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De la habitabilidad: relaciones entre ética y literatura en la ciudad espejo

Muñoz Gutiérrez, Carlos

Abstract

El autor se pregunta qué es la ciudad, o qué debería ser en la época de la deconstrucción, de las redes de información, partiendo de planteamientos más éticos que estéticos. La ciudad, que había sido creada como un espacio para la habitabilidad, ha dejado de ser el lugar para el desarrollo de la virtud a medida que los conceptos han dejado de reflejar una realidad exterior a ellos para transformar lo real en texto.

Full text

DE LA HABITABILIDAD Relaciones en e é ica y li e a u a en la Ciudad Espejo Ca los Muñoz Gu ié ez El au o se p egun a qué es la ciudad, o qué debe ía se en la época de la decons ucción, de las edes de in o mación, pa iendo de plan ea- mien os más é icos que es é icos. La ciudad, que había sido c eada como un espacio pa a la habi abilidad, ha dejado de se el luga pa a el desa ollo de la i ud a medida que los concep os han dejado de e leja una ealidad ex e io a ellos pa a ans o ma lo eal en ex o. Pe mí anme, pa a empeza , una ex ensa ci a de Jane F ame de g an belleza. E s el Mensaje o quien me u ge a hace - lo, e incluso aho a, mien as escnbo, el Mensaje o de la Ciudad Espejo espe a an e mi pue a y mi a á idamen e mien as sigo ecogiendo los da os de mi ida. Y me some o a los deseos del Mensaje o. Sé que la con inua exis encia de la Ciudad Espejo depende de las sus ancias anspo adas has a allí, y que el expec an e Mensaje o p egun a: <<¿Quie es que c ezca la Ciudad Espejo? ¿Recue das u isi a, esa ma a illosa isión po encima del iempo y del espacio, la ans o mación de los hechos e ideas co ien es en un elucien e palacio de espe- jos? ¿Qué impo ancia iene que cuando hayas pa ido de la Ciudad Espejo con us eso os nue- os e imaginados és os se hayan des anecido a la luz de es e mundo, que en su ins umen o de len- guaje hayan adqui ido impe ecciones que ú nunca quisis e pa a ellos, que hayan pe dido el signi icado que alguna ez pa ecie on i adia haciendo que u co azón se agi a a con la aleg ía de descub i la ase o la cadencia que co es- pondía, la o al pene ación? Ten cuidado. Tu 43 pasado ecien e e odea, aún no ha sido ans o - mado. No qui es aún lo que pueden se los cimien os de un palacio en la Ciudad Espejo». ' La p egun a es: ¿qué es o qué debe ía se la ciudad? ¿Qué queda de la ciudad en la época de la decons ucción, del pos capi alismo, de la e a de In e ne ? En es e sen ido la discusión es, como casi siemp e, no an o es é ica, sino é ica; y, sin emba go, esul a á al inal que al dis inción de los sabe es es con usa y aspasa- ble con acilidad. Resul a á que la his o ia de las ideas ha emp endido una sis emá ica des- ucción de los géne os que es aba ya en su ini- cio. Resul a á que a ados de a qui ec u a o de u banismo, polí icas municipales o asen a- mien os ma ginales no log an modi ica el espacio de habi abilidad de la ciudad. Al inal, -XLIII- ASTRAGALO, 09 (1998) A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA A icle, ISSN 1134-3672 h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.1998.i09.04 Expe o en Ingenie ía del conocimien o. Ha abajado en p oyec os de desa ollo de In eligencia A i icial. 44 una ez eco ida es a senda encon a emos que el debe se y el se ex añamen e coinciden en algún ni el del concep o de ciudad, en ese con- cep o que hemos c eado pa a pode con ia en esa supues a condición humana que es su socia- bilidad, que hemos c eado pa a log a nues a supe i encia más allá de la me a biología. La ciudad es el nomb e que damos al obje o de nues a habi abilidad. Pe o, en igo , bien mi ado, la habi abilidad es, sob e odo, un concep o é ico que solamen e puede ejempli- ica se, como la é ica, ue a del mundo. Sin emba go, lo necesi amos con noso os en odo momen o, como o os concep os é icos, la elicidad, el bien o la i ud. ¿Cómo conse- guimos soluciona es a pa adoja ap o echan- do la enseñanza de los iempos? De es os iempos que nos han con encido de que los concep os no e lejan ninguna ealidad ex e- io a ellos, e incluso de que ellos mismos han pe dido el signi icado al que alguna ez con- iamos. Es os iempos que han con e ido odo en ex o, que han lanzado las edes del lenguaje pa a a apa el lenguaje que la cons- i uye. Pe o, lejos del pesimismo, esa ed omní o a me ha se ido de mapa y he aza- do una u a que al menos me deja anquilo. Espe o que esa anquilidad pueda di undi se po las palab as. La Ciudad, sí, la ciudad pensada y epensada, la ciudad que ida y buscada. ¿Qué Ciudad? Mi o con a ención la ciudad mjada po mi men e. Y aya, es la Ciudad Espejo, no es Dune- din, ni Lond es, ni Ibiza ni Auckland, ni ninguna o a conocida. Es la Ciudad Espejo la que se alza an e mis ojos. Y el Mensaje o agua da ' Decons ucción La posibilidad del discu so y de su decons uc- ción apa ece ya en la an igua G ecia con la igu a de Pa ménides, quien en un poema -lo que esul a singula - e ie e la exis encia de dos caminos. Uno, el de la Ve dad, o o el de la opinión. Con el camino de la Ve dad Pa ménides inaugu a el sueño de la Filoso ía. El sueño que pod íamos ci a en la espe anza de encon a un lenguaje que no quepa in e - p e a , que no consien a pa á asis, que sea imposible de abandona po las gene aciones pos e io es. Pa a ello, bien una ealidad que esconde su e dad, bien unas condiciones de posibilidad de dicha ealidad, o bien una li e a- lidad inmu able, debe exis i pa a que ese sueño que u ie on Pa ménides, Pla ón o Kan pudie a con e i se en ealidad de la mano de la Filoso ía. Pa ménides nos ad i ió que exis e un lengua- je de la e dad y o o del e o , un lenguaje li e al y o o me a ó ico, una ía ansi able, la o a in uc uosa. Como digo, muchos c eye- on en esa posibilidad y el discu so se di idió en géne os. Po una pa e es a ían los géne os que usan las palab as como signi icados inme- dia amen e asimilables, es deci , que e ie en a una ealidad o a su condición de posibilidad; po o a, los géne os que usan las palab as en cuan o que palab as, que me amen e igu an palab as, incluso sonidos '. En los p ime os sólo cabe un uso li e al del lenguaje, en los segundos, podemos hace un uso me a ó ico. La Filoso ía o la ciencia o man pa e del p i- me ipo de géne o, la li e a u a, la poesía, la pin u a e incluso la polí ica del segundo. La - XLIV - iloso ía o la Ciencia sólo ienen un camino, la ía de la Ve dad, la li e a u a o la polí ica caminan con usos po la ía de la opinión. A lo la go de la His o ia muchos pensado es han que ido decons ui es a di isión de los géne os, que no es sino una di isión de los alo es. Pe o lo han que ido hace man enien- do la di isión. Muchos han que ido des ui el edi icio de la ciencia, el conjun o de c eencias que se enían po e dade as, pa a edi ica sob e sus uinas nue as c eencias, nue as e - dades. De alguna mane a odos los g andes pensado es esponden a es a p ác ica, pe o, a la ez, han que ido impedi que o os más a de pudie an de iba sus edi icios. Quisie on cons i ui sus e dades como Las Ve dades, más allá de las cuales sólo queda el dis u e de habe hecho ealidad el sueño Heidegge o Nie zsche, es deci , el in en o de in en a un nue o géne o que no anscienda más allá de las palab as •. La espues a que debemos da es, como la iloso ía e apéu ica wi gens einiana nos indicó, que la p egun a no es una e dade a p egun a, no e ela un e dade o p oblema. Fundamen almen e, po - que cualquie espues a que o mulá amos, excep o quizá aquella de co e de idiano, no esponde ía a la p egun a. ¿Cómo en onces pod emos e o mula la cues ión? C eo que man ene la dis inción genenca en e lo li e al y lo me a ó ico, en e lo ilosó- ico y lo li e a io es aún de in e és, pe o ya no como consecuencia de una di isión cons an e del ipo de lenguaje a emplea , sino, a lo nuclea de la iloso ía. Kan , Hegel, Nie zsche, sumo, como una dis inción de cómo usamos el Wi gens ein del T ac a us o Heidegge e e-el lenguaje en de e minados momen os 5• 45 ye on habe inalizado con el sueño de la ilo- so ía, con ellos -pensa on- se ce aba la nece- sidad de la in es igación ilosó ica. Lo que se ha llamado Decons ucción en es os iempos de posmodemidad no es más que eco- noce que es a in e p e ación de la His o ia de las ideas, como consecuencia de la di isión de los géne os que inaugu ó Pa ménides y que Pla ón con i ió en canónica, no iene ya nin- guna posibilidad, y, en consecuencia, ampoco la iene la espe anza de des ela la e dad del uni e so. De es a mane a quedó en en edicho la di isión de los géne os. Pe o, ¿signi ica es o que odo es ex o? Si no enemos en cuen a el in en o de De ida de aslada el e eno de cons ucción en ez de cons ui sob e las uinas de los edi icios de En Filoso ía o en Ciencia, en de e minados momen os, nues as e dades empiezan a es o ba nos, a di icul a nues o camino po la ía de la Ve dad, comenzamos a duda de su li e alidad, se mani ies an cada ez con más in ensidad como apa iencias, en onces necesi- amos usos me a ó icos de las palab as pa a edi ica nue as c eencias, pa a o za los sig- ni icados o sus e e encias. C eamos lenguaje. Podemos gene a c eencias de es mane as dis in as: median e la pe cepción, la in e en- cia y la me á o a. La pe cepción pe mi e in oduci una c eencia nue a en la ed que cons i uyen las an iguas. Tal ez exijamos una cohe encia global al sis- ema y engamos que sus i ui una o algunas -XLV- ASTRAGALO,09(1998)ISSN 1134-3672 an iguas po la nue a, pe o en cualquie caso deja in ac o nues o lenguaje. La in e encia nos pe mi e gene a nue as c e- encias a pa i de las que ya poseemos que habían pasado desape cibidas y que posible- men e la ac ualización de la c eencia de i ada pueda igualmen e al e a la cohe encia del sis- ema de c eencias, po lo que debe emos modi ica lo, pe o de nue o deja in ac o nues- o lenguaje, es deci nues a o ma de des- compone el ámbi o de la posibilidad; modi i- ca el alo de e dad de las o aciones, pe o no nues o epe o io de o aciones 6• Conside a únicamen e es as dos o mas de gene- ación de c eencias con iene al con enido hus- se liana de la in encionalidad, en endiendo que a lo que nos emi en nues os con enidos p oposi- cionales, log ados po ese ac o noé ico sob e una es a posición esencialis a, que se co espondía con el sueño nuclea de la iloso ía, se á di ícil de man ene en los iempos de la decons ucción. En ese momen o, en que ampliamos nues o lenguaje necesa iamen e, hacemos lec u as li e a ias de las ob as ilosó icas o cien í icas, en ese momen o an e la necesidad de la in e - p e ación, decons uimos un discu so, aunque no cambiemos de géne o. É ica ¿Qué pasó con la é ica en odo es e iempo, a qué géne o pe eneció? La é ica, en la medida que en su o igen e a la c uz de la ciencia, p ocu ó c ea un lenguaje que no u ie a in e p e ación posible, que e i ie a la única ida buena e dade a, que esca a a del pecado la i ud. Na u almen e, aquí no había un 46 ma e ia dada a a és de los sen idos, es el ámbi- mundo que de e mina a el signi icado, pe o es a- o de lo posible, implíci o, quizá ocul o, pe o ba Dios que co egía nues os e o es lingüís icos. dado y ijo, cons i uido como algo obje i o a lo que emi en nues os ac os p oposicionales. Aho a bien, conside a la posibilidad de la me á o a como o a uen e de cons ucción de c eencias, pe mi e conside a al lenguaje, el espacio lógico y el ámbi o de la posibilidad como algo abie o. Una me á o a pe mi e al e a las signi icaciones del lenguaje, cons- uyendo una edesc ipción di e en e del espa- cio lógico de lo posible en el que nos encon- amos, cambia la ida, cambia el lenguaje. Rechaza es a posibilidad, que se escapa en muchos casos a la egula idad que impone el supues o de acionalidad la en e, supone a a con un mundo comple amen e dado y con un len- guaje que lo ep esen a, igualmen e dado. Pe o También, muchos en es e p oceso comp en- die on que la e e encialidad de nues os con- cep os é icos su gían de la in e p e ación de algunas conduc as. Po ejemplo, A is ó eles nos ad i ió que en é ica no bas aba la me a azón sino que eníamos que modeliza como e e encia al homb e p uden e. A is ó eles comp endió que en é ica la e e encia de nues- as palab as se ob iene po ejempli icación, que no es sino un uso me a ó ico in e ido. Del mismo modo, la iloso ía helenis a busca- ba un ideal de Sabio, un es ilo de ida que si - ie a como modelo. Pe o p on o, con la llegada del pensamien o c is iano queda on en el ol ido es as ad e en- -XLVI- cias. La iloso ía c is iana ein odujo el in en- dónde su ge la posibilidad de pe segui lo o pla ónico de undamen a una mo al que si - posible y lo impo an e? ie a como c i e io de sal ación o condena. El úl imo es ue zo po in eg a el discu so é ico en la ía de la Ve dad ue po pa e de Kan . A quien, no sin azón, Nie zsche cali i- caba de c is iano ale oso. Kan , no sólo p e- endió consolida el discu so é ico en el géne- o de lo li e al, sino que lo con i ió en el único discu so e dade o. E a na u al, pues, pe dido el mundo, sólo quedaba Dios pa a alida nues os signi icados. Sin emba go la cons a ación de que la é ica no puede pe enece a es e géne o la ealizó p e- cisamen e alguien que siemp e u o p esen e que la é ica no o ma pa e del mundo. Wi gens ein, quien en algún momen o soñó el sueño nuclea de la iloso ía, con una sencilla e lexión nos hizo comp ende aquello que ni siquie a Nie zsche log ó, a sabe que en é ica sólo cabe in en a . Dice Wi gens ein, en una de las pocas oca- siones en que se ocupa de la é ica como ema: si un homb e pudie a esc ibi un lib o de é ica que ealmen e ue a un lib o de é ica, es e lib o des ui ía, como una explosión, odos los demás lib os del mundo. No hace al a una e lexión muy p o unda pa a pe cibi la opo unidad de es as palab as, pe o en onces, si no se ha esc i o has a la echa ni un lib o de é ica, si aún no han explo- ado odos los demás lib os, si aún con inua- mos esc ibiendo, ¿de dónde hemos ap endido los alo es y las no mas que alumb an nues a conduc a? ¿De dónde hemos ob enido los c i- e ios pa a cons i ui nos en humanidad? ¿De Supongo que del homb e p uden e, como ya ie a A is ó eles. Pe o, ¿nos hemos c uzado con él, le hemos conocido, nos lo han p esen- ado? ¿Quién es el homb e p uden e? La É ica, al menos en la dimensión pe sonal en la que es á siendo abo dada en es as pági- nas, iene que e undamen almen e con la posibilidad de cons ui el mejo yo que poda- mos. Pe o la cons ucción del yo es una sue - e de elabo ación na a i a, de inclui los acon ecimien os que nos odean en una ama que pueda o ece se como una ida, una ama que do e de sen ido nues os encuen os con el mundo, una elabo ación que nos coloque en un mundo habi able. Que ese yo c eado sea el mejo exige una cons an e edesc ipción has a el pun o que no o memos pa e de una na a- ción no que ida, has a el pun o que no nos con ie an en pe sonajes de o a his o ia. Que de nues a desc ipción de noso os mismos no quepa una nue a in e p e ación. Si log amos deja nues a his o ia bien acabada, de al mane a que ninguna o a que p e enda inclui - la sea mejo , en onces end emos el sen i- mien o de que hemos lle ado a cabo lo posi- ble y lo impo an e, hemos hecho de noso os mismos el mejo yo que podíamos y nadie después pod á al e a lo. Es o, que como decía Wi gens ein 7 no pe e- nece el mundo, no deja de se una i esis ible en ación de anscendencia que pe mi e a on a el u u o como una olun ad, p ecisa- men e po que emos un pasado que dibuja len amen e una his o ia. Si somos cada uno de -XLVII- 47 ASTRAGALO,09(1998)ISSN 1134-3672 48 noso os el que consigue esc ibi la con o me un diseño de a gumen o, en onces la ida pa ece á son eímos, si no, se emos pe sonajes de un des ino que el aza hab á u dido sin nues o consen imien o. Es a idea es la que queda e lejada en el comen a io que hace Ro y sob e un na ado como P ous : Pa a quien como P ous , no es un eó ico, ese p o blema no exis e. Al na ado de En busca del iempo pe dido la p egun a: «¿Quién a a edesc ibi me ?, no le inquie a ía. Po que su a ea es á concluida una ez que ha o denado los hechos de su ida de acue do con su p opia mane a de hace lo, un a ez que ha cons uido una es uc u a a pa i de las pequeñas cosas: Gilbe e en e los espinos, el colo de las en- anas de la capilla de Gue man es, el sonido del nomb e «G ue man es», los dos caminos, las cúpulas cam bian es. Sabe que esa es uc u a hab ía sido dis in a de habe mue o él an es o después, po que las pequeñas cosas po inclui en ella hab ían sido más o menos nume osas. Pe o eso no impo a. Pa a P ous no exis e el p oblema de cómo e i a se au gelwben. La belleza, po depende como depende, de que se le dé o ma a una mul iplicidad, es mani ies a- men e ansi o ia, po que es p obable que se la des uya cuando a esa mul iplicidad se añadan nue os el eme n os. La belleza equ i e e un ma co y la mue e lo p opo ciona. ' És e es el eje p incipal de la ac i idad men al del homb e, ambién su obligación é ica, cons- ui nue as y mejo es na aciones, al ededo del cual se a icula cualquie o a a ea cogni- i a. Un en o no con iguo que pe mi e en cada momen o inicia el ela o que odee la expe- iencia conc e a, sea pa a su comp ensión, su explicación o su jus i icación. Aquel que no pueda inicia un ela o an e cualquie in e pe- lación que se le plan ee sob e un episodio de su ida queda á en la pe manen e igno ancia que conlle a no pode localiza se, no pode con- ex ualiza se. Y es o es aplicable no sólo a epi- sodios de la biog a ía indi idual, sino ambién al uso de cie as palab as y no o as, de cie os colo es o es idos, de elecciones an e al e na- i as, de decisiones, de planes pa a el u u o. Una explicación de cualquie a de es as cosas, y de o as muchas, es ine i ablemen e inicia una na ación que le do e de sen ido. Es o mismo es igualmen e álido pa a nues o deseo de comp ensión de los o os, sólo cuan- do pa icipamos de su pasado, de sus ecue - dos, es cuando nos c eemos en disposición de p edeci sus u u as conduc as. Sólo cuando hemos escuchado su ela o nos con e imos en pe sonas bien in o madas. En ese mome n- o no nos es un desconocido, aho a podemos compa i sus emociones, sus deseos y p o- yec os, sen i los ce canos, inclui los en nues- o noso os. Si pensá amos que los ojos de una muchacha no son más que b illan es edondeles de micas, no sen i íamos la misma a idez po conoce su ida y pene a en ella. Pe o nos damos cuen a de que lo que 1 u ce en esos discos de e lexión no p o- iene exclusi amen e de su composición ma e- ial; h ay allí muchas cosas pa a noso os desco- nocidas, neg as somb as de la idea que iene esa pe sona de los se es y luga es que conoce .. . " O ambién Y jun os l os dos pod íamos eco e aquella isla, pa a mí an ll ena de encan o po que había - XLVIII - ence ado la ida habi ual de la seño i a S e ma ia y descansaba en la memo ia de su mi ada. Po que se me igu aba que no la pose- e ía ealmen e si no después de habe a a esa- do aquellos luga es que la odeaban de ecue - dos, elo que mi deseo ansiaba a anca , elo de esos que la Na u aleza in e pone en e la muje y algunos se es. "' Si la ac i idad cogni i a del se humano, si la mane a de cons ui un mundo habi able, si la posibilidad de cons ui el mejo yo que poda- mos o la búsqueda de lo posible y Jo impo - an e pasa po la elabo ación de ela os, ¿ no ocu i á Jo mismo con el azonamien o é ico? ¿No es a emos obligados a hace in e p e a- ciones li e a ias de nues os alo es y de nues os semejan es? La Tesis que se p opone es la siguien e: Hemos ap endido a i i y hemos buscado la ida buena, no a a és de un discu so e e- encial, no a a és de la ía de la Ve dad, sino en el ámbi o de lo posible, de Jo me a ó ico, de lo li e a io. El homb e p uden e se halla en alguna de las no elas que hemos leído y nos han gus ado, en alguno de sus pe sonajes. Tal ez el a e, como mani es ación cul u al de odas las épocas, iene la ue za de con o- ca o ia y admi ación que posee, apa e del con uso sen imien o es é ico, bien puede se po que quizá es el camino más di ec o hacia esa endencia anscenden al del homb e de coloca su na ación en e las inmejo ables, esa mane a de cons ui un mundo que nos con ie e en c eado es. A la ez, la complici- dad del mundo habi able que nos o ecen los ela os y las ob as de a e, nos enseñan cami- nos hacia la i ud, la bondad o la elicidad. Li e a u a En é ica no caben lec u as li e ales, ilosó icas, sólo li e a ias, po que la é ica no es á comp o- me ida con la e dad, sino con lo mejo . Es á obligada a la búsqueda cons an e de al e na i- as, a la e isión de concep os y de undamen- os, a alo a indi iduos. Y ése es p ecisamen- e el e i o io de la Li e a u a, donde an o Anna como Ka enina; donde an o la Regen a como Ana Ozo es de Quin ana , donde an o el Quijo e como Alonso Quijano ienen de echo a se en endidos. La Li e a u a, y en especial la No ela, man- iene una equilib ada elación en e lo conc e- o y lo gene al, en e lo local y lo global. En e las aspi aciones gene ales de los se es huma- nos y o mas pa icula es de ida que pe mi- en alcanza o desecha dichas aspi aciones. Además en el p oceso la no ela apela a un lec o que de algún modo es capaz de com- pa i con los pe sonajes espe anzas, deseos, emo es y p eocupaciones que p oyec an lazos de inden i icación y de simpa ía o echazo. La no ela es un géne o que pe mi e un azo- namien o é ico ela i o al con ex o, enca nado en idas conc e as que son a que ipos de las idas humanas, pe o no cae en el ela i ismo p ecisamen e po que, a a és de la imagina- ción, somos capaces de p esencia una idea gene al de la ealización humana en una si ua- ción conc e a. Acep a la exis encia de una ida humana exige p oyec a nues os sen imien os y emo- ciones sob e las o mas que pe cibimos a nues o al ededo , necesi amos c ea icciones y me á o as que nos hagan c ee que nues os - XLIX - 49 ASTRAGALO,09(1998)ISSN 1134-3672 50 semejan es no son au óma as o máquinas p o- g amadas, es o que ha cons i uido y cons i ui- á un p oblema ilosó ico i esoluble, lo log a la no ela con suma acilidad. Po que una buena no ela no nos solici a igo sino imagi- nación, no busca la e dad, sino la habi abili- dad de las idas que mues a. ¿Acaso no leemos pa a sabe ? Pa a sabe más sob e la mecánica de las pasiones, sob e el odio y el amo , los celos y la enganza, la seducción; pa a descub i cómo se juzga a las pe sonas y cómo se jus i ican las acciones. Las no elas, po es a ue a del mundo, pue- den con i ma la ealidad de nues a ida, la dis ancia que media en e el mundo del debe , de aquello que nos gus a ía, y lo que queda some ido al iempo y a la mue e. ¿Acaso no es án las no elas que hemos leído en noso os? ¿No han modelado nues os pen- samien os, no nos han cedido las acciones que sus pe sonajes necesi aban a a és de las cua- les han e i ido con o me i íamos noso os? Pe o, ¿po qué la No ela? Po que la ida eal es agmen a ia, discon inua, po que nadie puede cap a en ella el nexo causal que une los acon ecimien os. Pa a ello necesi amos cons- ui una na ación. Toda ida es una na a- ción que se hace e ospec i amen e según los in e eses que nos ma ca el u u o. Piensen qué se á de noso os mañana, cuán poco sabemos de lo que nos ese a el aza y, sin emba go, podemos al con a nos cons ui la con inuidad y la causalidad que cons uya nues os es ados en el mundo en una ida. Y, lo que es mejo , podemos cons ui nos an as idas como an- os ela os hagamos de ellas. Po es a peculia idad, la no ela con iene el mejo pa adigma de azonamien o é ico, po - que con iene idas con ex ualizadas, po que dispone de una ama que a más allá de los acon ecimien os que la cons i uyen y que mues a odo el epe o io de lo humano, y lo hace pa a que podamos elegi qué ipo de ida que emos con a a los o os y con a nos a noso os mismos. La No ela no equie e una alo ación e i a- i a, al con a io alo amos las his o ias en la medida en que p oponen un mundo en el que podamos i i y p oyec a nues os pode es más p opios. ¿Pe o no es eso p ecisamen e el obje i o de la é ica? La Filoso ía ha que ido de e mina un ipo de ida como e dade a, ambién lo ha que ido la Polí ica o el De echo, ha que ido p oduci leyes uni e sales y necesa ias de aplicación gene al y se ha es o zado po do a a esas leyes de undamen o. Pe o, mien as no apele- mos a la imaginación no encon a emos al undamen o. La posición emo i is a de Hume esul a cada ez más sólida con o me com- p endemos los mecanismos cogni i os del se humano, con o me descub imos que las emo- ciones y los sen imien os son elemen os indis- pensables en el azonamien o y en la oma de decisiones 11 • El e o de Desca es consis ió en que e ese a un espacio p opio del hom- b e que se ajus a a al sueño nuclea de la ilo- so ía, des e ando a las pasiones a una des- c ipción mecánica y desalmada que no com- p ome ie a la dignidad humana. Sin emba go a la ho a de p oduci una é ica, no pudo po menos que decla a la p o isional. Pe o es que la é ica siemp e se á p o isional, o zada a -L- una cons an e ein ención, que pueda inclui cada ez más pe sonajes y e i o ios con o - me descub amos que los o os son como noso- os, pe o eso no pod á hace se desde la con- ciencia ca esiana que no puede escapa a su solipsismo, end á que apela al oído, a la escucha a en a de o as na aciones, a la ima- ginación pa a econs ui idas que esul a án como las nues as. Desde siemp e hemos ap endido leyendo a poe as y no elis as y desde siemp e ambién hemos sen ido la ue - za de las leyes que nos obligan. Si el mo i- mien o decons uc i o si e pa a ad e i que hay ambién un pensamien o público que ecoge haciendo un uso li e a io de los dis- cu sos, algún bene icio hab emos alcanzado. Habi abilidad Ya hemos sub ayado un concep o, el concep o de lo habi able como aquel que puede pone en elación los dis in os géne os, como c i e io de alo ación é ico de las idas humanas que no o man pa e del mundo. Desde que A is ó eles a i ma a la sociabilidad del se humano, lo habi able ha sido el educ o de la ciudad. La Ciudad se ha con e ido en el luga de esiden- cia de los homb es, donde edi ican sus hoga es, donde desa ollan sus idas, donde habi an. En o igen, cuando la ciudad e a Polis, cuando la Polis e a la comunidad social, polí ica y humana de los ciudadanos, es e concep o de lo habi able podía ca ac e iza p ecisamen e el medio u bano dis inguiéndolo del medio na u- al, de la sel a, de la jungla. Pe o hoy, la ciudad hace mucho que ha dejado de se Polis y en consecuencia debemos p e- gun a nos si aún nues as ciudades esul an habi ables, si son el espacio en el que desa o- llamos nues as idas, si son el luga de encuen o con nues os ecinos, si es el o o de nues as ac uaciones polí icas. Denominábamos habi able al esul ado de esca- pa al aza con o me é amos capaces de do a de con inuidad y causalidad los acon ecimien- os del mundo, con o me é amos capaces de elabo a amas na a i as que ue an insupe a- bles. ¿Ocu e es o en el ámbi o de la Ciudad? La Ciudad es un A chipiélago. Los a chipiéla- gos se ca ac e izan po queda unidos po aquello que los sepa a, lo agmen a io de nues os si ios, lo dis ibuido de ellos imposi- bili a la con inuidad y la causalidad que exige nues o concep o de lo habi able. Las Ciu- dades posmode nas no pueden ni siquie a localiza se en los mapas, no son ansi ables ísicamen e, equie en de elabo aciones i - uales, pues i uales son sus si ios, equie en simulaciones, pues i eales son sus ins i ucio- nes y sus gen es. Nues a p esencia en las ciu- dades se educe a apa iciones ap esu adas que cub en un ayec o en e ines. No son sino un me o medio, a menudo hos il, pa a nues as in enciones. Es más cada ez es as apa icio- nes ienden a educi se, a limi a se en iempo, a p o ege se en ehículos o anspo es que las agilicen. Es os mo imien os, a di e encia del iaje clásico, no pueden apo a la con inui- dad y la causalidad que eque imos pa a cons- ui idas, al con a io pa ecen impone una desmemb ación sólo ali iada po el mundo que nos o ecen los medios de comunicación. Son los media los que do an de unidad a nues- os mo imien os, pe o en ellos e iden emen- e no pa icipamos ni an siquie a como pe so- -LI- 51 ASTRAGALO,09(1998)ISSN 1134-3672