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Kant y el fin de la filosofía de la naturaleza

Abstract

Este artículo estudia la importancia de la filosofía de la naturaleza en la obra de Kant, y también analiza la importancia que tuvieron la ciencia y las matemáticas en la educación del filósofo. El autor intenta mostrar hasta dónde llegaba el conocimiento por parte de Kant de la ciencia de su tiempo. También trata de determinar la importancia de su influjo y su posible responsabilidad en la decadencia de la cosmología filosófica en el pensamiento contemporáneo.

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Kant y el fin de la filosofía de la naturaleza

Author: Arana Cañedo-Argüelles, Juan
Publisher: Universitat Autònoma de Barcelona
Year: 2004
DOI: 10.5565/rev/enrahonar.364
Source: https://idus.us.es/bitstreams/98d9fe28-a3ea-47a8-9f7f-be701ab76d87/download
Resumen
Es e a ículo es udia la impo ancia de la iloso ía de la na u aleza en la ob a de Kan , y
ambién analiza la impo ancia que u ie on la ciencia y las ma emá icas en la educación
del ilóso o. El au o in en a mos a has a dónde llegaba el conocimien o po pa e de
Kan de la ciencia de su iempo. También a a de de e mina la impo ancia de su in lu-
jo y su posible esponsabilidad en la decadencia de la cosmología ilosó ica en el pensa-
mien o con empo áneo.
Palab as cla e: iloso ía de la na u aleza, ciencia, eleología, Ilus ación.
Abs ac
This a icle s udies he momen o he philosophy o na u e in Kan ’s wo ks; i ealizes
how impo an science and ma hema ics we e in he philosophe ’s educa ion. The aim o
he au ho consis s in making clea how much Kan knew abou he condi ion o science
in his cen u y; he ies o de e mina e he ex en o Kan ’s in luence, going on o sc u i-
nize in which way such in luence esul s in he decadence o he philosophical cosmolo-
gy in con empo a y hough .
Key wo ds: philosophy o science, science, eleology, enligh men .
Si con emplamos la iloso ía kan iana desde una pe spec i a his ó ica, quie o
deci , a la is a de los e ec os que ealmen e p odujo, y no de las consecuen-
cias ex aídas a pa i de un análisis lógico de su con enido, cons a amos que
el in lujo del c i icismo sob e la e olución de la iloso ía no consis ió en p o-
mo e el desc édi o de la me a ísica como disciplina eó ica, ni mucho menos.
En e ec o: omando como base la di isión que hace Ch is ian Wol de la
me a ísica, pod ía asegu a se que pa a es de sus pa es undamen ales (la on o-
logía, la eodicea y la psicología acional o, como hoy di íamos, la an opolo-
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Kan y el in de la iloso ía de la na u aleza
Juan A ana
Uni e sidad de Se illa
Suma io
1. La c isis de la iloso ía de la na u aleza 2. Kan y la c isis de la iloso ía
de la na u aleza
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gía ilosó ica), la iloso ía ascenden al ep esen a, más que un se io e és, un
e ulsi o es imulan e, de o ma que, a pa i de Kan y en conexión di ec a
con su pensamien o, es as disciplinas en an en una de las e apas más b illan-
es y suges i as de su his o ia. El hecho es an e iden e y conocido que c eo
pode p escindi de la necesidad de demos a lo o ilus a lo. En cambio, no
se ha llamado con an a ecuencia la a ención sob e la ci cuns ancia de que
el idealismo c í ico coincide c onológicamen e con la c isis más p o unda que se
conoce en la cua a ciencia me a ísica del esquema wol iano, es o es, en la cos-
mología ilosó ica o iloso ía de la na u aleza, c isis de la que sólo un loable op i-
mismo que me gus a ía compa i pe mi e supone que haya sido supe ada en
la ac ualidad. Aunque p o esionalmen e me dedico a enseña la, engo la imp e-
sión de que la iloso ía de la na u aleza sigue siendo hoy en día la «Cenicien a»
de las ciencias ilosó icas. Se da incluso el caso de que muchos de sus sec e os
cul i ado es p e ie en apad ina sus abajos bajo la úb ica menos desampa ada
de la iloso ía de la ciencia. Quizás ue a bueno asumi es a si uación ác ica,
pe o si enemos una mínima esc upulosidad semán ica, end íamos que admi-
i que la iloso ía de la ciencia hace e e encia a una e lexión sob e el conoci-
mien o, mien as la iloso ía de la na u aleza equie e habla sob e un
de e minado campo de obje os y no me amen e sob e las condiciones pa a
es udia lo y conoce lo. Sé que es a ma ización no sa is ace a muchas pe sonas,
pa a las cuales esul a cómica la p e ensión po pa e de los ilóso os de sen a
sus p opias esis sob e el ámbi o de lo ísico a es a al u as, ya que piensan que
sólo la igno ancia puede explica es a al a de espe o a la ciencia en los albo-
es ya del siglo XXI. No deseo polemiza aho a con es as pe sonas, las cuales,
po o a pa e, p obablemen e es a án de acue do con la a i mación de que la
an igua iloso ía de la na u aleza conoció una aguda c isis en los iempos inme-
dia amen e pos e io es a Kan . Mi in e ención a a limi a se a ca ac e iza
es a c isis, analiza el papel desempeñado po Kan en su desa ollo y, po úl i-
mo, in en a es ablece si la he encia kan iana asumida po el pensamien o
con empo áneo ha in luido en el ela i o acaso de los in en os e ec uados a
lo la go de los siglos XIX y XX pa a « esuci a » la iloso ía de la na u aleza.
1. La c isis de la iloso ía de la na u aleza
Po muy p oblemá ica que sea la p esen e si uación de la iloso ía de la na u-
aleza, nadie puede discu i que su pasado es b illan e. En ella se insc ibe la
pa e cuan i a i a y cuali a i amen e más impo an e de la especulación p e-
soc á ica y, más a de, ob as de an a ascendencia como el Timeo pla ónico,
los esc i os ísicos de A is ó eles o algunos de los abajos más signi ica i os de
las escuelas es oica y epicú ea, sin ol ida la la ga adición de comen a is as
de la a día an igüedad y la edad media. En el Renacimien o, la p oblemá ica
cosmológica cons i uye un eje undamen al de las discusiones ilosó icas, como
puede comp oba cualquie a que se asome a las ob as de Leona do da Vinci,
Gio dano B uno o Be na dino Telesio. Po su pa e, el acionalismo ba oco e
ilus ado ha dado dos ob as cumb es de la his o ia de la disciplina: los P incipia
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philosophiae de Desca es (1644) y la Cosmologia a ionalis de Ch is ian Wol
(1731). A ines del siglo XVIII lo que seguía enseñándose como ísica en la
mayo pa e de las uni e sidades eu opeas se pa ecía más a la Cosmologia de
Wol que a las ob as de New on. Los manuales que odo p o eso enía que
oma obliga o iamen e como base pa a sus explicaciones eunían, de modo
pa adójico, conside aciones me a ísicas ap io ís icas sob e el en e ísico con
in o mes de allados, cuajados de anécdo as, sob e la expe iencia. Lo único que
no con enían e a la pa e eó ica y las o mulaciones ma emá icas ca ac e ís-
icas de la ísica mode na1. Además, odo ilóso o sis emá ico que se p ecia a
—especie oda ía abundan e en iempos de la Ilus ación, al menos en
Alemania—, se eía en la obligación mo al de esc ibi una ob a cosmológica2,
o bien dedica una pa e conside able de sus a ados gene ales a expone los
p incipios básicos del conocimien o de la na u aleza3.
Es e pano ama cambia po comple o en los p ime os decenios del siglo XIX.
El empi ismo, siemp e hos il a la ísica especula i a, uc i icó en el posi i is-
mo, que a ó de con e i en ley epis emológica esa hos ilidad. Al mismo
iempo, la eacción omán ica con a el ma e ialismo de la Ilus ación a día,
consiguió imp imi al concep o de na u aleza unas conno aciones muy poco idó-
neas pa a la eo ización ilosó ica. Pa alelamen e, el idealismo —la co ien e
sob e la que g a i a el es ue zo ilosó ico del momen o— p e ende o ece una
explicación de lo ísico comple amen e al ma gen de la nue a ciencia, que no
a da en se echazada unánimemen e po el mundo cien í ico.
Todo es o, sin emba go, cons i uye un aspec o supe icial del asun o. Lo
que dio al as e con la iloso ía de la na u aleza no ue ni los a aques de los
posi i is as, ni la hos ilidad de los omán icos, ni la desmesu ada especulación
de los idealis as. Pa a pode ponde a las causas p o undas del hecho es nece-
sa io a ende a la lógica in e na del p oceso y, en pa icula , al p oblema de las
elaciones de la iloso ía con las ciencias posi i as de la na u aleza. Sin que se
pueda de e mina una echa exac a pa a su nacimien o, lo cie o es que du an-
e la Ilus ación ya es aban ahí, y su p esencia plan eó el p oblema eó ico más
c ucial de un siglo que oda ía es cos umb e llama «de los ilóso os». ¿En qué
momen o un ago males a se ans o ma en un dolo inequí oco? ¿Cómo y
cuándo la sospecha se con ie e en ce eza? ¿De qué o ma lo que sólo e a me a
amis ad alcanza el ap emio de la pasión amo osa, o la simple hos ilidad dege-
ne a en odio ace o? A eces es posible señala el momen o p eciso en que se
ha p oducido la epen ina me amo osis, pe o lo más usual es que descub a-
mos de p on o algo que no sabemos deci a ciencia cie a cuándo apa eció. La
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1. Véanse, p. ej., J.P. EBERHARD, E s e G ünde des Na u leh e, Halle, Renge , 1767; J.Ch.P.
ERXLEBEN, An angsg ünde de Na u leh e, Gö ingen, Die e ich, 1772; W.J.G. KARSTENS,
Anlei ung zu gemeinnü zlichen Ken nnis de Na u , Halle, Renge , 1783.
2. Así, A. RÜDIGER con su Physica di ina (1716); SPERLETTE con su Physica no a (1694),
CRUSIUS con su Anlei ung übe na ü liche Begebenhei en (1749)…
3. Como en las Dilucida iones philosophicae de BILFINGER (1725); las Ins i u iones de THÜMMIG
(1725-6) o la Wel weishei de GOTTSCHED (1733-4).
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ges ación de la ciencia posi i a como algo sepa ado y aún opues o a la iloso-
ía se encuen a en es e úl imo caso. El p oceso, sea como ue e, no se p odu-
jo como algo súbi o en el iempo ni se epa ió homogéneamen e en el espacio.
Fue a de unos pocos luga es, los ilóso os digamos «con encionales» del
siglo XVIII no se sen ían obligados a pedi un pe miso especial pa a in en a
esol e cues iones que hoy conside amos incumbencia exclusi a de la ciencia
posi i a. Sin i más lejos, el p opio Kan p opuso una es imación del pe íodo
de o ación de Sa u no4. Con g an ecuencia esul a muy di ícil encuad a a
de e minados suje os den o de las ca ego ías p e endidamen e sepa adas y
es ancas de la «ciencia» y la « iloso ía». ¿A cuál de ellas, po ejemplo, deben se
adsc i os los úl imos ca esianos, homb es como Rohaul o Régis, que se dedi-
caban undamen almen e a ilus a median e demos aciones p ác icas expe-
imen ales doc inas concebidas especula i amen e?5. No se a a, po lo demás,
de los únicos casos: hay muchos nomb es de indudable ele ancia his ó ica
que no suelen apa ece ni en las his o ias de la iloso ía ni ampoco en las de la
ciencia, p ecisamen e po que sus biog a ías se con ie en en algo agmen a io
e inconexo al aplica les nues os in ocables c i e ios de dema cación. Las
inculaciones que en onces se es ablecían en e esis ilosó icas abs ac as y
cues iones ác icas conc e ísimas, como la cu a u a del me idiano e es e6
o la al u a que alcanza el péndulo en sus oscilaciones7, asomb a ían a cualquie
pa ida io ingenuo de las doc inas de la alsación empí ica, lle ándole a la
conclusión de que pa a las gen es de la época la exis encia de Dios o la e e ni-
dad del mundo e an de hecho cues iones cien í icas, pues o que se conside a-
ban empí icamen e e u ables. Toda ía en plena época de las luces lo más usual
e a que los ilóso os ecogie an y discu ie an los úl imos esul ados empí icos
en sus a ados de cosmología gene al. Es cie o que po es a época podemos
de ec a la exis encia de una di isión e ec i a y ope an e en e la ciencia y la
iloso ía de la na u aleza, como a es iguan las clasi icaciones del sabe que se
publican8, pe o es dudoso que al sepa ación obedecie a a la c eencia de que
había aquí dos modos especí icamen e di e sos de conoce el mundo ísico.
Lo no mal e a que cada au o , a eno de su posición pe sonal, p econiza a un
de e minado modelo de ciencia «posi i a» asociado a una o ma cohe en e de
abo da la iloso ía de la na u aleza, apo ando después con ibuciones a uno
solo o a ambos campos a la ez9. Lo que sí se da ya con cla idad en el siglo XVIII
14 En ahona 36, 2004 Juan A ana
4. Véase Allgemeine Na u geschich e…, AK I, p. 298.
5. Véase P. MOUY, Le dé eloppemen de la physique ca ésienne, Pa ís, V in, 1934, p. 103-113;
145-147.
6. Con la cues ión de la imposibilidad de de e minado ipo de elaciones en e los cue pos.
Véase P.L.M. de MAUPERTUIS, Discou s su la igu e des as es, 1732.
7. Con la exis encia en los cue pos de una in e io idad me a ísica ex aespacial. Véase LEIBNIZ,
B e is demons a io e o is memo abilis Ca esii…, Ma h. Sch ., VI, p. 117-119.
8. Véase G. TONELLI, «The p oblem o he classi ica ion o he sciences in Kan ’s ime», Ri .
c i . S . d. Fil., 30 (1975), p. 243-294.
9. Incluso los que conside amos hoy en día an e odo como cien í icos. Así, D’ALEMBERT en
su Essai su les élémen s de philosophie, u EULER en sus Le es à une p incesse d’Allemagne.
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y, has a cie o pun o, ambién en el XVII es una conciencia de especialización.
Es o sugie e que el mo i o de e minan e de la sepa ación en e la ciencia y la
iloso ía de la na u aleza puede habe sido simplemen e p ác ico: la inmensa
acumulación de da os y hallazgos y el desa ollo de p ocedimien os de obse -
ación y medida que eque ía un ap endizaje y en enamien o especí icos hizo
imposible que nadie después de la mue e de Leibniz pudie a asumi de un
modo ac i o y pleno odos los come idos elacionados con el es udio del mundo
ísico. Tal ez la necesidad de da í ulos a los lib os y denominaciones a las
p o esiones in luyó más en la gene alización que es udiamos que las discusio-
nes gnoseológicas y epis emológicas.
Sin emba go, aun cuando se acep en las an e io es conside aciones, pode-
mos y debemos p egun a nos po qué su ió una c isis de undamen os an
p o unda la iloso ía de la na u aleza poco después de sepa a se de las ciencias
empí icas y ma emá icas. Ya dije que la c isis coincide en el iempo y en el
espacio con la di usión de la iloso ía ascenden al, lo cual no signi ica que
quie a hace a Kan pe sonalmen e esponsable de ella. C eo que las causas
son es uc u ales y an más allá de la acción de un pensado conc e o, po muy
impo an e que sea. No obs an e, así como ensiones sociales acumuladas
du an e siglos acaban desencadenando en unos pocos años ans o maciones
decisi as, cuyos p o agonis as en cie o modo con igu an la si uación que p e-
alece á en la e apa subsiguien e, engo la imp esión de que Kan , aunque no
ue a el culpable de la c isis de la iloso ía de la na u aleza, sí ue en cambio la
igu a que más in luyó en su desa ollo, de sue e que, aun cuando sin él la c i-
sis se hab ía p oducido de odos modos, con él e olucionó en la o ma en que
lo hizo y en buena pa e po él u o las consecuencias que inalmen e ha eni-
do. Es o es impo an e, po que el hecho de que los ilóso os hayan quedado
desau o izados pa a a a de las cues iones sus an i as que es udian los cien-
í icos, ha gene ado la escisión en e la ci ilización ecnológica y la cul u a
humanís ica, que a su ez es á en la aíz de muchos de los p oblemas que hoy
nos p eocupan.
2. Kan y la c isis de la iloso ía de la na u aleza
También en és e, como en o os aspec os, lo que esul a más admi able del
pensado alemán es la pleni ud con que enca na las inquie udes de su iem-
po. Su ob a in elec ual se ab e y se cie a con sendas ob as sob e la ísica, y a odo
lo la go de ella, aunque p edominen las p eocupaciones gnoseológicas, me a-
ísicas o an opológicas, no ol ida en ningún momen o que una pa e esen-
cial de su misión his ó ica consis e en da azón del p og eso ealizado po la
mode na ciencia de la na u aleza, pa a hace lo compa ible y solida io con el
p og eso del conocimien o en gene al10 y de la p opia humanidad11. La me a
Kan y el in de la iloso ía de la na u aleza En ahona 36, 2004 15
10. Véase P eissch i , AK II, p. 286.
11. Véase Handsc i liches Nachlaß, AK XX, p. 44 y s.
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no puede se más noble y ambiciosa, y los es ue zos que in ie e en su conse-
cución ampoco son desp eciables. An es de llega a las ideas undamen ales
de su sis ema, no se cansa de ensaya una y o a ez odas las soluciones posibles
pa a a moniza los elemen os en pugna, es deci : na u aleza y espí i u, eo ía y
p axis, ma emá ica y iloso ía, azón y expe iencia, ísica y me a ísica, e c.,
has a llega casi al ago amien o y la desespe ación. La inspi ación inal, cuan-
do llega, no supone ampoco un desci amien o comple o del enigma, sino
que, po el con a io, exige que Kan se ensimisme en nue as y penosísimas
e lexiones, en cuyo cu so más de una ez es á a pun o de desis i , has a que
po in puede o ece al mundo en la p odigiosa década de 1780 a 1790 el
u o de sus ca ilaciones.
En las exposiciones popula es de Kan , se iende a eces a ponde a su iloso ía
en de imen o de su igu a pe sonal, an as eces ca ica u izada po culpa del
ela o que hizo Wasiansky de sus manías seniles. Me pa ece que es algo muy
injus o, ya que la mejo o ma de ap ecia la magni ud y el emple de un espí i-
u es e alua la di icul ad de las a eas que ha a os ado y el esón que ha pues o
pa a lle a las a cabo. En es e aspec o, no hay en odo el siglo XVIII ningún pen-
sado que pueda compa a se ni siquie a de lejos con Kan . Aho a bien, así como
no dudo en p o esa una abie a admi ación po el homb e, no me sien o incli-
nado a pensa que su p epa ación in elec ual ue a algo insupe able pa a la época.
Al menos como ilóso o de la na u aleza, las limi aciones de su o mación son
bien e iden es12. Cuando Kan llegó a la uni e sidad, no sabía p ác icamen e ni
una palab a de ma emá icas, ísica o his o ia na u al13. Los p og esos ealizados
en el conocimien o de es as ciencias den o de la academia königsbe gue iana
son innegables, pe o aún así no consiguió alcanza ni siquie a emo amen e el
ni el de una pe sona au én icamen e e sada en la ciencia de la época. En p i-
me luga , hay que ene en cuen a que Kan no se dedicó exclusi amen e en
es os años a las ma e ias cien í ico-na u ales. Su cu ículo pa ece habe sido más
bien dispe so14, dando mues as de un poli ace ismo in elec ual que conse ó
du an e oda su ju en ud15. En segundo luga , Königsbe g no e a en aquel
momen o un cen o cul u al donde se pudie a adqui i una o mación cien í i-
ca cabal: es aba demasiado alejada de los pun os neu álgicos del p og eso cien í ico
y su uni e sidad es aba consag ada exclusi amen e a la o mación de eólogos,
médicos y ju is as pa a nu i los cuad os de unciona iado p usiano16. En e ce
luga , los maes os que lle a on a Kan de la mano en sus p ime os pasos ilosó-
icos y cien í icos e an gen es hones as y bien in encionadas, pe o dis aban de
se au o idades en la ma e ia: Rappol , a pesa de se p o eso de ísica, dedicó
16 En ahona 36, 2004 Juan A ana
12. Uno de los mejo es conocedo es de Kan , E ich Adickes, lo econoce abie amen e. Véase
Kan als Na u o sche , Be lín, G uy e , 1924, especialmen e la in oducción, ol. I, p. 1-64.
13. Véase K. VORLÄNDER, Immanuel Kan . De Mann und das We k, Hambu go, Meine , 1977,
I, p. 26-34.
14. Véase K. Vo lände , Immanuel Kan …, I. p. 51-55.
15. Véase E. CASSIRER, Kan s Leben und Leh e, Be lín, B. Cassi e , 1918, p. 45.
16. Véase B. ERDMANN, Ma in Knu zen und seine Zei , Hildesheim, Ge s enbe g, 1973, p. 11 y s.
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lo mejo de su es ue zo docen e a la enseñanza de las lenguas la ina e inglesa y,
como publicis a, se dedicó an e odo a la desc ipción de aspec os y paisajes de
su ie a na al17. Lo único que Kan le debe es el gus o po los lib os de Alexande
Pope, quien no e a p ecisamen e un cien í ico. Teske e a po lo is o un hom-
b e de escaso alo , de quien un con empo áneo in o ma que «Kan enía un
concep o muy pob e y con azón»18. Y en cuan o al e ce y más celeb ado men-
o , Ma in Knu zen, no e a más que un jo en p o eso apenas unos años mayo
que Kan , al que el exceso de abajo lle ó p on o a la umba19 y cuyos obje i-
os in elec uales se ci aban en encon a una sín esis en e la iloso ía wol iana
y el pie ismo20, así como soluciona la con o e sia susci ada den o de la escue-
la de Wol sob e la a monía p ees ablecida21. Po consiguien e, su a ención no
es aba cen ada en la ísica o las ma emá icas, ni sus conocimien os en es os ámbi-
os pasaban de se los de un buen a icionado22. Tampoco había que se o a cosa
pa a enseña es as disciplinas en la Uni e sidad de Königsbe g, muy alejada oda-
ía de los iempos de Helmhol z y Bessel. Los apun es de los cu sos dic ados po
el p opio Kan , quien años después p o esa ía ambién ísica y ma emá icas23,
mues an cuán elemen al e a es a enseñanza, si la compa amos con las memo-
ias que con empo áneamen e se p esen aban a las academias, los a ículos que
se publicaban en las e is as e udi as o los a ados edac ados po au o es sol-
en es. Además, ¿po qué no econoce lo?, los sec e os del cálculo in ini esimal
es u ie on siemp e ue a del alcance de Kan , como a es iguan no sólo las e le-
xiones manusc i as24 y los cu sos, sino ambién los cla os e o es25 que apa ecen
en sus publicaciones al maneja magni udes in ini as e in ini esimales26. Aquí
ocamos un pun o queman e de la his o iog a ía kan iana. El p ime abajo de
nues o homb e, la Es imación de las ue zas i as (1746), es un lib o de consi-
de able ex ensión que a a cie os p oblemas de mecánica. El con enido cien-
í ico del mismo e a casi o almen e insos enible en el mismo momen o de su
publicación. La mayo pa e de los in é p e es pasan piadosamen e po encima
Kan y el in de la iloso ía de la na u aleza En ahona 36, 2004 17
17. Véase J.G. MEUSEL, Lexikon de om Jah 1750 bis 1800 e s o benen eu schen Sch i s elle ,
ol. XI, Leipzig, G. Fleische , 1811, p. 43-45.
18. Véase B. E dmann, Ma in Knu zen…, p. 140.
19. Véase B. E dmann, Ma in Knu zen…, p. 48-52.
20. Véase B. E dmann, Ma in Knu zen…, p. 98 y s.
21. Véase B. E dmann, Ma in Knu zen…, p. 84-86.
22. Se ha conse ado una co espondencia con Eule que cons a de 74 documen os. Knu zen
comunica al conocido sabio los esul ados que ha ob enido en el campo de la obse ación
as onómica, el magne ismo y las ma emá icas; pe o sob e odo a a de ob ene su apoyo
pa a una siemp e us ada p omoción p o esional. Véase Leonha di Eule i Ope a Omnia,
ol. IV A, 1, Basel. Bi khäuse , 1975, p. 202-211.
23. Véase, p. ej., la He de Ma hema ik (AK XXIX,1,1, p. 47-66), o lo e e en e al cálculo de la
elocidad en la Danzige Physik (AK XXIX,1,1, p. 113-114), e c.
24. Véase Handssch i liche Nachlaß, AK XIV, p. 3-61.
25. Véanse Lebendige K ä e, AK I, p. 124; An angsg ünde, AK IV, p. 521-523.
26. Go ied MARTIN («Kan und die mode ne Ma hema ik», en Gesammel e Abhandlungen,
ol. I, Köln, Kölne , 1961, p. 98-99) exal a los conocimien os y la dedicación de Kan a la
ma emá ica, pe o no puede apo a ningún da o signi ica i o en con a de es a a i mación.
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de es a dolo osa ci cuns ancia, aludiendo a las p eca ias condiciones en que ue
esc i o. Renuncian a en a en po meno es y se concen an en los pocos pasajes
en que Kan hace a i maciones me odológicas o gene aliza sob e la iloso ía, el es a-
do de las ciencias o su p opia ocación in elec ual. Es os pocos pasajes, siemp e
los mismos, apa ecen ci ados y glosados una y o a ez. Es cie o que odo el
mundo iene de echo a equi oca se, y más cuando se ienen 22 años y se ha es u-
diado en una uni e sidad de p o incias. Sin emba go, lo que no se dice es que,
aunque Kan modi icó pos e io men e muchas de las esis gené icas del lib o,
ésas que an o celeb an los c í icos, en cambio no llegó nunca a desdeci se de la
mayo pa e de sus e o es cien í icos, ea i mando en plena madu ez alguno de
los más g a es, como la dis inción en e ue zas i as y mue as27. Si en ob as
pos e io es de índole, digamos, cien í ica, como la ya mencionada His o ia gene-
al de la na u aleza, los desacie os no son an e iden es, es po que en ellas se
acen úa el uso ago de los concep os y la aplicación me a ó ica de los p incipios,
al iempo que se enuncia a emplea cualquie ipo de algo i mo ma emá ico o
a ealiza la más mínima p ueba expe imen al. Kan , en de ini i a, se apa a cada
ez más de las pau as me odológicas y epis emológicas de la ciencia de su iem-
po, ya que no hay que ol ida que esc ibe sob e mecánica y cosmología, no sob e
bo ánica o zoología.
Supongo que, aun en el caso de que se me conceda la co ección de lo que
he dicho has a aho a, pod ía obje a se que Kan al ez no ue un cien í ico
ejempla , pe o que a pesa de ello pudo se un buen ilóso o de la na u aleza.
P ecisamen e ése es el pun o que me p opongo discu i a con inuación. An e
odo cons a o, a eniéndome a lo expues o, que Kan pe enece a la es i pe de
cosmólogos iniciada po Wol , es o es, la que in eg an indi iduos que no pue-
den se conside ados a la ez como cien í icos c eado es, ango que en cam-
bio es p eciso econoce a Desca es, Pascal, Leibniz, e c. Kan , al igual que
Wol y, en e pa én esis, lo mismo que la inmensa mayo ía de los ilóso os
pos e io es, se e cons eñido a adop a una ac i ud me amen e ecep i a an e
la ciencia na u al. A es as al u as de la edad mode na, la ciencia ísico-ma e-
má ica es una ealidad hecha y madu a, algo con en idad p opia, que sólo
puede se ans o mado desde den o, po pe sonas como Eule , Lambe ,
Lag ange o Laplace. Los que pe manecen « ue a» ienen que esigna se a la
condición de espec ado es, a iesgándose como máximo a modi ica algún
pequeño de alle que quede al alcance de la mano, sin necesidad de anquea
las pue as del análisis ma emá ico o la expe imen ación so is icada. Nó ese
además que la «ex e io idad» del ilóso o con espec o a la ciencia na u al puede
ag a a se si, además de desconoce su ama eó ica ín ima, acep a como supues-
o p elimina que la ciencia y la iloso ía de la na u aleza son o mas de cono-
cimien o especí icamen e di e en es. En al caso, el ilóso o se e obligado a
a a el es ado de la ciencia del momen o como un « odo» que puede acep-
18 En ahona 36, 2004 Juan A ana
27. Véanse Danzige Physik (1785), AK XXIX,1,1, p. 144-145, y An angsg ünde (1786) AK IV,
p. 538-539.
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a , echaza o ponde a en su conjun o, pe o sob e el que debe abs ene se de
eje ce una c í ica in e na. El p opio Kan ni siquie a es aba en buenas condi-
ciones pa a hace una e aluación global de la ciencia na u al se ena y dis anciada,
ya que i ió en medio de la eu o ia new oniana que sacudió a Eu opa du an-
e los dos úl imos e cios del siglo XVIII28. La exac i ud y la alidez apodíc ica
de la geome ía euclidiana y de la mecánica new oniana son, como se sabe,
dos supues os básicos de su iloso ía, has a el pun o de que en los P olegómenos
basa sob e ellos la posibilidad de llega a la iloso ía ascenden al a a és de un
mé odo analí ico y no sin é ico como en la C í ica de la azón pu a, es deci , p o-
cediendo a analiza las condiciones de posibilidad de la ma emá ica y de la
ciencia na u al pu as, acep ando como dada la exis encia eal de es as ciencias,
conc e ada en la a i mé ica elemen al, la geome ía euclidiana y la mecánica
new oniana29. Los kan ianos más e o osos han insis ido con los más a iados
a gumen os en la capacidad del c i icismo pa a sob e i i a Loba sche sky y
Eins ein30, esis que no oy a discu i a ondo, pe o que no anula el hecho de
que las geome ías no euclidianas y las ísicas pos new onianas des i úan ác-
icamen e dos supues os que no son me os co ola ios, sino p incipios gené i-
camen e undamen ales de la iloso ía kan iana. Incluso en la hipó esis de que
el análisis kan iano de la obje i idad pueda p escindi de apoya se en ellos, hay
que econoce que es án indisolublemen e unidos a dos ideas cen ales de la
a iculación del idealismo c í ico, a sabe , la exigencia de necesidad incondi-
cionada pa a odo conocimien o cien í ico en sen ido p opio y la unicidad o -
mal de la in uición pu a del espacio, iden i icada con la es uc u a de la
geome ía euclidiana. Dicho de un modo ingenuo, la de ogación de es os dos
supues os signi ica que Kan p opugnó una undamen ación del conocimien-
o eó ico mucho más igu osa de lo que eque ían y pe mi ían los ejemplos
más pe ec os y modélicos de sabe cien í ico que enía a la is a. Cons uyó
una eo ía de conocimien o adap ada a una eo ización del mundo enomé-
nico absolu amen e única, y después ha esul ado que exis en muchas al e -
na i as lógicamen e equi alen es. No deja de se admi able que el c i icismo
pueda asumi es as consecuencias conse ando su iden idad.
Sin emba go, odo es o iene que e más con el Kan ilóso o de la cien-
cia y de las ma emá icas que con el Kan ilóso o de la na u aleza. Pa a habla
de és e úl imo es necesa io eco da un pa de dis inciones, a in de e i a los
malen endidos que siemp e acechan al con on a la e minología kan iana con
la de los pensado es p eceden es o con las ca ego ías usuales en e los his o ia-
do es del pensamien o. La p ime a se e ie e a la que se es ablece en e ciencia
y iloso ía de la na u aleza. En mi exposición p eceden e, me he mos ado pa -
Kan y el in de la iloso ía de la na u aleza En ahona 36, 2004 19
28. Véase G. GUSDORF, Les p incipes de la pensée au siècle des lumiè es, Pa ís, Payo , 1971,
p. 180-212.
29. Véase P olegomena, § 4, AK IV, p. 274-275.
30. Véase A.C. ELSBACH, Kan und Eins ein, Be lín, G uy e , 1924, en cuya segunda pa e
(p. 160-368) pasa e is a a la posición de los neokan ianos con espec o a la eo ía de la
ela i idad.
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