
igu osas,
du an e
las
cuales
ense
p ecisa¬
das
á
alimen a se
mise ablemen e,
comp ome¬
iendo
su
salud.
Obligadas
muchas
á
lle a
una
ida
nómada,
causa
és a
la
mue e
de
úume osos
niños,
según
me
han
asegu ado
en
Aus alia.
Siendo
las
hamb es
pe iódicas,
y
dependiendo
p incipalmen e
de
las
es aciones
ex emas,
deben
expe imen a
odas
las
ibus
luc uaciones
en
el
núme o
de
sus
poblado es.
Es os
no
pueden
au¬
men a
de
un
modo
egula
y
cons an e,
ya
que
no
poseen
medio
alguno
pa a
hace
a i icialmen e
mayo
la
can idad
del
alimen o.
Cuando
á
ello
se
en
impulsados
po
la
necesidad,
los
sal ajes
in¬
aden
los
e i o ios
ecinos,
de
lo
cual
esul a
úna
gue a
con
la
ibu
que
los
ocupa:
es
e dad,
po
o a
pa e,
que
dos
ibus
inmedia as
siemp e
es án
en
gue a.
En
sus
en a i as
pa a
p ocu a se
los
medios
de
subsis encia,
hállense
expues os
á
112
CARLOS
R.
DARWIN
nume osos
acciden es
sob e
la
ie a
y
sob e
eí
agua,
y
en
algunos
países
han
de
de ende se,
no
siemp e
con
éxi o,
de
los
g andes
animales
dañi¬
nos.
Ha
llegado
á
sucede
en
la
India
que
algunos
dis i os
han
quedado
despoblados
po
los
es a¬
gos
come idos
po
los
ig es.
Mal hus
ha
es udiado
es as
di e sas
causas
de
limi ación
en
el
aumen o
de
población,
pe o
na
insis e
bas an e
sob e
ün
hecho,
al
ez
el
más
impo an e
de
odos,
el
del
in an icidio'
y
las
p ác¬
icas
pa a
p oduci
el
abo o.
Es as
úl imas
einan
ac ualmen e
en
muchas
pa es
del
globo,
y
según
M.
Lennan,
el
in an icidio
pa ece
habe
p edomi¬
nado
o as
eces
en
una
escala
aun
más
conside¬
able.
Tal
ez
ales
c ímenes
engan
su
o igen
en
la
di icul ad
y
aun
la
imposibilidad
en
que
se
en¬
cuen an
los
sal ajes
pa a
pode
alimen a
á
los
hijos
que
nacen.
A
las
causas
p eceden es
de
limi¬
ación
puede
añadi se
al
ez
la
del
desa eglo
de
conduc a;
pe o
es as
úl imas
no
esul an
de
una
al a
absolu a
de
medios
de
subsis encia,
aunque
hay
mo i os
pa a
admi i
que
en
algunos
países
(como
ia
China)
se
haya
es imulado
in encionada¬
men e
el
in an icidio,
con
el
obje o
de
man ene
la
población
en
unos
lími es
cons an es.
Si
di igimos
nues as
mi adas
ú
una
época
ex emadamen e
emo a,
an es
que
el
homb e
hubiese
adqui ido
la,
dignidad
del
Se
humano»
e emos
que
debía
en onces
ob a
más
po
ins¬
in o
y
menos
po
azón
que
los
sal ajes
ac uales.
Nues os
an eceso es
p imi i os
semihumanos
no
p ac ica ían
el
in an icidio,
ya
que
los
ins in os
de
los
animales
in e io es
nunca
se
mues an
en
al
es ado
de
pe e sión
que
les
impulsen
á
des¬
ui
su
p ole.
Tampoco
debían
pone
al
ma imo¬
nio
las
abas
de
p udencia,
y
los
indi iduos
de
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
113
ambos
sexos'
se
apa ejaban
desde
muy
jó enes.
Los
an eceso es
del
homb e
debie on
ende ,
po
consiguien e,
6
mul iplica se
ópidamen e,
pe o
obs áculos
de
alguna
clase,
pe iódicos
ó
cons an¬
es,
con ibui ían
á
educi
su
núme o
con
más
igo
al
ez
que
en e
los
ac uales
sal ajes.
La
na u aleza
de
es os
obs áculos
pues os
al
des¬
a ollo
del
homb e,
como
al
de
la
mayo
pa e
de
los
animales,
no
es
desconocida
ha^ a
aho a.
Sa¬
bemos
que
el
ganado
caballa
y
el
acuno,
que
no
.
es
muy
p olí ico,
ha
aumen ado
con
una
eno me
apidez
desde
su
in oducción
en
la
Amé ica
del
Su .
El
animal
más
len o
en
ep oduci se,
el
ele¬
an e,
pobla ía.el
mundo
en e o
en
algunos
milla¬
es
de
años.
EÍ
aumen o
de
di e sas
especies
de
monos
debe
es a
limi ado
po
alguna
causa,
pe o
no,
como
hace
no a
B ehm,
po
los
a aques
de
las
ie as.
Nadie
p e ende á
que
la
ue za
ep o-
duc iz
ac ual
del
ganado
de
Amé ica
haya
c ecido
p ime amen e
de
una
mane a
sensible
pa a
dis¬
minui
más
a de,
á
medida
que
cada
egión
se
poblase
de
un
modo
más
comple o.
En
es e
caso,
como
en
los
an e io es,
es
ácil
haya
habido
un
concu so
de
muchos
obs áculos,
di i iendo
según
las
ci cuns ancias;
en
el
núme o
de
los
más
im¬
po an es
deben
p obablemen e
inclui se
las
ca-'
es ías
pe iódicas,
esul ado
de
las
es aciones
des a o ables.
Lo
mismo
ha
debido
ocu i
á
los
an eceso es
p imi i os
del
homb e.
^
Selección
na u al
.—Hemos
is o
ya
que
el
hom¬
b e
a ía
po
el
cue po
y
el
espí i u,
y
que
ales
a iaciones
son
p o ocadas
di ec a
ó
indi ec a¬
men e
po
las
mismas
causas
gene ales
y
según
las
mismas
leyes
que
igen-pa a
con
los
animales
in e io es.
Ex ensamen e
espa cido
el
homb e
po
la
supe icie
de
la
ie a,
en
sus
incesan es
8
114
CARLOS
R.
DARWIN
emig aciones
ha
de
habe se
hallado
expues o
á
las
más
dis in as
condiciones.
Los
habi an es
de
la
Tie a
de
Fuego,
del
cabo
de
Buena
Espe anza
y
de
la
Tasmania,
en
uñó
de
los
hemis e ios,
y
los
de
las
egiones
á icas
en
el
o o,
deben
habe
pasado
po
muchos
climas
y
modi icado
muchas
eces
sus
cos umb es
an es
de
ija se
en
sus
ac¬
uales
países.
Los
p ime os
an eceso es
del
hom¬
b e,
como
odos
los
demás
animales,
ende ían
á
mul iplica se
mucho
más
de
lo
que
pe mi ían
sus
medios
de
subsis encia;
es a ían
expues os
oca¬
sionalmen e
á
una
lucha
po
la
exis encia,
y
po
consiguien e,
halla íanse
suje os
á
la
in lexible
ley
de
la
selección
na u al.
Va iaciones
en ajosas
de
odos
géne os
hab án
sido
de
e's e
modo
acci-
deii al
ó
habi ualmen e
obse adas,
á
la
pa
que
eliminadas
las
pe judiciales.
No
me
e ie o
con
es o
á
las
p onunciadas
des iaciones
de
con o ¬
mación,
que
sólo
apa ecen
á
la gos
in e alos,
sino
sólo
á
las
di e encias
indi iduales.
Sabemos,
po
ejemplo,
que
los
músculos
que
p o ocan
los
mo jmien os
de
nues as
manos
y
de
nues os
pies
es án
suje os,
cpmo
los
de
los
animales
in e¬
io es,
á
una
g an
a iabilidad.
Si
los
an ecéso es
simia
nos
del
homb e
(habi ando
una
egión
cual¬
quie a
y
es ando
en
camino
de
cambia
sus
con¬
diciones)
hubiesen
es ado
di ididos
en
dos
g upos
iguales,
el
g upo
que
con end ía
odos
los
indi i¬
duos
más
ap os,
po
su
o ganización
mo iz,
pa a
p ocu a se
la
subsis encia
ó
pa a
de ende se,
su¬
minis a ía
un
p omedio
mayo
de
sob e i ien es
y
p oduci ía
más
descendien es
que
el
o o
g upo
menos
a o ecido.
Aun
en
el
es ado
más
impe ec o
en
que,exis a
ac ualmen e,
el
homb e
es
la
o ma
animal
más
p eponde an e
que
ha
apa ecido
en
la
ie a.
Se
Eli
ORIGEN
DEL
HOMBRE
115
ha
espa cido
con
mucha
mayo
p o usión
que
o o
ipo
alguno
de
o ganización
ele ada;
odos
le
han
cedido
el
paso.
Debe
e iden emen e
el
homb e
es a
inmensa
supe io idad
á
sus
acul ades
in e¬
lec uales,
ó
sus
hábi os
sociales,
que
le
conducen
á
ayuda
y
á
de ende
á
sus
semejan es
y
á
su
con¬
o mación
co po al.
La
sup ema
impo ancia
de
es os
ca ac e es
es á
p obada
po
el
esul ado
inal
iel
comba e
po
la
exis encia.
Po
la
ue za
ie
su
in eligencia
ha
iesa olla io
el
lenguaje
a icula io,
que
ha
llegado
á
se
el
agen e
p incipal
de
su
so ¬
p enden e
p og eso.
Ha
in en ado
di e sas
a mas,
he amien as,
lazos,
e c.
Ha
cons uido
balsas
ó
emba caciones
con
las
que
ha
podido
dedica se
á
la
pesca
y
pasa
de
una
isla
á
o a
ecina
más
é il.
Ha
descubie o
el
a e
de
encende
uego,
y
con
su
ayuda
ha
podido
hace
comes ibles
y
di¬
ge ibles
aíces
du as
y
es oposas,
log ando
am¬
bién
coce
plan as,
que,
enenosas
c udas,
cocidas
han
sido
ino ensi as.
El
descub imien o
de
aquel
a e,
el
mayo
al
ez
después
del
lenguaje,
da a
de
una
época
muy
in e io
á
los
p ime os
albo es
de
la
his o ia.
Tan
di e sas
in enciones,
que
habípn
hecho
al
homb e
p eponde an e
aun
en
su
es ado
más
in e io ,
son
el
esul ado
di ec o
de
sus
ap i¬
udes
pa a
la
obse ación,
la
memo ia,
la
cu iosi¬
dad,
la
imaginación
y
el
aciocinio.
El
ac o
de
a oja
una
pied a
con
la
p ecisión
<íon
que
lo
hoce
un
indígena
de
la
Tie a
de
Fuego,
sea
pa a
de ende se,
sea
pa a
ma a
un
pája o,
exige
la
pe ección
más
consumada
en
la
acción
combinada
de
los
músculos
de
la
mano,
del
b azo
y
de
la
espalda
y
de
un
sen ido
ác il
bas an e
ino.
Pa a
echa
una
pied a
ó
una
lanza,
como
pa a
o os
muchos
ac os,
el
homb e
debe
a i ma ¬
se
sob e
sus
pies,
lo
cual
exige
aún
la
coadap a-
116
CARLOS
R.
DARWIN
ción
pe ec a
de
una
po ción
de
músculos.
Pa a
alla
un
pede nal,
con i iéndolo
en
la
he a¬
mien a
de
una
ejecución
más
g ose a,
ó
pa a
da
á
un
hueso
la
o ma
de
un
co che e
ó
de
un
an¬
zuelo,
se
necesi a
una
mano,
comple a,
po que,
como
ha
hecho
no a
M.
Schoolc a ,
el
a e
de
ans o ma
agmen os
de
pied a
en
cuchillos,
lanzas
ó
pun as
de
lecha,
deno a
«una
habilidad
ex emada
y
una
la ga
p ác ica».
De
ello
enemos
una
p ueba
en
que
los
homb es
p imi i os
p ac¬
icaban
la
di isión
del
abajo;
no
con eccionaba
cada
indi iduo
de
po
sí
sus
he amien as
de
pe¬
de nal
ó
su
g ose a
ajilla,
sino
que
pa ece
que
cie os
indi iduos
se
consag aban
á
es a
clase
de
abajos,
ecibiendo
sin
duda
en
cambio
el
p o¬
duc o
de
la
caza.
Los
a queólogos
es án
con enci¬
dos
de
que
un
g an
pe íodo
ha
debido
anscu i
an es
de
que
nues os
an eceso es
hayan
pensado
en
desgas a
la
supe icie
de
los
pede nales,
llenos
de
a is as,
pa a
hace
ú iles
pulimen ados.
Un
animal
que
se
pa eciese
al
homb e,
p o is o
de
una
mano
y
un
b azo
bas an e
pe ec o
pa a
a o¬
ja
con
p ecisión
una
pied a
ó
pa a
lab a
eií
el
.pede nal
un
g ose o
ú il,
pod ía,
indudablemen e,
con
una
su icien e
p ác ica,
ealiza
casi
odo
lo
que
un
homb e
ci ilizado
es
capaz
de
hace ,
an
sólo
en
lo
que
concie ne
á
la
habilidad
mecánica.
Bajo
es e
aspec o,
puede
compa a se
la
con o ¬
mación
de
la
mano
á
la
de
los
ó ganos
ocales,
que
si en
en
los
monos
pa a
la
emisión
de
di e ¬
sos
g i os
ó
de
cadencias
musicales
como
en
una
especie,
mien as
en
el
homb e,
ó ganos
ocales
muy
pa ecidos
se
adap an,
po
los
e ec os
he edi¬
a ios
del
uso,
á
la
exp esión
del
lenguaje
a icu¬
lado.
Pasemos
aho a
á
los
ecinos
más
inmedia os
EL
ORiaEN
DEL
HOMBRE
117
al
homb e,
y
po
lo
an o,
á
los
mejo es
ep esen¬
an es
de
nues os
p imi i os
an eceso es.
Las
manos
de
ios
cuad umanos
es án
con o madas
sob e
el
mismo
modelo
gene al
que
las
nues as,
aunque
aquéllas
es án
dispues as
con
menos
pe ¬
ección
pa a
di e sos
usos.
Sus
manos
no
les
si ¬
en
an
bien
pa a
la
locomoción
como
las
pa as
al
pe o;
así
se
obse a
en
los
monos
que
andan
apoyándose
sob e
los
bo des
ex emos
de
la
pal¬
ma
de
la
mano
ó
sob e
el
e e so
de
sus
dedos
doblados,
como
el
o angu án
y
el
chimpancé.
En
cambio
son
sumamen e
á
p opósi o
pa a
epa á
ios
á boles.
Los
monos
cogen,
como
noso os,
amas
delgadas
ó
cue das
en e
el
pulga
po
una
pa e
y
los
dedos
y
la
palma
po
o a.
Así
pueden
lle a
á
sus
labios
obje os
bas an e
g andes,
como
po
ejemplo,
una
bo ella.
Los
babuinos
a ancan
• aíces
con
sus
manos,
cogen,
oponiendo
el
pulga
á
los
demás
dedos^,a ellanas,
insec os
y
o os
ob¬
je os
pequeños,
y
sacan
así
los
hue os
y
los
po-
lluelos
de
los
niños.
Los
monos
ame icanos
ma¬
gullan,
golpeándolas
sob e
una
ama,
las
na anjas
sil es es
has a
que,
hendida
la
piel,
la
pueden
a anca
con
sus
dien es.
O os
monos
ab en
con
ayuda
de
los
pulga es
las
conchas
de
las
almejas.
.Se
a ancan
las
espinas
que
se
cla an
en
su
cue ¬
po
y
se
buscan
mu uamen e
sus
pa ási os.
En
el
es ado
de
na u aleza
ompen
los
u os
de
cás¬
ca a
ue e
golpeándolos
con
guija os.
Hacen
oda
las
pied as
ó
las
a ojan
á
sus
enemigos;
sin
emba go,
ejecu an
odos
es os
ac os
con
mu¬
cha
o peza,.y
ni
siquie a
son
capaces
de
a oja
una
pied a
con
p ecisión.
Dis a
mucho
de
se
e dad,
á
mi
modo
de
e ,
el
que
ya
que
los
monos
cogen
o pemen e
los
obje os,
«un
ó gano
de
p ensión
menos
de a-
124
CARLOS
R.
DARWIN
de
los
mamí e os
ac uales,
pe enecien es
á
los
mismos
g upos,
ha
llegado
á
la
no able
conclusión
de
que
en
las
o mas
mode nas
el
ce eb o
es
ge¬
ne almen e
mayo
y
sus
ci cun oluciones
más
complejas.
He
p obado
en
o a
ob a
que
el
ce e¬
b o
del
conejo
domés ico
ha
disminuido
de
ama¬
ño
compa ado
con
el
del
conejo
sil es e
ó
de
la
lieb e,
lo
cual
puede
a ibui se
á
que,
i iendo
los
conejos
en
cau i idad
du an e
nume osas
gene aciones,
han
eje ci ado
muy
poco
su
in e¬
ligencia,
ins in os,
sen idos
y
mo imien os
olun¬
a ios.
V
El
peso
y
el
olumen
c ecien es-
del
ce eb o
y
del
c áneo
en
el
homb e,
han
debido
su i
sob e
ol
desa ollo
d.e
la
columna
e eb al
que
los
so.-
po a,
sob e
odo‘mien as
la
cabeza
endía
á
e ¬
gui se.
En
es e
cambio
de
posición,
la
posición
in e na
del
ce eb o
ambién
hab á
in luido
sob e
la
o ma
del
c áneo,
la
cual,
como
lo
p ueban
muchos
hechos,
se
esien e
ácilmen e
po
accio¬
nes
de
es a
clase.
Los
e nólogos
admi en
que
puede
se
modi icada
po
el
géne o
de
cuna
en
que
se
deposi a
el
niño.
Espasmos
muscula es
habi uales
y
una
cica iz
que
había
esul ado
de
una
ue e
quemadu a,
modi ica on
una
ez
de
una
mane a
pe manen e
los
huesos
de
la
ca a.
En
jó enes
que,
después
de
una
en e medad,
que¬
da
ijada
la
cabeza
á
un
lado
ó
hqcia
a ás,
un
ojo
ha
cambiado
de
posición
y
los
huesos
del
c áneo
se
han
modi icado,
cambios
que
pa ecen
esul a
de
una
p esión
eje cida
po
el
ce eb o,
siguiendo
una
nue a
di ección.
Es os
y
o os
hechos
nos
hacen
comp ende ,
has a
cie o
pun o,
cómo
han
podido
adqui i se
las
g andes
dimensiones,y
la
o ma
más
ó
menos
edonda
del
c áneo,
cons i uyendo
los
Ca ac e es
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
125
que
an
eminen emen e
dis inguen
al
homb e
de
los
animales
in e io es.
O a
di e encia
no able
consis e
en
la
desnudez
de
su
piel.
Las
ballenas
y
del ines
(ce áceos)
y
el
hipopó amo
la
mues an
igualmen e;
es o
puede
se les
ú il
en
el
medio
acuá ico
en
que
es án
des i¬
nadas
á
mo e se,
sin
pe judica les
po
la
pé dida
de
calo ,
ya
que
las'especies
que
habi an
las
e¬
giones
ías
es án
p o egidas
po
un
espeso
e es¬
imien o
de
g asa,
que
llena
el
mismo,
obje o
que
la
piel
e es ida
de
pelo
de
las
ocas
y
de
las
nu¬
ias.
Los
ele an es
y
los
inoce on es
es án
casi
desp o is os
de
pelo,
y
como
cie as
especies
ex¬
inguidas
que
en
o as
épocas
i ían
en
un
clima
á ico
es aban
en onces
cubie as
de
una
lona,
pa ece ía
que
las
especies
ac uales
de
los
dos
gé¬
ne os
han
pe dido
su
e es imien o
piloso
bajo
la
in iuencia
del
colo .
Es o
pa ece
an o
más
p oba¬
ble,
ya
que
los
ele an es
que
en
la
India
habi an
dis i os
ele ados
y
escos,
son
más
ellosos
que
los
de
los
países
más
bajos.
¿Podemos
in e i
de
es e
hecho
que
el
homb e
haya
pe dido
su
e es¬
imien o
piloso
á
consecuencia
de
habe
habi ada
p imi i amen e
un
país
opical?
El
conse a se
ios
pelos,
en
el
sexo
masculino
p incipalmen e,
sob e
la
ca a
y
el
pecho,
y
en
ambos
sexos
en
las
conjunciones
de
los
cua o
miemb os
con
el
on¬
co,
se ían
hechos
que
apoya ían
es a
a i mación,
admi iendo
que
se
haya
pe dido
el
pelo
an es
de
que
el
homb e
haya
adqui ido
la
posición
e ical,
po que
p ecisamen e
las
pa es
que
han
conse ¬
ado
más
pelos
son
las
que
en onces
es a ían
más
ab igadas
con a
el
sol.
La
pa e
supe io
de
la
cabeza
p esen a,
sin
emba go,
una
cu iosa
ex¬
cepción,
ya
que
en
odos
iempos
debe
habe
sido
una
de
las
pa es
más
expues as,
y
á
pesa
de
126
CARLOS
R.
DARWIN
•ello,
es á
espesamen e
e es ida
de
cabello.
Bajo
es e
aspec o,
el
homb e
con iene
con
la
g an
ma¬
yo ía
de
los
cuad úpedos,
que
ienen
gene al¬
men e
su
supe icie
ex e io
y
expues a
más
espesa
que
la
in e io .
El
hecho
de
los
o os
miemb os
del
o den
de
los
p ima os,
á
que
pe e¬
nece
el
homb e,
aunque
habi ando
di e sas
egio¬
nes
ó idas,
es án
muy
cubie os
de
pelos,
sob e
odo
en
la
pa e
ex e io ,
y
con adice
abie a¬
men e
la
hipó esis
de
que
el
homb e
haya
pe dido
la
ellosidad
gene al
po
la
acción
del
sol.
Po
lo
an o,
en
is a
de
es os
hechos,
es oy
dispues o
á
c ee
que,
con o me
e emos
á
p opósi o
de
la
selección
sexual,
el
homb e,
ó
mejo ,
ha
muje
p imi i a,
ha
debido
despoja se
de
sus
pelos
con
algún
obje o
de
o namen ación.
Según
una
opinión
popula ,
la
al a
de
cola
es
u i
hecho
que
eminen emen e
dis ingue
al
homb e;
pe o
no
lo
ca ac e iza
especialmen e,
ya
qu^
el'
mismo
ó gano
al a
en
los
monos
que
po
su
con¬
o mación
se
ace can
más
al
ipo
humano.
No
se
ha
a ado
de
da ,
al
menos
que
yo
sepa,
ninguna
explicación
de
la
ausencia
de
cola
en
algunos
mo¬
nos
y
en
el
homb e,
cosa
que,
po
o a
pa e,
no
iene
nada
de
ex año,
po que
es e
ó gano
puede
p esen a
di e encias
ex ao dina ias
de
ex ensión
en
las
di e sas
especies
de
un
mismo
géne o.
En
algunas
especies
de
macacos,
po
ejemplo,
la
cola
es
más
la ga
que
el
cue po
en e o,
y
comp ende
ein icua o
é eb as;
en
o as
se
e
educida
á
un
ozo,
apenas
isible,
compue o
de
es
ó
cua o
é eb as.
De
ein icinco
é eb as
se
com¬
pone
la
ce a
en
algunas
especies
de
babuinos,
mien as
la
del
mand il
no
posee
sino
diez
peque¬
ñas
y
desmi iadds,
ó,
según
Gu ie ,
solamen e
einco.
Es a
g an
di e sidad
en
la
con o mación
y
EL
OílIGEN
DEL
HOMBRE
127
ia
longi ud
de
la
cola
en
animales
del
mismo
gé¬
ne o
é
iguales
cos umb es,
p ueba
casi
que
es e
ó gano
no
iene
pa a
ellos
una
g ande
impo an¬
cia,
de
lo
cual
debe íamos
espe a
que
en
alguna
ocasión
llega ía
á
se
más
ó
menos
udimen a ia,
con o me
con inuamen e
lo
obse amos
á
p opó¬
si o
de
o as
con o maciones.
La
cola,
sea
la ga
ó
co a,
se
adelgaza
hacia
su
ex emidad,,
lo
que,
según
p esumo,
esul a
de
Ta
a o ia,
po
al a
de
uso,
de
los
músculos
e minales,
con
sus
a e ias,
y
ne ios,
a as ando
ambién
la
de
los
huesos.
En
lo
que
concie ne
ú
la
egión
coxígea
(que
en
el
homb e
y
los
monos
supe io es
se
compone
e iden emen e
de
algunos
segmen os
educidos
de
la
base
de
una
c'ola
o dina ia),
se
ha
p egun a¬
do
algunas
eces
cómo
se
había
podido
halla
an
comple amen e
hundida
en
el
cue po.
La
es¬
pues a
no
es
di ícil,
ya
que
en
muchos
monos
los
segmen os
de
la
base
de
la
e dade a
cola
se
hallan
pa ecidamen e
escondidos.
M.
Mu ie
me
in o ma
de
que
en
el
esquele o
de
un
Macacas
ino naius
no
adul o,
ha
con ado
nue e
ó
diez
é ¬
eb as
caudales
que
no
enían
jun as
más
que
45
milíme os
de
longi ud
y
de
las
que
las
es
p i¬
me as
pa ecían
es a
hundidas,
y
las
demás
o -
m'abínn
la
pa e
lib e
de
la
cola,
que
sólo
enía
25
milíme os
de'la ga
y
la
mi ad
de
espeso .
Aquí
las
es
é eb as
caudales
hundidas
co espon¬
den
cla amen e
á
las
cua o
é eb as
disimuladas
po
una
soldadu a
comple a,
que
componen
el
coxis
en
la
aza
humana.
He
a ado
de
demos a
que
algunos
de
los
ca ac e es
más
dis in i os
del
homb e
han
sido
ob enidos,
según
odas
las
p obabilidades,
ó
di ec¬
amen e
ó
más
á
menudo
de
una
mane a
indi ec¬
a,
po
selección
na u al.
No
ol idemos
que
no
128
CARLOS
R.
DARWIN
han
podido
se
adqui idas
de
es e
modo
las
mo¬
di icaciones
de
es uc u a
ó
de
cons i ución
que
no
p es an
ningún
se icio
á
un
o ganismo,
adap¬
ándolo
á
su
modo
de
i i ,
á
los
alimen os
que
consume,
ó
pasi amen e
á
sus
condiciones
am¬
bien es.
A
pesa
de
es o,
no
podemos
decidi
con
mucha
segu idad
cuáles
son
las
modi icaciones
que
pueden
se
en ajosas
á
cada
o ganismo,
po que
igno amos
aún
mucho
sob e
el
empleo
de
nume osas
pa es
y
sob e
la
na u aleza
de
los
ca íibios
que
deben
expe imen a
la
sang e
y
los
ejidos
pa a
adap a
un
se
á
un
nue o
clima
ó
á
una
alimen ación
di e en e.
También
debemos
ene
en
cuen a
el
p incipio
de
la
co elación
que
enlaza
en e
si
an as
ex añas
des iaciones.de
es uc u a,
como
lo
ha
p obado
I.
Geo oy
es¬
pec o
al
homb e.
Independien emen e
de
la
co e¬
lación,
un
cambio
en
una
pa e
puede
a as a
ó
o as
pa es
á
modi icaciones
del
odo
inespe a¬
das,
debidas
á
un
aumen o
ó
disminución
de
uso.
Con iene
al
p opio
iempo
e lexiona
ace ca
de
los
hechos
ela i os
al
ma a illoso
c ecimien o
de
las
agallas,
p o ocadas
en
las
plan as
po
la
pica-
jdu a
de
un
insec o;
ace ca
de
los
no ables
cam-
*bios
de.colo
de e minados
en
los
lo os
dándoles
po
alimen os
cie os
pescados,
ó
inoculándoles
el
eneno
de
cie os
sapos:
hechos
odos
que
p ueban
que
los
luidos
del
sis ema,
al e ados
con
un
in
especial,
pueden
p o oca
o os
cam¬
bios
ex años.
Sob e
odo,
debemos
eco da
siem¬
p e
con
modi icaciones
adqui idas,
y
habiendo
con inuamen e
se ido
pa a
algún
uso
ú il
en
los
iempos
pasados,
han
debido
pasa
á
se
muy
ijas
y
con inua
he edándose
mucho
iempo.
Veo
ac ualmen e
que
es
muy
p obable
que
o¬
dos
los
se es
o ganizados,
incluso
el
homb e,
p e-
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
129
sen an
muchas
modi icaciones
de
es uc u a
que
ni
les
son
de
ninguna
u ilidad
p esen e,
ni
les
han
sido
ú iles
en
el
pasado.
Igno amos
lo
que
p o¬
duce
es as*
innume ables
pequeñas
di e encias
que
exis en
en e
los
indi iduos
de
cada
especie,
po que
si
las
explicamos
po
e ec os
de
e e sión,
no
hacemos
más
que
apa a
el
p oblema
algunos
pasos
hacia
a ás;
po
o a
pa e,
cada
pa icula¬
idad
ha
debido
ene
su
causa
p opia.
Si
és as
causas,
sean
cuales
ue en,
ob asen
más
uni o me
y
ené gicamen e
du an e
un
la go
pe íodo
(y
no
hay
ninguna
azón
pa a
que
haya
dejado
de
se
así
muchas
eces),
su
esul a lo
se ía
p obable¬
men e
algo
más
que
simples
y
lige as
di e encias
indi iduales:
se ía
más
bien
modi icaciones
cons¬
an es
y
muy
p onunciadas.
Las
modi icaciones,
no
siendo
en ajosas
en
ningún
modo,
no
pueden
habe
sido
man enidas
uni o mes
po
selección
na u al,
ya
que
és a
iende
á
elimina
á
las
que
son
pe judiciales.
A
pesa
de
odo,
la
uni o midad
de
ca ác e
pod ía
esul a
de
la
que
se
supone
en
sus
causas
de e minan es,
y
pod ía
se
e ec o
ambién
del
lib e
c uzamien o
de
muchos
indi i¬
duos.
De
es a
mane a,
el
mismo
o ganismo
pod ía
adqui i ,
du an e
pe íodos
consecu i os,
sucesi¬
os
modi icaciones,
que
se
ansmi i ían
casi
uni¬
o memen e,
en
on o
que
se
conse asen
las
mis¬
mas
causas
in luyen es
y
el
c uzamien o
lib e.
En
cuan o
á
lo
que
concie ne
á
las
causas
de e mi¬
nan es,
sólo
podemos
deci ,
á
p opósi o
de
las
a iaciones
espon áneos,
que
se
enlazan
más
ín imamen e
á
la
cons i ución
del
o ganismo' a¬
ian e
que
á
la
na u aleza
de
las
condiciones
á
que
se
encuen a
some ido.
,
Conclusiones
.—Hemos
is o
en
es e
capí ulo
que,
como
o o
animal
cualquie a,
es ando
el
9
130
CARLOS
R.
DAR
WIN
homb e
ac ual
suje o
á
di e encias
indi iduales
mul i o mes,
ó
a iaciones
lige as,
lo
hab án
es¬
ado,
ambién
sin
duda
sus
p imi i os
an eceso es,
ya
que,
en onces
como
aho a,
son
p o ocadas
po
las
mismas
causas
y
egidas
po
las'mismas
leyes
gene ales
y
complejas.
Tendiendo
á
mul iplica se
odos
los
animales
con
más
apidez
que
sus
me¬
dios
de
subsis encia,
lo
mismo
hab á
sucedido
á
los
an epasados
del
homb e,
lo
que
ine i able¬
men e
les
hab á
a as ado
á
úna
lucha
po
la
exis encia
y
á
la
selección
na u al.
Es a
úl ima
hab á
sido
conside ablemen e
ayudada
en
su
ac¬
ción
po
los
e ec os
he edi a ios
de
los
ó ganos
desa ollados
po
aumen o
de
uso,
ya
que
ambos
enómenos
in luyen
cons an emen e,,
uno
sob e
o o.
Pa ece
ambién
que
el
homb e
ha
adqui ido
muchos
ca ac e es
insigni ican es
po
selección
sexual.
O a
clase
de
cambios,
no
explicada,y
al
ez
bas an e
impo an e,
debe
a ibui se
á
la
ac¬
ción,
uni o me
de
es as
in luencias
desconocidas,
que
ocasionalmen e
p o ocan
en
nues os
p o¬
duc os
domés icos
las
des iaciones
b uscas
y
p onunciadas
de
con o mación,
de
que
p esen an
algunos
ejemplos.
A.juzga
po
las
cos umb es
de
los
sal ajes
y
de
la
mayo
pa e
de
los
éuad umanos,
los
hom¬
b es
p imi i os
an eceso es
nues os,
simio-hu¬
manos,
i ían
p obablemen e
en
sociedad.
En
los
animales
igu osamen e
sociables,
la
selección
na u al
ob a
algunas
eces
indi ec amen e
sob e
el
indi iduo,
no
conse ando
sino
las
a iaciones
que
son
ú iles
á
la
comunidad.
Una
asociación
que
comp enda
g an
núme o
de
indi iduos
bien
do ados,
iun a
de
aquellas
cuyos
miemb os
no
es án
an
a o ecidos,
po
más
que
cada
uno
de
los
indi iduos
que
componen
la
p ime a
no
p e-
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
131
sen e
al
ez
ninguna
supe io idad
sob e
los
de¬
más
miemb os
de
la
misma
comunidad.
Así
han
sido
adqui idas
muchas
con o maciones
so p en¬
den es
de
los
insec os
sociables,
que
p es an
es¬
casos
ó
nulos
se icios
al
indi iduo
ó
á
su
p ole,
ales
como
el
apa a o
colec o
del
polen,
el
agui¬
jón
de
la
abeja
ob e a
y
las
ue es
mandíbulas
de’
la
ho miga
soldado.
Igno o
si
alguna
con o ma¬
ción
ha
sido
modi icada
únicamen e
pa a
el
bien
de
la
comunidad
en
los
animales
sociables
supe¬
io es,
po
más
que
haya
algunas
que
pa ecen
p es a le
se icios
secunda ios.
Po
ejemplo,
los
cue nos
de
los
umian es
y
los
ue es
caninos
de
los
babuinos
pa ecen
habe
sido
adqui idos
po
los
machos
en
el
concep o
de
a mas
pa a
la
lucha
sexual,
pe o
si en
ambién
pa a
la
de ensa
de
la
manada.
Como
e emos
en
el
capí ulo
siguien e,
el
caso
di ie e
comple amen e
en
lo
que
concie ne
á
cie as
acul ades
men ales;
po que
és as
han
sido
p incipal
y
casi
exclusi amen e
adqui idas
en
en aja
de
la
comunidad,
y
sólo
es
indi ec o
el
bene icio
que
sacan
al
p opio
iempo
de
ellas
los
indi iduos
que
la
componen.
A
menudo
se
ha
obje ado
á
las
ideas
que
aca¬
bamos
de
expone ,
que
siendo
el
homb e
uno
de
los
se es
más
débiles
y
el
menos
ap o
pa a
de en¬
de se
que
exis e
en
la
Na u aleza,
debía
se
aún
más
débil
y
menos
ap o
cuando,
en
sus
condicio¬
nes
an e io es,
se
encon aba
en
un
es ado
de
meno
desa ollo.
El
duque
de
A gyll,
po
ejemplo,
a i ma
que
«la
con o mación
humana
ha
di e gido
de
la
del
b u o
en
el
sen ido
de
un
debili amien o
- ísico
y
de
unamayo
impo encia.
Di e gencia
que,
en e
odas
las
demás,
no
puede
a ibui se
á
la
simple
selección
na u al».
Es e
esc i o
in oca
el
«s ado
de
desnudez
y
sin
de ensa
del
cue po,
la
132
CARLOS
R.
DARWIN
al a
de
g andes
dien es
ó
ga as
adecuadas
á
es e'
uso,
la
escasa
ue za
que
iene
el
homb e,
su
poca
apidez
en
las
ca e as,
la
insu iciencia
de
su
ol¬
a o
pa a
halla
su
alimen o
ó
e i a
el
pelig o.
Pod ía
añadi
además
á
es as
impe ecciones
la
pé dida
más
g a e
de
su
ap i ud
pa a
epa á
los
á boles
al
hui
de
sus
enemigos.
Viendo
que
ios
habi an es
de
la
Tie a
de
Fuego
pueden
subsis i
sin
es idos
en
su
ho ible
clima,
no
conside a¬
mos
que
la
pé dida
del
ello
haya
sido
an
pe ju¬
dicial
al
homb e
p imi i o
que
habi aba
un
país
cálido.
Cuando
compa amos
al
homb e
sin
de¬
ensas
con
los
monos,
muchos
de
los
cuales
és án
p o is os
de
o midables
dien es
caninos,
eco da¬
mos
que
sólo
en
los
monos
machos
es os
dien es
alcanzan
desa ollo
comple o
y
les
si en
esen¬
cialmen e
pa a
lucha
con a
sus
i ales;
las
hem¬
b as,
que
no
los
poseen
an
desa ollados,
no
po
es o
dejan
de
subsis i .
Respec o
á
la
ue za
y
á
la
alla
del
cue po,
no
sabemos
si
el
homb e
desciende
de
alguna
espe¬
cie
compa a i amen e
pequeña,
como
el
chim¬
pancé,
ó
de
una
an
igo osa
como
el
go ila;
po
lo
an o
no
podemos
deci
si
el
homb e
ha
pasa¬
do
á
se
más
g ande
y
más
ue e,
ó
más
peque¬
ño
y
más
débil
que
lo
e an
sus
an eceso es.
Sin
emba go,
debemos
calcula
que
un
animal
de
g an
alla,
do ado
de
ue za
y
de
e ocidad,
y
pu-
diendo,
como
el
go ila,
de ende se
de
odos
los
enemigos,
p obable,
aunque
no
necesa iamen e,
no
llega ía
á
se
sociable:
en
al
caso,
es o
hu¬
bie a,
cons i uido
un
obs áculo
inmenso
pa a
que
el
homb e
adqui iese
sus
cualidades
men ales
de
ele ado
o den,
ales
como
la
simpa ía
y
el
a ec o
pa a
con
sus
semejan es.
Conside ándola
de
es a
mane a,
hab ía
sido
en ajoso
al
hom-
EL
ORiaBN
DEL
HOMBRE
133
b e
debe
su
o igen
á
un
se
compa a i amen e
más
débil.
La
poca
ue za
co po al
del
homb e,
su
escasa
elocidad
en
la
locomoción,
su
ca encia
de
a mas
na u ales,
e c.,
es án
cogipensadas
con
exceso:
p ime o,
po
sus
ue zas
in elec uales,
que
le
han
pe mi ido,
aun
en
su
es ado
sal aje,
ab ica
a ¬
mas,
ú iles,
e c.,
y
segundo,
po
sus
ap i udes
so¬
ciales,
que
le
han
impulsado
á
ayuda
á
sus
seme¬
jan es,
y
á
ecibi ,
en
pago,
ayuda
de
ellos.
No
hay
país
en
el
mundo
en
que
más
abunden
las
ie as
que
en
el
A ica
me idional;
ningún
país
en
que
las
p i aciones
y
la
ida
iguale
á
la
de
las
e¬
giones
á icas;
y
con
odo
es o,
una
de
las
azas
más
mezquinas
y
uines,
la
de
los
bosquimanes,
se
man iene
en
el
A ica
del
Su ,
de
la
misma
mane¬
a
que
los
esquimales
pe sis en
eií
las
egiones
pola es.
Los
p ime os
an eceso es
del
homb e
e an
sin
duda
in e io es,
po
la
in eligencia
y
p o¬
bablemen e
po
sus
disposiciones
sociales,
á
los
sal ajes
más
desg aciados
que
exis en
ac ual¬
men e;
pe o
es
pe ec amen e
concebible
que
pue¬
den
habe
exis ido
y
has a
p ospe ado,
si
al
p opio
iempo
que
pe dían
po
una
pa e
len amen e
su
ue za
b u al
y
sus
ap i udes
sal ajes,
ganaban
po
o a
pa e
en
in eligencia.
Pe o
aun
conce¬
diendo
que
los
an eceso es
del
homb e
hayan
es ado
más
desp o is os
de
ecu sos
y
de
medios
de
de ensa
que
los
sal ado es
mode nos,
no
se
hab ían
hallado
expues os
á
ningún
pelig o
pa ¬
icula
si
hubiesen
habi ado
algún
con inen e
cá¬
lido
ó
alguna
g ande
isla,
como
la
Aus alia,
la
Nue a
Guinea
ó
Bo neo
(el
o angu án
habi a
aún
en
es a
úl ima
egión).
Sob e
una
supe icie
an
conside able
como
la
de
una
de
es as
islas,
la
-compe encia
en e
las
ibus
hab ía,
en
condicio-
140
CARLOS
R.
DARWIN
alo ,
ya
que
una
o ma
cualquie a
de
gobie no
es
p e e ible
á
la
ana quía.
Los
pueblos
egoís as
y
le an iscos
es án
desp o is os
de
es a
cohe en¬
cia,
sin
la
cual
nada
es
posible.
Una
ibu
que
poseyese
en
g ado
supe io
las
cualidades
p eci¬
adas
se
ex ende ía
y
iun a ía
sob e
las
demás;
pe o,
á
juzga
po
la
his o ia
del
pasado,
ambién
á
su
ez
se ía
encida
po
o a
ibu,
aun
mejo
do ada
que
ella.
De
es e
modo
las
cualidades
mo¬
ales
y
sociales
ienden
siemp e
á
p og esa
len¬
amen e
y
di undi se
po
el
mundo.
Pe o
se
p egun a á:
¿cómo
han
sido,
en
un
p incipio,
do ados
de
es as
cualidades
sociales
y
mo ales
an os
indi iduos
en
los
lími es
de
una
misma
ibu?
¿De
qué
modo
se
ha
ele ado
el
ni el
de
pe ección?
Es
muy
dudoso
que
ios
des¬
cendien es
de
pad es
más
bondadosos
ó
más
ieles
á
sus
compañé os
hayan
sido
p oducidos
en
mayo
núme o
que
los
de
los
indi iduos
egoís as
y
pé idos
de
la
ibu.
El
indi iduo
que
p e ie e
sac i ica
su
ida
an es
que
hace
aición
á
los
suyos,
no
deja
al
ez
hijos
pa a
he eda
su
noble
na u aleza.
Los
homb es
más
alien es,
que
luchan
siemp e
en
lo
angua dia
y
exponen
su
ida
po
sus
semejan es,
es
más
p obable
que
sucumban
po
lo
egula
en
mayo
núme o
que
los
demás.
Apenas
pa ece
posible,
po
lo
an o
(admi iendo
que
sólo
nos
ocupamos
de
una
ibu
ic o iosa
sob e
o o),
que
el
núme o
de
homb es
do ados
de
es as
i udes
ó
el
g ado
de
pe ección
hayan
podido
aumen a
po
selección
na u al,
ó
sea
po
sob e i i
el
más
ap o.
Aunque
las
ci cuns ancias
que
de e minan
un
■
aumen o
en
el
númei’o
de
homb es
bien
do ados
en
una
misma
ibu
sean
demasiado
complejas
pa a
se
seguidas
cla amen e,
podemos
eco da
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
141
algunas
de
las
e apas
p obablemen e
eco idas.
En
p ime
luga ,
mejo ándose
el
aciocinio
y
la
p e isión
de
los
miemb os,
cada
uno
ap ende
p on o,
po
expe iencia,
que
si
ayuda
á
sus
seme¬
jan es,
és os
le
ayuda án
á
su
ez.
Ya
es e
mó il
poco
ele ado,
acos umb ándole,
á
cumpli
ac os
de
bondad,,
pod ía
o alece
cie amen e
el
sen i¬
mien o
de
la
simpa ía
que
imp ime
la
p ime a
endencia
á
la
buena
acción.
Los
hábi os
seguidos
du an e
muchas
gene aciones
se
encaminan
á
con e i se
en
he edi a ios.
Hay-
oda ía
o o
y
más
pode oso
es ímulo
pa a
el
desa ollo
de
las
i udes
sociales:
la
ap obación
y
la
censu a
de
nues os
semejan es.
El
amo
del
elogio
ó
el
miedo
de
la
in amia
dé¬
banse
p imi i amen e
al
ins in o
de
la
simpa ía,
el
cual
se
ha
adqui ido,
sin
duda,
como
odos
los
demás
ins in os
sociales,
po
selección
na u al.
Excusado,
es
deci
que
no
podemos
sabe
en
qué
pe íodo
los
an eceso es
del
homb e,
en-el
cu so
de
su
desa ollo,
han
llegado
á
se
capaces
del
sen imien o
que
les
impulsa
á
se
a ec ados
po
el
elogio
y
la
censu a
de
sus
semejan es.
Sin
em¬
ba go,
los
pe os
mismos
son
sensibles
al
es í¬
mulo,
al
elogio,
á
la
ep obación.
Que
los
sal ajes
más
g ose os
expe imen an
el
sen imien o
de
la
glo ia,
p uébalo
e iden emen e
la
impo ancia
que
conceden
á
la
conse ación
de
los
o eos,
u os
de
sus
p oezas,
su
jac ancia’ex emada
y
los
exce¬
si os
cuidados
que
se
oman
pa a
«ado na
y
em¬
bellece
á
su
modo
su
cue po;
ales
cos umb es
no
end ían
azón
de
se
si
no
hiciesen
caso
algu¬
no
de
la
opinión
de
sus
cama adas.
Podemos
admi i
que,
ya
en
una
época
muy
emo a,
el
homb e
p imi i o
podía
sen i
la
in¬
luencia
del
elogio
y
de
la
ep obación
de
sus
se-
142
CARLOS
R,
DARWIN
mejan es.
Es
e iden e
que
los
miemb os
de
la
misma
ibu
debían
ap oba
oda
conduc a
que
les
pa eciese
a o able
al
bien
gene al
y
ep oba
la
que
les
pe judicase.
Hace
el
bien
á
los
demás
—hace
con
los
o os
lo
que
quie as
que
e
hagan
ellos—es
la
pied a
undamen al
del
edi icio
de
la
mo al.
Es
imposible
disminui
la
impo ancia
que
el
amo
al
elogio
y
el
miedo
á
la
ep obación
han
debido
ene
aún
en
iempos
muy
a asados.
El
homb e
á
quien
un
sen imien o
p o undo
é
ins¬
in i o
no
impulsase
á
sac i ica
su
ida
po
el
bien,
ajeno,
podía,
con
odo,
se
mo ido
á
eali¬
za
pa ecidos
ac os
po
su
sen imien o
ambicioso
de
glo ia,
pa a
exci a ,
con
un
ejemplo,
el
mismo
deseo
en
o os,
o aleciendo
así-po la
p ác ica
la
noble
necesidad
de*la
admi ación.
Con
ales
ac os
a o ece ía
más
á
la
ibu,
que
dejando
eñ
ella
una
p ole
nume osa,
he ede a
de
su
g ande
y
o ¬
gulloso
ca ác e .
Un
aumen o
de
expe iencia
y
de
aciocinio
pe mi e
al
homb e
comp ende
las
más
lejanas
consecuencias
de
sus
acciones;
y
las
i udes
pe ¬
sonales
como
la
empe ancia,
la
cas idad,
e c.,
que
e an
desconocidas
en
los
p ime os
pe íodos,
aca¬
ban
po
se
ap eciadas
y
aun
enidas
como
sag a¬
das,
No
necesi o
epe i
lo
que
sob e
es e
pa icula
he
esc i o
en
el
capí ulo
e ce o.
Lo
que
cons i u¬
ye
en
conjun o
nues o
sen ido
mo al
ó
concien¬
cia
es
un
sen imien o
complicado
que
nace
de
los
ins in os
sociales;
es á
p incipalmen e
di igido
po
la
ap obación
de'nues os
,
semejan es;
lo
egla¬
men a
la
azón,
el
in e és,
y
en
iempos
más
e¬
cien es,
los
sen imien os
eligiosos
p o undos,
y
lo
o alece
la
ins ucción
y
el
hábi o.
Es
p eciso
no
ol ida
que
aunque
un
g ado
muy
ele ado
de
mo alidad
no
da
á
cada
indi iduo
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
143
y
á
sus
hijos
sino
pocas
ó
nulas
en ajas
sob e
los
demás
homb es
de
la
misma
ibu,
odo
p og eso
apo ado
al
ni el
medio
de
la
mo alidad
y
un
au¬
men o
en
el
núme o
de
los
indi iduos
bien
do a¬
dos
bajo
es e
aspec o,
p ocu a ían
posi i amen e
•á
es a
ibu
una
en aja
sob e
o a
cualquie a.
No
cabe
duda
alguna
de
que
una^ ibu
que
com¬
p enda
muchos
miemb os
llenos
de
un
g an
espí¬
i u
de
pa io ismo,
de
idelidad,
de
obediencia,
de
alo
y
de
simpa ía,
p es os
á
auxilia se
mu ua¬
men e
y
á
sac i ica se
al
bien
común,
iun a á
sob e
la
g an
mayo ía
de
las
demás,
ealizándose
'una
selección
na u al.
En
odos
los
iempos
y
en
ol
mundo
en e o,
unas
ibus
han
suplan ado
á
o as;
y
siendo
la
mo alidad
uno
de
los
elemen os
pa a
alcanza
la
ic o ia,
el
núme o
de
los
hom¬
b es
en
quienes
se
ele a
el
ni el
mo al
iende
siemp e
á
aumen a .
Es
di ícil
de é mina ,
sin
emba go,
el
po
qué
una
ibu
dada
hab á
log ado
ele a se,
con
p e¬
e encia
á
o Va,
en
la
escala
de
la
ci ilización.
Muchos
sal ajes
se
encuen an
en
las
mismas
condiciones
en
que
se
hallaban
cuando
ue on
des¬
cubie os
hace
algunos
siglos.
Con o me
ha
hecho
obse a
M.
Bageho ,
nos
inclinamos
á
conside a
el
p og eso
como
una
egla
no mal
de
la
sociedad
humana;
pe o
la
his o ia
e u a
es a
opinión.
De
ella
no
enían
la
meno
‘idea
los
an iguos,
como
no
la
ienen
las
naciones
ac uales
del
O ien e.
Según
o a
au o idad,
M.
«la
mayo
pa e
de
la
humanidad
no
ha
denioá ado
nunca
ningún
deseo
de
e
mejo a
sus
ins i uciones
ci iles».
El
p og eso
pa ece
depende
del
concu so
de
un
g an
núme o
de
condiciones
a o ables,
demasia¬
do
complicadas
pa a
se
seguidas.
Háse
no ado,
con
odo,
que
un
clima
ío
ha
a o ecido
y
casi
ha
144
CARLOS
R.
DARWIN
■
sido
indispensable
al
log o
de
es e
esul ado,
im-
'
pulsando
á
la
indus ia
y
á
las
di e sas
a es.
Los
esquimales,
bajo
la
p esión
de
la
du a
necesidad,
han
llegado
á
hace
muchas
in enciones
ingenio¬
sas;
pe o
el
igo
excesi o
de
su
clima
ha
impedi¬
do,
en
ca^mbio,
su
p og eso
con inuo.
Los
hóbi ós
nómadas
del
homb e,
an o
en
las
as as
llanu as
como
en
los
espesos
bosques
de
los
ópicos;
como
en
el
li o al,
le
han
sido,
en
odos
los
casos,
al amen e
pe judiciales.
Cuando
u e
oca^sión
de
obse a
los
habi an es
bá ba os
de
la
Tie a
de
Fuego,
quedé
so p endido
al
e
en
cuán a
mane¬
a
la
posesión
de
una
p opiedad,
de
un
hoga
ijo
y
la
unión
de
muchas
amilias
bajo
un
je e,
son
las
condiciones
necesa ias
é
indispensables
de
la
ci ilización.
Es os
hábi os
más
anquilos
ecla¬
man
el
cul i o
del
suelo,
y
los
p ime os
pasos
da¬
dos
en
el
camino
de
la
ag icul u a
deben
habe
esul ado
p obablemen e
de
una
casualidad,
como
la
de
e
las
simien es
de
un
á bol
u al
cae
so¬
b e
un
e eno
a o able
y
p oduci
una
a iedad
más
he mosa.
Sea
como
ue e,
el
p oblema
ela i¬
o
á
los
p ime os
pasos
que
los
sal ajes
han
dado
hacia
la
ci ilización,
es
oda ía
de
esolución
muy
di ícil.
La
selección
na u al
en
su
acción
sob e
las
na^
dones
cimlizadas
.—En
el
an e io
capí ulo,
y
en
el
p incipio
del
p esen e,
he
conside ado
los
p og e¬
sos
e ec uados
po
el
homb e,
á
pa i
de
la
con¬
dición
p imi i a
semihu nana,
has a
su
es ado
ac ual
en
los
países
en
que
oda ía
el
homb e
se
encuen a
en
es ado
sal aje.
C eo
debe
añadi
aquí
algunas
obse aciones
ela i as
á,
la
acción
de
la
selección
na u al
sob e
las
naciones
ci iliza¬
das.
Es e
asun o
ha
sido
muy
bien
discu ido
po
M.
R.
G ey,
y
an e io men e
po
Wallace
y
Gal-
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
145
Ion.
La
mayo
pa e
de
mis
obse aciones
es án
omadas
de'es os
au o es.
En e
los
sal ajes,
los
indi iduos
de
cue po
ó
espí i u
débil
son
elimina¬
dos
p on amen e,
y
los
que
sob e i en
se
dis in¬
guen
o dina iamen e
po
su
igo osa
salud.
Los
homb es
ci ilizados
nos
es o zamps
pa a
de ene
la
ma cha
de
la
eliminación;
cons uimos
asilos,
pa a
los
idio as
y
los
en e mos,
legislamos
la'
mendicidad,
y
despliegan
nues os
médicos
oda;
su
sagacidad'
pa a
conse a
el
mayo
iempo
po¬
sible
la
ida
de
cada
indi iduo.
Abundan
las
azó-
ijes
pa a
c ee
que
la
acuna
ha
p ese ado
á
mi¬
lla es
de
pe sonas
que,
á
causa
deda
debilidad
de
su
cons i ución,
hubie an
sucumbido
á
los
a a¬
ques
a iolosos.
Ap o echando
ales
medios,
los
miemb o_s
débiles
de'
las
sociedades
ci ilizadas
p opagan
su
especie.
Todos
los
que
se
han
ocu¬
pado
en
la
ep oducción
de
los
animales
domés i¬
cos,
pueden
calcula
cuán
pe judicial
debe
se
el
úl imo
hecho
á
la
aza
humana.
So p ende
el
e
de
qué
modo
la
al a
de
cuidados,
ó
an
sólo
los
cuidados
mal
di igidos,
pueden
a as a
á
una
ápida
degene ación
á
una
aza
domés ica,
y
ex¬
cep uando
en
los
casos
ela i os
al
homb e
mismo,
nadie
es
bas an e
igno an e
pa a
pe mi i
que
se
ep oduzcan
sus
animales
más
de ec uosos.
Los
soco os
que
nos
inclinamos
á
da
á
I
0
3
'se esen e mizos,son
p incipalmen e
un
esul ado
acceso io
del
'ins iq o
simpá ico,
adqui ido
o igi¬
na iamen e
como
o mando
pa e
de
los
ins in os
sociales,
y
que
sucesi amen e
ha
ido
siendo-
más
compasi o
y
ex endiéndose
más.
Aunque
á
ello
nos
obligasen
azones
pe en o ias,
no
pod íamos
ep imi
nues a
simpa ía
sin
sen i nos
ace ba¬
men e
he idos
en
la
pa e
más
noble
de
nues a
na u aleza.
Indi e en e
ó
insensible,
p ac ica
el
10
146
CARLOS
R.
DARWIN
médico
una
ope ación
qui ú gica,
pe o
se
mues a
así
po que
sabe
que
se
a a
de
la
.salud
de
un
pacien e:
sólo
po
una
en aja
o ui a
no
a ende¬
íamos
in encionalmen e
al
soco o
de
los
se es
aquí icos
y
en e mizos,
pe o
en
cambio
nos
e¬
sul a ía
de
ello
un
pe juicio
mo al,
posi i o
y
du¬
ade o.,
Po
lo
an o,
debemos
admi i
sin
p o es¬
a
los
e ec os
malos
á
odas
luces
que
esul an
de
la
supe i encia
y
de
la
p opagación
de
los
in¬
di iduos
en e mizos,
ya
que
es án
a enuados
po
el
hecho
de
que
los
miemb os
demasiada-
débiles
é
in e io es
de
la
sociedad
se
casan
menos
ácil¬
men e.que
los
sanos.
Es e
eno
podila
llega
á
- ene
una
e icacia
eal,
si
los
débiles
de
cue po
y
espí i u
se
abs u iesen
del
ma imonio,
cosa
más
dé
desea
qué
de
espe ad
'
'
En
odos
los
países
ci ilizados
el
homb e
acu¬
mula
su
p opiedad
y
la
ansmi e
ó
sus
hijos.
De
ello
esul a
que
no
odos
los
hijos,
en
un
país,
pa en
de
un
pun o
mismo
al
emp ende
el
ca¬
mino
de
la
lucha,
á
ciiyo
é mino
se
encuen a
la'
ic o ia;
pe o
es e
mal
es á
compensado
po
el
hecho
de
que
sin
la
acumulación
de
los
capi ales,
las
a es
no
p og esan,
y
p incipalmen e
po
la
acción
de
és as,
las
azas
ci ilizadas
han
ex endido
y
ex ienden
hoy
po
odas
pa es
su
dominio,
e¬
emplazando
á
las
azas
in e io es.
La
acumulación
mode ada
de
la
o una
no
causa
ningún
e a do
ú
lá
ma cha
de
la
selección
na u al.
Cuando
un
homb e
pob e
llega
á
se
ico,
sus
hijos
se
dedican
á
o icios
q
p o esiones
en
los
que
no
deja
de
eje ¬
ce se
la
lucha,
y
ienen
más
p obabilidad
de
iun¬
a
los
indi iduos
más
a o ecidos
bajó
el
pun o
de
is a
del
cue po
ó
del
espí i u /La
exis encia
de
una
clase
de
homb es
que
no
es án
obligados
á
gana
su
subsis encia
con
el
abajo
ma e ial,
KL
ORIGEN
DEL
HOMURB
147
iene
una
impo ancia
inap eciable,
po que
que¬
dan
enca gados
de
odo
el
abajo
in elec ual
su¬
pe io ,
del
que
dependen
p incipalmen e
los
p o¬
g esos
ma e iales
de
oda
clase,
á
la
pa
que
o as
en ajas
de
o den
más
ele ado^/Una
o una
con¬
side able
iende,
sin
duda,
á
ans o ma
al
hom-
b e’en
un
ago
inú il,
pe o
su
núme o
es
siemp e
educido,
po que
á
consecuencia
de
cie o
g ado
de
eliminación,
emos
cada
día
á
pe sonas
icas
insensa as
y
de
una
conduc a
desa eglada
que
disipan
odos
sus
biénes.
El
mayo azgo
con
sus i ución
de
bienes,
es
un
pe juicio
más
di ec o,
po
más
que
en
o as
épo¬
cas
haya
cons i uido
una
en aja,
c eando
una
clase
dominan e.
Los
p imogéni os,
aunque
sean
débiles
de
cue po
ó
espí i u,
gene almen e
se
casan,
mien as
muchas
eces
no
lo
ealizan
así
los
demás
hijos,
po
más
que
sean
de
buenas
con¬
diciones
ísicas
é
in elec uales.
Los
p imogéni os,
po
indignos
que
sean,
no
pueden
de ocha
sU
o una.
Los
homb es
icos
po
de echo
de
p i-
mogeni u a
pueden
escoge
de
gene ación
en
ge¬
ne ación
po
esposas
las
muje es
más
bellas
y
más
encan ado as,
y
p obablemen e
las
que
es én
do adas
á
la
pa
de
una
buena
cons i ución
ísica
V
ac i idad
in elec ual.
Sean
cuales
ue en
las
consecuencias
pe judiciales
de
la
conse ación
con inua
de
la
misma
línea
de
descendencia,
sin
ninguna
selección,
es án
a enuadas
po
los
hom¬
b es
de
ele ado
ango
qüe,
a ando
de
ac ecen¬
a
siemp q
su
o una
y
su
pode ,
lo
consiguen
casándose
con
he ede as.'Pe o
las
hijas
únicas
hállanse
expues as,
como
lo
ha
p obado
M.
Gal-
on,
á
se
es é iles,
lo
que,
in e umpiendo
con i¬
nuamen e
la
línea
di ec a
de
las
amilias
nobles,
aspasa
la
o una
á
alguna
ama
la e al,
la
cual.
148
CARLOS
R.
DAR-VVlN
desg aciadamen e,
no
es á
de e minada
po
supe-
,
io idad
de
ninguna
especie,
.
Aunque
la
ci ilización
se
oponga
algunas
eces'
"'del
modo
ci ado
á
la
selección
na u al,
a o ece
;
po
o a
pa e
apa en emen e
el
mejo
desa ollo
del
cue po,
po
el
mejo amien o
de
la
alimen a¬
ción
y
la
exención
de
a igad
co po ales
penosas.
Así,
al
menos,
puede
in e i se
de
que
en
odas
pa es
donde
han
sido
compa ados
los
homb es
ci ilizados
con
los
sal ajes,
han
sido
encon ados
aquéllos
ísicamen e
más
ue es.
Pa ecen. am¬
bién
pode
esis i
las
a igas
y
p i aciones,
como
lo
han
p obado
muchas
expediciones
a en u e as
y
a e idas.
Pasemos
á
exa,mina
aho a
las
acul ades
in¬
elec uales
aisladamen e.
Si
en
cadí
g ado
social
se
euniesen
los
indi iduos
en
dos
g upos
iguales,
.
incluyendo
en
el
uno
odos
los
que
uesen
in e¬
lec ualmen e
supe io es,
y
en
el
o o
los
que
lo
uesen
menos,
no
es
dudoso
que
los
p ime os
end ían
más
éxi o
en
odas
sus
emp esas
y
edu¬
ca ían
más/hijos.
Has a
en
las
si uaciones
jn e,-
i-io es
de
la
ida,
la
habilidad
y
el
alen o
o ecen-
cie a
en aja,
aunque
en
muchas,
ocupaciones
debe
es a -muy
educida
á-causa
de
la
g én
di i¬
sión
del
abajo.
Po
lo
an o,
se
obse a ía
en
las
naciones
ci ilizadas
alguna
endencia
al
aumen o
del
núme o
y
á
la
ele ación
del
ni el
de
los
que
end ían
más
capacidad
in elec ual.
No
p e endo
a i ma
con
es o
que
es a
endencia
no
puede
se
con abalanceada
po
o as
ci cuns ancias,
ales
como
la
mul iplicación
de
los
indi iduos
indolen-
és
y
poco
p e iso es,
pe o
el
alen o,
aun
pa a
es os
úl imos,
debe
se
en ajoso.
A
menudo
se
opone
á
es as
ideas
el
hecho
de
que
los
homb es
más
eminen es
que
han
apa e-
I
EL
ORIGEN
DEL
HOMBRE
149
cido
no
han
dejado
hijos
que
he edasen
su
g an
in eligencia.
M.
Gallón
dice:
«Sien o
no
pode
e¬
sol e
la
cues ión
de
si
y
has a
qué
pun o
los
g an¬
des
genios,
homb es
y
muje es,
son
es é iles.
Pe o
he
p obado
que
es o
no
es
el
caso
de
los
homb es
eminen es.»
Los
g andes
legislado es,
los
undado es
de
eligiones
bienhecho as,
los
ilóso os
y
homb es
cien í icos,
han
con ibuido
mucho
más
á
los
p og esos
de
la
humanidad
con
sus
ob as,
que
no
lo
ha ían
dejando
una
nu¬
me osa
p ole.
En
lo
que
concie ne
á
las
con o ¬
maciones
ísicas,
lo
que
de e mina
el
mejo amien¬
o
de
una
especie
es
Ja
selección
de
los
indi iduos
mejo
do ados,
la
eliminación
de
los
que
lo
es án
menos,
pe o
no
la
conse ación
de
anomalías
a as
y
p onunciadas^o
mismo
sucede
con
las
acul ades
in elec uales:
los
homb es
más
in eli¬
gen es
en. odas
las
ca ego ías
sociales
lle an
en¬
aja
sob e
los
igno an es
y
ienden
po
lo
an o
á
aumen a .'
numé icamen e,
si
no
se
p esen an
o os
obs áculos.
Cuando
en
uná
nación
se
ha
ele ado
el
ni el
in elec ual
y
ha
aumen ado
el
nú¬
me o
de
los
homb es
ilus ados,
es
ácil
se
ean
apa ece
más
á
menudo
que
an es
homb es
de
genio,
según
un
p omedio
indicado
po
M.
Gallón,
deducido
de
la
ley
.de
des iación.
En
lo
que
se
e ie e
ú
las
cualidades
mo ales,
p og esan
siemp e
bajo
el
pun o
de
is a
de
algu¬
na
eliminación
de
las
disposiciones
noci as,
aun
en
las
naciones
más
ci ilizadas.
Los
malhecho es
son
ejecu ados
ó
enca celados
du an e
mucho
iempo,
lo
cual
les
impide
ansmi i
lib emen e
sus
malas
cualidades.
Los
locos
y
los
hipocon¬
d íacos,
ó
i en
en
eclusión,
ó
acaban
muchas
eces
po
suicida se.
Los
homb es
pendencie os
y
de
ca ác e
iolen o
encuen an
á
menudo
una