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De la habitabilidad: relaciones entre ética y literatura en la ciudad espejo

Abstract

El autor se pregunta qué es la ciudad, o qué debería ser en la época de la deconstrucción, de las redes de información, partiendo de planteamientos más éticos que estéticos. La ciudad, que había sido creada como un espacio para la habitabilidad, ha dejado de ser el lugar para el desarrollo de la virtud a medida que los conceptos han dejado de reflejar una realidad exterior a ellos para transformar lo real en texto.

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De la habitabilidad: relaciones entre ética y literatura en la ciudad espejo

Author: Muñoz Gutiérrez, Carlos
Publisher: Editorial Universidad de Sevilla
Year: 1998
DOI: 10.12795/astragalo.1998.i09.04
Source: https://idus.us.es/bitstreams/182e0696-3165-46c3-b9fb-7836cc9d5065/download
DE LA HABITABILIDAD
Relaciones en e é ica y li e a u a en la Ciudad Espejo
Ca los Muñoz Gu ié ez
El au o se p egun a qué es
la
ciudad, o qué debe ía se
en
la
época de
la
decons ucción, de las edes de in o mación, pa iendo de plan ea-
mien os más é icos que es é icos.
La
ciudad, que había sido c eada
como
un
espacio pa a
la
habi abilidad, ha dejado de se el luga pa a
el desa ollo
de
la
i ud a medida que los concep os han dejado de
e leja una ealidad ex e io a ellos pa a ans o ma lo eal
en
ex o.
Pe mí anme, pa a empeza , una ex ensa ci a
de Jane F ame de g an belleza.
E
s
el Mensaje o quien
me
u ge a hace -
lo, e incluso aho a, mien as escnbo,
el
Mensaje o
de
la
Ciudad Espejo espe a
an e
mi
pue a y mi a á idamen e mien as sigo
ecogiendo los da os
de
mi
ida. Y
me
some o a
los deseos del Mensaje o. Sé que la con inua
exis encia
de
la Ciudad Espejo depende
de
las
sus ancias anspo adas has a allí, y que el
expec an e Mensaje o p egun a:
<<¿Quie es
que
c ezca la Ciudad Espejo? ¿Recue das
u
isi a,
esa ma a illosa isión po encima del iempo y
del espacio,
la
ans o mación
de
los hechos e
ideas co ien es en
un
elucien e palacio de espe-
jos? ¿Qué impo ancia iene que cuando hayas
pa ido
de
la Ciudad Espejo con us eso os nue-
os
e imaginados és os
se
hayan des anecido a la
luz
de
es e mundo, que en
su
ins umen o de len-
guaje hayan adqui ido impe ecciones que
ú
nunca quisis e pa a ellos, que hayan pe dido el
signi icado que alguna ez pa ecie on i adia
haciendo que u co azón se agi a a con la aleg ía
de descub i la ase o la cadencia que co es-
pondía, la o al pene ación?
Ten
cuidado.
Tu
43
pasado ecien e
e
odea, aún no ha sido ans o -
mado.
No
qui es aún
lo
que pueden se los
cimien os de
un
palacio en la Ciudad Espejo». '
La p egun a es: ¿qué
es
o qué debe ía se la
ciudad? ¿Qué queda de la ciudad en la época
de la decons ucción, del pos capi alismo, de
la e a de In e ne ? En es e sen ido la discusión
es, como casi siemp e, no an o es é ica, sino
é ica;
y,
sin emba go, esul a á
al
inal que al
dis inción de los sabe es es con usa
y
aspasa-
ble con acilidad. Resul a á que la his o ia de
las ideas ha emp endido una sis emá ica des-
ucción de los géne os que es aba ya en
su
ini-
cio. Resul a á que a ados de a qui ec u a o de
u banismo, polí icas municipales o asen a-
mien os ma ginales no log an modi ica
el
espacio de habi abilidad de la ciudad. Al inal,
-XLIII-
ASTRAGALO, 09 (1998)
A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA
A icle, ISSN 1134-3672
h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.1998.i09.04
Expe o en Ingenie ía del conocimien o.
Ha abajado en p oyec os de desa ollo de In eligencia A i icial.
44
una ez eco ida es a senda encon a emos que
el debe se y el se ex añamen e coinciden en
algún ni el del concep o de ciudad, en ese con-
cep o que hemos c eado pa a pode con ia en
esa supues a condición humana que es
su
socia-
bilidad, que hemos c eado pa a log a nues a
supe i encia más allá de la me a biología.
La ciudad es el nomb e que damos al obje o
de nues a habi abilidad. Pe o, en igo , bien
mi ado, la habi abilidad es, sob e odo, un
concep o é ico que solamen e puede ejempli-
ica se, como la é ica, ue a del mundo. Sin
emba go, lo necesi amos con noso os en odo
momen o, como o os concep os é icos, la
elicidad, el bien o la i ud. ¿Cómo conse-
guimos soluciona es a pa adoja ap o echan-
do la enseñanza de los iempos? De es os
iempos que nos han con encido de que los
concep os no e lejan ninguna ealidad ex e-
io a ellos, e incluso de que ellos mismos han
pe dido el signi icado al que alguna ez con-
iamos. Es os iempos que han con e ido
odo en ex o, que han lanzado las edes del
lenguaje pa a a apa el lenguaje que la cons-
i uye. Pe o, lejos del pesimismo, esa ed
omní o a me ha se ido de mapa y he aza-
do una u a que al menos me deja anquilo.
Espe o que esa anquilidad pueda di undi se
po las palab as.
La Ciudad, sí, la ciudad pensada y epensada,
la ciudad que ida y buscada. ¿Qué Ciudad?
Mi o con a ención la ciudad mjada po mi
men e. Y aya, es la Ciudad Espejo, no es Dune-
din, ni Lond es,
ni
Ibiza ni Auckland, ni ninguna
o a conocida. Es la Ciudad Espejo la que
se
alza
an e mis ojos. Y el Mensaje o agua da '
Decons ucción
La posibilidad del discu so y de su decons uc-
ción apa ece ya en la an igua G ecia con la
igu a de Pa ménides, quien en un poema
-lo
que esul a singula - e ie e la exis encia de
dos caminos. Uno, el de la Ve dad, o o el de
la
opinión. Con el camino de la Ve dad
Pa ménides inaugu a el sueño de la Filoso ía.
El
sueño que pod íamos ci a en la espe anza
de encon a un lenguaje que no quepa in e -
p e a , que no consien a pa á asis, que sea
imposible de abandona po las gene aciones
pos e io es. Pa a ello, bien una ealidad que
esconde
su
e dad, bien unas condiciones de
posibilidad de dicha ealidad, o bien una li e a-
lidad inmu able, debe exis i pa a que ese
sueño que u ie on Pa ménides, Pla ón o Kan
pudie a con e i se en ealidad de la mano de la
Filoso ía.
Pa ménides nos ad i ió que exis e un lengua-
je
de la e dad y o o del e o , un lenguaje
li e al y o o me a ó ico, una ía ansi able, la
o a in uc uosa. Como digo, muchos c eye-
on en esa posibilidad y el discu so se di idió
en géne os. Po una pa e es a ían los géne os
que usan las palab as como signi icados inme-
dia amen e asimilables, es deci , que e ie en
a una ealidad o a su condición de posibilidad;
po o a, los géne os que usan las palab as en
cuan o que palab as, que me amen e igu an
palab as, incluso sonidos '. En los p ime os
sólo cabe un uso li e al del lenguaje, en los
segundos, podemos hace
un
uso me a ó ico.
La Filoso ía o la ciencia o man pa e del p i-
me ipo de géne o, la li e a u a, la poesía, la
pin u a e incluso la polí ica del segundo. La
-
XLIV
-
iloso ía o la Ciencia sólo ienen un camino, la
ía de la Ve dad, la li e a u a o la polí ica
caminan con usos po la ía de la opinión.
A lo la go de la His o ia muchos pensado es
han que ido decons ui es a di isión de los
géne os, que
no
es sino una di isión de los
alo es. Pe o
lo
han que ido hace man enien-
do la di isión. Muchos han que ido des ui
el
edi icio de la ciencia, el conjun o de c eencias
que se enían po e dade as, pa a edi ica
sob e sus uinas nue as c eencias, nue as e -
dades. De alguna mane a odos los g andes
pensado es esponden a es a p ác ica, pe o, a
la ez, han que ido impedi que o os más
a de pudie an de iba sus edi icios.
Quisie on cons i ui sus e dades como Las
Ve dades, más allá de las cuales sólo queda el
dis u e de habe hecho ealidad el sueño
Heidegge o Nie zsche, es deci , el in en o de
in en a un nue o géne o que no anscienda
más allá de las palab as
•.
La espues a que
debemos da es, como la iloso ía e apéu ica
wi gens einiana nos indicó, que la p egun a
no es una e dade a p egun a, no e ela
un
e dade o p oblema. Fundamen almen e, po -
que cualquie espues a que o mulá amos,
excep o quizá aquella de co e de idiano, no
esponde ía a la p egun a.
¿Cómo en onces pod emos e o mula la
cues ión?
C eo que man ene la dis inción genenca
en e lo li e al y
lo
me a ó ico, en e lo ilosó-
ico y lo li e a io es aún de in e és, pe o ya no
como consecuencia de una di isión cons an e
del ipo de lenguaje a emplea , sino, a lo
nuclea de la iloso ía. Kan , Hegel, Nie zsche, sumo, como una dis inción de cómo usamos
el Wi gens ein del T ac a us o Heidegge e e-el lenguaje en de e minados momen os 5• 45
ye on habe inalizado con el sueño de la ilo-
so ía, con ellos
-pensa on-
se ce aba la nece-
sidad de la in es igación ilosó ica.
Lo que se ha llamado Decons ucción en es os
iempos de posmodemidad no es más que eco-
noce que es a in e p e ación de la His o ia de
las ideas, como consecuencia de la di isión de
los géne os que inaugu ó Pa ménides y que
Pla ón con i ió en canónica,
no
iene ya nin-
guna posibilidad,
y,
en consecuencia, ampoco
la iene la espe anza de des ela la e dad del
uni e so. De es a mane a quedó en en edicho
la di isión de los géne os.
Pe o, ¿signi ica es o que odo es ex o? Si no
enemos en cuen a el in en o de De ida de
aslada el e eno de cons ucción en ez de
cons ui sob e las uinas de los edi icios de
En Filoso ía o en Ciencia, en de e minados
momen os, nues as e dades empiezan a
es o ba nos, a di icul a nues o camino po la
ía de la Ve dad, comenzamos a duda de su
li e alidad, se mani ies an cada ez con más
in ensidad como apa iencias, en onces necesi-
amos usos me a ó icos de las palab as pa a
edi ica nue as c eencias, pa a o za los sig-
ni icados o sus e e encias. C eamos lenguaje.
Podemos gene a c eencias de es mane as
dis in as: median e la pe cepción, la in e en-
cia y la me á o a.
La pe cepción pe mi e in oduci una c eencia
nue a en la ed que cons i uyen las an iguas.
Tal ez exijamos una cohe encia global al sis-
ema y engamos que sus i ui una o algunas
-XLV-
ASTRAGALO,09(1998)ISSN 1134-3672
an iguas po la nue a, pe o en cualquie caso
deja in ac o nues o lenguaje.
La in e encia nos pe mi e gene a nue as c e-
encias a pa i de las que ya poseemos que
habían pasado desape cibidas y que posible-
men e la ac ualización de la c eencia de i ada
pueda igualmen e al e a la cohe encia del sis-
ema de c eencias, po lo que debe emos
modi ica lo, pe o de nue o deja in ac o nues-
o lenguaje, es deci nues a o ma
de
des-
compone el ámbi o
de
la
posibilidad; modi i-
ca
el alo de e dad de las o aciones, pe o
no nues o epe o io
de
o aciones 6•
Conside a únicamen e es as dos o mas
de
gene-
ación
de
c eencias con iene
al
con enido hus-
se liana
de
la in encionalidad, en endiendo que a
lo
que
nos
emi en nues os con enidos p oposi-
cionales, log ados po ese ac o noé ico sob e una
es a posición esencialis a, que
se
co espondía
con
el
sueño nuclea
de
la
iloso ía, se á di ícil de
man ene
en
los iempos de
la
decons ucción.
En ese momen o, en que ampliamos nues o
lenguaje necesa iamen e, hacemos lec u as
li e a ias de las ob as ilosó icas o cien í icas,
en ese momen o an e la necesidad de la in e -
p e ación, decons uimos
un
discu so, aunque
no
cambiemos de géne o.
É ica
¿Qué pasó con la é ica en odo es e iempo, a
qué géne o pe eneció?
La é ica,
en
la medida que
en
su o igen e a la
c uz
de
la
ciencia, p ocu ó c ea
un
lenguaje que
no
u ie a in e p e ación posible, que e i ie a la
única ida buena e dade a, que esca a a
del
pecado la i ud. Na u almen e, aquí
no
había
un
46 ma e ia dada a a és de los sen idos, es
el
ámbi- mundo que de e mina a
el
signi icado, pe o es a-
o
de
lo posible, implíci o, quizá ocul o, pe o ba Dios que co egía nues os e o es lingüís icos.
dado y
ijo,
cons i uido como algo obje i o a
lo
que emi en nues os ac os p oposicionales.
Aho a bien, conside a la posibilidad de la
me á o a como o a uen e de cons ucción de
c eencias, pe mi e conside a al lenguaje, el
espacio lógico
y
el ámbi o
de
la
posibilidad
como algo abie o. Una me á o a pe mi e
al e a las signi icaciones del lenguaje, cons-
uyendo una edesc ipción di e en e del espa-
cio lógico de lo posible en el que nos encon-
amos, cambia la ida, cambia el lenguaje.
Rechaza es a posibilidad, que
se
escapa
en
muchos casos a la egula idad que impone
el
supues o de acionalidad la en e, supone a a
con
un
mundo comple amen e dado y con
un
len-
guaje que lo ep esen a, igualmen e dado. Pe o
También, muchos en es e p oceso comp en-
die on que la e e encialidad de nues os con-
cep os é icos su gían de la in e p e ación de
algunas conduc as. Po ejemplo, A is ó eles
nos ad i ió que en é ica
no
bas aba la me a
azón sino que eníamos que modeliza como
e e encia al homb e p uden e. A is ó eles
comp endió que en é ica la e e encia de nues-
as palab as se ob iene po ejempli icación,
que no es sino
un
uso me a ó ico in e ido.
Del mismo modo, la iloso ía helenis a busca-
ba un ideal de Sabio,
un
es ilo de ida que si -
ie a como modelo.
Pe o p on o, con la llegada del pensamien o
c is iano queda on
en
el
ol ido es as ad e en-
-XLVI-
cias. La iloso ía c is iana ein odujo el in en- dónde su ge la posibilidad
de
pe segui lo
o pla ónico
de
undamen a una mo al que si - posible y
lo
impo an e?
ie a como c i e io
de
sal ación o condena.
El
úl imo es ue zo po in eg a el discu so
é ico en
la
ía de la Ve dad ue po pa e de
Kan . A quien, no sin azón, Nie zsche cali i-
caba de c is iano ale oso. Kan , no sólo p e-
endió consolida
el
discu so é ico en
el
géne-
o
de lo li e al, sino que lo con i ió en el
único discu so e dade o. E a na u al, pues,
pe dido el mundo, sólo quedaba Dios pa a
alida nues os signi icados.
Sin emba go la cons a ación
de
que la é ica no
puede pe enece a es e géne o
la
ealizó p e-
cisamen e alguien que siemp e u o p esen e
que la é ica no o ma pa e del mundo.
Wi gens ein, quien en algún momen o soñó
el
sueño nuclea de la iloso ía, con una sencilla
e lexión nos hizo comp ende aquello que
ni
siquie a Nie zsche log ó, a sabe que en é ica
sólo cabe in en a .
Dice Wi gens ein, en una de las pocas oca-
siones en que
se
ocupa
de
la
é ica como ema:
si
un
homb e pudie a esc ibi
un
lib o de é ica
que ealmen e ue a
un
lib o de é ica, es e lib o
des ui ía, como una explosión, odos los
demás lib os del mundo.
No hace al a una e lexión muy p o unda
pa a pe cibi la opo unidad de es as palab as,
pe o en onces,
si
no se ha esc i o has a la
echa ni
un
lib o de é ica,
si
aún
no
han explo-
ado odos los demás lib os,
si
aún con inua-
mos esc ibiendo, ¿de dónde hemos ap endido
los alo es y las no mas que alumb an nues a
conduc a? ¿De dónde hemos ob enido los c i-
e ios pa a cons i ui nos en humanidad? ¿De
Supongo que del homb e p uden e, como ya
ie a A is ó eles. Pe o, ¿nos hemos c uzado
con él,
le
hemos conocido, nos lo han p esen-
ado? ¿Quién es el homb e p uden e?
La É ica,
al
menos en la dimensión pe sonal
en la que es á siendo abo dada en es as pági-
nas, iene que e undamen almen e con la
posibilidad
de
cons ui el mejo yo que poda-
mos. Pe o la cons ucción del yo es una sue -
e
de
elabo ación na a i a, de inclui los
acon ecimien os que nos odean en una ama
que pueda o ece se como una ida, una ama
que do e
de
sen ido nues os encuen os con el
mundo, una elabo ación que nos coloque en
un mundo
habi able.
Que ese yo c eado sea el
mejo exige una cons an e edesc ipción has a
el pun o que no o memos pa e de una na a-
ción no que ida, has a el pun o que no nos
con ie an en pe sonajes de o a his o ia. Que
de nues a desc ipción de noso os mismos no
quepa una nue a in e p e ación. Si log amos
deja nues a his o ia bien acabada, de al
mane a que ninguna o a que p e enda inclui -
la sea mejo , en onces end emos el sen i-
mien o de que hemos lle ado a cabo lo posi-
ble y lo impo an e, hemos hecho de noso os
mismos el mejo yo que podíamos y nadie
después pod á al e a lo.
Es o, que como decía Wi gens ein
7
no pe e-
nece el mundo, no deja de se una i esis ible
en ación de anscendencia que pe mi e
a on a el u u o como una olun ad, p ecisa-
men e po que emos un pasado que dibuja
len amen e una his o ia. Si somos cada uno de
-XLVII-
47
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noso os el que consigue esc ibi la con o me
un diseño de a gumen o, en onces la ida
pa ece á son eímos, si no, se emos pe sonajes
de un des ino que el aza hab á u dido sin
nues o consen imien o.
Es a idea
es
la que queda e lejada en el
comen a io que hace Ro y sob e un na ado
como P ous :
Pa a quien
como
P ous , no
es
un eó ico, ese
p o
blema
no exis e. Al na ado de En busca
del iempo pe dido la p egun a: «¿Quién a a
edesc ibi me
?,
no le inquie a ía. Po que su
a ea es á concluida una ez que ha o denado
los hechos
de
su ida de acue do
con
su p opia
mane a de hace lo,
un
a ez que ha cons uido
una es uc u a a pa i de las pequeñas cosas:
Gilbe e en e los espinos, el colo de las en-
anas de la capilla de Gue man es, el sonido del
nomb e
«G
ue man es», los dos caminos, las
cúpulas
cam
bian es. Sabe que
esa
es uc u a
hab ía sido dis in a de habe mue o él an es o
después, po que las pequeñas cosas po inclui
en ella hab ían sido más o menos nume osas.
Pe o eso no impo a. Pa a P ous no exis e el
p oblema de
cómo
e i a
se
au gelwben. La
belleza,
po
depende
como
depende, de que se
le
dé o ma a una mul iplicidad,
es
mani ies a-
men e ansi o ia, po que
es
p obable que se la
des uya cuando a esa mul iplicidad
se
añadan
nue os el
eme
n os.
La
belleza
equ
i
e e
un
ma co y
la
mue e lo p opo ciona. '
És e es el eje p incipal de la ac i idad men al
del homb e, ambién su obligación é ica, cons-
ui nue as y mejo es na aciones, al ededo
del cual se a icula cualquie o a a ea cogni-
i a. Un en o no con iguo que pe mi e en cada
momen o inicia el ela o que odee la expe-
iencia conc e a, sea pa a su comp ensión, su
explicación o su jus i icación. Aquel que no
pueda inicia un ela o an e cualquie in e pe-
lación que se le plan ee sob e un episodio de su
ida queda á en la pe manen e igno ancia que
conlle a no pode localiza se, no pode con-
ex ualiza se. Y es o es aplicable no sólo a epi-
sodios de la biog a ía indi idual, sino ambién
al uso de cie as palab as y no o as, de cie os
colo es o es idos, de elecciones an e al e na-
i as, de decisiones, de planes pa a el u u o.
Una explicación de cualquie a de es as cosas,
y de o as muchas, es ine i ablemen e inicia
una na ación que le do e
de
sen ido.
Es o mismo es igualmen e álido pa a nues o
deseo de comp ensión de los o os, sólo cuan-
do pa icipamos de su pasado, de sus ecue -
dos, es cuando nos c eemos en disposición de
p edeci sus u u as conduc as. Sólo cuando
hemos escuchado su ela o nos con e imos
en pe sonas bien in o madas. En ese mome
n-
o no nos es un desconocido, aho a podemos
compa i sus emociones, sus deseos y p o-
yec os, sen i los ce canos, inclui los en nues-
o noso os.
Si pensá amos que los ojos de una muchacha no
son más que b illan es edondeles de micas,
no
sen i íamos la misma a idez po conoce su ida
y pene a en ella. Pe o nos damos cuen a de que
lo que 1 u ce en esos discos de e lexión no p o-
iene exclusi amen e de su composición ma e-
ial; h
ay
allí muchas cosas pa a noso os desco-
nocidas, neg as somb as de la idea que iene esa
pe sona de los se es y luga es que conoce
..
. "
O ambién
Y jun os l
os
dos pod íamos eco e aquella
isla, pa a
mí
an
ll
ena
de encan o po que había
-
XLVIII
-
ence ado la ida habi ual de la seño i a
S e ma ia
y
descansaba en la memo ia de su
mi ada. Po que se me igu aba que no la pose-
e ía ealmen e
si
no después de habe a a esa-
do aquellos luga es que la odeaban de ecue -
dos, elo que
mi
deseo ansiaba a anca , elo
de esos que la Na u aleza in e pone en e la
muje y algunos se es.
"'
Si la ac i idad cogni i a del se humano, si la
mane a de cons ui
un
mundo habi able, si la
posibilidad de cons ui el mejo yo que poda-
mos o la búsqueda de lo posible y
Jo
impo -
an e pasa po la elabo ación de ela os, ¿
no
ocu i á
Jo
mismo con el azonamien o é ico?
¿No es a emos obligados a hace in e p e a-
ciones li e a ias
de
nues os alo es y de
nues os semejan es?
La Tesis que se p opone es la siguien e:
Hemos ap endido a i i y hemos buscado la
ida buena, no a a és de
un
discu so e e-
encial, no a a és de la ía de la Ve dad, sino
en el ámbi o de lo posible, de
Jo
me a ó ico,
de lo li e a io. El homb e p uden e se halla en
alguna de las no elas que hemos leído y nos
han gus ado, en alguno de sus pe sonajes.
Tal ez el a e, como mani es ación cul u al
de odas las épocas, iene la ue za de con o-
ca o ia y admi ación que posee, apa e del
con uso sen imien o es é ico, bien puede se
po que quizá es el camino más di ec o hacia
esa endencia anscenden al del homb e de
coloca su na ación en e las inmejo ables,
esa mane a de cons ui un mundo que nos
con ie e en c eado es. A la ez, la complici-
dad del mundo habi able que nos o ecen los
ela os y las ob as de a e, nos enseñan cami-
nos hacia la i ud, la bondad o
la
elicidad.
Li e a u a
En é ica no caben lec u as li e ales, ilosó icas,
sólo li e a ias, po que la é ica no es á comp o-
me ida con
la
e dad, sino con lo mejo . Es á
obligada a la búsqueda cons an e de al e na i-
as, a la e isión de concep os y de undamen-
os, a alo a indi iduos. Y ése es p ecisamen-
e el e i o io de la Li e a u a, donde an o
Anna como Ka enina; donde an o la Regen a
como Ana Ozo es de Quin ana , donde an o el
Quijo e como Alonso Quijano ienen de echo
a se en endidos.
La Li e a u a, y
en
especial la No ela, man-
iene una equilib ada elación en e lo conc e-
o y lo gene al, en e lo local y lo global. En e
las aspi aciones gene ales de los se es huma-
nos y o mas pa icula es de ida que pe mi-
en alcanza o desecha dichas aspi aciones.
Además en
el
p oceso la no ela apela a un
lec o que de algún modo es capaz de com-
pa i con los pe sonajes espe anzas, deseos,
emo es y p eocupaciones que p oyec an lazos
de inden i icación y de simpa ía o echazo.
La no ela es
un
géne o que pe mi e un azo-
namien o é ico ela i o al con ex o, enca nado
en idas conc e as que son a que ipos de las
idas humanas, pe o no cae en el ela i ismo
p ecisamen e po que, a a és de la imagina-
ción, somos capaces de p esencia una idea
gene al de la ealización humana en una si ua-
ción conc e a.
Acep a la exis encia de una ida humana
exige p oyec a nues os sen imien os y emo-
ciones sob e las o mas que pe cibimos a
nues o al ededo , necesi amos c ea icciones
y me á o as que nos hagan c ee que nues os
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XLIX
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49
ASTRAGALO,09(1998)ISSN 1134-3672
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semejan es no son au óma as o máquinas p o-
g amadas, es o que ha cons i uido y cons i ui-
á un p oblema ilosó ico i esoluble,
lo
log a
la no ela con suma acilidad. Po que una
buena no ela no nos solici a igo sino imagi-
nación,
no
busca la e dad, sino la habi abili-
dad de las idas que mues a.
¿Acaso
no
leemos pa a sabe ? Pa a sabe más
sob e la mecánica de las pasiones, sob e
el
odio y el amo , los celos y la enganza,
la
seducción; pa a descub i cómo se juzga a las
pe sonas y cómo se jus i ican las acciones.
Las no elas, po es a ue a del mundo, pue-
den con i ma la ealidad de nues a ida, la
dis ancia que media en e el mundo del debe ,
de aquello que nos gus a ía, y
lo
que queda
some ido al iempo y a la mue e.
¿Acaso no es án las no elas que hemos leído
en noso os? ¿No han modelado nues os pen-
samien os, no nos han cedido las acciones que
sus pe sonajes necesi aban a a és de las cua-
les han e i ido con o me i íamos noso os?
Pe o, ¿po qué la No ela? Po que la ida eal
es agmen a ia, discon inua, po que nadie
puede cap a en ella el nexo causal que une los
acon ecimien os. Pa a ello necesi amos cons-
ui una na ación. Toda ida es una na a-
ción que se hace e ospec i amen e según los
in e eses que nos ma ca el u u o. Piensen qué
se á de noso os mañana, cuán poco sabemos
de lo que nos ese a el aza
y,
sin emba go,
podemos al con a nos cons ui la con inuidad
y la causalidad que cons uya nues os es ados
en el mundo en una ida.
Y,
lo
que es mejo ,
podemos cons ui nos an as idas como an-
os ela os hagamos de ellas.
Po es a peculia idad, la no ela con iene el
mejo pa adigma de azonamien o é ico, po -
que con iene idas con ex ualizadas, po que
dispone de una ama que
a
más allá de los
acon ecimien os que la cons i uyen y que
mues a odo el epe o io de lo humano, y lo
hace pa a que podamos elegi qué ipo de ida
que emos con a a los o os y con a nos a
noso os mismos.
La No ela no equie e una alo ación e i a-
i a,
al
con a io alo amos las his o ias en la
medida en que p oponen
un
mundo en
el
que
podamos i i y p oyec a nues os pode es
más p opios. ¿Pe o no es eso p ecisamen e el
obje i o de la é ica?
La Filoso ía ha que ido de e mina un ipo de
ida como e dade a, ambién
lo
ha que ido la
Polí ica o el De echo, ha que ido p oduci
leyes uni e sales y necesa ias de aplicación
gene al y se ha es o zado po do a a esas
leyes de undamen o. Pe o, mien as no apele-
mos a la imaginación
no
encon a emos al
undamen o. La posición emo i is a de Hume
esul a cada ez más sólida con o me com-
p endemos los mecanismos cogni i os del se
humano, con o me descub imos que las emo-
ciones y los sen imien os son elemen os indis-
pensables en el azonamien o y en la oma de
decisiones
11
•
El
e o de Desca es consis ió
en que e ese a
un
espacio p opio del hom-
b e que se ajus a a
al
sueño nuclea de la ilo-
so ía, des e ando a las pasiones a una des-
c ipción mecánica y desalmada que no com-
p ome ie a la dignidad humana. Sin emba go
a la ho a de p oduci una é ica, no pudo po
menos que decla a la p o isional. Pe o es que
la é ica siemp e se á p o isional, o zada a
-L-
una cons an e ein ención, que pueda inclui
cada ez más pe sonajes y e i o ios con o -
me descub amos que los o os son como noso-
os, pe o eso no pod á hace se desde la con-
ciencia ca esiana que no puede escapa a
su
solipsismo, end á que apela
al
oído, a
la
escucha a en a
de
o as na aciones, a la ima-
ginación pa a econs ui idas que esul a án
como las nues as. Desde siemp e hemos
ap endido leyendo a poe as y no elis as y
desde siemp e ambién hemos sen ido la ue -
za de las leyes que nos obligan.
Si
el mo i-
mien o decons uc i o si e pa a ad e i que
hay ambién un pensamien o público que
ecoge haciendo
un
uso li e a io de los dis-
cu sos, algún bene icio hab emos alcanzado.
Habi abilidad
Ya
hemos sub ayado
un
concep o, el concep o
de lo habi able como aquel que puede pone en
elación los dis in os géne os, como c i e io de
alo ación é ico
de
las
idas humanas que
no
o man pa e del mundo. Desde que A is ó eles
a i ma a
la
sociabilidad
del
se humano,
lo
habi able ha sido
el
educ o
de
la
ciudad. La
Ciudad
se
ha con e ido en el luga de esiden-
cia de los homb es, donde edi ican sus hoga es,
donde desa ollan sus idas, donde habi an.
En o igen, cuando
la
ciudad e a Polis, cuando
la Polis e a
la
comunidad social, polí ica y
humana de los ciudadanos, es e concep o de
lo
habi able podía ca ac e iza p ecisamen e el
medio u bano dis inguiéndolo del medio na u-
al, de la sel a, de
la
jungla.
Pe o hoy, la ciudad hace mucho que ha dejado
de se Polis y en consecuencia debemos p e-
gun a nos si aún nues as ciudades esul an
habi ables,
si
son el espacio en
el
que desa o-
llamos nues as idas, si son el luga de
encuen o con nues os ecinos,
si
es el o o
de
nues as ac uaciones polí icas.
Denominábamos habi able
al
esul ado
de
esca-
pa
al
aza con o me é amos capaces de do a
de
con inuidad y causalidad los acon ecimien-
os
del mundo, con o me é amos capaces de
elabo a amas na a i as que ue an insupe a-
bles. ¿Ocu e es o en
el
ámbi o
de
la
Ciudad?
La Ciudad es
un
A chipiélago. Los a chipiéla-
gos se ca ac e izan po queda unidos po
aquello que los sepa a,
lo
agmen a io de
nues os si ios, lo dis ibuido de ellos imposi-
bili a
la
con inuidad y la causalidad que exige
nues o concep o de
lo
habi able. Las Ciu-
dades posmode nas
no
pueden
ni
siquie a
localiza se en los mapas, no son ansi ables
ísicamen e, equie en
de
elabo aciones i -
uales, pues i uales son sus si ios, equie en
simulaciones, pues i eales son sus ins i ucio-
nes y sus gen es. Nues a p esencia en las ciu-
dades se educe a apa iciones ap esu adas que
cub en
un
ayec o en e ines.
No
son sino
un
me o medio, a menudo hos il, pa a nues as
in enciones.
Es
más cada ez es as apa icio-
nes ienden a educi se, a limi a se en iempo,
a p o ege se en ehículos o anspo es que las
agilicen. Es os mo imien os, a di e encia del
iaje clásico, no pueden apo a la con inui-
dad y la causalidad que eque imos pa a cons-
ui idas,
al
con a io pa ecen impone una
desmemb ación sólo ali iada po el mundo
que nos o ecen los medios de comunicación.
Son los media los que do an de unidad a nues-
os mo imien os, pe o en ellos e iden emen-
e
no pa icipamos
ni
an siquie a como pe so-
-LI-
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ASTRAGALO,09(1998)ISSN 1134-3672