Alcana e VII [2010-2011], [293 - 328]
CANTIGAS Y OTRAS OBRAS AL ONSÍES
El Rey en jaque: Al onso X y el ajed ez
B aulio Vázquez Campos
Doc o en His o ia
Es odo un able o de días y de noches
Donde el Hado con homb es en luga de piezas juega:
Aquí y allá las mue e, las une, las coge,
Y una a una, a la Caja, de uel a las elega.
De los Rubaiya de Oma Jayyam1
1. In oducción
Al onso X es uno de los pe sonajes his ó icos de los que más se ha esc i o;
quizá demasiado. Y ello desde múl iples pe spec i as, pues cie amen e así lo
equie en la di e sidad y ascendencia de sus ac uaciones en los campos polí-
ico, legisla i o, económico y cul u al. Tal hipe o ia bibliog á ica se ha desa o-
llado ambién en el muy pa icula ámbi o del que e sa es e abajo: el ajed ez.
El Lib o de los juegos p oducido po el alle al onsí, del que o ma pa e
el Lib o del aced ex, ha llamado la a ención an o de ilólogos como de his o-
iado es del a e, del ajed ez, de la iloso ía y de las men alidades... pe o casi
nunca de los medie alis as p opiamen e dichos. Es la is e ca a de la ine i able
1 Así al menos aduzco yo los e sos de Oma Jayyam, en la e sión inglesa que popula iza a en
Occiden e Edwa d Fi zGe ald (p ime a edición): «‘Tis all a Cheque -boa d o Nigh s and Days/
Whe e Des iny wi h Men o Pieces plays: / Hi he and hi he mo es, and ma es, and slays, / And
one by one back in he Close lays» (Rubáiyá o Oma Khayyám, he As onome -Poe o Pe sia, 11,
cua e a XLIX. Ve si icación inglesa de E. Fi zGe ald. Lond es, 1859).
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ul aespecialización, que hace ex emadamen e labo ioso – pe o no imposible–
abo da un es udio global de cualquie enómeno his ó ico. Como consecuencia
de ello, con amos con una bibliog a ía ela i amen e abundan e, a eces epe-
i i a, casi siemp e aliosa, pe o incomple a en el a amien o del asun o y de
desigual di usión. En los úl imos años se han p oducido es ue zos po a moniza
oda la in o mación disponible sob e es e ema, p o agonizados po dos ilólogos:
Paolo Cane ie i2 y, sob e odo, Sonja Musse 3, que en su esis doc o al plan eó un
me i o io ace camien o mul idisciplina al Lib o de los juegos, aunque adoleciendo
– en e o as cosas– de un conocimien o demasiado supe icial de la his o iog a ía.
A pesa de es as no ables apo aciones que han ubicado es a ob a en el con ex o
de la cosmo isión al onsina, oda ía son necesa ias, desde el pun o de is a de
un his o iado , algunas p ecisiones e incluso nue as in e p e aciones del ex o
al onsino. Pa a con ibui , siquie a mínimamen e, en esa línea, debo comenza
po p esen a un es ado de la cues ión sob e Al onso X y el ajed ez, siguiendo
po una c í ica cons uc i a que llame la a ención sob e los aspec os que han
sido de icien emen e analizados, o no a ados en absolu o, po los es udios p e-
ceden es. A al in, glosa é las dis in as in e p e aciones que sob e los aspec os más
a iopin os – simbólicos, a ís icos, ajed ecís icos– han e ec uado dis in os au o es
sob e el Lib o de los juegos, y señala é la concepción de la igu a moná quica que
se desliza en su discu so.
Sin emba go, es necesa io, an es de en a en ma e ia, de ene nos b e e-
men e en qué ajed ez conoció Al onso X, y de dónde p ocedía.
2. “En el O ien e se encendió es a gue a...”4
Desde la clásica ob a de Mu ay sob e la his o ia del ajed ez5, es acep-
ado po casi odos que el ajed ez con empo áneo es el descendien e di ec o
2 P. Cane ie i, ALFONSO X - Lib o de los juegos-In oduzione, edizione e commen o [In e ne ]. h p://
knol.google.com/k/paolo-cane ie i/al onso-x-el-sabio-il-lib o-dei gioiochi/ y pjuoxc2n0/ 70#
(úl ima consul a: 5/12/2010); Al onso X, Il lib o dei giochi (edizione c i ica), Roma, 1996.
3 S. Musse Golladay, «Los Lib os de aced ex, dados e ablas»: His o ical, A is ic and Me aphysical
Dimensions o Al onso X’s «Book o Games». Tesis doc o al: Uni e sidad de A izona, 2007. Dis-
ponible en h p://e d.lib a y.a izona.edu/e d/Ge FileSe le ? ile= ile:///da a1/pd /e d/azu_
e d_2444_1_m.pd & ype=applica ion/pd (úl ima consul a: 7/12/2010).
4 “... cuyo an i ea o es hoy oda la Tie a”. Del p ime sone o del poema Ajed ez, de Jo ge Luis
Bo ges.
5 H. J. R. Mu ay, A His o y o Chess, Ox o d: Cla endon, 1913. Sigue siendo la ob a de e e-
encia, a pesa de la publicación du an e el úl imo siglo de a ios lib os sob e la misma ma e ia
que han popula izado, y a eces ma izado, las hipó esis del e udi o londinense. Des aco las ob as
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de un an iguo juego de la India, el llamado en sánsc i o ˇca u a˙nga. Es e ocablo
signi ica ía “de cua o miemb os”, en alusión a los ipos de unidades mili a es
de la an igua India ep esen ados en el able o: in an e ía, ele an es, caballe ía y
ca os de gue a. El ˇca u a˙nga pasa ía, p obablemen e du an e la época sasánida
(siglosIII-VI d. C.), a Pe sia, donde e ía modi icadas sus eglas y su nomb e
(al pel i ˇca ang)6. Con la conquis a de Pe sia po los musulmanes en el siglo VII
d.C., el nue o juego, llamado en á abe clásico ši � anˇg, e ía acili ada su di usión
po odo el Cali a o, y desde allí i adia ía a la Eu opa c is iana po di e sas u as,
como la Península Ibé ica, el su de I alia y Bizancio7. A los einos hispanoc is-
ianos llegó, na u almen e, desde al-Ándalus, donde se llamó ašši � anˇg o ašša � anˇg,
que da ía luga al cas ellano “aced ex”, “axed ez” y, inalmen e, “ajed ez”8.
El ši � anˇg – o ša � anˇg, o ša � anyˆ, según las no mas de ansli e ación seguidas
po cada cual– se jugaba, como el ac ual, sob e un able o de 64 escaques y con
32 piezas o ebejos, 16 po jugado . Sin en a en p o undidades ace ca de sus
eglas, sí me pa ece con enien e acla a los mo imien os de cada igu a y alguna
di e encia con el ajed ez mode no9:
• El ey, pieza cla e del juego, podía mo e , como el ac ual, a cualquie
casilla adyacen e a su posición. La ic o ia en el juego enía dada
po el jaque ma e (del á abe – omado del pe sa–, aššˉah mˉa , el ey ha
mue o), que acaecía cuando, después de habe sido amenazado po
un ebejo enemigo, el ey no podía aslada se a ninguna casilla lib e
de piezas o del a aque ad e sa io, ni cub i se con algún miemb o de
de Ch. K. Wilkinson y J. Dennis, Chess: Eas and Wes , Pas and P esen , Nue a Yo k, 1968; H.
Golombeck, A His o y o Chess, Lond es, 1976; R. Eales, Chess: The His o y o a Game, Glasgow,
1985; y D. Shenk, La pa ida inmo al: Una his o ia del ajed ez, Mad id, 2009.
6 C . Bo U as, “Chess I. The His o y o Chess in Pe sia”, Encyclopaedia I anica, ol. V, 1992, 394-
396. Disponible en h p://www.i anica.com (úl ima consul a: 5/12/2010).
7 El que la Península Ibé ica ue a la única ía de en ada del ajed ez en Eu opa me pa ece poco
p obable (c . R. Cal o, “El «Lib o de los juegos» de Al onso X el Sabio”, 129, en Al onso X el
Sabio. Lib os del Ajed ez, dados y ablas, 2 ol., Mad id-Valencia, I, 125-235). Las múl iples u as que
enume o aquí ue on p opues as po H. M. Game , “The Ea lies E idence o Chess in Wes e n
Li e a u e: The Einsiedeln Ve ses”, 749, en Speculum, ol. XXIX, nº 4 (oc . 1954), 734-750. Véase
ambién Á. Galán y Galindo, “Va ian es del juego de ajed ez y sus igu as”, 42, en A e, A queo-
logía e His o ia, nº 14 (2007), 37-53.
8 Me a engo en es e a ículo a las e imologías de “ajed ez” y de los nomb es o iginales de las
piezas p opo cionadas po el dicciona io de la Real Academia Española. C . las no mas ISO 233
y 233-2 sob e ansli e ación de le as á abes al al abe o la ino.
9 C . F. M. Pa eja Casañas (ed. y ad.), Lib o del ajed ez, de sus p oblemas y su ilezas: según el ms.
a ab. add. 7515 (Rich) del Museo B i ánico. Mad id, 1935, ol. 2, XXXIV-XXXIX. Se a a de una
ob a á abe anónima, coe ánea del Lib o de los juegos al onsí.
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su ejé ci o. El mo imien o del “en oque”10 no había sido in en ado
aún. La posición de “ ey ahogado”11 lle aba a la de o a del que la
su ía, y no a las ablas como sucede hoy.
• El i zˉan (en á abe andalusí al a za), conseje o o isi , co esponde a
nues a ac ual eina, pe o sólo mo ía una casilla en diagonal, esul-
ando así una pieza mucho más débil. La palab a i zˉan p o end ía del
pe sa a zin, y és e del pel i ˉazen, “gua dián”.
• El al il (en á abe ˉıl, del pel i pˉıl, ele an e) mo ía dos casillas en dia-
gonal, sal ando po encima las piezas que pudie an es a en su camino.
De es a mane a, cada al il sólo podía accede a 8 casillas del able o.
• El a as, caballe o o caballo, mo ía como el ac ual caballo.
• El oque, en á abe uˉ
hˉ
h (del pe sa oˉ
hˉ
h, y es e del pel i ah, ca o de
gue a) mo ía como la o e ac ual.
• Los bayˉadiq mo ían como los ac uales peones, una sola casilla hacia
delan e, pe o, al igual que és os, cap u aban en diagonal. Sin emba go,
no podían a anza dos casillas en su p ime mo imien o. Si conseguía
llega a la oc a a ila (es deci , a la p ime a del con incan e), el baidaq
p omocionaba, pe o sólo a i zˉan.
A p opósi o del aspec o ísico de los apa ejos del juego, los especialis-
as c een que los able os ue on monoc omos has a el siglo XII12, aunque los
escasos es imonios li e a ios y a queológicos no pe mi en se muy ajan es en
es e sen ido. Se ía muy común incluso que el juego se p ac ica a sob e una
ela donde es a ían dibujadas las casillas, que se en olla ía una ez inalizada la
pa ida13. En cuan o a las piezas, los musulmanes abandona on, po lo gene al,
10 Único mo imien o del ajed ez ac ual en el que in e ienen dos piezas en la misma jugada, el
ey y cualquie a de las dos o es en su si uación inicial y con cie as condiciones. El ey se des-
plaza dos casillas en di ección a la o e con la que piensa en oca se, mien as que és a se coloca
en la casilla adyacen e del lado opues o del ey.
11 Que se p oduce cuando el jugado al que le oca mo e sólo puede hace lo con el ey, que
no se encuen a en es ado de jaque, pe o que únicamen e puede desplaza se a casillas en las que
se pone en al si uación.
12 Según Cal o, la cos umb e de pin a los escaques con colo es al e nos apa ece, po p ime a
ez, en Ve sus de scachis, ob a compues a en su opinión hacia el año 1100 (R. Cal o, “El «Lib o de
los juegos» de Al onso X el Sabio”, 157). C . H. M. Game , “The Ea lies E idence o Chess...”,
742 (si úa Ve sus de scachis c. 1000).
13 R. Cal o, “El «Lib o de los juegos» de Al onso X el Sabio”, 156-157; L. Vegas Mon ane ,
“Las eglas del ajed ez de Ab aham Ibn Ez a”, en Raíces (Re is a Judía de Cul u a), n° 6 (1989), 32.
Disponible en: h p://www. e is a- aices.com/publicado/public.php?body=an ol&a =ajed ez
(úl ima consul a: 5/12/2010).
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la ep esen ación na u alis a de la igu a humana y animal que p e alecía en la
Pe sia p eislámica y la India, op ando en cambio po la abs acción y la deco-
ación geomé ica14. Pa a la mayo ía de los au o es, como B une , Goldschmid
y Cal o, ello ue debido a la iconoclas ia p opia de la eligión islámica15. Es
cie o que, si bien el Co án nada dice al espec o, sí lo hace la sunna. Según
Sophie Maka iou, “se a ibuye al p imo y ye no del P o e a, el p ime imam
del chiísmo, ʿAlˉı [ibn Abˉı T�ˉalib], un khaba (dicho) que condena las piezas de
ajed ez como simulac os”. A pesa de ello, ambién hubo ebejos igu a i os de
ac u a islámica16.
3. El ša � anˇg llega a Eu opa
Pe o, ¿cuándo comenzó ealmen e a juga se el ajed ez en Occiden e? Po
lo que se e ie e a la Península Ibé ica, es luga común hace esponsable de la
in oducción del ša � anˇg en al-Ándalus a Zi yˉab, genial músico que, p oceden e
de I aq, se inco po ó a la co e del emi co dobés ‘Abd a -Rahmˉan II (822-852
d.C.)17. Sin emba go, en la ob a del his o iado Ibn H�ayyˉan, cuando e ie e
no icias de las inno aciones o ien ales apo adas po el céleb e co esano, nada
dice sob e nues o juego18. Sí es á documen ado que en e los es anda es más
eminen es del ejé ci o cali al co dobés del siglo X había uno llamado “Ajed ez”
(Ša � anˇg )19, lo que esul a indica i o del a aigo y epu ación del juego en la
co e andalusí.
Desde el Cali a o de Có doba hab ía pasado el ajed ez a los einos y
condados hispano-c is ianos. Suele aludi se, como p ueba de que ya se jugaba
en aquellas ie as po lo menos desde p incipios del siglo XI, al es amen o
14 Á. Galán y Galindo, “Va ian es del juego de ajed ez y sus igu as”, 37-42.
15 A. Goldschmid (Die El enbien skulp u en aus de omanischen Zei , IV, 4-8; y II [1918], 9, 35, 43;
III [1923], 41; IV [1926], 46-48, 51), ci ado en H. M. Game , “The Ea lies E idence o Chess...”,
744; J. B une y Belle , El ajed ez: in es igaciones sob e su o igen, Ba celona, 1890, 227; R. Cal o,
“El «Lib o de los juegos» de Al onso X el Sabio”, 163.
16 S. Maka iou, “Le jeu d’échecs, une p a ique de l’a is oc a ie en e l’islam e ch é ien é des
IXe-XIIIe siècles”, 129 y 134-136, en Les Cahie s de Sain -Michel de Cuxa, XXXVI, 2005, 127-140.
El enco che ado es mío. Ci a en página 129.
17 Po ejemplo, Á. Galán y Galindo, “Va ian es del juego de ajed ez y sus igu as”, 43-44.
18 Ibn H�ayyˉan, C ónica de los emi es Alhakam I y Abda ahman II en e los años 796 y 847 [Almuq-
abis II-I] ( aducción, no as e índices de Mahmud Àli Makki y Fede ico Co ien e), Za agoza,
2001, 201 y ss.
19 E. Ga cía Gómez (ed.), Anales pala inos del cali a de Có doba al-H�akam II, po ’ˉ
Isˉa ibn Ahmad
al-Rˉazˉı, Mad id, 1967, 67 y 88.
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de E mengol o A mengol I, conde de U gel, po el que legaba sus ebejos
al monas e io de San Egidio, pa a la áb ica de su iglesia (1010)20. El conde
u geli ano mo i ía en el anscu so de la campaña emp endida jun o a Ramón
Bo ell de Ba celona en Có doba, en el con ex o de la gue a ci il desa ada
en e los p e endien es al Cali a o que p ecedió a la Fi na. P ecisamen e la iuda
de Ramón Bo ell, E mesinda, legó su ajed ez a la iglesia de San Egidio, en
Nimes21. A anzado el siglo, en 1068, o o u geli ano, el g an gue e o A nau
Mi de Tos , mencionaba en su es amen o a ios juegos de c is al de oca y de
ma il, que seguía incluyendo en e sus p opiedades en un in en a io que ela-
bo ó an es de pe eg ina a San iago de Compos ela (1071). Además, su esposa
– A senda– le había cedido po es amen o el de echo a dispone de su able o
y sus piezas de ajed ez (1068)22. Hay que des aca que es e noble ca alán undó
la Colegia a de San Ped o de Age , y p obablemen e le donó sus ebejos ab i-
cados con c is al de oca – supues amen e de o igen a imí–, pa e de los cuales
se conse an hoy en el Museo Diocesano de Lé ida23.
Es e osímil que, al igual que en los condados ca alanes, el ajed ez es u-
ie a ya asen ado en Cas illa y en León. Un ela o sob e el Cid, aunque esc i o
mucho después del siglo XI, en el alle al onsí, se hace eco de es a expansión
del ajed ez como obje o de lujo. Se a a de la P ime a C ónica Gene al, cuando
enume a, en e los egalos que el “soldán de Pe sia” en ía al Cid Ruy Díaz en
p emio a sus ges as, un “açed ex de los nobles que ue on en el mundo, que aun
oy en día es en el mones e io de San Pe o de Ca denna”24.
¿Signi ican los an e io es es imonios que había p endido el ajed ez en e
los c is ianos eu opeos de aquel en onces, o e an es os ebejos es imados como
me os obje os sun ua ios? ¿O ambas cosas? Con iene menciona , en es e pun o,
20 Ya Mu ay señaló que el documen o no especi ica la ubicación del cenobio. Él p opuso “S .
Giles a Nîmes in he sou h o F ance” (H. J. R. Mu ay, A His o y o Chess, 406). C . A. Velasco
González y F. Fi é i Lle o , “Piezas de ajed ez de la Colegia a de San Pe e d’Àge ”, 588, no a
11 ( icha del ca álogo de la exposición Al onso X el Sabio, Mu cia, 2009, 586-588); F. Fi é i Lle o ,
“El lo de peces d’escacs de c is all de oca del Museu Diocesà de Lleida, p oceden s del eso de
la col.legia a d’Àge (s. XI)”, 287, en Ac a his o ica e a chaeologica mediae alia, Nos 5-6, 1984-1985,
281-312.
21 J. B. T end, “Al onso el Sabio and he Game o Chess”, 396, en Re ue Hispanique, . LXXXI
[y úl imo], nº 1 [Pa is 1933], 393-403; F. Fi é i Lle o , “El lo de peces d’escacs...”, 285 y 287.
22 F. Fi é i Lle o , “El lo de peces d’escacs...”, 303-304. C . o as hipó esis en Á. Galán y
Galindo, “Va ian es del juego de ajed ez y sus igu as”, 41; F. Valdés Fe nández, Las igu as de
ajed ez y c is al de oca del Museo Ca ed alicio de Ou ense, O ense, 2004, 30.
23 Pueden admi a se sus o og a ías en AA.VV., Al onso X el Sabio: Ca álogo de la Exposición, Mu -
cia, 2009, 587, 588 y 589.
24 P ime a C ónica Gene al (ed. R. Menéndez Pidal), Mad id, 1906, . I, 628.
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el Ve sus de scachis, poema en la ín sob e el ajed ez hallado en dos manusc i os
– el 319 y el 365– del monas e io benedic ino de Einsiedeln (can ón de Schwyz,
Suiza). Helena Game a gumen ó, basándose en el análisis paleog á ico y es uc-
u al de ambas e siones, que el poema ue esc i o no muy lejos del año 100025.
Y aunque coincido con Sophie Maka iou en señala que un único es imonio
li e a io no bas a pa a conclui que el juego es u ie a di undido en onces en
Eu opa26, si le unimos los es imonios y piezas aludidos, podemos colegi que,
inalizando el p ime milenio, el ajed ez e a ampliamen e p ac icado en la C is-
iandad, y especialmen e en e los hispanos27. Tan o se a ianzó es a disciplina que
un siglo después, a p incipios del siglo XII, el con e so a agonés Ped o Al onso
(an es Mosé Se a dí) podía enume a el scaccis lude e (juga al ajed ez) en e las
sie e p obi a es (ac i idades p opias de un caballe o) en las que debía se ducho
un homb e noble28. Y ello a pesa de algunas condenas eclesiás icas, p o ocadas
po las al e aciones de la paz social que conlle aban el empleo ocasional en el
ajed ez de dados – pa a agiliza las pa idas– y las apues as29.
En el Occiden e plenomedie al, las eglas del juego se man u ie on en lo
esencial, pe o las o mas abs ac as de las piezas islámicas se en iquecie on con
igu as animales y humanas, en ocasiones asumiendo nomb es y unciones di e-
en es a los de los “cua o cue pos” del an iguo ejé ci o hindú30. Y así, emos – en
el Ve sus de scachis y en o os ex os– que, al iempo que se man u ie on los peones
(pedi es) y los caballe os (equi es), la eina ( egina) sus i uyó al i zˉan o isi – aunque
en el siglo XIII és e eg esó a los able os–, los condes (comi es) o los obispos
(episcopi) a los al iles o ele an es, y las o es a los oques o ca os de gue a31.
25 H. M. Game , “The Ea lies E idence o Chess...”, 742.
26 S. Maka iou, “Le jeu d’échecs...”, 127, no a 4.
27 Más indicios de la popula idad de es e juego en la Península Ibé ica en M.ª T. López de Gue-
eño Sanz, “«Más alie sesso que en u a»: El ajed ez en la Edad Media Hispana”, 562-564, en
Al onso X el Sabio: Ca álogo de la Exposición, Mu cia, 2009, 560-573.
28 A. Hilka y W. Söde hjelm (eds.), “Pe i Al onsi Disciplina Cle icalis, I: La einische Tex ”,
en Ac a Socie a is Scien ia um Fennic 38/4 (1911). Disponible en in e ne en The La in Lib a y,
h p://www. hela inlib a y.com/al onsi.disciplina.h ml y en In a ex CT, h p://www.in a ex .
com/X/LAT0745.HTM (úl ima consul a: 5/12/2010). En la edición de M.ª J. Laca a Ducay,
Za agoza, 1980, 117, se ansc ibe la ci ada p obi as como schachis lude e. La equi alencia cas ellana
del é mino p obi a es la omo de la aducción inglesa “gen lemanly pu sui s”, en J. R. Jones y J.
E. Kelle , The schola ’s guide. A ansla ion o he wel h-cen u y Disciplina Cle icalis o Ped o Al onso,
To on o, 1969, 49.
29 H. J. R. Mu ay, A His o y o Chess, 408-410; F. Fi é i Lle o , “El lo de peces d’escacs...”, 289;
M.ª T. López de Gue eño Sanz, “«Más alie sesso que en u a»...”, 561.
30 H. M. Game , “The Ea lies E idence o Chess...”, 744.
31 H. J. R. Mu ay, A His o y o Chess, 395, 417; Á. Galán y Galindo, “Va ian es del juego de
ajed ez y sus igu as”, 48-50; S. Maka iou, “Le jeu d’échecs…”, 139.
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Es a ans o mación es ilís ica en las piezas se io acompañada po alguna
no edad en su mo imien o, ecogida po el sabio se a di a Ab aham ibn Ez a
(1092-1167). En el poema que dedicó al ajed ez, se con empla que el i zˉan (o
“ é ez”, en heb eo) pueda desplaza se en su p ime mo imien o a la e ce a
casilla en una de las dos diagonales posibles; y ambién pod ía hace lo el peón
llegado a la oc a a casilla (lo que hoy denominamos peón co onado, y el Lib o
del aced ex al onsino “peón al e zado”)32.
4. El Rey Sabio y el ajed ez
Así pues, cuando nace el que se á Al onso X, el ajed ez es bien conocido y
ampliamen e p ac icado en la C is iandad, y en pa icula en la co e cas ellano-
leonesa. El p opio Fe nando III, con o me al elogio que incluyó su hijo en el
Se ena io, e a “muy sabido [...] de juga ablas e ascaques e o os juegos buenos de
muchas mane as”33. Y esa a ición po los escaques se ía he edada po el Rey Sabio,
que la lle ó al pun o de dedica le un a ado jun o a o os pasa iempos en el Lib o
de los juegos, códice lujosísimo cuya única edición, has a donde sabemos, es u o
des inada al uso p i a i o del mona ca34. Es p ecisamen e a esa ob a a la que le
oy a dedica las p óximas páginas, pues en ella es á la cla e de odos los signi i-
cados que ence aba el ajed ez – y el es o de juegos– pa a el Rey Sabio: desde el
p opiamen e lúdico has a el me a ísico, pasando po el as ológico y el polí ico.
4.1. Sob e la au o ía y echa del «Lib o de los juegos»
Como se hab á podido deduci de mis an e io es palab as, sólo se puede
accede al sen ido comple o del Lib o del aced ex al onsino si se analiza en el
32 L. Vegas Mon ane , “El poema de Ajed ez de Ab aham Ibn Ez a”, en F. Díaz Es eban
(coo d.), Ab aham Ibn Ez a y su iempo: ac as del Simposio In e nacional, Mad id, Tudela, Toledo, 1-8
eb e o 1989, 363-380; y “Las eglas del ajed ez de Ab aham Ibn Ez a”, ya ci ado. Véase ambién
H. J. R. Mu ay, A His o y o Chess, 460 y 526-528.
33 Al onso X, Se ena io (edición e in oducción de K. H. Vande o d [Buenos Ai es: Uni e -
sidad, 1945]; es udio p elimina de R. Lapesa), Ba celona, 1984, 13. Ya lo no ó Rica do Cal o,
aunque sin señala la uen e (R. Cal o, “El «Lib o de los juegos» de Al onso X el Sabio”, 149).
34 J. T. Wollesen, “Sub specie ludi... Tex and Images in Al onso El Sabio’s «Lib o de Aced ex,
Dados e Tablas»”, 306, Zei sch i ü Kuns geschich e, LV (1990), 277-308. Y es que la cul u a al onsí
“se esc ibió pa a pequeños cí culos de sabios, y no pa a el ulgo” (A. Domínguez Rod íguez, “El
«Lib o de los juegos» y la minia u a al onsí”, 60, en Al onso X el Sabio. Lib os del Ajed ez, dados y
ablas, 2 ols., Mad id-Valencia, I, 1987, 29-123).
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CANTIGAS Y OTRAS OBRAS AL ONSÍES
El Rey en jaque: Al onso X y el ajed ez
con ex o de la ob a que lo incluye, el Lib o de los juegos. Y lo p ime o que hay
que acla a es el quién, el cómo y el cuándo de su elabo ación.
¿Quién y cómo compuso es a ob a? An onio G. Solalinde35 y Gonzalo
Menéndez Pidal36 azona on en su día que las ob as a ibuidas a Al onso X ue-
on p oduc o de una sue e de cadena de p oducción37. En ella, bajo la di ección
más o menos es echa del Rey Sabio, unos compilaban ma e iales, aducían si
e a necesa io y edac aban el ex o, o os lo esc ibían – p ime o en bo ado es
y luego en la e sión de ini i a–, y po úl imo unos e ce os lo ilus aban con
minia u as en los huecos dejados al e ec o. Es obje o de deba e has a qué pun o
in e enía en ealidad Al onso X38, aunque suele ci a se la Gene al Es o ia pa a
demos a que es aba muy pendien e de los p oyec os cul u ales que impulsaba
en su co e:
“El ey aze un lib o, non po qu’él le esc i a con sus manos, mas po que com-
pone las azones d’él, e las emienda e yegua e ende esça, e mues a la mane a de
cómo se de en aze , e desí esc í elas qui él manda, pe o dezimos po es a azón
que el ey aze el lib o.”39
El conocido como Lib o de los juegos, o ambién como Lib o de aced ex,
dados e ablas (aunque incluye más juegos) o ma pa e de la selec a colección
de ob as pa ocinadas po el Rey Sabio y plasmadas en icos códices de pe -
gamino, con ecuencia miniados, segu amen e des inados a la cáma a egia: las
Can igas, el Lapida io, el Pica ix o la Gene al Es o ia son o as ilus es piezas de
ese eso o bibliog á ico40. Unas b e es ci as nos dan una idea de la magni ud
del iempo y dine o in e idos en una ob a como el Lib o de los juegos: 98 olios
35 A. G. Solalinde, “In e ención de Al onso X en la edacción de sus ob as”, Re is a de Filología
Española, II (1915), 283-288.
36 G. Menéndez Pidal, “Cómo abaja on las escuelas al onsíes”, Nue a Re is a de Filología His-
pánica, 4 (1951), 363-380; “El ey aze un lib o…”, en F. Rico Man ique (coo d.), His o ia y c í ica
de la li e a u a española, ol. 1, . 2, 1991, 152-156.
37 Téngase es o en cuen a cuando hablamos de “ob as al onsinas”.
38 C. Al a , “Al onso X”, en C. Al a y J. M. Lucía, Dicciona io ilológico de li e a u a medie al espa-
ñola: ex os y ansmisión, Mad id, 2002, 1-5. Véase ambién: A. Domínguez Rod íguez, “El «Lib o
de los juegos» y la minia u a al onsí”, 31-40; C. L. Sca bo ough, “Au o ía o au o ías”, 331, en J.
Mon oya y A. Domínguez (coo ds.), El Sc ip o ium al onsí: de los Lib os de As ología a las Can igas
de San a Ma ía, Mad id, 1999, 331-337.
39 Tomado de C. Al a , “Al onso X”, 2. Se a a de una ci a ex aída del lib o XVI, capí ulo XIV,
dedicado a na a cómo Dios dispuso que Moisés esc ibie a las segundas Tablas de la Ley, es able-
ciendo el cla o pa alelismo Dios/ ey y Moisés/esc ibano. Véase P. Sánchez-P ie o Bo ja (ed.),
Gene al Es o ia de Al onso X el Sabio, Mad id, 2001, 393.
40 C. Al a , “Al onso X”, 3.
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CANTIGAS Y OTRAS OBRAS AL ONSÍES
B aulio ázquez Campos
“laco du a de echa e a oma del seso aquello que en endiesse omne que más
su p o uesse, e de la en u a gua da se omne de su danno lo más que pudiesse,
e ayuda se della en lo que uesse su p o”71. Como p ueba de sus a gumen os, los
sabios in en a on sendos juegos: el ajed ez (dominio del “seso”), los dados (de la
“ en u a”) y las ablas – más conocidas hoy po su nomb e inglés: backgammon–,
donde la in eligencia y pe icia del jugado pueden ap o echa o con a es a
el ac o sue e que conlle a el empleo de dados. Es a úl ima opción pa ece se
p esen ada en el Lib o de los juegos como la más ace ada con o me a la azón72,
aunque o os indicios apun an a que Al onso p e e ía el ajed ez. ¿Cómo en en-
de , si no, que leamos en es a ob a que “el aced ex es más assessegado iuego e
on ando [sic] que los dados nin las ablas”73, y que se le dediquen 64 de los 98
olios del o al?
Gene almen e, los dis in os au o es han plan eado es a con on ación
en e “seso” y “ en u a” como una dia iba en e el lib e albed ío, ep esen ado
po la sabidu ía, y el de e minismo, que implica abandona se a la o una. Dicha
oposición no e a nue a, aunque hay que econoce la o iginalidad de la o ma
ina en la que ue p esen ada po el equipo al onsí de edac o es74. En e los
a adis as de lengua á abe, había sido la compa ación en e ablas eales (na d)
y ajed ez (ša � anˇg ) la que había se ido de alego ía de la con on ación de dos
doc inas eológicas: ˆyab y qad . La p ime a (ˆyab ), que p e endía esponde a un
seguimien o li e al del Co án y de los “hadices” (dichos a ibuidos a Mahoma),
se iden i icó con el más du o de e minismo, el dominio aplas an e de la omni-
po encia di ina sob e la olun ad humana. Dado su componen e alea o io – el
aza se con unde con el hado en la men e de Alá–, las ablas ue on elegidas
pa a enca na al idea. Nacida en los p ime os iempos del islam, es a doc ina
ue con adicha desde ines del siglo VII po la del lib e albed ío (al-qad ), que
ponía en elación la libe ad de elección con la jus icia de la ecompensa y el
cas igo e e nos. Es a isión del mundo se e lejaba pe ec amen e en el aje-
d ez, donde el indi iduo, limi ado po unas eglas y po un able o ini o, podía
71 C . P. G andese, “Sulla composizione del lib o dei giochi di Al onso X el Sabio”, 177, Annali
di Ca’ Fosca i. Ri is a di lingue e le e a u e s anie e dell’Uni e si à di Venezia, XXVII (1988), 171-81.
72 “El juego de Tablas [...] debió se el que mejo se amoldaba a la isión ín ima del mona ca
cas ellano. Po lo menos, es el único ipo de juego en el que cons an de modo indudable sus p o-
pias apo aciones pe sonales” (R. Cal o, “El «Lib o de los juegos» de Al onso X el Sabio”, 150).
De la misma opinión se mues a P. Cane ie i, ALFONSO X - Lib o de los juegos - In oduzione
- Ideologia e simbologia [In e ne ]. Ve sión 7 (enlace ya ci ado).
73 Lib o de los juegos, ol. 2 . En el olio 1 ambién se a i ma que el ajed ez “es más noble e de
mayo maes ía que los o os”.
74 R. Cal o, “El «Lib o de los juegos» de Al onso X el Sabio”, 155.
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CANTIGAS Y OTRAS OBRAS AL ONSÍES
El Rey en jaque: Al onso X y el ajed ez
decidi , con o me a su en endimien o, en e un núme o de jugadas que endía
al in ini o. La dispu a eológica se iñó de sang e después de que los Omeyas se
a opa an en la doc ina del ˆyab pa a pe segui a sus enemigos polí icos, jus i i-
cando el nue o umbo que es aba omando el Cali a o75.
Dados los an eceden es de la dialéc ica en e “seso” y “ en u a”, a mi
en ende no cabe especula – como hicie a Ana Domínguez– sob e si es e diálogo
ilosó ico es consecuencia, siquie a pa cial, del es ado de ánimo de Al onsoX
al inal de su einado76. C eo, con Cane ie i, que es más p obable que el inicio
de la ob a ue a esc i o muchos años an es de la ebelión del in an e Sancho
con a su pad e, causa, según supone Domínguez, de las e lexiones pesimis as
del mona ca en el Lib o de los juegos77.
* * *
La dialéc ica en e “seso” y “ en u a” en el Lib o de los juegos no se queda
en el plan eamien o inicial de una dispu a io escolás ica ilus ada po di e en es
exempla. Pa iendo de esa base, Al onso quiso inclui las ideas a is o élicas y
p olemaicas sob e el Uni e so que se conocían en la co e cas ellana a a és
de di e en es aducciones á abes de ex os helenís icos78. A al in, sus e udi os
edac o es a icula on su mensaje en una es uc u a basada en los núme os 7 y
12, y añadie on alego ías as ológicas que in oducían en el discu so, apa an e-
men e lúdico, el ema del in lujo de las es ellas sob e el des ino del homb e79.
El empleo de aquellas ci as p e endía exp esa , en es a y o as ob as al onsinas,
el o den del Uni e so, al y como se concebía en el modelo de Claudio P o-
lomeo, igen e en la Edad Media, con sus sie e plane as y doce cons elaciones
zodiacales. Es bien conocida la p eocupación de Al onso X (“casi la obsesión”,
75 F. M. Pa eja Casañas (ed. y ad.), Lib o del ajed ez, de sus p oblemas y su ilezas, ol. 2, LXIII-
LXIV. Se equi oca po lo an o Musse cuando de iende que el o igen de los es juegos p inci-
pales del a ado al onsino, p esen ado en o ma de quæs io escolás ica, puede se is o como un
deba e en e islam y c is ianismo sob e la p edes inación y el lib e albed ío (S. Musse Golladay,
«Los Lib os de aced ex, dados e ablas»..., 1.225).
76 C . A. Domínguez Rod íguez, “El «Lib o de los juegos» y la minia u a al onsí”, 32. Es a
au o a ambién a ibuye a los sen imien os del mona ca la inclusión de juegos de ajed ez as o-
nómicos que eque ían el uso de dados, al inal del códice (ibídem). Como e emos, es e úl imo
hecho esponde más bien al plan eamien o ilosó ico gene al de la ob a.
77 P. Cane ie i, ALFONSO X - Lib o de los juegos - In oduzione - Coo dina e [In e ne ]. Ve sión
12 (enlace ya ci ado).
78 J. T. Wollesen, “Sub specie ludi...”, 278.
79 P. Cane ie i, ALFONSO X - Lib o de los juegos - In oduzione - Ideologia e simbologia [In e ne ].
Ve sión 7 (enlace ya ci ado).
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CANTIGAS Y OTRAS OBRAS AL ONSÍES
B aulio ázquez Campos
di ía Valdeón80) po la as ología81, que ins iga ía la aducción de ob as como
El lib o conplido en los iudizios de las es ellas de Ibn Abˉı-l-Riˆyˉal, o el Lib o de las
c uzes de ‘Ubayd Allˉah. En el p ólogo añadido po los aduc o es al onsinos a
es e úl imo, se decla a la c eencia del Rey Sabio en “el dicho de A is ó il [A is ó-
eles], que dize que los cue[ ]pos de yuso, que son los e enales, se man enen e
se go ie nan po los mo emen os de los co pos de suso, que son los celes iales,
po olun ad de Dyos”82. Apa e alusiones gené icas a la olun ad di ina an o
en las ob as de con enido as ológico como en el Lib o de los juegos, es llama i o
que el alle al onsino desplega a una isión del mundo más p opia de la ciencia
helenís ica que de la eología c is iana occiden al83.
Po lo que se e ie e a las dis in as cla es numé icas p esen es en el Lib o
de los juegos, Sonja Musse ha eco dado las de ec adas po au o es an e io es, y
ha p opues o o as84: los 64 olios que ocupa el Lib o de ajed ez co esponden a
las 64 casillas del able o85; la ci a de 151 minia u as (in e p e ando como doble
la del olio 77 uel o) es símbolo ambién del 7 ( = 1 + 5 + 1); 72 + 72 da como
esul ado 98, núme o de olios del códice…86 Rica do Cal o, po su pa e, ha
llamado la a ención sob e que la ob a es u ie a di idida en sie e pa es, núme o
80 J. Valdeón Ba uque, “Al onso X y la con i encia c is iano-judío-islámica”, 177, en J. Mon-
déja y J. Mon oya, (eds.), Es udios al onsíes: lexicog a ía, lí ica, es é ica y polí ica de Al onso el Sabio,
G anada, 1985, 165-177.
81 J. T. Wollesen, “Sub specie ludi...”, 287; J. A. Sánchez Pé ez, “El Lib o de Las C uces”, 77, Isis,
ol. 14, nº 1 (mayo 1930), 77-132. Véase, de A. Ga cía A ilés: “Al onso X y la adición de la
magia as al”, en A. Domínguez y J. Mon oya (coo d.), El Sc ip o ium al onsí: de los lib os de as olo-
gía a las «Can igas de San a Ma ía», 83-104; “«Imágenes mágicas»: la ob a as omágica de Al onsoX
y su di usión en la Eu opa bajomedie al”, en M. Rod íguez Llopis (coo d.), Al onsoX: apo acio-
nes de un ey cas ellano a la cons ucción de Eu opa, Mu cia, 1997, 135-172.
82 J. A. Sánchez Pé ez, “El Lib o de las c uces”, 80 (ci a con la pun uación y alguna mayúscula
modi icada; las cu si as son mías). Sob e esa aducción, inalizada en 1259, éase ambién R.
Muñoz, “Los o ígenes del «Lib o de las C uces», de Al onso X el Sabio (1ª pa e)”, Re is a de
ilología de la Uni e sidad de La Laguna, nº 1, 1982, 153-176.
83 J. T. Wollesen, “Sub specie ludi...”, 289.
84 S. Musse Golladay, «Los Lib os de aced ex, dados e ablas»…, 1.226-1.228.
85 Cal o de ec a cie o ap esu amien o en las páginas inales del Lib o del aced ex pa a no exce-
de se de la mágica ci a (R. Cal o, “El «Lib o de los juegos» de Al onso X el Sabio”, 129).
86 Es a úl ima elación ma emá ica, de se in encionada, eba e la opinión de Pie o G andese,
que de endía que al códice le al aban dos olios, po lo que o iginalmen e hab ía enido 100,
“nume o ce amen e più «complido» [...] e con enien e pe ciò a un codice egio di Al onso el
Sabio” (P. G andese, “Sulla composizione del lib o dei giochi di Al onso X el Sabio”, 181. Ci ado
en P. Cane ie i, ALFONSO X - Lib o de los juegos - In oduzione - Coo dina e [In e ne ]. Ve -
sión12 [enlace ya ci ado], que desa olla a su ez la hipó esis de G andese).
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CANTIGAS Y OTRAS OBRAS AL ONSÍES
El Rey en jaque: Al onso X y el ajed ez
al ededo del cual gi a la simbología de las Pa idas, de las ablas as onómicas y
del Se ena io87.
La simbología as ológica se hace más pa en e al inal del lib o ( ols.
95 -97 ), donde se explican los dos úl imos juegos, los escaques y las ablas
que se juegan “po as onomía”. Especialmen e signi ica i o es el able o del
p ime juego. Es hep agonal, pues son sie e los jugado es, “cada uno con su
plane a”88. En su in e io se disponen ocho anillos concén icos: el ex e io
con iene los doce signos del Zodíaco; los 7 in e io es se hallan escaqueados.
En el cen o, la Tie a, compues a de es anillos y un cí culo, signos de los
cua o elemen os: uego ( ojo), ai e (cá deno cla o), agua (blanco) y ie a
(pa do). Con ayuda de un dado hep aéd ico, se iban mo iendo sob e el able o
las igu as de los plane as89.
Apa e del mo imien o de las es e as celes es, los au o es del Lib o de
los juegos quisie on ambién encaja en él lo que c eían sabe de la na u aleza
e enal. Así, con i ie on el ajed ez y las ablas de cua o jugado es, hechas “a
semeiança de los qua o iempos dell anno” ( ols. 87-89), en una ep esen ación
de las cua o es aciones, los cua o elemen os y los cua o humo es, iden i icados
po sendos colo es: e de (p ima e a-ai e-sang e); ojo ( e ano- uego-cóle a,
de χολή, bilis); neg o (o oño- ie a-melancolía, de μελαγχολία, bilis neg a); y
blanco (in ie no-agua- lema).
En suma, el Lib o de los juegos es á ca gado de signi icado me a ísico y
as ológico, p oduc o de la cosmo isión que imp egnaba la co e de e udi os de
Al onso X. Tal complejidad en el despliegue alegó ico ha lle ado a Sonja Mus-
se a supone que lo que el Rey Sabio p e endió con es a ob a ue “mi a en las
p o undidades de es os juegos, como en una bola de c is al, con el in de e el
u u o y pode a eglá selas mejo con los desa íos que la ida eal p esen aba”90.
A i mación que a más allá de lo demos able.
87 R. Cal o, “El «Lib o de los juegos» de Al onso X el Sabio”, 129. Las sie e pa es son las
dedicadas a: el ajed ez; los dados; las ablas; a ian es de los juegos an e io es, en mayo o ma o
(el más des acado, el “g an aced ex” de 12 x 12 casillas); los juegos de cua o jugado es (ajed ez
y ablas de las cua o es aciones); el alque que; y los juegos as ológicos (escaques y ablas que se
juegan “po as onomía”).
88 A sabe : Sa u no, Júpi e , Ma e, el Sol, Venus, Me cu io y la Luna.
89 C . J. T. Wollesen, “Sub specie ludi...”, 285-286; S. Musse Golladay, «Los Lib os de aced ex,
dados e ablas»…, 1.228; P. Cane ie i, ALFONSO X - Lib o de los juegos - In oduzione - Ideologia
e simbologia [In e ne ]. Ve sión 7 (enlace ya ci ado).
90 Véase S. Musse Golladay, «Los Lib os de aced ex, dados e ablas»…, 80-85, 1219-1221 y 1.230-
1.231. La ci a, en la página 1.231.
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CANTIGAS Y OTRAS OBRAS AL ONSÍES
B aulio ázquez Campos
4.3. Ul aespecialización e hipe in e p e aciones: a p opósi o de las minia u as del
«Lib o del aced ex»
Las minia u as del Lib o de los juegos, y en especial las que ilus an el Lib o
del aced ex, han sido una de las cues iones más es udiadas de la ob a. Al mismo
iempo, se a a de un ámbi o muy pe judicado po la ul aespecialización que
denunciábamos al p incipio de es e abajo. Ello p o oca que, jun o a in e p e-
aciones suge en es, se hayan o ecido o as que pecan de exceso de imagina-
ción. No es és e luga pa a analiza las po ex enso, pe o sí conside o pe inen e
hace cie as p ecisiones sob e algunas de las más discu ibles.
Un ejemplo ya an iguo de lo que a amos aho a es la explicación del ilólogo
e hispanis a inglés John B ande T end sob e los ges os de los jugado es es ampados
en las minia u as del Lib o del aced ex: “Las manos de los jugado es es án dibujadas
en casi cada caso con los dedos en cie as posiciones, como pa a ahuyen a el mal
de ojo y o as in luencias mágicas, y ayuda al jugado a gana ”91. No puede desca -
a se (ni demos a se, con los da os con los que con amos) que en alguna minia u a
en conc e o pudie a se así; pe o hace iempo que Rica do Cal o, ci ando una
ap eciación de S eige simila a la de T end, pun ualizaba a p opósi o de aquellas
escenas que, en ealidad, los dedos ex endidos, o el pe sonaje que oca un ebejo, lo
que hacen es señala exac amen e a la igu a o cuad o del able o donde comienza
a desa olla se el p oblema plan eado en el ex o p eceden e del Lib o del aced ex92.
O os casos más ecien es a ec an, sob e odo, al es ue zo po iden i ica en
las minia u as del Lib o de los juegos a de e minados pe sonajes de la amilia eal cas-
ellana. Como mues a, un bo ón: las minia u as de los olios 47 uel o y 48 ec o
del Lib o del aced ex. En la p ime a de ellas emos a dos pe sonajes sen ados en el
suelo y sepa ados po un able o: a la izquie da, un homb e madu o, con el pelo
ubio o quizá cano, ocado con un bone e deco ado con cas illos y leones, emble-
mas he áldicos de la casa eal; su única y su capa, ojas con los ibe es do ados; y
ambién do ado es su calzado93. Se le en en a, al o o lado de los escaques, una
muje de odillas, cuyo os o queda enma cado po una oca blanca ( ol. 47 ). En
la minia u a si uada jus o en la página adyacen e ( ol. 48 ), se en en an en o no al
91 J. B. T end, “Al onso el Sabio and he Game o Chess”, 396-397, ci ando a P. F . Juan Za co
Cue as, Ca álogo de los manusc i os cas ellanos de la Real Biblio eca de El Esco ial (S. Lo enzo de El
Esco ial, 1924-1929), III, 444-445.
92 R. Cal o, “El «Lib o de los juegos» de Al onso X el Sabio”, 131, e i iéndose a A. S eige ,
Lib os de aced ex, dados e ablas. Das Schachzabelbuch König Al ons des Weisen, nach de Handsch i J.T.6
ol. des Esco ial mi Glossa und g amma ischem Ab iss, Gineb a-Zü ich, 1941, XVII.
93 Los zapa os do ados son p i a i os de los eyes en es as minia u as, según S. Musse Golladay,
«Los Lib os de aced ex, dados e ablas»…, 754-757.
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Alcana e VII [2010-2011], [293 - 328]
CANTIGAS Y OTRAS OBRAS AL ONSÍES
El Rey en jaque: Al onso X y el ajed ez
Minia u a del olio 47 uel o
Minia u a del olio 48 ec o
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able o dos muje es con sendas únicas de gasa que pe mi en e sus senos y muslos;
los os os de ambas pa ecen in encionadamen e bo ados, como ya señala a Sonja
Musse 94, lo que ha de e io ado en buena medida el cuad an e supe io de echo
de la ilus ación. A la izquie da de ellas, un a ón con el bone e y los ibe es de su
capa blasonados con cas illos y leones, con calzado do ado, de pelo cas año oscu o,
ba ba ala, y acciones y exp esión di e en es – pe o es sólo mi opinión– a las del
homb e del olio 47 . Lo acompaña, sen ado en el suelo (los o os es pe sonajes
es án sen ados en banque as), un segundo indi iduo, de pelo ubio y ba bado.
Domínguez Rod íguez iden i ica en ambas minia u as con Al onso X a
los a ones ado nados con las a mas de la casa eal de Cas illa y León, a pesa
de las di e encias ísicas que exis en en e ellos. Pe o a más allá, al a i ma con
oda segu idad: “En ambas minia u as […] quiso sin duda el mona ca que se con-
apusie an ambos aspec os de su ida”, e i iéndose a su ida omán ica y e ó ica,
espec i amen e. De la dama que se en en a al homb e del olio 47 , dice que
“puede a a se de un a dío homenaje al g an amo de su ju en ud, de la que u o
un hijo an e io a su ma imonio, Doña Mayo Guillén de Guzmán”. Po o a
pa e, a i ma que en el olio 48 , “el ey Al onso pa ece is o en la madu ez”,
que el homb e jun o a él es un “co esano”, y que “los censo es pos e io es
han o ado los esco es de las seño as”, cuando en ealidad los dañados son sus
os os95. La au o a ambién apun a que no es posible iden i ica a Violan e, la
esposa de Al onso X, “con ninguna de las einas que juegan al ajed ez, o que
compa ecen en las Can igas”. Pe o, en cambio, sí le ha sido posible suge i la
p esencia de Mayo Guillén de Guzmán en el olio 47 , sin que sepamos a cien-
cia cie a con qué igno a imagen o desc ipción ísica de la noble cas ellana se
ha e ec uado la compa ación.
Las ap eciaciones de Sonja Musse al espec o son aún más pe eg inas.
Ella iden i ica a doña Violan e en a ias minia u as – en e ellas la del olio 47 –
po su “incon undible na iz, ancha y cuad ada, y su mi ada pene an e” (sic)96;
no decla a en qué uen es ha cons a ado que aquéllos e an sus asgos. Es lo
máximo que llega a jus i ica sus ase os en es as cues iones. Po que sin ningún
undamen o ambién supone que una de las aman es de Al onso, Mayo Guillén
94 S. Musse Golladay, «Los Lib os de aced ex, dados e ablas»…, 744-745 y 919.
95 A. Domínguez Rod íguez, “El «Lib o de los juegos» y la minia u a al onsí”, 56. Las cu si as
son mías.
96 “Al onso’s spouse, Violan e, is also easily iden i ied beginning wi h hose po ai s whe e she
appea s as he queen in ull egalia nex o he husband. He dis inc i e wide, squa e nose and
pene a ing gaze a e ound in no ewe han i e illumina ions including ols. 16 , 18 , 47 , 49
54 and 56 ” (S. Musse Golladay, «Los Lib os de aced ex, dados e ablas»…, 79).
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El Rey en jaque: Al onso X y el ajed ez
de Guzmán, y su hija, Bea iz – eina de Po ugal y báculo de su pad e du an e
sus úl imos años– igu an con ecuencia en el Lib o de los juegos97.
Especialmen e ex a agan e me pa ece su análisis de la minia u a del olio
48 : si úa a Al onso X (el homb e con el bi e e y el man o deco ados con cas-
illos y leones) sen ado “en un banco de una casa de baños”98. A su izquie da
es a ía “un homb e más jo en”, que conside a puede se “o su hijo ilegí imo
con Ma ía de Aulada, Al onso Niño [sic], o, con menos con icción, el p íncipe
he ede o Fe nando de la Ce da, que mu ió en 1275”99. Dicho sea de paso, Mus-
se , al ene como uen e exclusi a en es e asun o el Li o de linhagens de Ped o
de Ba celos, ye a como él en el nomb e de la mad e de Al onso Fe nández “el
Niño”, que hoy sabemos que ue El i a Rod íguez de Villada, cuyas elaciones
con Al onso X hab ían enido luga hacia 1242100. Pe o, eg esando a la des-
c ipción de la minia u a, ambién lanza la au o a o as hipó esis espec o a ese
“jo en”: que pueda se Fe nando de la Ce da, o el hijo na u al de Al onso X
Ma ín Al onso, e incluso el in an e Manuel, que, aunque ebelde con a su he -
mano el ey, no io su ca a des igu ada en la minia u a, lo que no se compadece
con o as a i maciones de la au o a espec o a supues as imágenes del in an e
Sancho101. De las “damas lige as de opa” que juegan al ajed ez, Musse c ee que
son “su hija ilegí ima Bea iz y su mad e Mayo Guillén de Guzmán”, es deci ,
“su «o a» amilia”102. Doña Mayo , según Musse , apa ece ía en más ocasiones,
siemp e he mosa, a menudo poco es ida, “al es ilo mo o”, engalanada con
colla y b azale es de o o, y manos pin adas de alheña. En el caso del e iden e
bo ado de ca as de las muje es cuasi desnudas del olio 48 , deja Musse ola
aún más su imaginación: la esponsable de an u iosa damna io memo iæ hab ía
97 En los olios 18 , 40 , 48 y 54 (ibídem).
98 O os au o es se han p egun ado si es e pe sonaje no se ía más bien el in an e Sancho (R.
Cal o, “El «Lib o de los juegos» de Al onso X el Sabio”, 130; C. Bo dons Alba, “El ajed ez,
juego de eyes”, 225).
99 S. Musse Golladay, «Los Lib os de aced ex, dados e ablas»…, 724, y no a 112, sob e Al onso
Fe nández “el Niño” (c. 1242-1281), uno de los homb es de con ianza del Rey Sabio. Ace ca de
la ac i idad polí ica de Al onso Fe nández, éase B. Vázquez Campos, Los adelan ados mayo es de la
F on e a o Andalucía (siglos XIII-XIV), Se illa, 2006, 110, 112, 121, 143, 188, 196 y 225.
100 J. de Salaza y Acha, “P ecisiones y nue os da os sob e el en o no amilia de Al onso X El
Sabio, undado de Ciudad Real”, 221-222, en Cuade nos de es udios manchegos, nº 20, 1990, 211-
231; sob e Mayo Guillén éase el mismo a ículo, 222-224.
101 S. Musse Golladay, «Los Lib os de aced ex, dados e ablas»…, 915-916. Las des igu aciones
de los os os de cie as igu as masculinas en las minia u as co esponde ían, según ella, a una
des ucción delibe ada de las imágenes del in an e Sancho, ebelado con a su pad e en 1282 (op.
ci ., 754, 918 y 1.231).
102 S. Musse Golladay, «Los Lib os de aced ex, dados e ablas»…, 724.
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sido, nada más y nada menos, que la eina Violan e, celosa – siemp e según Mus-
se – de Mayo Guillén y de su hija103. El análisis de la minia u a del olio 18
nos depa a más so p esas. Musse a i ma que en aquella ilus ación Violan e y
“su compe encia”, Mayo Guillén (de nue o con una única anslúcida), son las
que se encuen an dispu ando una pa ida de ajed ez104.
Ab e iemos, en es e pun o, la imagina i a hipó esis de Sonja Musse : Si
la hemos en endido bien, el alle al onsí no hab ía enido epa os en p esen a
desnudas a una an igua aman e del ey y a su hija más que ida, como ampoco
en dibuja con un gene oso esco e a la p opia eina, doña Violan e, en el olio
56 105. La au o a e al p ocede como lo más na u al del mundo en la co e
eal cas ellana del siglo XIII, después de es ablece anac ónicas compa aciones
con lo es ilado en el an iguo Egip o106. Doña Violan e, íc ima de un a aque de
celos, hab ía des uido unas imágenes de doña Mayo , pe o pa adójicamen e no
o as, como la del olio 18 .
103 S. Musse Golladay, «Los Lib os de aced ex, dados e ablas»…, 742-746. Sob e es as hipó esis
insis e a lo la go de su esis (792, 915-920, 1.226-1.227).
104 S. Musse Golladay, «Los Lib os de aced ex, dados e ablas»…, 741-742.
105 S. Musse Golladay, «Los Lib os de aced ex, dados e ablas»…, 939-940. Sob e o as hipo é icas
iden i icaciones de doña Violan e éase S. Musse , op. ci ., 739-740.
106 S. Musse Golladay, «Los Lib os de aced ex, dados e ablas»…, 918.
Minia u a del olio 18 ec o
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El Rey en jaque: Al onso X y el ajed ez
Recapi ulemos aho a sob e lo que nos cons a po o as uen es, y hagá-
monos algunas p egun as. Sabemos que Mayo Guillén de Guzmán mu ió a
comienzos de 1262107. ¿Había sido an impo an e en la ida de Al onso X
como pa a pe pe ua su memo ia en el Lib o de los Juegos, eniendo en cuen a
que és e se e minó en 1283? Es cie o que doña Mayo ue mad e de una hija
(quizá dos) de Al onso, y que ecibió del en onces in an e he ede o impo an es
seño íos, como el de Elche en 1244; pe o ambién Ma ía Al onso (hija na u al
de Al onso IX de León) y El i a Rod íguez de Villada desempeña on el mismo
papel de aman e y mad e de hijos de Al onso en un momen o u o o108. ¿Cabe
conje u a , sin ninguna p ueba que lo a ale, un odio isce al en e Violan e y
Mayo Guillén, como sí sabemos que exis ió en e la esposa y la aman e de
Al onso XI, bisnie o del Rey Sabio? A di e encia de es e úl imo caso, Al onso X
no con i ió con inuadamen e con su concubina, ni u o muchos hijos con ella,
ni pos e gó a su descendencia legí ima en bene icio de la bas a da. Violan e enía
o os mo i os de p eocupación, como la sue e de sus nie os, los hijos de Fe -
nando de la Ce da, en el plei o suceso io que los en en aba al in an e Sancho.
No se a a de desp ecia el abajo de los au o es mencionados en es e
apa ado, pues o os azonamien os suyos es án bien a gumen ados, o al menos
son e osímiles. Así pa ece la hipó esis de Musse ace ca de las ca as masculi-
nas bo adas en cie as minia u as, que pod ían pe enece al ebelde Sancho
y, en una ocasión, al in an e Manuel, que había secundado a su sob ino con a
Al onso X109. Tampoco se a a de nega la posibilidad de iden i ica los nom-
b es, e nia, eligión u o icio de los pe sonajes ep esen ados en las minia u as110.
Pe o no queda más emedio que denuncia el poco undamen o de las conje-
u as desc i as an es, consecuencia de no habe analizado en p o undidad los
es imonios c onís icos y documen ales coe áneos, y de igno a las más ecien es
107 M. González Jiménez, Al onso X el Sabio, 156.
108 M. González Jiménez, Al onso X el Sabio, 28.
109 Minia u as de los olios 1 , 51 , 72 , 88 , 96 y 97 (S. Musse Golladay, «Los Lib os de ace-
d ex, dados e ablas»…, 792. Las de los ols. 88 y 96 pa ecen habe su ido más bien un de e io o
no in encionado). En o o luga , un an o con adic o iamen e, a i ma que alguna ca a dañada
lo hab ía sido no po i a del mona ca con a Sancho, sino po la pena de habe pe dido a su hijo
mayo (op. ci ., 754). Sin emba go, nada dice la au o a de la minia u a del olio 96 , que ep esen a
una pa ida de los “escaques que se iuegan po as onomía”. Allí el os o de Al onso X (según
lo iden i ican odos los especialis as) apa ece des aído, sin que debamos supone una mano des-
uc o a, sino an sólo un de e io o casual. O as igu as de las minia u as, po ejemplo en el Lib o
de los dados, ienen las acciones bo adas ( ol. 70 ), y no han despe ado la cu iosidad de Musse .
110 Po ejemplo, cuando Cal o p opone iden i icaciones como jugado es de ajed ez de judíos,
á abes, caballe os de ó denes mili a es, monjas, músicos, e c., así como de pe sonajes de la co e
eal, aunque con p udencia (R. Cal o, “El «Lib o de los juegos» de Al onso X el Sabio”, 130-131).
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sólo desempeñado po in an es de la casa eal y po icoshomb es – la cúspide
nobilia ia–. Los caballos del ajed ez e an, po supues o, los caballe os (“ca allos,
mas los sus nomb es de echos son ca alle os, que son pues os po cabdiellos po
mandado del Rey po a o dena las azes de la hues e”). Los oques, los an iguos
ca os de gue a, e an asemejados a las “azes” o escuad ones137 de los caballe os. Los
al iles (“ele an es que solíen los Reyes le a en las ba allas”), en cambio, no encon-
aban en el ex o al onsino ningún pa alelismo en el ejé ci o de la época ( ol. 3).
Las piezas de la hues e eal podían se omadas en el anscu so de la
pa ida, pe o no el ey, que podía ecibi jaque “po quel pudiessen aze sali de
aquel loga dó so iesse como deson ado”. Pe o si lo a inconaban de mane a
que no u ie a ninguna casilla adonde i , ecibía “xama [jaque ma e], que es
an o como mue o” ( . 3 ). El pa simonioso anda del ey en el able o e a
símbolo de la obligación del mona ca de ca ne y hueso de no deja se lle a po
la i a – “non se de e a eba a en las ba allas”– y de p ocede e lexi amen e
– “me iendo mien es en lo que ha de aze ”– ( ol. 3 ). ¿Acaso no ecue dan
es as palab as el consejo ecibido po Al onso X de su pad e, Fe nando III, en el
Lib o de los doze sabios?
“Non e eba es a aze ningún echo as a que, p ime amen e, lo pienses. Salbo
quando ie es us henemigos delan e i, que aquí non ay que pensa , salbo e i
eziamen e e pasa delan e.”138
Apa e de la mili a , la o a g an ace a de un mona ca medie al e a la de
la jus icia139. Pa a cap a la ascendencia de es a unción según se eía en el siglo
XIII, nada mejo que acudi a las palab as del p opio Al onso X, o de sus ju is as:
“así como el alma yace en el co azón del home, e po ella i e el cue po e se
137 S. de Co a ubias O ozco, Teso o de la lengua cas ellana o española (Mad id, 1611), ed. De F.
C. R. Maldonado, Mad id, 1995, 619, oz “HACES [I]”.
138 “Cap. XLII. En que el ey no se eba a a hace ningún hecho has a que lo piense”. Tomado de
H. H. Gassó y D. Rome o (eds.), “Lib o de los doce sabios, Ms. 92 (=77) de la Biblio eca Menén-
dez Pelayo de San ande ”, Memo abilia: Bole ín de li e a u a sapiencial, nº 6, 2002. Es a elación ya ue
ad e ida po S. Musse Golladay, «Los Lib os de aced ex, dados e ablas»…, 101.
139 A. Ma ongiu, “Un momen o ípico de la mona quía medie al: el ey juez”, Anua io de His-
o ia del De echo Español, XXIII (1953), 677-715. Pa a un análisis del concep o de jus icia en los
ex os de Al onso X, id. M. Made o, “Fo mas de la jus icia en la ob a ju ídica de Al onso X el
Sabio”. Hispania, LVI/2, nº 193 (1996), 447-466. Musse ha apun ado o o de alle que ilus a
la impo ancia o o gada po Al onso a la jus icia. Al menciona el Lib o de aced ex, de pasada, el
ajed ez decimal (10 x 10 casillas), se in oduce una pieza adicional espec o al ajed ez no mal, el
juyz, que no es, con a la cos umb e al onsina, aducción de la co espondien e pieza islámica, el
dabbaba (S. Musse Golladay, «Los Lib os de aced ex, dados e ablas»…, 536).
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El Rey en jaque: Al onso X y el ajed ez
man iene, así en el ey yace la jus icia, que es ida e man enimien o del pueblo
de su seño ío”140. En esa línea, hablando de las “a an aias de los ebejos dell
aced ex”, el códice explica
“... ca el Rey es aco ado en guisa que puede oma a odos e ninguno non puede
oma a él. E es o es a semeiança del Rey que puede aze ius icia en odos los
que la me ecie en, mas po esso non de e pone la mano ninguno en él po a
p ende le, nin e i le nin ma a le; aunque él ie a o p enda o ma e. Mas bien
le pueden aze e güença en es mane as: aziéndol sali de la casa do es á, o
emba gándol la casa o quie e en a , e nol dexa oma lo que quie e” ( ol. 4 ).
¿No es cu ioso que, a p opósi o de es a ba alla simbólica que es el ajed ez,
pa ezca que se es é hablando más de súbdi os que de enemigos ex e io es, y
comience una pequeña dig esión sob e la jus icia que impa e el sobe ano? ¿O
que ei indique la in iolabilidad de la pe sona eal en é minos casi idén icos a
los de las Pa idas141? ¿Cabe saca alguna conclusión sob e si hubo algún suceso
conc e o que p o oca a ales e lexiones? No podemos, sin cae en los excesos
in e p e a i os que he denunciado an es, achaca la edacción de es e enunciado
a la pa icula si uación de gue a ci il de inales del einado, ni a la ebelión
nobilia ia de 1272-1273, eniendo en cuen a que Al onso X enía su iendo
insu ecciones de miemb os de su amilia y de la al a nobleza desde el mismo
comienzo de su gobie no. Sin i más lejos, en 1255 se ebeló uno de sus he -
manos, En ique, aliado al clan de los Ha o, algo de lo que no sólo hablan docu-
men os y abajos de medie alis as142, sino ambién las ob as del alle al onsí,
po ejemplo el comienzo del capí ulo LXVI del Lib o de los doze sabios143. En
cualquie caso, la p oblemá ica elación en e las dis in as mona quías eudales y
sus espec i os g upos nobilia ios e a algo muy an iguo y gene alizado.
140 Pa ida II, í ulo I, ley V. Las Sie e Pa idas del ey don Al onso el Sabio, Mad id, 1807, . II, 7.
141 Pa ida II, í ulo XIII, ley VI: “E sob e odas las cosas del mundo debe el pueblo gua da se
de le añe [al ey] pa a ma a le, nin pa a e i le nin pa a p ende le” (Las Sie e Pa idas del ey don
Al onso el Sabio, Mad id, 1807, . II, 107. El enco che ado es mío).
142 M. González Jiménez (ed.), C ónica de Al onso X (según el Ms. 2777 de la Biblio eca del Palacio
Real, Mad id), Mu cia, 1999, 23, no a 24; J. González, Repa imien o de Se illa, Mad id, 1951, I, 69,
no a 191, y 242-248; A. Balles e os, Al onso X el Sabio, Ba celona, 1963, 107, 111, 115 y 142; J.
F. O’Callaghan, El Rey Sabio, Se illa, 1999, 104-107; B. Vázquez Campos, «El us ado p oyec o
seño ial de Fe nando III pa a A cos de la F on e a», Ac as del I Cong eso de His o ia de A cos de la
F on e a, Cádiz, 2003, 131-138.
143 Lib o de los doze sabios, cap. LXVI: “E po que a poco ienpo después que es e ey don Al onso
einó, acaesçió g andes desco dias po alguno de los in an es, sus he manos, e de los sus icos omes
de Cas illa e de León, aziéndose ellos odos unos con a es e ey don Al onso”. Ci a omada de
H. H. Gassó y D. Rome o (eds.), “Lib o de los doce sabios…”.
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Finalmen e, es signi ica i o que, al desc ibi el Lib o del aced ex cómo
debían ab ica se las piezas más lujosas, aquellas cuyas “ ayciones [...] se azen
meio e más complidamien e”, es ablecie a que “el Rey de e es a en su siella
con su co ona en la cabeça e la espada en la mano assí como si iudgasse o mandasse
aze jus icia” ( ol. 4 ).
5. Jaques al ey
A a és del ajed ez nos hemos ace cado a la complejidad de la cosmo-
isión pa ocinada po un mona ca que ha pasado a la his o ia como el Rey
Sabio. El mo i o de su ama ambién ha sido, pa adójicamen e, uen e de los
más se e os juicios que la pos e idad ha e ido sob e él. Sus c eencias as oló-
gicas ue on censu adas como nig omancia; sus ala des de sabidu ía le alie on
el mo e de sobe bio; el dis u a de an os conocimien os y el e se desposeído
del pode , hizo que se duda a de su ingenio144. Como su lejano descendien e
Felipe II – o o aman e del ajed ez, de la as ología y de los lib os–145, ambién
u o Al onso su leyenda neg a.
En ello in e inie on muchos ac o es. Los panegí icos exal ados de su
p opia co e de in elec uales – an dispues os en odas las épocas a can a la glo-
ia de sus mecenas– pudie on ansmi i la imagen de un mona ca p esun uoso,
demasiado o gulloso de su sapiencia. Pe o no ue sólo eso. Se a ó ambién de
p opaganda polí ica, esponsabilidad an o de los sucesi os eyes como de los
enemigos de és os.
En p ime luga , cuando su hijo Sancho IV llegó al ono, es aba muy
p eocupado po legi ima su discu ible de echo a eina . Esa inquie ud, compa -
ida po sus suceso es, pasa ía en iempos de Al onso XI, bisnie o del Rey Sabio,
a la C ónica de Al onso X, en la que se espi a un ambien e indiscu iblemen e
hos il con a el sobe ano cuyo einado na a146.
Pe o ambién los ad e sa ios de la au o idad moná quica a aca on la
memo ia de Al onso X. Su concep o de ealeza, que impulsó en su monumen al
144 “El sob enomb e de Sabio que ganó po las le as, o po la inju ia de sus enemigos, o po la
malicia de los iempos, o él po lojedad de su ingenio pa ece le amancilló; pues con el c édi o
que enía de se an sabio, no supo mi a po sí y p e eni se” (Juan de Ma iana, His o ia gene al de
España, Mad id, 1855 [Toledo, 1601], 402).
145 Fue el Rey P uden e quien o denó lle a el Lib o de los juegos de la Capilla Real de G anada
a su biblio eca en San Lo enzo de El Esco ial (S. Musse Golladay, «Los Lib os de aced ex, dados e
ablas»…, 57, ci ando a J. B. Sánchez Pé ez, El ajed ez de D. Al onso el Sabio, Mad id, 1929).
146 M. González Jiménez (ed.), C ónica de Al onso X, “In oducción”, XXXVIII-XLIII.
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El Rey en jaque: Al onso X y el ajed ez
ob a legisla i a y en su p ác ica polí ica, e a el p ime paso en el la go p oceso
de ans o mación de la mona quía eudal en el es ado bu oc á ico y au o i-
a io de los siglos mode nos. Tales inicia i as ue on is as con ecelo po las
éli es a is oc á icas y ambién po las ciudades cas ellanas, celosas de su ela-
i a libe ad, y de ahí nació en buena medida la g an ebelión de 1272-1273.
Al onso X io malog ado su p oyec o, pe o sus suceso es ol ie on una y o a
ez a la ca ga: en especial, su bisnie o Al onso XI, que signi ica i amen e ele ó a
ango de de echo suple o io las Pa idas en el O denamien o de Alcalá, en 1348.
Al onso XI iun ó allá donde acasó su bisabuelo, pe o en cambio su ió las
consecuencias de que su más emendo enemigo, Juan Manuel, ue a además
uno de los g andes li e a os de nues a lengua. Es e hijo del in an e Manuel, y
po lo an o sob ino del Rey Sabio, deslizó en ob as p opias y oídos ajenos odo
ipo de ela os a en osos – no necesa iamen e alsos– con a Al onso XI y su
es i pe. Acaso ambién se debie a en úl ima ins ancia a él la leyenda de la blas e-
mia del Rey Sabio, ecogida, en e o os, po Ped o de Ba celos – o o bisnie o
de Al onso X–, según la cual es e mona ca hab ía a i mado que si él hubie a
es ado jun o a Dios en la C eación, algunas cosas hubie an sido “melho ei as
que como as Elle eze a”147. No cabe duda de que Al onso enía una idea muy
ele ada de sí mismo y de la ins i ución que enca naba, pe o es dudoso que al
comen a io ue a e ídico. Al menos, en las ob as que pa ocinó no se le p e-
sen a an a uo como pa a p escindi del consejo de homb es más ilus ados que
él: así puede ap ecia se en el Lib o de los doze sabios, o en el p ólogo del Lib o de
los juegos, si omamos al ey de la India como al e ego del mona ca cas ellano.
Las monog a ías y es udios pa ciales de las úl imas décadas, algunos de los cuales
han sido ci ados a lo la go de es as páginas, han dic ado un juicio más ecuánime
sob e es e pe sonaje de luces y de somb as.
Al onso ambién ecibió jaques en ida. Su einado ue una con inua
sucesión de gue as y ebeliones: su he mano En ique y el clan de los Ha o,
los mudéja es andaluces y mu cianos, los benime ines del No e de Á ica, los
icoshomb es casi al comple o, el ey de F ancia, su que ido he mano Manuel
y su hijo Sancho... Recue da la ida de Al onso a los dos p ime os p oblemas
del Lib o del aced ex, en los que el ey es acosado de jaque en jaque eco iendo
un e e no pe iplo ci cula , que hace e o na a odas las piezas a la posición
147 P. de Ba celos, C ónica Ge al d’Espanha (ed. de L. F. Lindley Cin a), ol. IV, 382, ci ado en
M. González Jiménez, Al onso X el Sabio, 449. Sob e es a y o as leyendas an ial onsinas, éase M.
González Jiménez, op. ci ., 448-455, y L. R. Funes, “La blas emia del ey Sabio: i ine a io na a-
i o de una leyenda (I)”, Incipi , nº 13, 1993, 51-70; “La blas emia del ey Sabio: i ine a io na a i o
de una leyenda (II)”, Incipi , nº 14, 1994, 69-101.
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Alcana e VII [2010-2011], [293 - 328]
CANTIGAS Y OTRAS OBRAS AL ONSÍES
B aulio ázquez Campos
inicial148. Igualmen e, en 1283, cuando se concluyó el Lib o de los juegos, Al onso
se ehacía del úl imo jaque, el del in an e he ede o, y eía cómo sus súbdi os
iban e o nando len amen e a la obediencia. Sin emba go, pocos meses después,
el 4 de ab il de 1284, en la misma ciudad en la que “ ue començado e acabado”
su lib o sob e el ajed ez y los o os juegos, ecibió el ma e. Como en la cua e a
de Oma Jayyam149, ue el des ino común a odo homb e, a odo ebejo, el que
de o ó inalmen e al Rey Sabio.
148 C . R. Cal o, “El «Lib o de los juegos» de Al onso X el Sabio”, 152.
149 O como en el segundo de los sone os de Bo ges dedicados al ajed ez: “También el jugado es
p isione o / (la sen encia es de Oma ) de o o able o / de neg as noches y de blancos días”. O,
como en la bajomedie al Compa a io Mundi ad Ludum Schaka um, en é minos muy pa ecidos a
Jayyam: “Mundus is e o us quoddam schacha ium es ...” (L. Tho ndike, “All he Wo ld’s a Chess-
Boa d”, 463, Speculum, ol. 6, nº 3, jul. 1931, 461-465).