Re is a de Es udios Tau inos
N.º 14, Se illa, 2002, págs. 77-118
Ill. EL SACRIFICIO DEL TOR01
••·
.. •
In.-
~-
-·
1 cul o al o o pa ece
habe
exis ido desde siemp e
en
.-:
...
los países medi e áneos; su o ma ac ual más
depu-
ada es
la
co ida española, que ha dado luga a
una
abundan e li e a u a2. Dejo a Julio Ca o
Ba oja,
mucho más compe en e
en
la
ma e ia, disce ni sob e los
o ige-
nes de es e cul o y las o mas
que
pod ía oma , limi ándome al
signi icado
que
puede ene
en
la
ac ualidad. Sin emba go,
los
mi os ac uales sob e el o igen
de
la
co ida ienen su in e és
1 No a del Edi o : Además de la p esen e e sión publicada
en
la Re is a
de
Occiden e (Mad id, mayo de 1984, págs. 27-47) hemos consul ado
Ja
dada a la
es ampa po la e is a ancesa Le emps de la e lexión, 1983, IV, págs. 281-297 y el
ex o mecanog a iado de
la
con e encia p onunciada en el Musée de
l'Homme
(Pa ís) el 8 de ma zo de 1982, que esul a se la e sión o iginal y que ac ualmen e
se halla deposi ada en el A chi o Pi -Ri e s (Maison René Ginou es, Uni e sidad
Pa ís X-Nan e e). Po el ex o mecanog a iado ancés sabemos que
las
uen es
pa a
la ealización de su abajo ue on, a pa e de su asis encia pe sonal a nume osas
co idas de o os en la época de su es ancia en G azalema, su elación pe sonal
con
p o esionales, a icionados y ganade os, la consul a de jas o og a ías de Ma io
Chia-
selo i, que apa ecen en el "admi able lib o" de Jacques Leg is (1978), Tau omachie,
donde
se
ilus a el aspec o i ual de la co ida con una pa icula calidad, así como
de
las que apa ecían en las e is as au inas
de
la ac ualidad de p incipios de la
década
de los años 80, como, po ejemplo,
El
To eo (Fig. n.º III.2). Fundamen al, asimismo,
ue
Ja
isualización de los documen ales au inos ealizados po
J.
Gan. El D .
Pi -Ri e s ambién consul ó con p o echo el Dic ionnai e Tau omachique de
Paul
Casano a
e
Paul Dupuy (1981).
2 No a del Edi o : La e sión
de
Le
emps .
..
incluye el siguien e pá a o
que
el P o . Pi eliminó segu amen e po conside a lo innecesa io pa a los lec o es en
len-
gua cas ellana. Dice así: [Bien en endido, nume osos au o es se es ue zan en demos-
78 Julian Pi -Ri e s
pa a el an opólogo que soy. En e las muchas eo ías que
se
han
p opues o, una de las uen es que se han ba ajado
pa a
el
«espec áculo más nacional»3 es la necesidad de
los
p ime os
habi an es de la Península y sus ebaños de de ende se con a
las ag esiones de los o os sal ajes. En ealidad, los bo inos en
el campo son apacibles he bí o os que no buscan
pelea
con
nadie, y que sólo a acan cuando ienen miedo.
En
el
Paleolí ico,
el o o es un animal de caza más que un an agonis a,
como
lo
demues an cla amen e las pin u as de Lascaux; po o o lado,
no
se
hace en ellas os en ación de sus a ibu os sexuales, que
end án an a impo ancia pa a
la
in e p e ación de
su
alo sim-
bólico mode no.
Su
unción ep oduc o a sólo in e esó a los
homb es una ez domes icado, con i iéndose el o o en emble-
ma de la i ilidad ag esi a (Fig. n.º
111.3).
Fue en onces cuando
pudo e se en él a
un
enemigo, digno ad e sa io
de
un comba-
e glo ioso. Apa ece como el he ede o del d agón ep esen ado
po Ing es4 que, pa a pe manece alejado de las mu allas
de
la
ciudad, exigía la o enda dia ia de una bella jo en doncella
has a que el hé oe
se
en en ó con él pa a libe a a la población.
El d agón es encido, a a esado po
la
lanza de
un
San Jo ge
a que es a ies a iene
su
o igen en
Ja
ie a na al del p opio esc i o : pa a los na a-
os
Ja
co ida se in en ó en Na a a, pa a
Jos
andaluces en Andalucía ... Solamen e
Galicia nunca ei indica es e hono ya que
los
cel as del no oes e peninsula
no
le
dedica on a es os animales el meno in e és. No obs an e, la co ida
es
al mismo iem-
po
la
ies a nacional y muchos son los que quie en
que
la lucha con a los o os, a
pesa
de
Egip o,
de
C e a,
de
Cnosos, de las bu onías, del mi aísmo, e c., sea un asun-
o exclusi amen e español y ya que el p es igio más excelen e se incula, siemp e,
con
Jos
o ígenes más lejanos, sea echada en la más oscu a An igüedad] (pág.
281
).
3 Conde
de
las Na as, El espec áculo más nacional, Mad id, 1899.
4 No a del Edi o : Según
la
e sión
de
Le emps ... [apa ece como
he ede
-
o de
la
e ible Ta asca dominada milag osamen e po San a Ma a]
(Ve
L.
Dumon : La Ta asque, Pa ís, Gallima d, 1951).
Ill. El Sac i icio del o o
79
e guido sob e los es ibos, en la misma pos u a del picado
(Fig
.
n.º ill.4).
Ya
es án aquí con enidos odos los de alles
de
la co i-
da mode na en es ado emb iona io: el caballe o a caballo y
Re is a
de
Occiclen e
TOROS' ORIGEN, CULTO, FIESTA·
JULIO
CARO
BAROJ
A To os y homb es .. sin o e os • JULIAN
P11í
-
RIVERS: El
$(].C i 1c
10
del
o o•
Jos
CARLOS
AR VALO
'.
O e
ga
y
los
o os •
MALCOL.
BRADBURY
: Vangua dia y mode nismo
en
No eamé ica •
R!T
.
l,
GNUTZMANN: Alemania: li e a u a y
ealuiad desde 1945 •
NARCISO
GALLEGO
Ap oxima
-
ción a Pie e
Jean
Jouue • J U
LI
O C
ORTAZAR
:
U
na
lo
ama ill
a e
LUIS
R'EVENGA. Ramón y
Caj
a!
, o óg a o
¡
1.
,~
1
Fig.
n.
º
III
.
1.
-Cubie a de la Re is a de Occi-
den e donde se publicó "El sac i icio del
o o", el a ículo seminal
del
P o . Pi -Ri e s.
a mado con una lanza,
el d agón a a esado
po ella y, como e e-
mos, la bella jo en a a-
cada po el mons uo.
Pe o es os elemen os
[ i emas]S
han
cambia-
do de signi icación
en
el cu so de
los
siglos;
el
hé oe ha pe dido su
san idad, e incluso su
ca ác e he oico,
pa a
con e i se
en
el malo;
el d agón se ha ans o -
mado en o o, ani
ma
l
pelig oso, pe o noble,
que adquie e un aspec o
casi humano; la jo en,
aho a, es un a es i.
El
mi o se ha con e ido
en i o, el en en amien-
o en sac i icio, la ame-
naza ex e na, en glo ia
ín ima. Pe o . no nos an icipemos y obse emos simplemen e
que hemos de busca los o ígenes de la au omaquia más en
la
5 No a del Edi o : Es a oz, del odo no edosa, la u iliza
en
Ja
e sión
de
Le emps
..
.,
pág. 282.
80 Julian
Pi
-Ri e s
Fig.
n.
º
III
.
2.-
Cubie a del p ime núme o de la e is a g á ica "El To eo" (R.
López de U alde, Ed., 2000: El Cossío, ol. 6, Mad id, Espasa-Calpe, pág. 133).
A es a e is a acudía el P o . Pi -Ri e s,
en
busca de imágenes au inas cuando
edac aba su celeb ado a ículo "El sac i icio del o o" aquí eedi ado.
III.
El
Sac i icio del o o 81
mi ología an igua que en las con ingencias p ác icas de
una
p ehis o ia imagina ia.
El o o b a o, cuyo come ido es simboliza la
na u a-
leza sal aje, es un animal domés ico6 que sólo
consigue
cumpli co ec amen e su papel
en
la
co ida mode na
des-
pués de habe sido some ido a
una
selección an igu osa y
Fig.
n.
º III.3
.-
El
To o
de la Pue a de las Es inges
de
Alaca-Hoyuc (K. Bi el:
Los
Hi i as, Mad id, Aguila , 1976, il. n.º 227, pág. 199). He aqúí un ejemplo incues io-
nable del o o como símbolo de la i ilidad ag esi a en el iejo Medi e áneo.
la ga como
la
de un caballo
de
pu a sang e. Y has a es
p e-
ciso que es e animal g ega io
sea
aislado del ebaño y
a e-
mo izado pa a que se en u ezca. Además, en el momen o
de
sali de la oscu idad pa a en a en el uedo, se
le
cla a
la
di isa de su ganade o
en
la
piel.
6 No a del Au o : Como lo demues a
eI
hecho de pode se asil es ado.
Es
deci , [[abandonado a su sue e se con ie e]]
en
sal aje e incon olable, y en onces
se le ma a con un usil, como a un animal
de
caza. Con es ando a la p egun a
de
si
hay· muchos acciden es en
su
ganade ía
con
o os embis iendo a sus cuidado es,
un
eminen e o e o me espondió que casi nunca, añadiendo «po que el o o es un
ani
-
mal domés ico. (El ex o en e dobles co che es es del Edi o ).
82
Julian
Pi
-Ri e s
Pa a que asuma mejo la igu a del e ible d agón,
los homb es a ibuyen al o o un ca ác e que no
iene.
Se
supone que el ojo ha de exci a le pe o, ealmen e,
es
dal-
ónico; se le imagina pe manen emen e e oz
y,
sin emba -
go, se le puede acos umb a a come en la mano
del
mayo-
Fig.
n.
º IIl.4
.-
P.
Uccello: San Jo ge y el D agón, siglo
XV,
ól./l., 56,5 x 74,3
cms
.,
Lond es, Gale ía Nacional. Según Julian Pi -Ri e s, odos lo elemen os que
mo ilizan las co idas
de
o os de mue e
ya
es aban .dados en
la
saga de
de
pin-
u as eu opeas de San Jo ge desde Uccello has a Ing es.
al; incluso se ha dicho que
le
gus aba la lidia. Se le
oma
po un mons uo, cuando suel o po el campo es un
an
-
quilo umian e. En de ini i a, la cul u a humana es
la
que
ha ab icado
la
apa iencia que p esen a al en a
en
el
uedo, la del enemigo de oda la Humanidad. Ve dade o ·
il.
El Sac i icio
del
o o
83
Mino au o, mi ad ie a, mi ad c eacción humana,
pe enece
al mundo de
los
sueños más
que
al de la economía
polí ica
Fig. n.º
III
.
5.
-Picasso: El Mino au o "mi ad ie a,
mi ad c eación humana" (Apud Mino au e. Re ue
A is ique e Li é ai e, Pa ís, 1933, n.º 1). En es e
g abado el a is a combina pe ec amen e esas dos
de e minaciones a las que se e ie e
el
P o . Pi -
Ri e s: iolenc;ia y humanidad.
(Fig. n.º III.5).
[El obje o
de
es e es udio es
des-
peja la signi ica-
ción simbólica
de
la
co ida
de
o os
de
mue e; solamen e
es es e análisis
el
que puede explica
qué es lo que ocu e
y hace nos
com-
p ende po qué
las
masas, incluidas
muje es y
niños,
pagan bien ca a
su
en ada con al
de
asis i a
un
espec á-
culo que debía,
sin
emba go, epugna -
les ya que es á
en
con adicción con
la
sensibilidad de
hoy
en día. El p oblema
de la Tau omaquia
me ha p eocupado
de o ma discon i-
nua desde que ealicé los p ime os es udios en Andalucía
(Pi -Ri e s, 1954, 1962,
1971
y 1989). Sin emba go, en aquel
84 Julian Pi "Ri e s
en onces más bien la sen í que la comp endí, pues
no
alcancé
a e que conce nía a la modalidad andaluza de las elaciones
en e los sexos así como que a i maba los alo es de
la
socie-
dad andaluza. En aquella época de iní la co ida
como
«la
mani es ación i ual de una ei indicación del o gullo mascu-
lino». Pe o ¿po qué y cómo es e i ual cumple su in?
No
enía ni idea. Sin emba go, hoy
me
c eo capaz
de
esponde a
es os in e ogan es]?.
La écnica
de
la au omaquia es complicada y cada
de alle cumple una unción p ác ica, al mismo
iempo
que
con ibuye, con su alo simbólico, a la signi icación de la
o alidad del i o. El hecho
de
que
se
a e de un sac i icio
es algo que al an opólogo le pa ece demasiado e iden e
pa a que se ea en la necesidad de jus i ica lo;
pe o,
no -
malmen e,
un
sac i icio es un ac o eligioso. ¿De
qué
eli-
gión se a a en es e caso? Todo sac i icio implica
un
in e -
cambio con una ue za sob ena u al -in e cambio
de
un
bien ma e ial po un es ado
de
g acia-, pe o aquí,
¿qué
es
lo
que se in e cambia y en e quiénes?
Pa a con es a hay que e e i se a la eo ía an opoló-
gica del i ual, empezando
po
Edwa d Tylo , undado de
nues a disciplina en el siglo XIX, pa a quien el i ual cons-
i uía una magia encaminada a alcanza ines p ác icos o a
ob ene de los dioses las en ajas que, se suponía, e an
capaces de dis ibui
en~ e
sus ieles. Tylo pensaba que, con
la e olución de la humanidad, el i ual hab ía de se eem-
plazado po
la
mo alidad, basada no
en
la magia sino
en
la
azón. Tylo había nacido en el seno de una amilia de
cuá
-
7 No a del Edi o : Ve sión Le emps
..
. , pág. 283.
Ill. El Sac i icio del o o
CON
MOT
I
VO
DE
LA
CORONAC
IÓ
N
DE
LA
VIRGEN
DE
LO
S
DO
LORE
S
DEL
CERRO
DEL
ÁGUILA
d'n.
IS
JI
/./
ck
o· p iem í e
k
200!!
n
la.
1*e.:
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jJl' /111/ iM
c N l ll/ l
Jo-
oig'n. c ¡n e a.
k
,7Ñ'n m
5 E V L L A
85
Fig.
n.
º III.
6.
-
la
ópe a "Ca men" en
la
Plaza
de
To os
de Se illa (Se illa,
Plaza
de To os de la Real Maes anza de Caballe ía de Se illa, 2002). Ca el anuncia-
do del es eno, «con mo i o de la co onación de la Vi gen del Ce o del Águila,
días
13
y 14 de sep iemb e», de es a ópe a andaluza de come as y ambo es.
92
Juli
an
Pi -Ri e s
da del o o en el uedo, omando
de
más
en
más,
un
aspec-
o emenino.
No
es de ex aña ,
pues
en la eligión ca ólica
el sace do e es, ambién, una igu a sexualmen e
ambi
gu
a;
ha enunciado a
su
unción masculina no sólo
po
su
o o
de cas idad, sino ambién p ohibiéndose esponde con la
iolencia al e o de o o homb e, cosa que, si
no
ue a
sace do e,
le
deshon a ía. Sin emba go,
no
es
a eminado.
En
e ec o, si en la ida laica cada sexo
se
opone
al
o o,
excluyéndose mu uamen e, en el e eno
de
lo
sag ado
la
pe enencia puede se doble y
es e
cúmulo signi ica
im
inc emen o de ue za. La ambigüedad sexual del ma ado
es á, como e emos, inculada a su unción de sac i ica-
do ; el e bo la ino mac a e, de donde iene
la
palab a
ma ado que ía deci , en o igen, «inmola ». En
el
coso,
ecupe a su sen ido o iginal (Fig.
n.º
IIl.9),
Du an e el segundo e cio, apenas se e
al
o e o, pues
las bande illas suelen pone las los miemb os de su cuad i-
lla, sus bande ille os. Sólo uel e al uedo pa a
b inda
su
o o
-en
p ime luga , al p esiden e y e en ualmen e, a o a
pe sona, o al público-, qui ándose
po
p ime a ez
su
som-
b e o-peluca, que a oja displicen e as él. Du an e
el
b in-
dis, suje a bajo su b azo izquie do el es oque y
la
mule a,
paño de lana oja que, en su o igen, ue blanca. Su pos u a
du an e el e cio de la mue e es comple amen e dis in a a la
del p ime o. Sus manos ya no suje an jun as el capo e po
delan e, y
la
independe
nc
ia de los b azos le pe mi e mo e -
se con ga bo: pecho e guido, paso majes uoso, ai e
de
au o-
idad.
Ya
no sol a á
su
es oque,
que
empuña en
la
mano
de echa. Se ha con e ido
en
el pa angón
de
la masculini-
dad. Du an e el p ime e cio, el o e o, igu a emenina,
Ill. El Sac i icio del o o
93
seduce y engaña al o o, se
bu la
de
él15,
le hace gi a
en
omo
de sí, sin se alcanzado; después, as la se ie
de
pases,
le deja
en
manos del picado .
En
cambio,
en
el e ce o,
demues a su dominio, su pode apa en emen e mágico
de
Fig. n.º III.8.-C is ina Ga cía Rode o: El Paso (Riogo do, Málaga) en
__
, 1993:
Españ
a.
Fies as y Ri os, Mad id, Lunwe g, Lám. 66. «En cuan o al pase p incipal,
la e ónica -nos ecue da
el
P o . Pi -Ri e s-, debe su nomb e a su pa ecido con el
ges o de San a Ve ónica
al
suje a su elo pa a enjuga el os o de C is o». ·
15
En e ec o, la idea de que el o o
se
queda bu lado es á p esen e a
lo
la go de la co ida. El bu lade o lo deja bu lado cuando los humanos se esca-
pan de sus cue nos. El capo e de b ega, el o o nomb e dado
al
de
lidi
a,
am-
bién signi ica «de bu la». No a del Edi o : M. O iz Blasco (2000) en su Dic-
ciona io de la Tau omaquia (Mad id,
Espasa-Ca
lpe) coloca en
la
elación
de
oces equi alen es b ega y bu la.
94 Julian
Pi
-Ri e s
hace obedece
al
animal, que debe pe manece
inmó il
o
embes i al
c~p icho
del ma ado . Incluso, a eces,
se
pe -
mi e mi a al endido mien as
el
mons uo
se
le ace ca,
Fig. n.º
IIl
.
9.
-J. Domínguez Bécque : To e o
de calle, ól./I.,
61
x 50,5 cms. (F. Be ckeme-
ye , 1966: El A e y los To os, Ca álogo del
Museo Tau ino de A e de
~ima,
pág. 82). La
ambigüedad sexual del ma ado se halla in-
culada a su p opia unción de sac i icado .
como hacía, ecue do,
el Li i o Manole e
...
(Fig. n.º
III.10).
Al
inal, cuando
ha
can-
sado al animal
lo
bas-
an e pa a
que
aya
con
la
cabeza gacha,
debe desliza
el
b azo
en e los cue nos pa a
cla a su
espada
en
odo lo al o
«has a
moja se
la
mano»
en
la
sang e del o o. Es e
luga se llama
la
c uz.
Pa a
log a lo, debe
«c uza se»: su b azo
izquie do, el
de
la
mule a, pasa a
la
de e-
cha
· pa a
lle a
la
cabeza del o o
en
esa
di ección,
mien as
que el b azo del es o-
que lo pasa po
encima
del es uz. La analogía
con la ac i ud
del
que
se san igua an e el al a es pe ec amen e conscien e: «Los
que no se san iguan an al in ie no». Es la «ho a de
la
e -
lll.
El
Sac i icio del o o
95
dad»; el iempo se de iene en
los
g andes momen os
de
la
co ida. [El ma ado a iesga su
ida
en el ins an e
he oico
de ma a , y cie os au o es lo
han
conside ado como
una
Fig. n.º III.10.-Chicuelo
11
o ea al na u al mi ando al endido en
la
plaza de las
Ven as
de
Mad id (M. K ame , Ed a., 1981: Las Ven as.
50
años
de
co idas,
Mad id, Dipu ación P o incial, pág. 166). En el é ce e cio, el ma ado debe
demos a su dominio sob e el o o, su pode apa en emen e mágico
de
hace
obe-
dece
al
anima
l,
que debe pe manece inmó il o embes i según la olun ad
del
o ician e. A eces
el.
dominio llega an l
ejos
que se pe mi e mi a a los endidos
mien as el mons uo se le ace ca. ·
ep esen ación simbólica del coi o
]16
(Fig. n. º III.11
).
Si
es e ins an e es ampeado pa a e i a el pelig o, se dice
que
el o o ha sido asesinado. El P esiden e es el que concede
16 No a del Edi o : Ve sión del
Musée
de l'Homme, pág. 5
96
Julian Pi -Ri e s
los hono es del comba e.
Un
buen o o iene el
de echo
a
da
la
uel a al uedo i ado po las mulillas
y,
mien as
an o, los homb es se le an an de sus asien os pa a aplaudi .
[El ma ado que ha iun ado puede ecibi una o dos o ejas
(incluso un abo)]17. Un día, du an e una de las amosas e
in e minables e ónicas de An onio O dóñez, alguien g i ó:
«¡Nos de ienes el iempo!», y sabemos que en «El
llan o
po
la mue e
de
Ignacio Sánchez Mejías» el iempo se de u o
pa a siemp e a
as
cinco de
la
a de [en el momen o
de
la
cogida del ma ado ]18. A la ho a
de
la
e dad, el o e o se
juega la ida, es el ins an e
de
mayo pelig o al
que
debe
expone se pa a demos a su alo ,
es
deci , su supe io idad
mo al, mos ando su he oísmo delan e de la mue e [es
en
la
acción de ma a donde demues a su dimensión he oica]l9.
Si, pa a e i a el pelig o, ma a de sesgado, no se dice
que
ha
ma ado al o o, sino que lo
ha
asesinado. Si el ma ado no
log a «inmola »
su
o o, oda la aena an e io , po buena
que hubie a sido, no cuen a pa a nada, y cae en desg acia.
Eso demues a que no se a a de un depo e o de una ep e-
sen ación ea al, sino de un sac i icio.
Al inal de la lidia [el P esiden e dis ibuye los hono es,
un buen o o iene de echo a da la uel a al uedo, a as a-
do po las mulillas, mien as
el
público a su paso se le an a
de sus asien os
.y
lo aclamaFº, el ma ado que ha ecibido
hono es da la uel a al uedo lle ando sus o eos
en
las
manos, con los b azos le an ados e ocando la o ma
de
los
cue nos. ¡Se ha con e ido en el o o!
7
No a del Edi o : Ídem.
18
No a del Edi o : Ídem.
19
No a del Edi o : Ídem.
20 No a del Edi o : Ve sión
Le
emps ... , pág.
289.
/ll.
El Sac i icio del o o
97
Así, el alo simbólico del o e o su e dos ans o ma-
ciones p ime o, sace do e-sac i icado con
su
capo e de
casu-
lla-paseo; luego, he mosa muje
en
la p ime a sue e; al inal,
e mina siendo sob esalien e a ón, homb e ans o mado
en
Fig.
n.
º
III.Ú.-
Es ocada
de
"El Co dobés" en
la
Fe ia
de
Se illa a
un
o o
de
Gua dia/a (Apud 6TOROS6, n.º 408, 23-IV-2002, pág. 21). El ma ado a iesga
su ida
en
el ins an e he oico de ma a , y cie os au o es conside an
la
sue e
como
una ep esen ación simbólica del coi o.
o o. En cuan o a és e eco e
un
ayec o simé ico e in e so.
Al en a en el uedo es un mons uo odopode oso, exp esión
de la ag esi idad del macho y símbolo, desde el Neolí ico en
el
Medi e áneo, de la ecundidad, del pode gene ado 21.
No
21 Véase
A.
Ál a ez de Mi anda, Ri os y
ju
egos del o o, Mad id, Tau-
us,
1962.
98
Ju
lian
Pi
-
Ri e
s
quie e sino cla a
su
co namen a
en
una ca ne humana,
pues
ya
no
es
el apacible bo ino de las p ade as andaluzas.
El
peón
a ae su a ención, el o e o le desa ía, le hace pasa
bajo
el
uelo de sus aldas, ejecu ando con él esa danza in épida, y le
deja plan ado, pa ando en seco
su
embes ida, con
el
ema e, (la
media- e ónica), agmen os de segundo después: el capo e
dibuja un cí culo
de
abanico, como
una
ueda que sale
de
la
cin u a humana
y,
sin ol e se, el dies o
se
aleja
del
o o cual
muje despec i a an e el p e endien e echazado (Ve sup a
Fig. n.º III.7). El picado le llama desde lo al o
de
su
cas illo-
penco, blandiendo la ga ocha con la que cas iga á al animal.
An iguamen e p o egía su mon u a man eniendo el o o
con
la
a a a la mayo dis ancia del caballo posible, pe o hoy, desde
que el caballo lle a pe o [in oducido en
1928]22
espe a a que
el o o lo oce pa a hundi su pica. El o o embis e, in en ando
in oduci sus cue nos bajo es e aldón acolchado23 que ecue -
da, po su colo ido, al aje de luna es, p enda al amen e sim-
bólica, asociada con el lamenco y los gi anos. Es os luna es
son, en cie o modo, el emblema
de
la
eminidad24; igual que
el aje de luna es, el aldón del caballo es blanco con luna es
ojos, ocasionalmen e e des, y es á sucio como el de una
muje ácil
al
día siguien e de la e ia. Mien as
el
o o in en a
me e sus cue nos en la gua a, el picado , en con a de la egla,
ba ena su pica en la he ida, sin emo debido a ene
su
pie na
22 No a del Edi o : Ve sión Le emps
...
, pág. 289.
23 No a del Edi o : En é minos au inos,
esa
acción se llama " omanea ".
24
Véase
J.
Pi -Ri e s, «De lumié es e des lunes: analyse de deux habi-
llemen s andálous a conno a ion es i e» en Ve emen s e Socie é, coloquio eali-
zado en el Musée
del
'Homme, 1983. No a del Edi o : Es e a ículo, aducido con
el í ulo "T aje de luces, aje de luna es", ha sido inco po ado a es e olumen:
e
págs. 133-156
..
111.
El
Sac i icio del o o 99
en undada
en
una co aza de ace o. Rep esen a la igu a
del
cab ón, del co nudo que o ece a
su
muje , y cas iga
luego
al
ingenuo aman e al que
ha
a aído. Figu a in ame, el
picado
susci a
la
i a del público. Se
le
cub e de inju ias
-cab ón,
coba de, « ¡ animá! »25-po habe malog ado a la bes ia
más
Fig. n.º
III.12.-La
Sue e de Va as. (Apud
El
Cossío, . 3, 2000, pág. 101).
El
o o
embis e con ue za, in en a in oduci sus cue nos bajo el aldón acolchado
( oma-
nea ) que ecue da, po
su
colo ido,
al
aje de luna es.
he mosa, más noble y más alien e del mundo. Los papeles
se
in ie en: el homb e es un animal, el animal es humano.
La
sang e co e po el lomo del o o, que, a pa i de ese momen-
o, aunque pe manece ale oso y ag esi o, mide sus
pasos
(Fig. n.º III.12).
25
Es os
in
sul os que yo oía hace ein a años son menos ecuen es
hoy
.
Pa ece que el público se
ha
acos umb ados a los malos hábi os de los picado es.
100 Julian
Pi
-Ri e s
La
p ueba de la pica demues a
las
cualidades
mo ales
de la íc ima, esenciales
pa a
que
pueda
se elegida,
pe o
ambién esenciales desde
el
pun o
de
is a i ual,
ya
que,
una ez inmolada, ha de lega las a
la
humanidad.
Sus
a a
-
ques con a
el
picado al e nan sus embes idas
con a
el
o e o.
Lapo
.sesión de la pu a acolchada (sic), que
paga
con
su sang e, es in e umpida
po
la
ana
pe secución
de
la
g acia emenina ep esen ada
po
el o e o. Toda la
agedia
de la condición masculina
en
Andalucía se exp esa a
a és
de
la
si uación del o o.
Suena
el
cla ín; los picado es
se
e i an conscien es
de su ing a o papel, abandonando
el
uedo
con
semblan e
g a e y sin mi a al público jamás.
El
o o se queda
solo.
Un
peón le llama, suje ando en
cada
mano un
pequeño
a pón ado nado de es ones
que
apun an como un
pa
de
cue nos. Comba e en e iguales: as as (bande illas)
con a
as as (cue nos). Aquí
ya
no cuen an
el
alo o el peso,
sino
la
agilidad.
El
más ágil es el homb e, que plan a sus
ban-
de illas
en
la c uz, esqui ando al o o de un sal o.
Ado na
a
la
íc ima, e apa esencial del sac i icio según
Ma cel
Mauss: median e el o namen o la o enda sale de
la
ida
p o ana y
se
hace sag ada. P esen ado
en
el e cio de
a as
en
odo su esplendo na u al [el p ime ac o del d ama]26,
el
o o se sepa a del mundo
de
la na u aleza, dañado,
ma
-
cado y deco ado como o enda.
Es a
deco ación ija
la
a ención
en
el luga que, a
pa i
de en onces, a a
cons i-
. ui el pun o cen al del
i o:
la
he ida en la c uz es á,
en
cie o modo, sepa ada del es o del cue po, con e ida
en
algo au ónomo, odeada
de
a pones es i os, dolo osos
26 No a del Edi o :
Ve
sión Le emps
..
.,
págs. 289-290.
il.
El Sac i icio del o o 101
pa a
el
o o, mo i o de
egocijo
pa a el público.
Los
mis-
mos pasos
que
le p epa an ísicamen e
pa a
la
mue e,
le
conducen al papel de íc ima p opicia o ia, des inada,
po
su asociación con el homb e y
po
su consag ación, a lle-
a , consigo mismo al eino
de
la
mue e odas las
insu i-
ciencias, miedos, debilidades, coba días, odos los
acasos
sexuales del homb e,
bo ando
odo aquello po lo
cual
ha
decepcionado a las muje es
(Figs.
n.º III.14).
El cla ín suena de nue o.
El
o e o,
ya
masculino,
eapa ece saludando al
p esiden e
como un homb e,
con
su
mon e a
en
la mano de echa. A con inuación
iene
la
demos ación de su dominio
sob e
el o o. El animal,
dis-
minuido, bu lado, pie de su
hono ,
que pasa al que lo
domi-
na. La humillación del o o
e mina
con su iolación.
Sus
cue nos
ya
no le p o egen, ni siquie a en
el
en en amien o
di ec o. El ace o, aún más ino
que
el pene de un bo ino,
le
pene a en
el
luga p e is o,
esa
agina que le ha abie o
el
picado sob e
el
mons ene is
de
su lomo.
El
o e o,
iun-
ando sob e
la
mue e,
con empla
su expi ación
y,
cuando
la cabeza del o o cae al in
sob e
la a ena, los endidos
se
pueblan de pañuelos blancos, como si ue an elos
de
San a Ve ónica
-blanca
e a
la
mule a en su o igen-,
mien-
as es allan los g i os y aplausos.
¡Violación del o o! Pe o ambién iolación del abú,
el
que inspi ó el miedo de los homb es an e la sexualidad
eme
-
nina: ¡esa agina-he ida es á ensang en ada! Muchas c eencias
popula es andaluzas hablan
de
los pelig os que ocasiona
la
muje indispues a: hie e el
lomo
del animal que mon a,
ma -
chi a el igo ie no, su mi ada apaga el uego de una ca bone-
a (po eso nunca es una muje quien le lle a la comida al
ca -
108 Julian Pi -Ri e s
A es e complejo de asociaciones, mani es ado de di e sas
o mas en la an igua adición ma imonial, en las leyendas y
en
la co ida mode na, le subyace un azonamien o inconscien e
que e ela
la
lógica del i ual.
En
p ime luga , pa a adqui i la
i ud de algo o de alguien es p ecisa
su
des ucción; in e sa-
men e, pa a de ende se con a algo o con a alguien
hay
que
imi a lo o asocia se a él. Cualquie símbolo puede se u ilizado
en un sen ido posi i o o nega i o; puede se i an o pa a hace
el mal como pa a de ende se
de
él. El b ujo p o ege con a
la
b uje ía; con a el mal de ojo se ie e
una
go a
de
acei e o un
hue o en un aso de
agua- an o
una cosa como la o a ecue -
dan el ó gano de la is a- las bande illas se oponen a los cue -
nos del o o; los cue nos de ienden con a el diablo en ese cono-
cido ges o que consis e en ex ende
el
índice y el meñique
doblando los dedos in e medios; la sang e p o ege con a
la
san-
g e en
la
co ida como en el Le í ico, que especi ica la necesi-
dad de un sac i icio c uen o pa a pu i ica se de la polución de
las eglas emeninas. Es a lógica se mani ies a incluso en
la
li e-
a u a mode na y en o os ambien es cul u ales. Veamos un
pasaje de Luz de agos o, de William Faulkne : «Todas ienen
ganas, explica un adolescen e a o os, pe o hay eces que ellas
no pueden
..
. Es algo que les ocu e una ez al mes. Desc ibió la
idea que se hacía del enómeno34 ísico. Dio una imagen ísica,
ealis a ...
La
cosa les imp esionó: esa impo encia pe iódica y
abyec a que, a la ez, a aía y us aba el deseo ... [Es o ue lo
que el muchacho les explicó, mien as que escuchaban en silen-
cio, mi ándose los unos a los o os
..
]35.
El
sábado siguien e
Joe
34 No a del Edi o : En un ma gen del manusc i o mecanog a iado
pa a
su con e encia en el Musée de
l'Homb e
esc ibe el P o . Pi -Ri e s : ce e-
mony, en inglés.
35 No a del Edi o : Ve sión
Le
emps
..
.,
pág. 294.
lll. El Sac i icio del o o
109
no ue a caza con ellos
...
Apenas
es aba
a
es
millas de su
casa
cuando, a la caída de la a de,
ma ó
un
co de o ... Luego,
em-
blando y con
la
boca. seca, mien as mi aba hacia a ás, se
a o-
dilló y me ió las manos en la sang e. Después ol ió en sí y
se
se enó. No ol idaba lo que
había
dicho el o o chico.
Acep ó
Fig. n.º III.15.- Bea o de Facundo: La G an P os i u a, 1047, minia u a
ilumi-
nada, 16,5 x
14,S
cms., ol. 72 e so de
su
Comen a io al Apocalipsis (Mad id,
Biblio eca Nacional). Es uno de los úl imos Bea os
de
Liébana, oda ía
mozá-
abe, e in luido po la isión apocalíp ica de la des ucción del mundo c is iano
( éngase en cuen a que Almanzo se apode a de San iago de Compos ela en
977
y des uye León
en
988). En
la
imagen la Muje a caballo se emb iaga con
la
sang e de los má i es, p esen a
la
copa en ono de bu la sac ílega del Sac i i-
cio, de la Ele ación y de la Misa.
110 Julian Pi -Ri e s
el hecho simplemen e. Se dio cuen a que podía
asumi
esa
ci cuns ancia, es más, que podía i i con ella ... T anscu ie-
on es o cua o años, ya lo había ol idado ... » Más a de,
cuando una chica
le
explica, mien as es á a pun o
de
sedu-
ci la, que se encuen a indispues a,
él
no en iende.
«Se
le
había ol idado el co de o mue o» -concluye Faulkne -.
«Hacía demasiado iempo que i ía con el hecho e elado
po aquel chico mejo in o mado que los demás. El asesina o
del co de o le había inmunizado
36
con a es e hecho desde
hacía demasiado iempo pa a que pudie a pe manece aún
i o» (Faulkne , 1935:
151
y ss.).
El « i ual p i ado» de Joe ep oduce el modelo
de
la
co ida, el pelig o de la sang e mens ual conju ado
po
el
sac i icio de un animal con cue nos.
El
miedo a
la
sang e
emenina se mani ies a bajo di e en es o mas en los cinco
con inen es, y
la
lógica del i ual exige que
la
sang e
de
la
bes ia co nuda, símbolo al amen e sexual, sea ecuen e-
men e elegida pa a de ende se de la sang e sexual.
Pe o
los
dis in os ambien es cul u ales no
eaccionan
del
mismo
modo an e el emo ni ampoco lo in eg an con los mismos
p ocedimien os.
En la adición española es e miedo cons i uye
uno
de
los é minos de una elación ambi alen e, mien as el o o
se ía un oman icismo lo ido. Las muje es a aen y epelen
al
mismo iempo a los homb es. Les a aen po que únicamen e
ellas son pu as, ebosan es de g acia y bondad; les a aen
como un desa ío, o como el espejo a ae a Na ciso; pe o am-
bién son uen e de sa is acción e ó ica y polución. Y el pelig o
no es sólo el de la sang e, sino ambién el que en aña la
g a
-
36 No a del Edi o : Las cu si as son del au o .
Il .
El
Sac i icio del o o
111
cia emenina, capaz
de
induci a
un
homb e a deja se aicio-
na po su p opio impulso e ó ico. Incapaz de esis i se,
se
encuen a dominado po la muje o, pa a se más exac o,
uel-
·
e a es a bajo el dominio de ella
al
eg esa al luga del
naci-
mien o. En el aspec o p ác ico ambién iene miedo
de
se
ai-
cionado po una que, po se dependien e de él, iene la
posi-
bilidad de des ui
su
hono , poniéndole cue nos, haciendo
de
él, di ec a o indi ec amen e, un hijo de esa mí ica ma ia ca
hispánica, la G an Pu a (sic) (Fig. n.º III.
15)
. De es e
modo,
a la muje se
la
conside a a la ez pu a, buena, llena de g acia,
pe o ambién débil
de
ca ác e , lasci a y siemp e dispues a a
echa po ie a la au o idad masculina de la que dependen
la
amilia y la sociedad.
En cambio, los homb es son conside ados
com.o
los
seduc o es, pe o al mismo iempo, incapaces de esis i a
la
seducción emenina, pues eso supond ía sus ae se
al
desa ío.
Dicho de o o modo, la azón aducida pa a jus i ica la
domi-
nación de los homb es ambién si e pa a disculpa los.
En
lo
social son encedo es, en lo mo al son exone ados y han
de
se lo necesa iamen e pa a cumpli su doble papel de geni o-
es y de enso es de la unidad amilia 37. Es e complejo
de
ac i udes se emon a, po o o lado, a uen es lejanas ales
como los casuis as del siglo XVII, los· mo alis as del XVI o
incluso el inal de la Edad Media, donde encon amos un
cua-
d o suge en e en la ob a del A cip es e de Tala e a. Podemos
halla las aíces an lejos como en los comienzos
de
la ci ili-
zación medi e ánea en la his o ia de Ci ce, que ans o mó a
los compañe os de Ulíses en ce dos, y has a en la de Adán,
37 J. Pi -Pi e s, An opología
del
hono , Ed. G ijalbo, Ba celona; 1979
[An h opologie
del'
honneu ; la mésa en u e de Sichem, Pa is,
Le
Sycomo e, 1983].
112
Julian Pi -Ri e s
ese pa án que le endosó la manzana a E a pa a
pode
echa -
le luego la culpa
de
habemos hecho pe de el Pa aíso.
Queda po sabe cómo han encon ado los andaluces en
el sac i icio del o o la mane a de supe a las con adicciones
que complican
la
elación en e los sexos en es a egión. La
co ida es á ligada a
la
eligión en muchos aspec os.
Un
lib i-
o, ecien emen e publicado en Se illa, pone de. elie e es a
elación y sugie e que
la
co ida ac ual exp esa simbólica-
men e unas « unciones eligiosas la en es sepul adas
en
las
capas p o undas del alma pagana y gen il de nues o pue-
blo»38
(Fig. n.º III. 16). Los au o es lo demues an
con
un
cu ioso inciden e ocu ido du an e las ies as del Co pus en
Se illa. La gen e que iba a la co ida se colocaba espon áne-
amen e en el ojal ami as del ome o que apizaban las calles
pa a la p ocesión de la Euca is ía, con el in de a oja la al
uedo y celeb a así el iun o de
su
ídolo, Cu o Rome o. La
na u aleza dionisiaca y pagana
de
las celeb aciones au inas
explica ía, según los au o es,
la
hos ilidad de los eólogos. En
e ec o, la Iglesia a menudo ha adop ado una ac i ud ambigua,
cuando no hos il, hacia la co ida, p ohibida en el siglo XVI
po una bula del Papa Pío
V,
que no u o, sin emba go,
en
la
Península Ibé ica oda la publicidad que Roma espe aba.
G ega io XIII eno ó es a p ohibición, limi ándola al cle o.
Juan de Ma iana, en e o os, ha condenado
la
ies a abie a-
men e y sin ambigüedad.
Ha
sido acusada an o de se una
supe i encia pagana, omana o mo a, como de se con a ia
38
A.
Ga cía Baque o, Ped o Rome o de Solís, Ignacio Vázquez Pa ladé,
Se illa y la ies a de o os, Se icio de Publicaciones del Ayun amien o de Se i-
lla, 1980 (1991), pág.
13.
[[
Ex
is e una nue a edición en Se illa, ABC, Biblio eca
Hispalense n.º 14, 2001]].
III. El Sac i icio del o o
ANTONIO
GARCIA
·BAQUE
GONZAl
!:
Z
PEDRO
ROMERO
DE
SOLIS
IGNACIO
VAZQUEZ
PARLAOE
Se illa
la
lies a
de
S lo os
113
Fig. n.º III.16.- Cubie a del lib o de
A.
Ga cía-Baque o;
P.
Rome o de Solís e
l.
Vázquez Pa ladé: Se illa y la ies a de o os (Se illa, Ayun amien o de Se i-
lla, 1982). El P o . Pi -Ri e s ecue da
que
ue en es e lib o donde se des acó
la conexión en e ies a de o os y o igen umul ua io del sac i icio áu ico,
ambas exp esiones de la iolencia de lo sag ado.
114 Julian
Pi
-Ri e s
a la eligión, alegando como jus i icación que los
homb es
no
debían a iesgá
su
ida inú ilmen e.
La descon ianza de la Iglesia hacia la co ida
me
pa e-
ce obedece a una
-'
azón más p o unda.
La
cualidad mo al
celeb ada en los uedos es
la
homb ía39, y es o lo econoce
conscien emen e la población andaluza. Así, los ca eles
anunciaban an iguamen e al pundono oso dies o Fulani o
de
Tal [P egun a: ¿Po qué la gus a ia co ida? Respues a: ¿me
gus a la homb ía]40. A lo la go
de
los úl imos cua o siglos en
la l.i e a u a sob e el hono exis e una oposición
en e
los
au o es que de ienden la concepción a is oc á ica y los
qúe
la
c i ican, siguiendo las esis de la Iglesia a es e espec o, que
ligan el hono a Dios y lo some en al con ol de los eólogos.
El Don Juan de Ti so es una ob a polémica, si no una sá i a,
con a la noción a is oc á ica del hono 41. Y no
es
ex año, ya
que el au o e a un sace do e. Es a noción de homb ía da
au o idad a los homb es sob e las muje es
-lo
que ap ueba la
Iglesia-, pe o ambién jus i ica la au o idad de los seño es
pode osos, y sob e odo alien a a los que quie en llega a
se lo po medio
de
la iolencia. El hono a is oc á ico depen-
de del hono indi idual y pe sonal, y e enda el
pode
de
hecho, pues, a in de cuen as, el hono siemp e acompaña al
que queda en posición dominan e.
En
polí ica, se
habla
en
Andalucía del ulanismo, eo ía según la cual
se
apoya a un
39 No a del Edi o : En la e sión ancesa
de
Le emps
..
. , homb ía es deno-
minada «la i ili é che ale esque», pág. 296. ·
40 No a del Edi o : Ve sión Le emps ... , pág. 296. En esa misma
pág.
el
P o . Pi -Ri .e s isi e en que «el o e o es
un
indi iduo con un sen ido
muy
pun-
illoso del hono ».
41
Pi -Ri e s,
J.
(1979):
An opología del hono , op. ci ., pág. 22. ·
Ill.
El
Sac i icio del o o 115
Fulano sin ene en cuen a sus ideas o su pa ido; Andalucía
es conocida po se la ie a del caciquismo, el eino de
los
g andes pa onos polí icos, cabezas de una ed
de
clien ela
nume osa. La imagen del indi iduo he oico
al
que uno
puede
some e se sin humillación debido al máximo g ado de
hono
(y de pode ) que se le econoce, siemp e ha dominado
el
escena io polí ico andaluz. Pe o es e ideal no es en absolu o
el de las Biena en u anzas, la cuales p edican más la nega-
ción de sí mismo que la aspi ación a la apo eosis. La lección
del E angelio no es la del uedo.
No obs an e, más que la oposición en e ambas mo a-
les, hay que señala la complemen a iedad, po no deci
con-
ni encia, en e el sac i icio del co de o y el del o o.
Se
cele-
b an el mismo día, domingo o es i o, el uno po la mañana
y el o o po la a de. An es, las muje es lle aban man illa
neg a pa a la misa y blanca pa a
la
co ida. Los homb es,
con
cabeza descubie a en misa, y si e an un poco « lamencos»,
lle aban el somb e o de ala ancha po la a de.
El
co de o
no
iene cue nos, el o o sí,
¡y
g andes! La eligión enseña
el
echazo de sí en a o del o o,
la
enuncia a los place es
de
es e mundo, la au o idad impe sonal de la Iglesia con a
la
del hé oe iun an e, la elicidad de la Vida E e na, con a
la
de ención del iempo en el ins an e de éx asis. Pe o el o o
es
necesa io pa a que· la ida con inúe. Si odo el mundo
se
some e al ideal de la pu eza sexual y de la negación de
sí
mismo, ¿en qué queda ía la aza humana? Si odos
se
e i an,
a excepción de los mal ados, equi ald ía a deja les el campo
lib e. El o o es indispensable pa a la ep oducción y el o den
social. Po eso es p eciso que
el
co de o ansija con el o o,
lo acep e y lo ponga al se icio del designio mis e ioso y
116 Julian Pi -Ri e s
comple o de Dios. Po eso, as
la
misa, se a a
la
plaza de
o os, se pasa del egis o sag ado
al
egis o p o ano. T as la
negación de sí, su ea i mación. Se egocija el ánimo. Pu i i-
cados en el plano espi i ual pueden ol e a
empuña
las
a mas pa a de ende se en
la
ida dia ia. A la ele ación del
co de o sigue la del o o, que es el pa angón de la masculini-
dad na u al hecha homb e, y el i ual de la co ida edime lo
que ha sido sac i icado en
la
nube
de
incienso de
la
mañana.
Se celeb a la edención de
sus
cue nos, del sol,
del
Yo,
median e la sang e del animal,
no
en
olo de san idad, sino en
odo di emine, de ca ne pe umada, de exc emen o,
de
san-
g e seca, de manzanilla y pu os, con somb e o de ala ancha y
cla el ojo en el ojal al son no del ó gano c epuscula sino de
las ompe as del pasodoble. Redención po la C uz, allí
donde, en odo lo al o, la hoja álica ha de pene a has a
alcanza en el co o de es a ca ed al camal, la ida de
la
bes-
ia, mue a ella ambién pa a que
la
ida, es a ez
la
ida
mo al, nos sea es i uida.
JI!.
El Sac i icio del o o
117
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