Resumen
Es e a ículo es udia la impo ancia de la iloso ía de la na u aleza en la ob a de Kan , y
ambién analiza la impo ancia que u ie on la ciencia y las ma emá icas en la educación
del ilóso o. El au o in en a mos a has a dónde llegaba el conocimien o po pa e de
Kan de la ciencia de su iempo. También a a de de e mina la impo ancia de su in lu-
jo y su posible esponsabilidad en la decadencia de la cosmología ilosó ica en el pensa-
mien o con empo áneo.
Palab as cla e: iloso ía de la na u aleza, ciencia, eleología, Ilus ación.
Abs ac
This a icle s udies he momen o he philosophy o na u e in Kan ’s wo ks; i ealizes
how impo an science and ma hema ics we e in he philosophe ’s educa ion. The aim o
he au ho consis s in making clea how much Kan knew abou he condi ion o science
in his cen u y; he ies o de e mina e he ex en o Kan ’s in luence, going on o sc u i-
nize in which way such in luence esul s in he decadence o he philosophical cosmolo-
gy in con empo a y hough .
Key wo ds: philosophy o science, science, eleology, enligh men .
Si con emplamos la iloso ía kan iana desde una pe spec i a his ó ica, quie o
deci , a la is a de los e ec os que ealmen e p odujo, y no de las consecuen-
cias ex aídas a pa i de un análisis lógico de su con enido, cons a amos que
el in lujo del c i icismo sob e la e olución de la iloso ía no consis ió en p o-
mo e el desc édi o de la me a ísica como disciplina eó ica, ni mucho menos.
En e ec o: omando como base la di isión que hace Ch is ian Wol de la
me a ísica, pod ía asegu a se que pa a es de sus pa es undamen ales (la on o-
logía, la eodicea y la psicología acional o, como hoy di íamos, la an opolo-
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Kan y el in de la iloso ía de la na u aleza
Juan A ana
Uni e sidad de Se illa
Suma io
1. La c isis de la iloso ía de la na u aleza 2. Kan y la c isis de la iloso ía
de la na u aleza
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gía ilosó ica), la iloso ía ascenden al ep esen a, más que un se io e és, un
e ulsi o es imulan e, de o ma que, a pa i de Kan y en conexión di ec a
con su pensamien o, es as disciplinas en an en una de las e apas más b illan-
es y suges i as de su his o ia. El hecho es an e iden e y conocido que c eo
pode p escindi de la necesidad de demos a lo o ilus a lo. En cambio, no
se ha llamado con an a ecuencia la a ención sob e la ci cuns ancia de que
el idealismo c í ico coincide c onológicamen e con la c isis más p o unda que se
conoce en la cua a ciencia me a ísica del esquema wol iano, es o es, en la cos-
mología ilosó ica o iloso ía de la na u aleza, c isis de la que sólo un loable op i-
mismo que me gus a ía compa i pe mi e supone que haya sido supe ada en
la ac ualidad. Aunque p o esionalmen e me dedico a enseña la, engo la imp e-
sión de que la iloso ía de la na u aleza sigue siendo hoy en día la «Cenicien a»
de las ciencias ilosó icas. Se da incluso el caso de que muchos de sus sec e os
cul i ado es p e ie en apad ina sus abajos bajo la úb ica menos desampa ada
de la iloso ía de la ciencia. Quizás ue a bueno asumi es a si uación ác ica,
pe o si enemos una mínima esc upulosidad semán ica, end íamos que admi-
i que la iloso ía de la ciencia hace e e encia a una e lexión sob e el conoci-
mien o, mien as la iloso ía de la na u aleza equie e habla sob e un
de e minado campo de obje os y no me amen e sob e las condiciones pa a
es udia lo y conoce lo. Sé que es a ma ización no sa is ace a muchas pe sonas,
pa a las cuales esul a cómica la p e ensión po pa e de los ilóso os de sen a
sus p opias esis sob e el ámbi o de lo ísico a es a al u as, ya que piensan que
sólo la igno ancia puede explica es a al a de espe o a la ciencia en los albo-
es ya del siglo XXI. No deseo polemiza aho a con es as pe sonas, las cuales,
po o a pa e, p obablemen e es a án de acue do con la a i mación de que la
an igua iloso ía de la na u aleza conoció una aguda c isis en los iempos inme-
dia amen e pos e io es a Kan . Mi in e ención a a limi a se a ca ac e iza
es a c isis, analiza el papel desempeñado po Kan en su desa ollo y, po úl i-
mo, in en a es ablece si la he encia kan iana asumida po el pensamien o
con empo áneo ha in luido en el ela i o acaso de los in en os e ec uados a
lo la go de los siglos XIX y XX pa a « esuci a » la iloso ía de la na u aleza.
1. La c isis de la iloso ía de la na u aleza
Po muy p oblemá ica que sea la p esen e si uación de la iloso ía de la na u-
aleza, nadie puede discu i que su pasado es b illan e. En ella se insc ibe la
pa e cuan i a i a y cuali a i amen e más impo an e de la especulación p e-
soc á ica y, más a de, ob as de an a ascendencia como el Timeo pla ónico,
los esc i os ísicos de A is ó eles o algunos de los abajos más signi ica i os de
las escuelas es oica y epicú ea, sin ol ida la la ga adición de comen a is as
de la a día an igüedad y la edad media. En el Renacimien o, la p oblemá ica
cosmológica cons i uye un eje undamen al de las discusiones ilosó icas, como
puede comp oba cualquie a que se asome a las ob as de Leona do da Vinci,
Gio dano B uno o Be na dino Telesio. Po su pa e, el acionalismo ba oco e
ilus ado ha dado dos ob as cumb es de la his o ia de la disciplina: los P incipia
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philosophiae de Desca es (1644) y la Cosmologia a ionalis de Ch is ian Wol
(1731). A ines del siglo XVIII lo que seguía enseñándose como ísica en la
mayo pa e de las uni e sidades eu opeas se pa ecía más a la Cosmologia de
Wol que a las ob as de New on. Los manuales que odo p o eso enía que
oma obliga o iamen e como base pa a sus explicaciones eunían, de modo
pa adójico, conside aciones me a ísicas ap io ís icas sob e el en e ísico con
in o mes de allados, cuajados de anécdo as, sob e la expe iencia. Lo único que
no con enían e a la pa e eó ica y las o mulaciones ma emá icas ca ac e ís-
icas de la ísica mode na1. Además, odo ilóso o sis emá ico que se p ecia a
—especie oda ía abundan e en iempos de la Ilus ación, al menos en
Alemania—, se eía en la obligación mo al de esc ibi una ob a cosmológica2,
o bien dedica una pa e conside able de sus a ados gene ales a expone los
p incipios básicos del conocimien o de la na u aleza3.
Es e pano ama cambia po comple o en los p ime os decenios del siglo XIX.
El empi ismo, siemp e hos il a la ísica especula i a, uc i icó en el posi i is-
mo, que a ó de con e i en ley epis emológica esa hos ilidad. Al mismo
iempo, la eacción omán ica con a el ma e ialismo de la Ilus ación a día,
consiguió imp imi al concep o de na u aleza unas conno aciones muy poco idó-
neas pa a la eo ización ilosó ica. Pa alelamen e, el idealismo —la co ien e
sob e la que g a i a el es ue zo ilosó ico del momen o— p e ende o ece una
explicación de lo ísico comple amen e al ma gen de la nue a ciencia, que no
a da en se echazada unánimemen e po el mundo cien í ico.
Todo es o, sin emba go, cons i uye un aspec o supe icial del asun o. Lo
que dio al as e con la iloso ía de la na u aleza no ue ni los a aques de los
posi i is as, ni la hos ilidad de los omán icos, ni la desmesu ada especulación
de los idealis as. Pa a pode ponde a las causas p o undas del hecho es nece-
sa io a ende a la lógica in e na del p oceso y, en pa icula , al p oblema de las
elaciones de la iloso ía con las ciencias posi i as de la na u aleza. Sin que se
pueda de e mina una echa exac a pa a su nacimien o, lo cie o es que du an-
e la Ilus ación ya es aban ahí, y su p esencia plan eó el p oblema eó ico más
c ucial de un siglo que oda ía es cos umb e llama «de los ilóso os». ¿En qué
momen o un ago males a se ans o ma en un dolo inequí oco? ¿Cómo y
cuándo la sospecha se con ie e en ce eza? ¿De qué o ma lo que sólo e a me a
amis ad alcanza el ap emio de la pasión amo osa, o la simple hos ilidad dege-
ne a en odio ace o? A eces es posible señala el momen o p eciso en que se
ha p oducido la epen ina me amo osis, pe o lo más usual es que descub a-
mos de p on o algo que no sabemos deci a ciencia cie a cuándo apa eció. La
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1. Véanse, p. ej., J.P. EBERHARD, E s e G ünde des Na u leh e, Halle, Renge , 1767; J.Ch.P.
ERXLEBEN, An angsg ünde de Na u leh e, Gö ingen, Die e ich, 1772; W.J.G. KARSTENS,
Anlei ung zu gemeinnü zlichen Ken nnis de Na u , Halle, Renge , 1783.
2. Así, A. RÜDIGER con su Physica di ina (1716); SPERLETTE con su Physica no a (1694),
CRUSIUS con su Anlei ung übe na ü liche Begebenhei en (1749)…
3. Como en las Dilucida iones philosophicae de BILFINGER (1725); las Ins i u iones de THÜMMIG
(1725-6) o la Wel weishei de GOTTSCHED (1733-4).
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ges ación de la ciencia posi i a como algo sepa ado y aún opues o a la iloso-
ía se encuen a en es e úl imo caso. El p oceso, sea como ue e, no se p odu-
jo como algo súbi o en el iempo ni se epa ió homogéneamen e en el espacio.
Fue a de unos pocos luga es, los ilóso os digamos «con encionales» del
siglo XVIII no se sen ían obligados a pedi un pe miso especial pa a in en a
esol e cues iones que hoy conside amos incumbencia exclusi a de la ciencia
posi i a. Sin i más lejos, el p opio Kan p opuso una es imación del pe íodo
de o ación de Sa u no4. Con g an ecuencia esul a muy di ícil encuad a a
de e minados suje os den o de las ca ego ías p e endidamen e sepa adas y
es ancas de la «ciencia» y la « iloso ía». ¿A cuál de ellas, po ejemplo, deben se
adsc i os los úl imos ca esianos, homb es como Rohaul o Régis, que se dedi-
caban undamen almen e a ilus a median e demos aciones p ác icas expe-
imen ales doc inas concebidas especula i amen e?5. No se a a, po lo demás,
de los únicos casos: hay muchos nomb es de indudable ele ancia his ó ica
que no suelen apa ece ni en las his o ias de la iloso ía ni ampoco en las de la
ciencia, p ecisamen e po que sus biog a ías se con ie en en algo agmen a io
e inconexo al aplica les nues os in ocables c i e ios de dema cación. Las
inculaciones que en onces se es ablecían en e esis ilosó icas abs ac as y
cues iones ác icas conc e ísimas, como la cu a u a del me idiano e es e6
o la al u a que alcanza el péndulo en sus oscilaciones7, asomb a ían a cualquie
pa ida io ingenuo de las doc inas de la alsación empí ica, lle ándole a la
conclusión de que pa a las gen es de la época la exis encia de Dios o la e e ni-
dad del mundo e an de hecho cues iones cien í icas, pues o que se conside a-
ban empí icamen e e u ables. Toda ía en plena época de las luces lo más usual
e a que los ilóso os ecogie an y discu ie an los úl imos esul ados empí icos
en sus a ados de cosmología gene al. Es cie o que po es a época podemos
de ec a la exis encia de una di isión e ec i a y ope an e en e la ciencia y la
iloso ía de la na u aleza, como a es iguan las clasi icaciones del sabe que se
publican8, pe o es dudoso que al sepa ación obedecie a a la c eencia de que
había aquí dos modos especí icamen e di e sos de conoce el mundo ísico.
Lo no mal e a que cada au o , a eno de su posición pe sonal, p econiza a un
de e minado modelo de ciencia «posi i a» asociado a una o ma cohe en e de
abo da la iloso ía de la na u aleza, apo ando después con ibuciones a uno
solo o a ambos campos a la ez9. Lo que sí se da ya con cla idad en el siglo XVIII
14 En ahona 36, 2004 Juan A ana
4. Véase Allgemeine Na u geschich e…, AK I, p. 298.
5. Véase P. MOUY, Le dé eloppemen de la physique ca ésienne, Pa ís, V in, 1934, p. 103-113;
145-147.
6. Con la cues ión de la imposibilidad de de e minado ipo de elaciones en e los cue pos.
Véase P.L.M. de MAUPERTUIS, Discou s su la igu e des as es, 1732.
7. Con la exis encia en los cue pos de una in e io idad me a ísica ex aespacial. Véase LEIBNIZ,
B e is demons a io e o is memo abilis Ca esii…, Ma h. Sch ., VI, p. 117-119.
8. Véase G. TONELLI, «The p oblem o he classi ica ion o he sciences in Kan ’s ime», Ri .
c i . S . d. Fil., 30 (1975), p. 243-294.
9. Incluso los que conside amos hoy en día an e odo como cien í icos. Así, D’ALEMBERT en
su Essai su les élémen s de philosophie, u EULER en sus Le es à une p incesse d’Allemagne.
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y, has a cie o pun o, ambién en el XVII es una conciencia de especialización.
Es o sugie e que el mo i o de e minan e de la sepa ación en e la ciencia y la
iloso ía de la na u aleza puede habe sido simplemen e p ác ico: la inmensa
acumulación de da os y hallazgos y el desa ollo de p ocedimien os de obse -
ación y medida que eque ía un ap endizaje y en enamien o especí icos hizo
imposible que nadie después de la mue e de Leibniz pudie a asumi de un
modo ac i o y pleno odos los come idos elacionados con el es udio del mundo
ísico. Tal ez la necesidad de da í ulos a los lib os y denominaciones a las
p o esiones in luyó más en la gene alización que es udiamos que las discusio-
nes gnoseológicas y epis emológicas.
Sin emba go, aun cuando se acep en las an e io es conside aciones, pode-
mos y debemos p egun a nos po qué su ió una c isis de undamen os an
p o unda la iloso ía de la na u aleza poco después de sepa a se de las ciencias
empí icas y ma emá icas. Ya dije que la c isis coincide en el iempo y en el
espacio con la di usión de la iloso ía ascenden al, lo cual no signi ica que
quie a hace a Kan pe sonalmen e esponsable de ella. C eo que las causas
son es uc u ales y an más allá de la acción de un pensado conc e o, po muy
impo an e que sea. No obs an e, así como ensiones sociales acumuladas
du an e siglos acaban desencadenando en unos pocos años ans o maciones
decisi as, cuyos p o agonis as en cie o modo con igu an la si uación que p e-
alece á en la e apa subsiguien e, engo la imp esión de que Kan , aunque no
ue a el culpable de la c isis de la iloso ía de la na u aleza, sí ue en cambio la
igu a que más in luyó en su desa ollo, de sue e que, aun cuando sin él la c i-
sis se hab ía p oducido de odos modos, con él e olucionó en la o ma en que
lo hizo y en buena pa e po él u o las consecuencias que inalmen e ha eni-
do. Es o es impo an e, po que el hecho de que los ilóso os hayan quedado
desau o izados pa a a a de las cues iones sus an i as que es udian los cien-
í icos, ha gene ado la escisión en e la ci ilización ecnológica y la cul u a
humanís ica, que a su ez es á en la aíz de muchos de los p oblemas que hoy
nos p eocupan.
2. Kan y la c isis de la iloso ía de la na u aleza
También en és e, como en o os aspec os, lo que esul a más admi able del
pensado alemán es la pleni ud con que enca na las inquie udes de su iem-
po. Su ob a in elec ual se ab e y se cie a con sendas ob as sob e la ísica, y a odo
lo la go de ella, aunque p edominen las p eocupaciones gnoseológicas, me a-
ísicas o an opológicas, no ol ida en ningún momen o que una pa e esen-
cial de su misión his ó ica consis e en da azón del p og eso ealizado po la
mode na ciencia de la na u aleza, pa a hace lo compa ible y solida io con el
p og eso del conocimien o en gene al10 y de la p opia humanidad11. La me a
Kan y el in de la iloso ía de la na u aleza En ahona 36, 2004 15
10. Véase P eissch i , AK II, p. 286.
11. Véase Handsc i liches Nachlaß, AK XX, p. 44 y s.
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no puede se más noble y ambiciosa, y los es ue zos que in ie e en su conse-
cución ampoco son desp eciables. An es de llega a las ideas undamen ales
de su sis ema, no se cansa de ensaya una y o a ez odas las soluciones posibles
pa a a moniza los elemen os en pugna, es deci : na u aleza y espí i u, eo ía y
p axis, ma emá ica y iloso ía, azón y expe iencia, ísica y me a ísica, e c.,
has a llega casi al ago amien o y la desespe ación. La inspi ación inal, cuan-
do llega, no supone ampoco un desci amien o comple o del enigma, sino
que, po el con a io, exige que Kan se ensimisme en nue as y penosísimas
e lexiones, en cuyo cu so más de una ez es á a pun o de desis i , has a que
po in puede o ece al mundo en la p odigiosa década de 1780 a 1790 el
u o de sus ca ilaciones.
En las exposiciones popula es de Kan , se iende a eces a ponde a su iloso ía
en de imen o de su igu a pe sonal, an as eces ca ica u izada po culpa del
ela o que hizo Wasiansky de sus manías seniles. Me pa ece que es algo muy
injus o, ya que la mejo o ma de ap ecia la magni ud y el emple de un espí i-
u es e alua la di icul ad de las a eas que ha a os ado y el esón que ha pues o
pa a lle a las a cabo. En es e aspec o, no hay en odo el siglo XVIII ningún pen-
sado que pueda compa a se ni siquie a de lejos con Kan . Aho a bien, así como
no dudo en p o esa una abie a admi ación po el homb e, no me sien o incli-
nado a pensa que su p epa ación in elec ual ue a algo insupe able pa a la época.
Al menos como ilóso o de la na u aleza, las limi aciones de su o mación son
bien e iden es12. Cuando Kan llegó a la uni e sidad, no sabía p ác icamen e ni
una palab a de ma emá icas, ísica o his o ia na u al13. Los p og esos ealizados
en el conocimien o de es as ciencias den o de la academia königsbe gue iana
son innegables, pe o aún así no consiguió alcanza ni siquie a emo amen e el
ni el de una pe sona au én icamen e e sada en la ciencia de la época. En p i-
me luga , hay que ene en cuen a que Kan no se dedicó exclusi amen e en
es os años a las ma e ias cien í ico-na u ales. Su cu ículo pa ece habe sido más
bien dispe so14, dando mues as de un poli ace ismo in elec ual que conse ó
du an e oda su ju en ud15. En segundo luga , Königsbe g no e a en aquel
momen o un cen o cul u al donde se pudie a adqui i una o mación cien í i-
ca cabal: es aba demasiado alejada de los pun os neu álgicos del p og eso cien í ico
y su uni e sidad es aba consag ada exclusi amen e a la o mación de eólogos,
médicos y ju is as pa a nu i los cuad os de unciona iado p usiano16. En e ce
luga , los maes os que lle a on a Kan de la mano en sus p ime os pasos ilosó-
icos y cien í icos e an gen es hones as y bien in encionadas, pe o dis aban de
se au o idades en la ma e ia: Rappol , a pesa de se p o eso de ísica, dedicó
16 En ahona 36, 2004 Juan A ana
12. Uno de los mejo es conocedo es de Kan , E ich Adickes, lo econoce abie amen e. Véase
Kan als Na u o sche , Be lín, G uy e , 1924, especialmen e la in oducción, ol. I, p. 1-64.
13. Véase K. VORLÄNDER, Immanuel Kan . De Mann und das We k, Hambu go, Meine , 1977,
I, p. 26-34.
14. Véase K. Vo lände , Immanuel Kan …, I. p. 51-55.
15. Véase E. CASSIRER, Kan s Leben und Leh e, Be lín, B. Cassi e , 1918, p. 45.
16. Véase B. ERDMANN, Ma in Knu zen und seine Zei , Hildesheim, Ge s enbe g, 1973, p. 11 y s.
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lo mejo de su es ue zo docen e a la enseñanza de las lenguas la ina e inglesa y,
como publicis a, se dedicó an e odo a la desc ipción de aspec os y paisajes de
su ie a na al17. Lo único que Kan le debe es el gus o po los lib os de Alexande
Pope, quien no e a p ecisamen e un cien í ico. Teske e a po lo is o un hom-
b e de escaso alo , de quien un con empo áneo in o ma que «Kan enía un
concep o muy pob e y con azón»18. Y en cuan o al e ce y más celeb ado men-
o , Ma in Knu zen, no e a más que un jo en p o eso apenas unos años mayo
que Kan , al que el exceso de abajo lle ó p on o a la umba19 y cuyos obje i-
os in elec uales se ci aban en encon a una sín esis en e la iloso ía wol iana
y el pie ismo20, así como soluciona la con o e sia susci ada den o de la escue-
la de Wol sob e la a monía p ees ablecida21. Po consiguien e, su a ención no
es aba cen ada en la ísica o las ma emá icas, ni sus conocimien os en es os ámbi-
os pasaban de se los de un buen a icionado22. Tampoco había que se o a cosa
pa a enseña es as disciplinas en la Uni e sidad de Königsbe g, muy alejada oda-
ía de los iempos de Helmhol z y Bessel. Los apun es de los cu sos dic ados po
el p opio Kan , quien años después p o esa ía ambién ísica y ma emá icas23,
mues an cuán elemen al e a es a enseñanza, si la compa amos con las memo-
ias que con empo áneamen e se p esen aban a las academias, los a ículos que
se publicaban en las e is as e udi as o los a ados edac ados po au o es sol-
en es. Además, ¿po qué no econoce lo?, los sec e os del cálculo in ini esimal
es u ie on siemp e ue a del alcance de Kan , como a es iguan no sólo las e le-
xiones manusc i as24 y los cu sos, sino ambién los cla os e o es25 que apa ecen
en sus publicaciones al maneja magni udes in ini as e in ini esimales26. Aquí
ocamos un pun o queman e de la his o iog a ía kan iana. El p ime abajo de
nues o homb e, la Es imación de las ue zas i as (1746), es un lib o de consi-
de able ex ensión que a a cie os p oblemas de mecánica. El con enido cien-
í ico del mismo e a casi o almen e insos enible en el mismo momen o de su
publicación. La mayo pa e de los in é p e es pasan piadosamen e po encima
Kan y el in de la iloso ía de la na u aleza En ahona 36, 2004 17
17. Véase J.G. MEUSEL, Lexikon de om Jah 1750 bis 1800 e s o benen eu schen Sch i s elle ,
ol. XI, Leipzig, G. Fleische , 1811, p. 43-45.
18. Véase B. E dmann, Ma in Knu zen…, p. 140.
19. Véase B. E dmann, Ma in Knu zen…, p. 48-52.
20. Véase B. E dmann, Ma in Knu zen…, p. 98 y s.
21. Véase B. E dmann, Ma in Knu zen…, p. 84-86.
22. Se ha conse ado una co espondencia con Eule que cons a de 74 documen os. Knu zen
comunica al conocido sabio los esul ados que ha ob enido en el campo de la obse ación
as onómica, el magne ismo y las ma emá icas; pe o sob e odo a a de ob ene su apoyo
pa a una siemp e us ada p omoción p o esional. Véase Leonha di Eule i Ope a Omnia,
ol. IV A, 1, Basel. Bi khäuse , 1975, p. 202-211.
23. Véase, p. ej., la He de Ma hema ik (AK XXIX,1,1, p. 47-66), o lo e e en e al cálculo de la
elocidad en la Danzige Physik (AK XXIX,1,1, p. 113-114), e c.
24. Véase Handssch i liche Nachlaß, AK XIV, p. 3-61.
25. Véanse Lebendige K ä e, AK I, p. 124; An angsg ünde, AK IV, p. 521-523.
26. Go ied MARTIN («Kan und die mode ne Ma hema ik», en Gesammel e Abhandlungen,
ol. I, Köln, Kölne , 1961, p. 98-99) exal a los conocimien os y la dedicación de Kan a la
ma emá ica, pe o no puede apo a ningún da o signi ica i o en con a de es a a i mación.
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de es a dolo osa ci cuns ancia, aludiendo a las p eca ias condiciones en que ue
esc i o. Renuncian a en a en po meno es y se concen an en los pocos pasajes
en que Kan hace a i maciones me odológicas o gene aliza sob e la iloso ía, el es a-
do de las ciencias o su p opia ocación in elec ual. Es os pocos pasajes, siemp e
los mismos, apa ecen ci ados y glosados una y o a ez. Es cie o que odo el
mundo iene de echo a equi oca se, y más cuando se ienen 22 años y se ha es u-
diado en una uni e sidad de p o incias. Sin emba go, lo que no se dice es que,
aunque Kan modi icó pos e io men e muchas de las esis gené icas del lib o,
ésas que an o celeb an los c í icos, en cambio no llegó nunca a desdeci se de la
mayo pa e de sus e o es cien í icos, ea i mando en plena madu ez alguno de
los más g a es, como la dis inción en e ue zas i as y mue as27. Si en ob as
pos e io es de índole, digamos, cien í ica, como la ya mencionada His o ia gene-
al de la na u aleza, los desacie os no son an e iden es, es po que en ellas se
acen úa el uso ago de los concep os y la aplicación me a ó ica de los p incipios,
al iempo que se enuncia a emplea cualquie ipo de algo i mo ma emá ico o
a ealiza la más mínima p ueba expe imen al. Kan , en de ini i a, se apa a cada
ez más de las pau as me odológicas y epis emológicas de la ciencia de su iem-
po, ya que no hay que ol ida que esc ibe sob e mecánica y cosmología, no sob e
bo ánica o zoología.
Supongo que, aun en el caso de que se me conceda la co ección de lo que
he dicho has a aho a, pod ía obje a se que Kan al ez no ue un cien í ico
ejempla , pe o que a pesa de ello pudo se un buen ilóso o de la na u aleza.
P ecisamen e ése es el pun o que me p opongo discu i a con inuación. An e
odo cons a o, a eniéndome a lo expues o, que Kan pe enece a la es i pe de
cosmólogos iniciada po Wol , es o es, la que in eg an indi iduos que no pue-
den se conside ados a la ez como cien í icos c eado es, ango que en cam-
bio es p eciso econoce a Desca es, Pascal, Leibniz, e c. Kan , al igual que
Wol y, en e pa én esis, lo mismo que la inmensa mayo ía de los ilóso os
pos e io es, se e cons eñido a adop a una ac i ud me amen e ecep i a an e
la ciencia na u al. A es as al u as de la edad mode na, la ciencia ísico-ma e-
má ica es una ealidad hecha y madu a, algo con en idad p opia, que sólo
puede se ans o mado desde den o, po pe sonas como Eule , Lambe ,
Lag ange o Laplace. Los que pe manecen « ue a» ienen que esigna se a la
condición de espec ado es, a iesgándose como máximo a modi ica algún
pequeño de alle que quede al alcance de la mano, sin necesidad de anquea
las pue as del análisis ma emá ico o la expe imen ación so is icada. Nó ese
además que la «ex e io idad» del ilóso o con espec o a la ciencia na u al puede
ag a a se si, además de desconoce su ama eó ica ín ima, acep a como supues-
o p elimina que la ciencia y la iloso ía de la na u aleza son o mas de cono-
cimien o especí icamen e di e en es. En al caso, el ilóso o se e obligado a
a a el es ado de la ciencia del momen o como un « odo» que puede acep-
18 En ahona 36, 2004 Juan A ana
27. Véanse Danzige Physik (1785), AK XXIX,1,1, p. 144-145, y An angsg ünde (1786) AK IV,
p. 538-539.
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a , echaza o ponde a en su conjun o, pe o sob e el que debe abs ene se de
eje ce una c í ica in e na. El p opio Kan ni siquie a es aba en buenas condi-
ciones pa a hace una e aluación global de la ciencia na u al se ena y dis anciada,
ya que i ió en medio de la eu o ia new oniana que sacudió a Eu opa du an-
e los dos úl imos e cios del siglo XVIII28. La exac i ud y la alidez apodíc ica
de la geome ía euclidiana y de la mecánica new oniana son, como se sabe,
dos supues os básicos de su iloso ía, has a el pun o de que en los P olegómenos
basa sob e ellos la posibilidad de llega a la iloso ía ascenden al a a és de un
mé odo analí ico y no sin é ico como en la C í ica de la azón pu a, es deci , p o-
cediendo a analiza las condiciones de posibilidad de la ma emá ica y de la
ciencia na u al pu as, acep ando como dada la exis encia eal de es as ciencias,
conc e ada en la a i mé ica elemen al, la geome ía euclidiana y la mecánica
new oniana29. Los kan ianos más e o osos han insis ido con los más a iados
a gumen os en la capacidad del c i icismo pa a sob e i i a Loba sche sky y
Eins ein30, esis que no oy a discu i a ondo, pe o que no anula el hecho de
que las geome ías no euclidianas y las ísicas pos new onianas des i úan ác-
icamen e dos supues os que no son me os co ola ios, sino p incipios gené i-
camen e undamen ales de la iloso ía kan iana. Incluso en la hipó esis de que
el análisis kan iano de la obje i idad pueda p escindi de apoya se en ellos, hay
que econoce que es án indisolublemen e unidos a dos ideas cen ales de la
a iculación del idealismo c í ico, a sabe , la exigencia de necesidad incondi-
cionada pa a odo conocimien o cien í ico en sen ido p opio y la unicidad o -
mal de la in uición pu a del espacio, iden i icada con la es uc u a de la
geome ía euclidiana. Dicho de un modo ingenuo, la de ogación de es os dos
supues os signi ica que Kan p opugnó una undamen ación del conocimien-
o eó ico mucho más igu osa de lo que eque ían y pe mi ían los ejemplos
más pe ec os y modélicos de sabe cien í ico que enía a la is a. Cons uyó
una eo ía de conocimien o adap ada a una eo ización del mundo enomé-
nico absolu amen e única, y después ha esul ado que exis en muchas al e -
na i as lógicamen e equi alen es. No deja de se admi able que el c i icismo
pueda asumi es as consecuencias conse ando su iden idad.
Sin emba go, odo es o iene que e más con el Kan ilóso o de la cien-
cia y de las ma emá icas que con el Kan ilóso o de la na u aleza. Pa a habla
de és e úl imo es necesa io eco da un pa de dis inciones, a in de e i a los
malen endidos que siemp e acechan al con on a la e minología kan iana con
la de los pensado es p eceden es o con las ca ego ías usuales en e los his o ia-
do es del pensamien o. La p ime a se e ie e a la que se es ablece en e ciencia
y iloso ía de la na u aleza. En mi exposición p eceden e, me he mos ado pa -
Kan y el in de la iloso ía de la na u aleza En ahona 36, 2004 19
28. Véase G. GUSDORF, Les p incipes de la pensée au siècle des lumiè es, Pa ís, Payo , 1971,
p. 180-212.
29. Véase P olegomena, § 4, AK IV, p. 274-275.
30. Véase A.C. ELSBACH, Kan und Eins ein, Be lín, G uy e , 1924, en cuya segunda pa e
(p. 160-368) pasa e is a a la posición de los neokan ianos con espec o a la eo ía de la
ela i idad.
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