FORO ABIERTO
EL DISCURSO MURAL
Fe nando R.
de
la Flo
La
ciudad se con ie e en ex o, dominio de los inma e iales, espacio
hipe comunica i o de los nue os modos de sociabilidad encauzada
pe suasi amen e hacia
la
masi icación y
el
o ali a ismo.
Más que e el mundo, lo leemos
G.
DEL
EUZE
E
n onces el lib o es á ya en odas pa es y la ep esen ación de la le a emos que iun-
a
po doquie , sin que sea posible gi a los ojos 180 g ados sin encon a su p esencia
ubicua. La esc i u a hace iempo que ha log ado conquis a su independencia con es-
pec o a las o mas de impaginación que de an iguo la cons eñían. Una expe iencia común pa a
el habi an e de la megápolis mode na impone a su sis ema de pe cepción una a esía po esce-
na ios y agmen os de un o den que se da sólo bajo la o ma
de
un espejismo ipog á ico, de un
mi age
babélico, ba oco po excelencia. Ello nos dice que la ciudad es lib o, álbum de dedica-
o ias que me son sec e amen e des inadas, pe o que bu lan
al
iempo cualquie deseo de cohe-
encia y desci amien o.
Un discu so -
un
ex o agmen a io y o o-, dispe so po la u be, p ome e y pos e ga simul á-
neamen e la econs ucción inal de un sen ido en a as de un ela o, de una mi ología (no impo -
a
si
pe sonal o colec i a), de una leyenda, casi. La ciudad es el hipe espacio del ex o, un luga
que
se
e ela como p i ilegiado pa a la inse ción de la señal lingüís ica.
El ojo egis a en el espeso ma co de una locación, el acaece del innúme o deso den con que
las cosas se mani ies an. En su aspec o más memo able, la isión hace p esa en un mundo de
p esencias poblado de es a uas y monoli os, donde lo olumé ico ensaya su peculia pe suasión.
Los emplos
-no
impo a
si
lo son aho a del come cio- y los luga es públicos, en a izan las
dimensiones, ompen con las secuencias es ablecidas po las masas g ises, sob e las que esa
misma mi ada esbala (hay a qui ec u as del ol ido, como las
hay,
en o o sen ido pa a el ecue -
-
LXXXI
-
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ASTRAGALO, 09 (1998)
A ibu ion-NonComme cial-Sha eAlike - CC BY-NC-SA
A icle, ISSN 1134-3672
h ps://dx.doi.o g/10.12795/as agalo.1998.i09.08
P o eso de Li e a u a Española en la Uni e sidad de Salamanca.
Es doc o en Ciencias de la In o mación.
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do), c eando así el hi o, el unicum. Tejido (u bano) y ex o
se
ap oximan hoy en
la
expe iencia
co idiana de la a esía.
Y eso es po que la ciudad
se
a econs uyendo como i ine a io
de
una memo ia ac i a
-en
ea-
lidad,
se
a a de
un
« ea o>>
de esa misma memo ia,
al
modo
de
los cons uidos en el
Renacimien o-. Memo ia loca i a, que ope a po la selección y je a quía
de
cuan o
se
nomb a,
se econoce, se impone o llama inalmen e sob e sí el luido conexo (la doxa o líquido amió i-
co en que somos bañados), que es el espí i u
de
los habi an es, y de cuan os llegan ambién a aí-
dos po las mi íadas de e e encias que quedan insc i as en una his o ia p og esi amen e acu-
mula i a.
Depósi o, museo, yacimien o, son algunas
de
las me á o as que
han
se ido adicionalmen e
pa a si ua
al
homb e en elación
de
signi icación con
un
en o no que
se
o ece como ex o; que
es él mismo « ex u a», ma co pa a una legibilidad a
la
que odo pa ece abocado
(y
en la que
ambién odo es e ocado).
Jun o
al
eco e inexp eso que el espacio nomb ado
de
la u be gene a en los dominios de
la
memo ia, la señal lingüís ica eme ge, hace cen ellea
su
po en e a o, ma cándolo odo con
su
p esencia. La esc i u a iene así en auxilio
de
la
sel a u bana pa a ca ac e iza la, colonizándo-
la: la le a es pen ecos és pa a la ma e ia has a en onces muda, llegando a he i la de sen ido, en
un súbi o co aci cui o, que la ca ac e iza como monumen um (sob e odo) ypog aphicum. Pues
es
al
in la esc i u a (en
su
a ian e monumen al) la que hace del e i o io el as o olium sob e
el que un mensaje queda a uado. Ciudad y esc i u a unen sus des inos. La ciudad, en adelan e
pod á se leída. Se á ciudad le ada.
La esc i u a
se
hace así isible en el o o de la u be. Es o es, en las plazas donde
se
ensaya
la
sociabilidad ago á ica, pe o ambién en los canales ápidos que encauzan las elocidades y cie -
nen las po encias comunica i as de odo o den. Allí siemp e es á p esen e un agmen o de g a-
i o, p oyec ado sin dis inción con a los mu os a uinados de unas pe i e ias que los pode es
abandonan, o sob e la nobleza ma e ial de las cons ucciones o denadas que o man la ci y de la
u be. La lengua, en on es, ma ca, y an es o ja y acompaña, el es ablecimien o de un impe ium,
de una ci ilidad, sin la cual no puede aspi a a la exis encia. Po eso, el obispo de Hipona, san
Agus ín, di igiéndose a
su
comunidad (Se mones), elanzaba
la
idea de la necesidad de una
ap opiación c is iana del hecho ipog á ico. En adelan e, la ciudad misma debía se el obje o
p io i a io de una nue a polí ica discu si a: non opus es u quae ea u codex: came a illa
codex es e si («no hay necesidad de ecu i al lib o: que ese espacio sea ues o lib o») (J.
A. González Iglesias; 1995).
La ciudad esul a esul a esc i a po mano in isible, en
un
p oceso inc emen ado, impa able.
Cub i con el signo que ep esen a a la cosa; e oca la cuando es á ausen e; ma ca el o den con-
-LXXXII-
uso de lo es ablecido, he ahí las leyes in e nas que desen uel en el apiz de
un
discu so des-
cen ado, poli ónico, dispe so, en
el
que hoy la mi ada pe manece bañada, al ez sin concien-
cia
de
lo que ello iene a signi ica pa a un ciudadano condenado pa a siemp e a se un lec o
(in abula).
Las calidades de esa, l!amémosle con los an iguos, «esc i u a expues a», «de
apa a O>>
o monu-
men al, de esa lengua ou cou pública -cuando no publici a ia-, son in ini as, sus posibilida-
des innúme as, pues en
su
pa anoia el discu so iende a deci cuan o puede se dicho
(y
en las
o mas di e sas en que ese odo pueda se dicho).
Pin adas, a uadas, a a azeadas, log adas a sp ay, noblemen e alladas, o pemen e supe pues as;
en in ini os sis emas: ijadas, incisas, aé eas, pasaje as incluso
de
la a qui ec u a
de
la luz, del
neón. Ellas
se
ex ienden en e ical y ho izon al, aspi an a
lo
al o y ienen ambién de lo bajo,
caen del cielo o ascienden -ae os á icas- hacia él. Se a a de una esc i u a ad i um. Su p oli-
e ación misma p oduce
un
e ec o en supe icie pe e so: las anula pa a el sen ido. Es su exis-
encia misma,
lo
que llama íamos
su
ida independizada
de
la
ecepción de un iden e singula-
izado
al
que apela an, aquello que cons i uye
su
des ino, cumpliendo así la máxima cen al del
sis ema bajo el que e dade amen e ha nacido es a pasión po
la
le a: que odo aquello que
pueda se dicho, deba en onces se dicho. Y aún más, la le a ciudadana -lec u a de nadie bajo
an os pá pados, dicho celanianamen e-, a a á, en
su
o zmien o y su ensión ex ema, más que
de exp esa lo inexp esable, de inexp esa lo exp esable:
la
capi al legible omana e oluciona
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en g a i o, en caco-g a ía, en azo sin código posible. Deci , en onces, lo que
no
a a se leído;
log a en onces, ambién, o o o den de signi icancia pa a lo que es me o uido isual.
T azadas sob e la piel de la ciudad, las esc i u as no sólo son in ini as, sino que si en a una in i-
ni a a iedad de mo i aciones, p opiamen e polí icas algunas, o as úneb es, ememo a i as
muchas, publici a ias (en sen ido la o, lo son odas); en el ámbi o de lo p i ado o mo iéndose
en el
de
lo
público. Se a a á de esc i u as apologé icas o denig a o ias; ex os que ienen la ac-
u a
de
lo conmina o io o que o ien an, e ó ica, pe suasi amen e, los lujos, encauzándolos en
ejes
de
ansi abilidad, po donde lo masi icado y o ali a io
se
desplaza.
El ex o je oglí ico, y la c ip og a ía en que inalmen e odo pa a, desalien an, po su pa e, una
lec u a u bana indisc iminada, po cuan o disuel en la idea de comunidad compac a (que o as
esc i u as, en o as posiciones alien an), y ienden a es ablece una nue a ligadu a basada en el
pequeño g upo, quizá en el indi iduo solo,
al
que apelan desde odas las posiciones pensables y
con odo ipo de eclamos.
Algunas g a ías se di igen en onces a bo a po sa u ación de uidos el espacio donde o as en
su
día se asen a on, con olun ad inú il de du a y pe manece en la me amó ica epide mis de
la ciudad. Damna io memo iae, bo ado de la memo ia esc i a de los o os, cie amen e, que se
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ASTRAGALO,09(1998)ISSN 1134-3672
pos ula como pa a bu la la con encional idea de que la lengua sea el sopo e de la es uc u a
de esa misma memo ia. Las hie og a ías, en es a egias más su iles, manipulan impe cep ible-
men e
el
desa ollo sin ác ico de una p opues a, o censu an y sup imen aquí y allá agmen os
lexemá icos, con cuya ope ación el compues o lingüís ico se iñe de alo es dis in os, en oca-
siones con apues os. He aquí, en ello, una mues a de
un
pode polí ico de la lengua pública.
Pode que con adice y enmienda o as lenguas de pode .
G a ías ambién, inalmen e, que ciñen su exis encia al desen ol imien o iscoso -bubell le -
e s- de un azo au o e e encial: aquí
lo
que signi ica es sólo la p esencia, ese deseo exp eso
de supe pone a la na u aleza de las cosas del mundo la espesa capa de su pues a en ep esen a-
ción po una mano, po
un
au o , aun cuando és e se p esen e siemp e en uel o en
un
anonima-
o que le si e de p o ección. Que odo sea medio pa a la cons i ución de
un
suje o, y que pa a
él sólo la esc i u a o ezca una ía de acceso a la p opia exis encia, he aquí un modo pa adóji-
co de ealización humana en que el g a i is a se econoce.
El
escena io
lo
es, pues, de un yo qui-
mé ico, imp obable; de
un
an asma -Es ado, Indi iduo-, que en la ciudad (Go ham
ci y)
iene
a habla a o os an asmas.
El
c ecimien o expansi o de la le a en la ciudad mode na,
y,
en ealidad, el ecub imien o odo
de la supe icie del plane a po es os p oduc os de una inuds ia alada (pues que p oduce de
Me cu io), ca ac e iza nues o momen o. Es a no edad ela u oscu ece la ealidad de
un
o igen
84 común compa ido en la ag a ía
de
un mundo
-an año-
silen e a
Jos
ojos,
no
en enado oda ía
en la so is icada maquina ia de la lec u a. Se a a, es cla o, de
un
enómeno ela i amen e
mode no
y,
como al, lle a con enida la huella de
Jo
que anuncia el
in
de égimen pa a ese
mismo p es igio esc i u is a, que aho a odo
Jo
sob esa u a.
Las o as ciudades, an es de la ciudad «mode na», no se hacen legibles p ecisamen e a a és
de la esc i u a. Los pa adigmas en que se mue e su «cul u a», no son oda ía de una exclusi-
a base ex ual, como en cie o modo ha llegado a se la u be de nues o iempo. Conse an,
eso sí, la ciudad medie al, la ciudad enacen is a y has a la ba oca, las huellas dác ilas de las
epig a ías clásicas, de las an iguas le as monumen ales que signan el p es igio añejo, hablan-
do de lo ciudadano en cuan o undado: son los agmen os del o den a caico, que son leídos
como monumen os de un iempo a asado pe o oda ía ope an e, pues la o ma de lo esc i o
es la ma ca más explíci a pa a induci una supe i encia de lo his ó ico, de
lo
de ini i amen-
e
pasado (pues que es una o ma de pasado en el p esen e). Es a conse ación es, sin emba -
go, en la ciudad del al o An iguo Régimen, un me o depósi o de su pasado clasicis a: se han
pe dido, incluso, las adiciones écnico-p oduc i as; han caído en desuso las ó mulas que
hicie on posible la exis encia de una incisión iangula o de cualquie o a mues a de ec-
nologías g á icas. Sólo una co a memo ia o al esca a del ol ido los agmen os de la
his o ia común.
-LXXXIV-
Fue a de ello, no exis e en el espacio in e no ni ex e io del bu go an iguo una esonancia públi-
ca de la esc i u a. Fal a en e amen e en ese espacio la eli e de los comunicado es g á icos, y
al a, sob e odo, la masa pasi a de lec o es. El hamo ipog aphicus no ha sido, oda ía, abo a-
do, y hay en onces una ciudad locuaz, que aún p egona y can a
-o
eza y se desga a en ono-
ma opeyas y g i os sal ajes, p onunciados en un dominio aé eo, inma e ial-. Es
el
iempo de la
oz, que se ex iende in ini amen e, colma ando el silencio con que se mani ies a una na u aleza
echazada a sus mismas pue as. Sob e iene en onces el iempo de las mi ologías y de los ensue-
ños, que a as a oda ía hoy su exis encia en los pa ques a queológicos de la o alidad, en los
zocos de Á ica del No e (Xema 'a-el-Fna), y allá donde un g upo anal abe izado se comunique
abie amen e.
En es e ámbi o y dominio de una ciudad an igua, que llega has a las o illas de la Edad Mode na,
sólo el espacio sag ado del emplum se e ela como un po en e oco de exposición del mensaje
ideológico, si iéndose pa a ello, no sólo, como es no o io, del icono, sino pa en emen e de la
esc i u a (de las Esc i u as del au a que és as exhalan).
Allí en ese sac o cus odio del e bo en cuan o esc i u a; en ese espacio (sob e) sa u ado, (hipe )
comunica i o, (ín e ) elacionado po códigos di e sos, se ensaya lo que se á el nue o espacio
ago á ico mode no; el luga alumb ado po las nue as o mas de sociabilidad, que el nacimien-
o y expansión de las imp en as c ean de ini i amen e, a modo de nue a g a os e a.
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lako Tche nikho , uA hi ek u nye an az¡¡, . 1933
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